miércoles, 23 de julio de 2014

Historia cosida



Cuando Cuba vivía en plena luna de miel con la Unión Soviética, todos los inventos importantes del hombre, sus aportes científicos y, algunas de las grandes hazañas deportivas, tenían detrás a un ruso genial al que el imperialismo, con el apoyo de otros poderosos agentes capitalistas, había despojado de sus patentes. Y de su gloria.

No importaba que el verdadero genio fuera alguien conocido en el mundo entero y sus hallazgos estuvieran documentados hasta el cansancio. Mucho antes de la fecha anunciada por los inventores reales, un señor de Rusia había dado el campanazo, pero la maniobra del enemigo lo dejaba solo y sin la resonancia hasta que el pueblo revolucionario registró el eco de su talento.

Para defenderse de esa fiebre alta y peligrosa, en la isla se acudió, como siempre, al humor. Así es que el mojito, atribuido por los historiadores del ron a la sed y la imaginación de Francis Drake- por lo que originalmente se llamaba un draque- era, en realidad, una idea de un marinero de San Petersburgo que hacía de ayuda de cámara del pirata inglés.

Qué iba Cristóbal Colón a descubrir América. Fue un aventurero de las remotas tierras frías de Siberia que añoraba el sol y los calores y, en vez de una nevada, buscaba la fuerza de los vientos y las lluvias de los huracanes para asombrarse, decía la tralla en las tertulias de los bares clandestinos.

Los promotores de aquella primacía de los rusos y de otras figuras del llamado campo socialista, fueron los mismos que, desde el Gobierno, señalaron a José Martí como autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, encabezado por Fidel Castro en 1953, en la fecha en que el poeta cumplía 100 años.

Todavía hoy arrastra ese sambenito porque así se le presenta en los libros de Historia, en las tribunas y en las angustiosas campañas de propaganda. Las nuevas generaciones, sometidas a medio siglo de adoctrinamiento, suelen asociarlo con aquella acción.

Los totalitarios y sus cómplices necesitan remendar la historia con disparates. Después de José Martí le ha tocado a Simón Bolívar. En las escuelas de Venezuela se enseña ahora que fue una cubana la que amamantó al Libertador. Ese nuevo apunte en su biografía desaloja a una señora conocida como la negra Hipólita, que aparece como la nodriza de Bolívar en todos los libros serios.

La polémica no se detiene. La periodista Colette Capriles ha terciado para decir que una relación de dominación siempre necesita justificarse.

Raúl Rivero
El Mundo, 9 de mayo de 2014.

lunes, 21 de julio de 2014

Una sopa de ginseng



Si en algo Fidel Castro es consecuente, es con Mao Zedong. Desde el principio de su revolución, el dictador caribeño miró de reojo al viejo colega asiático. Han transcurrido 55 años de dictadura cubana y en Cuba la figura de Mao permanece olvidada.

A Mao no le gustó que Cuba estableciera relaciones con Checoslovaquia y la URSS mucho antes de hacerlo con su República Popular China, reconocida al fin por Fidel el 24 de septiembre de 1960; tampoco que el agente soviético Aleksandr I. Alexeiev, bajo la cobertura de corresponsal de la agencia de noticias TASS, llegara primero a La Habana, en diciembre de 1959 y no los chinos, agrupados en el famoso centro de espionaje de Beijing, Servicio de Inteligencia de la RPCH, conocida por sus siglas en español SIC.

No le gustó a Mao que, en 1963, Fidel Castro permaneciera dos meses en Moscú y no hiciera un honorable salto a Beijín.

Lo que ocurría entre Mao y Fidel no se comprendía. Se trataba de dos líderes que abrazaban la misma ideología, que reprimían con mano cruel a los disidentes y opositores, que guardaban en las cárceles a miles de presos políticos y que habían mandado a fusilar a cientos de sus enemigos. Hasta octubre de 1960, ya se habían fusilado en Cuba mil 330 anticastristas. Aún así, Mao seguía mirando de reojo a Fidel Castro.

En plena vigencia de la Revolución Cultural China, cuyo comienzo fue en 1966 y su final y fracaso al cabo de diez años, con la muerte de Mao, Fidel Castro condena, en clara alusión a China, el sectarismo y el faccionalismo del comunismo internacional.

