lunes, 17 de febrero de 2020

Darcy Borrero: "No me alejaría nunca del periodismo"


La Güinera, a 45 minutos del centro de La Habana, es el típico distrito de casas bajas con una iglesia católica, un centro comercial, una unidad policial y un pequeño cementerio de los que abundan al sur de la ciudad. Bordeando la Calzada de Bejucal, limita al norte con Párraga, al sur con el municipio Boyeros y al este el Reparto Eléctrico con sus horribles edificios-dormitorios de arquitectura soviética.

Las callejuelas adyacentes, oscuras y mal asfaltadas, no pocas veces son territorio de masturbadores públicos y atracadores. No hay hoteles cinco estrellas. Ni los tres Papas que han visitado la Isla, ni los Reyes de España ni el presidente estadounidense Barack Obama en sus recorridos incluyeron La Güinera, un lugar donde la gente bebe alcohol por cualquier motivo, las broncas son de coger palco y la violencia doméstica está a la orden del día.

A siete cuadras de la Calzada de Bejucal, entre casas de madera y paredes de bloques a medio repellar, vive Darcy Borrero Batista, periodista, poeta y ensayista nacida el 12 de diciembre de 1993, en el municipio de Palma Soriano, Santiago de Cuba. Vino al mundo en pleno Período Especial.

Darcy forma parte de una hornada talentosa que ha situado al periodismo narrativo cubano en un primer plano. En las redacciones de revistas y periódicos los reporteros más sobresalientes escriben bien, pero poco. Ella no solo escribe mucho, también redacta muy bien. Actualmente publica en varios sitios independientes (El Toque, El Estornudo, Tremenda Nota) y textos suyos han aparecido en Washington Blade y The HuffPost México. En septiembre de 2019 fue una de las firmantes de la Declaración de la Prensa Independiente de Cuba .

Por si no bastara, habitualmente participa en talleres narrativos y tertulias de poesía. El colega que me la recomendó me dijo: “En más de veinte años de trabajo mi curriculum es de cinco líneas y el de esa muchacha es de cuatro párrafos. Una abeja reina obrera”. Ha ganado varios premios de poesía y periodismo. Se mueve con soltura en cualquier género periodístico. Si le dieran escoger, prefiere el reportaje de fondo.

No puso reparo en ser entrevistada el viernes 13 de diciembre, un día después de cumplir veintiséis años. Quedamos en vernos en mi apartamento del barrio La Víbora. Llegó puntual. Vestida sin estridencias y sonriente.

Darcy, en tu perfil en El Toque te preguntabas a ti misma quién eras. ¿Ya lo descubriste?

Tengo dudas todo el tiempo sobre quién soy, qué represento y por qué estoy aquí. Soy bastante religiosa, entonces eso a veces me hace creer, exageradamente, que tengo alguna misión, que estoy aquí para recorrer tierras también.

¿Qué religión profesas?

La yoruba, religión afrocubana. No soy fanática. Pero cuando estoy en Santiago de Cuba suelo ir al Cobre. Nací a 25 kilómetros del Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Recuerdo que con cinco años enfermé de otitis y mi mamá me llevó una promesa a la iglesia. Parece que la Virgen escuchó, porque mejoré muy rápido. Y quizás ahí está un poco la raíz de esa fe.

¿Cuándo te trasladas a La Habana?

Tenía seis años cuando mi madre vino para la capital del país. Comencé el segundo grado en la escuela primaria Tomás Alva Edison, en La Víbora. Allí sufrí burlas de mis compañeros de clase. Era la ‘palestinita’ del aula. Imagínate, mi mamá vendía cremitas de leche en los alrededores de la escuela. Entonces algunos alumnos me decían ‘cremita de leche’. Pero las cosas fueron cambiando a medida que me fui integrando.

¿De dónde vienen tus inclinaciones literarias? ¿Hay algún periodista o escritor en la familia?

No. Tengo una tía que es filóloga, estudió en la antigua URSS, es especialista en literatura rusa. Pero después de su regreso nunca ejerció la filología. Mi mamá siempre se preocupó de que yo leyera. A pesar de ganar muy poco dinero, me llevaba a las ferias del libro, me compraba libros y buscaba que yo leyera. Por parte de padre tengo dos hermanas que son doctoras, pero periodista soy la única en la familia.

Terminas la secundaria e ingresas en el Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin, donde la mayoría de los alumnos eran hijos de altos funcionarios del gobierno y también los mejores estudiantes habaneros. ¿Cómo pudiste acceder a la crema y nata del bachillerato en Cuba?

Es que yo era muy aplicada. Nadie me regaló nada. Mi madre no tenía dinero para pagar los repasos con maestros particulares fuera del horario escolar. Tuve que esforzarme bastante. En ese tiempo, la evaluación en la secundaria era en base a 10 puntos y yo la terminé con 9.98. Mi mamá lo único que pudo comprarme fueron algunos libros y una mesita para que pudiera estudiar mejor. Te cuento una anécdota. Como sabes, la Lenin es una escuela que prioriza las ciencias. Yo era muy buena en letras, sobre todo en español, pero en matemáticas no tenía todas las herramientas, por las carencias que existen en la educación pública actual. La nota que obtuve para ingresar en la Lenin no fue alta. Pero me aceptaron. Ya en la Lenin, mejoré mucho en las asignaturas de ciencias.

Cuando ingresas en la Lenin la educación cubana iba en franco retroceso ¿Cómo eran las condiciones allí?

Sí, es cierto, pero la Lenin era atendida directamente por el Consejo de Estado, en Cuba estaba de moda la 'Batalla de Ideas' y a pesar de los apagones, los albergues tenían aire acondicionado y había agua fría y caliente para bañarse. Los profesores eran de lo mejorcito que había en el país. Después comenzaron los problemas con el agua y el último año lo pasamos en un preuniversitario en la calle.

Para estudiar periodismo en Cuba, además de buenas calificaciones, se necesita ‘integralidad y compromiso con la revolución'. ¿Antes de ingresar en la Universidad sentías vocación hacia el periodismo?

En aquel momento tenía tres opciones. Pedí Relaciones Internacionales, Periodismo y Química pura. La primera opción que pedí fue Relaciones internacionales, pero ya sabes que para ingresar en esa carrera hay que ser 'hijo de papá' o de un peso pesado en el gobierno. Aunque yo tenía méritos y llegué hasta las pruebas finales, a última hora, aun no sé por qué, me desecharon. Entonces opté por estudiar periodismo. Ahora lo agradezco infinitamente.

¿Estudiaste en la Facultad de Comunicaciones que queda en la Avenida de los Presidentes, en El Vedado?

Sí, Elaine Díaz, actual directora de Periodismo de Barrio, era profesora y nos dio conferencias. Una prueba teórica que nos hicieron la calificaron Elaine y Liliam Marrero, otra profesora de la Facultad de Comunicaciones.

¿Y qué calificación obtuviste?

Fui diploma de oro. El máximo eran 5 puntos y mi promedio fue 4.88. Aunque para ser sincera, cuando comencé a estudiar periodismo tenía unas cuantas lagunas. Luego con la práctica fui limando errores.

¿Dónde hiciste el servicio social?

Hice prácticas en Prensa Latina y en el periódico Trabajadores, pero el servicio social lo pasé en el periódico Granma. También me propusieron Tribuna, el periódico oficial de La Habana, pero me dije, "qué voy a aprender en Tribuna, quiénes me van a leer". Entonces decidí ir a Granma, sobre todo porque llega a mayor cantidad de lectores. Que es lo único que se puede aprovechar en un medio oficial de ese tipo.

¿En Granma en que sección trabajaste?

Comencé en la sección cultural. Cubría cine, televisión y artes plásticas. Primero empecé haciendo notas. Hasta que un día propuse hacer un trabajo sobre el desarrollo de las telenovelas en Cuba, luego seguí haciendo otras propuestas y me dejaron hacer algunas cosas. En ese entonces el director del periódico era Pelayo Terry, posteriormente destituido. Ya estando en Granma yo quería comenzar a colaborar con medios alternativos o independientes y en eso el periódico me pide que entreviste al cineasta Enrique Pineda Barnet. En ese momento se debatía sobre la ley de cine y sobre la censura al filme Santa y Andrés de Carlos Lechuga. Había una serie de debates en el entorno cinematográfico y al ver que no publicaban la entrevista, la subí a mi muro de Facebook. Entonces alguien de OnCuba, medio internacional acreditado en La Habana y dirigido por Hugo Cancio, me pidió publicarla allí. Y cuando sale, se abrió la caja de los truenos en Granma. Me llaman los directivos del periódico y me dicen que funcionarios de cultura querían saber por qué la entrevista de Pineda Barnet, que supuestamente era para publicar en Granma, aparecía en OnCuba. Eso me costó una amonestación. Pero seguí trabajando en el periódico.

¿Por qué algunos periodistas oficiales optan por publicar en medios alternativos? ¿Porque se paga mejor? ¿O porque saben que ciertos artículos no van ser publicados en la prensa oficial?

