lunes, 5 de abril de 2021

A 25 años de un crimen de Estado



El sábado 24 de febrero de 1996, al filo del mediodía, el termómetro marcaba 28 grados centígrados en La Habana. En la barriada de La Víbora hubo un corte de electricidad de cuatro horas. El burocratismo castrista, super eficiente para administrar la miseria, diseñó un plan de apagones por zonas que aparecía semanalmente en el periódico Tribuna de La Habana.

Ese día se conmemoraba el 101 aniversario del Grito de Baire. Por la mañana, algunos vecinos hacían cola en la carnicería para comprar media libra de jamonada por persona. Otros irían en la noche al carnaval habanero. Los fanáticos al béisbol esperaban el séptimo juego de la candente final entre Villa Clara e Industriales que comenzaría pasada las dos de la tarde.

Sobre las dos y media de la tarde, según contó posteriormente la prensa oficial, las estaciones de radar de las fuerzas armadas detectaron tres objetivos aéreos desconocidos dentro de los límites de la frontera, los cuales tenían desconectados el código respondedor, mientras realizaban un vuelo paralelo a las costas cubanas. A las dos y cincuenta y siete, cuenta la versión del régimen, el controlador de vuelo del ATC (Control de Tráfico Aéreo en inglés) de de La Habana informa a los pilotos de las aeronaves que estaban penetrando en una zona militar peligrosa, activada, y que su vuelo corría peligro.

Ante la advertencia, José Basulto, líder de Hermanos al Rescate contesta: "Estamos conscientes del peligro cada vez que cruzamos el área sur del paralelo 24, pero estamos dispuestos a hacerlo en nuestra condición de cubanos libres". En un operativo fulminante dos aviones cazas Mig-29, pulverizan a dos avionetas desarmadas que habían despegado del aeropuerto de Opa Locka en Miami. Tras el ataque perdieron la vida tres pilotos estadounidenses de origen cubano, Carlos Costa, Mario de la Peña y Armando Alejandre y el residente cubano Pablo Morales.

En el noticiero de televisión de esa noche la dictadura de Fidel Castro ofreció una versión diferente. El pretexto del derribo de las avionetas era el lanzamiento de proclamas antigubernamentales y el apoyo a ‘grupúsculos contrarrevolucionarios’ de la disidencia interna.

Los cubanos no teníamos acceso a internet, prensa extranjera ni televisión por cable. La única fuente para contrastar la información, si tenias un aparato de onda corta, era Radio Martí, interferida por el régimen, la BBC, la VOA o Radio Exterior de España.

Posteriormente, una exhaustiva investigación de la Organización de Aviación Civil Internacional determinó que las avionetas fueron derribadas en aguas internacionales, que las autoridades de Cuba no cumplieron los protocolos de aviso establecidos, tampoco intentaron desviar las naves fuera de las zonas de peligro, ni ordenaron a los pilotos que aterrizaran en un aeródromo designado.

Tras conocerse el informe, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 1067, con trece votos a favor, ninguno en contra y la abstención de Rusia y China, que condenó el uso de armas contra aviones civiles y llamó al régimen de La Habana a cumplir con las leyes internacionales.

La responsabilidad directa del crimen recae sobre el general de ejército Raúl Castro Ruz, quien posteriormente confesó que se trató de una operación premeditada y que había dado instrucciones precisas para que las avionetas fueran derribadas: “Túmbenlos en el mar cuando se aparezcan”, dijo.

Según ha contado el senador demócrata estadounidense Patrick O’Leary, el Raúl propio Castro le confirmó en un encuentro en el Palacio de la Revolución que él había dado la orden de derribar los dos aviones civiles. A pesar de la confesión, el senador consideró que con el autócrata caribeño se podía negociar un nuevo trato en las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

El derribo de las avionetas por parte del castrismo fue un intento de dar un golpe de autoridad sobre la mesa. Pongamos el suceso en contexto. Con la caída del Muro de Berlín y el desaparición del comunismo soviético, el socialismo de corte marxista en la Isla entró en una etapa de indigencia. El PIB cayó un 35%, se descapitalizaron las industrias, el arado manual y los bueyes regresaron a la agricultura, volvieron los apagones de doce horas diarias, y el hambre comenzó asolar a la población. Aparecieron enfermedades provocadas por la desnutrición como la neuritis óptica y por la falta de artículos de aseo, la sarna y los piojos se multiplicaron entre los cubanos de a pie que hacían una comida diaria y apenas consumían carne o pescado.

La disidencia interna y el periodismo independiente se habían fortalecido a mediados de la década de 1990. Cuando en diciembre de 1995 comencé escribir en Cuba Press, en la capital habían cuatro agencias de prensa independiente.

En la primera planta de una casona de puntal alto en la calle San Mariano, casi esquina Heredia, en el corazón de La Víbora, vivía un abogado de hablar pausado y gran erudición. Se llamaba Jorge Bacallao. Había coincidido con Fidel Castro cuando estudiaron Derecho en la Universidad de La Habana. Desde el mismo 1 de enero de 1959 fue un disidente silencioso. Tenía una amplia biblioteca y solía prestar libros a jóvenes del barrio interesados en la lectura. Fue una especie de manager político de futuros opositores que residíamos en la zona.

Precisamente en casa de Bacallao conocí a los abogados disidentes René Gómez Manzano y Leonel Morejón Almagro. Almagro, un joven jurista, pocos meses después de la crisis de los balseros en el verano de 1994, comenzó a gestionar un proyecto independiente de corte ecologista llamado Naturpaz. Luego fraguó la idea de un evento que aglutinara a la oposición pacífica en la Isla. Lo bautizó como Concilio Cubano. Precisamente el 24 de febrero de 1996, debió realizarse el encuentro. Pero nunca llegó a ocurrir.

La policía política detuvo a la mayoría de los participantes. Concilio fue una iniciativa que pretendía buscar consenso en la desunida disidencia local. Generó entusiasmo entre curtidos opositores como Gustavo Arcos Bergnes, Elizardo Sánchez Santacruz y Jesús Yánez Pelletier. También tuvo el apoyo de disidentes como el propio Gómez Manzano, Martha Beatriz Roque Cabello, Félix Bonne Carcassés, Vladimiro Roca Antúnez, Oscar Elías Biscet y Oswaldo Payá Sardiñas.

Hermanos al Rescate, un escuadrón de aviadores y organización humanitaria fundada en 1991 por José Basulto, tenía la intención de rescatar en altamar a los balseros que trataban de emigrar de Cuba y apoyar al pueblo y la disidencia a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia. Ellos le salvaron la vida a decenas de balseros en el Estrecho de la Florida. Siempre fue una prioridad para los servicios de inteligencia en Cuba, que logró infiltrar en sus filas al menos a dos agentes, Gerardo Hernández y Juan Pablo Roque.

El paciente trabajo de Leonel Morejón Almagro logró dos triunfos importantes: el consenso de una mayoría opositora y el apoyo internacional, más allá del exilio en Miami. Tres o cuatro días antes del 24 de febrero de 1996, Begoña Rodríguez, miembro de un partido político español, llegó a La Habana para participar en el evento que organizaría Concilio Cubano.

El viernes 23 de febrero, oficiales de la Seguridad del Estado detuvieron a Begoña en el domicilio donde se hospedaba en La Puntilla, Miramar. Tania Quintero, mi madre y periodista independiente de Cuba Press, recuerda que al día siguiente, sábado 24, "pasé a pasar a recoger a Begoña para ir con ella al Parque Almendares, pues por el gran número de asistentes de todo el país, habían decidido celebrar allí el encuentro de Concilio Cubano. Por la señora que le había alquilado supe que se encontraba detenida en un centro de internamiento para extranjeros que entonces tenía Inmigración en la Calle 20 o 22, no me acuerdo bien, en Miramar, no muy lejos de La Puntilla".

Cuando regresó a su casa, Tania se enteró que le habían cortado el teléfono a la mayoría de los disidentes y periodistas independientes. "Desde el apartamento de una vecina llamé a la embajada de España y al funcionario que estaba de guardia le dije que necesitaba hablar con el consejero político, para informarle de la detención de una ciudadana española. Me respondió que el consejero estaba fuera de la ciudad, que le dejara un número de teléfono para que él se comunicara conmigo. A los diez minutos me llamó el consejero, le conté sobre la detención de Begoña Rodríguez, me contestó que él se estaba preparando para regresar de inmediato a La Habana, no solo para ocuparse del caso de Begoña, sino porque aviones de la fuerza aérea cubana habían derribado dos avionetas de Hermanos al Rescate, la situación era complicada y no se sabía qué podía pasar".

Tras el derribo de las avionetas llegó la repulsa internacional. Tanto Washington como la UE impusieron sanciones a Cuba. Bill Clinton firmó la Ley Helms-Burton, aunque mantuvo inactivo el capítulo III. Posteriormente, el 2 de mayo de 2019, Trump lo puso en vigor.

Un cuarto de siglo después, el régimen mantiene sus estructuras totalitarias. Prohíbe la fundación de partidos políticos, la existencia de una prensa libre y persigue a quienes piensan diferente. Mantiene los actos de repudio, auténticos linchamientos verbales de corte fascista, ahora no solo contra la oposición, también contra los artistas independientes. Fidel Castro falleció en 2016. Pero sus sucesores mantienen su naturaleza represiva.

Iván García
Fotomontaje de Raúl Castro tomado de Diario Las Américas.


lunes, 29 de marzo de 2021

Soñar con Cuba en Cuba



Hay cubanos en la Isla que sienten temor por la alternativa de ir a la cárcel.

Se sabe que allá la prisión es un espacio donde predominan las golpizas, la humillación, el maltrato y, desde luego, los rostros diversos de la muerte. Por lo tanto, es natural y aceptable ese desasosiego por los calabozos. Eso sí, el miedo realmente desconcertante y grave que se siente en Cuba, es el que experimentan quienes sostienen la dictadura. Ellos le tienen miedo a la libertad.

Los gorilas que ejercen el poder y sus cómplices, que se mueven en todos planos de la sociedad, tienen la función fundamental de reprimir a los opositores pacíficos y al periodismo independiente. Ese trabajo sucio los convierte, de manera automática, en gente que rechaza directamente la existencia de un país libre y democrático.

