jueves, 30 de junio de 2016

Cuba: Entre Corea del Norte y Miami



Ha regresado lo peor del realismo socialista a la Isla.

Mientras Fidel Castro espera que Dios se lo lleve, los ideólogos del poderoso Departamento de Orientación Revolucionaria programan actividades culturales, sociales, deportivas y políticas para celebrar los 90 años de su nacimiento, el 13 de agosto de 1926 en Birán, pueblito de Holguín, provincia a 744 kilómetros al este de La Habana,

Desde Pinar del Río a Guantánamo se efectúan debates, análisis y simposios, siembra de árboles y canciones dedicadas al ‘líder histórico de la revolución cubana’. Todo pagado con el erario público.

El Instituto Cubano del Libro (ICL) anunció que publicará 25 títulos de y sobre Fidel Castro, en ocasión de su 90 cumpleaños. La presidenta de la entidad, Zuleica Romay, presentó la decisión como "un regalo especial" para todo el pueblo, informó el diario oficial Granma.

Mientras escritores y especialistas locales esperan largo tiempo por la publicación de su obra y el ICL limita las tiradas de libros de reconocidos autores que se ven obligados a divulgar sus textos en el extranjero, los títulos sobre Castro centrarán el trabajo de varias editoriales nacionales hasta finales de año.

Tanto la radio como la televisión, controladas por el gobierno, emiten spots promocionales y trechos de sus discursos. Las escuelas han recibido orientaciones del Ministerio de Educación para difundir ‘la obra y vida del comandante’ en los matutinos y murales.

Una alumna de noveno grado de una secundaria del municipio Cerro, encargada de mantener actualizado el mural de su aula, dice que “todas las semanas tengo que renovarlo. Y no deben faltar citas del pensamiento de Fidel”.

Alicia, empleada de una terminal de ómnibus en El Calvario, también recibió indicaciones del sindicato y el partido de su empresa para destacar “la obra de Fidel y sus logros. También realizacremos reuniones donde se estudie su resonancia universal. No sé si es porque al hombre le falta poco para estirar la pata, pero desde diciembre de 2015 hay una campaña sistemática del gobierno para realzar su figura”.

Los medios oficiales y su extensa red propagandística trabajan a toda mecha. Las citas de Fidel Castro en la prensa superan incluso a las del prócer José Martí.

Da igual el tema. Béisbol, ballet o apicultura. De coletilla siempre cuelgan una frase del comandante único. Y es que Castro I, como cualquier sátrapa, ejerció su influencia en todas las esferas de la vida cubana.

Desde la ganadería a los pronósticos de un huracán. Los éxitos de su revolución fueron para él. Los fracasos son responsabilidad de otros. Raúl Castro, elegido a dedo por Fidel, ha sido un hábil contorsionista político.

Ha desmontado sin fanfarrias ordenanzas y prohibiciones absurdas aprobadas por su hermano, como la ampliación de normas a negocios privados, ventas de autos y casas, viajes al exterior, acceso a internet, permitir que los cubanos usen teléfonos móviles y se alojen en centros turísticos antes destinados a extranjeros.

El general Castro II, un autócrata diferente, también sepultó cien metros bajo tierra las escuelas en el campo, cuna de la promiscuidad sexual y desarraigo familiar, el trabajo voluntario, esa campaña ideológica denominada 'batalla de ideas', las homéricas diatribas y las marchas combatientes que paralizaban la economía del país.

Este marketing político alrededor de la figura de Fidel Castro -y que va desde alquilar sus limusinas Chaika de la era soviética a vender libros, fotos y souvenir en divisas-, tiene la pretensión de estructurar una narrativa épica para la posteridad y conseguir un negocio más jugoso que la comercialización de la imagen del Che.

Desde luego, a pesar del machacón bombardeo propagandístico para exaltar al viejo guerrillero, el culto a la personalidad no es comparable al del sanguinario régimen norcoreano.

En la Isla,por suerte, no se organizan tablas gimnásticas multitudinarias para agasajarlo ni los cubanos deben postrarse de rodillas ante su efigie. El régimen, llegado el momento de su muerte, espera efectuar honras fúnebres solemnes y se rumora acerca de la edificación de un nicho en las montañas de Santiago de Cuba.

Pero la agobiante campaña publicitaria no tiene mucha repercusión entre los cubanos de a pie, más dedicados a desconectar bailando reguetón y bebiendo ron de caña.

Cuba no es Corea del Norte. Y Miami está demasiado cerca. Todos los días arriban casi veinte vuelos desde Estados Unidos con emigrados cubanos cargados de regalos para sus parientes pobres en la Isla.

La gente que desayuna café sin leche ve más televisión satelital ilegal o el Paquete semanal, un compendio de novelas, deportes, filmes y seriales en un noventa por ciento estadounidenses, que los canales nacionales.

La visita de Obama, el megaconcierto de Rolling Stones, la filmación de Rápidos y furiosos en la capital, el desfile de Chanel por el Paseo del Prado o la próxima llegada de un crucero de Carnival al puerto de La Habana, tienen más poder de convocatoria espontánea que un aburrido cónclave recordando a Fidel Castro.

Y es que en Cuba existen matices. Aunque el gobierno lo pretenda presentar todo en blanco y negro.

Iván García
Hispanost, 3 de mayo de 2015.
Foto: Tomada del Portal de la Radio Cubana.

viernes, 24 de junio de 2016

La Habana: una perla sin nácar



Elda Rafaela Villamonte Sablón lleva casi 50 años viviendo en el mismo lugar: un edificio en ruinas frente al Parque de la Fraternidad. Allí, a las cinco de la tarde, se aglomeran las personas para montarse en un P7 que termina en el Cotorro, mientras que otros caminan por la amplia acera de la calle Amistad y no reparan en la existencia del inmueble. Su vida transcurre en el tercer piso. En un apartamento que comienza a perder el techo y a dejarle sobre su cabello gris un cielo de cabillas desnudas y oxidadas.

