lunes, 14 de marzo de 2022

Nostalgia del régimen por la Cuba soviética



En el viejo estante de madera ubicado en un rincón de la sala, Eladio, 83 años, ex funcionario del Ministerio de la Agricultura, conserva libros de la era soviética cubiertos de polvo, entre ellos un ejemplar de tapa dura, sobre la Gran Guerra Patria publicado por la editorial Progreso de Moscú, las novelas Así se templo el acero, La carretera de Volokolamsk, Un hombre de verdad y Agosto del 44 y una biografía de Stalin.

“La biografía de Stalin es la oficial, no la publicada por editoriales occidentales”, aclara Eladio, mientras le pasa un paño. En la década de 1970, él estaba convencido que Moscú era una ciudad muy superior a Nueva York. La primera vez que aterrizó en el aeropuerto Sheremetyevo de Moscú, a bordo de un Ilushin-62 de Aeroflot, apenas llegó al hotel con un grupo de estudiantes de agronomía, abordaron la línea del metro que los llevaría al Mausoleo del Kremlin. Tras dos horas de cola, emocionados contemplaron el cuerpo embalsamado de Vladimir Ilich Lenin.

“Era el ritual de muchos cubanos que viajábamos a la antigua URSS. Ahora mis nietos se ríen de mí, pero en esa época los militantes del partido comunista estábamos seguros que el imperialismo yanqui tenía sus días contados. Nadie podía predecir que la URSS se derrumbaría años después como un castillo de naipes”, dice Eladio y se sienta en un sillón de hierro en el balcón de su apartamento donde se divisa el malecón habanero y el Océano Atlántico. Una hija le trae una taza de café, que oscila ligeramente debido al incipiente Parkinson que afecta a su padre.

Fue precisamente en sus últimos viajes a la Unión Soviética, cuando Eladio descubrió la inviabilidad del socialismo marxista, colosal burocratismo y creciente corrupción en la meca del comunismo mundial. “Era increíble la pésima confección de un par de zapatos o un cepillo de dientes. El diseño de cualquier cosa era horroroso. Algunos soviéticos me contaron de los crímenes de Stalin, la existencia de gulags y los fusilamientos colectivos. Era tan profundo mi adoctrinamiento entonces, que mi primera reacción fue denunciarlos al compañero de la Seguridad soviética que nos atendía”, confiesa el anciano.

Cincuenta años después, es probable, que la prensa oficial en Cuba sea más afable con Vladimir Putin y su gobierno que los propios medios rusos. Todavía en los libros de historia universal en la enseñanza secundaria y preuniversitaria en la Isla, la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se maneja con pinzas. La educación cubana es una devota albacea de la narrativa soviética. Se recuerda a Vladimir Ilich Lenin como un prócer impoluto. Y la epopeya de la Segunda Guerra Mundial con sus veinte millones de muertos (fueron 27 millones y probablemente la mitad murió por un disparo en la nuca de sus propios camaradas o en un tenebroso gulag), debiera actualizarse.

Nadia, estudiante de tercer año de preuniversitario y aficionada a la historia, cuando se le pregunta sobre aquella nación conformada por quince repúblicas europeas y asiáticas, suelta una parrafada calcada de los manuales escolares: “La URSS fue fundada en 1922 por Lenin. Y a pesar de las agresiones de naciones occidentales se consolidó como una gran potencia mundial. Fue el país con más muertos durante la Segunda Guerra Mundial, 20 millones (persiste en el error), y tuvo que luchar sola frente a la hordas fascistas”, responde con el orgullo habitual de los alumnos aplicados.

Como deseaba indagar otros aspectos históricos menos divulgados en la prensa oficial, le hice las siguientes preguntas:

¿Conoces de las brutales purgas de Stalin, que costaron millones de vidas al pueblo soviético? ¿Sabías que la aplicación de la colectivización agrícola provocó hambruna y entre 7 y 10 millones de muertos en Ucrania, llamada Holodomor? ¿Has leído acerca del pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop donde en una cláusula secreta Hitler y Stalin se repartieron las repúblicas bálticas y una zona de Europa del Este?

¿Has escuchado sobre la matanza en el bosque de Katyn por tropas élites soviéticas a militares polacos? ¿Conocías que el escritor Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, al igual que otros muchos intelectuales, estuvo preso en el Gulag solo por pensar diferente?

¿No crees que la URSS fue una nación imperialista, pues ocupó parte de Europa del Este como trofeo de guerra e instauró gobiernos vasallos? ¿Has estudiado sobre la agresión soviética a Checoslovaquia en 1968 o Afganistán en 1979?

¿Alguna vez te contaron que por decisión de Fidel Castro y Nikita Kruschov, en Cuba estuvieron emplazados 42 cohetes atómicos de alcance medio que pudieron provocar una conflagración nuclear? ¿Sabías que al igual que Estados Unidos tiene una base militar en contra de la voluntad de los cubanos, Fidel Castro sin consultar al pueblo autorizó una brigada militar soviética, una flota de la marina en Cienfuegos y una base de espionaje electrónico en las afueras de La Habana?

A cada pregunta, la joven respondió: “No, no lo sé. No lo he leído. O eso no lo hemos dado en la escuela”. Es lógico que así sea. En la enseñanza secundaria y preuniversitaria en Cuba, la historia de la URSS y de la Rusia actual se manipula al antojo de las autoridades. Al respecto, un productor de la televisión asegura que “la censura es muy fuerte con el tema ruso. Cuando la invasión de Crimea la orientación fue decir que los rusos que vivían allí se rebelaron y pidieron anexionarse a Moscú mediante un plebiscito democrático. No se dice que Rusia es igual de capitalista que Alemania, pero gobernada por Putin de manera autoritaria”.

En el sector militar, sobre todo dentro del generalato criollo, todavía se mantiene la metodología soviética y sus estrategias de combate, además de las añejas armas rusas. “Creo que el Ministerio de las Fuerzas Armadas es la institución más soviética que existe en Cuba. Imagínate, cuando ya los rusos en su país no celebraban la Revolución de Octubre , todos los años en el teatro de la Sala Universal de las FAR se festejaba. En el peor momento de las relaciones con Rusia, siempre se mantuvieron buenas relaciones con sus militares”, comenta un antiguo oficial.

En pleno apogeo de la Guerra Fría, Cuba contaba con el ejército más poderoso de América Latina después de Brasil. Las fuerzas armadas cubanas contaban con 225.000 hombres, más de 200 aviones cazas MIG, casi dos mil tanques de guerra y submarinos Foxtrot. Sin contar dos mil asesores militares soviéticos y una brigada de fuerza terrestre localizada en las afuera de La Habana que en los años 80 tenía 2,600 hombres, un batallón de carros de combate y tres batallones motorizados de fusileros.

El armamento era entregado gratuitamente a Cuba a cambio de lealtad política. Aunque al castrismo le gusta alardear de soberanía, nacionalismo y espíritu martiano, la realidad es bien diferente. Fidel Castro, sin el consentimiento del pueblo, emplazó misiles atómicos en la Isla y puso al país al borde de una guerra nuclear en octubre de 1962. También autorizó el envío de soldados rusos, que en determinado momento llegaron a ser 15 mil, acantonados en Cuba. Y en 1964 autorizó la apertura de una base de espionaje electrónico en la finca Lourdes, en las afueras de La Habana.

Tanto la URSS como la Rusia de Vladimir Putin siempre han tratado a Cuba como un Estado vasallo. En las negociaciones con John F. Kennedy para retirar los cohetes nucleares en 1962, Nikita Kruschov no contó con Fidel Castro. A Putin tampoco le importó la opinión del régimen cubano para cerrar la base de espionaje que le representaba a sus arcas 200 millones de dólares anuales. Cuando el 30 de agosto de 2002 culminaba la operación de evacuación del equipamiento y los 1,500 rusos estacionados en la finca Lourdes, Castro desaprobó la decisión. Consideraba que cerrar el centro de espionaje era ‘un mensaje y una concesión al gobierno de Estados Unidos y constituía un grave riesgo para Cuba’, afirmaba una nota de prensa oficial.

Al menos, debe reconocerse, Fidel Castro reprochó determinadas decisiones del Kremlin. La dirigencia de su hermano Raúl y la del presidente designado Miguel Díaz-Canel ni siquiera eso. En varias ocasiones voceros rusos han comentado la posibilidad de reabrir bases militares en Cuba. La última vez, el 13 de enero, en el contexto de la disputa de Moscú con la Unión Europea y Washington ante una supuesta invasión rusa a Ucrania. La actual autocracia verde olivo ha dado la callada por respuesta.

Eladio, ex funcionario estatal, considera que “por principios, el gobierno cubano, si de verdad defiende la soberanía nacional, debe dar una respuesta contundente a esas declaraciones rusas. No hacerlo nos pone en una posición bastante incómoda. Nos están tratando como una colonia”. Desde hace 60 años ha sido así.

Iván García

Foto: El 49 aniversario del Parque Lenin, construido por iniciativa de Fidel Castro y Celia Sánchez, fue aprovechado para entregar carnets de militantes del partido comunista a nuevos miembros, el 22 de abril de 2021. Tomada del periódico Tribuna de La Habana.

lunes, 7 de marzo de 2022

Por qué cayó la Unión Soviética*


Durante los años dominados por la figura de Brezhnev, la sociedad soviética no experimentó cambios significativos, si bien no cabe duda que la realidad estaba lejos de las expectativas de quienes habían imaginado a la Revolución de Octubre como “el comienzo del fin de la explotación del hombre por el hombre”.

Esa estabilidad era acompañada de un visible conservadurismo y de la existencia de jerarquías que desmentían en los hechos la propaganda del régimen que aseguraba que, desaparecidas las clases explotadoras, solo subsistían divisiones entre trabajadores y campesinos, un estrato de empleados (trabajadores de “cuello blanco”) y la intelligentsia. Sin embargo, como se ha indicado, fundamentalmente desde los años de Kruschov se produjo una notable mejora en las condiciones de vida del conjunto de la sociedad, acompañada de un apoyo significativo al régimen una vez que no quedaron dudas respecto a que el terror estalinista había quedado atrás.

Un elemento importante que se desprende de un estudio realizado sobre los refugiados rusos instalados en Europa era que cuando se les pedía que definieran las características que debía tener el ejercicio del poder “sentían poca necesidad del estricto aparato de garantías y derechos que caracterizaba a las democracias de Europa Occidental”. Sus aspiraciones eran diferentes: “buenos gobernantes, considerados, ‘preocupados’ por el pueblo y que no los sometieran al terror, ni los reprimieran excesivamente, podían aceptarlos, especialmente si proveían un aumento del nivel de vida y de las oportunidades para el desarrollo personal”. Es importante destacar esta visión porque se trataba de gente que había salido de la URSS pero podía considerarse representativa de lo que sentía el grueso de la población de ésta.

