lunes, 25 de marzo de 2019

El poder del castrismo (II y final)


El relieve alcanzado por el coronel Alejandro Castro Espín en el escenario político-económico de Cuba, también lo ha dejado en una posición riesgosa que tal vez lo haya puesto en el punto de mira de quienes han perdido influencia política y poder económico a raíz de los cambios raulistas, incluso al interior de las propias Fuerzas Armadas (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT, donde no han desaparecido las pugnas entre facciones “leales” y “desleales”.

Una de las teorías sobre las posibles causas de los “ataques acústicos” a funcionarios de las embajadas de Estados Unidos y Canadá en La Habana, según una fuente del MININT, apuntaría a la existencia de una facción “desleal” dentro de los organismos militares que busca sacar a Castro Espín del juego de poder. Supuestamente habría sido realizado por un grupo dentro del propio gobierno que planificó los ataques o permitió que sucedieran con el propósito de hacer rodar algunas cabezas.

Según esa fuente, al caer la máxima responsabilidad de los ataques sobre el Departamento de Defensa y Seguridad Nacional, Raúl Castro se vería en la obligación de destituir a su jefe superior, es decir, a su hijo Alejandro, y prescindir de su presencia en los futuros diálogos con Estados Unidos, dando paso a otros oficiales no vinculados al círculo familiar y que encauzarían los intercambios diplomáticos hacia otras cuestiones. Pretendían así causar una ruptura sensible en un tejido que a Raúl Castro le ha llevado años tejer a la sombra del hermano.

Los años 2006-2011 quedarán definitivamente no solo como un período importante en la configuración del esquema político cubano actual donde las empresas militares absorben aquellos objetivos económicos más estratégicos, de acuerdo con un modelo enfocado en la atracción de capital foráneo, sino que también rediseñará el lugar de los actores en un escenario muy diferente al concebido por Fidel Castro.

Nombres como los de Marino Murillo Jorge, Alejandro Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, aunque a veces ocultados tras la fachada de los organismos que dirigen, comienzan a ocupar modestos espacios en la prensa, en los informes y declaraciones oficiales y extraoficiales. En tal esquema, algunos actores cumplen una mera función presencial. Son los ejecutores de un plan concebido por figuras a la sombra del poder que, a diferencia de aquéllos, jamás son removidos o cambiados de lugar.

Mientras Marino Murillo, por ejemplo, va asumiendo diversos roles visibles en el gobierno, mayores o menores, desde 2009 hasta el presente (asesor, ministro, más un largo etcétera de otras funciones dentro de la economía), otra figura menos mencionada por la prensa oficialista o casi nunca reflejada en los informes de gobierno, como la del general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas se ha mantenido en sus funciones desde principios de la década de 1980. Incluso ha ido sumando responsabilidades que trascienden el ámbito de las FAR, al integrar el Comité Central del Partido Comunista de Cuba durante el período raulista.

Precisamente ha sido el modelo económico creado y ensayado por los generales Julio Casas Regueiro y Luis Alberto Rodríguez Lopez-Callejas, dentro del V Departamento Ecónomico de las FAR y en GAESA el que ha sido tomado como referencia para la creación de los Lineamientos que regirán la economía cubana en los próximos años. Un modelo que, según han reconocido funcionarios vinculados al proceso de implementación, poco o nada se debe al ingenio de Murillo, cuyo papel, magnificado por la prensa con toda intención, se pudiera comparar a la de un simple presta-nombre: de ahí los sucesivos cambios de responsabilidades, en comparación con la sorprendente y veterana estabilidad de López-Callejas.

Dentro de las estructuras económicas que se han mantenido en las sombras, sobre todo aquellas que fueron ensayadas durante la crisis del período especial, en los años 90, posterior a la caída del socialismo en Europa del Este y la desarticulación de las redes de contrabando establecidas entre narcos de la región y oficiales del MININT que ingresaban capital considerable a las arcas del Estado, una estabilidad similar es la que muestra Guillermo Faustino Rodríguez Lopez-Callejas, hermano de Luis Alberto. No existen noticias sobre él en la prensa nacional y su nombre apenas aparece en un par de artículos sobre el escándalo de los Panama Papers que lo relacionaban con una serie de empresas off-shore incorporadas por Mossack & Fonseca, en 1991 y hasta 1999, en Islas Vírgenes Británicas e Islas Caicos, entre otras

Aunque nombres como los de Francisco Soberón Valdés, quien fuera presidente del Banco Nacional de Cuba, y otros altos funcionarios, también aparecen en documentos que los identifican como directores de otras off shore, por esas mismas fechas, el de Guillermo Faustino Rodríguez López-Callejas es de los pocos que se ha mantenido apareciendo en documentos similares, e incluso se muestra un incremento de su participación a partir de 2007, es decir, en el mismo comienzo del período de mandato provisional de Raúl Castro (2006-2008).

CUVENPETROL S.A., una empresa mixta entre CUPET S.A. y PDVSA, donde Cuba es socio mayoritario, al igual que TRANSPORTES DEL ALBA-TRANSALBA, TROCANA WORLD INC. y TOVASE DEVELOPMENT están registradas bajo administración (director/presidente) de Guillermo Faustino Rodríguez López-Callejas quien ya, en su momento, atendiera asuntos de las navieras desde el Ministerio de Transporte. Fue precisamente durante este período de transformaciones económicas impulsadas por Raúl Castro que se hicieron las mayores inversiones en este tipo de empresas. Tan solo TROCANA WORLD INC. y TOVASE DEVELOPMENT CORP., filiales de PDVSA América S.A., adquirieron buques por el valor de unos 60 millones de dólares, según datos de PDVSA.

Pudiera afirmarse que el período de mandato de Raúl Castro ha significado un mayor empoderamiento de su círculo más íntimo, basado en la transformación y enmascaramiento de las estructuras de poder creadas por Fidel Castro, de modo que, para un análisis del funcionamiento real de estas estructuras, se deberá tener en cuenta la existencia de actores públicos, por una parte, y personajes tras bambalinas, por otra. Y quienes sin estar a la cabeza, regirán las políticas del futuro mandatario que se elija en Cuba así como las instituciones gubernamenales, en una ilusión de democracia socialista.

El modelo familiar empleado por Raúl Castro no es novedoso, aunque por vez primera y de manera visible, muestra una peligrosa transformación en las estructuras de gobierno, que le permitirían a la familia de Raúl Castro mantener el control total por un buen tiempo aun cuando nominalmente ya no sea el presidente de la nación. Evitarían así el empoderamiento de las facciones “desleales” que existen dentro del propio régimen.

Ulises Fernández
Cubanet, 4 de enero de 2018.
Foto: Alejandro Castro Espín saludando a Barack Obama en marzo de 2016 en La Habana. Tomada de Cubanet.

lunes, 18 de marzo de 2019

El poder del castrismo (I)



A pesar de que las estructuras de poder en Cuba, atendiendo a cómo fueron establecidas en la Constitución de 1976, pudieran parecer muy claras, el funcionamiento y rol de los actores políticos es un verdadero enigma tanto fuera como dentro de Cuba.

Como en todo sistema político, existen relaciones de influencia que determinan un esquema de poder real muy diferente al que pudiéramos considerar como “nominal” y es artificial. El secretismo, debido a la falta de una ley de transparencia y acceso a la información, vuelve demasiado complejo que se pueda saber qué influencia en el poder central tiene cada sujeto.

Esto provoca que se incrementen rumores y chismes sobre la presencia de un número significativo de miembros del círculo familiar de Raúl Castro Ruz en las principales empresas, instituciones gubernamentales y organismos de la administración central del Estado, sin realmente ofrecernos información sustancial.

Situados los principales componentes del poder en Cuba en un modelo similar al de nuestro sistema solar, donde Raúl Castro sigue siendo el centro, alrededor del cual gravitan los demás actores políticos, recibiendo de este mayor o menor grado de influencia y, por tanto, poder de control, decisión y ejecución, el resultado es totalmente diferente y quizás mucho más complejo.

A pesar de la ausencia de información por parte de las instituciones y manteniendo la sana distancia de lo que se conoce, es posible determinar lo que pudiéramos describir como una escala de poder cuyo valor máximo es el general de ejército Raúl Castro, mientras el mínimo serían aquellas personas sin ningún tipo de oportunidad esencial para transformar esa armazón, es decir, los cubanos de a pie que no están organizados.

