jueves, 19 de julio de 2018

El delito de ayudar al prójimo



El polvo de cemento húmedo se desparrama por los balcones del inmueble multifamiliar y termina aterrizando en la acera de una barriada de casas bajas y edificaciones de pocos pisos en el municipio Diez de Octubre.

Un matrimonio que recientemente se mudó para el barrio, tuvo la buena (o mala idea), de reparar la fachada del edificio y la caseta de la azotea que estaba en peligro en derrumbe.

Cuando estaban en obras, por una llamada anónima de un vecino, algo habitual en la Cuba de los hermanos Castro, se apareció un estirado funcionario del Instituto de la Vivienda, el típico inspector corrupto que, maleta en mano, es experto en recitar de carretilla las normativas de planificación física y en desplumar a los incautos.

Irene, la señora que de buena fe intentaba reparar el edificio, dice que “si hubiera sabido que se iban formar tantos problemas, lo hubiera dejado como estaba”.

Manuel, su esposo, cuenta que “como nuestras finanzas lo permiten, queríamos mejorar las condiciones de vida de los que vivimos en el inmueble. Reparamos la caseta, pusimos tuberías hidráulicas nuevas y pintamos todos los tanques de agua de la azotea además de impermeabilizar los techos. Pero no solo nos pusieron una multa de 1,500 pesos -equivalente a 70 dólares- por no tener permiso ni licencia, sino que ahora nos marcamos como 'conflictivos' para el jefe de sector de la policía”.

Según la pareja, sufrieron un interrogatorio de casi hora y media en una dependencia policial, intentando determinar de dónde sacaron el dinero para comprar los materiales de construcción. En Cuba, a las buenas personas no se les premia. Todo lo contrario: se les castiga.

Los vecinos del edificio están insultados. “Le zumba el mango. Este edificio no se pintaba desde que se inauguró en 1957. En el exterior había trozos que se caían a pedazos. El Estado, que en teoría es el dueño de todos los edificios múltiples de Cuba, jamás dedicó dinero ni recursos en reparar o darle mantenimiento. Son los vecinos, de su propio bolsillo, los que han resuelto los problemas”, expresa Osvaldo, residente en el inmueble.

En la Isla comunista de los hermanos Castro, cualquier gesto altruista, sin el permiso del poderoso control estatal, es calificado, cuando menos, como insubordinación ciudadana. Para el Estado verde olivo, los gobernados solo cumplen órdenes. Si consideras que eres miembro de una sociedad civil o actuas por criterio propio, te convierten en un presunto delincuente o en un 'contrarrevolucionario'.

“Cuando trabajaba en Comercio Exterior, en un viaje de negocios descubrí que el vendedor de equipos de refrigeración a varias empresas cubanas, además de coimas elevadas que encarecían el producto, ofertaba equipos de baja calidad. Por mi cuenta gestioné con otro mayorista equipos de mejor calidad, pensando en ahorrarle divisas al país y una mejor eficiencia, y cuando llegué, me sancionaron y expulsaron del trabajo. Pasé a ser 'un caso de la Seguridad del Estado'. Tuve que contar toda mi vida de arriba abajo. Pensaban que había hecho esas compras para beneficio propio. Los jerarcas de arriba estaban disgustados, pues al conseguir otro proveedor, les había jodido sus negocios privados: ellos recibían gabelas de ese fabricante por comprar esos equipos”, detalla Luis Manuel, ex funcionario.

En una sociedad vertical de ordeno y mando, la improvisación o salirse de los protocolos dictados, es una razón de fuerza mayor para abrirte un expediente.

Richel, padre de dos hijos, recuerda: “Hace unos años, se me ocurrió donar un poco de dinero y ropa que se le había quedado a mis hijos a niños con cáncer que están ingresados en el hospital William Soler. Pa’qué fue aquello. Desde la directora hasta un oficial de la Seguridad hablaron conmigo para saber quién me había pedido que hiciera esa donación. Es que en Cuba hasta la filantropía es controlada por el Estado”.

Un empresario alemán casado con una cubana, en una ocasión decidió donar varios paneles solares para instalar en tres edificios cercanos a su casa, pensando que no iba a traer ninguna consecuencia. "Y lo que se armó parece ciencia ficción. Desde funcionarios del partido comunista del municipio hasta oficiales de inteligencia investigando el caso, como si hubiera cometido un crimen. Al final recogí los paneles solares. No podía entender que por algo que permitiría ahorrar electricidad al Estado y dinero a los bolsillos de esas familias se formara tanto lío. Me explicaron que el gobierno acepta donaciones, pero se deben entregar por los canales pertinentes, es decir, el Estado”.

Una institución suiza anualmente dona a Cuba 20 mil toneladas de leche en polvo. “Pero tras detectar innumerables trapicheos y negocios por la izquierda, el proveedor exigió que la entrega se hiciera públicamente. El año pasado le dieron un 'buchito' de la leche donada a varios asilos y escuelas en Centro Habana, el resto desapareció como por arte de magia”, cuenta un trabajador de un almacén de víveres.

Después del paso de un huracán por la Isla, miles de cubanos radicados en el exterior expresan su deseo de hacer donaciones privadas, pero el régimen no las acepta. Y es que en Cuba, regalar al prójimo te convierte en sospechoso.

Iván García
Foto: Tomada de Cubanos Gurú.

lunes, 16 de julio de 2018

Lo que pasa cuando Díaz-Canel anuncia visita



El miércoles temprano en la mañana, mientras caminaba hacia el policlínico 30 de Noviembre, al pasar por la acera del hogar de ancianos, en Dolores entre 11 y 12, atrajo mi atención el enjambre de empleados que limpiaban y arreglaban la parte exterior. También trataban de esconder viejos problemas que por abandono y negligencia se han mantenido por años.

Así, vi algo absurdo: colocar tres contenedores de basura en la esquina de Dolores y 12 para tapar el hueco hecho por la pala que recoge los desperdicios, que está constantemente lleno de agua y de las inmundicias que vierten ciudadanos insensibles, y donde además, en ese mismo sitio está la acometida que abastece de agua potable al asilo.

Algo parecido sucedía en el policlínico Lawton, en Dolores y 10: estaban chapeando los alrededores y pintando. Quienes por allí transitaban, intrigados, se preguntaban medio en broma qué personalidad (o personaje) vendría a visitar Lawton, pues solo en esas contadas ocasiones se hace como que se arregla algo en este barrio, en esta ciudad, en este país.

El día siguiente le dio la razón a esos escépticos: el jueves llegó la preparada visita, nada más y nada menos, que de una comitiva encabezada por el nuevo presidente no electo, Miguel Díaz-Canel, quien antes de visitar estos centros pasó por el preuniversitario Mártires de Porvenir, a pocas cuadras de allí, en 10 entre A y B.

