miércoles, 20 de agosto de 2014

'Pescar' en la basura



Son los llamados “buzos”, porque siempre están sacando de los desperdicios algo que se pueda aprovechar. Enrique, El Pescador, como lo llaman, tiene más de 60 años y se dedica a registrar colectores de basura. Nos cuenta su historia.

-Hace 7 años me quedé sin trabajo, pues en el taller del estado donde laboraba como ayudante de mecánico, metieron a otro tipo, un hijo de mala madre. Quise reclamar, pero el sindicato no movió ni un dedo. Un amigo habló conmigo y me dio el salve.

-Oye, me dijo, yo vivo de los latones de basura, ¿quieres trabajar conmigo? Me reí, y al principio le dije que no. No porque me diera asco, sino porque creía que en la basura solo había basura. Luego me embulló y un día me llevó con él a un recorrido. Encontramos maravillas.

-No hay que meter las manos, eso tiene su técnica. Tengo un gancho largo que hice con un perchero y ando con varias bolsas en un carrito que yo mismo inventé con una caja de cerveza plástica, y las ruedas de unos patines viejos. Ahora no te lo puedo enseñar porque lo tiene mi compañero, nosotros nos turnamos.

-Cada vez que paso por algún latón, si está abierto ya no tengo remedio y miro lo que hay dentro. Se me ha quedado la manía.

-Entre los desperdicios hay de todo, desde comida, laticas de cerveza, de refresco, libros sin carátula pero en buen estado. He encontrado tenis viejos, zapatos, pedazos de lámparas, piezas de ventilador, ropa vieja, a veces envuelta y todo, palos, despertadores rotos, discos de los antiguos, pomos de todo tipo, de medicinas, aceite, mayonesa...

-Una vez vi un libro grandísimo y era una Biblia. Esa no la vendí, la dejé en la iglesia porque creo en Dios, él me ha ayudado con este trabajo, que ahora me da para comer.

-Las latas se las llevo a unos artesanos que hacen unas camaritas fotográficas, ellos me dan 2 cuc por cada diez latas. La madera se la doy al carpintero de mi barrio y me da algún dinero. Igual con las piezas mecánicas, se las doy a uno que arregla ventiladores y lo que sea. Y si son libros, a uno que tiene un timbiriche en la Plaza de Armas, él los encuaderna y se los vende a los extranjeros. Los discos a una mujer de mi barrio, que le llueven los clientes que buscan músicas de antes. Todo me sirve, hasta la comida que botan, que se la llevo a uno que cría puercos.

-Vivía con mi hermana y mi madre, pero hace dos años mi madre falleció. Y mi hermana se fue a vivir a Santiago con sus hijos y nietos. Me quedé solito. Tenía una mujercita, pero me dejó porque a veces me gusta darme unos tragos. Ahora vivo en un solarcito por la calle Cuba, en la Habana Vieja.

-Hace unos meses me caí y me hice un esguince en el tobillo y me ha quedado el dolorcito, por eso uso este bastón, que también encontré en la basura.

-Tengo unos guantes de cuando tenía mi moto, pero a veces me pongo jabitas de nailon en las manos, y cuando llego a mi casa me echo un poco de cloro con agua y me las restriego bien con un cepillo. Después me doy un baño caliente. Por la tarde me gusta jugar dominó y tomar ron con mis amigos. También oír radio, la pelota y música instrumental.

-Me han llevado tres o cuatro veces para la estación de policía, pero me sueltan pronto, no me levantan actas ni nada, solo me dicen que me busque otro trabajo. Y yo les digo que soy cuidadoso, que meto todo en mis jabas y en mi carrito. No riego la basura en el piso. Si los latones tienen tapas, las cierro bien, porque muchos están destapados o virados en la calle. Algunos “buzos” los tumban, yo no, yo respeto la limpieza.

-Han creado un trabajo por cuenta propia para los recogedores de latas, pero es una explotación, lo miden por peso y dan una miseria. Lo mío me lo busco yo. Aquí a todo el mundo le quieren sacar el dinero, hasta a la gente más pobre.

-¿Por qué no los ayudan? Abriendo tiendas con cosas baratas, comida, ropa y otras cosas, con otros precios, porque no todos tienen dinero. Ya quitaron lo de la ropa reciclada, este gobierno lo quita todo. Uno no puede hacer nada porque te lo quitan.

