lunes, 3 de octubre de 2022

Cuando Gorbachov desquició a Fidel

La llegada a la jefatura del Kremlin de Mijaíl Gorbachov supuso un peligro para Fidel Castro y un espaldarazo transitorio a las tesis de su hermano Raúl, quizá el más ferviente gorbachoviano de la nomenklatura criolla, aunque la ilusión por la Perestroika y la Glasnost fue barrida con un explote del jesuita en jefe, que se llevó por delante a Carlos Aldana, a quien medios de prensa extranjeros comenzaron a llamar el tercer hombre de Cuba, para su desgracia.

Castro contaba con el antecedente de Yuri Andrópov, que cambió las relaciones entre Cuba y la URSS, obligado por la grave crisis económica y su pensamiento sensato, pero lo de Gorbachov fue demasiado para el corazón del comandante en jefe, que se vio abandonado por Moscú, tras haberse peleado intensamente con los norteamericanos y alardeado de las ventajas del comercio que consideraba justo y seguro, con los soviéticos, a contrapelo de las tesis de Ernesto Guevara, que nunca comulgó con Moscú.

Al final del camino, el inmolado Guevara ganó la partida ideológica al empecinado Castro porque la URSS desapareció y China sigue existiendo, pero Fidel apenas tenía margen para pelearse con Washington y Moscú al mismo tiempo, aunque no faltaron encontronazos con el Kremlin, como la Crisis de Octubre en 1962, decisiva en la maduración política del rebelde barbudo, y los desencuentros en Angola, donde las tropas cubanas tuvieron que corregir costosos errores tácticos de soviéticos y nativos.

La sovietización de Cuba obedeció a una combinación de desprecio estadounidense, oportunismo del Kremlin y del viejo Partido Socialista Popular y la pasión de Fidel Castro por conservar todo el poder, todo el tiempo; en un mundo bipolar, con marcadas esferas de influencia, que propició la dependencia crónica de La Habana de Moscú, pese a las notables diferencias de cultura, carácter e historia.

La aplazada visita de Gorbachov a Cuba, por un terremoto en la entonces Asia Central soviética, fue seguida por el mundo como si se tratara de un duelo al sol Caribe. Dramatismo al que contribuyó Fidel Castro recordando que la revolución cubana no era hija del Ejército Rojo y variando la ceremonia bilateral en el Palacio de Convenciones habanero, al ordenar cantar a viva voz el Himno Nacional, tras escuchar, con el ceño fruncido, las notas de la Internacional comunista.

Antes de aterrizar en La Habana, Gorby sabía que Fidel no comulgaba con sus tesis reformistas y Fidel sabía que Gorby no compartía sus métodos estalinistas, pero se cerró en banda, como correspondía a su mentalidad de fortaleza sitiada, pese a su lógico temor a quedarse solo frente a Estados Unidos y el poderoso exilio cubano.

En cambio, Raúl Castro y su equipo vieron el viaje del compañero Gorbachov como una oportunidad para aplicar las reformas que durante años intentó introducir, litigando con su hermano, que barrió todo vestigio gorbachoviano, incluido el secuestro de las publicaciones Sputnik y Novedades de Moscú que, de sustitutos del papel higiénico, pasaron a ser betsellers, hasta que el comandante cerró el quiosco.

La ilusión raulista estaba afincada en su convicción de que el comunismo era inviable en Cuba, salvo que se reformara de arriba a abajo, y que, sin la URSS, las reformas caerían por su propio peso. Pero no tuvo en cuenta que Fidel había desarticulado un intento parecido, en 1986, cuando tronó a Humberto Pérez, devenido ahora corresponsal baldío del incapaz Alejandro Gil, y la terquedad de su hermano, evidenciada en Cinco Palmas, donde aseguró que -con siete fusiles- ganaban la guerra, arranque que hizo creer a Raúl que el jefe se había vuelto loco.

Los cubanos no entendían todo lo que estaba pasando, pero sabían que vendrían días negros. La dirigencia cubana se dividió -temporalmente- en dos bloques: fidelistas y raulistas, pero la caída estrepitosa del todopoderoso Carlos Aldana, cara visible del raulismo gorbachoviano, sepultó cualquier opción de reforma, salvo las de más socialismo, como proclamaba Fidel, intercalándola con quejas sobre la chatarrería tecnológica Made in URSS and CAME y llegando a decir que los países socialistas envenenaban a cubanos con el humo de las guaguas Ikarus, importadas masivamente por su gobierno.

Fidel, viejo zorro político, vio un rayo de luz en el intento de golpe de estado del grupo conservador del PCUS contra Gorbachov, sin evaluar que era solo el canto del cisne de la liquidada URSS, de la que pronosticó su fin y poco después aupó a Boris Yeltsin, padre político de Vladimir Putin, liquidador de la presencia militar soviética en Cuba.

Pero antes, Castro había cometido un error suicida, al ordenar al sacrificado ministro del Interior José Abrantes Fernández, que le pusiera seguimiento operativo e instalara micrófonos en las embajadas y casas de diplomáticos soviéticos y de otros países del bloque del Este, afrenta que complicó sus vínculos con Yeltsin y Putin, casi hasta su muerte.

El "Período Especial en Tiempos de Paz" y la "Opción Cero" cayeron sobre los cubanos, que pasaron hambre, apagones, enfermaron de neuritis óptica y estallaron en el Malecón y calles aledañas, pese a que no faltaron esfuerzos de François Miterrand, Felipe González, Carlos Andrés Pérez y México por abrir una vía para Cuba, que implicaba reformas políticas y económicas.

Pero Castro sabía que sería un suicidio por su temor ancestral a la pujanza económica de la emigración cubana, aunque nunca ha tenido liderazgo político, excepto en la etapa de Jorge Mas Canosa.

A su llegada, Fidel paseó a Gorbachov por las principales avenidas habaneras, flanqueadas por cubanos con banderitas, a bordo de un convertible. A su salida, ceremonia en el aeropuerto porque ese día hacía mucho viento en La Habana y "no queríamos que, sobre la delegación visitante, cayera el polvo de las innumerables obras que estamos haciendo en La Habana", dr excusó Castro ante la extrañeza generalizada.

La suerte estaba echada y Cuba nunca volvió a ser la misma, pese al salve de Hugo Chávez. La revolución se había divorciado de las masas, a costa de que Fidel Castro siguiera creyéndose el invicto con más derrotas consecutivas en el siglo XX criollo.

Era primavera y 1989, tres meses después estalló el caso Ochoa, el trauma más saturniano de la revolución cubana, que sirvió para que Raúl Castro se recuperara de su derrota gorbachoviana y cumpliera su viejo y caro sueño de apoderarse del Ministerio del Interior, desequilibrando internamente al castrismo, aunque no le valió de mucho porque el MININT encadenó fracasos sonoros como la caída de 30 agentes en Estados Unidos: 27 de la Red Avispa, los esposos Myers y Ana Belén Montes, que sigue presa.

El resto es historia reciente, de potencial Gorbachov cubano, Raúl Castro pasó a ser el Brézhnev de Mayarí, apendejado ante Obama y perturbado por los ataques de su hermano enfermo en las "Reflexiones del compañero Fidel". Espantado de todo, el nonagenario general de ejército cedió el mando -que no el poder- a Miguel Díaz-Canel y Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el segundo falleció y el primero está muerto en vida.

Carlos Cabrera
CiberCuba, 30 de agosto de 2022.
Foto: Gorbachov durante visita a Cuba en 1989. Tomada de Rialta.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Seinuk, el exiliado cubano que moldeó horizontes



El Museo Americano de la Diáspora Cubana acaba de inaugurar la exposición Stretching the Horizon, dedicada a Ysrael Abraham Seinuk: justo tributo a un influyente ingeniero civil cubano, nacido en La Habana en 1931 y fallecido en Nueva York en 2010.

Durante la ceremonia inaugural de la muestra, que se ha montado como intenso santuario de logros insospechados para un humilde “cubanito nacido en Luyanó”, como le gustaba repetir al talentoso artífice de edificaciones emblemáticas en Nueva York y otras ciudades importantes del mundo, la esposa Fanny, su hija Beatriz y amigos cercanos, como los pintores Baruj Salinas y Humberto Calzada, fueron esbozando ante la concurrencia, que no salía de su asombro, la personalidad de un constructor en el sentido físico, conceptual y espiritual del término.

Temprano la familia Seinuk tomó el camino del exilio, siguiendo a uno de los abuelos, quien al ver la comparecencia de Fidel Castro con palomas revoloteando a su alrededor confesó que había estado en la Plaza Roja durante un discurso de Lenin, y el verbo encendido del joven rebelde era como la traducción criolla de la misma ideología. En Nueva York, nueve integrantes de los Seinuk dormían en un mínimo espacio y tuvieron que empezar de cero, como tantos otros exiliados, luego de ver interrumpida de manera abrupta lo que auguraba ser una carrera exitosa en La Habana.

Muy pocos años después, Ysrael Seinuk, quien recordaba haber llegado a los Estados Unidos con 20 dólares en el bolsillo, la regla de cálculos y el diploma de la Universidad de La Habana, fue contratado por reconocidas compañías de su especialidad. Luego vendría la fama y el prestigio de empeños corporativos personales. Entre muchas otras virtudes, una de sus principales contribuciones a la construcción fue traer a Nueva York el uso del hormigón armado, en sustitución de las tradicionales estructuras de acero, lo cual permitió a los arquitectos diseñar edificios más altos y estrechos.

En 2005, la revista Time lo eligió uno de los 25 hispanos de mayor influencia. Por entonces afirmó: “Mi trabajo siempre ha estado relacionado con el hecho de expandir el horizonte”. Hay un cartel en la exposición del Museo Americano de la Diáspora Cuana que enumera 77 edificaciones notables donde intervino la destreza de Seinuk para hacer realidad quimeras arquitectónicas. Entre ellos figuran: Miami Performing Arts Center, AOL Warner Center, Torre Mayor (México), 383 Madison Avenue (Bear Stearns), One Brickell Square, Grand Canyon Shopping Center (Israel), Trump Tower,100 United Nations Plaza, Condé Naste Building y 450 Lexington Avenue.