En marzo de 1965, la enemistad entre estos dos hombres se hace más notable y en una reunión de partidos marxistas en Moscú, encabezada por Raúl Castro, Mao no asiste y condena dicha reunión. Cuatro días después, Fidel Castro ataca de manera más agresiva la línea política de China; ordena recoger todas las obras de Mao Zedong de las bibliotecas y librerías y prohíbe la entrada de las publicaciones periódicas y culturales provenientes de ese país.

El 2 de enero de 1966, Fidel acusa al gobierno chino de injerencia en los asuntos internos de Cuba, de defraudar la buena fe de los cubanos y critica duramente que no haya cumplido con el envío de arroz a la isla, debido a la posición pro soviética del régimen castrista. A partir de ese momento se agravan aún más las tensiones y ninguno de los dos gobiernos en pugna hace nada por limar asperezas.

En un discurso del 13 de marzo de ese mismo año 1966, Fidel Castro acusa a Mao Zedong de ¨monarca absoluto, de fascista y viejo senil¨. Fue el final de unas relaciones escabrosas y difíciles para estos dos “monarcas absolutos”.

Se supo entre los periodistas oficialistas de aquellos años, que el famoso traductor chino Xu Yilín tomó un avión como bola por tronera, asustado al escuchar cómo Fidel ofendía tanto a su amado líder. (Yilín se había pasado siete años en La Habana, según él ¨los mejores años de su vida¨, traduciendo las obras de Mao al español por orden de Fidel, con una buena paga en divisas).

Otra anécdota de aquellos momentos fue el encarcelamiento del conocidísimo profesor habanero de chino y japonés Carlos Carrero -varios años después exiliado en Miami y fallecido allí-, acusado injustamente de espiar a favor de Mao, sólo porque impartía clases de español a los hijos de los diplomáticos chinos.

Si alguien había salido perdiendo en el conflicto Fidel-Mao fueron los cubanos, que gozaban de un crédito concedido por China, consistente en 70 millones de dólares, más la compra de un millón de toneladas de azúcar. Desde que Fidel Castro se peleara con Mao no se vieron más sombrillas para la lluvia en las tiendas, ni carreteles de hilo y agujas para coser, muebles tallados en tiendas especializadas.

A partir de 1966, hasta 1984, los chinos y Fidel se pelearon a muerte y como consecuencia, el pueblo ha sido la víctima, al verse obligados a adquirir a precios excesivos productos electrodomésticos obsoletos de China, rotos al poco tiempo de uso. De esta forma, es el cubano de a pie quien está pagando los platos rotos de aquellas broncas, porque los chinos ni olvidan, ni perdonan.

Quienes todavía se preguntan qué ocurría en el fondo, nunca llegaron a saber que los espías más adiestrados del gobierno chino pusieron zancadillas a la penetración castrista en África, y jamás accedieron a colaborar con Fidel Castro. Todo lo contrario: China criticó siempre la presencia cubana en ese continente africano.

Luego vinieron cosas peores que alteraron el sueño de Fidel Castro: El "sueño chino" da un giro hacia el capitalismo a través de sus reformas de libre mercado y China comienza a crecer. Hoy hay miles de empresarios chinos millonarios, Beijing se parece cada vez más a Nueva York; tiene el centro comercial más grande del mundo y restaurantes que ofrecen en Nochevieja un plato de sopa de gallina, con raíz de ginseng con cientos de años de antigüedad, por 'sólo' 30 mil dólares.

Seguramente, a nuestro ex dictador -si es que aún se entera de algo- no debe haberle gustado que, hace apenas unos meses, Xi Jinping y John Kerry acordaran actualizar las relaciones entre China y Estados Unidos, fortalecer e impulsar más el desarrollo de los lazos bilaterales, a través de la confianza mutua y la cooperación de ambas naciones.

Definitivamente, como dijera Carlos Alberto Montaner: ¨El comunismo es el modo más largo para llegar del capitalismo al capitalismo¨.

Tania Díaz Castro
Cubanet, 17 de abril de 2014.
Foto: Ingredientes para preparar sopa de ginseng, tomada de Cubanet.

viernes, 18 de julio de 2014

La Cuba soviética en el imaginario oficial



La fe en un Dios cualquiera, la ideología o los vicios, cuesta sepultarlos. Para otros, como Vladimir, la pasión por aquella etapa soviética, al igual que los viejos roqueros, nunca muere.