Los distintos incidentes de esos encuentros dejaron un rastro de comentarios entre los vecinos y testigos. Me dice uno, que lo sabe por experiencia: “Siempre para esas visitas les avisan a los involucrados y se monta un escenario que nada tiene que ver con la realidad”. Por ejemplo, los vecinos de la calle 10, al costado del policlínico, quedaron decepcionados porque nada más se chapeó la mitad de la cuadra por donde iba a entrar la visita.

Una empleada del policlínico, molesta, dijo: “¡Me sentí ultrajada! Estaba en la recepción, y de pronto entró un corpulento escolta y con prepotencia me mandó a quitar los aretes, el reloj, la pulsera y los audífonos, y tuve que guardara el celular porque no podía tirar fotos”. Agregó que ese día en el laboratorio aparecieron todos los insumos que hacía semanas no había.

Otra empleada cuenta que “pintaron corriendo, para ocultar la filtración del techo, pero como no la arreglaron, ya el sábado se veía otra vez”. Una señora considera que “así, escondiendo las dificultades, nada se resuelve, pero si avisan antes es para eso. La gente no protesta porque, aunque está hasta la coronilla, no se quiere buscar problemas”.

Estudiantes del preuniversitario visitado por Díaz-Canel, me contaron que “el día anterior vino una funcionaria de Educación y nos advirtió que no fuéramos a plantear problemas, que por el contrario, si nos preguntaban por algo, respondiéramos que todo estaba bien”. También supe que algunos alumnos de 11º grado ripostaron que no entendían por qué tenían que mentir, si en la escuela hay problemas reales que todos conocen. “Quizás por eso a los visitantes no los llevaron a esa aula, sino a una de décimo grado, donde los alumnos son más dóciles y más tímidos”, comenta una estudiante.

“El baño llevaba al menos dos años desbaratado. Sin puerta ni lavamanos, y se los pusieron en dos días”. confiesa una alumna. “También pintaron por ‘alantico’”, comenta otro. “Bueno, mejoramos algo, ¿no?”, recalca un tercero con picardía, y los demás sonríen.

Gladys Linares
Cubanet, 28 de mayo de 2018.

Foto: Miguel Díaz-Canel durante su visita al preuniversitario Mártires del Porvenir, en la barriada habanera de Lawton. Tomada de Cubadebate.


jueves, 12 de julio de 2018

Hacer pedazos la sociedad cubana



Es una casta privilegiada, distante, en los limbos más altos de una sociedad pobre, ribeteada de miseria y calamidades. Sí, es un grupo humano que vive en la estratosfera de un país en bancarrota y sus viditas transcurren en un espacio real que han conquistado gracias a las ineficacias y torpezas del sistema y por sus ambiciones personales, su decisión empecinada y firme por el confort, la abundancia y el lujo.

Tienen, en cualquier parte del mundo, muchos nombres y apelativos, pero en Cuba hay uno que los clava a todos en un mismo alfiler: son los corruptos oficiales.

Hablo de los centenares de personajes que tienen cargos y mandatos en diferentes zonas del Estado y del Partido Comunista y los utilizan para darle a su existencia, y a las de sus familias, un nivel que los ubica claramente muy por encima del cubano medio, del hombre de la calle, la bicicleta china y la libreta de racionamiento que funciona en la isla desde los primeros años sesenta.

A simple vista, observando sin anestesia sus actuaciones, se pueden considerar como una categoría de ladrones que han sido autorizados y a los que, sin embargo, se les considera personas ejemplares en aquella sociedad en la que el totalitarismo impone sus leyes ciegas, sin matices y radicales.

La burocracia estatal, entonces, se ha visto obligada a crear un mecanismo que trate de controlar el entusiasmo de esa piara de vividores y, a tal efecto ha fundado la Dirección de Enfrentamiento a la Corrupción e Ilegalidades.

El asunto es que la tribu de corruptos, según un informe de un alto funcionario de esa entidad, ha “tenido un incremento cuantitativo permanente, pero sobre todo con una mayor cualificación de su organización, comisión, colectivización e incluso internacionalización.”

En las condiciones actuales, dijo el dirigente, se hace necesario elevar el enfrentamiento al delito trasnacional. No conseguirán eliminar la corrupción, que es parte de la esencia del socialismo, sólo le darán oportunidad a los susodichos de demostrar su creatividad ante los anunciados valladares que propone, con su buena carga de estudiada austeridad, una jerarquía que disfruta sin sobresaltos como el que más, de las franquicias de la corruptela.

Corrupción es una palabra que, según sus orígenes, es una combinación de un verbo y sufijo que quiere decir, más o menos, acción y efecto de hacer pedazos. Eso hacen los corruptos con la sociedad cubana.

Raúl Rivero
Blog de la Fundación Nacional Cubano Americana, 1 de junio de 2018.
Foto: Principales miembros de la élite militar y civil que gobierna Cuba. Tomada del blog de la FNCA.

lunes, 9 de julio de 2018

¿Ajuste de cuentas post mortem?



Ramón Calcines Gordillo fue un comunista de toda la vida. Bajo Batista se desempeñó como secretario general de la Juventud Socialista, brazo del Partido Socialista Popular (PSP), viejo partido marxista-leninista. Fue allí jefe de personajes que más tarde alcanzaron gran preeminencia, como Jorge Risquet y Flavio Bravo.

Al triunfo de la Revolución, se mantuvo en puestos de relieve. En los años sesenta del pasado siglo fue director de la Empresa FrutiCuba, que por entonces hacía honor a su nombre y suministraba a los cubanos de a pie, a precios módicos, jugos y frutas frescas.

Como buen 'pericón', estaba avezado en las peleas de fieras que reciben un nombre eufemístico: luchas internas del partido. No obstante, tuvo ocasión de experimentar en carne propia que, bajo el régimen de Fidel Castro, esos conflictos intestinos dejaron de ser tales para convertirse en verdaderas persecuciones desatadas por el mandón de turno.

Al producirse la purga contra la llamada Microfracción, Calcines fue separado de su puesto en el Comité Central, cosa que destacó un titular del órgano oficial de entonces; también fue expulsado del partido único. No obstante, salió mejor que otros involucrados, pues no tuvo que marchar a prisión.

Sí fue a parar fue a una fábrica como simple obrero. Allí, amén de tener que trabajar por un sueldo modesto, sufrió los vejámenes de la administración empresarial y de “los factores”, cuya “intransigencia revolucionaria” había sido exacerbada por las instrucciones impartidas desde la alta jefatura del régimen.

Al tiempo que cumplía con sus obligaciones laborales, Calcines, haciendo inmensos esfuerzos, cursó la carrera de derecho. Al graduarse, pasó a trabajar en los bufetes colectivos como un abogado más. Gracias a su competencia, su fabulosa capacidad de trabajo y las relaciones personales que mantenía, progresó dentro del foro habanero y llegó a figurar en la docena de los defensores con mayor clientela en el país.

Al propio tiempo, se destacó en las labores sindicales y, en definitiva, avanzando con grandes sacrificios desde abajo, recuperó la condición de militante del partido único. Esto lo satisfizo, pues era un comunista convencido.