La modernización de la sociedad se verificaba claramente en el campo educativo. La difusión de la escolarización se manifestaba en todos los niveles: hacia principios de la década de 1980 el 58,5% de la población trabajadora había completado el nivel secundario y anualmente se graduaban en las universidades soviéticas alrededor de un millón de estudiantes. Una de las consecuencias de esta nueva realidad fue el surgimiento de una clase media, utilizando esta expresión para definir un estilo de vida sin vincularlo con la cuestión de la propiedad. Su base era fundamentalmente urbana y se asemejaba a las clases medias occidentales en cuanto a acceso a bienes culturales y hasta cierto punto bienes materiales.

A pesar de los cambios, las prácticas de control social continuaban siendo significativas. El PCUS supervisaba a través de sus diferentes departamentos los nombramientos en todos los niveles. Toda empresa, negocio, institución educativa, establecimiento agrícola, estaba controlado: tanto su creación como el acceso a un empleo en ellos era considerado, según los casos, de interés del Estado central, de la república correspondiente, de una región o de una ciudad, y en cada uno de esos espacios había una organización del Partido que entendía en la cuestión. Es decir que, junto a la burocracia estatal, y en muchos casos superponiéndose con ella, se encontraba la gigantesca burocracia del PCUS que operaba sobre el conjunto de los ciudadanos.

La población soviética estaba en principio clasificada de acuerdo al lugar de residencia, el que era controlado por medio de una autorización para residir acompañada de un pasaporte interno. Estos documentos habían sido introducidos en la época de Stalin y ya establecían una jerarquización. El status más alto correspondía a quienes residían en Moscú, el centro del poder, donde se encontraban los mejores empleos y el acceso más fácil a bienes y servicios. En los puestos siguientes de la jerarquía se encontraban Leningrado (San Petersburgo) y las capitales de las diferentes repúblicas; luego las ciudades de 500.000 habitantes o más, especialmente aquellas en las que estaban instaladas industrias militares o de tecnología avanzada. Los habitantes de esas ciudades gozaban de algunas de las ventajas de Moscú pero en menor medida. El acceso a ellas era restringido ya que el departamento de policía solo concedía permisos de residencia a quienes eran convocados a trabajar en una empresa de importancia.

Quienes vivían en las ciudades de menor relevancia encontraban grandes dificultades para instalarse en núcleos urbanos de mayor tamaño y hacerlo en Moscú legalmente era algo muy difícil de lograr. Peor era la situación de quienes vivían en las granjas colectivas, ya que hasta 1974 carecían de pasaporte y sólo podían abandonar su lugar de nacimiento si eran convocados para el servicio militar, circunstancia que era aprovechada por muchos para no retornar a su lugar de origen y tratar de encontrar empleo en las ciudades. Fue en esos años cuando la expresión nomenklatura pasó a ser de uso generalizado para caracterizar al grupo que detentaba una posición en la estructura del poder que le permitía disponer de un variado rango de privilegios que lo diferenciaba con nitidez del resto de la sociedad.

¿Constituía la nomenklatura una “clase dominante”? De acuerdo a la teoría marxista, ésta se caracteriza por la propiedad de los medios de producción, transmisible a sus herederos. Quienes disponían de poder en la Unión Soviética no cumplían con esta condición. Sin embargo, su posición política les permitía ejercer una forma ampliada de dominación que no estaba restringida al campo de acción de la economía sino que tenía una dimensión social y cultural. Los medios de producción nacionalizados eran “propiedad” de ese aparato unificado de poder considerado como una entidad corporativa, y este monopolio les permitía ejercer un control sobre el conjunto de la fuerza de trabajo.

Ese grupo dirigente, definido también como “burocracia” –concepto de larga utilización política desde los años de Lenin– ejercía una dictadura sobre el resto de la población pero existían en su interior divergencias importantes. Tomando como base el análisis realizado por Jerry Hough podemos discernir la existencia de tres grupos bien diferenciados, que a su vez presentaban tensiones al interior de cada uno de ellos: 1) El grupo dominante en el ámbito económico era el de quienes ocupaban cargos de responsabilidad en la industria, sin embargo estaban divididos de acuerdo al carácter de cada empresa; la industria pesada –el complejo industrial-militar– era favorecida en todo respecto del resto de las industrias, y también del sector de servicios; 2) En la cúspide del poder político existía una división generacional, ya comentada, entre la “gerontocracia” y quienes, formados a partir de los años de Kruschov, conformaban una dirigencia con ambiciones pero bloqueada en su acceso al poder; 3) Había asimismo una profunda división entre quienes ejercían el poder en Moscú y los dirigentes de la periferia.

La importancia alcanzada por el desarrollo industrial y el sector de servicios condujo a que la ampliación del nivel de estudios de la población brindara oportunidades para el ascenso social. El hijo de un campesino que lograba trasladarse a la ciudad tenía a su alcance el acceso a los estudios superiores y a partir de allí a empleos razonablemente remunerados que lo llevaban a integrarse en la numerosa y creciente clase media.

Es fundamental abordar cualquier análisis relativo al funcionamiento de la sociedad en estos años apelando a un concepto central: el de la existencia de un implícito “contrato social”, impulsado por el Estado y aceptado por la sociedad. Las bases eran las siguientes: el Estado garantizaba el pleno empleo, subsidio para los productos de primera necesidad, amplia cobertura de servicios sociales y políticas salariales igualitarias; como contrapartida los trabajadores soviéticos aceptaban la dominación del Estado en la economía y un control autoritario de la vida política.

El punto de partida del compromiso estatal en materia de mejora de las condiciones de vida de la población se encuentra en el Tercer Programa del Partido, aprobado en el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética celebrado en 1961. En ese documento, ubicado muy en la línea optimista de Kruschov respecto de la evolución futura de la URSS, se enumeraban una serie de beneficios a otorgar por el Estado en materia de educación, vivienda, salud, protección a la niñez y a los discapacitados. Por otra parte, también se ponía en marcha una controvertida política de igualación de salarios; éstos tendían a ser similares entre empresas y sectores y, finalmente, tenían una escasa relación con la intensidad y calidad del trabajo y también con la performance de la empresa.

Durante los años de Brezhnev, la tendencia a la igualación de salarios se consolidó procurando además asegurar el pleno empleo. Los códigos de trabajo promulgados en la década de 1970 limitaban el derecho de los gerentes de empresas a despedir trabajadores, salvo en casos de violaciones disciplinarias. La política frente al comportamiento de la clase obrera era cuidadosa, consecuencia de la crónica escasez de trabajadores. Sus demandas eran objeto de atención y en general se llegaba a acuerdos rápidos, en caso contrario se contaba con la posibilidad de que el trabajador “votara con los pies”. El tema era diferente cuando se intentaba crear organizaciones independientes del control estatal. Como se tenía presente el ejemplo de Solidaridad en Polonia, en esas ocasiones se recurría a la represión sin mayores dudas.

Uno de los componentes importantes de la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos soviéticos era la enorme penetración de una serie de prácticas de intercambio de favores que, a falta de una expresión adecuada en un idioma occidental, ha sido definida por la palabra blat. Estos intercambios abarcaban un abanico de comportamientos muy amplio, que iban desde la posibilidad de acceder a un bien o servicio inaccesible por las vías naturales, la posibilidad de obtener un empleo en alguna esfera del Estado, un ascenso en el ámbito laboral, las facilidades para poder ser atendido por profesionales de prestigio, etc.

Uno de los rasgos del blat era el quid pro quo, un servicio que era brindado a cambio de algo valioso para el que lo otorgaba, llámese dinero, la promesa de apoyo en una circunstancia determinada, una mercancía demandada y de difícil acceso. Se tejían así redes de contacto cuya base fundamental era la confianza: la persona que hacía un favor sabía que en su momento podía solicitar una contrapartida. La mayoría de estas prácticas, en muchos casos ilegales o en la frontera de la legalidad, existía en todos los países; lo que caracterizaba al blat en la Unión Soviética era la amplitud de su difusión y el rol que cumplía –frecuentemente con la aquiescencia de las autoridades– para esquivar las rigideces de un sistema en el que la burocracia parecía empeñada en ejercer controles sobre la población que con frecuencia podían ser considerados ridículos y en definitiva perjudiciales.

Una de las formas de sorda resistencia a la que apeló la sociedad durante los años de Brezhnev fue el ejercicio del humor transmitido “boca a boca”. La anécdota (anecdoty) ha sido asociada a la reacción colectiva frente a las prohibiciones e irracionalidades del régimen. Su difusión fue masiva y era difícil encontrar un grupo en el cual no compitieran los participantes en la narración de anécdotas, que manifestaban irónicamente su desencanto por el mundo en que se desarrollaba su existencia o por el comportamiento de ciertos dirigentes. Estas prácticas cotidianas (y otras) han sido analizadas como mecanismos de adaptación frente a un sistema rígido, con un discurso, una ideología, una ética, al que en teoría reconocían –y hasta en algunos casos valoraban de manera positiva– pero en la realidad reinterpretaban en función de sus necesidades. Se trataba fundamentalmente de vivir de la mejor manera posible dentro de un régimen que, supuestamente, “iba a durar para siempre”.

En pocas palabras: el sistema proveía ciertas garantías sociales, pero el precio pagado por esa estabilidad era elevado: represión, corrupción creciente y degradación moral y cultural. Había una distancia considerable con lo que en Occidente se definía como “totalitarismo”, expresión cuyo recorrido intelectual a lo largo de los años de la Guerra Fría y en el escenario postsoviético ha sido analizado de forma magistral por Enzo Traverso. En su lugar, a partir de las puntualizaciones realizadas más arriba podemos definirlo, utilizando la terminología fundamentada entre otros por Zimmerman, como un “autoritarismo de bienestar”, que en su funcionamiento reflejaba la complejidad de un sistema industrial altamente militarizado con un importante desarrollo urbano, cuyas amplias e inevitables demandas eran afrontadas por instituciones del Estado.

* Fragmento del libro Por qué cayó la Unión Soviética: ¿muerte natural, suicidio o asesinato?, de Jorge Saborido, profesor titular de Historia Social General en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y profesor invitado en universidades de Uruguay, Chile y España. Publicado el 31 de diciembre de 2021 en Infobae.

Leer también: Así era Moscú cuando cayó la URSS y La vida sexual en la Unión Sovietica.
Mapa de las repúblicas que formaban la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Tomado de La Vanguardia.

lunes, 28 de febrero de 2022

Cuba: la libreta de racionamiento cumple 60 años



En una nota publicada el 18 de diciembre de 2021, el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) informaba que, producto de los atrasos en la importación de la materia prima para la confección de la libreta de abastecimiento de 2022, se haría uso de los renglones disponibles en las libretas de 2021 correspondiente a los meses de enero y febrero del año recién finalizado.