Siempre las autoridades tratan de enfocarlo en el tema económico, monetario. La economía es importante, estamos claros, y en un medio alternativo o extranjero se paga mucho más que un medio estatal. Aunque eso es relativo, pues hay que ver las prebendas que tienen algunos periodistas oficiales. Pero mi motivación no era esencialmente económica, mi motivación era tener diálogo, balance, objetividad. Que el texto no estuviera totalmente inclinado a la opinión del partido comunista. Y que tuviera espacio para pensamientos y criterios diversos. En el periódico Granma la línea editorial es demasiado rígida. A veces puede ser conflictivo algo tan sencillo como decir que existe racismo en Guinea Ecuatorial o que en esa sociedad el machismo está muy arraigado. La justificación para esa censura bestial es que "no se puede hablar de eso porque ese es un país amigo".

¿Cuántos artículos publicaste en Granma?

Muchísimos. El castigo por publicar a Pineda Barnet en OnCuba fue pasarme a la redacción internacional, algo que mucha gente lo vio como un ascenso. En esa redacción logré integrarme. A mí me tocó cubrir el continente africano, el que nadie quería. Con mucho gusto lo acepté. Trabajar ese continente, el más silenciado mediáticamente, me dio la posibilidad de explorar muchas cosas. Pero había mucho refrito, porque parte del trabajo era de agencias de noticias.

¿Y a la hora de las coberturas en el extranjero?

No, eso jamás me tocaba. Para viajar buscan a los mismos de siempre. A mi me tocaron algunas coberturas locales cuando visitaba Cuba algún alto funcionario o presidente africano. Asistí a una que otra recepción, pero eso incluso se prohibió. Cosa disparatada, pues en ese tipo de actividad más que socializar, uno consigue hablar con diplomáticos y embajadores y obtiene sus fuentes.

¿Cómo son las condiciones de trabajo de un periodista oficial?

Mi primer salario fue de 212 pesos. Pero lo peor es pasarte el día entero en una oficina, hacer una guardia que puede extenderse hasta las dos de la mañana, cubriendo un atentado en Siria o un terremoto en México. Un trabajo bastante estéril. Me sentía como si fuera un medio básico. Ahora el Estado destina recursos a la prensa oficial, sobre todo para las coberturas nacionales. Así y todo, es un periodismo muy mal pagado. Y tiene territorios de silencio que no cubre y que los a cubanos de a pie les interesa conocer. Por ejemplo, en la redacción solo una computadora tenía acceso a You Tube. Había hasta un código de ética para el uso de las redes sociales. La conexión a internet no era mala, pero su uso estaba controlado. Y cuando escribías un texto, regresaba marcado por un plumón amarillo, no por faltas ortográficas, sino por criterios ideológicos, políticos o de censura. Y esas palabras o ese párrafo debías eliminarlo.

¿Cuándo comenzaste a publicar en OnCuba y otros medios independientes?

En noviembre de 2016. Primero fueron temas culturales. Luego hice entrevistas y crónicas. En El Toque comencé a publicar también en 2016. En El Estornudo y Tremenda Nota en 2019. Por supuesto, cuando mis colaboraciones con medios alternativos se hicieron frecuentes me cerraron el contrato en Granma.

¿Trabajas cualquier género periodístico?

Sí. En El Toque son textos más narrativos de mil quinientas o dos mil palabras. Pero uno lo fuerza un poco y he publicado textos de tres mil palabras, que más bien son un reportaje, aunque para mí no es lo ideal. Me gusta hacer reportajes de largo aliento, con cuatro o cinco mil palabras. A veces más.

¿Y el columnismo político de opinión no te gusta?

Lo respeto mucho. Creo que se necesita más conocimientos, relaciones y experiencia. Me gusta más el ensayo. Creo que tengo cierta vocación para el ensayo. Me parece que todavía no estoy lista para hacer columnas políticas.

¿No lo haces por los riesgos o por el rigor?

No, simplemente por el rigor.

A esta nueva hornada de periodistas libres le gusta coquetear con el verso y la narrativa. A veces me parece que el periodismo es un buen pretexto, un escalón para llegar a la literatura ¿Cómo te ves dentro de diez años? ¿Ejerciendo periodismo, haciendo poesía o escribiendo ficción?

Me veo haciendo las tres cosas. Pero no me alejaría nunca del periodismo. Y no lo veo como un escalón. A fin de cuentas, el periodismo narrativo, que tiene una vertiente muy fuerte en el nuevo periodismo norteamericano y latinoamericano, tuvo exponentes, como Tom Wolf y Truman Capote que sí vieron el periodismo como un peldaño para dar el salto a la novela. Pero quizás no pueda llegar a ser tan buena narradora, como lo que podría lograr en el periodismo narrativo. ¿Por qué razón? Porque en el periodismo se trabaja en base a los hechos y la novela en la ficción. Pero la posibilidad que te da la realidad, sobre todo la realidad cubana, es mucha más amplia que lo que te pudiera dar lo imaginativo. Al menos así lo veo. Para mí, hacer poesía y coquetear con la narrativa es más bien un complemento.

Entonces en el futuro te ves haciendo periodismo... ¿y viviendo en Cuba?

No sé, tengo muchísimas dudas al respecto. Ahora mismo no creo que me marche de mi país. Pero lo dejo abierto, pues cada vez se hace más difícil el ejercicio periodístico en Cuba. Hemos logrado algunas cosas, y nos hemos dado cuenta que trabajando junto tenemos más fuerza, más respaldo, ya son unos cuantos medios independientes, con el apoyo entre nosotros creo que podemos existir.

¿Has sufrido acoso por parte de la Seguridad del Estado u otras instituciones oficiales?

Por ahora la Seguridad no me ha molestado. Problemas con las instituciones sí he tenido, cuando trabajaba en Granma, después de la publicación en OnCuba de la entrevista de Pineda Barnet, pero como era recién graduada, me dieron una oportunidad. Salí de Granma el año pasado y comencé a trabajar en la Oficina Santiago Álvarez del ICAIC. Pero tras ganar un concurso de la Unión Europea cuyo premio era una viaje a Bruselas, comenzaron los conflictos. La gota que colmó el vaso fue cuando publiqué en El Estornudo un reportaje sobre la tumba de Fulgencio Batista en Madrid. Cuando aún no se había publicado decidí subir una primicia en Facebook. Entonces me llama la jefa y me dijo cosas muy ofensivas. Y me cerró el contrato.

Después de una hora y media de entrevista, acompaño a Darcy a coger un taxi colectivo rumbo a su casa en La Güinera. Por el camino me cuenta que le encantan las canciones del trovador Carlos Varela y el reguetón de El Micha. No realiza tareas hogareñas, “a no ser manosear un poco los recuerdos, organizar el cuarto y decorarlo en mis mejores días”. También me dice que de lunes a viernes tiene que caminar siete cuadras para “fajarse con una guagua, un rutero o un taxi. Si estoy de ánimo intento coger una botella (auto stop)”.

Su barrio, afirma, es una locura. “Vivo en la esquina de una cuadra que ha visto desfilar machetes arriba y abajo, al doblar se ha matado y el mercadeo informal es constante. Escasa instrucción, pocas cosas con las cuales distraerse y muchas para perder un rumbo si no se tiene definido lo que se quiere”.

Por suerte, Darcy Borrero lo tiene claro. Escribe, luego existe.

Texto y foto: Iván García

Curriculum de Darcy Borrero Batista (Santiago de Cuba 1993). Periodista, narradora y poeta. Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2016 y egresada del Taller de Técnicas Narrativas impartido en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Diplomada en Mediación Lingüística y Cultural en la Comunicación Pública por La Sapienza Universitá de Roma y la Universidad de La Habana. Es autora de los libros Eduardo Heras: los pasos, el fuego, la vida (Letras Cubanas, 2018) y Mestiza (Jugando a escribir po-e-sí-a), CAAW Ediciones, 2017). Ha recibido el premio de poesía “Un poema en alta voz”, que otorgan la revista St. Petersburg y el Festival Internacional de Poesía de La Habana. Mención en los Premios Nacionales de Poesía Calendario 2018 y David 2017. Premio en la categoría de Reportajes de la Editorial Hypermedia 2018. Ganadora del Concurso de Ensayo Periodístico “Cuba-Unión Europea, 30 años de relaciones diplomáticas”, 2019. Ponente en la I y II Conferencia Internacional de la Asociación Colombiana de Estudios del Caribe en 2015 y 2016. Textos suyos han sido publicados en revistas y antologías de su país y del extranjero. Forma parte de la antología de poemas Impertinencia de las dípteras (Ediciones Exodus del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora, 2019) y la de cuentos Ariete (Ediciones Samarcanda, 2018), reconocida con el Latino Book Award de Estados Unidos. Colabora habitualmente con revistas cubanas independientes como Tremenda Nota y El Toque. Ha publicado también en El Estornudo y The HuffPost México. Recientemente, realizó un viaje de estudios a las instituciones de la Unión Europea en Bruselas. Trabajó en la organización de la Bienal de Poesía de La Habana y del Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam.


lunes, 10 de febrero de 2020

Mónica Baró: "No puedes sacrificar tu vida por una utopía"



Esta entrevista fue fruto del regateo. En varios perfiles que Diario Las Américas pretende publicar sobre periodistas independientes cubanos de diferentes generaciones, en letras rojas tenía marcado el nombre de Mónica Baró.