Fue precandidato a delegado a uno de los congresos de esa organización política, pero cuando más confiaba en que sus esfuerzos de años le permitirían tal vez volver a figurar en ese órgano supremo (y de allí —¿quién sabe!— reingresar quizás al Comité Central), la despiadada maquinaria del régimen montó en las vidrieras del Ministerio de Educación, en el corazón de la Habana Vieja en la que laboraba, una “exposición de la historia de la prensa revolucionaria”.

¡Qué casualidad!: En lugar destacado figuraba el número del periódico oficial con la noticia de su destitución. Las invocaciones a su condición de militante y precandidato no surtieron efecto alguno. Las gestiones para encontrar al responsable de la muestra o a alguien que tuviera las llaves del local, también fueron infructuosas. “Están de vacaciones”, fue la cínica respuesta. Así terminaron sus ilusiones de rehabilitación.

Después, se conformó con ser director del Bufete Especializado en Recursos de Casación. Allí lo traté y llegué a apreciarlo, porque pese a que jamás renunció a sus convicciones comunistas, predicó con el ejemplo y actuó con honestidad, nunca abusó de su jefatura y se mantuvo receptivo a las ideas de cambio. Esto último lo demostró en tiempos de la glasnost con su lectura impenitente de las Novedades de Moscú, que a menudo salíamos juntos a buscar.

¿Por qué -se preguntará alguien- escribir ahora sobre ese marxista-leninista, fallecido hace ya años? Es que su hijo Rayfe Calcines Blanco se encuentra en las barracas de la cárcel de Valle Grande, lugar que conozco bien por haber estado “hospedado” allí durante mis primeros años de prisión política. Se trata de un hombre enfermo, de buena conducta social, hijo de ese comunista de toda la vida y de una ex fiscal del Tribunal Supremo. Se le imputa un presunto delito de estafa, que más que tal parece el simple incumplimiento de un contrato civil. No es normal que por una conducta de ese tipo se mantenga la prisión provisional, y menos contra alguien que no es un habitual del crimen.

A las reiteradas solicitudes de cambio de la medida cautelar presentadas por su competentísimo defensor, se ha dado la callada por respuesta. En unas semanas se cumplirá medio año de su encierro: el triple del término previsto en principio para la instrucción de un expediente penal.

¿Por qué esa severidad tan inusual? ¿Qué impide que Rayfe Calcines permanezca en libertad hasta el día del juicio? ¿Será que el ajuste de cuentas contra su padre Ramón Calcines alcanza a su familia y continúa muchos años después de su muerte!

René Gómez Manzano
Cubanet, 8 de agosto de 2012.
Foto: Bandera del Partido Socialista Popular.


jueves, 5 de julio de 2018

"Cuando se viaja en Cubana hay que rezar antes de volar"



Cuarenta y ocho horas después del trágico accidente aéreo, la zona donde se desplomó el Boeing 727-200, arrendado por Cubana de Aviación a la compañía mexicana Global Air, sigue acordonada con cintas amarillas y decenas de especialistas de criminalística y expertos de la aeronáutica civil examinan el área.

Algunos peritos visten pantalones o sayas verde olivo y batas blancas, señal de que son militares. Otros van de civil. El acceso a la línea de ferrocarril y campo agrícola donde sucedió el desastre está resguardado por dos patrullas de la policía.

Los investigadores armaron tres casas de campañas que sirven para guardar posibles evidencias y funcionan como una especie de puesto de mando. No es difícil encontrar personas que quieran contar su versión de los hechos.

Luis Antonio, un tunero que hace cinco años reside en el reparto Mulgoba, apunta que “ya he dado tres entrevistas, pa’ Univisión, pa'una agencia china y pa’ EFE”, dice y comienza a contar:

“Trabajo en un vivero relativamente cerca del lugar del accidente. Como era mediodía, la gente se había ido a almorzar. En una cantinita yo traía mi jama: tortilla de cebolla, arroz blanco, potaje de chícharo y boniato hervido. Me senté debajo de un árbol a comer. Al instante siento un ruido tremendo. Cuando me paro y miro pal’cielo veo -y señala con la mano un descampado a su izquierda- que el avión pasa por encima de los árboles. Iba soltando un humo negro y se mecía de un lado a otro como un juguete roto. Cuando cayó se me perdió de vista. El aparato se desplomó contra el suelo más o menos a 200 metro de donde estaba almorzando. Se sintió un vapor de fuego y un estruendo atronador. Me mandé a correr, pensé que aquel bicho iba a explotar”.

Después de la explosión los primeros que se dirigieron al sitio del siniestro fueron vecinos que residen en la calzada que comunica la Avenida Boyeros con el pueblo de Calabazar, trabajadores, estudiantes de técnico medio y preuniversitario que no habían entrado a la escuela y transeúntes que esperaban el transporte público en una parada a tiro de piedra de la Terminal 1, dedicada a vuelos nacionales.

“Había un relajo del carajo, aunque un grupo de personas se lo tomó con seriedad y responsabilidad. Otros, con los teléfonos móviles en mano, filmándolo todo, parecían que iban a una fiesta. Yo me quedé en la parada, pues por las series policiales que pasan en la televisión, sé que el lugar donde ocurre un accidente debe preservarse”, señala Marta, ama de casa que reside cerca del aeropuerto y esperaba la ruta P-12 para ir a Centro Habana.

Ya circulan por las redes sociales y entre los habaneros, decenas de videos caseros grabados con celulares el día del accidente aéreo. Con un morbo que encaja en el perfil de un asesino en serie, por IMO o Bluetooth, se pasan videos con crudas escenas de cuerpos desmembrados o calcinados.

Una joven, sentada en un café al aire libre en la Avenida Boyeros, muestra una filmación donde un ladrón intentaba robarle la billetera a una víctima que viajaba en el vuelo rumbo a Holguín. "Aprovechando el tumulto, el tipo buscaba robar maletas y dinero. Un policía que en ese momento llegó para socorrer a los accidentados, fue el que detuvo al carterista", indica, mientras muestra el video.

Por las primeras imágenes trasmitidas por la televisión nacional y otras que circulan por las redes sociales, decenas de personas contaminaron la zona del accidente. El despliegue informativo, de manera inusual, fue amplio y minuto a minuto.

Según Pedro, custodio de un taller de reparaciones automotor relativamente cerca donde cayó el avión, “la respuesta policial fue algo lenta. Incluso, gente que intentaba ayudar a personas que estaban con vida, por su desconocimiento en primeros auxilios, cargaban a los heridos de manera inadecuada. Los que más rápido llegaron fueron los bomberos, quienes tienen una base en el propio aeropuerto. También enseguida llegaron dos ambulancias, pero creo que los sanitarios no estaban preparados para ese tipo de accidente. Si hubieran llevado a los accidentados directamente para el Calixto García y no para el Hospital Nacional, que no cuenta con todas la condiciones, quizás se hubiera salvado alguna otra vida”.

