lunes, 23 de diciembre de 2024

Villancicos cubanos


Con los tres villancicos que aparecen en ese video, queremos desearle unos felices días de Navidad y Año Nuevo a los lectores del blog.

Ojalá que 2025 sea el inicio del fin de todos los regímenes totalitarios existentes en el mundo, empezando por el de Cuba, que ya lleva más de seis décadas destrozando una isla y su gente.

Son los deseos de Iván García Quintero y Marco Antonio Pérez López.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Cómo se alimentan los cubanos

Las paredes del cuarto están agrietadas. Un soporte de la barbacoa se desprendió y la armazón de madera amenaza con colapsar. Los cables eléctricos cuelgan en el techo de la habitación. A la pequeña cocina empotrada en la sala se le han caído los azulejos. Al desvencijado fogón de gas solo le funciona una hornilla. En el gancho que cuelga en la pared hay un sartén y una cazuela herrumbrosa.

Un viejo refrigerador Haier, una arrocera que ya perdió el esmalte y un anacrónico televisor de tubos catódicos con una pantalla de 21 pulgada son los artículos de más valor junto a un radio VEF de la era soviética que cuando usted golpea con el puño le permite escuchar las novelas que se trasmiten por Radio Progreso.

Zuraima, 58 años, mulata corpulenta, es la propietaria de la ruinosa vivienda emplazada en el pasillo interior de una cuartería con peligro de derrumbe en el municipio Diez de Octubre, al sur de La Habana.

“El baño y el lavadero son colectivos. Las broncas que se arman a veces a la hora de bañarse o lavar son de coger palco. Cada vecino tiene sus tanques de agua. Cuando pasan las guaguas y camiones por la calzada, las estructuras vibran como si hubiera un terremoto. Antes de acostarme a dormir me persigno. Nunca se sabe el día que esto se venga abajo”, dice Zuraima, quien lleva 40 años viviendo en la cuartería.

“Tengo dos hijos y tres nietos. El varón está preso por robo con fuerza y la hembra vive con su marido. Mis padres fallecieron cuando yo tenía 17 años. Desde entonces he tenido que janeármela sola. Estudié hasta noveno grado. Fui madre muy joven. No he tenido suerte con los hombres. Por la mañana limpio pisos en un hospital y por la tarde cuido a una señora en su casa. Nací pobre y moriré pobre”, confiesa Zuraima.

Hace veinte años, una o dos veces al mes, ella iba a los Jardines de la Tropical, a bailar y tomar cerveza a granel. O a los bailables en la Plaza Roja de La Víbora. "En esa época, el Micha, los Cuatro o el Chacal actuaban en los barrios pobres y no había que pagar para verlos. Lamento el asesinato del Taiger, pero la Tranca y el resto de los reguetoneros se han mercantilizado. Vienen a Cuba a hacer dinero. Cantan en los lugares a donde van los ricos que hay en La Habana. Mi pasatiempo es tomar alcohol, escuchar novelas radiales y jugar a la bolita, a ver si gano un parlé”.

Nieves y Octavio, vecinos de Zuraima, no recuerdan la última vez que fueron a la playa o cenaron en un restaurante. “Antes que llegara Díaz-Canel, desayunábamos pan con aceite y ajo y un buchito de café. Almorzábamos arroz con dos huevos fritos y los fines de semana comíamos frijoles negros y un bistec de puerco. Comer huevo era cosa de gente muy pobre. Ahora es un lujo”, apunta Octavio, jubilado.

Zuraima, Nieves y Octavio, como el 89% de los cubanos, según estadísticas del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, viven en la pobreza extrema. La inflación, el fracaso de la Tarea Ordenamiento y la pésima gestión económica del gobierno de Díaz-Canel, han provocado que un segmento amplio de compatriotas coman poco y mal.

Octavio asegura que no consume ninguna proteína hace más de un mes. "Hago una comida al día. Hacer un potaje me resulta muy caro, lo que casi siempre como es arroz blanco con una vianda hervida, por lo general plátano burro, yuca o boniato. Al mediodía me como el pan de la libreta, cada vez más pequeño, con una pasta que preparo con aguacate. Hace un año que no tomo leche, no como carne de cerdo ni pescado. Y la última vez que vi un bistec de res fue en una película americana”.

