miércoles, 29 de octubre de 2014

De "potencia médica" a curanderos milagrosos


Una tarde del mes de julio, Víctor Martínez, 68 años, funcionario jubilado del otrora poderoso Ministerio del Azúcar, ante la incertidumbre de equipo médico que le atendía un fulminante cáncer de colon, llamó a un reconocido santero.

Tras 22 biopsias y una operación fallida que no lo logró extirparle el tumor, como muchos cubanos, Víctor puso su vida en manos de un curandero.

Proliferan en Cuba los curanderos y sanadores sin ningún respaldo científico. No es el caso de Lino Tomasén, médico graduado, un negro inmenso que cura con los dedos. Su consulta siempre está abarrotada de cubanos y extranjeros.

Desde mucho antes del amanecer, decenas de personas hace cola en las afueras de su domicilio, en una edificación destartalada de la calle Concordia, en el barrio pobre y duro de San Leopoldo, en la parte vieja de La Habana.

Cobra 20 pesos por cada consulta y acepta regalos. Por toda la ciudad se habla de sus milagros. Desde paralíticos que salieron caminando después de una sesión a enfermos con cáncer terminal curados sin otra explicación lógica que el contacto con las manos de Tomasén.

Lino tiene más pacientes que muchos doctores encumbrados. En la Cuba profunda abundan los sanadores. Hay de todo. Inescrupulosos que a base de pócimas naturales aseguran curar desde un catarro hasta el más devastador cáncer.

La caída en picada de la salud pública hace que infinidad de cubanos apuesten por una solución mágica a sus enfermedades. Yadira, madre de una niña de 7 años que padece de trastornos cardiovasculares, desesperada por las imprecisiones médicas y un par de cirugías poco exitosas, abordó un ómnibus interprovincial hasta la provincia Ciego de Ávila, a 400 kilómetros al este de la capital, en busca de un milagro.

En un bolsillo de su cartera guardaba una estrujada hoja con la dirección del sanador. “Yo había visto en un video los milagros del curandero. Y me decidí a consultarlo”, señala Yadira.

Lo que vio la espantó. Un hombre de aspecto lombrosiano con pinta de matarife de vaca, que interviene quirúrgicamente a sus pacientes con un rústico cuchillo de cocina.

Sin las más elementales condiciones sanitarias, el curandero avileño hace su labor. “Es aterrador ver cómo le clava el cuchillo a los pacientes. Utiliza anestésicos inventados por él mismo. Pero aseguran que ha curado a cientos de personas”, señala Yadira quien optó por desechar al curador.

El retroceso cualitativo de la medicina en la isla es una de las causas del florecimiento de un ejército de supuestos sanadores milagrosos que cuelgan videos en You Tube.

Todos muestran un curriculum impresionante con cientos de vidas salvadas y pócimas extraordinarias que afirman curar cualquier mal. Josué, cirujano, no tiene nada contra la medicina naturalista ni los curanderos.

“Pero debe están avalados por una comisión médica. Suelen ser vulgares estafadores que juegan con el desespero de los pacientes ante una enfermedad terminal. Si hubiese un remedio para todas las enfermedades, no existiría la muerte”, acota.

En el realismo mágico de América Latina la sanación milagrosa tiene una larga data. Se rumora que Fidel Castro, presidente de Cuba durante 47 años, es un devoto furibundo de la magia negra.

Después de cruzar el túnel de La Habana, a unos dos kilómetros se encuentra el reparto Bahía. Un barrio de edificios feos de 4 y 5 pisos y algunos de 12 plantas construidos con tecnología yugoslava en los años 90.

Desde hace cinco años, en un parque del reparto, crece una ceiba que santeros oficialistas trasplantaron por la salud del líder de la revolución. Según una santera del lugar, la ceiba, que sobrevivió plagas y ciclones en un patio habanero, fue donada antes de morir por una anciana madrina que era famosa por sus poderes.

El 13 de agosto de 2009, coincidiendo con el cumpleaños de Castro, el barrio se llenó de paleros, santeros y curiosos. Con el mayor secreto y solemnidad, los babalaos sacrificaron para los santos, gallos negros y una jicotea “que recogía todo lo malo”. Luego rociaron el tronco con la sangre de los animales.