Llama poderosamente la atención, que en caso de accidentes viales, derrumbes de edificios y destrozos provocados por huracanes, hay ciudadanos que priorizan la grabación con sus móviles antes que socorrer a las víctimas.

Leidis, maestra de primaria, recuerda que “hace dos o tres años, una joven fue alcanzada por un tren por el Café Colón, Arroyo Naranjo, y en vez de auxiliarla, mucha gente a su alrededor estaba filmando. Hace poco, un hombre tuvo un infarto en la calle y se formó tremenda molotera, pero no para ayudarlo, sino para tirar fotos o hacer videos”.

El accidente aéreo del viernes 18 de mayo en La Habana abre nuevas interrogantes al pésimo servicio que brinda Cubana de Aviación, considerada una de las peores líneas aéreas del mundo.

Oscar, ex piloto de Cubana de Aviación considera que “la compañía tiene que llamarse a capítulo y debiera cerrar. Desde hace años Cubana no cuenta con un stock necesario de piezas de repuesto. Si la gente supiera la cantidad de inventos que tienen que hacer los pilotos y el personal de mantenimiento, no montaría en esos vuelos”, subraya y añade:

“El problema no es solo modernizar la flota. Es contar con una base logística adecuada. Algunos accidentes, como el de Sancti Spiritus, hace ocho años, o este como el de ahora, se han producido con aviones arrendados. Detrás de esos arrendamientos hay un misterio que ojalá ahora salgan a la luz con estas investigaciones. Nadie sabe quién ni cómo, los funcionarios de Aeronáutica Civil contratan líneas que casi nadie conoce. Se rumora que existen coimas por debajo de la mesa. El caso es que son empresas muy limitadas de recursos y con aviones desfasados. Por la entrevista a un piloto que trabajó en esa línea aérea mexicana, se ha sabido que volaban con gomas ponchadas y el radar defectuoso. Un piloto nuestro contó en las redes sociales que hace siete años, esa misma empresa, tuvo problemas en un vuelo a Santa Clara. Él hizo su reporte, pero las cosas siguieron como si nada hubiera pasado”.

Cubana de Aviación hace rato está bajo lupa. Uno o dos días antes del accidente del Boeing 737-200, el vicepresidente primero Salvador Valdés Mesa sostuvo una reunión de trabajo con funcionarios del Instituto de Aeronáutica Civil.

En los vuelos nacionales el retraso es habitual. Rolando Rodríguez Lobaina, activista disidente y director de la agencia audiovisual Palenque Visión, recuerda que en una ocasión “el vuelo a Holguín se retrasó más de catorce horas”.

Dania, quien suele viajar con frecuencia en avión a las provincias orientales, subraya que “cuando se viaja por Cubana hay que rezar primero antes de volar. Esos aviones meten miedo. Además de retrasos y maltrato de los empleados, no los limpian. Hace unos meses, regresaba de Guantánamo en un AN-158, me senté cerca del ala y por la ventanilla veo que unos tornillos se han zafado. Se lo digo al sobrecargo y me calma diciéndome, jocosamente, que no me preocupe, que esos tornillos a lo mejor sobraban en el avión. Espero que después de este accidente caigan algunas cabezas”.

El siniestro aéreo sucedió un mes después que Miguel Díaz-Canel ocupara el cargo de presidente. Habrá que esperar si el nuevo mandatario aparte de preocuparse de la suciedad en La Habana, se preocupa también de la existente en la errática empresa área estatal, que necesita una limpieza a fondo. O cubre la basura de Cubana de Aviación con un manto de silencio. Como hasta ahora ha sucedido.

Iván García
Foto: Tomada de 14ymedio.


lunes, 2 de julio de 2018

Llegar con retraso a un vuelo de avión



Destino (18.05.2018)

–Señor, disculpe, no podemos hacer nada por usted –dijo la mujer y le devolvió, por debajo del cristal, el boleto de avión.

La memoria de Armando Fuentes se extravía, o encalla, en el acto inútil de recuperar el billete. En el instante del estruendo.

–No sabría describirte el sonido, nunca había escuchado algo así. Solo te puedo decir que el piso se movió y empezó la locura –y ahora los recuerdos de Armando también estallan, se disparan como esquirlas.

Tras la explosión, la mujer que le había dicho por el cristal que era un irresponsable y le había informado, tranquilamente, que el Boeing 737-200 ya estaba despegando en la pista de la terminal 1 del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, salió corriendo de su casetilla.

Armando se dio la vuelta y percibió el alboroto general antes de que alguien lo arrollara y lo lanzara al suelo. Alcanzó a ver que un joven aduanero, con un extintor en las manos, le pedía disculpas sin detenerse.

El salón se volvió un avispero. Gente que corría hacia cualquier sitio, que se llevaba las manos a la cabeza y que gritaba: “¡Ay por dios, ay por dios, se cayó!”.

Cuando se puso de pie, Armando aún no sabía a ciencia cierta qué había sucedido. El tumulto en la puerta le impedía averiguar por sí mismo qué había sido aquel estallido. Recogió del piso su maletín de mano y se alejó sin premura.

Un tipo decía: “Ese es el Habana-Holguín”. Y otro contestaba: “Se mataron, hermano, ahí no va a quedar nadie”. Fue lo primero que escuchó al salir de la terminal.

A dos kilómetros de allí, una columna de humo se elevaba hacia el cielo gris. Armando escuchó las primeras sirenas y vio pasar raudo un camión de bomberos. Después siguieron decenas de ambulancias, patrullas policiales y carros de Rescate y Salvamento.

–Me quedé en blanco, no sabía qué hacer. La gente se acercaba al lugar donde cayó el avión para ayudar, o por chisme, pero yo no podía moverme. Yo debería de haber estado hecho cenizas en ese momento, y quiero pensar que por alguna razón divina estaba vivito y coleando.

Una hora más tarde seguía en el parqueo de la terminal 1. Armando, sentado en un quicio, miraba al vacío. Luego se dirigió a donde estaban todos.

El Boeing 737-200 –arrendado por Cubana de Aviación a la aerolínea mexicana Damohj– se estrelló el viernes 18 de mayo, con 111 personas a bordo, sobre un terreno de cultivos agrícolas. Luego de 10 días, solo una de tres sobrevivientes iniciales permanece con vida, hospitalizada.

Las autoridades cercaron inmediatamente el área del siniestro. Armando no pudo pasar de la línea del tren vecina. Desde allí solo veía un velo de humo del que emergían vertiginosas ambulancias.

–¿Hay muertos? –preguntó a alguien.

–Puro, no se sabe todavía, pero eso está feo, es muy difícil que alguien se salve de eso ­–respondió un joven que filmaba la catástrofe a distancia.

Armando dio media vuelta y se largó. Caminó sin destino hasta que divisó un teléfono público.

