lunes, 20 de mayo de 2019

"Creo que hemos llegado"



De una capital de provincia a otra, el cortejo siguió rumbo al oeste por tren hacia la ciudad de Matanzas, a unos 180 kilómetros de distancia. Tal y como ocurrió en el primer tramo, los vecinos de todos los pueblos y caseríos lo esperaban a los lados de la línea del ferrocarril con pancartas, banderas y flores. Cada vez que divisaba un grupo de niños, el presidente electo Tomás Estrada Palma, hacía parar el tren y se bajaba a saludarlos. Finalmente, tarde en la noche del 9 de mayo, llegaron a Matanzas. El viaje había durado más de 12 horas.

El 10 de mayo, en Matanzas, tuvo lugar la misma demostración de afecto y entusiasmo por el nuevo presidente. En uno de sus discursos en esa ciudad, Don Tomás afirmó una vez más algo que había dicho muchas veces antes: era su intención expandir y mejorar la educación primaria, y hacerla una prioridad de su administración.

A la una de la madrugada del 11 de mayo, abordó el vapor Julia para la última etapa de su viaje. Bordeando la costa, el barco enfiló hacia la apoteosis que lo estaba esperando en La Habana. Tropas estadounidenses todavía estaban en la capital, pero se preparaban para el cambio.

Al nivel de Cojímar, a 8 kilómetros al este de La Habana, el Julia entró en una especie de canal formado por dos líneas de barcos, yates y remolcadores decorados con banderines. Por orden del general Leonard Wood, el saliente gobernador norteamericano, cuando el Julia fue divisado por vigías en el Castillo del Morro a eso de las 7 de la mañana, por primera vez, en honor al presidente Estrada Palma, la bandera cubana fue izada temporalmente en la fortaleza. Un bullicio de alegría se propagó por la multitud que había estado esperando en el Malecón, a la entrada del puerto habanero desde muy temprano.

El día había amanecido soleado y brillante, con una agradable temperatura. A las 8 y 45, el Julia dobló por el Morro y entró en la boca del puerto. Lanchas, barquitos de vela, barcos de pesca, remolcadores, todos llenos de público, rodeaban al Julia sonando cualquier bocina, sirena o silbato que tuvieran. Las tripulaciones de los barcos USS Kanawha y USS Dixie, fondeados en la bahía, estaban paradas en formación en cubierta.

Los restos del Maine todavía podían verse. Las campanas de todas las iglesias de La Habana empezaron a repicar y explosiones de fuegos artificiales venían de todas direcciones, en medio del bullicio de voces humanas. El Julia atracó en el Muelle de la Luz en el cual se había erigido un estrado donde esperaban los dignatarios.

El Muelle de la Luz, vale recordar, se ha mantenido activo por más de cien años como punto de embarcación de las lanchas que van a los pueblos de Regla y Casablanca, al otro lado de la bahía. En nuestros tiempos, más de una vez, estas lanchas han sido secuestradas por cubanos desesperados, tratando de escapar de la tiranía de Fidel Castro, como ocurrió el 2 de abril de 2003, cuando una de estas lanchas que trataba de escapar con una veintena de personas a bordo fue apresada. Los tres autores del intento de secuestro fueron ejecutados el 11 de abril, nueve días después de su arresto. Se llamaban Lorenzo Enrique Copello Castillo (32 años), Bárbaro Leodán Sevilla García (22 años) y Jorge Luis Martínez Isaac (40 años).

Volviendo al 11 de mayo de 1902. Después del recibimiento en el muelle por el Alcalde de La Habana, Fernando Freyre de Andrade, y por un grupo de niñas llevando banderitas de todos los países latinoamericanos, Estrada Palma y su comitiva se dirigieron al Palacio de los Capitanes Generales, en la Habana Vieja o Colonial, donde el gobernador Wood y el generalísimo Máximo Gómez, comandante en jefe del Ejército Libertador, los esperaban, rodeados de los miembros de los grupos más importantes de la nueva sociedad cubana.

Desde el 11 al 20 de mayo, Estrada Palma experimentó la presión de las "recomendaciones", "sugerencias" y "consejos" de aquellos que, por una u otra razón, se sentían merecedores de un puesto en el nuevo gobierno. Se cuenta que cuando Don Tomás se encontraba en alguna situación incómoda, hacía una tosecita que le daba tiempo a evadir una respuesta directa. Debe haber tosido más que de costumbre en esos días.

Finalmente se anunciaron los miembros del gabinete. Eran todos civiles, miembros de los dos partidos políticos existentes en aquel momento. No había ningún general ni notable "independentista" de la guerra. Por el contrario, nombres asociados con el Partido Autonomista, que preferían el acomodamiento con España, fueron escogidos, como José Nicolás Hernández, su secretario durante la Guerra de los Diez Años y su compañero de celda durante su prisión en el Castell Sant Ferran o Castillo San Fernando, en Figueres, Cataluña, que fue nombrado Jefe de Despacho. Como prisioneros de guerra de los españoles, Estrada Palma y Hernández fueron enviados a la Península, igual que a otros cubanos luchadores por la independencia, como Calixto García, encarcelado en Pamplona, Navarra. A Estrada Palma y Hernández los enviaron a un castillo que en el siglo XVIII había sido la fortaleza militar más grande construida en Europa, después reconvertido en cuartel y cárcel. Allí estuvieron desde fines de 1877 hasta mediados de 1878.

¿Habrá meditado Don Tomás sobre la significación de las honras recibidas cuando se retiró esa noche en la víspera de su inauguración? ¿Habrían sido esas honras para él, la persona que había sacrificado tantos años de su vida por la causa de Cuba Libre, o habrían sido para "el Presidente", como símbolo de la independencia de la nueva república? Solamente una mente objetiva y desapasionada podía diferenciar entre las dos. Probablemente él pensó que las dos alternativas eran ciertas y que los cubanos eran leales y agradecidos, así como felices por su liberación.

¿Se habrá acordado de la advertencia de Bartolomé Masó cuando lo visitó en Manzanillo unos días antes? Masó le dijo: "Vas a encontrar inquietudes, dolor, emboscadas, decepción, intrigas de los ambiciosos, los pérfidos y los desleales". (Estas palabras aparecen en Don Tomás: Biografía de una época, de Manuel Márquez Sterling, cuyo padre estuvo presente en la entrevista entre Estrada Palma y Bartolomé Masó en Manzanillo). Años después, cuando su gobierno estaba amenazado por una insurrección armada inspirada por el rival Partido Liberal, a Estrada Palma lo caracterizaron rodeado de un grupo de aduladores que no lo dejaba darse cuenta del peligro.

A las 12 del día del 20 de mayo, en el Salón Rojo del Palacio de los Capitanes Generales, el general Wood y sus ayudantes de uniforme de gala, y Tomás Estrada Palma y su gabinete con los presidentes del Senado y la Cámara vestidos de chaqué y corbata blanca, se encontraron en el medio del salón. Wool leyó una declaración que terminaba "y yo declaro que la ocupación de Cuba por los Estados Unidos y el gobierno militar de la Isla ha cesado". Los jueces de la Corte Suprema, Don Rafael Cruz Pérez y Don Carlos Revilla hicieron el juramento.

