lunes, 6 de septiembre de 2021

La isla de los ancianos


Los jóvenes cubanos sólo piensan en irse. No tienen otra cosa en la cabeza. Irse, largarse, darle la espalda a una situación invivible, de ataque de ansiedad. Quieren salir y dejar de padecer. Las consecuencias son evidentes al caminar por la calle. Imagínense andar un país donde sólo hay ancianos, viejitos machacados por la vida que caminan despacio, sin apuro, porque ya la vida les dio y les quitó, digo, porque ya Cuba les dio y les quitó todo lo que iban a tener. Esos viejitos se levantan de madrugada para poder comprar uno o dos panes para el desayuno. Tienen que hacerlo a esa hora porque no podría ser a ninguna otra.

En Cuba, dada la grave situación de escasez y desabastecimiento, hay que madrugar para encontrar comida en las tiendas, en los mercados, en los agros. Cuando sale el sol ya es tarde, a esa hora lo poco que se puso en las tarimas, estantes y vidrieras, ya se vendió a los que madrugaron. Así es con todo. Si quieres tener papel sanitario, madruga. Si quieres tener un muslito de pollo, madruga. Si quieres tener culeros desechables para el bebé, madruga. Si quieres comprar una colcha para limpiar el piso, detergente o jabón, madruga. No son lujos, sino necesidades básicas que implican dormir poco, sin que eso garantice cubrirlas todas.

A raíz de la pandemia, el gobierno tiene impuesto un toque de queda que comienza a las nueve de la noche y acaba a las cinco de la madrugada, así que por las noches los cubanos se suben a los árboles, se esconden en pasillos, balcones y hasta alcantarillas. En las madrugadas pasan patrullas de policía velando una ciudad que parece vacía, pero que en realidad está repleta. La Habana no duerme. No duerme porque si lo hace no sobrevive. Hay que dejar de dormir para comer, para bañarse, para asearse, para tomarse una cerveza o un trago de ron. Una vez que las luces azules y rojas de las patrullas de policía se alejan, la gente en las ramas de los árboles puede acomodarse un poco, puede destapar las alcantarillas para respirar aire fresco y que se escape el tufo subterráneo que los envuelve, puede asomar las cabezas en los pasillos, en los balcones. Y a las cinco de la mañana, por fin, cuando termina el toque de queda, el premio al bajar de los árboles es, quizás, ser el primero en alguna de las enormes filas que se forman para comprar cualquier cosa.

El único lugar donde uno encuentra jóvenes en Cuba es en el aeropuerto. Hay que ir allí para verlos largarse en masa. Siempre está repleto de jóvenes y de ancianos que van a despedirlos entre lágrimas. Las lágrimas no son de tristeza, son de alivio. Los ancianos lloran al saber que a sus familiares está a punto de cambiarles la vida y que cuando mayores no tendrán que verse como ellos ahora, como personas solitarias y sin aliento.

Cuba es hoy uno de los países más envejecidos de toda América Latina. El 21.3 por ciento de su población tiene más de 60 años. Se estima que para el 2025, los ancianos ya serán el 25 por ciento del país. Si la isla sigue esta tendencia, se espera que para 2050 Cuba sea la novena nación más vieja de todo el mundo y habrá perdido uno de los 11 millones de habitantes que tiene hoy.

Cuba es la isla de los ancianos. Porque a ellos ya no les interesa o no tienen la fuerza para emprender un nuevo viaje en sus vidas. Es triste ver los hogares de ancianos repletos, salones y salones llenos de viejitos muy solos, con bastones, sentados en sillones. En el barrio donde crecí hay uno que me quedaba de camino al parque donde me conectaba a internet. Recuerden que no fue hasta 2015 que el internet llegó a Cuba y que hasta 2019, si los cubanos queríamos conectarnos a la red, teníamos que ir a las pocas plazas públicas donde había antenas wifi, para navegar sentados en el contén de la acera, recostados en un poste de electricidad, bajo la lluvia, el sol o un árbol. Cada día, de regreso de ese parque al que iba a revisar mi mail, me quedaba sentado sobre un muro que había a un costado de ese hogar de ancianos.

Me llamaba la atención que al contrario de los viejitos que veía siempre solos caminando en la calle o en la fila para comprar el periódico o vendiendo maní, ellos estaban siempre sonrientes, alegres, conversaban entre ellos. Afuera del hogar tenían un portal con una fila de sillones donde se sentaban a convivir y siempre había alguno que se quedaba dormido. A pocos metros de ese portal tenían una mesa con cuatro sillas donde jugaban dominó. Una vez me acerqué para hacerles una foto y una señora me dijo: “Si nos vas a retratar, que sea para que cuando mires esta foto veas en lo que te vas a convertir dentro de unos años. Muchacho, no pierdas tiempo mirando lo que pasó ya y no tiene solución”.

Desde ese día, cada vez que iba al parque, pasaba por el hogar de ancianos y me quedaba un rato hablando con ellos. A veces les llevaba lo que encontraba por el camino: dulces, latas de refresco, algún helado, pero sobre todo, los escuchaba. No hay nada como escuchar un anciano. No tener nada que jugarse en lo que les queda de vida, los hace verlo todo con frialdad y puntería certera.

No es que sea altruista, pero si me quedaba con ellos era porque me percaté que cuando yo llegaba se les alumbraban los rostros. Yo era un extraño para ellos, un joven, mientras que ellos pasaban los días ahí, ya sea porque sus familias los habían abandonado o enviado a ese lugar para que no se sintieran tan solos como en casa, donde nadie podía abrir un hueco en sus rutinas para acompañarlos. Sentí que cada vez que me asomaba en la verja del hogar, les cambiaba el día. “Es que sólo vemos viejos y más viejos, y para viejos ya estamos nosotros”, me dijo un hombre gentil que siempre llevaba una gorra de béisbol y con el que hablaba de cómo era ese deporte antes de 1959, cuando Cuba era profesional.

La señora que los atendía también era una anciana, pero en mejor estado físico, aunque en cualquier momento pasaría de ayudarlos a sentarse entre ellos. Los que les llevaban la comida en un camión cada día, por el mismo estilo, y los pocos viejitos que recibían visitas, eran también de ancianos. Entonces, ellos no se alegraban por los dulces o los refrescos o el helado que les llevaba, sino por mí.

Según las últimas cifras, cada año se van de Cuba entre 40 000 y 44 000 personas, la mayoría de ellas son jóvenes. A eso hay que sumarle que si en 2020 nacieron en la isla 105 000 bebés, fallecieron —descontando los menos de 200 muertos que dejó la pandemia— 111 000 cubanos. Es decir, en Cuba mueren más personas de las que nacen, una tendencia que el gobierno confirmó con preocupación y que se mantendrá durante los próximos años.

No se puede pensar en el futuro de un país si no hay quién lo construya, si no hay cimientos posibles. Han sido tantos años en los que el gobierno no ha escuchado al pueblo, que al no poder cambiar las cosas, no le ha quedado de otra que bajar la cabeza y envejecer en casa o marcharse. Los 62 años de dictadura castrista en Cuba están comenzando a cobrar las cuentas. Los Castro nos volvieron un pueblo de ancianos, un pueblo triste, desojado. Un pueblo de viejitos caminantes que se mueven en masa de madrugada a comprar lo que pueden para sobrevivir lo que les queda de vida. Un pueblo en el que se nace, se crece y se migra.

Porque acá no hay comida, no hay medicinas y la gente no puede siquiera decir “esta boca es mía”, sin terminar en un calabozo, procesada por eso que el castrismo llama “diversionismo ideológico”, y que no es otra cosa que pensar diferente al gobierno, que pensar por la propia cabeza. Por eso, cuando salgo a la calle con mi hijo, la gente me mira como si fuéramos una rareza, y es que lo somos, pero en algún momento tanto él como yo también nos iremos. Y entones habrán dos jóvenes menos en esta isla de ancianos.

Abraham Jiménez Enoa
Gatopardo, 11 de junio de 2021.

lunes, 30 de agosto de 2021

Los planes para emigrar no cesan en Cuba


A las cuatro de la madrugada, el calor húmedo y pegajoso no deja seguir durmiendo a Alfredo, médico jubilado. Luego de permanecer unos minutos en la cama. se dirige al refrigerador, en busca de sobras de comida. Solo hay un pomo de pepinos encurtidos. Registra en el aparador de la cocina, a ver si queda café para una colada. Nada.

Al final desayuna un vaso de agua con azúcar y los tres o cuatro pepinillos que quedaban en el envase. A las cuatro y media, Arturo sale de la casa. Camina con sigilo por los desiertos portales, intentando que no lo vea un auto patrullero, pues las autoridades de La Habana prohíben la circulación de personas hasta después de la cinco de la mañana.

En los alrededores de la dulcería no hay un alma. Pero el custodio de una escuela le dice que no es el primero de la cola. “Dentro de la escuela hay cuatro personas esperando. Y unos vecinos del barrio me dijeron que les cogiera un turno”. El custodio se gana unos pesos extras escondiendo a gente de los alrededores que hace cola de madrugada. “Cada uno que escondo me paga cincuenta pesos. A veces ochenta o cien pesos, depende lo que vaya a sacar en el mercado”.

Arturo estuvo en misiones médicas en África y Venezuela. Con el dinero reunido (el régimen se queda con el 70 por ciento de los salarios), reparó su amplia casona y se compró un automóvil de la era soviética. Su plan después de retirarse era alquilar el auto. Pensaba que con ese negocio más dos mil pesos convertibles (cuc) guardados en el banco tendría una jubilación sin sobresalto. Pero llegó la ‘situación coyuntural’, una de las cíclicas crisis económicas que afectan al país.

“Para más desgracia, me chocaron el carro y el dinero que tenía en el banco, después de la Tarea Ordenamiento, perdió rápidamente su poder adquisitivo. En cuatro meses gasté los ahorros en comida, comprarle medicinas a mi esposa que es diabética y pagar la electricidad. Tengo el auto tirado en el garaje, en el patio. Lo estoy vendiendo en 10 mil dólares, no tengo dinero para repararlo. Pero no aparece comprador. Mi futuro está cifrado en ese dinero. Con lo que gano de pensión a la vuelta de un año nos morimos de hambre mi esposa y yo”.

Arturo cuenta que él y su mujer hacen una sola comida caliente al día. “Los primeros meses, cuando tenía dinero, compraba carne de res, pechuga de pollo, pescado y embutidos. Toda la plata se me fue en comida. Ahora comemos lo que aparezca: masa de croqueta o hamburguesas que venden en pesos o pollo, si alcanzo, tras dispararme varios días de cola. Estamos pasando hambre. Nunca pensé que al final de mi vida llegaría a una situación tan precaria”.

Al ex galeno no le ha quedado más remedio que conseguir un dinero extra que a él y su mujer les permita sobrevivir un poco mejor. Lo ha encontrado reservando turnos en las colas. “Cuando el cliente quiere comprar un electrodoméstico te puede pagar 500 o mil pesos. Por un freezer un poco más, quizás dos mil pesos. Además de la tremenda matazón, la policía es la que controla todo el negocio. Yo me pongo mi bata blanca de médico para que la gente se sensibilice, pero ni así. Es la ley del más fuerte”.

Con motivo del Día de los Padres, Arturo marcó en la dulcería para comprar tres cakes. “Cada cake costaba 250 pesos y los iba a revender a 400 o 500 pesos, si ese día traían cakes pues a veces no traen porque dicen que no hay harina o no hay huevos, aunque lo que no hay en Cuba es vergüenza”. Cuando el camión llegó, dejó solo seis cakes. “Los trabajadores se quedaron con tres y vendieron tres al público, a los tres primeros de la cola y no alcancé. Cada vez se complica más comprar en los mercados y centros gastronómicos del Estado, porque te apuntan tus datos en una libreta y no puedes volver a comprar en ese lugar hasta la semana siguiente”.