Las paredes y vitrinas, abundantes en fotos y recuerdos de una carrera que enaltece la cultura cubanoamericana, hacían pensar inevitablemente en el daño propinado por el castrismo a la prosperidad empresarial y desarrollo social de la isla, con la partida temprana de un talento que no quiso ser sojuzgado. En Cuba, Seinuk fue miembro de la comunidad judía, diezmada por la dictadura. En la exposición aparece una foto del edificio de la Comunidad Hebrea, en la calle Línea esquina a I, en la barriada habanera del Vedado, que fuera usurpado y tramitado por el régimen para su conveniencia y oportunismo.

En el orden personal, emotivo fue conocer que su último proyecto inconcluso en la capital cubana fue un edificio llamado Libertad, del cual se exhibe una imagen de la maqueta. El lugar elegido para la construcción era Alamar (antes de 1959, La Habana se extendería urbanísticamente hacia el este).

El mismo sitio que después acogería la desatinada comunidad de Alamar, edificada por constructores aficionados en las llamadas 'microbrigadas', otro de los planes abocados al fracaso del 'máximo líder'. Durante tres años y nueve meses, en Cuba trabajé como albañil en una 'microbrigada', sometido a un régimen de hostigamiento y miedo, en busca del apartamento que necesitaba mi familia por entonces.

El conciso José Martí afirmó que los hombres “van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen”. Ysrael Seinuk pertenece a los primeros, al ansia constructiva de la República cubana, laboriosa y esperanzada. Hay pruebas suficientes para incluir a los cabecillas castristas en el segundo bando, por haber convertido con tanta diligencia a la isla prometedora en un muladar sin futuro.

Cuando Ysrael Seinuk falleció, el 1 de octubre de 2010, a los 78 años, el New York Times le dedicó un elogioso obituario. “Pienso en él como la persona que trajo el hormigón armado a la ciudad de Nueva York, porque ésta era principalmente una urbe donde los rascacielos estaban estructurados con acero. Tuvo un gran impacto entre los estudiantes. Creó el currículo de estructura para que los jóvenes arquitectos pudieran incluir poesía y poder en sus sueños”, afirmó Elizabeth O’Donnell, decana Asociada de la Cooper Union for the Advancement of Science and Art, donde el cubano impartió clases muy elogiadas.

Alejandro Ríos
Texto y foto: CubaNet, 27 de julio de 2022.

lunes, 19 de septiembre de 2022

"El castrismo se robó lo que no le pertenecía"


Me recibe en su domicilio del centro de Madrid, a escasa distancia de la sede del Partido Popular, e inmediatamente durante nuestra conversación evocamos temas de la Cuba de otros tiempos. Margarita Larrinaga de Luis nació en La Habana en 1951 y aunque salió de la Isla con apenas nueve años, recuerda perfectamente a sus profesores y compañeros de estudios en el Colegio del Sagrado Corazón, situado en el reparto Country Club.

Su padre, Alejandro Larrinaga, y su tío Severiano, eran accionistas principales de la empresa Antillana de Acero, un imperio económico floreciente que ya despuntaba a fines de la década de 1950 y que fue inmediatamente confiscado por el gobierno castrista. Un buen día ambos llegaron a sus oficinas y se encontraron a dos milicianos armados en la puerta que les impedían entrar. “Esto ya no les pertenece”, les dijeron amenazadoramente.

A Margarita Larrinaga se le conoce por su labor en el gabinete de Esperanza Aguirre, durante el tiempo en que fue presidenta de la Comunidad de Madrid. Hoy, en día, ya retirada, preside la Archicofradía de la Virgen de la Caridad del Cobre, una asociación centenaria que mantiene vivo el culto a la Virgen cubana y que ha representado para muchos exiliados cubanos en España un sitio de acogida, como lo fue, durante décadas, el Centro Cubano de Madrid, del que Alejandro Larrinaga Verano-Aguirre, el padre de Margarita, fue el último socio fundador vivo en 2021.

Margarita, usted desciende de españoles del norte de España que se habían 'aplatanado' en la Isla, como decimos en Cuba. ¿Qué sabe de los orígenes familiares y por qué esos vínculos con la Isla?

-Mi padre, Alejandro Larrinaga, nació en Basauri, cerca de Bilbao, en 1920. Era hijo de los vascos Antolín Larrinaga Barrenechea y Cándida Verano-Aguirre Arróspide. Pero de niño viajó a Cuba con su hermano Severiano. En La Habana cursó estudios en el Colegio La Salle y estudió también ingeniería eléctrica en la Universidad de La Habana. Su tío materno Camilo había sido el primero de la familia en instalarse en la Isla, donde tenía negocios de fundición y exportación de metales.

-Mi madre, Manuela de Luis Sánchez, nació en Cuba, pero su padre era asturiano y su madre catalana. No conocí a mis abuelos maternos pues ya habían fallecido cuando nací. Teófilo de Luis de la Vega, mi abuelo, nacido en Biedes, se había establecido en Cuba, donde vivían sus hermanos mayores, en Cienfuegos. Al poco tiempo de llegar, en la Avenida del Cobre, fundó la perfumería Astra y la fábrica de perfumes Luis y Compañía, sita en la Avenida de Carlos III. Ambas producían jabones, cosméticos y perfumes, convirtiéndose en poco tiempo en una de las marcas más exclusivas del país.

-En mi familia, dos hermanos Larrinaga se casaron con dos hermanas Luis. Es decir, mi tío Severiano Larrinaga (hermano de mi padre Alejandro) se casó con Isabel Luis (hermana de mi madre Manuela). Mis siete primos nacidos de esta unión son doblemente primos maternos y paternos.

¿Qué recuerdos tiene de sus primeros años de vida en Cuba?

-Nuestra casa familiar estaba en el reparto Kohly (hoy Nuevo Vedado), en La Habana, y la de mis abuelos en el Vedado. Teníamos una casa en la playa de Tarará y casi todos mis recuerdos de fiestas, celebraciones de cumpleaños y reuniones familiares están relacionados con ese sitio de veraneo al este de la capital. Allí pasábamos los fines de semana y también los meses de julio y agosto. De hecho, la última gran fiesta antes de nuestra salida de Cuba en 1960 fue allí. Yo estudié en el Sagrado Corazón que era un colegio excelente en el que estudiaban, en general, niñas de hogares con buena situación financiera, pero que tenía un sistema de becas gratuitas para niñas pobres que se pagaba con la matrícula de quienes tenían mejor situación financiera. Entre mis compañeras de clase me acuerdo de Ani Mestre (la hija de Goar Mestre), Cristina y Mequi Santeiro, Evelyn Mendoza, Margarita Ledo, Lilian Pedroso, Beatriz Lacret, Gabriela Puyol, Celia Averoff, Maggie Abril, las hermanas Cagiga, Rosi Bacallao, Teresita de Cárdenas y las Arenalde, entre otras.

-En particular recuerdo a dos de las religiosas que nos educaban, la Madre Comellas y la Madre Fernández de Mesa. También, a profesoras laicas del claustro educativo, como Miss Alicia Hopgood, nuestra profesora de Inglés. Curiosamente, la novicia que me preparó en este colegio para la Primera Comunión, Sor Pilar López-Saavedra, quien dejó la orden en Cuba, se exilió en España y años después preparó a mis hijos para la Primera Comunión, en Madrid. No olvido tampoco cuando entre 1959 y 1960 comenzaron a desaparecer, poco a poco, las alumnas del colegio. Cuando preguntaba por ellas la respuesta era invariable: “Ya se fueron”.

-En 1959, Fidel Castro pidió ayuda para su Reforma Agraria y las monjas pidieron a las familias que donaran aperos de labranza o instrumentos relacionados con la agricultura. Entonces mi padre y mi tío Severiano donaron un tractor. Hubo un acto en el patio del colegio en el cual las alumnas, alineadas en filas y con el Himno Nacional de fondo, posábamos como campesinas, exhibiendo rastrillos, palas y azadones. Había un silencio sepulcral que solo rompía las notas del himno. Con aquella experiencia desapareció en pocos días la cuarta parte del alumnado.

-Todo aquel mundo fue definitivamente borrado del mapa e incluso de los libros de historia sobre Cuba a partir de 1959. Y creo que no quedaría ninguna prueba in situ de mi paso por ese país si no fuera porque en la Iglesia de San Francisco, en La Habana Vieja, hay un fresco con la imagen de la Virgen de Begoña, encargado a la Asociación Vasco-Navarra de La Habana, en el que aparecemos una prima mía y yo que servimos de modelo junto a otro niño. Por supuesto, sobreviven nuestras casas y el esqueleto de las fábricas e industrias que nos robaron y que con el tiempo se han ido desbaratando debido a la inepcia y la incapacidad de ese tipo de régimen de generar riqueza y bienestar en todos los ámbitos, tanto en lo personal como en lo colectivo.

Antillana de Acero formaba parte de ese patrimonio familiar que el castrismo se ocupó de nacionalizar pocos meses después de la toma de poder…

-El gobierno castrista no nacionalizó nada, sino que se robó lo que no le pertenecía. Incluso le dejaron el mismo nombre hasta que en 1974 fusionaron la fábrica con otras empresas y le pusieron José Martí. De todas formas, en el imaginario cubano, siguió llamándose Antillana de Acero. La fábrica estaba en El Cotorro, en las afueras de La Habana, y daba trabajo a unas 500 personas, entre obreros y empleados. Se trataba de un grupo mayoritario integrado por varios cubanos. Su vicepresidente era mi tío Severiano Larrinaga, que era el apoderado de su tío Camilo Verano-Aguirre Arróspide. Mi tío-abuelo era propietario de una fundición de artículos de bronce y latón, cuya sede se encontraba en la calle Merced, Habana Vieja. Era un exportador mayorista de metales y también propietario de una fundición en San Felipe y Ensenada, también la Habana Vieja. Formaba parte de los grupos ferreteros y fundidores de acero que, unidos, constituyeron Antillana de Acero. La empresa se constituyó en 1955 y en 1957 se puso la primera piedra.

