lunes, 6 de noviembre de 2023

El surrealismo político en Cuba es demencial

Ocho de la noche. En la edición estelar del noticiero de la televisión cubana, varios estudiantes de la enseñanza media repiten una letanía de frases huecas y consignas políticas que ni ellos mismos se creen. El mensaje que reciben los televidentes puede resultar contraproducente, como le ocurrió a Joel, 26 años, quien junto a su novia esperaba en el mostrador de una cafetería privada para comprar hamburguesas.

“Fue alucinante cuando vi eso en la tele. Por ese tipo de noticias la mayoría de la gente no confía en el gobierno. ¿Quién va a creer en unos jóvenes que hablan como si fueran robots programados? El sistema tiene que reformar sus peroratas. No atraen a la juventud ni tampoco al resto de la población. Constantemente repiten clichés. Además de cheos, son muy aburridos”, dice Joel.

Esa avalancha diaria de propaganda ideológica en los medios provinciales y nacionales ha espantado a un segmento importante de la audiencia. Para Carlos, sociólogo, “un sector mayoritario de la ciudadanía huye de los programas y eventos políticos. Incluso aunque participen trabajadores, como en los desfiles por el primero de mayo, las personas que asisten no interiorizan la narrativa que intenta venderle el aparato publicitario del régimen. Cada vez más, los cubanos se han vuelto resistentes e inmunes a las orientaciones y consignas emitidas por el partido comunista”.

La simulación en las sociedades totalitarias es un arma de camuflaje perfecta en un pueblo que busca escapar de la manipulación y del hastío que le producen tantas informaciones repletas de contenido político.

Saúl, licenciado en filosofía, considera que “el gobierno no ha sabido o no ha podido resetearse. En medio de una alarmante crisis económica, inflación que no para de crecer, desabastecimiento general, servicios básicos que no funcionan y pésima administración de las instituciones públicas, es desacertada esa campaña propagandística emprendida por el Estado. La gente huye de ese barraje de noticias tendenciosas alquilando la 'antena', un negocio clandestino, o el 'paquete', un compendio de series, novelas y películas transmitidas por cadenas estadounidenses, brasileñas o mexicanas. Así se libran de ver la soporífera mesa redonda, el noticiero de televisión y la retahíla de espacios ideológicos que un alto porcentaje de la población rechaza”.

En su opinión, una muestra clara que la propaganda del gobierno ha fracasado estrepitosamente, "es que a pesar de las numerosas noticias negativas que publica la prensa oficial sobre Estados Unidos, como si fuera un efecto boomerang, la gente lo suele interpretar de forma contraria. Eso ha generado una tendencia peligrosa en miles de cubanos que quieren emigrar, pues piensan que el capitalismo es un paraíso”.

Intentando informar, los medios estatales desinforman a los ciudadanos. La principal fuente de información exterior de la parrilla televisiva de Cuba son Telesur, Russia Today y canales de Irán, Siria y China. En el tema de la guerra de Rusia contra Ucrania, la manipulación noticiosa y el análisis de los hechos ha sido brutal. Los crímenes del ejército ruso, el comportamiento neo fascista de diversos grupos privados de contratistas militares a las órdenes de Putin y el sumiso apoyo del régimen cubano a Moscú, ha levantado ronchas en amplios sectores de la población.

Una muestra del desgaste y debilidad del actual régimen es la cobardía política para reclamarle a Rusia que deje de contratar a cubanos que luego utilizan como mercenarios. El gobierno ha publicado un par de notas condenando los hechos. Pero no ha emplazado a Rusia por su injerencia en la soberanía y asuntos internos de Cuba. “La gente está tomando nota. No puede ser que cuando Estados Unidos invade Afganistán o Irak, sea una guerra imperialista, mientras que la Rusia de Putin que lleva ejecutando guerras de rapiña y de ocupación desde 2004 en antiguos territorios de la URSS, la prensa oficial las apoye y considere en legítima defensa”, expresa el sociólogo Carlos.

El surrealismo político en Cuba es demencial. Por cualquier motivo, ya sea un triunfo deportivo, un desastre natural o una efemérides, la maquinaria propagandística se pone en marcha. La dramaturgia del partido comunista es invariable. Solo cambia la decoración de fondo, de acuerdo al evento. Si es un acto fúnebre, colocan cortinas negras detrás de la mesa presidencial.

Para premiar a obreros y funcionarios destacados, además de entregarles diplomas, se escogen cortinas rojas, color que identifica a los comunistas en el mundo. Se desempolvan fotos de Fidel y Raúl Castro y también citas, a veces de José Martí. La disposición de las sillas es importante. El gobernante del país se sienta en el centro de la mesa presidencial, instalada en una tarima a mayor altura, según dicta el protocolo oficial.

Es de buen gusto entre los caciques del régimen obtener el grado de doctor. El anodino gobernante Miguel Díaz-Canel, su esposa Lis Cuesta, el ministro de economía Alejandro Gil y ahora Esteban Lazo, presidente del inoperante parlamento, han presentado tesis doctorales en la Universidad de La Habana.

Díaz-Canel se convirtió en doctor en Ciencias en 2021, con una tesis titulada “Sistema de Gestión de Gobierno basado en la Ciencia y la Innovación”. Ese mismo año, Alejandro Gil, un ministro que no ha sido capaz de atajar la inflación ni ofrecer soluciones a una crisis económica que se extiende por cuatro años, preparaba su tesis doctoral con su compadre Díaz-Canel como tutor.

El título de la tesis de Gil es “Metodología para la gestión del plan de desarrollo económico y social de Cuba”. Un año después, se convirtió en doctora Lis Cuesta, esposa de Díaz-Canel, con la tesis “Modelo pedagógico para exportación de servicios académicos en la agencia Paradiso”.

Y en los últimos días ha circulado un acuerdo de la Comisión Nacional de Grados Científicos del Ministerio de Educación Superior, por el cual se aprobó, a solicitud de la Universidad de La Habana, la defensa de Esteban Lazo de la tesis doctoral “Concepción teórico metodológica del trabajo político ideológico del Partido Comunista de Cuba”.

Las redes sociales se han inundado de críticas, memes y sarcasmos. “Son incapaces de producir alimentos y que funcionen con decencia los servicios públicos y estos ineficaces personajes que dirigen el país por mandato divino se dan el valijú de querer obtener el título de Doctor. Pa’ mear y no echar gota”, dice una cubana residente en España.

“Cantinflas en un niño de teta al lado de esta gente (el régimen). El único doctorado que tienen es el de la represión del pueblo durante 64 años. En eso sí que tienen un máster”, escribió en su muro de Facebook un cubano de la provincia de Matanzas.

Yislen, sicóloga, asevera que “el reconocimiento y el ego desmedido es un comportamiento habitual entre los seres humanos. Sobre todo cuando se consideran que no han sido suficientemente reconocidos. Pero llama la atención, en el caso de los dirigentes cubanos, que buscan ese reconocimiento sin haber tenido éxito en su desempeño administrativo. El modelo político en Cuba siempre fue muy personalizado. Todo giraba en torno a la figura de Fidel y después de Raúl. Es una estructura de gobierno militar de ordeno y mando, donde el subordinado cumple ordenes y rara vez propone. Casi todos los actuales funcionarios siempre fueron subalternos, por eso quieren obtener un doctorado, para demostrar conocimientos y autoridad”.

En un país donde casi nada funciona, la saturación de propaganda política e ideológica, consignas y promesas incumplidas provoca un enorme rechazo entre la población. Cuando Díaz-Canel sale en el noticiero, muchos cubanos apagan el televisor.

Iván García

lunes, 30 de octubre de 2023

La República del Mangovich

Un día no muy lejano, para comerse un mango, la gente de la isla tendrá que viajar a Leningrado.

De hecho, el régimen cubano exporta mangos a Rusia mientras mantiene a los cubanos a régimen. Pronto el mango será borrado del tema de Félix B. Caignet “Frutas del Caney” y ningún nacional podrá coger nunca más mangos bajitos.

También es una puñalada por la espalda a los esfuerzos del Gran Fellove Francisco, que quiso mantener, con su “Mano mangüé”, la fruta en nuestra dieta, o al menos en nuestra dieta cultural y se preguntaba: “Mami ¿Qué le pasa a papi?”. Sencillo, papi abrió los brazos y las piernas a lo que fuera la hermana Unión Soviética (sovieta, según una presentadora de televisión), que ahora se llama Rusia, es más pútina que nunca y nada de desinteresada, como gritaba a los cuatro vientos el Delirante en Jefe cuando pensaba que ordeñaba a Kruschov y a Leonid Brezhnev, mientras le mangaban otras cosas como hoy le mangan a Cubita los mangos.

De hecho, las exportaciones de mangos a Rusia son cuidadosas, no vale cualquier mango, ni de cualquier zona. Los mangos de las provincias orientales no resisten el largo viaje porque han sufrido demasiado calor. Y existe también el precedente de que, precisamente debajo de una mata de mangos, el general Antonio Maceo hizo su famosa protesta de Baraguá. Los herederos de Pushkin no están para ninguna protesta.

Para los que olvidan la historia, aquella entrevista entre Maceo y el general Martínez Campos sucedió en Mangos de Baraguá. Allí alguien de su tropa lanzó un alarido histórico: “El 23 se rompe el corojo”. Corojo es una palabra que no tiene traducción al ruso.

Hoy por hoy, solamente se exportan a Rusia mangos cultivados en Cienfuegos, que es una ciudad muy bonita donde uno puede llevarse un mangazo y coger la sartén por el mango. La prensa lo ha dicho, a sotto voce, para que no se alteren los campesinos a quienes se les pudre la fruta en el piso: "De la cosecha de mango cienfueguera se enviarán 500 toneladas a la industria alimentaria para hacer pulpas, compotas y otros destinos sociales”.

Así que, en la actualidad, y ese futuro que ya viene llegando, con muletas y todo, será difícil decir en Cuba que la vida de alguien es un verdadero arroz con mango. Se empieza así, haciéndote el gracioso con Rusia, regalándole o vendiéndole muy barato nuestro sabor, el néctar de nuestros campos y ciudades, y un día, cuando los mangos estén verdes, les tendrás que ofrecer otra cosa.

Lo que nadie imagina es que los mangos de Cuba, cansados de que el gobierno los ignore y los vilipendie, que Acopio los tire a mondongo y prefiera dejarlos pudrirse en el piso antes que comprárselos a los campesinos, un día se cansarán de tanto desprecio y de tanta humillación. Es una metáfora del poder en Cuba: los que están a punto se golpean contra el piso, y allá arriba, en las ramas, solamente sobreviven los inmaduros.

