jueves, 19 de abril de 2018

Adiós, hermanos Castro; hola, Partido Comunista



Por primera vez en seis décadas, Cuba está alistándose para tener un dirigente que no sea un Castro. El 11 de marzo se celebrarán las elecciones en Cuba para la Asamblea Nacional del Poder Popular, la que a su vez elegirá al próximo presidente, el 19 de abril. El presidente Raúl Castro, hermano del fallecido Fidel Castro, no se postulará para la reelección. En 2011, introdujo límites para los períodos presidenciales y parece dispuesto a honrarlos. Se espera que la Asamblea Nacional escoja a un sucesor que no pertenezca a la familia Castro.

¿Qué debemos esperar de esta sucesión? Una lectura optimista es que podría constituir el primer paso hacia la democracia. Otra, más realista, es que Cuba se encamina a más de lo mismo: un gobierno no democrático de un solo partido.

Si el Partido Comunista de Cuba -el único con permiso de participar en las elecciones bajo el régimen de un solo partido- fuera astuto, trataría de salirse del juego mientras las ganancias aún son buenas. Si guiara una transición hacia la democracia bajo sus propios términos, el PCC podría cosechar beneficios.

Las leyes e instituciones de reciente configuración (por ejemplo, las leyes electorales) podrían estar hechas a la medida a su favor. El partido también podría aprovechar haberse liberado recientemente de los Castro para permitir nuevas libertades para los cubanos y crear de este modo una buena voluntad traducible en votos.

Después de todo, en muchas democracias, los partidos autoritarios que antes estaban en el poder (o los partidos formados por políticos que solían ser autoritarios) siguen siendo actores prominentes. En la mayoría de los casos, los partidos de origen autoritario regresan al poder elegidos de manera libre y limpia. De México a Mongolia, Polonia a Panamá, España a El Salvador y Taiwán a Túnez, los electores han llevado de regreso a 'los malos' al poder a través de los votos.

Esto sucede porque a menudo, en el caótico entorno posterior a la transición, algunos votantes sienten nostalgia por el pasado autoritario. Además, algunos regímenes autoritarios pueden mostrar logros importantes. En el caso de Cuba, el partido puede señalar su récord en áreas de servicios públicos gratuitos como la atención médica o en materia de nacionalismo y seguridad interna.

Sin embargo, cuanto más esperen los comunistas, esta estrategia de salida se hará menos viable y más probable será que el partido sucumba en un colapso total del régimen.

Los regímenes autoritarios nacidos de revoluciones, como el de Cuba, a menudo sobreviven durante décadas, pero batallan una vez que la generación de revolucionarios desaparece, en especial si no pueden encontrar una fuente alternativa de legitimidad, como el extraordinario crecimiento económico de China de las últimas décadas. Por este motivo, esta opción de 'paracaídas dorado' debería atraer a los gobernantes cubanos.

Desafortunadamente para el pueblo cubano, hay pocas señales de que se esté considerando esta posibilidad. Por el contrario, la mayoría de los signos apunta a una continuación del statu quo: la sucesión de alguien que no sea un Castro, sí, pero no una transición a un régimen más libre. El régimen cubano sigue estando relativamente protegido ante las presiones nacionales para hacerse más democrático, a pesar de que esto podría beneficiar los intereses del propio Partido Comunista de Cuba a largo plazo.

Lo que es muy obvio es que, a pesar de que Castro dejará el cargo de presidente, no se retirará del todo. Seguirá siendo el primer secretario del Partido Comunista y el jefe no oficial del ejército, las dos instituciones más importantes del país. Cuando los exgobernantes autoritarios mantienen el control de partes clave del Estado, eso les permite vetar cualquier posible apertura hacia la democracia.

El hijo y la hija de Castro también seguirán en cargos poderosos. El hijo, Alejandro, maneja el Ministerio del Interior, y la hija, Mariela, es nominada a la Asamblea Nacional y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). A Alejandro se le conoce por su amor por la eficiencia y a Mariela por su pasión hacia las causas LGBT. Pero ninguno es conocido por su amor a las políticas liberales. Los dos dedican gran parte de su tiempo a reprimir (en el caso de Alejandro) y denigrar (en el caso de Mariela) a los disidentes.

Más allá de la familia, está el hecho de que el legado normativo más importante de Raúl Castro -el control militar de la economía- es difícil de eliminar. El Ejército cubano, a través de su conglomerado Gaesa, es propietario de la gran mayoría de las empresas que operan en el sector comercial, desde hoteles y casas de divisas a puertos. Esto da al Ejército un amplio control de hasta el 60 por ciento del flujo de dinero hacia Cuba. Cualquier reformista económico sabe que romper un monopolio es difícil; aún más si el monopolio también tiene poder sobre las armas y el servicio de inteligencia. El Ejército cubano está comprometido no solo con el gobierno de un partido, sino también, al parecer, con una economía de una sola empresa.

Puesto que la economía de Cuba es tan cerrada, el sector privado es pequeño y débil. Sabemos que las transiciones a la democracia requieren de actores con dinero que les permitan cabildear en el Estado en pos de cambios, incluso financiar a la oposición. Con Fidel Castro, Cuba puso en vigor una de las prohibiciones a la propiedad privada más draconianas a nivel mundial, básicamente excluyendo la posibilidad de que esto ocurriera. Su hermano amplió la cantidad de actividades de autoempleo permitidas, pero solo las profesiones que requieren pocas habilidades se liberalizaron; aún están vigentes muchas restricciones para contratar y financiar y los impuestos son onerosos. El sector privado existe, pero está rigurosamente obstruido.

Por último, la triada de políticas que han mantenido al régimen a flote desde el fin de la Guerra Fría -la migración, la represión y las remesas- perduran. Desde hace tiempo la migración ha funcionado como una válvula de escape, al llevar a los cubanos más resentidos fuera de la isla, algo que se ha vuelto más fácil ahora que el gobierno ya no requiere visas de salida. La represión sigue aplicándose a los disidentes con tanta fuerza como antes de que el expresidente de Estados Unidos Barack Obama restableciera las relaciones diplomáticas con Cuba.

Las remesas, que quizá promedian hasta 3 mil millones de dólares anualmente, son un salvavidas crucial para la economía cubana. Uno pensaría que, al financiar a la sociedad civil, las remesas ayudan a la democracia en Cuba. Sin embargo, como la pobreza es rampante y el financiamiento escaso, la mayoría de las remesas se usan para consumo en los hogares o actividades de cuentapropistas, así que queda poco para el tipo de grupos cívicos indispensables en el surgimiento de una democracia.

Después de la sucesión, el régimen en Cuba seguirá acorralado por la familia Castro, el Ejército y un sistema regulatorio diseñado para restringir el crecimiento de los negocios y las organizaciones políticas, lo que minimizará la presión para la democratización.

Quizá la única presión posible para que haya más democracia tras la sucesión podría provenir de un conflicto entre el partido y el Ejército. Son entidades separadas, cada una con su propia cultura, recursos y base de apoyo. Es concebible que un futuro conflicto entre el partido y el Ejército pudiera producir un terremoto político, que en teoría generaría una transición política.

Castro entiende esto mejor que nadie en Cuba. Es por eso que puede decidir quedarse a cargo de ambos grupos. Mientras así sea, el potencial de una Cuba más libre seguirá siendo limitado.

Javier Corrales* y James Loxton
The New York Times en Español, 27 de febrero de 2018.
Foto: Valla en Holguín. Tomada de The New York Times.

* Javier Corrales es profesor de Ciencia Política del Amherst College y autor del libro de próxima aparición Fixing Democracy: Why Constitutional Change Often Fails to Enhance Democracy in Latin America. James Loxton es profesor de Política Comparativa en la Universidad de Sídney y coeditor de la futura publicación Life after Dictatorship: Authoritarian Successor Parties Worldwide.


lunes, 16 de abril de 2018

Con disimulo, Raúl y la vieja guardia renuncian



Desde 2006 Raúl Castro es presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, en funciones primero y nombrado después. Pero desde 1989, cuando le dio el golpe de Estado soterrado a Fidel Castro justificado con las Causas No. 1 y No. 2, de hecho fue copando con sus militares y acólitos todas las posiciones importantes en el Partido y el Gobierno.

A 12 años de asumir el control formal del país, entregará la presidencia a alguno de sus leales, presumiblemente el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, nacido el 20 de abril de 1960.

Ahora se anuncia que José Ramón Machado Ventura, Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías, el trío de octogenarios que junto a Raúl son considerados lo que queda de la "dirección histórica", acaban de ser condecorados como Héroes del Trabajo, lo que parece ser el preámbulo de su retiro de las posiciones más visibles del poder.

En realidad, lo que estaríamos presenciando es el reconocimiento de toda la camarilla castrista de su incapacidad para desarrollar el país y, como los "revolucionarios no renuncian ni se suicidan", ellos van a entregar "democráticamente" el poder a los designados por ellos.

De esta manera, están orquestando disimuladamente su renuncia ante el fracaso, después de haber ordeñado la vaca hasta la última gota de leche, la cual entregarán a sus sucesores, flaca, enferma y moribunda.

No lo hacen como demócratas que terminan sus mandatos y entregan el poder a los nuevos elegidos, sino porque una vez reconocida y demostrada su incapacidad para sacar el país adelante, se convencieron de que era más elegante dar esa salida que renunciar o enfrentarse a una eventual sublevación en el seno del oficialismo o probablemente del mismo pueblo.

Ya detrás del poder, en la segunda fila, podrían creerse en condiciones de culpar a sus sustitutos del desastre ocasionado por casi 60 años de castrismo. Pero todo tendrían que hacerlo con mucho cuidado, pues ahí mismo se podría armar el "sal pa'fuera" que abriría las puertas finales al desmerengamiento del modelo neoestalinista impuesto por los Castro en Cuba, en nombre de un socialismo que nunca existió.

El general y los octogenarios entregarán un país en peores condiciones que cuando lo recibieron del occiso: con una mayor deuda externa. Con decrecimiento económico. Con una mayor inestabilidad en los suministros energéticos (por el desastre ocasionado por Nicolás Maduro en Venezuela), ya con apagones programados de nuevo, como en los tiempos del Período Especial. Con un mayor desprestigio de las instituciones dirigentes, por la incapacidad demostrada por todos para realizar unas mínimas reformas económicas y política necesarias. Y con un natural aumento de la resistencia popular, la oposición y la disidencia, junto a una agudización de las contradicciones en el seno de la alta burocracia mandante.

En realidad, Raúl Castro no cambió nada de lo esencial en el modelo político económico implantado por su hermano. Pero tuvo la oportunidad de hacerlo y de llevar a cabo verdaderas reformas.

Hubiera podido sacar ventajas del restablecimiento de relaciones con la Administración Obama, que mostró disposición a un intercambio abierto con Cuba. Llegó a tener un amplio consenso en el país para hacerlo, creó expectativas, pero el miedo a generar dinámicas "extrañas" al castrismo que pusieran en peligro su poder y lo dejaran como el Gorbachov cubano y traidor al hermano, solo le permitió desmontar algunas "medidas absurdas" del difunto caudillo y dar la imagen de "cambiarlo todo sin cambiar nada".