Y aunque la información iba dirigida fue a la población de las provincias occidentales y centrales, resultaba un aviso a lo que será el año 2022 en materia de abastecimiento. Algo paradójico si se tiene en cuenta que el próximo 12 de marzo se cumplen 60 años de la promulgación de la Ley 1015 de 1962 que dio lugar a la creación de la Libreta de Control de Abastecimientos, una versión cubana de las cartillas de racionamiento de la postguerra en Europa.

Es difícil hablar de celebración cuando en realidad lo que se conmemora no es el abastecimiento de la población, sino su control, es decir, el momento exacto en el que por medio de una disposición del Consejo de Ministros se creó la Junta Nacional para la Distribución de los Alimentos, y ésta, haciendo uso de sus facultades, estableció las primeras medidas de regulación de alimentos para los cubanos, sentenciando lo que sería el racionamiento en los años siguientes.

Bajo el eufemismo de Año de la Planificación (1962), la Junta Nacional para la distribución de alimentos en su primera reunión, el 13 de marzo de 1962, anunciaba cuáles serían los productos racionados y cuál sería el proceder para la adquisición de estos a través de la libreta.

Lo que comenzó como una medida para "mejorar la distribución de los abastecimientos", terminó convertido en una política de Estado, que por medio de la alimentación, controla a la población en lo más íntimo.

El régimen se metió en cada uno de los hogares y de manera abrupta entró a controlar lo que cada familia podía comer y los productos con los que se podían asear. En un abrir y cerrar de ojos, las disposiciones de la Junta establecieron medidas para todo el país, incluidas 26 ciudades y la "Gran Habana".

No se trataba de una decisión menor, justificada en el desabastecimiento de quienes sí podían comprar frente a los que quedaban marginados, sino de una medida deliberada para registrar a cada residente en la Isla, a través de una persona que fungiría como "cabeza de familia" y que registraría a todos los integrantes del núcleo familiar para que de ese modo el paterfamilias Estado Revolucionario pudiera "garantizar el abastecimiento".

En realidad, no hubo ganancia, y sí una tremenda pérdida. No se perdió solo la libertad de comprar -de quienes podían y de quienes no-, sino que también se perdió la libertad de no ser controlado por un aparato ideologizado como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), órgano de vigilancia que a partir de ese momento adquirió dientes y aumentó su capacidad para vigilar a los vecinos, tanto los comprometidos con la revolución, los "confundidos" o contrarrevolucionarios.

Hoy, la falta de papel para la confección de la libreta es una metáfora del control al que los cubanos se encuentran sometidos. Sin muchas alternativas, las familias tendrán que anotar en los meses de enero y febrero de 2021 lo que consumirán en el comienzo de este año, esperando que el MINCIN cumpla su palabra y el 30 de enero entregue las libretas de 2022 para que todo vuelva a la "anormalidad" en la que se vive no ya desde 1962, si no desde 1959.

Sergio Ángel, director de proyectos, Food Monitor Program
Texto y foto: Diario de Cuba, 12 de enero de 2022.

lunes, 21 de febrero de 2022

Enero de 1959: Batista se fue




Ni a mi amigo Guillermo ni a mí nos molestaba el norte, el frente invernal que desde hacía unos días lanzaba las olas sobre el muro del Malecón habanero. Los dos, de 13 y 14 años, estábamos felices dirigiendo el tránsito en una de las intersecciones más importantes de la ciudad. Los semáforos en aquella época no eran automáticos y necesitaban un policía encargado de cambiar las luces manualmente.

La policía, la del tráfico, y la otra, la que perseguía, torturaba y asesinaba a los jóvenes que se oponían al régimen de Fulgencio Batista, se había esfumado como por arte de magia. Mientras tanto, Fidel (ya todo el mundo lo llamaba simplemente así) había declarado Santiago de Cuba capital de la nación y en un discurso aconsejaba calma, felicitando a todos los cubanos por el momento histórico que vivíamos, y pidiendo a los niños exploradores que fueran los policías en la capital.

Sería necesaria toda una semana hasta que él, con su ejército rebelde, que iba incorporando a muchos reclutas al pasar por los pueblos y ciudades que lo aplaudían delirantemente, entrase en La Habana con Huber Matos y Camilo Cienfuegos a cada lado.

Estábamos alegres. El país, la gente, hasta los niños, intuían que algo muy bueno había sucedido. Los habaneros se reían viéndonos tan serios, con nuestros pantalones tan cortos, dirigiendo el tráfico. Las señoras del edificio de enfrente nos traían limonada con emparedados de jamón y queso.

La esperanza se reflejaba en las caras, en los comentarios, en la expectativa de aquel pueblo que creía en Fidel Castro. ¿Quién, a no ser Batista, que lo acusaba de comunista, iba a dudar de que restablecería la Constitución de 1940, que erradicaría la corrupción, los abusos y la censura de prensa? Fidel había prometido que nunca más una madre lloraría por un hijo en la prisión política, y los vuelos con los exiliados ya aterrizaban en Rancho Boyeros.

Cuba era una fiesta. Los habaneros habían disfrutado de otra Nochebuena con puerco asado, cerveza Hatuey, yuca con mojo y frijoles negros. Habían comido los turrones, los dulces de coco y los cascos de guayaba, y en los balcones se agitaban las banderas, en vísperas del arribo de los héroes.

Después, con rapidez vertiginosa, vendrían otras cosas: el encarcelamiento y hasta el fusilamiento de algunos de los héroes que yo veía en la pantalla de la televisión junto a Fidel y al pueblo delirante. Se impuso a la fuerza la radicalización ideológica y la intolerancia entre los cubanos. Nuestro pueblo fue sometido a la injerencia militar soviética y se sembró el odio a muerte a nuestros vecinos estadounidenses.

Pero en aquel primer momento éramos felices. Cuba parecía haber despertado de una pesadilla que, sin embargo, apenas estaba por comenzar. En este enero de 2022, cuando han pasado 63 años, lo recuerdo todo vívidamente, cómo cambiábamos con inocencia las luces de los semáforos: del verde de la esperanza al amarillo de la sospecha al rojo de la represión.

Frank Calzón
Texto y foto: 14ymedio, 5 de enero de 2022.

lunes, 14 de febrero de 2022

Violencia machista y acoso sexual en Cuba

Cuenta una amiga de Yenislais Lara Hernández, 27 años, residente en el poblado del Wajay, municipio Boyeros, al sur de La Habana, que la noche antes de que su ex pareja la asesinara, le prometió a Yenislais regalarle un cake de nata por su cumpleaños.

“Ella hubiera cumplido 28 años el 11 de marzo de 2021. Estaba agobiada por el estrés cotidiano, la atención a los hijos y los altos precios de la comida. Debido a la pandemia, los bares y centros nocturnos estaban cerrados. No pensaba celebrar su cumpleaños. La animé. Le dije que le haría un cake, compraríamos algunas cervezas y lo festejaríamos juntas. Fue la última vez que la vi”, recuerda su amiga.

En la noche del 3 de marzo, Yenislais se encontraba en su casa, cuando su ex pareja y padre de su hijo de cinco años, alias “El Boca”, llegó con un machete y le produjo múltiples heridas graves. En la madrugada del 4 de marzo, tras varias horas en el quirófano, falleció. Según su amiga, ella había hecho varias denuncias en la unidad policial de la zona. Nunca le dieron seguimiento a su caso.

El pasado 8 diciembre el Observatorio de Violencia de Género de la revista feminista Alas Tensas, reportó la muerte violenta de una mujer de aproximadamente 40 años llamada Yoanka, asesinada por su pareja en La Habana. La víctima era vecina del reparto Ciudamar, en el municipio habanero de San Miguel de Padrón. Tenía tres hijos bajo su cuidado, informó la plataforma en sus redes sociales.

Al menos 32 mujeres han sido víctimas de feminicidios en Cuba en 2021, una cifra superior a la de 2020, cuando se reportaron 25 casos. En la Isla no está tipificado el feminicidio dentro del Código Penal ni se ha aprobado una Ley Integral contra la violencia de género. En 2019, un grupo de cuarenta mujeres solicitó a la Asamblea Nacional del Poder Popular elaborar una ley exhaustiva contra la violencia de género, en un país en el que cuatro de cada diez mujeres reconocen haber sufrido maltrato.

Dinorah, 56 años, sufrió golpizas, quemaduras con colillas de cigarros y fue forzada a tener sexo con su ex pareja durante ocho años. “Cada vez que tenía un mal día o se emborrachaba descargaba, su frustración conmigo. Al principio de estar casados, estuvo preso por robo con fuerza. Yo iba a todas sus visitas y pabellones, como en Cuba le dicen a los encuentros matrimoniales en las cárceles. Cuando salió de la cárcel era otra persona. Por cualquier motivo me daba con una manguera de goma tremendas golpizas. Hasta un día que le prendí candela y murió producto de las quemaduras. Fui sancionada a 15 años y cumplí nueve. Entré con 32 años y salí con 41. Perdí toda la dentadura en la prisión por falta de vitaminas. Ese hombre me desgració mi vida”, confiesa Dinorah a Diario Las Américas.

Rita, 29 años, reconoce que su gran error, fue “aceptar la primera golpiza de mi antiguo esposo. Luego las palizas y ofensas verbales eran casi a diario. Lo denuncié a la policía varias veces. Siempre me decían lo mismo. Entre marido y mujer la policía no se mete. Una mañana recogí mis cosas y me fui. Mi ex pareja me acosaba a donde quiera que fuera. Me amenazaba que si estaba con otro hombre me mataría. La policía lo único que hizo fue advertirle. Por suerte la sangre no llegó al río”.

Carlos, sociólogo, considera que las “leyes en Cuba son muy laxas en materia de violencia doméstica y acoso sexual. De hecho, no existe una ley con la violencia machista y no se prevé hasta 2026. Solo en caso de violación sexual o asesinato es que las leyes sancionan con rigor. Por ejemplo, los tocamientos a mujeres sin su consentimiento raramente son advertidos o multados. La masturbación en la vía pública sigue siendo un deporte para algunos hombres. Les ponen multas de 60 o 120 pesos. Solo en casos reiterados o que la victima fuera menor de edad, entonces al perpetrador lo sancionan con un año de privación de libertad. Demasiada permisividad”.

Un día sí y otro también, Tatiana, alumna de preuniversitario, sufre el acoso sexual cuando va rumbo a la escuela. “Lo mismo se ponen a masturbarse en la entrada de un edificio, detrás de un árbol que te persiguen por todo el trayecto. Es asqueroso. Los padres de muchas alumnas han hecho la denuncia y nada. Es una plaga”.

Saily, estudiante de lenguas extranjeras, apunta que “incluso dentro de la guagua hay tipos disparando (masturbándose). Una vez me tiraron el semen encima de la ropa. Por la noche las mujeres no pueden caminar por el trayecto de la Calle G, al fondo de la antigua cárcel El Príncipe, o por la calle adyacente al hospital Calixto García. Los pajusos se suben hasta encima de los arboles. Si sale una Dama de Blanco con un cartel contra el gobierno enseguida aparecen segurosos para detenerla. Pero en el caso de los masturbadores públicos, la policía brilla por su ausencia”.

