viernes, 19 de septiembre de 2014

Caer en desgracia



Me contaba un funcionario de rango medio del Partido Comunista, único autorizado por el régimen, que el sigilo y la sospecha son marcas registradas dentro de las estructuras del poder en Cuba.

“Los medios internacionales hacen ver que el acoso mayor y la represión es para la disidencia. No hay dudas que son hostigados. Pero la oposición juega sin cartas marcadas. Ellos dicen o publican con sus nombres sus análisis o proyectos políticos. La Contrainteligencia sabe cómo piensan. Pero el mayor control de la Seguridad del Estado es para los miembros del Partido que ocupan puestos relevantes dentro del aparato político o económico. Ya sea a nivel municipal, provincial o nacional. Aquí la represión es sin golpes ni actos de repudio, pero cuando caes en desgracia, tu vida corre peligro”, señala.

Según otra fuente que trabaja en una institución oficial, el coronel Alejandro Castro Espín, hijo del presidente Raúl Castro, es el coordinador principal de la vigilancia en la membresía partidista.

“Escudados bajo la campaña nacional de la lucha contra la corrupción, se mueven los hilos de un hostigamiento más sutil para descabezar cualquier vestigio de pensamiento no acorde al proyecto oficial dentro de las filas del Partido. Hay que andar con pies de plomo. Se debe ser muy cauteloso de lo que hablas y tus relaciones personales. Siempre estamos bajo asedio”, señala la fuente.

La eficacia del departamento encargado de fiscalizar a personas importantes dentro del status quo es notable. Desde que Fidel Castro llegó al poder en 1959, la policía política se ha encargado de abortar cualquier escisión dentro de sus filas.

Las más conocidas fueron la microfacción que lideraba Aníbal Escalante en 1968 o la purga de altos militares acusados de tráfico de drogas en 1989. Pero han existido otras.

Desde Luis Orlando Domínguez, Juan Carlos Robinson, Roberto Robaina a Felipe Pérez Roque y Carlos Lage Dávila. Algunos como Domínguez y Robinson estuvieron tras las rejas varios años.

Hoy, Luis Orlando es dueño de un negocio de dulces y buffet para fiestas y bodas en el reparto Flores, al oeste de La Habana. Robaina, luego de caer en desgracia, se dedicó a pintar lienzos y administra un café de tapas en el Vedado.

El ex canciller Felipe Pérez Roque y el viceministro Carlos Lage, apartados del poder en 2009, laboran en puestos administrativos de poca monta.

Fueron hombres de confianza de Fidel Castro, pero cuando el autócrata cubano se jubiló, en una nota oficial publicada en el diario Granma, los recriminó en duros términos.

“La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos, traicionaron la revolución cubana”, expresó Castro.

De acuerdo a estas fuentes, demostrar ambición política y pretender aspirar a ser presidente del país es visto como algo desleal.

“En las estructuras políticas occidentales, competir por la presidencia es habitual. Pero en Cuba eso es una falta que puede resultar muy grave. Para escalar posiciones debes ser dócil y aparentar una lealtad mayúscula a los líderes históricos, Fidel y Raúl Castro”, aclara uno de los funcionarios.

No pocos opositores sospechan que la muerte de Laura Pollán y Oswaldo Payá Sardiñas fue urdida por la policía política. Pero quizá haya más preguntas sin respuestas de antiguos personeros del régimen fallecidos en circunstancias oscuras.

José Abrantes, ministro del Interior, murió de un infarto en una cárcel al sur de La Habana. Rosa María Abierno Gobín y Eduardo Díaz Izquierdo, encartados en la Causa No. 1 de 1989 (que sentenció a muerte al General Arnaldo Ochoa y otros tres oficiales), fallecieron de cáncer.

El legendario Manuel Piñeiro, alías Barbarroja, cerebro gris de la subversión guerrillera y grupos urbanos clandestinos en América Latina, perdió la vida la noche del 11 de marzo de 1998 tras impactar su coche contra un árbol.

Cuarenta días después del incidente de tráfico ilegal de armas desde Cuba a Corea del Norte, el domingo 25 de agosto en un accidente de tránsito moría el General de División Pedro Mediondo, Jefe de la Defensa Antiaérea y Aviación (el buque norcoreano Chong Chon Gang interceptado en el canal de Panamá transportaba misiles antiaéreos y dos cazas de combates Mig-21 camuflado bajo 250 mil sacos de azúcar prieta).

“Si eres disidente puedes ser golpeado y parar en la cárcel. Pero si el asunto por el cual se cae en desgracia dentro del aparato estatal es grave, entonces eres hombre muerto”, señala un militante del Partido jubilado.

Cuando en el futuro se abran los archivos secretos del Departamento de Seguridad del Estado se sabrá cuánto hay de ficción y cuánto de realidad.