Si algo ha logrado el régimen es socializar la miseria. Hace décadas, los cubanos no saben lo que es desayunar, almorzar y comer diariamente, sin tener que hacer colas, pasar vicisitudes y tener que destinar la mayor parte de sus entradas en conseguir alimentos básicos, como arroz, frijoles, viandas, verduras, frutas, huevos, pescado, pollo, carne de cerdo, de res o de carnero. Lo mismo sean ciudadanos que han sido o son profesionales, obreros, empleados públicos, jubilados, amas de casa...

Algunos emprendedores privados consiguen ganancias cometiendo ilegalidades. El sistema les obliga a tener doble contabilidad, a no declarar los impuestos para evadir la rigurosa cuchilla fiscal. Los dueños de negocios reconocen que siempre están en el ojo del huracán. Cualquier operativo policial o decreto gubernamental los puede llevar a la cárcel. Para el régimen, los cuentapropistas son presuntos delincuentes. No reconoce legalmente la acumulación de propiedades y riquezas.

En la Isla, excepto la burguesía verde olivo, conformada por la élite del partido comunista y las fuerzas armadas, tal vez algunos artistas y deportistas de élite, nadie más está autorizado a disfrutar de un elevado nivel de vida. El resto vive con el agua al cuello, entre ellos los trabajadores estatales, quienes difícilmente pueden sostenerse con sus salarios, ni siquiera después de los últimos aumentos.

Los que más o menos consiguen sobrevivir son los que reciben remesas o los que viven del 'invento'. Eduardo, ingeniero, reconoce que a pesar de devengar un salario de cinco mil pesos, el dinero no le alcanza para mantener a sus padres, su esposa y tres hijos. Una vez terminada la jornada laboral, se dedica a reparar lavadoras, ventiladores y ollas eléctricas. “Pero me las estoy viendo negras. Estamos cocinando con el aceite que le sacamos al pellejo del pollo que me regala un vecino. Y aprovechamos los chicharrones para hacer arroz salteado. Estoy loco por irme del país. Aunque no tengo familia afuera ni recibo dólares, me parece que hasta en Haití voy a estar mejor que en Cuba”.

Rigoberto, forma parte de ese 40 por ciento de la población cubana que según cifras extraoficiales, no reciben dólares, euros u otras divisas. En los últimos tres años lo ha intentado todo para salir adelante. “He trabajado en la construcción, vendiendo ropa en el mercado negro o conduciendo doce horas un taxi colectivo. Pero la calidad de vida mía y de mi familia va cuesta abajo. Cada vez pasamos más trabajo para alimentarnos y pagar agua, luz, gas, teléfono. La casa se nos está cayendo encima y comer carne de puerco o pollo se ha convertido en un lujo. Me he tirado dos veces al mar en un bote y he fracasado. Haré lo que esté a mi alcance para irme, a cualquier país”.

A pesar de la pandemia y la restricción de viajes, cada vez más cubanos hacen planes para emigrar. Creen que ya en Cuba se agotaron todas las opciones.

Iván García


lunes, 23 de agosto de 2021

La gente sobrevive como puede en la jungla cubana


Es la ley del más fuerte. Solo los más pendencieros, oportunistas y ciudadanos sin valores pueden salir adelante. De arriba abajo, la actual sociedad cubana es una jungla. Un Estado fallido que vive de la propaganda ideológica, promesas que nunca cumple y una caótica economía de subsistencia.

Si le pregunta a Magda, una habanera de 40 años que se dedica a revender las mercancías que compra en tiendas exclusivas por dólares y ha convertido las extensas colas en un negocio, le dará escueta respuesta: "El sistema te obliga". Se queda callada unos segundos y luego argumenta:

“El sistema cubano funciona por castas. A los mayimbes no les falta nada, tampoco a altos oficiales de las fuerzas armadas. Les dan casas, jabas de comida y pueden ir de vacaciones a villas de recreo a precios módicos. Los funcionarios de nivel medio del partido también tienen sus pequeños privilegios. Los cuadros (dirigentes) del turismo, comercio interior y otros ministerios y grandes empresas, viven de robar y lucrar con alimentos, combustible y materiales de la construcción. Nosotros, los de abajo, los marginales, casi todos negros que vivimos en la pobreza, tenemos que ripiarnos por las migajas. Donde se pueda hacer dinero allí estaré. No me importan las broncas ni le tengo miedo a la policía. Problema me llamo yo”.

Y con voz pausada, Magda cuenta que desde niña tuvo que lidiar con la violencia familiar, maridos que le pegaban y riñas en el barrio. “He estado presa dos veces. Allá dentro hay que ser una leona. No es que yo sea una mala persona, pero no tengo demasiadas opciones. O me cruzo de brazos y mis hijos se acuestan sin comer o salgo a pelear el dinero y la jama en el asfalto. Las necesidades me obligan a luchar como una fiera para salir adelante”.

Como Magda, en la capital y en otras provincias, muchas mujeres y hombres se ganan la vida organizando colas en las tiendas por dólares, adquiriendo alimentos para revender y sobornando a policías y funcionarios que supuestamente deben velar por la disciplina social. “También tienes que soltarle un billete a los gerentes y empleados de las tiendas. Hay gente que se pasa una semana haciendo cola y nunca alcanza lo que necesita. Si no le paga a un colero 500 o mil pesos no consigue nada. Si es un freezer tiene que pagar 70 o 100 dólares. Es duro, pero ahora mismo en Cuba impera la ley de la selva”, explica Magda.

En cualquier tienda de La Habana, los coleros han organizado una estructura corrupta en componenda con las autoridades y empleados de los comercios. En las afueras del mercado de 5ta. Avenida y 42, Miramar, medio millar de personas esperan para entrar a comprar. Un policía explica que solo se entregarían 150 turnos. "El resto, por favor márchense a sus casas", dijo. Quienes en las colas no alcanzan turnos, tienen una alternativa: comprar a mayor precio alimentos y artículos de aseo guardados en domicilios cercanos al mercado o tienda.

Llamémosle Hiram, que se dedica a recorrer las colas y en voz baja vende turnos a mil pesos. “En este país hay tres tipos de cubanos. Los que mandan, que hacen los que les da la gana y no rinden cuenta a nadie. Los que no tienen más remedio que aguantar callados el pie que les mete el gobierno. Y los opositores, que son guapos, pero sin armas no van tumbar al régimen. La mayoría de la población tiene pánico meterse en la disidencia, porque te pueden condenar a una pila de años. Los delincuentes tampoco quieren saber nada de la oposición. Sin embargo, existe un pacto no escrito entre el gobierno y el bajo mundo: te dejan hacer mientras no te metas en política", opina Hiram y añade:

“Por eso tu ves en los peores barrios habaneros a un montón de gente vendiendo cosas que son robadas y la policía ni se aparece por allí. Los vendedores de drogas, por lo general, trabajan para la policía, igual que las jineteras de más nivel. A mí no me gusta el comunismo. En 1980, con 23 años, me metí en la embajada de Perú. Éramos diez mil personas y Fidel nada más que enviaba mil cajitas de comida y pomos de agua. Lo hacían para ponernos a fajar entre nosotros. Ahora es lo mismo. La estrategia de Díaz-Canel, lo ha dicho, es arrancarle un pedacito a los problemas, no solucionarlos. Estuve en Estados Unidos y caí preso, me devolvieron como indeseable. Tengo que vivir de algo. Y lo mejor que sé hacer es estar en el gorileo, las broncas y las ilegalidades. Cuando tu ve a dos viejos fajados por un paquete de salchichas te das cuenta que las cosas en este país no funcionan”.

Para un alto porcentaje de los cubanos es un drama alimentarse, comprar jabones o medicinas. Cualquier trámite demora cinco o seis horas. La atroz ineficiencia del modelo económico verde olivo obliga a los ciudadanos a recorrer grandes distancias y hacer colas kilométricas para tratar de conseguir un rollo de papel sanitario o un pomo de refresco.

En medio de la escasez, la eterna crisis económica y el sostenido rebrote de la pandemia, que prácticamente ha colapsado el sistema sanitario de La Habana, las autoridades, en vez de enviar de regreso a los miles de especialistas y médicos que laboran en el extranjero para ingresar dólares al Estado, apuesta por traer galenos de otras provincias. La salud pública vive horas bajas en Cuba. Falta personal sanitario, decenas de ambulancias están paradas por falta de piezas de repuesto y existe un déficit brutal de antibióticos, jeringuillas y medicamentos.

Una doctora dijo que “los médicos y enfermeras que trabajan en primera línea, atendiendo el Covid-19 están agotados. Son muchos meses trabajando en precarias condiciones. Sin la seguridad requerida y con muy mala alimentación. La propaganda del gobierno asegura que la salud pública funciona de maravillas, pero es mentira. Escasea desde el agua hasta la gasa y el algodón, sin contar los equipos médicos rotos” .

Carlos, sociólogo, considera que “en tiempos de crisis económicas salen a relucir las peores cualidades de los seres humanos como el egoísmo y la insolidaridad. Los valores cívicos se van deteriorando. Y a la vez, aumenta la especulación, el robo y el abuso a los más débiles”.

Por estos días, un queso Gouda de tres kilogramos, que en las tiendas por divisas cuesta entre 25 y 27 dólares (625 y 675 pesos al canje oficial), se revende en el mercado negro a 1,900 o 2,100 pesos. Una libra de pollo de 20 pesos se revende en 50 o 55 pesos. La libra de frijoles negros que hace un año costaba 10 pesos ahora cuesta 60. El kilogramo de leche polvo que costaba 40 pesos se oferta en 300 o 350 pesos. Dos paquetes galletes con crema y tres de galletas saladas, cuyo precio era 70 pesos no se consigue por menos de 700 pesos. Y lo peor, con dinero en el bolsillo no siempre lo encuentras.

Los mayores especuladores son las empresas comerciales del régimen. Los alimentos que ofertan en las tiendas por dólares, las llamadas MLC (moneda libremente convertible) obtienen márgenes de ganancias que a veces supera el 300%, asegura un funcionario de la cadena TRD Caribe. Y pone un ejemplo: “Un refrigerador side by side de la marca Samsung aquí cuesta 1,870 dólares, en una tienda minorista en México no llega a los 1,500 dólares. Es abusivo. Si no te mata el revendedor con sus precios especulativos te da la puñalada el Estado con sus precios inflados”.

La Cuba actual es un despropósito. Una mezcla salvaje de un disfuncional socialismo estilo soviético con un capitalismo rudimentario de corte feudal sostenido por una infraestructura pública semejante a la de Zimbabwe y precios comparables a los de Suiza. El castrismo sigue alardeando de que su imperecedera revolución se hizo por los humildes y para los humildes.

Pero la realidad es que en la Isla los más pobres comen caliente una vez al día y viven en precarias chozas de trozos de aluminio y cartón. El modelo cubano es una foto fija de burocratismo rampante, corrupción a todo gas y funcionarios mediocres. Y en esa jungla, la gente se las tiene que agenciar como puede para sobrevivir.

Iván García


lunes, 16 de agosto de 2021

¿Le interesan al régimen los negocios privados y la alimentación de los cubanos?


El 4 de julio de 2016, en la espléndida residencia del Encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba, ubicada al oeste de La Habana, se celebraba el Día de la Independencia de ese país. Cientos de invitados picaban entremeses, bebían vino tinto o cerveza fría y en pequeños grupos charlaban sobre diversos temas. Tras el restablecimiento de relaciones el 17 de diciembre de 2014, la buena sintonía entre los pueblos de los dos países se notaba.

