jueves, 23 de noviembre de 2017

De las empresas militares en Cuba



Mientras en un vetusto Fiat 125 conducía rumbo al oeste de La Habana, dejando atrás las edificaciones desvencijadas de la calle Monte, Diego Perea (nombre ficticio), almacenero de un complejo de tiendas pertenecientes al conglomerado militar GAESA, recordaba sus más de veinte años en ese oficio.

“Trabajar en empresas militares no siempre fue malo. A finales de 1990, por 200 dólares compré una plaza de ayudante de almacén. En tres meses recuperé el dinero. Cuando en 1994 las tiendas en divisas se abrieron para todos los cubanos (antes de esa fecha eran exclusivamente para extranjeros), en esta 'pincha' se buscaba dinero”, señala Perea, y agrega:

“Había menos controles y tremenda corrupción. Ahora sigue la corrupción, pero hay más controles. Si antes el billete mojaba a todo el mundo, ahora moja a un puñado de caciques. Hace quince años, desde el dependiente de un kiosco hasta el almacenero de una tienda, por la izquierda ganaban lo suficiente para mantener a la familia, vacilar y comprarse una moto. Actualmente hay que pulirla pa’buscar cuatro pesos. Si te pillan fachando (robando), el primer bounce (salto) lo das en la prisión. GAESA, CIMEX, CUBALSE, Palmarés o Palco son empresas de militares, ya sean del MINFAR o el MININT, o del Consejo de Estado, que son los que más mean. Hace un par de años la cosa está malísima. Hay que estar quieto en base”.

Perea asegura que los salarios “siempre fueron bajos, entre 250 y 400 pesos mensuales, según la plaza, y 10 pesos convertibles (cuc) al mes como estimulación salarial. Las condiciones laborales al principio eran buenas, con almuerzo y merienda incluidos, pero hoy la mayoría de los establecimientos no tienen almuerzo. Tienes que trabajar con el aire acondicionado apagado para ahorrar combustible y por falta de mantenimiento, los equipos y los inmuebles están deteriorados. El sindicato es un guardián fiel de los jefes. Cotizas todos los meses y cuando te lo piden, debes participar en marchas o actos de repudio a los disidentes. Si te quejas mucho, te enseñan la puerta para que te vayas”.

Justo en el corazón de la ciudad, custodiado por el Parque Central y su estatua marmórea de José Martí, el remozado Capitolio que se inaugurará en 2019 como parlamento nacional y el Gran Teatro de La Habana, rebautizado con el nombre de Alicia Alonso, se erige el Gran Hotel Manzana Kempinski.

El antaño populoso centro comercial Manzana de Gómez, con sus tiendas, aulas y oficinas -y hasta un busto del mártir comunista Julio Antonio Mella-, fueron reemplazados y transformados en el primer hotel cinco estrellas plus de Cuba. La administración la ejercerá Kempinski, reputada cadena hotelera germano-suiza fundada en 1897.

Según un despacho de Europa Press del pasado mes de marzo, el hotel se edificó con capital cien por ciento cubano. La ejecución de las obras estuvo a cargo de la Inmobiliaria Almest, la Asociación Económica Internacional Unión de Construcciones Militares-Bouygues (esta última perteneciente a la constructora francesa Bouygues Bâtiment International) y la Empresa Restaura, de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Luis, electricista que laboró en la construcción del Manzana Kempinski, rememora: “Los jefes de Construcciones Militares eran unos nazis. Al inicio, para las labores más duras, trajeron reclutas del servicio militar que se encargaron de demoler y acarrear escombros. La comida, de perros, y el salario, aunque trabajaras doce o trece horas, no llegaba a 800 pesos al mes (unos 35 dólares). Cobrar la estimulación en divisas era un problema. Yo cumplía varios parámetros y debía cobrar 60 chavitos (cuc), pero solo me pagaban la mitad. Y si protestabas o reclamabas, te catalogaban de contrarrevolucionario”.

Pero la ofensa mayor, recuerda Luis, “fue la contratación de obreros de la India, a quienes les pagaban entre 1,500 y 2,000 dólares mensuales. Si a los cubanos nos hubiera pagado esos salarios, lo hubiéramos hecho con la misma calidad de los indios. Trabajar en una empresa militar es lo peor que me ha pasado en la vida. Además de pagarte poco, te tratan como en la época de los señores feudales”.

En la planta baja del Manzana Kempinski se ubican algunas de las tiendas más caras del Caribe. Muchos cubanos suelen hacerse selfies ante el rótulo del precio de una cámara fotográfica que ronda los 7 mil cuc o una joya que supera los 24 mil. Ese capitalismo de lujo, de mira y no se toca, sirve de distracción y tour urbano para numerosas familias habaneras, las cuales los fines de semana, detrás de las vidrieras, contemplan lo que jamás podrían comprarse.

Caminando por las galerías de tiendas del hotel, un mestizo de corpachón pulido en secciones de gimnasio, vestido con pantalón gris y un saco beige que le hace sudar en pleno verano, regaña a las personas que se tiran fotos o se conectan a la red wifi de la instalación turística. “Asere, me da tremenda pena, pero son órdenes de los directivos”.

"El salario de él como custodio es una mierda", dice una mucama, quien aprovecha para aclarar que “la gente piensa que al trabajar en un hotel super lujoso ganamos una pasta. Nada de eso. Yo, por atender diez o doce habitaciones diariamente, gano 300 pesos al mes. La estimulación salarial es de 10 fulas (cuc) y no puedo aceptar regalos de los huéspedes. Sobrevivo con las propinas. Mucha exigencia y poca paga”.

A 600 kilómetros al este de La Habana, en el hotel Memories Flamenco, en Cayo Coco, emporio turístico de la provincia Ciego de Ávila, también se quejan del maltrato laboral y los bajos salarios. Una empleada intenta ser más gráfica a la hora de describir sus precarias condiciones de trabajo. “Tú te acuerdas de El diablo se viste de Prada, aquella película de Meryl Streep? Pues así más o menos son los jefes militares. Lo de ellos es recaudar dólares y más dólares. Los trabajadores que se jodan. Piensan que te están haciendo un favor, por trabajar con aire acondicionado y rodeado de turistas extranjeros. Mientras la comida se bota en las mesas buffet, nosotros almorzamos arroz congrí y croquetas de apéame uno”.