Tiene 80 años, es hipertensa, diabética y la mano le tiembla cuando intenta sostener el control remoto de su televisor. En la pierna izquierda, hinchada y roja, se le ve una herida que se tragaría una moneda. Por pies, tiene un par de globos carnosos, a punto de estallar. Como sus vecinos, dice que la edificación data de 1923. Es lo que se puede deducir por la inscripción en uno de los cristales sobrevivientes de la fachada.

“Yo pescaba, en modalidad submarina, allá en Camagüey. Mi papá era pescador de barco y bajaba a las profundidades, y como yo siempre andaba con él, me fue enseñando y enseñando. Y conocí a mi esposo, que tenía la academia Armestos, de Nuevitas, con gente de dinero. Muchachos, hombrecitos, becados, que los fines de semana le daban pase, nos cuenta Elda. Él era mecanógrafo y taquígrafo. Hablaba inglés y español. Se llamaba Indostán Armestos Ponce. A La Habana vinimos de tránsito, porque íbamos a viajar a Venezuela, que en aquel entonces no se mencionaba tanto. Ya su negocio lo había intervenido la revolución y un amigo de él le dijo: Vete para Caracas.

“No pudimos viajar, aunque teníamos las visas, porque cuando fuimos a comprar los pasajes se habían vendido todos. Y nos quedamos aquí. La hija del dueño fue una de las que también se quedó. Era muy querida, muy decente, muy tratable, y sobre todo muy humana.”

¿Usted recuerda el nombre de ella?

“Rosa, pero no recuerdo el apellido. Espérate… Él se llamaba Miguel Martín, así que ella era Rosa Martín. A ella le había dejado el hotel. A los pocos meses, intervinieron todos los hoteles, y cayó este. Y yo estaba ya aquí, de tránsito. Después, me quedé, mi esposo falleció. Tuvo un accidente y le quedó una pierna más corta que la otra. Se mandaba a hacer los zapatos, y por dentro y por fuera se ponía los soportes.

"Nosotros antes bailábamos mucho y ganábamos premios bailando. Pero como ya él se veía imposibilitado, se mató. Cogió todas las pastillas mías para los nervios y se las tomó, también tomó veneno de cucarachas. Cuando llegué y no lo vi allá abajo sentado, ni en ningún lado, me encaramé en una escalera, que no sé cómo no me maté, pues me tiré cuando lo vi muerto en el piso. Tenía 41 años y yo 31. Quedé viuda, luchando con mi hijo de siete años. Además de limpiar pisos, hacía croquetas, ripiao de merluza, empanadas... Le lavé a una rusa. La vida mía fue trabajar.”

Hacia 1835, La Habana es una ciudad obesa, con un inútil cinturón de murallas que la asfixia. Atrás quedan los corsarios y piratas. Crecen la economía, el comercio y los visitantes. Las antiguas casas de huéspedes no dan abasto. No hay hoteles. Por eso se construyó el Perla de Cuba, el primero de todos, ubicado en la zona de Extramuros, cerca del Paseo de Isabel II, la céntrica arteria que en algunos años se vería rodeada de cafés, teatros y más hoteles. Un edificio de apenas cinco pisos y una planta baja, con 40 habitaciones para 80 pasajeros, a menos de un kilómetro de las puertas de O'Reilly y Obispo.

Elda sigue contando. “El lobby, donde están ahora los contadores eléctricos, tenía la cancha con los teléfonos generales y todas las taquillas con las llaves de los cuartos. Desde que se entraba de la puerta, todo eran sillones, lindísimos. Yo sacaba uno al portal y en las tardes me sentaba ahí, a mirar el parque, la gente...

“En cada piso del hotel, al salir del elevador, había una mesa y un espejo grande en la pared, un sofá pequeño, dos butacas y dos sillones. Eso era en todos los pisos. Y cuando vino la intervención (a partir de 1959), hicieron un inventario y lo recogieron todo. En los cuartos había un juego de dormitorio, de esos antiguos, que todavía tengo el comprobante, porque yo pagué por el mío como sesentipico de pesos. Nos lo tasaron a ese precio. Y un escaparate con luna (espejo), que era más antiguo.”

“Este edificio era precioso. Yo fui encargada, administraba esto, también por eso me quedé. Eso fue allá por el 69. Ya lo había intervenido un tal Pérez Gil y después pasó a la Reforma Urbana. Del hotel Sevilla vino mucha gente. Aquí vivió el hijo de Enrique Arredondo, en el segundo piso. Un muchacho que era sobrino del alcalde de Cienfuegos, vivió muchos años allá arriba. Recuerdo que una persona, cuando vio que yo era religiosa, me dijo: Yo te acepto tu libro si tú me aceptas una estampa del Sagrado Corazón de Jesús.”



Se va la luz. Elda se levanta del sofá y camina lentamente a desconectar el refrigerador. No cojea. Luce un vestido floreado que le adelgaza. Su voz es limpia, consistente, fluida. A veces hace pausas para recordar nombres.

“Cuando lo intervinieron, Rosa, la hija del dueño, se fue y me abolieron el pago. La Reforma Urbana dio el usufructo a las familias que estaban desde antes y las nuevas. María Teresa Herrera, que vino del Sevilla, Juana María García que ya falleció, se había ido a los Estados Unidos porque tenía sus hijos allí, una tal Dulce Carvajal, que vivó en el cuarto piso, en el 402… Te puedo hacer el recuento de abajo para arriba de todas las personas que vivieron aquí, y de la etapa de los jóvenes, que ya son casados y tienen hijos. Mi hijo se casó, tiene hijos y va a tener nietos.”

O sea que usted va a ser bisabuela ya.