En los cines sucede igual. Noemí, ama de casa, comenta que por eso ya no va al cine. “Es un hobby de algunos aberrados masturbase de manera agresiva, lo mismo en el asiento de al lado que detrás de ti. Eso viene sucediendo años tras años y las autoridades no hacen nada”.

El 8 de diciembre, la revista El Estornudo, publicaba la denuncia de cinco mujeres por acoso sexual al trovador Fernando Bécquer. Con el pretexto de hacerle un rito religioso Bécquer, en contra de la voluntad de las víctimas, se masturbaba o les practicaba sexo oral. Redactado por el periodista Mario Luis Reyes, el texto tuvo una amplia repercusión dentro y fuera de Cuba.

Algunas mujeres ya habían denunciado al trovador ante la Fiscalía. El tribunal dio la callada por respuesta. Bécquer es partidario del régimen castrista. Un instructor policial consultado opina que “es más que suficiente, mientras no comete un delito grave, para quedar impune y no ser procesado. Lo mismo le pasó al artista plástico Kcho que supuestamente tuvo sexo con una menor de edad, o Maradona, que bajo la anuencia del gobierno y de Fidel, se le permitió tener relaciones con una niña de 15 años e incluso, sin el permiso de sus padres, autorizarla a viajar a Argentina a hacerse una cirugía en los senos. Cuando hace un tiempo una patrulla de policía violó a dos menores de edad, si fueron sentenciados fue gracias a la presión popular en las redes sociales”.

Mayda, quien fuera secretaria de un alto directivo de turismo, reconoce que el acoso sexual a las mujeres por parte de dirigentes, sean del partido, poder popular o militares de cualquier jerarquía, es “algo habitual en Cuba, en todas las provincias y a todos los niveles. Muchos dirigentes y funcionarios consideran que las caricias indebidas, tocarte los pechos y los glúteos sin tu consentimiento, forman parte de un derecho de pernada, como si todavía viviéramos en el feudalismo. Las denuncias son en vano, siempre caen en saco roto. Es demasiado el machismo y la tapadera entre los hombres. Si insistes, puedes perder el trabajo. En Cuba la inmensa mayoría de las mujeres tenemos miedo a denunciar, pues con una facilidad pasmosa pasamos de víctimas a acusadas”.

En las redes sociales se ha desencadenado un gran apoyo a las mujeres que se han atrevido a denunciar los abusos sexuales de Fernando Bécquer. Incluso amigos del trovador se han solidarizado con las denunciantes. El #METOO cubano ha echado a andar. Si el régimen y sus instituciones no protegen a nuestras niñas, jóvenes y mujeres, la sociedad civil independiente y movimientos como #YOSITECREO, seguirán denunciando la violencia machista, los abusos, maltratos físicos y psíquicos donde quiera que se produzcan.

Iván García

lunes, 7 de febrero de 2022

Sobre Lázaro Yuri Valle Roca y mi familia materna


Al final de esta información escribieron: "Según Juan Juan Almeida García, hijo del comandante Juan Almeida Bosque, el ensañamiento contra Valle Roca puede estar relacionado con supuestas rencillas familiares y entre miembros de la cúpula del poder, en el que estaría implicado el coronel de la inteligencia, Alejandro Castro Espín, hijo del exgobernante Raúl Castro Ruz". Veo casi todos los programas de Juan Juan y lo que él ha dicho es que el culpable de que Blas Roca se divorciara de mi tía Dulce Antúnez fue Raúl Castro. También que Yuri corre peligro porque es un preso del general Alejandro Castro Espín, que nunca ha soportado a los Valle Roca y siempre ha odiado a Yuri, entre otras cosas, por sus estruendosas carcajadas.

"Escudriñando entre algunos documentos que dejó en custodia a sus hijos mi difunta madre Lydia Roca Antúnez (1935-2013) encontré la biografía hecha por ella de su madre, mi abuela, Dulce María Antúnez Aragón (1908-1995), en la que narra todas las vicisitudes que transitó junto a su esposo Blas Roca Calderío (1908-1987) con el que estuvo casada casi toda su vida, hasta que con el consentimiento de Raúl Castro, los divorciaron, no estando mi abuelo en su pleno juicio, debido a una trombosis que afectó su cerebro dejándolo hemipléjico. Después, a mi abuelo Blas lo casaron con su secretaria Justina Álvarez, boda a la que asistió solo un miembro de nuestra familia, mi tío Vladimiro Roca junto a Raúl Castro". De lo que Yuri publicó en su blog en junio de 2016 y yo reproduje en Mi tía Dulce.

En enero de 2021, en El blog de Iván García y sus amigos, reproduje El periodismo esbirro de la revolución cubana, de Rafaela Cruz, publicado en diciembre de 2020 en Diario de Cuba. Al final, puse este comentario: Sobre la foto.- Por esto que Juan Marrero escribió, esa foto me parece fue hecha el 4 de octubre de 1965. Sentado, a la izquierda de Fidel Castro, Isidoro Malmierca, recién nombrado director de Granma, a la derecha, Blas Roca, ex director del diario Hoy, a su lado, Osvaldo Dorticós y Faure Chomón. Detrás de Faure, Jorge 'Papito' Serguera y a su derecha Carlos Rafael Rodríguez. La mulata de pie, detrás de Carlos Rafael, es Justina Álvarez, secretaria (y querida) de Blas Roca (mi tía Dulce Antúnez, esposa de Blas, no la podía ver, siempre sospechó de Justina, una manzanillera que había sido mujer de Aníbal Escalante. Después de 50 años de matrimonio, Blas se divorció de mi tía y se casó con Justina). A la derecha de Malmierca, con una mano en la cara, Ramiro Valdés. El mulato calvo a la izquierda, recostado a la pared, con traje, cuello, corbata y gafas oscuras es el periodista Gabriel Molina (Tania Quintero).

Del post titulado Dulce Antúnez y Blas Roca, dos cubanos de a pie, publicado en agosto de 2021 en este blog, copio dos párrafos:

Del divorcio de Blas con mi tía Dulce después de cincuenta años de convivencia, de la división familiar que esto provocó, de la enfermedad y fallecimiento del histórico líder del PSP, le corresponde hablar o escribir a los dos hijos que aún viven, mis primos Francisco y Vladimiro Roca Antúnez, si lo estiman pertinente. O a Lázaro Yuri Valle Roca, el nieto mayor y el que más sufrió por la separación de sus abuelos. Por cierto, en Mi tiro de gracia, Alcibíades Hidalgo menciona una situación de la cual fui testigo, porque asistí al velorio de Blas como parte de la familia y como reportera de los Servicios Informativos de la Televisión Cubana, a los cuales en ese momento pertenecía: "La operación logística del funeral sin precedentes de Blas Roca incluyó un masivo velatorio en el Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, para el que hubo necesidad de trazar fronteras entre las dos familias rivales del fallecido líder de los viejos comunistas".

A propósito del artículo Mi tiro de gracia, originalmente publicado en el diario español ABC, Lázaro Yuri me envió este correo: "Mi prima, ese día del velorio, como sabes, mi abuela Dulce Antúnez se sentó junto al féretro del viejo. La cosa estaba bien caliente, por un lado su secretaria y 'viuda oficial', Justina Álvarez, y por el otro, nosotros, su familia de toda la vida. Fidel, Raúl, Guillermo García y Ramiro Valdés estaban detrás de un paraván viendo todo el show. En eso, Raúl Castro me llama y delante de varias personas me dice que le pidiera a mi abuela que se fuera y les dije que los que tenían que irse eran ellos. Durante el entierro en El Cacahual, mi madre Lydia, la hija mayor de mi abuelo y sus tres nietos mayores, quitamos a los hombres que estaban echando tierra sobre el féretro y seguimos echándosela nosotros".

En La fábrica de esbirros de Fidel Castro, mi primo Vladimiro Roca Antúnez escribió: "En 1980, las Brigadas de Respuesta Rápida fueron utilizadas para los famosos “mítines de repudio” contra los que entraron en la embajada de Perú y después decidieron marcharse del país. Tal práctica fue muy parecida a los ‘pogromos’ organizados por los zaristas rusos contra los judíos. Mi padre, Blas Roca Calderío, al ver en el Noticiero de Televisión escenas de las Brigadas actuando, dijo: “Coño, pero eso es fascismo”.

La separación forzada de Dulce Antúnez y Blas Roca, evidentemente para perjudicar a mi tía Dulce y beneficiar a Justina Álvarez, querida de toda la vida de Blas (inclusive intentaron, desconozco si lo lograron, adjudicarle a Blas la paternidad de la única hija que tuvo Justina en su juventud) y que ella, la secretaria, se quedara como la viuda oficial, con los privilegios del 'sociolismo' (casa, carro, comida, buena atención médica), provocó una división en mi familia materna: de los cuatro hijos que Dulce y Blas tuvieron, tres (Lydia, Francisco y Joaquín) se quedaron protegiendo y defendiendo a su madre, una espirituana con un historial de lucha política casi como el de Blas y más sustancioso que el de la manzanillera, y solo uno, Pepe, como le decimos a Vladimiro, se quedó al lado de su padre y de su 'madrastra'. Aunque durante ese tiempo estuvo cerca de los hermanos Castro y del poder, eso no impidió que cuando en 1991 Pepe se declaró disidente, lo reprimieron como al resto de los opositores. Y de los cuatro redactores de La Patria es de Todos, condenados el 1 de marzo de 1999, él recibió la sanción mayor, 5 años, que cumplió íntegra.

Casi todas las familias tienen problemas, desavenencias, encontronazos... A pesar de lo que Pepe le hizo a su madre y sus hermanos, cuando mi tía Dulce enfermó y mi prima Lydia se la llevó a vivir con ella a su casa, Pepe habló con Lydia y le pidió que le dijera a su madre que quería pedirle perdón, que si podía ir personalmente a pedírselo. Mi tía Dulce respondió que ya ella lo había perdonado, que ella siempre quería por igual a sus cuatro hijos, al margen de sus comportamientos. Mi tía murió a los 86 años, el 25 de abril de 1995. La velaron en la funeraria de Zapata, no faltaron sus cuatro hijos, sus nietos (Yuri, Ernesto, Alejandro, Vivian...), sus hermanos residentes en La Habana (Luis, María, Cándida y Carmen, mi madre) y sus sobrinos (Orlando, Moisés, Sonia y yo, entre otros). Un velorio y un entierro tomado por la Seguridad del Estado.