Iván García

Foto: Tumba de José Abrantes en el Cementerio de Colón, en La Habana. Tomada de Flores para el verdugo.

Leer también: "Yo solo sé que tengo miedo"Nota.- En ese trabajo, mi colega Tania Díaz Castro se refiere a Vicentina Antuña y Edith García Buchaca como dos desconocidas en el mundo cultural. Después de 1959 es probable que no todos en Cuba supieran quiénes eran Vicentina y Edith, como tampoco hubieran escuchado hablar de Mirta Aguirre, Graziella Pogolotti, Lydia Cabrera o la dominicana Camila Henríquez Ureña, entre otras. Pero ya desde las décadas 1940-50, ellas formaban parte de la intelectualidad femenina de la isla. También en el siglo XX, en la pedagogía se destacaron María Luisa Dolz, Dulce María Borrero y Carolina Poncet, entre otras, y en la arquitectura, María Elena Cabarrocas y las hermanas Elena y Alicia Pujals, entre otras. Y en la música ni se diga, baste mencionar la Orquesta Anacaona, María Teresa Vera y Zenaida Manfugás. En todas las épocas y en casi todas las profesiones, las cubanas han sido mujeres de vanguardia (Tania Quintero).

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Educación: fraude consentido



Un día antes del examen de Matemáticas, la maestra recalcó con tanto énfasis lo que se debía estudiar para la prueba, que los alumnos captaron el mensaje y desecharon el resto del contenido.

A la mañana siguiente, las preguntas del examen eran iguales a las del repaso. No hay nada nuevo bajo el sol. El fraude académico en Cuba, sobre todo en los grados primarios, secundarios y preuniversitarios, es algo endémico.

Se camufla de diversas maneras. Desde el pago con moneda dura a un profesor, a métodos más sutiles como repasos de última hora, que son respuestas cantadas previas al examen final.

El fraude escolar es una aberración donde la culpa es compartida entre la familia y el régimen. En su intento de demostrar la supremacía de una ideología, el Estado otorgó licencia a los maestros para que, de una u otra forma, promovieran de grado a todos sus alumnos.

“En los años 70 y 80, incluso en la actualidad, un profesor que no promoviera a más del 95% de sus estudiantes era mal visto. Lo políticamente correcto era que el 100% de tu aula pasara de curso. Y con notas de sobresaliente. Ese monstruo creció. Tapábamos las deficiencias con poco rigor académico. Ya no recuerdo las veces que entré al aula durante un examen y le soplé todo el contenido a mis alumnos. Esas aguas han traído estos lodos. La calidad del estudiantado, incluyendo el universitario, está en su peor momento”, cuenta un antiguo profesor de Geografía reconvertido en taxista particular.

Un documento audiovisual independiente, realizado hace tres años, dejaba en evidencia carencias elementales entre los cubanos nacidos después de 1959. En el material, ubicaban al muro de Berlín en Australia. No podían situar en un mapa a Brasil. O desconocían la fecha en que cayeron los próceres más importantes de Cuba.

La enseñanza dogmática de la Historia, con un acento especial en Fidel Castro y una visión encartonada de José Martí, ha provocado que esa asignatura sea una de las más aborrecidas entre los estudiantes cubanos.

“Es que te cuentan las hazañas de Martí, Maceo o Fidel como si fuera un filme de Superman o Batman. Nos enseñan a memorizar fechas y contar los sucesos o batallas como dice el libro o como el profesor desea. No puedes analizar los hechos según tu apreciación. Todo es muy mecánico”, dice Josuán, alumno de décimo grado.

El régimen se ha enfrascado en una cruzada para frenar el fraude escolar, la violencia verbal y las groserías urbanas. “Se pierden horas en reuniones y cursos pedagógicos, analizando cómo superar o mejorar la calidad académica, pero jamás se toca un asunto clave: mejorar el salario de los maestros”, señala una profesora de secundaria.

Los salarios miserables han provocado deserciones a granel. Muchos docentes prefieren ser maleteros en un hotel, hacer pizzas en una cafetería privada o vender frituras de harina, donde ganan cinco veces más que dando clases.

Solo en La Habana hay un déficit de cuatro mil maestros de primaria y secundaria. Para tapar el parche, prepararon educadores en cursos exprés. Un orgulloso Fidel Castro los denominó ‘maestros emergentes’. En la calle la gente les colgó el mote de ‘maestros instantáneos’.

“Lo principal es que no tienen vocación. Además de su deficiente preparación, súmale los métodos pedagógicos desfasados”, señala Osvaldo, profesor jubilado. Sergio es maestro emergente. Se enroló en el magisterio para escapar del Servicio Militar. “Opté por la pedagogía para no vestirme de verde. No hay incentivos para educar en este país. Los bajos salarios y escasa vocación impiden revertir la situación”.