"Sí. Aquí donde tú me ves, a mí hace poco me dio un infarto, y entre cinco hombres me bajaron. Figúrate tú el cuerpo mío, pero llegué a tiempo al policlínico Guiteras. Mis padres eran cardiópatas. Mi mamá falleció el 24 de octubre, día de mi cumpleaños. Tremenda fiesta que había preparado, y la muy puñetera se muere ese día, a las tres de la tarde. Mi papá tuvo 15 hijos, él crió a todos. Si preguntas por los Villamonte en Nuevitas te dicen: Ah, coge por aquí para arriba y a las seis cuadras, te vas a encontrar a esa familia”.



En 1868, una guía turística de Nueva York describía a La Habana, como “uno de los centros más ajetreados y prósperos de la civilización latina en América”. Y ofrece estampas de la ciudad. Desde los paseos hasta las oficinas administrativas y los hoteles. Del Telégrafo anuncia sus 7 salones, 150 habitaciones y 32 baños. Lo ubica cerca de los cafés Marte y Bellona, del Prado y Flor del Valle, en las inmediaciones del Ferrocarril de La Habana, el Ferrocarril de la Ciudad, la Calle de la Reina, el Paseo de Tacón y la Residencia Aldama. Su propietario, Juan Miguel Castañeda, tenía bajo su control al 'más fino hotel en La Habana'.

El Inglaterra, perteneciente a Don Luis I. Guano, era “el encuentro con la juventud elegante y los hombres de negocios”, a quienes ofrecía una “hermosa vista de la entrada del puerto y el magnífico Paseo del Prado, desde Campo Marte hasta el Castillo de la Punta”. Aparecen también los hoteles Santa Isabel y Europa. No el Perla de Cuba, mucho más cerca de la estación central de trenes que los hoteles mencionados. Ha cumplido ya 33 años de inaugurado y no figura entre los más lujosos de la ciudad.

Sentándose en el Parque de la Fraternidad, los laureles sepultan de la vista los dos últimos pisos del Perla. Todos los balcones han sido removidos y clausurados con un muro que llega hasta la cintura, y solo quedan indicios de su existencia en el primer piso: los soportes. En el último piso se descubre una habitación donde el sol incide directamente en las paredes internas, y entre la primera y la tercera columna del portal crecen tablas de madera para apuntalar el techo. Puerta adentro, el zaguán parece un agujero negro. A la altura del segundo piso, casi disimulados, sobresalen de la pared los restos de la otra parte del edificio. Porque no solo era un estructura que buscaba altura. Llegaba hasta la mismísima esquina de Amistad y Dragones.

Elda aclara que los dueños eran tío y sobrino.“No los conocí, pero parece que se disgustaron y dividieron el inmueble. Las ventanas están clausuradas para la parte el edificio de al lado, cortaron las vigas y mudaron a la gente. El edificio quedó como un lugar de tránsito de la gente del campo, que venía y paraba aquí.”



En los primeros años de la República, La Habana continuaba como centro turístico de relevancia. Pero su necesidad de remodelación hizo que se echara abajo el teatro Tacón y se construyera el Centro Gallego, se erigiera la estatua de Martí en el Parque Central y se actualizaran varios de los servicios hoteleros. Revistas como El Fígaro y Hogar contenían en sus páginas parte de la publicidad de estos sitios de ocio.

En algún momento, el hotel Perla de Cuba también se actualizaría y en sus habitaciones introduciría la electricidad. Se colocaría el ascensor, los servicios de agua fría y caliente y el cartel colgante de la fachada, suspendido de una viga horizontal y sujetado por dos gruesas cadenas en la parte inferior. De su publicidad solo quedan postales dibujadas, de la década de 1930, con cuatro pisos. Nadie sabe cuándo surgió el quinto.

¿Siguió siendo un lugar de tránsito después de la intervención?

“Y antes también, responde Elda. Igual que el hotel New York, que estuvo funcionando como hotel temporal hasta que se llenó de gente, porque le dieron casa a todo el mundo. Y en el Perla vino el problema, dijeron que iban a empezar a sacar a todo el mundo. Pero no empezaron por el quinto piso, empezaron por los viejos, de abajo para arriba. Le dieron casa a personas que no tenían papeles ni nada, pero bueno... Fueron los primeros que salieron. Y quedamos los que estamos aquí.”

En enero de 2016, hubo un derrumbe parcial. Ahora hay una habitación menos en el último piso. En ese momento vivía allí el hijo menor de Francisca Casanova Loreto, aunque nadie la conoce por ese nombre, si no por Kiki.

“A Kiki la conozco desde que se casó con José, el capitán, que en aquel entonces era sargento. Nacieron todos los hijos aquí, y a todos los cargué. Y el negrito de ella, el más chiquito, siempre andaba con mi hijo en bicicleta, recuerda Elda. A veces sube. Como antier, que se cayó un pedazo grande de allá atrás. El cuarto de él se le cayó completo. Ese día era un sábado y él andaba traqueteando por la calle. Si no...", y la voz se le apaga a Elda, pero enseguida recobra fuerzas.

"Nada, que no estaba para él. Le dije: Negri te salvaste de una. Y me respondió: Yo siempre me escapo. Es muy gracioso, cuando se da dos tragos parece un muñequito dando brincos. El día del derrumbe, Kiki había ido al médico, su esposo estaba en su trabajo –está retirado, pero sigue activo–, no estaba Puti, como le dicen a su hija Marisol. Es una familia muy integrada.”

En la pared de fondo de la sala, a la altura del cuarto peldaño de la escalera que lleva a lo que alguna vez fuera su cuarto, hay una puerta abierta. Se ve el cielo gris azulado de La Habana, y si se sale al exterior, se ve uno de los costados del Perla. Los ladrillos de arcilla del edificio son naranjas, y contrastan con el verde de los árboles del Parque de la Fraternidad. En derredor, más y más construcciones antiguas bajo el sol moribundo del crepúsculo.

Elda, ¿y qué ocurre aquí cuando llueve?

“Esto es un colador. Y si llueve ahora, como yo casi no puedo bajar, me guindaré de los hierros del ascensor e iré para allá abajo. Porque esta familia que vive aquí al lado, un matrimonio de años, tiene dos hijos varones, ya hombres, y una niña, y está la mamá del esposo, que fue maestra y es una viejita que está hecha leña, la pobre. Ellos están en un peligro. Su techo no tiene placa, cayó una piedra y les fastidió el refrigerador.