–Llamé a Tito, mi mejor amigo. Le pregunté dónde estaba y si tenía ron. Le advertí que iba para su casa porque yo estaba vivo.

Hombre

Armando Fuentes, 76 años, es un obrero jubilado de la industria deportiva. Vive solo en un apartamento de la calle Perseverancia, en Centro Habana. Tiene dos hijos y es viudo desde hace dos años y medio.

No juega a la lotería (la bolita), pero sabe de memoria qué significa cada número del uno al cien. Cree que la vida es artimética: la suma de buenas acciones más un poquito de suerte.

Tiene una sonrisa limpia y habla pausado. Es un gran conocedor del béisbol profesional cubano antes de 1959. Las tardes de sábado y domingo son para ver los juegos de categorías infantiles en la Ciudad Deportiva. Dice que no hay nada más puro que un niño empuñando un bate, intentando pegarle a la bola.

Sus manos están llenas de callos, pero Armando es un hombre que sueña. Antes iba todos los días al Cerro a zurcir guantes de piel y pelotas de béisbol en los inmensos talleres de la Industria Deportiva.

Ahora es custodio. Cada 48 horas, en las noches, Armando cuida autos, motos y bicitaxis en un parqueo al aire libre. Allí tiene su caseta. En las horas muertas de la madrugada lee los libros que le manda su hermano menor desde Holguín. “Para que el tiempo pase”. Su hermano trabaja en una editorial holguinera cuyo nombre Armando no recuerda.

A principios de abril, la única sobrina de Armando llamó por teléfono. Su madre había fallecido y ella temía que la soledad terminara también con su padre. Le pidió entonces que viajara a Holguín.

Hace más de diez años que Armando no visita aquella ciudad (nororiente de Cuba), el mismo tiempo hace que no monta en avión.

Flashback (06.04.2018)

Aquella tarde estuvo a punto de desmayarse. Venía empapado en sudor y cuando entró en la oficina de Cubana de Aviación lo golpeó el aire acondicionado. Pidió un poco de agua. Una de las empleadas de la aerolínea se la trajo y pronto se recuperó.

La cola tardó cerca de tres horas. Y cuando llegó su turno, le dijeron a través de la ventanilla:

–Quedan cinco pasajes para el día 18 de mayo, pero le voy a hablar claro: Cubana está mandando a la gente en guaguas porque no hay aviones disponibles, así que no se haga muchas ilusiones.

Armando no prestó demasiada atención al asunto. Compró su boleto y se fue a casa.

Percances (18.05.2018)

–Todavía hoy no entiendo nada. Fue como si yo hubiese querido cambiar las cosas, pero ya todo estaba escrito, comenta Armando.

El día anterior, Tito le confirmó que a las 9:30 am llegaría a su casa en su Ford de 1955 para llevarlo al aeropuerto. El vuelo partía a las 12:00, pero ya eran las 10:20 am y Tito no había llegado. Estaba desesperado.

El nerviosismo le provocó otra revoltura en el estómago. Y por eso cuando llegó Tito y se disculpó, tampoco pudieron partir. Armando tuvo que ir al baño.

–Ese día, desde que abrí los ojos, no dejaron de pasarme cosas raras.

Cerca de las 11:00 am salieron y, en la intersección de las calles Reina y Galiano, la goma trasera derecha del Ford se ponchó. Tito, que no tenía repuesto, se quedó en esos menesteres. Armando, contra reloj, tomó la mala decisión de montarse en la ruta P12.

A mitad del trayecto supo que ya no llegaría a tiempo. El ómnibus articulado avanzaba lentamente y se detenía en exceso en cada parada.

–No estaba para mí, así de simple, no estaba para mí.

Se apeó del ómnibus y, sabiéndose sin opciones de volar a Holguín, enfiló hacia el aeropuerto.

Cuenta Armando que, al despertar, no recordaba haber soñado. Abrió los ojos en la oscuridad y sintió la lluvia contra la ventana de madera.

Sudaba sin parar y las sábanas estaban húmedas. El dolor de estómago del día anterior no se había extinguido del todo. Antes de ir al baño, fue a la cocina por un vaso de agua. Tenía los labios y la garganta secos. Luego, en el retrete, supo que sí había estado soñando. Él, Armando Fuentes, vestido de azul, sobre el montículo del Estadio Latinoamericano de La Habana. Era el pitcher de los Industriales y se enfrentaba a Santiago. Las gradas estaban vacías y tal vez el silencio lo ponía un tanto nervioso.

No había nadie allí para ver a Armando lucir el dorsal 92. El bateador, piel blanca, enormes bigotes, franela roja, era el número 83.

Dos lanzamientos. El primero se estrelló contra la tierra antes de alcanzar el home plate y levantó una pequeña nube de polvo. El segundo fue directo a la cabeza de su rival, que cayó fulminado. Armando solo atinó a llevarse las manos a la nuca, lamentándose.

Luego de repasar la pesadilla, fue a sentarse un rato en el sillón de la sala. Miró el reloj de pared y vio que eran las 3:30 am. Encendió y apagó el televisor. Antes de regresar a su habitación se cercioró de que el boleto del vuelo a Holguín continuaba encima de la mesa. Entonces recordó algo más:

–Cojones, qué es esto: 92 es avión y 83 es tragedia –se dijo en voz alta.

Nota.- Una de las irregularidades más frecuentes en Cubana de Aviación es la sobreventa de boletos de vuelo, y en particular de los llamados 'fallos'. “Es una práctica común”, confirma una inspectora del Ministerio de Transporte que pidió no revelar su identidad. Los pasajes son vendidos con meses de antelación a la población debido a la escasez de vuelos nacionales y esto provoca un porciento considerable de cancelaciones.

En la mayoría de los casos quienes se encuentran en 'lista de espera' para los vuelos no se entera de dichos 'fallos', pues funcionarios de Cubana de Aviación venden de manera ilegal esos boletos a precios que rondan los 20 cuc, explica la fuente. De ahí que en varios reportes de prensa algunas personas que estaban en el Aeropuerto en el momento del accidente del Boeing 737-200 hayan aseverado que el vuelo no tuvo 'fallos' y que nadie en 'lista de espera' abordó el avión siniestrado.

Un miembro del departamento comercial de Cubana de Aviación dice sobre la venta de pasajes aéreos 'por la izquierda': “Esa es la mínima de las barbaridades que se cometen”. Y agrega: “En el mundo se les permite a las aerolíneas revender entre 10 y 25 por ciento de los vuelos, dependiendo de las leyes de cada región, porque hay muchas cancelaciones y las aerolíneas pierden mucho dinero, pero a la larga eso es motivo de quejas y parones en los aeropuertos”.

Armando Fuentes no llegó a tiempo a la terminal aérea para viajar a Holguín. Al respecto, la web de Cubana de Aviación aclara: “Su reservación de asiento está garantizada hasta el momento en que se haga el cierre del vuelo. Vuelos internacionales 40 minutos/Vuelos domésticos 50 minutos”. Es probable que su asiento se haya vendido por fuera de la 'lista de espera'.