Hijo de padres comunistas, cursó estudios universitarios en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Habla el ruso como un moscovita y aún lee a Gorki o los poemas de Yevstushenko en su lengua original.

En un estante de pino reposa una caterva de escritores soviéticos al estilo de Borís Polevói, Nikolái Ostrovski, Mijaíl Shólojov o Ilya Ehrenburg que escribieron sobre la epopeya del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial.

Vladimir no se considera un fanático. En su cuarto no cuelgan lienzos de Stalin, tampoco de Marx o Lenin. “La URSS puede parecer periódico viejo. Pero no está muerta del todo. En Cuba la gente no extraña los muñequitos rusos ni la carne en lata. Es en la estructuras del poder donde aún siguen latentes ciertos mecanismos de la era soviética”.

Desmontar ese tinglado es una tarea ardua. Desde un gobierno vertical, policía secreta omnipresente, amplio sector de la economía planificada y la habitual unanimidad a la hora de aprobar leyes en el aburrido parlamento nacional, son vestigios de la Cuba oficial soviética que se resiste a morir.

Cubanos como Vladimir durante años trabajaron en la creación de instituciones calcadas de la Unión Soviética. Desde la Constitución hasta la organización de pioneros.

“Todos los que creíamos en la URSS suponíamos que el futuro a corto plazo era del comunismo. Y que la desaparición del capitalismo era cuestión de tiempo. Pero no lo fue. Ahora la Rusia de Putin es tan imperialista como Estados Unidos”, acota el nostálgico comunista habanero.

De la URSS quedó muy poco entre los cubanos de a pie. Algunos nombres eslavos, tomar vodka con jugo de naranja y cientos de matrimonios que aún perduran de aquella etapa roja.

No pocos funcionarios del régimen sienten añoranza del pasado. Fue una época de oro donde se despilfarraban los rublos y el ejército tenía la versión más actualizada del armamento ruso convencional.

De la URSS llegaba el petróleo, fertilizantes y tractores. Revistas, libros y películas inundaban el país. Por aquel entonces, era de buen gusto colgar cuadros del dirigente de turno soviético al mismo nivel que el de Fidel Castro.

El actual presidente, Raúl Castro, tenía un enorme cuadro de Stalin, el carnicero de Georgia, en su oficina del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

Lo que está por ver es si los Castro fueron comunistas solapados a tiempo completo u optaron por la ideología para aferrarse al poder. El estrafalario sistema euroasiático tenía encantos irresistibles para cualquier aprendiz de autócrata.

No había elecciones presidenciales. Ni prensa libre. Tampoco sindicatos independientes. La justicia era administrada por el Estado. Y si creaban una policía política competente, los ciudadanos inconformes solo se quejarían en la sala de su casa o desertando en una balsa.

La historia de amor por la URSS entre un sector intelectual y político en Cuba es de vieja data. Muchos que juran ser nacionalistas a pie firme, acusan de 'anexionistas' a las personas que admiran el estilo de vida de Estados Unidos.

Pero el comunismo es el primero de todos los anexionismos, al importar el marxismo-leninismo y querer clonar el modelo soviético en una isla del Caribe a 9,500 kilómetros de Moscú.

Y no eran analfabetos ni tontos los que aplaudían la teoría de una Cuba soviética. Dentro de las filas del Partido Socialista Popular (PSP), destacaban intelectuales de talla como Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez, Salvador García Agüero y Nicolás Guillén.

Con la llegada al poder de Fidel Castro, el oportunismo político se acopló al imaginario comunista de hombres curtidos en el quehacer sindical cubano y el proselitismo marxista en diversos sectores académicos e intelectuales.

Antes de 1959, el PSP tildaba a Castro de pandillero, comegofio y pequeño burgués. Según el hijo de Anastas Mikoyán, que acompañó a su padre en la visita de una delegación soviética a La Habana en febrero de 1960, presenció el siguiente diálogo entre Fidel y Ernesto Guevara:

“Ellos (Castro y Guevara) dijeron que sólo podían sobrevivir con la ayuda soviética y tendrían que esconder esto de los capitalistas en Cuba... Fidel dijo: Tendremos que sobrellevar estas condiciones en Cuba durante cinco o diez años. Entonces el Che lo interrumpió: Si no lo haces en dos o tres años estás acabado".

