lunes, 11 de enero de 2016

Los cubanos "apolíticos" de Miami



Con respecto a Cuba y el régimen castrista, Miami es una ciudad insurrecta. Pero también aquí, entre no pocos de mis compatriotas, particularmente entre los que llegaron después del éxodo de los balseros de 1994, he encontrado algo bastante semejante al miedo, la apatía y el cinismo que reina en la isla. Digamos que es su versión a larga distancia y con coartada.

Hace unos días, un amigo que vive en Miami desde mediados de la pasada década, para nada sospechoso de simpatizar con el castrismo -me consta, nunca “se integró”, no podía soportar más “aquello”, si no se iba, reventaba- me aconsejó que tuviese cuidado si me entrevistaban en la radio o la TV, porque “aquí son expertos en dar cuerda para que hables mierda, y no les importa lo que te pase después, cuando regreses y tengas que aguantar los palos”.

Le respondí que no se preocupara, que yo sabía bien las consecuencias de mis actos, que no había que “darme cuerda” y que no iba a “hablar mierda” -que palabra más fea, tan rico como es el castellano, por qué utilizar la misma jerga despectiva de los castristas- sino que diría las mismas verdades que escribo allá y que firmo con mi nombre, como hacen decenas de colegas del periodismo independiente.

Mi amigo, que no quiere saber de la disidencia en Cuba y parece tener muy mala opinión de los políticos cubano-americanos, viaja frecuentemente a Cuba para visitar a sus padres, que están viejos y enfermos. Dice temer que si se involucra con los que se oponen al régimen, le inhabiliten el pasaporte y no lo dejen entrar en Cuba.

Al menos mi amigo fue franco y no dio demasiadas vueltas para confesarme sus temores. Pero hay otros que se inventan coartadas para su inacción y sus miedos. Entonces, elaboran complicadas teorías para explicar por qué desconfían de ciertos disidentes. Dicen estar desencantados y cansados.

Te hablan de la incapacidad de la oposición, de sus rencillas interminables, de sus fallos, nunca de sus virtudes. Te repiten que “aquello no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle”, la vieja historia de que el G-2 tiene a sus agentes infiltrados en todos los grupos y movimientos, y también en el exilio, donde tampoco se sabe quién es quién, te aseguran.

Tal parece que teman que aparezca un ‘seguroso’ montado en una Suzuki por la calle 8, listo para doblar en U y reunirse con uno de los chivatos que le informan. Y es que les sigue asustando mucho más la Seguridad del Estado que la Corriente del Golfo, los tiburones o la selva del Darién.

Y son muchos los que te dicen que no les interesa la política. O peor aún: que no se fueron por problemas políticos, ni porque tuvieran “problemas con la revolución”, sino porque querían “vivir mejor”. O sea, que son emigrantes económicos, como los haitianos y los mexicanos, no exiliados, que es lo mismo que repiten los voceros del régimen, a ver si con la reiteración logran confundir y convencer a algunos zoquetes.

De estos últimos, de los apolíticos, cada vez hay más en Miami. Y habrá muchos más: ya vienen en camino. En Cuba, producto de más de medio siglo de sumisión e indefensión inducidas, también son mayoría. Y créanme, son de lo peorcito. Morralla. La generación de los ‘aseres’, el hombre nuevo, ese animal semidomesticado a palos y boniato, porque la zanahoria no abunda. Solo hay que verles la facha: las licras, las camisetas, los dientes de oro. Y escucharlos hablar.

Después de todo, es verdad: a ellos no les importa la política, ni la democracia, que no entienden qué rayos es, ni el futuro de Cuba ni otra cosa que no sea el dinero, la comida y la pacotilla. Y va y hasta te dicen que están aquí en Miami pero siguen siendo revolucionarios. Como cuando estaban en Cuba y se prestaban para chivatear o participar en mítines de repudio o en cuanta mierda les ordenaran.

Luis Cino
Cubanet, 30 de noviembre de 2015.
Foto: Balseros que en agosto de 2015 arribaron a Miami aseguraron que no se fueron de Cuba por problemas políticos, si no económicos. Tomada de Cubanet.

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