El plan era abrir la temporada con una entrevista a la brillante y joven reportera habanera de 31 años que publica en El Estornudo, revisita digital de periodismo narrativo. Pero Mónica era inatrapable. Cuando no estaba de viaje en el exterior, tenía mucho trabajo. Una y otra vez se aplazaba la fecha de la entrevista. No desistí.

Hasta que el martes 3 de diciembre quedamos en vernos en el Café Fortuna, en Primera y Calle 24, Miramar, barriada al oeste de La Habana que recibe la brisa del Oceáno Atlántico. El local está decorado al estilo vintage, con penumbras y poemas de Chaplin colgados en las paredes. Los dependientes visten con trajes de marineros de los años 50.

Doce minutos después de la hora pactada, se apareció Mónica con un jean negro lleno de parches. El pelo suelto, reloj plástico Made in China y un pulóver blanco desahogado con la imagen de la mexicana Frida Kahlo. Sonriente y con unas gafas que le dan un toque de intelectual friki y diferente. Mónica va a su bola.

En 2014 escuché hablar de ella por primera vez. Fue una tarde calurosa de verano, en un bar a tiro de piedra de la bahía habanera, donde un grupo de periodistas independientes íbamos a tomar cerveza una vez al mes. Conversábamos sobre nuestras familias, béisbol y fútbol. También de la política local e internacional. Pero la mayor parte del tiempo se lo dedicábamos al periodismo. No recuerdo si fue Jorge Olivera o Victor Manuel Domínguez el que mencionó una entrevista que una tal Mónica Baró había publicado en OnCuba.

Cuando leí la entrevista, me interesaron más las preguntas de la reportera que las respuestas del entrevistado. Al leer al final el machón supe que era una periodista recién graduada. Había trabajado en la revista Bohemia y en el Instituto de Filosofía. Poco después, mientras revisaba artículos en un parque wifi de La Víbora, me topo de nuevo con Mónica, esta vez en Periodismo de Barrio, con un reportaje sobre una señora que vivía en la extrema pobreza en La Habana profunda.

Ya en los corrillos de los periodistas sin mordaza se hablaba de Mónica Baró. Era evidente que ella jugaba en otra liga. Luego comenzaron a llegar los reconocimientos. El último, el Premio Gabo, en octubre de 2019 en Colombia, lo recibió por la investigación La sangre nunca fue amarilla, publicada en Periodismo de Barrio en febrero de este año.

Pero Mónica seguía refugiada en su humildad natural y huyendo de los focos y los elogios. Cuando se sentó en la banqueta del Café Fortuna, después del saludo de rigor, pidió cualquier cosa que la refrescara. Aproveché y le dije que era más difícil de atrapar que un ministro. Sonrió, ladeó la cabeza y comenzamos a grabar.

Pregunta: Mónica, tienes planes de marcharte, emigrar?

Respuesta: Hasta ahora no. No sé si definitivamente me voy a quedar en Cuba, es imposible saberlo. Uno no sabe nunca dónde va estar.

P: Te voy a poner dos escenarios hipotéticos. Uno, Cuba 2059, Mónica, abuela de un par de nietos se apresta a cubrir periodísticamente para El Estornudo el centenario de ese desastre llamado revolución cubana. Segundo escenario, Mónica con 71 años, ya jubilada, será recordada por sus aportes al periodismo narrativo cubano. Que escenario tú consideras nos deparará el futuro? Sinceramente, tú crees que Cuba tiene solución?

R: Yo creo que sí. Algunos consideran que Cuba va a cambiar en dos años. Otros dicen en cinco, diez. La verdad que no sé qué tiempo le falte a Cuba para democratizarse, para ser un país que respete las libertades políticas y de expresión. Para que pueda ser un país decente, donde la gente pueda tener un futuro y desarrollarse plenamente. Pero, insisto, no es algo que a mí me angustie. Creo que uno tiene que estar en el lugar que quiera estar y ser feliz.

Si estoy acá no es porque sienta una obligación por alguna causa o la democratización del país. Estoy en Cuba porque a mí me hace feliz el trabajo que hago aquí. El día que este trabajo no me haga feliz, me marcho. Durante mucho tiempo el gobierno, y la izquierda más rancia del continente nos ha querido inculcar que uno debe sacrificarse y darlo todo por la causa y poner los intereses de la sociedad por encima de los individuales. Y yo creo que eso no es sano para ninguna causa. Las causas para mí tienen que estar hechas por personas felices.

Si tú estás defendiendo los derechos humanos, la libertad de expresión y el periodismo independiente es porque eso te hace feliz. Cuando trabajé en la revista Bohemia, entrevisté a Pepe Mujica en un evento de la CELAC, y me quedo con una frase suya: "No se puede sacrificar a una generación por una utopía". Es lo mismo cuando lo llevas al plano individual. Tú no puedes sacrificar tu vida por una utopía. Para mí la utopía es el presente. No es el futuro. Es hoy. Y para mí, desde que me gradué de periodismo en 2012, cada día que he estado en Cuba he estado viviendo mi propia utopía, mi felicidad.

P: El periodismo libre, independiente, alternativo o como tú quieras llamarlo, surge a finales de la década de 1980. Después, en los 90 se consolidan varias agencias de periodismo independiente donde se abusaba del artículo de opinión, pero a su vez comienza el periodismo de calle con reportajes y crónicas de esa otra isla que el régimen pretendía ignorar. En 2007 llega el blog Generación Y de Yoani Sánchez, que indudablemente marcó una nueva etapa en el periodismo free lancer con la aparición de nuevas publicaciones digitales. Con la distensión de Barack Obama en 2014, surge una ola de periodistas de gran talento que exploran lo que yo llamo el nuevo periodismo narrativo cubano. Es un periodismo, sabroso, diferente y de calidad indiscutible, que ha despertado ciertos recelos en algunos periodistas independientes de barricada, abiertamente anticastristas. Dicen que esta nueva hornada no se compromete, que son una quintacolumna, que rehuyen los temas candentes de la sociedad cubana y que miran un poco por encima del hombro al resto. Cuál es tu impresión sobre este tema?

R: Considero que es otra malformación política que hemos heredado del gobierno. Creernos con autoridad para juzgar el compromiso político o social de cualquier otra persona. De emitir juicios, creernos jueces de los otros. Es triste, es una cultura que debemos superar, de estar constantemente cuestionando que si tú estás comprometido con esto, yo estoy más comprometida que tú, una lógica que a mí me choca muchísimo.

Me esfuerzo bastante por no caer en ese círculo vicioso, pero no quiere decir que no esté ajena a toda esa cultura, pues me eduqué en escuelas cubanas, sufrí adoctrinamiento, somos parte de una misma sociedad. Uno debe todo el tiempo cuestionar tu manera de relacionarte, tu manera de dialogar, tu manera de tratar con las personas que son diferentes y que piensan diferente a ti. Y no puede pasar por colocarte en una posición de superioridad moral para emitir juicios, pues la persona que juzga se cree con una superioridad moral para hacerlo.

P: Consideras que eso ha pasado?

R: Si, por supuesto. Todas las personas que puedan decir que El Estornudo, Periodismo de Barrio o El Toque no son medios más radicales, porque no hacen más temas políticos, obviamente lo están juzgando. Y para mí hay una explicación sencilla: esos medios están trazando una frontera entre activismo y periodismo. Yo entiendo que haya medios que hagan las dos cosas de manera simultánea. Yo entiendo que existan periodistas que hagan activismo político. Yo misma en las redes sociales he hecho activismo político en defensa de las libertades política, de prensa y expresión. De alguna manera cuando tú haces periodismo independiente en un país donde no hay libertades de prensa estás haciendo una defensa del derecho a libertad de prensa y la libertad de expresión, pero, tienes que saber que de todas maneras sigue habiendo una frontera entre el ejercicio del periodismo y el activismo. Que es importante respetar, porque es lo que va a garantizar que lo que tú estés publicando como periodista tenga más credibilidad.

Los géneros periodísticos están ahí por algo. Cuando uno quiere opinar, tú opinas. Cuando tú vas a investigar, tú investigas, tú demuestras con hechos, tú contrastas tus fuentes, utilizas varias fuentes si vas hacer una denuncia de algo. Uno trata de respetar esos géneros que están ahí por algo. Y respetar también a una profesión que tiene reglas y normas que no son por gusto. Están para garantizar, primero para protegerte, segundo proteger tus fuentes y tercero avalar que la información publicada tenga el impacto que tú buscas. Esto no quiere decir que un periodista cuando salga de su redacción vaya y milite en un partido, por supuesto. Pero tienes que saber donde están los límites.

P: Te voy a dar una mala noticia y una buena. El periodismo digital, incluso el tradicional, no ha superado la crisis que provocó la irrupción de las nuevas tecnologías. La mayoría de los medios no ha encontrado un modelo de negocios eficaz. Y lo peor es que dentro de diez años, inclusive ahora, medios chinos utilizan robots como presentadores. Se dice que la inteligencia artificial y los robots sustituirán a gran parte de los periodistas, en particular a los que redactan noticias. Quedarán, supongo, los periodistas que puedan contar historias diferentes para ser leídas por un puñado de lectores nostálgicos del diario dominical. La buena noticia es que esos adelantos tecnológicos van a demorar en llegar a Cuba. No te ha pasado por la mente renunciar al periodismo, ante esa eminente catástrofe y refugiarte en la literatura o la poesía?