-Fue exactamente en 1959, cuando Antillana se dio por terminada del todo. Esto quiere decir que aquel esfuerzo de años entre su fundación y el montaje definitivo solo sirvió para ofrecérsela en bandeja al régimen que se la robó íntegramente. Después de que a mi padre y a mi tío les impidieron acceder a sus oficinas, alguien les dijo que Fidel Castro estaba desayunando en la cafetería Kasalta en Miramar. Para allá fueron a verlo y cuando le hablaron del tema, Castro los tranquilizó diciéndoles que no se preocuparan que les devolverían la fábrica. Puro cuento, todos conocemos la historia y sabemos lo que sucedió después. En 1960 partimos rumbo al exilio. Solo mis tíos Severiano e Isabel regresaron a Cuba varias veces, por corto periodo, durante ese mismo año, pues intentaron, en vano, defender las propiedades y pertenencias de la familia.

Siempre estudió en colegios del Sagrado Corazón, no solo en Cuba, también en el exilio, en Washington y en Francia.

-En efecto. La congregación religiosa del Sagrado Corazón fue fundada en Francia a principios del siglo XIX y en 1858 se estableció en Cuba con el objetivo de construir escuelas para educar a las niñas con una formación cristiana. Las primeras escuelas se abrieron en Sancti Spíritus y La Habana. Más tarde se fundó el Apostolado de La Habana, en 1891, y escuelas en diferentes localidades, incluida la ciudad de Santiago de Cuba. No fue hasta 1945 que compraron una finca en lo que entonces se conocía como la Playa de Marianao, para construir un gran edificio, a cargo de los arquitectos Francisco Martín y Ricardo Moreira. Era el colegio más lujoso de Cuba y desapareció cuando el castrismo se lo robó en 1961 para convertirlo en una escuela de becas o algo así, y luego en albergue para estudiantes de medicina. El edificio se conserva y me asombró que en la capilla donde rezaban y cantaban las monjas solo había pomos con fetos en formol.

-En Washington, cuando llegamos al exilio, volví a estudiar en el Sagrado Corazón, que allí se llama Stone Ridge. En mi clase estaba Kathleen, la hija mayor de Bob Kennedy y sobrina del entonces presidente estadounidense. En esa época también conocí al vicepresidente Lyndon B. Johnson porque mi mejor amiga de entonces era la hija del embajador de México y se daban recepciones a las que asistía el propio presidente. Cuando en 1963 nos mudamos a Europa, mi hermana y yo estuvimos como internas en La Perverie, que era el colegio del Sagrado Corazón en Nantes, Francia. Y, por último, estuve en el de Madrid hasta que entré a la Universidad.

¿Por qué se fueron a vivir a España y cómo fueron los primeros años en ese país?

-Mis padres fueron los que decidieron que viviríamos todos en España. Ya su hermano había venido para Madrid, de modo que él no quería que las dos familias quedaran separadas. Viajamos en un barco italiano llamado Vulcania, desde Nueva York hasta Barcelona. Íbamos todos los de la familia, mis padres, una tía, mis primos y sobrinos. Como dije antes, estudié primero en Nantes y luego en Madrid, donde comencé los estudios de Filología en la Complutense, pero los interrumpí porque me casé a los 21 años con Diego Rosillo Colón de Carvajal, descendiente de Cristóbal Colón, con quien tuve a mis tres hijos y actualmente tengo ocho nietos. Mantuve la ciudadanía cubana y un pasaporte que por fuera era español y por dentro tenía un sello que decía “apátrida” hasta que, tras mi boda, me hice ciudadana española.

Me comentó que regresó a Cuba en una ocasión, ¿qué impresiones tuvo de ese viaje?

-Eso fue en 1995 y fui con mi marido, mi hermana Ana y su esposo. Lo primero que sucedió es que a mi hermana y a mí nos dieron un papel amarillo porque, aunque viajábamos como ciudadanas españolas, ellos dijeron que no reconocían otra nacionalidad para los nacidos en Cuba que la cubana. Como es lógico, hice el viaje que suele hacer todo aquel que salió del país de niño y tiene ganas de ver si fue un sueño esa etapa de la vida, en mi caso hasta los nueve años. La primera impresión que tuve fue que todo estaba destrozado, y que solo los sitios turísticos se mantenían más o menos arreglados. Había música por todas partes, desde que entramos al aeropuerto y en cada sitio a donde íbamos.

-Fuimos a ver mi casa en el reparto Kohly pero no nos dejaron entrar ni hacer fotos porque la habían cogido para un hotel de rusos. Luego fuimos a la de Tarará, que era una casa especial porque tenía una planta circular y recuerdo que el dormitorio de la segunda planta (el de los menores) tenía un enorme ventanal circular desde donde se veía el mar y se oían las palmeras con la brisa. Cuando fuimos, estaba destartalada y rotos los ventanales de cristal de la segunda planta. Años después, supimos que nuestra casa en Tarará fue convertida en un restaurante. Luego fuimos a la casa de mis abuelos en el Vedado y ahí sí nos dejaron entrar pues era una casa particular. La nueva propietaria insistió en que ella era la dueña desde no sé qué año, pero dijo algo muy curioso: “Aquí han seguido llegando cartas a nombre de su padre, Alejandro”. Y me mostró algunas.

-En Cuba solo me quedaba un pariente lejano, que no recuerdo cómo dimos con él. Me asombró ver que su hijo jugaba con uno de esos juegos de video que mis hijos manipulaban también, pero lo hacía en un televisor en blanco y negro. Entonces el pariente nos explicó que si jugaba con la imagen en colores entonces se les gastaba un tubo interno y el aparato les duraba menos. También me asombró ver que alguien como él, que tenía un puesto en algo del gobierno, tuviera que ducharse con un sistema extraño: desde un tanque colocado encima de la ducha salía el agua. Nunca entendí cómo era ese sistema, pero me parecía que era algo arcaico.

-Todo lo que comí me pareció caro, a pesar de ser comidas sencillas. Incluso en la casa de Dupont de Nemours, que supuestamente era lo más sofisticado, no me pareció nada del otro mundo. Y al salir de Cuba el oficial se enredó con mis papeles y yo estaba ya un poco asustada, pensando que si me retenían me daba algo allí mismo. Al final, cuando me dejó pasar, me dijo que para ellos era un placer que fuera cubana.

Tanto usted como tu familia han apoyado siempre a los cubanos que salen al exilio y han militado siempre por la democracia en Cuba.

-Siempre hemos ayudado a los cubanos. El primero fue mi padre, que fue uno de los que mantuvo vivo al famoso Centro Cubano de Madrid y estuvo entre sus fundadores cuando el 17 de junio de 1966 se creó la Asamblea Constituyente de esa institución, junto a otros veteranos como Julio Lobo Olavarría (su primer presidente), Oscar Gómez Hernández, José Ignacio de la Cámara, Jesús Manzarbeitía, Guillermo Arruza, Adolfo Arenas, Guillermo García Tuñón, Carlos F. de Armenteros, Alfredo Llorente, Helena Lobo de Montoro, Enrique Tous, Gastón Baquero, Carmen Gómez-Mena, Isabel Falla de Suero, Manuel F. Goudie, Felipe Salcines y Teresa Regueira, entre otros. El local estuvo casi desde los inicios en la calle Claudio Coello, era una especie de epicentro de toda la actividad contra la dictadura y donde más apoyo se daba a los recién exiliados. Mi padre falleció con más de 100 años de edad, en enero de 2021.

-Mi prima Elena Larrinaga de Luis ha sido y continúa siendo una de las voces más activas en España en el ámbito de las denuncias contra la dictadura cubana y el apoyo a la disidencia tanto exterior como interior. Y mi primo Teófilo de Luis Rodríguez fue diputado del Partido Popular español en 1995, él nació en Cuba y también ha sido también un defensor de la democracia en su patria. En 2019 publicó el libro Cuba en el Congreso.

-En mi caso, tuve la oportunidad de trabajar desde 2003 en el gabinete de Esperanza Aguirre, durante los nueve años en que ella fue presidenta de la Comunidad de Madrid. Muchos de los dossiers sobre temas cubanos me los encargaba a mí, de modo que estuve en primera línea cuando comenzaron a llegar los prisioneros de la Primavera Negra de 2003, entre ellos el periodista y escritor Raúl Rivero, su esposa, Blanca Reyes, y muchos más. Trabajábamos en estrecha colaboración con la Fundación Hispano Cubana de Madrid.

Desde hace unos meses, ocupa la presidencia de la Archicofradía de la Caridad del Cobre en Madrid, la asociación cubana más antigua de España.

-En octubre de 2021 fui elegida presidenta de la Archicofradía, reemplazando a su última presidenta, Emma García-Menocal de Calvo, quien es nieta del presidente de la República de Cuba Mario García-Menocal Deop y estuvo 15 años al frente de esta asociación. La vicepresidenta actual es Almudena Carballosa, nuera de Ana María Solís, los propietarios de la tienda El Encanto.

-La asociación fue fundada en 1923 y desde entonces ha tenido seis presidentas, de las cuales, Dora Vidal de Rosillo, que era la esposa de un tío de mi marido, cubana también, fue la más longeva en el puesto pues permaneció 35 años como presidenta. Remontando la historia, hay que decir que en 1871 la reina María Cristina autorizó a que se depositara en la iglesia del Monasterio de las Descalzas Reales la imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que había sido traída de la Isla un año antes por Andrea Avelina Valdés de Montoro. Fue en 1923 cuando el obispo Prudencio Melo del Real, obispo de Alcalá-Madrid, aprobó los reglamentos de la Asociación y poco después fundaron en Ciudad Lineal una primera escuela, donde se daban clases de alfabetización y cultura básica, catecismo, costura... La labor educativa fue muy importante hasta que en 1951, habiendo fallecido Caridad Duany de Ros, la presidenta hasta entonces, y ante la imposibilidad de cubrir los gastos, se hizo cesión de la escuela, aunque se mantuvo el nombre de la que existe aún.