En las largas mesas con manteles blancos y en las carpas instaladas en los jardines, usted veía a reconocidos artistas, gerentes de empresas, prelados de la Iglesia Católica, además de activistas, opositores y periodistas independientes. Un blues se escuchaba de fondo mientras conversaba con un empresario español radicado en la Florida, que me contaba cómo la descomunal burocracia estatal le impedía abrir una línea de ferry entre La Habana y Miami.

Aquel 4 de julio, recordé que en noviembre de 2015 Saul Berenthal y Horace Clemmons, de la empresa productora de tractores Cleber, con sede en Alabana, fueron noticia porque querían instalar en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel una ensambladora de pequeños tractores. Un negocio beneficioso para la improductiva agricultura cubana, sobre todo para los campesinos particulares y las cooperativas agrícolas. La intención de Berenthal y Clemmons era vender los tractores en moneda nacional. Parecía que las autoridades cubanas iban aprobar el negocio, era provechoso para ambas partes. Ya la firma Sheraton había inaugurado un hotel en Miramar con la empresa militar Gaviota.

Un día sí y otro también, estadounidenses famosos visitaban La Habana y recorrían la ciudad en antiguos autos descapotables. Los viajeros procedentes de Estados Unidos se asombraban de no ver publicidad en La Habana, no tener conexión a internet y lamentaban el deterioro de edificaciones que eran joyas arquitectónicas. En las calles habaneras, Barack Obama era más popular que Fidel y Raúl Castro. En balcones, bicitaxis y taxis colectivos, se veía la bandera estadounidense al lado de la cubana, Paladares y hostales privados estaban a reventar. En el Sloppys Joe’s, un bar ubicado al costado del Hotel Sevilla que antes de 1959 frecuentaba el actor Errol Flynn, entre mojitos y emparedados de 'ropa vieja' (carne de res deshilachada), un cantinero me dijo que en un día malo, ganaba 150 dólares de propina gracias a los turistas americanos.

En ese ambiente de luna de miel popular, donde ingenuamente una gran cantidad de cubanos creían que a la vuelta de diez años, de nuevo florecerían rascacielos en La Habana y se abrirían sucursales de Starbucks y McDonald’s, yo suponía que el empresario español de la Florida estuviera optimista. Pero el gobierno había tirado del freno de mano. La prensa oficial y los funcionarios de la dictadura acusaban a Obama de no hacer lo suficiente para desmontar el embargo. Y los amanuenses alertaban del ‘peligro’ cultural que representaba miles de turistas estadounidenses en la Isla.

Aquella tarde de 2016, desconocía que la orden de los hermanos Castro era regresar a la trinchera de la Guerra Fría. El empresario español me alertó: “No les interesan los negocios que beneficien al pueblo. Todos los negocios tienen que ser con empresas militares y que dejen buenas ganancias. Le conté a un alto funcionario del gobierno mi proyecto de abrir un ferry, que abarataría los costos de viaje. Además los cubanos residentes en la Florida podrían traer 300 libras de equipaje y hasta automóviles. El funcionario me dijo en privado que eso no le interesaba al gobierno, pues afectaría a las empresas militares que administran las tiendas en divisas. Y me confesó que a ellos el negocio que les interesaba era el de los cruceros”.

Obama aprobó al menos tres paquetes de medidas que favorecían al sector privado. Cuando usted charla en confianza con emprendedores privados, reconocen que el bloqueo interno, la desconfianza del gobierno y los excesivos impuestos y controles les afecta más que el embargo estadounidense. Dos dueños de negocios, que estuvieron en el encuentro con Obama, expresaron que “si el gobierno quiere, nosotros podemos importar alimentos, materias primas y otros artículos de Estados Unidos”

Uno de ellos me dijo que “importaba cortes de carnes de res de Canadá. Pero cuando las autoridades se enteraron se lo prohibieron. No hay una voluntad manifiesta de que prosperen los negocios particulares. Todo eso lo dicen los gobernantes de boca para afuera. Pero la realidad es otra. Te ahogan con impuestos absurdos, controles excesivos y mucha corrupción. Te obligan a hacer trampas y cometer ilegalidades para poder ser rentables”.

Fue el régimen el que nunca aprobó ni le importó, que las medidas aprobadas por la administración Obama fortalecieran al sector privado. A la dictadura y sus empresas militares jamás le interesó la apertura de negocios que beneficiaran a las familias de los emigrados autorizando a traer cientos de libras en sus viajes en ferry. Es el gobierno el que cobra excesivas sumas de dinero por los envíos de los emigrados en el extranjero. Una caja de cinco kilogramos enviada por correo a Cuba, para el destinatario recibirla tiene que pagar alrededor de dos mil pesos. Es una forma de desalentar la importación a los parientes pobres de la Isla.

El gobierno cubano miente, cuando sus funcionarios intentan vender el relato de ‘que es el bloqueo norteamericano es el que afecta a la familia cubana’. Al régimen jamás le ha importado su emigración, excepto si la apoya y no expresa públicamente sus diferencias.

En la primavera de 2015 cubrí el éxodo de cubanos en Centroamérica junto con Celeste Matos, formidable reportera afincada en la Florida. Recorrimos Costa Rica de una punta a la otra, desde Paso Canoas, en la frontera con Panamá, hasta Peñas Blancas, limítrofe con Nicaragua. Decenas de cubanos me expresaron que la Embajada de Cuba en San José nunca les brindó ayuda ni asesoría legal. Los emigrados cubanos solo son útiles al régimen como cajeros automáticos.

Jamás la autocracia ha pedido perdón por los atropellos y linchamientos verbales a los cuales sometieron a los cubanos que deseaban emigrar. Según un ex oficial del Ministerio del Interior, en 1980, Fidel Castro ordenó entregar solamente dos mil raciones de comida durante la ocupación de más de diez mil cubanos en la Embajada de Perú. "Lo hizo ex profeso, para crear disturbios, broncas y presentarlos al mundo como una escoria salvaje". Unos días después, liberó a cientos de criminales peligrosos y enfermos mentales para contaminar el éxodo por el Puerto del Mariel.

El régimen cobra altísimos precios a los emigrados cubanos por sus pasaportes y permisos para visitar su patria. Emigrados que no tienen absolutamente ningún derecho político. No pueden votar ni elegirse para cargos públicos. Esta nueva medida de suspender el uso del dólar es otro acto de soberbia contra la emigración y sus parientes en Cuba. Las autoridades, por culpa del manicomio económico, mala administración y la improductividad del sector estatal, una especie de huelga de brazos caídos de los trabajadores debido a sus salarios insuficientes, no pueden ofrecer una vida digna ni servicios públicos eficientes a la población.

Hay diversas formas de desmantelar el embargo. Todavía están vigentes las medidas aprobadas por Obama, por lo que si el Estado permitiera al sector privado importar de Estados Unidos alimentos y bienes, para posteriormente venderlos en sus negocios, aliviarían el feroz desabastecimiento.

El propio gobierno puede comprar alimentos en Estados Unidos, lo único que tiene que pagar por adelantado. Si, según funcionarios del Banco Central, tienen las bóvedas repletas de dólares, podrían comprar toneladas de carne de res, pescado y embutidos además del tradicional pollo congelado. Si el régimen es incapaz de garantizar el abastecimiento y producción de alimentos, ¿por qué no permite a cadenas extranjeras importar y vender alimentos en Cuba?

La dictadura solo dicta medidas que les permitan mantenerse en el poder. Detestan los negocios privados. Han prohibido que los cubanos acumulen riquezas. Hablan de autorizar las inversiones de cubanos residentes en el exterior, pero dilatan la aprobación, porque resulta un contrasentido que sus adversarios ideológicos regresen a Cuba como empresarios de éxito. Cada nueva medida impopular que decreta el gobierno presidido por Miguel Díaz-Canel profundiza su propia tumba. Los sistemas autoritarios de corta y clava se desmoronan por sí mismos. Cuba no va a ser la excepción.

Iván García
Foto: Yuca hervida, almuerzo de un trabajador de Holguín. Tomada de Diario de Cuba.


lunes, 9 de agosto de 2021

Según la moneda que tengas, así comerás en Cuba



Después de cenar, a Sergio, 56 años, le gusta sentarse en el balcón a fumar con calma un cigarro y desde allí observar el barrio, mientras una ligera brisa nocturna refresca la canícula primaveral. La rigurosa crisis económica que se vive en Cuba ha trastocado sus hábitos. Se sigue levantando a la cinco de la mañana para ir a trabajar en un taller de mecánica automotriz.

“Un buen mecánico de automóviles tiene asegurado una entrada extra de dinero. Hace dos años, cuando salía del taller, compraba pan, jamón y una botella de vino tinto chileno para acompañar con la comida. No era rico, no me sobraba el dinero, pero vivía sin estrechez. Desayunaba, almorzaba y comía. Los fines de semana íbamos a la playa o a comer a un paladar. Ahora, desde que comenzó la ‘situación coyuntural’, la jugada se ha puesto super apretada. Si no es por mi hermano que me envía 200 dólares mensuales estuviéramos pasando hambre”, comenta.

Rosario, la esposa de Sergio, ama de casa, es la que lleva las cuentas de la casa en una libreta escolar. “Nuestra hija estudia en la universidad. En la casa entran dos sueldos, el de mi marido, y el de nuestro hijo, ingeniero de profesión. Entre los dos ganan 9 mil pesos". Muestra la libreta y dice: "En el mes de mayo ya hemos gastado 36,100 pesos". A continuación, comienza a desglosar los gastos:

“El salario de mi esposo da para pagar sólo las facturas de la luz y el agua. De electricidad estamos pagando unos 3 mil pesos mensuales y en el verano llegaremos a 4 mil. Tenemos dos aires acondicionados, lavadora, tres televisores y varios electrodomésticos y eso en Cuba el gobierno lo considera un lujo y te lo cobra carísimo. Pero el gasto gordo es la comida. Esos 36 mil pesos se han ido en comida. Somos de las pocas familias que desayunan, almuerzan y comen cada día. Y con un mínimo de calidad, pues compramos vegetales, frutas, viandas, sazones naturales, carne de res, cerdo, pescado y pollo. El problema es que los precios aumentan cada semana. Mi esposo tiene que buscar dinero por la izquierda después que termina en el taller, suele trabajar de catorce a quince horas diarias. Y si nos alcanza el dinero es por los 200 dólares que envía mi cuñado. De esa cantidad, separamos 150 para adquirir alimentos y artículos de aseo en las tiendas por dólares. Los 50 dólares restantes los vendemos (actualmente se cotiza un dólar por 65 pesos). Así y todo, a duras penas llegamos a fin de mes. No quiero ni imaginar cómo viven en Cuba los que no reciben dólares", expresa Rosario.

Una de las familias que no reciben remesas es la de Yoel, profesor de inglés. En un apartamento ruinoso de tres habitaciones al sur de La Habana, vive con su esposa, tres hijos varones y sus padres, siete personas en total. “Mi mujer trabaja en una farmacia y mis padres están jubilados. Mis hijos tienen 8, 11 y 14 a años. Nos las estamos viendo negras para alimentarnos. Bueno, para mal alimentarnos”, aclara.