El profesor universitario estadounidense William LeoGrande ha afirmado que es falso que el 60 por ciento de la empobrecida economía cubana sea administrada por empresas militares. Pero Ricardo, ex contable de GAESA, asevera que “donde quiera que en la Isa se mueve un dólar, o su moneda camuflada, el peso convertible, detrás siempre habrá una empresa militar o del Consejo de Estado”.

En opinión de Ricardo, la estrategia de acopiar la mayor cantidad posible de divisas la diseñó Fidel Castro a fines de la década de 1970, cuando comenzaron los viajes de la Comunidad Cubana en el Exterior, sobre todo de la Florida.

“Nunca el gobierno ha hecho público el monto de las divisas que entran al país por concepto de remesas. Si tomamos como válida los más de 3 mil millones anuales calculados por The Havana Consulting Group, entonces las remesas constituyen la segunda economía, detrás de la exportación de servicios médicos. Y de acuerdo a mis cálculos, si a las remesas sumamos los gastos de los cubanoamericanos cuando visitan Cuba, probablemente entre remesas y el dinero que dejan aquéllos que una vez llamaron 'gusanos', sea la primera industria nacional”, afirma Ricardo.

Charlé con una docena de dependientes, mucamas, custodios, pisteros y empleados de entidades militares. El denominador común son las quejas por malos tratos y bajos salarios. A pesar de esa realidad, ¿por qué entonces se pagan hasta 600 cuc por una plaza en una tienda de divisas administrada por militares?

Una jefa de turno en un centro comercial de la capital, considera que lo pagan “porque la gente piensa que ya dentro, puede 'inventar' y recuperar ese dinero. Por eso existe el negocio de la compra y venta de plazas. Pero como en Cuba todo es cíclico, los que entran a trabajar en empresas controladas por los guardias, piensan que en cualquier momento volverá la época de las vacas gordas”. Un eufemismo que oculta la palabra correcta: robar.

Desde España, vía Facebook, un ex almacenero de una tienda TRD Caribe, da un consejo a los que trabajan en empresas militares: “Si tienes posibilidad de hacer dinero, no lo pienses dos veces, lárgate de Cuba. Aquello no tiene arreglo".

Iván García
Foto: Gran Hotel Manzana Kempinski. Tomada de Cubaism.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuba, la patria no es de todos



En el verano de 1997, cuatro valiosos cubanos, Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés (fallecido) publicaron un documento histórico, titulado La patria es de todos.

Se pretendía, que todos los cubanos, de dentro y de fuera, de todos los signos políticos, estatus económico y social, religiones, etnias, regiones y sexos comprendieran que como nacionales de un país, les asistían todos los derechos, a todos los cubanos y no solo a una parte de ellos.

Se trataba de retomar el camino martiano, “con todos y para el bien de todos”, que se había extraviado cuando el proceso político iniciado en 1959 empezó a discriminar entre “ricos y humildes”, “revolucionarios y gusanos”, “cubanos y apátridas”, como fórmula para dividir la nación y concentrar el poder en el grupo que había capitalizado la caída de Batista.

Veinte años después, es aún más claro que La patria no es de todos porque, desagraciadamente, en lugar de debilitarse, durante ese tiempo, se ha consolidado la dictadura de la familia Castro, especialmente de Raúl, cuyo nepotismo sobrepasó al del caudillo fallecido.

El general Raúl Castro heredó de su hermano Fidel los cargos de Primer Secretario del PCC y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Su hijo, el general Alejandro Castro Espín, es el presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, que integra y dirige los aparatos de Inteligencia y Contrainteligencia de las FAR y el MININT. Su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, más conocido por El Cangrejo, es el jefe de la Seguridad Personal (ahora unificada MINFAR-MININT), el órgano de mayor poder y recursos en ese sistema de seguridad. Su hija, Mariela Castro es la directora del influyente Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y de la revista Sexología y Sociedad.

El emporio económico militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), lo encabeza el exyerno de Raúl Castro, general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, el padre del Cangrejo. GAESA es el complejo empresarial de las FAR, un monopolio capitalista que incluye desde una línea aérea, cientos de instalaciones hoteleras y de otros tipos para el turismo, la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, las CADECAS (Casas para el cambio de moneda libremente convertible), las TRD (complejo de Tiendas Recuperadoras de Divisas), las fábricas de armas y cientos de empresas agrícolas, mercados agropecuarios y otros que maneja a través del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT).

Si la dictadura de Fidel se había apropiado del país, con las estatizaciones de todas las empresas grandes, medianas y pequeñas, nacionales o extranjeras, privadas o asociadas; el control monopolista que hoy ejerce la familia de Raúl Castro a través de las FAR-MININT, como un Estado dentro de otro Estado, es la continuación de aquel alto nivel de concentración de la propiedad y el poder, pero repartido en la familia heredera.

El gran aparato político-económico y de seguridad de Fidel, bien diferenciado del de las FAR de Raúl, llevados como dos gobiernos y negocios privados separados, a la muerte del caudillo, Raúl los unificó bajo control de su familia y allegados.

Definitivamente los hermanos Castro Ruz secuestraron la nación en nombre de la revolución y el socialismo, y muerto el caudillo y ya viejo el hermano heredero, éste aspira a que sus descendientes sigan eternamente en el poder.

¿Cuál es el plan? Mantener el control del país, de su economía, sus fuerzas armadas y de seguridad y del pueblo en forma parecida a como lo hizo el Partido Comunista de China, con la Comisión Militar Central del CC del PCCh, que se convirtió en poder detrás del trono luego del retiro de Deng Xiaoping, quien quedó como presidente de esa institución.

En Cuba, para esos efectos fue creada la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, dirigida por el hijo de Raúl, quien negoció la normalización de relaciones con Estados Unidos y arregla los acuerdos militares y de seguridad con Rusia. No importa la figura que aparezca como jefe de los Consejos de Estado y Ministros, con cara joven, pero fiel y obediente como la de Miguel Díaz-Canel. El poder real estará allí.