-En 1956 se creó una nueva junta de la Asociación con Caridad Meana de Oyarzábal como presidenta y desde entonces, hasta hoy, se ha mantenido el culto a la Virgen todos los días 8 de cada mes. A esto se añadían los donativos de Navidad que se entregaban al capellán de la asociación y se repartían entre los cubanos necesitados. Cuando comenzaron a llegar los primeros exiliados en la década de 1960, de ellos se ocupó el padre Ignacio Camillas, franciscano de Remedios, en la antigua provincia de Las Villas. En 1986 fue nombrada Presidenta Honoraria la Duquesa de Veragua, cuyo marido, Cristóbal Colón de Carvajal, era primo de mi marido. Le sucedieron la mencionada Dora Vidal y Carmen Rivas de Cabezón, todas cubanas, hasta que en 2006 fue elegida Emma García-Menocal, con Margarita Mendoza como vicepresidenta, Dagmar Salcines de secretaria, Lydia Cifuentes de tesorera y Paulette Pérez de Cisneros como camarera de la Virgen.

-La Archicofradía ha continuado con las misas de todos los días 8 (excepto en julio y agosto por las vacaciones de verano), las meriendas benéficas en los salones de La Milagrosa (desde que en 2005 cerrara el Centro Cubano de Madrid que era donde siempre se realizaban) y los donativos. Además, ha sido hermanada con la Real Hermandad de Infanzones de Yllescas, que es donde se piensa tiene orígenes el culto a la Virgen del Cobre. También se dio ayuda a la Catedral de Santiago de Cuba en 2012 para la reparación de los vitrales afectados por el paso del ciclón Sandy.

-Desde que comencé en mis funciones hemos realizado todas las misas y la de mayo la hemos desplazado para el día 20 de ese mes, por ser la Fiesta Nacional cubana y fundación de la República. Participan siempre los fieles, las miembros de la Archicofradía y desde hace unos años oficia fray Rafael Fernández Rodríguez del Rey, nuestro capellán cubano actual desde que por razones de edad cesó el padre Pedro Capdevila.

William Navarrete
Cubanet 24 de julio de 2022.
Foto: Antillana de Acero antes de 1959. Cortesía de la entrevistada.

lunes, 12 de septiembre de 2022

El Marianao de Orúe



Cuando en 1959 llegó Fidel Castro y comenzó a destruir el país, en La Habana era muy conocido el lema "Marianao, la ciudad que progresa". Aunque en realidad, en la mira del desarrollo y el progreso estaban otras localidades habaneras, unas situadas al este y otras al oeste de la ciudad.

Como mi padre, José Manuel Quintero Suárez, durante veinte años había sido escolta de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular y como los barbudos confundían la manteca con la mantequilla, en 1960 a alguien se le ocurrió proponerlo para Jefe de la Policía de Marianao. Mi padre rotundamente se negó. Con 51 años cumplidos, prefirió ponerse a estudiar y dedicarse a la reeducación de menores, muchos de los cuales él mismo había recogido por las noches, mientras dormían en calles, portales y paraderos de ómnibus de la capital.

Uno de los alcaldes más famosos que tuvo Cuba en su etapa republicana (1902-1958) fue Francisco A. González Orúe, quien hizo historia con el lema "Marianao, la ciudad que progresa". Nacido el 4 de mayo de 1912 en el poblado de Bauta, al sur de La Habana, Orúe alcanzó amplia popularidad como alcalde del municipio de Marianao durante once años (1948-1959), reconocido por su espíritu de trabajo, humildad y conducta honesta.

Tras prestar servicio en el ejército, ganó la alcaldía de Marianao en 1948 e impulsó un vasto programa de obras públicas en esa localidad. En 1958 había sido reelecto en el cargo para un nuevo período de cuatro años, pero la llegada de Fidel Castro al poder en enero de 1959 interrumpió su carrera política y lo obligó a exiliarse. Para esa fecha, Orúe ya había obtenido los fondos para la completa instalación del alcantarillado del municipio, porque muchos vecinos de los barrios Pocito y Coco Solo habían levantado casas de lata en las márgenes del río Quibú, donde vertían desperdicios, con las consecuencias dañinas para la salud y el medio ambiente.

Orúe salió al exilio en las primeras semanas de 1959 rumbo a Guatemala, y poco después arribó a la Florida, donde sus compatriotas continuaron llamándole El Alcalde, a pesar de que no volvió a dedicarse a la política. Pero sus conocimientos sobre la administración de gobierno, lo convirtieron en un consejero de líderes cubanoamericanos, y llegó a presidir campañas electorales de algunos candidatos. El ex senador estatal Roberto Casas conoció a Orúe en la alcaldía de Marianao, "donde fue un verdadero pilar de la prosperidad ciudadana''.

Tras vivir 16 años en la Florida, decidió mudarse a Hialeah, ciudad que hallaba muy similar al Marianao de 1959, habitado por amplios sectores obreros y de clase media. "Me siento como si estuviera en Cuba'', solía decir. Raúl Martínez, al ser elegido alcalde de Hialeah en 1981, decidió rescatar el lema de Orúe y adoptarlo para presentar a Hialeah como "la ciudad que progresa".

Francisco A. González Orúe no tuvo hijos en ninguno de sus dos matrimonios. Falleció en el año 2000 en su residencia de Hialeah, víctima de un paro cardíaco, a la edad de 88 años.

Tania Quintero
Foto: Monumento a José Martí erigido en la Plaza Cívica de Marianao, construida en los años que Francisco A. González Orúe fue alcalde de ese municipio habanero. De mármol y bronce, fue diseñado y ejecutado por el escultor cubano Arnold F. Serrú Hidalgo, que se exilió en Puerto Rico. Tomada de la Cuban Heritage Collection de la Biblioteca de la Universidad de Miami.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Muchos estudiantes universitarios no ven su futuro en Cuba



En una pared de la sala de conferencias en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, una pequeña tarja reza: "Julio Fernández Bulté excelente jurista, profesor y revolucionario cabal". Cuentan que sus cenizas fueron esparcidas por el recinto universitario. Bulté no fue un abogado cualquiera. Es un referente para profesores y futuros licenciados. Y el summum plus ultra de la consagración al modelo castrista.

Su hijo Julio Antonio Fernández Estrada, graduado de Derecho en 1998 e Historia en 2003, es doctor en Ciencias Jurídicas y fue profesor de la Facultad de Derecho en la Universidad de La Habana (UH) entre 2012 y 2016. Luego cayó en desgracia. Su ‘delito’: escribir en sitios independientes y aspirar a una Cuba inclusiva y democrática.

En febrero de 2022, Fernández Estrada viajó a Suiza como refugiado político. Damián, quien fuera su alumno apunta que “Bultico, como le decían, además de un brillante profesional es un ser humano increíble. Pero actualmente en la Facultad de Derecho está prohibido mencionarlo y hablar sobre él".

El régimen de la Isla es experto en borrar sucesos. Cuando discrepas o piensas diferente asesinan tu reputación. Te convierten en una no persona. Un fantasma. El modelo diseñado por Fidel Castro es sólo para sus partidarios. Aunque en estos momentos el régimen está en caída libre. Su decadencia es notable.

En la primavera de 2022, la prioridad de un segmento amplio de los universitarios es tratar de sacar buenas notas que les permita aspirar a una beca en el exterior o emigrar después de concluir su carrera. Sarah, alumna de segundo año, asegura a Diario Las Américas que “el 90 por ciento de los estudiantes tiene entre sus planes obtener una beca en una universidad de prestigio o irse del país incluso antes de terminar la carrera”.

Los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres. Y si hace dos décadas, rememora Eusebio, licenciado en historia del arte, “la mayoría del alumnado apoyaba al proceso revolucionario, se consideraba marxista y anticapitalista ahora ocurre lo contrario. Mi hijo estudia en la universidad y cuestiona las estrategias políticas del gobierno que considera absurdas, y critica la incompetencia de los dirigentes. Algo ha pasado".

Daniel, estudiante de tercer año, dice que en las tertulias universitarias “además de reprochar el mal desempeño de las instituciones del Estado, también se habla de democratizar el país”. Misleydis, alumna de primer año, señala que la desigualdad social es notable en la Universidad de La Habana. “En mi aula casi la mitad tienen posibilidades económicas. Se visten bastante bien, con ropa de marcas como Shein, Zara o H&M, de bajo costo en el primer mundo, pero en Cuba son un indicador de status financiero. Quienes viven mejor tienen celulares iPhone, del 11 en adelante. Otros usan Samsung, Huawei o Xiaomi Redmi de última generación. Hay estudiantes que pueden gastar mil pesos en un almuerzo o pagar cien pesos por una bola de helado en un negocio privado, mientras la mayoría lleva su almuerzo o se compra un pan con mortadella, cuando lo venden, en la cafetería de la universidad”.

Raudel cursa el tercer año y considera que “el ámbito universitario actual es más liberal de lo que se puede suponer. Mis profesores alientan el libre debate. Existen estudiantes muy críticos con el desempeño del gobierno e incluso apoyan las protestas del 11 de julio. Dos o tres maestros son un poco intransigentes, pero los otros... Algo curioso es que los jóvenes con menos posibilidades, que se quejan del caótico servicio de transporte público y están pendientes del pago del estipendio universitario, que aún no lo han dado, son los primeros en participar en actividades políticas de la FEU. Están más adoctrinados que aquéllos provenientes de familias con más poder adquisitivo. Los jóvenes de menos recursos suelen pensar que Cuba se encuentra amenazada por Estados Unidos, que el servicio militar es necesario porque disciplina a la juventud y justifican el mal trabajo del gobierno por el ‘bloqueo’. A pesar de su mentalidad, también quieren irse del país”.

Misleydis comenta que todavía no ha conocido a un estudiante que no suspire por una beca universitaria en Estados Unidos. En comparación con el caótico estado constructivo de casi todas de escuelas tecnológicas y preuniversitarias en la Isla, Richard, estudiante de segundo año, opina que "la Universidad de La Habana es como un hotel de cuatro estrellas. Las facultades y el parque aledaño están bastante limpios si lo comparamos con la suciedad en las calles habaneras. Sin embargo, en un aula caen goteras cuando llueve, las computadoras del laboratorio de informática son antiguas y en el Estadio Universitario Juan Abrantes las gradas están en peligro de derrumbe”.