Elvira, la esposa, cuenta que la frustración y el estrés le está pasando factura a su salud. “No es fácil darle de comer a siete bocas. Algunas noches mi marido y yo comemos un pan con tomate para que los niños y los viejos se vayan a la cama con algo caliente en el estómago. Es terrible. No sé hasta dónde va aguantar el pueblo”. Yoel se rasca la cabeza. “El salario de los dos, más las pensiones de los viejos, se va en comida. Y de la mala. Lo que toca por la libreta, croquetas que explotan, masa de hamburguesa, picadillo de soya y otros engendros".

Yoel confiesa que sus hijos no comen carne de res ni pescado desde hace seis años. "Como ya cumplieron los 7 años, el gobierno les quitó la cuota de leche y la libra de leche en polvo anda por los 350 pesos el kilogramo. Cuando podemos comprarle una bolsa de leche en polvo, tenemos que escondérsela, porque quieren comérsela a cucharadas. Es que siempre tienen hambre. A veces no hay ni pan que darles y de confituras ni hablar. El más pequeño cumplió años hace unos días y no pudimos comprarle ni cake ni refrescos. El cake más barato costaba 600 pesos. Le compramos un pie de coco y unas torticas que estaban malísimas, pero a los diez minutos no quedó ni la boronilla. Para sobrevivir en Cuba obligatoriamente tienes que tener dólares. De lo contrario vives en la extrema pobreza”.

En la Calzada del Cerro y Arzobispo, en una pequeña tienda MLC (moneda libremente convertible), alrededor de treinta personas hacen cola para comprar lavadoras, freidoras y aires acondicionados. El tema recurrente es la inflación y el valor del dólar. En una semana, un dólar estadounidense pasó de cotizarse de 50 a 55 pesos a venderse entre 60 y 65 pesos. Un señor mayor indica que incluso a ese precio es difícil conseguirlo. “Yo tuve que pagar 70 pesos por cada dólar. De seguir subiendo, en julio o agosto llegará a 90 y 100 pesos", pronostica.

Marta, quien se gana la vida revendiendo alimentos y electrodomésticos considera que “mientras no haya vuelos de la yuma (Estados Unidos) pa’la isla, el dólar va a seguir subiendo. La mayoría de las cosas, desde puré de tomate hasta champú, hay que comprarlas en dólares. Esto nada más pasa en Cuba. Si en otro país tu pagas los salarios con una moneda y vendes las mercancías en otra, la gente se tira a la calle y saquea los mercados”.

Ortelio, economista, opina que el dólar está llegando a la peligrosa frontera de la insostenibilidad. "Falta muy poco para que el billete verde deje de ser negocio para un grupo amplio de personas dedicadas a la reventa, porque para tener un mínimo de ganancias tienen que vender a precios que nadie podrá pagar. Por ejemplo, un queso que cuesta 25 dólares ahora se vende a 2,400 pesos, que era el valor de 100 dólares hace año y medio. Una caja de cerveza que cuesta 24 dólares, en el mercado negro se vende a casi 4 mil pesos. La inflación devoró hace rato el salario mínimo (2,100 pesos). Y está dejando inoperante el salario de un profesional que fluctúa entre 5 y 7 mil pesos. Si el gobierno no decreta pronto una reforma económica seria, Cuba camina aceleradamente hacia una hiperinflación", subraya y agrega:

"Han puesto parches económicos que no han funcionado, dictan medidas que no incentivan la producción y no otorgan ayudas financieras al sector privado, que pudiera ser una palanca importante en las futuras transformaciones socioeconómicas. Esto ha generado que casi el 40 por ciento de los cuentapropistas hayan entregado sus licencias o estén en bancarrota. El gobierno no debiera descalificar a un sector de la emigración, amenazándolo de que pueden ser sancionados por sus diferencias políticas. Ese segmento es el que tiene más dinero. Al contrario, debieran aparcar las diferencias ideológicas y seducirlos para que inviertan en su país. Ahora mismo, Cuba es lo más parecido a un meteorito en caída libre. Nadie sabe dónde va caer ni qué daños va a provocar”.

Con cualquier cubano que usted hable, se puede discrepar en muchos temas, pero todos coinciden que algo va a pasar.

Iván García
Foto: Tienda en MLC. Tomada de Juventud Rebelde (El primer día de las nuevas compras en MLC - Juventud Rebelde - Diario de la juventud cubana).

lunes, 2 de agosto de 2021

Cubanos, rehenes en una nueva "guerra de la moneda" con Washington



Después que usted pasa la barriada de La Víbora, a 25 minutos en automóvil del centro de La Habana, transitando por la angosta y sucia Calzada de Diez de Octubre llegará al crucero de La Palma, un lugar donde confluyen cuatro vías importantes de la capital. A poco más de un kilómetro de la concurrida intersección, se encuentra La Lira, un distrito de casas bajas y feas, algunas a medio a construir con sus paredes en el puro repello, en el municipio Arroyo Naranjo, uno de los más violentos de la capital.

“Al día siguiente que el gobierno prohibió aceptar dólares, un montón de gente apostó una pasta gorda a varios números o combinaciones de números relacionadas con dinero en la charada china. Varios clientes tuvieron suerte y se ganaron un baro larguísimo”, cuenta Jesús, ex jefe de sector de la policía que ahora se dedica a recoger apuestas en el negocio de la bolita, una popular lotería ilegal que funciona en Cuba y ha sobrevivido a cambios de gobiernos, huracanes, redadas policiales y crisis económicas.

La bolita es casi el deporte nacional en la Isla. Aunque es clandestino, como el Paquete y la venta de alimentos robados en almacenes estatales, el engranaje funciona tan exacto como un reloj suizo. Se juega del uno al cien y cada número tiene diversos significados. Se premian tres números. Uno fijo, por el cual se paga cien pesos o más -de acuerdo al poderío económico del banco- por cada peso apostado y dos corridos, a veinticinco o treinta pesos. También se juega el parlé, una combinación de dos números, que si salen ambos, el jugador gana entre 900 y mil pesos por cada peso apostado.

En la bolita habanera, explica Jesús, se acepta cualquier moneda. “Euros, libras esterlinas, francos suizos... También transferencias bancarias. En el caso del billete verde, el banquero le ponía un valor superior a como se cotizaba en la calle. Si estaba a 70 pesos el dólar, el banco lo valoraba a 75. Algunas personas que tenían ‘fulas’ se jugaban una buena cantidad intentando ganar miles de pesos. En estos días, después de la medida dictada por el gobierno, seguimos aceptando dólares. Ahora valoramos un dólar a 70 pesos. Y muchísima gente está pagando en dólares. Después del día 21, cuando los bancos estatales no acepten más dólares, lo vamos a valorar a 60. El dólar siempre será macho. Recuerda que la mayor parte de los emigrados cubanos están en Estados Unidos. Y vale en cualquier parte del mundo”.

Ahora mismo, el tema de conversación en Cuba es la suspensión temporal del régimen a aceptar dólares estadounidenses en su sistema bancario. En una encuesta exprés entre 44 personas. Veintitrés reciben remesas de Estados Unidos, nueve de España, Italia y otros países de Europa o América Latina y los doce restantes no reciben dinero del extranjero. Las 32 personas que reciben remesas, coinciden que es una medida arbitraria, no frenará la devaluación del peso cubano y acelerará la inflación. A continuación, opiniones de cuatro encuestados.

Niurka, ama de casa, piensa que “quizás el dólar baje su valor, pero jamás a los 24 pesos que paga el gobierno. ¿Qué va suceder? Que los parientes en Estados Unidos enviarán el dinero en otra divisa, preferentemente euros, porque después del 21 de junio, un euro, que ahora vale 80 pesos, costará 120 pesos o más”.

Josuán, taxista particular, considera que la estrategia del régimen es pésima por donde quiere que se le mire. “Han sustituido una moneda fuerte por otra. Con la diferencia que en Cuba entra diez veces más dólares que euros. Lo que va a pasar es que el dólar se cotizará entre 50 y 60 pesos, pues la gente que viaja para comprar pacotillas lo va a necesitar y los que guardan sus ahorros debajo del colchón van optar por utilizar el dólar como moneda refugio”.

Las nueve personas que no reciben divisas extranjeras, con diversos matices, concuerdan que el problema no es el dólar. “El culpable es el gobierno. Deben cerrar las tiendas en MLC (moneda libremente convertible) y vender en pesos. ¿En qué país del mundo usted trabaja y cobra en una moneda y tiene que comprar los alimentos y bienes en otra? Es inadmisible. Después el gobierno acusa de anexionistas a los disidentes, pero si alguien está subvalorando a nuestra moneda es el régimen”, razona Saúl, jubilado.

Quienes no reciben remesas creen que con esta nueva medida les será más difícil y costoso adquirir divisas para comprar productos de primera necesidad en las tiendas MLC. “Entre pagar la luz y comprar la poca mierda que venden de comida se nos va el nuevo salario. La inflación se lo ha desayunado. Si en enero mi salario de 4 mil pesos equivalía a 100 dólares en el mercado negro, porque los bancos del Estado jamás han vendido divisas, en estos momentos mi salario se reduce a 50 dólares. Y como ahora con el euro seguirá subiendo, al final no me alcanzará ni para comprar una botella de aceite en la shopping”, alega Mario, chofer de una empresa estatal.

Un funcionario bancario aclara que “se seguirán aceptando las transferencias de dólares desde el exterior, aunque desde Estados Unidos no se puede hacer directamente. Pero los cubanos residentes en el extranjero ya están buscando mecanismos para ingresar euros en las tarjetas MLC a sus parientes. Cuando ellos vengan de visita a Cuba tendrán que venir con otra moneda. La estrategia del gobierno es que no circulen divisas en efectivo. Próximamente se van a implementar tarjetas, con diversos valores, destinadas a los turistas”. Dos especialistas consultados consideran que la medida es un despropósito.

Carlos, sociólogo, cree que “con esta normativa el gobierno está enviando un mensaje preocupante a los futuros inversionistas foráneos. Evidencia que nunca serán un socio serio y es una forma de decir que la Tarea Ordenamiento ha sido un fracaso. Además, ¿cómo quieren que inviertan los cubanos residentes en Estados Unidos cuándo prohíben el uso del dólar en efectivo? Es una medida más política que económica. Es un intento de presionar al gobierno de Joe Biden para que reabra las Western Union y autorice una forma legal de enviar remesas a las instituciones estatales. No importa si son militares o civiles, siempre les va a propiciar amplias ganancias al régimen”.

Gustavo, economista, cataloga la medida de muy contradictoria. “Decir que tienen las arcas desbordadas de dólares y que los empresarios extranjeros no los quieren aceptar por las leyes del embargo y la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, no es una completa mentira, pero es una manipulación atroz de la realidad. El gobierno debiera saber que no estamos en el siglo XX, donde debido al férreo control de la información, muchos cubanos estábamos desinformados. Actualmente es muy simple destrozar esa tesis. ¿Si es así, por qué no compran con esos dólares en efectivo alimentos y medicinas directamente a Estados Unidos, que tiene autorización para vendernos ese tipo de productos? ¿No dice el gobierno que por culpa del bloqueo tienen que comprar los alimentos, materias primas y medicinas más caros porque no pueden acceder al mercado estadounidense? Que aprovechen esa autorización y compren alimentos y medicinas en Estados Unidos. La ganancia sería doble, más barato, y les serviría para crear un lobby poderoso entre los agricultores y empresarios estadounidenses que exportan alimentos".

La evidencia de que Cuba puede exportar alimentos desde Estados Unidos es el pollo congelado. Todo el que se consume en el país es Made in USA. "¿Por qué no compran otros alimentos como pescado, carne de res y harina de trigo?”, se pregunta Gustavo y él mismo responde: "La realidad es que el gobierno está en bancarrota y utiliza esa opción para recoger efectivo. Días antes de implementar esa medida, el primer viceministro Ricardo Cabrisas viajó a Francia y se reunió con acreedores del Club de Paris para renegociar la deuda. Se sabe que en 2022 debemos pagar 200 millones de dólares. Probablemente el régimen recaude ese dinero gracias a las remesas de los emigrados”.