R: No lo sé. Creo que nunca voy dejar el periodismo. Lo que quiero es contar historias. Y el periodismo que hago me da ese espacio. Aunque, por supuesto, en algún momento me encantaría hacer literatura. De hecho, cuando comencé a escribir de niña, con once años, no empecé haciendo periodismo. Me gustaba escribir cuentos y novelas. A los doce años escribía páginas y páginas de cosas. Ése fue mi inicio, la ficción. Pero mi interés principal es contar historias. Me encantaría escribir guiones de cine, pero sin renunciar del todo al periodismo. La única diferencia será que habrá cosas de ficción y de no ficción.

P: Piensas que las redes sociales le están haciendo daño al periodismo serio?

R: Las redes sociales son un instrumento usado por las personas. No las veo como algo abstracto, tienen vida propia. Sí creo que tenemos que educarnos en el uso de las redes sociales. Sobre todo en el consumo de noticias e informaciones. Mucha gente dice "lo leí en internet", pero internet no es una fuente de información. Tenemos que saber identificar cuáles fuentes son confiables, por qué son confiables y por qué no. La gente tiene que aprender a consumir periodismo. Buscar las fuentes y citas de las noticias. Creo que en las escuelas se debería incluir, como una asignatura más, como protegerte de internet, verificar lo que se lee y cómo consumir la información en internet. Lo que si no creo es que el periodismo vaya a desaparecer, porque el periodismo no solo informa, también ayuda a entender. Y el periodismo literario está buscando aportar otras cosas, otros enfoques. No solo dar una noticia dura y pura.

P: Pero sucede una cosa. Cualquier chisme o noticia falsa genera miles de comentarios en las redes. Sin embargo, un reportaje profundo y ameno como La sangre nunca fue amarilla, que tú publicaste en Periodismo de Barrio, y fue galardonado con un Premio Gabo de Periodismo, apenas tuvo comentarios en el sitio. La retroalimentación, cuando la hay, se queda solo en el mundo intelectual. Y viene sucediendo algo curioso, dañino y peligroso: los que te leen suelen ser periodistas y profesionales de la comunicación. A las personas que van dirigidos esos reportajes de fondo por lo general no les llega. Ni siquiera de rebote.

R: Ese reportaje, La sangre nunca fue amarilla, me llevó tres años, entre investigación y edición. Es cierto que a veces uno se siente un poco decepcionado. Pero sigo insistiendo.

El dependiente trae algo de comer. Mónica comenta que es fan del cine. “Cuando el 5 de diciembre comience el Festival de Cine anualmente celebrado en La Habana, y hasta que termine, el 15 de diciembre, desconectaré el móvil. Me gustan los filmes clásicos en blanco y negro. Todas las noches iré a ver una película”. Le gustó la versión de Joker de Joaquin Phoenix. Le encanta Tarantino. “No viste su último filme, Érase una vez en Hollywood?”, le pregunto. “No, qué tal”, quiere saber. “Muy buena, Tarantino en estado puro”, le digo.

Terminamos de comer y volvemos a la carga. Me cuenta que la Seguridad del Estado la ha detenido una sola vez. “Fue en Guantánamo, en 2016, cuando el huracán Matthew. Tampoco estoy regulada (impedida de viajar al exterior). Al menos por ahora”. No se ve haciendo política. “No es lo mío. Los políticos, en democracia, tienen que llegar a diferentes concertaciones para poder gobernar. Prefiero juzgarlos como ciudadana y desde el periodismo”.

Tiene sus hábitos y manías. "Antes de sentarme a escribir, preferentemente por las mañanas, tengo que bañarme, luego tomo café y prendo un incienso, en ese orden. No necesito aislarme. Igual puedo escribir en un aeropuerto que en medio del mayor bullicio. Leo mucho, a cualquier hora”, confiesa.

Respeta el columnismo político. Considera que se deben tener amplios conocimientos históricos, mucha información y una buena capacidad de análisis para ejercerlo. Pero le gusta mojarse y dar su opinión de cualquier tema cuando se la piden. Mónica Baró es una de las cuarenta cubanas que firmaron una carta pidiendo una Ley Integral contra la Violencia de Género y el pasado mes de noviembre la presentaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Ya es de noche en La Habana. Me despido de una de las voces jóvenes del cambio en Cuba. Una mujer que apuesta por un periodismo diferente. Y también por democracia en su país.

Texto y foto: Iván García

Nota.- El 5 de diciembre de 2019, después de realizada esta entrevista, se conocía que cuatro cubanos, los periodistas Mónica Baró Sánchez y Carlos Manuel Álvarez, el cineasta José Luis Aparicio Ferrera y el emprendedor ambiental Alexander López, fueron incluidos en una lista de 100 jóvenes latinos que crean e inspiran un mundo mejor, elaborada por la revista Avianca. Sobre Mónica, la publicación colombiana recordaba que la cubana, vinculada a medios alternativos como Periodismo de Barrio, El Estornudo y El Toque, ganó el Premio Gabo de Periodismo 2019 en la categoría de Mejor Texto por su reportaje "La sangre nunca fue amarilla". El 31 de diciembre, el periódico español El País incluía a Mónica Baró entre los 10 latinoamericanos más destacados de 2019.

lunes, 3 de febrero de 2020

Hay cubanas que callan el maltrato de sus maridos



Desde las diez de la noche, Yamila, 24 años, jinetera, se sienta en un parque contiguo a un bar privado ubicado en El Vedado. Cuatro horas antes, mientras preparaba la comida para su marido y su hija de tres años, de manera simultánea, terminaba de lavar una montón de ropa sucia. Luego se acicaló y salió a prostituirse por 40 pesos convertibles la noche, en lugares donde suelen acudir turistas o cubanos con suficientes billetes.

Ya es habitual, cuenta Yamila, que cuando su esposo llega a casa con unos tragos, está estresado porque no tiene dinero o perdió plata jugando silot en un burle (casa de juego ilegal), "sin comerla ni beberla me golpea delante de la niña. alegando que yo le escondo el dinero que hago acostándome con otros hombres”.

Esa noche, con unos espejuelos oscuros para camuflar un ojo amoratado, Yamila, indiferente, fuma un cigarrillo mientras espera que lleguen extranjeros al bar para comenzar su trabajo. Sobre las once de la noche se sienta en la barra, pide un trago de whisky y de reojo mira el ambiente.

Dos horas más tarde, sale del bar con un parroquiano del brazo rumbo a una casa que alquila habitaciones. Al amanecer llega a la cuartería donde vive en el barrio pobre y mayoritariamente negro de Jesús María, Habana Vieja. Antes de acostarse un rato, guarda el dinero en la billetera de su esposo que duerme plácidamente.

Yamila descansa cuatro o cinco horas y al mediodía ya está escogiendo arroz, ablandando frijoles y haciendo las faenas de la casa. Su marido no trabaja. Se la pasa jugando cartas, viendo el fútbol de clubes europeos o bebiendo ron. Yamila mantiene a su familia prostituyéndose y, encima, es maltratada físicamente.

Pero ella nunca ha pensado denunciar a su esposo a la policía por las golpizas que recibe. Ha optado por el silencio. Su caso no es una excepción. Entre las prostitutas cubanas, es normal que mantengan a sus maridos, novios, amantes o chulos. Algunas alardean de ello.

Regina aún no ha cumplido 20 años y está orgullosa de que con el dinero que ha ahorrado jineteando, "le pude a comprar a mi jevito una cadena de oro y una moto eléctrica. Yo sí no soy una desaguacatada. Mi marido vive como Dios manda. Tremenda percha (bien vestido), oro en el cuello y dinero en la cartera”. Confiesa que de vez en cuando él le da un par de galletas (bofetadas), "pero no esas trancas como si yo fuera un saco de boxeo”.

Y es que en Cuba muchas mujeres no consideran violencia doméstica los gritos, insultos, empujones, bofetadas, palizas, un día sí y otro también.

A Mara, dependienta en una pizzería estatal, no le gustan “los hombres pajuatos, ésos que regalan flores y leen poemas. A mí me gusta tener un macho al lado que de vez en cuando te zarandee y te trate con rudeza. Desde que el mundo es mundo, los hombres son de la calle y los que buscan el dinero. Y las mujeres de la casa”.

Es inconcebible que en pleno siglo XXI haya cubanas, sobre todo jóvenes, que vean como algo normal el machismo y la violencia de género. Susana, ex trabajadora social, reconoce que en Cuba existen mujeres que aceptan que los hombres las maltraten verbal, psíquica y físicamente. Y lo peor, lo aguantan sin alzar la voz.

“En los barrios marginales y en aquellos segmentos de la sociedad donde se ejerce la prostitución, hay venta de drogas y juegos prohibidos, es donde el machismo se exacerba. Pero también existe condescendencia entre las mujeres mayores de 50 años, quienes crecieron con el falso concepto de que las mujeres se deben a sus maridos. Incluso mujeres que condenan el machismo piensan que las feministas a veces se pasan de raya. La violencia de género y el feminicidio ha aumentado en Cuba de manera alarmante. Sobre todo porque es un fenómeno que no se reconoce públicamente y apenas recibe tratamiento informativo en la prensa”, explica Susana.