Zuraima comenta que su dieta es a base de harina. “Gasto de 1,500 a 2 mil pesos al mes en comprar pan. Compro la mortadella y el picadillo de mala calidad que venden por la calle y con eso hago una pasta casera para echarle al pan. Si no me lleno, compro pizza. Dos veces a la semana cocino arroz y una o dos veces al mes, un potaje de chícharos o frijoles negros, que la libra está a 350 pesos, el más 'barato'. Porque los garbanzos, frijoles colorados y las lentejas, ni te cuento, de 500 a 900 pesos la libra. Y no hay embutidos ni carnes para echarle a esos potajes”.

Hace tiempo que Nieves no toma leche ni yogurt. "Me gustaría comer frutas, pero el mango, la guayaba, el melón y la frutabomba están carísimas. Las naranjas, toronjas y mandarinas se fueron pa' Miami. La limonada se convirtió en un lujo, una libra de limones vale 200 o 300 pesos. Ya ni siquiera puedes tomar agua con azúcar prieta. Y si la quieres con azúcar blanca, tienes que pagar 500 pesos por la libra. Es más fácil conseguir un paquete de Doritos que tomarse un guarapo con hielo”.

Deborah, ama de casa residente en Miramar, antaño barriada de la burguesía criolla, expresa que “aunque el poder adquisitivo es más alto que en el resto del país, las calles interiores también están con baches, las fosas reventadas por falta de mantenimiento y cuando cae un chubasco se inundan las zonas bajas. Soy ingeniera y mi esposo chef de cocina. De mis padres heredé la casa y un auto, pero no dinero que nos permitiera reparar la casa y mantener el carro. Los que tienen familia fuera se salvan, pues reciben dólares y paquetes de comida, que eso en Cuba vale más que el oro. Seis años rentábamos dos habitaciones a turistas, pero como el turismo está en el piso, comenzamos a elaborar cakes y dulces finos. El negocio marchaba bien hasta que el precio del huevo y el azúcar subieron tanto que no teníamos ganancias. Es incosteable tener que pagar mil pesos por un kilogramo de azúcar y tres mil pesos por un cartón de huevos. Tuvimos que cerrar".

Según cálculos extraoficiales, solo un 10 por ciento de los cubanos pueden desayunar, almorzar y comer y algunos hasta merendar y tomar café dos o tres veces al día. Ese segmento de la población es el que puede adquirir cajas de pollo en 11 mil pesos, pagar la libra de carne de cerdo deshuesada, importada de Estados Unidos, en 1,200 pesos, y comprar langosta o calamares a 2,300 pesos la libra.

Ese grupo minoritario de cubanos puede tomar jugos Goya, beber cerveza Corona y whisky Jack Daniel’s. Dos veces al año, sus billeteras les permiten rentar una habitación en un hotel todo incluido de Varadero o gastarse 30 mil pesos en la paladar ChaChaChá, en La Habana Vieja. Pero son los menos. La inmensa mayoría se lleva las manos a la cabeza cuando tiene que comprar una libra de tomates en 400 pesos o una ristra de ajos en 2,500 pesos.

“Solo en comida, aseo y otros gastos para cuatro personas, se me van casi 500 dólares mensuales (alrededor de 162 mil pesos en el mercado informal de divisas, que el 14 de octubre se cotizaba a 325 pesos por un dólar), una cantidad que representa el salario de dos años de un profesional en Cuba. Y aunque comemos bien, si lo comparamos con la realidad nacional, no podemos comprar ropa de marca, alquilar en hoteles o ir a restaurantes y bares privados”, señala Guillermo, especialista en software.

Y es que en Cuba la vida es difícil para todos. Pero muchos son más pobres que otros. Es el caso de Zuraima, que come lo que puede y cada noche reza para que el techo de su vivienda no la sepulte si se desploma.