Bastaría con atender, en principio, a cómo tanto la prensa oficial como las informaciones emitidas por el gobierno han establecido jerarquías a las cuales se subordinan aquellas reconocidas por la Carta Magna o ya señaladas mediante resoluciones y leyes por el aparato de administración político-económico.

Un ejemplo de esto pudiera ser el tratamiento dado en la prensa estatal y en los comunicados oficiales a Alejandro Castro Espín, una figura que en los últimos años ha ido ascendiendo en la escala de poder hasta situarse en el mismo centro.

Si antes de 2005 apenas era mencionado en los medios de prensa, con excepción de Cubadebate, donde colaboraba regularmente con artículos de análisis y era presentado como “Doctor en Ciencias Políticas e investigador social”, “Ingeniero”, “Master en Relaciones Internacionales e investigador en temas vinculados a la Defensa y Seguridad Nacional”, ya para marzo del 2015 sus credenciales, en blogs oficialistas y páginas digitales administradas por el gobierno, como Cuba Información TV, lo presentan como “hijo de Raúl Castro y Vilma Espín” y se dice de él que “colabora en tareas de gobierno en la compleja misión de seguir desarrollando la Revolución cubana en medio de una aguda crisis internacional”.

Sin embargo, hasta ese momento ningún medio le adjudicaba una función dentro del aparato gubernamental que no sea otra que “colaborador”. No será hasta un mes después, el 11 de abril de 2015, cuando un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) anuncia que Alejandro Castro Espín había acompañado al canciller Bruno Rodríguez Parrilla a la VII Cumbre de las Américas, celebrada en Panamá, como “miembro de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional”. Seis meses después, el propio MINREX es quien por vez primera, de manera pública, lo nombra como “asesor para asuntos de Seguridad Nacional”, según se refleja en la nota del 29 de septiembre de 2015, que informa sobre el encuentro de Barack Obama y Raúl Castro en Nueva York.

Si su peso en el manejo de las conversaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos sorprendió a algunos, no solo por su abrupta aparición en la escena de la alta política sino, además, por el protagonismo que le restaba al canciller cubano que, según la nota emitida por el propio MINREX, necesitaba del auxilio de un “asesor” en temas de seguridad nacional, basta con recordar que tal asesoría por parte de un militar perteneciente al círculo familiar de Raúl Castro no es algo nuevo en el esquema de poder cubano.

Con anterioridad, como han confirmado fuentes vinculadas a la oficina del ministro de Relaciones Exteriores, tal papel de “asesor” de la Cancillería hubo de corresponderle al recientemente fallecido general Guillermo Rodríguez del Pozo, emparentado con Raúl Castro por ser el padre de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas y, por ende, abuelo paterno de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, escolta de su abuelo Raúl Castro y actual jefe de la Dirección General de Seguridad Personal, en sustitución del General Humberto Omar Francis Pardo (nombrado por Fidel Castro).

Es válido recordar que una de las primeras decisiones tomadas por Raúl Castro, tras sustituir oficialmente a su hermano enfermo, fue desintegrar toda la estructura de poder recibida en herencia. En marzo de 2009, Raúl Castro no solo destituye a todos los posibles sucesores que había adiestrado Fidel, entre ellos el vicepresidente Carlos Lage Dávila, sino también al canciller Felipe Pérez Roque, quien es sustituido inmediatamente por Bruno Rodríguez Parrilla, proveniente de una familia muy cercana a los Castro desde los inicios de la revolución.

El actual canciller cubano es hijo de José María Rodríguez (que ocupara diversos cargos en el gobierno como Director de la Oficina de la Propiedad Industrial), sobrino de Carlos Rafael Rodríguez (vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros hasta 1997) y primo de Dania Rodríguez García-Buchaca, esposa del fallecido General Julio Casas Regueiro, quien fuera designado por Raúl Castro como su sucesor en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En esta decisión tuvo un papel fundamental Casas Regueiro, principal arquitecto del Grupo Empresarial de las FAR (GAESA) y el mentor para asuntos económicos desde 1981, el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl en aquel momento, y actual presidente ejecutivo de GAESA, jefe del V Departamento Económico de las FAR y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Un esquema que se complica aún más cuando se establecen los vínculos entre estas figuras más visibles y aquellas otras que realizan su trabajo prácticamente en las sombras, como es el caso de Guillermo Rodríguez López-Callejas, hermano de Luis Alberto, presidente ejecutivo de un buen número de empresas off-shore, algunas relacionadas con el escándalo de los Panama Papers, con el trasiego de mercancías y, sobre todo, de combustible de la petrolera estatal PDVSA entre Venezuela y Cuba.

En este mismo orden, pudiera tenerse en cuenta, cómo ha quedado organizado el tablero de juego antes, durante y después de ser anunciado el proceso de normalización diplomática entre Cuba y los Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014. Y cómo el mismo sistema ha venido sufriendo variaciones constantes desde que Fidel Castro traspasara el poder a su hermano Raúl y éste comenzara a realizar transformaciones económicas, en gran medida radicales, basadas en la experiencia del sistema empresarial de las FAR, lo cual ha traído nuevos componentes al principal círculo de influencia de Raúl Castro. O para ser más exactos, ha develado rostros anteriormente ocultos.

Entre 2006 y 2008, coincidiendo con el período de mandato provisional de Raúl Castro, se comenzaron a dar variaciones en las estructuras de gobierno que van desde lo discreto, en el orden de lo económico, hasta lo verdaderamente telúrico en el reacomodo de figuras en la élite de poder.

Si la coyuntura del escándalo de 1989 (Arnaldo Ochoa-José Abrantes) le permitió a Raúl Castro ampliar su área de influencias hasta el Ministerio del Interior, al lograr colocar a altos oficiales de las FAR en los puestos vacantes dejados por la purga realizada por Fidel Castro durante las llamadas Causa 1 y 2 de 1989, el traspaso de poder de 2006-2008 le dio carta blanca para demoler prácticamente todo el aparato de apoyo de su hermano.

No solo desaparece el denominado Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe, integrado por un número considerable de “tanques pensantes”, también sale del juego José Luis Rodríguez García, ministro de Economía y Planificación que será sustituido por Marino Murillo Jorge, el Zar de las reformas, anteriormente ministro de Comercio Interior, sino que desaparecen otros actores políticos (algunos muy vinculados a la administración y movimiento de grandes reservas y recursos estatales como Otto Rivero, al frente de la Batalla de Ideas, que hasta ese momento despuntaban como favoritos, algunos mediante acusaciones de deslealtad, con lo cual se hizo evidente la existencia de facciones en pugna dentro del aparato de gobierno y del PCC.

Entre los cambios introducidos por Raúl, tienen un gran peso aquellos relacionados con el impulso de un modelo económico que, si no resulta opuesto diametralmente al concebido por Fidel, en esencia extiende e implementa, hacia toda la economía, los experimentos de las instituciones militares, en su mayoría agrupadas en el sistema empresarial del Grupo GAESA, y es cuando comienza a ganar relieve la figura de Alejandro Castro Espín, anteriormente jefe del Departamento 50 del MININT, que atendía asuntos de corrupción y delitos económicos, una posición tan estratégica como peligrosa que le ha permitido dominar volúmenes de información indispensable para realizar movimientos de actores económicos dentro de la esfera política basados en la confiabilidad.

Para conseguir tal objetivo es posible interpretar la designación, como Ministro de las FAR, del general de división Julio Casas Regueiro, así como el cambio en las subordinaciones de las instituciones estatales al aparato de gobierno, donde juega un papel supervisor el actual Departamento de Defensa y Seguridad Nacional, que tiene su representación en cada uno de los ministerios y se alza sobre la figura del ministro, convirtiéndose en una estructura de control que no existía durante el mandato de Fidel Castro y que alcanza a ser mucho más visible desde 2011, cuando comienzan a darse los primeros pasos para una normalización de las relaciones con los Estados Unidos.