Pero claro, no se exporta cualquier mango, como no sale de la isla cualquier cubano, sino los que pasan por el colador del Minint. No sé si a las frutas que exportan les imponen requisitos ideológicos o si revisan su afiliación política o si, alguna vez, desde las ramas más altas, le han gritado al narizón Puesto a Dedo “Díaz-Canel, sincasa”. Pero de que son mirados con lupa, como si fueran cineastas o artistas, eso sí. Lo dice la nota de prensa: “La cienfueguera Empresa Cítrico Arimao es la única que se dedica a exportar mango. De las 900 hectáreas que se cultivan de la fruta en esa provincia, 35 son certificadas desde su siembra y seguidas bajo estrictos requisitos sanitarios para cumplir los estándares del mercado europeo".

Es decir, el mango que vaya a viajar fuera de Cuba ha de cumplir determinadas condiciones: volumen y peso estándares, maduración normal, buena presencia, higiene total, educación apropiada, certificados médicos en regla (que no provoque caquitas raras ni diarreas imprevistas) y que con su sola presencia cada mango hable bien del proceso revolucionario. Es como la realidad cubana actual: los extranjeros ven lo que el gobierno les quiere mostrar, pero nunca se enteran de los pobrecitos mangos que nadie recoge del suelo y que se van descomponiendo. Ni siquiera va la policía a exprimirlos o reprimirlos, aunque ganas no le falte. A la policía, digo.

Imaginen por un momento que los mangos, hartos de que en la isla no los valoren ni consideren, acepten irse a Leningrado, a Siberia, a Sarátov o a Moscú. Allí, en secreto, casi clandestinamente, decidan evolucionar y mangar a la humanidad. Se adaptan al frío y acuerdan entre todos seguir con la cáscara verde, o ponerse carmelitas o rojos. O aparentar ser peras, o melones, o quizá frutabombas, para tener algún sex appeal con el apodo de “papayas”. Que por unanimidad decidan no crecer más en el trópico y que a partir de ahora solamente brotarán en climas fríos, en la estepa, cubiertos de nieve. ¿Darán en Cuba mandarinas por mangos, igual que ofertan pollo por pescao? Ná, soy un soñador, en Cuba tampoco hay mandarinas.

Ese acercamiento a Rusia, antigua Bolandia, en la que los altos cargos que nadie eligió nunca para desgobernar la isla mueven las cabecitas en gesto de aprobación y simpatía y sacan las lengüitas babeando, y hasta te tienden la patica para que les digas jarachóv y maladietz, ¿dará algo en concreto? ¿Rusia le dará a Cuba concreto? ¿Ese concreto se utilizará para levantar nuevos hoteles para que disfrute el turismo ruso o será para reparar la cara de los dirigentes?

No sé, a lo mejor es una dádiva, un gesto galante con el que Cuba le dice a la vieja Rusia “tómame o déjame”, pero invierte, que queremos seguir gozando las mieles del poder. Tal vez exagero. Me he vuelto muy desconfiado. La nota agrega y abunda que: "Otras 500 toneladas se utilizarán para hacer jugos, néctares y mermeladas en la propia Cítrico Arimao". Eso dicen, pero el papel lo aguanta todo. Nadie ha visto nada de eso que anuncian.

Tal vez estoy exagerando y los rusos acepten la exportación de mangos de la isla y los cubanos puedan paladear su sabor en forma de compotas. De aquellas compotas que fabricaban los soviéticos y que había que llamar a los artificieros del ejército rojo para abrirlas.

Posiblemente entonces los cubanos tengan que viajar de todos modos a Leningrado para abrir las compotas.

Ramón Fernández Larrea
ADN Cuba, 8 de abril de 2023.
Ilustración de Armando Tejuca.

lunes, 23 de octubre de 2023

El general y la muerte


A Fidel Castro le gustaba tener a la muerte lejos. Fue un tipo vitalista, eléctrico, que sólo aludió a la muerte para marcar su frontera. Pisó cementerios, mató y sostuvo urnas funerarias solamente cuando podía aprovecharse del difunto –Santamaría, Guevara, Ochoa– y vivir con más ímpetu. Por el contrario, su hermano Raúl ha sido el enterrador por excelencia del régimen. De él –el segundo hombre, el menor, el aparecido– uno siempre se pregunta cuándo morirá, y por qué mueren todos menos él.

Raúl Castro lleva semanas paseando por el otro mundo. Sepulta, honra, pone flores, saluda, medita, firma testamentos, emplea lo que le queda de esa longevidad inhumana de los gallegos y sale en unas cuantas fotografías. Felino, fruncido como una pasa, sonríe pero no habla. La mayor evidencia de que el ángel exterminador lo está buscando es la figura, siempre de negro y rozándole la espalda –como en el filme de Bergman–, de su nieto Raúl Guillermo.

La vigilia pascual celebrada por Díaz-Canel el 26 de julio es la mejor liturgia fúnebre que puede pedir Raúl. En ausencia de Fidel –aunque un desplumado Ramiro Valdés se posara a su lado–, el general pudo disfrutar de una reescritura de la historia del asalto al Moncada. Un relato donde por fin su resistencia en el cuartel sea el evento protagónico y su hermano, demasiado aferrado a la supervivencia, quede como el cobarde que ordenó la retirada.

Incluso con su torpeza habitual, dudo de que Díaz-Canel haya brillado más ante su mentor que durante esa madrugada en Santiago de Cuba. Él, tan desprovisto de trucos, aprovechó el amanecer y se puso una extraña camisa clerical. Evocó a Santiago Matamoros y a la Virgen de la Caridad en versión belicosa, adaptados a la imaginería comunista.

Complació al viejo, no hay duda. Pero también le recordó que va a morir y que todos los que alguna vez lo acompañaron en los días de aburrimiento y de oficina, en las conspiraciones y fusilamientos, en las cenas de gala y los actos y los discursos, ya lo esperan en esa necrópolis que él mismo construyó en las montañas de Oriente. El panteón del Segundo Frente, lejos del tótem turístico de Fidel Castro, es más apropiado para un sujeto que hasta el final quiso tramar –no diré que con éxito– su propia ficción.

Los vivos, sin embargo, son las piezas del juego de Raúl, no las que hubiera querido Fidel. ¿Pero qué pueden importarle ya los vivos al general? La prole de los Castro es un chiste: unos hijos con poco calibre político, una tribu de nietos malcriados y corruptos, y payasos marginales –como Fidel Castro Smirnov– que mendigan un rincón en la historia, no su absolución. Cuando muera Raúl no acabará el régimen cubano, pero sí el castrismo como visión del mundo.

El único vivo digno de su herencia fue enterrado, hace unos días, por el propio general. Que López-Calleja, el Richelieu cubano, tenga su nicho debajo –pero en la misma piedra– del antiguo ministro de las Fuerzas Armadas, Casas Regueiro, es la última advertencia en clave de Raúl: todos, incluso los hombres de verdadero poder, los que llevan el dinero, los que lanzan discursos y los que administran, deben recordar que Cuba responde primero al militar, al hombre fuerte, al caudillo. Esa tensión que empezó en las guerras de independencia y contra la que reaccionó Martí –"un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento"–, la resolvieron a su favor Batista y Castro. En la tumba de su ex yerno, Raúl deja grabada esa última profesión de fe en el látigo.

El general, de educación tan jesuítica como la de Fidel, tiene que haberse preguntado en estos días si es verdad lo que le dijeron los curas en el colegio de Dolores. Descartados el paraíso y el purgatorio, ¿quedará el infierno de todos tan temido? Quizás por eso cumplió a rajatabla con la imagen del patriarca familiar, quizás por eso es amigo del Papa y consideró –como Franco o Pinochet– limpiar un poco la conciencia yendo a misa.

Una divertida hipótesis que circula desde hace al menos dos años dice que Raúl Castro está muerto. El hombre que camina junto a Díaz-Canel sería apenas una sombra o doppelgänger. El doble de la ficción que apuntala el precario liderazgo del presidente y lo mantiene –por poco tiempo– a salvo de los demás tiburones.

Yo no lo creo. Detrás de la piel llena de surcos y pliegues, los huesos menudos y el uniforme marcial, hay una expresión de genuina angustia. Es la cara del viejo Raúl Modesto, el sepulturero de la Revolución. El mismo que escribió en su diario, a los 27 años, su método para enfrentar a los rivales: "Irlos engañando con astucia, como la que hasta ahora hemos empleado, explotando incluso la mística de la leyenda y aparentando un poderío que en realidad no tenemos".

Xavier Carbonell
Texto y foto: 14ymedio, 30 de julio de 2023.

lunes, 16 de octubre de 2023

Represión, lo que mejor funciona en Cuba

Cada vez es más difícil hacer periodismo independiente y activismo opositor en la Isla porque el acoso sistemático de la Seguridad del Estado ha provocado una oleada migratoria de disidentes que huyen de la represión o de una probable sanción penal.

En sus cinco años de mandato, Miguel Díaz-Canel no ha sabido encontrar soluciones a la profunda crisis económica y estructural del anacrónico modelo comunista en Cuba, donde todos los rubros productivos decrecen y los servicios básicos están en quiebra, pero ha sido efectivo en desmantelar la oposición y el periodismo sin mordaza.

Ni siquiera Fidel Castro, quien en la Primavera Negra de 2003 encarceló a 75 opositores pacíficos, pudo silenciar la disidencia y la prensa sin mordaza. Cuatro años después de aquella razia represiva, los reporteros Juan González Febles y Luis Cino comenzaron a imprimir en La Habana Primavera Digital, un periódico abiertamente anticastrista. Y Yoani Sánchez organizó una blogosfera contestataria. Después, Yoani y su esposo Reinaldo Escobar fundaron 14ymedio, convirtiéndose en precursores de un nuevo tipo de periodismo digital hecho en Cuba.

Simultáneamente, se incorporaron jóvenes intelectuales y artistas disidentes como Antonio Rodiles, Claudio Fuentes, Lía Villares, Claudia Cadelo, Gorki Águila y Omni Zona Franca, entre otros, que renovaron la oposición local. Un grupo de abogados liderados por Laritza Diversent y Julio Ferrer, se sumaron a juristas fundadores de la Corriente Agramontista, como René Gómez Manzano. Los abogados al margen del control estatal trazaron una estrategia que permitió combatir al régimen con el uso de sus propias leyes. También, abrieron oficinas de asesoría legal gratuita para los ciudadanos y marcaron un precedente al participar en foros internacionales donde denunciaban a la dictadura.

Diversent y otros abogados diseñaron una metodología que posibilitó que las flagrantes violaciones de los derechos humanos del castrismo se escuchara en tribunas foráneas. Todo ello contribuyó a que la disidencia se diversificara y surgieran espacios dentro de una incipiente sociedad civil autónoma. La comunidad LGBTI, cineastas y artistas descontentos con el gobierno igualmente reclamaron una apertura democrática.

El periodismo independiente se fortaleció. Una camada de excelentes periodistas recién graduados de la Universidad de La Habana como Elaine Díaz, Carlos Manuel Álvarez, Abraham Jiménez, Mónica Baró, Darcy Borrero y José Jasán Nieves elevaron la calidad del gremio. Nacieron varios medios digitales como Periodismo de Barrio, El Toque y El Estornudo, entre otros.

