viernes, 10 de abril de 2015

Los hijos de papá se divierten





¿Se fotografiaría Fidel Castro Díaz-Balart o Alejandro Castro Soto del Valle con Lola, Yaíma, Mirta y otras supuestas o reales heroínas del trabajo por imponer récords en la limpieza de tripas en el Combinado Cárnico Habana, la recogida de café en Guantánamo, o el despalille de hojas de tabaco en Viñales, Pinar del Rio?

¿Caminarían como reyes, con botas de goma, gorro, delantal blanco y nasobuco por el comedor obrero de la empacadora de carne? ¿Sobre sus reales cabezas revolucionarias usarían sombreros de guano para cubrirse del sol en las montañas orientales? ¿O, tal vez, gorra verde para visitar una fábrica de puros en Vueltabajo y así rendir homenaje a estas dignas mujeres? No lo creo.

El problema es que a los hijos de estos papás que habitan en las cumbres borrascosas del poder en Cuba, les causa mareos mirar hacia abajo. Desde niños, dice Radio Bemba (chismorreo popular), les enseñan a marcar distancia de la plebe, hacer algo que los demás no pueden ni soñar, y sobre todo, a vivir bien.

En los últimos años, y pese a que las autoridades del régimen mantienen para el pueblo el mismo cinturón de castidad ética, social y económica de siempre, los hijos de papá y su excelsa parentela visitan museos de artes en Nueva York, se retratan junto a la Torre Eiffel, en París, u organizan torneos de golf en las zonas de Cuba que aún no han sido tomadas por las ruinas.

Por eso es que las fotos de Fidelito, como le dicen al primógenito, y de Alejandro (uno de los cuatro hijos varones que Castro tuvo con Dalia Soto del Valle) al lado de Paris Hilton y Naomi Campbell, no sorprenden a ningún cubano con acceso a internet.

Para ellos, el capitalismo no es una maldición, la fortuna no es una ignominia, ni el glamour un gesto de frivolidad, como hicieron creer sus padres a sangre y fuego de nacionalizaciones, marginación, empobrecimiento y consignas por más de medio siglo. Todo vale para los hijos de papá; lo demás es historia antigua.

No importa que sus padres no hayan tirado un chícharo para que ellos sean, presuman o actúen como ricos, compartan con millonarios de visita en la isla, empresarios, deportistas, jeques, políticos, gurúes de cualquier corriente, o ídolos de una farándula light, distantes de la majomía marxista-leninista.

Lo demás, es decir, las guerras, el racionamiento, las colas, el dengue, la crisis habitacional, la falta de agua, el calor, los baches, el infernal transporte, la picazón, el temor, la música, el ruido, el dominó, el sálvese quien pueda, el aquí no se rinde nadie y Seremos como el Che hasta la muerte, es para el pueblo.

Celestino Mendoza perdió un hijo de 19 años en Angola. Osmani estaba punto de casarse, nunca había salido de La Habana, su ciudad, pero con tal de cumplir sólo dos años de los tres que comprendía el Servicio Militar Obligatorio, se fue a una guerra que no era la suya. Voló hecho pedazos en un tren en esa lejana geografía.

De Osmani sólo tiene recuerdos de la infancia, adolescencia y efímera juventud, además de una chapilla con un número y el sitio donde reposan unos huesos que dicen las autoridades son los de su hijo, traídos a la patria durante la Operación Tributo. También es dueño de un dolor interminable.

“No guardo ningún tipo de rencor, ni le deseo mal a nadie, pero cuando veo las fotos de estos hijos de puta, haciendo todo lo contrario de aquello por lo que murió mi hijo, me dan ganas de ni se sabe qué. El más lejano pariente de estos vividores solo ha visto en películas un campo de batalla”

Mientras miraba las fotos, una ex modelo de La Maison dijo: “No es extraño. Ese es su hábitat natural. Si lo menos que hacen sus descendientes es pasear su impostura por El Tocororo, Don Cangrejo, El Pedregal, La Cecilia y otros sitios suntuosos para el encuentro entre pudientes del jet set y los hijos de papá, qué no harían ellos”.

En opinión de un chofer, “los hijos de papá se adueñan de todo. Pero en Cuba no se sabría si no fuera por internet. Por eso le temen más que el diablo a la cruz. Saben que Beyoncé asomada al balcón del Hotel Saratoga, movilizó a más cubanos en un día, que todo un año la parafernalia propagandista para reunir al pueblo en un acto de ‘reafirmación’ revolucionaria”.

Por su parte, una joven sentada en la escalinata de la Universidad de La Habana, expresó: “Y así nos piden fidelidad a los postulados socialistas de la Revolución. Haz lo que te digo y no lo que yo hago. Para nosotros, más austeridad, estudio, trabajo y fusil”

Por estos días, en que la televisión cubana no cesa de pasar la foto que Korda le tomara al Che durante el sepelio a las víctimas por la explosión del vapor La Coubre en la bahía de la Habana (1963), muchos quisieran ver en pantallas la cara sonriente de París Hilton junto a los rostros sonrientes de dos Castro Jr. Pero ni lo sueñen.

El festín de una nueva clase que sin heredar nada y aportar menos, vive a todo tren, ocupa cargos, juega a ser dios o rey, trafica influencias, domina feudos, viaja y retoza sin importarle lo demás, es bendecido en silencio por sus “austeros” padres desde el poder.

Víctor Manuel Domínguez
Cubanet, 10 de marzo de 2015.
Fotos: En la primera, con su lujoso celular, Paris Hilton se hace un selfie con Fidel Castro Díaz-Balart. En la segunda, alguien le hace el selfie a la Hilton y a Alejandro Castro Soto del Valle. Y en la tercera, éste no quiere desaprovechar la oportunidad para retratarse con la modelo de ébano, Naomi Campbell. Tomadas de internet.

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