Una vecina interrumpe la conversación. Elda, ¿tú no tienes un pedacito de vela? Aunque sea chiquitico. -Bueno, coge, pícala. -Es para que la niña se bañe, tú sabes que le tiene miedo a la oscuridad. -Entonces no la piques.

“Esa es la señora de la que te hablo, que vive con el marido y cuatro personas más. Vive en un cuartico que es la mitad de esto. Cuando llueve, su suegra no puede dormir porque el agua de arriba le cae, igual que a mí. Lo que yo tengo es esto –y señala el falsotecho-, pero no aguanta.”

Llega su nieto. Un joven de más de veinticinco años, alto, fuerte. Se inclina para darle un beso en la mejilla.

-¿Cómo está todo, abuela?, y abre el refrigerador Haier.

-Bueno, mi amor, tu papá…

-¡Ño, sin corriente! ¿Qué pasó?

-Se fue la luz. No, pero es un momentico, ahorita la ponen.

-Eso esperamos.

¿Qué es lo que más le gusta de vivir aquí, Elda?

"La tranquilidad. En mi edificio, en este pedacito, no sé si es porque la gente se respeta. Este piso está pintado por mí,. Vino a verme un muchachito que vivía en el primer piso y yo lo había acogido, porque la mamá tomaba mucho. En agradecimiento, me dejó 20 dólares. Con este dinero voy a pintar el piso, que está feísimo, le dije. Él protestó: ¡Pero, vieja…! Y yo: No. Voy a pintar el piso. Mi hijo con un hombre que le dicen Corbata lo han pintado tres veces. Ya dije que no lo pinto más porque, en definitiva, ¿y si me voy? Pero, ¿y si nos quedamos?

-Mira, niño, ya vino la luz.

Alberto C. Toppin
On Cuba Magazines, 28 de abril de 2016.
Fotos: La del hotel fue tomada de Los Monumentos; la entrevistada, Elda Villamonte, fue fotografiada por el autor del reportaje; la postal fue tomada de El Colimador y el anuncio de Havana Collectibles.

Nota.- En Santiago de Cuba hubo un hotel Perla de Cuba. Según La Voz de Galicia, su propietario era Ramiro Sánchez Casteleiro, nacido en La Coruña. En los años 50, antes de la llegada de los barbudos al poder, en una de sus habitaciones habría dormido Raúl Castro. Con el nombre de Perla de Cuba se localizaba otro hotel en Sancti Spiritus, todavía existe, pero ahora se llama Hotel Perla. Si damos crédito a esta información, en 1963 en el hotel Perla de Cuba de Sancti Spiritus se produjo una matanza de jóvenes por parte de un miliciano (Tania Quintero).


jueves, 23 de junio de 2016

Dramas silenciosos



Ana María, 65 años, vive un drama en tiempo real. Como nadie, conoce las cóleras de un marido alcohólico y frustrado. Desde que hace veinticinco años soportó callada y llorando un aluvión de bofetones y puñetazos al vientre por una comida que su esposo no le agradó, las tandas de violencia marital se han vuelto cíclicas.

Cualquier cosa desata las furias de Daniel, 69 años, ex tecnólogo mediocre en una fábrica ruinosa en las inmediaciones de La Habana. Él fue uno de los tantos que creyó y aplaudió a Fidel Castro. Otro de los muchos cubanos seducidos por el carismático barbudo.

No siguió a Castro por ideología o un proyecto válido de vida. No. Fue por encantamiento. El magnetismo del comandante de verde olivo lo llevó a cazar guerrilleros anticastristas en las faldas del Escambray siendo un adolescente.

Creyó en las promesas del 'máximo líder, de que en los 80 Cuba iba superar a Estados Unidos y la desaparecida URSS en la producción industrial y se iba elaborar tal cantidad de leche y queso que llegaríamos a ser la potencia lechera número uno del planeta, y se especializó como tecnólogo en la industria láctea.

Antes, Daniel se enroló en las contiendas de guerra civil en África. Sin saber por qué, mutiló y mató con su AK-47 a todos los somalíes que se le pusieron a tiro en una guerra entre etíopes y somalíes, aliados de Cuba y Rusia, y que fue la génesis de la desaparición de Somalia como una nación ordenada.

Con grados de capitán y el orgullo de estar en la primera trinchera de combate, una noche de calor plomizo, se casó con Ana María, su única esposa.

“Los primeros años fueron una luna de miel. Con la llegada del ‘período especial’, el hambre, el paro de su fábrica y las carencias materiales que se multiplicaron, se creó un vacío insalvable entre mi esposo y yo. Él nunca quiso que yo trabajara. Es un machista en estado puro. Criar a nuestros dos hijos fue una tarea titánica. Y un buen día comenzó a desatar sus frustraciones en golpizas y malos tratos. Los hijos lo soportaron hasta que siendo jóvenes, huyeron como pudieron al extranjero. Yo, sola e inútil, nunca he tenido el valor de comenzar de nuevo”, confiesa Ana María.

La crisis económica estacionaria que desde hace 22 años padece Cuba, ha dejado como secuela una crisis peor. La de los valores morales, que se han ido evaporando al ritmo de congas, actos de repudio y pachangas revolucionarias.

Es una de las asignaturas suspensas del gobierno de los Castro. Un millón de universitarios y una población con 12mo. grado. Sin embargo, es significativo el número de cubanos que no saben expresarse o no poseen educación formal. Decir “Buenos días” provoca que muchas personas te miren con cara de perro.

En la misma medida que ha ido creciendo la falta de respeto y la vulgaridad, ha crecido la violencia en el seno del hogar. Para el sociólogo Carlos Pérez, 46 años, este tipo de violencia tiene varias causas y lecturas.