¿Entonces, de qué patria estamos hablando? De la de ellos, los dueños, que hacen con el país lo que se les antoja sin consultar con nadie. ¿Y los combatientes de la Sierra y el llano? ¿Y las generaciones que entregaron sus vidas en los campos de caña, café y tabaco, alfabetizando, en contingentes de la construcción o combatiendo en Girón o el Escambray? ¿Y los miles de combatientes y oficiales que lucharon en Angola y otros países de África? Bien, gracias.

Y los demás cubanos, ¿de qué somos dueños? ¿De la tierra que alguna vez heredamos y nunca podremos vender, siempre a merced de las decisiones del Gobierno, qué sembrar, cómo vender lo que producimos? ¿O de esa otra prestada en usufructo para ser retirada cuando el Estado quiera?

¿De los automóviles y las viviendas que hasta hace poco no podíamos vender y que ahora podemos, pero con altos impuestos? ¿De las empresas, que nos dicen que son del pueblo, donde somos explotados en forma semi-esclava y donde nada decidimos? ¿De nuestros pequeñas empresas y cooperativas amarradas por mil trabas, regulaciones e impuestos a los monopolios estatales, que pueden ser incautadas o cerradas por cualquier razón, como hicieron con la Cooperativa Scenius o las cooperativas de construcción, por la ausencia de una legislación que proteja la propiedad privada y asociada?

¿De qué importante decisión participamos en nuestro país, donde todo viene establecido desde arriba, hasta los candidatos a la Asamblea Nacional, por los cuales votamos “libremente”?

No, los cubanos, fuera de los Castro, sus herederos y leales, no tenemos Patria porque nos la ha robado el grupito que ha querido identificarse él, “su revolución y su socialismo” de mentiras con Cuba, la patria y sus símbolos, lo cual explica el rechazo que suscitan en parte del pueblo.

La más reciente demostración de todo esto la tuvimos en estos días cuando el pasado 8 de septiembre, en medio del azote del huracán Irma al norte de Oriente, los principales herederos del clan Castro, Alejandro, Nilsa y Mariela Castro Espín (hijos de Raúl); junto a Antonio, Alexis, Alex y Ángel Castro Soto del Valle, así como Fidel Castro Díaz-Balart (hijos de Fidel), a golpe de mojitos y canapés de caviar y salmón con mermelada de frambuesa, gratis, disfrutaron la presentación de los libros Fidel Castro y los Estados Unidos y Raúl Castro y nuestra América, mientras que a los damnificados del ciclón le vendieron la cajita de arroz con salchichas a 5 pesos.

Pedro Campos
Cubaencuentro, 18 de septiembre de 2017.

Foto: Alejandro Castro Espín (vestido de miliar y su hermana Mariela, conversando con Eusebio Leal el 8 de septiembre en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, Habana Vieja. Tomada de Los Castro celebraban mientras Cuba se hundía, de Juan Juan Almeida García.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Señales y avances de otro tiempo


No hay fecha fija, no hay hora, día, mes ni año, que anuncien de antemano el comienzo del porvenir. Lo que existen son marcas, vetas, corrientes, franjas de la vida de un país en las que se puede prever lo que pasará en una sociedad cuando el futuro pierda su nombre inasible y sonoro y se convierta en una realidad presente.

Los únicos en Cuba que tienen contactos y trabajan para que ese tiempo llegue a la Isla son los hombres y mujeres de la oposición pacífica, los periodistas independientes y los artistas libres.

El gobierno los reprime, los golpea, los encarcela y los acosa para que el pasado, que es el socialismo fracasado, siga en una agonía que le permite el lujo y el poder.

Otros sectores de la sociedad viven las alternativas diarias refugiados en el miedo, en la indiferencia, en las fronteras de la familia o en la alegría permanente programada y promovida por los pícaros estatales especialistas en demostrarle a los extranjeros que en el Caribe se puede gozar hasta en la esclavitud.

Los opositores, los periodistas y los artistas libres no constituyen, desde luego y por fortuna, un bloque unánime de fanáticos con ínfulas de héroes salvadores. No. Se trata de grupos de cubanos de ideas diversas y contradictorias, de diferentes orígenes, que en vez de pensar en el porvenir, tienen que realizar sus tareas todos los días y, al mismo tiempo, estudiar cómo salvarse de la persecución y la violencia policial.

Esa libertad que se han ganado y ejercen frente a los cuchillos, les permite, por ejemplo, enfrentar con lucidez y coraje la realidad de su país y la de otras naciones. La oposición suscribió esta semana un documento de solidaridad con Venezuela, abocada ahora a los rigores del régimen que sufre Cuba.

Mientras Raúl Castro envía una carta a Nicolás Maduro “con inmenso júbilo revolucionario” por el respaldo “claro y rotundo” a su Asamblea Constituyente, casi medio centenar de activistas y líderes de la oposición afirmaron que el castrismo ensaya y aplica en aquel país su tecnología represiva y que “desde La Habana se diseña la estrategia para instalar el totalitarismo y se envían los agentes necesarios para concretar sus objetivos”.

La nota también dice que Raúl Castro, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Alejandro Castro son responsables “por igual” de la “situación desastrosa que se vive en la nación hermana”.

La oposición pacífica, los periodistas y los artistas libres ya viven en un pedazo del porvenir de Cuba que ellos han descubierto y en el que, a pesar de los riesgos de golpizas y celdas de castigo, pueden decir lo que piensan y publicarlo. No hay fecha fija, ya se ha dicho, para el tiempo en el que se pueda decir todo sin las amenazas de una paliza o de un calabozo.

Raúl Rivero
El Nuevo Herald, 13 de agosto de 2017.
Foto: Nicolás Maduro y Raúl Castro ante la piedra donde reposan las cenizas de Fidel Castro en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 15 de agosto de 2017. Tomada de Cubadebate.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Heberto Padilla, rebeldía, cárcel y exilio



Es inútil el afán del gobierno cubano y la desesperación de su tropa de guatacas nacionales y extranjeros por sepultar en el olvido la obra del poeta Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Pinar del Río, 1932. Alabama, Estados Unidos, 2000).