Iván García
Foto: Arroz blanco, huevo frito y un platanito es un lujo en Cuba. Tomada del artículo de Dimas Castellanos titulado La historiografía evidencia que los esclavos comían mejor que los cubanos de hoy, publicado el 1 de abril de 2024 en Diario de Cuba.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Cubanos en modo supervivencia

Tras cincuenta horas sin electricidad, con una madre de 86 años postrada en una cama y la comida echándose a perder en el refrigerador, llamémosle Patricia, comenzó a sonar con desespero una cazuela de hierro fundido y a gritar insultos contra la dictadura de corta y clava que gobierna en la Isla.

Varios vecinos del barrio se sumaron a su protesta. Voltearon un contenedor de basura en la calle y comenzaron a corear “libertad, váyanse pa’la pinga” y la famosa frase de “Díaz-Canel singao”. Personas afiliadas a la UJC o el partido comunista, burócratas de nivel medio en instituciones estatales y militares en activos o retirados, asentían en silencio.

“Si por indolencia no eres capaz de administrar los servicios básicos, luego no puedes castigar a los que se manifiestan. Y todos los cubanos, del bando que sean, están descontentos por la ineficiencia del gobierno”, comentó un oficial de la policía.

El directivo de una empresa, cuando se inició la protesta, optó por regresar a su casa. En privado, coincide que el “pueblo está más arriba de los cojones de los abusos, la corrupción y el mal funcionamiento de los servicios públicos. Yo también tengo ganas de gritar. Pero siempre hay alguien que te chivatea. Lo mejor es estar al margen” y dijo que el protocolo a seguir para los miembros del partido comunista y cuadros de empresas estatales, “es salirle al paso a las manifestaciones contrarrevolucionarias e identificar a las personas que iniciaron la protestas. Pero la mayoría no estamos por la labor. Sufrimos las mismas carencias”.

Y añadió que “a estas alturas de mi vida no voy a estar chivateando a un vecino que conozco desde la infancia para que luego lo condenen a diez años de prisión por reclamar en voz alta lo que la mayoría de los cubanos pensamos en voz baja. Además con qué moral, porque como casi todos los funcionarios del gobierno, tengo un hijo en Estados Unidos y otro en España, los dos me mandan dinero y cajas con comida”.

Nunca antes un periodista independiente tuvo su labor tan fácil. Si quince años atrás los cubanos se inhibían de hablar ante una cámara, ahora las personas no se cortan y critican abiertamente al régimen. En la oscuridad provocadas por los apagones, muchos vecinos suelen reunirse en el portal de sus casas o en las esquinas y casi todo lo que se habla es para criticar el ruinoso estado de cosas en el país.

El centro de conversación con cualquier persona, en la calle, una cola o un taxi, son quejas y reproches al gobierno. El descontento ha ido creciendo en la misma medida que los ciudadanos han ido empobreciendo. Yoel, funcionario del puerto de La Habana, acusa al gobierno de mentiroso e irresponsable. “Ellos tienen la culpa de que estemos hundidos. La falta de credibilidad de los gobernantes cubanos no tiene nombre”. Pone varios ejemplos: “Fuera de la bahía, hay varios barcos que no han podido atracar por falta de dinero para pagarles. La semana pasada las autoridades pagaron sólo mil toneladas de gas licuado, de una carga contratada de diez mil toneladas, no tenían el dinero completo. Sucede igual con los barcos de combustible. El principal problema de Cuba no es el bloqueo, es que el gobierno no tiene divisas”.

El viernes 18 de octubre, a las 8 y 50 de la mañana en diversas barriadas habaneras quitaron la electricidad. Era un apagón programado de 6 horas. Debido al alto déficit de generación, las autoridades decidieron ampliar el horario de apagón en la capital de 4 horas en horario matutino o vespertino a 6 y 8 horas. En provincias, desde el mes de enero los apagones suelen ser de 8 a 22 horas. Pero alrededor de las 11 de la mañana, una avería en la termoeléctrica Antonio Guiteras, en las inmediaciones de la bahía de Matanzas, a cien kilómetros al este de La Habana, provocó un apagón general en todo el país.