“Todo empezó con la vorágine revolucionaria. Con las separaciones familiares, las becas, concentrados militares, misiones internacionalistas, y una serie de campañas gubernamentales que hacían más hincapié en lo político que en lo humano. El gobierno cubano es profundamente machista. Entre los dirigentes es bien visto tener mujeres e hijos fuera del matrimonio. Es el lenguaje de los cojones. Ése es el discurso que prima. El de la testosterona, la virilidad y la grosería”, analiza el sociólogo.

Una verdad como un templo. Recuérdense las consignas castristas en la década del 60, cuando existían diferencias con Estados Unidos u otra naciones. “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”. O “Nixon no tiene madre porque lo parió una mona”

Y así por el estilo. Hasta llegar a los monstruosos actos de repudio, verdaderos linchamientos verbales, donde la gente hace catarsis y desatan violencia y bajos instintos. Unos mítines iniciados en 1980, cuando el éxodo por el Mariel, y que todavía en pleno siglo 21 se practican a destajo bajo orientación estatal.

Con la generalización de la violencia en el lenguaje oficial, a un ritmo desmesurado aumentó la violencia doméstica y ciudadana. Cualquier cosa desata la pendencia. El recurso para escapar de una vida obstinada y mediocre es la ira y el alcohol. O el suicidio.

Las estadísticas oficiales sobre la violencia familiar yacen sepultadas en los templos del secreto estatal. Pero cada vez más, en el ámbito doméstico son comunes los casos de agresiones verbales y físicas e incluso de muertes.

Si lo dudan, ahí está Ana María. Tras 35 años de matrimonio, se ha convertido en una víctima de la violencia de género. Y lo peor es que la soporta.

Iván García
Leer también: En Cuba puede faltar la comida, pero no el ron; Acoso escolar, epidemia sin terapia; Una mujer intenta suicidarse en El Cerro y Un hombre se suicida en Jaimanitas.

lunes, 20 de junio de 2016

Esteban o el sueño de un niño cubano


Esteban se titula la ópera prima de Jonal Cosculluela. Se trata de un drama intimista sobre un niño de diez años que descubre casualmente su talento musical y se enamora del piano. Es una historia de imposibles posibles que aborda la perseverancia y determinación del protagonista para alcanzar sus sueños.

La historia de Esteban es una historia sencilla, que bien pudo ser el relato de la infancia de alguno de nuestros grandes músicos. El filme, coproducido por el Instituto Cubano de la Música y RTV Comercial y bajo el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz, de 90 minutos de duración, podrá apreciarse muy pronto, pues ya su equipo se encuentra finalizando la fase de postproducción de sonido.

¿Cómo surge la idea de realizar este filme?, le preguntamos a Cosculluela, su director.

-Recibo el guion de Amílcar Salati, un guionista de televisión para hacer un teleplay (adaptación televisiva). En un inicio, sería una adaptación para la pequeña pantalla. La idea de llevarlo al cine fue de Vilma Montesinos, de la Casa Productora del ICRT. Entonces empezamos a trabajar en esto hace tres años, buscando financiamiento.

-Fue muy difícil conseguir el presupuesto para el filme porque es una de las pocas películas contemporáneas que carece de sexo, lenguaje de adultos y violencia, por tanto puede ser apreciada por todo tipo de público y esto nos obligó a tocar muchas puertas. Pero el filme corrió con suerte porque enamoraba a todos por lo sensible del tema abordado. Una vez que tuvimos el dinero, que no fue un gran presupuesto ni mucho menos, sino bastante modesto, empezamos a trabajar en el guión.

-Como el texto era para televisión, tuvimos que convertirlo al cine. Aunque cada día se desdibujan más las fronteras entre los dos medios, aún existen ciertos códigos que los diferencian. Cada uno tiene sus especificidades, su tiempo, su fotografía y la forma de suministrar la información a los espectadores es distinta.

¿Qué cuenta la historia de Esteban?

-Si te tuviera que resumir el filme en una oración sería con una frase popular: “no sabía que era imposible y por eso lo hice”. Es una historia sobre los sueños, no dejar vencerte y hacer cada día algo por alcanzar tus objetivos. No creo en los obstáculos sino en la perseverancia. El filme narra cómo el sueño de convertirse en pianista de este niño se realizó a pesar de que la madre estaba en contra.


-En la Cuba de hoy, con tantas carencias y dificultades, las clases de piano son muy costosas y los padres quieren que los hijos se dediquen a algo más práctico que dé dinero de una forma inmediata. Las limitaciones mentales de la madre no le permitían apreciar el talento de su hijo y verle futuro a una carrera de músico.

-Esta historia va de no perder los anhelos y de los procesos de alcanzarlos. Es un canto a la realización profesional, a la vocación porque las personas realizadas siempre tienen una sonrisa en el rostro y algo que aportar, a diferencia de los frustrados. No abandonar los sueños aunque parezcan imposibles, eso es lo más importante.

¿Cómo fue la selección y el trabajo con los actores?

-Manuel Porto es el profesor de piano, Yuliet Cruz es la madre del niño, la hija del profesor es Mónica Alonso, Ismael Isaac, el padre, estos últimos se encontraban residiendo en el exterior y tuve la suerte de contar con ellos. Encontrar al niño fue todo un reto, un niño de raza negra, entre ocho y diez años que tocara piano y que no fuera actor fue complejo. El seleccionado fue Reynaldo Guanche. Gracias a la Asociación Hermanos Saíz lo encontramos.

-Hicimos un casting muy numeroso y este niño me gustó desde que le hice la primera entrevista. Al final seleccionamos a cinco niños y los insertamos en un taller de actuación porque había que prepararlos, si no era un riesgo enorme de que todo saliera mal, porque en ese personaje descansa gran parte de la trama.

-Este niño para mí es todo un héroe. No tuvo vacaciones, estuvo con nosotros todo el tiempo, entrenando el tema musical compuesto por Chucho Valdés, que aunque le pedí que lo compusiera de la forma más simple posible, porque el niño debería interpretarlo en escena, siempre la obra de este maestro tiene su complejidad. Convertimos a Reynaldo en parte de nuestra familia, porque lo tuvimos casi todo el tiempo con nosotros.