Una foto de cuando Raúl Castro parecía llevarse bien con Dulce María Antúnez Aragón, abuela materna de Yuri. Palabras que Yuri le dedicara a su abuela en su blog en 2016: "A través de la biografía de mi abuela Dulce María, ustedes se darán cuenta que no hay diferencias en lo que nosotros los opositores y activistas luchamos y demandamos en estos tiempos. También, por qué soy periodista independiente y por qué me puse del otro lado de la línea impuesta por la dictadura castrista. Lo que no dice mi madre en la biografía que ella escribió, es que los integrantes de la familia Roca-Antúnez, producto del divorcio de mis abuelos, fuimos vejados, humillados, estigmatizados,... Mi abuela murió en un hospital sin atención por parte de instituciones que supuestamente deben atender a ex combatientes, lo mismo hicieron con mi madre. Los familiares las cuidamos, nos mantuvimos a su lado y siempre las recordaremos con amor".

Confieso que a mí el encarcelamiento de Yuri me tiene mal, porque de toda mi familia, tanto materna como paterna, es el que más apego, amor y y cariño ha demostrado hacia sus padres, abuelos, hermanos, tíos y primos. Me tiene mal por la impotencia de no poder hacer nada desde Suiza y por la indiferencia que veo en familiares que viven en Cuba y en Estados Unidos, que a ninguno los he visto ni escuchado haciendo una denuncia, un llamado, una declaración, como en estos momentos están haciendo familiares de varios manifestantes presos por el 11J.

La única que está dando la cara, pecho y espalda es su mujer Eralidis Frómeta. También me duele porque Yuri tiene un aval de más de 15 años como activista, comunicador y periodista independiente. No es de los últimos que llegaron a la cola de la disidencia ni del periodismo independiente. Y lo menos que se puede hacer es reconocer a quienes llevan disintiendo un montón de años, como Rolando Rodríguez Lobaina en Guantánamo o Luis Cino e Iván García en La Habana (Jorge Olivera, fundador de la prensa independiente y ex preso político, en silencio decidió marcharse definitivamente de la isla, lo que no critico). De que Yuri lleva tiempo en la disidencia da fe la foto que encabeza este post, sobre el feroz asedio que durante días la Seguridad del Estado le hiciera a un grupo de opositores, entre ellos Yuri, en la entonces vivienda de mi primo Pepe, en 2011.

El pasado 26 de agosto, Yuri cumplió 60 años en la prisión, y que yo sepa, él, Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, son de los pocos presos políticos que públicamente han dicho que no quieren abandonar su patria. Además de los medios que publican sobre la situación de Yuri, lo cual agradezco, me gustaría que youtubers o influencers, aparte de Juan Juan, alguna vez lo mencionaran, al margen de su posición anticomunista.

No siempre que se habla de Yuri hay que decir que es nieto de Blas Roca. Aunque a mí me afecta, y bastante, saber que fue el primer nieto y el más querido de mis tíos Dulce y Blas. Si mi prima Lydia, madre de Yuri, estuviera viva, ya se hubiera plantado en la mismísima Plaza de la Revolución.

Tania Quintero
Video: Entrevista que en noviembre de 2016, durante un viaje a Miami, le hicieran a Lázaro Yuri Valle Roca en Radio Televisión Martí.

Leer también: Mi prima Lydia, Mi primo Yuri, Recuerdos de familia y El día que la represión se vistió de negro sobre el operativo que la Seguridad del Estado diseñó para el juicio de los cuatros integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, el 1 de marzo de 1999, una movilización superior a la de cualquiera de los juicios posteriormente celebrados en La Habana o en otras provincias, incluidos los que ahora se están efectuando por el 11J. Copio un fragmento inicial de lo que entonces escribí:

"¡Oyé… qué cantidad de negros!" -exclamó una señora cuando luego de bajarnos de un camión de pasajeros mi prima Lydia Roca Antúnez (hermana de uno de los disidentes que iban a ser enjuiciados) y yo doblamos por 51 y 100, una de las principales avenidas de Marianao.

Efectivamente, desde lejos se podía apreciar la extraordinaria presencia de hombres de la raza negra parados por las esquinas, solos, en parejas o en pequeños grupos. Muchos usaban, debajo del abrigo o la camisa un pulóver blanco en el cual, si uno se fijaba bien, en letras rojas decía Contingente Blas Roca, un colectivo obrero creado por Fidel Castro meses después de la muerte de Blas Roca Calderío en abril de 1987.

Esos hombres y algunas pocas mujeres, negros y mulatos, no fueron movilizados para respaldar al hijo de Blas Roca que ese día iba a ser enjuiciado, sino para todo lo contrario: impedir que ningún opositor, activista de derechos humanos, periodista independiente, ciudadano curioso, inclusive un familiar no seleccionado por la Seguridad del Estado para pasar a la sala del juicio, pudiera acercarse al Tribunal de Mariano, enclavado en las calles 100 y 33. Probablemente no todos eran obreros y más de uno bajo la camiseta ocultaba su verdadera profesión: experto en artes marciales o un movilizado, civil o militar, del Sistema Único de Vigilancia y Protección, una fuerza paramilitar que el 5 de agosto de 1994 tuvo su "graduación" en los disturbios populares que han quedado conocidos como el Maleconazo.

lunes, 31 de enero de 2022

Bola de Nieve en Nueva York


Café Society era un sitio peculiar en Greenwich Village, tanto como su dueño y fundador, Barney Josephson, conocido por su incondicional preferencia por el jazz y los night-clubes y teatros donde se presentan músicos y cantantes afroamericanos. Mientras atendía su negocio en el comercio de calzado, Barney se vuelve asiduo al Cotton Club fascinado con Duke Ellington y Ethel Waters, a tal punto que termina por seguir el consejo de su hermano: dejar su trabajo en New Jersey mudarse a Nueva York en pos de su sueño de abrir un club nocturno con características radicalmente diferentes.

En un edificio de Sheridan Square, donde confluyen la West 4th Street y Washington Place, encontró un espacio lo suficientemente barato como para abrir el primer night-club con total integración racial en Nueva York: Café Society, nombre elegido por un motivado Josephson para ironizar frente a la alta sociedad que en los años 20 había asumido ese nombre como identificación grupal.

Corría 1938 y los años sucesivos verían crecer el perfil y el prestigio de Café Society dentro de la comunidad artística e intelectual afroamericana y su orientación ecuménica e inclusiva en tiempos de fuertes escisiones raciales en numerosas zonas de Estados Unidos. Fue tal el éxito que decidió abrir su réplica, tras lo cual serían conocidos, el original como Cafe Society Downtown y el segundo: Cafe Society Uptown.

Cuando Bola de Nieve llega a Café Society Downtown, ya el sitio estaba, sin saberlo, haciendo historia: allí Billie Holiday estrenó Strange Fruit al finalizar una actuación de la que la audiencia sólo se recuperó cuando se percató de la enormidad de aquel tema que acababan de escuchar y ante el cual se rindieron inundando la sala de aplausos. Desde el club nocturno de Josephson fueron lanzadas las carreras de Lena Horne y Sarah Vaughan, entre otros, gracias al cazatalentos que habitaba en John Hammond I, una suerte de asesor musical del singular espacio que consiguió crear y mantener un sello propio y un aire de cierto glamour, sobre todo por las figuras que, una tras otra, lograba presentar: Art Tatum, Teddy Wilson, Hazel Scott… Grandes músicos como Duke Ellington, Miles Davis, Count Basie, Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Mary Lou Williams fueron bienvenidos durante los diez años que se mantuvo abierto Café Society.

Bola venía de una triunfal gira por España integrando la compañía de Concha Piquer y antes de llegar a La Habana, va a Nueva York invitado por Ernesto Lecuona para presentarse junto a su compañía el 20 de noviembre de 1948 en el prestigioso Carnegie Hall. Canta Drumi mobila y Bito Manué tú no sabe inglé, en medio de la emoción que le provocó la ovación del público antes de comenzar a cantar, el mismo público que le hizo salir nueve veces a escena, según contó él mismo.

La repercusión de su presencia en Nueva York debió motivar el interés de Hammond y Josephson, quienes le contratan para presentarse en Café Society inicialmente para siete días de actuaciones, que luego, ante el asombro y el éxito del cubano, se extendió por siete semanas. Con Be Careful, It’s my Heart, de Irving Berlin; Les feuilles mortes, con música de Joseph Kosma y letra de Jacques Prévert; y la samba Faixa de cetim, de Ary Barroso, Bola consigue asombrar al público del Café Society, conocedor donde los haya y acostumbrado a una calidad y una entrega sin concesiones.

El gran compositor cubano Harold Gramatges, quien por esas fechas estudiaba en Nueva York con el compositor norteamericano Aaron Copland, coincidió en esa ciudad con Bola de Nieve y pudo verlo en la escena del Café Society. Así lo contó al investigador y ensayista Ramón Fajardo Estrada:

“Bola se presentó en un lugar de suma exclusividad en los aspectos social, económico y artístico: el Café Society, sitio bastante inaccesible para personas como yo, un simple joven estudiante. Pero dada mi ya iniciada amistad con Bola en La Habana, tuve la oportunidad de entrar a través de la llamada “puerta de los artistas” y disfrutar de la actuación de mi paisano, la cual deslumbró al público con su capacidad para rodear cualquier pieza musical de un original ambiente sonoro. Según me contaron, pues no estuve presente esa noche, hay una anécdota interesante en ocasión de las actuaciones suyas en el Society, sobre todo por su otro protagonista: Paul Robeson, quien tras escucharlo se emocionó mucho, le dijo que nunca antes un cantante lo había conmovido tanto y, en honor a Bola de Nieve, cantó una serie de spirituals. Se me ocurre pensar cómo la sensibilidad del famoso bajo norteamericano pudo captar el peculiar arte de su colega cubano, que -sin una voz capaz de emitir música propiamente- transmitía una increíble carga de emociones. Eso confirma lo que en realidad fue la labor escénica de Bola de Nieve: una forma de expresión, de sensibilidad, de calidad espiritual.”

El cubano del piano virtuoso y la voz breve y rasgada fue todo un éxito en Nueva York, al punto de provocar que la exigente revista Variety, dedicada al espectáculo, publicara una crítica sumamente positiva sobre sus noches en el Society: “Bola de Nieve canta tan bien en español, inglés, francés y portugués, que una vez que se adapte a nosotros, es el artista indicado para cualquier club nocturno.”

Pero hubo más, en otro importante medio, en la revista Billboard del 5 de febrero de 1949, el columnista Leon More escribía:

“Si una actuación en un club nocturno puede calificarse de hermosa, Bola, el pianista y estilista de canciones encaja en ella. Su actuación es satisfactoria sin ser sensacional y si bien su nombre no es suficiente para atraer a los clientes, una vez que lleguen allí se sorprenderán gratamente. Bola canta en español, inglés y francés. Asume sus números con dignidad y llama la atención la divertida manera en que consigue expresarse. Su interpretación de “Be Careful, It’s My Heart” realmente hizo que pareciera algo tan fino como un trozo de porcelana al punto de temer que su propio canto fuera a hacerlo añicos. Otra propuesta inusual fue “Give My Love”, cantada en francés. Al piano, Bola es más que adecuado, salvo por esa tendencia de comenzar cada número con extensos floreos y grandilocuencias que dan la falsa percepción de una situación cercana al clímax.”