Cuando salió el sol, trasladaron la ceiba consagrada al parque y la plantaron entre toques de tambores y cantos a Olodumare. Cincuenta babalaos rogaron a los orishas para que el comandante viva tanto como el árbol. Y dieron 16 vueltas a la ceiba.

Es habitual entre los dictadores, narcisistas de libros, aferrarse a lo esotérico. Un día lluvioso de 1958, mientras las guerrillas capitaneadas por el barbudo bajaban del macizo montañoso de la Sierra Maestra y comenzaban su avance hacia el centro de la isla, para conjurar el baño de sangre y traer la paz a Cuba, los babalaos de Fulgencio Batista, otro autócrata, organizaron un gigantesco ebbó en el estadio de Guanabacoa, villa relativamente cerca de la ceiba ofrendada a Castro.

En el Parque de La Fraternidad, en el corazón de La Habana, se yergue, majestuosa y siniestra otra ceiba. La mandó a sembrar el general Gerardo Machado, otro dictador, en 1928. Se cuenta que bajo sus raíces enterró el 'daño' preparado a sus adversarios y una 'prenda judía' que le permitiera vivir cien años.

Ante un servicio médico donde falta equipamiento moderno para diagnósticos, los atormentados pacientes y sus familiares, acuden a cualquier santero o cura milagrosa que les alargue la vida.

Víctor Martínez, funcionario jubilado, lo intentó. Pero ni las pócimas ni la santería le pudieron salvar. Murió el primer sábado del mes de agosto.

Iván García

lunes, 27 de octubre de 2014

Yo, el aguafiestas



Para no desentonar, de vez en cuando quisiera poder escribir historias tan optimistas como las de muchos corresponsales extranjeros acreditados en La Habana.

Me gustaría animarme y escribir historias de cuentapropistas exitosos, de prósperos dueños de paladares, con muchas mesas y sillas, platos espectaculares y clientes tan famosos como Beyoncé; de cubanos que pasan sus vacaciones en Varadero, de compatriotas que mantienen, con sus remesas desde Cuba, a sus familiares en Miami o Madrid; de cooperativistas y arrendatarios de tierra que le ganan la pelea al marabú y a los burócratas del Ministerio de Agricultura; de dirigentes que cambian de mentalidad como de camisa, de intelectuales que empujan duro para levantar el techo de la censura, de periodistas oficialistas que se cansaron de ser meros propagandistas, se destraban las lenguas y empiezan a llamar a los males de nuestra sociedad por su nombre, sin eufemismos, y atreviéndose a señalar de quiénes es la responsabilidad.

Pero no puedo. Las historias que me salen son las que veo a diario.

De los carretilleros que para vender viandas tienen que moverse por los barrios sin parar, como derviches giratorios, porque los multan si se estacionan en una esquina.

De los propietarios de timbiriches agobiados por regulaciones absurdas, a los que los inspectores chantajean y les chupan la sangre y que están a punto de devolver sus licencias, porque la ganancia apenas le da para tirar a diario.

De los ancianos menesterosos que sueñan con la muerte. De gente que decía estar dispuestas a dar la vida por la revolución y que hoy no quieren dar su brazo a torcer y reconocer que no sirvieron de nada sus sacrificios, pero siguen repitiendo tonterías, justificando lo injustificable y chivateando por inercia.

De los funcionarios y dirigentes corruptos y demagogos que no cambian de mentalidad, ¡qué van a cambiar!, sino que mudan la retórica y la piel según las circunstancias, como gordos camaleones.

De los padres que simulan no saber o aceptan que su hija adolescente putea a extranjeros para poder tener lo que ellos no pueden darle.

De los hombres y mujeres que trabajaron duro todas sus vidas, que no saben hacer otra cosa que trabajar, y que tuvieron que aprender a robar al Estado, porque lo que les pagan no les alcanzaba para malcomer.

De los muchachos que pudieron tener otra vida, pero que luego de pasar por las cárceles porque les aplicaron la ley de peligrosidad social -porque no trabajaba o porque al jefe de sector de la policía le vino en ganas aplicársela, porque el “chiquito ese” le caía mal- ya no tienen otro camino que la delincuencia.

De los muchachos que roban para poder conseguir el dinero con que atiborrarse de alcohol, bazuco y melca, para escapar de la realidad, porque “no hay más ná”, y luego, cuando están “bien volaos”, se fajan entre ellos o con quien aparezca, por cualquier motivo y con lo que tengan a mano, porque la rabia se los come.