Se dice que dirigir niños constituye uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta un realizador...

-Lo primero que me planteé fue desarrollar una buena relación personal con el niño antes de que este se adentrara en el personaje y luego seguir apoyándolo en todo. Otra estrategia que me tracé fue la de buscar actores consagrados con una carrera sólida para que no hubiera ningún bache y se mantuviera alto el nivel de actuación de la película.

-Esto me sirvió para poder dedicarme de lleno a trabajar en la actuación del niño, sin tener que esforzarme demasiado con los otros intérpretes, más experimentados. Más bien buscar que la esencia de la escena estuviera más que en la actuación, que él tuviera el sentimiento que debía llevar cada secuencia, ésa fue mi intención. En ocasiones él estaba libre hasta del texto y podía improvisar siempre y cuando tuviera esa coherencia.

Viva Cuba, La edad de la peseta, Conducta, Y sin embargo… son algunos de los recientes largometrajes protagonizados por niños. Según el género y las especificidades de su historia ¿cómo cree que se inserte el filme dentro de esta reciente tendencia del cine cubano?

-Puede tener puntos en contacto con muchas de las películas cubanas que le precedieron, sobre todo con los dramas. Tiene referentes cinematográficos sin temor a mencionarlos que son coherentes en cuanto a despertar sensaciones, pasiones, sentimientos y convocar a la reflexión.

-También tiene muchos referentes literarios porque desde Sófocles, Eurípides y Esquilo aquí no hay nada nuevo, lo novedoso consiste en la forma de hacer, la manera de contar la historia y la puesta en escena. Trabajamos con un tipo de fotografía distinta a la que sabemos se está manejando en el actual cine cubano, el montaje es también diverso.

-Es una película sin grandes pretensiones, un melodrama con un final muy esperanzador y un mensaje hermoso. Identificarse con la película será algo sencillo porque a todos, de una forma u otra, nos toca.

¿Qué destacaría de Esteban?

-Las actuaciones, sin duda alguna. Todas estuvieron muy bien. El niño fue toda una revelación y también la interpretación de Yuliet, memorable. Ella encarnó el personaje de una forma magistral, a veces no sabía si estaba hablando con Yuliet o con Miriam. Se metió muy bien en su piel, ella es madre en la vida real y sus experiencias personales contribuyeron a esta construcción.

-También se prendió del personaje porque le encontró muchos puntos en contactos con su propia madre y a partir de ahí lo asumió. Manuel Porto es uno de los mejores actores cubanos en este momento, se sintió identificado con el personaje a pesar de nunca haber desempeñado ninguno similar durante su trayectoria. Me dijo cuando lo llamé: “tú tienes que estar loco en proponerme un profesor de música porque no se tocar nada de nada y jamás he cantado”.

-Se identificó con el personaje y eso fue lo más importante. Lo pusimos a dar clases de piano y descubrieron que tenía talento, que afina y que puede hasta a cantar. Ahora Porto está haciendo una novela en la que canta, por tanto le sirvió lo aprendido en esta producción para su carrera.


¿Cómo logró sumar a Chucho Valdés al proyecto?

-Como Esteban, soy una persona que siempre está soñando y tengo una productora, Maritza Ceballos, que es increíble. Yo sueño y sueño y ella se encarga de aterrizarme y de decirme hasta donde dan nuestras posibilidades reales. Un día estábamos en un Festival del Habano donde también estaba Chucho Valdés y le digo a Maritza: "Si la música de la película me la hiciera Chucho".

-De inmediato ella se levantó y fue a conversar con Chucho y le plantea el proyecto. Acordamos vernos en su casa, le llevé el guión y le encantó el proyecto y me dijo que quería ser parte de él.

-Con su participación, se abrieron más puertas y su presencia fue un plus a la hora de distribuir la película, pues yo soy prácticamente un desconocido en el medio. Pero cuando lees en los créditos que la música en su totalidad es compuesta e interpretada por Chucho Valdés es todo un honor. Se adentró en la historia y la hizo suya.

Cecilia Crespo
On Cuba Magazine, 3 de enero de 2015.

Nota.- Cuando la periodista realizó esa entrevista, en enero de 2015, no pensó que la película demoraría más de un año en estrenarse. Finalmente, la premier de Esteban tuvo lugar la noche del miércoles 13 de abril de 2016 en la sala Chaplin, en la Calle 23 entre 10 y 12, Vedado, La Habana (TQ).

jueves, 16 de junio de 2016

Los sueños rotos de algunos niños cubanos



En Cuba ha aumentado el número de niños que trabaja para ayudar a sus familias. Transgrediendo las leyes nacionales e internacionales, decenas de menores son aprendices de oficios remunerados o se prostituyen con la anuencia de sus padres. Les presento varios casos.

El sueño de Yamila (los nombres han sido cambiados), 14 años, era cantar o ser actriz de telenovela. Su primer y único juguete fue un micrófono rosado que una amiga de la madre le regaló. Con el micrófono plástico se pasaba horas cantando ante el espejo.

“No sé si por ser negros, pobres o por tener mala suerte, mi familia nunca ha levantado cabeza. Unos son borrachos, maleantes o presidiarios. Al padre de mi hija mejor no mencionarlo. Yo quiero ser diferente y trato de ganar dinero honradamente. Por 3 cuc, dos veces a la semana limpio una cafetería particular. También varias casas en mi barrio. Tengo demasiado trabajo y mi hija me ayuda. Ese dinerito es para que a ella no le falte comida ni ropa. El acuerdo es que no deje la escuela”, dice Silvia, madre de Yamila.

Todos los domingos, Yamila limpia y ordena el apartamento de un matrimonio de la tercera edad. “Pagan 4 cuc, el dinero me lo dan a mí. A Yamila la tratan bien y siempre le preparan una merienda. A su edad, debería estar jugando con sus amigas, pero nuestra situación económica es muy dura. Nosotras dos solitas somos las que tenemos que echar pa´lante”, confiesa Silvia.