El relevo que ahora se proponen, pudieron hacerlo en el VI Congreso del PCC, en 2011, pero el apego a las "mieles del poder" se los impidió. Imagínense a Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Carlos Valenciaga saboreando el momento, en la soledad de sus almohadas.

Los que se queden con la "vaca moribunda" en las manos, Díaz-Canel, Marino Murillo y los demás, menos comprometidos con "la gesta del Moncada y la Sierra junto a Fidel" tendrán entonces la oportunidad de promover los cambios que Raúl ha ido aplazando y de comenzar un proceso real de apertura económica y eventualmente política, que empiece a encarrilar el país por otras vías.

Todo pudiera ser una componenda entre los octogenarios, que prefirieron retirarse fieles al castrismo, y los sucesores, "autorizados" a implementar las reformas aprobadas por los últimos congresos del PCC. Pero si no lo fuera y los primeros trataran luego de culpar a los entrantes del desastre ocasionado por el castrismo en estos casi 60 años, los nuevos mandantes tendrían la oportunidad de "virar la tortilla", demostrar que fueron los "viejos" los verdaderos y únicos culpables, y sentirse libres para entonces emprender modificaciones.

En el horizonte cercano se dibuja ya lo que puede llegar a ser una "situación revolucionaria": los de arriba no pueden seguir manteniendo el control. Los de abajo no soportan más. Crece la actividad política de amplios sectores sociales. Los cambios necesarios parecen inevitables.

Si por alguna razón no los hicieran los nuevos jerarcas y siguieran aferrados al ancien régime, entonces la solución -inevitable- podría adquirir otras connotaciones.

Pedro Campos
Diario de Cuba, 27 de febrero de 2018.
Foto: Raúl Castro, José Ramón Machado Ventura y Ramiro Valdés. Tomada de Cubanet.
Leer también: Tres pandilleros de altura y Se va Raúl con sus viejos compinches.

jueves, 12 de abril de 2018

Raúl Castro prometió mucho, pero cumplió poco



El Gobierno de Raúl Castro, a punto de concluir, se ha caracterizado por la distancia entre la denuncia y el análisis de los problemas y las soluciones a poner en práctica. Esa limitante intrínseca a los dos mandatos raulistas abre una interrogante sobre si su sucesor logrará avanzar en algún sentido en las soluciones, uno de los tantos problemas que quedarán pendientes cuando este abandone la presidencia.

A lo largo del tiempo de su mandato, se han destacado dos bloques, que por una parte definen la distancia entre las aspiraciones y realidades del gobierno raulista y, por la otra, las diferencias entre la situación en que vivían los cubanos antes de la llegada del menor de los Castro al poder y el momento actual.

En el primer caso, hay un marcado contraste entre un diagnóstico claro y las soluciones tardías o a medias llevadas a cabo por el actual Gobierno cubano. En este sentido, un notable paso de avance es el hecho de que la prensa oficial se ha transformado en buena medida y ha pasado de la simple complacencia y el ocultar la realidad, a la publicación de reportajes y artículos que presentan los problemas actuales del país. Si bien aún puede reprocharse a esta prensa la no presentación de la totalidad de los problemas existentes en la Isla -algo que, por otra parte, puede decirse también de la existente en otras partes del mundo-, no por ello se debe negar que ésta ha comenzado a desarrollar su verdadera función de divulgación y crítica de los problemas nacionales.

En otras palabras, en la actualidad la prensa cubana -en especial el periódico Juventud Rebelde y con menor énfasis también Granma- permite conocer mejor la realidad del país que lo que se le reconoce en Miami, donde se publican sin el menor recato los cables de los corresponsales extranjeros que en muchos casos son un simple refrito de lo aparecido en las páginas de estos diarios, mientras se sigue repitiendo que el periodismo que se hace en la Isla se limita a una sarta de omisiones, tergiversaciones y mentiras.

Este cerrar los ojos ante la realidad cubana es parte de la atmósfera dominante en el sur de la Florida, donde el mirar hacia otro lado impide en muchas ocasiones conocer, al menos de forma superficial, lo que ocurre en Cuba, al tiempo que limita el aprovechamiento de los recursos disponibles para el análisis.

Sin embargo, este reconocimiento al planteamiento real de los problemas, por parte de algunos órganos de la prensa oficial cubana, debe ir también acompañado del señalamiento de que, por lo general, éstos omiten o no enfatizan el corto alcance de las soluciones adoptadas hasta el momento. Es decir, que no basta el planteamiento del problema cuando no se dice también lo poco que se hace para resolverlo.

El segundo aspecto tiene una importancia fundamental, en lo que se refiere a la percepción que tienen los habitantes de la Isla: pese a una serie de pequeñas reformas, la situación real no ha mejorado sustancialmente.

Si bien la llegada de Raúl Castro a la presidencia del país significó el fin una serie de restricciones -consideradas excesivas por el nuevo mandatario- su abolición ha significado apenas la posibilidad de adquisición de una serie de artículos y productos que la mayoría de los cubanos no cuenta con el nivel adquisitivo necesario para comprar, y en muchos casos, para obtenerlos tienen que recurrir a parientes en el extranjero o vincularse a actividades delictivas en mayor o menor medida.

Dos fueron los aspectos básicos que marcaron la diferencia entre la más breve presidencia de Raúl Castro y los largos años de su hermano mayor como gobernante.

Uno tiene implicaciones ideológicas: refleja una concepción opuesta sobre el individuo y sus valores y encierra incluso una cuestión filosófica. Donde Fidel Castro vio supuestas limitaciones individuales, una ausencia de cualidades revolucionarias y un afán natural hacia la avaricia y el enriquecimiento que el Estado debía reprimir, Raúl Castro tuvo en cuenta una condición humana, un mecanismo y una forma de motivación que la sociedad debía aprovechar para su desarrollo: una paga sin restricciones, la posibilidad de tener más de un empleo y la existencia de estímulos económicos que permitirán la utilización del dinero como motor impulsor de una mayor productividad.

Más acorde con un socialismo de transición (ya a estas alturas, esta transición parece perenne) que al pensamiento semi feudal de su hermano mayor, por un momento Raúl pareció apostar por un socialismo como dinero, aunque sin llegar al modelo chino que muchos le quisieron achacar. Sin embargo, sea por limitaciones propias, circunstancias del momento o presiones de los círculos más conservadores dentro del régimen, nunca fue capaz de que su visión lograra avanzar hacia una verdadera transformación, y siempre ha estado más cercana a un precomunismo ruso que a un postcomunismo chino.

El Gobierno de Raúl no ha sido capaz de abrazar la célebre frase de Bujarin a los campesinos rusos -¡Enriqueceos!- y mucho menos adoptar la actitud de Deng Xiaoping. Para el régimen castrista, sigue importando más el color del gato que su capacidad para cazar ratones.

De esta manera, el plan raulista fracasó en su énfasis original de la transformación agrícola como una forma de superar en buena medida las limitaciones económicas por las que atraviesa la Isla y derivó hacia la venta de la ilusión de una inversión extranjera como solución de los problemas, que está lejos de materializarse.

Por ello Cuba no ha logrado superar la paradoja de que, en buena media, su déficit comercial obedece principalmente a un aumento de las importaciones en alimentos: al tiempo de que es un país fundamentalmente agrícola y con tierras fértiles tiene que importar la mayoría de los alimentos.

Si bien en un primer momento el gobierno de Raúl Castro trató de estimular la agricultura a través de formas diversas, desde lograr que el Estado liquidara sus deudas a los campesinos hasta un aumento de los precios que pagaba por los productos agrícolas, y la entrega de tierras improductivas en usufructo a quienes querían cultivarlas, lo limitado de las reformas trazadas y el aferrarse al monopolio y control estatal excesivo condujeron a un fracaso del objetivo.

En un gobierno extremadamente celoso con la imagen como es el cubano, la presencia constante de Miguel Díaz-Canel al lado de Raúl Castro en todos los actos -con independencia incluso de su importancia- en los últimos meses indica una clara pausa sobre la sucesión de la presidencia. Con Díaz-Canel se abre además la posibilidad de abrir un camino de gestión tecnócrata que si no logra el éxito esperado en un período determinado -sea por ineficiencia o por rencillas internas acrecentadas- es fácil de modificar: no se sustituye a un Castro, a un Díaz-Canel se quita fácil del medio. Es posible que, entonces, Raúl Castro no esté designando a un sucesor, sino simplemente a un paraguas.

Cubaencuentro, 22 de febrero de 2018.
Foto: Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, entre otros, durante la visita a una empresa militar industrial de La Habana. Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 9 de abril de 2018

La soledad de Raúl Castro



El pasado 24 de febrero, Raúl Castro cumplió diez años al frente del Estado cubano (antes fue líder interino desde que Fidel Castro se retiró por motivos de salud en el verano de 2006.)

Si todo sale como está previsto, Raúl dejará la presidencia de Cuba el 19 abril de 2018, a sus 86 años de edad. Y dejará inconcluso su intento de instalar un “socialismo próspero y sostenible”. Y la era post-Castro está a la vuelta de la esquina. En este comentario hago una breve valoración de largo plazo, para ubicar a la era raulista dentro de la larga epopeya que se inició con el triunfo de Stalin en la URSS.

El revolucionario León Trotsky, en sus últimos años de vida, definió a la Unión Soviética bajo Stalin como un “totalitarismo”. Trotsky, a su vez, había tomado este concepto de otro exiliado bolchevique, Victor Serge, quien resumió bien el origen de la degeneración estalinista. Por un lado, decía Serge, era cierto que la férrea dictadura del partido bolchevique durante la guerra civil “contenía las semillas del estalinismo”, pero también, insistía, el bolchevismo y la revolución “contenían otras semillas, sobre todo las de una nueva democracia”. El régimen de Stalin fue la victoria de unas semillas sobre las otras; la suya, fue una contrarrevolución que triunfó sobre personajes como Trotsky y Serge.

El totalitarismo de Stalin se impuso a través de un canibalismo político que requirió del derramamiento de litros y litros de sangre. En contraste, los nuevos Estados que se sumaron al bloque socialista después de la Segunda Guerra Mundial nacieron totalitarios; en ellos no hubo necesidad de un baño de sangre entre comunistas en pro de normalizar el estado de excepción (en tiempos de paz) y comunistas partidarios de retomar la ruta de consolidación de una nueva democracia. Los nuevos Estados socialistas, alineados a Moscú de un modo u otro, simplemente replicaron en sus países el molde estalinista. Cuba, por supuesto, fue uno de estos estados.