Contrario al pensamiento único del régimen, en la oposición hubo espacio para todos. Desde el veterano socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa y un liberal como Antonio Rodiles hasta un neo comunista al estilo de Harold Cárdenas. La profesora universitaria Alina Bárbara López, el escritor y humorista Jorge Fernández Era y los estudiantes universitarios Leonardo Romero Negrín y Alexander Hall defendían, y defienden, la tesis de un socialismo democrático y plural.

En medio de la represión y el acoso, que nunca se detuvo, llegué a tener una red de personas que utilizaba de fuentes en temas como la prostitución, las drogas, la corrupción institucional y los incipientes carteles mafiosos que se fueron perfilando en turismo y comercio interior.

Existían comunicadores y periodistas alternativos por todo el país, que cuando viajabas a hacer un reportaje en alguna provincia, te acogían en sus casas. La vez que realicé una cobertura informativa en el oriente de la isla, Rolando Rodríguez Lobaina, fundador de la Alianza Democrática Oriental y director de Palenque Visión, agencia de audiovisuales que llegó a tener casi 200 personas, me ofreció alojamiento y comida en su domicilio de Guantánamo.

Aunque las detenciones arbitrarias y las amenazas de cárcel de la policía política continuaban, colegas de la prensa independiente habíamos creado mecanismos que burlaban la censura informativa. Todo eso cambio a partir del verano de 2019. Se recrudeció la represión y decenas de activistas y periodistas fueron forzados al exilio. Era un ultimátum: emigración o cárcel.

Una dictadura incapaz de producir alimentos, que no ha podido evitar el deterioro de sectores que eran el orgullo de Fidel Castro como la educación y salud pública, donde casi un 10 por ciento de la población ha emigrado en la última década, ha sido eficaz en desmontar la oposición y acallar a quienes opinan diferente dentro de Cuba.

El país es un manicomio. La gente sobrevive como puede. Pero al Departamento de Seguridad del Estado no le faltan recursos ni financiación. Su capacidad operativa para amedrentar a la población sigue intacta. Los actuales oficiales de la policía política tienen una preparación deficiente. Es fácil pisotearlos intelectualmente en un debate serio. Pero el régimen cuenta con una aceitada maquinaria jurídica y represiva que todavía infunde miedo a muchos ciudadanos, disidentes o no.

Y los cubanos no tienen vocación de héroe ni madera de mártir. Ante la posibilidad de una sanción penal, la opción es emigrar. Ha habido casos de disidentes y periodistas independientes que han renunciado a su labor contestataria por las presiones de los servicios especiales.

Otros como Luis Manuel Otero, en huelga de hambre, Maykel Osorbo, que se cosió la boca en señal de protesta, José Daniel Ferrer, Lázaro Yuri Valle Roca, Félix Navarro y su hija Sahily, son seis de los más de mil prisioneros políticos que cumplen injustas sanciones penales.

El periodismo independiente está en mínimos, igual que la disidencia, que nunca tuvo poder de convocatoria entre la población, debido a que la Seguridad del Estado se encargó de dinamitar los puentes y aislar a los ciudadanos de los opositores, valiéndose de diversos métodos. No solo expulsaban del trabajo a un disidente también presionaban a familiares y amigos para que rompieran relaciones con ellos.

La periodista Camila Acosta es un buen ejemplo de esa táctica de tierra arrasada que utiliza la policía política. Intentaron dividir a sus padres, abuelos y amigos con descalificaciones y mentiras. Han tratado de asesinar su reputación. Recientemente, la televisión estatal la calificó de ‘terrorista’. Su único delito: escribir sin mandato.

Los próximos años se vislumbran muy duros para la disidencia interna. Los que emigran ni siquiera pueden acceder a programas de refugiados políticos. El de la Embajada de Estados Unidos no está funcionando desde 2016 a raíz de los presuntos ataques sónicos a sus diplomáticos en La Habana. Tampoco funciona el programa de cursos y becas que beneficie a hijos y nietos de opositores. Y las embajadas occidentales son tan rigurosas en sus requisitos para aprobar el estatus de refugiado político, que los disidentes forzados al exilio optan por la emigración irregular.

La buena noticia es que en los últimos dos años hay una revolución ciudadana en marcha en Cuba que ha desplazado a la oposición tradicional. El descontento popular, debido a la pésima gestión gubernamental y los deseos de un cambio democrático se han convertido en un reclamo de los cubanos de a pie.

La mayoría de los nuevos presos políticos no eran activistas ni opositores. Eran estudiantes, profesionales y trabajadores cansados de vivir en la pobreza, con una sola comida al día y un futuro rodeado de signos de interrogación. Tampoco sus familiares eran opositores.

Cada año que pasa la longeva autocracia verde olivo es más torpe. El sistema no funciona. Está roto. A golpe de represión pueden encarcelar y estimular la emigración de cientos de miles de cubanos. Pero la vida es un ciclo. Y tarde más o menos, el final siempre llega.

Iván García
Foto: El periodista independiente Boris González Arenas, arrestado durante una manifestación de apoyo al movimiento LGBTI realizada en La Habana el 11 de mayo de 2019. Tomada de Martí Noticias.

lunes, 9 de octubre de 2023

Antes de 1959, los cubanos comíamos pescado a menudo


"En 1958, Cuba era el país de América Latina con mayor consumo de pescado per cápita, y así lo muestran las estadísticas de la FAO", escribe Roberto Álvarez Quiñones en Diario de Cuba. A los cubanos menores de 60 años residentes en la isla les puede parecer exagerada esa afirmación del periodista. Es que ellos nacieron y crecieron comiendo los 'inventos alimentarios' que el castrismo vendía (a partir de marzo de 1962, con la 'libreta de racionamiento' en todos los núcleos familiares desde San Antonio a Maisí).

Pongo el ejemplo de mi casa. Mis padres no eran muy amantes del pescado ni del marisco como en otros hogares de La Habana, donde vivíamos. Así y todo, una vez a la semana mi madre iba a la Plaza, como en el barrio le decíamos al Mercado Único de Cuatro Caminos, y en una de las muchas tarimas de chinos que vendían pescados y mariscos frescos, compraba parguitos, que el dependiente limpiaba. Ya en la casa, como no teníamos refrigerador, mi madre le echaba sal y limón, lo pasaba por harina y lo freía en aceite de oliva (Carbonell era la marca más popular).

El otro plato de pescado que por lo menos una vez al mes comíamos era el bacalao a la vizcaína (en la bodega de la esquina, se compraba un pedazo de una penca de bacalao seco de Noruega). Y una o dos veces al mes comíamos camarones, también comprados frescos en la Plaza y que ella hacía enchilados (sin picante) o con arroz. También comíamos sardinas de lata, en aceite o con tomate, de España, Portugal o Marruecos.

Mi padre, barbero y guardaespalda, de 6 pies y 200 libras, decía que los 'guapos' no tomaban sopa. Pero a mi madre, de origen campesino, le encantaba la sopa y dos o tres veces a la semana la hacía, de carne de res o de pollo. De vez en cuando, ajíaco, con carne de cerdo, yuca, boniato, malanga, calabaza y maíz, en mazorca o en bolitas.

Atún, bonito, aguja, sierra y serrucho o arroz con pescado solía comerlo en casa de algún familiar o vecino, igual que la sopa de pescado con cabeza de cherna. El pargo asado en el horno me encantaba y donde siempre lo comí fue en casa de Lucrecia López, la que sale conmigo en esta foto.

Escabeche de pescado, langosta grillé y cangrejo enchilado comí en casa de mi tía Candita cuando ella y su marido, el gallego Elías, trabajaban como encargados en edificios de la Habana Vieja y el Vedado. Candita cocinaba lo que yo en mi niñez consideraba exquisiteces: carne de cerdo asada con ciruelas pasas, carne de res mechada con jamón, croquetas de jamón y pie de manzana. Lo que sí menudo compraba en el puesto de los chinos, en Romay y Zequeira, eran frituras de bacalao y majúas fritas. Un pan con minuta de pescado costaba 0.10 centavos y lo vendían en el timbiriche que había en Monte y Fernandina, donde también podías comer frita (0.10 centavos), pan con tortilla (0.10 centavos), perro caliente (0.15 centavos) y pan con bistec que era lo más caro (0.20 centavos).

En mi barrio, muchas familias comían otras variedades de pescado como la rabirrubia y la liseta. Y los más pobres, con solo seis centavos, en la bodega adquirían una libra de camarones secos y hacían un arroz o con tomate preparaban una salsa con los camarones secos y se la echaban a la harina de maíz. Aunque en Cuba lo vendían, en mi niñez nunca comí arenque, salmón, ostiones, anchoas, almejas, berberechos...

"Siendo Cuba una isla tropical, rodeada de archipiélagos y corales capaces de mantener una abundante fauna marina, fueron el pescado y los mariscos ingredientes significativos en los platos de la cocina cubana. No se limitaba la pesca a las aguas de poca profundidad, muchas veces la mesa era servida con algún pescado de mar abierto. Aunque no del gusto de todos, también en ciertas casas se consumían conservas y pescados importados, con cierta preferencia por aquellos de los mares del norte", se lee en una página dedicada a recetas de pescados en la cocina tradicional cubana.

Tania Quintero

lunes, 2 de octubre de 2023

"El gobierno cubano se burla del pueblo"

Pasadas las once de la noche, la Avenida Acosta, en la barriada de La Víbora, al sur de La Habana, está desierta. Los dueños de pizzerías y cafeterías cierran sus negocios por la ausencia de clientes y el temor a la violencia que se ha destapado en la ciudad.

Hace ocho años, a raíz del restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, proliferaban los negocios particulares en la zona. En una franja de un kilómetros y medio, desde Acosta y Porvenir hasta Mayía Rodríguez, funcionaban once paladares, más de veinte pequeñas cafeterías de entrepanes y comida criolla, ocho pizzerías, puestos de ventas de helados, panes, confituras y kioscos de toldos brillantes que ofertaban pollo frito acompañado de papas o boniato a la juliana.

A pesar de estar alejado del Vedado y el centro de la capital, había mucha movida nocturna en La Víbora. Era habitual encontrar bares privados a tope por la madrugada. Pero la estrategia de Obama de negociar con la dictadura caribeña e impulsar los contactos con emprendedores privados intimidó al régimen cubano. El régimen deseaba, y desea, negocios con los ‘yanquis’, pero con empresas estatales o militares y controlando cada detalle de las tímidas reformas económicas.

Los Castro, quienes gobiernan la Isla hace 64 años, se sintieron amenazados y tiraron del freno de mano. Con la muerte de Fidel y la presunta jubilación política de su hermano Raúl, llegó al poder una camada de dóciles y mediocres funcionarios del partido comunista educados en cumplir las órdenes de sus superiores.