En noviembre de 2012, en entrevista a Russia Today, Alejandro Castro Espín ya se toma la libertad de hablar de la posibilidad de un diálogo con los Estados Unidos. Según sus propias palabras: un diálogo “que vendrá”. También es una entrevista en la que, refiriéndose a los Estados Unidos, Castro Espín curiosamente pareciera describir un esquema de poder que ya se venía gestando en Cuba: “Las decisiones vienen desde atrás, del estamento de personas que, en definitiva, tienen el poder real en esa nación. Es decir, la clase política y la clase empresarial son las que tienen realmente la capacidad de decisión, a partir de su poder económico”.

Ulises Fernández
Cubanet, 2 de enero de 2018.
Foto: Raúl Castro y los comandantes Ramiro Valdés y Guillermo García. Detrás, en el centro, con gafas, Alejandro Castro Espín, a su izquierda su sobrino Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y escolta de su abuelo Raúl. Tomada de Cubanet.

La segunda parte, en este blog, el lunes 25 de marzo.

lunes, 11 de marzo de 2019

Cuba y su pasado subversivo



Con 70 años a cuestas, más de cien kilogramos de peso e innumerables achaques de salud, Enrique, un mulato con pinta de jugador retirado de fútbol americano, aún extraña aquellos tiempos de dormir solo cuatro horas en una unidad militar al este de La Habana, colindante con la playa de Guanabo, donde ejercía como instructor de explosivos.

Cuenta que capacitó a cientos de guerrilleros colombianos, nicaragüenses, salvadoreños y venezolanos en el uso de coches-bombas y el uso de explosivos en la lucha urbana. “Los principales jefes de las guerrillas de América Latina se adiestraron en Cuba. Desde Marulanda a Carlos El Chacal. Fidel creía que la guerra de guerrillas se podía extrapolar a América Latina y África. La revolución cubana estaba asediada, cualquier táctica era válida. Ahora pienso diferente, pero en aquella época pensaba que el imperialismo yanqui tenía sus días contados”.

Según el ex instructor militar, los secuestros de personas, robos de bancos y tráfico de drogas eran tácticas para recaudar dinero. “Napoleón dijo que la guerra es dinero y más dinero. Los ataques terroristas que causaron miles de civiles muertos en Colombia, no debieron suceder. Uno adiestra a la gente para que ejecute esas acciones en objetivos militares. Luego, muchos de esos grupos hicieron los que les dio la gana”, afirma Enrique.

Aunque públicamente Fidel Castro condenó algunos actos terroristas de las guerrillas colombianas, en privado siempre los apoyó. Los muertos civiles eran daños colaterales. Cuando algún día se abran los archivos secretos del Estado se podrá investigar más a fondo hasta dónde el castrismo estuvo involucrado en subvertir el orden en América Latina.

Altos oficiales cubanos que han desertado, ex guerrilleros latinoamericanos y documentos desclasificados por los servicios especiales de Estados Unidos, permiten demostrar el alto grado de participación del gobierno de La Habana en los focos guerrilleros de El Salvador, Nicaragua y Colombia.

El pretexto de Castro para exportar la revolución al continente fue la expulsión de Cuba de la OEA en 1962. En las décadas de 1960 y 1970 los servicios secretos de la Isla estuvieron involucrados en la mayoría de los sucesos subversivos en la región. Algunas de esas tácticas son cuestionables. Como los asaltos a bancos, extorsión a empresarios, secuestros a ciudadanos inocentes con el objetivo de cobrar un rescate y traficar con armas y drogas para mantener activas las operaciones guerrilleras o de lucha urbana.

Fidel Castro creó una sección de inteligencia, conocida como Departamento América, que dirigía el comandante Manuel Piñeiro, alias Barbarroja, enfocada exclusivamente en las operaciones subversivas del continente.

Excepto México, que mantuvo relaciones diplomáticas con la autocracia verde olivo, el resto de los países latinoamericanos fueron desestabilizados o sirvieron como bases de operaciones para la inteligencia cubana.

El atroz atentado terrorista del ELN en Bogotá es un remanente de aquella etapa. Tanto las FARC como el ELN tenían el apoyo logístico, financiero y militar del régimen de La Habana.

En el ELN, un grupo con influencia católica y marxista, la mayoría de sus líderes pasaron cursos políticos y militares en Cuba. En 1991, dos años después de la caída del Muro de Berlín y cuando era inminente la desaparición de la URSS, la compleja situación financiera y económica de la Isla obligó a Castro a cambiar de estrategia. Y se pasó de la guerra armada a competir en las urnas de las ‘asquerosas democracias burguesas’.

Varias veces se reunió en La Habana con altos mandos de la FARC y el ELN, intentando persuadirlos de que el único camino posible era negociar la paz en Colombia a cambio de participación política. Algo que ya había puesto en práctica el M-19, otro engendro amamantado por la dictadura cubana.

Aunque Colombia jamás le declaró la guerra a Cuba por la descarada injerencia, todos los presidentes de esa nación, de una forma u otra, han sido rehenes de los hermanos Castro en la gestión de la paz en su país.

Raúl Castro, presidente elegido a dedo por su hermano en julio de 2006, no es ni un demócrata ni un pacifista. Pero sí un tipo pragmático. Su plan es mantener el statu quo, renunciar a la subversión, negociar con Estados Unidos un nuevo trato y abrir las inversiones extranjeras a la Isla. Apuesta por un capitalismo de Estado con gerencia militar.

El ELN era cosa del pasado. Pero a los camaradas de viaje no se les traiciona sin un motivo de fuerza mayor. Según un ex diplomático cubano, “es muy difícil que los dirigentes del ELN que se encuentran en La Habana no supieran de antemano de esa operación. El alquiler de la camioneta donde colocaron los explosivos en la escuela policial de Bogotá se hizo en mayo del año pasado. Por lo menos uno de ellos tenía que conocer sobre ese atentado, pues aunque se estaba negociando la paz con el gobierno de Santos, las operaciones de guerra por ambas partes no se habían detenido y las negociaciones con Duque estaban en un punto muerto”, indica y añade:

“La pregunta es si el gobierno de Cuba conocía del plan. La inteligencia cubana tiene oídos dentro del ELN. Aunque ya el grado de eficiencia no es el mismo. Los sucesos del buque norcoreano y los supuestos ataques sónicos que afectaron la salud de diplomáticos estadounidenses y canadienses me hacen sospechar que existen fisuras y diferencias dentro de las estructuras de poder. Hay tres escenarios posibles: uno, el régimen lo conocía y dejó que pasara, pensando que serviría para negociar la paz con Duque en una mejor posición. Dos, no lo conocían. Tres, utilizaron el golpe para apaciguar el tema de Venezuela donde Colombia es un actor importante por las denuncias a Maduro”, subraya y concluye:

“En cualquiera de las tres opciones, Raúl Castro (aquí Díaz-Canel ni pincha ni corta) sabe que ese atentado puede traer reacciones perjudiciales no solo en las relaciones con Colombia, que tal vez desde el punto de vista de Cuba, sea el mal menor, sino que abre una puerta para que Estados Unidos pueda volver a insertar a la Isla en la lista de naciones que apoyan el terrorismo. Creo que la única respuesta coherente del gobierno cubano es, muy discretamente, montar en un avión a esa gente hacia cualquier parte. Una jugada de sacrificio”.

Las más de 200 mil víctimas del conflicto colombiano han recibido el perdón de los paramilitares, el gobierno y las FARC. Pero el régimen de los hermanos Castro nunca se ha disculpado públicamente. Ya es hora que lo haga.

Iván García
Foto: Guerrilla del M-19 en Colombia. Tomada de Aquellas guerrillas, aquellos guerrilleros.

lunes, 4 de marzo de 2019

La cruz de Jesús del Monte



El lateral de los grandes camiones de acarrear escombros les sirve a un grupo de personas que recogen desechos para guarecerse del sol de mediodía. Sentados en el contén de la acera almuerzan en cajas de cartón arroz congrí, boniato hervido y una salchicha picada en pequeños trozos.

Las callejuelas interiores del Consejo Popular Jesús del Monte, estrechas, onduladas y empinadas aún se ven polvorientas, hay trozos de cascotes de concreto apilados en las aceras y arbustos desgajados como si una severa sequía los hubiera marchitado.

Una pátina de barro seco está impregnada en el pavimento. El humo de los camiones cargados de residuos desandan las angostas calles del único distrito habanero con una topografía peculiar, con tres colinas: la Loma del Burro (55,6, metros), la Loma de Jesús del Monte (33,8 metros) y la Loma del Mazo, la más alta con 76,5, metros. La circunscripción delimita con las barriadas de Santos Suárez, Lawton y Luyanó.