Yulia, alumna de segundo año, se queja de que no hay internet gratis en la UH. “Hay una red inalámbrica, pero solo se puede usar para asuntos de la escuela. Puedes abrirte una cuenta para conectarte a internet a través de EVEA (Entorno Virtual de Enseñanza y Aprendizaje). Jamás la he usado, utilizo el internet de datos de mi móvil donde puedo navegar sin restricciones”. Los estudiantes consultados coinciden que la aptitud del claustro académico es correcta. “Excepto una profesora que raya en la mediocridad, la calidad del resto es buena, aunque tampoco para tirar cohetes”, dijo un alumno.

Para la mayoría del alumnado universitario, el transporte es un dolor de cabeza. “Tengo una compañera de aula que vive en Santiago de las Vegas -a 20 kilómetros de la UH- sale a las cinco de la madrugada de su casa y regresa después de las ocho de la noche. Casi todos van a la universidad en ómnibus del servicio urbano. Algunos se pueden permitir pagar cien o doscientos pesos diarios en taxi colectivos. Y hay 'hijos de papá' que tienen autos o motos, pero son los menos”, explica Sarah.

Saúl, alumno de cuarto año, señala que "predominan los estudiantes blancos, después le siguen los mulatos o mestizos y muy pocos son negros, que son los más pobres". A continuación, se refiere a la doble moral o simulación, que también existe en la UH. Y pone de ejemplo a la presidenta de la Facultad de Derecho "que aparenta apoyar al gobierno y vende ropas importadas en las redes sociales”. Un ex profesor reconoce que “al finalizar la carrera, pesa más la lealtad política que el rendimiento académico. Un estudiante puede ser brillante, incluso terminar con diploma de honor, pero si no apoya al proceso, jamás accederá a puestos importantes de trabajo. En el modelo universitario cubano se permiten muchas cosas, menos oponerte al sistema”.

Una tarja atornillada en la sala de conferencias de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana es un mensaje directo para navegantes. Mientras al jurista Julio Fernández Bulté el régimen le reconoce sus méritos profesionales, su hijo Julio Antonio Fernández Estrada, alumno y ex profesor en la misma casa de altos estudios, se vio obligado a pedir asilo político en Suiza por promulgar una corriente de pensamiento que el régimen considera lesiva.

Más allá de cualquier ideología y clase social, una mayoría del estudiantado universitario reconoce que en Cuba no tendrá demasiadas oportunidades profesionales. Por eso la prioridad es estudiar y sacar buenas buenas que les permita obtener una beca en Estados Unidos, Canadá o Europa. O emigrar una vez finalizada la carrera.

Iván García
Foto: Reunión del presidente Miguel Díaz-Canel con estudiantes universitarios en agosto de 2021. Tomada de Ideología vs. rendimiento académico: el dilema de los estudiantes universitarios en Cuba.

lunes, 29 de agosto de 2022

¿Cuánto le costaría a Elon Musk comprar Cuba?


Tan pronto se supo que Elon Musk quería comprar Twitter, mucha gente, medio en broma, medio en serio, sugirieron que la próxima adquisición del sudafricano fuera Cuba. Y, medio en broma, medio en serio, tratemos de estimar un precio para la Isla, pues es mejor estar preparados para negociar si el dueño de Tesla se aburre de su proyectada colonización del planeta Marte y elige adentrarse en tierras más inhóspitas.

La idea de vender Cuba no es nada original. Tres veces intentó EEUU comprarla cuando era parte de la Corona española. En 1848, el presidente Polk ofreció 100 millones; en 1854, los diplomáticos Pierre Soulé y James Buchanan lo pretendieron por 120 millones; y en 1897 la oferta llegó a 300 millones.

Si nos guiamos por la última puja hecha, 300 millones de 1897 serían hoy casi 10.000 millones, o lo que es lo mismo, 6.600 dólares para cada cubano si ajustamos la cantidad de población. Se puede entender que, tan parca proposición, se debió a que se hizo cuando el país estaba arruinado por la guerra de Martí, y a España le estaba saliendo carísimo, en pesetas y sangre, la contención del separatismo violento. Los americanos querían coger mangos bajitos.

6.600 por cubano es una oferta demasiado baja para convencer a una mayoría de que, democráticamente, apruebe una ley que ceda la titularidad de Cuba a Elon Musk. ¿Qué eso en ningún caso sería legal? Si los cubanos se ponen de acuerdo sí lo sería, ¿no es así como funciona la democracia?

Como precedente tenemos que, desde 1959 y hasta los años 80, mientras el castrismo parecía mayoritariamente aceptado, el pueblo estuvo de acuerdo en quitarle las propiedades a muchísima gente para dárselas en "administración" a Fidel Castro. Finiquitar ese trato con el castrismo y entregarle la Isla a alguien que dará a cambio algo más que promesas y consignas no parece mala idea.

¿Qué el castrismo no va a entregar "su" isla, aunque los cubanos democráticamente la quieran vender a Elon? Pues que se entiendan entre ellos. ¿Qué también podríamos como pueblo ejercer la soberanía del país con madurez? Ojalá y eso no fuese pedir demasiado.

En fin, ya que descartamos esos esmirriados 10.000 millones, sigamos calculando.

Si Cuba fuese un país que produjera riquezas netas; es decir, que produjera mercancías y servicios superiores a lo que necesita para al menos mantener constante su valor de capital, tendríamos que calcular los flujos de ingresos futuros, actualizándolos a presente descontándolos por el tipo de interés y ajustándolos por la inflación esperada. Por "suerte", hace años Cuba está en quiebra, el Gobierno no declara el fallido porque, a costa de dejar que se destruya el capital físico, saca alguna liquidez para sostener un consumo mínimo imprescindible. Cuba se está devorando a sí misma en continua autofagia.

Eliminado ese factor de cálculo, podemos decir que el precio de Cuba se acercará al valor de sus activos tangibles. Para valorar estos, usemos como variables proxy la propiedad inmobiliaria privada, la planta hotelera y la tierra cultivable.

El periodista Yandry Fernández analizó más de 10.000 clasificados en Revolico, concluyendo que el costo promedio de oferta de una casa en Cuba es de 36.983 dólares, multiplicando eso por las 3.811.002 casas existentes en la Isla, obtenemos aproximadamente 140.000 millones de dólares.

La propiedad hotelera es el activo productivo más valioso existente en Cuba, no solo porque ha absorbido durante los últimos años la mayor parte de la inversión nacional, sino porque, muy probablemente, será la locomotora de cualquier estructura productiva que termine cuajando en una Cuba con libertad empresarial. El coste aproximado al alza de una habitación de hotel es 200.000 dólares. En Cuba hay unas 78.000, lo que da un valor estimado de 15.600 millones de dólares por la planta hotelera.

Para calcular el valor de la tierra fértil, nos olvidaremos del desastre que es la agricultura actual y estimaremos el potencial agrícola mediante el método de capitalización de rentas, pero tomando el dato de producción de 1957: 767 millones de pesos equivalentes a dólares, que en términos de hoy serían 7.000 millones. A eso le agregaremos un 50% de valor producido debido a mejoras tecnológicas, llegando a la estimación de que, el campo en Cuba, podría producir fácilmente valor por 11.000 millones de dólares actuales.

Multiplicando esa renta anual por un tiempo estimado de 30 años, sin tener en cuenta inflación ni tipos de interés pues no buscamos un precio exacto, obtendremos que la tierra cultivable en Cuba costaría unos 330.000 millones.

Hasta ahora, el valor aproximado de Cuba rondaría los 486.000 millones de dólares, a eso tendríamos que agregar factores como las áreas rurales no agrícolas, la minería, la infraestructura inmobiliaria estatal y otros que no abordaremos para no complejizar en demasía el cálculo, pero que por encima estimamos añadirían un 25% más al precio, llegando así a 607.000 millones.

Una cosa que sí hay que mencionarle a Elon es lo fácil que sería convertir Cuba en una máquina de hacer dinero. Todo lo que se requiere es cambiar la política exterior actual, hecha a la medida de la propaganda castrista, y pasar a una más racional que amigue al país con el Gobierno estadounidense, y además y más importante, dar libertad para que los cubanos desarrollen su más que probada capacidad empresarial.

Esa potencialidad de que Cuba se convierta en una mezcla de Singapur, Panamá y República Dominicana, vale al menos un 50% más sobre el valor calculado, llegándose a la cifra final de 910.000 millones de dólares. Por supuesto, en el contrato se dejaría claro que Elon Musk está obligado a rentar las casas a sus actuales habitantes mientras éstos quieran quedarse.

Si se piensa bien, la única diferencia entre pagar una renta por vivir y trabajar en la propiedad de Elon y pagarle impuestos a cualquier gobierno, es que Elon daría, de entrada, unos 79.000 dólares a cada cubano. ¿Creen ustedes que la mayoría acepte el bisne?

Rafaela Cruz
Texto y foto: Diario de Cuba, 19 de mayo de 2022.
Leer también: Se vende Cuba a trocitos.


lunes, 22 de agosto de 2022

"Vete de Cuba con lo puesto"



En la actualidad los cubanos que emigran venden todas sus pertenencias para costear el viaje. La casa, los equipos electrodomésticos, las joyas, vehículos propios, y hasta la ropa y los zapatos, son rematados en cuestión de días a precios de "me voy y necesito dinero".

Pero no siempre fue así, no siempre el cubano pudo disponer de sus propiedades. En los años 60, cuando la Revolución comenzaba a tomar forma de lo que realmente terminaría siendo, los cubanos que decidían irse del país no lo tenían nada fácil.

La resolución 454 de septiembre de 1961 dictada por el Gobierno de Fidel Castro estableció que quienes abandonaban el país hacia Estados Unidos, perderían sus propiedades si no regresaban en 29 días. Una vez iniciado el proceso para marcharse del país, el futuro migrante recibía una inspección en su casa donde funcionarios del Gobierno inventariaban todo.