Marcia Cairo
Cubanet, 27 de junio de 2014.
Foto: Tomada de El mercado de los buzos, Cubanet.

lunes, 18 de agosto de 2014



El escandaloso desabastecimiento de condones o preservativos en La Habana desde los primeros meses de 2014, es explicado por la prensa oficialista como un problema de los fabricantes.

Según dicen, los importados en 2009 tenían fecha de vencimiento en tres años, aunque el suministrador lo había concebido para cinco años.

Los diarios Granma y Juventud Rebelde le dieron una amplia cobertura al asunto. Sin embargo, con antelación, en el mes de abril, ya el semanario Trabajadores había informado que en la provincia de Santiago de Cuba, en el primer trimestre solo se había cubierto el 39% de las necesidades de condones.

La dudosa solución fue comunicarse con los suministradores chinos para que se responsabilizaran con la estabilidad del producto por cinco años. Las informaciones no precisan cómo pudieron lograr que estos fabricantes cedieran su lógica cobertura a favor del cliente cubano.

Se inició entonces un re-etiquetado de la fecha de vencimiento, que ha provocado lógica desconfianza en una población acostumbrada a que la engañen. Pero, en general, las causas del desabastecimiento parecen ir más allá del simple estampado de la fecha de vencimiento.

El 30 de noviembre de 2009, se informó que en ese año se comercializaron 100 millones de condones (8,33 millones mensuales), que daban un promedio de casi once condones por cada habitante menor de 59 años. En 2012, fueron comercializados solamente 59 millones de condones (4,9 millones por mes), unos 6,5 por habitante de esas edades. No se ha informado cuáles fueron los niveles de abastecimiento en 2013.

La drástica reducción del 41% de suministros en solo tres años tiene que estar ligada a la crítica situación económica del país. La más barata unidad de un condón, de la marca Momentos, en el exterior cuesta 10 centavos de dólar, por lo que cien millones implicarían una erogación de 10 millones de dólares. Eso sin contar las compras de Vigor, una marca de condones con un costo tres veces mayor.

Paralelamente con esa irresponsabilidad, el virus del VIH-Sida crece en el país y la vía más frecuente de contagio son las relaciones sexuales desprotegidas. En 2003, se reportaban oficialmente 5,146 seropositivos, de los cuales 2,247 se registraban como enfermos de Sida y 1,117 habían muerto.

Cinco años después, se informaban 10,655 infectados (2,1 veces más), con 4,070 enfermos de Sida y 1,778 muertes. En 2013, las cifras oficiales indicaban un notable incremento, los seropositivos ya alcanzaban 19,781 para un aumento de 3,8 veces con respecto a 2003, y los portadores de Sida ascendían a 8,037, y los muertos 3,302. Actualmente, no hay cubano que no tenga un familiar o un conocido con Sida.

Las nuevas detecciones que arrojan las siempre dudosas cifras oficiales indican un progresivo incremento. La Dra. María Isela Lantero, jefa del Programa de ITS y VIH-Sida del Ministerio de Salud Pública, en 2006 había advertido que la gran mayoría de los seropositivos se contagiaban con personas que no sabían que eran portadores.

La situación continúa sin mejoría, pues se informó que el 40% de los diagnosticados en 2013 no se sometían a pruebas desde hacía más de 3 años.

Los hombres que tienen sexo con hombres son el 64,8% del total de portadores del VIH, unos 12,819, por lo que constituyen un sector altamente vulnerable.

Si se tiene en cuenta que, según el Censo de 2012, la población masculina de 12 a 49 años ascendía a más de 3 millones 200 mil personas, y de ella el 4,6% son homosexuales, se elevan a más de 148 mil los que están fuertemente amenazados por el desabastecimiento de preservativos.

Una evidencia más de un régimen que no limita los gastos para la represión política y policial, restringe al máximo las erogaciones en artículos indispensables y, como en el caso de los condones, altamente sensible a la salud humana.

Texto y foto: Arnaldo Ramos Lauzurique
Cubanet, 26 de junio de 2014.
Leer también: Condones viejos como ollas de Fidel.

viernes, 15 de agosto de 2014

Cuando cae la noche en La Habana...



Natasha (nombre ficticio), 22 años, demora casi dos horas en acicalarse, antes de comenzar su ronda nocturna por bares privados y discotecas.

Pasada las 11 de la noche, se va al Túnel, una discoteca del municipio Diez de Octubre, ubicada en un antiguo refugio antiaéreo edificado a fines de los 80, cuando Fidel Castro se preparó para una inminente invasión yanqui que nunca llegó.