De los presos que por reclamar sus derechos son apaleados por los guardias y amarrados a las rejas de las celdas de castigo. De las parejas que no quieren tener hijos “hasta que esto mejore”.

De los derrumbes de edificios en La Habana, los desalojos que oficialmente llaman extracciones, los habitantes de los llega y pon, los orientales deportados y los policías abusadores.

De la peste en las calles llenas de baches, basura y agua sucia. De los hospitales que dan grima; de las enfermedades que las autoridades se niegan a llamar dengue y cólera, y entonces designan como “virosis de origen desconocido” y “enfermedades diarreicas agudas”.

Del vacío en la mirada de los que nada esperan; de los jóvenes que solo aspiran a huir de su país, como sea y para donde sea.

De las Damas de Blanco y los opositores reprimidos por la policía y los porristas de las brigadas de respuesta rápida.

Discúlpenme, pero esas son las historias que conozco. Si resulto un aguafiestas, si los aburro o les deprimo, no me lean. ¡Qué se le va a hacer!

Texto y foto: Luis Cino
Cubanet, 5 de septiembre de 2014.

viernes, 24 de octubre de 2014

Por los alrededores del kilómetro cero de La Habana



Subiendo por la calle Águila desde Monte, rumbo a Reina, apenas tres cuadras, usted observa personas con caras enojadas, ofertando libros viejos, discos piratas o herrajes de plomería.

En Monte esquina Indio, a la entrada de una cuartería ruinosa, una joven con el pelo teñido de rubio, en chancletas, short muy ceñido y corto que muestra un caballito de mar tatuado en la cadera, vende pie de coco y refresco instantáneo.

La falta de higiene es evidente. Con la misma mano que ella acaricia un perro sucio, le alcanza dos porciones de dulce a dos transeúntes, quienes lo devoran mientras caminan apresurados.

Lo que antes de 1959 fueron kilómetros de portales lineales de granito fundido y hermosas columnas, comercios al detalle, tiendas elegantes, bares, fondas de chinos y cafeterías surtidas, son ahora un racimo de timbiriches sucios, calurosos y desvencijados que venden mercancías y alimentos en envolturas feas y chapuceras.

En un bodegón, una frase de Fidel Castro dice que 'el socialismo es el futuro luminoso de la humanidad'. Un dependiente aburrido, con un periódico aparta las moscas que revolotean sobre diversos panes y un nailon abierto de galletas de chocolate que se ofertan a granel.

La pinta del vendedor invita a salir corriendo. Una camisa blanca sucia, un tajo de navaja en el rostro y ojos enrojecidos por el alcohol, de un botellín plástico que sin disimulo guarda debajo de un estante.

Tres viejos que viven de su mísera pensión, compran galletas a 9 pesos la libra, pan suave con minuta de ¿pescado?, a 5 pesos, y a 10 un trozo de pan de corteza dura con lasquitas de jamón.

Similar a este cafetín estatal hay muchos en toda la Habana Vieja o Centro Habana, un municipio que comienza en el antiguo Mercado Único, ahora en peligro de derrumbe, y tanto al norte como al este, sus callejuelas terminan besando el mar.

Por estos lares se lucra con cualquier cosa. Hay recogedores ilegales de lotería; se venden drogas, desde un pitillo de marihuana a cinco pesos convertibles, un yayuyo o una piedra a igual precio, hasta un gramo de melca a 60 cuc.

Un fotógrafo particular lo mismo hace fotos para cumpleaños, bodas o quince, que filma películas caseras pornográficas. Se vende de todo y a toda hora. Camarones, ron Santiago o jabones de lavar. Todo a mejor precio que el Estado, robado la semana anterior de algún almacén estatal.

En cualquier entrecalle de Jesús María, Belén, San Leopoldo o Colón, chicas muy jóvenes ofrecen media hora de sexo por 5 cuc y se cuelgan del brazo de cualquiera que las invite a tomar cerveza o bailar en la Casa de la Música de Galiano.

En la peletería El Cadete, en Águila y Monte, que vende solo en moneda dura, sus vidrieras exhiben zapatos que imitan cuero, comprados al bulto en algún rastro de Panamá y luego en Cuba venden con un gravamen del 350%.