No se puede culpar al régimen por desatender a los niños en edades vulnerables. La economía no funciona, las libertades políticas están prohibidas y los salarios son una broma, pero las leyes cubanas protegen a la infancia.

En todos los barrios, hay trabajadores sociales e instituciones estatales que supuestamente deben velar por esos casos. Pero no siempre funcionan. O funcionan mal. La crisis económica estacionaria que se extiende por 26 años, ha provocado que muchas familias pobres deban contar con la ayuda de sus hijos para el mantenimiento del hogar.

“Es un fenómeno complejo y con múltiples aristas. Las leyes en Cuba prohíben tajantemente el trabajo remunerado a menores de 16 años. Es necesario elaborar un nuevo código de la niñez y la juventud, pues su interpretación es muy elástica”, señala Julio, abogado. Y agrega:

“En la Isla, la mayoría de edad es a partir de los 16 años y es obligatorio tener carné de identidad. Entonces pueden ya trabajar legalmente, casarse o ser sancionados y enviados a prisión. Sin embargo, para salir del país y otras exigencias, la edad mínima requerida es 18 o 21 años. El Estado tiene un entramado jurídico que vela por la seguridad y derechos de los niños. Pero las instituciones no siempre hacen su trabajo con el rigor requerido. Y la familia, el bastión fundamental en la educación de un niño, a veces es cómplice de los abusos sexuales o les permiten trabajar”.

En suburbios habaneros, se pueden ver adolescentes vendiendo frutas, vegetales o frijoles en puestos ambulantes o pan a domicilio en un carretón de madera o como ayudantes de cocheros de caballos.

A sus 13 años, Liosbel, debiera estar cursando el octavo grado. Pero según el padre, un alcohólico al cubo, “el chama no tiene cabeza pa’ los estudios y se dedica a vender galletas y pan de flauta pa'ganarse unos pesos”.

En las barriadas duras de La Habana, adultos imprudentes utilizan a chicos en labores prohibidas por la ley. En una callejuela a medio asfaltar del municipio Arroyo Naranjo, el más pobre y con mayor número de sucesos de sangre en la capital, funciona una valla ilegal de peleas de gallos.

Los fines de semana ofrece distintos carteles y el dinero corre. El dueño de la valla, un tipo de más de seis pies con pinta de matón, les paga 100 pesos (alrededor de 4 dólares) a varios adolescentes del lugar, para que vigilen y alerten de la presencia de la policía.

Rigoberto, padre de uno de esos chamacos, es asiduo a la valla, donde bebe cerveza y se juega hasta mil pesos, mientras los gallos lidian en un espacio circular. Está orgulloso de que su hijo sea custodio, “de esa manera aprende a ganar dinero por sí mismo y se hace hombre”.

Ariel, 15 años, dejó la escuela en séptimo grado y junto a su tío, se dedica a recolectar materias primas. Vive en una vivienda de madera y sin muebles en San Miguel del Padrón, al sureste de la capital.

Cada noche, con un saco de yute al hombro, camina diez o quince kilómetros recogiendo latas vacías de cerveza o refresco, botellas de cristal y pomos plásticos. Ariel y su tío hurgan en latones de basura y merodean por cafés y bares de moneda dura, lo que les permite recoger más kilogramos de materia prima y ganar más dinero.

En una habitación mugrienta y calurosa, en la parte posterior de su chabola, apilan decenas de sacos. “La materia prima se la vendemos al Estado. Los pomos plásticos los lavamos bien con detergente y se los vendemos a particulares que elaboran puré de tomate o salfuman”, expresa el tío, sin dejar de enjuagar pomos en agua estancada en un tanque.

Debido a carencias económicas y ambientes familiares violentos o disfuncionales, no pocos adolescentes optan por prostituirse. El Ministerio de Justicia reconoce que se han documentado varios casos de prostitución infantil con extranjeros.

En Bayamo, Granma, provincia a unos 700 kilómetros al este de La Habana, en 2010, Lilian Ramírez, una niña de 12 años, fue asesinada en una aparente trama de prostitución en la cual estuvieron implicados turistas italianos, quienes fueron juzgados y condenados.

Llamémosle Serguéi. Es proxeneta y lleva ocho años en el giro. Él afirma que existen más menores prostituyéndose del que las autoridades suponen.

“A la hora de cuadrar con el cliente, muchas jineteras dicen tener una edad mayor. Hay extranjeros y cubanos con billetes que pagan bien a las menores de 15 años. Pero donde yo noto un auge es en la prostitución masculina. A los pingueros adolescentes los lloran los turistas que vienen buscando sexo”, comenta.

El Estado cubano considera que los casos de menores en la prostitución o que trabajan ilegalmente son excepcionales. Pese al silencio de los medios oficiales y la ausencia de estadísticas, el fenómeno no se puede ocultar.

Las instituciones especializadas no cuentan con suficiente presupuesto ni personal. Las penurias económicas y un desfavorable entorno familiar, han propiciado que niños y adolescentes cubanos se hayan visto obligados a trabajar o prostituirse, para ayudar a sus padres o mantenerse ellos. Se han convertido en adultos por obligación.

Iván García
Hispanost, 15 de enero de 2016.
Foto: Tomada de El trabajo infantil en Cuba.

lunes, 13 de junio de 2016

Lucumí, el rumbero de Cuba


El documental, de 26 minutos de duración, fue realizado en 1995 por Tony Gatlif, actor, músico, productor, guionista y director francés de ascendencia argelina y gitana. Erich Michael Herrera Duarte se llama el niño que interpretó a Lucumí.

Al menos hasta 2008, Herrera Duarte, seguía vinculado al mundo de la música y el arte.