En Cuba, todas las decisiones de Estado las tomaban los Castro, ya fuera para aprobar el presupuesto nacional, planificar una zafra azucarera o cualquier estrategia de política exterior. Y de su séquito de confianza, solamente Ramiro Valdés, Machado Ventura y el ex guerrillero Guillermo García que sin ocupar ningún cargo tiene más poder real que un ministro, cuentan con cierta autonomía.

El resto de los dirigentes han sido meras marionetas que Fidel Castro siempre premió más por su lealtad que por su talento. Cuando llegó Miguel Díaz-Canel al poder, elegido a dedo por Raúl, ya el espejismo de apertura había sufrido un retroceso. La dictadura había machado con absurdas normas legales y elevados impuestos a los emprendedores privados. Los negocios, sobre todo aquellos ubicados lejos de las rutas turísticas habaneras o fuera de la capital, comenzaron a menguar.

Después, el presidente Donald Trump aplicaría más de 240 medidas que afectaron a GAESA, un holding de empresas militares que es un poder paralelo en la Isla y controla el 95% de las divisas que entran al país. El agravamiento de la crisis sistémica y la llegada del Covid-19 fue una tormenta perfecta. Todos los rubros productivos del país cayeron en picada.

La incompetencia del gobierno de Díaz-Canel quedó en evidencia ante el pueblo. La estrategia para enfrentar la pandemia fue desastrosa. La cifra real de fallecido, según expertos, superó los 55 mil. Las medidas para intentar frenar la imparable inflación y bestial crisis económica han sido fallidas. Cuba es un velero a la deriva sin piloto. Va hacía donde lo mueva el viento.

La Tarea Ordenamiento, para fortalecer la moneda nacional y supuestamente mejorar los deprimidos salarios estatales, fue un sonado fracaso. Los servicios básicos apenas funcionan. Comer arroz, frijoles negros y un bisté de cerdo se ha convertido en un lujo para el 75 por ciento de la población. Siete de cada diez cubanos desayuna un buche de café ligado con chícharos y hace una comida al día.

Si hace dos años, al comenzar la Tarea Ordenamiento, un cirujano de nivel, como Rogelio, 55 años, devengaba un salario de 6 mil pesos, equivalente entonces a 250 dólares, ahora ese sueldo representa 27 dólares en el canje en el mercado informal.

“El poder adquisitivo de mi salario se ha devaluado en 223 dólares. Y el precio del transporte y los alimentos se han multiplicado entre cinco y diez veces. En 2021, una libra de frijol negro costaba 40 pesos, ahora ronda los 300 pesos. El arroz valía 20 pesos la libra, actualmente 200 pesos. Un cartón de huevos se conseguía en 400 pesos, en estos momentos no baja de 1,800 pesos. Y la carne de cerdo de 60 pesos la libra, subió a 450 o 500 pesos la libra. Es un drama comer. Por muchas cuentas que saques el dinero no alcanza. Demasiado buenos somos los cubanos, que no hacemos una huelga general hasta que esos ineptos renuncien o se larguen del país. En esta vida miserable que llevamos pedirle a la gente más sacrificios es una falta de respeto. Encima, soportar que un funcionario como Jorge Luis Tapia, con modales de matón presidiario, diga quienes quieran comer pescado hagan un estanque y críen peces. Sin palabras. El gobierno se burla del pueblo”, opina el cirujano.

Luego de recorrer una feria agropecuaria estatal en la Plaza Roja de La Víbora y ver los precios, Cristina, jubilada, comenta: “Una ristra de ajos cuesta mil pesos, una ristra de cebolla mil trescientos y un aguacate verde y pequeño 90 pesos. El gobierno quiere meter presos a los particulares por precios excesivos, cuando los primeros que ponen precios abusivos son ellos. ¿Con 1,500 mil pesos puede vivir un jubilado?”.

Sergio, dueño de una MIPYME, considera que “los ataques del gobierno a los negocios privados, queriéndolos culpar de la inflación y altos precios, es una historia que se repite. Culpar a los emprendedores por el desastre que el Estado no ha sabido gestionar en 64 años es de un gran cinismo. Gracias a las MIPYMES un segmento de la población puede comprar cosas que hace años el comercio estatal no vende".

Los precios son caros, pero más baratos que en las tiendas MLC reconoce Sergio y confiesa: "Yo no tengo la culpa que el Estado pague salarios de miseria. Algunos diputados hablaron de decomisar o cerrar negocios que no bajen los precios. El descaro de esta gente (el régimen) no tiene nombre. Nos quieren acusar de ilegalidad por comprar dólares en el mercado informal. Si no lo hacemos ¿cómo se reaprovisionan los negocios? En cualquier otro país el banco te vende divisas. En Cuba todo es a pulmón. No han pasado dos años de las primeras MIPYMES y ya nos quieren meter miedo. Pero con las que son gestionadas por parientes de funcionarios del partido o militares retirados no se meten”.

Un taxista privado piensa que esa actitud era esperada, porque "es un gobierno que no tiene un ápice de autocritica, que jamás ha pedido una disculpa pública a los que un día llamaron 'gusanos' ni a los homosexuales que metieron presos. El desastre económico lo han provocado ellos. Siempre es más fácil descargar la culpa en otros”.

A Yoan, 26 años, le da igual lo que diga Jorge Luis Tapia o Esteban Lazo. "En Cuba los dirigentes siempre han despreciado a la población y por eso no se siente representada por esos diputados pendejos que no dicen la verdad. Ese parlamento es una opereta. La gente aquí está pa'buscarse cuatro pesos pa’ comer o cuadrar un parole pa’ la yuma. El partido comunista debería ser prohibido, como hicieron con el nazismo”.

La insolente propaganda del régimen, el método de gobernar a golpe de ucases y no escuchar al pueblo, ha generado una profunda antipatía hacia las instituciones del Estado por parte de un segmento amplio de cubanos. Esa frustración ciudadana puede estallar en cualquier momento.

Iván García
Foto: Campesinos tratan de coger peces en las aguas de un sembrado de arroz en Pinar del Río. Tomada de Martí Noticias.

lunes, 25 de septiembre de 2023

Comentan el legado político de Vladimiro Roca

Opositores cubanos comentaron el legado político de Vladimiro Roca Antúnez, miembro de la disidencia histórica en la isla, fallecido el domingo 30 de julio de 2023 en La Habana.

“Vladimiro, tuvo muchas ideas y realizó muchas acciones para instalar la democracia en Cuba. Es una lástima su pérdida. Siempre quedará entre nosotros el recuerdo de todo lo que él hizo, de su prisión, de sus responsabilidades dentro de la lucha por los derechos humanos”, dijo la economista y compañera de causa Martha Beatriz Roque Cabello.

En 1997, junto a Roque Cabello, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés, Vladimiro creó el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, cuyo objetivo era analizar la situación socioeconómica del país. Los cuatro redactaron el documento “La Patria es de Todos”, en el que pedían cambios políticos y económicos en Cuba, y por el que fueron arrestados y encarcelados.

El activista pinareño José Rolando Casares recordó un evento en el que participó Roca Antúnez, en la ciudad de Cancún, México, en 2015. “Su muerte es un duro golpe. Tuve la suerte de conocerlo de cerca, porque participé en ese evento organizado por el Instituto Konrad Adenauer. Nos transmitió su experiencia y mucha energía. Sentó pautas para nosotros organizarnos en esta lucha”, reflexionó el activista.

El exprisionero político Juan Alberto de la Nuez, coordinador nacional del Movimiento Ciudadano Reflexión y Reconciliación, rememoró los días que compartió con el opositor en la prisión provincial de Ariza, en Cienfuegos, entre 1997 y 2002.“Mi admiración hacia él. Lo conocí personalmente. Fue una de las personas que más me inspiró. Vladimiro fue uno de los redactores de La Patria es de Todos, documento que sigue vigente, un legado histórico que marcó a toda una nueva generación" .

Economista de profesión, Roca Antúnez se graduó en Relaciones Económicas Internacionales en el Instituto Superior Raúl Roa en 1987, y trabajó en organismos estatales hasta que sus diferencias con el rumbo político de la nación se hicieron irreconciliables. Su sobrino, Lázaro Yuri Valle Roca, 61 años periodista independiente, en la actualidad cumple una condena de 6 años de privación de libertad en el Combinado del Este, por el presunto delito de propaganda enemiga continuada.

En abril de 2015, durante una visita a Miami, donde se reunió con exiliados cubanos, al expresarse sobre el futuro de Cuba, Vladimiro declaró: “El cambio viene y va a llegar. Ya no aguantan más ni los propios que están dentro del gobierno”.

Tomás Cardoso
Martí Noticias, 31 de julio de 2023.
Foto: De derecha a izquierda, los disidentes Vladimiro Roca, Martha Beatriz Roque, Félix Bonne y René Gómez Manzano, en junio de 2007. Tomada de Martí Noticias.

lunes, 18 de septiembre de 2023

El Vladimiro Roca que conocí

Conocí a Vladimiro Roca a mediados de 1963. En ese momento yo era un soldado-estudiante en la Base de San Julián ubicada en lo más occidental de Pinar del Río. Vladimiro era un piloto de Mig que nos llenaba de admiración con sus piruetas en el cielo de Cuba. Entonces él solo era “el hijo de Blas Roca” que compartía su status con Carlos Jesús Menéndez, otro piloto hijo del líder azucarero Jesús Menéndez.

Volví a tener noticias de Vladimiro en 1996 cuando se intentaba realizar el Concilio Cubano para poner de acuerdo a las filas opositoras. Un año más tarde junto a Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano y Félix Bonne firmó un documento conocido como La Patria es de Todos que le costó permanecer en prisión por cinco años en una cárcel de máxima seguridad. Hasta ese momento nunca había hablado con él.

En 2003 cuando me desempeñaba como Jefe de redacción de la revista digital Consenso le hice una entrevista en su casa. Solo a partir de ese momento pude conocer su calidad humana, su conocimiento de la realidad nacional y su auténtica disposición a trabajar por el futuro de este país.

Luego terminamos por coincidir en diferentes eventos en Cuba y en el extranjero, donde pude percatarme de su fuerte carácter y su predisposición a defender sus criterios de forma valiente y en ocasiones desafiante.

Vladimiro se ha visto aquejado por las secuelas de lo que ha vivido en 80 años de vida. La penúltima noticia que tuve de él fue su ingreso en un hospital con un pronóstico pesimista. Desde entonces mantuve la esperanza de que lograría mejorar su estado de salud pero sé que desde entonces él ya estaba listo para despedirse.

Ni él ni yo creemos mucho en la leyenda de que la gente se va al cielo, pero allí lo veo, divirtiéndose mientras hace piruetas atrevidas.