Esos personajillos, encabezados por la cuadrilla al mando, le tienen miedo a la libertad porque no gobernará una corriente política cuya ideología son los revólveres. Estarán en el poder verdadero las instituciones establecidas después de unas elecciones ejemplares, en las que puedan participar todas las tendencias de pensamiento.

El principio básico de las autoridades no será el de mantenerse a toda costa con la batuta en la mano por una eternidad. Dirigirán la nación, con respeto para cualquier esquema de ideas, personas defensoras de las libertades individuales, los derechos humanos y la filosofía de cada ciudadano. Al mismo tiempo, la conducción del país luchará por el progreso, el desarrollo económico y el bienestar de los ciudadanos.

Claro que esta realidad es ahora mismo un sueño. Lo que pasa es que se trata de un sueño que sueña mucha gente y en muchas partes de Oriente a Pinar del Río. Ese ideal tiene vigor en lo que piensa el sacerdote camagüeyano Alberto Reyes Pías.

“Esperamos unas calles llenas de gente feliz y no de agentes policiales listos para reprimir el menor desliz”, dice el cura. “Esperamos disfrutar de esa sensación gratificante de pueblo adulto, que lucha unido, para construir un presente digno sin la tutela de un Estado, que no acaba de entender que su función no es la de agente de control totalitario, sino la de ayudar a los ciudadanos a ser más libres y capaces.”

Es natural estar inquieto y prevenido por ir a parar a una cárcel llena de violencia, hambre y torturas. Reyes Pías puede terminar en prisión por esa ensoñación. Ahora bien, lo más dramático es tenerle miedo a esa ilusión y al mundo libre que retrata.

Raúl Rivero

Blog de la Fundacion Nacional Cubano-Americana.

Foto: Tomada del Facebook del sacerdote Alberto Reyes.

Nota.- Recientemente, el sacerdote Kenny Fernández Delgado, párroco de la Iglesia de Madruga, uno de los once municipios de la provincia de Mayabeque, pidió no callar ante lo mal hecho por el gobierno cubano. "Le decimos al pueblo, en nombre de Jesús, nuestro Dios, que si guarda silencio ante las injusticias de un Gobierno, cualquiera que sea, será cómplice de las injusticias de ese Gobierno", dijo el domingo en la homilía "Jesucristo, niño contra Herodes, el dictador", que compartió íntegra en Facebook. Fernández Delgado se une a otros sacerdotes, como Alberto Reyes Pías y el diácono salesiano Maykel Gómez Hernández, quienes también públicamente han pedido más derechos y libertades en Cuba.


lunes, 22 de marzo de 2021

El castrismo ordeña a los emigrados cubanos


En plena nevada, una jubilada de 78 años residente en Suiza, se llega a una sucursal de la Western Union para enviarle dinero a un amigo en Miami, quien posteriormente se lo reenviará a su nieta en La Habana, pues desde la nación helvética no se pueden hacer transferencias a Cuba. Mensualmente, además, la señora envía a su familia una o dos cajas con medicinas, jabones, pasta dental y papel sanitario, entre otros artículos de primera necesidad. El correo cubano solo admite un kilogramo y medio. Y por cada kilogramo extra cobra el equivalente a 20 dólares.

Una caja de cuatro kilogramos ronda los 60 dólares. “Es un atraco. No recibimos ropa de marca ni nada de lujo. Por una caja con calditos de pollo, sazonadores y dos mudas de ropa, un gel de baño, almohadillas sanitarias y chocolate para mi hija, pagué 62 cuc. Y se rumora que no están entregando paquetes -algunos acumulados desde hace meses- esperando a ponerle precios más altos. Es el colmo. Nuestros parientes en el extranjero también nos hacen llegar el dinero para poder sacar los paquetes", dice Mireya, ama de casa.

Los envíos de dinero y bultos postales, por vía aérea o marítima, llegan a Cuba desde los cinco continentes. Llamémosle Osvaldo, un ingeniero agrónomo que vive en un kibbutz cerca del desierto de Néguev, Israel, y se dedica a cultivar naranjas, a sus familiares en la Isla todos los meses les gira 300 dólares, les recarga el teléfono móvil y la cuenta de internet de datos.

Los cubanos que regularmente le mandan dinero y cosas a sus familias en Cuba, son emigrados domiciliados en el exterior. Pero igualmente lo hacen compatriotas que temporalmente se encuentran fuera: si consiguen un empleo informal, le transfieren dinero a los suyos. Incluso los cooperantes cubanos enviados al exterior por el régimen a prestar asistencia médica, se las ingenian para trabajar en negro, mandar remesas y ahorrar. Dunia, doctora, estuvo en Sudáfrica y los fines de semana laboraba en una clínica privada donde realizaban abortos. “Como el gobierno se queda con la mayor parte del salario (entre el 70 y el 90 por ciento), muchos médicos, especialistas y técnicos buscan trabajar por la izquierda y ganar un dinero extra. Haciendo abortos gané bastante y cuando regresé a Cuba me pude comprar una casa y un auto".

La propaganda del régimen, alardeando de justicia social y de haber hecho una revolución que en abril de 1961 Fidel Castro proclamó que era "de los humildes, por los humildes y para los humildes", se diluye cuando se conocen las estructuras y funcionamientos de diferentes empresas, sociedades mercantiles y corporaciones que administran y se apropian del 80 por ciento de las divisas que entran a Cuba.

Un ex funcionario de CIMEX, que en su web se presenta como 'una sociedad mercantil con más de 40 años de creada, que importa, exporta, produce y comercializa bienes y servicios', cuenta que “esa firma y otras que son compañías fantasmas, eran supervisadas por los hermanos Castro. Ahora la más poderosa es GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), cuyo presidente ejecutivo es el general de brigada Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, ex yerno de Raúl Castro. No es la única. Hay alrededor de medio centenar de empresas que pertenecen a altos cargos de las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior y el Consejo de Estado, que tiene firmas como Palco. Las auditorías e inventarios se realizan de manera interna. No son transparentes".

Al frente de la burguesía militar se encuentra Raúl Castro, pero ese conglomerado empresarial también responde a 'históricos' de la revolución como José Ramón Machado Ventura y Ramiro Valdés (no a Miguel Díaz-Canel, el actual presidente, considerado una marioneta por la gente de a pie). El comandante Guillermo García Frías, un campesino analfabeto que se enroló en el Ejército Rebelde, no ocupa ninguna cartera ministerial, pero dirige la Empresa Nacional de Flora y Fauna y es dueño de caballos de raza y de gallos de pelea, aunque las apuestas son ilegales en Cuba. Según el ex funcionario de CIMEX, los “históricos y algunos generales connotados de las guerras civiles en Angola y Etiopía, todos de la raza blanca, han formado una cofradía que maneja varios negocios, cuentas en paraísos fiscales e inversiones en el país o el extranjero”.

El envío de remesas a Cuba es una estadística secreta. El régimen oculta el monto de divisas que entra a la Isla a través de la emigración. Expertos en temas económicos y financieros sitúan esa cifra entre 2,500 y 4 mil millones de dólares anuales. Empresas militares administran los bancos que efectúan las transacciones, hoteles, agencias de viajes, envíos de dinero y paquetes, transportistas, cadenas de restaurantes, cafeterías, telecomunicaciones, gasolineras, tiendas y otros servicios. El ex funcionario de CIMEX afirma que casi todas las agencias de viaje, envíos de dinero y paquetes situadas en México, Panamá o Miami son manejadas tras bambalinas por consorcios militares cubanos. Es un negocio boyante.

En el dossier La apuesta hotelera en Cuba, investigación realizada por los periodistas Jessica Domínguez y Julio Batista , publicada en El Toque en octubre y noviembre de 2019, se reportaba que "los 332 proyectos de alojamiento presentados originalmente por el Plan del Ministerio de Turismo tenían un costo superior a los 19 mil millones. Según el Anuario Estadístico de Cuba (2017 y 2018), esta cifra supera cómodamente la suma dedicada por el Presupuesto del Estado a los rubros de Actividades productivas, Ciencia e innovación tecnológica, y Cultura y deportes, entre los años 2012 y 2018". En otro párrafo, los autores se preguntaban:"¿A quién beneficia realmente la construcción de hoteles en Cuba, en especial el paso abrumador de las inversiones respaldadas por GAESA? ¿A qué escenario concreto apuesta el consorcio militar en un futuro cercano? ¿Qué información posee para arriesgar tal volumen financiero en un plan que, a corto y mediano plazo, no parece tener lógica?".

Miami, la capital del exilio cubano, es zona de especial interés para la autocracia verde olivo. En la ciudad del sol radican casi dos millones de cubanos que anualmente envían miles de millones de dólares en efectivo o mercancías. Una fuente en ETECSA señala que sólo desde Estados Unidos, principalmente Miami y Tampa, las recargas telefónicas e internet de datos en Cuba superaron los 200 millones de dólares el año pasado.

Muchas de esas empresas y compañías extorsionan a los emigrados cubanos con precios elevados. En el corazón de Hialeah, entre pequeñas cafeterías que venden guarapo, pasteles de guayaba y sandwiches criollos, existen locales que cobran las llamadas a la Isla a un dólar el minuto, entre las tarifas más caras del mundo. Antes que las compañías aéreas comerciales iniciaran sus vuelos a Cuba, agencias de viajes en Miami autorizadas por el régimen cubano, vendían entre 500 y 700 dólares un pasaje de ida y vuelta a la isla, a 45 minutos de vuelo. “Y las libras extras la cobraban a tres y cuatro dólares. Ordeñaban a los emigrados como si fueran vacas”, rememora un habanero residente en Kendall, Miami.