Carlos, sociólogo, considera que “las condiciones están creadas para que las mujeres en Cuba sin cortapisas exijan sus derechos. Debido al alto nivel educacional y el número creciente de mujeres profesionales, es un buen momento para subir la parada y pedirle al gobierno un nuevo enfoque en el tema de la violencia de género así como leyes acordes al incremento de las agresiones físicas contra el sexo femenino”.

El 21 de noviembre, cuarenta ciudadanas cubanas presentaron a la Asamblea Nacional del Poder Poopular una solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género. A las opositoras y periodistas independientes, catalogadas por el régimen como 'contrarrevolucionarias', descaradamente se les infringen sus derechos.

A la periodista sin mordaza Luz Escobar y a la activista Nancy Alfaya, la Seguridad del Estado les ha impedido salir de sus domicilios y las ha detenido e interrogado sin motivo. Desde hace tiempo, cada domingo impiden manifestarse y hasta han golpeado a integrantes de las Damas de Blanco, movimiento surgido en abril de 2003.

Según un informe de la CEPAL, en 2016 la tasa de feminicidios en la Isla fue de 0.99 por cada cien mil habitantes. Baja, si la comparamos con México, Honduras, Salvador o Guatemala y alta en relación con Perú o Chile. Si damos crédito a la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2016 había 5.052.239 millones de mujeres en el país. Eso representa alrededor de 50 mujeres asesinadas en delitos calificables como feminicidios.

Un ex oficial de la policía aclara que, por lo general, "las denuncias sobre violencia doméstica, acoso o machismo no se toman muy en cuenta, en particular si la denunciante es la esposa. En ocasiones mujeres maltratadas hacen la denuncia y después, cuando se arreglan con su pareja, la retiran. Las sanciones por maltrato son leves, uno o dos años en un correccional. El acoso de un jefe a una subordinada no es sancionado en Cuba. A los que se masturban en espacios públicos se les pone una multa de 60 pesos. Si son reincidentes van a la cárcel un año”.

Olga, contable de una empresa estatal, reconoce que muchas mujeres “sufren acoso por parte de los hombres en sus centros laborales, sobre todo las que trabajan en sectores donde existe la posibilidad de viajar al exterior. Es normal que un superior te proponga sexo a cambio de un ascenso. O te manosee sin tu consentimiento”.

El machismo y la violencia de género son fenómenos preocupantes en Cuba. Se necesita visibilidad por parte de la prensa oficial, leyes más duras y mujeres que no callen y denuncien a sus maltratadores.

Iván García
Foto: Simulación de maltrato. Tomada de Diario Las Américas.

lunes, 27 de enero de 2020

El rey y el vagabundo


La foto no tiene desperdicio. Podría ganar el Pulitzer de este año. El rey Felipe y la reina Letizia caminan sobre los adoquines de la Habana Colonial. Los siguen enguayaberados funcionarios y guardaespaldas, todos de blanco, para diferenciarse del borbón, que va de guayabera azul cielo. A su lado Letizia, sonriente, veraniego escote, zapatos que parecen elegantes alpargatas hechas a la medida. Y de pronto… ¡un perro!

Un indiscreto cánido colado en la instantánea, justamente detrás del Rey que lo ignora, no puede verlo, y algo dice a la Reina con ceño arrugado, como harto del calor y de tanta cola… no la del perro, el mejor amigo, tal vez el único amigo en este lugar. Un funcionario o un agente de la policía política -sutil diferencia-, hace un mohín de disgusto. ¿Va a estornudar o a vomitar? ¿Será a causa del perro intruso, escapado, no perdonado, de la misma naturaleza del holocausto zoonótico?

Cualquier entretenido se preguntaría que hace un rey español por primera vez en Cuba en visita oficial después de 500 años. Pues es fácil. O mejor, lo ha dicho el monarca entre mojitos y comida furtiva en un restaurante privado de la Habana Vieja a los empresarios afincados en la Isla: “No ignoramos las dificultades a las que hacéis frente y que tenemos muy presentes. Nuestras autoridades están trabajando para aliviar su impacto sobre vosotros”. Compete al Rey, jefe de Estado, velar por los intereses españoles en la Siempre Fiel, como hicieron sus mayores durante cuatro siglos y medio.

Los en contra de la visita hablan de traición a la disidencia, y que los reyes han lavado la cara política a la dictadura. Y si bien eso está entre los efectos colaterales, el objetivo principal de su Majestad era asegurar la presencia económica en Cuba; como un cobrador, pero sin frac sin chistera, decirle a los exsúbditos que en España no están muy abundantes para olvidar sus deudas. Sin duda, la aprobación del título III de la Helms-Burton ha puesto a muchos “gallegos” a temblar: hay una justificación adicional por parte de la Isla para demorar los pagos ante el recrudecimiento del llamado bloqueo.

Otra idea deslizada por el Felipe VI es la revitalización de las llamadas Cumbres Iberoamericanas, un foro social de presidentes que en los últimos años ha languidecido por ser, precisamente, hispano-descendientes -la debilidad institucional, el poco fijador democrático.

La última, la Cumbre XXVI, celebrada en Guatemala en 2019, tuvo la presencia de 14 mandatarios, apenas la mitad de los convocados. Siendo la Corona y España los creadores de esta suerte de Commonwealth hispanoamericana o Mancomunidad de Naciones hispanoparlantes -como hubieran deseado muchos intelectuales cubanos en el Siglo XIX- toca al Rey ir al país más díscolo, aquel que sería capaz de “ponerle malo el dao”, y convencerlo, dinero en mano, que es hora de retomar el camino de la cooperación trasatlántica.

Pero Felipe VI o Pedro Sánchez hubieran escogido otro momento: el contraataque foro-paulista ha tenido su primera importante baja en Bolivia, y se acerca, peligrosamente, la pacificación de Chile, el aborto de la insurrección en Colombia, el probable segundo aire de la oposición desleal venezolana, el apagamiento de la insurrección castro-chavista en Ecuador y Perú.

Justamente en las mazmorras del Santiago de Cuba irredento, allí donde el Almirante Cervera hizo galas de obediencia y sacrificó los últimos buques de la otrora Armada Española, ha ido el Rey, que nada lo quiere saber, de José Daniel Ferrer. Difícilmente podrá el gobierno español, por demás bien girado ahora a la izquierda, reparar los daños colaterales hechos al barco de la monarquía española con esta visita que, sin ton, pero con mucho son, no ha recibido más que críticas de las fuerzas democráticas.

Por la parte cubana todo pudo ir mejor, excepto por el perro o los que caminan erectos. El borbón hizo a lo que vino: calmar a los empresarios y traer turismo rosa: las revistas del corazón tienen fotos para rato.

También será muy difícil creerle a la disidencia cubana después que el próximo Alto Representante de la Unión Europea ha visitado el país varias veces y no ha dicho una sola palabra de los arrestos y el desastre socio-económico de la Isla. Josep Borrell es, junto a Sánchez, artífice de este tour real, y son en parte responsables de lo que suceda después de otorgar este cheque en blanco moral al régimen de la Habana.

Poniéndonos en los pies del que hace de presidente, la visita es de una necesidad vital para el desgobierno. No hay lado para el que se vire, que accedan a prestarle dinero. Se lo regalan. Es preferible para evitarse el viaje a la Feria de la Habana, a sudar otra vez bajo 30 grados de temperatura.

Donación de 25 millones para saneamiento y acueductos de los municipios al este de la ciudad -ya habían recibido 51 millones en 2018 para lo mismo-; 50 locomotoras rusas; luces donadas, de uso, por Turín para iluminar Galiano, una de las arterias comerciales que la Involución lleno de sombras chinescas. Y hablando de China, 112 millones, otra vez, para saneamiento y regadíos, a cada cual según su necesidad de higiene.

Aun así, el personaje del presidente tuvo que hacer una escena difícil, la más complicada de su carrera actoral. Fue en el Palacio de los Capitales Generales: enfrentarse como un hombrecito, autoestima mambisa por el piso, al discurso de un rey español que le daba lecciones de libertad y democracia cinco siglos después, sin pedir perdón por el genocidio de Valeriano Weyler en el Siglo XIX.

Aunque el Designado vivió el Obamazo en el Gran Teatro de La Habana en 2016 y nada sucedió entonces, ahora no tiene un máximo líder para cargar las tintas contra el borbón, tras oírlo decir que “es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas y los intereses de nuestros ciudadanos”. No, no hay nadie para escribir algo así como El hermano Felipe o Los Dólares que nos amenazan (esto último para desgraciarle la jugada de las Tiendas Hernán Cortes II).

La foto del Designado, muy cerca del atril del Rey, tampoco tiene desperdicio: ¿será el mismo indiscreto reportero del diario español El País? Quien hace el protagónico parece ajeno, perdido, poker face. El Rey y la Reina no se imaginan cuánto ha tenido que hacer este hombre para que la ciudad parezca digna de sus altezas reales.