La bandera cubana fue izada simultáneamente en el Palacio de los Capitanes Generales; en el Castillo del Morro por el general Emilio Núñez; por un grupo de veteranos en la Fortaleza de La Cabaña, y en todas las instituciones militares y gubernamentales de Cuba. Cuentan que el general Máximo Gómez se volvió hacia el general José Miguel Gómez -que después sería el segundo presidente de la república-, y emocionado le dijo "Creo que hemos llegado". Una frase que desde entonces forma parte del vocabulario cubano.

Margarita García
Fragmento de su libro Antes de "Cuba Libre". El surgimiento del primer presidente Tomás Estrada Palma (Editorial Betania, Colección Ensayo, 2015).

Acerca de la autora.- Margarita García nació en La Habana, donde asistió al Colegio Trelles y al Ruston Academy. Después que emigrara a los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Columbia en Nueva York, obteniendo los títulos de Bachelor of Science (BS), Master of Arts (MA) y Doctor of Philosophy (PhD), todos en Psicología Experimental. Durante 38 años trabajó como profesora en el Departamento de Psicología de la Universidad Monclair en Nueva Jersey, de la cual se retiró con el grado de Profesora Emérita. En 2004 comenzó a estudiar la vida de Tomás Estrada Palma y ha visitado los lugares donde estuvo antes de ser proclamado primer presidente de la República de Cuba, el 20 de mayo de 1902. Está casada con Guillermo Estévez y tiene una hija llamada Victoria.

Acerca del libro.- En su debut como escritora, la Dra. Margarita García ha creado un retrato del hombre antes de que éste encontrara el "oceáno de dificultades" de la presidencia -como dijo George Washington al ser elegido y que terminarían por abrumarlo. En el libro se narran antecedentes pocos conocidos de Estrada Palma antes de convertirse en el primer mandatario electo de la Isla. El texto se desarrolla a través de tres continentes, desde celdas de prisiones hasta preparación de expediciones de filibusteros e ingeniosos esquemas de recaudación de fondos. Y se muestran fotos nunca antes vistas e ilustraciones difíciles de encontrar. Es el relato íntimo de un patriota, un maestro de vocación y profesión, un revolucionario idealista, un hombre escrupulosamente honesto y un presidente testarudo.

Foto: Llegada del vapor Julia, donde viajaba Tomás Estrada Palma, al Muelle de la Luz en el puerto de La Habana, el 11 de mayo de 1902. Tomada de Hojas de prensa para la historia de Cuba. Suplemento de Memorandum Vitae.

lunes, 13 de mayo de 2019

Socialismo con guitarras rusas



El Período Especial, que estremeció el país en los años noventa del siglo pasado, no ha llegado ahora a Cuba tocando con educación en la puerta y con una tarjeta de presentación para que la gente se prepare y salga a buscar donde pueda, su salvación. No, como debe de ser, ese fenómeno devastador, hace su entrada con una sutileza escandalosa en la sociedad cubana.

Invade a rebato y con insistencia los sectores de la alimentación y la medicina, se encarga de desmontar los servicios de transportes, trabaja en la mortalidad de los viejos y, todo eso, bajo un apagón organizado por el gobierno para que la nación no se quede sin luz de una vez.

Amortiguado por el esfuerzo de los cómplices de los comunistas, como la estructura que impera en el país es débil y enfermiza, en cuanto le fallan sus proveedores y ayudantes, el Período Especial no regresa. Resurge, porque las esencias de ese fracaso, de esa derrota económica, están en las bases del socialismo. Y de una manera más acentuada en el socialismo que se quiere amenizar con guitarras rusas. Así es que, en este momento es la crisis venezolana, entre otras cosas, la que saca de sus escondrijos las cuchillas del Periodo Especial.

Un vistazo a lo que pasa hoy en Cuba enseña por cualquier zona del país colas, discusiones, broncas por algunos productos alimenticios y la situación de la electricidad, en veremos desde hace más de un año por el problema de los venezolanos, registra ya apagones en el sector residencial y se ha racionado el suministro en los consultorios de los médicos de la familia.

Los filos de esta nueva crisis que estaba adormecida comienzan a tocar directamente o a rozar todos los aspectos de la vida del cubano de la calle. Su fiebre contamina todo y cada asunto se convierte en un tema difícil, complejo, amargo y hasta peligroso. Entre otros reflejos terribles en la población, aparece el deseo constante de abandonar el territorio nacional, de salir a buscar una existencia honorable y normal en otros países con todos los peligros que implica hacer una salida ilegal por cualquier vía.

No tiene importancia el nombre rebuscado y lánguido que los gobernantes criollos le pusieron a la gran crisis de los noventa. Viene una etapa para los cubanos, sin esperanzas ni salidas coherentes y racionales, que el mismo Raúl Castro retrató en un examen de la situación de la economía de Cuba y que deja lejos y empequeñecido al Periodo Especial: “Tenemos que estar preparados para la peor variante.”

Raúl Rivero
Blog de la FNCA, 12 de abril de 2019.

lunes, 6 de mayo de 2019

Maestros cubanos intentan sobrevivir



A perro flaco todo lo que le caen son pulgas. Llamémosle Caridad, una maestra de preuniversitario que frisa los 50 años. Luego de ahorrar el equivalente a 300 dólares para reparar la destartalada cocina de su casa, el pasado 27 de enero un poderoso tornado que asoló cinco municipios habaneros le demolió parcialmente el techo de la vivienda y destrozó el televisor, electrodomésticos y otros bienes personales.

“No es fácil. Cuatro años ahorrando dinero con los repaso a mis alumnos o vendiendo ropa y después viene un tornado y tengo que empezar de nuevo. Pero otros están peor que yo. En mi escuela hay profesores de provincias que tienen que residir en albergues en condiciones deplorables. Si no fuera por las familias que ayudan a los maestros, hace rato que me hubiera dedicado a otra cosa. El magisterio en Cuba es una vergüenza. Un trabajo de indigentes”.

No siempre fue así. Rita, abuela de un estudiante de secundaria, recuerda que en sus tiempos “ser maestro era un orgullo. Ahora el gobierno critica la etapa republicana y le gusta comparar que han crecido en número de profesores y escuelas, pero en aquella época, en cualquier colegio público de La Habana los alumnos desayunaban y merendaban, los maestros tenían vocación, valoraban su profesión y eran respetados por la sociedad".

La realidad ha cambiado bastante. Hoy, muy pocos en Cuba quieren ser maestros. Octavio, un pinareño que da clases en Arroyo Naranjo, municipio de La Habana, explica que “estudió pedagogía porque desaprobé las pruebas de ingreso a la universidad donde pensaba estudiar Derecho. Entonces, para escapar del servicio militar, opté por magisterio”.