Reinaldo Escobar
Texto y foto: 14ymedio, 30 de julio de 2023.

lunes, 11 de septiembre de 2023

De piloto a disidente

Fue un niño inquieto y travieso. Querían ponerle Vladimir, por Lenin, pero entonces en Cuba no inscribían a nadie con nombres foráneos, menos si era ruso. Y se lo 'cubanizaron' añadiéndole una o. A ciencia cierta no se sabe por qué desde pequeño su familia le decía Pepe, apodo con el cual sigue siendo conocido entre sus allegados.

Cursó la primaria en la escuela pública número 118, de la barriada habanera de La Víbora. Luego sería aprendiz de cajista en el diario Hoy, limpiador de cristales en un estudio fotográfico y piloto de cazas Mig-15. En 1987 se graduó de especialista en Relaciones Económicas Internacionales. Hoy es un hombre de la tercera edad con un fino sentido del humor, que ha convertido su oposición a los Castro en un auténtico sacerdocio.

Vladimiro Roca Antúnez nació en La Habana el 21 de diciembre de 1942. Es el tercero de los cuatro hijos que tuvieron Dulce María Antúnez Aragón, luchadora feminista nacida en Sancti Spiritus, fallecida en 1995, y el líder comunista Blas Roca Calderío (Manzanillo 1908-La Habana 1987). Durante más de dos décadas, Blas estuvo al frente del Partido Socialista Popular, que la mayor parte del tiempo estuvo clandestino en la Cuba republicana.

Desde su infancia, Vladimiro y sus hermanos supieron lo que era vivir bajo la zozobra y el acoso policial. En los años duros del régimen de Fulgencio Batista, la familia Roca Antúnez tuvo que mudarse con frecuencia de casa. Las detenciones de miembros del PSP eran constantes. El BRAC, cuerpo dedicado a cazar comunistas, los acechaba. Esa vida de gitano fortaleció la personalidad de Vladimiro Roca.

Cuando Fidel Castro entró en La Habana, el 8 de enero de 1959, la crema y nata del PSP, llámese Blas Roca, Aníbal Escalante, Lázaro Peña, Carlos Rafael Rodríguez o Salvador García Agüero, había dado un giro en el enfoque a la figura de Castro. Había pasado de la indiferencia y la condena a raíz del asalto al cuartel Moncada en julio de 1953 al reconocimiento en 1958, cuando la dirección de partido envió algunos de sus hombres a las montañas orientales a contactar con el líder guerrillero.

El papel desempeñado por el PSP para que el Kremlin apoyara a Fidel Castro se puede leer en el libro El soviet caribeño. La otra historia de la Revolución Cubana, de César Reynel Aguilera. Castro tenía su juego particular. Controlar el poder, por tanto tiempo como fuese posible, y manipuló a los curtidos comunistas, quienes poseían una vasta experiencia en el ámbito sindical y político. Cuando el castrismo triunfó, Vladimiro tenía 16 años y su ilusión era volar en aviones de combate.

“A los 19 años fui a estudiar para hacerme piloto de Mig-15 en una región al sur de la antigua URSS. El curso duró 9 meses. Allí pasé la crisis de los cohetes, en octubre de 1962. Regresé en marzo de 1963”, cuenta Vladimiro sentado en la cocina de su casa en el reparto Nuevo Vedado. Puede que haya olvidado aquellas clases, pero no el consejo de oro que le dio su padre: piensa por cabeza propia.

Ya en la isla, se incorpora a la base aérea de San Antonio de los Baños. A los pocos meses lo trasladan al aeropuerto militar de Holguín. Fue en 1964 cuando Vladimiro comenzó a dudar del respeto a la ley y el carácter represivo de los Castro.

“Ese año hubo un complot en la base. En juicios sumarios condenaron a pena de muerte a 19 personas, fusiladas veinte minutos después de una apelación relámpago. Las autoridades locales aprovecharon la situación para pasar por las armas a dos civiles que se dedicaban a vender marihuana. La ilegalidad y el irrespeto a la vida humana fue un hecho que me marcó”, confiesa.

Vladimiro prepara un café fuerte y continúa hablando. “Después se celebró una reunión con Raúl Castro sobre las consecuencias de dicho complot. Fue una depuración al mejor estilo estalinista. Al año siguiente, me sancionaron 6 meses por un accidente en la base de San Julián. Fue la primera vez que ingresé en una cárcel, militar en este caso, en La Cabaña. Aunque sólo estuve una semana, en una galera de presos militares condenados por delitos comunes”.

Por su carácter, con tendencia a la liberalidad y a juzgar en voz alta las decisiones de los mandarines verde olivo, Vladimiro siempre tuvo problemas. En la Cuba de los años 60, los cuestionamientos y las dudas ideológicas eran casi un sacrilegio. El gobierno disparaba a matar a todo lo que se le opusiera. Se había producido el sectarismo de Aníbal Escalante, quien creía cumplir con los estatutos del partido, y a Fidel Castro no le tembló el pulso para de un manotazo condenarlo al ostracismo.

Cuando en 1969 el régimen movilizó al país a una zafra que intentaba producir 10 millones de toneladas de azúcar, Vladimiro sintió cierto sentimiento de culpa, por dudar de las buenas intenciones del comandante. Entonces decidió leerse todos los clásicos del marxismo. “La conclusión que saqué fue devastadora: Fidel era un tipo que llevaba al país hacia el precipicio. La ilusión de mi padre, de que la Constitución de 1976 que él ayudó a redactar, pudiera encauzar al gobierno por los marcos legales, fue en vano”, señala.

Ser opositor en un gobierno autoritario no es cosa de coser y cantar. Es un proceso lento y traumático. Como una operación a corazón abierto sin anestesia. La persona que escoge ese camino conoce sus consecuencias. Humillaciones públicas. Actos de repudio. Y el poder omnímodo del aparato estatal que te puede convertir en no persona o internarte en una celda de la Cuba profunda.

Vladimiro Roca lo sabe mejor que nadie. Cuando en junio de 1990 comenzó a manifestarse abiertamente como disidente político, fue apartado de su trabajo en un ministerio del Estado. En 1996 es uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata de Cuba, no reconocido por la autocracia. En 1997, junto a la economista Martha Beatriz Roque Cabello, el abogado René Gómez Manzano y el profesor universitario Félix Bonne Carcassés, crean el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. Su objetivo: analizar la situación socioeconómica nacional.

En junio del 97 el grupo redactaría La Patria es de Todos, un análisis profundo sobre el V Congreso del Partido Comunista donde se pedía abandonar el sistema dictatorial y respetar los derechos humanos. El documento fue un buen pretexto para que el régimen arrestara violentamente a los cuatro en sus domicilios y tras 19 meses detenidos, el 1 de marzo de 1999 fueron juzgados por el delito de “sedición y acciones en contra de la seguridad del Estado cubano”.

Vladimiro cumplió una condena de 5 años, de 1997 a 2002, en la prisión de Ariza, Cienfuegos. La cárcel no doblegó los criterios y principios del hijo de Blas Roca. A los 70 años, Vladimiro es un convencido opositor de Fidel y Raúl Castro. No pierde la esperanza de ver el día que Cuba se integre al grupo de naciones democráticas del planeta. Siente que ha sido fiel a su manera de pensar. Los hijos, como alguien dijera, se parecen más a su tiempo que a sus padres.

Iván García
Publicado en este blog el 1 de marzo de 2013.
Foto realizada por Lázaro Yuri Valle Roca en diciembre de 2012, en la cocina de la casa donde Vladimiro Roca Antúnez conversó con Iván García, de espaldas, con una camiseta de Kobe Bryant.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Vladimiro Roca, opositor hasta su muerte

Una tarde de inusitado calor en diciembre de 2012, después de concluir una extensa entrevista, el disidente Vladimiro Roca Antúnez se sentó en bermudas, camiseta y sandalias en el amplio portal de su casa en el reparto Nuevo Vedado, al oeste de La Habana

Saboreó una taza de café fuerte y luego prendió un tabaco torcido a mano. Comenzamos a hablar de la familia. “¿Cómo está mi prima Tania?”, me preguntó refiriéndose a mi madre, Tania Quintero Antúnez, refugiada política en Suiza desde 2003, y sobrina de Dulce Antúnez, la mamá de Vladimiro. Nos pusimos al día. Le mostré fotos de mi hija Melany, entonces de 9 años y de mi esposa Margarita. Su sobrino Yuri, hoy preso político del régimen, nos tiró fotos con un teléfono móvil. Estuvimos hablando más de dos horas.

Faltaban unos días para que Pepe, como le decían familiares y amigos, cumpliera 70 años. Con su forma de hablar pausada, me dijo: "Ha llegado la hora de dar un paso al lado, porque ha surgido gente nueva y talentosa en la oposición y el periodismo independiente. No pienso jubilarme. Pero seré un opositor demócrata hasta el día que muera”.

Probablemente por dignidad, no quiso abordar asuntos personales. Estaba mal de dinero. Había puesto en venta su amplia casa para poder contar con algunos ahorros en su vejez. La necesidad le obligó a venderla muy por debajo del precio en el mercado informal. Aparte de esos cientos de dólares, le ofrecieron un apartamento, pequeño y estrecho, en un horrible edificio de microbrigada.

Mientras estuvo lúcido, leía todo lo que se publicaba en internet sobre el tema cubano. Y seguía estudiando libros de economía y filosofía. Comía poco y mal. Un derrame cerebral y el Alzheimer lo fueron devorando progresivamente. Falleció a los 80 años, el 31 de julio de 2023.

Roca se hizo piloto de Mig-15 en una academia militar soviética y después sirvió en la fuerza aérea cubana. Trabajó en diversas instituciones del Estado hasta que en junio de 1990 fue expulsado como especialista del CECE (Comité Estatatal de Colaboración Económica). Fidel Castro fue implacable con quienes disentían, fueran revolucionarios o no. A los que no envió al paredón o prisión, los expulsó de empleos bien remunerados y les negó una chequera de jubilación.

Otros veteranos disidentes también rozan la indigencia. Tania Díaz Castro, periodista y activista, vive en la pobreza. A Juan Gonzales Febles la demencia senil lo consume. Y opositores mayores de 60 años se han visto obligado a emigrar de Cuba para escapar de la miseria.

Por razones humanitarias, los líderes del exilio cubano debieran ayudar económicamente a los opositores y periodistas independientes de la tercera edad o con graves problemas de salud, como el caso de Víctor Manuel Domínguez, a quien tuvieron que cortarle una pierna. De vez en cuando, personas generosas residentes en el exterior les recargan los teléfonos o les envían medicinas, alimentos o ropa. Pero no se puede vivir de la caridad, máxime cuando los mejores años de tu vida los has dedicado a luchar por la libertad y democracia en Cuba.

Vladimiro Roca, hijo de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular (PSP), y Carlos Jesús Menéndez, hijo de Jesús Menéndez, dirigente del PSP y líder del sindicato azucarero asesinado en Manzanillo en 1948, fueron los primeros hijos de comunistas destacados que se opusieron abiertamente a la dictadura de Fidel Castro. Los dos se graduaron como pilotos de combate en la Unión Soviética.