Un señor se rasca la cabeza al observar los precios de escándalo. “Estoy buscando un par de zapatos de salir. He caminado toda La Habana, pero ninguno baja de 25 pesos convertibles, casi todos feos y de mala calidad”, dice.

Una embarazada no puede dar crédito a lo que ve. Una silla alta de comida para bebé cuesta 83 cuc. “Esta gente (el gobierno) ha perdido la cabeza. ¿Habrán olvidado que aquí la mayoría de los trabajadores ganamos 400 pesos al mes (17 cuc)?”, se pregunta la futura madre.

Pero la capital tiene espacio para todos. Bajo el paraguas de las tímidas reformas económicas y aperturas de Raúl Castro, las desigualdades sociales se hacen cada día más evidentes.

Frente a la peletería El Cadete, en una boutique de calzado Adidas, New Balance y Nike, entre otras marcas, dos jineteras que dicen ser asiduas a discotecas y bares particulares de glamour, parece que han tenido una buena temporada de verano.

Indecisas, finalmente cada una compró dos pares de zapatos brasileños de tacón alto. En total se gastaron 243 pesos convertibles, el salario de 14 meses de un profesional en Cuba.

A pesar de las calles rotas, las tiendas sin climatizar y las vendedoras de mal humor, como hace 55 años, aunque la gente viva en Arroyo Naranjo o Marianao, sigue yendo a los establecimientos comerciales situados en las calles céntricas de la ciudad, para hacer sus compras o simplemente mirar las vidrieras.

"Ir a La Habana" es ya un tópico capitalino. Al llegar frente al Capitolio Nacional, en obras que lo transformarán en sede del monocorde parlamento, dos cocheros con sus caballos, sentados en sus quitrines, esperan por clientes extranjeros.

A su lado, varios ancianos abandonados o dementes piden limosnas. Es exactamente el sitio que marca el kilómetro cero de La Habana.

Iván García
Foto: Tomada de la web Cuba Casa Rentals.

miércoles, 22 de octubre de 2014

La jungla de Meinong



El filósofo austríaco Alexius Meinong (1853-1920) sostuvo en su obra seminal Über Annahmen (1902) que referirse verbalmente o por escrito a una cosa concede ya cierto ser, aunque tal cosa no exista, por ejemplo: el círculo cuadrable. Para describir este avatar del ser, Meinong acuñó el término Sosein, que del alemán al español significa más o menos que como 'las cosas son así, así son'.

La jerga filosófica usa Dasein (ser ahí) para la existencia y el filósofo inglés William Kneale (1906-1990) concluyó en Probability and Induction (1949) que Meinong había formado una jungla de subsistencias.

De este modo puso en circulación otro vocablo jergoso: Meinong’s jungle, que cobija innumerables cubicherías, aunque la palabra jungla no aparezca ni una sola vez en las obras incompletas de José Martí.

A estas alturas del partido entre las banderías del problema cubano, los Soseins del castrismo -desde los ojos que le sacaron a Abel Santamaría hasta los oficiales de inteligencia que se infiltran en otro Estado, pero no son espías- han perdido casi toda relevancia, porque machacar con ellos por más de medio siglo no ha servido para nada en el enfrentamiento al Dasein castrista.

Más bien habría que discernir entre las cosas del anticastrismo que son pura Sosein y las otras que podrían cristalizar como Dasein, porque “vivimos tiempos cruciales (y) si en algo estamos todos de acuerdo es que el país está al borde del abismo”.

Las siguientes cubicherías anticastristas se relacionan al vuelo como Sosein, sin perjuicio de suprimir o añadir a gusto.