Desde su Samsung Galaxy, Natasha le envía mensajes a su piquete de amigas, les pide encontrarse a la entrada de la disco. “Sabemos a la hora que empieza la fiesta, pero no a la que termina. Excepto los lunes, que suelo descansar, el resto de la semana es fiesta y pachanga”.

La joven no estudia ni trabaja. Pero es la encargada de llevar comida a su casa, darle dinero a su madre y mantener a su padre, un alcohólico inútil.

Tiene un pacto tácito. “Les doy los ‘fulas’ y ellos se ponen un zipper en la boca. Mientras el frigidaire (nevera) esté lleno de comida y a mi padre no le falte dinero para comprar ron, viran la cara hacia otro lado y me dejan hacer”, confiesa.

Luego de bailar reguetón y timba agresiva, tomarse media docena de cerveza Corona, Natasha y sus amigas planifican el siguiente paso. “Le llamamos ‘cazar al punto’. Siempre estamos atentas de quién nos invita a tomar cerveza, bailar o halar una raya de melca (cocaína). La buena pinta de un tipo, el grosor de la billetera o si tiene auto o moto, es la mejor identificación. Pero hay que tener precaución, en la farándula habanera hay un montón de especuladores (alardosos)”.

Después que se apagan las luces de la discoteca, sigue la fiesta. “Nos vamos a un bar privado o una cafetería que esté abierta las 24 horas, a seguir tomando cerveza, fumar marihuana, darle al ‘cambolo’ o tragar Metil y Parkisonil”, dice Natasha.

Aprovisionarse de drogas o sicotrópicos no es difícil cuando se conoce a los compradores. En la parte vieja de ciudad, en cuarterías ruinosas, se puede adquirir una amplia gama de sicotrópicos y drogas duras o blandas.

Desde cocaína, entre 50 o 60 pesos convertibles el gramo, marihuana importada a 5, hachís a 20, anfetaminas a dólar la pastilla, y a 5 cuc la siniestra ‘piedra’, una combinación letal de cocaína y bicarbonato, una de las drogas de moda en La Habana nocturna.

“Después que ‘cuadramos’ el precio con el cliente (20 cuc la noche por sexo individual, 25 para cada una por un cuadro lésbico y 35 por sexo en grupo), comienza la bebedera y el relajo. Mientras los tipos preparan un par de ‘bazucos’ (marihuana con cocaína), hacemos un 'estriptís' a ritmo de reguetón. A veces nos enredamos con el cliente dos o tres días. Pero cuando llego a mi casa tengo 60 o 70 cuc en el bolso. No me quejo, es la vida loca que me gusta”, apunta Natasha.

Como ella, exiten muchas chicas en la capital, que se prostituyen a la salida de las discotecas. Para ellas, la vida se resume en cerveza, sexo, drogas y reguetón.

No hay apartheid sexual ni racial. Da igual que seas blanco, negro o mestizo. Si eres dueño de un auto o una moto, siempre serás un buen cliente. Y cuando se pesca un extranjero, entonces, como dice Natasha, “le dimos la patada a la lata”.

Iván García
Foto: Cuando cae la noche en La Habana, muchos jóvenes prefieren pasar el rato conversando y cogiendo fresco en el muro del malecón. Tomada de Galicia Única, revista digital independiente.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Jineteras de verano



Noemí (nombres cambiados), trigueña de facciones finas y cuerpo cincelado tras muchas horas en el gimnasio, no cree que el verano sea una temporada baja para la prostitución habanera.

“Siempre hay mercado. Cada vez entran al juego nuevos clientes, quienes ganan un billete con sus negocios particulares. Es verdad que hay menos turistas extranjeros. Pero una jinetera debe saber alternar en las dos canchas, la de los ‘yumas’ y la de los cubanos. Tampoco es cosa de rebajarse como hacen las ‘matadoras de jugadas’. Si se sabe elegir bien a la presa, además de movido, el verano puede ser beneficioso”, confiesa.

Contrario a otras actividades económicas, como la ganadería o la zafra azucarera que apenas crecen o languidecen, el mercado sexual en La Habana probablemente vive sus mejores horas.

Ya el acoso policial no es tan férreo y hay chicas o chicos para todos los gustos y precios. Existen jineteras de barrios marginales que por media docena de cerveza clara o fumarse un ‘yayuyo’, una mezcla agresiva de una piedra ligada con bicarbonato y cocaína regada con marihuana, terminan la noche practicando sexo oral a un grupo de jóvenes en una cancha deportiva abandonada.