Un ingeniero eléctrico explica a Diario Las Américas que hubo una desconexión del sistema. "Quedó en cero. Ya había ocurrido en 2022, tras el paso del ciclón Ian. Restituirlo es bastante complejo. El sistema electro energético no está diseñado para hacer cortes eléctricos. Pero las causas de la actual crisis energética es una combinación de factores provocada por la falta de inversiones en las termoeléctricas cubanas. La mayoría fue construida hace cuarenta o cincuenta años con tecnología soviética. La más moderna es la Guiteras, de tecnología francesa que puede llegar a generar 330 MW y fue edificada en 1991”.

“Son plantas que debieran funcionar con petróleo ligero y darles mantenimiento cada seis meses y general cada dos años. Tras la revolución energética ideada por Fidel en 2005, para aliviar la crisis energética que tenía el país desde hacía veinte años, se priorizó construir centrales de generación distribuida, cientos de plantas de fuel oil conectadas al sistema. Y se comenzó a generar electricidad en las termoeléctricas con petróleo cubano, que es muy denso y contiene altas concentraciones de azufre”.

“Eso ha provocado numerosas roturas y tupiciones en los conductos y las calderas. Por falta de financiación no se sustituyen o modernizan los equipos. Algunas piezas ya ni siquiera se construyen. Y pasó lo que la mayoría de los especialistas de la empresa eléctrica preveían: era insostenible mantener el modelo creado por Fidel, debido al alto costo del diésel, que es importado, y en particular porque esas plantas no están diseñadas para trabajar tantos años. Lo que debió ser una solución temporal, para ganar tiempo y construir nuevas termoeléctricas, por orden de Fidel se convirtió en un modelo definitivo. Ahora sucede que la mayoría de las termoeléctricas están en ruina. Y en la generación distribuida la mayor parte de los equipos están obsoletos, rotos o parados por falta de piezas de repuesto”.

“El colapso del sistema era una jugada cantada. Es irreversible, incluso teniendo el combustible disponible. El país, en teoría, tiene una capacidad de generación de más de seis mil MW. Pero en la práctica, sumando las energías renovables y la distribuida, apenas roza los tres mil MW. Y el consumo diario promedio es superior a esa cifra. Así que siempre, suponiendo que no haya rotura ni falte el combustible, habrá que programar apagones”, concluye el ingeniero.

La solución pasa por nuevas inversiones. Mirta, arquitecta, afirma que el “gobierno ha gastado más de 20 mil millones de dólares en la construcción de hoteles. Su propietario es GAESA, que ya tiene tantas habitaciones como Marriot o Hilton, gigantes mundiales de la hostelería. Eso no tiene sentido en un país donde el nivel de ocupación hotelero no llega al 30 por ciento”.

Con la mitad de ese dinero, unos 10 mil millones de dólares, algunos especialistas consideran que se pudo renovar el sistema electroenergético y construir nuevas centrales. En materia de energía la estrategia del régimen ha sido un caos. En la década de 1980, Fidel Castro decidió construir en la provincia de Cienfuegos, 300 kilómetros al este de La Habana, una central electronuclear con tecnología soviética.

“Viendo el desastre de la actualidad, por suerte aquella construcción se paró tras la caída del comunismo en la URSS. Los reactores eran similares a los de la planta en Chernobyl, que provocó el peor accidente de la historia. En esa obra se dilapidó alrededor de 25 mil millones de dólares al cambio actual, sin contar el dinero que se gastó en preparar especialistas en el extranjero que treinta y cinco años después no tienen trabajo”, expresa Eder, físico nuclear.

El experto en energía Jorge Piñón, cubanoamericano director del Programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas, hace dos años realizó un exhaustivo análisis en el cual pronosticó “el colapso total del sistema eléctrico cubano”. Según Piñón, la actual debacle no es resultado del embargo, "sino de la mala gestión del Estado en el sector energético. Cuba no tiene dinero ni tiempo para resolver el colapso del sistema eléctrico”. En su opinión, se necesitaría una inversión superior a los 10 mil millones de dólares.

Un funcionario de la empresa eléctrica revela que “hace diez años, en 2014, se anunció un acuerdo con la empresa rusa Inter-RAO para construir cuatro unidades de doscientos MW cada una. En 2016, Moscú concedió un préstamo de 1,300 millones de euros para la construcción. Esos ochocientos MW, si se hubiera hecho lo pactado, estarían ahora funcionando. Pero nadie sabe el rumbo que cogió ese dinero”.