La naturaleza explotadora del castrismo se observa en el manejo que ha logrado en las diferentes firmas que a través de internet, a los cubanos residentes en Estados Unidos, Canadá y Europa, oferta alimentos, artículos de aseo y electrodomésticos destinados a sus familiares en la Isla. Pero algunas se aprovechan de la escasez existente en la Isla y cobran demasiado por los envíos a Cuba, donde los precios son gravados con una tasa del 240%. Hace dos meses, un compatriota radicado en Tampa, hizo una factura de comida que le alcanzara para un mes a su familia en La Habana. Le cobraron 840 dólares. “Si el gobierno autorizara a enviar comida directamente desde Miami, me hubiera ahorrado casi la mitad. Después mis parientes me dijeron que el costo de los alimentos recibidos, comparado con los precios en las tiendas por divisas, era dos veces más caro”.

Hay firmas, como Katapulk, con precios más bajos. Oferta desde carne de res y de cerdo, camarones, pescado fresco, calamares y embutidos hasta leche, helado de chocolate y cerveza Cristal. Algunos de esos productos no se venden en la red de tiendas nacionales, ni en dólares ni en pesos. Diario Las Américas contactó con un representante de Katapulk para conocer el origen de la firma. “Es información clasificada”, dijo.

Consultado al respecto, el antiguo funcionario de CIMEX explicó que “ese tipo de negocios son auténticos chiringuitos creados por un sector del empresariado militar o parientes de pesos pesados del gobierno. Su misión es recaudar dólares y luego guardarlos en cuentas ubicadas en paraísos fiscales”. Si un cubano residente en la Isla quiere comprar al cash o con una tarjeta MLC (moneda libremente convertible), implementada por el régimen para sus tiendas en divisas, Katapulk no lo permite. “Solo aceptamos tarjetas Visa, Mastercard, American Express, Discover o de cualquier otro banco foráneo”, respondió vía WhatsApp el representante de Katapulk. En cambio sí aceptan pagar desde la Isla con esas tarjetas de crédito.

¿Y por qué los cubanos con acceso al dólar no pueden comprar directamente desde su propio país? El ex funcionario de CIMEX aclara que esas firmas trabajan para otros operadores. “Es el mismo dólar, pero el de las tarjetas MLC supuestamente va al Banco Central de Cuba y el dinero de estos negocios termina en una cuenta en el exterior a nombre de una compañía fantasma administrada por una empresa militar o un cacique que viste de guayabera”.

Dos analistas consultados opinan que la llamada Tarea Ordenamiento, que incluye una subida considerable de los precios minoristas, está diseñada para atraer la mayor cantidad posible de dólares, euros y otras divisas de los cubanos radicados en otros países. La ecuación básica sería: costear la revolución "de los humildes, por los humildes y para los humildes" proclamada por Fidel Castro hace 60 años, con el dinero de los 'gusanos'.

Iván García

Foto: En noviembre de 2020, cargados de bultos con artículos de primera necesidad para sus familias, viajaron a La Habana los primeros cubanos residentes en Miami después de ocho meses de cerradas las fronteras en la isla por el coronavirus. Tomada de Cubacute.

lunes, 15 de marzo de 2021

El problema no está en la otra orilla


La revista de opinión política La Joven Cuba ha hecho pública una carta abierta (Carta Abierta al presidente Joseph R. Biden, Jr. – La Joven Cuba) al presidente estadounidense Joseph Biden, donde le solicita “comience a desmantelar el sistema de sanciones que continúa afectando al pueblo cubano”. Entre los 532 firmantes aparecen respetables profesores, investigadores, juristas, médicos, comunicadores, economistas, intelectuales, creadores y activistas; varios incluso radicados fuera de la Isla y con una posición contraria al régimen de La Habana.

Esto último no constituye per se una razón para apoyar el embargo y el incremento de las sanciones que se produjo durante los cuatro años de la administración Trump; pero sí llama la atención que a pesar del tono moderado de la carta, sus apoyadores prácticamente eximen a la dictadura cubana de toda responsabilidad en la catástrofe económica iniciada desde el mismo año 1959, y la falta de libertades civiles que en pleno siglo XXI continúa agravándose, como puede apreciarse en nuevos decretos que de a poco han ido conformando un marco legal para desaparecer cualquier atisbo de disidencia política, posicionamiento independiente al estado y libertad de expresión.

Aunque La Joven Cuba es un medio de intelectuales de izquierda que apuestan críticamente por un modelo más actualizado de socialismo, su reluctancia a dirigirse al alto mando cubano para exigir cuanto a este pueblo se le debe en materia de derechos, es un acto que raya en la desvergüenza. Resulta inaceptable que se le envíe una carta al presidente de una nación extranjera para pedir cambios en las relaciones bilaterales, mientras se acepta que el castrismo viole la Constitución a diario y con absoluta desfachatez.

Los firmantes de la misiva declaran saber “… que Estados Unidos no es el único responsable de los problemas que enfrenta el país”, y sin un ápice de contención atribuyen a “las sanciones económicas, financieras y comerciales impuestas” la incapacidad del castrismo para manejar tanto el presupuesto del estado como la diversidad de opiniones que coexisten en cualquier sociedad. Nada tiene que ver el embargo con las presiones que asfixian al sector privado, ni con el despilfarro sostenido de recursos que debieron ser empleados en mejorar los gravísimos problemas de producción e infraestructura (vivienda, transporte, agricultura, abastecimiento de agua potable, salud pública, seguridad social, etc.); todos causados por los desmanes de un poder centralizado y corrupto.

Nada tiene que ver el embargo con que los dirigentes cubanos den la espalda a las demandas de sus propios ciudadanos mientras reconocen públicamente su disposición de dialogar con “el enemigo histórico”, en un acto de soberbia e hipocresía impropio de un gobierno que se dice democrático. El bloqueo no ha sido culpable de la incomunicación existente entre el pueblo cubano y sus políticos, tan desentendidos de los males que afectan a los ciudadanos que han implementado la “Tarea Ordenamiento” en el peor momento posible, seguros de que la inflación de precios, el hambre y la escasez de medicinas no los alcanzarán a ellos en sus bien provistas residencias, donde viven como burgueses de la izquierda más trapalera de Occidente.

La Joven Cuba habla del levantamiento de las sanciones como un acto de coraje moral por parte de Biden, y de que Estados Unidos “ha perdido, una y otra vez, la oportunidad de (…) corregir una historia de errores”. Al parecer, no hay fuerza moral en el acto de emplazar al castrismo desde dentro, y sacar la cuenta de sus errores, que han sido numerosos e infinitamente más graves que los cometidos por los presidentes de Estados Unidos.

Cuba desaparecerá sin ver una carta similar dirigida al Parlamento, poniendo en claro las injusticias cometidas por el régimen comunista no ya durante 62 años; bastaría un resumen de las últimas tres décadas para dejar claro quién es el verdadero enemigo del pueblo cubano. Quienes se apresuraron a escribirle a Biden no se han dignado a redactar una petición al Consejo de Ministros para defender la constitucionalidad por encima de los intereses de un círculo de poder; ni exigir un desagravio en favor de los que han sido difamados en la emisión estelar del noticiero por causa de sus ideas políticas, sin derecho a réplica ni protección. Esas cuestiones también entrañan una profunda sensibilidad moral.

No ha habido un justo reclamo en favor de los médicos “desertores”, castigados con ocho años de exilio forzado, lejos de sus seres queridos y de la Patria que los vio nacer libres y con derechos. No ha habido una acción conjunta para condenar la inconstitucionalidad de la represión y el chantaje del castrismo que utiliza las garantías civiles de los que disienten políticamente como prenda de cambio para que Estados Unidos haga concesiones.

Esos firmantes que ven en Joe Biden un posible receptor de sus demandas, ni siquiera se plantean la posibilidad de hacer lo mismo con los militares que aprovecharon el deshielo promovido por Obama para fingir una leve democratización y engrosar sus caudales privados. El hermetismo del régimen y la complacencia de algunos de sus mejores ciudadanos forman parte de una realidad miserable que gira sobre el mismo eje desde hace seis décadas.

Dictadura habrá para rato, de forma descarada o disimulada según quien ocupe la Casa Blanca. El problema fundamental no está en la otra orilla y eso bien lo saben quienes piden el levantamiento de las sanciones cual solución milagrosa, como si en Estados Unidos se decidiera el destino de Cuba; como si dinero y prebendas pudieran debilitar al totalitarismo.

Javier Prada
Cubanet, 12 de febrero de 2021.

Foto: Dos cubanos en el Malecón de La Habana saludan con banderas de Cuba y Estados Unidos la entrada de un crucero procedente de la Florida. Tomada de la Voz de América.

Nota.- Con fecha 15 de febrero, se dio a conocer una carta abierta (Carta Cuba-EEUU - La carta que se presenta a continuación es fruto... | Facebook) dirigida a los gobiernos de Cuba y Estados Unidos que 24 horas después había sido firmada por más de 950 cubanos de la Isla y el exterior.

Leer también: ¿Qué esperar de la política de Biden hacia Cuba? (¿Qué esperar de la política de Biden hacia Cuba? - Periodismo de Barrio)


lunes, 8 de marzo de 2021

Para Washington, Cuba no es una prioridad



Mientras conduce un destartalado Moskvich de la era soviética por una céntrica avenida al oeste de La Habana, Samuel, deportista retirado, explica por qué es muy complicado hacer negocios en Cuba. Hace once años, cuando Raúl Castro dio el pistoletazo de arrancada en la ampliación del trabajo privado, utilizó el dinero ahorrado más un préstamo de su hermano residente en Nueva York, en la compra de dos jeeps Willy fabricados en los años cincuenta, pero con ingeniería moderna.

Con el dinero que ganó utilizando los jeeps como taxis colectivos, adquirió un flamante Impala descapotable de 1958 que utilizaba para rentar a la marea de turistas norteamericanos, que seducidos por el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el marketing gratuito que aportaba la generosa doctrina Obama, en aviones y cruceros llegaban a conocer la Isla comunista del Caribe. Samuel llegó a tener una flota de dos jeeps y dos automóviles y pensaba comprar un camión, reacondicionarlo y utilizarlo en el transporte interprovincial. Pero nunca tuvo un respaldo jurídico.