Nunca pudieran entender cuanto perro hubo que matar, y cuantos “deambulantes crónicos” (vagabundos) esconder. ¡Vete, Canelo, vete, sale de la foto!, grita alguien por allá detrás. El rey y un perro vagabundo.

Un perro vagabundamente digno: sin casa, pero sin amo. Todo me lo han echado a perder esta gente, suspira él. Y le ordenan no despedir a sus majestades en Santiago de Cuba. Abrumado por el desencanto, a un tiro de piedra, prefiere irse a Caimanera. ¡Ay Miguel! ¡Tan lejos de España, tan cerca de Donald Trump!

Francisco Almagro
Cubaencuentro, 26 de noviembre de 2019.
Foto: Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 20 de enero de 2020

El color de la felicidad



Los primeros secretarios del Partido Comunista en Ciego de Ávila, Holguín, Matanzas, Las Tunas y Camagüey estuvieron durante muchas semanas esperando ansiosamente una llamada de La Habana. El lugarteniente de Raúl Castro, José Ramón Machado Ventura, iba a llamar a uno de esos bellacos para darle la buena nueva de que su provincia había sido elegida sede de las celebraciones por el aniversario 66 del asalto al cuartel Moncada, la escaramuza que dio el pistoletazo de salida el 26 de julio de 1953 a la revolución de Fidel Castro.

Los caciques comunistas de cada provincia cubana que no ha sido recientemente la “sede del 26” temían que les fuera a tocar a ellos recibir el mes que viene a Raúl con todos sus generales y ministros, pintar a la carrera el hospital provincial y la calle central de cada pueblo, en caso de que la comitiva de La Habana fuera a pasar por allí, y preparar un gran acto popular en la “Plaza de la Revolución” de la capital provincial con pioneritos y federadas, cederistas y estudiantes universitarios, cortadores de caña y médicos internacionalistas, a cada uno de los cuales habría que escribirle un discurso y darle un “módulo de ropa”, y encima, también habría que organizar una gala dizque “cultural” en el vetusto teatro local, que también habría que pintar, con declamadores y repentistas, un coro y una orquesta, un grupo de niños disfrazados de campesinos felices bailando el zapateo o el changüí o el sucusucu, y quizás hasta una pareja de bailarines profesionales interpretando esmeradamente, como si estuvieran en Sadler’s Wells, una coreografía con la música de “Julito el Pescador”. Los bailarines no son un problema, siempre se pueden traer de La Habana, pero la pintura está perdida y habría que pedírsela prestada a otra provincia o a las FAR. Y a las FAR hay que devolverle inmediatamente todo lo que presta, esa gente no fía.

Finalmente, fue Federico Hernández Hernández, el primer secretario del Partido Comunista en la provincia despectivamente llamada Granma, quien recibió la llamada de Machado Ventura, su provincia había sido elegida “sede del 26”, aunque el Gran Inquisidor no le explicó por qué, si en realidad no hay nada que distinga a Granma de, por ejemplo, Cienfuegos o Camagüey o Mayabeque, todas exhiben orgullosamente el mismo rampante subdesarrollo. El Buró Político del Partido, al hacer el anuncio oficial, no mencionó nada que Granma hubiera hecho recientemente para merecer ese supuesto honor, solo que fue allí donde se inició la primera guerra por la independencia de Cuba, y también que fue en Bayamo donde se celebró el último acto por el 26 de julio en el que habló Fidel antes de sufrir la extraña enfermedad que lo apartó del poder.

Aparentemente, en opinión del Buró Político, esos dos eventos, el Grito de La Demajagua y el letárgico discurso de Fidel en la Plaza de la Patria de Bayamo el 26 de julio de 2006, tienen la misma significación en la historia de Cuba. Hernández Hernández, al recibir la llamada de Machado Ventura, agradeció el honor que el Buró Político había conferido a su provincia, dijo que el pueblo de Granma estaría a la altura de su compromiso con Fidel y Raúl, y, tras un breve momento de vacilación, preguntó cuánta pintura y cemento le iban a dar. Machado Ventura le respondió que nada. Hernández Hernández tuvo que llamar al Ejército Oriental, y consiguió un poco de cemento y lechada, y Danza Contemporánea de Cuba prometió prestarle algunos bailarines. Todavía no ha conseguido la ropa para los oradores, pero el cacique granmense puede darse por dichoso.

Los secretarios del Partido en las provincias de Matanzas, Ciego de Ávila y Villa Clara también fueron llamados por Machado Ventura, pero para decirles que estaban despedidos, o, en la lengua oficial cubana, que habían sido “liberados de sus funciones” y que se les destinaría “a otras tareas”. La culpa la tiene Fidel, que no pronunció su último discurso en ninguna de esas provincias. Si lo hubiera pronunciado en, digamos, Santa Clara, quizás sería esa ciudad este año la “sede del 26”, el defenestrado Julio Ramiro Lima estaría ahora buscando pintura para colorear los edificios del Parque Vidal, y el granmense Hernández Hernández estaría en su casa viendo documentales sobre Machu Picchu o el elefante asiático en Multivisión.

Desdichadamente, el 26 ya no es lo que era. Antes era una ocasión para que la provincia elegida pretendiera que la pobreza, la corrupción y la incompetencia que asolaban al resto del país la habían mágicamente esquivado a ella. A un habanero, viendo en televisión cuán magnífica era la vida en la “sede del 26”, Guantánamo, por ejemplo, le daban ganas de hacer sus maletas y mudarse a Baracoa o Maisí, donde el socialismo cubano sí había dado exuberantes frutos, no como en la capital, hundida en una montaña de escombros y basura. Al año siguiente, un guantanamero, viendo en televisión los relucientes hospitales y escuelas de Pinar del Río, “sede del 26”, pensaría que allí sí la Revolución había cumplido sus promesas, no como en su propia provincia, donde todavía la mayoría de la población se bañaba con cubos de agua. A Fidel le entregaban una lista de los asombrosos avances económicos y sociales de la provincia escogida, que el Comandante mencionaría, sin esquivar siquiera los más pequeños detalles, durante un interminable discurso.

El 26 de julio de 2006, en Bayamo, Fidel no omitió siquiera una cifra, no se saltó un solo número, con la excepción, comprensible, del número de granmenses que guardaban prisión por motivos políticos, o que habían sido arrestados e interrogados por la Seguridad del Estado, un indicador en el que tal vez Granma no se había destacado tanto como provincia más gusana. Granma, informó el Comandante a la nación, tenía en aquel momento 454 salas de video y una banda de concierto en cada municipio, además de dos infantiles y dos en prisiones. Las escuelas de la provincia tenían 7460 televisores y 5054 computadoras. Las academias de arte Carlos Enríquez, de Manzanillo, y Oswaldo Guayasamín, de Bayamo, habían graduado 171 estudiantes. Se habían completado 350 kilómetros del Acueducto de Manzanillo, y 6.7 kilómetros de la Circunvalación Sur de Bayamo. Tras el paso de un huracán por la provincia, se ufanó Fidel, se había dado a las víctimas 215 331 tejas de zinc y 25 233 colchones.

Granma tenía la tasa de mortalidad infantil más baja del país, 4 niños por cada mil nacidos vivos, era mejor nacer allí que en Dinamarca. El desempleo en la provincia había pasado en solo cuatro años, del 2002 al 2006, de 10.7% a 1.6%, un descenso particularmente abrupto, considerando que en esos años no había cambiado en lo más mínimo el sistema económico de la provincia, no se había descubierto oro en la raíz de la Sierra Maestra ni petróleo en el Golfo de Guacanayabo y Manzanillo no se había convertido en el Hong Kong del Caribe. “Las cosas que aquí señalo son difíciles de creer”, admitió Fidel. En efecto, ni él mismo se las creía.

En el 2012, una desatinada decisión del Buró Político del Partido eliminó la competencia entre las provincias por ser la “sede del 26”. En aquel momento, Machado Ventura dijo que era injusto comparar los índices económicos y sociales de cada provincia, puesto que “ninguna es igual a otra”, algo a todas luces falso, puesto que la pobreza de los habitantes de Sandino es exactamente igual a la de los habitantes de Yateras, la apatía y desilusión de los vecinos de Remedios no es mayor que la de los vecinos de Jiquí.

La “sede del 26” pasó a ser rotativa, a cada provincia le va a tocar alguna vez, por catastrófico que sea su estado, algo que quitó a los secretarios provinciales del Partido su único recurso para evitar ser escogidos, no destacarse demasiado, tener menos computadoras o menos graduados de arte, o menos bandas de música, que las provincias rivales. Por supuesto, ninguno de ellos hubiera querido que Fidel, y luego Raúl, creyera que su provincia era notablemente desastrosa, y ser fulminantemente “liberado” de sus funciones, todos los secretarios del Partido de las provincias quieren ser ministros o miembros del Buró Político, que se los lleven a La Habana y les den casa.