Texto y foto: Abraham Jiménez
El Estornudo, 29 de mayo de 2018.

jueves, 28 de junio de 2018

Raúl Castro, general de las FAR y soldado soviético



Las fuerzas armadas soviéticas encontraron en el Ejército Rebelde, que tomó el poder en Cuba en enero de 1959, la célula necesaria para clonarse a miles de millas de distancia. El uniforme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba, desde la mitad de los años 70, se confeccionaba en fábricas textiles soviéticas. La gorra de plato para los oficiales venía de fábricas moscovitas y las charreteras con los grados tenían en el reverso el sello de calidad de la URSS.

Y todo fue por la iniciativa y el entusiasmo de Raúl Castro. Durante décadas las armas provenientes de Moscú llenaron los almacenes militares de Cuba. El maná de AK-47, las pistolas Makarov, tanques T-34, helicópteros MI-8, camiones KAMAZ, aviones Mig-21, los jeep UAZ, y el Volga de los generales, fueron distintivos de las FAR.

Todo comenzó en junio de 1960, cuando Raúl Castro, ministro de las FAR, fue inicialmente a Checoslovaquia para comprar armas y pertrechos pero terminó en la URSS, abrazado de mariscales y generales soviéticos, con un crédito amplio. Él fue el impulsor, organizador e implementador de la sovietización del ejército cubano. A diferencia de su hermano que nunca dejó el uniforme verde-olivo y las insignias inventadas de Comandante en Jefe, Raúl no dejaba de lucir su uniforme militar de diseño soviético.

Dejó de ser Raúl Castro comandante en 1975 para ponerse en los hombros las charreteras de General de División y dos años después las de General de Ejército. El sistema de grados fue inventado por su hermano Fidel en la Sierra Maestra para el Ejército Rebelde. Comandante era el grado máximo y los oficiales eran capitanes y tenientes. No había mayores, tenientes coroneles, coroneles y mucho menos generales. Durante el proceso de conversión de los grados militares cubanos, el ministro de las FAR no fue ascendido de inmediato a general de ejército, y tuvo que pasar meses con dos estrellas en las hombreras. Era General de División. Fue un castigo de su hermano, porque durante unas semanas estuvo tentado a incluir en el ejército cubano el grado de Mariscal.

En la sastrería soviética le confeccionaron a la medida un traje con la estrella dorada de mariscal encima del escudo cubano, una copia de la versión de Mariscal de la Unión Soviética. La idea no se implementó tras preguntar un asesor soviético a Fidel Castro si Mariscal de Cuba era un rango militar superior al de Comandante en Jefe. Cuando Leonid I. Brezhnev visita Cuba en enero de 1975, el jefe del MINFAR tenía sobre sus hombros dos estrellas de general de división. Pero quedó entre los oficiales superiores cubanos por décadas, mientras existió la URSS, el corte de uniforme de general con ramos de olivo en las solapas, sus charreteras con hilos dorados y la gorra de plato para los eventos oficiales.

La formación académica militar transcurre en centros militares soviéticos, donde a distancia, recibe instrucción, con profesores que lo mismo viajan a La Habana o les envían las tareas por correo diplomático. Los cursos de instrucción se organizaban en las academias militares de Moscú y también asistió al Curso Superior de Guerra que se impartían en la naciente Academia Máximo Gómez.

En su afán de fomentar instituciones que conserven el poder, fue el principal impulsor de la institucionalización del proceso político en Cuba, de la jerarquización partidista al estilo del Kremlin y de un modelo estatal en la economía planificada. La división del ejército cubano en tres zonas militares y la formación de una gran unidad, división y después cuerpo de ejército blindado de tanques (Managua), seguía el concepto soviético de distribución de las unidades territoriales y por tipo de armamentos.

Raúl Castro ostenta varias medallas que en su momento le fueron otorgadas por las autoridades soviéticas y después rusas. Recibe la Medalla Conmemorativa por el Centenario de Lenin en 1970 y en 1979 le impusieron la Orden Lenin, en 1981 la Orden Revolución de Octubre. Ya en tiempos del reacercamiento con el Kremlin, en 2008, le entregaron la Orden Príncipe Danilo de la Buena Fe de Primer Grado, que puso en sus hombros el entonces Metropolitano Kiril Gundajaev (hoy Patriarca Kiril) por el apoyo brindado a la construcción de la catedral ortodoxa rusa en La Habana.

Sus primeros contactos con el mundo soviético y la URSS fueron en la Universidad de La Habana donde matriculó, pero nunca llegó a graduarse. Allí se relacionó con los militantes de la juventud comunista y a ellos se unía en misiones, reuniones y manifestaciones. Comenzó a leer literatura soviética y libros de marxismo-leninismo. En el verano de 1953, meses antes del ataque el 26 de julio al cuartel Moncada, Raúl participó la Conferencia Internacional para la Defensa de los Derechos de la Juventud en Viena, así como en reuniones preparatorias del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se celebró en agosto de ese año en Bucarest, Rumania. Viajó por países del bloque socialista.

De regreso a Cuba, tras haber asistido a una reunión de las Juventudes Socialistas y de preparación para el festival en Rumania, Castro viajaba en el buque italiano Andrea Gritti. Allí conoció al soviético Nikolai S. Leonov, un joven graduado del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú y quien viajaba a México a perfeccionar su español en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Tres años después, en 1956, cuando organizaban los cubanos en México la expedición para desembarcar en la isla, Leonov ya no era estudiante de la UNAM, sino un funcionario de la embajada soviética que socializaba con Ernesto Guevara y Raúl Castro. En junio de 1956 Fidel Castro, Universo Sánchez, Ramiro Valdés, Juan Almeida, Ernesto Guevara y otros fueron detenidos en México, y Guevara tenía una tarjeta de presentación de Leonov. La vinculación llevó a la expulsión de México del funcionario soviético.

Así comenzó la mejor, más fructífera y longeva de las relaciones del Kremlin con un clan político en el extranjero. Sería Leonov el más fiel de los aliados de La Habana en Moscú y Raúl, el más soviético de todos los comunistas cubanos. Leonov fue el encargado por el Kremlin de sacar a Raúl de Praga, donde estaba de visita en junio de 1960. Había ido a Checoslovaquia para comprar armas y pertrechos. Logró entonces contactar a Castro y llevarlo a Moscú, donde fue recibido por Nikita S. Jruschov y los mariscales soviéticos.

Su conocimiento de los hermanos Castro ayudó a Leonov en una ascendente carrera en el Comité de Seguridad del Estado, KGB. Estuvo destacado en México y fue el último funcionario soviético que habló con Lee Harvey Oswald en septiembre de 1963, dos meses antes del asesinato a Kennedy. A lo largo de los años, Leonov, fue subiendo en el escalafón del KGB y alcanzó el grado de teniente general, siendo vicedirector del Departamento de América Latina del KGB, segundo al mando en el espionaje exterior y encabezó el Departamento de Análisis e Información del KGB hasta su desintegración en agosto de 1991, tras el golpe de Estado a Mijaíl S. Gorbachov. A las pocas semanas de la intentona neo-bolchevique el amigo del clan Castro fue pasado a retiro.