Osmara, estudiante de preuniversitario, dice que en su escuela "la mayoría de los profesores dan lástima. Se visten mal y por detrás los alumnos nos burlamos. Como sus salarios son bajos, algunos dan repasos pagados, venden pacotillas o chiclets. Son excepcionales los que dan buenas clases. Hay alumnos con más conocimientos que los maestros”.

Melissa, alumna de secundaria, comenta que “desde la escuela primaria, casi todos los maestos que he tenido son pésimos. No parecen educadores. A veces se comportan como si fueran marginales, piden que les llevemos merienda, que los padres les recarguen el celular, les regalen ropa o comida”.

Reinerio cuenta que en su instituto tecnológico, "los profesores no van a trabajar bien vestidos, como en las fotos de cuando mi mamá y mis tías iban a la escuela antes de 1959, que se veían elegantes. Y no es solo el atuendo, también el lenguaje. Hablan como si fueran aseres del barrio. Y lo peor, algunos tienen faltas de ortografía y deficiencias profundas en las materias que imparten. Mi instituto parece un pulguero, con los maestros vendiendo bisuterías o dulces. Cuando hay juego de la Champions, el profesor de Historia no da clases”.

Según los adolescentes consultados, existen maestros corruptos. “A pesar de los escándalos de corrupción que han habido, con profesores que vendían pruebas, si tus padres te puedan dar 30 o 40 cuc, puedes comprar exámenes, te permiten fraudes o te pueden otorgar altas calificaciones ”,

Aunque contraviene las normas del Ministerio de Educación, muchos profesores cobran por repasar a sus alumnos. “Por lo general lo hacen en casa de un alumno. Suelen cobrar uno o dos pesos convertibles por cada uno, en dependencia de la asignatura. En esos repasos, el maestro hace hincapié en lo que debes estudiar, por que se supone es lo que saldrá en la prueba. Una especie de fraude cantado”, opina un estudiante de último año de preuniversitario.

Liván, padre de una alumna de sexto grado, se queja de que todos los meses gasta entre 10 y 15 cuc en pagar repasos. "Cobrar por dar repasos es ilegal. Pero el Ministerio de Educación se hace de la vista gorda. Les pagan una miseria y obligan a los maestros a estar en el invento para sobrevivir. A eso súmale que siempre están pidiendo favores. Los padres con recursos les regalan ventiladores, ropa y dinero”.

Luis Carlos, ex profesor de Física que ahora trabaja en una dulcería particular, señala que “el salario de un maestro, dependiendo de su calificación, fluctúa entre 400 y 700 pesos mensuales. Los profesores universitarios ganan un poco más, mil o mil quinientos pesos. Pero ese dinero en Cuba no alcanza ni para los desayunos”.

Rosa, maestra de noveno grado, alterna la enseñanza con la labor de dependienta en una paladar. “Termino reventada, pues en la paladar termino a la una de la madrugada. Si estoy muy cansada, al día siguiente no voy a dar clases. En la paladar, entre salario y propina, me busco 20 chavitos (cuc) diarios o más. Cuando pueda conseguir una 'pincha' fija y bien pagada, dejo el magisterio”.

Poco antes del inicio del curso escolar 2018-2019, la ministra de Educación Ena Elsa Velázquez, reconoció que el sistema educativo del país padecía un déficil de 10 mil docentes. La Habana, Artemisa y Matanzas eran las provincias con más dificultades para garantizar un maestro en cada aula.

Ningún maestro llega a fin de mes solo con su salario. Por eso cobran por dar repasos, venden mercaderías o buscan una entrada de dinero fuera de su horario laboral. Lidia, maestra de cuarto grado, aspira a encontrar un novio extranjero en Instagram. Gustavo, profesor de matemáticas, prepara gallos destinados a pelear en carteles ilegales. Y Eddy, maestro de educación física, por la noche se pone una saya, peluca rubia y tacones altos y se prostituye en una céntrica calle.

Iván García
Foto: Maestra particular. Tomada de La silenciosa huelga de los maestros cubanos.
Leer también: Grandes Pedagogos Cubanos: María Luisa Dolz, Alfredo M. Aguayo, Esteban Borrero, Dulce María Borrero, Enrique José Varona, Carolina Poncet, Arturo Montori y Aurelio Baldor.

lunes, 29 de abril de 2019

Dios no es ciudadano cubano



Durante unas pocas semanas, decenas de miles de cubanos tuvieron la ilusión de que el resto de sus compatriotas les permitirían disfrutar del mismo derecho que tienen todos ellos, el de firmar un contrato matrimonial con una persona a la que supuestamente podrían soportar, resistiendo la tentación de echarla por el balcón o prenderle candela, el resto de sus vidas.

Es inexplicable por qué alguien querría casarse, teniendo a su disposición tan extensa y convincente evidencia de la miseria moral en la que la mayoría de los matrimonios se consumen a los pocos años, y a veces, a los pocos días de sus bodas, o incluso en el mismo momento en que los recién casados parten a la luna de miel, ya cruzando miradas de decepción y rencor. Quién sabe por qué alguien querría ponerse en tan incómoda situación, quizás para probar no solo la hiel del matrimonio, sino también la del divorcio.

Aún más inexplicable es que la mayoría de los cubanos quieran negarle ese paupérrimo derecho a la exigua minoría que tiene la furiosa pero inofensiva inclinación de tocar, lamer, oler, penetrar o dejarse penetrar por aquellos que tienen sus mismos atributos biológicos. Es tan poca cosa lo que piden los homosexuales cubanos, que si la mayoría de sus conciudadanos fueran generosos, no solo consentirían de buen grado con que se casaran, sino que además, les darían un benevolente consejo: “¿Están ustedes seguros de que quieren esto?”

Pero todos los ciudadanos de una nación deberían tener el derecho inalienable de ser infelices, y ninguna mayoría electoral debería impedir que alguien que tenga semejante vocación pueda satisfacerla a plenitud, hasta los extremos del crimen o el suicidio. Naturalmente, la mayoría de los matrimonios no terminan en asesinato, eso es una exageración, sino que naufragan agriamente en el adulterio o el más enconado resentimiento, algo que los homosexuales cubanos tienen tanto derecho a experimentar como aquellos que se ufanan de su ordinaria heterosexualidad. Cada día de intrincada amargura, cada traición, cada trampa, cada leve gesto de desprecio o resentimiento, cada instante de efervescente odio.

Lamentablemente, aquéllos que se entusiasmaron prematuramente con la posibilidad de que la nueva Constitución cubana, que ha sido aprobada con mayoritario desgano el pasado domingo, admitiera el matrimonio homosexual en la isla, olvidaron un pequeñísimo pero fundamental detalle, el matrimonio homosexual no ha sido legalizado en ningún país que no funcione, al menos en lo formal, como una democracia. Cuba hubiera sido una graciosa excepción en la lista de los países que permiten que personas del mismo sexo se casen y aparezcan en público y en papeles como esposos, alfabéticamente por debajo de Costa Rica, y delante de Dinamarca y Finlandia.