No importa el empeño miserable y perverso para que sus poemas y su vida se borren de la literatura de su país. Al hombre que firmó Fuera del juego y Provocaciones no hay quien lo mueva de su sitio en la historia de la poesía que se escribe en idioma español.

Lo que odia el oficialismo de Padilla es el rigor de la música de sus versos y el mensaje claro de sus poemas que aparecieron como la única canción verdadera a finales de los años sesenta. Y odian su rebeldía, el valor de denunciar el sistema represivo que, copiado de los soviéticos y con aportes caribeños, aplicaban (y aplican) los comunistas para controlar a los escritores y artistas.

Padilla ganó el Premio Julián del Casal de Poesía, en 1968, con su libro Fuera del juego otorgado por los poetas José Lezama Lima y Manuel Díaz Martínez, el peruano César Calvo y el inglés J.M. Cohen. El poemario se publicó con una nota de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en la que se afirmaba que los poemas eran “ideológicamente contrarios a la Revolución.”

Tres años más tarde, después de dar un recital con las piezas de su nuevo libro Provocaciones, el poeta pinareño fue arrestado junto a su esposa, la escritura Belkis Cuza Malé acusados de “actividades subversivas.” Padilla permaneció 38 días en Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado. Y al salir se vio obligado a hacerse una autocrítica ante sus colegas.

El arresto de Padilla provocó la ruptura de importantes intelectuales de todo el mundo con el régimen cubano y enseñó la cara real del proceso que, en ese tiempo, llevaba poco más de una década instalado en Cuba.

Así narra un amigo la vida de Padilla en Cuba después de la cárcel: “Nadie lo veía ni lo quería ver. Sus viejos amigos, los jóvenes que aprendieron a entender la poesía con sus versos, los vecinos, los compañeros de generación, de la primaria y del bachillerato se quedaban con los ojos vacíos cuando Padilla bajaba por La Rampa, una leve hondonada donde late toda La Habana, rumbo al malecón de la mano de su mujer y, a veces, escoltados por Virgilio Piñera, el hombre que más miedo tenía en Cuba pero que nunca le alcanzó para dejar solo al poeta de Fuera del juego.”

El poeta pudo salir al exilio en 1980 debido a una gran campaña internacional en la que participó, de manera especial, el senador Edward Kennedy. Padilla enseñó en varias universidades estadounidenses y falleció en Alabama a los 68 años de un ataque al corazón.

A los esfuerzos por borrarlo del mapa que hace todos los días el oficialismo se puede sumar otras categorías de olvidos que tienen su origen en las pesadillas protagónicas y la envidia, que ya estamos seguros que es una forma de admirar con rabia.

Heberto Padilla, sin embargo, se afianza y crece. Su poesía es un himno privado a la libertad de Cuba y a la soberanía individual. Este poema se titula Para escribir en el álbum de un tirano.

Lo hizo en La Habana a fines de los años sesenta: “Protégete de los vacilantes, /porque un día sabrán lo que no quieren. / Protégete de los balbucientes, / de Juan –el gago-, Pedro-el- mudo, / porque descubrirán un día su voz más fuerte. / Protégete de los tímidos y los apabullados, / porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres.

Raúl Rivero
Blog de la Fundación Cubano-Americana, 15 de agosto de 2017.

jueves, 9 de noviembre de 2017

República ignorada



El 20 de Mayo se cumplieron 115 años del nacimiento de la República de Cuba. En el Salón del Trono del Palacio de los Capitanes Generales, Habana Vieja, hoy sede del Museo de la Ciudad, Tomás Estrada Palma (Bayamo 1835-Santiago de Cuba 1908), pasaría a la historia como el primer presidente republicano elegido por los cubanos.

Con un sol intenso que rebotaba en el asfalto y debido al cual hasta los perros callejeros se guarecían en los portales, salí a indagar sobre la efemérides del 20 de Mayo.

Cuatro estudiantes con sus uniformes azules de preuniversitario se han ausentado de clases para ir al Parque Córdoba, una de las zonas wifi existentes en el municipio 10 de Octubre. Quieren revisar su muro de Facebook, chatear con parientes en Miami o leer la última crónica futbolera del diario español Marca.

Aunque el calor metía miedo, los jóvenes ni se enteran. Van tomando helado, bromeando, gesticulando y hablando a gritos. Entablar un diálogo con ellos es fácil. Los cuatro tienen 17 años y al terminar el bachillerato, dicen, aspiran a ingresar en la universidad. Cuando les pregunté si sabían cuál era la fecha fundacional de la República de Cuba, titubean y se miran unos a otros, intentando ofrecer una respuesta correcta.

“El primero de enero ¿no?”, respondieron dos a la vez. “Qué bruto son ustedes, asere, el día de la independencia es el 10 de octubre, cuando Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos”, afirma uno y se burla de sus socios.

Otro justifica su desconocimiento con el pretexto de que no le gusta la historia. “Esa asignatura es un bofe. En las pruebas se responde mecánicamente, pero al día siguiente nadie recuerda las fechas ni las conmemoraciones”.

Un vendedor de rosita de maíz que ha estado escuchando se suma a la conversación. “Hay muchas opiniones al respecto. Que si fue el 1 de enero, 26 de julio o 10 de octubre. Pero creo que fue el 27 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió la Isla”.

Al parecer, solo académicos, profesores, estudiosos de la historia y ciudadanos bien informados pudieran explicar el significado del 20 de Mayo de 1902 en la historiografía nacional. Una mayoría de cubanos lo desconoce: tener en cuenta que alrededor del 70 por ciento de la población actual del país nació después de 1959.

A personas con más de 65 años, como Giraldo, que todas las tardes en su sillón de ruedas pide cigarrillos o dinero a los que caminan por las calles adyacentes al asilo de ancianos donde reside, el 20 de Mayo le trae gratos recuerdos.