“Ese es el principal problema de abrir un negocio en Cuba. No existe un convenio o un trato. Un papel firmado por un notario que te diga tus derechos y tus deberes. Simplemente el Estado un día te dice que autoriza tal o más cual negocio -que por lo general ya funcionaba de manera ilegal-, te pone un impuesto severo y demasiados controles. No cuentas con un mercado mayorista y cada año que pasa, sin justificación alguna, te suben los gravámenes y los inspectores te hacen la vida imposible”, alega Samuel y añade:

“Por determinadas coyunturas, el gobierno ha tenido que autorizar el trabajo privado. Jamás ha sido para propiciar la libertad de empresa, que los más talentosos prosperen y generen riquezas. No. Siempre ha sido una concesión forzada por su ineficiencia o como ahora, porque están atrapados en una crisis económica y te autorizan ciertos negocios, pero siempre señalándote con el dedo y no permitiendo que tengas demasiadas ganancias”.

Seis de nueve emprendedores consultados, coinciden que el trabajo por cuenta propia no suele ser del agrado de los apparatchiks del régimen. “Es un mal necesario que permite el Estado para revertir la depresión económica y atraer al medio millón de trabajadores estatales que entre 2010 y 2012 quedaron desempleados. Pero ideológicamente estamos fuera de contexto. Somos molestos. Sospechosos habituales de especulación, impagos de impuestos y enriquecimiento. Nos ven como potenciales delincuentes o disidentes del sistema”, opina Geovany, dueño de un taller de chapistería, un negocio que durante muchos años ha estado en un limbo jurídico.

Manuel, economista, cree que si una sociedad apuesta por el progreso del país y la creatividad de su gente, “el trabajo privado no debiera ser un problema. Lo deseable es que los impuestos sean lo más bajo posible para que florezcan estos negocios que son la génesis de las futuras PYMES e incluso de las grandes compañías. En las condiciones de Cuba, es muy difícil que Bill Gates, Steve Jobs o Jeff Bezos hubieran sido lo que son hoy. Del negocio en un garaje no hubieran pasado. Y si hubieran ganado mucho dinero, los hubieran acusado de enriquecimiento ilícito o malversación”.

Onilio, programador de software, prefiere darle una oportunidad al régimen. Otra más. “Quisiera creer que esta vez, la anunciada apertura de más de dos mil empleos particulares, desate la creatividad de los cubanos. Tengo intención de montar una pasarela de pago electrónico de alimentos, ropa y electrodomésticos. Pero para eso el gobierno debe autorizar las importaciones. Legalizar a las 'mulas' o que los emprendedores privados podamos comprar en el exterior por nuestra cuenta. Si la importación fuera muy grande, entonces recurrir a las empresas estatales importadoras. Debiéramos tener amplia autonomía. Y apostar por emprendimientos que tengan valor agregado. No sólo servicios”.

De momento, el régimen mantiene algunas restricciones que impiden la libre importación. Un emprendedor que durante la visita de Obama a La Habana en marzo de 2016 se reunió con el mandatario estadounidense, es escéptico con la actual estrategia del gobierno.

“Ojalá me equivoque y las autoridades está vez hablen en serio y no le pongan frenos al trabajo privado. Pero las evidencias y la historia me hacen ser pesimista. Recuerdo que nada más salir de la reunión con Obama, los funcionarios de la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria) comenzaron a fiscalizar mi negocio. Si no hay una estructura donde adquirir materias primas, se impide la libre importación y exportación o hacer negocios con empresarios extranjeros, es muy difícil que los negocios sean transparentes. Es el propio régimen, al no crear un marco jurídico concreto y poner altos impuestos, el que provocó que el cuentapropismo se haya desvirtuado. Para cambiar las cosas el gobierno debe cambiar de mentalidad”.

Ramiro, analista, considera que la ampliación del trabajo privado es más una estrategia política para seducir a la actual administración de la Casa Blanca que un proyecto para involucrar a los emprendedores privados en el futuro económico de Cuba. “Demasiadas coincidencias. Recientemente, el gobierno informó al presidente de Colombia de supuestos planes terroristas del ELN (Ejército de Liberación Nacional), un grupo que la mayoría de sus integrantes residen en Cuba. ¿Cuál es la intención real?, ¿desmarcarse de los terroristas colombianos? Probablemente los abandonen a su suerte, los sacrifiquen en su intento de negociar con Washington. Pero me queda la duda si los eficientes servicios cubanos de inteligencia no supieron de antemano del atentado en una escuela de cadetes de la policía en Bogotá, en enero de 2019. Es evidente que esta movida es un mensaje a Biden: que Cuba está dispuesta a negociar sobre cualquier tema. Habría que ver si no sacrifican una pieza mayor como Maduro", subraya el analista y agrega:

"En el plano interno, saben que las directrices políticas de la Casa Blanca privilegian sus relaciones con el sector privado y la disidencia. Ceden en el tema del sector privado, de ahí, la carnada lanzada de ampliación del trabajo por cuenta propia, para seguir reprimiendo a la oposición. El gobierno sabe que está contrarreloj. Las figuras históricas del proceso revolucionario ya no serán interlocutores válidos dentro de un par de años, pues están ya en edad de retiro y cercanos a la muerte. Es la nueva camada de dirigentes, según mi apreciación, la que debe trazar una política económica funcional y una consecuente política exterior. La Casa Blanca lo sabe. Y dentro de Cuba algunas cosas ya no son iguales. A raíz de la tarea ordenamiento, una estrategia en la que no se consultó al pueblo, el descontento, la polémica y las críticas de la población han cambiado la correlación de fuerzas”, y concluye:

“Cada vez son más los ciudadanos y sectores que apuestan por un diálogo, transparencia y democracia. Ese segmento de la sociedad civil no es ni siquiera disidente, algo que ha cogido por sorpresa al gobierno, que le está dirigiendo los cañones mediáticos a la oposición, cuando es una amplia mayoría de cubanos la que pretende dialogar con el régimen sobre el futuro de Cuba. Y no que el régimen negocie por su cuenta con Estados Unidos”.

El 9 de febrero, una resolución bipartidista presentada en el Senado de Estados Unidos por los legisladores demócratas Bob Menéndez, Richard Durbin y Ben Cardin y el republicano Marco Rubio, se solidarizaba con los integrantes del Movimiento San Isidro y solicitaba a las autoridades cubanas iniciar un proceso de diálogo con los artistas independientes. El texto también exigía la liberación del rapero Denis Solís, el cese de la represión contra los artistas cubanos y la derogación inmediata de los decretos 349 y 370 así como las demás leyes y regulaciones que violan la libertad de expresión en Cuba.

Los operadores políticos locales optarán por negociar directamente con Washington, intentando esquivar al diálogo nacional. Creen que es posible retornar a la luna de miel vivida entre 2014 y 2016, cuando ondeaban las banderas de las barras y estrellas en los balcones y viejos taxis colectivos. Una ruptura que provocó la propia dictadura, sobre todo después del histórico discurso de Obama en La Habana.

El grueso de las medidas aprobadas entonces por la Casa Blanca beneficiaban al sector privado y al pueblo cubano, no a las empresas militares. Pero esta vez el tablero de juego es diferente. La Isla está atrapada en una extensa crisis económica y social. Y en la agenda de Biden, Cuba no es una prioridad.

Iván García

Foto: Los periodistas independientes Iván García Quintero (izquierda) y Rolando Rodríguez Lobaina en una calle de la capital de Estados Unidos. En marzo de 2018, los dos fueron invitados a participar en un evento sobre periodismo auspiciado por The Dialogue, centro de análisis que desde su fundación en 1982 radica en Washington D.C. y es considerado uno de los principales think tanks de política estadounidense y exterior.

lunes, 1 de marzo de 2021

La Habana intentará seducir a Biden



Suerte, dice un antiguo proverbio, es saber aprovechar las oportunidades cuando se presentan. Pero al régimen castrista nunca le interesó, no supo o no quiso aprovechar las ocasiones que tuvo para establecer una relación respetuosa con los Estados Unidos.

La revolución cubana fue un acontecimiento histórico. En su etapa inicial contó con el apoyo mayoritario de la sociedad cubana, también del mundo intelectual latinoamericano y europeo. Fidel Castro pudo implementar en la Isla una auténtica democracia. Tenía todo a su favor. Cuba no era Haití ni El Salvador. Había bolsones de pobreza, falta de oportunidades y analfabetismo en el ámbito rural. Lo peor era la corrupción política.

Pero la capital y las cabeceras provinciales contaban con una infraestructura adecuada. En el ámbito económico, a finales de 1958, el empresariado local era dueño del 80 por ciento de los negocios más prósperos. La Habana de noche era una fiesta. Una pasarela de estrellas de la música para todos los gustos. El 'caballón' Bebo Valdés tocaba el piano en Tropicana. Chori rompía el cuero de su tambor en los cabaret de Playa.

Benny Moré calentaba la pista de baile en el Alibar. Bola de Nieve, con su frac negro y sonrisa amplia, tocaba el piano y cantaba en el bar-restaurant Monseigneur. Y una tal Fredesvinda García, antigua criada, conocida como La Freddy, con su impresionante voz dejaba mudos a los parroquianos. La Habana tenía rascacielos y televisión a color. El transporte público era eficiente y en las barriadas más céntricas se localizaban 134 cines.

Si Fidel Castro no hubiese engañado a la opinión pública, negando que fuera comunista, y hubiera implementado reglas democráticas, quizás la Cuba de 2021 fuera una potencia turística, contaría con una franquicia de béisbol en la MLB y competiría con Ciudad Panamá. Por ubicación geográfica, desarrollo sostenible y recursos humanos, La Habana sería la capital financiera, turística y económica del Caribe. Miami es ahora lo que La Habana no llegó a ser.

Pero regresemos a la realidad. Castro optó por aliarse al comunismo soviético y en la década de 1970, con su ejército participó en tres guerras de manera simultánea, en Angola, Etiopía y Nicaragua. Miles de millones de rublos soviéticos fueron dilapidados en subversiones y disparates económicos. Se pudo haber cambiado la historia y negociado con Jimmy Carter una transición a la democracia.