Zoila, maestra de primaria, considera que para frenar el fraude académico consentido debe darse mayor autonomía al profesor, perfeccionar los contenidos de estudio y que los maestros mejor preparados den clases en la enseñanza primaria. “Es en primaria donde se forjan los futuros profesionales. En Cuba la pirámide está invertida. Los mejores profesores dan clases en la universidad y los peores en la primaria”.

En las calificaciones también influyen los regalos hechos por los padres. “Uno los categoriza. Si te dan cosas de calidad, como un ventilador o dinero, el trato es exquisito y siempre al alumno se le da el máximo en las notas”, confiesa una profesora.

Un estudiante cuenta que según el rigor del examen, se le paga al profesor. “Puede variar de 5 a 20 cuc. Hay maestros más baratos que otros. Y están los incorruptibles, pero son los menos”.

En 2013, la aburrida prensa oficial denunció un escándalo de fraude escolar en el bachillerato. Los maestros involucrados fueron a parar tras las rejas. Pero la medida ejemplarizante no ha disminuido el negativo fenómeno.

“Por cien pesos (4 dólares), la subdirectora del colegio de mi hija da clases en su domicilio. Lo que ella repasa, a veces sin cambiar una coma, es lo mismo que sale en examen. Yo no lo hago, pero otros padres pagan ese tipo de repaso, que es un fraude sutil”, comenta Sandra, ama de casa.

Aunque la actual ministra de Educación, Edna Elsa Velázquez ha declarado públicamente su empeño en arrancar de raíz el fraude escolar, la tarea se antoja una batalla utópica.

“Apoyo la tenacidad de la ministra. Pero es un mal afincado y alimentado durante años por el propio Estado. Es luchar contra molinos de viento”, señala una maestra habanera.

Iván García
Foto: Tomada de Martí Noticias.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Robar y mentir, un estilo de vida



Cuando puede, Joel (nombre cambiado) se roba un poco de picadillo condimentado, varias libras de queso fundido y un chorro de aceite vegetal en la pizzería estatal donde trabaja.

No solo carga con alimentos que después revende en el mercado negro. Otras cosas también caben en el saco. Tubos de luz fría, un rodillo de madera o una caja de papel carbón para mecanografiar. Lo que se ponga a tiro se lo lleva para su casa.

Estos robos no se hacen al amparo de la noche. Pasado el mediodía, tranquilamente, Joel sale por la puerta principal de la pizzería con un surtido variopinto en su mochila.

Pero no solo el arte de robar al Estado se ha convertido en una regla de oro en la isla. Igualmente mentir, adulterar cifras y prometer una producción imposible de cumplir.

Y, créanme, Joel no es un mal tipo. Buen padre, amigo y esposo ejemplar. Cuando se le pregunta si se considera un vulgar delincuente, muy serio, te mira a los ojos y responde que no.

Las argumentaciones y pretextos para justificar las sustracciones no caben en un texto periodístico de 730 palabras. “Robar en un centro donde se elaboran alimentos o en almacenes del Estado forma parte de una ley no escrita. Casi todos lo hacen. Un simple trabajador se lleva unos kilogramos de lo que puede. Un jefe intermedio hace miles de pesos robando y adulterando cifras de producción. Un jefe superior de nivel municipal o provincial tiene tanto dinero como desee. Es una cadena de ladrones y corrupciones”, dice un ex chofer del sector de comercio interior.

La gastronomía estatal es un antro de delincuentes de cuello blanco. Una especie de cartel mafioso. Han montado una auténtica maquinaria de producir billetes para su beneficio a costa de robarle al Estado y al consumidor.

“Cada semana, le hago llegar un sobre con 600 cuc al director de mi empresa. Eso me sirve como protección ante las inspecciones y auditorías”, comenta un gerente.

Todos los administradores, gerentes y jefes superiores de gastronomía, centros de producción, turismo o almacenes estatales, son miembros del partido comunista. No roban para dañar el sistema o por motivos ideológicos. Al contrario. Es el disfuncional Estado verde olivo el que amamanta esa caterva de sinvergüenzas.

Para Reina, ama de casa, "no solo es un delincuente aquel que destripa una vaca para vender su carne. También deben ser juzgados los funcionarios que han dejado morir de hambre más de 50 mil reses en los últimos dos años".

Una amiga de Reina añade: "Y los jefes del partido y poder popular que prometen a miles de familias con viviendas en peligro de derrumbe, como la mía, que el 'caso será estudiado’ y llevan veinte años burlándose de nosotros".

Y ni qué decir sobre la alta jerarquía. Se pueden editar varios tomos con las mentiras y promesas incumplidas por los líderes de la Revolución.