Luego están las baratas, vestidas con shorts cortos y ajustados, escotes provocativos, maquilladas con tonos subidos y exceso de perfume, que en las afueras de centros nocturnos, bares y calles céntricas te hacen propuestas descaradas.

Lucila es una de ésas. Tiene una carta de precios, pero si el cliente va en retirada sabe negociar. “La cosa está mala. En la calle hay una cantidad tremenda de putas. Cuando atrapas a un ‘punto’ debes hacer todo lo posible para que no se te escape. Yo hago una ‘completa’ (sexo vaginal) por 5 cuc. Tres por chupar y dos por una paja. Pero estoy abierta a negociar otros precios. Es preferible pellizcar algo por aquí y por allá que llegar a casa sin dinero”, explica Lucila.

Estas jineteras hacen sus rondas por bares cochambrosos de La Habana o en los alrededores de casas de juegos ilegales. Lucila considera que el verano es la mejor etapa de la ‘lucha’ (negocio).

“Por la mañana puedes ir a las playas del este, a cazar clientes. También hay más fiestas populares y muchas personas están de vacaciones y se acuestan tarde en la noche”, asegura.

Para los de bolsillo amplio, las opciones son mayores. Gilberto, soltero y dueño de un negocio de hospedaje, en sus ratos libres sale con un grupo de amigos, a montar orgías lésbicas con chicas jóvenes y atractivas.

“En varios sitios de la capital encuentras puticlubs discretos, camuflados como bares, donde hay hasta gogó. Se pacta un trato con el proxeneta o con ellas. Si todos estamos de acuerdo con el precio, partimos a la fiesta”, dice Gilberto.

Norberto conoce personas que en su teléfono móvil tienen un catálogo de fotos con jineteras espectaculares. “El tipo te va cantando el precio mientras pasa las fotos. Los precios oscilan entre 15 y 50 cuc, tu escoges. Muchas chicas parecen modelos de revistas”, señala.

En el verano se activan las jineteras a domicilio. “Por lo general suelo tener clientes fijos. Tipos solteros o divorciados, también casados que alquilan una habitación. La confianza es mutua. Lo mismo pasamos una noche con él, que nos vamos un fin de semana a un hotel en Cayo Coco. Tengo cuatro clientes de ese corte. No te ven como una prostituta y siempre tienes dinero en la cartera. Mi familia no lo sabe, mi novio sí, pero no le importa. Gracias a mí, vamos a discotecas de primera, podemos comprar ‘melca’ y beber cerveza importada”, cuenta Jennifer, quien este verano termina el bachillerato.

Noemí es una jinetera de éxito. Ella prefiere trabajar con extranjeros o cubanos residentes en Estados Unidos. “Pero la plata se necesita todo el año, no solo seis meses. Entonces trato de enganchar a un hombre o una mujer, maduros e instruidos, que tengan alto nivel de vida y no sean tacaños. No abundan, pero en La Habana se pueden encontrar”.

Siete años atrás, una noche lluviosa de otoño, Noemí metió su ropa en una mochila negra, entre sus senos guardó 650 cuc ahorrados y en Camagüey, provincia a 500 kilómetros de La Habana, abordó un tren rumbo a la capital.

Las cosas le han salido bien. Hoy tiene varios ‘novios’ extranjeros y con el dinero ganado se compró un pequeño apartamento.

Todos los meses le gira dinero a su madre. Su sueño es marcharse de Cuba. “Puede que se dé o no. Pero lo que sí es seguro que a Camagüey no regreso. De La Habana solo viajo a Miami, Madrid o Roma. Para atrás, ni para coger impulso”.

Iván García
Foto: Tomada de Cubanet.

lunes, 11 de agosto de 2014

Empinar el codo, deporte nacional



Las cosas le iban bien a Ricardo. Ganaba suficiente dinero traficando alimentos robados en un hotel cinco estrellas. Cada sábado, al caer la tarde, con un grupo de amigos se sentaba en un bar de la Avenida del Puerto, frente a las sucias aguas de la bahía de La Habana.

“En un día malo me buscaba no menos de 100 dólares. Tenía resuelto el problema de la comida en casa y no me faltaba lo esencial para que mi familia viviera desahogadamente. Por hobby comencé a beber, para alejarme del aburrimiento. Fue gradual. Comencé con varios socios, bajándonos dos cajas de cerveza Cristal. Después, estábamos hasta doce horas empinando el codo. Terminaba en el hotel y me iba a beber. Invitaba a cualquiera. A veces gastaba los 100 o 150 dólares que por la izquierda me buscaba en cada jornada ”, cuenta Ricardo.