Se sabe el resto de la historia. Castro sovietizó la isla y 55 años después, las principales instituciones políticas del Estado siguen usando su metodología. Desde los servicios especiales hasta la diplomacia, que cuando de alinearse con un socio se trata, aprueban políticas expansionistas como la de Putin en Crimea o se agrupan con repugnantes dictadores solo porque son enemigos de su enemigo.

La actual legislación laboral -que aún no se ha publicado oficialmente- o la aberrante Ley de Inversión Extranjera, demuestran que el gobierno cubano actual solo cuenta con el pueblo como instrumento para legitimar sus tibias reformas económicas y no para beneficiarlos.

Desprenderse de una ideología cuesta demasiado. Incluso cuando la realidad demuestra su ineficacia.

Iván García
Foto: Moskvich en una calle habanera. Comparado con el Lada y el Volga, el Moskvich se considera el auto soviético más feo e incómodo de los que aún circulan por Cuba. Tomada de la web Ajiaco cubano.


miércoles, 16 de julio de 2014

El anárquico mercado de la compraventa de casas


Todos los días, de lunes a domingo y también los feriados, en el Paseo del Prado, a tres cuadras antes de llegar al malecón de La Habana, funciona una bolsa inmobiliaria de corretaje.

Bueno, no exageremos. Lo más parecido. Porque quienes proponen ventas de casas no radican en una oficina. Tampoco hay un ejército de abogados o hipotecas bancarias para comprar una vivienda.

Los 'corredores' no van trajeados con cuello y corbata. Ni siquiera te invitan a sentarte o brindan café al futuro cliente. No es por ausencia de cortesía: simplemente el negocio es el aire libre.

Si la charla se extiende, lo más cómodo y cercano es un banco de frío mármol escoltado por leones de bronce. A pesar de la informalidad, los precios asustan y tienen poco que envidiar a una transacción inmobiliaria en Madrid o Barcelona.

Llamémosle Elena. Su hija, que reside en Estados Unidos, poco a poco, en billetes de a 100, le hizo llegar un total de 70 mil dólares. Para que su madre se comprara una vivienda confortable en un barrio tranquilo de La Habana.

“Pensé que no sería complicado. La primera dificultad radica que algunos sitios digitales de venta y compra como Revolico están censurados por el gobierno. Pero el cubano, que se le escapó al diablo por debajo de la falda, ha resuelto esa dificultad, insertando ofertas de ventas de Revolico en los paquetes de seriales, programación deportiva, novelas y filmes que los particulares venden a 50 pesos”, cuenta Elena.

Otra opción era recurrir a una de las cientos de personas que trabajan como 'corredores' de casas. Elena la desechó. “No digo que no haya gente seria. Pero en ese negocio hay muchos estafadores. Además de las webs dedicadas a la compraventa de casas, lo habitual es venir aquí al Paseo del Prado y analizar las diferentes ofertas”.

Si se tiene suerte y dinero en mano, se puede cerrar el negocio en menos de un mes. El procedimiento es simple. El vendedor o su intermediario, se ponen de acuerdo en el precio y un día a una hora señalada visitan la vivienda en venta.

Luego, si el comprador acepta, una persona que trabaja o tiene contactos en una notaría, se encarga de gestionar un turno. Llegado el día, comprador y vendedor firman el acta notarial de traspaso y cada cual paga el 4% de impuesto acordado por las normas aprobadas en 2011.

“Existen muchos vericuetos y trampas financieras, para que los involucrados en el negocio declaren la menor cantidad de dinero posible y paguen un impuesto menor”, apunta una abogada habanera.

Pero el gran problema es encontrar una casa acorde al precio a pagar. “Yo quiero comprar una casa de tres cuartos en el Reparto Sevillano, Casino Deportivo o Víbora Park. Ni pensar en el Vedado o Miramar, ahí las casas no bajan de 100 mil dólares”, dice Elena.

A pesar de saber que el salario promedio en la isla ronda los 20 dólares mensuales, sin sonrojarse, el dueño de una vivienda te puede pedir 150 mil o 500 mil dólares. Incluso más. Hay varias residencias en venta en sitios digitales cercanas al millón de dólares.

Cuba es un país atípico. Aquí lo normal es anormal y viceversa. Aunque las calles están repletas de baches y los salarios son miserables, el Estado vende una hora de internet en cinco dólares y oferta coches ordinarios a precios de alta gama.