"En 1970, Fidel Castro prometió que tendríamos tanto queso y leche como Holanda. Tendríamos tanta carne de res, papa, malanga y plátano que nos convertiríamos en exportadores", recuerda Anselmo, profesor retirado.

"Nunca nos dijo que cada familia podría tener un auto ruso. No. Era mejor y más sano tener una bicicleta china. Pero sí en tono radiante prometió que hiciéramos un espacio en casa, para albergar a una vaca enana que nos daría leche fresca", señala Rebeca, peluquera.

Mentir y prometer es política de Estado en Cuba. También incumplir los tratos comerciales con otras naciones. No pagar las deudas. Y engañar a empresarios extranjeros.

De lo que se trata es de valores cívicos perdidos. Además de deshonestos, un gran número de cubanos son expertos en saquear al erario público. Incluso cuando se marchan del país, siguen con sus prácticas aberrantes. Sin rubor, un habanero radicado en Miami, a varios amigos nos contaba cómo roba electricidad sin pagar un centavo.

En una lista de la Interpol aparecen decenas de cubanos afincados en Estados Unidos que han estafado al Seguro Social o el Medicare. Ninguna persona digna puede sentirse orgullosa de ese tipo de comportamientos.

Mentir, defraudar y robar es ya patológico para no pocos compatriotas, dentro y fuera de la isla. Pero si Fidel Castro engañaba al pueblo desde una tribuna, o ser miembro del partido es una escalera para acceder al pillaje, qué se puede esperar del resto de los ciudadanos.

Robar y mentir se ha convertido en algo más que un estilo de vida para muchos en Cuba.

Iván García
Foto: Tomada de El Ciudadano, Chile.

viernes, 12 de septiembre de 2014

El cliente importa poco


Eugenia, ingeniera, estuvo cuatro años ahorrando en una alcancía plástica parte de su salario en moneda dura y algunos dólares que con regularidad le giraban parientes de Miami.

“Necesitaba comprar un refrigerador nuevo. El Haier que me dieron en 2006, cuando la famosa 'revolución energética' de Fidel Castro, resultó un trasto inservible. Fue una estafa del gobierno sustituir los viejos equipos estadounidenses o rusos, que consumían más electricidad, pero presentaban menos roturas, por esa basura fabricada en China. Luego de ahorrar peso a peso, había llegado el momento de adquirir un nuevo refrigerador”, cuenta Eugenia en el portal de su casa.

Se llegó al Centro Comercial de Carlos III, en el corazón de La Habana. Después de indagar entre los vendedores de la tienda, se decidió por un modelo Daewoo de buena capacidad y bajo consumo energético, que costaba 930 cuc.

“A los dos meses surgieron los problemas. Con el máximo de frío, apenas congelaba. Tenía solo un año de garantía. Dos veces vinieron del taller de reparaciones, pero las fallas seguían. Opté porque me devolvieran el dinero y comprar una nevera de otra marca. Ahí fue cuando se complicó la cosa”, señala Eugenia.

En Cuba, los servicios post-venta siempre reman a favor del vendedor. A pesar de ser tiendas estatales, suelen violar descaradamente los derechos del consumidor.

Si el cliente reclama la devolución del dinero, los trámites se tornan engorrosos. “Te intentan convencer reponiéndote el equipo dañado por otro. Hay que remover cielo y tierra para que te lo reintegren”, dice Eugenia, quien lleva meses haciendo gestiones para recuperar el dinero.

Roberto, gerente de una tienda al detalle asegura que, de acuerdo a las normas de cada cadena, CIMEX, TRD o Palco, para la devolución del dinero el cliente debe traer un documento que avale que ha sido expedido por un taller especializado.

“Siempre el taller intenta reparar el equipo o en el mejor de los casos, ofrecerte otro de la misma marca. La última opción es devolver la plata. En nuestras tiendas muchos empleados no saben asesorar a los clientes y apenas tienen conocimiento de lo que venden. Si ganaran un porciento según las ventas otro gallo cantaría”, apunta.

Noemí, gerente de un centro de reparación de electrodomésticos y equipos electrónicos de la cadena CIMEX, confiesa que los clientes en Cuba tienen escasos derechos que lo protejan.

“Te pongo un ejemplo. Los equipos RCA, Hamilton Beach o Black&Decker vienen con una garantía del fabricante por un año. En Cuba se reduce a solo tres meses. Súmale que cualquier equipo aquí se vende más caro que en cualquier otro lugar del mundo y el salario promedio es de unos 20 dólares al mes. Yo intento sensibilizarme con los clientes, sé lo que a una familia le cuesta comprar un electrodoméstico, pero no depende de mí. Todas las semanas me reúno con los jefes de la cadena para dar baja a los equipos defectuosos. La orden es reponer con otro equipo, no devolver el dinero, sobre todo si el articulo costó más de 100 pesos convertibles”, afirma.