A diferencia de las otras revoluciones comunistas, en Cuba el Partido Comunista no fue el productor de la revolución, sino un producto de esta. El PCC tuvo su primer Congreso en 1975, a pesar de haber sido fundado en 1965 (seis años después de la revolución). Hasta ese momento (y en parte, también después) el bastión del poder político recaía en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cuyo origen era el Ejército Rebelde, la guerrilla de Fidel Castro que derrocó a Fulgencio Batista. De ahí que el título que Fidel Castro ostentara en primer lugar fuera su rol de Comandante en Jefe, no el título de Secretario General del Partido, como Stalin, por ejemplo. En Cuba, el ejército no fue el brazo armado del partido; más bien, el partido ha sido el brazo político de las fuerzas armadas.

Como otras revoluciones comunistas autóctonas -por ejemplo, Yugoslavia, Vietnam o China-, Cuba no era un simple títere de Moscú. El comunismo cubano, sin embargo, surge en la misma década en que se profundiza la ruptura entre China y la Unión Soviética. La dirección cubana, frente a esta disyuntiva, decide sumar su joven revolución al campo soviético. Cuba no perdería su autonomía, del mismo modo que Israel nunca la ha perdido frente a Washington. Cuba incluso llegaría a imponer políticas a Moscú, como su involucramiento en la guerra de Angola, donde las FAR enviarían tropas contra del ejército del apartheid sudafricano.

Al grano: el colapso de la Unión Soviética no implicaba el colapso de Cuba socialista. Al igual que Corea del Norte, China y Vietnam, Cuba sobrevivió. Claro que hay modos de sobrevivir. No es lo mismo mantener un régimen de raíz soviética desde la prosperidad, como en China o Vietnam, que mantenerlo desde la escasez, como en Cuba o Corea del Norte.

En medio de la dura crisis económica de los años 90, Raúl Castro aprendió a amar a los chinos. Su añeja militancia estalinista sería aderezada en esos años por una admiración de la vía china. A principios de 1998, Raúl pasó varias semanas en China estudiando las reformas iniciadas por Deng Xiaoping. El revisionismo raulista, hay que admitir, era más producto de la necesidad que de la ideología. “Son más importantes los frijoles que los cañones”, ha dicho.

Los 90 fueron años duros en Cuba. Pero Fidel Castro seguía teniendo la última palabra. A diferencia de su hermano, Fidel adoptó la relajación de la Economía Centralmente Planificada (ECP) con enojo. Los microempresarios que surgieron en Cuba después del colapso soviético -los llamados cuentapropistas- serían considerados un mal necesario, una peste que había que soportar (y eliminar cuando vinieran tiempos mejores). Esto cambiaría con la presidencia de Raúl Castro y sus reformas: ahora las “formas no estatales de la economía” son consideradas legítimas, socias de la “empresa estatal socialista”, que sigue siendo la “forma principal de la economía nacional”. Cuba está interpretando, a su modo, el socialismo de mercado.

Con Raúl, Cuba se ha asemejado a China en su relajamiento de la ECP. Pero se distancia de la vía china en la intensidad de dicho relajamiento. Mientras los dirigentes chinos han admitido un resurgimiento de la burguesía -en términos marxistas, de la propiedad privada sobre los medios de producción-, en Cuba ése sigue siendo el límite de las reformas. Una cosa es que haya capital extranjero en la Isla (también lo hubo en la URSS de Lenin); otra, muy distinta, que se legalice el desarrollo de una burguesía nacional. Raúl Castro hizo la revolución en contra de esa clase social y él no la quiere volver a parir.

El problema es otro: en la ausencia de democracia en Cuba, ¿qué garantiza que un Gobierno posCastro rechace la restauración capitalista? Nada. Y cuando el capitalismo se ha restaurado en los países del ex bloque socialista, lo ha hecho como lo hizo el capitalismo en sus orígenes: mediante el despojo, al modo de la “acumulación originaria” ilustrada por Marx. En el ex bloque socialista, la nueva burguesía ha surgido de las filas de la alta burocracia estalinista, que se adueñó de bienes estatales.

Trotsky anticipaba, en La revolución traicionada, que la URSS de Stalin era inestable: o bien la burocracia restauraba el capitalismo o los trabajadores restauraban la democracia socialista. Lo que no anticipaba es que esta disyuntiva podía quedar en suspenso varias décadas. El totalitarismo es efímero -a menos que, como en Corea del Norte, se institucionalice a un semidios-, y tiende a relajarse para obtener un grado de anuencia de la población: este es el punto de partida de un régimen postotalitario. El conjunto de instituciones gobernantes (o sistema político) es el mismo, pero se articulan de otro modo: es otro régimen.

El postotalitarismo cubano se distingue por haber emprendido su maduración bajo la conducción de un fundador del Estado estalinista, Raúl Castro. (En un capítulo de este libro colectivo, he explicado ese proceso de maduración).

Raúl pronto dejará la presidencia de la república de Cuba, pero se mantendrá como Secretario General del PCC, al menos hasta su siguiente Congreso en 2021. Desde ese puesto, el último estalinista buscará lo imposible: eternizar, mediante reforma constitucional, su régimen. Si Stalin fue un dictador crudo -talentoso en la intriga, miope en el largo plazo-, Raúl es su discípulo ilustrado. Pero con un defecto: el de creerse el Leonardo da Vinci del estadismo soviético, el que logrará la forma perfecta del arte inaugurado por Stalin. Pero el mérito de Leonardo fue hacer más bello a un arte bello. No se puede hacer lo mismo con lo horripilante. Eso es magia.

Ramón I. Centeno
El Barrio Antiguo, 21 de febrero de 2018.
Foto de Raúl Castro realizada en 2013 por Enrique de la Osa para Reuters. Tomada de Toronto Star.
Leer también: Raúl Castro, la culpa asumida y la justicia inmóvil.

jueves, 5 de abril de 2018

¿Se necesitará sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor para salir del desastre verde olivo?



La honestidad política vale su peso en oro. Por eso la historia valora en su justo contexto aquellas palabras de Winston Churchill, probablemente el más influyente estadista británico y europeo, cuando el 13 de mayo de 1940, en su primer discurso como Primer Ministro ante la Cámara de los Comunes, hizo suya una frase que se atribuye al entonces subsecretario de marina Theodore Roosevelt: “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

El Reino Unido estaba siendo amenazado por la avasalladora maquinaria de guerra nazi. Polonia, Bélgica, Holanda y Francia apenas ofrecían combate a los carros blindados y cazas alemanes. Churchill no se anduvo con evasivas. Sacrificio y valentía era la única receta para obtener la victoria, finalmente lograda con el concurso de los Aliados cinco años después, el 9 de mayo de 1945.

Hablar francamente, parece lo más fácil, pero muchos políticos optan por los subterfugios. Sucede en Cuba. La revolución de Fidel Castro llegó al poder con un alto porcentaje de apoyo popular. Justicia social, democracia y mayor desarrollo económico eran sus promesas. Pero el guerrillero barbudo mintió. En seis décadas, el régimen que fundó no ha sido capaz de construir un país moderno y productivo.

A dos meses de que Raúl Castro elija a dedo un sustituto, llevando al castrismo a una nueva dimensión, el presidente de turno que será votado por el monocorde parlamento nacional, sobre la mesa no tiene un proyecto creíble de nación.

A la gente de la calle no le interesa ni motiva el relevo presidencial. No se comenta en las esquinas. No se privilegia a un candidato por encima de otro. No existe confianza en el próximo gobierno.

¿Puede ofrecer la nueva burocracia política opciones que ilusionen a los cubanos? José Manuel, ex profesor de preuniversitario y quien ahora se gana la vida a confeccionando sillones de mimbre, “no cree que el nuevo gobierno traiga nada bueno. Eso no es sorpresa. La prensa lo reitera todos los días. Lo que viene es una sucesión, pero sin estar al frente un dirigente con apellido Castro. Es decir, seguir con la 'actualización del modelo económico' hasta 2030, con el eslogan de un país próspero y sostenible y el discurso sin prisas, pero sin pausas”.

Los fines de semana, la zona del puerto colindante con barrios antiguos de La Habana, recibe gran cantidad de personas. Sheila, madre de dos hijos y peluquera particular, suele visitar La Maestranza, para que sus hijos “monten los aparatos del parque de diversiones y se distraigan un rato”. El sol pica. La brisa que llega de la bahía refresca un poco el calor del mes de febrero. Sentada en un banco de cemento, mientras a distancia vigila a los niños, Sheila asegura sentirse pesimista con el futuro de Cuba.

“Lo ideal es emigrar y probar suerte en otro lado. Puede irte bien o mal, pero no creo que se estará peor que en Cuba. Yo no tengo esa opción, no tengo familia en la yuma. Debo janeármela aquí. A mí me da igual al presidente que escojan. ¿Qué van a resolver? ¿Repararán las viviendas en Jesús María, Belén o Colón? ¿Subirán los salarios? ¿Bajarán los precios de los alimentos?", se pregunta. Ella lo niega con la cabeza: "No. Seguiremos con las penurias de siempre”.

La mayor parte de los cubanos no tiene un candidato favorito. Vladimir, junto a unos amigos, en un bar en divisas contiguo al Paseo del Prado, miraba en la tele el partido de la Champions entre los merengues de Cristiano Ronaldo y el PSG de Neymar. En plena efervescencia futbolera, ni pensar en preguntarle acerca del futuro presidente.

Tras la victoria del Real Madrid y luego de tomarse un par de latas de cerveza Cristal, Vladimir opina: "Lo que viene es un fraude. Todo está amarrado, brother. Ellos (los gobernantes) son como los Corleone, una mafia. No van a soltar el power así como así. Habrá que quitárselo y no creo que en la población haya cojones pa'tirarse pa'la calle y cambiar las cosas".

Rita, maestra jubilada, considera que debieran elegir una mujer. “Los hombres no han sabido resolver los problemas ”. ¿Cuál mujer?, indaga Martí Noticias. "No sé, por la televisión salen muchas candidatas. A mí no me gusta Mercedes (López Acea), la primera secretaria del partido en la capital, es muy poco femenina. Y Mariela, la hija de Raúl, sería seguir en las mismas. Se podría probar con Inés María (Chapman) la que dirige recursos hidraúlicos. Mi hijo, que trabaja en Aguas de La Habana, dice que ha realizado un buen trabajo. A mí me simpatiza ésa que es diplomática (se refiere a Josefina Vidal), que si fue capaz de sentarse y cuadrar la caja con los americanos, podría dirigir bien el país. No creo que Díaz-Canel dé la talla, hay algo en él que no me gusta, lo veo estirado, un poco postalita".

Un bicitaxista, oriundo de Santiago de Cuba, piensa que Lázaro Expósito, primer secretario del partido en Santiago desde 2009, podría ser un excelente presidente. "Es un hombre que habla de frente, no es corrupto y la gente de a pie lo sigue. Puede que ya en el cargo se encuentre amarrado de pies y manos por los militares y no pueda hace mucho, pero el tipo tiene agallas”.

A estas alturas del juego, la mayoría de los cubanos no se interesa por el candidato que los gobernará en los próximos cinco años. Incluso, ciudadanos despistados, se preguntan si 'el pueblo elegirá al presidente'. La desinformación, combinada con la apatía, es brutal.