Llegado el momento definitivo de partir, esa persona recibía una lista donde se relacionaban los objetos que podía llevarse consigo. Diario de Cuba tuvo acceso a esa lista y la comparte de forma íntegra.

Información a los señores pasajeros sobre disposiciones relativas al equipaje

Los señores pasajeros solamente podrán llevar los artículos y prendas de vestir que más abajo se relacionan, INCLUYENDO LO PUESTO:

Joyas: 1 reloj y 1 anillo de compromiso que en total representen un valor no mayor de $60. Prendas de fantasía que en total representen un valor moderado.

Artículos de Tocador: Una unidad de pasta de dientes y jabón en uso, de producción nacional por núcleo familiar, una máquina de afeitar que no sea eléctrica.

Cosméticos: Una unidad de perfumes, una unidad de pan-cake o base líquida, una unidad de polvos, una unidad de creyón de labios, una unidad de lápiz de cejas y una unidad de colorete.

Alimentos: Lo necesario para la dieta regular de infantes, calculada para el viaje.

Medicinas: Un frasco regular, una caja de inyecciones y una jeringuilla hipodérmica en uso de acuerdo a la prescripción facultativa.

Ropas:

Hombres                                                             Mujeres

3 trajes                                                                 5 vestidos o 5 sayas
3 camisas                                                             5 blusas o pullovers
3 camisetas                                                          3 refajos o 3 sayuelas
3 calzoncillos                                                       3 panties
3 corbatas                                                            2 ajustadores
3 pares de medias                                                2 pares de medias
3 pañuelos                                                            3 pañuelos
1 par de guantes o 1 sweater                              1 abrigo que no sea de piel
1 abrigo o un jacket (que no sean de piel)        2 pares de zapatos
2 pares de zapatos                                               1 ropón o pijama o bobito
1 pijama                                                               1 faja
1 sombrero                                                           1 cartera
                                                                              1 sombrero
                                                                              1 par de guantes

Niños: Menores de dos años, una habilitación completa.

Se aclara que todas estas prendas y artículos tienen que ser de uso.

En resumen, el cubano no se podía llevar nada de valor o nuevo. No tenían derecho a llevarse consigo un objeto que pudiera ser disfrutado por el poder comunista. Varios testimonios han referenciado los terribles protocolos que seguían las autoridades en los aeropuertos. En ocasiones hacían que los "desertores" se desnudaran e hicieran cuclillas para comprobar que no ocultaban nada de valor en sus genitales.

Buena parte de las casas y mansiones de la burguesía cubana y la clase media que emigró a principios de los 60 terminaron en manos de funcionarios y dirigentes. Esta política de expropiación forzada a aquel que decidiera irse de la Isla, estuvo en vigor hasta la reforma migratoria de 2013. Fueron más de 50 años de violaciones a derechos humanos elementales. En la actualidad, la Seguridad del Estado aún aplica la política de "regulados" para evitar que ciudadanos cubanos puedan entrar o salir de la Isla por motivos fundamentalmente políticos.

Diario de Cuba, 9 de junio de 2022.

Foto: Milicianos expropiando la casa de una familia que se marchó del país en los años 60. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 15 de agosto de 2022

Cuba se está vaciando


Es una auténtica catástrofe. De mantenerse la actual estampida migratoria, para 2060 la población cubana podría reducirse a menos de tres millones de habitantes.

Y estoy siendo optimista. Saquemos cuentas: en los últimos ochos meses han entrado por la frontera sur de Estados Unidos más de 140.000 mil cubanos. La mayor crisis migratoria de la historia en la Isla. A ese paso, la cifra podría superar los 220.000 inmigrantes en el actual año fiscal estadounidense.

Si multiplicamos 200.000 por cuarenta años el resultado serían ocho millones de compatriotas que estarían huyendo de la miseria, las promesas incumplidas de un fracasado 'socialismo próspero y sostenible' y la suicida consigna de patria o muerte entonada por el castrismo.

Los preocupantes datos solo recogen la emigración hacia Estados Unidos. Si le añadimos los cientos de miles de cubanos que están yéndose del manicomio político y económico y escapando a cualquier país de cualquier continente, los pronósticos podrían reducirse en cuatro o cinco años.

A ese ritmo, es muy probable que si la dictadura verde olivo lograra sobrevivir y conmemorar el centenario de la revolución de Fidel Castro en la antigua Plaza Cívica, tendría que movilizar a miles personas de otras provincias para llenar la explanada frente a la tribuna.

En ese hipotético contexto, tal vez no habría disidentes ni periodistas independientes, pues estarían presos o exiliados. La casta gobernante, generales de las fuerzas armadas, el voluminoso bloque de burócratas, intelectuales aduladores y soplones de barrio, si quieren seguir desayunando, merendando, almorzando y cenando (y mantener sus voluminosas fisonomías), tendrían que coger guatacas y ponerse a sembrar en los campos.

Créanme, no es una broma. Cuba se está vaciando. Como un viejo balón de fútbol que se desinfla. Son demasiados los problemas y no se vislumbran soluciones.

Comer arroz, frijoles y una vianda hervida se ha convertido en un lujo para un segmento amplio de la ciudadanía. Como promedio, un cubano hace tres horas diarias de colas. No hay medicamentos en las farmacias ni algodón, esparadrapo y vendas en los hospitales. En una ciudad de dos millones y medio de habitantes como La Habana, que antes de 1959 con la mitad de la población tenía una flota de 2,200 ómnibus de transporte público, ahora funcionan alrededor de 340.

A eso súmele los molestos apagones, que en algunas provincias se extienden entre ocho y diez horas, por el día o por la noche y madrugada. Y por si fuera poco el calvario, los medios estatales y la propaganda del partido comunista se han construido un país virtual inexistente.

Los dirigentes cubanos son una pésima parodia de Cantinflas, pero obesos. A Miguel Díaz Canel le gusta alardear de tener una intensa agenda de trabajo y aparentar el don de la ubicuidad. Recorre la isla de punta a cabo. Reuniones hoy y mañana también. Pero nada resuelve. Una y otra vez repite palabras gastadas, frases del difunto Fidel Castro o consignas que a la población les resbalan como “resistencia creativa” , “arrancarle un pedacito a los problemas” o la “limonada es la base de todo”.

Irene, filóloga, asegura que por higiene mental no lee la prensa nacional ni ve los noticieros de televisión excepto cuando se avecina un huracán. “Como si no fuera suficiente con la vida de mierda que llevamos para tener que aguantar a esa partida de barrigones. Solo en un sistema como el cubano pueden gobernar funcionarios tan inútiles. En cualquier país medianamente democrático estarían presos o habrían tenido que renunciar por incompetentes. Cuba se ha convertido en una pesadilla, por eso la gente se está yendo 'a pululu'. Espero emigrar a las Islas Turcas y Caicos, donde tengo buenos amigos. Mi plan es trabajar un tiempo y ver si puedo obtener la ciudadanía inglesa, ya que es un territorio británico de ultramar. Es un periplo profesional más largo para conseguir la meta final, los Estados Unidos. Pero soy joven y tengo el tiempo a mi favor”.

Cuando se le pregunta a Erich, estudiante universitario, cuál es su sueño, inmediatamente responde: “Obtener una beca en Estados Unidos, España u otra nación del primer mundo. Me da igual Australia, Israel o Corea del Sur. Rezo cada día para escapar de esta locura”.

Yuleisis, diseñadora, se decidió a vender su casa cuando supo que su prima y el novio habían cruzado a nado el Río Bravo. “Ya estoy en la yuma prima. Y camino de Miami. Decídete, que para luego es tarde. El ultimo que apague el Morro”, cuenta que le dijo su prima en una llamada audiovisual por WhatsApp. “El problema es que no hay dinero en la calle. Un montón de personas han vendido su casa. Y los precios han caído. Mi apartamento, que lo tengo bien cuidado, costaba 40 mil dólares hace unos meses atrás. Ahora lo estoy vendiendo en 28 mil y no aparece comprador. La próxima semana voy a rebajarlo a 20 mil dólares. No quiero quedarme atrapada aquí”.

Se marchan profesionales, estudiantes universitarios, obreros y campeones olímpicos como la jabalinista Osleidys Menéndez o el canoísta Fernando Dayán Jorge. En días recientes fue capturado en un intento de salida ilegal, según las autoridades cubanas, el boxeador matancero Andy Cruz, campeón olímpico en Tokio en 2021. Incluso personas de la tercera edad también quieren irse del país. No hace mucho llegó a la Florida una anciana de 85 años.

Eugenio 72 años, cirujano retirado, dice que vendió un auto de la era soviética para poder reparar el techo de su casa y darle de comer a la familia. “Nunca pensé emigrar y menos a esta edad. Pero mi hijo que reside en Estados Unidos quiere que su madre y yo nos vayamos de Cuba, que hasta 1959 fue una república con un desarrollo económico estable, pero se ha convertido en un verdadero desastre. Estamos haciendo los trámites de manera legal. No estoy para esos trotes de rifarme la vida en una balsa o en un periplo de miles de kilómetros desde Nicaragua hasta la frontera de Estados Unidos en México. Venderé la casa en el mejor precio posible para llegar con algún dinero”.

Olga, maestra jubilada que vive en condiciones de extrema pobreza, durante la cola para comprar el pan confiesa que ella sí jodida. "No tengo familia en el extranjero ni nadie que me mande un dólar. Tengo que dispararme a estos tipos (los del gobierno), sin papa y sin aceite. Si tuviera dinero, aunque voy a cumplir 70 años, me largaría de Cuba. Después de cuatro décadas de trabajo y sacrificios, el Estado me paga una pensión de 2,300 pesos que no me alcanza ni para comprar viandas”.

En su opinión, lo peor es que no se vislumbra una salida a la actual crisis económica y creciente inflación. “Mientras el país sea dirigido por los mismos de siempre, esto va a durar cien años y Cuba será gobernada por una pila de viejos, enfermos y locos. Por el camino que vamos, la isla se va a quedar vacía”, afirma Olga. Y no exagera. Las estadísticas espantan.