  • La tacita de oro que Cuba era antes de 1959.
  • La profecía de Rafael Díaz-Balart sobre Fidel Castro.
  • El Camilo Cienfuegos amigo de Huber Matos.
  • La Brigada 2506 triunfante con cobertura aérea.
  • El gobierno de Cuba en el exilio.
  • El diplomático cubano en Venezuela que le dijo a Posada Carriles que agentes de Castro volaron el avión en Barbados.
  • Los planes contra Castro que el desertor Florentino Aspillaga anunció a Tomas Regalado en WQBA.
  • La disidencia interna frente a la dictadura temerosa.
  • El pueblo cubano amante de la libertad y la democracia.
  • Los cubanos que se creen que morir por la patria es vivir.
  • El artículo de la constitución que autoriza para presentar a la Asamblea Nacional proyectos avalados con 10 mil o más firmas.
  • La gaveta en que la Asamblea Nacional guardó su respuesta oficial al Proyecto Varela.
  • Los asesores que aconsejaron a Raúl Castro promover disidentes como diputados a la Asamblea Nacional.
  • Los coroneles que dijeron lo anterior a Guillermo Fariñas.
  • Los seis mil seguidores de UNPACU.
  • El Frente Unido entre disidentes cubanos y sirios.
  • TV Martí.
  • Los estudios cubanos en universidades del Sur de la Florida.
  • El castrismo intelectual de Manuel Cuesta Morúa.
  • El socialismo actualizado del Dr. Rafael Rojas.
  • La economía mixta de Arturo López-Levy.
  • El Pánfilo de jama y libertad.
  • El auto que sacó a Carromero de la carretera Tunas-Bayamo.
  • La jeringuilla con que inocularon virus mortal a Laura Pollán.
  • La bloguera que unió al exilio con el insilio.
  • El twitter humanitario y motivador.
  • El momento de madurez que el Dr. Juan Antonio Blanco percibió en el panfleto El camino del pueblo.
  • La corrupta trama de maquillaje político que el Dr. José Azel advirtió en la elección de Díaz-Canel como primer vicepresidente.
  • La violación del orden constitucional que el Dr. Jaime Suchlicki encontró en esta misma elección.
  • La escuela militar en que Fariñas y Díaz-Canel estudiaron juntos.
  • El plan de Castro para exterminar cristianos que la familia Payá alegó ante la Audiencia Nacional de España.
  • El paro nacional que sobrevendrá tras convocarlo Antúnez.
  • El llamamiento urgente por Internet al que responderán los cubanos gobernantes y gobernados.
  • El trabajo por un plebiscito que nos unirá a todos.
  • El hombre que sabe demasiado que Daniel Morcate avizora en el desertor Ortelio Abra(h)antes.
Y así por el estilo. Vivimos tiempos cruciales y si en algo estamos de acuerdo es que, por entre esta jungla de Soseins, Cuba transita inexorablemente hacia su Dasein de libertad y democracia.

Arnaldo M. Fernández

Cubaencuentro, 8 de septiembre de 2014.
Foto: José Martí en la jungla de Cuba, pintura de Pedro Ramón López. Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 20 de octubre de 2014

Doble nueve, una curiosidad del dominó cubano



Un popular adagio dice que los cubanos o no llegan o se pasan. Y en el caso del dominó, se puede decir que se pasaron.

En buena parte de la isla, los cubanos juegan una variante de este juego, que para muchos es un deporte y para otros un entretenimiento, que nadie más practica en el planeta: el llamado doble nueve.

También en el Parque del Dominó de La Pequeña Habana en Miami, ícono del exilio cubano, se juega al doble nueve con notable asiduidad y pasión.

A diferencia del dominó tradicional -doble seis-, que se juega con 28 fichas, en esta modalidad se utilizan 55 fichas (30 pares y 25 impares) cuyos valores van desde el blanco cero hasta el doble nueve y que en total suman 459 puntos. Y se juega de forma distinta.

En cada "mano" (juego) del dominó cubano solo participan 40 fichas -diez por cada jugador-, mientras las 15 restantes permanecen a un lado de la mesa, "dormidas", sin que puedan ser vistas por ninguno de los jugadores.

Cada vez que comienza una nueva "mano", vuelven a revolver las 55 fichas, de modo que las 15 que quedan "dormidas" cambian regularmente.

El hecho de que los jugadores no sepan los valores de las fichas que quedan por fuera, aumenta la impredictibilidad y el carácter azaroso de esta modalidad, de acuerdo con los conocedores.

"Cuando coges tus diez fichas, quedan 15 fuera y es más difícil adivinar lo que tiene el otro", aclara Eddie González, jugador cubano de Miami que vivió 14 años en Puerto Rico, donde practicó el doble seis.

El 'dominosero' cubano Ernesto Antón, vicepresidente de la Federación Nacional de Dominó de Estados Unidos (Domino USA), con sede en la ciudad de Orlando, se ha preguntado miles de veces por qué sus compatriotas juegan esta modalidad tan particular.