O al menos un modelo económico más eficiente. Como hizo China. Pero Fidel optó por el voluntarismo, la economía de comando y el discurso de patria o muerte. El embargo no surtía efectos entonces, porque el Kremlin abrió la billetera y entregó a Cuba un capital dos veces mayor al del Plan Marshall estadounidense a la Europa de la postguerra.

Cuando su hermano Raúl llegó al poder, sabía que caminaba por un precipicio. El modelo cubano era insostenible. Se necesitaban reformas de calado. Pero el temor a perder el control por las transformaciones lo llevó a frenar los cambios. Probablemente el mayor mérito del autócrata Raúl Castro fue negociar un trato con el presidente Barack Obama. Pero las fuerzas conservadoras internas frenaron la apertura.

Castro II no fue capaz de dar un golpe sobre la mesa y sepultar el inefectivo modelo político y económico cubano. Se regresó al pasado. Al discurso vacío, las promesas incumplidas y las mafias burocráticas con sus parcelas de poder. Todavía en el Palacio de la Revolución extrañan a Obama. La llegada de Donald Trump fue un huracán. Un día sí y otro también arreció el embargo económico y financiero e implementó medidas que afectan al capitalismo de amiguetes de las empresas militares.

Joe Biden llega a la Casa Blanca con mayoría demócrata en el Congreso y el Senado. Piensa retomar la Doctrina Obama hacia Cuba, pero antes debe enfrentar la pandemia del Covid-19 en Estados Unidos, lidiar con una economía en punto muerto, las tensiones geopolíticas con China y Rusia, reconstruir la alianza con Europa y retomar la agenda medioambiental, entre otras prioridades anunciadas.

El tema cubano pasa a un segundo plano. Por tanto, es el gobierno de Cuba el que debe mover fichas en el tablero. La Tarea Ordenamiento era necesaria para encarrilar una economía descapitalizada que hace agua por todas parte. Pero se aplicó en el peor momento.

La crisis económica toca fondo. Más del 90 por ciento de los renglones productivos están en números rojos. La subida de precios entre cinco y veinte veces en el sector minorista supera a los nuevos salarios que crecieron entre dos y cuatro veces. Es probable que a la vuelta de año y medio la inflación haya devorado el alza salarial y el Banco Central tenga que echar andar la máquina de producir billetes.

El régimen necesita negociar con Biden en un momento crítico en el plano político nacional. El descontento por el nuevo paquetazo económico es casi unánime. Los conatos de huelgas se multiplican en centros laborales de diferentes provincias. Las críticas al desempeño del presidente designado Miguel Díaz-Canel han aumentado, en las colas, dentro de taxis colectivos o en las redes sociales.

Si no ocurre un imprevisto, en el mes de abril Raúl Castro, quien el 3 de junio cumple 90 años, dejaría su cargo como Primer Secretario del Partido Comunista. Está viejo y agotado, pero a su alrededor hay un avispero pugnando por el trono. En las alcantarillas del poder se rumora sobre la existencia de dos grupos que aspiran a ser los mandamases: por un lado, los 'históricos' que hicieron la revolución y hoy ocupan cargos partidistas y estatales y, por el otro, los generales y altos mandos militares, quienes actualmente controlan las divisas que entran al país.

El futuro político de Cuba se decide dentro de tres meses. El que tenga el poder real, sea del ala civil o militar, negociaría con la nueva administración estadounidense. Los empresarios militares necesitan que se les levanten las sanciones. De lo contrario, los cerca de 20 mil millones de dólares invertidos en los últimos años en la construcción de hoteles y en la rama del ocio, se pueden convertir en agua y sal.

Un nuevo trato con Estados Unidos es la prioridad número uno del régimen. Ni Putin ni Xi Jinping van a otorgar créditos sin compensación. Venezuela está sumida en su propia crisis. Apostar por Irán o una entente con Corea del Norte es un suicidio político. La única salida razonable es sentarse a la mesa a negociar con Washington. Pero eso tiene su costo político interno. Estados Unidos va insistir en el respeto de los derechos humanos, la libertad de expresión y el multipartidismo.

Cuba no es China o los Emiratos Árabes. No tiene petróleo a raudales ni va en camino de ser la primera economía mundial. Tiene poco que ofrecer y mucho que perder. Por el tsunami económico de los hermanos Castro, los cubanos están tan empobrecidos que necesitan trabajar un año para poder comprarse un iPhone 12. Por tanto, hay que camuflar adecuadamente el autoritarismo y la falta de libertades. A Estados Unidos no le da asco negociar con una monarquía que descuartizó a un periodista en Turquía, pero a Cuba le va exigir la libertad de un periodista independiente preso.

En algo habrá que ceder. La administración de Biden tiene a su favor que no le apura ni considera prioritario negociar con un gobierno que está contra la pared. El embargo estadounidense es la soga que le aprieta el cuello al castrismo, cada vez más necesitado de divisas, de reflotar la economía y tratar de apaciguar el descontento ciudadano. La represión tiene un límite y las promesas de una sociedad próspera y sostenible también.

¿Qué debería hacer el gobierno cubano? Aprovechar los dos primeros años de la administración Biden con una estrategia política proactiva en lo económico y abrir un poco la puerta en lo político. Ampliar el trabajo privado. Concretar, sin tantos controles y apoyados en un marco jurídico razonable, las PYMES. Derogar normativas absurdas que frenen las inversiones extranjeras como las agencias empleadoras y autorizar el cobro directo de sus trabajadores. Potenciar la exportación de servicios médicos, cobrar un impuesto razonable, y dejar de explotarlos laboralmente. Anunciar en la próxima reunión con la emigración que queda abolido el uso del pasaporte para entrar a su patria a los nacidos en Cuba. Permitir inversiones de cubanos y emigrados sin importar su credo político. Respetar la libertad de expresión y, como dice el colega Reinaldo Escobar, despenalizar las discrepancias políticas. Sería un buen primer paso para seducir a la Casa Blanca.

Luego el camino será más fácil. Sentarse entre todos los cubanos y reparar el disparate. La pelota, nuevamente, está en la cancha del régimen.

Iván García

Foto del presidente Joe Biden realizada por la agencia alemana de noticias DPA. Tomada de Stuttgarter Nachrichten.

lunes, 25 de enero de 2021

El periodismo esbirro de la revolución cubana

 


Por estos días, la inexistencia de prensa libre en Cuba es notoriamente repugnante. La maquinaria mediática propiedad del Estado, costeada por el pueblo, desprestigia al Movimiento San Isidro sin que los cubanos tengan otra opción -equivalente en cantidad y alcance- para recibir una versión alternativa a la del Gobierno. El monopolio de la información se mantiene -como casi todo- mediante la violencia institucionalizada del Estado y se basa teóricamente en algunas falacias construidas por Fidel Castro sobre lo que es el periodismo en un entorno capitalista.

Fidel Castro sostenía: "Se habla de libertad de expresión, pero en realidad lo que se defiende fundamentalmente es el derecho de propiedad privada de los medios".

La libertad de prensa deriva de la libertad de expresión, se entiende como la libertad de difundir opiniones e información usando medios de comunicación sin control o censura estatal. La posibilidad de crear o adquirir un medio de comunicación, es decir, crear o adquirir una empresa de manera individual o por asociación con otras personas es condición imprescindible para que haya libertad de prensa. Sin libertad para crear el medio, no hay libertad para alcanzar el fin. La libertad de empresa garantiza la libertad de prensa; sin empresa libre no hay prensa libre.

Fidel Castro sostenía: "En esos medios 'libres', ¿quién habla? ¿De qué se habla? ¿Quién escribe? Se habla lo que quieren los dueños".

Aquí la falacia está en equiparar dueño a rico. La cantidad de dinero que se invierta condiciona el tamaño del medio, pero no su existencia. El mundo está lleno de pequeños y grandes medios comunitarios, personales, de asociaciones, de iglesias, todos privados y sin control o censura estatal. El dinero influye en el alcance del medio facilitando el uso de más y mejores materiales y herramientas para llegar a más gente o crear contenidos más atractivos, pero no tiene relación con la libertad misma para crear el medio, la libertad es para todos. Es necesario entender que libertad de, no significa posibilidad de. La libertad de conducir no significa posibilidad de conducir un Lamborghini, pero no poder conducir un Lamborghini no implica que no exista libertad de conducir; como mismo no poder comprar la CNN no significa no tener libertad de expresión.

Fidel Castro sostuvo: "Periodismo no quiere decir empresa (…) empresa quiere decir negocio y periodismo quiere decir esfuerzo intelectual".

Insidiosa y falsa dicotomía, pues ningún trabajador tiene libertad de opinión en su puesto laboral, opinará solo hasta donde las normas de la empresa que lo contrata le permitan, y eso está bien siempre que el contrato sea un acuerdo voluntario entre partes. Un trabajador de la planta de pintura de una fábrica de autos, aunque desee pintar los autos de color verde porque en su opinión son más atractivos así, tendrá que pintarlos de rojo si es lo que manda el propietario. En caso contrario, puede dedicarse a pintar autos por su cuenta, pero no usando la pintura, las herramientas y el tiempo que no es suyo.

Los periodistas son profesionales contratados para comunicar lo que quiera decir el propietario del medio, que es quien está ejerciendo su libertad de expresión y para ello paga al periodista por sus servicios. Si un periodista quiere expresar su opinión propia, siempre que exista libertad de empresa y opinión podrá irse a otro medio más afín a sus ideas o crear un medio propio. Un periodista no puede utilizar los materiales y el tiempo que no son propios para comunicar sus opiniones personales, cuando voluntariamente y a cambio de una paga se comprometió a comunicar las opiniones del propietario del medio.

Fidel Castro sostuvo: "La verdad en nuestros tiempos navega por mares tempestuosos, donde los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana".

Decir esto en tono acusador es doloso, implica que existe la posibilidad de "no estar parcializado", cuando estar parcializado es precisamente lo que define tener opinión. Toda opinión es siempre interpretación parcial de una realidad sesgada por intereses personales, por reglas heurísticas inherentes al pensamiento y por las limitaciones del conocimiento que posee cada cual. Los medios no solo están parcializados, es que no pueden dejar de estarlo.