Hubiera sido tan raro como que Cuba apareciera entre esos mismos países en la lista de las naciones que dan más libertad a la prensa. Más extraordinario hubiera sido que el matrimonio homosexual fuera legalizado en un país en el que no existe ninguna organización independiente dedicada a la promoción de los derechos homosexuales, y es una institución del Estado, el Centro Nacional de Educación Sexual, con un nombre perfectamente medicinal, la que se ha ocupado de dar representación a quienes hasta hace muy pocos años eran objeto de interés de una institución muy distinta, el Departamento de Lacras Sociales del Ministerio del Interior.

En Cuba no hay una comunidad homosexual, no en el sentido político, no como una red de organizaciones independientes capaces de formar una coalición de propósito, programa y acción comunes. Coaliciones de ese tipo triunfaron en países tan distintos como Colombia, Irlanda o Estados Unidos, usando cada vía legal o política disponible, los parlamentos, las cortes de justicia, los partidos políticos, los medios de comunicación, el voto popular, para conseguir ya no solo la legalización del matrimonio homosexual, sino también otros derechos estridentemente obvios, el de cada hombre o mujer homosexual o transexual a no ser discriminado por empleadores, escuelas o servicios públicos, el de adoptar, el de servir en los ejércitos de sus países, el de cambiar de sexo.

Los homosexuales cubanos han estado en la muy rara situación de casi haber conseguido el derecho a casarse entre sí, estando aún muy lejos de conseguir el mucho más elemental derecho de crear organizaciones independientes que los representen. Sin la capacidad de representarse a sí mismos frente a un gobierno que no tiene, ni ha tenido nunca, un solo ministro homosexual, al menos que se haya sabido, los homosexuales cubanos recurrieron a un recurso que no había sido usado victoriosamente en ninguna otra parte del mundo, el patronazgo, o la tutela, orientación y protección de una persona no homosexual colocada en una posición de gran influencia política. En vez de hablar por sí mismos, muchos homosexuales cubanos aceptaron, esperanzados, que alguien hablara por ellos. Inevitablemente, llegado el momento culminante de escoger entre aquellos a quienes decía representar, y la supervivencia del régimen político al que debe todos sus privilegios, Mariela Castro, que había hecho tanto bien hasta ahora, no tuvo ni un segundo de dudas, y escogió a su padre.

Del fiasco del artículo 68 en el proyecto de la nueva Constitución, los homosexuales cubanos pueden rescatar algunas consoladoras lecciones. La primera es que, en contra de lo que se ha dicho repetidamente sin razón, los cubanos no son más hostiles a los homosexuales que otras naciones, no particularmente, no más que los colombianos, los australianos o los argentinos. En los supuestos debates del proyecto de Constitución castrista, la posibilidad de que Cuba adoptara el matrimonio homosexual recibió mayor aprobación de la que se hubiera podido esperar cuando Raúl, quizás para complacer a su hija, quizás para expiar antiguos crímenes, o para dar al mundo la impresión de que la isla estaba alcanzando en progreso a Suecia, autorizó la inclusión en el texto del malogrado artículo 68.

La vasta mayoría de los homosexuales cubanos han sufrido, o sufren, en mayor o menor grado, violencia, desprecio y discriminación en sus propias familias, en las escuelas, en los sitios en los que trabajan y en la calle, desde que son niños hasta que mueren, pero no tanto más que en otros países similares en origen y nivel de desarrollo. El gobierno cubano ha sido siempre más hostil a los homosexuales que su pueblo. Es reconfortante que tantos cubanos hayan dicho que el matrimonio homosexual les parece apropiado y justo, o que les importa un pito que los homosexuales se casen o no, y hayan llegado a esa conclusión por sentido común, por generosidad, por cálida solidaridad con sus familiares, amigos y vecinos homosexuales, por un exquisito sentido de la justicia, o por aséptica indiferencia.

Si los homosexuales cubanos pudieran organizarse libremente, hacer campaña en las calles de Cuba y en la televisión sin el tutelaje del CENESEX, educar a sus conciudadanos y refutar las mentiras de sus enemigos, si pudieran contarle al país, en su propia voz, todos los crímenes que han sido cometidos contra ellos, y recordarle todo lo que ellos han hecho por él, no solo sería adoptado el matrimonio homosexual, sino que lo sería con tanto entusiasmo, que algunos heterosexuales quizás se atreverían a probar eso que los homosexuales dicen que les gusta tanto.

La otra razón por la que los homosexuales cubanos no deberían sentirse del todo descorazonados es que no fueron ellos los derrotados en el debate público del artículo 68, sino Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. Matrimonio homosexual habrá legalmente en Cuba algún día, si el mundo no se acaba antes. Es tan inevitable como lo fueron el fin de la esclavitud y el derecho a votar de las mujeres. La polémica provocada por el artículo 68 es solo el prólogo de una guerra cultural que arrasará Cuba en los próximos años y en la que el actual gobierno cubano no será uno de los contendientes, aunque haya salido trasquilado de esta escaramuza.

Los rivales en esa guerra por el alma y el afecto de los cubanos, serán los mismos que en otros países, de un lado sectores educados, liberales, urbanos, de talante, experiencia e intereses económicos transnacionales, y del otro, un entramado de grupos, partidos e iglesias ferozmente reaccionarios, heraldos de un monosilábico nacionalismo, los mismos enemigos que, entre otros actores, disputaron las elecciones de Estados Unidos en 2016, de Francia en 2017, de Costa Rica, Brasil y Andalucía en 2018, y el fatídico referendo del Brexit. Hasta que Raúl Castro tuvo la idea de desempolvar la vieja Constitución de su hermano, no se había dado la ocasión para que esa guerra mundial alcanzara a Cuba, no hubo oportunidad para que ningún fanático saliera a la calle a quejarse de la aparición en la isla de una misteriosa plaga moral llamada “ideología de género” por quienes se han dado la tarea de exterminarla, que son los únicos que creen que esa plaga existe.

El debate de la Constitución fue la oportunidad para que las únicas organizaciones a la vez independientes y legales en el país, las iglesias, desafiaran ya no a los difusos círculos de activistas protegidos por el CENESEX, que son políticamente insignificantes, una presa fácil, sino a un enemigo mucho más poderoso, el propio gobierno, que tan poco preparado estaba para ese reto, que claudicó después de unas pocas semanas de embarazoso silencio y accedió a eliminar el artículo 68 y postergar el debate del matrimonio homosexual hasta dentro de dos años, o ya se verá.

Al parecer, cuando puso la reforma constitucional a debate, Raúl calculó correctamente que la Iglesia Católica haría algo de ruido sobre el artículo 68 y algunos puntos más, para guardar las formas, pero no se atrevería a hacer nada más, quizás solo publicaría una carta de dolida desaprobación, que nadie leería, y que en Roma, el Papa, ocupado en asuntos más graves que los groseros pecados de los homosexuales cubanos, ni siquiera movería una ceja. Oposición política, en Cuba no hay ya nada que se pueda llamar así, Raúl ni siquiera se acuerda de los nombres de los pocos líderes opositores cubanos que no se han muerto o se han ido a otro país, y entran y salen cada semana de la cárcel.