La impopular medida fue anunciada el jueves 10 de junio y el lunes 14, en bancos habaneros habían colas para depositar dólares en tarjetas MLC. Uno de ellos Osvaldo, barbero, dice que “solo va a guardar una parte, porque dentro de un mes las transferencias de una tarjeta MLC a otra persona que no tenga divisas, se cotizará por las nubes. No dudo que un dólar o euro en la tarjeta pueda costar hasta 200 pesos antes del fin de año”.

Otros como Leandro, cuentapropista, prefiere tener el dinero a buen recaudo en su casa, a esperar que pase el temporal. “Estoy seguro que cuando el gobierno vea que la gente vende la divisa cuatro o cinco veces más cara que como la pagan sus bancos, van a prohibir las transferencias de tarjeta a tarjeta. Incluso son capaces de volver a ilegalizar la tenencia de divisas. Ellos (los del régimen) son mafiosos”.

Mientras, los cubanos de a pie no sólo se sienten peones de ajedrez en el pulso político que sostiene el Palacio de la Revolución en La Habana con la Casa Blanca en Washington, también unos damnificados en esta nueva 'guerra de la moneda'. Como siempre.

Iván García
Foto: Tomada de Bild.

lunes, 26 de julio de 2021

Cuba, fin de una estirpe (II y final)

Juan Juan Almeida ha estado al tanto que esta movida se viene preparando hace algunos años. Dice: “Raúl es un cadáver político. Le consultarán al principio, pero le ocurrirá como a Fidel, irán cercenando los conductos al mando”. Añade, “pocos han analizado bien el cuadro de poder, pero la persona clave para observar es Álvaro López Miera, ministro de las Fuerzas Armadas. La famosa GAESA que dirige Rodríguez López Calleja depende completamente del MINFAR. Tengamos claro una cosa: Rodríguez López Calleja no es muy querido dentro del Buró Político, sobre todo por personas como Teresa Amarelle Boué. Todavía el general de brigada depende del aval de su exsuegro Raúl”.

Al terminar el VIII Congreso tratamos de comunicarnos con la Misión Cubana ante Naciones Unidas. Nuestros intentos telefónicos por correo electrónico y por fax quedaron sin respuesta.

Hablamos con el senador Bob Menéndez, jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y nos dijo: “mientras el Gobierno de Cuba continúe una política de intercambio de sillas y funcionarios, el gobierno de Estados Unidos mantendrá firme su promesa de apoyar al pueblo cubano en su lucha por la libertad. Nuestra política está centrada en impulsar los derechos humanos y las libertades fundamentales”. Agregó el demócrata: “Solo cuando se celebren elecciones libres y justas podrán al fin los cubanos comenzar la ardua tarea de reconstruir sus valores democráticos con el respeto para los derechos humanos, políticos y civiles”.

La tercera parte de la población cubana recibía remesas de familiares y amigos en el extranjero en una cifra comparable al salario medio de $264 al año. Antes de la gestión Trump, la cantidad que recibía Cuba en este renglón sobrepasaba $3,6 mil millones, porcentaje sustancial del Producto Nacional Bruto. Al limitarse esta entrada de divisas (cayeron un 54 % en 2020), Caritas de la Iglesia Católica viene operando 11 centros diocesanos, 600 centros de ayudas parroquiales que reciben alimentos y medicinas de instituciones, laicos comprometidos, órdenes religiosas y otros grupos.

Hablamos con Arturo López Levy, profesor de la Universidad Holy Names en California. Con López Levy hicimos un convenio: limitar nuestra conversación a su labor como politólogo. De nuestro diálogo quedaba eliminada cualquier referencia a su primo Luis Rodríguez López Calleja y la actividad del profesor en el grupo Cuban-Americans for Engagement (CAFÉ). Poner sobre el tablero su actividad política en CAFÉ y sus nexos familiares resulta necesario porque el quehacer del catedrático no es en materia extra-política cosa que haría el comentario innecesario. Mantuvimos fuera de la entrevista su formación en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa en La Habana.

Su bibliografía se dedica primordialmente al bloqueo. Adolece de una falta de análisis económico del comercio internacional. No vemos referencias a la liquidez, deuda nacional, ganancias bilaterales del comercio. Jamás se le escucha discutir la teoría de ventaja comparada de otros países, la tendencia estadounidense de delegar la manufactura a otros países, la caja de Edgeworth en el comercio de Cuba con otras economías.

La posición tradicional “antibloqueo” cae en el “yanqui-centrismo”. Para aquellos que fuera de una discusión acalorada apoyan la ley Helms Burton, López Levy no responde cómo la ley de un país puede legalmente imponer barreras al comercio con Iraq y no con Cuba. No clarifica las objeciones al comercio con la Sudáfrica del apartheid y no con Cuba. Tampoco vemos claro el conflicto con la ley internacional si las restricciones emanan de consideraciones de estrategia, cuotas o aranceles proteccionistas. Para muchos en la prensa popular, el “bloqueo” se reduce al ron y al tabaco. Lo que la poco ilustrada prensa o intelectuales dejan de mencionar es que las ganancias por distribución de estos productos se quedan en los cofres de dos megaempresas europeas —por supuesto con participación de élite cubana— que manejan las más conocidas marcas de ron y habanos.

Se observa otra posibilidad: una simbiosis entre el “anti-bloqueo” y el capitalismo imperialista. El discurso se vuelca contra sí. Ninguno de estos autores nos habla de las multinacionales, el dominio hegemónico del primer mundo sobre las naciones menos desarrolladas (Cuba entre ellas), el efecto de la globalización. Ni López Levy ni los politólogos del “antibloqueo” se han planteado los patrones de explotación —evidentes en el turismo— que vienen con esta apertura. Aquí hace falta recordar a los economistas y politólogos como López Levy y sus colegas en Cuba la desigualdad en poder de negociación, la subordinación y el colonialismo. Conviene recordarles a los veteranos como Paul Baran, Galtung y Samir Amin. Como politólogos y economistas no piensan tampoco en la uniformidad cultural impuesta por la globalización primermundista. No parecen tampoco estar al tanto de los estudios poscoloniales que bien pudieran consultar.

Sin una posición crítica, sin haber estudiado la Escuela de Fráncfort ni López Levy ni sus colegas pueden percatarse de las presuposiciones y categorías con que funcionan dentro de la “academia” americana. Ausente la auto reflexión y auto crítica, la derecha e izquierda están sujetas a un discurso totalizante y rígido del cual cualquier desavenencia se paga con ostracismo, inmovilidad en ascenso de status y puertas cerradas en el mundo de las casas editoriales profesionales.

El profesor nunca analiza las desventajas para Cuba de un comercio con economías neocolonialistas. Si López Levy tira un vistazo al debate político norteamericano puede observar las críticas a las megaempresas en materia de salario mínimo, más cuando operan en el extranjero. Con una ceguera “antibloqueo”, Cuba parece olvidar los casos de maltrato y explotación al obrero dentro y fuera de Estados Unidos. López Levy permanece callado como si esta situación no pudiera afectar al trabajador cubano también enajenado. Se antoja su posición contradictoria.

En Huffpost escribió “la discusión política interna de Cuba es hoy más abierta que nunca desde 1961, excepto en el tema del sistema de partido único. Existe una sociedad civil ampliamente difundida de intelectuales, comunidades religiosas y publicaciones de segunda cultura, grupos de expertos y defensores de los derechos interesados en expandir responsablemente la representación y competitividad del sistema político”. Fue precisamente el año de su nota cuando Human Rights Watch escribía: “El gobierno de Raúl Castro continúa reprimiendo el disenso y desincentivando la crítica pública. Mientras que, en años recientes, el gobierno cubano ha apelado con menos frecuencia a sentencias prolongadas para castigar a sus críticos, en el mismo período se incrementó significativamente la cantidad de detenciones arbitrarias por períodos breves de defensores de derechos humanos, periodistas independientes y otros críticos.

A su favor hemos de apuntar a sus declaraciones a NACLA: “Al mismo tiempo, al transferir a un presidente de la república las funciones previas del Consejo de Estado, la nueva Constitución fortalecerá el poder individual del alto ejecutivo. Esto podría abrir la puerta a episodios de caudillismo latinoamericano por el camino”. En la misma entrevista, López Levy afirma “el objetivo de la élite cubana es mejorar el carácter colectivo del liderazgo y la sostenibilidad del sistema unipartidista. Hay una nueva generación de líderes en ascenso en Cuba, pero no hay pruebas que sugieran que desmantelarán el monopolio del Partido Comunista Cubano (PCC), establecerán un sistema judicial independiente o adoptarán voluntariamente una prensa libre”.

López Levy hace distingos entre el tipo de liderazgo Fidel, Raúl y Miguel Díaz-Canel. Nos dice: “A nivel cultural, el seguidor de Fidel no lo hace necesariamente por sus posturas políticas ni por su rol institucional, Fidel era un líder carismático. Siguen al líder por quien es. No es así con Raúl cuyo liderazgo es fundacional. Raúl aparece en la fundación del partido y del MINFAR. Díaz-Canel, sin embargo, viene a un mandato como cabeza de un sistema, por desempeño, como jefe de una institución que tiene reglas del juego establecidas. Si Fidel tenía mayor latitud al tomar decisiones, las reglas procesales tienen vigor y Díaz-Canel tiene que ‘jugar’ con ellas”.

Respetamos su objeción a hablar de su primo Rodríguez López-Calleja. Luis Alberto, sancionado por el gobierno estadounidense, según fuentes fidedignas, se ha encontrado con un rencor palpable dentro de la cúpula de poder. Los observadores comentan que el General de Brigada mantiene su posición por voluntad del exmandatario y exsuegro. Otros alegan que GAESA ha desviado fondos que benefician a figuras claves que aún mantienen altos cargos militares.

El gobierno cubano y Luis Alberto Rodríguez López-Calleja se vieron implicados en los “Panama Papers” cuando en los documentos del bufete Mossack Fonseca se descubrieron documentos relacionándolo a 25 empresas secretas inscritas en Bahamas, Panamá y las Islas Vírgenes Británicas. La actividad alucinante iba de venta de petróleo ruso hasta turismo de pesquería. Los “Panama Papers” involucran también a un hermano del general de brigada, un ciudadano cubano de nombre Guillermo Faustino Rodríguez López-Calleja. En este momento Ana Guillermina Lastres está al frente de compañías de maletín en Panamá y Londres fachadas para los recursos financieros de GAESA.

Raúl deja también un problema que viene estudiando el profesor Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigaciones Afro-Latinoamericanas de la Universidad de Harvard. Existe un problema racial que la revolución no ha solucionado. Coincide con quejas expresadas por disidentes como Manuel Cuesta Morúa. De la Fuente estudia datos del censo y otros índices que manifiestan la desigualdad en la calidad de la vivienda, el tipo de trabajos, representación en los medios de comunicación y hasta en el número de matriculados en la universidad.

Nos explica que, aunque exista una paridad salarial, es la población blanca la que tiene ingresos reales más altos por tener acceso a las remesas que llegan de familiares en Estados Unidos. Existen para el profesor estructuras de poder que excluyen el acceso y que reproducen la desigualdad en la distribución de bienes y oportunidades. Los espacios permitidos fuera de los sectores estatales son excluyentes para los afrodescendientes.