Joel, trabajador privado, adquirió una máquina de hacer rositas de maíz (pop corn) de la marca Daytron por 38.40 cuc en una tienda de electrodomésticos en la planta baja del edificio Focsa.

“Cuando llegué a casa, el equipo no las hacía. Fui al taller y me dijeron que probara con rositas de maíz vendidas en los mercados por divisas. Le expliqué que en el manual no se informaba que solamente elaboraba un tipo determinado de rositas. Tremendo ‘peloteo’ (innumerables gestiones) para que me devolvieran el dinero. Después de un mes de gestiones, me reintegraron los 38.40 cuc”, señala Joel.

Y tuvo suerte. Clientes como Eugenia aún andan enredados en dilatados trámites para recuperar su dinero tras comprar una nevera defectuosa. Y es que en Cuba, el cliente suele ser la pieza menos importante en una transacción comercial.

Iván García
Foto: Tomada de lavoztx.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Defraudar al servicio eléctrico



Pasada la siete de la noche, Esteban, dueño de una pizzería particular, conecta un interruptor directo a la red eléctrica pública: así abarata el consumo energético de su negocio.

“Por las noches apenas hay inspectores de la compañía eléctrica en la calle. Entonces aprovecho y me enlazo al tendido público. Por 100 cuc (87 dólares) un electricista me hizo la conexión. Es que los dos hornos eléctricos que tengo consumen demasiada energía. De lo contrario, pagaría 4,500 pesos mensuales solo en electricidad. Demasiado dinero. Si le sumas los elevados impuestos, salarios a tres trabajadores y otros pagos que debemos hacerle al fisco, quebraríamos”, se justifica Esteban.

Leovigildo, campesino y dueño de una finca, también se queja del alto consumo energético. “Nosotros debemos pagar el combustible en moneda convertible. Un galón de cinco litros nos cuesta 5 dólares. Gasto mucha corriente para extraer agua de los pozos. En consumo eléctrico pago más de 3 mil pesos al mes. Eso encarece la producción lechera y agrícola. En 2009 el Estado comenzó a pagar 15 centavos de dólar por cada litro de leche, intentando estimular la menguada producción. Pero al poco tiempo todo se fue al garete cuando se elevó el precio del kilowatt. No da negocio producir leche. La opción es entregar la leche a Acopio, ellos elaboran quesos artesanales y obtenemos mejores dividendos”.

Después que Fidel Castro llegara al poder en enero de 1959, el consumo eléctrico fue subsidiado por el Estado. Hasta 2005, su costo no representaba un problema en el ámbito domestico.

Durante 30 años la extinta Unión Soviética a precio de saldo exportaba millones de barriles diarios. Toda la industria y equipos automotores eran rusos y de otros países del antiguo bloque comunista de Europa del Este.

Los camiones Zil, autos Moskovich, aviones Ilushin, tractores o los ómnibus Ikarus, fabricados en Hungría, eran altamente consumidores y nocivos al medio ambiente, igual que los electrodomésticos soviéticos.

Cuando en 1991 la URSS dijo adiós al comunismo, Cuba entró de lleno en una crisis económica estacionaria que aún perdura. La producción de electricidad fue uno de los rubros más afectados. Las ciudades sufrieron apagones de 12 horas diarias y los bueyes sustituyeron a los tractores.

Pero en 1998 llegó una racha de buena suerte para el apesadumbrado comandante. Su compadre ideológico Hugo Chávez ganó las elecciones en Venezuela. Cuando el bolivariano llegó a Miraflores, se rubricaron intercambios comerciales ostensiblemente ventajosos para Cuba.

Por decreto, PDVSA, se convirtió en la caja de caudales de los proyectos mesiánicos o populares del difunto Chávez y la isla comenzó a recibir más de 100 mil barriles de petróleos diarios, a cambio de médicos, asesores militares y profesionales civiles.

Pero había que modernizar las añejas redes de distribución y producción energética. También los electrodomésticos, bombillos y motores de vehículos con elevado consumo.

Castro, experto en gobernar teniendo de fondo alguna campaña publicitaria, inventó una nueva revolución dentro su inconclusa revolución. La denominó Revolución Energética.

Comenzó por cambiar los equipos anacrónicos utilizados por la mayoría de la gente para cocinar y conservar sus alimentos. Sustituyó millones de bombillos derrochadores por otros 'ahorradores'.

En sus casas, los cubanos tenían artilugios de mediados del siglo XX, no porque fueran coleccionistas, sino porque el Estado era el proveedor y dueño de la vida ciudadana. Detrás de la cruzada aparentemente populista y generosa de Fidel Castro, se encubrió un alza de las entonces asequibles tarifas eléctricas.