"He tratado de averiguarlo. Vine muy joven a Estados Unidos, pero le he consultado a los jugadores más viejos, a los veteranos, y ninguno me ha podido dar una respuesta clara. Es algo muy curioso", dice Antón.

En su libro El dominó del doble nueve, el investigador cubano Migdonio Torres Romero afirma que esta modalidad es muy popular en La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Cienfuegos y Camagüey, entre otras ciudades.

Sin embargo, Antón aclara que en la isla también el doble seis es muy popular. Según Torres Romero, el dominó tradicional se juega más en la zona oriental: Santiago, Guantánamo, Holguín.

Los primeros registros que se tienen del dominó se remontan a China, en el siglo X, se puede leer en la Enciclopedia Británica. Pero no está del todo clara la relación entre aquel primer y lejano antecedente y la versión occidental que conocemos ahora.

A mediados del siglo XVIII aparecen los primeros vestigios de este juego, particularmente en Italia y Francia. A partir de ahí, y con cambios respecto al original chino, el dominó comenzó a expandirse por el mundo y hoy es un juego que con sus respectivas variantes, goza de popularidad prácticamente en los cinco continentes.

A América llegó por la vía de los conquistadores españoles e ingleses. En la actualidad es una disciplina muy popular -en su versión tradicional de 28 fichas- en países de Latinoamérica y el Caribe. Pero solo en Cuba se juega la modalidad de 55 fichas.

"Si partiéramos de su existencia actual, de su práctica contemporánea, pudiéramos decir que los caminos de su creación conducen a Cuba", escribe Torres Romero en su libro sobre el doble nueve.

Para Ernesto Antón, "el doble seis es una ciencia y el doble nueve es un arte. En el dominó tradicional el cálculo y la precisión son muy importantes, en tanto que en el cubano, que lo juego más con mi familia y mis amigos, el elemento suerte o azar tiene mayor presencia, por las fichas dormidas, que no sabemos cuáles son".

Vale señalar la existencia de otras modalidades de dominó: doble 12 (91 fichas), doble 15 (136 fichas) y doble 18 (190 fichas). Se juegan en otras latitudes, sobre todo en los países asiáticos.

El puertorriqueño Manuel Oquendo, presidente de Domino USA, explica que en las competencias sancionadas por la Federación Internacional de Dominó -que agrupa a 22 países de América, Europa y Asia- se juega solo con el doble seis.

Cuba iba a participar en el XI Campeonato Mundial de Dominó, del 16 al 20 de septiembre de 2014 en México. Y naturalmente, los 'dominoseros' antillanos competirán en la modalidad tradicional, no en la cubana.

En cada campeonato los premios pueden llegar a ser de hasta 100 mil dólares. Oquendo señala que en alguna oportunidad intentó organizar un torneo de doble nueve en Estados Unidos, pero no tuvo éxito, porque la demanda fue escasa. Y añade:

"En los últimos siete años, nosotros como federación hemos apoyado y fomentado el doble nueve, que es muy popular entre los cubanos, pero no entre otros. Es que no lo juegan en ninguna otra parte del mundo. Y es difícil de jugar para quien no lo conoce".

Texto y foto: BBC Mundo, 20 de agosto de 2014.

viernes, 17 de octubre de 2014

Varadero, desde el espacio y en la Tierra



Desde el espacio, así se ve la Península de Hicacos, donde se encuentra Varadero, una de las mejores playas de Cuba. En la tierra, el panorama puede ser distinto.

Hace dos años, Nivaldo ha montado un pequeño negocio, robando whisky en el hotel de Varadero donde trabaja como cantinero. Después, cada botella es vendida a 15 cuc en centros nocturnos, paladares y bares privados de La Habana.

“Es un ‘bisne’ discreto. En combinación con el jefe de almacén, en cada turno me llevo 6 o 7 botellas de whisky. Es fácil de justificar, pues el consumo de los huéspedes es abierto, solo tenemos que sustituir las botellas llenas por vacías”, cuenta Nivaldo.

Un amigo, propietario de un auto, semanalmente traslada de 40 a 50 litros de whisky a una persona en la capital, que se encarga de venderlos en el mercado negro habanero.