A Vladimiro le gustaba describir, como si observara su pasado por un caleidoscopio, las andanzas de aquel chico inquieto que cursara la primaria en la escuela pública número 118, en la barriada habanera de Santos Suárez, luego fuera aprendiz de cajista en el diario Hoy, órgano del PSP, y limpiador de cristales en un estudio fotográfico. Después que dejó de volar como piloto, en 1987 se graduó de Relaciones Económicas Internacionales.

Ese hombre de la tercera edad, robusto, con un fino sentido del humor que convirtió su oposición a los hermanos Castro en un auténtico sacerdocio, fue uno de los cuatro hijos que tuvieron dos luchadores comunistas, Blas Roca Calderío (Manzanillo, 24 julio1908-La Habana, 25 abril 1987) y Dulce María Antúnez Aragón (Sancti Spiritus, 12 septiembre 1909-La Habana, 25 abril 1995). Cuando Vladimiro murió, ya habían fallecido sus hermanos Joaquín y Lydia. Le sobrevive su hermano Francisco Roca Antúnez, de casi 90 años.

Pronto, el niño Pepe supo lo que era vivir bajo el acoso policial. En los años duros de la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), las detenciones de miembros del PSP eran constantes. Tanto el SIM (Servicio de Inteligencia Militar) como el BRAC, un cuerpo policial dedicado a cazar comunistas, los acechaba. Esa existencia de persecución y clandestinidad fortaleció la personalidad de Vladimiro Roca.

Cuando Fidel Castro llegó al poder en enero de 1959, Vladimiro acababa de cumplir 16 años. Su ilusión era volar en aviones de combate. “En 1962 viajé a una región al sur de la antigua URSS. El curso duró nueve meses. La Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, me cogió allí. Regresé a Cuba en marzo de 1963”, me contaba Vladimiro en diciembre de 2012, sentado en la cocina de su casa.

En la Isla, fue destinado a la base aérea de San Antonio de los Baños, a unos 37 kilómetros al oeste de la capital. A los pocos meses lo trasladaron al aeropuerto militar de Holguín, en la antigua provincia de Oriente. Fue en 1964 cuando Vladimiro comenzó percatarse del carácter represivo del castrismo. “Ese año hubo un complot en la base militar. En juicios sumarios condenaron a pena de muerte a 19 personas, que fusilaron veinte minutos después de una apelación relámpago. Las autoridades locales aprovecharon lo ocurrido y pasaron por las armas a dos civiles que se dedicaban a vender marihuana. El irrespeto a la ley y a la vida humana de los Castro definitivamente me marcaron”.

A raíz del complot, Raúl Castro presidió una reunión en Holguín. "Una depuración al mejor estilo estalinista. Al año siguiente fui sancionado seis meses por un accidente en la Base Aérea de San Julián, en Pinar del Río. Estuve una semana en La Cabaña, en una galera de presos militares condenados por delitos comunes. Mi padre jamás me criticó por mi forma de ser. Me dio un consejo de oro: piensa por cabeza propia”.

Vladimiro siempre tuvo problemas por su carácter, cierta tendencia a la liberalidad y juzgar en voz alta las decisiones de los capos verde olivo. En la Cuba de los años 60, las dudas y cuestionamientos ideológicos eran un sacrilegio. El régimen disparaba a matar, encarcelar o desaparecer de la vida pública a todos los que se le opusieran. Fue el caso del supuesto sectarismo de Aníbal Escalante, uno de los altos dirigentes del PSP más cercanos a Fidel Castro a partir de enero de 1959. Al barbudo no le tembló el pulso y de un manotazo lo condenó al ostracismo.

Cuando en 1969 toda la nación fue movilizada para en una zafra producir 10 millones de toneladas de azúcar, Vladimiro se percató que Cuba era una dictadura. “En esa etapa me leí todos los clásicos del marxismo. La conclusión que saqué fue devastadora: Fidel era un tipo que llevaba al país hacia el precipicio. Las ilusiones de mi padre, de que la Constitución de 1976 podría encauzar el gobierno por los marcos legales, fueron infructuosas”, recordaba entonces.

Ser disidente en un sistema autoritario tiene su costo. Es un proceso gradual y traumático. Una operación sin anestesia. Los ciudadanos que escogen ese camino conocen sus consecuencias. Humillaciones públicas. Actos de repudio. Y el poder omnímodo del aparato estatal que asesina tu reputación o te confina en una celda tapiada de la Cuba profunda.

Vladimiro lo sufrió en carne propia. En junio de 1990 comenzó a manifestarse abiertamente como disidente político y fue expulsado de su trabajo. En 1996 fue uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata Cubano, no reconocido por la autocracia gobernante. Al año siguiente, junto a la economista Martha Beatriz Roque Cabello, el abogado René Gómez Manzano y el profesor Félix Bonne Carcassés, fundaron el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna cuyo objetivo era estudiar y hacer propuestas acerca de la situación política, económica y social en la Isla y que contó con la colaboración del también disidente Arnaldo Ramos Lauzurique, especialista en la economía nacional.

El grupo redactaría La Patria es de Todos, un documento lanzado en julio de 1997 y que además de analizar el V Congreso del PCC, pedía abandonar el modelo dictatorial y respetar los derechos humanos. Después que una copia de La Patria es de Todos fuera entregada en el comité central del PCC, la Seguridad del Estado arrestó violentamente en sus domicilios a Vladmiro, Martha, René y Félix. El 1 de marzo de 1999, en un juicio-circo, fueron condenados por el delito de “acciones en contra de la seguridad del Estado cubano y sedición”.

De los cuatro enjuiciados, la sanción mayor, 5 años de privación de libertad, fue para Vladimiro, quien la cumplió íntegramente en la prisión de Ariza, Cienfuegos, hasta mayo de 2002. La cárcel no sólo no debilitó los criterios y principios del hijo de Blas Roca: se bautizó y se convirtió en católico. Y siguió siendo fiel a su manera de pensar. Su sueño era ver el día que Cuba volviera a ser una república democrática. No pudo ser.

Iván García
Foto: Vladimiro Roca Antúnez (La Habana, 21 diciembre 1942-30 julio 2023). Tomada de RC Noticias.

lunes, 28 de agosto de 2023

El compatriota que nos enseñó a ser liberales

Cuando las huestes de Fidel Castro llegaron al poder en 1959 se inició el desmontaje de buena parte de las instituciones que se habían erigido en el país para garantizar la existencia del Estado de derecho.

Al mismo tiempo comenzó un ataque frontal contra las ideas liberales. En ese contexto el castrismo se dio a la tarea de tergiversar nuestra historia para negar la raíz liberal de la nación cubana.

De esa manera crecerían varias generaciones de cubanos cuya única brújula sería un Estado totalitario, colectivista, conculcador de las libertades individuales y, en el fondo, aunque a ratos debiera acudir tímidamente a ellas, enemigo de las relaciones de mercado en la economía.

La maquinaria del poder, entre tanto, por medio del monopolio de la enseñanza y el férreo control de los medios de difusión, confiaba en que la Isla se mantendría libre de la influencia de otras ideas políticas y distintas maneras de organización social.

Sin embargo, el castrismo se vio sorprendido cuando, allende los mares, la titánica labor de un político, escritor y periodista fue aclarando el horizonte de los cubanos de la Isla que de una u otra manera tenían acceso a su prédica liberal. Ese pensador preclaro era Carlos Alberto Montaner.

De ahí la saña del discurso oficial y oficialista a la hora de referirse a este faro del exilio cubano. Nunca le reconocieron ni uno solo de sus muchos méritos intelectuales. Lo tildaban de terrorista y agente de la CIA.

Como liberal de pura estirpe, Montaner recalcaba la importancia de la libertad. En muchos de sus trabajos periodísticos alertó acerca del robo de nuestra libertad cuando un gobierno decide por nosotros, cuando nos impone una manera de vivir, así como al fijarnos patrones de conducta y escalas de valores.

Sabíamos de la amplia producción literaria de Montaner, lo mismo en obras de ficción que en otras de pensamiento social. Debido a la férrea censura del castrismo, no muchos de esos libros han estado al alcance del cubano de a pie. No obstante, por medio de las bibliotecas independientes hemos accedido a algunas de sus obras, como Viaje al corazón de Cuba, Los cubanos, El regreso del idiota (escrito en colaboración con Plinio Apuleyo y Álvaro Vargas Llosa) y No perdamos también el siglo XXI.

Se trata de textos en los que hemos aprendido muchas de las cualidades que deben distinguir a las personas que abracen las ideas liberales. Entre ellas resaltan el apego a las leyes, el respeto a la propiedad y a las instituciones democráticas, y muy especialmente el sentido de tolerancia.

Un liberal ha de ser alguien que esté dispuesto a convivir con otras personas que piensen diferente a él. Esa cualidad, de por sí, convierte a un sistema liberal de gobierno en un ente infinitamente más justo que el que lamentablemente padecemos los cubanos de la Isla, donde los que se desvían del pensamiento oficial están expuestos a las distintas formas de represión por parte de las autoridades.

También debemos destacar la labor de Montaner al fundar la Unión Liberal Cubana, así como su trabajo en la editorial Playor, creada en los años de su exilio madrileño. Esta editorial publicó valiosos textos como los libros de economía de Carmelo Mesa-Lago y los de historia de Levi Marrero.

Ahora que se nos ha ido físicamente este cubano ejemplar, la mejor manera que tenemos de homenajear su memoria es, parafraseando uno de sus libros, contribuir a que en algún momento de este siglo XXI las ideas liberales se enseñoreen en el firmamento de la nación, tanto por su probada superioridad, como por nuestras tradiciones.

Orlando Freire Santana
Cubanet, 3 de julio de 2023.

lunes, 21 de agosto de 2023

Un cubano universal

Desde el joven luchador que a los 15 años estuvo a punto de ser fusilado, hasta el hombre maduro, consciente de la gravedad de su enfermedad que decide despedirse de la vida en sus propios términos, la libertad fue la pasión y guía de Carlos Alberto Montaner.

Ahora, ante la necesidad de decirle adiós por su muerte, este 29 de junio, a los 80 años, duele la gran pérdida que sufre la nación cubana con su partida: que muchos en su isla no hayan podido leer sus ensayos, sus columnas periodísticas, sus novelas, no hayan asistido a una de sus comparecencias, no hayan disfrutado de su cordialidad, de su tolerancia, de sus comentarios inteligentes de hombre de mundo y a la vez de cubano cordial, porque ese era uno de sus mejores rasgos.