“Era el día más importante del año. La tradición era estrenarse un par de zapatos y una muda de ropa nueva. Se colocaban banderas cubanas en los balcones. Yo iba con mis padres y mis hermanos a la Avenida del Puerto. En el Parque Central había retretas con la banda municipal. El ambiente era de fiesta. Pero este gobierno borró todo eso de la memoria popular. Ahora las fechas que se celebran son las que a ellos les conviene”.

Mientras los cubanos radicados en Miami festejan el 20 de Mayo por todo lo alto, en Cuba es un día como otro cualquiera. Así lo que ha querido la autocracia verde olivo.

En las dictaduras, es habitual manipular los acontecimientos. La narrativa oficial igual trata de vendernos a José Martí como admirador de las teorías marxistas, que durante un enfrentamiento militar, pinta un escenario de ciencia ficción. Es lo que ocurrió en 1983 en Granada. Entonces, según la versión castrista, en el momento de la invasión estadounidense a Granada, un grupo de obreros cubanos abrazados a la bandera tricolor se inmolaron por la patria.

Para la junta militar que gobierna Cuba, el pasado se debe borrar. No importan los índices económicos, urbanísticos o productivos logrados en más de medio siglo de vida republicana.

La ex profesora y hoy periodista independiente Gladys Linares, en un artículo publicado en Cubanet recordaba que, como consecuencia de la guerra de independencia, en 1902 "el estado de la agricultura, la ganadería y las industrias era calamitoso. En un gesto de gran sensibilidad, la primera medida adoptada por Estrada Palma fue el pago a los miembros del Ejército Libertador y de los bonos de la deuda contraída por la República en Armas. Para ello obtuvo un empréstito de la casa norteamericana Speyer de 35 millones de dólares, con un 5% de intereses y que ya para 1943 estaba saldado".

Por su parte, EcuRed, wikipedia oficialista, afirma que "Estrada Palma se caracterizó por ser sumamente ahorrativo durante su mandato (1902-1906). En 1905 el tesoro cubano tenía la fabulosa cantidad para la época, de 24 millones 817 mil 148 pesos con 96 centavos, de los cuales solo poco más de 3 millones y medio correspondían al empréstito. La acumulación de tanto dinero obligó a Estrada Palma a invertir en obras públicas. El gobierno aprobó 300 mil pesos para que cada provincia construyera carreteras y caminos y más de 400 mil pesos para su conservación y reparación. Para acueductos y mejora de los edificios públicos se consignaron varios miles de pesos".

La prensa estatal denomina esa etapa con el despectivo término de 'seudo república' o 'república mediatizada'.

“Han hecho lo inimaginable para obviarla o demolerla. Desde programas televisivos como San Nicolás del Peladero, ridiculizando a los políticos venales de la época, hasta minimizar el bienestar material alcanzado en diversas esferas de la sociedad. Pero cuando tu revisas índices económicos del período 1902-1958, te das cuentas que, a pesar de sus imperfecciones, hubo más crecimiento”, indica un historiador jubilado, quien añade:

“Al César, lo que es del César. El 20 de Mayo de 1902 se fundó la República de Cuba. Con elecciones generales, constitución avanzada e instituciones democráticas. En un futuro, al margen de las ideologías, el 20 de Mayo debe ser incluido en el calendario de los feriados nacionales y se deben retomar las celebraciones. Ese día comenzó todo”.

Algo que está por ver. De momento, las nuevas -y no tan nuevas- generaciones, desconocen el significado del 20 de Mayo.

Ese desconocimiento, esa desmemoria, formó parte de la estrategia del difunto Fidel Castro: erigir una nación diferente desde los cimientos. Sepultar tradiciones, costumbres y valores. Reescribir la historia a su manera. Y lo logró.

Iván García

Foto de Don Tomás Estrada Palma tomada de Remezcla. Durante su exilio en Tegucigalpa, Honduras, Estrada Palma conoció a la hondureña Genoveva Guardiola, con quien se casó en mayo de 1881. El matrimonio tuvo siete hijos: José Manuel, Tomás, Andrés, Carlos, María de la Candelaria, Mariana de la Luz y Rafael.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Cuatro glorias de la medicina cubana


El debate acerca del desarrollo y calidad de la medicina cubana en los últimos sesenta años ha traspasado, por mucho, las fronteras de la Isla. El propio gobierno de la Isla, organismos internacionales, gobiernos extranjeros, ideólogos de todo tipo, cubanólogos, periodistas y personas particulares de diversos lugares han tomado, de una u otra forma, parte en el mismo, algunos para magnificarla hasta extremos inconcebibles y otros para denigrarla de una manera que no siempre se ha ajustado a la verdad.

Es cierto que en la segunda mitad del siglo XX se formaron en Cuba una gran cantidad de profesionales de la medicina, algunos de ellos muy calificados, y también se avanzó en terrenos antes relativamente limitados como la vacunación extensiva, la atención materno-infantil y el desarrollo de facultades médicas en todas las provincias. De hecho, la esencia del susodicho debate estriba en dilucidar el nivel que hubiera alcanzado la medicina cubana de no haber ocurrido ese fenómeno llamado Revolución Cubana.

Pero ese debate también ha servido, por intereses propagandísticos de una u otra orilla o simplemente por desconocimiento u olvido, para atenuar el significado o incluso ocultar al público figuras de épocas muy anteriores que brillaron científicamente a niveles más altos que todas las posteriores y hoy son luces en la oscuridad. Porque el período histórico en el que brillaron las cuatro figuras médicas a las que particularmente nos referimos no fue nada feliz desde el punto de vista político y económico para los cubanos, una felicidad que por otra parte y lamentablemente casi nunca ha estado al alcance de ese pueblo.

No obstante, estos cuatro hombres, moviéndose en entornos diferentes y muchas veces ajenos a Cuba, estuvieron muy cerca de alcanzar incluso el Premio Nobel de Fisiología y Medicina para el que fueron propuestos por lo menos dos de ellos, hecho que no ha vuelto a repetirse en ninguna otra ocasión ni circunstancia.

Repasemos pues, brevemente, algunos datos relevantes de estas cuatro vidas de científicos nacidos en Cuba dedicadas en cuerpo y alma a las ciencias médicas, no los únicos, pero sí los más reconocidos internacionalmente.