Las fiestas nocturnas fueron subiendo de intensidad. Jineteras, bazucos de marihuana y cocaína, regados con exceso de cerveza clara y ron añejo. En el otoño de 2011, Ricardo perdió el trabajo.

Pero la dependencia al alcohol siguió cuesta arriba. “Cuando gasté el dinero ahorrado en bebederas y vacilones, comencé a vender ropa y los electrodomésticos de la casa. Me separé de mi esposa. Dormía en un portal o edificio deshabitado. Toqué fondo. Una mañana, mi padre cargó conmigo para la consulta de alcohólicos anónimos del Hospital Clínico Quirúrgico”, confiesa Ricardo.

Ahora sigue un tratamiento y cree que está a tiempo de encaminar su vida. Olga, psicóloga especializada en casos de alcoholismo y drogadicción, señala: “Tenemos una realidad política y económica que ahoga a muchos ciudadanos. Entonces se rinden ante el alcohol o las drogas. No siempre las consultas son efectivas. Uno de cada tres recae con más fuerza en sus vicios”.

Según un despacho de la agencia EFE, Chile es el primer país de América Latina con mayor consumo de alcohol per cápita. Entre 35 naciones del continente, Cuba aparece a la mitad de la tabla, en el lugar 15, con 5,2 litros de alcohol al año.

“Si fuera así, estaríamos bien. Es probable que en el caso de Cuba esa estadística se refiera solo a las bebidas que se venden en moneda convertible. Aquí se toma por todo y a toda hora. Cualquier cosa es un buen pretexto para beber ron o cerveza”, apunta la psicóloga.

Especialistas sanitarios de la isla reconocen que el consumo de alcohol alcanza cotas peligrosas. En el verano de 2013, en una mesa redonda televisiva titulada “El alcohol encima de la mesa”, el doctor Ricardo González, director del Servicio de Adicciones del Hospital Psiquiátrico de La Habana, admitió que "el alcoholismo no es un fenómeno relacionado con personas de actitudes marginales", si no que se trata de un fenómeno extendido a toda la población, con preocupante incidencia entre los jóvenes.

El alcoholismo o dipsomanía se encuentra entre las diez primeras causas de muerte en Cuba. Los expertos reconocen que en los últimos 20 años el consumo de bebidas alcohólicas ha aumentado considerablemente. Un estudio efectuado por un equipo multidisciplinario del hospital Carlos J. Finlay, asegura que 9 de cada 10 suicidas son alcohólicos.

La dipsomanía también causa muertes por riñas callejeras, envenenamientos, accidentes de tránsito, cáncer gástrico, cirrosis hepática y pancreatitis hemorrágica, entre otras. Según cifras oficiales, un 45% de la población cubana mayor de 15 años consume bebidas alcohólicas.

En Cuba los bebedores se pueden clasificar en tres grandes grupos: ocasionales, sociales y adictos. También de acuerdo a su status económico.

Mientras los cubanos solventes toman solo cerveza importada o nacional de calidad superior, ron añejo Caney, Santiago o Havana Club Reserva 7 años, un segmento grande de la población bebe cerveza infame de cuarta categoría, ron de baja calidad y en el mejor de los casos Planchao, una cajita de cartón de medio litro de ron blanco que se ha transformado en la bebida más popular, pues cabe en cualquier bolsillo.

Luego están los alcohólicos incurables que beben el trago de los olvidados. Un ron casero que se purga con carbón industrial o mierda de vaca. Tienen una colección de nombres, algunos bastante folclóricos: Bájate el blúmer, Chispa de tren, Hueso de tigre, Se acabó el abuso o El colirio de los guapos.

La habanera Mercedes se dedica a la venta de ron casero en su casa. “Yo vendo desde medio litro a 10 pesos a una botella en 20. Un vaso cuesta 5 pesos. En una semana vendo hasta 40 botellas”.

Nelson es uno de sus mejores clientes. Come poco y mal, en cualquier fonda hedionda o restos de alimentos en latones de basura. Se baña cuando se acuerda y duerme encima de cartones, en el pasillo de un edificio en el barrio de La Víbora. Su barba raída y sucia le ha dado sustos: al verse en el espejo ha llegado a creer que es otro hombre. Siempre anda con un botellín plástico en el bolsillo trasero de un pantalón remendado.