“No hubo un día en su vida que Cuba no estuviera presente”, dijo desde España su hija, la periodista Gina Montaner. “Mi padre defendió la libertad para vivir y para morir, y quería morir dignamente en sus términos, y lo hizo, es una decisión muy meditada”, contó Gina sobre el gesto valiente de Montaner que padecía una enfermedad neurodegenerativa, parálisis supra nuclear progresiva, y se decidió por la eutanasia, en consonancia con su “defensa de las libertades individuales”.

Montaner (nacido el 3 de abril de 1943 en La Habana) falleció en Madrid, la ciudad que lo acogió en los años 70´ junto con su esposa Linda, cuando eran unos veinteañeros que dejaban atrás su patria con la confusión y el dolor del momento. Allí educó a sus hijos, triunfó como empresario con Firmas Press y la Editorial Playor, e hizo de su casa un lugar de acogida para intelectuales cubanos, españoles y latinoamericanos. En Madrid también presenció uno de los momentos históricos que le sirvieron de brújula para su sueño de la libertad para Cuba, la transición de la dictadura franquista a la democracia.

“Fue una gran educación ver esa transición que él siempre soñó para Cuba”, dijo Gina. “Ver cómo era posible ir de los grandes odios y rencores a un consenso nacional, para pasar página y llegar a la democracia. Eso lo inspiró, para su andadura, para crear la Plataforma Democrática Cubana, que fue uno de sus grandes aportes. Y esa es una asignatura pendiente de los cubanos, porque las dictaduras dejan muchas heridas y rencores”.

“Un cubano universal”, lo llama Daniel Morcate; “Uno de los grandes intelectuales latinoamericanos de nuestros tiempos”, lo describe Andrés Oppenheimer; “El canciller del exilio y la democracia porque fue recibido por presidentes y figuras mundiales”, lo nombra Juan Manuel Cao; “Un hombre muy bueno y bondadoso”, lo describe su hija Gina Montaner; “El primero de las figuras públicas y respetadas del exilio en apoyar a la oposición pacífica en Cuba”, dijo el ex prisionero político, activista y académico Sebastián Arcos Cazabón. “Fue el primero que levantó la bandera y dijo, son legítimos y hay que apoyarlos”, añadió Arcos Cazabón, director asociado del Instituto de Investigaciones Cubanas de Florida Internacional University, que entonces era un joven miembro del “Comité Cubano Pro Derechos Humanos, fundado por Ricardo Bofill, con quien Montaner estaba en total sintonía”.

En los años 1980 y 1990, Arcos Cazabón escuchaba a Montaner por Radio Martí y leía las columnas que escribía en El Nuevo Herald, gracias al paquete de materiales informativos que le entregaba a la disidencia la entonces Sección de Intereses Estados Unidos en Cuba. “No era de extrañar que fuera Montaner el primero que entendiera la lucha pacífica en Cuba”, afirmó Arcos Cazabón, porque Montaner estaba muy enterado del panorama político mundial, de lo que pasaba en el bloque comunista, y conocía a líderes como Andrei Sajarov y Lech Walesa.

Montaner también entendió muy bien la naturaleza de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética y que fue Fidel Castro quien “abrazó al oso ruso” y el que decidió intervenir en África y arrastró a los rusos”. De la gran cantidad de pérdidas que ha infligido el castrismo a los cubanos de la isla, una de ellas es que se hayan perdido a un político y periodista como Carlos Alberto Montaner. “Los que no lo conocieron nunca se darán cuenta de lo que ha perdido la nación cubana”, se lamentó Arcos Cazabón.

Una persona puede ser un gran intelectual, pero puede faltarle la fibra humana. “Mi padre tenía la fibra humana y luego era un intelectual”, afirma Gina. A su hermano Carlos y a ella siempre les enseñó que “hay que ser generosos, buena persona y tolerante. Creía que la libertad se construye y se cultiva porque somos tolerantes”.

Montaner consiguió inspirar con sus ideas, su estilo periodístico, su discurso certero y amable y su sentido del humor a varias generaciones de periodistas cubanos y latinoamericanos. “Fue un padre, un amigo, un guía, una persona que puso su experiencia y conocimiento al servicio de todos nosotros”, dijo el periodista y escritor Juan Manuel Cao, que hace unos días recibió su última llamada, que él no supo distinguir, era la de despedida, por la manera tranquila con que conversó Montaner.

Daniel Morcate, periodista que ha desarrollado una carrera extensa en Univision, destacó “su lucidez, honestidad intelectual y amor por Cuba, por la democracia y por la libertad. Pero, además, fue un gran amigo de sus amigos. Sumamente generoso. Me ayudó a orientar mi vida hacia el periodismo y la escritura. Su figura se agigantará en la memoria de los cubanos cuando nuestro querido país sea libre y democrático”. Andrés Hernández Alende, que fue director de las páginas de Opinión de El Nuevo Herald, recibió la ayuda de Montaner cuando era un cubano inmigrante recién llegado a una España aquejada por el desempleo. Montaner le dio trabajo.

“En ese momento no tenía plazas vacantes en la editorial, pero me propuso trabajar de manera independiente, desde mi domicilio, mecanografiando trabajos de diversos autores que llegaban a Playor escritos a mano. Poco después, cuando fundó la agencia de prensa Firmas Press, me llamó para ofrecerme un empleo fijo. Allí, en una oficina en pleno centro de Madrid, me dedicaba cada semana a copiar, revisar, traducir y ayudar a distribuir a numerosos medios de prensa los artículos de decenas de escritores y periodistas, entre ellos Gastón Baquero, Fernando Arrabal, Hugh Thomas, Federico Jiménez Losantos, el propio Montaner y su hija, Gina”, cuenta Hernández Alende, ofreciendo un paneo por las grandes plumas que logró reunir Montaner.

Era fácil saber cuando Montaner firmaba una columna por la elegancia de su prosa, la abundancia de información y conocimientos. Nunca hacía sentir al lector ignorante, sino enriquecido, porque escribía sin alardes.

“Su partida es el final de una era del exilio cubano. A la caída del imperio soviético del 89 a los 90 teníamos grandes esperanzas de volver a una Cuba libre, y lo veíamos como presidente ideal de la nación, en la transición a la democracia republicana”, dijo la periodista Olga Connor, que se benefició de su sabiduría como jefe. “Tenía talento político, fiel devoción a las libertades individuales y a la justicia social, y un carácter conciliador, con intachable sentido del respeto público. Además, nunca perdía su típico buen humor cubano. Nos ha dejado un tesoro de columnas periodísticas y novelas que recogen la historia política de Cuba y de todo el mundo hispano”, añadió Connor.

Alex Mena, director ejecutivo interino del Miami Herald y El Nuevo Herald, también destacó las “geniales y acertadas columnas semanales” de Carlos Alberto Montaner, que publicó durante más de 40 años en El Nuevo Herald. “Con su forma de pensar y su amplio conocimiento, Montaner analizó y nos explicó cómo los movimientos del orden mundial afectan la vida diaria de aquellos que solamente quieren vivir en paz”, dijo Mena. “Como exiliado cubano fue un defensor de la libertad y la democracia, no solo en América Latina, sino en el mundo. Extrañaremos sus certeras palabras”.

Andrés Oppenheimer, escritor y columnista del Nuevo Herald y el Miami Herald, resume muy bien el aporte de Montaner como pensador, escritor y político. “Cuando le pedí a Montaner hace algunas semanas que me enviara un párrafo indicando cuál cree que ha sido la idea más importante que trató de transmitir, me dijo que ha sido ‘difundir la idea de la libertad’. Efectivamente, una de las mayores contribuciones de Montaner ha sido difundir la idea de que la disyuntiva fundamental en nuestros días no es entre la derecha y la izquierda, sino entre la democracia y la dictadura”, dijo Oppenheimer.

Montaner publicó más de una veintena de libros muchos de ellos traducidos al inglés, portugués, ruso e italiano, informó el grupo Penguin Ramdon House en un comunicado de prensa. Entre sus obras más conocidas están Manual del perfecto idiota latinoamericano, El regreso del idiota (escritas junto a Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza), La libertad y sus enemigos, Las raíces torcidas de América Latina, Las columnas de la libertad y Los latinoamericanos, La cultura occidental, La mujer del coronel. En 2012 publicó su cuarta novela, Otra vez adiós, y en 2019 sus memorias, Sin ir más lejos.

En un baile en el Hotel Comodoro, en Miramar, La Habana, Montaner conoció a su esposa Linda, con quien estuvo casado 65 años. “Fue una gran historia de amor”, dijo su hija Gina, contando que su padre ya le había echado el ojo a Linda, pero fue ese día que tuvieron el primer contacto. Una bomba explotó en las cercanías, eran los días convulsos del final del régimen de Fulgencio Batista y Montaner fue un poco de “héroe” y se acercó a Linda, cuenta Gina.

“Me agarró la mano y nunca más me la ha soltado”, que según Cao solía decir Montaner, como una prueba de su sentido del humor proverbial, que todos alaban. “Para mi padre era muy importante tener una familia unida, y lo consiguió”, dijo Gina, indicando que estuvieron con él en sus últimos momentos. Además de sus hijos Gina y Carlos y su esposa Linda, lo sobreviven sus nietas Paola, Gabriela y Claudia.

“Llegó la hora de recapitular. Hay que ir haciendo las maletas. Desaparecer es una actividad ingrata que solo se justifica porque es la única prueba irrefutable de que hemos vivido”, escribió Carlos Alberto Montaner a modo de despedida en sus memorias, Sin ir más lejos.

Sarah Moreno
El Nuevo Herald, 1 de julio de 2023.

lunes, 14 de agosto de 2023

El más sólido intelectual que tuvo que enfrentar el castrismo

Ha muerto, a los 80 años, en Madrid, el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner. Considerado por la revista ‘Foreign Policy’ como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica, fue uno de los columnistas más leídos en el mundo de habla hispana. Se calcula que alrededor de seis millones de personas leían sus artículos que aparecieron durante décadas en distintos medios de prensa del mundo de habla hispana.

Fue autor de 27 libros, entre los que se destacan ‘Viaje al corazón de Cuba’, ‘Por qué desapareció el comunismo’, ‘Libertad: la clave de la prosperidad’, ‘Fabricantes de miseria’, ‘Manual del perfecto idiota latinoamericano’ (en coautoría con Plinio Apuleyo y Álvaro Vargas Llosa), las novelas ‘Perro mundo’, ‘La trama’, ‘La mujer del coronel’, ‘Tiempo de canallas’ y ‘Otra vez adiós’.

Montaner se mantuvo escribiendo hasta el pasado mayo, cuando se despidió de sus lectores al anunciar su retiro debido a una enfermedad degenerativa que lo aquejaba (parálisis supranuclear progresiva).

Fue uno de los más sólidos y coherentes intelectuales que tuvo que enfrentar el régimen castrista. De ahí el odio y la saña con que siempre fue atacado. Lo tildaban de terrorista, agente de la CIA y otras acusaciones absurdas. En realidad, lo más cerca de las bombas y el terrorismo que estuvo Montaner fue cuando en La Habana, en 1958, siendo un adolescente, prestó auxilio a una muchacha aterrorizada por el estallido de un artefacto explosivo colocado por miembros del Movimiento 26 de Julio en un centro recreativo. Aquella joven se convertiría en su esposa y la madre de su hija.