Bordeando las angostas y derruidas aceras, se encuentran casas de madera que habían sobrevivido a los siglos XIX y XX y a los primeros diecinueve años del siglo XXI. Hasta que llegó el tornado sin nombre.

Emelina, mulata de mirada huidiza y grandes ojeras, lo único que recuerda del tornado es haberse despertado asustada, mojada por la lluvia y un reguero de trastos por toda la casa. “Me había tomado una pastilla antialérgica y me tiré un rato en la cama. Cuando desperté ya no había nada. Ni techo, ni muebles ni los cuadros de fotos de mi abuelo. Yo pensé que estaba viviendo una pesadilla y me pellizcaba una y otra vez para despertarme. Pero era real. En unos minutos, el tornado se había llevado parte la memoria histórica de mi familia y cosas que había comprado con mucho esfuerzo. Me dejó como al cabaret Tropicana: bajo las estrellas”, dice intentando bromear, pero el dolor no se lo permite.

Emelina recibe ayudas de personas que conmovidas por tanto desastre le dan lo que pueden. “Un cubanoamericano me regaló 300 dólares. Me dijo: 'Guárdalo para que puedas comprar materiales y levantar tu hogar. Cuando regrese en los próximos meses te voy a traer electrodomésticos y adornos'. Otros me han ofrecido ropa, comida y dinero. Si algo bueno ha dejado el tornado es que ha sacado a relucir las mejores cualidades de los cubanos”.

Según Emelina. las autoridades van más lentas que las personas. “De la atención médica no me puedo quejar. Pero los funcionarios pasan por aquí y te prometen villas y castillas, parece que están haciendo una campaña electoral. Luego todo se demora. Veo muy mal eso de vender comida a los afectados por el tornado, aunque sea a precios bajos. El viernes fui al local donde asignan materiales, pero el burocratismo te saca de quicio. Para darte un poco de cemento, bloques y cabillas te preguntan un montón de datos: ¿cuántos metros cuadrados tenía mi techo, qué cantidad de bloques llevaba la pared? Como si yo fuera albañil o arquitecta. No tengo casa, les dije, creo que con eso basta. Me han dicho que nos van llevar a un albergue habilitado por la zona. Eso me asusta. Conozco caso de personas albergadas que llevan veinte años esperando por una vivienda nueva”.

La solidaridad entre vecinos se acrecienta en momentos difíciles. Reinaldo, padre de dos hijos, reside en una habitación con techo de tejas y paredes de ladrillo y madera ubicada en una cuartería de cabañas miserables. Mientras bebe ron en una esquina del barrio, cuenta cómo vivió el tornado el domingo 27 de enero.

“Aquello fue tremendo. Fue como una podadora de césped. Chas, chas, iba destrozando todo lo que encontraba a su paso. Si arrancó de cuajo el techo de casas de mampostería en Santos Suárez, el tornado no paso ningún trabajo pa’ levantar en peso las casuchas de madera que encontró en Jesús del Monte. Increíblemente a la mía nada más le arrancó el techo, pero dentro no dejó títere con cabeza. El televisor, los muebles y el refrigerador los hizo trizas. Las autoridades me van entregar unas cuantas tejas y un poco de arena y cemento. Nosotros mismos tenemos que reparar la casa. A los constructores los van a destinar a los ancianos que viven solos. Lo que te dan te lo rebajan a la mitad, pero hay que pagarlo, aunque dudo que mucha gente lo pueda pagar. Pa’darte cualquier mierda, tremendo papeleo. Pasan por las casas un montón de veces. Te hacen una ficha técnica, del carajo. Al menos ya tenemos luz, vino el viernes por la noche. Si uno se queda nada más pensando en los problemas que el tornado dejó, se vuelve loco. Lo mejor es despejar, curdear pa’ olvidar el mal rato”, aconseja Reinaldo, que aprovecha para pedir dinero a quienes se paran a escuchar su historia.

La mayoría de los vecinos de Jesús del Monte destacan la solidaridad de sus compatriotas. Se repiten las historias de artistas y deportistas famosos que pasaron por allí y de manera espontánea donaron dinero, alimentos, ropa y útiles de aseo. “Dicen que el pelotero Alfredo Despaigne iba a donar 21 mil dólares para reparar dos casas. Despagine con su equipo de Las Tunas que participa en la Serie del Caribe, estuvieron por aquí en la recogida de escombros. El hombre se conmovió al ver tanto desastre. Pero se comenta que las autoridades quieren que coloque el dinero en una cuenta bancaria y él quiere entregarlo personalmente. Todo el mundo en el barrio se pregunta por qué el Estado quiera abarcar y controlarlo todo. Que deje que la gente dé lo que quiera a los damnificados que ellos entiendan”, expresa Lourdes, maestra de primaria que sufrió daños severos en su vivienda.

A la mítica Iglesia de Jesús del Monte, que ha brindado servicios religiosos y conserva la misma estructura arquitectónica desde 1871, los vientos en espiral del poderoso tornado provocaron destrozos considerables en el techo, en el interior de la parroquia y la cruz de bronce fundido fue arrancada de cuajo de su cúpula.

Dos semanas después del tornado, un grupo de vecinos espera afuera de la Iglesia para recibir agua y comida. Sale un sacerdote y en tono jubiloso anuncia: "Encontraron la cruz, pronto se repondrá en su sitio".

La gente aplaude. En los últimos días no todo han sido malas noticias.

Iván García
Foto: Iglesia de Jesús del Monte sin la cruz. Tomada de Cibercuba.
Leer también: Sube a 6 la cifra de fallecidos por el tornado, Casi 10 mil personas tuvieron que dejar sus casas, Miles de personas necesitan ayudan urgente en La Habana, Tres historias de una noche de tornado, La Calzada de 10 de Octubre ya estaba en ruinas, Cuidar las ruinas, Madres que espantaron el tornado, Tríptico del dolor ajeno, Después del tornado y Albergados en Estrella Roja.

jueves, 28 de febrero de 2019

La Cuba de Desmond Boylan



El 29 de diciembre de 2018, Desmond Boylan, un fotógrafo consagrado, falleció repentinamente en La Habana, donde hace años radicaba con la familia que formó. Desde que se conoció la noticia, las redes se llenaron de mensajes de dolor, gratitud y, sobre todo, de muchas de sus magníficas fotografías.

Boylan, nacido en Irlanda en 1964, reportaba desde Cuba para Associated Press. En los últimos años su trabajo construyó una imagen muy particular de la Cuba del cambio. Su cámara captó negocios emergentes, la renovada cercanía con Estados Unidos, turismo, pobreza… Su mirada buscaba –y encontraba– por igual la Cuba tomada por celebrities y la Cuba que habita los muros donde éstas se fotografían.

"Cubro noticias, deportes o cualquier cosa de interés que esté sucediendo, cuando sea, donde sea”, decía. Sus redes dan fe de que, además, entre noticia y noticia, no escapaban a su lente el atarceder habanero en el retrovisor de un carro, la alegría limpia del niño o el perro que juegan bajo el aguacero, un colibrí, una tendedera, el manicero, el lado amable de la autoridad o la tristeza feroz de un grafiti, siempre con una marca de autor que hacía su trabajo reconocible como pocos.

“El fotoperiodismo es una forma de vida, es mostrar lo que sucede de la forma más directa, clara y honesta posible, para una audiencia global que observará y comprenderá a través de esas fotografías. Intento tomar fotos con contenido que sea apreciado y comprendido por cualquiera que las vea, sin importar raza, nacionalidad o ubicación”, afirmaba Boylan, quien aseguraba que no pasaba un solo día sin que tomara fotos.

Nieto de un fotógrafo que solía mostrarle su trabajo y estimular su curiosidad, recordaba jugar con la cámara de sus padres cuando tenía 5 años. “Era una Werlisa”. Creció en la España franquista y luego en la efervescencia de la transición. “En esa época estaba muy asustado para tomar fotos, pero descubrí que tenía una creciente atracción por ser testigo de eventos noticiosos en primera fila y me di cuenta de que la forma perfecta de hacerlo era tomando una cámara y convirtiéndome en fotoperiodista”.