Pero cualquiera que sea elegido, la coyuntura nacional e internacional le obliga a comportarse como un estadista. Venezuela, el aliado incondicional, es un auto sin freno. Obtener créditos económicos de Rusia a cambio de utilizar la isla como una marioneta o permitir concesiones en el terreno militar sería un juego peligroso. Endeudarse con China igual. Y en la Casa Blanca, Donald Trump, empeñado en su proyecto de hacer América grande otra vez, no tiene en su agenda negociar un nuevo trato con Cuba, a no ser que el nuevo gobierno cubano dé un giro político de 180 grados.

¿Qué opciones tiene a manos el próximo régimen? Se vislumbran tres escenarios posibles.

Primero, seguir jugando al gatopardismo (cambiar algo para que no cambie nada), es decir, cambiar las apariencias, pero en el fondo no cambiar nada, dejarlo todo igual o casi igual a como estaba.

Segundo, apostar por la economía de mercado, al estilo de China y Vietnam, sin temor a que un segmento de la población se enriquezca; abolir las trabas que impiden a los emigrados invertir en su patria y negociar con el exilio un nuevo proyecto de nación.

Tercero, continuar con el mismo delirio, como el de institucionalizar los descabellados experimentos de Fidel Castro. Mantener el discurso de corta y clava y el veneno vitriólico al 'imperialismo yanqui' y el capitalismo occidental.

Cualquiera que sea el camino prediseñado por el neo castrismo, la primera prueba de fuego sería hablarle con honestidad a los cubanos. Como hizo Churchill a los británicos en la primavera de 1940.

De lo contrario, para salir del desastre verde olivo se necesitará sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.

Iván García
Foto de casa inhabitable en La Habana, realizada por Ana León y tomada de Cubanet.

lunes, 2 de abril de 2018

Quinielas sobre el futuro gobernante



"Lo que más a mí en estos momentos me preocupa, es terminar de construir la habitación de mi hija mayor que tiene previsto dar a luz una niña a fines de febrero", confiesa Eduardo, jefe de almacén de una panadería al oeste de La Habana, sin dejar de conducir su incómodo y minúsculo Fiat fabricado en la Polonia comunista.

El auto, con cuarenta años de servicio, avanza por el carril derecho de la calle Infanta. Atrás van quedando el antiguo Estadio del Cerro, la funeraria Nacional y el hospital pediátrico de Centro Habana. Eduardo dribla los baches y evita confrontaciones con los choferes de ómnibus urbanos, “los verdaderos reyes de la selva vial habanera. Ellos hacen lo que les sale de sus cojones”, asegura. Y con voz neutra detalla sus prioridades en la vida.

“Además de terminar el cuarto de mi hija y retocar la casa, quiero mantenerme como jefe de almacén en la panadería, lo que ahí me busco es el sostén de mi familia. Y, claro, tener en la cartera cuatro pesos, pa’darme unos tragos con mis amigos y vacilar con una jevita joven de vez en cuando”.

El actual proceso electoral en Cuba y los vaticinios sobre el próximo presidente, son temas que a Eduardo no le interesan. “Asere, esa muela me resbala. ¿Qué va resolver el que venga? ¿Qué cosa han resuelto los delegados del barrio o la Asamblea del Poder Popular? Los cinco héroes (así le dicen a los espías) se jamaron varios años en el tanque (cárcel) en la yuma (Estados Unidos). Para el sistema cubano, eso debiera ser aval suficiente. Pero a mí, la verdad, no me importa ninguno de los cinco: ocupen el cargo el que ocupen, no van a solucionar los problemas de la gente”.

Aunque académicos, especialistas y cubanólogos en el extranjero así como medios de la Florida siguen con lupa los protocolos oficiales de la hermética autocracia verde olivo -los cuales desembocarán en la elección del nuevo presidente de la República de Cuba-, las expectativas del cubano de a pie son extraordinariamente bajas.

Temo decepcionar al jefe de redacción y a los lectores. Pero en el círculo de personas donde me muevo, familiares, amigos y vecinos, no existe una pizca de optimismo al respecto. Todo lo contrario. Indiferencia pasmosa y pesimismo a granel.

Marta, ingeniera, dice en broma que esos temas le suben la presión arterial. “Aquí opinar de política es coger lucha por gusto. Cuando entro a internet, veo en la prensa de Miami el seguimiento que le están dando al próximo presidente. Hacen análisis, confeccionan listas de posibles presidenciables y se exprimen los sesos sobre lo que pudiera acontecer en el futuro. ¿Tú quieres mi opinión? No va a pasar nada. Ellos (los del régimen) han tenido todo el tiempo del mundo para cuadrar la caja y no lo han hecho. Y no ha pasado nada, porque el pueblo sigue en su 'invento', tratando de sobrevivir, y no se rebela ni se rebelará, pues diseñaron un gobierno a la medida de sus intereses. Da igual que pongan a Mariela Castro, Gerardo Hernández, uno de los cinco espías, o Miguel Díaz-Canel. Todos buscarán perpetuar la revolución”.

En 2002, en respuesta a la recogida de firmas del Proyecto Varela, iniciativa llevada a cabo por el disidente Oswaldo Payá Sardiñas, después de un remedo electoral, Fidel Castro decretó la “irrevocabilidad del socialismo en Cuba”, lo que quedó plasmado en la Constitución.

La displicencia y espíritu de zombi de un segmento amplio de los ciudadanos, no es óbice para que los cubanos no tengan sus propias ilusiones y deseen vivir en una nación moderna donde se escuche al soberano, al pueblo.

Para Germán, jubilado que sobrevive recogiendo dinero en la ilegal bolita (lotería), “hablar de elecciones es un chiste de mal gusto, porque la mayoría de la población no podemos elegir directamente al presidente del país. Lo eligen 600 y pico de diputados, todos militantes del partido comunista, el único existente”.

El 11 de marzo, la ciudadanía solo ratificará a los 605 candidatos a diputados a la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular y cuyos nombres ya han sido divulgados. Luego, esos diputados elegirán un nuevo presidente.

Los 605 diputados fueron propuestos en las Asambleas Municipales del Poder Popular celebradas el 21 de enero. En las 'elecciones generales' que tendrán lugar el domingo 11 de marzo, alrededor de 8 millones de cubanos deben ratificarlos. Y el jueves 19 de abril, ya constituida la Asamblea Nacional, los 605 diputados serán los encargados de elegir al jefe del Consejo de Estado y otros altos cargos.

Según se ha publicado, un 40.6 por ciento de los 605 diputados son negros o mestizos; más del 86 por ciento ha cursado estudios superiores; 53.22 por ciento son mujeres; 13,2 por ciento tiene entre 18 y 35 años y el promedio total de edad de los diputados es de 49 años. Pero dar una mano de pintura oscura, convocar a un mayor número de mujeres y mostrar un retoque juvenil, no democratiza al legislativo criollo.

Raúl Modesto Castro Ruz, presumiblemente, mantendrá su cargo de primer secretario del Partido Comunista y aunque él dijo que solo se podrían ocupar cargos estatales hasta los 75 años (Castro II cumple 87 años el 3 de junio), un grupo de ancianos denominados ‘líderes históricos’, se mantienen en la lista de candidatos a diputados, como José Ramón Fernández, nacido en 1923, Faure Chomón (1929), Antonio Lussón (1930), Ramiro Valdés (1932), José Ramón Balaguer (1932), Joaquín Quintas Solá (1938), Ramón Espinosa (1939) y Leopoldo Cintra Frías (1941), entre otros.

“En la isla, la gente no confía en su parlamento. Desde que en 1976 se constituyó la primera Asamblea Nacional (la I Legislatura, 1976-1981, tuvo como presidente a Blas Roca, vicepresidente a Raúl Roa y secretario a José Arañaburu), todas las votaciones han sido unánimes. Los parlamentarios no hablan a camisa quitá de los verdaderos problemas ni de las aspiraciones del pueblo. Son unos bufones”, comenta Luis, taxista particular.

El culebrón electoral cubano está diseñado para el exterior. Una oleada de análisis, opiniones y pronósticos genera cintillos de prensa y expectativas en Estados Unidos y la Unión Europa, zonas geográficas donde en el futuro no muy lejano, el régimen aspira a mantener o crear alianzas primordiales.

La intención es vender hipotéticas reformas económicas, sin ceder en los principios políticos de un gobierno autocrático. La principal estrategia del relevo presidencial es tratar de invisibilizar el apellido Castro y negociar el desmontaje del embargo con el Congreso estadounidense ofreciendo posibilidades de inversiones y comercio.

Obsérvese que el coronel Alejandro Castro Espín, el típico policía malo, no se encuentra entre los candidatos a diputados. Optaron por elegir a su hermana Mariela, una especie de cara liberal de la revolución cubana.

"El juego es mantener a un Castro manejando los hilos, pero dentro de las alcantarillas del poder. En el exterior, las quinielas son variadas. Pero quienes conocen bien la realidad cubana, saben que si algo ha caracterizado al castrismo es que jamás improvisa y nunca deja los cabos sin atar", afirma un ex profesor universitario de ciencias políticas.

Hasta que se demuestre lo contrario, todo indica que Miguel Díaz-Canel será el próximo presidente, designado a dedo por Raúl Castro y la cúpula militar. Lo interesante será conocer hasta dónde llegará su autonomía.

Podría ser un calco de Dmitri Medvedev en Rusia. O de Osvaldo Dorticós, quien tras la renuncia de Manuel Urrutia, ejerció como Presidente de Cuba del 17 de julio de 1959 al 2 de diciembre de 1976. Un mandatario que ni pintaba ni daba color.

Iván García
Foto: Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel y Bruno Rodríguez, entre otros. Tomada de Martí Noticias.
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jueves, 29 de marzo de 2018

Las drogas de los pobres en Cuba



Junto con el envase de parkisonil de color rojo, a 60 pesos (3 dólares) la tira de veinte pastillas, el vendedor, un tipo con pinta de hippy, a los clientes de confianza le regala un mapa en escala reducida del país al cual les gustaría viajar.

Bajo el estruendo de un rock metallica, que difunde un moderno equipo de audio, si eres un comprador VIP te permite “bajar los 'paquitos' con un trago de ron blanco. Yo siempre cojo un mapita de Jamaica, pues soy fan de Usain Bolt, el reggae y Bob Marley. Puede que sea sugestión, pero tú te concentras, y cuando se prende el vuele parece que estás caminando por un barrio de Kingston”, afirma Marlon, un moreno amante de la cultura rastafari.

En otro barrio de La Habana, en una ciudadela pobre de calles oscuras y a medio asfaltar, una señora con aspecto de abuela conservadora vende a treinta pesos el papelillo de metilfenidato. Sus clientes son generalmente jóvenes de familias pobres que los fines de semana, o un día cualquiera, inhalan el metilfenidato como sustituto de la cocaína.