Distinto es si se esfuerzan por manipular la realidad, algo que, de hacerse, encuentra límites en los derechos individuales a la protección contra la difamación. Un medio no puede mentir impúdicamente sobre alguien —excepto en Cuba—, y si manipula descaradamente los hechos de los que informa, lo pagará o no según lo que a su audiencia le interese la credibilidad como valor.

Mientras haya libertad de empresa y de expresión, habrá alternativas para que cada cual elija donde informarse según su propia parcialidad e interés. En un clásico evento de proyección freudiana, Fidel Castro atribuyó sus propios pecados a sus oponentes: el Gobierno cubano impidiendo la libertad de empresa impide la libertad de expresión y prensa, mientras que con dinero ajeno —el del pueblo— mantiene unos medios donde se escucha solo su voz.

"Las dictaduras no quieren libertad de prensa, por algo nos tuvieron censurados y amordazados… cuando un derecho se lo pueden arrebatar al pueblo de un día para otro, no es un derecho." No es el Movimiento San Isidro quien así habla, sino Fidel Castro el 4 de enero de 1959; pero en 2006, tras 47 años de reinado absolutista, no dejó dudas de su poder: "Nuestra prensa es revolucionaria, nuestros periodistas, en la radio, en la televisión, son revolucionarios. Nosotros tenemos muchos periódicos… hay decenas de periódicos, y todos son revolucionarios".

Nuestra prensa… nuestros periodistas… nosotros tenemos… Solo le faltó decir, y habría sido mucho más apegado a la realidad: mi prensa, mis periodistas, yo tengo. En esta triste Cuba, la libertad de prensa se tornó en libertad de ser castrista. Los que no lo sean serán gusanos, terroristas, apátridas, mercenarios y todos los agravios que a los periodistas de Fidel se les pueda ocurrir en su único rol: defender la revolución a toda costa, ser esbirros.

Rafaela Cruz
Diario de Cuba, 4 de diciembre de 2020.

Foto: Fidel Castro en el periódico Granma. Tomada de Diario de Cuba.

Sobre la foto.- Por esto que Juan Marrero escribió, esa foto me parece fue hecha el 4 de octubre de 1965. Sentado, a la izquierda de Fidel Castro, Isidoro Malmierca, recién nombrado director de Granma, a la derecha, Blas Roca, ex director del diario Hoy, a su lado, Osvaldo Dorticós y Faure Chomón. Detrás de Faure, Jorge 'Papito' Serguera y a su derecha Carlos Rafael Rodríguez. La mulata de pie, detrás de Carlos, es Justina Álvarez, secretaria (y querida) de Blas Roca (mi tía Dulce Antúnez, esposa de Blas, no la podía ver, siempre sospechó de Justina, una manzanillera que había sido mujer de Aníbal Escalante. Después de 50 años de matrimonio, Blas se divorció de mi tía y se casó con Justina. A la derecha de Malmierca, con una mano en la cara, Ramiro Valdés. El mulato calvo a la izquierda, recostado a la pared, con traje, cuello, corbata y gafas oscuras es el periodista Gabriel Molina (Tania Quintero).

lunes, 18 de enero de 2021

¿Entrará algún día Cuba en la modernidad?



El régimen que bajo el comando de Fidel Castro se instaló en el poder en enero de 1959 e inamovible en el poder permanece, se niega a dialogar con los cubanos que tengan ideas distintas a las anquilosadas de quienes llevan 62 años desgobernando Cuba. No importa si son periodistas independientes, disidentes, artistas, intelectuales, científicos, juristas, defensores de los derechos humanos, protectores de los animales y del medio ambiente, religiosos o de la comunidad LGBTI, entre otros representantes de la amplia y diversa sociedad civil existente en la Isla.

Los viejos y nuevos castristas ningunean, vigilan, acosan, reprimen y están dispuestos a encarcelar a los que piensan diferente.

Las discrepancias hay que dirimirlas entre todos los cubanos, piensen como piensen, civilizadamente. Aunque es complicado hablar con un régimen que, sin aportar pruebas, acusa a una parte de sus ciudadanos de ser "herramientas de los servicios especiales de Estados Unidos". Urge parar ya con las campañas difamatorias en los medios estatales controlados por el departamento ideológico del Partido Comunista, el único permitido, y por el Departamento de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. No seguir incitando a la violencia entre cubanos y de seguir usando el mismo lenguaje que en sus tiempos usó Fidel Castro, llamando 'gusanos', 'escorias', 'antisociales', 'marginales', 'delincuentes', 'mercenarios' y 'agentes de la CIA', a quienes le contradijeran, tuvieran otros puntos de vista o no se plegaran a su política de ordeno y mando.

Ahora, los continuadores del fidelismo, han agregado la palabra 'terrorista'. A ninguno de los actuales artistas, intelectuales y periodistas independientes, ni los más jóvenes ni los más viejos, aspiran a recabar dinero de cubanos exiliados en Estados Unidos y otras naciones para comprar armas y con ellas asaltar un cuartel, desembarcar en las costas cubanas, sublevarse en las montañas, organizar una guerrilla, descarrilar trenes, atacar un palacio presidencial como hizo el Directorio Revolucionario 13 de Marzo. O el Movimiento 26 de Julio, que tenía células terroristas.

Sergio González, alias El Curita, fue el jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana. El 8 de noviembre de 1957, El Curita organizó una operación contra la dictadura de Fulgencio Batista denominada La Noche de las Cien Bombas. Según EcuRed, la Wikipedia criolla, "la operación consistió en la colocación de bombas y petardos en lugares estratégicos de la capital cubana que explotaron simultáneamente a las nueve de la noche. La acción se ejecutó sin que resultara herido ningún civil inocente".

En El Movimiento de Resistencia Cívica en La Habana, escrito por Jorge Alberto Serra y publicado en La Jiribilla en agosto de 2007, un párrafo dice: "El sentimiento generalizado de rechazo a Batista y a su régimen dictatorial intensificó cada vez más las actividades entre los miembros de la Resistencia en estrecho vÌnculo con el M-26-7 antes de la anunciada huelga. Se organizaron mítines de protesta en calles, tiendas y recintos religiosos; se distribuyeron volantes llamando a la huelga y a la resistencia al régimen; se reprodujeron boletines y otros documentos; se efectuó el riego de alcayatas con el objetivo de dificultar el tráfico, fundamentalmente en los días festivos en las principales avenidas; se realizaron pequeños sabotajes con fósforo vivo en cines y tiendas elegantes de la ciudad".

Los continuados y furibundos ataques hacia los artistas, intelectuales y periodistas independientes se han convertido en un bumerán.

Los desfasados gobernantes olvidan que estamos en el siglo XXI, en la era de las libertades, del desarrollo sostenible, de la modernidad. Y aunque Cuba está a la zaga en las nuevas tecnologías y son pocos los cubanos conectados a internet en sus hogares, si damos crédito a la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, en 2019 en la Isla habían 6.042 600 millones de abonados a la telefonía celular (de ellos, 80 por ciento usaba con frecuencia internet de datos en 3G y LTE). Millones de cubanos residentes en las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud, pueden acceder a internet desde sus celulares, hacer fotos y videos y de inmediato informarse de lo que está pasando en su propio país, noticias que en ocasiones los medios estatales ocultan, distorsionan, no reportan o se demoran en reportarlas, algo que no sucedía 25 años atrás, cuando surgió la prensa independiente en Cuba y entonces, como ahora, con la presencia de periodistas provenientes de los principales medios cubanos.

Los papagayos al servicio de un régimen decrépito que sin sonrojarse están haciendo linchamiento verbales y gráficos -algunos, inclusive han sido compañeros de estudios de los linchados- no se dan cuenta, como sí se da cuenta la gente en la calle, que todos ellos nacieron después de 1959, fueron a círculos infantiles donde se suponía sembraban la semilla del Hombre Nuevo, a escuelas donde fueron pioneros con pañoletas azules o rojas y en los matutinos alzaban un brazo y gritaban "Seremos como el Che".

Luis Manuel Otero, la figura más visible del Movimiento San Isidro, conformado por artistas, poetas, músicos e intelectuales independientes y al cual el castrismo intenta humillar y desacreditar, nació en La Habana el 2 de diciembre de 1987, día que los revolucionarios celebraban el 31 aniversario del desembarco del yate Granma. Mulato y pobre, se destacó como atleta escolar, luego se decantó por el arte visual y fue aceptado como miembro de la Asociación Hermanos Saíz, de jóvenes creadores, y de la Asociación Cubana de Artistas y Artesanos, exponía en galerías pertenecientes al Ministerio de Cultura y era entrevistado, entre otros medios estatales, por El Caimán Barbudo, órgano cultural de la Unión de Jóvenes Comunistas. Entonces, Luis Manuel no era 'marginal', 'delincuente' ni 'terrorista'. Una de sus performances con más repercusión ocurrió hace tres años.

El periodista independiente Waldo Fernández Cuenca, el 24 de abril de 2017 lo contaba en Diario de Cuba: "Cientos de curiosos recorrieron deslumbrados los pasillos exteriores de lo que será el Hotel Manzana Kempinski, donde el empresario italiano Giorgio Gucci inauguró su boutique Giorgio G. VIP. Mientras, en las inmediaciones de lo que se perfila como uno de los espacios más lujosos de La Habana, el artista Luis Manuel Otero Alcántara preguntaba ¿Dónde está Mella? Otero se paró en las afueras del hotel como estatua viviente y con fotos de Julio Antonio Mella cubriendo su cabeza. "Había un busto de Mella en el mismo centro" de la Manzana de Gómez, "el cual fue retirado, como es habitual, sin explicación alguna", dijo. "Así ha sucedido con bustos de otras figuras cuando remodelan un lugar, y yo deseaba hacer ver la pérdida progresiva de esas estatuas". La performance duró pocos minutos. Primero la policía le dijo que no podía pararse a la entrada del hotel, luego, cuando bajo la lluvia el artista se fue a la calle, vino la Seguridad del Estado y se lo llevó junto a su pareja, la historiadora de arte Yanelys Núñez". Tuvieron suerte: no los detuvieron, los dejaron en su destartalada vivienda de la calle Damas 955 entre San Isidro y Avenida del Puerto, Habana Vieja, que en esa época albergaba el Museo de la Disidencia y posteriormente sería sede del Movimiento San Isidro.