La “negritud” en Cuba es una “fantasía exotizante” para los turistas y “eroturistas” del primer mundo. De estos últimos ha escrito la periodista colombiana Silvana Paternostro. Aún en el sector turístico, controlado por empresas mixtas o extranjeras, el racismo se hace evidente. Al manejar capital europeo, Cuba no ha manifestado la voluntad de integrar a los afrodescendientes en las negociaciones o el manejo cubano de estas firmas.

El profesor De la Fuente y Juan Juan Almeida analizan las cifras de afrodescendientes en el Buró Político: 2 de 14 y en el Secretariado, 1 de 6. De la Fuente agrega algo que se ha pasado por alto y ha empeorado: la mínima representación de la mujer en los cuadros de poder. Se ven 3 de 14 en el Buró Político. No hay mujeres en el Secretariado del Partido Comunista Cubano.

Existe un área de grave preocupación para las conciencias ecológicas. La Estrategia Nacional Ambiental no se aprobó hasta 1997 y ha surtido un impacto limitado. El propio gobierno ha reconocido que la tierra a consecuencia de fertilizantes, pesticidas y residuos industriales muestra niveles peligrosos de azufre, plomo y arsénico. Apuntan también a la contaminación de los alimentos con toxinas. Reconocen una situación de “estrés hídrico”. Señalan la criptosporidiosis y la giardiasis, enfermedades causadas por el protozoo en aguas infectadas. Aguas albañales inundan con frecuencia el abastecimiento de agua a los barrios habaneros sin que el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos pueda hacer algo al respecto. El gobierno cubano ahora muestra preocupación por la pérdida de la diversidad biológica en las zonas de los archipiélagos por fragmentación y destrucción de hábitat y ecosistemas por cambio de uso, sobreexplotación de recursos, degradación y contaminación y, sobre todo, insuficientes mecanismos regulatorios.

A medida que se atraiga capital extranjero podría notarse una mejora en la economía cubana. Para el profesor Richard Feinberg, afiliado a la Brookings Institution, “existe liquidez para inversión extranjera y sobre todo a largo plazo si el clima resulta atractivo y existe una estructura para repatriar las ganancias. El gobierno cubano tiene que buscar el modo de eliminar cualquier apariencia de incertidumbre para el que busca una inversión directa. Se tiene que ir borrando cualquier vestigio de ortodoxia en busca de una cultura tecnócrata y de eficiencia”. Feinberg señala a Manuel Moreno por la labor desempeñada en el área de turismo.

El profesor Henken es cauteloso porque observa a un sector privado no-gubernamental, sin indicios de pronta recuperación o aceleración en productividad. Añade que han tenido que combatir un cuadro donde los factores de producción y la infraestructura están “en crisis crónica, en estado disfuncional”.

Henken presta atención algo que otros analistas del “cuentapropismo” no mencionan: la conciencia reflexiva del cubano de hoy. “A través de la red, tienen narrativas alternativas a los medios oficiales y están al tanto de lo que ocurre en otros puntos geográficos del país”. Por supuesto —y en esto está de acuerdo con la periodista Annie Bardach— puede salir de la red otro San Isidro y movimientos contestatarios. Henken ve el internet como aliado a la apertura.

En este momento, a nivel internacional se sigue el caso del artista disidente Luis Manuel Otero en huelga de hambre. Lo importante a observar es que publicaciones serias de arte como MoMA Magazine han recogido en sus páginas la situación de los artistas disidentes en la isla. La historiadora de arte neoyorquina Coco Fusco ha escrito ampliamente sobre la lucha de los artistas radicados en la isla al margen de la comercialización de galerías primermundistas. El propio MoMA ha dado difusión a la represión sufrida por la artista Tania Bruguera.

Nos acercamos al profesor José Gabilondo, decano asociado de la Facultad de Leyes de la Florida International University. Gabilondo está por publicar “Socialismo 2.0: Reconstruyendo la Economía Poscastro”.

Gabilondo está de acuerdo con el profesor Feinberg en que una inversión en Cuba puede considerarla alguien interesado en establecer relaciones a largo plazo. No nos aclaran los catedráticos cómo es que Cuba no aparece como mercado emergente en los sistemas analíticos de la banca privada importante. No hablamos aquí de fondos mutuos. Feinberg menciona que Cuba efectivamente se ha abierto a la posibilidad de proyectos empresariales con la diáspora.

Consultando al abogado Michael Rodríguez, experto en arbitraje y litigio comercial internacional, nos hace ver que hay en pie tratados bilaterales de inversión ideados para la protección de los dueños de capital. Existen otros que él llama “megatratados” a los cuales Cuba es signataria mediante los cuales se pueden traer disputas a foros jurídicos internacionales. Gabilondo explica que los laudos, válidos y efectivos, no ofrecen transparencia ni se pueden utilizar como precedente.

Gabilondo dice que una rama judicial independiente donde se puedan hacer cumplir los contratos es de vital importancia para atraer empresas extranjeras. La Tarea Ordenamiento (unificación de la moneda) es un primer paso y ha dado mayor facilidad a inversionistas no-cubanos en evaluar riesgos.

El miércoles, en un paso para reintegrar a Cuba a los mercados de capital, la CRF Limited de Londres, con una cartera de notas de préstamos vencidos, en “default” desde la época de Fidel Castro, ha propuesto convertir la deuda en un préstamo de cupón cero sin pagos hasta el 2026. Esta oferta filtrada a la cadena Bloomberg fue dirigida al presidente Miguel Díaz Canel y a diplomáticos cubanos.

El historiador Rafael Rojas al observar el VIII Congreso del Partido y el retiro de Raúl con slogans como “firmeza ideológica”, apunta: “el Partido Comunista Cubano es incapaz de trazar una ruta a largo plazo… No encuentra la forma de adaptar el sistema político de la isla a las condiciones de la expansión del capitalismo y la democracia en la era global… Se resiste a una transición a la democracia, pero también es reacio a un avance a cualquier modelo autoritario del siglo XXI, sea el de China o Rusia. Su meta es de corto plazo: preservar el sistema y conservar el poder de la cúpula”.

La Cuba que deja Raúl, volviendo García Márquez, es un “pavoroso remolino de polvo y escombros”. Tirar una mirada atrás buscando entender con modelos, estadísticas, estudios demográficos y ensayos es re-relatar, reconstruir, re-novelar. El aparato académico no es más que el esfuerzo por alcanzar infructuosamente algo que se desdobla y se escapa y se va descifrando apresurados, sobre la marcha, así como el que se enfrenta a los pergaminos de Melquíades el gitano de Cien años de soledad.

La batalla de Cuba es una batalla contra el tiempo. “Recuerdo mi llegada a casa de Raúl Castro”, nos dice Juan Juan Almeida. “Tenía cinco años. Llevaba una mochilita al hombro. Al salir del elevador, un imponente reloj de salón, retumbaba en campanadas marcando horas desconocidas. El reloj no tenía manecillas. Cuba es como el reloj de Raúl, anacrónica, se escuchan las campanadas, pero le faltan las manecillas”.

Justo J. Sánchez
Cubaencuentro, 10 de mayo de 2021.
Foto: Peninent Wind, cuadro de Humberto Calzada. Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 19 de julio de 2021

Cuba, fin de una estirpe (I)




Se implantó una dinastía el 1º de enero del 1959. El último Castro abandonó el trono 62 años después, el 19 de abril de 2021. El hijo menor de un terrateniente gallego llevó en sus hombros el experimento de su hermano Fidel Castro.

Revisando estadísticas, los hijos de una clase latifundista llegaron al poder de una nación relativamente próspera. En 1958 Cuba era el tercer país en Latinoamérica en Producto Nacional Bruto per capita, otras estadísticas la muestran en quinto lugar en el hemisferio en Producto Nacional Bruto per capita, tercero en expectativa de vida, segundo per capita en número de automóviles y teléfonos. Cuba era, sin embargo, políticamente frágil, en aquel entonces gobernada por el golpista Fulgencio Batista.

En 1933 el propio Batista había encabezado un primer putsch. Con la Enmienda Platt, abrogada en 1934, Estados Unidos impuso límites a la soberanía nacional. Cuba fue gobernada por John Brooke, Leonard Wood y William Howard Taft, este último de 1906 al 1909. Cuba tuvo ocho presidentes desde el 12 de agosto de 1933 hasta la toma de posesión de Federico Laredo Bru el 24 de diciembre de 1936.

El capital estadounidense controlaba en 1959, 44 de los 161 ingenios azucareros, minas y la infraestructura eléctrica (American and Foreign Power) y telefónica (International Telephone and Telegraph). Se calculan las inversiones norteamericanas en la Isla en mil millones de dólares.

Tras desplazar a los líderes de la lucha contra Batista, intelectuales y abogados que el propio movimiento 26 de julio nombrara primer ministro y presidente; José Miró Cardona (profesor y decano de la Facultad de Derecho) y Manuel Urrutia, Castro concentró el poder en su persona y su familia. La renuncia de ministros progresistas correspondió a la falta de voluntad de crear e institucionalizar una sociedad civil, un sistema jurídico, constitución y la posibilidad de llamar a elecciones limpias y transparentes.

La dinastía Castro, Fidel, Raúl, Vilma Espín de Castro tomaron las riendas del poder con sus más cercanos. Faltaba experiencia proletaria en una familia, producto de la cultura terrateniente y privilegiada. No había en ellos una verdadera conciencia de lucha de clases. La familia Espín recibe aún dividendos de una legendaria empresa dedicada al ron. El propio Fidel era casado con la hija de una familia burguesa, Díaz Balart. Su cuñado Rafael fue subsecretario del Interior bajo el dictador Fulgencio Batista.

Apoyándose en el frenesí que despertaba su carisma, comenzaron los fusilamientos sumarios sin procesos judiciales, se suspendió la prensa independiente y se organizó un sistema de policía secreta. Pronto el “Máximo Líder” contradijo sus declaraciones a la prensa internacional (Ed Sullivan, Edward R. Murrow y aquellas hechas durante su visita a Estados Unidos en abril de 1959). En 1961 declaró su proceso como comunista y anunció su alianza con la Unión Soviética.

A diferencia de las gestas independentistas contra España, los disidentes no intentaron una toma de conciencia, la reforma antes de la institucionalización del terror y el levantamiento nacional “criollo”. Marcharon al exilio y buscaron el apadrinamiento y adiestramiento norteamericano con la CIA. Crearon el precedente —rechazado por Martí y los que forjaran la independencia cubana— de buscar auxilio americano para los problemas internos de Cuba. Quitaron credibilidad a la oposición al buscar el aliado más odiado.

Las contradicciones del patriarca se hicieron patentes al pedir asesoramiento a ex-miembros de la hitleriana SS en 1962. El hecho lo confirman documentos provenientes de archivos alemanes y publicados en Die Welt. Por cuestión de paradoja, Rafi Eitan, jefe del Mossad israelí, se hizo el inversionista más importante en la industria cítrica cubana.

Fidel Castro era un hombre de la modernidad, la modernidad latinoamericana. “El patriarca y fundador… José Arcadio Buendía, se obsesiona con los inventos…Planea un viaje para encontrar la tierra de los inventos”. (Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad). Fidel dio que envidiar a Buendía: intentó drenar la extensa Ciénaga de Zapata, creó un proyecto para rodear La Habana de cafetales sin condiciones microclimáticas, creó un costoso plan para la crianza de búfalos de agua, entronizó a Ubre Blanca, una vaca sagrada que guardaba con la cabeza bajo aire acondicionado, montó un plan de producción agropecuaria para reformar a los homosexuales, se dio a la tarea de cultivar los “plátanos microjet” y desarrolló un plan de túneles donde la población ensayaba a diario planes de refugio en lo que llamó la “Guerra de Todo el Pueblo”.