Al menos en la venta y compra de inmuebles se puede encontrar un registro amplio de precios. Los peor valorados son los apartamentos construidos por la revolución, después de 1959.

“Debido a su mala calidad constructiva, muchos tienen salideros de agua y filtraciones, su acabado es chapucero y están lejos del centro de la ciudad. Solo gente desesperada, de las provincias orientales, los suelen comprar. Un piso en Alamar -barriada-dormitorio al este de La Habana- no llega a 14 mil dólares. Si está ubicado en La Siberia, la parte más alejada de Alamar, se vende en menos de 10 mil”, explica Reinier, un arquitecto venido a menos que desde hace siete años se dedica a la compraventa de casas.

“Lo esencial es que la vivienda tenga paredes y techo sólido. Que el suelo no sea irregular y bueno el estado constructivo. Si en la zona o el edificio escasea el agua, baja el precio. Si es un barrio como Pogolotti o Mantilla, donde las broncas con arma blanca y la violencia crecen, se sufre para vender. De cualquier manera, los precios son desquiciantes. El 80% de los domicilios que ahora mismo están en venta necesitan pasarle la mano”, señala Reinier.

Elena ha visitado cuatro casas y opina que los precios son abusivos. “ Porque, además, tienes que invertir entre 10 y 20 mil dólares en su reparación. En otros países son caras, pero se pueden pagar a plazos y algunas están amuebladas. Lo de Cuba es una locura. Creen que los billetes verdes andan regados por las calles”.

Pese a los precios inflados y que el 60% está en regular o mal estado técnico, según fuentes oficiales, en 2013 se registraron 80 mil operaciones de venta de casas.

En Cuba, el 85% de las viviendas son de propiedad individual. Pero comprar a precio justo es una tarea que puede demorar meses. Pregúntenle a Elena.

Iván García

Foto: Sentado en un banco del Paseo del Prado, un 'corredor' de casas espera por algún cliente. Tomada de la web Vívelo hoy.

lunes, 14 de julio de 2014

Casi de todo se consigue en La Habana clandestina


Sergio conoce al dedillo los resortes de La Habana subterránea. Sabe a qué teléfono debe llamar para resolver un problema. “En la otra Habana, la sumergida, casi de todo se puede conseguir. Menos un dron o un submarino. Se necesitan dos cosas: relaciones y dinero en mano".

Según Sergio, puedes comprar varios sacos de papas, aunque un cartel en el agromercado diga que solo venden 10 libras por persona. O frutas desaparecida hace años como anón, canistel, chirimoya y guanábana. "A pesar del embargo, puedes conseguir una Macintosh o un iPhone recién lanzado al mercado. También, drogas, hembras, chicos o travestis mayores de 16 años”.

Desde que Fidel Castro llegó al poder en enero de 1959, a la par de la escasez, como flores en Cuba surgieron entramados de comercio clandestino.

Es raro que en un barrio de la isla, por debajo de la mesa, no se puedan conseguir artículos deficitarios como la carne de res, camarones y langostas. Hasta los más intransigentes seguidores del régimen suelen hacer algunas compras en el mercado negro.

Si se compara con los precios de las tiendas por divisas, es más barato. Mientras una libra de carne de res de primera puede costar 11 cuc en una shopping, en La Habana subterránea se vende entre 2.20 y 2.50 cuc.

Así también sucede con el pescado, aceite y leche en polvo. Hay personas que por encargo te traen a la puerta de la casa queso fresco de Camagüey, un saco de naranjas de Jagüey Grande o una bolsa de galletas de soda robada la noche anterior.

Fuera de la capital se puede comprar queso, carne de res o pescado a menor precio. “Cada vez que voy a Bayamo o Palma Soriano, me proponen cinco libras de carne de res por 100 pesos (4 cuc)”, señala Roiniel, camionero.

Antes de la llegada de los Castro al poder, en Cuba existían 6 millones de cabezas de ganado vacuno para una población de igual número. Hoy, con 11 millones de habitantes, se contabilizan 3,6 millones de vacas, 0.32 por habitante.

El sacrificio ilegal de ganado es una industria que funciona mejor que un matadero estatal. Al oeste de la capital, en las afueras de un centro de investigaciones científicas puede verse una estatua de mármol de Ubre Blanca, vaca propiedad de Fidel Castro que llegó a ostentar el récord mundial de producción lechera con 110 litros diarios.