Qatar y Arabia Saudita han entregado fondos millonarios para inversiones en el sector hidráulico, mientras China, España y otros países de la Unión Europea, han financiado proyectos de energías renovables que no nunca se han ejecutado o están a medio construir, como la central de generación eólica en la provincia de Las Tunas. O la unidad de generación eléctrica mediante biomasa del Central Ciro Redondo en la provincia Ciego de Ávila, que costó más 300 millones de dólares y está parada por falta de bagazo de caña o de marabú que el régimen prefiere exportar.

La mala noticia para los cubanos es que no hay una solución viable a corto plazo. El director de la Unión Nacional Eléctrica (UNE), Alfredo López Valdés, sugirió que los cubanos que puedan se “compren un sistemita fotovoltaico”, generando toda clase de comentarios entre los cubanos. “No tienen un ápice de autocritica por su mala gestión, le piden al pueblo que guapeen la comida y ahora la electricidad de su casa. ¿Quién va a pagar la compra de esos paneles fotovoltaicos? ¿La familia que vive en Miami? O acaso lo van vender a plazos por la libreta. De verdad que son unos desvergonzados”, dijo insultada Camila, ama de casa.

El ingeniero eléctrico consultado considera que “lo ideal sería apostar por las energías renovables, especialmente la fotovoltaica y la eólica. Pero para dotar al país con una infraestructura de diez mil MW, que sería lo sustentable y garantizaría un futuro desarrollo económico, se necesitaría una inversión de alrededor de 20 mil millones de dólares”, cifra similar a la que gastó GAESA en construir hoteles para turistas.

Un panel solar de 1KWP de potencia se vende en una tienda de Copextel, empresa de Ramiro Valdés, ubicada en 41 y 42, Miramar, en 55 mil pesos, el salario anual de un profesional en Cuba. Antonio, electricista, advierte que “el desembolso de dinero para una familia de cuatro personas con dos aires acondicionados sería muy superior, pues necesitarían comprar, de acuerdo a su gasto mensual de MW, cinco o seis paneles de buena potencia y con baterías para que se puedan utilizar de noche. Eso representaría cerca de medio millón de pesos, incluyendo la instalación incluida. Una inversión imposible para un trabajador o un jubilado”.

Cuando Hiram, estudiante universitario, vio en las redes sociales la intervención de Manuel Marrero, alucinó. "Te dicen a la cara que los apagones se van a recrudecer y no hay solución a corto plazo. Ya es hora que los cubanos cojamos un machete y nos alcemos en el monte”.

Elaine, profesora jubilada, coincide que algo debemos hacer, “los funcionarios del Estado están burlándose del pueblo. En esa comparecencia del , pasado jueves el gobierno sabía lo que sucedería al día siguiente. Fue un guión preparado. No te venden ni velas, linternas recargables y alimentos enlatados para que las personas puedan comer y después no quieren que los critiquen”.

Patricia, la que empezó a sonar la cazuela después de estar 50 horas sin luz, asegura que “el miedo tiene un límite. No es fácil vivir sin tener que darle de comer a mis dos hijos y a mi madre empotrada en una cama, sin poder comprarle culeros desechables apropiados para esos casos. Cada vez que el gobierno viole mis derechos voy a gritar. No me voy a quedar callada”.

En un ejercicio de cinismo, en plena ola de descontento popular, el mandatario Díaz-Canel felicitó al pueblo cubano por su “compresión, confianza en los dirigentes y disciplina” . A los que salieron a protestar después de cuatro días sin electricidad, los acusó de “estar embriagados” y ser “cómplices de operadores políticos en el exterior”. En tono desafiante prometió sanciones penales.

Más de mil compatriotas están presos por manifestarse pacíficamente en las calles. El mensaje de ida y vuelta del régimen es escueto: emigración, bajar la cabeza o cárcel si protestas. Cada cual elige. Pero si en algo coinciden los cubanos, es que los apagones maratónicos llegaron para quedarse.