Atento siempre y discreto, como “una mosca en la pared”, Desmond Boylan entendió que “una buena imagen permanece en el tiempo, se sostiene sola y es fuerte por sí misma para siempre”. Así las suyas lo sostendrán a él.

Mónica Rivero
On Cuba, 30 de diciembre de 2018.
Foto de Desmond Boylan tomada de On Cuba, donde se pueden más fotos suyas.

Ver también: Cuba en los ojos de Desmond (http://www.cubadebate.cu/fotorreportajes/2018/12/31/cuba-en-los-ojos-de-desmond/#.XC9wPFVKjcs), Entrevista que en 2016 le hicieron en Russia Today (https://www.youtube.com/watch?v=jpa7e7PHVuA) y Veinte imágenes para recordar a Desmond Boylan (https://www.larazon.es/multimedia/galerias/20-imagenes-para-recordar-al-fotografo-desmond-boylan-FK21184908).

lunes, 25 de febrero de 2019

Recordando a Frank Hernández Trujillo



La noticia de la muerte de Frank HernándezTrujillo me llenó de una mezcla de tristeza y desesperanza, inevitable cuando nos abandona por sorpresa una de esas personas que aún tienen tantas cosas buenas que aportar a la sociedad.

Frank era un anticastrista convencido. En 1960, con apenas 18 años, se vio obligado a exiliarse para salvar su vida, y a partir de entonces, dedicó sus esfuerzos a restituir en Cuba la democracia pluralista y el respeto a las libertades fundamentales, como dejaba claro en sus siempre instructivas conversaciones, que transmitían un mensaje educativo como buen pedagogo que era. Estaba convencido de que nos liberaríamos de la dictadura.

Nunca lo escuché quejarse de la pasividad del pueblo. Hombre recto, educado, sin sinuosidades, en sus planteamientos transmitía la sinceridad y conciliación entre nosotros. Cuando por las naturales diferencias de nuestros temperamentos y por las difíciles condiciones de nuestra lucha surgían desavenencias, siempre encontrábamos en él un análisis acertado de la situación, sin imponernos su criterio.

El mayor ejemplo lo dio en el 2003, durante la Primavera Negra, cuando la dictadura no sólo encarceló a numerosos opositores y periodistas independientes, sino también emprendió una campaña de intrigas y descrédito contra muchos de los que no fueron encarcelados. En aquellos momentos críticos y difíciles, Frank, con sus opiniones acertadas, nos ayudó a mantener la calma.

Siempre pendiente de nuestras necesidades materiales, trataba de ayudarnos sin cuestionar o pedir nada a cambio. Se solidarizaba también con las personas necesitadas, fueran ancianos, enfermos o impedidos físicos. No se cansaba de repetir que la ayuda que él enviaba era para quien la necesitara, sin cuestionamientos políticos. Así era Frank, un enemigo acérrimo del castrismo, pero con un amor, una fe y una compasión inmensa por el sufrido pueblo cubano.

Hombre sencillo y de gran sensibilidad, cuando hablaba de Cojímar, su poblado natal, se le notaba la nostalgia. En una ocasión le propuse hacer una visita a su antigua casa y enviarle unas fotos, pero la encontramos en ruinas: algunas paredes sin techo ni ventanas y el interior lleno de hierba. Se veía que la habían canibalizado. De las fotos nada comentó.

Su vida se resume en un pensamiento martiano: “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarle a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.

Frank Hernández Trujillo entró en la historia de Cuba por la puerta grande y forma parte de los patriotas que dedicaron su existencia a luchar contra la dictadura castrista. Ese es su legado y el ejemplo que nos dejó.

¡Descansa tranquilo, hermano, que tu sueño se hará realidad!

Gladys Linares
Texto y foto: Cubanet, 2 de enero de 2018.
Leer también: Falleció el periodista independiente Mario Hechavarría Driggs.

jueves, 21 de febrero de 2019

60 años de un sueño húmedo



Este texto son cinco historias. El testimonio de personas que vivieron la Cuba anterior a 1959 y que hoy, sesenta años después, cuentan cómo incidió la Revolución en sus vidas.

Miguel Castillo: 84 años



Yo era patriota, pero me dejé manipular. La gente de Batista hablaba de Martí, de Maceo, de Máximo Gómez y me engañaron. La prensa, la radio, vendían una imagen que no era la real. Entonces decidí servirle a la patria y entré en la Marina de Guerra. Fue una decisión por patriotismo, pero también por necesidad económica.
Nací en Guanabacoa. Mi madre era lavandera, éramos pobres. Desde joven trabajé vendiendo café en las calles y en la construcción. Un día me llamaron por teléfono a la obra donde trabajaba. Era mi madre, me dijo: “Miguel se acaban de llevar a tu padre al hospital”.
Le diagnosticaron una peritonitis. Nosotros no teníamos dinero ni para comprar lo mínimo: penicilina. Mi padre murió. Solo. Sin atención. Al lado de su cuarto, en otra sala, estaban otros ancianos, la gente rica, ellos tenían todos los medicamentos, toda la atención y un médico en la cabecera de la cama el día entero.
Después de aquello me incorporé a la Marina de Guerra de Fulgencio Batista. Mi buque era la fragata “José Martí”. Atendía los radares en el puesto de mando y por ello ganaba 81 pesos mensuales, eso equivale hoy a miles de pesos.
Era de la gente de Batista y eso me hizo abrir los ojos y ver lo que estaba pasando en el país. Se mataba, se cometían crímenes para mantener el control. Cuba era un río de sangre. Los padres llegaban a los féretros, se asomaban al cristal y no reconocían los rostros de sus hijos.
Tenía una novia que se llamaba Rosa, a su hermano la tiranía se lo mató. Todos esos crímenes despiadados fueron los que después me hicieron cambiarme de bando.
Recuerdo estar en una cafetería con los tíos de Rosa y observar cómo en la esquina un camión de la policía bajaba a golpes a un negro. Intenté detenerlos, pero los tíos de Rosa no me dejaron. Me tomaron por el brazo y me metieron para adentro de la cafetería. Me dijeron: “¿Tú estás loco? ¡Te van a matar a ti también!” Segundos después sentimos el sonido de un disparo. Cuando salimos, había un charco de sangre.
Yo formaba parte de la Marina de guerra de Batista y, clandestinamente, tenía relación con una célula del movimiento 26 de julio de Fidel Castro. Una vez estaba afuera de mi casa, vestido de marino, jugando dominó con un revolucionario perseguido por la policía.
A lo lejos vi una patrulla. Le dije: “Ni te muevas”. Un guardia se bajó del carro, con una Thompson y un bicho de buey (especie de látigo) en la mano. Llamé a un vecino para que jugara conmigo mientras los policías preguntaban en otras casas del vecindario dónde vivía el hombre. Al revolucionario le dije que se escondiera en mi casa. Ahí estuvo dos días.
En 1959, cuando triunfó la Revolución, me propusieron quedarme en la nueva Marina de Guerra. Mi comportamiento había sido ejemplar, había tenido una conducta intachable a pesar de estar del otro bando. Decidí licenciarme honrosamente y empezar de cero. Comenzar a acumular méritos.
Nunca negué que fui batistiano y me sumé a la revolución. La nueva política era justa y humana, ayudaba a los pobres. Me incorporé a las milicias, a la lucha contra bandidos y me sumé a los maestros voluntarios para alfabetizar.
Quise ser del Partido Comunista, pero me lo negaron hasta 1987, porque mi esposa había bautizado a dos de mis seis hijos. El primero se llama Vladimir, por Lenin, y la segunda Krupskaya, por la esposa de él.
Siempre buscaron un pretexto para no aceptarme en el Partido. Es que soy crítico con todo lo mal hecho, con las injusticias, con los maltratos y eso no gusta. Ser revolucionario es ser sincero, tener convicciones. Hay muchos fariseos por todas partes, muchos corruptos.
La gente aparenta una cosa y son otra. Ahora, para acompañar al nuevo presidente Díaz-Canel, la gente dice que “vamos a combatir la corrupción” y los que lo dicen son los mismos corruptos.
Cuando Fidel hizo el alegato de “La historia me absolverá”, y lo llevaron a prisión, había detrás de él, en las imágenes, un retrato de Martí. En aquel tiempo eran igual que ahora: gente de doble rasero.
Todavía estoy activo. Ahora vivo en el Sopapo, Batabanó, provincia Artemisa, y soy el jefe del subsector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), además de ser el representante del Ministerio del Interior de todo el Consejo Popular “La Julia” y miembro de la Seguridad del Estado.
No discrimino a nadie por no simpatizar con la revolución o por ser religioso, porque cada cual es a su manera. Hace poco una iglesia pentecostal me invitó a una misa. Llamé al Partido para ver si estaba legalizada y me dijeron que sí. Fui a la misa porque nosotros los revolucionarios tenemos que estar en todas partes, tenemos que meter el hocico.
El revolucionario no puede tener miedo a decir las cosas. Hace tres años un muchacho fue golpeado por la policía porque se negó a enseñar el carnet de identidad. Los policías estaban borrachos, le pusieron las esposas y lo golpearon. Con mucho dolor, tuve que escribirle una carta a Raúl Castro y decirle que mi jefe superior había abusado de su poder.
El país está marchando bastante bien. Díaz-Canel está tocando con la mano los problemas, les pide a los revolucionarios que sean humanos, pero sigue habiendo problemas porque esto se ha relajado mucho, ha habido mucha tolerancia.
Por ejemplo: el peor día de mi vida fue cuando desalojaron a once familias de sus casas. Eran orientales y habían levantado un asentamiento ilegal. Había mujeres embarazadas, niños, ancianos y no creyeron en eso. El gobierno llegó y les destruyó todo, les rompieron hasta las tazas de baño.
Yo gano 242 pesos (10 dólares) de pensión al mes y mi esposa 240. Mis hijos me tienen que ayudar para vivir. Uno de ellos trabaja en una empresa italiana y me da un estipendio de 20 dólares mensuales. Desgraciadamente es así. Ha habido mucha dejadez, mucha impunidad y todo eso ha conspirado contra la revolución.