“No es lo mismo, asere. La coca es otra cosa, sobre todo si es colombiana o peruana. Pero el gramo cuesta casi 100 pesos convertibles y el metil, cuando más, dos chavitos (cuc) el paquetico. El vuele tiene sus diferencias. Con la cocaína te pareces que tú eres el mejor del mundo y te sale una labia de un político de primera clase. El metil demora más en volarte, pero cuando llega el arrebato es riquísimo. Es familia de la anfetamina y te pone contento de la vida, men”, señala Rigo, desempleado, que bebe ron como si fuera un cosaco y traga metilfenidato como si fuera una aspiradora.

Mientras los músicos famosos y empleados del sector del turismo que suelen ganar una buena cantidad de divisas por concepto de propina pueden pagar el equivalente a 110 dólares por un gramo de cocaína, la clase más pobre, que es mayoría en Cuba, escapa del manicomio marxista y la falta de futuro, tomando cerveza y ron barato, sicotrópicos, marihuana cubana u otro medicamento que les cambie el cuerpo.

“La yerba local no es igual que la yuma (foránea), que es más poderosa. Pero mientras un taco de marihuana extranjera cuesta 5 fulas, una breva criolla vale 25 o 30 pesos. Es como la dipirona china, que para que te haga efecto tienes que tomarte dos, el enfory de aquí, pa’ que te prenda sabroso debes fumarte una mayor cantidad”, cuenta un marihuanero consuetudinario que vive al sur de La Habana.

Las personas que habitualmente consumen metilfenidato, sicotrópicos o marihuana criolla, aseguran que bajo el efecto de los estupefacientes dejan atrás todas sus preocupaciones. Se sienten diferentes, especiales.

“Ya no te importa que tienes solo una muda de ropa para salir y un par de zapatos. Que llevas una semana comiendo huevo y arroz blanco y que toda tu vida vivirás en la misma choza de mierda. Yo me endrogo pa’ no volverme loco. Eso sí, hay que tener tacto con el vicio. Pues si te pasa te enganchas”, señala Eusebio, recolector de materia prima.

Aunque el régimen cubano reconoce el auge de las drogas en la sociedad, suele minimizar su impacto y las causas. Entre enero y octubre de 2017, las autoridades incautaron más de cuatro toneladas y media de drogas, la mayoría marihuana.

Pero una fuente dijo que no toda la droga “que se ocupa se incinera. Una parte se roba y luego se comercializa en el bajo mundo. Es un negocio redondo. La mitad de una paca de cocaína de ganancia te deja cientos de miles de dólares. Con ese dinero se resuelve un montón de problemas en Cuba. No creas el cuento que solo los marginales y delincuentes trafican con drogas. Una parte llega de la incautada en recalos tirados al mar o decomisada por la Aduana”.

El 28 de diciembre, el diario Granma publicó un artículo donde denunciaba la adulteración de medicamentos detectada en el laboratorio farmacéutico Reinaldo Gutiérrez, ubicado en el municipio Boyeros. Sustituían el metilfenidato por un simple placebo. El periódico señalaba como culpables a una jefa de brigada, un operario, un jefe de turno y “estibadores de la empresa provincial minorista de medicamentos del Este".

Curiosamente, ningún directivo aparecía involucrado. Según el órgano del Partido Comunista, los implicados “recibieron en total sumas de efectivos superiores a 1,500 cuc”. La información de Granma se basaba en un detallado informe de la Fiscalía General de la República, e incluía una lista de hechos delictivos detectados en 2017, relacionados con la sustracción y el comercio ilícito de fármacos en diferentes entidades subordinadas a BioCubaFarma.

Con antelación, la prensa independiente en la Isla, había reportado robos y negocios en la red nacional de industrias farmacéuticas. Un ex directivo de un laboratorio farmacéutico en la capital, afirma que “las sustracciones de materia prima y medicamentos en esos laboratorios superan los diez millones de dólares al año, tal vez más. Son de las entidades estatales donde procede el metilfenidato y sicotrópicos, considerados drogas, que después se expenden ilegalmente. También es el embrión de un negocio de medicamentos prohibidos que se utilizan en gimnasios privados. El gobierno, igual que el marido tarrúo, siempre se entera tarde de las cosas”.

La autocracia verde olivo suele vivir de una narrativa prefabricada. Reconocer el auge de la prostitución, delincuencia, alcoholismo y drogadicción en Cuba sería aceptar que somos un país igual al resto. Y Fidel Castro erigió su régimen totalitario para marcar diferencias.

Iván García
Video: José Luis Perales, cantante y compositor español en No supo decir No.
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lunes, 26 de marzo de 2018

Paul McCartney en Santiago de Cuba


El régimen ha reafirmado su vieja y arraigada vocación de convertir -por oportunismo, necesidades y caprichos- en una obligación o en una realidad impuesta, algo que prohibió, persiguió y hasta le podía costar una pena de cárcel a los cubanos. Ahora se trata de una estatua tamaño natural del músico Paul McCartney, sentado a una mesa en un restaurante cerca del Castillo del Morro, en Santiago de Cuba.

El artista inglés visitó el sitio junto a dos de sus hijos en el año 2000. Allí almorzaron ensaladas y tortillas y bebieron cervezas y cocteles. La vajilla, las mesas y las sillas que usaron y el mensaje de “Muy bueno, volveré”, que escribió el músico en una servilleta, rodean la figura estática del integrantes de The Beatles utilizado por los picaros caribeños como atractivo para eventuales turistas.

En la misma fecha en la que el compositor de Let it be hacía su frugal almuerzo santiaguero, se inauguraba en La Habana, en un parque de la barriada de El Vedado, otra estatua de Jonh Lennon, su compañero de glorias y aventuras. Fidel Castro presidió la ceremonia.

A todas estas, hay que saber que la música del cuarteto estuvo prohibida en Cuba durante muchos años y escucharla, disfrutarla, encasillaba enseguida al joven cubano de a pie en un desviado social con problemas políticos, un contrarrevolucionario. Admirar a los ingleses era peligroso, tanto como admirar y oír a Elvis Presley con el que la propaganda comunista creo un apelativo que era sinónimo de enemigo del pueblo: elvispreliano.

La prohibición primero y la obligatoriedad después afectó también a músicos cubanos como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Así como el olvido voluntario y la ausencia total de las emisoras de radio y televisión acosaron a los largo de décadas a artistas como Compay Segundo y otros nombres importantes del teatro, el cine y la literatura a los que después, con reserva y discreción, les llegó el perdón del alto mando.

Hay otros dominios de la vida en los que la dictadura ha pasado de la persecución brutal a la apertura imperativa. Hablo de las relaciones con los familiares que salieron a vivir exiliados en a Estados Unidos y otros países. La mayoría de esos cubanos pasaron de ser gusanos a ser parte de la comunidad cubana residente en el extranjero.

El otro tema cardinal es el dólar. El que lo tuviera antes, si la policía lo descubría, iba a parar directamente a la prisión por un delito de tenencia ilegal de divisas. Y el que no lo tenga ahora pasa más y necesidad que los demás ciudadanos y se afianza de manera definitiva entre los sectores marginados que se ven obligados a sobrevivir, a duras penas, con el peso cubano.

El castrismo lleva casi sesenta años prohibiendo la libertad, pero también va a volver. Ella tiene sus caminos.

Raúl Rivero
Blog de la Fundación Nacional Cubano-Americana
Foto: Escultura de Paul McCartney en el restaurante que queda al lado del Castillo de San Pedro de la Roca del Morro en Santiago de Cuba, donde el 14 de enero del 2000 cenó el ex Beatle. Tomada de Prensa Latina.

jueves, 22 de marzo de 2018

Que vuelvan los "gusanos"


Ocho meses estuvo Ana Gálvez, 72 años, recogiendo boniatos, yucas y calabazas en una empresa agropecuaria estatal en las afueras de La Habana antes de poder marcharse a Estados Unidos en 1971.

“Nos trataban como si fuéramos reclusos o esclavos. La comida daba asco. Teníamos que trabajar doce y trece horas diarias. Entonces, era la única forma de que la dictadura te firmara la carta de libertad”, recordaba Gálvez, con lágrimas en los ojos, sentada en el lobby de un hotel en Miami, a tiro de piedra del aeropuerto internacional.

En la Florida, llegó a ser ejecutiva de una firma de energías renovables y hoy atesora conocimientos que podrían ayudar en la futura reconstrucción del sector energético cubano. “Cuba tiene todas las condiciones para en una década o menos, dejar de utilizar combustibles fósiles. A base de sol, los vientos y las aguas del Oceáno Atlántico o el Mar Caribe, porque sus ríos no son muy caudalosos, la Isla tendría una energía limpia y sostenible que contribuiría a su desarrollo. A ello se le añadiría la utilización de transporte híbrido, eléctrico o por alcohol de caña”, señalaba Ana con optimismo.

Pero cuando le pregunté que si las leyas cambiaran, ¿regresaría a la reconstruir el país?, enfáticamente lo negó con la cabeza. “Tendría que ser con ciertos requisitos, entre ellos una disculpa pública del régimen por su deplorable actitud ante los cubanos que un día decidimos emigrar y vivir en democracia. Es lo primero que pediría para regresar y trabajar por mi país”.

Ante la actual disyuntiva de Cuba, atrapada en una crisis económica estacionaria, improductividad crónica, freno al trabajo privado y a la creación de PYMES, crispación social por mala administración de los recursos, déficit que supera el millón de viviendas, baja natalidad, envejecimiento acelerado de la población, salarios miserables y descenso cualitativo de la educación y la salud pública, una salida honorable sería pactar con la emigración y entre todos empezar a reconstruir los cimientos de la economía nacional.

Exiliados como Ana Gálvez o el afamado músico y compositor Jorge Luis Piloto, quienes para emigrar de Cuba debieron aceptar tratos degradantes del régimen, merecen una disculpa. A otros, Fidel Castro los expulsó de su patria por pensar diferente y oponerse al estado de cosas.

Miami, otoño de 2014. Mientras Jorge Luis Piloto en su Mercedes Benz recorría conmigo el nuevo estadio de béisbol de los Marlins y el túnel construido tras la ampliación del puerto, le pregunté que si se dieran determinadas condiciones, regresaría a reformar su país. La respuesta no fue inmediata. Siguió conduciendo, concentrado en el tráfico.

En los años 70, Piloto residía junto a su madre en un pequeño cuarto con barbacoa, baño y cocina colectiva en un edificio con peligro de derrumbe en el barrio habanero del Pilar, municipio Cerro. No era un tipo 'confiable' para las autoridades: llevaba el pelo largo, siempre andaba con una guitarra en la mano y era amante de los Beatles.

Había llegado a la capital con 15 años procedente de Cárdenas, Matanzas. Y aunque en La Habana una canción suya ganó un premio en el Concurso Adolfo Guzmán, en 1980 decidió marcharse por el Puerto del Mariel.