Iván García
Foto: Durante los días que Cuba estuvo a oscuras, muchos cubanos cocinaron con leña en la calle. Tomada de Martí Noticias.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Cuba, el cáncer de la corrupción

Cuando los ómnibus climatizados de la empresa turística Gaviota, perteneciente a la corporación militar GAESA, transitan por la Autopista Nacional rumbo a Cayo Santa María, hacen una parada obligatoria en un ranchón por divisas en las afueras del municipio Jagüey Grande, Matanzas, provincia a 170 kilómetros al este de La Habana.

“Ya sea para que los turistas desayunen, merienden o vayan al baño, siempre debemos parar allí”, asegura un conductor de Gaviota. El ranchón, ubicado en una finca campestre, además de una cafetería, tiene una tienda de souvenirs y un mercado de alimentos, tabacos y bebidas alcohólicas.

En medio del follaje y un césped bien cuidado, se observan hermosos pavorreales despliegan sus coloridas alas, se escucha el croar de las ranas y varios flamencos nadan en un pequeño estanque. Cada dólar que usted gasta en el lugar va a la cuenta de Flora y Fauna, uno de los negocios de Guillermo García Frías, nonagenario comandante de la guerrilla de Fidel Castro, quien no ocupa ningún cargo político en Cuba, pero tiene más poder e influencia que cualquier ministro.

Con solo una llamada telefónica de García Frías, el ejército le alista un viejo helicóptero de la era soviética para ir a Cayo Saetía a cazar jabalíes o para dar un paseo por la Sierra Maestra. Entre los negocios de García Frías se encuentran la cría de caballos de raza -algunos se han vendido en más de medio millón de dólares- y la empresa Supermarket, que extorsiona a los emigrados cubanos revendiendo alimentos y bienes tres veces más caros.

En una finca de Managua, en las afuera de La Habana, entre el humo del tabaco de vueltabajo, García Frías y sus allegados apuestan grandes sumas de dinero en peleas de gallos. Un delito tipificado en las leyes cubanas. Pero, ya sabemos, en la Isla las normas se hicieron para otros. Cuenta un trabajador de esa finca que “en sus propiedades no faltan tractores, abonos y fertilizantes como en la mayoría de las cooperativas estatales. Sus negocios no dependen de ninguna institución del gobierno. Nunca vienen inspectores ni la Controlaría General de la Repúlica”.

En la finca se producen acelgas, coles, zanahorias, tomates, entre otros vegetales que van a parar a las mesas de generales o del poderoso Consejo de Estado. También se crían cerdos, carneros, gallinas y guanajos (pavos). En un pulcro centro de elaboración se producen jamones y embutidos. Existen decenas de latifundios como ese en el país subordinados a las FAR o al Consejo de Estado.

Guillermo García importa semillas, alimentos y gallos de peleas saltándose olímpicamente el complicado y tortuoso entramado estatal. “El viejo puede hacerlo. Es uno de los capos de la cosa nostra. En esa mesa solo comen Raúl Castro y su familia, Ramiro Valdés, Machado Ventura y cuatro o cinco generales. El resto puede tener sus negocitos mientras cumplan el guión trazado. Pero no tienen inmunidad. Pueden ir presos si los jerarcas lo deciden”, afirma un ex funcionario de Comercio Exterior.

Cuba no es un país normal. No existe tripartición de poderes y estamentos como GAESA, un gobierno paralelo, a la sombra, no rinde cuentas. GAESA es el auténtico poder en Cuba. Controla las decisiones estratégicas del país y el 90 por ciento de los negocios que generan divisas, incluido el Consejo de Estado.

GAESA es Raúl Castro, su familia y su entorno. Castro II nunca entregó las riendas del poder. Delegó la imposible misión de administrar la Isla a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, un funcionario que llegó a la presidencia por su obediencia y se ha convertido en un testaferro. Es parte de una puesta en escena. Díaz-Canel, sus ministros y funcionarios del Partido Comunista son los encargados de administrar la pobreza y reprimir a los cubanos que cuestionen el status quo.