Josefina Diego: 67 años



No éramos una familia de la burguesía. Mi padre, Eliseo Diego, era profesor de inglés y español. Mi madre también era pedagoga. Los domingos nos reuníamos en casa, con la familia, con los amigos de mi padre del grupo “Orígenes”.
Estudié en una escuela privada, muy modesta, donde la matrícula era muy barata, incluso, a quienes no podían pagar, se les permitía estudiar igualmente. Todas las maestras eran negras y mulatas, fueron las mejores profesoras de mi vida.
Después de 1961 esa escuela dejó de existir. El triunfo de la revolución trajo nuevas leyes, entre ellas la nacionalización de los colegios privados, la escuela se cerró y, pocos años después, se derrumbó por el deterioro de los años.
Mi abuela (madre de Eliseo Diego) creció en Estados Unidos y le enseñó el inglés y la religión católica a mi padre. A ella no le gustaba lo que estaba sucediendo en Cuba. En esos años había una propaganda muy fuerte que condenaba al comunismo y ella pensaba que la revolución no era tan “verde como las palmas”, como decían.
Mis hermanos y yo estudiamos en escuelas religiosas. En esa época comenzó en Cuba una persecución contra los creyentes. Todas las escuelas religiosas tuvieron que cerrar. Al ver lo que ocurría, mi familia decidió irse del país.
Mis padres renunciaron a sus trabajos. Prepararon toda la documentación: solicitud de visado, vacunas, etc. En aquellos años un funcionario iba a hacer un inventario en las casas y ponía un cuño en la puerta. Luego había que esperar por un telegrama con la fecha de salida definitiva del país. Recuerdo a mi madre comprando ropa de invierno en este calor infernal.
Toda la familia paterna nuestra vivía ya en Estados Unidos, la materna no. Mi madre era muy apegada a su familia. Ella era diabética y la idea de la partida le desestabilizó su azúcar, provocándole hipoglucemias frecuentes. El día que presentó la renuncia a su trabajo me la encontré en nuestro cuarto con un coma hipoglucémico profundo.
Mi padre y mi abuela entendieron que si bien nos iban a salvar del comunismo, corrían el riesgo de dejarnos huérfanos. Fueron a la estación de policía y renunciaron a la salida. Regresaron a casa, abrieron una botella de champán y brindaron. Decidieron quedarse.
Al principio de la revolución había una intención de justicia social muy grande, había una necesidad en el pueblo de eliminar la mentira, el fraude, la corrupción. Había miseria, pero en Cuba no había la miseria de Haití o la existente en países africanos.
Se han logrado muchas cosas, pero ¿a qué precio? Se han cometido muchas injusticias, como fue la persecución a los homosexuales y a los creyentes.
Pienso que puede señalarse 1961 como una fecha clave. Se cerraron una serie de periódicos porque había un enemigo del que defenderse, en abril había ocurrido la invasión por Playa Girón. Ese mismo año, Fidel Castro, en su discurso conocido como “Palabras a los intelectuales”, dijo “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”.
¿Pero quién pone esos límites?, ¿qué es revolucionario y qué no lo es? Ahí empezó algo muy grave. Ahí se coartó drásticamente la libertad de expresión en este país. No solo en la literatura, sino en la filosofía, en la economía, en todo. Los límites varían, tener barba y el pelo largo podía ser contrarrevolucionario, era mal visto. Sin embargo, los rebeldes bajaron de la Sierra Maestra con sus barbas y sus melenas.
Era una sola voz, una sola prensa, una sola televisión, una sola persona decidiéndolo todo. Se rompió el debate. En una familia, las personas no se pueden poner de acuerdo. ¿Cómo entonces se puede pretender que todo un país esté de acuerdo? ¿Quién ha visto un Parlamento donde todo se vota por unanimidad?
Estudié primero Literatura Inglesa, dos años, y luego matriculé Economía y me gradué en 1976. Los cambios hay que hacerlos desde dentro, me dije, y decidí ingresar en la Juventud Comunista. Entré en 1973, pero el romanticismo me duró muy poco.
Con la crisis de los años noventa, mis hermanos se fueron a vivir a México y yo quedé cuidando a mis padres que estaban enfermos. No había comida, no había transporte, no había nada. Tuve que dejar de trabajar en oficinas para cuidar a mis padres. Comencé a hacer traducciones del inglés al español. Y con eso hoy aún me gano la vida, más los derechos de autor míos y de mi padre.
La luz eléctrica era una ilusión y el calor era horrible. Papá y yo nos acostábamos en el piso para refrescarnos con las corrientes de aire. Eran tiempos difíciles y nosotros padecimos las mismas escaseces que todos los cubanos. Mi padre estaba desesperado.
En 1993 a mi padre le concedieron el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe ‘Juan Rulfo’. Viajamos a México a recoger el premio y papá quiso pasarse un tiempo fuera de Cuba para darse algunos gustos, Además, mis hermanos vivían allá. Pero estaba muy enfermo, sus pulmones estaban mal. Recibió el premio en noviembre y en marzo de 1994 falleció. Dejó una biblioteca con 4000 ejemplares, la mayoría en inglés.
Que sea crítica no quiere decir que quiero que vengan los americanos ni el pasado ni el capitalismo más desenfrenado. En Cuba había una gran ilusión en los primeros años de la revolución, pero eso se fue perdiendo.
La economía está en ruinas. La gente está desencantada, sin ilusión, porque hay algo que está mal.
Hay una insistencia en la empresa estatal socialista pero no hay ningún estímulo real al trabajo, los salarios no sirven para nada, por eso la gente se corrompe y roba, porque no le puedes pedir a un anciano o a un profesional que viva con menos de 240 y 400 pesos mensuales (10 y 18 dólares aproximadamente). Hay muy mala distribución de la riqueza.
Hay una doble moral en este país, producto de los límites que no permiten que la gente se pueda expresar con libertad.
Se supone que somos marxistas-leninistas, la palabra irrevocabilidad es antimarxista y antidialéctica. Las constituciones tienen que estar por encima de los partidos y no viceversa. Martí no hubiera podido votar a favor de esta constitución, porque Martí no era marxista.
En el libro de mi hermano, “Informe contra mí mismo”, él reproduce una carta, donde en un momento se dice: “Estoy cansada de los discursos interminables, de las consignas repetidas, estoy cansada, muy cansada, cansadísima, de no poder escoger ni siquiera mi propia infelicidad”. Esa carta la escribí yo en 1990.