En esta primavera de 2014 la leche es casi un lujo. El Estado otorga leche en polvo por la libreta de racionamiento solo hasta los 7 años. Después, los niños, jóvenes, adultos o ancianos que deseen tomar café con leche deben pagarla a 5.75 cuc la bolsa de un kilogramo en las tiendas por divisas.

O comprarla en el mercado negro, a 35 o 40 pesos la libra. La carne de res, pescado, mariscos, quesos, yogurt y café son los productos más socorridos por los habaneros solventes.

La economía clandestina es más amplia. También se venden losas, lámparas de luz fría, cemento gris o camisetas piratas del Barça y el Real Madrid.

Y cuando un grupo de amigos con suficiente dinero desea una fiesta discreta con prostitutas y drogas, pueden encargarla de antemano.

“Tengo un socio que tiene varias chicas que parecen modelos. Cuestan 15, 25 o 40 cuc por un día y deben reunirse en la casa que propone el proxeneta. Pero si eres de confianza, te presta a las chicas, solo te pide que no las maltrates”, cuenta Eduardo, noctámbulo habanero.

Las drogas tampoco son un problema. “Aunque tiene sus etapas de alta y baja. A veces se puede conseguir el gramo de cocaína por 50 cuc, otras por 80. La marihuana es más estable. La criolla está botá, se vende entre 20 y 25 pesos el pitillo. La ‘yuma’, de calidad superior, que dicen viene de Colombia o México, cuesta 5 cuc el cigarrillo. Los que andan mal de plata se vuelan con pastillas de Parkisonil o Metilfenidato”, explica Gerardo, consumidor habitual de ‘bazucos’, una mezcla de marihuana con melca.

En estos negocios clandestinos de venta de drogas la gente debe andar con los ojos bien abiertos a la hora de una transacción. Corren el riesgo de que lo timen o despojen del dinero.

“Hay vendedores de drogas que te dan yerba de un parque como si fuera marihuana o pastillas machacadas por cocaína. Y están los tipos violentos, a quienes les resulta más fácil, mediante pistola o arma blanca, quitarte el dinero. Ellos saben que nadie va ir a la unidad policial a denunciarte”, cuenta Gerardo.

A pesar del riesgo a una estafa o comprar alimentos contaminados, un segmento amplio de habaneros compran en el mercado negro.

“Se va creando una red de confianza. A cualquiera no se le compra carne de res o leche en polvo. Si no te arriesgas, nunca podrás comerte un buen bistec”, confiesa Sergio.

Iván García
Foto: Solar habanero. Tomada de Cubanet.

viernes, 11 de julio de 2014

Bazar de productos pirata



Por algo menos de 12 dólares, Jennifer, 29 años, a un vendedor callejero le compró un supuesto perfume Carolina Herrera. Creía era una ganga.

“Imagínate, en una shopping el mismo frasco cuesta casi 50 cuc (55 dólares). Pero lo peor no fue la estafa. El perfume me provocó manchas en la piel y tuve que acudir al dermatólogo. También me sucedió con un champú Head&Shoulders que compré a un ‘merolico’ (vendedor callejero) en 7 cuc, pensando que ahorraría dinero, pues en una boutique cuesta 10. Ni espuma hacía. La picazón en la cabeza era tal que en vez de un anticaspa, parecía un producto para estimularla. Desde entonces, los perfumes, aseos y cosméticos en las tiendas”, cuenta Jennifer.

Según Carlos (nombres y lugares cambiados), inspector estatal, las sustracciones en las industrias de elaboración son frecuentes. “Se roba de todo. Desde materia prima para elaborar jabones de lavar y detergente, latas de cervezas vacías hasta barriles de productos químicos y con los cuales fabrican artesanalmente perfumes y cosméticos”.

Por cada una de las factorías ilegales que decomisa la policía técnica, en La Habana surgen tres. Son pequeños talleres improvisados a la carrera en casas particulares, donde han montado cadenas de producción con artículos de alta demanda.