Representan al régimen en foros internacionales, pero no diseñan las líneas maestras de la política exterior. En la calle, con esa irreverencia típica de los cubanos, denominan a Díaz-Canel y sus ministros como 'el gobierno de la libreta' (cartilla de racionamiento). “Esta gente -el actual régimen- son los encargados de repartir las siete libras de arroz y el trocito de pollo y viajar por todo el país a hacerle cuentos al pueblo. Los verdaderos amos no dan la cara”, indica un taxista habanero.

Díaz-Canel es una especie de pararrayos. Un gobierno ínterim para ganar tiempo antes de la inevitable caída del castrismo. Los casos de presunta corrupción del ex ministro de economía Alejandro Gil Fernández o ahora el vice primer ministro Jorge Luis Perdomo Di-Lella no es un suceso nuevo.

La corrupción en Cuba es parte del sistema adoptado por Fidel Castro. Sus funcionarios predican un falso discurso de justicia social y de empoderamiento a los más pobres, pero son una élite que viven como burgueses. Tenían privilegios, traficaban favores y malversaban mientras fueran leales al régimen. Pero existe una frontera que no deben cruzar.

Un ex militar retirado, comenta que “quienes han ocupado puestos importantes dentro del gobierno conocen los límites. Si tienes la posibilidad de montar un negocio rentable, se lo debes comunicar a la alta dirección. Y si por tu cuenta pretendes enriquecerte, te parten los cojones- Hay muchos factores que inciden para que el gobierno destituya o le abra un expediente a un alto funcionario. Si cuestionas a la familia real o aspiras a ser presidente tienes las horas contadas".

"Es lo que le pasó a Arnaldo Ochoa, Felipe Pérez Roque y Carlos Lage. Los casos de corrupción tienen que ser muy sonados o actuar por tu cuenta, como el de Carlos Aldana, para que te destituyan. Es muy probable que Gil, Perdomo y otros hayan explotados por pasarse de listos. No por corruptos. Según el pensamiento de los que mandan, no es de buen gusto que un funcionario por debajo de su rango o su abolengo tenga una mejor casa o un auto más moderno".

"Recuerdo que en la década de 1980 el administrador de una heladería fue a la cárcel por especular que era oficial de la Seguridad del Estado y ser dueño de un Lada con más parafernalia que el auto de Ramiro Valdés, por ese entonces Ministro del Interior. Incluso hasta por envidia te pueden abrir fuego. En la destitución de Gil o Perdomo debe haber algo más que corrupción”, explica el ex militar.

En Cuba nada funciona, excepto la represión policial y la Seguridad del Estado. Todos los dirigentes que ocupan puestos importantes son vigilados e investigados con lupa. Es muy improbable que la contrainteligencia no supiera de los supuestos “negocios, deformaciones e ilegalidades” de José Luis Perdomo y el destronado zar de la economía Alejandro Gil.

Hay otros motivos, también importantes, para deponer de su cargo a un alto funcionario. Como el deficiente trabajo del ministro de salud pública durante la pandemia y su inacción por el colapso de los hospitales y la falta de medicamentos. Dentro del aparato del partido y el monocorde parlamento nacional, nadie planteó que se le debería abrir un expediente al coronel Marino Murillo, culpable de disparar la inflación y la pobreza extrema en el país con la aplicación de la fallida Tarea Ordenamiento en enero de 2021.

Nadie dentro del gobierno cuestiona a los ministros de comercio interior, agricultura y la industria alimentaria por sus incapacidades de proveer comida a la población. ¿Y al ministro hidráulico, culpable de que en Cuba se pierda el 50 por ciento del agua que se distribuye por las roturas en el acueducto? ¿Y qué pasa con el ministro de transporte? O el de energía y minas, que no tiene un plan para acabar con los extensos apagones.

Es un chiste de mal gusto intentar acusar a determinados funcionarios por supuestos delitos mientras el resto destroza al país. La corrupción es un flagelo intrínseco del régimen. Hay que frenarla. No se soluciona cambiando los muebles de lugar.

La gente reclama un gobierno que sepa administrar los servicios básicos. Que desaparezca GAESA y renuncie el actual gobierno. Anhelan libertad y democracia.

Iván García
Ilustración tomada del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales.