sábado, 10 de enero de 2015

Recordando a Pedro Luis Rustan



Recientemente, Frida Masdeu y amigos del presidio político cubano residentes en Estados Unidos, me hicieron llegar el obituario dedicado a Pedro Luis Rustan que el 7 de julio de 2012 saliera en The Washington Post, firmado por Matt Schudel. Nunca es tarde para recordar a un compatriota excepcional. Por eso hoy, desde este blog, le rendimos homenaje y compartimos su recuerdo con nuestros lectores (Tania Quintero).

El cubano Pete Rustan ideó la manera de evitar que los aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos fueran dañados por rayos. Dirigió un proyecto para construir una nave espacial que realizó importantes experimentos científicos en la Luna. Obtuvo un doctorado mientras se desempeñaba como oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea y se convirtió en un diseñador de satélites espías.

Todos estos logros se produjeron después de realizar una audaz fuga de Cuba hasta llegar a los Estados Unidos. El Dr. Peter Rustan, coronel retirado de la Fuerza Aérea en 1997, volvió a su trabajo después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, en una Agencia Federal tan secreta que su presupuesto, proyectos y logros son información clasificada. Su trabajo consistía en dirigir los esfuerzos de investigación para el Ejército y la CIA, sobre reconocimientos vía satélite.

Podrá haber sido desconocido por el público en general, pero Pedro Luis 'Pete' Rustan es una especie de leyenda en ese mundo de labios apretados de la inteligencia aérea y de la ingeniería. Ninguno de los que trabajaron con él está en libertad de decir exactamente lo que hizo. Sin embargo, una cosa es cierta: en el mes de agosto, post mortem, le fue entregada una bandera estadunidense que ondeó en la base de operaciones de la unidad SEAL de la Marina, en Afganistan, unidad responsable de la muerte de Osama bin Laden.

Pedro Luis Rustan falleció el 28 de junio de 2012, a los 65 años, en su hogar de Woodbridge, Virginia. Cualquier elemento de su vida -fugitivo político, científico, militar, diseñador de satélites-, parece ser materia de ficción, pero él los encarnó todos.

"Este hombre era intenso", dijo Daniel S. Goldin, un ex administrador de la NASA que conoció el coronel Rustan durante 20 años. Conocí a este joven de la Fuerza Aérea haciendo promesas más allá de lo creíble. Yo no sabía si creerle o no. Efectivamente lo cumplió", contó Goldin en una entrevista.

Cuando Goldin se hizo cargo de la NASA en 1992, una de sus metas fue la de construir naves espaciales que pudieran desplegarse rápidamente y producir importantes resultados científicos a un costo relativamente bajo. Su lema era Más rápido, mejor, y más barato. Rustan se le unió para ayudarle a cumplir su objetivo.

Pedro Rustan dirigió un proyecto conjunto de la NASA y el Departamento de Defensa en la construcción de una nave espacial experimental de mil libras para ir a la Luna. El proyecto, conocido como Clementine, demoró sólo 22 meses para llegar a la plataforma de lanzamiento. Clementine fue al espacio el 25 de enero 1994, y envió a la tierra 1,8 millones de imágenes de la Luna. Se midió la luz reflejada y la radiación, se creó un mapa topológico de la superficie lunar y se descubrió evidencia de agua congelada en cráteres en el polo sur de la Luna.

Después de Clementine, Pedro Rustan se puso a trabajar en la Oficina Nacional de Reconocimiento, creada en 1961. Su existencia no se hizo pública hasta 30 años más tarde. Todo lo que sabemos del trabajo de Rustan en la NRO es que ayudó a diseñar y gestionar los satélites espías.

"Esto es ciencia de cohetes", dijo Charlie Allen, un veterano de 47 años de la CIA y ex subdirector de la agencia. "Ha ayudado a dar a los Estados Unidos una ventaja decisiva en la Guerra Fría y en los conflictos posteriores a la Guerra Fría".

Después, ya retirado de la Fuerza Aérea, Rustan se involucró en aventuras espaciales comerciales e incluso para las agencias de inteligencia federales. Perteneció a una junta asesora que recomendó cambios en la Agencia de Seguridad Nacional, una de las agencias de inteligencia más grandes de Estados Unidos.

"Sobradamente, era el miembro más valioso del consejo", dijo en una entrevista Michael V. Hayden, ex director de la NASA y la CIA. "Era creativo y estaba lleno de energía. Fue sincero sin ser cáustico o cruel".

En la década de 1980, la Fuerza Aérea adoptó las ideas de Rustan para proteger las aeronaves mediante la instalación de bandas especiales que desviaban la corriente eléctrica. Desde entonces, ni un solo avión se ha estrellado después de ser alcanzado por un rayo. Después de los ataques del 9/11, Rustan dejó el sector privado lucrativo y volvió a trabajar para la NRO. Condujo la Dirección de Ciencia Avanzada y Dirección de Apoyo a Misiones.

En marzo, Rustan recibió el premio Philip J. Klass Life Achievement Award, otorgado por la revista Aviation Week & Space Technology en reconocimiento a su labor en el diseño de dos naves espaciales que "habían mejorado significativamente la capacidad de Estados Unidos en el campo de la vigilancia, inteligencia y reconocimiento".

A pesar de que su trabajo era confidencial, Pete Rustan viajó a menudo a los teatros de la guerra y era conocido por las tropas en el frente, entre ellos los miembros del SEAL Team 6, la unidad de comando de élite que mató a Bin Laden el 2 de mayo de 2011.

"He hablado de los grandes americanos que saben del estrépito de las armas", dijo Hayden, un general jubilado de la Fuerza Aérea. "Pete lo hizo. Este es el tipo de persona del que el público nunca oye hablar, pero que es igualmente responsable de mantener seguros a los estadounidenses".

Pedro Luis Rustan nació el 29 de diciembre de 1946 en Guantánamo, una pequeña ciudad cubana a unos 40 kilómetros de la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo. Su padre, un líder sindical, fue encarcelado como preso político en 1961 por el régimen de Fidel Castro.

En agosto de 1967, cuando Pedro Luis tenía 20 años y era estudiante de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, mientras leía en la biblioteca de la Universidad, levantó la vista y vio a su padre de pie delante de él.

"Esta noche nos vamos", dijo su padre, que había escapado de la cárcel a través de un ardid. Pedro Luis dejó su libro de texto abierto sobre la mesa y huyó. Con su padre, dos hermanas y un medio hermano, se metieron dentro de un vagón de ferrocarril cargado de caña de azúcar.

Saltaron desde el tren en marcha cuando este se aproximaba a la base naval de Estados Unidos en Guantánamo y hasta la cintura se metieron a través de un pantano infestado de culebras antes de llegar a una valla de seguridad coronada con alambre de púas.

Pedro Luis llevaba a su hermana menor en la espalda y lograron cruzar la valla, luego escaló una segunda valla en el perímetro de la base naval. Después de que fueran recogidos por fuerzas estadounidenses, los Rustan pidieron asilo político.

El jefe de operaciones navales de Estados Unidos estaba de visita en la base, y se llevó la familia a los Estados Unidos en su avión. La madre de Pedro Luis Rustan se había quedado en Cuba con una de sus hijas. Con el tiempo logró llegar también a los Estados Unidos.

La familia se estableció en Chicago, pero Pedro Luis pasó un año en Rockville, MD., donde ponía a prueba paneles de control de circuitos eléctricos. Más tarde estudió en el Instituto de Tecnología de Illinois, en el que recibió su licenciatura en 1970 y una maestría en 1971, ambas en ingeniería eléctrica.

Después de que fuera reclutado por la Fuerza Aérea en 1971, Pedro Rustan pasó a ser conocido por muchos como Pete Rustan. A lo largo de su vida siempre habló con un marcado acento cubano, pero rara vez corregía la pronunciación de su nombre.

Como soldado raso, investigó sobre los efectos de la radiación de las microondas. La Fuerza Aérea lo envió a la Officer Candidate School y luego a la escuela de posgrado en la Universidad de Florida, en la que recibió un doctorado en ingeniería eléctrica en 1979. Publicó más de 60 trabajos científicos durante su carrera.

Su tesis doctoral se centró en el efecto de los rayos en los aviones -un problema recurrente que muchas veces ocasionaba que se estrellaran aviones de la Fuerza Aérea. Para recopilar información sobre los campos eléctricos y magnéticos, Pete Rustan montó en 53 aviones que fueron alcanzados por rayos.

Después de terminada su carrera militar, Pete Rustan adoptó un pueblo en las montañas de Honduras llamado Concepción de María, el que visitó muchas veces. Con la ayuda de su iglesia, la St. Elizabeth Ann Seton Catholic Church, en Lake Ridge, él y su esposa compraron 200 pares de zapatos para los escolares del pueblo.

Alexandra Rustan, su esposa durante 33 años, recuerda que cuando no encontraron a nadie para entregar los zapatos en Honduras, su marido le dijo: "Bueno, voy a ir yo. Así comenzó la misión. Supervisó los proyectos para llevar agua potable al pueblo, para mejorar las escuelas y para ayudar a las personas mayores a encontrar puestos de trabajo en la industria de la pesca de tilapia. Para Pedro, ése fue su mayor logro".

Además de su esposa, residente en Woodbridge, a Pedro Luis Rustan le sobreviven dos hijos, Pedro Rustan, en Bealeton, Condado de Fauquier, y Amy Rustan, en Washington, además de tres hermanas.

"Como refugiado que escapó de Cuba, a Pete lo impulsaba el deseo de ayudar a Estados Unidos”, dijo Goldin, quien dejó la NASA en 2001, pero siguió colaborando en proyectos secretos con Rustan hasta poco antes de la muerte del cubano. "No puedo dar detalles, pero te puedo decir que fue un trabajo espléndido".

1 comentario:

  1. Gracias querida Tania por este trabajo recordando al gran Guantanamero y científico Pedro Luis Rustan, un orgullo del exilio.
    Abrazos.

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