Junto a un grupo de mendigos, desde que sale el sol, beben con parsimonia pequeños tragos de ron casero. Ganan un poco de dinero chapeando canteros o vendiendo artículos viejos y libros de uso. La vida de Nelson es un dramático círculo vicioso. Alcohol, comer algo, dormir unas horas y, de nuevo, el buche de alcohol.

El régimen de Fidel Castro propició una siniestra subcultura alcohólica. No hay un solo municipio que por lo menos no tenga una pipa para vender cerveza a granel. En cualquier acto de apoyo al gobierno, se monta la pachanga donde no falta la venta de ron y cerveza.

Las fiestas populares de los pueblos en la Cuba profunda se han convertido en música estruendosa, quioscos con ofertas de fiambres y pipas de ron y cerveza de baja calidad, cuyo único fin es emborrachar a la gente. Luego orinan en plena calle, hacen el amor en cualquier recodo o inician broncas a machetazos cuando es excesivo el alcohol consumido.

En bateyes perdidos de la geografía isleña, donde una vez existieron centrales azucareros, muchos pobladores, como piratas, beben a pulso un alcohol pendenciero que te saca lágrimas de los ojos.

En la capital y ciudades del interior, detrás del glamour de bares privados o por divisas, climatizados y con precios de infarto, encuentras cochambrosos cafetines estatales, donde los alcohólicos consuetudinarios desahogan sus penas y frustraciones.

Esos cafetines abren a las 9 de la mañana. En ellos se vende el peor ron posible y un brebaje con un sabor parecido a la cerveza. Sitios en tierra de nadie. Fuera del alcance de cualquier estadística.

Iván García
Foto: Tomada de Cubanet.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuba: una sedición silenciosa



Después de estrujarse la cabeza en busca de un procedimiento jurídico que permitiera enviar a la cárcel al gánster de Chicago Al Capone, Elliot Ness y sus legendarios Intocables, utilizaron un arma clave para encarcelarlo: la evasión de impuestos.

El Tío Sam te da el derecho constitucional de expresarte libremente y asociarte, pero si dejas de pagar un centavo de los Taxes puedes ir a chirona. Claro, se pagan salarios justos, existen sindicatos y tribunales independientes del Estado, convenios salariales con las empresas y derecho a huelga.

También el contribuyente puede requerir al fisco qué hace con su plata si observa hospitales, escuelas públicas y parques desguazados o autopistas repletas de baches, como en Cuba, donde las carreteras son auténticas minas terrestres.

No creo que los esfuerzos de la disidencia, acorralando a los Castro para que cumplan con procedimientos jurídicos plasmados en su propia Constitución, o crear un estado de opinión que los fuerce a ratificar los Pactos de la ONU firmados en 2008 culminen con éxito, pese a ser caminos legítimos que dejan al descubierto la esencia dictatorial del gobierno.

Ahora mismo, lo que está socavando las estructuras del añejo e inoperante sistema es el robo en la producción y servicios, la ineficacia laboral y el fraude generalizado del contribuyente al fisco. No hay Estado que puede soportar esa elevada sangría financiera.

El resultado es palpable. Edificaciones que han costado cuatro veces su precio por el robo descarado de materiales de construcción, y que debido a su pésima calidad arquitectónica, al poco tiempo necesitan una reparación capital. Calles y avenidas mal reparadas que a la vuelta de un par de años necesitan un nuevo arreglo.

El robo y el fraude se suceden en todo el quehacer nacional. Es una cadena extendida que ha atrofiado el rendimiento, eficacia y calidad en los servicios. Y ha terminado por secar las cuentas del Estado.

Si el régimen de Raúl Castro se ha visto obligado a instaurar unas tímidas reformas económicas, es porque las arcas están vacías y la productividad por el suelo.

Podrá venir una legión de inversores extranjeros y empresarios cubanoamericanos como Fanjul, Saladrigas o Bacardí a inyectar cientos de millones de dólares a las desinfladas finanzas locales.

Mientras en cada obrero se lleve a casa un tornillo, un cocinero elabore una hamburguesa con menos carne y un usuario pague por la izquierda dinero al cobrador de la luz para que adultere la factura, Cuba nunca despegará en el terreno económico. Es como tirar dinero en un saco sin fondo.