En calidad de jefe de los analistas del KGB, acompañó en mayo de 1991 al director del KGB, Vladimir A. Kriuchkov, en su visita de cinco días a Cuba. El viaje a La Habana se realiza tres meses antes del golpe de Estado contra Gorbachov, donde Kriuckov fue uno de los complotados. Leonov fue vicedirector del Departamento de América Latina del KGB, segundo al mando en el espionaje exterior y encabezó el Departamento de Análisis e Información del KGB hasta su desintegración en agosto de 1991, tras el golpe de Estado a Gorbachov, cuando pasó a retiro.

Cuando en octubre de 2001 el presidente Vladimir Putin decidió cerrar la base de escuchas de Lourdes, fue Leonov quien respaldó desde Moscú la crítica que en La Habana hacia Fidel Castro por la medida. Del 2003 al 2007 fue miembro de la Duma rusa por la fracción Patria. Un primer intento en 1999 no fue exitoso. En sus memorias tituladas Tiempos difíciles, Leonov reconoce que fueron los “amigos cubanos” quienes en una de sus vacaciones en la isla le aconsejaron que se dedicara a la política.

A la prensa rusa Leonov dijo que visitó Cuba en octubre del 2008 repasando con Raúl Castro el mejoramiento de las relaciones entre Rusia y Cuba. Entonces visitaba la isla una delegación de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El general ruso es el autor de la única biografía autorizada de Raúl Castro, que publicara primero en ruso la Editorial moscovita Joven Guardia en el verano de 2015 y después en español, en edición especial de la editorial Capitán San Luis, para los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

El gobernante cubano le brindó fotos familiares, acceso a los archivos (cerrados para investigadores y periodistas de la isla) y le concedió horas de entrevistas y le facilitó que recogiera la opinión de sus correligionarios por toda la isla. El libro de Leonov fue presentado en la Feria Internacional del Libro en La Habana y en en la lista de los libros más vendidos en Cuba aparece en el tope.

La tierras rusas (primero la Unión Soviética y luego Rusia) han estado entre las más visitadas por Raúl Castro. En la era del secretismo soviético, muchos de sus viajes fueron ignorados o silenciados por la prensa controlada con la ferocidad del comunismo.

El viaje de La Habana a Praga en junio de 1960 fue para comprar armas de segunda, sobrantes de la Segunda Guerra Mundial. Pero el pretexto oficial fue la asitencia a las Espartaquiadas (juegos deportivos) de la entonces República Socialista de Checoslovaquia. Además de gestiones para adquirir el material bélico, allí "de manera muy casual" se encuentra con Leonov. Juntos parten para lo que sería su primera visita a Moscú, donde estuvo en el Ministerio de Defensa, por los pasillos del Kremlin y las dachas de los generales.

Otro importante viaje a Moscú fue en julio de 1962, cuando Raúl Castro se reunió con el entonces Ministro de Defensa Rodion Y. Malinovski y el jefe del Estado Mayor Matvei V. Zajarov. En ese momento se acepta la instalación en Cuba de los misiles soviéticos cuya presencia llevarían a la Crisis de los Misiles en octubre de ese año. Años más tarde, en uno de los viajes a la URSS, se reunió con el general Issac A. Pliev en Rostov del Don. Pliev fue el jefe de las tropas soviéticas en Cuba durante la Crisis de los Misiles y el que organizó tanto el arribo como la retirada de los cohetes soviéticos de Cuba.

Como ministro de las FAR, gustaba de participar en las maniobras militares organizadas por los asesores soviéticos o simplemente visitar las unidades militares de las tropas soviéticas en Cuba. En una ocasión, en 1962, estuvo en el campamento soviético que dirigía el entonces coronel Dimitri T. Yazov, quien años más tarde sería el ministro de defensa de la URSS y uno de los implicados en el golpe de Estado de 1991 contra Gorbachov.

Durante la década de los 70, a Raúl Castro se le veía activo en los ejercicios militares, visitando las unidades de los soviéticos por toda la isla. Iba acompañado de sus más cercanos colaboradores como el entonces comandante Raúl Menéndez Tomasevich. También visitaba los buques soviéticos que llegaban a la isla, no siempre en visita oficial y se reunía con la tripulación, comía y bebía con ellos, como hizo con el buque Lgove en 1962, cuando estuvo atracado en el puerto de Banes, en la oriental provincia de Holguín.

El ministro de Defensa de la URSS Andrei A. Grechko visita Cuba durante una semana en noviembre de 1969, la primera de un alto jerarca militar soviético a la isla. Raúl Castro le acompañaba en las visitas a unidades militares soviéticas y cubanas, aunque Fidel Castro también le llevaba en jeep por todo el país. En mayo de 1970, Raúl Castro viaja a Moscú y durante la gira se reúne con el Mariscal de la Unión Soviética Vasili I. Chuykov, entonces jefe de las tropas de la defensa civil de la URSS.

Como jefe de la delegación cubana viaja a la Unión Soviética en octubre de 1976, donde se reúne con Leonid I. Brezhnev. El 31 de octubre de 1977 arriba a Moscú para participar en los actos por el aniversario 60 de la Revolución de Octubre, encabezando la delegación cubana. En el aeropuerto lo reciben el Secretario del PCUS Iván V. Kapitonov, presidente de la Comisión de Revisión y Control del Comité Central y el entonces ministro de Defensa, Dimitri F. Ustinov. Es uno de los oradores principales en la ceremonia central por el 60 aniversario de la Revolución de Octubre, que organiza el Comité Central del PCUS, el Soviet Supremo de la URSS y del Soviet Supremo de la RSFSR. También sostiene una reunión con los militares soviéticos que estuvieron presentes en el acto.

En medio de las celebraciones, visita el Palacio de Deportes en Luzhniki, Moscú, y junto a su esposa, Vilma Espín, se reúne con los jugadores de hockey del Club Central del Ejército, CSKA. Años después comparte con el actor ruso Mijaíl Ustinov, quien interpretara el personaje del Mariscal Georgi K. Zhukov en la serie de televisión Liberación, dedicada a la Segunda Guerra Mundial.

En diciembre de 1982 vuelve a la capital soviética y encabeza la delegación cubana a los actos por el 60 aniversario de la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). A su arribo le recibió en el aeropuerto el Secretario del CC del PCUS y miembro del Politburó Konstantin U. Chernenko. En esa ocasión supo que ya la Unión Soviética no iría a una conflagración con Estados Unidos por Cuba. Y confesó al periodista mexicano Mario Vázquez Raña que mantuvo el secreto con su hermano “para no estimular al enemigo”.