Iván García

lunes, 8 de agosto de 2022

Los muertos hablan en Cuba


Las astronómicas cifras de defunciones registradas en 2021 en Cuba por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) sugieren que las muertes por COVID fueron superiores en más de seis veces a las reportadas oficialmente por el gobierno.

Las muertes totales reportadas en Cuba en 2021 ascendieron a 167,645, lo que en comparación con el año anterior -cuando murieron 112,439 personas- representó un aumento de 55,206 fallecidos.

El dramático salto representa un exceso de mortalidad en comparación con años anteriores a la llegada del SARS-CoV-2 a Cuba y sugiere que las defunciones por coronavirus pudieran ser seis veces más que las cifras oficiales.

El científico cubano Amílcar Pérez Riverol había advertido sobre el tema: “¿Cuántos cubanos fallecieron realmente por COVID-19 en 2021 sobre todo por la ola de Delta?”, se preguntaba en Twitter, y adelantó la preparación de un análisis al respecto. “Pero datos oficiales (de la ONEI) sugieren claramente que fueron varios miles más (3-5X) que los 8,177 reportados ese año. O incluso que el total actual de 8,529”, agregó citando la cifra de fallecidos en 2021 más el total hasta la fecha.

El exceso de mortalidad es un indicador que incluye el total de muertes durante un periodo de crisis que exceden la cifra considerada como “normal”. Para determinar el exceso de mortalidad, se compara el número total de fallecimientos durante, por ejemplo, el pico epidémico con la tendencia histórica de un periodo precedente, libre de pandemia. El indicador ha sido útil para determinar el impacto real de la COVID en todo el mundo, más allá de las estadísticas dadas en su momento y que dependen de pruebas de diagnóstico que no siempre pueden realizarse.

Partiendo del exceso de mortalidad, expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que 14,9 millones de muertes pueden asociarse a la pandemia. La cifra incluye los 6,2 millones de decesos oficiales por COVID notificados a la OMS por sus 194 países miembros.

Para comprender el salto abrupto en los fallecimientos en Cuba, CiberCuba tomó de muestra cómo se comportaron las defunciones en los cinco años previos a la pandemia, una vez más, partiendo de las estadísticas de la ONEI. En específico, se tomó como referente la diferencia entre un año y el anterior, desde 2014 hasta 2019 y luego se comparó con la diferencia de los fallecimientos entre 2020 y 2021.

En 2015, por ejemplo, murieron en Cuba 3,361 personas más que en 2014; mientras que de 2015 al 17 (ante la falta de cifras correspondientes a 2016) murieron 7,258 más, mostrando una tendencia ascendente, con tasas de 9,15 muertes por cada mil habitantes en 2019 hasta incrementarse a 15,0 en 2021. Es decir, que cada año mueren más personas en Cuba que el anterior.

La sumatoria de las diferencias entre un año y otro desde 2014 hasta 2019 resulta en 12,750 fallecidos, esto es la cuarta parte de lo que aumentaron de 2020 a 2021. El promedio de esa suma se ubica en unas 2,550 defunciones.

Sin embargo, en 2021 se registraron 55,206 fallecimientos más que en 2020, de los cuales, y siguiendo la cifra promedio anual, 2,550 pudieron estar asociados a enfermedades, accidentes o causas naturales que nada tienen que ver con la pandemia, como sucedía hasta 2019. Lo anterior deja un total de 52,656 muertes, cifra 6.4 veces superior a las 8,177 reportadas en 2021 como defunciones por coronavirus ese año. Esto no quiere decir que las 52,656 personas murieron porque se contagiaron de COVID, sino que se relacionan además con la saturación hospitalaria asociada al coronavirus.

A partir de marzo de 2021 la situación sanitaria se tornó compleja. Denuncias de pobladores y médicos en la provincia de Matanzas apuntaban a un aumento de contagios, de desarrollo hacia formas graves del virus y de fallecimientos por COVID. A principios de abril, las autoridades del MINSAP confirmaron la presencia en la isla de dos nuevas y más letales cepas de coronavirus, californiana (cuyo nombre científico es B.1.427/B.1.429), la sudafricana (Beta) y, más tarde, la de India (Delta).

Antes de finalizar el mes, el ministro cubano de Salud José Ángel Portal Miranda, aseguraba que la provincia de Matanzas tenía “una tasa de letalidad por encima de la del mundo y por encima de la de las Américas", recalcó sin aportar datos. También los residentes en Granma se quejaban en redes sociales, incluido el personal sanitario, ya fuera abiertamente o protegidos por un seudónimo antes las amenazas de las autoridades que, en casos como el del doctor Alexander Jesús Figueredo Izaguirre, terminaron con la pérdida de un ser querido, la expulsión laboral y la inhabilitación para el ejercicio de la Medicina.

Lo anterior sería el vaticinio de la debacle que estaba por acontecer en el sistema de salud pública y que se extiende por siete meses. Comenzaron a multiplicarse reportes de fallecimientos en centros de aislamiento y en los hogares, de falta de ambulancias, medicamentos, PCR, medios de protección y oxígeno que desembocaron en las multitudinarias protestas del 11 de julio y en las denuncias de cerca de medio centenar de galenos en Holguín los días 15 y 18 de agosto de 2021.

Una semana antes, el ministro Portal Miranda anunciaba que la letalidad del coronavirus en la provincia de Holguín era de 0.87 y estaba por encima de la media del país. Por tanto, "el riesgo de morir aquí en Holguín es más alto", dijo. Ciego de Ávila también experimentó un colapso en los servicios sanitario y funerario, mientras que Guantánamo registró un incremento de la mortalidad por COVID-19, durante julio y la primera quincena de agosto, reportándose 901 muertes al cierre del séptimo mes del año y entre 60 y 80 fallecimientos diarios a principios del octavo.

La norma antes del COVID oscilaba entre seis y 12 defunciones, indicó en televisión local el director de Servicios Comunales, Ihosvanys Fernández, quien agregó que los primeros cinco días de agosto habían muerto 200 personas, sin poder explicar el exceso de defunciones.

Cubanos en varias provincias denunciaban la realización de enterramientos masivos, mientras la prensa estatal negaba la existencia de fosas colectivas que se construyeron para poder dar sepultura a los miles que morían a diario. El 19 de julio, Cuba alcanzó la tasa de infección per cápita más alta de COVID en las Américas (55 personas contagiadas por cada 100 mil) y el 20 de julio, el Ministerio de Salud Pública dejó de ofrecer detalles sobre los fallecidos, ante el aumento de decesos. Nunca informaron cuántos médicos y personal sanitario murieron en la Isla por coronavirus.

A mediados de agosto, el sitio oficial del MINSAP advertía, a partir de estudios del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), que en Cuba la variante delta había “sustituido a la Beta, con un incremento sostenido a partir del mes de junio”, convirtiéndose en “la cepa predominante, detectándose su presencia en todas las provincias cubanas. Hasta el 15 de agosto, Delta ocupaba el 92% de las muestras procesadas en el mes”, agregaba el texto.

El número más elevado de contagios en un día fue publicado el 24 de agosto y ascendió a 9,907. Hasta ese momento, habían muerto 4,710 personas a consecuencia del coronavirus en el país. La cifra ronda la diferencia de los fallecidos entre 2009 y 2010, tras el paso por la isla del virus H1N1, y entre 2013 y 2014, luego de la aparición en América Latina de la chikungunya y el zika y de un aumento de los casos de dengue. En ambos casos, las muertes registradas excedieron las cuatro mil en comparación con el año precedente, que representa casi la mitad del total de 8,529 muertes confirmadas por COVID hasta la fecha.

Pero volviendo a 2021, hay otra agravante en el descenso de población según la ONEI. La disminución de la natalidad, cifrada en 5,942 menos que en 2020, entre otras causas por el aumento de la tasa de mortalidad infantil a 7,6 por mil nacidos vivos y por la inestabilidad económica, política y social en la isla. De ahí que, con 55 mil y tantas muertes de más y casi seis mil nacimientos menos, la población total de Cuba, que en 2020 era de 11,193,470 habitantes, se redujera a 11,113,215 de cubanos en 2021, es decir, 68,380 menos en ese año.

Y este indicador es precisamente otro motivo de preocupación. La tasa de mortalidad del mundo muestra un decrecimiento sostenido, amen del incremento esperado a consecuencia de las muertes asociadas a la pandemia. Sin embargo, el patrón de las defunciones en Cuba ano tras año, va in crescendo. ¿Por qué la tasa de mortalidad de Cuba (al margen de 2021) no para de subir? Este sería otro análisis que, en algún momento, habría que abordar.

Amarelle Grimal
CiberCuba, 18 de mayo de 2022.

lunes, 1 de agosto de 2022

La muerte de un hombre gris


La noticia de la muerte del general de división Luis Alberto Rodríguez López-Calleja tomó a todos por sorpresa. Se esperaba al menos que sobreviviera a la cuadrilla de capitostes octogenarios y nonagenarios de la «generación histórica». De alguna forma, López-Calleja se vislumbraba como uno de los futuros posibles de Cuba. Durante mucho tiempo acumuló suficiente autoridad e influencia para ganarse tal augurio. Sin embargo, en la mañana de este viernes 1 de julio de 2022 falleció, según la versión oficial, debido a «un paro respiratorio», tal como, por otra parte, no deja de ocurrir en todas las muertes. Quien era uno de los hombres más poderosos y enigmáticos del país tenía 62 años.

Durante años se especuló sobre qué tan importante era la figura de López-Calleja dentro de los herméticos salones de la corte dictatorial cubana. La oposición interna y el exilio tardaron bastante en señalarlo como el gran administrador del régimen. De cualquier manera, él supo mantenerse alejado del ojo público, tras el impenetrable muro de silencios que guarda los secretos de la élite cubana.

El candidato más probable a eminencia gris del poscastrismo, especie de mayoral financiero en las sombras, el hombre que, en teoría, dirigió tras bambalinas la mascarada del capitalismo de Estado isleño, murió como vivió: sin muchos aspavientos, dejándonos todas las preguntas y ninguna respuesta. Su primer legado es la sospecha.