Además, ser la “sede del 26” tenía algunas ventajas años atrás, cuando Machado Ventura podía darle pintura, cemento y cerveza a granel a la provincia escogida. Algunas calles eran reparadas, algunos hospitales que llevaban diez años en construcción eran terminados, algunas escuelas eran pintadas, y sus estudiantes también, del color de la felicidad. Si el 26 salía bien, si Fidel quedaba satisfecho con las celebraciones, el secretario del Partido en la provincia podía comenzar a hacer sus maletas para partir hacia La Habana, o al menos, hacia una provincia más importante que la suya. Pero era un riesgo, Fidel podía notar algo que le desagradara, y ahí mismo se acababan los sueños del cacique local de ser ministro. Algunos secretarios del Partido prefirieron cortar por lo sano, renunciaron a la ilusión de una carrera en la capital y se mantuvieron en sus puestos durante años sin que sus provincias jamás ganaran la “sede del 26”. Y con la pintura que consiguieron pintaron sus propias casas.

El del 26 de julio era un ritual necesario para Fidel, que había abolido la celebración del 20 de mayo, y que había reducido el 10 de octubre a casi completa insignificancia. Fidel necesitaba un día dedicado a la celebración de su propia revolución, no la de Céspedes o la de Martí, y terminó dándose tres, el 26, pero también el 25 y el 27, sin ninguna razón, solo para magnificar el asalto al Moncada como el acontecimiento más importante de la historia de Cuba, más significativo y conmovedor que la proclamación de la República, más que La Demajagua, más que Dos Ríos. Incluso, más que el mismo triunfo de la revolución de 1959, el Primero de Enero.

El triunfo de la revolución, calculó Fidel, fue un acontecimiento confuso e inglorioso, la huida de madrugada de Fulgencio Batista, no el heroico asalto final al Palacio Presidencial de La Habana o al campamento militar de Columbia con el que el Comandante quizás había soñado, una sangrienta batalla que dejara para la historia imágenes imborrables que pudieran ser reproducidas en cuadros, esculturas, portadas de revistas, libros de textos. Puesto que no tenía nada mejor para representar el triunfo de la revolución, la propaganda castrista recurrió a las imágenes de la entrada de Fidel a La Habana, ocho largos días después de la huida de Batista, las imágenes del populacho rompiendo parquímetros el día primero no eran tan inspiradoras como hubiera sido deseable. Además, el triunfo de la revolución coincidía, lamentablemente, con las fiestas de Año Nuevo, no hubiera sido fácil arrastrar a la multitud a un acto político, la gente habría ido de muy mal humor un día de fiesta a escuchar la muela del Comandante, sus peroratas antimperialistas y sus lecciones de historia.

El Primero de Enero era muy inconveniente, pero el Moncada era perfecto. Militarmente, había sido un desastre, un plan mal elaborado y aún peor ejecutado. Fidel no se había cubierto de gloria, se las había ingeniado para escapar dejando atrás a muchos de sus compañeros, y había sido finalmente capturado sin oponer resistencia. Pero si Fidel logró salir de aquella escaramuza con vida, más de sesenta jóvenes murieron en el Moncada, en combate, o ejecutados tras su captura. El Moncada proporcionaba incontables anécdotas de insensato heroísmo, un panteón de sublimes mártires que habrían sido torturados y asesinados con mefistofélica crueldad.

La propaganda del Partido, la historiografía servil y Marta Rojas convirtieron el Moncada en el Gólgota cubano, el antiguo cuartel fue transformado en la basílica mayor de la revolución, dedicada no al culto de Abel Santamaría y sus compañeros asesinados por el coronel Chaviano, sino del gran superviviente, Fidel.

El Moncada estaba en Santiago, una ciudad fiel, no corrupta y traicionera como La Habana, era posible contar con la lealtad de sus habitantes, y que iban a aplaudir a Fidel con rugoso delirio aunque el Comandante se pasara tres o cuatro o seis horas contando tejas de zinc y colchones. Santiago fue llamada “Ciudad Héroe”, ridículamente, como si fuera Stalingrado, y la “cuna de la revolución”, solo para acentuar la diferencia entre ella y la capital, a la que Fidel detestaba, y temía. Finalmente, el asalto había ocurrido en medio del verano, era perfectamente posible ofrecerle a la gente un largo feriado de tres días al final de julio, lo recibirían como un regalo, con jubilosa gratitud, y de todas maneras, muchos cubanos estarían de vacaciones en esa época. No es que se fueran afectar demasiado los planes de producción por los tres días feriados. En verano los cubanos no trabajan aunque no estén de vacaciones.

Desde que Fidel se enfermó, el 26 perdió lustre, aunque Raúl, inevitablemente, lo mantuviera como la principal celebración nacional. Los bailarines que mandan de La Habana no son los mejores, esos están en Sadler’s Wells, los niños del sucusucu ya no lucen tan felices, y la ceremonia política misma ha sido trasladada a las primeras horas de la mañana, para que Raúl pueda regresar a su casa a almorzar. Como Raúl detesta hablar en público, y además, no sabe hacerlo, Machado Ventura ha sido encargado de pronunciar el discurso central del acto del 26, con excepción de los aniversarios quinquenales, que se celebran en Santiago, como el del año pasado, el aniversario 65, del que Raúl no se pudo zafar, pronunció un insufrible discurso con la absoluta convicción de que sería el último que daría en Santiago, cuando llegue el aniversario 70 él estará muerto y todos los santiagueros también.

Poner a Machado a dar el discurso del 26 fue una decisión fatal, no hay nadie menos adecuado que el Gran Inquisidor para arengar a la nación, nadie en el gobierno cubano es más impopular e inspira más visceral aversión, lo mismo entre los ciudadanos sin poder que entre los miembros del Buró Político. En vez de poner a Machado Ventura a hablar, casi sería mejor que le dieran el discurso a Laritza Ulloa para que lo leyera en el Noticiero de Televisión.

Pero Raúl quiere hacer sufrir a los cubanos, ha convertido a Machado Ventura en el orador principal de Cuba, le ha encargado pronunciar los discursos centrales ya no sólo del 26, sino de también de los congresos de las llamadas “organizaciones de masas”, la red de grupos satélites del Partido, la FMC, la CTC, los CDR, la FEU, eventos sin ninguna importancia que sólo sirven para identificar “cuadros” con los imprescindibles vicios de intelecto y carácter, los que más alto griten en el congreso, los que más elocuentemente adulen al dueño del país, para ser promovidos a cargos más altos en sus provincias o, incluso, en La Habana, con casa.

Notablemente, al supuesto presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, no lo han dejado pronunciar el discurso central en el congreso de ninguna de las “organizaciones de masas”, y mucho menos el del 26, que parece reservado para un representante de la generación estúpidamente llamada “histórica”. Sólo lo dejaron hablar en el congreso de la UPEC, porque Machado Ventura se negó, dijo que primero muerto, que prefería que lo “liberaran” y que le fueran asignadas “otras tareas” como ver la programación vespertina de Multivisión, que él no le había dedicado su vida a la revolución para que le hicieran eso.

Seguramente será Machado Ventura el orador principal de este 26 de julio en Bayamo. Su discurso será exactamente igual al que pronunció dos años atrás en el 26 de Pinar del Río, lo único que tiene que hacer es cambiar las cifras de mortalidad infantil, desempleo y médicos internacionalistas de una provincia por los de la otra, puesto que a la sección sobre la solidaridad de Cuba con la sangrienta Venezuela de Nicolás Maduro y a la dedicada a recordar a Fidel no hay que cambiarles ni una letra.

Hernández Hernández, el cacique granmense, también tendrá que decir algo, pero no ha podido empezar a ensayar su discurso porque todavía no se lo han mandado desde La Habana. De momento, Bayamo es un hervidero de rumores, algunos claramente disparatados. Algunos dicen que Yomil y el Dany van a dar un concierto. Otros dicen que no, que Descemer Bueno. Hay incluso un rumor de que van a dar pescado. También se dice que la Seguridad del Estado va a hacer una recogida de miembros y simpatizantes de la UNPACU y otros grupos opositores activos en la provincia, no van a dejar que ni uno solo de ellos se acerque a la Plaza de la Patria de Bayamo el 26 de julio. Este último no es un rumor, es verdad. Hay una lista. Abel no murió para esto.

Juan Orlando Pérez
El Estornudo, 25 junio de 2019.
Foto: 26 de julio de 2019 en Bayamo. Tomada de Cubasí.
Leer también, del mismo autor: El discurso y El problema es la gente.

lunes, 13 de enero de 2020

Crisis económica en Cuba no afecta a la Seguridad del Estado



Hace poco más de un año, un tren cargado con contenedores de cerveza, latas de atún y bolsas de leche en polvo se descarriló en una zona del municipio Boyeros, muy cerca de la Universidad José Antonio Echevarría.

Además de los investigadores y peritos del Departamento Técnico de Investigaciones, oficiales del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) confirmaron que el accidente había sido intencional, para robar alimentos, y no contó con la participación de ‘elementos contrarrevolucionarios’.

En los diversos incendios acaecidos en tiendas e instituciones de Comercio Interior en el país y en la central telefónica de Santa Clara, capital de la provincia Villa Clara, a 270 kilómetros al este de La Habana, también los servicios especiales corroboraron que no fueron siniestros planificados.

En Cuba, en cada centro de trabajo, ministerio e instituciones, un oficial del DSE supervisa cualquier manifestación disidente. En las embajadas cubanas en el exterior, misiones de trabajo en el extranjero o en un buró de turismo, dentro o fuera de la isla, en sus nóminas tienen funcionarios de inteligencia capacitados en la búsqueda de información y reclutamiento de agentes.