Doctor Carlos Juan Finlay y Barrés (1833-1915)


En Wikipedia, Carlos Finlay aparece como hispano-cubano y de cierta manera es correcto denominarlo así pues casi toda su vida transcurrió siendo Cuba una colonia española. Sus raíces eran también escocesas por parte de padre (el padre fue, como un buen grupo de británicos, médico militar en el ejército de Simón Bolívar) y francesas por parte de la madre. Y por razones que tuvieron mucho que ver con las burocráticas limitantes coloniales de las autoridades españolas -no reconocían en Cuba ni permitían revalidar en la Universidad de La Habana sus estudios secundarios franceses- estudió medicina en la Universidad de Philadelphia, Estados Unidos. Pero él mismo, a pesar de las incomprensiones y dificultades que enfrentó tantas veces en la Isla, siempre se consideró cubano y así lo expresó repetidamente.

Siendo justos, fue muy bueno para la formación científica de Finlay que hiciera su carrera de medicina en el reputado centro docente norteamericano, que no por gusto dicen que lo que pasa conviene. En 1853, año en el que el muy joven Finlay comienza su formación en el Jefferson Medical College de la Universidad de Philadelphia, esta universidad estaba considerada la más avanzada y moderna en Estados Unidos. Allí tuvo por maestros a científicos como el afamado clínico Robley Dunglison, el patólogo John Kearsley Mitchell, considerado el padre de la teoría parasitaria de las enfermedades infecciosas y el epidemiólogo Daniel Drake, el primer norteamericano en relacionar las epidemias con las condiciones geográficas.

Todo esto ahora nos parece obvio, pero no olvidemos que estamos hablando de hace unos 160 años atrás y tampoco olvidemos que estos enfoques, sumamente novedosos y muy discutidos para entonces, tendrían mucho que ver con el desarrollo de la posterior teoría metaxénica de Finlay, o sea, con apuntar a un tipo específico de mosquito como agente transmisor (vector vivo) de la fiebre amarilla. Hoy, por supuesto, sabemos que la teoría de Finlay se corresponde absolutamente con la verdad y que no es solo la fiebre amarilla la enfermedad que transmiten los mosquitos, pero llegar a estas certezas requirió mucho trabajo, enormes esfuerzos investigativos, vidas inmoladas y muchos años.

Pocos saben que, en ese centro universitario, el Jefferson Medical College, existe un busto de Finlay, que en 1902, en vida del sabio, se le concedió el título honorario de Doctor en Ciencias Médicas por dicha universidad y que el 22 de septiembre se celebra el Día de Finlay en el estado de Pennsylvania. Es procedente recordar todo esto porque siempre se ha jugado con la existencia de un cierto desprecio norteamericano hacia la obra científica del cubano y eso no es del todo cierto.

Por ser mucho más conocida, no entraremos en la historia del desarrollo de la teoría del mosquito como vector de la fiebre amarilla de Finlay, ni tampoco en la serie de largos experimentos, tanto personales como por parte de personal militar norteamericano radicado en Cuba, que llevaron a su confirmación definitiva. Citaremos mejor, por exactas y justas, las palabras del General Leonard Wood, médico él mismo, y gobernador militar norteamericano de Cuba en el año 1900: "The confirmation of Dr’s Finlay doctrine is the greatest step forward made in medical science since Jenner’s discovery of the vaccination".

Carlos J. Finlay, que contrario a lo que muchos creen sí recibió honores y reconocimientos en los últimos años de su vida, fue galardonado con la Legión de Honor francesa en 1908 y fue postulado siete veces al Premio Nobel de Fisiología y Medicina. El Premio Nobel no siempre es justo ni todos los que lo merecen lo alcanzan, pero las repetidas nominaciones están ahí para recordarnos que la obra del Doctor Finlay sí fue debidamente valorada y apreciada por muchos científicos de gran nivel en vida de este médico cubano.

Doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925)



Juan Guiteras fue uno de tantos médicos cubanos que por razones políticas tuvo que formarse fuera de la Isla, en este caso también en Estados Unidos, y luego en Alemania. En realidad, comenzó a estudiar la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana, pero el separatismo militante de toda su familia y de él mismo, justo en los turbulentos años de la Guerra Grande, le obligaron a emigrar muy pronto.

Insistimos que, aunque resultara lamentable que estas cosas ocurrieran en Cuba, y de hecho siguen ocurriendo siglo y medio después, la formación científica obtenida por estos hombres fue muy superior a la que eventualmente hubieran logrado en su patria de origen.

Guiteras, graduado ya con honores en la Universidad Estatal de Pennsylvania, se inclinó primero por la medicina clínica, pero en poco tiempo sus intereses pasaron a la anatomía patológica, especializándose en enfermedades infecciosas transmisibles. Pocos médicos conocieron tan a fondo la fiebre amarilla como Guiteras, lo que le valió ser incluido años después en el grupo de investigadores norteamericanos -ya era médico militar para ese entonces y había combatido contra el ejército español- que fueron a Cuba a colaborar en la erradicación de la Fiebre Amarilla y en el saneamiento intensivo de la Isla.

Además de Finlay, un fraterno amigo desde que lo conoció, Guiteras se codeó con muchas figuras importantes de las letras, José Martí entre ellos, y de las ciencias: Robert Koch, Rudolph Virchow, Richard Pfeiffer, Paul Ehrlich, Karl Weigert y muchos otros. Es curiosa y muy descriptiva la observación que José Martí escribió sobre él: "Juan Guiteras es primero en Washington y persona mayor en la medicina del ejército".

Para el año 1900, Guiteras estaba considerado uno de los epidemiólogos y especialistas en enfermedades tropicales más importantes del mundo y ni que decir tiene que de haber continuado practicando la enseñanza y la investigación en su patria de adopción, Estados Unidos, hubiera alcanzado cotas mucho más altas, pero entonces él, ignorando el consejo de muchos de sus colegas, decide regresar a Cuba, colaborar en su reconstrucción y asentarse definitivamente en ella.