A los más de 125 mil cubanos que emigraron por el Mariel, Fidel Castro, de manera ofensiva, los llamó 'escorias'. Antes, a los que se iban, los tildó de 'gusanos'. En 1980, ese año terrible, surgieron los neofascistas actos de repudio. Turbas populares te acosaban, gritándote toda clase de ofensas y calumnias, te tiraban huevos y a más de uno lo golpearon.

Piloto lo vivió en carne propia. Después de meditar su respuesta, me dijo que no tenía pensado regresar, pero si un día Cuba apostaba por la democracia, ayudaría en lo que pudiera. Recientemente, en una felicitación por el nuevo año, Jorge Luis escribía: "Que en 2018 podamos viajar a Cuba sin pedir permiso y con un proceso en camino de democratización, pero con justicia social para todos. La Cuba que soñó Martí".

Cada vez que he estado en Miami, he charlado con numerosos compatriotas. La mayoría tiene buenos empleos y se ha labrado una carrera profesional exitosa. A todos les hago la misma pregunta: ¿regresarías a reconstruir Cuba?

El noventa y cinco por ciento, luego de exponer sus razones, responden que no. Periodistas de raza como Osmín Martínez e Iliana Lavastida, que han logrado convertir un aburrido periódico conservador como Diario Las Américas en un medio atrayente, tampoco tienen entre sus planes volver a Cuba.

Solo aquéllos muy comprometidos políticamente confesaron que lo dejarían todo y regresarían a reconstruir la tierra donde nacieron ellos, sus padres y abuelos. Es el caso del poeta y periodista Raúl Rivero.

La casi totalidad de los cubanos que han triunfado en Miami ayudarían desde la distancia. Algo loable. Pero en una nación descapitalizada como es hoy Cuba, se antoja a poco. Porque no sólo va a necesitar profesionales, ayuda financiera y poderosas inversiones en infraestructuras. También necesitará mano de obra. Gente con experiencia en sectores como el de la construcción y la arquitectura: salvo excepciones, durante sesenta años, en Cuba se han construido chapucerías.

Igualmente harán falta personas con conocimientos en administración pública, instituciones políticas democráticas, especialistas en educación, agricultura, telecomunicaciones y otras ramas técnicas y científicas.

Es probablemente la mejor opción -quizás la única-, que tenga a mano la dictadura verde olivo. Negociar con la emigración, sobre todo la de más poder económico. Abrirle, sin condiciones, las puertas de regreso a su patria. Dejar de tratar a los cubanos emigrados como un negocio e incentivarlos a participar en la reconstrucción nacional.

A pesar del discurso triunfalista del régimen, el barco hace agua. Sería un crimen dejar que termine de hundirse sin intentar buscar soluciones.

A nadie le puede interesar más la suerte de Cuba que a los cubanos. Aunque no quieran volver definitivamente.

Iván García

lunes, 19 de marzo de 2018

El otro Raúl



Hay una iconografía de Raúl Castro, más o menos breve, que lo aparta del poder y desata una duda y otra: ¿fue más que seducido por la guerra, obligado a ella por su hermano? ¿Le ha importado en algún momento la gloria -no atañe aquí si espuria o no- o hubiera preferido un destino más vulgar y simple?

Existen anécdotas, comentarios de quienes estuvieron allí o allá, a su lado, y alardean de encuentros, cercanías, momentos, frases y diálogos que buscan marcar distancias, debilidades. Llantos o confesiones que se escuchan con esa mezcla de incredulidad y asombro que no permiten una certeza absoluta (“aquella noche, ya borracho, Raúl lloraba al recordar cuando Fidel, con el pretexto de hacerlo más hombre, lo obligó a matar a un ladrón o desertor en la Sierra”).

Pero por encima de todo están unas pocas fotos que siempre muestran un gesto, un detalle, una gorra y hasta una sonrisa o cierta picardía que parecen estar destinados a dejar un testimonio voluntario de rechazo a la imagen de caudillo que nunca permitió su hermano que lo abandonara, salvo cuando se le impusieron los vejámenes de la enfermedad y el tiempo.

Lo mejor de esos momentos transitorios es que la imagen muestra a un sujeto que nunca es lacónico, sino casi mordaz en su desafío al apellido e intentar ser simplemente Raúl.

Alejandro Armengol
Cuaderno de Cuba, 14 de diciembre de 2017.
Foto: Manuel 'Barbarroja' Piñeiro, Gabriel García Márquez, Vilma Espín y Raúl Castro. Tomada de Cuaderno de Cuba.


jueves, 15 de marzo de 2018

Mucho circo y poco pan



Mientras se pueda, fiesta. Tarimas de madera con tubos de aluminio y toldos de colores desgastados. Un par de urinarios portátiles, pipas con cerveza de pésima calidad y tres brigadas policiales que se encargarán de mantener el orden.

Ése será el panorama en Diez de Octubre para celebrar el 60 aniversario de la revolución de Fidel Castro, según un funcionario del Partido Comunista en el municipio más poblado de La Habana.

Con una extensión territorial de 12,28 kilómetros cuadrados, en Diez de Octubre viven 213,583 personas, de las cuales más de la mitad son del sexo femenino. La densidad demográfica es de más de 17 mil habitantes por kilometro cuadrado.

Situado al sur de la capital y a media hora en auto del centro de la ciudad, Diez de Octubre no tiene hoteles, playas, ni hectáreas de tierra dedicadas al cultivo agrícola. Tampoco rascacielos, restaurantes ni bares históricos recomendados en guías internacionales de turismo. Luyanó, Lawton, Santos Suárez, Víbora y Sevillano son sus cinco barrios principales.

El 53 por ciento de las casas, cuenta Olga, funcionaria del instituto municipal de la vivienda, se encuentran en regular o mal estado constructivo. El número de indigentes -denominados deambulantes por el régimen- ronda los 4 mil y más de 70 mil núcleos familiares residen en condiciones de pobreza extrema.

Los espacios deportivos, como el Conte y el Ferroviario en Lawton o el Cardona en el Sevillano, están depauperados y piden a gritos un remozamiento integral. Por la tasa de homicidios, pandillerismo, robo con fuerza, hurto y carterismo, ocupa el tercer puesto en La Habana, detrás de San Miguel del Padrón y Arroyo Naranjo, éste último el municipio con más hechos de sangre en Cuba.

En Diez de Octubre apenas se ven extranjeros y los pocos que se ven suelen ser suizos, que viajan a la capital cubana a recibir cursos de español en una antigua escuela de esperanto, hoy Estudio Sampere, en Vista Alegre enre Luz Caballero y Juan Bruno Zayas, Víbora.

Al igual que en el resto de los municipios habaneros, el sistema de transporte es caótico. Y también en esta localidad, como en El Cerro, Habana Vieja y Vedado, los espléndidos colegios laicos y religiosos hoy se encuentran en estado ruinoso, salvo algunos casos, como el antiguo seminario de los Hermanos Maristas, reconvertido en cuartel general de la policía política.

La mayoría de los habitantes del populoso municipio desearían tener calles asfaltadas -el 80 por ciento de las vías necesitan ser reparadas-, un acueducto eficiente, mejor higiene, mercados abastecidos y viviendas de calidad.

Pero el funcionario del Partido Comunista municipal aclaró a este periodista, que la prioridad en 2018 es “esperar con júbilo el 60 aniversario de nuestra revolución". Y agregó que "hay calendariado un programa extenso de actividades culturales y deportivas y también ferias agrícolas. Se realizarán charlas y simposios recordando a Fidel Castro. Y con la participación de los cuentapropistas, se organizarán actividades en parques infantiles y fiestas con música grabada y la Plaza Roja se transformará en una sede fija de orquestas bailables”.

El primer día del año ya se puso a prueba la nueva dinámica territorial. La llamada Plaza Roja, que no es plaza ni está pintada de rojo, es una simple calle de cien metros de largo por treinta de ancho que nace frente al otrora Instituto de Segunda Enseñanza de la Víbora y muere en la Calzada de Diez de Octubre. Recientemente fue asfaltada.

El pasado lunes 1 de enero, una brigada del Poder Popular levantó una tarima de madera, colocó dos baños portátiles y varias pantallas planas para el concierto de Alexander Abreu y su banda Havana D’Primera.

“Al no poder garantizarse el ron y la cerveza no armamos quiscos para expender bebidas alcohólicas”, dijo un trabajador. Pasadas las ocho de la noche, la Calzada Diez de Octubre, desde Santa Catalina hasta Acosta, fue cerrada al tráfico.

Como si de un carnaval se tratara, miles de personas acudieron al concierto con cajas de ron Planchao, jabas de nailon cargadas de cervezas y pomos plásticos con ron. “La policía no deja pasar con botellas de cristal. Tampoco con ningún perfilo cortante”, comenta Yaudel, un presidario habitual.

A las diez, cuando arrancó a tocar Havana D’Primera, el dueño de la cafetería en divisas más cercana donde la multitud se abastecía de cerveza y ron decidió cerrarla. En su lugar, en la calle Carmen, colindante con la Plaza Roja, tres autos y una camioneta particular improvisaron bares ambulantes. Ofertaban botellas de ron, cajas de Planchao y cerveza de latas.

Ante tanta demanda, los precios se dispararon. “Ño, asere, no seas apretador, lo único que me quedan son 35 cañas”, suplicaba un joven al vendedor de Planchao, que los vendía a 45 pesos, dos veces su precio original.

“Los bisneros hicieron zafra. Una botella de ron de 30 de pesos, la echaban en dos pergas de cartón y cada una la vendían a 60 pesos. El laguer (cerveza), que los negocios particulares venden a 35 pesos, a 50 y 60 pesos. Y volaba. La gente estaba seca”, contaba Damián, estudiante de preuniversitario.

Julio, dueño de un paladar en la Avenida Acosta, cerró su negocio y en su moto cargó cuatro cajas de ron Planchao y seis cajas de cerveza Bucanero. “Lo vendí todo, men. La cerveza a 50 pesos y el Planchao a 40. La gente me partía pa' arriba como si estuviera vendiendo carne de res”.

Otros, a precio de oro, ofertaban pan con bistec, pollo frito y bocaditos de jamón o queso. “No se pudo garantizar con los factores del municipio el abastecimientos gastronómico”, se lamentaba el funcionario del Partido Comunista.

Los vecinos de los alrededores de la Plaza Roja sufrieron un apagón de cuarenta minutos cuando se prendieron las pantallas y luces en la tarima. Las quejas eran subidas de tono. “Dicen que hubo un cortocircuito y por eso nos quedamos sin luz. No quieren revolución, pues cojan revolución. Y mira el ‘hombre nuevo’ como se comporta. Meando en la calle o en los portales y curdeando a más no dar”, señalaba Antonio, jubilado.

Dos baños para 20 mil personas desde luego que son pocos. Entonces la multitud orinaba donde quiera. “Tuve que tirarle agua a esa gentuza. Se habían metido dentro de mi portal a orinar y defecar. Y lo peor ocurrió después que se acabó el concierto. Las parejitas hacían el amor en cualquier lado. Los jamoneros y tiradores se pusieron las botas”, expresaba Lidia, ama de casa.