Con la llegada del Raúl Castro al poder en el verano de 2006, el precio del servicio eléctrico sufrió una nueva vuelta de tuerca. Ahora mismo, en Cuba se paga 0.09 centavos de peso por el consumo de cada kilowatt.

Pasado los 100 kilowatts y hasta 150, el consumo se eleva a 0.30 centavos. Los precios van subiendo gradualmente. Después de los 300 se paga 1.50 el kilowatt consumido.

Y los altos consumidores, dueños de paladares, fincas, hospedajes y pizzerías privadas, que consumen más de 5,000 kilowatts deben pagar a 5 pesos el kilowatt.

El promedio de gasto familiar por consumo eléctrico en Cuba es de 85 pesos mensuales, unos 4 dólares (el salario medio no sobrepasa los 25 dólares). Con el aumento de aires acondicionados y cocinas eléctricas, muchas familias cada mes pagan entre 400 y 500 pesos (20 o 25 dólares).

Gracias al dinero enviado por sus parientes en Miami, Susana, maestra, ha podido comprar un aire acondicionado y equipos de cocina. “El consumo eléctrico se ha disparado hasta los 511 pesos en verano y mi salario es de 415 pesos. La solución es pagarle 5 cuc (120 pesos) al cobrador de la luz para que nos manipule la factura”.

En La Habana son miles los clientes que defraudan el pago de electricidad. Según Norberto, es un negocio que deja beneficios a unos y otros. “Los núcleos familiares y negocios particulares se ahorran cientos o miles de pesos mensuales. Y los cobradores, que ganamos poco, hacemos un dinero extra por la izquierda”.

En las dos décadas que lleva trabajando, Norberto ha visto toda clase de trucos para defraudar o amortizar el pago del servicio eléctrico. “Desde un edifico de 11 apartamentos que tenía habilitado un sistema para engancharse a la red de una empresa estatal hasta dueños de talleres y cafeterías que manipulan los relojes contadores”.

Para muchos cubanos, hurtar electricidad se ha convertido en un arte. Otros prefieren pagar por debajo de la mesa al cobrador. Inclusive, algunos se marchan del país y tratan de ver cómo 'abaratan' las facturas eléctricas y telefónicas. "Lo que pasa que afuera la cosa no es tan fácil", dice Ramón, un habanero reconvertido en madrileño.

Iván García
Foto: Tomada del blog El Correo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Caseríos insalubres aumentan en la capital cubana



Desesperado y sin dinero para sostener a su esposa embarazada de 7 meses, Silvio se arriesgó a ocupar ilegalmente una habitación deshabitada, muy cerca del barrio donde reside en La Habana.

“No tengo trabajo fijo. Gano algo de dinero botando escombros o chapeando canteros. Recojo materia prima y siempre estoy dispuesto a trabajar duro. Pero apenas me alcanza para comer. Las malas condiciones de vida me llevaron a irrumpir en este lugar. Hasta ahora, ni la policía ni los inspectores de vivienda me han molestado. Si vienen, tendrán que sacarme a la fuerza. El Estado nunca me ha garantizado un hogar digno”, señala Silvio.

El 'okupa' habanero residía en un villorrio marginal al noroeste de la capital, donde las broncas familiares, hechos de sangre y un alto número de jóvenes y adultos presos son historias cotidianas.

Con la anuencia del presidente del CDR, una madrugada Silvio quebró el candado de la puerta con una pata de cabra y trasladó al cuarto las escasas pertenencias suyas y de su esposa, quien espera un niño para finales de agosto.

Osvaldo no tuvo igual suerte. Es padre de cinco hijos, su casa solo tiene dos habitaciones y residen doce personas. “En busca de espacio, construimos una barbacoa. Pero ya no podíamos crecer más. Mi esposa y yo dormíamos en la sala, en balsas inflables, sin ninguna intimidad como pareja. Cuatros generaciones diferentes conviviendo bajo el mismo techo".

Entonces Osvaldo decidió ocupar una vivienda desocupada, contigua a su domicilio. "Abrí un hueco en la pared y puse una puerta. Al principio, solo la utilizábamos para dormir y bañarnos. Luego la fuimos ocupando íntegramente. Alguien del barrio me delató y una tarde la policía nos sacó. Me llevaron a juicio y me pusieron una multa de 1,500 pesos. Hace 17 años la Dirección Municipal de Vivienda me prometió resolver mi caso. Todo son cuentos y mentiras. Las casas desocupadas se las dan a funcionarios del gobierno o a militares”.

El déficit habitacional es uno de los problemas más grave en Cuba. Se necesitan edificar 100 mil viviendas anuales para atenuar la situación. Pero cada año se construye menos.

En 2013, el Estado terminó poco más de 4 mil casas. Según Sara, funcionaria de vivienda, la crisis económica estacionaria que afecta a Cuba desde hace 25 años, ha obligado a recortar el presupuesto destinado a la construcción de casas.