De él se conoce que nació en Villa Clara y que estudió Relaciones Internacionales en la Unión Soviética para a continuación sumarse al departamento de Contrainteligencia del Ministerio del Interior y luego participar en la misión militar cubana en Angola. Se sabe, además, que fue esposo de Deborah Castro Espín, con quien tuvo dos hijos. Por supuesto, su vínculo con la familia Castro se mantuvo tras el divorcio. En 1996, López-Calleja fue elegido por su exsuegro para dirigir el Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA): el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Los datos respaldan la teoría de que el aprecio de Raúl Castro hacia López-Calleja no dependió exclusivamente del lazo familiar. GAESA, el brazo económico del Ejército, ha garantizado en buena medida el poder político de la cúpula militar cubana.

Tras la enfermedad de Fidel Castro y el ascenso de su hermano como principal figura política del país, el holding militar extendió sus tentáculos y se apoderó de la gran mayoría del sector turístico, los puertos, las gasolineras, las constructoras, los servicios aduanales, el comercio electrónico, las tiendas minoristas, y de prácticamente todos los sectores importantes de la economía en Cuba. En teoría —otra vez—, casi cada centavo que entraba o salía de la isla era supervisado por él.

López-Calleja perteneció a la fracción política que, en tiempos del «deshielo bilateral» promovido por Barack Obama, fueron etiquetados como «tecnócratas no pertenecientes a la generación histórica», entre los que también se encontraba Miguel Díaz-Canel (también nacido en Villa Clara, por cierto). Estos estaban, supuestamente, llamados al reformismo, a jubilar de una vez por todas a la envejecida cúpula de mandamases del Partido Comunista. Sin embargo, nadie se atrevió a cumplir semejante papel histórico. Mientras Díaz-Canel ha gobernado con métodos cada vez más explícitamente violentos, López-Calleja no cejó en el empeño de ampliar y perfeccionar la estructura que sostiene una verdadera oligarquía militar-empresarial.

Más allá de la cúpula castrista, nadie cuenta con suficiente información que avale todo lo que se ha dicho de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja. En vida fue el blanco de teorías que dábamos por ciertas, sostenidas por algunas filtraciones y por la imagen asociada al cargo que ocupaba, pero nunca entendimos del todo quién fue y hasta dónde llegaba realmente su poder. Su muerte deja vacante, en apariencia, el lugar de eminencia gris, del titiritero detrás del titiritero, al menos en el ámbito económico. ¿Quién lo sustituirá? ¿Era realmente López-Calleja ese cerebro maestro que muchos hemos imaginado?

En estos días llueven las especulaciones. Identificar a una eminencia gris es un ejercicio arduo, pues en su naturaleza está el ocultarse tan bien como para nunca revelar el alcance real de su influencia. Si entendiéramos la estructura del poder como una matrioshka, la eminencia gris vendría a ser la última del juego, las figura más pequeña y oculta.

El caso paradigmático —que sirvió para acuñar el término— es el del padre José (François Leclerc du Tremblay), un austero monje capuchino que fue secretario del cardenal Richelieu. Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que el cardenal era absoluto responsable de las intrigas y las decisiones políticas en la corte francesa a inicios del siglo XVII, cuando en realidad era el padre José quien dictaba a oídos de Richelieu los destinos del reino. Hay otros ejemplos, incluso más populares gracias a la historiografía y la literatura, como el de Fouché o el de Talleyrand en la Francia de Napoleón, el de Goebbels durante el Tercer Reich, o el de Séneca, consejero del emperador Nerón.

Todos comparten el haber movido los hilos políticos y/o económicos al interior de sistemas autoritarios donde el poder visible se concentraba en la figura de un dictador o líder de facultades omnímodas. Todos, además, fueron astutos a la hora de esquivar las letales intrigas y los celos pertinaces en las respectivas cortes. Sin embargo, algunos de ellos, a última hora, se precipitaron en sus decisiones, fueron traicionados por su propio ego, o se expusieron en demasía. En algunos casos, el peligro mayor fue sorteado, sin otra consecuencia que la pérdida del favor del gobernante. En otros, la imprudencia se pagó con la muerte.

Sabemos que López-Calleja murió justo cuando empezaba ganar un lugar como figura pública; quién sabe si movido por su propio ego o en cumplimiento de alguna disimulada estrategia política de alto nivel —lo que ciertamente hubiera podido ser la misma cosa. Apenas en 2021 apareció en los medios oficiales de la isla como «asesor» del presidente, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro formal del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista. Además, fue reconocida de manera abierta su posición como cabeza de GAESA. El hombre que hasta entonces había trabajado en las sombras, y de quien solo se conocían dos o tres fotos y algún video filtrado, comenzó a presentarse en las reuniones y ceremonias oficiales. Aunque en segundo plano, por supuesto. El aparato propagandístico del régimen no tuvo oportunidad de hacerlo alguien reconocible por el pueblo.

Fue por eso que su fallecimiento solo levantó indiferencia entre una ciudadanía que sabía poco o nada de él. Algunos, un tanto más enterados, han mostrado incluso su alegría. En Internet circulan profecías acerca de la debacle castrista que sobrevendrá con la muerte del tecnócrata en jefe. Hay quien habla de complejas redistribuciones de poder; hay quien ha echado a correr la hipótesis de un ajuste de cuentas. Sin embargo, tales versiones conspiranoicas no responden, por el momento, a otra cosa que no sean los deseos de ver fraccionada la élite política y militar cubana.

Bien mirado, resulta bastante probable que Luis Alberto Rodríguez López-Calleja no fuese el principal operador político en las profundidades del poder cubano, y que en ese juego secreto su estrella palideciera —aun en pleno poscastrismo o post-socialismo cubano— ante, por ejemplo, la de una antigualla como José Ramón Machado Ventura, zar impenitente del Partido, Fouché de la vieja guardia, quien a sus 91 años concurrió, junto a Díaz-Canel y al propio Raúl Castro, a honras fúnebres.

Tal vez el presidente ejecutivo de GAESA solo fue un buen administrador, alguien cuyo máximo talento residió en guardar mejor que nadie los secretos y los caudales de sus jefes. La única certeza que sobre López-Calleja tenemos es que en vida prefirió pasar como un hombre gris. Por el momento, en la muerte, no es más que la sombra de una sombra.

Darío Alejandro Alemán
El Estornudo, 4 de julio de 2022.
Foto: Luis Alberto Rodríguez López-Calleja (Santa Clara 1960-La Habana 2022). Tomada de la Agencia Cubana de Noticias.

lunes, 25 de julio de 2022

Ni Patria ni Vida


Recientemente, Televisión Azteca, de México, presentó el documental Cuba: Ni Patria Ni Vida, de la periodista y presentadora mexicana Carolina Rocha, en el que se muestran las imágenes de la Cuba que no ven los turistas, una isla lacerada por 63 años de comunismo.

En una entrevista para la televisora, en la que promocionó el material, Rocha habló de las precariedades de los cubanos, que no tienen acceso a productos básicos como el aseo, la comida y las medicinas, incluso con dinero en la mano aquellos que reciben remesas.

El audiovisual, grabado con celular en mano, capturó las graves consecuencias que para los cubanos y para el país trajo la llamada “revolución” de Fidel Castro, que “implementó el comunismo como modelo económico, y con el que destruyó todo a su paso”.

“Ni Patria Ni Vida muestra la desesperanza y la pobreza, tan cotidianas y tan desconocidas de Cuba”, dijo Rocha, quien aseguró sentirse sorprendida por una realidad que se ha repetido durante décadas. “Todos sabemos que en Cuba se pasa hambre, que hay carestía. Es algo que escuchas siempre pero que no había podido ver”.

La presentadora, que llegó a la isla como turista, explicó que desde su llegada al aeropuerto supo que algo no estaba bien. “El primer día salí a correr y vi filas y filas de personas. Fue ahí que comencé a grabar”. Carolina Rocha no se quedó solo con las imágenes que obtuvo en La Habana.

La periodista mexicana se fue al campo cubano y entrevistó a los campesinos, esos que casi nunca salen en las postales turísticas. “Tratamos de retratar la realidad cubana que nunca conoce el turista. El turista va y se queda en el hotel y visita los lugares planificados”, explicó, y agregó que si hubiera hecho lo que los visitantes extranjeros hacen de manera regular “jamás me hubiera dado cuenta que hay hambre, que no hay productos, que no hay pasta de dientes, por ejemplo”.

Rocha reclamó también que el gobierno de Cuba culpe al embargo de todo lo que sucede en el país, pues “el no comercio con Estados Unidos no te lleva a políticas internas como Estado” a la hora de pagarle a los campesinos, de prohibir la libertad de expresión, de no permitir la empresa privada. “Ahora mismo hay una crisis humanitaria en la isla”, sentenció.

La escritora cubana Zoé Valdés celebró el documental de Carolina Rocha y lo calificó de “excelente”, ya que “muestra la realidad de Cuba actual, y las carencias que con el tiempo se han ido agravando, pero que existen desde mediados de los años 60”. Y agradeció “el buen tino” de la realizadora de no quedarse en “La Habana y de irse al campo, donde los verdaderos «artistas» son los campesinos”, quienes “con un esfuerzo sobrehumano, trabajan de sol a sol para dar de comer al pueblo, y no tienen pelos en la lengua a la hora de hablar”.

Asimismo, la escritora acotó que “resulta muy ilustrativo que sean los campesinos los que mejor se expresen en el documental comparados con los únicos dos intelectuales que se manifiestan: el socialista Rafael Rojas, que votó en México por AMLO, o sea, por destruir a México, y que además tiene casa en Miami; y el otro socialista, Leonardo Padura, que muy cínicamente habla de los jóvenes que se tienen que ir, cuando él sólo regresa a la isla, autorizado, cómo no, por el régimen, a marcar la tarjeta para no perder su casa de Mantilla y para filmar este tipo de documentales, el resto del año se la pasa viajando; este es el amiguito de la ex guerrillera Dilma Rousseff, que ocupó la presidencia de Brasil, y del corrupto Lula da Silva, al que fue a visitar en la cárcel por orden expresa de Raúl Castro”.

Cubanet, 1 de junio de 2022.
Leer también: El Síndrome del Impostor.