Pero Raúl subestimó gravemente la aparición en la isla de un nuevo, formidable actor político, un evangelismo militante que ha ido creciendo durante años en el terreno fértil de la pobreza, la ignorancia y la descomposición social de ciudades y pueblos arrasados por el caos económico y moral de la fase terminal del castrismo. La idea del “diseño original”, o “La familia como Dios la creó”, plantada por los evangelistas en las calles de Cuba como desafío al artículo 68, es, por supuesto, absurda, tanto como el “Let’s take back control” de Brexit, como “Make America Great Again”, como “Brasil acima de tudo, Deus acima de todos”, pero la estridente, reconfortante simplicidad de esos eslóganes ha dado a millones de personas, votantes de Minas Gerais, de Michigan, de Middlesbrough y del Cotorro, una poderosa sensación de rectitud moral, a la vez individual y nacional, en medio de los rabiosos cambios sociales y culturales de la globalización, el descrédito de las élites políticas, económicas e intelectuales, y la pavorosa extensión de la corrupción y la desigualdad.

A los cubanos que creen en el “diseño original”, legítimamente, con el mismo derecho con que otros creen en el marxismo-leninismo o en Babra Streisand, no les afecta en absoluto que dos hombres o dos mujeres sean reconocidos legalmente como esposos, no debería ni causarles curiosidad, nadie los obliga a mirar o siquiera responder el saludo de sus vecinos homosexuales, pero en la defensa del supuesto plan inicial de Dios, en la cruzada contra el matrimonio homosexual, el derecho de las mujeres al aborto, o el de los transexuales a existir y ser tratados con dignidad, y en el resto del programa político y social del evangelismo, esas personas han encontrado una causa a la que se pueden dedicar con un fervor que ninguna otra podría ya provocar. Nada, a sus ojos, es más importante que la supuesta palabra de Dios, y no les perturba en lo absoluto que Él o Ella no haya sido visto jamás en la isla y no haya dado señales evidentes de tener ningún particular interés por los asuntos de sus desgraciados habitantes.

El evangelismo, que había hecho de su humildad una virtud política, y pudo crecer imparablemente sin ser visto por el gobierno cubano como una amenaza, ha mostrado una fina capacidad de movilización popular, y una formidable disciplina de mensaje y acción. Ni Raúl Castro ni la Seguridad del Estado se imaginaban lo que esos desconocidos pastores metodistas, bautistas o pentecostales podían hacer. En unas pocas semanas, lograron lo que nadie, dentro de Cuba, había logrado jamás, tan resonantemente, en un tema tan esencial, hacer retroceder al gobierno, obligarlo a cambiar una decisión ya tomada, reescribir una línea de la Constitución. Si a alguien se le olvidó, este es todavía el mismo gobierno que, habiendo recibido más de 25 mil firmas en demanda de un referendo constitucional, las ignoró, y cambió la Constitución para que nunca nadie pudiera usar un recurso legal para solicitar una pizca de democracia.

Las iglesias evangélicas cubanas, más de cien ya, no se han atrevido a cuestionar la legitimidad del gobierno Castro-Díaz-Canel, no se han propuesto nada semejante al Proyecto Varela, que atraería sobre ellas una tormenta de fuego, pero su frontal oposición al artículo 68 les sirvió de pretexto, a muchas de ellas, para impugnar otras secciones del proyecto de Constitución, como la proscripción de la objeción de conciencia y las restricciones a la adquisición de propiedades, y anunciar que el 24 de febrero votarían, estrepitosamente, no. Es difícil saberlo, pero el evangelismo podría haber sido el principal responsable de que el sí obtuviera el domingo pasado un resultado tan deslucido en el referendo constitucional, y que casi dos millones y medios de cubanos votaran No, se abstuvieran, dejaran sus boletas en blanco, o se las anularan. No es la victoria aplastante que quería Raúl, sino la confirmación de que una parte significativa de Cuba ya no lo obedece ni lo teme.

En otros países, el evangelismo no ha encontrado, salvo excepciones, acomodo en la izquierda del espectro político, que ha puesto la defensa de los derechos de las mujeres y las minorías sexuales entre sus más ardientes prioridades, esa presunta “ideología de género” que las iglesias presentan como obra del maligno, y que, si uno no cree en el diablo, podría llamar como lo hizo el primer ministro canadiense Justin Trudeau cuando le preguntaron por qué tenía tantas mujeres en su gabinete del siglo 21. Inevitablemente, tratando de transformar su programa moral en política de Estado, el evangelismo ha hecho de tripas corazón para apoyar a candidatos tan macabros como Donald Trump o Jair Bolsonaro, y ha terminado, a gusto o no, condonando acciones atroces contra los pobres, las minorías, las mujeres, los inmigrantes, o el medio ambiente.

Sería extraño que en la Cuba del futuro, cuando las fuerzas políticas del país se reorganicen para ocupar el vasto espacio vacío que dejará el post castrismo, no ocurra el mismo alineamiento que en otros lugares, y que el evangelismo, y también la Iglesia Católica, o lo que quede de ella en la isla, no salgan al paso de una nueva izquierda democrática determinada a proteger los reales avances sociales de los últimos sesenta años, y conseguir los que el castrismo, por cobardía, mediocridad o maldad, no consiga antes de desaparecer. Las iglesias evangélicas cubanas, y la de Roma, se verán las caras de nuevo en el futuro con los homosexuales cubanos, pero estos, entonces, ya tendrán voz propia, y responderán, firmemente, a los insultos y mentiras de sus oponentes, sin prestarle atención a quien les pida que no hablen alto, que actúen con modestia, que pidan permiso para existir.

Será una furiosa pelea, y Cuba se desgarrará de nuevo, se partirá en dos. Pero esa pelea solo puede tener, a la postre, un vencedor. Dios no será invitado a la primera boda homosexual de Cuba, pero Barbra Streisand, o alguien muy parecido a ella, sí. Poco después, Cuba tendrá también su primer divorcio homosexual, tan demoledor, tan cruel como cualquier otro.

Juan Orlando Pérez
El Estornudo, 26 de febrero de 2019.
Ilustración de Frank Isaac García tomada de Los gays en la Casa del Señor.

lunes, 22 de abril de 2019

Varadero no es para los cubanos de a pie


En los premios Traveller’s Choice 2019, la web turística TripAdvisor acaba de ubicar a Varadero como la segunda mejor playa del mundo, solo superada por Baia Do Sancho, en Brasil.

Es una pena que para los cubanos de a pie, que somos la mayoría, hoy Varadero resulte casi tan inaccesible como Waikiki. En la Playa Azul, donde ahora cobran peaje de entrada, los precios son del Primer Mundo, y a veces más. A los cubanos -casi siempre invitados por algún pariente residente en el exterior que corrió con los gastos- que se alojan en alguna de las más de 50 instalaciones hoteleras propiedad de las FAR o los españoles, los mirarán como a bichos raros, les impedirán el acceso a ciertas áreas reservadas solo para extranjeros o la elite, y si son jóvenes tendrán que cuidarse de que no los tomen por jineteras o pingueros. Y ni soñar con que le permitan a un cubano salir a pasear por el mar en catamarán.