Gilberto Valdés: 90 años



Mi madre decidió que estudiara el bachillerato en el Instituto del Vedado y no en el de La Habana, porque en el primero los estudiantes no hacían huelgas estudiantiles, no había manifestaciones ni revueltas revolucionarias, era una escuela de blancos. En 1942 fui el primer negro que pisó ese Instituto.
En aquella época, en el barrio del Vedado vivía la sociedad de clase media alta, gente blanca solamente. Si un negro paseaba por sus calles después de las seis de la tarde, la policía lo detenía.
Mi madre estudió algo de piano y su hobby era la música. De ahí me viene mi vena musical. Ella oía mucha música clásica y desde los cuatro años a mí me empezó a gustar ese tipo de temas y el jazz, música norteamericana, sobre todo. Me sentaba a escuchar emisoras de los Estados Unidos por horas.
En el Instituto fundé mi primer cuarteto vocal, que fue el primer cuarteto con ese formato de toda América Latina. El grupo salió por inercia, por puro entusiasmo de unos amigos a los que nos gustaba la música.
Una vez que nos graduamos, el grupo se detuvo. Cada uno de nosotros tomó su camino hacia la Universidad. Estudié odontología.
Era una etapa marcada por los estallidos sociales. Fulgencio Batista dio su golpe de Estado y asumió el poder en Cuba. Luego se desató un desencanto social que provocó la reacción de los movimientos estudiantiles.
Así conocí a José Antonio Echevarría, que se hizo mi amigo. También a Fidel Castro, pues siempre estaba en las revueltas en la Plaza Cadena de la Universidad de La Habana.
Eran los estudiantes quienes se rebelaban y protestaban por las cosas malas de los gobiernos de turno. Salíamos en grupo y le cortábamos los cables a los tranvías, trancábamos las calles con manifestaciones, huelgas, parábamos los ómnibus y bajábamos a los choferes, nos enfrentábamos a la policía. Éramos jóvenes, al final todo era una gran diversión.
Ser universitario no iba solo de convertirse en un profesional, sino que existía un compromiso social con lo que ocurría en el país. Protestar, levantarse en contra de lo mal hecho. Dentro de todo ese movimiento estudiantil existían facciones de derecha, de izquierda, medias.
De vez en cuando se producían enfrentamientos entre las distintas alas estudiantiles. Varias veces hubo muertos en la Plaza Cadena por disturbios armados entre los propios estudiantes. En 1956, la Universidad de La Habana decidió cerrar sus puertas por un año producto de todo ese movimiento insurreccional.
Nos quedamos a la deriva y un amigo me propuso retomar el cuarteto vocal de cuando el Instituto. Nos dijimos que esta vez sí iba a ser en serio, que no íbamos a cantar en los parques de manera amateur. Estuvimos ensayando durante 10 meses y así nació Los Cavaliers.
Un año después de la fundación del nuevo cuarteto, en 1957, la asociación de críticos nos dio el premio al mejor cuarteto vocal masculino de Cuba. Eso nos valió para que nos contrataran en el cabaret Sans Souci, que era el sitio de la alta sociedad cubana.
En Cuba habían florecido los casinos con la llegada de los gánsteres estadounidenses y los principales lugares nocturnos, como Tropicana y Sans Souci, pertenecían a esas mafias.
Andar por las calles de la Habana era un gran peligro. Los muertos aparecían todas las noches. Recuerdo que un vecino fue a la estación de la policía de Zanja para notificar que iba a hacer una fiesta en su casa. Y, mientras esperaba que lo atendieran, llegó el jefe de la estación y dijo: “Todos los que están aquí, recójanlos”. Al otro día amaneció muerto.
El triunfo de la Revolución en 1959 fue muy extraño, tomó un efecto muy raro. Es como si tuvieras un muelle comprimido y al soltarlo, el muelle no vuelve a su sitio, recobra otra dimensión, salta y produce un descalabro total.
Los barbudos entraron a La Habana y fueron recibidos con aplausos. Pero en esa euforia se cometieron muchos errores. Muchos de esos barbudos revolucionarios eran campesinos, no eran profesionales, no tenían un nivel cultural elevado y visitaban por primera vez La Habana.
A Marianao fue donde primero acudieron. Llegaron directamente al Sans Souci y con mandarrias derribaron todo el cabaret. Instauraron desde ese día y hasta hace unos pocos años una base de tanques del ejército.
Sans Souci era la imagen de la alta burguesía, de la oligarquía, y la efervescencia revolucionaria tenía como meta acabar con todo eso. No pensaron en el futuro. Hoy Sans Souci pudiera haber sido, como aún lo es Tropicana, uno de los grandes cabarets de Cuba. A Tropicana también intentaron derribarla, pero los trabajadores se plantaron delante de los tanques del ejército y no lo permitieron.
Ocho meses después me fui a Europa a un contrato de trabajo. Estuve nueve años sin venir a Cuba. Hice otro cuarteto y conocí Bulgaria. Por primera vez vi el socialismo real implantado. Era una sociedad completamente distinta a lo que yo estaba acostumbrado.
Cuando Estados Unidos atacó Playa Girón, estábamos trabajando en el Líbano. Fuimos a la embajada de Cuba, le dijimos al embajador que, si era necesario, estábamos dispuesto a regresar a la isla a defenderla del ataque. No hizo falta, en unas pocas horas se resolvió el asunto.
Siempre estuvimos al tanto de los pasos que iba dando la Revolución. En octubre de 1962, estábamos en París cuando la Crisis de los Misiles. Los músicos trabajamos en las noches, por eso en las mañanas descansamos. Recuerdo despertar y sentir un revuelo tremendo, un alboroto en las calles, la gente gritando, rezando, decían que la tercera guerra mundial había llegado, que los americanos iban a atacar Cuba.
Al principio de la revolución se cometieron muchas injusticias. Por ejemplo, Bebo Valdés era apolítico y le exigieron que tenía que entrar vestido de miliciano a Radio Progreso. Él no era miliciano, por qué tenía que hacerlo, y eso mismo le pasó en varios sitios. Prácticamente lo forzaron a abandonar su país.
En ese momento, yo estaba en Italia tocando con un trompetista cubano. Un día el tipo me dice que me iba a dar una sorpresa. Fuimos a la terminal de trenes y veo salir del tren a Bebo. Poco tiempo después montamos el trío “Los Valdés”.
Regresé a Cuba nueve años después. Encontré un país realmente difícil. Lo bueno de antes de 1959 no estaba y lo bueno de después era malo. Para todo era una burocracia enorme. Lo que si se percibía era que ya no existía la presión para salir en las noches. Había una tranquilidad increíble. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Georgina Wong (89 años) y Caridad Amaral (87 años)