En un barrio de la capital, Samuel ha ido creando un pequeño imperio. “Comencé criando cerdos. El negocio dejaba plata. Pero era muy sucio y el dinero lo veía cada seis meses, cuando se realizaban las matanzas de puercos. Con un dinero ahorrado y unos socios que viajaban a Ecuador y Perú, montamos una línea de gafas plásticas y otra de zapatos y sandalias. Por la izquierda conseguimos el cuero, las suelas y las etiquetas. Cuando salen de aquí no tienen nada que envidiarle al calzado brasileño”, apunta sonriente.

En Cuba también han crecido las 'fábricas' elaboradoras de cerveza y ron de calidad, que luego se comercializan en tiendas o centros nocturnos exclusivos en moneda dura.

Joel se vanagloria de producir un ron mejor que el Havana Club. “No es porque sea el dueño, pero si tu lo pruebas, comprobarás lo que digo. Toda la materia prima sale de la fabrica en Santa Cruz del Norte, pero yo le doy el toque maestro”, señala.

Para Roberto, jefe de almacén de una discoteca, la piratería se ha convertido en un 'arte' en Cuba. “Ya es difícil distinguir entre una cerveza pirateada y una legal. A veces la fraudulenta es mejor, sobre todo la Cristal y Bucanero. Debido al actual cuello de botella en las cervecerías, en mi establecimiento hace tres meses que no entra cerveza. Esto le ha abierto el camino a las bebidas adulteradas. En el mercado subterráneo, una caja de Cristal se vende entre 21.50 y 22 cuc, la misma caja de Cristal pirata cuesta 14 o 15 cuc y deja mayores ganancias a los gerentes de centros nocturnos”.

A raíz de las tímidas reformas económicas instauradas por el régimen de Raúl Castro, casi 450 mil personas abrieron negocios gastronómicos, de hospedaje y transporte.

Otros crearon quincallas y auténticas boutiques de ropa, calzado, bisutería y perfumería, posteriormente prohibidos en las navidades de 2013. Los artículos llegaban desde Perú, Venezuela, Ecuador, Miami o comprados al bulto en un rastro del Canal de Panamá.

Una parte de esa mercancía era pirata. Noel, quien se dedica a traer productos por encargo, afirma que “casi toda la pacotilla que se compra en el extranjero es pirata. China ha montado un negocio colosal de productos falsificados que después son vendidos a bajos precios en los pulgueros de América Latina. Pero no solo los particulares venden de manera consciente o inconsciente una amplia gama de artículos falsos, las cadenas de tiendas del Estado también participan en ese juego”.

Un ex comprador de una empresa estatal asegura que “para abaratar los costos y embolsillarnos una parte del dinero, más la comisión que pagan los vendedores mayoristas, en el exterior se suele comprar pacotilla de baja calidad y luego, en las tiendas minoristas por divisas, se venden con gravámenes entre el 300 y el 500%. Es un negocio que salpica a muchos”.

La piratería es una epidemia mundial que afecta el prestigio de numerosas empresas. Cada año se pierden miles de millones de dólares. China es uno de sus bastiones. En Cuba la falsificación aumenta. Personas que venden discos compactos pirateados, relojes o equipos informáticos.

Algunos de estos artículos, como los televisores de plasma, móviles inteligentes o tabletas, llegan en el equipaje de ‘mulas’ o familiares residentes en el extranjero.

Incluso comprando en una elegante boutique del centro comercial del hotel Comodoro usted no se salva de ser engañado. Y lo peor, que paga a precio de oro una mercancía de dudosa calidad.

Iván García

Foto: Eau de Parfum Sublime, el más femenino de la diseñadora venezolana Carolina Herrera. Fue lanzado en 2013 y el 1 de junio de 2014 en Amazon, el frasco de 1.7 onzas se podía adquirir online por $59.99.

miércoles, 9 de julio de 2014

Made in USA: moda en Cuba



Es de agradecer que un sujeto tan denso y tan falto de gracia como Silvio Rodríguez nos haga reír de vez en cuando. Hace unos meses, declaró al diario La Jornada, de México, que el pueblo cubano guardará rencor durante mucho tiempo a Estados Unidos por causa del embargo, que él llama bloqueo. “El sentimiento de tener un vecino egoísta que calcula y maltrata, va a sobrevivir mucho después de los que padecimos directamente su maldad”, dijo literalmente.