Siento especial nostalgia por Varadero, a pesar de que de las tres veces que he estado allí, hace años, de solo una guardo buenos recuerdos. La primera vez fue en noviembre de 1970. Tenía 14 años. Fui con otros dos amigos, de mi edad, al Festival de la Canción. Íbamos tras Los Bravos (sin Mike Kennedy), Los Ángeles y Los Mustangs. No eran santos de nuestra devoción -no eran Creedence Clearwater Revival ni Santana-, pero en la Cuba fidelista, libre de diversionismo ideológico, no se podía aspirar a más.

Por tanto, no nos podíamos perder la actuación de aquellos grupos españoles. Queríamos que aquel festival fuera nuestro Woodstock. Pero la policía nos echó a perder el plan. Como no les gustó nuestro aspecto, nos condujeron a un mugriento puesto de la PNR. Desde un cartel en la pared nos miraba ceñudo el Comandante en Jefe. No sé si su cara de bravura era por la peste, por nuestro diversionismo ideológico o porque la zafra de los 10 millones no fue.

Al meternos en el calabozo, con todo y la peste a mierda que allí había, casi nos hicieron un favor, porque afuera hacía un frío siberiano. Lo malo fue cuando los policías empezaron a hablar de pelarnos y escuchamos a uno decir: “Estos van completo Camagüey”. Por suerte no pasaron de las amenazas. Nos soltaron en la terminal de Cárdenas, donde cálidamente nos sugirieron: “Váyanse, piérdanse de todo esto pa’l carajo, ahora mismo, chamas…”

Volví a Varadero en el verano de 1979. Fui con Leyda. Llevábamos menos de un año de casados y ella era algo así como mi alter ego femenino. Llegamos de sopetón, con un poco de ropa en la mochila, “de guerrilla”, como se decía entonces, dispuestos a pasarla en grande. En aquella época, cuando el Comandante aún no había vencido su reluctancia por el turismo extranjero, los cubanos todavía podían disfrutar de Varadero (¡oh, happy days!).

Como no conseguimos donde parar, decidimos pasar la noche en el Parque de las Mil Taquillas. Cuando del parque nos echó la policía, nos fuimos a la arena. Bebimos una botella de aguardiente Coronilla, hicimos el amor entre las casuarinas y luego nos quedamos dormidos en la arena. Nos despertaron los guardafronteras, con perros y bayonetas en ristre, para decirnos que no se podía estar de noche en la costa. Regresamos al parque, ya sin policías. Cuando comenzaba a clarear, volvimos a la playa y nos metimos en el mar, a refrescar.

Pudimos conseguir alojamiento, muy barato, en un hotel de madera, viejo y destartalado, que se llamaba Miramar. Estábamos todo el día en la playa, y por las noches nos íbamos a bailar con los Bee Gees al dancing light de La Patana. El único inconveniente era la pareja de la habitación vecina. Cuando hacían el amor, gritaban como si los estuvieran matando. Sus gritos atravesaban las paredes de tabla, como invitándonos a emular. O a intercambiar la pareja, porque con tanta nitidez se oían sus gritos y resoplidos que era como si estuviéramos, juntos y revueltos en la misma cama. Los vimos, una mañana, cuando salían de la habitación y nos sorprendimos de que no eran como los imaginábamos: ella, una aburrida gordita teñida con peróxido, y él, un flaco con portafolio, mostacho, espejuelos de aumento y cara de oficinista de la JUCEPLAN.

La tercera y última vez que estuve en Varadero fue en 1985, en una excursión de ida y vuelta para trabajadores destacados que se ganó mi esposa, que ya no era Leyda, sino Nery. Llevamos a nuestro hijo, que aun no había cumplido los dos años. Todo fue bien, hasta que se nos acabó el agua de beber. Buscando infructuosamente donde llenar las botellas de agua, perdimos el zapato izquierdo del niño. Fue una tragedia porque el par de zapatos chinos Gold Cup nos había costado una fortuna en la tienda Yumurí. Y créanme que en aquellos años 80 que algunos tanto añoran -no acabo de entender por qué- tampoco alcanzaba el dinero para llegar a fin de mes.

Desde entonces, no he vuelto más a Varadero. No he hecho ni el intento. Supongo que después que quedó reservado sólo para extranjeros y privilegiados de la élite, siendo disidente, me hubieran expulsado de mucho peor modo que en 1970, o ni me hubiesen dejado llegar. De cualquier modo, aunque en Varadero no haya conocido la paz, como el Benny, esa playa sigue indisolublemente asociada en mi mente a la felicidad. Pero no pienso volver allí.

Me duele que hoy Varadero sea muy distinta a lo que fue, más plástica y fría, y que su disfrute esté prácticamente vedado para la mayoría de mis compatriotas. En 2010, a propósito de los planes de demoler el Hotel Internacional, las Cabañas del Sol y varias manzanas del centro urbano de Varadero, el Comité Internacional de Monumentos (ICOMOS-Cuba) preguntaba en una carta abierta “hasta dónde llegará la transformación de la Playa Azul y su creciente pérdida de identidad, convirtiéndola en un resort globalizado y ajeno a la cultura cubana”.

Me temo que los mandamases, siempre ávidos de divisas para sus bolsillos, no les hicieron caso a aquella carta, y mucho menos les interesarán las añoranzas de nostálgicos como yo.

Luis Cino
Cubanet, 7 de marzo de 2019.
Video: Varadero, del cantautor Frank Delgado.
Leer también: Varadero, un poco de historia, Varadero, el poblado más rico de Cuba, Nostalgia de Varadero, Varadero ya no es una ciudad prohibida, pero.., Varadero, más que arena, sol y playa, El Hotel Internacional de Varadero será demolido, Reabre sus puertas el Hotel Internacional de Varadero, Xanadú, la mansión de los Dupont en Varadero, En Varadero los negros lo tienen más difícil, Mis recuerdos de Varadero y Varadero, donde el Benny conoció la paz.

lunes, 15 de abril de 2019

Luis David Fuentes, habanero y kentubano




Me llamo Luis David Fuentes. Nací en 1972 en La Habana. Me gradué como ingeniero mecánico en la CUJAE en 1995 y dos años más tarde emigré a Chile. Hasta lograr trabajar como ingeniero, fui vendedor a domicilio y portero en centros nocturnos. .

En el 2000 vine para Estados Unidos y me establecí en Frankfort, capital del estado de Kentucky, donde pretendía estar dos o tres años, con el objetivo de aprender el idioma y la verdadera cultura estadounidense y luego establecerme en Florida. Han transcurrido 19 años y aún vivo en Kentucky, con la familia que constituí: mi esposa Yamilet y mis dos hijos Fernanda y Luis Manuel, de 15 y 12 años respectivamente.