Tania Quintero

jueves, 9 de junio de 2016

El reguetón no es culpable de la pérdida de valores en Cuba


Perfil de un joven cubano del siglo XXI: corte de cabello estrafalario, gorra con la visera al revés, tatuajes en piernas, antebrazos o bíceps, short, calzado deportivo de puntera fina y teléfono móvil con el reguetón a toda mecha.

Las chicas se tiñen el pelo de colores exuberantes, gastan una pasta en queratina, alisarse los rizos o insertarse mechones lacios, se tatúan al final de la espalda y en sus audífonos también escuchan reguetón a todo volumen.

Suelen calzar sandalias o tenis de corte bajo, llevan shorts a media nalga o lycras ajustadas, aunque sean barrigonas o muy delgadas. Usan alhajas baratas, vistosos relojes piratas y gafas de sol compradas al bulto en El Dolarazo de Miami.

Hembras y varones hablan en voz alta, como si sus interlocutores fueran sordos. Gesticulan con las manos, dominan poco más de cuatrocientas palabras del diccionario en español y en un párrafo escrito tienen varias faltas de ortografía.

La educación formal brilla por su ausencia. Para ellos, decir 'Buenos días' es cosa de viejos y lo habitual es que utilicen un amplio registro de malas palabras en sus conversaciones.

Desde luego, no hay regla sin excepción. Y todavía, por suerte, se encuentran adolescentes y jóvenes correctos y educados, casi todos procedentes de hogares donde siempre se han cultivado los buenos modales.

A pesar de la educación altamente doctrinaria, escuelas en el campo y marchas del pueblo combatiente famosas por sus insultos hacia Estados Unidos y sus presidentes, en Cuba aún quedan familias ilustradas, con dos o tres graduados universitarios. Personas que no dicen malas palabras, hablan en voz baja y saben comportarse.

Encasillar a los seres humanos en un prototipo es nocivo. Alientan los prejuicios, racismos y políticas discriminatorias. Ni todos los británicos que asisten al fútbol son hooligans o borrachos ni todos los musulmanes son terroristas.

En Cuba, las groserías las escuchas cuando caminas por barrios de cualquier ciudad. Si usted aborda un taxi colectivo, le aconsejo ponerse tapones en los oídos, por el reguetón a decibeles insoportables.

El régimen verde olivo ya orientó atajar la mala educación en un segmento amplio de ciudadanos. En general, los cubanos poseen un buen nivel académico, pero en términos culturales, informativos o conocimientos de las leyes de su país prácticamente son analfabetos.

En una tarde de sol brillante, charlé con varios padres con hijos en edades comprendidas entre 9 y 15 años. A todos les preocupa el retroceso de la enseñanza pública, poco rigor de los profesores, alto contenido ideológico en algunas asignaturas y elevados gastos, por la compra de materiales de estudio y meriendas escolares, y también por tener que pagar maestros privados para que sus hijos perfeccionen sus conocimientos.

Pero cuando usted quiere saber sus impresiones sobre el video que se colgó en You Tube, con niños camagüeyanos bailando reguetón eróticamente en una fiesta de una escuela primaria, no se muestran tan alarmados.

“Eso es una bobería. Aquí siempre se ha bailado con ese desparpajo. No creo que debamos ser tan puritanos. Peor es en Estados Unidos, donde asisten a las escuelas con pistolas o armas blancas”, comenta Anisia, madre de una alumna de octavo grado.

“Lo preocupante no es el baile en sí, es el lugar, en una escuela, con adultos alentando esa danza. De todos los problemas que tenemos en Cuba, ese suceso es un mal menor”, dice René, padre de tres hijos.

Según Ana Carla, psicóloga, en la Isla se han subvertido los valores. “Ya muchos adultos ven normal que un niño diga malas palabras o baile de manera erótica. Inclusive hay cosas peores. Padres que por diversión o para afianzarlos como 'machos', le dan cerveza o ron a hijos pequeños o los enseñan a fumar”.

Carlos, sociólogo, considera que por indolencia o irresponsabilidad familiar, “muchos niños se interesan por el sexo desde edades muy tempranas. Tener en cuenta que en Cuba tres y hasta cuatro generaciones viven bajo un mismo techo. Si a la promiscuidad le añades la sublimación de la prostitución y comportamientos delictivos, ese modo de vida le hace creer a muchos menores que es el camino mejor y el más corto para ganar dinero".

El sociólogo subraya que a todo ese ambiente insano, hay que agregar la vulgaridad, que en ocasiones parte de la propia narrativa gubernamental, descalificando al que piensa diferente, o cuando organiza pachangas populares con bebidas alcohólicas en conmemoración de fechas patrióticas. "En su afán de edificar una sociedad igualitaria y colectiva, la revolución de Fidel Castro estimuló las bajas pasiones. Las buenas costumbres eran consideradas rezagos de la burguesía”.

Para Erasmo, padre de una adolescente de 14 años, “esos bailes desfachatados, lamentablemente, se han vuelto algo común en las actividades infantiles. Una maestra de mi hija organiza fiestas en su casa, cobra 25 pesos la entrada. Ella solo pone reguetón y salsa. Asisten niños de 11 y 12 años que fuman y se besan como si fueran personas mayores. El culpable de todo ese relajo es el gobierno y, en particular, las autoridades de educación y cultura”.

La prensa oficial, tan sensible con los casos de violencia en colegios estadounidenses, aún no ha publicado una línea sobre esos alumnos que con sus uniformes y pañoletas azules de pioneros, bailan 'perreo' en una escuela de Camagüey. Un video que le ha dado la vuelta al mundo, generando comentarios muy negativos hacia padres y maestros cubanos.

Si queremos juzgar razonablemente la pérdida de valores en la sociedad actual, es muy fácil culpar al reguetón.

Pero el fenómeno viene de más atrás. De aquella etapa cuando se intentó crear un 'hombre nuevo' y se alejó a miles de niños del seno familiar. Ahora estamos recogiendo la cosecha.

Iván García
Martí Noticias, 21 de abril de 2016.
Leer también: De la mentira, la indecencia y la violencia.