Si no olvidamos que esto transcurría tan temprano como en 1949, convendremos que estaban aún por venir muchos años gloriosos en la carrera musical del inimitable y asombroso piano man. La visita de 1949, sin embargo, no era la primera de Bola de Nieve a los Estados Unidos: en la década de 1930 había trabajado como pianista acompañante de Pedro Vargas, el Tenor de las Américas, con quien realiza una breve gira por los estados norteamericanos del sur.

En 1947, en tránsito hacia España, se presenta en Radio City, en un programa transmitido por la National Broadcasting Company (NBC), y al parecer es en esta ocasión en que se realizan unas raras y poco conocidas grabaciones, algunas de ellas bajo el nombre de Bola de Nieve Sextet -con acompañamiento rítmico-, producidas por el puertorriqueño Gabriel Oller, para su recién creado sello Coda. Dos standards norteamericanos, As Time Goes By y Stardust; Andalucía (el clásico de Ernesto Lecuona que en Estados Unidos se conoce como The Breeze and I), Si me pudieras querer (If You Could Love Me) y Tú me has de querer, ambas del propio Bola, Malagueña, Danza lucumí y La comparsa, también de Lecuona, y la canción francesa J’attendrai, son los temas que el gran Bola registra durante su breve, pero fructífera estancia en Nueva York en 1947. Por alguna razón desconocida, el productor decidió grabar estos nueve temas en versiones instrumentales, prescindiendo de la singular voz que complementa el arte del genial cubano. Estas grabaciones nunca han sido reeditadas, pero constituyen uno de los momentos singulares en la discografía del gran músico cubano.

Vendrían después nuevas actuaciones de Bola de Nieve en los Estados Unidos, pero las que tuvieron lugar en los años 40 marcan el vínculo del gran pianista y diseur cubano con nombres míticos en la historia del jazz y su incidencia en escenarios que, como el Café Society, están indisolublemente ligados al desarrollo de este género. En todo caso, y sin ser un jazzista, los artistas afroamericanos reconocieron en Bola las similitudes entre su arte expresivo y el jazz: autenticidad, el virtuosismo ante el instrumento o a través de la voz, extroversión, el reto de la creatividad originada a partir de lo autóctono y ancestral, en perfecta armonía con el manejo de una vasta cultura e información, una vocación cosmopolita y citadina -eso que Pablo Armando Fernández definiera como “su sensibilidad urbana”- y una camaleónica capacidad para asumir cualquier género, estilo o modo de expresión que le fuera lo suficientemente auténtico como para poder ser él, sin cortapisas ni afeites, dominándolos, haciéndolos suyos.

El paso triunfal por los escenarios de Nueva York y de Madrid, Barcelona, México, Buenos Aires, Río de Janeiro, y otras ciudades que ya había visitado antes de terminar el decenio de los cuarenta, sin dudas aportó a Ignacio Villa, el gran Bola de Nieve, la seguridad suficiente para no sólo perfilar la entrega sino también ahondar en el disfrute de un arte que era suyo, pero con vocación de compartir sentimientos y expresiones que van desde lo autóctono a lo universal. Ante tanta contundencia evidente, cualquier intento de minimizar su grandeza y de culpar a su voz de las carencias en las que nunca vio obstáculos, encontró en Bola de Nieve el sarcasmo certero por respuesta: “Mi voz es muy mala. Por eso odio los micrófonos: porque la amplían.”

En España, cuando actuaba con Concha Piquer, y a punto de salir al escenario del teatro Lara, fue aún más rotundo cuando el conocido y exigente crítico teatral Felipe Sassone le preguntó: “¿De qué tiene usted voz? ¿De tenor, de barítono, o de bajo?” Bola, sin inmutarse, le espetó: “Yo tengo voz de persona”.

Rosa Marquetti
On Cuba News, 11 de septiembre de 2021.

Video.- Al no encontrar fotos de las estancias de Bola de Nieve en Nueva York y Estados Unidos en la década de 1940, opté por encabezar el post con el collage de fotos coloreadas de la Gran Manzana en 1940, preparadas y subidas a You Tube por JDProductions2, musicalizadas con el instrumental Moonlight Serenade, de Glenn Miller, en una versión de la BBC Big Band.

lunes, 24 de enero de 2022

Con esa ropa interior no hay quien se desnude



"Vendo diez piezas de ropa interior moderna y sexy, de uso pero muy bien cuidada", advierte un clasificado en uno de los sitios de compraventa más populares de Cuba. A los clientes interesados se les detalla que "están como nuevas y con los elásticos firmes", un plus en un país donde hace más de un año no se venden esos productos en moneda nacional.

Brian tuvo su primera relación sexual en agosto. A pesar de las limitaciones impuestas por la pandemia, se enamoró de una joven habanera que conoció en Instagram. "Fue un flechazo desde que vi su primera foto, le escribí y estuvimos intercambiando mensajes, videos y fotos por más de seis meses". Para este joven de 18 años, el "momento definitivo" llegó este verano, pero había un detalle en que ninguno de los dos había reparado.

"Todos mis calzoncillos estaban rotos, feos y empercudidos", recuerda Brian. "Así no podía presentarme ante el amor de mi vida. Le pedí ayuda a mis hermanos, pero estaban en las mismas, porque ellos dependen de las 'mulas' (personas que compran mercancías en otros países para revender) y como la gente no está viajando al exterior, casi no hay ofertas. Busqué entre mis amigos, si alguno me podía prestar un calzoncillo en buen estado, aunque fuera por una noche, pero todos estaban igual".

En los últimos años, el mercado en pesos cubanos en la Isla se reduce a alimentos y productos básicos de aseo. Para comprar ropa, calzado y electrodomésticos se debe terminar, tarde o temprano, en las tiendas en moneda libremente convertible o en las redes ilegales. Incluso en los hoteles, donde antes las caras boutiques intentaban atraer clientes nacionales, ahora la oferta de estos artículos solo aparece en divisas.

A María Elena, de 68 años, sus padres le enseñaron desde pequeña que hay que mantener "una muda de ropa interior de reserva por si se tiene que ir a un hospital". Durante años, mantuvo sin tocar un conjunto de color amarillo que guardaba al fondo de una gaveta. "En enero tuve que estrenarlo porque ya no podía seguir con los ripios que me quedaban", explica.

"Pero cuando me los fui a poner ya tenían los elásticos algo vencidos así que si tengo que ir a una consulta y piden quitarme la ropa voy a mirar para el techo porque no quiero ver ni lo que parece todo esto desbembado", ironiza. Su hijo trabaja en una brigada constructiva donde cada mañana "tiene que quitarse la ropa y ponerse el mono de trabajo frente a sus colegas. A veces no quiere ni ir a trabajar porque le da pena hacerlo".

Gracias al apoyo de sus padres, Brian alquiló una habitación a las afueras de La Habana. "Tenía jacuzzi, cama matrimonial, desayuno y almuerzo incluido por dos noches, televisor pantalla plana y mucha privacidad", comenta. "En el cuarto había un juego de luces led que se podía programar, así que cuando ya íbamos a empezar a tocarnos las apagué todas porque me daba vergüenza".

Al día siguiente, Brian descubrió en el suelo de la habitación la ropa interior de ella, también raída y con huecos. "Eso nos unió más porque estuvimos hablando del tema y del sofoco que habíamos pasado para aparentar lo que no teníamos, al final saber que cada uno estaba casi en la indigencia en ese aspecto nos ha hecho ser más sinceros".

Dos meses después, Brian y su pareja parecen haber superado el obstáculo de la tela mustia y los huecos, pero para otros el deterioro de ajustadores, calzoncillos y bloomers es una cuestión de autoestima insuperable. "Llevo más de un año sin acostarme con nadie, así no puedo, me da mucha vergüenza", reconoce Claudia, una matancera de 40 años que se abastecía del mercado informal de su ciudad.

"Antes tenía gente a la que le compraba ropa interior cómoda y otra más apropiada para las salidas amorosas, ahora ni lo uno ni lo otro", reconoce. "Tuve que empezar a usar cada día la parte de abajo de un bikini de cuando iba a la playa, y es incómodo porque no es una tela pensada para tenerla todo el día encima, pero es lo que hay".

"Así no hay quien se desnude en plan erótico delante de otro", confiesa Claudia. "No es que quiera algo de marca ni lujoso, me basta con poder quitarme el vestido y que lo que esté debajo no dé lástima, sino que despierte algo de lujuria". Y ríe: "Con este bikini descolorido y estirado me van a mandar a la jubilación".

Una joven que trabaja de voluntaria para un grupo que reparte medicinas de donaciones que llegan del extranjero de forma independiente al gobierno, contó que han recibido mensajes de personas interesadas en conseguir ropa interior, sobre todo mujeres: "Aquí nos han llegado mensajes de muchachas que nos preguntan si no tenemos bloomers o ajustadores para donar, o si les podemos hacer el favor de facilitarles un envío en nuestros paquetes. La gente está desesperada con ese tema, pero no tenemos cómo ayudar en eso, yo misma tengo toda mi ropa interior vieja y rota".

Otros, enarbolan el amor "piel con piel" sin pasar por la tela de la ropa interior. "Creo que toda esta necesidad que estamos pasando ayuda a saber quién te quiere porque tienes un ajustador bonito y quién lo hace porque le gustas realmente", asegura Mónica, otra habanera de 32 años que se divorció en medio de la pandemia. "Él se creyó que yo podía darle una vida de una manera porque cuando nos conocimos usaba un conjunto Victoria Secret que me dejó una amiga que se fue, pero nada que ver con mis posibilidades. Ahora prefiero que me vean de una manera más modesta, porque a fin de cuentas vivo en Alamar, no puede ser que mi pareja se haga idea de que va a tener una vida cómoda porque me ve con un blúmer de marca y después se desilusiona. Yo no apago la luz, que note desde el principio que soy una mujer de pocos ingresos y me quiera como soy".

Malcom siente que 'hizo el pan' (resolvió). Un primo residente en Panamá le mandó un paquete de calzoncillos que cada uno lleva el nombre en inglés del día de la semana. "Hoy tengo puesto el Saturday, pero en cuanto lo suelte lo lavo a mano, nada de lavadora porque se me rompe. Me los quito y los guardo hasta la próxima cita", sonríe. Más allá de las vicisitudes personales, los expertos advierten de otros problemas.

"El distanciamiento social provocado por la pandemia unido a la crisis económica pueden estar provocando en esta generación de cubanos serios problemas para interactuar, conocerse y amarse", explica al diario Lázara Echeverría, psicóloga en comportamiento social.