Ocupó diversos cargos en la Isla, incluyendo el de director del Hospital Las Ánimas y Secretario de Sanidad (ministro de Salud Pública). Fue el primero en describir el dengue en Cuba y ocupó la primera presidencia de la Federación Médica Nacional. Sus últimos años de vida fueron hasta cierto punto amargos pues, enemigo incansable de la corrupción y la politiquería, sufrió marginaciones y ofensas por parte de los primeros gobiernos republicanos.

Doctor Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931)



Las raíces profundamente mambisas de Arístides Agramonte y Simoni eran impecables. Fue hijo del general Eduardo Agramonte Piña -muerto en el combate de San José del Chorrillo en 1872- primo este último de Ignacio Agramonte, y de Matilde Simoni, hermana de Amalia Simoni, la estoica esposa de Agramonte. Pero además vino al mundo en las precarias y enfebrecidas semanas previas al comienzo de la Guerra de los Diez Años.

Los avatares de la guerra llevaron al niño, aún en los brazos de su abnegada madre, a Mérida, en Yucatán, y en breve a la ciudad de Nueva York, donde creció, estudió y se graduaría de médico en la Universidad de Columbia en 1892. Arístides, ya un médico brillante y muy respetado a pesar de su juventud, se unió al ejército norteamericano en 1898, con el que participaría como médico militar en la contienda y posterior ocupación de la Isla.

Se unió desde el principio a la Comisión Militar Norteamericana para el estudio de la fiebre amarilla, donde colaboró activamente con los doctores Walter Reed, James Carroll, Jesse Lazear y Carlos J. Finlay. Agramonte, sin dejar de colaborar estrechamente con su jefe, Walter Reed, tuvo mucho que ver en la aceptación de las ideas de Finlay y la implementación de estas en la práctica sanitaria, primero en Cuba y luego en la zona de construcción del Canal de Panamá.

Es históricamente cierto que Arístides Agramonte fue propuesto para el Premio Nobel de Medicina en 1903, antes que Finlay, pero a partir del siguiente año siempre fue nominado junto al hombre que había sido el padre de la teoría metaxénica. Igual que Juan Guiteras, Agramonte decidió quedarse a trabajar y enseñar en Cuba y también ocupó cargos importantes en la Isla, incluido el de Ministro de Sanidad. Su vida de casi treinta años como profesor de parasitología y medicina tropical en el denominado Hospital No. 1 (luego Calixto García) estuvo llena de honores y distinciones, tanto nacionales como internacionales.

Falleció en New Orleans (1931), aún en plenitud de facultades, cuando colaboraba en la fundación de una nueva escuela de parasitología y medicina tropical, muy necesaria en las zonas bajas y cálidas de la desembocadura del Mississippi.

Doctor Joaquín Albarrán y Domínguez (1860-1912)



Muy probablemente es Joaquín Albarrán el médico cubano más conocido y mencionado internacionalmente.

Albarrán, nacido en Sagua la Grande en 1860, quedó huérfano de padre y madre en la niñez, y se convirtió en otro de esos jóvenes impulsados por sus familiares a salir al exterior para evitarle los peligros y sinsabores de una guerra y de la represión colonial subsiguiente. En el caso de Albarrán, su salida se precipitó por el bárbaro fusilamiento, en La Habana, de ocho estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871.

Termina la carrera de medicina en Barcelona a los 18 años de edad y por decisión propia, vuelve a estudiar medicina en París y se gradúa con los máximos honores (el primero entre 400 alumnos) a los 24 años. Culmina el doctorado a los 29 años y se especializa en bacteriología con Pasteur y en anatomía patológica con Ranvier, las dos cumbres en ese momento de ambas especialidades.

Pero él busca algo más novedoso y menos explorado. Descubre así la urología, una especialidad todavía en pañales. Se une entonces, como residente y al mismo tiempo cirujano general especialista, al profesor Guyon, el llamado padre de la urología, en el Hospital Necker, en París. De ahí en adelante, junto a su maestro primero y superándolo después, eleva la urología francesa, y por qué no, la cubana, a la primera categoría internacional.

La descripción de los aportes científicos de Albarrán -el primero en cateterizar los uréteres empleando un equipo diseñado por él, por ejemplo-, de sus importantísimos libros de texto y de consulta, de sus centenares de trabajos de investigación, de los síndromes y enfermedades que describió por primera vez y de la multitud de magníficos urólogos que contribuyó a formar, entre otros, rebasarían con mucho este brevísimo recorrido.

He oído decir muchas veces que Albarrán fue propuesto más de una vez para el Premio Nobel de Medicina, pero la profesora cubana Marlene Fernández Arias, que ha estudiado exhaustivamente la vida de este insigne investigador, señala en su interesante biografía (que he utilizado con provecho para este artículo), que no ha podido encontrar la prueba de nominación, pero también apunta que es muy posible que fuera en 1912 cuando se concretara esta junto con la de Guyon, truncándose la formalidad por la prematura muerte del cubano.

Al amanecerdel 17 de enero de 1912, fallece Joaquín Albarrán a causa de la tuberculosis pulmonar agravada por una diabetes mellitus ya incontrolable. La vida, injusta como tantas veces, le permitió alcanzar los más altos reconocimientos, la gloria y la fortuna en menos de tres décadas, y luego le envió dos enfermedades que no tenían un tratamiento efectivo en aquel tiempo, matándolo a los 51 años de edad, justamente en el momento más maduro y productivo del científico cubano.

Félix J. Sojo
Cubaencuentro, 25 de julio de 2017.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Gays y heterosexuales cubanos contra el servicio militar



Los contrarrevolucionarios -como les denomina el régimen- tienen más suerte. “Tengo un amigo que es disidente y jamás lo llamaron a pasar el servicio militar. Estoy pensado enrolarme en algún movimiento de oposición pa'escapar del verde”, apunta un joven egresado de preuniversitario que para enero de 2018 será convocado al servicio militar.

En Cuba es de carácter ineludible que los varones mayores de 17 años cumplan dos años de preparación militar. En el caso de los universitarios se reduce a un año.

El autócrata Fidel Castro, aduciendo una supuesta amenaza del ‘imperialismo yanqui’, mediante ley del 26 de noviembre de 1963, estableció el Servicio Militar Obligatorio, para jóvenes de 16 a 27 años, con una duración de tres años y una paga mensual de 7 pesos.