En enero de 1985, viajó a los funerales de Chernenko donde conoció al electo secretario general del PCUS Mijaíl S. Gorbachov. No hubo la efusividad de antaño. En enero de 1989 recibe en La Habana a Oleg D. Baklanov, para las celebraciones por el 30 aniversario de la revolución. Viaja también a Cuba Valentina V. Tereshkova. A pesar de la tirantez entre las autoridades cubanas y rusas, en la isla descansaban personalidades de la época soviética y algunos de los que pasaron por los tribunales bajo el mandato de Gorbachov, como el coronel general Yuri M. Churbanov, viceministro primero del Interior y yerno de Leonid I. Brezhnev.

Ya una vez instalado en el poder Raúl Castro en 2008, hizo una serie de viajes a Rusia, el país que más ha visitado como gobernante, después de Venezuela. El punto inicial del abrazo entre Castro y Moscú fue la consagración, en octubre de 2008, de la Catedral Ortodoxa Nuestra Señora de Kazán en La Habana por el entonces Metropolita Kiril de Smolensk y Kaliningrado, quien dos meses después es electo Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El metropolita es recibido por Fidel Castro y reparte medallas religiosas rusas en La Habana.

Bajo la dirección de Raúl Castro los dos presidentes de Rusia, Dimitri Medvedev y Vladimir Putin, han visitado Cuba. Dimitri Medvedev aterriza en La Habana en noviembre de 2008 tras visitar Venezuela, Brasil y Perú. Llega invitado por Raúl Castro y realiza dos rondas de conversaciones, una oficial y otra privada. Visita la Catedral Ortodoxa y al convaleciente Fidel Castro, quien hasta una “reflexión” le dedicó después. A finales de enero del 2009 hizo el general cubano su primer periplo por Rusia, cuando todavía era presidente Dimitri Medvedev.

Rusia era el tercer país que visitaba siendo jefe de estado. Además de las rondas privadas y oficiales, Castro visita el Kremlin, se reúne con el recién electo Patriarca Kiril, firma un Memorando sobre Principios de Colaboración Estratégica y el Acta Final de la Comisión Mixta Intergubernamental con los mismos mecanismos de “cooperación” de la época soviética. Los comunistas rusos le entregan la medalla 90 Aniversario del Ejército Rojo y de paso hizo un recorrido por el Museo de la Gran Guerra Patria. En la dacha presidencial comparte vodka y pan negro con salo (la tira de carne de puerco curada). El entonces viceprimer ministro ruso, Igor Sechin (hoy CEO de la empresa estatal petrolera rusa Rosneft), le prometió que Rusia continuaría la cooperación técnico-militar con Cuba.

En julio de 2012, Raúl Castro visita de nuevo Moscú en julio, haciendo escala después de una gira por China y Vietnam. El presidente Vladimir Putin le recibe oficialmente en su residencia campestre de Novo-Ogariovo, a las afueras de Moscú. La prensa rusa destacó el particular interés de Castro en modernizar su ejército con nuevos tanques, submarinos y otras tecnologías militares.

Durante la reunión con el primer ministro Dimitri Medvedev en la sede del gobierno ruso, el gobernante cubano expresó su deseo de que las relaciones de Cuba y Rusia sean como su amistad con Leonov y recordó que ambos se conocieron en 1953, cuando atravesaron el Atlántico en el buque italiano Andrea Gritti. Se reunió con el Secretario del Consejo de Seguridad de Rusia Nikolai P. Patrushev, ex director del Servicio Federal de Seguridad, FSB, un exagente del KGB y compañero de Putin en los años de servicio en Leningrado. Aprovechó aquel paso por Rusia para reunirse con su “camarada” Leonov. El premier Medvedev le invitó a que asistiera a los XXII Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 que se efectuaron en Sochi, pero Castro no asistió.

Medvedev vuelve a Cuba en febrero de 2013, ahora como primer ministro. Rubricó diez acuerdos, pues para entonces Rusia era el noveno socio comercial de Cuba con un intercambio de 224 millones de dólares. Castro logra una “regularización de la deuda” de Cuba con Moscú que data de los tiempos de la desaparecida Unión Soviética. Rusia le cancela unos 30 mil millones de dólares y le arrenda ocho aviones a la Isla por 650 millones de dólares. De nuevo se reúne con el agonizante Fidel Castro.

Tras regresar Vladimir Putin a la presidencia rusa en 2012, visita La Habana. Llega en julio de 2014 en condiciones muy diferentes a su primer viaje en el 2000. Raúl Castro le recibe con la tranquilidad de que ya la deuda con Rusia había sido perdonada en un 90 por ciento, de los 35 mil millones de dólares adeudados. La nostalgia por la URSS le hizo cometer un lapsus: "En la arena internacional coincidimos con la actual política de firmeza y política inteligente que está llevando a cabo la Unión Soviética, digo, Rusia".

Es invitado por el Kremlin para participar en los actos en Moscú por el 70 aniversario del fin de la Guerra Patria en la URSS. Era su tercer viaje a Rusia en la nueva etapa. Semanas anteriores, los rusos habían prometido a los cubanos renovar el arsenal militar de la isla. En esta ocasión estuvo en la tribuna de la Plaza Roja viendo el desfile de las tropas rusas el 9 de mayo. El día antes, el 8 de mayo, en reunión con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Cirilo (Kiril) le reiteró la invitación que hizo en 2009, para que viajara a Cuba en visita eclesial. De Moscú se trasladó a Roma, para reunirse con el papa Francisco y planificar el histórico encuentro entre los dos jerarcas, el primero entre los líderes de las Iglesias Ortodoxa y Católica desde el cisma de 1054.

La reunión entre Francisco y Cirilo tuvo lugar el 12 de febrero de 2016 “por la gracia de Dios” dijo el Vaticano -y por la gracia de Raúl Castro, dijeron en Moscú, por la actuación mediadora de Castro. El Kremlin le agradeció con mayor énfasis que cuando dio su aprobación para instalar cohetes nucleares en la isla.

Ahora, ya sin tener la presidencia del Consejo de Estado y el Consejo de Ministros, Raúl Castro ha dejado el hilo conductor de las relaciones más sensibles, seguridad y defensa, con Moscú en manos de su hijo Alejandro Castro Espín. Coronel del Ministerio del Interior, asesor del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad de Cuba, el único hijo varón de Raúl Castro es el encargado de firmar los acuerdos de cooperación con el Servicio de Seguridad de Rusia (FSB) y el Consejo de Seguridad de Rusia.

Nadie mejor que su hijo para mantener el vínculo medular con el país de los Soviets.

Álvaro Alba
Martí Noticias, 19 de abril de 2018.
Foto: El general Isaac A. Pliev, quien fuera jefe de las tropas soviéticas en Cuba durante la Crisis de los Misiles, entre Raúl Castro y Vilma Espín, en la ciudad rusa Rostov del Don. Tomada de Martí Noticias.