Al día siguiente, las zonas aledañas a la Plaza Roja parecían un campo de batalla. El olor a orine y excremento era brutal. Cientos de envases, latas y botellas regadas por toda la calle.

“¿Y ahora quién viene a recoger toda esta porquería?", se preguntaba Arnaldo, vecino de la Plaza Roja."Ná, como en África, que el meao y la mierda se secan solos. Eso es fertilizante, dirá el gobierno.”, reseñaba con tono irónico.

Mientras, el funcionario del partido, con la jerga habitual de los comunistas, se jactaba de que después de arrancar por todo lo alto el primero de enero con Alexander Abreu, "el fin de semana todos los habaneros, y por supuesto los octubrinos, están convocados al Estadio Latinoamericano para apoyar a Víctor Mesa y los Industriales, el equipo de béisbol de la capital, a ganar el campeonato”.

Es lo que por decreto oficial le toca a los cubanos en 2018. Mucho circo. Poco pan. Y que siga la fiesta.

Iván García
Video: Marginales bailando en el Parque Central de La Habana. De un reportaje publicado en Cubanet.

lunes, 12 de marzo de 2018

El país que somos



¿Qué razones pueden motivar a estudiar la carrera periodística a un joven en un país donde se hace uno de los periodismos más soporíferos, sumisos y aburridos del planeta?

Al menos Carlos Manuel Álvarez Rodríguez (Matanzas, 1989) tuvo una muy convincente: arrebatar el lenguaje periodístico, devolverlo a su origen. Como bien ha comentado en un artículo, “las profesiones que más han sufrido en Cuba, con el consiguiente escarnio para sus practicantes, son aquellas que con el fin de adaptarlas a los caprichos del Gobierno se vieron sometidas a una violenta castración de sus principios y propósitos, arbitrariamente convertidas, de plano, en su reverso. Entre ellas, ningún atraco como el atraco cometido contra el periodismo, al que, de haber sido medicina, se le habría pedido que dejase morir a los pacientes, o que llamara catarro al cáncer”.

Y al argumentar su afirmación de que hay que devolver la labor periodística a su origen, expresa que “el lenguaje en Cuba está sumamente atrofiado y prostituido. El discurso del Estado secuestra conceptos, ideas y las vende de otra manera. Los hechos no son así. Y la intención se trata, simplemente, de devolverle al periodismo lo que el periodismo es. El periodismo no es propaganda, no es una repetición pasiva de discursos del poder político. Tiene que volver a su función. Tan simple como eso”.

Desde que finalizó la carrera, CMAR ha desarrollado una trayectoria como periodista en Cuba que él resume como “un alejamiento proporcional de los medios que están controlados por los aparatos de propaganda del poder. Un alejamiento hacia la periferia, que implicó trabajar en medios cada vez más pequeños, cada vez más a contracorriente, en los que es más difícil establecer un canal de comunicación directa con el lector. Pero, por otro lado, esa misma distancia (del poder político) es directamente proporcional a la libertad que se tiene para escribir”.

Reconoce que en su decisión hay una contradicción: ¿cómo justificar del todo la razón de ser de un ejercicio que ve drásticamente cortado el canal de flujo de información con los que deberían ser sus destinatarios o receptores principales? Por supuesto, el establecimiento de ese canal no depende de los periodistas, ni tampoco de los posibles lectores. Pero lo que sí depende de quienes se dedican a esa actividad “es su elección personal de hacer periodismo o de no hacerlo, y que, incluso, más cerca del ejercicio del periodismo está la decisión de no hacerlo en absoluto que la decisión de hacer propaganda o información rotundamente funcional a un poder político que, a su vez, impide, censura o minimiza el impacto de la información contraria a sus intereses, lo cual, de manera curiosa, es justo lo que define al periodismo, su propósito de desmontar, cuestionar, denunciar o matizar la verdad del poder; es probable que uno de los caminos a tomar sea el de la inmersión profunda en la web (casi hasta desaparecer, pero siempre dando pelea)”.

Era aún estudiante cuando dio a conocer sus primeros artículos en Cubadebate, un sitio web que él considera “la bandera de los medios oficiales de Cuba, el más políticamente activo y progubernamental”. Tras graduarse, colaboró en OnCuba, y comenzó una trayectoria independiente. Está convencido de que ese es el único espacio donde se puede realizar un periodismo real. Sus trabajos aparecieron en El Malpensante y El Estornudo. Esta última, una revista digital que fundó con un par de amigos a inicios de 2016 y de la cual es director editorial.

En su descripción se lee: “Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba”. Cada columnista cuenta con una breve ficha que lo presenta. La de CMAR dice: “Bebedor de absenta. Grafitero del world. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakespeare, con frases como esta, que repite como un mantra: "La hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada". Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field”.

Sus crónicas empezaron a divulgarse y pronto CMAR pasó a colaborar con regularidad en prestigiosos medios de otros países como The New York Times, The Guardian o BBC World. En 2015 ganó con uno de sus textos el Premio Iberoamericano de Crónica Nuevas Plumas. Ese mismo año, el programa Ochenteros, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, lo reconoció como uno de los 20 autores latinoamericanos nacidos en la década de los 80 a tomar en cuenta. Asimismo, ha sido becario de la Fundación para el Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez.

En mayo de 2017, fue incluido en la lista Bogotá 39 del Hay Festival, que selecciona cada diez años 39 talentos literarios latinoamericanos menores de 40. Carlos Manuel Álvarez Rodríguez es, por cierto, el menor de todo el grupo. Un mes después, salía de la imprenta una recopilación de sus crónicas: La tribu. Retratos de Cuba (Sexto Piso, México-Madrid, 2017, 257 páginas), prologada por el argentino Martín Caparrós. Se trata de su segundo libro: en 2013 había obtenido en Cuba el Premio Calendario con el volumen de cuentos La tarde de los sucesos definitivos, que fue reeditado en 2015 en Uruguay por Criatura Editorial.

La tribu recoge dieciséis crónicas, catorce de las cuales aparecieron originalmente en publicaciones digitales como OnCuba, El Malpensante, El Estornudo, Aljazeera, Desigualdad. Univisión Noticias. Aunque fueron escritas como textos independientes y aunque abordan temas muy diversos, componen un retrato panorámico de la Isla en el período de dramáticos cambios ocurridos entre los años 2014 y 2016. Esa etapa desconcertante para los cubanos comienza con el anuncio hecho por Barack Obama y Raúl Castro del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Y concluye con el fallecimiento de quien “fue el marabú que se extendió, como una plaga, sobre el tiempo histórico de Cuba”. Para contar este momento bisagra que vive la Isla, el autor de La tribu lo hace desde sus gentes.

Aquellos que se adentren en La tribu sin tener referencias sobre el autor, deben estar advertidos de que él no ha querido escribir el libro sobre Cuba que todos esperan. En esas crónicas, el tema político aparece, por supuesto, pero como un componente más del día a día. No es el que domina ni el que dicta el tono de ellas. Más que tratarlo de modo directo, CMAR muestra cómo la política actúa en la vida cotidiana de los cubanos. Otro de sus objetivos ha sido presentar un espectro más amplio de esa realidad. Está convencido de que hay grandes zonas que son como un páramo, pues nadie las ha narrado con la profundidad con que deben tratarse.

El periodista y escritor argentino Martín Caparrós apunta en el prólogo de La tribu: “El muchacho es ambicioso. Quiere escribir sobre un país donde muchos se esfuerzan porque nadie lo escriba y los escriba: un país mal escrito, tan reescrito, cribado de silencios. Los que lo cuentan suelen velarse con alguna ficción, pero el muchacho prefiere declinar esos disfraces: contar historias sin cambiarles los nombres ni las caras, sin cambiarles la fuerza; haciéndose cargo de su carga. Hemos oído, leído, visto tanto de Cuba; sabemos tan poco sobre Cuba. Tenemos sensaciones, opiniones, murmullos, pero no sabemos”. La frase “contar historias” empleada por el prologuista debe tomarse en su sentido literal, pues el que CMAR escribe es un periodismo narrativo. Jorge Carrión incluso define sus crónicas como cuentos sin ficción, que “configuran un panorama más agrio que dulce de la Cuba de comienzos de siglo”.

¿Cuáles son algunas de las historias y personajes que conforman el recorrido íntimo por la Cuba de hoy en el que CMAR apela a la cotidianidad? En Danzando en la oscuridad, cuenta el caso de una exbailarina de Tropicana que ahora vive en el vertedero de basura más grande de la Isla. Abarca 104 hectáreas cuadradas y “desde su apertura, en 1976, fue considerado un peligro medioambiental y un gran foco de contaminación”. Al descomponerse, la materia orgánica se pudre y produce gas metano. Este se acumula y combustiona, por lo cual los incendios han proliferado durante décadas. La humareda fétida, el aire contaminado, el calor y los mosquitos en la noche hacen que estar allí sea imposible.

Sin embargo, eso no impide que decenas de buzos o recolectores viajen diariamente a aquel micromundo feroz. Unos van diariamente. Otros se quedan durante tres o cuatro días y realizan maratonianas jornadas de recogida. Los hay que vienen de otras provincias y hacen estancia de tres o cuatro meses, hasta que acumulan un dinero respetable. Y están, por último, quienes viven a tiempo completo en las inmediaciones, como Luz María. Fue bailarina en Varadero y luego en Tropicana. Tuvo que abandonar temporalmente el trabajo cuando su abuela se enfermó. Y al regresar de Oriente, lo había perdido.

Los buzos son perseguidos por la policía. Son acusados de propagar epidemias, pero cuando los sueltan vuelven al vertedero. Muchos caen presos de nuevo, pero no desisten. “Es un círculo vicioso en el que las fuerzas del orden tienen las de perder. Primero porque alguien que decide irse a la basura a sobrevivir ya debe haberlo perdido todo. Poco le importa lo que suceda con él. Y segundo porque quizás la única solución verdadera sería lograr que todos o buena parte de los puestos laborales fueran más rentables que colectar desperdicios para revenderlos. Y eso, en un país donde el salario promedio, unos veinticinco dólares mensuales, representa lo mismo que un par de días de sacrificio en el basurero, parece poco menos que imposible”.

“Él fue a África para comprarse una casita y salir de aquí. Quería que nos fuéramos juntos. Él quería eso. Pero no viró, y ya le faltaba poco”. Son palabras de Justa Antigua, y se refieren a su hijo Reynaldo Villafranca, Coqui. Era enfermero y se incorporó a la Brigada Médica Henry Reeve, enviada por el Gobierno cubano a Sierra Leona, para combatir el ébola. Allí contrajo el paludismo y aunque fue atendido, no respondió al tratamiento. Para su madre, su hijo menor significaba la última posibilidad real que le quedaba “para salir del antro donde vive. Pero esa posibilidad se fue. El paludismo se la robó”.