Aunque llevaba más de seis décadas exiliado, desde que con apenas 19 años, en enero de 1961, logró escapar de la cárcel adonde había sido enviado por oponerse al régimen, nunca perdió el contacto con la realidad cubana.

Hace quince años, en junio de 2008, cuando lo entrevisté para CubaNet, la entrevista más interesante que he hecho, no pude resistir la tentación de comentarle, para regocijo suyo, que de tan actualizado y claro que estaba sobre la situación cubana y por su comprensión de las posiciones de los que en Cuba nos oponíamos al régimen, parecía que se había ido la semana anterior al exilio.

Su visión de los asuntos cubanos, siempre certera, objetiva, sensata y difícil de rebatir, nunca fue nublada por el rencor y el apasionamiento. Por el contrario, siempre estuvo abierto al razonamiento y el debate respetuoso con sus adversarios ideológicos.

Recordemos que cuando Montaner debatió, en 2010, con Silvio Rodríguez, contestó afirmativamente a la pregunta del cantautor de si firmaría una carta por los cubanos víctimas de atentados de la CIA, pero invitó a Silvio a que firmara, a su vez, una carta en defensa de los presos políticos y opositores perseguidos por el régimen, lo que más que descolocar, revolcó al más oficialista de los cantautores oficialistas, poniéndolo a hablar de los enanitos verdes y otras boberías.

Más recientemente, Montaner supo defender y hacer valer su posición ante sus compatriotas del exilio de la derecha radical que le reprochaban su desacuerdo con las políticas del gobierno de Donald Trump. Fundador de la Unión Liberal Cubana y vicepresidente de la Internacional Liberal entre 1992 y 2012, Montaner nunca renunció al sueño de una Cuba en democracia. Pero su lucha por la libertad y la democracia no se centró solo en Cuba, sino que abarcó cada sitio del mundo donde imperara una tiranía, se violaran los derechos humanos o se viera amenazado el Estado de derecho.

Coincidí con Carlos Alberto Montaner en diciembre de 2015, en Miami, en el Festival Vista, pero solo pudimos saludarnos y tener una muy breve conversación. Me bastó, por si me quedaba alguna duda, para convencerme de que era un ser extraordinario y de que la causa de la libertad precisaba de muchos como él.

Hoy lamentamos su partida, pero nos consuela saber que quedan sus inapreciables enseñanzas. Ojalá sepamos aprovecharlas en una Cuba en democracia.

Luis Cino
Cubanet, 2 de julio de 2023.
Video: Luis Dener, artista y youtuber cubano radicado en Noruega.

lunes, 7 de agosto de 2023

Carlos Alberto, mentor político de disidentes cubanos

En algún momento del verano de 1985, durante mi servicio militar obligatorio, Alfredo, un recluta de la unidad, comenzó a intercambiar conmigo literatura considerada subversiva por el régimen de Fidel Castro y que posteriormente leíamos en las guardias nocturnas de seis horas.

Nos aburrían los autores del realismo socialista criollo que era una parodia ideológica chapucera del realismo soviético. Ya habíamos repasado la colección completa de literatura de la URSS como Nadie es soldado al nacer, Agosto del 44 o Los Hombres de Panfilov, textos de cabecera en la pequeña biblioteca de la unidad militar.

Fuimos conversos políticos de manera gradual. Yo le prestaba libros sobre la gerencia empresarial de Akio Morita o Lee Iaccoca, que amigos brasileños le enviaban a mi madre, la periodista Tania Quintero, y Alfredo, hijo de una coronela del MININT, me facilitaba periódicos Novedades de Moscú sobre la perestroika en la Unión Soviética y títulos prohibidos en Cuba de Virgilio Piñera, Reinaldo Arenas y José Lezama Lima.

Cuando confirmamos nuestras sospechas, de que la revolución de Fidel Castro era una autocracia dura y pura, subimos la parada en términos de literatura ‘contrarrevolucionaria’. Y comenzamos a leer La Gran Estafa de Eudocio Ravines, El hombre mediocre de José Ingenieros y Perromundo de Carlos Alberto Montaner, su primera novela, de 1972.

Considerados "textos sediciosos", si nos pillaban podíamos ser sancionados a dos años de cárcel según el reglamento militar. Recuerdo que siempre forrábamos los libros, con el rostro de Fidel Castro, para ocultar el título y el nombre de los autores ‘subversivos’.

Cuando terminé el servicio militar, entre los jóvenes del barrio con inquietudes literarias y posiciones críticas contra el gobierno, Carlos Alberto Montaner era una especie de gurú y manager político. Jorge Bacallao, un brillante abogado disidente que vivía en la barriada de La Víbora, en su inmensa biblioteca tenía toda la colección publicada hasta ese momento de Montaner.

Sus ensayos, Informe secreto sobre la revolución cubana; Cuba, claves para una conciencia en crisis y Fidel Castro y la revolución cubana eran de obligada lectura para aquella generación de jóvenes que luego nos enrolamos en la oposición política, el activismo pacífico y el periodismo independiente. Sus libros también fueron importantes para los que lograban irse del manicomio comunista.

Carlos Alberto era muy didáctico. Fácil de comprender. Con una prosa ágil, muy alejada del teque y la propaganda que estábamos acostumbrados a leer en la soporífera prensa estatal. Cada vez que terminaba de leer un libro de Montaner sentía complejo de culpa. Me flagelaba intelectualmente por ser tan estúpido y haber creído en las peregrinas teorías que nos vendían el partido comunista y los medios oficiales.

Los injustificados actos de repudio de corte fascista implementados por Fidel Castro a los ciudafanos que deseaban emigrar por el puerto del Mariel en 1980, me persuadieron que el modelo político cubano era antidemocrático. Tenía entonces 15 años. Pero las herramientas teóricas definitivas que demostraban la inviabilidad del sistema y su carácter dictatorial las aprendí con los textos de Carlos Alberto Montaner.

Ya a finales de los años 80 me consideraba un opositor silencioso al régimen verde olivo. Las huelgas del sindicato Solidaridad de Walesa en Polonia, la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS, considerada la meca del socialismo mundial, como Samizdat clandestinos circulaban entre los muchachos más contestatarios del barrio.

Era una etapa donde aún no existía internet y las noticias internacionales nos llegaban a cuentagotas. Al igual que otros jóvenes, para mantenernos informados en nuestras casas escuchábamos la VOA, BBC, Radio Exterior de España y Radio Nederland.

Cuando usted le pregunta a cualquier disidente o periodista sin mordaza, quién en la Cuba de la década de 1990 fue su precursor o mentor político, la mayoría responde que Carlos Alberto Montaner.

Cuando me inicié en el periodismo independiente, en diciembre de 1995, tenía tres paradigmas de la profesión: Raúl Rivero, poeta, escritor y periodista, que me dirigió en la agencia Cuba Press hasta la Primavera Negra de 2003; mi madre Tania Quintero, de quien aprendí las reglas del periodismo, y Carlos Alberto Montaner, por la increíble agudeza en sus análisis y por transmitirme que cuando se debate y dialoga, debe hacerse con respeto.

En el verano de 1993 sonó el teléfono de nuestro apartamento de La Víbora. Era Carlos Alberto, una amiga de mi madre que residía en Madrid le había dado el teléfono. Así comenzó nuestra amistad con Montaner, que fue más allá de lo estrictamente profesional. De primera mano conocí su lado humano.

En marzo de 2002, en una de sus llamadas a la casa, mi abuela Carmen, de 86 años, cogió el teléfono y sin preguntar quién era, dijo que Tania había ido a casa de una vecina, a buscar un pomo de agua fría, pues desde hacía unos meses teníamos el refrigerador roto. Montaner averiguó cuánto estaba costando un refrigerador en las tiendas dolarizadas de La Habana. En mayo, dos meses después, Carlos Alberto le envió 500 dólares a mi madre para que compráramos un refrigerador nuevo.

En 2006 se acrecentaron mis crisis asmáticas. El alergista me dijo que en el extranjero existía un medicamento de última generación. Era un tratamiento costoso que duraba dos o tres años para que fuera efectivo. Mi madre, que desde noviembre de 2003 vivía en Suiza como refugiada política, no podía adquirirlo. Carlos Alberto se enteró estando en Miami y desde allí habló con su hija, Gina Montaner, periodista que vivía y trabajaba en Madrid, para que lo consiguiera. En un mes lo recibí en Cuba. Gracias a ese tratamiento no he vuelto a tener crisis fuertes ni continuadas de asma.

En enero de 2009 comencé a escribir en el blog Desde La Habana, que formaba parte de la plataforma Voces Cubanas, fundada por Yoani Sánchez. Un buen día, Carlos Alberto me hizo llegar una laptop DELL, que todavía conservo. En octubre de ese año, me llamó el periodista español Manuel Aguilera, director de la edición El Mundo/América. Necesitaba contratar un periodista que escribiera crónicas y reportajes a pie de calle desde la Isla y Carlos Alberto le había dado mi nombre y teléfono. Carlos también me recomendó en Diario Las Américas, donde escribo desde enero de 2013.

Treinta años después de leer el primer texto de Montaner, una tarde lluviosa de 2015, nos dimos el primer abrazo en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami. Me llevó a comer al restaurante Versalles y estuvimos charlando de Cuba alrededor de cinco horas. Era un tipo genial, con un gran sentido del humor y una memoria impresionante. Aquel día, me recordó trechos de algunos de mis textos. Quería que le contara detalles sobre el bajo mundo habanero y mi opinión personal sobre las tímidas reformas de Raúl Castro.

Me confesó que no necesitaba fotografías para visualizar el desastre en su patria. “Las crónicas de los periodistas independientes son un retrato fijo de la catástrofe”. Su sueño era volver a Cuba. Estaba convencido que la democracia aterrizaría en la Isla. “Es cuestión de tiempo. El modelo castrista va en contra de la lógica humana”, afirmó. La última vez que vi a Carlos Alberto fue en julio de 2017.

Conciliador innato, siempre intentaba limar las asperezas, surgidas dentro de la oposición interna o del exilio. “Es un dogma histórico. El mayor enemigo de los cubanos que lucharon contra el imperio español y después durante las dictaduras de Machado y de Batista, han sido los propios compañeros de filas. Debemos romper con ese círculo vicioso”, me dijo en 2017.

El legado de Carlos Alberto Montaner tendrá plena vigencia cuando en Cuba se instaure la democracia. Sería el mejor homenaje.

Iván García
Foto: Carlos Alberto Montaner durante una de sus visitas a Diario Las Américas. Realizada por Álvaro Mata, pertenece al archivo fotógrafico de Diario Las Américas.