“Son bebidas que en bares y centros nocturnos se venden entre 32 y 70 cuc el litro. Yo los ofrezco por 15 cuc, pero si me compran varios litros, les hago una rebaja del 10%. Es un negocio de poco calado, comparado con las movidas y robos de pesos pesados y funcionarios del Ministerio de Turismo. Cada semana ingresamos no menos de 700 cuc, a repartir entre cuatro: el jefe de almacén, el chofer, el vendedor y yo”, apunta Nivaldo.

Es una cadena bien engrasada que abastece de licor a precios más accesibles a La Habana noctámbula. Y no es que en Cuba exista una ley seca, pero los altos precios minoristas han creado un comercio negro de ron, cerveza, whisky y hasta de vino tinto en sitios con mucha demanda.

Varadero, el municipio más rico de Cuba, con una planta de 53 hoteles, villas y un reguero de bares y cabarets, es la tubería principal que alimenta el mercado subterráneo del licor capitalino.

Aunque de Varadero no solo sale whisky escocés o Jack Daniel's: también quesos gouda y mozzarella, carne de res y de cerdo, pescados y mariscos que se comercializan por la izquierda en La Habana.

Es raro que un trabajador de algún hotel de Varadero no sustraiga algo. Cada cual tiene su estanco o área donde ‘inventar’ de qué manera puede obtener moneda dura extra.

“Los hoteles todo incluido no dejan elevadas propinas como los otros, de pago por servicio. Pero algo se pega. Las que hacen las camas reciben chavitos dejados por los huéspedes. Los cantineros y meseros siempre tienen a la vista un plato para que el cliente deposite la propina. Lo reunido se reparte entre todos. Las que limpian hurtan detergente, aromatizante o frazadas de piso que luego venden en la calle. Las mucamas se llevan muestras de jabón, champú y cremas. Los cocineros cargan con carne, aceite, jamón y queso, que sirve para alimentar a su familia y venderlo en el mercado negro, el más socorrido en Cuba”, señala Osvaldo, empleado de turismo.

El régimen de Raúl Castro ha iniciado una cruzada en un intento por frenar los cuantiosos robos en el ámbito turístico. Los generales que sustituyeron sus casacas verde olivo por guayaberas blancas, manejan una empresa llamada Gaviota.

Es un emporio con cientos de hoteles, ómnibus y aviones propios en toda la isla. Administran marinas, cotos de caza y campos de golf. “En un principio, se pensó que con disciplina militar y control en los gastos, Gaviota reportaría mejores dividendos económicos que otras cadenas hoteleras como Cubanacán o Havana Tour. Pero dinero y honestidad no son buenos socios. Corre demasiada plata. Los gerifaltes se forran. Reparten lo que toca a los de arriba y se guardan lo suficiente para asegurar su futuro. Ya los hijos de ministros y funcionarios de alto rango de Gaviota no pasan sus vacaciones en Cuba. Van a Roma o Cancún y estudian en universidades del primer mundo. Todo indica que Gaviota se convertirá en la única cadena hotelera del país. En el resto de las cadenas hay ex oficiales del MININT y las FAR al mando, pero Gaviota es la consentida del gobierno”, apunta el directivo de un hotel.

El dinero y la corrupción van de la mano en Varadero. Ya sea pagarle una comisión a un tipo de la bolsa de empleo, para que te sitúe en una buena plaza, o un artesano privado le deja caer en el bolsillo 10 cuc a un inspector, para que vire la cara hacia otro lado.

En el concurrido parque de diversiones Todo por Uno, en la ciudad de Varadero, los vendedores ilegales de ropa, sombreros, mariscos y cambistas de dólares abruman con sus propuestas.

En un susurro te dicen: “Camarones limpios y frescos, a 5 cuc el kilogramo”. “Se acabó el abuso, coge tu pitusa Guess por 20 chavitos". “Compro dólares a 94 centavos de peso convertible”.

Indiscutiblemente, la calidad de vida en Varadero es muy superior al resto de los municipios cubanos. Sus pobladores suelen chapurrear hasta tres idiomas y poseen un sexto sentido para hacer dinero y negocios.

Son encantadores y locuaces. Y muy listos a la hora de distinguir entre un turista de medio pelo y un forastero con una buena suma en su tarjeta de crédito.