Cincuenta y cuatro años después, el Servicio ha cambiado de siglas: SMO (Servicio Militar Obligatorio), SMG (Servicio Militar General) y Servicio Militar Activo (SMA), el que ahora está vigente, pero su obligatoriedad se mantiene.

A partir de 1970 y fines de los años del siglo pasado, no menos de 500 mil jóvenes pasaron el servicio militar. La mayoría lo pasó en el ejército de tierra (la marina de guerra y la aviación contaban con oficiales profesionales). Otros, en guardafronteras, tropas especiales y el Ministerio del Interior, cuidando presos o el perímetro exterior de alguna de las más de 200 cárceles existentes en Cuba.

Se calcula que en la década de 1980, un cuarto de millón de reclutas, después de los 45 días de la preparatoria inicial, donde a la carrera aprendían el uso del armamento, participaron en las guerras civiles de Angola y Etiopía.

“En apariencias, era voluntario, pero los que se negaban a ir a Angola lo mandaban a cortar caña en el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). Y si chocabas con un oficial hijo de puta, te destinaba a una prisión militar. Yo estaba pasando la previa en Vaca Muerta, Artemisa, ni siquiera era muy diestro en el uso del AKM, cuando llegó un coronel y pidió que diéramos un paso al frente los soldados dispuestos a ‘cumplir una honrosa misión internacionalista’. Toda la unidad dio el paso al frente”, rememora Joel, 52 años, quien perdió una pierna por la explosión de una mina terrestre en Angola.

Era la etapa en que Fidel Castro presagiaba una inminente invasión de Estados Unidos. La Isla contaba con el más poderoso ejército de América Latina. Un millón de hombres sobre las armas, 500 mil en la reserva, 200 aviones de caza Mig-23, 3 mil tanques T-55 y T-62, cientos de emplazamientos de cohetes antiaéreos SAM y una fábrica de fusiles AK en la provincia Camagüey.

El desproporcionado ejército, junto al colosal aparato de contrainteligencia que fiscalizaba todos los estamentos de la vida de los cubanos, devoraba alrededor del 35% del PIB nacional.

En los anales de la historia bélica universal, ninguna nación pobre o subdesarrollada, participó simultáneamente en dos guerras. Cuba lo hizo durante las contiendas de Angola y Etiopía gracias al cheque en blanco girado por el Kremlin, que duplicaba el Plan Marshall de Estados Unidos a la Europa de post guerra.

Con la desaparición del comunismo soviético, culminó el desquiciado proyecto bélico de Fidel Castro. Ahora el desfasado armamento ruso envejece en túneles subterráneos.

La mayoría de los estrategas militares sustituyeron sus casacas verde olivo por vaporosas guayaberas blancas. Y en cursos exprés se graduaron de gerentes y administradores de empresas y hoy manejan la tercera planta de hoteles más grande de América, con 30 mil habitaciones. También dirigen comercios, cafeterías, restaurantes y gasolineras en todo el país.

Pero, según Hiram, actualmente cumpliendo el servicio militar en una unidad en las afueras de La Habana, “los reclutas seguimos comiendo soga. Marchando, haciendo ejercicios con fusiles de calamina, fumigando casas para eliminar el mosquito Aedes Aegypti o construyendo hoteles”.

En el blog del periodista oficial Francisco Rodríguez, conocido como Paquito el de Cuba, gay y militante del partido comunista, fue publicada la información de que las FAR autorizan a los homosexuales alistarse en el servicio militar.

Aunque la prensa estatal no ha publicado siquiera una línea, Rodríguez tuvo acceso a las grabaciones de audio de los debates que acontecieron durante la última legislatura del monocorde parlamento.

El 20 de julio, el diputado Joaquín Lázaro Cruz Martín, durante una reunión de la Comisión de Defensa Nacional preguntó “cuál sería la política a seguir con los jóvenes homosexuales y bisexuales y el servicio militar”. El General de Brigada Juan Rafael Ruiz Pérez, presidente de la Comisión, respondió sobre la actual política de las FAR “desde hace un año o dos”.

Sin mencionar la palabra homosexual ni LGBTI, Ruiz Pérez apuntó que “si la persona considera que por esta razón no le va hacer posible cumplir su servicio en las condiciones de un lugar militar, se excluye”.

Las opciones para gays, travestis o lesbianas, ofrecidas por Ruiz Pérez “pueden ser como enfermero, auxiliar en un hospital, incluso puede ser en un hospital militar, o se destina a trabajar en otro lugar”. Al igual que el presidente estadounidense Donald Trump, el general cubano supone que los LGBTI son ‘flojitos’ a la hora de adiestrarse militarmente, combatir y defender a su patria.

Diario Las Américas le preguntó a homosexuales y heterosexuales sobre el tema. Luis, travesti que se prostituye en el barrio de La Víbora, al sur de la capital, le parece “muy fuerte que un maricón conviva con tantos machos en una unidad militar. El mes pasado a mí me dieron de baja en el chequeo médico que me realizaron para el servicio militar. Está bien que los gays tengan los mismos derechos que los heterosexuales, pero en el caso del servicio lo preferible es que lo supriman, pues casi ningún joven, por su propia voluntad, quiere estar dos años en esa durísima vida”.

De los diez heterosexuales encuestados, todos coinciden que el servicio militar es un fastidio. “Cuba no va tener guerra con nadie. Con el envejecimiento de la sociedad cubana, deberían preparar a los jóvenes en diferentes facetas de la producción, algo mucho más beneficioso que pasar el servicio militar”, apuntó Walter, estudiante de preuniversitario.

La mejor opción para Cuba, es el modelo de Costa Rica, una de las pocas naciones del mundo que no tiene ejército.

En plena crisis económica y con un tercio de la población mayor de 60 años, lo más sensato sería abolir el servicio militar. La manutención de las fuerzas armadas siempre ha sido un lastre incómodo para el producto interno bruto.

Iván García
Foto: Reclutas cubanos del servicio militar. Tomada de Gabitos.