Algunas de las operaciones internacionalistas fueron rentables. La guerra de Angola, según informes confiables, trajo a Cuba más de 200 MIGs, tres submarinos, fragatas Koni y un botín de marfil, oro y diamantes.

En un delirio de señor feudal, el patriarca regaló una isla, Cayo Blanco, a Erich Honecker, líder de la República Democrática Alemana. Fue una época donde en Cuba vivían etarras, tupamaros, Robert Vesco, otros prófugos de la justicia y hasta un hijo de Saddam Hussein. Coincidían con músicos, actores y plutócratas. El Conde de Albemarle, vizconde Bury, descendiente del cruel Duque de Albemarle quien en el siglo XVIII ocupara militarmente a La Habana vino a Cuba a casarse.

En sus viajes a Cuba, la periodista Annie Bardach documentó la dinámica de un Fidel paternalista, obsesionado con su imagen, producto y protagonista de una historia rocambolesca, rodeado de familiares y secuaces también de fábula. Sus artículos y libros plasman el ambiente que aún en estilo de riguroso periodismo se lee como ficción. Al separarse del relato, entretenido sin dudas, vale preguntarse: ¿se estudia el proceso Castro con el lente de las ciencias políticas y económicas o como literatura? ¿Nos sirven los datos empíricos, los modelos y las estadísticas para explicar el proceso cubano?

Castro pudo superar momentos críticos antes de pasar el mando a su hermano Raúl: Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, el desastre de la “Zafra de los Diez Millones”, el éxodo de 125.000 personas por el puerto de Mariel, el “Período Especial” tras perder el apoyo del bloque soviético y el Caso Ochoa cuando el mundo descubrió que Cuba era punto de escala para el narcotráfico.

La retórica antiyanqui, magnetismo personal y la cultivada apariencia y discurso proféticos le ganaron la admiración de la intelectualidad mundial. No fue hasta el rechazo de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, el cineasta Néstor Almendros y luego Régis Debray, tras las depuraciones universitarias, el caso Padilla, la homofobia y la UMAP que tantos otros como Bernard-Henry Lévy, Pedro Almodóvar, Michel Onfray y Raphaël Enthoven dieron sus espaldas a Castro.

Tras un desfile fúnebre en un jeep militar que sufriera múltiples averías bajo un calor agobiante, Raúl Castro tomó el trono. Ted Henken, profesor en CUNY y visitante en la Sorbona de París nos dice “para Raúl y ‘los históricos’ la continuidad fue prioridad. Hemos de recordar que Raúl abrió las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, permitió que los cubanos pudieran quedarse en los hoteles anteriormente reservados para turistas, liberalizó el uso de teléfonos celulares y la red de internet”. Henken recién publica en castellano Cuba Empresarial con los halagos del economista Carmelo Mesa Lago.

Fue la revista Mother Jones la que investigó a fondo la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Fue digno de Lezama el proceso y mensajes con la jerarquía católica, intercambio de espías, millonarios y los familiares de Alan Gross.

A pesar de que Alan Gross fue encarcelado en Cuba por llevar ayuda a través de USAID a la comunidad hebrea de La Habana, ni AIPAC ni las otras organizaciones judías estadounidenses ejercieron presión con la administración Obama para liberar a un preso en condiciones frágiles de salud. Sólo un escritor de la progresista revista Mother Jones le visitaba. En segundo lugar —y poco conocido— dos millonarios: Fred y Patty Ebrahimi contrataron a la firma de mercadeo Trimpa Group y a #CubaNow para poner en marcha un poderoso engranaje de mercadotecnia y relaciones públicas y así dar ímpetu al empeño, Akin Group, Engage Cuba y Stonegate Bank, cuyas tarjetas se pudieron utilizar dentro de aquel país, se sumaron al esfuerzo. Akin representaba a muchos agricultores que venden o buscan vender a la Isla a través de la empresa cubana ALIMPORT. La ley Helms-Burton, aclaremos, no afecta las compras de alimentos, madera y medicinas hechas por Cuba que se pagan en efectivo. El volumen de ventas, con fluctuaciones, se vio en aumento con la llegada al poder de George W. Bush. Los barcos salen rumbo a La Habana del puerto de Fort Lauderdale en la Florida.

Entre los otros que pusieron presión para restablecer las relaciones se encontraban la Brookings Institution, la Fundación Ford, Andrés Fanjul y republicanos de peso como Thomas Pickering, John Negroponte y Tom Donohue, presidente de la Cámara de Comercio Estadounidense. Muchos ex-republicanos como el millonario Mike Fernández descubrieron el Partido Demócrata y viajaron a La Habana. Manifestaron su interés en “Cuba Emprende” y en invertir capital en la Isla.

Saladrigas creó el Cuba Study Group y es solidario con el blog “23 y Flagler”. “¡Qué barato nos quiere comprar el nuevo Carlos Saladrigas!” escribía Fidel Castro en Granma. Manny Medina, Jorge Pérez, Paul Cejas, Carlos Gutiérrez, secretario de Comercio de la Administración Bush y Andrés Fanjul todos viajaron en lo que llamaron el “spring break de millonarios” en La Habana.

El New York Times, al filo de esta noticia, comenzó una labor de “concientización” en dos idiomas —editorialmente insólito— para persuadir a sus lectores de las ventajas de abrir relaciones con Cuba. Dedicaron a varios periodistas a tal empresa. Con jingoísmo destapado el diario promovía la narrativa que con la entrada de norteamericanos y el comercio se surtiría un cambio tan radical que se vería una transformación en la política interna castrista. Los argumentos del New York Times, de infantiles, capitalistas e hiper-nacionalistas dan al traste con cualquiera que califique al periódico de “liberal”.

El cabildeo de la comunidad cubanoamericana y una política de la Guerra Fría han dado lugar a la paradoja que rige los viajes a Cuba. Mientras que los asilados políticos que se acogen al Cuban Adjustment Act repletan los vuelos a Cuba —regresando al régimen opresor del que escapan—, al norteamericano de esquina se le hace difícil comprender la razón del privilegio que gozan los refugiados políticos. Al utilizar el argumento de las familias, lógicamente replican que ante un gobierno autoritario las opciones son las de traer a los familiares de visita a Norteamérica, enviar los artículos de necesidad o enviar remesas.

Por intereses comerciales, son las agencias de viajes a la Isla, vuelos chárter, turismo cultural, turismo religioso los que más han presionado no sólo por el cambio de la política de viajes —cosa normal para que los norteamericanos no sufran la política obsoleta— sino para que exista todo una restructuración en las relaciones bilaterales. No son estos negociantes los que puedan aportar a una discusión imparcial sobre el tema.

Juan Juan Almeida, abogado, ahora periodista y analista político en la Florida, vivió en casa de Raúl Castro como un hijo más. Partió luego a Moscú a instancia del propio Raúl y de su padre el vicepresidente del Consejo de Estado Juan Almeida Bosque. Estudió en la Dzerzhinsky, la academia del servicio de seguridad soviético. Al publicar en España su libro Memorias de un guerrillero cubano desconocido (donde aparece en portada empuñando un rifle al lado de Raúl Castro), se integró a la disidencia sufriendo cárcel. Su familia salió al extranjero donde pudo llegar dos años después.

Juan Juan Almeida resume el conflicto de Raúl Castro desde dentro: “Raúl es un reformista frustrado. Se ilusionó con la perestroika. Quiso imponer la reestructuración de la perestroika, por supuesto, a su manera ortodoxa, pero sin glasnost. Cuba, a su entender necesitaba cambio de estructuras, pero no podía permitir la apertura a un revisionismo de la historia oficial, ni a cuestionar la narrativa de la revolución, ni los logros de la Unión Soviética ni el pensamiento leninista”.

Almeida reconoce los cambios que cita el profesor Henken sobre todo el aumento del “cuentapropismo”, añade que se abolió la pena de muerte, aunque “Raúl ‘quirurgizó’ la represión. A diferencia de la época de su hermano, no daba golpes o metía en prisión a todo el mundo; fue selectivo. Supo manejar la oposición maquiavélicamente. Los medios son culpables de crear gigantes; Raúl lo permitió. Desafortunadamente y para quitar credibilidad a los movimientos. Muchos que han sido magnificados por la prensa, no estuvieron a la altura requerida. Lo que ocurre es que a causa del protagonismo y la fragmentación no se ha creado una oposición sino muchos opositores”.

El reino de Raúl se benefició del generoso amparo venezolano, las inversiones en GAESA, que como apunta Almeida “no se requiere un genio de Harvard Business School para ser lucrativa. Piensa: el Estado paga salarios y los costos operativos que otra empresa tendría que afrontar”.

Entablamos una conversación con Rafael Rojas, historiador del Colegio de México. Con el material que nos envía de sus escritos se hace evidente que Raúl y la cúpula geriátrica sufrieron indecisión ante el cambio. El propio dirigente en su momento reconoció que la reforma económica se había paralizado. Stephan Witkowski del Centro de Altos Estudios de América Latina (IHEAL por sus siglas en francés) en la Sorbona llama al intento de “desburocratizar” poco eficaz. Observa la mentalidad obsoleta y la inercia con que se manejan las empresas estatales en Cuba. “No es de sorprenderse” añade Almeida: “Raúl es un hombre práctico y organizado, pero de poca formación, anclado en su manera de hacer las cosas: ‘ordeno y mando’”.

El turismo, que a partir de la visita de Barack Obama comenzó a llegar a la Isla, fue una inyección de divisas. Antes de las medidas tomadas por Trump ya se veía un descenso en el número de visitas y las aerolíneas comenzaban a reducir el número de vuelos a Cuba.

Un factor que complicó las relaciones diplomáticas fue el trastorno neurológico “Havana Syndrome” investigado por la Universidad de Pennsylvania. Se cree que es producto de radiaciones dirigidas a los empleados del Departamento de Estado destacados en la Isla. Fuera de cualquier decisión del presidente, el peligro a los funcionarios de la embajada hizo que se redujera el equipo de trabajo.

Juan Juan Almeida sonríe al escuchar a Raúl afirmar que “termina con la satisfacción del deber cumplido”. Entrega el país con un descenso de más del 11% del Producto Nacional Bruto, con inflación, consecuencia de una fusión de dos monedas, sin el apoyo de Venezuela y la crisis ocasionada por la pandemia.

Justo J. Sánchez
Cubaencuentro, 7 de mayo de 2021.
Foto: Fuego 1, cuadro de Humberto Calzada. Tomada de Cubaencuentro

lunes, 12 de julio de 2021

El más grande fraude de todos los tiempos


La supuesta revolución "verde como las palmas", nacida del triunfo de una insurrección cuyos objetivos fundamentales fueron la restitución de la Constitución del 40 y la celebración de elecciones libres que el golpe militar del 10 de marzo del 52 había desconocido, traicionó ambos propósitos. La política del régimen que se instaló en el 59 fue una continuidad de la que ya se había iniciado en el 52, aunque con nuevos protagonistas. Una pregunta de Fidel Castro ante una multitud en 1959, la pudo haber hecho perfectamente Fulgencio Batista en 1952: "¿Elecciones para qué?".

Una tercera demanda en la que coincidían algunos de los grupos conspirativos era la reforma agraria, porque era una asignatura pendiente de la Constitución, la cual proscribía el latifundio y establecía el reparto de tierras. Pero este propósito fue un ejemplo de cómo el ideal originario de la Revolución fue modificándose bajo la manipulación del nuevo caudillo. Cuando el 17 de mayo de 1959 se aprobó oficialmente la primera Ley de Reforma Agraria en La Plata, Sierra Maestra, el texto del artículo 1 establecía el límite de las propiedades en 30 caballerías: "Las tierras propiedad de una persona natural o jurídica que excedan ese límite serán expropiadas para su distribución entre los campesinos y los obreros agrícolas sin tierras".