"Pueden estar incubando traumas y rechazos que solo se sabrán a largo plazo". Para la experta, "el momento del primer encuentro se queda muy marcado. Si está acompañado por el complejo, por el sentimiento de desventaja y la vergüenza, eso va a tardar largo tiempo en aplacarse. A veces cosas tan sencillas como unos calzoncillos o unos bloomers nuevos cambian toda la experiencia".

Texto y foto: 14ymedio, 17 de octubre de 2021.


lunes, 17 de enero de 2022

El colapso del calzado en Cuba

Zapatos plásticos Kicos, Cuba, años 70.
¿Cómo se las arregla hoy la gente en Cuba para tener zapatos? ¿Qué calidad tienen sus zapatos? ¿Cuánto cuesta un par? ¿Saben hoy en la Isla quienes no llegan a los 70 años de edad que, cuando Cuba era "explotada por el imperialismo y la burguesía nacional", el calzado cubano era motivo de orgullo nacional, que era exportado a todo el planeta y gozaba de merecida fama por su diseño y estilo, la calidad de la piel y su comodidad?

Las respuestas a estas interrogantes confluyen hacia el mismo punto: son cosas del comunismo. Un solo dato (que se puede encontrar en internet) es elocuente: en 1954 Cuba produjo 15 millones de pares de zapatos de alta calidad para seis millones de habitantes, o sea 2,5 pares de zapatos per cápita.

Actualmente la producción exacta nadie la sabe, pues el régimen ya no da cifras nacionales, pero en 2014 las 24 fábricas cubanas produjeron 2,5 millones de pares de zapatos, para 11,3 millones de habitantes. O sea, 0,22 zapato anual por habitante. Y es poco probable que la producción haya aumentado mucho, pues desde 2016 se inició la crisis económica que hoy es ya asfixiante.

Ese desplome de un 83% en la producción, sin guerras o catástrofes naturales, es inaudito, y encima el calzado producido es de pésima calidad, uno de los peores del mundo, al punto de que en su edición del 1 de marzo de 2015, el periódico Trabajadores admitió que ninguno tenía "el formato que lo podría catalogar como zapato de vestir, ni de hombre ni de mujer".

Cinco meses después de esa "confesión", en agosto de 2015, un pastor estadounidense que fue a predicar en una iglesia evangélica del Vedado, antes de comenzar dijo jocosamente a los fieles: "Estoy mirando desde aquí los pies de ustedes, y por eso sé que estoy en Cuba", según reportó la prensa independiente. Así sería el maltrecho y pobre calzado que aquel predicador vio en quienes lo escuchaban en El Vedado, no en El Fanguito o La Timba.

En abril de 1959, Fidel Castro se reunió con los empresarios privados de la industria del calzado (a los cuales 16 meses después quitó sus fábricas) y les dijo que el calzado cubano tenía que seguir siendo de muy alta calidad, "un zapato mejor que cualquiera que se pueda importar aquí". Pues bien, luego de más de 60 años de socialismo, si hoy los cubanos no andan descalzos o con zapatos parecidos al que se come Charles Chaplin en La quimera del oro, es por el calzado que a la Isla llevan las "mulas" y envían compatriotas en la diáspora. Porque la otrora pujante industria nacional del calzado en rigor desapareció. Y los zapatos que se importan, de China, son de pésima calidad y, encima, se venden en dólares.

Un reportaje publicado el 6 de octubre en 14ymedio comenzaba así: "Sandra tiene la cara pegada a la vidriera de la zapatería Sport en la Plaza Carlos III, en La Habana, donde se ha formado una nutrida cola. En ella se exhiben dos pares de tenis para niños que cuestan, 22.50 y 22.68 dólares (540 y 544 pesos) y son los más baratos a la venta". Pero Sandra ese mes solo pudo utilizar 30 dólares para todas las necesidades en su hogar, y luego de pagar 75 pesos por dólar, o sea, 2.250 pesos, casi todo su salario del mes. Y su esposo está desempleado. En fin, si compra los tenis a su hijo pasará hambre toda la familia.

Otra mamá, que no dio su nombre, le dijo a 14ymedio: "Compré lo que necesitaba para la escuela de la niña a una mujer que vende mercancía traída del exterior. Me costaron 3.000 pesos los tenis y 2.000 la mochila". O sea, pagó 125 dólares por un par de tenis. En las lujosas tiendas de Macy's, en Estados Unidos se pueden comprar tenis excelentes a precios más bajos.

La periodista independiente Laura Rodríguez reportó hace dos años desde Santa Clara una acalorada discusión. Odalis quería devolver a la tienda un par de zapatos Made in China descosidos y despellejados que había comprado allí quince días antes, pero el empleado le dijo que no tenían garantía y no aceptó la devolución. Odalis perdió sus 20 dólares.

Hoy en las tiendas estatales de Cuba un par de zapatos de hombre oscila entre 70 y 105 dólares y las sandalias no bajan de 32 dólares. En el mercado negro cuestan más, pues el comerciante furtivo le carga al precio un extra, por su "zapateo" para conseguirlos y una "prima" por el riesgo de ir preso por "enriquecimiento ilícito". En fin, los precios del calzado en Cuba son probablemente los más altos del mundo en proporción al salario promedio.

Lo insólito es que antes del 1 de enero de 1959, la industria cubana del calzado estaba más desarrollada que la de muchos países del Primer Mundo. En opinión de famosos como los actores Errol Flynn y Tyrone Power, los zapatos estadounidenses Thom McAn y Florsheim, o los italianos, no eran mejores que los fabricados en Cuba. Los zapatos Ingelmo y Amadeo en particular, y también Bulnes y Valle, se veían en las calles de muchos países y validaban un lema comercial: "Se nota la calidad, es calzado cubano".

En la enorme fábrica fundada por Cristóbal Ingelmo, la mayor de las 185 fábricas cubanas (sin contar talleres más pequeños) antes de los Castro, hoy no se producen zapatos, sino maracas y tambores. La fábrica que instaló Amadeo Valle en 1902 es hoy un cuchitril desvencijado que solo produce botas rústicas de cuero duro. La fábrica Valle es un almacén. Y Bulnes, fábrica creada por Benigno Herrero Bulnes, se mantuvo funcionando a duras penas hasta los años 70. Hoy. hay allí una sala de Cine 3D y un timbiriche de alimentos y bebidas de origen impreciso.

La también habanera Amador Blanco Peña, montada con las maquinarias confiscadas a las plantas Ingelmo y Valle, fue desmantelada en 2014. Hoy radica en esa enorme nave la Oficina Nacional de Diseño Industrial. Igualmente desapareció la fábrica del poblado habanero de Managua, que confeccionaba botas militares atornilladas, muy pesadas y que además soltaban la suela. Hay ahora allí un policlínico. Se esfumó también la fábrica de calzado plástico del Cerro, creada por Celia Sánchez. Allí están ahora las oficinas del estatal Grupo Combell, de calzado.

Quedan cada vez menos fábricas de zapatos. De ellas pueden citarse una en Villa Clara, y Venus, en Guanabacoa. Entre los productores privados está Guazú, en Santa Clara, que produce un calzado hecho a mano, de vestir y de trabajo, guantes, petos y fajas. Otro ejemplo del derrumbe "revolucionario" de la industria del calzado es que en 1958 había en el país 68 tenerías (entre grandes y pequeñas, todas privadas) para abastecer esa industria, y hoy hay apenas cinco tenerías, todas estatales: tres en Caibarién, una en Camagüey, y otra en Guanajay, según informó recientemente Mysora López, directora de la estatal Empresa de Tenería y Pieles. Dijo que en los años 80 llegó a haber 13 tenerías. Desde entonces el dragón castrista se tragó ocho.

Solo algunos cuentapropistas, muchos de ellos descendientes de zapateros que antes del comunismo tan buena fama le dieron al calzado cubano, pueden hoy producir artesanalmente calzado de alguna calidad. Pero pagan las pieles en el mercado clandestino como si fuese oro, pues el Estado les prohíbe el uso de piel vacuna. La mayor parte de esa producción privada de calzado es con material sintético.

Roberto Álvarez Quiñones
Diario de Cuba, 14 de octubre de 2021.
Foto: Kikos plásticos le decían a estos zapatos masculinos muy usados en los años 70. Tomada de Cuba Material.

lunes, 10 de enero de 2022

Breve cronología de la intolerancia en Cuba


La fórmula más recurrente de la dictadura cubana para impedir o dificultar que se produzcan cambios que vayan más allá de sus intereses ha sido la de encarecerlos. Los han encarecido de dos maneras: una, exponiendo como apocalípticos los resultados de lo que ellos definen como un "regreso al pasado", y dos, haciendo pagar de forma desproporcionada el "atrevimiento" a quienes se atreven a disentir.

La más reciente expresión de ese afán autoritario se ha puesto de manifiesto en la belicosa respuesta que se le ha dado al Movimiento San isidro, a los manifestantes del 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura y a los integrantes de la plataforma Archipiélago que pretenden organizar una marcha pacífica el próximo 15 de noviembre.

Pero los que peinan canas y atesoran cicatrices reconocen en estas actitudes del poder los mismos procedimientos que se han puesto en práctica en los últimos 60 años. Basta hacer un recuento superficial sobre ciertos momentos en los que se ha respondido con excesiva brutalidad a quienes de manera civilizada han hecho propuestas divergentes, incluso a quienes desde las propias filas han mostrado su desacuerdo con las formas de llevar a cabo el proyecto revolucionario.

Habría que empezar la lista con la carta de renuncia que a mediados de 1959 el comandante Huber Matos le envió a Fidel Castro, donde decía: "No deseo convertirme en obstáculo de la Revolución y creo que, teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y revolucionario es irse. "Lo llevaron a un juicio donde fue condenado a 20 años de cárcel. Fidel Castro, en su condición de testigo, declaró que la principal falta del acusado había sido calumniar a la Revolución al calificarla de comunista.

En enero de 1961 el camarógrafo Orlando Jiménez Leal y el editor Sabá Cabrera Infante presentaron un documental titulado PM (pasado meridiano) donde, en lugar de mostrar a un pueblo enardecido dispuesto a morir frente a la "inminente invasión del imperialismo", exponía a unos habaneros gozadores de la vida tomando cerveza y bailando rumba. A finales de junio del mismo año y ante las reacciones que había ocasionado la censura al documental, Fidel Castro pronunció sus llamadas "Palabras a los intelectuales", donde consagra con una sola frase no solo la política cultural del país, sino también la intolerancia a cualquier posible discrepancia: "Contra la Revolución, ningún derecho".

Entre 1966 y 1968 un grupo de comunistas liderados por Aníbal Escalante que habían militado en el Partido Socialista Popular y se habían sumado a las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), tuvieron la osadía de hacer críticas a la dirección del país argumentando, entre otras cosas, que los dirigentes del Movimiento 26 de Julio eran elementos burgueses con planes de salir de la órbita moscovita y regresar a los brazos de Washington. Aquel fenómeno, bautizado como Microfracción, concluyó con 35 de los implicados juzgados. Sus figuras más prominentes recibieron condenas de hasta 15 años de cárcel.