Esa ‘contrarrevolución’ silenciosa es un formidable freno. Mientras exista la burocracia letal, el robo y las declaraciones de impuestos fraudulentas, la economía consumirá tres veces más petróleo, se recaudará menos dinero y cualquier trámite empresarial o personal acarreará largas colas y tiempo perdido.

Miles de familias que en 2005 recibieron electrodomésticos, a raíz de la 'revolución energética' de Fidel Castro, todavía deben dinero al fisco. Y el Estado sabe que la decisión de muchos es no pagar.

Cada fin de año, al exponer la renta jurada, el 75% de los trabajadores privados evaden los impuestos al declarar gravámenes muy por debajo de sus ganancias. La gente se siente estafada por el sistema. Y devuelven la pelota robando.

El chofer de un taxi particular que defrauda las arcas estatales o los que sustraen queso en una pizzería, están lejos de ser disidentes políticos. Incluso, en ese pacto macabro de complicidad que se ha establecido con el régimen, simulan lealtad, participan en marchas, reuniones del sindicato y hasta son militantes del Partido Comunista.

De regreso al tajo vuelve el robo. De cualquier cosa. Pintura, aceite o un cartón de huevos. 55 años de saqueo ininterrumpido, bien por ese bloque monolítico de burócratas y corruptos que se ha transformado en auténticos carteles mafiosos, un obrero o un pequeño empresario, han pulverizado las reglas de juego dentro de la sociedad.

A Fidel Castro no lo pudieron tumbar las guerrillas en las montañas cubanas en los años 60. Los actuales proyectos opositores muestran al desnudo la vena autocrática de gobernantes que se venden como ‘revolucionarios y de izquierdas’, pero para sobrevivir apuestan por el peor capitalismo de Estado.

Tengo mis dudas si la disidencia puede abrir un boquete en su línea de flotación. Tampoco artículos críticos o cartas de condena harán mella en el poder casi absoluto del régimen.

Una combinación de huelga de brazos caídos, carteles mafiosos conformados por burócratas, saqueo sistemático del fondo productivo y evasión fiscal, es la que que pondrá de rodillas y obligará a capitular a los octogenarios hermanos .

Al igual que Eliot Ness pudo llevar a la prisión de Alcatraz al sanguinario Al Capone con artimañas impositivas, el sepulturero de la revolución de Fidel Castro será esa masa en apariencia obediente y silenciosa conformada por cubanos de a pie.

Iván García
Foto: Tomada del blog El Palenque de Dihigo.

jueves, 7 de agosto de 2014

Censurar al periodismo incómodo



La democracia como narrativa suena agradable. En cualquier sitio del planeta tiene partidarios dispuestos a desafiar gobiernos autocráticos arriesgando incluso sus vidas.

En Cuba los demócratas también corren riesgos. Pregúntenle a cualquier Dama de Blanco o activista de la UNPACU. Palizas, detenciones breves y pende como una espada de Damocles una Ley Mordaza que sanciona a 20 años de cárcel a todos aquéllos que se oponen a los Castro.

Ahora, algunos disidentes cubanos pueden viajar al extranjero y denunciar los atropellos de su gobierno. Diez años atrás no era así.

En la primavera de 2003, 75 opositores pacíficos fueron sancionados a penas de cárcel entre 18 y 27 años solo por pensar diferente. Como arma solo tenían la palabra.

Entre los reos había 27 periodistas libres. Gracias a la presión internacional fueron excarcelados en 2010. La mayoría debió marchar al destierro. Los 12 que quedan en Cuba, técnicamente, están en libertad condicional. Si el régimen verde olivo así lo desea, pueden volver tras las rejas.

A pesar de que Martha Beatriz Roque, Jorge Olivera, Arnaldo Ramos o Ángel Moya son rehenes políticos de los hermanos Castro, ellos con entereza, continúan denunciando los abusos del Estado y apostando por la democracia.

Para todos. No para unos cuantos. Pero cuatro décadas antes de las redadas a los disidentes pacíficos de 2003, en una fosa de la Fortaleza Militar de la Cabaña, al este de La Habana, el gobierno de Fidel Castro fusiló y encarceló a miles de demócratas, cristianos o liberales que luchaban por libertades políticas y económicas y una verdadera democracia.

La historia del presidio político después de 1959 debiera ser un cuaderno de cabecera para cualquier disidente cubano. Los modos de operar y las estrategias son diferentes. Pero el fin es el mismo: un país que respete los estatutos democráticos.