En Varadero se lucra con casi todo. Una cuenta de internet pirata, whisky escocés o pacotilla china. Se compran dólares y euros a mejor precio que el ofrecido por los bancos del Estado. Se puede encargar langosta y carne de res. O por un pase furtivo de billetes, alojarte a menor precio un par de noches en un resort todo incluido.

Se ofertan chicas y chicos de cualquier raza. Algunos solo quieren sexo pagado y una noche de diversión en una discoteca. Otros, con luz larga, una visa o un matrimonio que les cambie su suerte. Pero no con un cubano, con un extranjero.

Iván García
Imagen: La Bahía de Matanzas y la Península de Hicacos, desde un satélite de la NASA. Foto realizada por NASA World Wind Globe, tomada de Wikipedia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Los cubanos prefieren los "pellejos" nacionales



En la antesala de una cafetería particular de comida rápida, Walter (nombre cambiado) ha montado un tenderete donde vende discos con programas televisivos bajados de antenas satelitales ilegales, al estilo de Caso Cerrado o Sábado Gigante, compendios de los mejores goles de Leo Messi o CR7 y jonrones de peloteros cubanos que brillan en la MLB como Yasser Puig o José Dariel Abreu.

En cuatro estantes de madera hay cientos de DVDs con musicales, telenovelas, seriales y 'combos' con filmes de estreno reciente en Estados Unidos. Si usted es un cinéfilo incorregible, no dude en pedirle un clásico como Casablanca, El Padrino o Sospechosos habituales.

Walter apunta el encargo en una libreta y al día siguiente puede pasar a recogerlo. El precio de cada DVD es 25 pesos o un cuc. En ese sentido, los cubanos no podemos quejarnos. Faltan muchas cosas, desde alimentos hasta libertades políticas, y los ventiladores chinos no alivian el calor tropical.

Pero lo positivo del embargo financiero y económico de Estados Unidos a Cuba es que, tanto las instituciones culturales como los vendedores privados de discos y 'paquetes', no pagan un centavo por derechos de autor.

La televisión estatal, aburrida y repetitiva, donde sobran consignas y faltan reportajes agudos de la Cuba real, transmite una cantidad generosa de enlatados made in USA. Del mejor al peor bodrio audiovisual.

Cuentapropistas como Walter disponen de varias hojas con los títulos de la música que tienen, retro, jazz, rock, pop o reguetón. “Cualquier cosa, socio, Benny Moré o María Teresa Vera, si no lo tengo hoy, pasa mañana a recogerlo”, asegura.

En sitios como éstos, la palabra prohibido pierde sentido. “Si te interesan temas históricos, tengo un amplio surtido de programas de Discovery Channel también videos debates de Estado de Sats”, y baja la voz cuando menciona el proyecto disidente que lidera Antonio Rodiles.

El tipo sabe vender. “Intuyo lo que el cliente desea. Hay cosas que no tengo en los estantes. Son dinamita pura. Pero la gente lo busca. Programas de denuncias contra el gobierno del Canal 41 de Miami o historias de desertores como la del ex escolta Juan Reinaldo Sánchez tienen muy buena venta”, dice.

Cuando usted le pregunta qué es lo más vendido, Walter responde sin meditar: “Los 'pellejos' (películas pornográficas). Montones de clientes las solicitan. Las preferidas son con latinas. A los cubanos le gustan las mujeres envueltas en carne. El mercado de pornografía gay y lesbiana también es rentable, pero se debe tener cuidado a quién se lo propones. Aunque los policías e inspectores se conocen a una legua de distancia”.

Según Walter, ganan terreno los materiales eróticos realizados en Cuba. “Muchos son de producción casera, hechos con la cámara de un móvil. Otros son profesionales, con buenas tomas y bien editados. A los amantes del género les gusta más los nacionales que los importados, porque las chicas son más naturales”.

Cuando se le pregunta por las fuentes de aprovisionamiento se muestra receloso. “Eso es terreno vedado. Me llegan los discos y punto. Mi trabajo es venderlos. Si pescan a las personas que se encargan de producirlos y editarlos, les pueden caer unos cuantos años de cárcel”, subraya.

Siempre que usted no tenga pinta de policía, de manera discreta puede adquirir DVDs pornográficos en diferentes estanquillos de discos piratas en La Habana. Eso sí, cuestan el doble.

Iván García
Dibujo tomado de la web Habana Linda.