A uno no le queda más que desconcertarse ante el modo en que ciertos representantes de la izquierda bistec de Cuba viven instalados cómodamente en la estratosfera, sin conocer lo que realmente piensa y siente la gente de su pueblo, pero sin que ello impida que se gasten la petulancia de hablar en su nombre.

Como tal vez algún día reconocerán los historiadores, el pueblo cubano es hoy más pro norteamericano que hace medio siglo. Es una realidad que escapa a los encasillamientos políticos, un fenómeno sui géneris que se ha producido a contracorriente del muy retorcido enfrentamiento ideológico que desde ambos lados (pero mucho más desde el poder en Cuba) se empeñó, durante decenios, en distanciarnos y en sembrar la descalificación y el odio previos como barrera.

Y cuando esto sea inevitablemente reconocido por los estudiosos, no me extrañaría que Fidel Castro quede en la historia como el mayor anexionista de los políticos cubanos, si no por los discursos, siempre hipócritas, al menos por los hechos.

Las previsiones de Fidel ante la historia parecen haber sido taimadas y enfermizas hasta un punto tal que cabe suponer que desee y aun que haya previsto un destino de fárrago e indigencia totales para Cuba, sólo con la esperanza de que cualquier comparación que establezcan los historiadores del futuro termine favoreciéndolo.

Poco ha de importar que de las viejas ínfulas anexionistas de gobernantes estadounidenses no quede ya sino sombra en el recuerdo. Menos importa que nadie con dos micras de cerebro asuma hoy como seria la tesis de un presunto interés estadounidense por anexarse nuestra isla.

En cambio, todo indica que, por nuestra parte, y sin que el socorrido “enemigo” mueva un dedo, estamos precipitándonos hacia un destino tal vez más nefasto que la anexión: la dependencia absoluta, a lo bestia, no por intención manifiesta y previamente planificada, sino por caída libre, bajo el peso gravitatorio de una sola disyuntiva, como ya ocurrió antes con la Unión Soviética.

¿Qué otro camino le quedaría a un país sin capacidad productiva, sin industria, con el campo en ruinas, con todas sus estructuras administrativas carcomidas por la corrupción, sin mercado interno, sin fuertes rubros de exportación, endeudada hasta la coronilla y habiendo perdido de raíz la cultura del trabajo y el espíritu de la competencia? Ése es el fruto de la labor anexionista de Fidel Castro.

Por lo demás, en lo que al pueblo cubano respecta, también los historiadores tendrán la ardua tarea de explicar cómo ha sido posible que por encima del implacable y ensañado adoctrinamiento que sufrimos en las escuelas, desde la más temprana edad, por encima de las más demenciales prohibiciones y represiones, nunca, ni por un minuto, a lo largo de varias generaciones, nuestra gente ha renunciado al creciente deseo de emigrar hacia los Estados Unidos, o a la preferencia por sus productos o a la atracción general por todo lo Made in USA.

Bastaría con un ejemplo, el más común y ordinario quizá, aunque suficiente para descalificar por sí solo la ridícula declaración de Silvio: a lo largo de varias décadas, en los almacenes de ropas y otros artículos de vestir, imperó aquí la orden dictatorial de prenderle candela a cualquier prenda importada que tuviese un adorno con la más simple alusión a la bandera estadounidense.

Desde luego, los empleados de esos almacenes fingían quemar las prendas, aunque en realidad se las apropiaban para venderlas como pan caliente en las calles. Pero la orden existía, y aún existe, sin considerar siquiera la buena voluntad que quienes hacían donaciones gratuitas de ropa desde el exterior.

Exhibir públicamente cualquier adorno que pudiera ser tomado por la policía como “símbolo del enemigo”, configuró aquí un delito durante demasiado tiempo. Sin embargo, esta práctica ha sido una constante de nuestra moda, al menos en La Habana. Solapada en años anteriores, cuando no estrictamente oculta; hoy, cada vez más pública, gracias al comercio de ropa de los cuentapropistas.

La recusación, estúpida y salvaje contra esa práctica no ha cesado, pero sin duda los tiempos son otros. Mucha agua corrió por debajo del puente desde aquella época en que la gente vestía símbolos Made in USA sólo cuando iba a solicitar visa a la SINA, para lo cual los llevaban escondidos en carteras y mochilas con el plan de cambiarse de ropa previamente en la funeraria de Calzada y K.

Texto y foto: José Hugo Fernández
Cubanet, 18 de abril de 2014.