En marzo de 1968, para enfrentar los últimos vestigios de propiedad privada, se decretó la Ofensiva Revolucionaria. El emprendimiento, tenido como un rezago del pasado, fue castigado con la confiscación de los medios de trabajo y la prohibición del empleo por cuenta propia.

En octubre de 1968 el poeta Heberto Padilla ganó el premio de poesía Julián del Casal auspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) con su libro Fuera del Juego. El jurado que le otorgó el premio opinó que "la fuerza y lo que le da sentido revolucionario a este libro es, precisamente, el hecho de no ser apologético, sino crítico, polémico, y estar esencialmente vinculado a la idea de la Revolución como la única solución posible para los problemas que obsesionan a su autor, que son los de la época que nos ha tocado vivir".

La respuesta a aquellos versos desobedientes fue incluir en el libro un prólogo que lo definía como contrarrevolucionario. Posteriormente Padilla fue encarcelado durante 35 días y obligado a retractarse públicamente. Luego se exilió. Su obra no se estudia en las escuelas cubanas.

Son pocos los que recuerdan aquellas "asambleas de democratización", posteriores al fracaso de la Zafra de los Diez Millones, en las que se le pidió a los ciudadanos que expresaran sin temor sus quejas. Apenas hay datos (no existía internet en 1970) de los despidos de centros de trabajo y las expulsiones de universitarios que ocasionó aquel desenfreno de honestidad, o más bien de ingenuidad, en el que algunos llegaron a definir al régimen como una autocracia y otros señalaban como el mal de los males el voluntarismo y la falta de consulta con los ciudadanos.

El Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura se extendió entre los días 23 y 30 de abril de 1971. En este evento, se puso en marcha lo que los historiadores han bautizado como Quinquenio Gris. Se realizó una purga para eliminar de los centros culturales a todo aquel que "pareciera homosexual" o que mostrara lo que se dio en llamar "debilidades ideológicas". Como una secuela de ese evento, se anota la desaparición de la revista Pensamiento Crítico, que pretendió una mirada académica, menos ortodoxa de la práctica del socialismo.

En el balance de la intolerancia hay que mencionar los muy conocidos sucesos de 1980, donde se oficializaron los "actos de repudio" contra aquellos que ya no querían compartir el experimento impulsado por los comunistas.

El 13 de junio de 1991 se estrenó la película Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres. Ese día, cientos de militantes del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas fueron movilizados para repudiar la proyección del filme, que ofrecía una mirada sarcástica de la absurda realidad. En ese mismo mes, un grupo de intelectuales hizo público un documento conocido como la "Carta de los Diez", en la que exigía cambios democráticos y la liberación de los presos de conciencia.

Los firmantes de la declaración, Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Marqués Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa, fueron sometidos a todo tipo de represalias y acosos.

La poeta María Elena Cruz Varela, redactora de la carta, fue acusada públicamente de ser agente de la CIA por haber creado el grupo disidente Criterio Alternativo, al que tildaban de "grupúsculo contrarrevolucionario". Su casa fue allanada y ella fue golpeada y sacada a rastras de su edificio para obligarla, literalmente, a tragarse sus documentos. Cruz Varela fue condenada a dos años de prisión.

En febrero de 1992, el escritor cubano Jesús Díaz participó en Zürich en un debate público con el intelectual uruguayo Eduardo Galeano. Allí, Díaz leyó un texto titulado Los anillos de la serpiente, que causó un profundo disgusto en los medios oficiales porque, entre otras cosas, cuestionaba la consigna de socialismo o muerte lanzada por Fidel Castro. Jesús Díaz fue expulsado de la Unión de Escritores de Cuba y el ministro de Cultura de entonces, Armando Hart, difundió un panfleto donde lo acusaba de haber cometido un crimen enorme y deslizaba la siguiente amenaza: "Las leyes no establecen la pena de muerte por tu infamia; pero la moral y la ética de la cultura cubana te castigarán más duramente".

El 8 de septiembre de 1993, la Conferencia de Obispos de Cuba dio a conocer un mensaje titulado El amor todo lo espera, que fue posteriormente leído en todas las iglesias católicas y donde se hacía una severa crítica a la situación económica, política y social del país. Un articulista de triste recordación publicó un editorial titulado El amor todo lo espera siempre que no venga de Caín donde se decía que los obispos cubanos eran "cómplices históricos de todos los enemigos de la nación", y que el mensaje pastoral podía calificarse como "un puñal clavado por la espalda, en el momento más difícil, decisivo y heroico que había enfrentado la Revolución cubana".

En marzo de 1996, durante un pleno del Comité Central del Partido, Raúl Castro anuncia la decisión de clausurar el Centro de Estudios de Américas, un centro cubano de ideas, integrado fundamentalmente por jóvenes investigadores que habían cometido el atrevimiento de mencionar novedosas formas de construir el socialismo. Fueron acusados de "quintacolumnistas" y dispersados en diferentes puestos de trabajo.

El 19 de junio de 1997, los integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna hicieron público un documento titulado La patria es de todos en respuesta a la convocatoria al Quinto Congreso del Partido Comunista de Cuba, donde se desgranaban los principales problemas que aquejaban a la población y se formulaban sugerencias. Un mes más tarde, los firmantes del documento, Vladimiro Roca Antúnez, Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano y Martha Beatriz Roque Cabello, fueron detenidos y procesados en un juicio sumarísimo. El 5 de mayo de 2002 fue puesto en libertad el último del grupo, Vladimiro Roca, después de cumplir cerca de cinco años de prisión en una cárcel de máxima seguridad en Cienfuegos.

En mayo de 2002, amparándose en el Artículo 88 de la Constitución de 1992, el Movimiento Cristiano Liberación, liderado por Oswaldo Payá Sardiñas y apoyado por otras organizaciones opositoras, presentó el Proyecto Varela como una iniciativa legislativa avalada por la firma de más de 11 mil ciudadanos. En esta propuesta se abogaba por reformas económicas y políticas. La respuesta del Gobierno fue modificar la Constitución de la República formulando el concepto de la irrevocabilidad del socialismo.

En marzo de 2003, en medio de lo que se recuerda como la Primavera Negra, fueron arrestados 75 activistas de los derechos humanos, que incluían a 25 miembros del Proyecto Varela, y fueron condenados a largas penas de cárcel. En este recuento, extenso pero incompleto, solo se han rememorado sucintamente las acciones pacíficas y sus desmesuradas respuestas entre 1959 y 2003. Obviamente faltan muchos elementos que ejemplifican en casos puntuales que los abusos del poder no son exclusivos del presente sino práctica habitual de seis décadas.

Lo ocurrido en los 18 años subsiguientes es tal vez más conocido por quienes hoy se preguntan a sí mismos qué podrían hacer para cambiar las cosas en Cuba. Entre las represalias más notables a quienes de forma pacífica han pretendido hacer algo destaca el permanente acoso a las Damas de Blanco, que centran su lucha en la libertad de los presos políticos, los ataques de todo tipo a los integrantes de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y a cualquier otro movimiento de corte opositor.

Las detenciones arbitrarias, las prohibiciones de salida del país, incluso de la propia vivienda, la confiscación de medios de trabajo y las amenazas de procesos judiciales han recaído también sobre los blogueros y periodistas independientes, activistas culturales y defensores de los derechos humanos. La estructura política que gobierna hoy el país presume de continuidad, por lo que asume la responsabilidad de todos los atropellos cometidos hasta hoy. Las actuales víctimas, arrojadas al mismo viejo saco de las descalificaciones de siempre, comprenden que no hay escrúpulo que justifique tomar distancia con los demonizados de ayer. Como diría el poeta: "Estamos cosidos a la misma estrella".

Reinaldo Escobar
14ymedio, 2 de noviembre de 2021.

lunes, 3 de enero de 2022

Primer lustro sin Fidel Castro



A falta de nuevos elementos, este tiene que ser un texto breve.

Quizás bastaría decir que en cinco años Fidel Castro ha conseguido avanzar mucho en su viaje hacia el pasado, hacia el olvido.

Los niños que se aproximan hoy a la adolescencia carecen del más mínimo apego emocional hacia su imagen; los que caben en la categoría de "jóvenes" identifican a otros como los culpables de sus problemas y los que son tratados como personas mayores todavía se preguntan cómo fue posible haber creído tanto en aquel hipnotizador.

Aunque sus seguidores se resisten a aceptarlo, el "Máximo Líder" no dejó un legado con soluciones para los problemas que sufren los cubanos.

Su testamento político, una pieza de oratoria, carece de sustancia teórica y de sentido práctico, al extremo de que la única frase que se cita es: "Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado".

Los medios oficiales se esfuerzan en recordar que aquel centro de investigaciones o aquella instalación deportiva fueron una idea suya o, que al menos, la inauguró, lo vuelven a mostrar en cada enero entrando triunfal a La Habana, en cada abril saltando de un tanque soviético, en cada mayo saludando al desfile de los trabajadores, en cada julio haciendo el cuento de cómo los otros atacaron el cuartel Moncada.

En septiembre le hacen repetir aquella barbaridad de "le vamos a poner un Comité de Defensa de la Revolución en cada cuadra" o repiten la escena en la que pone nombre al Partido Comunista.

A Miguel Díaz-Canel no se le ocurre citar aquella idea de 1968 de que "no se trata de crear conciencia con riqueza sino de crear riqueza con conciencia". ¿Qué riqueza, cuál conciencia? Ni siquiera a Esteban Lazo le viene a la mente la idea de construir al mismo tiempo el socialismo y el comunismo y se puede apostar que Manuel Marrero no le va a proponer a nadie reeditar una Ofensiva Revolucionaria.

Ya ningún funcionario del Gobierno sueña con permanecer en su cargo por medio siglo; ninguno se atreve a dar un puñetazo sobre la mesa ni a exigir que tal o cual propósito habrá que cumplirlo al precio que sea necesario y mucho menos que haya que obedecer sus órdenes porque le sale de la entrepierna.

La más reciente actualización que ha tenido Fidel Castro en el imaginario popular ha sido la renovación de su apodo.

No hubo villano de telenovela ni huracán que se salvara de prestarle su identidad como mote al innombrable. Ni el caballo, ni guarapo, ni mancha de plátano, ni Esteban(dido), ni siquiera la ingeniosa traducción a un supuesto japonés como Takimbao Kita Jama, o al ruso como Storbayá.

Nada de eso queda. Su nuevo apelativo le hace justicia poética. Ahora le decimos La Piedra.

Reinaldo Escobar
14ymedio, 25 de noviembre de 2021.

Foto: Piedra donde supuestamente reposan las cenizas de Fidel Castro en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba. Tomada de 14ymedio.