Los primeros años en Kentucky fueron muy difíciles. Trabajé en una factoría barriendo el piso por $7/hora. A los pocos meses logré obtener un puesto mejor como Coordinador Ambiental, a cargo del cumplimento de las regulaciones estatales para la emisión de desechos y contaminantes al aire y al agua. Entre el 2002 y 2006 me dediqué a estudiar durante las noches y fines de semana para tratar de revalidar el título de ingeniería. Luego de los dos exámenes correspondientes, me convertí en Ingeniero Profesional en la especialidad de Ambiente.

En 2006 comencé a trabajar para el gobierno de Kentucky, en el Department of Environmental Protection como Ingeniero Profesional Ambiental, actividad que realicé por casi once años, hasta que en el 2017 decidí dedicarme a tiempo completo a ayudar a la comunidad cubana de Kentucky a través de la publicación El Kentubano.

Cuando en el 2000 llegué a Kentucky, el número de cubanos no pasaba de 500, pero en 2006 ya existían cerca de 5,000 cubanos, la mayoría procedentes directamente de la Isla, ubicados por las agencias locales de ayudas (Kentucky Refugee Ministries y la Catholic Charities). Lo que más necesitaban esos recién llegados era información básica (cómo abrir una cuenta bancaria, sacar la licencia de conducir, obtener un seguro de auto, pagar impuestos), cosas que son completamente nuevas para quienes procedemos de Cuba.

Por esa razón tuve la idea de imprimir un tabloide con informaciones les orientaran, pero que a la vez contuviera secciones sobre Cuba que les ayudaran a mantener vivas nuestras raíces, historia, arte, deporte, chistes, opiniones, entrevistas... En agosto del 2009 nació El Kentubano, el apodo que le puse a mis dos hijos cuando nacieron, la combinación de Kentucky y Cuba.

El primer número de El Kentubano fue de 1,000 copias y de 20 páginas, y a pesar de lo rústico y poco profesional fue inmediatamente aceptado como una referencia obligada para los cubanos que llegaban a Kentucky y también para los que ya aquí vivíamos. Mes tras mes fue creciendo en páginas y secciones, así como en calidad de papel, contenido y diseño. La publicación es gratuita, financiada por patrocinadores o anunciantes y se distribuye en los lugares donde concurren cubanos (tiendas, restaurantes, mercados, oficinas de trámites, notarias, agencias de viajes y de seguro).

Con el paso del tiempo, más cubanos han continuado llegando a Kentucky, principalmente a Louisville, la ciudad más grande del estado, atraídos por los precios más baratos de propiedades, rentas, seguros, impuestos. También por los mayores salarios y mejores oportunidades, si se compara con Florida. En la actualidad se estima que la cantidad de cubanos en Louisville sobrepasan los 25,000, aunque la cifra no será definitiva hasta el Censo Nacional del 2020.

En los últimos años, los cubanos han sido el grupo emigrante de mayor crecimiento en Kentucky, y la ciudad de Louisville está entre las primeras ciudades, después de Miami, con mayor número de compatriotas. Además, este grupo tiene una característica muy especial, a pesar de venir directamente de Cuba, con conocimientos muy limitados en casi todas las esferas y valores resquebrajados producto del desastre social cubano, es una comunidad muy pujante y emprendedora. A los pocos años de estar lidiando con el frío, el idioma inglés y costumbres muy distintas, se involucran rápidamente en la sociedad, aspiran a cargos más calificados, compran sus casas, envían sus hijos a las universidades y tratan de abrir un negocio propio.

Como resultado, se pueden encontrar muchas tiendas, restaurantes, oficinas y otra infinidad de pequeños negocios de cubanos, así como muchos profesionales (médicos, dentistas, oficiales de policía, ingenieros, abogados, informáticos) ocupando importantes cargos en grandes compañías o en oficinas estatales. Sin temor a equivocarme, pienso que la comunidad cubana de Kentucky es una de las más prósperas de los Estados Unidos, y es per cápita, donde mayor cantidad de pequeños negocios cubanos existe en todo el mundo.

Actualmente la revista El Kentubano imprime 10,000 ejemplares mensuales, con 90 páginas de variadas secciones, fundamentalmente dirigidas a ayudar a la comunidad cubana, exaltar sus éxitos y acciones positivas y a promover los pequeños negocios en el idioma español.

El equipo de producción de El Kentubano es muy pequeño: una diseñadora (Elizabeth Alarcón), una periodista local (Yany Diaz), y una distribuidora (Yunixsi Tamayo). En los primeros siete años tuve que hacer todo, excepto el diseño. Escribía, hacía entrevistas, editaba, buscaba patrocinadores, distribuía la publicación... Fue una tarea titánica, pues en la medida que crecía la publicación menos tiempo yo tenía para descansar, y tampoco quería robarle tiempo a mi familia, especialmente a la educación y el deporte de mis hijos.

Con tantas responsabilidades, dormía solo unas cuatro horas diarias. Esa fue la razón por la que hace dos años decidí hacer una pausa en mi trabajo como ingeniero y dedicarle mayor cantidad de tiempo a la comunidad a través de El Kentubano y la Asociación Cubano Americana de Kentucky (ACAK), creada hace poco más de un año con un grupo de excelentes personas que desinteresadamente y con sus propios recursos sirven y representan los intereses de nuestra comunidad. En 2018 realizamos varias conferencias y entrenamientos gratis para personas recién llegadas, peñas literarias, campeonatos de dominó, conversatorios políticos... Logramos que el Gobernador Matt Bevin, recibiera a cerca de 200 líderes cubanos y dueños de negocios en su mansión, en una recepción en reconocimiento a nuestro aporte económico y cultural al estado de Kentucky.

En lo personal estoy muy orgulloso de haber creado una publicación que ha beneficiado a miles de cubanos que han escogido Kentucky como su nuevo hogar. Una revista que cada mes se esmera en difundir las cosas positivas de una comunidad que desafortunadamente ha tenido que abandonar su patria a causa de un sistema que ha sumido en la pobreza a la mayoría de la población, establecido una economía paupérrima, acabado con los valores sociales y limitado las libertades individuales y ni siquiera permite sugerencias de cambio.

A través de todos estos años, he sido honrado con varios premios y reconocimientos, entre ellos: Mosaic Award, concedido por Jewish Family and Career Services of Louisville (2015), Kentucky Minority Owned Small Business of the Year, otorgado por el gobierno de Kentucky y U.S. Small Business Administration (2017) y Annual Incredible Award for Inclusion and Diversity, de la ciudad de Louisville, Kentucky (2018).

También en 2018 fui nombrado por el Gobernador de Kentucky como uno de los Comisionados de la Comisión de Derechos Humanos (Humans Rigths Comission) del estado, puesto en el que orgullosamente represento los intereses de la comunidad cubana y a través de la cual sirvo al resto de los ciudadanos. Una muestra del agradecimiento que le profeso a Estados Unidos y especialmente al estado de Kentucky.