Lo que Inés Casal Enríquez, madre de Julio Llópiz Casal, artista visual especialista en instalación, fotografía, performance, diseño y la escritura, en una misiva le dijo a Fernando Rojas, viceministro del Ministerio de Cultura, es válido para casi todos los artistas y periodistas independientes nacidos en las década de los 80 y 90, a quienes la Seguridad del Estado, con el apoyo de vocingleros oficiales, con sus burdas manipulaciones, están tratando de desmoralizar y crearles causas judiciales, para justificar detenciones, arrestos domiciliarios, posibles juicios y encarcelamientos. "Mi hijo no es terrorista. Mi hijo no busca desestabilizar al sistema y mucho menos incitar a un levantamiento popular. mi hijo no está manipulado, dirigido, pagado por ningún gobierno extranjero, por ninguna organización, por ningún medio de prensa. Mi hijo no es un delincuente, es un artista cubano que también trabaja por Cuba y para Cuba. Mi hijo dice lo que piensa en cualquier lugar y circunstancia".

Los padres de Llópiz, escribió su madre, entregaron todas sus fuerzas, todas sus energías, todo su conocimiento, todos sus sueños revolucionarios a su país. Ella confesó que fue militante del Partido Comunista durante casi 30 años, y lo fue a conciencia, porque creía en la Revolución, pero hace años se sintió traicionada en sus sueños y dejó de creer en ella. Casi todos los padres, abuelos, hermanos, tíos y parientes cercanos de esos artistas y periodistas independientes creyeron en Fidel Castro y su revolución, algunos fueron militantes, otros combatientes internacionalistas, militares del Ministerio del Interior o de las Fuerzas Armadas o médicos, como los padres del periodista y escritor Carlos Manuel Álvarez.

En vez de dedicar tantos recursos, personal y dinero en uno de los aparatos represivos más poderosos del continente americano, debieran dedicarlo a tratar de mejorarle un poco la vida a una población que en su mayoría depende de las míseras cuotas de alimentos que "papá Estado" le posibilita comprar en la bodega de su barrio por una libreta de racionamiento instaurada por Fidel Castro en marzo de 1962, hace 58 años, todo un récord Guinness. En vez de seguir fomentando el odio y la confrontación, el castrismo debería aprovechar el talento, creatividad y deseos de una generación de artistas, intelectuales y periodistas independientes que lo que desean es que Cuba prospere, su gente no tenga que hacer colas para comprar alimentos, medicinas y artículos de aseo, pueda reparar sus casas, sus hijos o nietos puedan desayunar antes de ir a la escuela y en sus mochilas llevar una buena merienda. Que los obreros, campesinos, ingenieros y otros profesionales puedan aportar ideas e innovaciones para que sus respectivos lugares de trabajo sean rentables y competitivos, y que La Habana, la capital del país, no siga cayéndose a pedazos y familias enteras se queden sin vivienda. Pero sobre todo, que nadie más muera por un derrumbe, como ocurrió el 27 de enero de 2020, cuando María Karla Fuentes, Lisnavy Valdés y Rocío García, de 11 y 12 años, alumnas de sexto grado, fallecieron por la caída de un balcón en la barriada habanera de Jesús María.

Hasta el famoso cantautor Silvio Rodríguez, nada sospechoso de ser 'contrarrevolucionario', dijo en su blog que daba la impresión de que las autoridades cubanas "se agarraron de lo que fuera para suspender el diálogo, quitárselo de arriba", a propósito de que el anodino ministro de Cultura declarara roto el acuerdo de diálogo al que se había llegado el 27 de noviembre, entre las autoridades y los más de 300 artistas e intelectuales que pacíficamente se manifestaron en las afueras del Ministerio de Cultura, durante más de 14 horas para exigir ser escuchados. Un gobierno se debe a sus gobernados, no viceversa. Los gobernantes tienen la obligación de sentarse a dialogar con los que piensan igual o parecido y también con los que piensan distinto. Esos cubanos calumniados en medios estatales, sin derecho a réplica, son tan o mejores cubanos que quienes diseñan y dirigen campañas difamatorias a las cuales prestan sus rostros y nombres, periodistas-portavoces de los gobernantes, no de los ciudadanos.

Con esa posición de fuerza, el régimen castrista está propiciando la violencia, el caos y abriéndole la puerta a un estallido social. Con su empecinada actitud, mandamases y represores evidencian lo alejados de la realidad que están. Tal vez saben de la realidad por las encuestas que hacen el Partido Comunista y el Ministerio del Interior, pero prefieren taparse ojos y oídos y dedicarse a batallas y campañas, lo que le permite desviar la atención de los asuntos prioritarios e incluso justificar el incumplimiento de planes que aliviarían un poco la agobiada existencia de una población que desde que se levanta hasta que se acuesta es pensando qué va a comer al día siguiente. Los dirigentes cubanos jamás se codean con la gente, no caminan por las aceras y calles destruidas, no entran a solares y cuarterías, no saben cómo viven en las miles de chabolas y favelas que se localizan desde oriente hasta occidente. Y aunque todos ellos tienen internet en sus residencias, ni siquiera entran a You Tube y ven la cruda realidad que youtubers de la isla muestran en sus vlogs. Tampoco ven los videos hechos por Palenque Visión o la Televisión Serrana en el olvidado Oriente cubano.

Se creen o imaginan que todavía están en 1959, cuando los cubanos masivamente salieron a las calles a respaldar a aquel barbudo que prometía democracia y libertad de prensa y ya en mayo de 1960 cerró periódicos, revistas y hasta un semanario humorístico. No se percatan, o no quieren percatarse, que cada vez es más alto el porcentaje de cubanos que dejó de creer en la revolución y el socialismo de Fidel Castro y los dirigentes históricos, hoy ancianos que rondan los 90 años. No se percatan, o no quieren percatarse, que los cubanos están hartos de 62 años de discursos, promesas y mentiras, de movilizaciones obligadas para asistir a marchas combatientes, tánganas y mítines de repudio contra vecinos, amigos o familiares, cuyo único 'delito' es no tener las mismas opiniones, pensar con su cabeza, no con la de otros.

Tanto los cubanos de a pie, esos que ya ni café pueden tomar por la mañana, como los que reciben divisas y viven un poco mejor, aman a su patria y no quisieran tener que dejarla por no tener futuro para ellos ni para sus hijos, o por estar continuamente ninguneados, acosados y reprimidos. Quisieran vivir y morir en Cuba, pero sin tener que hacer largas colas para conseguir un trozo de carne de cerdo, arroz, viandas y frijoles, cada vez más escasos y caros. También quisieran comer caliente dos veces al día, tener desodorante, champú, jabón, pasta dental, papel sanitario... No vivir con la zozobra de que un huracán o un aguacero le va a tumbar el techo de su cuarto, asistir a consultas médicas en policlínicos y hospitales limpios y bien equipados, en las farmacias adquirir las medicinas recetadas, montar pequeños negocios con garantías legales y pasar unos días de vacaciones.

Y, por supuesto, cómo no, vivir "en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra y en este instante", estrofa de la Pequeña serenata diurna estrenada en 1975 por Silvio Rodríguez, nada sospechoso de ser 'contrarrevolucionario'. Vivir con libertad, democracia, diálogo, tolerancia y respeto a quienes tengan ideas y opiniones diferentes, lo anhelan todos los cubanos, incluidos los periodistas independientes y los artistas del Movimiento San Isidro, así descritos por Carlos Manuel Álvarez en Los artistas del hambre: relatos del desalojo de una protesta en Cuba, publicado el 30 de noviembre en El País: "Son negros, pobres, desplazados, viven en casas precarias rodeadas de hoteles lujosos para turistas de pantorrillas blancas. Son todo lo que la Revolución prometió reivindicar y terminó persiguiendo, cazándolos para ocultarlos. Lo que ellos ponen sobre la mesa, y de ahí la furia con la que buscan borrarlos, no es solo la pelea por la liberación del rapero Denis Solís, sino que abren el abanico de posibilidades para la forma de una república nacional negra, de una nueva cultura largamente pospuesta, lo que articula al movimiento con las narrativas globales de hoy. Solo entonces, a través de ese resquicio beligerante, Cuba estaría entrando en la modernidad".

Tania Quintero

lunes, 11 de enero de 2021

En la televisión nacional nos llaman enemigos de Cuba




En mi vida he salido al menos dos veces en el noticiero de la televisión cubana. La primera vez tenía diez años, le daba la mano a Fidel Castro y era un niño feliz. La segunda vez, hace unos pocos días, fue en varios reportajes donde me calificaban como alguien "abiertamente hostil contra Cuba" es decir, enemigo de mi país. No hay aquí un recorrido inédito.

Es probable que muchas de las personas que alguna vez le dieron la mano a Fidel Castro hayan sido luego tildados de “traidores a la patria”, juzgados por ello, borrados de fotos y cortados de cintas cinematográficas. Ese hombre, que no admitía el disenso, era un pasaporte directo hacia la muerte civil de quienes no coincidían con él.

El 24 de noviembre volé a Cuba desde Nueva York vía Miami y fui a reportear en la sede del Movimiento San Isidro, grupo de activismo radicado en La Habana Vieja, donde varios artistas contestatarios y ciudadanos rechazados por el Estado habían comenzado una protesta pacífica por el encarcelamiento arbitrario del rapero Denis Solis, miembro de la organización. La protesta había derivado luego en una huelga de hambre y sed de algunos de sus integrantes, que tenía en vilo a la opinión pública y preocupado al poder político.

Poco después de mi entrada al lugar, usando como pretexto evitar la propagación del Covid-19, la policía política sofocó con violencia la protesta la noche del 26 de noviembre, justo unas horas después del cuarto aniversario de la muerte de Castro, como para demostrar que su legado de represión sigue vivo. (Al igual que en otros países, incluso en algunos menos autoritarios que Cuba, la pandemia se ha convertido en una excusa eficiente para el aumento de la vigilancia y control de la población). Quienes estábamos ahí fuimos detenidos y luego liberados, pero todavía tenemos patrullas estacionadas frente a nuestras casas para restringir nuestra movilidad.