Un tema que domina en esas crónicas es el de la sobrevivencia. Es lo que lanza a miles de cubanos a escapar de un país que es “el incunable de las crisis”. Su sueño es llegar a Estados Unidos. Antes se iban por el mar. Ahora la principal vía de emigración ilegal es la frontera mexicana. Dos de las crónicas, las tituladas La ruta hacia el norte y Panamá selfies, narran el calvario y las vicisitudes de quienes optan por ella. CMAR fue testigo de ese éxodo y comenta que, “a pesar del cansancio, no hay en esta multitud nadie excesivamente apesadumbrado. Es la ofensiva final, probablemente la espera más dulce de sus vidas”.

En Miami, donde pronto han de estar, “el tempo nacional se verá drásticamente violentado, suprimido, traumado”. Pero augura que “les irá bien, porque además cargan con el recuerdo del lugar del que provienen, un país que lamentablemente no supo ofrecerles demasiado, pero no será coser y cantar. No hay casi ninguna prueba factual por la que, a la larga, un cubano que se vaya a Miami tenga que pensar que no tomó la decisión correcta. Menos aún si ha quemado las naves, como todos estos”.

Otra crónica tiene como núcleo central el Malecón, “este largo muro que ciñe las carnes de la ciudad”. Después de prestarle atención, de mirarlo y observarlo, CMAR llegó a la conclusión de que funciona como “una especie de Inferno, círculos y círculos, y que lo único que había que hacer es recorrerlos”. Es precisamente lo que hace en ese magnífico texto, en el cual revela el Malecón como un caleidoscopio de Cuba que diariamente sostiene “las frustraciones, el ocio, las nostalgias y lo que sea que los habaneros vengan a dirimir al borde del mar”.

En La muerte del maquinista, el fallecimiento de Juan Formell le da pie para recorrer la trayectoria de Los Van Van. Acerca de esa popular agrupación, escribe: “Quien se haya educado en el feudo Van Van -y esto está lejos de ser un alarde de nacionalismo-, luego no podrá dejar de sentir algo diluido en la salsa, un exceso, tal vez, de metales, más agudos que graves. Como si la salsa frenara justo donde Van Van arrecia. Como si allí donde la salsa de raíces neoyorkinas cargara la atmósfera con cigarrillos y alcohol, Van Van lo hiciera con humo de hielo y marihuana”.

El libro, ya lo apunté, incluye dieciséis crónicas y no puedo referirme a todas. Hay, no obstante, un par de ellas que quiero destacar. Una es El pitcher negro de las medias blancas, donde CMAR relata el emotivo regreso del pelotero José Ariel Contreras. Escapó hacia Estados Unidos, donde pasó de ser un exiliado cubano a una rutilante estrella de las Grandes Ligas. La otra crónica es Alcides, el inédito. En palabras del periodista, “es el mayor poeta vivo de Cuba, y muy posiblemente el más honesto, el más injustamente silenciado, el que más alto precio ha pagado por su hidalguía y a quien las corrientes de moda no logaron subvertir ni la calderilla política comprar”.

Figuras del arte conceptual, deportistas exiliados, músicos célebres y del bajo mundo, enfermeros que cumplen misiones internacionalistas, poetas disidentes, emigrantes que atraviesan América Central para llegar a Estados Unidos, negociantes del mercado negro, prófugos del FBI que recalaron en la Isla, balseros, policías, travestis. Son los personajes que desfilan por el libro de CMAR y que conforman un retrato del cierre de un ciclo, de la travesía que fue la revolución. Su autor declara que no ha buscado integrarlos ni no integrarlos, ni demostrar a través de ellos una tesis previa. Tampoco encontrar un hilo conductor o una marca registrada de lo cubano. Es, afirma, la puesta en escena de un país. El país que somos.

CMAR forma parte de una camada de periodistas jóvenes cubanos que divulgan sus textos en medios alternativos a la prensa oficial. Una camada, como él la ha definido, “de recién graduados que no tiene nada que perder, ni hijos que alimentar, ni utopías ajenas que cumplir, ni casas que mantener, y que solo tendrían que ocuparse de sí mismos, algo que, como sabemos todos los que han tenido o tenemos veinte años, con arroz y chícharo basta”. Más que nuevo, el que hacen es un periodismo que está volviendo a serlo.

En el caso del veinteañero autor de La tribu, se trata de un periodista que aborda temas complejos con la extensión debida. El suyo es un periodismo elaborado, con un estilo a la vez fluido, elegante, poderoso. Y como señaló Leila Guerrero, posee una voz autoral cargada de recursos, en la que se percibe un manejo desenfadado y rotundo del español. Sus crónicas no solo merecen ser leídas por contar historias interesantes y bien contadas, sino porque además compensan con el placer de leer una excelente escritura.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 19 de enero de 2018.
Foto de Martín Herrera tomada de AFAR (The Experiential Travel Guide).

jueves, 8 de marzo de 2018

Acoso sexual a las mujeres es común en Cuba


Tres décadas después, Maritza recuerda que era una adolescente cuando sufrió abuso sexual de un vecino del barrio. “Yo llegaba de la secundaria y recogía la llave del apartamento en su casa. Era un señor afable, amigo de la familia. De niña me regalaba chucherías y libros de cuentos. Pero cuando 13 años comenzó a mirarme distinto. Un día, al darme la llave, estaba completamente desnudo. Intentó ofrecerme dinero y a menudo me decía cochinadas”, confiesa y añade:

“Lo que ahora se llama acoso sexual, lo sufrimos casi todas las niñas cubanas en la escuela. Los acosadores solían ser los varones del aula. Y no era un día o un momento determinado. Era a lo largo de todo el curso escolar. Igual te miraban los blúmers con un espejito, que te levantaban la saya, te tocaban el fondillo o te rescabuchaban en el baño. Una vez a una alumna le quitaron sus ropas e imitaban que le hacían el amor. Estábamos en cuarto grado”, rememora Maritza.

La historia del acoso sexual en Cuba es de vieja data. No es un fenómeno que produjo la revolución de Fidel Castro. Pedro, historiador, cree que el choque en la Isla de la cultura europea, más avanzada, y la esclavista o primitiva, muy atrasada, pudiera tomarse como un punto de referencia.

“Cuando los españoles descubrieron América, las indias andaban prácticamente desnudas. Legiones de hombres formados en la guerra, la mayoría ignorantes y poco cultivados que se pasaban meses sin tener relaciones con mujeres. Ese primer contacto con hembras semidesnudas les encendió el deseo del placer. Y se satisfacían utilizando la fuerza. Siglos después, los dueños de haciendas y centrales azucareros que tenían lotes de esclavos, actuaban de igual manera con las esclavas jóvenes, más apetitosas. La base de nuestra cultura es tremendamente machista. El trato de una esposa hacia su marido rayaba en el servilismo. Después se han sucedido cambios que han beneficiado a la mujer., pero seguimos teniendo una cultura extremadamente machista, donde los hombres que tienen un cargo o posición social consideran que las mujeres son sus subordinadas y si aceptan trueques carnales, pueden mejorar en sus puestos laborales”, explica Pedro.

El acoso sexual en Cuba no distingue ideología, raza ni credo religioso. Los periodistas cubanos nos debemos una investigación minuciosa para saber si dentro de la Iglesia Católica nacional existió pederastia o abuso sexual a menores.

Al controlar el régimen los medios e instituciones, ese tipo de investigaciones sobre temas que pueden afectar el honor de sus líderes y aliados coyunturales, como es la Iglesia Católica, no están autorizados. A los periodistas independientes se les cierran las puertas cuando han intentado indagar sobre el asunto.

Llamémosle Lydia, joven profesional muy católica, confiesa que durante su niñez, además del frecuente acoso escolar, frases vulgares de los hombres en la calle y el manoseo dentro de los ómnibus urbanos, fue acosada por un sacerdote en una parroquia habanera. “Cualquier sitio es un buen lugar para un acosador. Y lo he sufrido en la escuela, en las guaguas, en el cine, viajando en tren o caminando por una calle poco alumbrada, donde el tipo se saca el miembro y se masturba descaradamente delante de ti. Siendo niña, cuando los fines de semana asistía a clases de catecismo, un sacerdote, aparentando cariño, me manoseaba. Nunca se lo conté a mis padres, porque te invade un sentimiento extraño, como si la victima fuera la culpable”.

Dentro de la disidencia, donde supuestamente apuestan por el respeto a los derechos humanos e igualdad de género, se han dado casos de acoso sexual. Dos notables opositoras, una ex bloguera y otra abogada, se sintieron sexualmente acosadas por colegas, que incluso llegaron a tocarlas o acariciarlas sin su consentimiento. Es habitual entre líderes masculinos intentar acostarse con mujeres de su grupo a cambio de ciertos privilegios, como becas en el extranjero o recibir mejor remuneración. En ese mundillo se rumora de disidentes que se aprovechan de los activistas presos para ligar a sus esposas. El acoso sexual en la Isla abarca todos los sectores de la vida nacional.

En la televisión, teatro o el cine, “el acoso es a la cara. Ha habido castings donde el director coquetea abiertamente contigo y sugiere que te puede dar el papel si vas a la cama con él. Hay acosos más sutiles y otros más descarados. Pero el propósito es el mismo, utilizarte sexualmente a cambio de favores”, cuenta una egresada de un instituto de arte.

Dentro del régimen, igualmente existe acoso sexual e infidelidad conyugal. No importan los galones militares, el cargo del funcionario, su edad o estado civil. Cuando una mujer le gusta a un dirigente, la conquista a como dé lugar. Existen casos consentidos por la mujer, como las ex periodistas de la televisión Lissette Bustamante y Amada Montano, quienes mantuvieron relaciones sentimentales con el ex ideólogo Carlos Aldana y con Pedro Sáez, ex primer secretario del partido comunista en La Habana.

“Es una combinación fatal de necesidades económicas y miedo a perder el puesto de trabajo. Algunas lo hacen en contra de su voluntad, pero en otros casos, lo propicia la mujer, que en ese tipo de trato encuentra una forma de mantener a su familia y elevar su calidad de vida. Cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. En las instituciones del Estado, sean militares o civiles, el acoso sexual ya es un estilo de vida por parte de una mayoría de funcionarios. Mientras más jerarquía tenga, con más descaro se comporta. Acariciarte las nalgas o las tetas para ellos es como saludarte o darte los buenos días”, relata una secretaria en un ministerio.

"Sobre ese tema hay total impunidad en Cuba", afirma una profesora jubilada. Y comenta sobre un video de 1992, que mucha gente ha visto en La Habana y que a pesar de la mala calidad de imagen y audio, se ve al general Raúl Castro darle una nalgada a una de las jóvenes militares que junto con una tropa femenina pasa por su lado, mientras se escucha la voz de una periodista hablando en inglés. El video se localiza en You Tube. No solamente es criticable el gesto del actual presidente del país, si no también las cosas que dice.

Me temo entonces que una revolución para denunciar el acoso sexual a las cubanas aún tendrá que esperar.

Iván García
Video: Lady Gaga en Til it happens to you, del filme The Hunting Ground.
Leer también: El novio extranjero de mi novia.