Luis David Fuentes
Video: Del programa Cubanos en Kentucky, realizado en 2013 por el programa Punto Final de Miami.


lunes, 8 de abril de 2019

Solidaridad entre cubanos, la buena noticia que dejó el tornado



Antes del que feroz tornado volcara autos en el barrio de Santos Suárez, arrancara postes de electricidad y destruyera cientos de viviendas, Aniel, cocinero de un hotel cinco estrellas en la Habana Vieja, ni siquiera saludaba a sus vecinos.

Su casa la enrejó y transformó en una fortaleza a prueba de robos o asaltos. Cada mañana corría cinco kilómetros por las calles interiores de Santos Suárez y luego de una ducha, mientras escuchaba jazz en su teléfono inteligente, abordaba un taxi colectivo rumbo a su trabajo.

“Ésa era mi rutina diaria. No daba los buenos días ni saludaba a nadie en el barrio. Mi esposa tampoco y mi hijo de 10 años apenas tenía amiguitos. Todo el tiempo metido en su cuarto, entretenido con videojuegos en su computadora. La desigualdad existente en nuestra sociedad, la envidia de muchas personas cuando el prójimo mejora su calidad de vida y el egoísmo nos había convertido en ermitaños”, explica Aniel.

La Habana está lejos de la violencia de Caracas o Río de Janeiro, pero cuando usted camina por sus calles observa cómo la mayoría de las familias se enclaustran detrás de rejas o muros, para intentar resguardar su privacidad.

“La mayoría de mis bienes los conseguí por la izquierda (ilegalmente) y para no tener encima la mirada del CDR y de los vecinos, creía que la mejor solución era apartarme de la gente. Las fiestas eran con familiares o amigos del trabajo. Pero después que pasó el tornado, cuando me paré en portal y vi aquellos destrozos a mi alrededor me quedé sin palabras. Recorrí la barriada y cuando regresé a la casa, tras haber visto aquellas escenas, que parecían sacadas de una película de la Segunda Guerra Mundial, muchas cosas cambiaron de repente”, confiesa Aniel.

Como su casa no sufrió daños, habilitó una habitación vacía y y se la ofreció a un matrimonio joven y su hija. "Los conocía de vista. Su vivienda quedaba a tres puertas de la mía, pero ni siquiera sabía cómo se llamaban. Cuando una noche regresé del hotel, me partió el alma verlos durmiendo a la intemperie, porque habían perdido su casa. Mi esposa, mi hijo y yo estuvimos de acuerdo en darle cobijo. Donde caben tres caben seis. No hace falta ir a la iglesia a escuchar una misa para que las personas se rediman consigo mismo”, concluye Aniel.

En las calles habaneras se había convertido en un tópico la pérdida de valores en la sociedad, los malos modales, hablar a gritos y con palabrotas deformando el idioma español en una jerga vulgar e incomprensible. Regina, madre soltera de dos hijos que intenta sobrevivir en las duras condiciones del socialismo cubano lavando y limpiando en casas particulares, al respecto reflexiona:

“Tu notabas cómo las personas con más recursos se distanciaban de los que éramos pobres. Nos miraban por encima del hombro, por nuestra mala suerte en la vida, no vestir ropa de marca o tener un teléfono celular de última generación. Pero después que pasó el tornado, la solidaridad y el altruismo los ha cambiado. Vecinos que nunca me saludaban, me han dado dinero, comida y ropa. Y yo no fui de las más afectadas. El gobierno pa’darte unos pocos materiales de la construcción, que aunque te lo rebajen a mitad de precio hay que pagarlos, tienes que soportar una burocracia enorme y, encima, te piden que votes Sí a la Constitución. Pero la gente te da lo poco que le sobra sin nada a cambio”.

Aunque el régimen verde olivo ha reseñado la solidaridad de los vecinos, en los medios estatales le ha dado poco espacio a la ayuda desinteresada y gratuita de cientos de emprendedores privados, artistas y deportistas famosos.

Carlos, sociólogo, considera que “el gobierno, como siempre, opta por sobredimensionar sus logros y ocultar sus fallos. Obvian que los trámites para comprar materiales (no todos lo que se necesitan para levantar una casa), además de engorrosos y tienen que pagarlos. Las condiciones de los albergues destinados a los que perdieron su casa no son las mejores. Pero Díaz-Canel, en un tono de alarde, prefiere destacar que fue el Estado el que puso la luz en cinco días o el agua en cuatro. Eso es lo que le corresponde solucionar a cualquier administración pública. Han pretendido ningunear las ayudas del sector privado, de la iglesia y de los cubanos residentes en el exterior”.

Algunos pocos ejemplos. La cantante Haydée Milanés salió a repartir agua, ropa y aseo por Luyanó. La Fábrica de Arte Cubano ha movilizado a decenas de músicos y artistas y entregado ayudas en Regla y Guanabacoa. La joven actriz María Karla Rivero Veloz, hija del periodista Raúl Rivero y la actriz Coralita Veloz, desde Miami viajó a La Habana con un cargamento de artículos útiles reunidos en tiempo récord por compatriotas de la Florida. El pelotero Alfredo Despaigne, que juega en la liga japonesa, donó 21 mil dólares a damnificados en la barriada de Jesús del Monte. Dueños de paladares y cafeterías particulares de la capital donaron alimentos o sirvieron comidas a módicos precios.

Tras el paso del tornado, miles de cubanos en el exterior giraron dinero y paquetes a los afectados por el tornado, fueran o no familiares. “Cada día, como promedio, nosotros entregamos de 10 a 15 mil pesos convertibles. Pero desde hace dos semanas los giros desde Estados Unidos y Europa se han triplicado”, indica una empleada de la sucursal de Western Union ubicada en la Tienda Brimart, municipio Diez de Octubre.

Mientras aguarda en la cola para recoger un dinero enviado por su hermano desde Tampa, Diana, ama de casa, se desahoga: "Me molesta que el gobierno infle el pecho por lo rápido y eficaz que ha sido en la recuperación de los daños, cuando eso es lo que le corresponde. No todo lo que dicen es cierto, algunas cosas son mentiras. Hay personas que hace 20 años perdieron su casa por culpa de un ciclón y todavía no le han dado una vivienda. También me molesta que al gobierno y a la prensa en Cuba no le gusta reconocer el importante papel de las familias cubanas en el exterior. Nunca publican la cantidad de remesas enviadas, pero son miles de millones de dólares. Un porcentaje elevado de cubanos podemos comer y vivir mejor gracias a ese dinero. Ahora, a raíz del tornado, mientras el Estado te pide un montón de papeles para darte arena, bloques y cemento, y lo divulga a los cuatro vientos, un amigo mio que vive en Miami, sin tanta pamplina, me mandó 500 dólares para arreglar el techo de la casa”.

Si en algo coinciden los cubanos de a pie es que el despliegue de miles de ciudadanos en La Habana fue impresionante. Nunca se había visto una movilización espontánea de esa magnitud. Ojalá ese sentimiento solidario perdure.

Iván García
Video: Tomado de El tornado y la solidaridad entre cubanos.