C: Mi madre me tuvo con 16 años. No conocí a mi padre, falleció cuando tenía un mes de nacida. Nunca supe su nombre. Cuando cumplí los dos años, mi madre decidió salir de Consolación del Sur, provincia Pinar del río, y venir a La Habana a probar fortuna. Quería salir de aquel monte.
G: Mi padre emigró de China a Cuba. Era un cantonés que le vino huyendo a la crisis económica de los años 20 en Asia. Conoció a mi madre y se casaron. Nací aquí en el barrio chino de La Habana.
C: Llegamos a La Habana y no teníamos donde dormir. Estuvimos deambulando por las calles casi dos años. Sin techo, sin comida. Hasta que un día un hombre me vio y le preguntó a mi madre si no teníamos casa. El hombre nos dio una habitación para dormir por unos días. Al tiempo se casó con mi madre.
G: Estudié en un colegio público del barrio chino. Por la mañana las clases eran en chino y por la tarde en español. Ahí, en esa escuelita, conocí a Caridad.
C: Al frente de la casa estaba la compañía de teatro chino infantil. Mi padrastro comenzó a llevarme a dar clases y me enseñó el chino. A los 8 años actué por primera vez.
G: Estuvimos 30 años sin vernos. Me había ido del barrio porque mi madre se mudó al Vedado. Nos reencontramos en “La Taza de arroz”, una feria que se hizo en 1945 para recolectar dinero y enviarlo a China por los daños de la Segunda Guerra Mundial.
C: Habíamos estudiado juntas hasta el bachiller. Nuestra vida era el teatro. Estuvimos trabajando en una de las cinco compañías de la Sociedad China de Cuba. Este barrio era muy alegre, siempre había fiestas, fue el barrio chino más poblado de América Latina.
G: Mi madre quiso que estudiara y me fui a la universidad. Me gradué de Licenciatura en Derecho Diplomático. Luego llegó la revolución y me mandaron a la India como parte del cuerpo diplomático. Cuando me retiré, regresé al barrio chino. No era lo que yo había dejado.
C: Cuando triunfó la Revolución todo cambió. Como era comunismo, los chinos se fueron huyendo. El nuevo gobierno intervino todos los comercios, los negocios. Las personas que tenían posibilidades económicas se fueron, solo quedaron los que no tenían nada.
G: Hasta la sede de la Sociedad China la destrozaron. Rompieron los baúles donde estaban los trajes, los retratos y las fotos las tiraron al piso y las pisotearon, a las paredes les dieron con hierros. Los instrumentos musicales los lanzaron a la calle.
C: Tuvimos que dejar de actuar. Murió el teatro “El águila de oro”, murió el cine chino.  Años después el lugar, donde por años cantamos y bailamos, se volvió unas ruinas apestosas que daba asco, un nido de ratas.
G: Es mejor no acordarse de aquello, da mucha nostalgia. Se extraña mucho lo que era este barrio, los amigos y parientes que se fueron del país, los maestros de artes marciales. Con los años me salió un problema en la cadera, por manejar el león y por tirarme de lugares altos en el teatro. Cada vez que me duele, me da tristeza porque pienso en el pasado, en lo que se perdió.
C: Los pocos que quedamos nos reunimos en esta casa de abuelos. Venimos, almorzamos, conversamos. En toda Cuba no llegan a 100 chinos y esto era un país donde había miles.
G: En 2011, un fotógrafo chino que vive en Kansas visitó el barrio interesado en su historia. Le dijeron que tenía que conocer a Caridad, que ella cantaba y hablaba en chino. Caridad lo llevó a su casa, le enseñó fotos de la época y le contó de la historia del barrio.
C: El hombre recaudó dinero entre amigos y nos invitó a China. Ese era nuestro sueño. Actuamos en dos universidades, fuimos a Hong Kong y nos llevaron al cementerio donde están nuestros ancestros, después de saludarlos, comenzó a llover. Bajo el agua canté la primera canción que me enseñó mi madre cuando niña.

Jorge Peyrellade: 89 años



Nací en Camagüey. Mi familia era pequeña burguesa. Me gradué primero de estudios sobre Peritos Químicos Azucareros y luego me hice ingeniero agrónomo.
Criaba cerdos con mi tío en su finca. Comencé a hacer una mezcla en una batea, con palmiche, con leche en polvo. Vendíamos un cerdo diario. Al ver la producción que estábamos logrando, compramos un motor de un Chevrolet y con el bagazo del ingenio, después de terminarse la zafra, ideamos un pienso.
Por eso hay que dejar que la gente crezca, que las iniciativas se desarrollen. En dos años pasé de una batea a ser el representante de la fábrica más antigua de pienso de los Estados Unidos.
Los que vivimos aquella época, sabemos que la historia en Cuba está manipulada. Los gobiernos de Prío Socarrás y de Grau San Martín fueron los únicos en los que hubo verdadera democracia y libertad. Antes, el Partido Revolucionario (PRC), fundado por Martí, tenía el fin de luchar por la independencia y, una vez alcanzada, desaparecer.
Luego vendría el pluripartidismo, lo normal en las democracias. No lo que se dice hoy sobre la existencia de un partido único. El socialismo es una cosa distinta a lo que en Cuba llaman socialismo.
Con 1959 vinieron logros sociales, pero ahora todos esos logros están en peligro o se han perdido.
Cuando supe que iban a nacionalizar las empresas, le dije a mi tío que venía a trabajar para La Habana, que se encargara él del negocio. Durante los primeros años de la Revolución ayudé al país en lo que pude. Me siento satisfecho de haber hecho muchísimas cosas anónimas.
Trabajé en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) y en varios proyectos con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Recuerdo que los dirigentes estaban desesperados por encontrar una proteína para darle al pueblo y les recomendé el huevo.
Había un tabú sobre el huevo en ese entonces. Tuve que explicarles que, después de la leche de vaca, el mejor alimento protector es el huevo.
En 1967 disolvieron el INRA y solo dejaron a 150 trabajadores para que siguieran en sus labores, entre ellos yo. Todos tenían que ser del Partido Comunista y me negué. Intentaron convencerme: tuve que llenar unos documentos y pasar más de cinco horas en una entrevista. Después de mi negativa quedé marginado.
Surgió el proyecto de los zoológicos y pasé a formar parte de él. Se quería tener uno en cada provincia, pero los animales estaban compitiendo por la comida del hombre, había que solucionar ese problema. Me fui al zoológico del Vedado y comencé a desarrollar investigaciones para mejorar el aspecto de los animales y su reproducción.
Realicé experimentos con monos enfermos de Parkinson, que mejoraron su salud. Monas con problemas reproductivos pudieron tener sus bebés.
En ese tiempo no había información sobre la cría artificial y había una leona recién nacida a la que su madre no le daba leche. La pequeña estaba desgarrada, desnutrida, su propia madre le había caído encima y le había aplastado las patas traseras. Decidí traerla para mi casa.
Le preparé un suplemento y enseguida comenzó a mejorar. Estuvo dos meses en casa, dormía en el baño. Por las mañanas cuando le abrían la puerta iba directo para mi cama y se subía encima de mí. Las escuelas que quedaban cerca traían a los alumnos para que la vieran.
Un día le pisé la cola con el sillón y me sacó las garras. Tuve que llevármela de la casa porque ya estaba creciendo. La devolví al zoológico, pero se quedaba en mi oficina. Con siete meses me atrapó por el cuello, jugando, y casi me asfixia. Ya ahí si tuve que devolverla a la leonera con el resto de los animales.
Poco tiempo después murió de tristeza. No comía, no salía de la caverna. Los otros leones le quitaban los alimentos.
En 1976 me fui a estudiar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y me hice Doctor en Ciencias Biológicas en la rama de fisiología animal y humana. A mi regreso trabajé en el Instituto de Zoología y en el Zoológico Nacional. En este último desarrollé una investigación sobre la dieta utilizando a primates de todos los continentes. Después me jubilé.
Ya en casa me entretenía con pajaritos. Llené el balcón con 35 jaulas de nueve especies. Estuve diez años reproduciéndolos y haciendo apuntes para una futura investigación.
El debate que hay en Cuba alrededor de la dieta humana me motivó para retomar mi investigación que había realizado anteriormente con los monos. El estudio estaba basado en dos grupos: uno que estaba sometido a una dieta balanceada y otro que no.
Fue asombroso lo que fui encontrando. En 2013 definí una dieta humana idónea y descubrí qué nos separa a los humanos de los primates en cuanto a la dieta, una cuestión que está relacionada con la evolución.
Los monos que comieron la dieta no balanceada se peleaban unos con otros, eran ariscos, todo el tiempo se mordían. En el momento de la investigación se produjo un desagüe en el sitio donde dormían y se propagó una infección. Del grupo sin dieta murieron casi todos. A los otros solo se les alteraron los leucocitos.
Los primates que tenían la dieta balanceada eran unos caballeros. Les cedían su comida a las hembras paridas y se quedaban contemplándolas al comer. Lo que quiere decir que la dieta mal balanceada produce alta morbilidad, alta mortalidad e incentiva la violencia.
¿Desde que dejamos de pertenecer al campo socialista no hay más violencia en Cuba? ¿No ha aumentado la indisciplina social? Todo eso tiene que ver con la dieta, con la falta de agromercados, de comida en general.
Esta investigación no han querido publicarla en Cuba. Tenía un contrato con la Editorial Científico-Técnica, pero cambiaron al director y el nuevo me dijo que no le interesaba “el tema de los monos”. Rescindí mi contrato.
Un amigo que vive en Estados Unidos me está ayudando a promoverlo. Abrió una página en internet para venderlo a cinco dólares. La intención es recaudar fondos para costear de manera independiente la publicación.
El precio es bien barato porque quiero que esté al alcance de los cubanos y para que los dietistas de este país se enteren de que lo que comemos nos está enfermando.
Texto y fotos: Abraham Jiménez
El Estornudo, 2 de enero de 2019.