Se sabe dónde está y cómo actúa el adversario. Pero de un tiempo acá han surgido nuevos actores. Trabajan en la sombra. Viven al otro lado del charco y son empresarios de bolsillo amplio que patrocinan proyectos disidentes a cambio de sumisión y acomodar el perfil según sus intereses.

Mientras critiques al gobierno de Raúl Castro y el estado de cosas, aplausos. Cuando tus notas reprochan el comportamiento y tímido desempeño de un sector de la disidencia, amenazas. O ninguneo.

Yo lo he vivido. Las tácticas son conocidas. Desde llamadas telefónicas sibilinas para que cambies de actitud hasta la guerra sucia. Igual te pueden acusar de agente de los servicios especiales en la isla que llamarte envidioso, colaboracionista o mediocre.

En nombre de una supuesta y falsa unidad, piden silencio y no sacar a la luz los trapos sucios. No pertenezco a ningún proyecto disidente y mis relaciones de trabajo con los medios para los cuales escribo se basa en el respeto mutuo y la plena libertad de expresión.

Desde luego, algunos textos pueden no interesar a los editores. Están en todo su derecho. Pero jamás he recibido presión de medios como Diario de Cuba, El Mundo, Infobae, Diario las Américas o Martí Noticias.

Ni las aceptaría. Lamentablemente no todos tienen esa independencia. Hace unos días, los patrocinadores suecos que financian el semanario Primavera Digital, fundado el 22 de noviembre de 2007, decidieron cortarle la ayuda utilizando como pretexto argucias demasiado tontas para ser creídas.

Fue un vulgar chantaje. Si quieren plata, deben hacer lo que pedimos. Por supuesto, Juan González Febles y su equipo de cerca de 40 colaboradores no aceptaron. El asunto es simple: escribir sin mandato.

Son periodistas incómodos. En sus notas describen y analizan la otra Cuba que el gobierno pretende ocultar. También con mirada crítica juzgan a ciertos sectores disidentes y el clan de millonarios cubanoamericanos de la Florida que sueñan con un nuevo trato con los hermanos Castro.

Uno puede estar de acuerdo o no con las apreciaciones periodísticas de los redactores y colaboradores de Primavera Digital. O con su diseño o formato. Pero nadie puede negarles el derecho a existir y tener su propia línea editorial. La cacareada libertad de prensa queda en dudas.

Esto se veía venir. Desde 2009, al menos que yo conozca, hay una puja por ocupar espacios y desplazar a un grupo de periodistas independientes que la llamada “nueva disidencia” considera ineptos y políticamente incorrectos.

Es una estrategia. Rehacer la historia ninguneando el pasado. Y, con el pretexto de que los decanos del periodismo independiente no dominan las nuevas tecnologías, marginarlos. No conozco la mano negra que está detrás. Pero si algunos ejecutores en La Habana.

Durante seis años tuve magníficas relaciones personales con Yoani Sánchez. Me consta de su labor de zapa. Mientras algunos optaban por dialogar, para salvar las lógicas diferencias que pueden existir en cualquier grupo, la bloguera prefería conquistar a periodistas independientes que trabajaban en Primavera Digital con promesas materiales o profesionales.

Esa noción de 'competencia y democracia' de Yoani Sánchez no puede ser aceptada. Pero ocurre que muy pocos en Cuba se atreven a criticar abiertamente sus métodos.

Si usted hace un sondeo entre los opositores y periodistas libres, percibirá una amplia antipatía hacia la bloguera. No es por un asunto personal o de bajas pasiones humanas. Es por su forma de proceder, de no respetar al prójimo y por su inveterada costumbre de hablar en nombre de los demás.

Muy pocos periodistas independientes se sienten representados por Yoani, en 2013 nombrada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) como integrante de la comisión de libertad de prensa, un cargo que se supone debe velar por los intereses de todos los periodistas cubanos.

Ahora mismo, tras el grosero chantaje financiero que reciben los colegas de Primavera Digital, ni la SIP, Reporteros sin Fronteras o 14ymedio, web de la Sánchez, se han solidarizado con ellos.

La solidaridad ha llegado de la disidencia interna, de las Damas de Blanco y del exilio. Para los patrocinadores suecos de Primavera Digital, ya resultaban aburridos los reportes semanales de las marchas, palizas y represiones a la oposición cubana.

Querían gente joven. Comedida. Obediente. Y que la publicación no fuera descaradamente anticastrista. Los de Primavera lo están pagando.

Iván García
Publicado en Diario de Cuba el 7 de agosto de 2014.