“Estamos priorizando la construcción por cuenta propia. El objetivo es duplicar la producción y venta de áridos, cemento, baldosas y sanitarios. También agilizar nuevos y mayores créditos. No hay otra solución a corto plazo”, afirma.

El 60% del fondo habitacional en la isla está en regular o mal estado técnico. Y la calidad de las viviendas edificadas deja mucho que desear. Al no poder el régimen diseñar un proyecto viable, muchas familias ocupan inmuebles abandonados o levantan chabolas de hojalata y cartón en cualquier espacio.

En La Habana se han multiplicado las 'favelas'. Si antes de 1959 existían dos o tres barrios insalubres, ahora la cifra supera el medio centenar. Les dicen 'llega y pon'. En las afueras de ciudad, bordeando la Autopista Nacional, camuflados por una frondosa vegetación, existen varios caseríos insalubres.

Junto a su madre, esposa y tres hijos, Pedro vino huyendo de la pobreza y el futuro incierto desde la oriental provincia de Guantánamo, a unos mil kilómetros al este de La Habana.

En dos noches levantó una cabaña de aluminio con tejas de fibrocemento. Sin luz eléctrica, agua potable, servicios sanitarios y rodeados de mosquitos, la familia de Pedro sobrevive como puede.

Cada día es una aventura. “Mi madre vende jabas de nailon en los alrededores de una panadería. Mi esposa limpia el piso en una cafetería particular y yo me dedico a desmochar palmas. Nuestro sueño es legalizar nuestra situación en la capital y reunir dinero para levantar una casa de mampostería como Dios manda”, acota Pedro.

Su hija Maritza escogió el camino más fácil, la prostitución. Cuando oscurece, le hace señas con la mano a vehículos que transitan a más de 100 kilómetros por la Autopista. Si alguno se detiene, le dice su oferta: “25 pesos por una masturbación, 50 pesos por sexo oral y 100 pesos por penetración. Pero si la noche está floja, acepto rebajas”.

Diez kilómetros al norte, Carmen Luisa González convive junto a otras diez familias entre ratas y hurones, atrapada por un basurero en una finca intrincada del municipio de Marianao.

El 4 de enero de 2013, Diario Las Américas publicó una nota titulada, Mujer vive atrapada en un vertedero de La Habana, donde González contaba que desde el año 2001, las familias residentes en la finca han realizado infructuosas gestiones a todos los niveles, en busca de respuesta. Según las autoridades, ellos viven en 'tierra de nadie'.

Si hace año y medio la finca donde reside Carmen Luisa estaba rodeada por un basurero estatal y algunas casuchas, ahora se ha convertido en una villa miseria de medianas proporciones.

Iván García
Foto: Tomada de Cubanet.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La Habana, 1994



Por los veinte años de la protesta popular del 5 de agosto de 1994, que ha quedado conocida como el Maleconazo, a mi hijo Iván García, quien desde 1995 escribe como periodista independiente, de tres medios distintos le pidieron que contara cómo vivió aquel día.


Dos meses antes, el 3 de junio, había nacido Yania, mi primera nieta. Los cubanos estábamos en pleno 'período especial, la situación era terrible, faltaba de todo, comida, jabones, apenas habían guaguas y los apagones eran de 12 horas o más. Encima, una superinflación: un dólar costaba 120-150 pesos.

Entre los productos que por esos días estaban desaparecidos en combate se encontraba el arroz. Recuerdo que después de recorrer media Víbora, me dieron la dirección de una vivienda en Lawton, donde estaban vendiendo arroz, a 100 pesos la libra, una 'ganga' en ese momento. El lugar era un tugurio, una mujer que vigilaba en la puerta me llevó adentro y en un cuarto deshabitado tenían cuatro sacos de arroz. "Los acabamos de traer del campo", me dijo.

Yo solo tenía 200 pesos, me midió las dos libras con una latica vacía de leche condensada. Las eché en un nailon, que metí dentro de una jaba de tela, para que no me vieran el arroz. Contenta llegué a la casa, lo lavé y puse a cocinar una libra, en un caldero de hierro, aún no teníamos olla arrocera. Por grasa le eché manteca de puerco: el aceite era un lujo. Cuando estuvo, ni mi madre ni mis dos hijos se lo querían comer. Es que era 'arroz de la tierra', que suele quedar 'ensopado'. Y si a algo en mi casa mi madre nos acostumbró, fue al arroz desgranado.