La inteligencia y contrainteligencia verde olivo está en todas partes. No es un mito. Y de todo se ocupa: desde investigar en una terminal de ómnibus urbanos cómo se roba el combustible hasta indagar en una escuela preuniversitaria las interioridades de los nuevos teams juveniles que han surgido en el país. Y al igual que en China o Rusia controlan el tráfico de internet y las redes sociales.

Según un ex oficial de la Dirección General de Inteligencia (DGI), “los servicios especiales buscan reclutar a las mentes más brillantes entre los estudiantes universitarios. No importa la carrera que cursen. Tienen bajo su mando a brigadas de informáticos y especialistas en software y nuevas tecnologías. Si un informático en Cuba logra penetrar un sistema operativo, por ejemplo de Apple, Microsoft o desencriptar WhatsApp, ponle el cuño que la Seguridad intenta reclutarlo. A pesar del atraso tecnológico de la sociedad cubana, cuentan con herramientas avanzadas para trabajar en la red. Los nuevos convenios con Rusia y China, les ha permitido no quedarse atrás en el sector de las nuevas tecnologías. Y ahora mismo están más capacitados de lo que la CIA supone”.

La capacidad de análisis y de recolección de información de los servicios especiales cubanos se encuentra entre las mejores del mundo. La cantidad de recursos que utilizan son ilimitados.

El ex oficial jubilado cuenta que a finales de los años 80, la DGI tenía en plantilla “a miles de espías de todo tipo en el mundo y los utilizan como agentes dobles o agentes de provocación o influencia. Las embajadas cubanas, como las de otros países, son auténticos nidos de espías. Y las misiones internacionalistas posibilitan introducir agentes para recopilar información concreta de opositores, empresarios o comprar a funcionarios corruptos”.

Preguntado si las conjeturas del gobierno de Donald Trump sobre la presencia de agentes de inteligencia en Venezuela, Bolivia y Ecuador son infundadas, el ex oficial asegura: “Estados Unidos es el mayor recolector de información del planeta, ya sea por vías tecnológicas o humanas. Y, por supuesto, saben de primera mano (los americanos, rusos y chinos también lo hacen), que los cubanos aprovechan las misiones en el exterior para además de buscar información, venido el caso, subvertir el orden establecido”.

Diversos libros, documentos desclasificados y oficiales de inteligencia que desertaron han contado el alcance y capacidad de penetración de los servicios especiales cubanos en America Latina y los Estados Unidos.

Una doctora que prestó servicio en Venezuela, explica “que desde que llegas a Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas, las autoridades cubanas te retienen el pasaporte para intentar frenar una posible deserción. Leí el artículo del New York Times sobre los médicos cubanos en Venezuela y es verdad que en todas las brigadas hay personajes sospechosos que nadie sabe de dónde salieron que controlan el trabajo de las misiones y advierten lo que debemos hacer en cada caso. Al igual que en Cuba, inflábamos la cifras de pacientes que atendíamos y las estadísticas. En mi caso específico, que trabajé en una zona donde la oposición a Maduro era muy grande, el compañero de la Seguridad de la brigada siempre quería información y detalles sobre las personas que yo atendía”.

Personas consultadas para este artículo que cumplieron misiones en el exterior afirman que siempre hubo presencia y control de la Seguridad del Estado. “Ellos no conviven con nosotros. Llegan un día y merodean por tu puesto de trabajo. Tienen autorización para estar en cualquier sitio. Todos los que han trabajado en misiones en el extranjero saben que hay oficiales de la Seguridad supervisándonos. Lo que hacen uno no lo sabe. Pero es evidente que además de controlar las posibles deserciones, se dedican a buscar otro tipo de información. Donde más notoria es la presencia de oficiales de la Seguridad es en Venezuela. Están en todas partes”, asegura un técnico de la salud que prestó servicio en varias misiones médicas.

El ex oficial retirado de la inteligencia afirma que “debido a los nexos con sindicatos, lideres e intelectuales de izquierda, la presencia de los servicios de espionaje cubanos es bastante activa en el continente. En Bolivia y Ecuador, gracias a la connivencia cuando gobernaba Evo Morales y Rafael Correa, la Seguridad tuvo una fuerte presencia y bases operativas instaladas. Venezuela es punto y aparte. Las directrices de muchas operaciones políticas y de inteligencia pasan por La Habana. Pero en países como Canadá, España y Estados Unidos también la inteligencia tiene una participación activa, sobre todo en el mundo académico. Cualquiera se preguntará para qué el gobierno cubano necesita tanta información. La respuesta es simple: para venderla al mejor postor”.

Dentro de la Isla, la Seguridad del Estado tiene un esquema de trabajo que abarca a todos los organismos, empresas o proyectos emprendidos por el régimen. Hay secciones para enfrentar a la disidencia y también para fiscalizar a cada uno de los ministerios.

Probablemente la sección con mayor número de oficiales es la que controla a los gobernantes. Excepto Raúl Castro, todos los funcionarios en Cuba están bajo vigilancia. Desde un ministro cualquiera hasta el propio presidente.

Iván García
Foto: La sede del Departamento de Seguridad del Estado, más conocida como Villa Marista, radica en San Miguel y Mayía Rodríguez, Reparto Sevillano, en el municipio habanero de Diez de Octubre.
Leer también: Columna vertebral de la represión.

lunes, 6 de enero de 2020

De las ilusiones perdidas



Desde que en enero de 1959 llegó al poder, Fidel Castro se empeñó en desbaratarlo todo.

Eliminó muchas costumbres y creó otras. Arbitrariamente cambió fechas: los carnavales ya no se celebrarían en febrero, sino en julio. Y los niños no tendrían más juguetes el 6 de Enero, si no también en julio, en un artificial Día de los Niños por él creado.

¿Qué había ocurrido en julio para ser escogido el mes más importante del calendario revolucionario cubano? Nada más y nada menos que el asalto a un cuartel militar, en Santiago de Cuba, con víctimas mortales en uno y otro bando, el 26 de julio de 1953. Un hecho sangriento se convirtió en el centro de tres días de festejos. Desde entonces, el 25, 26 y 27 de julio es el feriado más largo de los cubanos.

A partir de marzo de 1962, cuando el gobierno implantó dos libretas de racionamiento, una de alimentos y otra de productos industriales, los padres que deseaban mantener la tradición de los Reyes Magos se las vieron negras, a no ser que tuvieran familiares en el exterior, fueran habilidosos en la fabricación de juguetes o les quedaran algunos de su infancia.

Un año antes, en abril de 1961, el propio Fidel Castro había proclamado el carácter socialista de la revolución. Y para que la niñez cubana volviera a tener con qué jugar, la solución fue estatal y equitativa: todos los menores de 0 a 13 años tenían derecho a un juguete básico y dos adicionales. Una vez al año, en el mes de julio: por la libreta de "productos industriales" y en la tienda asignada por el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN).

El método inventado por los burócratas del MINCIN peor no pudo ser: había que llamar por teléfono a la tienda que a uno le correspondía, casi siempre cercana al domicilio. Desconozco las cifras de entonces, pero en la década de los 60, era bajo el número de hogares con teléfono, por lo que una gran cantidad de personas teníamos que acudir a vecinos con conexión telefónica. Y a su amabilidad, toda vez que uno podía pasarse horas tratando de comunicar para reservar un turno de compra.

A cada tienda le asignaban equis número de clientes e igual cantidad de juguetes básicos y adicionales. Una muestra de ellos, con sus correspondientes precios, había que mostrarlos en las vidrieras con una o dos semanas de anticipación, para que niños y padres tuvieran idea de lo que en ese comercio podían adquirir.

A nosotros siempre nos tocó comprar en La Casa Mimbre, en Monte entre Romay y San Joaquín, Cerro, al doblar de nuestra casa. Mis dos hijos nunca tuvieron los juguetes deseados, porque el turno telefónico de compra nunca lo conseguí para el primer ni segundo día, sino para el tercero o el cuarto, cuando ya habían sido vendidos los juguetes más atractivos. Solía ocurrir que en otras tiendas quedaban los juguetes que mis hijos querían, pero como no era la asignada, teníamos que conformarnos con nuestra mala suerte.

Pese a lo desastroso del sistema 'rinrin' , el MINCIN volvería acudir a él en los años 70, para hacer reservaciones en restaurantes, cafeterías y pizzerías de la capital.

Ya no existe la libreta de productos industriales ni hay que llamar por teléfono para un turno con derecho a comprar tres juguetes por cada menor de edad registrado en las antiguas Oficodas, oficinas de control y distribución de alimentos.

El límite ahora es la moneda dura: los niños cuyos padres poseen cuc (pesos cubanos convertibles) o dólares, serán los que tendrán juguetes de Santa Claus o de los Reyes Magos. O de los dos. Los otros, tendrán que conformarse con verlos en las tiendas recaudadoras de divisas.

Tania Quintero
Publicado el 6 de enero de 2014 en mi blog.
Foto: Portada de Carteles, revista fundada en La Habana en septiembre de 1919, el último número salió el 31 de julio de 1960. Tomada del blog My Cuban Traumas.