Esa misma noche, en un bohío de La Plata, cuando ya todos los ministros se habían retirado, Castro, bajo la luz de un quinqué, hizo por su cuenta unos "pequeños ajustes", estableciendo que algunas empresas agropecuarias "no deben ser fragmentadas para su distribución a los campesinos", sino para crear "propiedades de todo el pueblo", a las que llamó "Granjas del Pueblo". Probablemente por esa razón, el ministro de Agricultura, Comandante Humberto Sorí Marín, principal redactor de aquella ley, renunció al cargo al día siguiente y comenzó a conspirar.

Esos "pequeños ajustes" fueron el antecedente de la Segunda Ley de Reforma Agraria, el 3 de octubre de 1963, cuando se dispuso "la nacionalización, y por consiguiente, la adjudicación al Estado cubano de todas las fincas rústicas" que tuvieran una extensión mayor a cinco caballerías de tierra.

Algo semejante se hizo en las ciudades con fábricas, comercios, bancos y otras empresas, parodiando la frase de Marx de que se debía "poner fin al divorcio entre el productor y los medios de producción", lo cual quería decir que dejaban de ser propiedad de las clases explotadoras para pertenecer a quienes las trabajaban. Pero como se consideraba al Partido Unido de la Revolución Socialista, luego, Partido Comunista, como "el destacamento de vanguardia de la clase obrera", ese partido se hacía cargo de todas esas industrias a nombre de sus representados, sin que jamás se hiciera una consulta plebiscitaria con todas las garantías.

En consecuencia, los bienes explotados por capitalistas y terratenientes fueron expropiados y dejaron de ser privados para pertenecer al Estado, pero la verdadera finalidad no era que pasaran a manos de los trabajadores. Si así hubiera sido, nunca se habría producido la llamada "ofensiva revolucionaria" del 68, en que hasta los trabajadores independientes fueron expropiados, por lo que el fin era favorecer a la dirigencia de ese Estado y a la nueva clase burocrática engendrada en su seno, y no a la clase trabajadora.

Esta fórmula, que en los hechos significaba expropiar a los explotadores pero no empoderar a los explotados, tenía sus raíces en la propia Rusia con la Revolución de Octubre. Si Lenin calificó de "capitalismo monopolista" a lo que consideró como última etapa del capitalismo y a la vez antesala del socialismo, lo que en verdad vino después no fue el empoderamiento de los trabajadores sino el centralismo de Estado, un megamonopolio que no sólo engulló a la totalidad de los bienes de producción, ya fuesen propiedades grandes o pequeñas, incluyendo a todas las instituciones de la sociedad.

Los trabajadores pasaron a convertirse, en meras tuercas de la maquinaria productiva del Estado. Cuando en Cuba, en los campos de concentración de trabajo forzado de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) muchos de los que allí estábamos comenzamos a fingir accidentes con los machetes para evitar ser llevados al brutal trabajo de las plantaciones, se nos amenazaba con procesarnos "por dañar una propiedad del Estado".

En Cuba dejó de haber revolución desde fines de los 60, hace más de 50 años. Desde entonces, sólo ha habido reformas, o sea, cambios de forma de lo que ya existe sin alterar su esencia, un recurso que hoy ya no va a ser suficiente para apaciguar los ánimos de la población.

No ha habido socialismo ni se está construyendo. Y por supuesto, ni en broma se piensa ya en lo que se decía al principio de alcanzar un nivel superior del socialismo donde el propio Estado desaparezca, como soñaron Marx y otros teóricos socialistas y anarquistas. Todo lo contrario. Solo existe un gigante supremo y absoluto, lo que dijera Martí para definir al monopolio: "Un gigante implacable sentado a las puertas de todos los pobres". Pero esto, que surgiría después como un nuevo cambio cualitativo superior del desarrollo de esos monopolios, sería el más grande de todos ellos, lo que Lenin llamaría, impropiamente, "socialización completa".

El cuento del "socialismo", tanto en Cuba como en todo los países que copiaron el modelo soviético, fue el más grande fraude de todos los tiempos.

¿Qué viene después de esto? Nada más, no sólo porque ya no es posible otro cambio cualitativo superior en el nivel de acaparamiento y desarrollo de la centralización en los marcos de un país, sino porque ya lleva en sus entrañas el germen de su propia destrucción debido a la ausencia tanto de la competencia como del incentivo productivo. Por el contrario, el gigantesco monopolio estatal tiende a generar una monstruosa burocracia que ha plagado de corrupción y miseria a la nación.

Ante un modelo que no tiene futuro, la dirigencia cubana se encuentra que el camino por donde avanza, cada vez más estrecho, se ha convertido en un callejón sin salida, en medio de la crisis más profunda de toda su historia, y tiene ante sí una disyuntiva: olvidarse de las reformas y decidirse a realizar otra revolución desde arriba, esta vez a favor de los de abajo -algo que, por supuesto, nadie vislumbra-, o seguir resistiendo hasta que desde abajo estalle una explosión social que desplace a los de arriba.

Ariel Hidalgo
14ymedio, 29 de mayo de 2021.

lunes, 5 de julio de 2021

El caso de Luis Manual Otero Alcántara



Seis días después del asalto al cuartel Moncada, Fidel Castro y siete de sus compañeros fueron capturados en las estribaciones de la Sierra Maestra, por la zona de El Caney. Dormían en una choza cuando los sorprendió una patrulla al mando del teniente Pedro Sarría. «Las ideas no se matan», fue su respuesta ante la insinuación de un subordinado. Este militar mostró indudables valores cívicos y respeto a la ley.

La captura de los fugitivos se produjo en medio de una intensa campaña liderada por monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, cuyo objetivo era que se respetaran sus vidas. Gracias a aquellas gestiones, y a la presión de la opinión pública, pudieron tener un juicio con garantías e, incluso, fueron amnistiados tras cumplir menos de dos años de prisión debido a un movimiento cívico nacional.

Cuando regresaron a Cuba en el yate Granma, el 2 de diciembre de 1956, debieron sortear una gran operación de la tiranía encaminada a liquidarlos. Con motivo de aquella ofensiva, que costó la vida a otros opositores en las denominadas Pascuas Sangrientas, Juan Marinello, presidente del Partido Socialista Popular (PSP), envió una carta, fechada el 12 de enero de 1957, a varias personalidades hispanoamericanas, en la que señalaba: "Es obligado que expresemos a usted que el PSP no comparte los métodos de lucha puestos en práctica por el Sr. Castro y su grupo, por entender que no son apropiados y eficaces para dar fin a la tiranía (…) que Cuba padece; pero nuestro partido solicitó y solicita respeto y garantías para la vida de Castro y sus acompañantes (…)"..

Tres hombres —un militar, un prelado católico y un alto dirigente comunista— cuyas ideologías no podían ser más diferentes, antitéticas si se quiere, se habían identificado con una causa que tenía como objetivo esencial el respeto a la vida y a la integridad física de personas a las cuales no los unían lazos políticos. En 2019 se aprobó en Cuba una Constitución que obliga a todos a cumplirla, pero que también protege los derechos declarados de todos los cubanos: de los que no votaron o de los que votaron en contra. Aquí no valen excepciones, el respeto a la ley y la protección legal incluyen igualmente al sector denominado oposición, un sector en crecimiento.

El artista Luis Manuel Otero Alcántara ha utilizado la protesta pacífica y la desobediencia civil como medio de disenso. Su situación actual, un raro limbo en el que no está detenido o acusado legalmente, pero tampoco es libre para abandonar el Hospital Calixto García, debe preocupar a cualquier persona, independientemente de sus criterios políticos. El deterioro físico, y evidentemente psicológico, que reveló un video circulado de su estancia en una sala de psiquiatría, es demasiado perturbador e inquietante para voltear la mirada.

Ya sea en un proceso por delitos comunes o de otra índole, todos los ciudadanos debieran estar protegidos por la ley. Debe existir una orden judicial para el arresto, se debe permitir acceso a un abogado y contactos con la familia e incluso, si no es un terrorista o un asesino peligroso, toda persona puede responder al proceso en libertad. Aquí no pueden existir relativismos. Lo correcto y lo incorrecto, lo digno y lo indigno, el bien y el mal, son conceptos que no están distanciados por vallas ideológicas.

La actual situación de Otero pone en la mira no solo a los órganos de Seguridad del Estado, sino a todas las instancias políticas con nivel de decisión en Cuba, empezando por el Partido Comunista. Igualmente pone a prueba a cada ciudadano que no se indigne, aun en su fuero interno si no se atreve a hacerlo de manera pública.

Luis Manuel es la cabeza más visible del Movimiento San Isidro (MSI), que se hizo notar a raíz de las polémicas suscitadas por el controvertido Decreto-ley 349. Tal decreto, en una moratoria debido al rechazo que ocasionó, significaría una restricción a la libertad del arte que se produce fuera de las instituciones culturales del Estado y un aumento de la censura. En respuesta, algunos artistas e intelectuales discrepantes comenzaron a utilizar mucho más el performance callejero y convocatorias a exposiciones independientes.

La represión de los órganos de Seguridad del Estado —excesiva e inconstitucional—, fue desencadenando una escalada de respuestas y más miembros al grupo. De modo tal, se hicieron usuales los actos de repudio organizados por las autoridades, las detenciones y golpizas arbitrarias; todo ello recién aprobada una Constitución que declaraba a Cuba un Estado Socialista de Derecho.

El MSI, algunos de cuyos integrantes han manifestado apoyo al bloqueo norteamericano y simpatías con el anterior presidente Trump, no es representativo de la mayoría de los muchos críticos que tiene la burocracia parto/estatal cubana. Ello, sin embargo, no hace menores mi indignación, mi preocupación y mi vergüenza al ver cómo los han tratado, la forma arbitraria en que los han reprimido.

A Luis Manuel Otero Alcántara debe reconocérsele el valor personal para luchar abiertamente por sus derechos, y su perseverancia a la hora de defender aquello en lo que cree. Para mí eso es admirable, aunque no coincida con él en otras cosas. Lo creo víctima de intereses extremistas y radicalizados; no obstante, no me parece una persona cuya motivación para oponerse a lo establecido esté determinada por razones económicas. Si fuera así, no viviría en las condiciones de pobreza en que lo hace y que todos hemos visto.

No es un político, pero muchas de sus exigencias son válidas para cualquier ciudadano, es más, la mayoría de ellas: libertades de expresión, movimiento, asociación y manifestación pacífica; están refrendadas por la propia Ley de Leyes. Su desobediencia sostenida frente a un aparato represivo que ha utilizado en su contra métodos ilegales desde mucho antes de que se declarara en huelga de hambre, puede poner en serio peligro su vida. ¿Lo permitiremos?

Algunas veces me han señalado como una historiadora que idealiza el pasado. No lo creo así, pero nadie podrá negar que fue muy superior a la actual aquella educación cívica y los valores humanos que unieron a tres hombres tan discrepantes políticamente como un militar, un prelado católico y un alto dirigente comunista, identificados en la causa común de defender la vida y la integridad física de personas con las cuales no tenían vínculos ideológicos.

Alina Bárbara López Hernández
La Joven Cuba, 28 de mayo de 2021.

Foto: Luis Manuel Otero Alcántara en la azotea de su casa, cuando vivía en Romay entre Monte y Zequeira, Cerro. Tomada de Facebook.