Volviendo al 5 de agosto. Esa mañana, sobre las 10, pasó por la casa una muchacha con su hija de 5 años. Era hermana de una amiga nuestra y vivían en una barriada muy pobre de Los Pinos. Pasó a buscar un dólar que yo le iba a dar, de los 39 dólares que me dieron por la venta de mi colección de discos de Brasil y que me permitieron comprar tela de gasa y antiséptica para mi nieta. Es que siempre hay alguien peor que uno. Con mucho sacrificio, esta joven había logrado reunir 4 dólares, para que su hija pudiera empezar el curso escolar con zapatos nuevos.

Ella y la niña se fueron en busca de la 13, porque primero iban a ir a peleterías de la calle Monte. Al no encontrar un par adecuado, decidió irse a pie hasta Galiano. A medida que se acercaba a Galiano, empezó a ver mucha gente alterada. Pensó que era una gran bronca entre vecinos. Siguió caminando por Galiano, pero ya a la altura de Neptuno se asustó y decidió no seguir. En eso vio una ruta 15, le hizo señas, el chofer al verla con una niña pequeña le paró. Entonces, la 15 tenía su paradero en Patrocinio y 10 de Octubre, Víbora, al doblar de nuestra casa.

Antes de regresar a Los Pinos, pasó a contarme lo vivido. "Aquello metía miedo, nunca había visto tanta gente junta, gritando contra la revolución". Desde hacía más de un año teníamos el televisor roto. Mi principal medio de información era un radio Selena.

En eso, la vecina de enfrente me grita: "Tania, la televisión está sacando la molotera que se ha formado por la Habana (desde siempre, los habitantes de los barrios periféricos han llamado 'Habana' a la zona céntrica de la capital, donde se localizan las principales tiendas). Apúrate, que Fidel acaba de llegar". Estaba lavando y en el lavadero, dejé la ropa y el jabón y crucé corriendo la calle.

Llegué a tiempo para ver la escena que le conté a Iván y él reprodujo en Diario de las Américas: "Cuando vieron al barbudo, los que hasta ese momento estaban gritando contra él, enseguida empezaron a aplaudir y darle vivas. Una muestra de las dos caras y del temor de este pueblo, por eso esta dictadura va a durar cien años o más".

En 1994 yo todavía era periodista oficial. Pero a partir del 8 de marzo de 1991, cuando un operativo de la Seguridad del Estado, pistola en mano, asaltó y registró nuestra casa y se llevó detenido a Iván, ya nada iba a ser igual para mí. Por eso es que en ese momento utilizo la palabra dictadura. Porque ya para mí, desde 1991, 'aquello' no era una revolución ni un proceso revolucionario, si no eso, una dictadura.

El Maleconazo seguiría presente en mi vida dos meses más, cuando el diario español ABC envió a dos periodistas a darle seguimiento a aquella gran protesta pública y me pidió que les acompañara y guiara por la ciudad. Santiago Córcoles estuvo en las últimas dos semanas de agosto, y Alberto Sotillo durante en el mes de septiembre de 1994. En Periodista, nada más, libro que pueden leer en mi blog, narro detalles de aquella experiencia periodística.

En Cuba, desgraciadamente, entonces y ahora, existe una categoría de cubanos que por tal de largarse, son capaces de todo, desde inventar interrogatorios en Villa Marista a detenciones en calabozos de la policía por motivos políticos.

Y como el 5 de agosto fue algo tan masivo y era difícil comprobar quiénes de verdad estuvieron allí, hubo quien no dudó en coger el 5 de agosto y confeccionar un 'currículo disidente'. Es lo que hizo una del barrio, que inventó una historia con ella de protagonista.

Hace unos años, le pedí a Iván que escribiera sobre los 13 días que estuvo detenido en Villa Marista (del 8 al 21 de marzo de 1991), para publicarlo. Porque personas que querían presentar avales de 'opositores' en la Sección de Intereses y poder solicitar asilo político en Estados Unidos, se hacían los chivos locos y empezaban a preguntarle que si era verdad que te metían en una 'gaveta', que si nunca apagaban la luz en la celda, cómo eran los interrogatorios...

En La Habana de 1994, abundaban los cubanos de doble moral, que se dedicaban a 'marcar la tarjeta' y hacer el paripé de que eran 'revolucionarios', cuando en realidad eran tremendos gusanos. Ya muchos de los que en 1980 habían participado en actos de repudio a la 'escoria' y habían tirado huevos a quienes se iban por el Mariel, se encontraban en Miami, viendo por televisión el Maleconazo.

Tania Quintero

Foto: De la serie de fotos que en 1994 hizo en La Habana el fotógrafo holandés Karel Poort, entre ellas las primeras y más divulgadas del Maleconazo. Ésta, de dos ciclistas atravesando la famosa esquina de Prado y Neptuno, fue hecha antes de los incidentes, cuando Poort, quien además de fotógrafo es cineasta y realizador televisivo, como turista caminaba por las calles habaneras. Tomada del blog Cuba Material.