El incidente provocó mi regreso triunfal a la televisión. Vi mi imagen recortada, editada, mientras una voz engolada me movía como una marioneta por el retablo de la propaganda. “¡Qué raro!”, pensé. El dolor se convertía en desconcierto. Si salía yo hablando, lo hacía en off. La gente podía ver mi cara, que era ahí una máscara villana, pero no podían escuchar mis palabras ni tampoco la manera en que las pronuncio, el seseo contínuo, cómo atropello lo que digo o me demoro unos segundos intentando encontrar una idea que nunca es la que es. Esos pequeños defectos que me convierten en una persona habían desaparecido.

Lázaro M. Alonso, un compañero de curso en la universidad, fue presentador de uno de los programas  en los que enjuiciaron mediáticamente al Movimiento San Isidro y a mí. Tampoco creo ser más víctima que él. Este tipo de traiciones son consustanciales a las culturas totalitarias. La tarea de mentir a conciencia es quizá el papel más desagradable de representar en el teatro ideológico cubano. Pero mantener a toda costa la puesta en escena del silencio de los cubanos en plena crisis política y económica, es un lujo que el régimen ya no se puede dar. Solo las nuevas tiendas en dólares no están desabastecidas y los cubanos deben pagar en una moneda que únicamente pueden conseguir a través de remesas y no de su salario. El descontento social es palpable.

Verme difamado en televisión hizo que pensara en mi familia. Esa conexión afectiva fue lo único que disipó hasta cierto punto el profundo sentido de extrañamiento. Como todos los cubanos, una vez fui pionero, alumno ejemplar de la patria, y en el barrio muchos me miraban orgullosos porque Castro me había saludado. Ahora el régimen, como director de la puesta en escena nacional, me asignaba el rol de enemigo de Cuba.

Cuando vaya de visita a Cárdenas, mi pueblo, quizá algunos me miren como se mira a un sujeto peligroso o apestado. Tal vez también deba padecer ese tipo de saludo triste que algunos usan para demostrar que no sucede nada conmigo, que me saludan no porque me quieren saludar, sino para convencerse de que no temen saludarme. Para no confundirme, para que el “pionero” y el “enemigo del pueblo” no se peleen, vuelvo al viejo tema Nubes, de Carlos Varela, uno de nuestros músicos de protesta, que dice: “¿Y ahora por qué rezas en tu viejo altar? No bajes la cabeza, y no mires atrás”.

He recibido en estos días muchas muestras de afecto hasta de gente que ya no recordaba conocer, o mensajes bienintencionados que me hablan de cosas que no entiendo —valentía, ejemplo, también de patetismo y ridiculez—, pero me gustaría creer que he digerido el episodio de la disolución de la huelga y mi detención de manera pausada, hasta donde tal cosa sea posible, porque luego de mi detención y salida vino un interrogatorio de casi tres horas con la Seguridad del Estado. Me amenazaron y acusaron de recibir órdenes de un gobierno extranjero, queriendo encontrar las señas de una conspiración internacional donde solo hay reclamo popular.

Tengo 30 años y soy un tipo permanentemente molesto. De algún modo, vivo así, como si cada día me lincharan en la televisión. En ese sentido, lo que ocurrió en la emisión del noticiero que nos dedicaron al Movimiento San Isidro y a mí no fue más que un trámite. Por una razón u otra, no es algo personal. Todo el mundo en este país vive con una piedra metida en el zapato o como si llevara unos lentes sucios, mal graduados.

El enojo es el sentimiento generalizado entre los cubanos, la incomodidad constante, incorporada; más que el miedo, el hartazgo o el entusiasmo ciego y doctrinario. Por las calles del comunismo caminamos como quien se pone tacones para atravesar un suelo de adoquín. Hacemos malabares para no caernos, simulando normalidad, hasta que algunos, desesperados por el contorsionismo, se doblan el tobillo. Protestar luego por ese esguince sin cura es lo que hace que te llamen enemigo del pueblo.

Lo que el Movimiento San Isidro expresa entonces, como una articulación dolida, es el reclamo de un país lesionado. La resistencia de este grupo, liderado por el artista Luis Manuel Otero Alcántara, dura ya varios años, y no los consiguen acallar. La represión que soportaron ahora no parece tampoco haber sido en vano. Al día siguiente, en un gesto inédito, centenares de jóvenes y artistas se reunieron en las afueras del Ministerio de Cultura para pedir el reconocimiento pleno de los espacios culturales independientes y el cese de la censura ideológica en el arte.

Después de horas de espera, se efectuó la reunión con los funcionarios. Treinta artistas elegidos de manera democrática presentaron las demandas de la comunidad allí reunida. Lo que ha acontecido luego era previsible: el incumplimiento por parte del poder político de los puntos principales de un acuerdo meramente verbal. El acoso, el descrédito en la prensa y el lenguaje beligerante de los máximos representantes del régimen ha arreciado en redes como Twitter, y algunas de las figuras principales presentes en la reunión, como la artista Tania Bruguera han sido detenidas.

El régimen militar cubano no parece ya tan infranqueable. Aunque a corto plazo no hay que esperar nada del gobierno —de momento, se han negado a continuar con el diálogo—, hay señales valiosas que no se deben ignorar: el hecho de que muchos jóvenes habaneros se hayan convertido en ciudadanos por unas horas y que un ministerio recibiera a artistas que durante años se ha encargado de desprestigiar.

Son pasos que, si bien pequeños, deberían conducir a una conversación nacional. No con ningún actor secundario y escurridizo, como un ministro. Hay que exigir una reunión con el presidente Miguel Díaz-Canel. Mis minutos en la televisión pasan, pero algo tiene que quedarnos de esta lucha.

Carlos Manuel Álvarez
The New York Times en Español, 7 de diciembre de 2020.

lunes, 4 de enero de 2021

Comerse uno mismo



Lo que los cubanos buscan en la comida al final no es comida. Las largas colas para comprar un pedazo de pollo o unos files de huevos no son al final las largas colas para comprar un pedazo de pollo o unos files de huevos. La razón por la que las colas nunca terminan no es porque escasee precisamente el alimento o el producto que ese día milagrosamente ha aparecido y todos salen en desbandada a comprar. Lo que escasea es otra cosa, cifrada, que la gente intuye.

La gente toma su pedazo de pollo y sus filas de huevos después de horas de trabajo en el trapiche de la nada y miran extrañados aquello que el vendedor, desfallecido y cansado, les ha puesto en sus manos desfallecidas y cansadas, y la gente se dice a sí misma: «Esto es lo que estaban vendiendo, pero esto no es lo que yo vine a comprar, aun cuando me haya convencido de que esto es lo que vine a comprar». Luego la gente llega a su casa y administra el pedazo de pollo y los files de huevo. Van comiendo siempre un poco, hasta donde alcance, apaciguando al animal del hambre, volviéndolo dócil, pero sin poder matarlo nunca. La gente come para anestesiar algo que no pueden curar. La comida en Cuba es como un medicamento que no sana, sino que alivia por un rato. Es justo que paguemos ese precio, pues ¿por qué habría que pedirle al animal del hambre que se tranquilice con comida?, si sabemos que eso nunca va a suceder.

Una vez más hay que a salir a la calle, a comprar aquello que nos hemos convencido que salimos a comprar, hasta que el vendedor desfallecido y cansado nos pone el producto en nuestras manos desfallecidas y cansadas y nos damos cuenta por enésima vez de que lo que estaban vendiendo no era precisamente lo que habíamos ido a comprar. Hay gente que se ha pasado la vida entera, día a día, dándose cuenta de esto. Pero ese darse cuenta hay que entenderlo como una noción entre brumas, algo que se sospecha, que no logra dibujarse aún del todo y que siempre se mantiene en estado de duermevela, entre derretido y fugaz. Mejor así, decimos, antes de que la bestia del hambre nos lance el zarpazo final.

La bestia del hambre ruge en casa y hay que inyectarle el calmante de la comida. Incluso, si se aguza el oído, puede escucharse a lo largo de Cuba el rugido sordo de todas las bestias del hambre sincronizadas, cantando al unísono su melodía de mínimo espanto, secuestradas en las jaulas de los cuerpos desfallecidos y cansados. Desgracia imperceptible, evidencia íntima. Cuerpos, además, de los que el hambre tampoco quiere escapar. Su secuestro es también una estancia voluntaria, porque esas hambres fueron incubadas ahí, crecieron ahí, no quieren ni sabrían irse ya a otro lugar. Conocen esas anatomías tal como los héroes conocen a sus patrias y los dictadores a sus pueblos. Han moldeado la figura de esos cuerpos tal como los héroes moldean las figuras de sus patrias y los dictadores las figuras de sus pueblos.

En Un artista del hambre, el cuento de Kafka que quizá me haya perturbado por más tiempo después de su lectura, el ayunador agoniza dentro de su jaula circense y le dice a todos que lo perdonen, pero solo lo escucha el inspector, pegado a la reja (¿quién, si no el inspector, va a escuchar?). «Sin dudas», dice, «todos te perdonamos». El ayunador había deseado toda la vida que lo admiraran por su resistencia para no probar bocado, y cuando el inspector le responde que, en efecto, lo han admirado, el ayunador contesta que no debieron hacerlo, porque ayunar le era forzoso, no podía evitarlo. ¿Y eso por qué? Pues porque nunca pudo encontrar comida que le gustara. «Si la hubiera encontrado, puedes creerlo, no habría hecho ningún cumplido y me habría hartado como tú y como todos», fueron las últimas palabras del ayunador.

Los huelguistas de San Isidro son un poco el ayunador. Han buscado por toda Cuba una comida que les gustara, han querido hartarse como los demás, pero no han podido encontrarla en ningún lugar. Y he ahí que, como la libertad sólo se encontraba en ellos, empezaran a comerse a sí mismos.

Carlos Manuel Álvarez
El Estornudo, 3 de diciembre de 2020.