lunes, 24 de abril de 2023

El Cerro con sus industrias

Etiqueta de agua de colonia de Crusellas, con fábrica en El Cerro.

El antiguo barrio de El Cerro suele ser reconocido por las bellísimas viviendas neoclásicas que relacionan el origen del reparto con un espacio de veraneo, donde varias familias de la alta clase habanera se hicieron construir sus segundas residencias durante el siglo XIX. También se recuerda la expresión popular que reza "El Cerro tiene la llave", en alusión a la presencia de los grandes tanques de depósito del Acueducto de Albear allí construidos en esa misma época, y que lo definen como el punto desde el cual partían las principales conexiones de este acueducto hacia distintos puntos de la capital. Era pues, en sentido figurado, la llave o grifo de este preciado recurso para La Habana.

No obstante, desde el propio siglo XIX, y muy particularmente en el XX, El Cerro fue un enclave estratégico para la capital cubana pero por otras circunstancias. Debe decirse que, por su localización estratégica en las proximidades de La Habana Vieja y el puerto, con amplios terrenos urbanizables, atravesado por uno de los principales caminos que conducían hacia las zonas de cultivo, y conectado con otros de gran importancia, fue un espacio muy atractivo para la construcción de fábricas y almacenes. El gran número que llegó abarcar, lo convirtió en uno de los municipios más industrializados de la capital, clave en su desarrollo económico.

En sentido general, las industrias tuvieron una notable presencia en La Habana, superior a la de cualquier otra ciudad cubana tanto en cantidad como en variedad. En su mayoría, las fábricas estuvieron asociadas a la industria química (jabones, perfumes, pinturas, etc.), la farmacéutica, la alimenticia (bebidas alcohólicas, refrescos, hielo, aceite, pastas, galletas, etc.), la tabacalera y la de materiales de construcción (cemento, tejas y elementos prefabricados, etc.); lo que no excluye otros rubros asociados a la industria ligera como el papel, el textil, los artículos de ferretería y de talabartería, entre otros.

Gran parte de ellos tuvieron representación en la barriada de El Cerro, que para 1930 concentraba el 22% de las fábricas inscritas en la Asociación Nacional de Industriales de Cuba, lo que lo definía como una zona altamente industrializada. No obstante, este ha sido un aspecto insuficientemente reconocido, lo que ha incidido en la mala gestión del territorio así como en la preservación de su patrimonio construido.

Teniendo en cuenta la división político-administrativa de 1976 que define a El Cerro como un municipio de La Habana, se ha estudiado que su proceso de industrialización se fue dando de norte a sur, en la misma medida que avanzó su urbanización. Desde el siglo XVIII contaba con la Calzada del Horcón (posteriormente del Cerro), a partir de la cual creció longitudinalmente el barrio. Esta vía se prolongó con la Calzada Real de Marianao (Avenida 51), que en su trayecto creó otros importantes barrios como Puentes Grandes y Quemados (núcleo fundacional de Marianao); y estaba también conectada con el Camino Real del Sur (luego 10 de Octubre), y al norte con la Calzada de la Infanta Eulalia.

Trayecto similar al de la Calzada del Cerro tuvieron las primeras líneas férreas en el siglo siguiente, por lo que este barrio nació enmarcado por el ferrocarril del Oeste y el de Marianao, con tres importantes estaciones: la de Tulipán, Cerro y Ciénaga. Esta última ha constituido hasta hoy uno de los principales talleres de ferrocarriles de La Habana. Desde el siglo XIX, tuvo El Cerro además, su propio ramal del tranvía.

Los caminos, el ferrocarril y el tranvía, dinamizaron la urbanización de los terrenos inmediatos y como vehículo de accesibilidad fueron un imán para la construcción de industrias, bien comunicadas con el puerto y con servicio de acueducto. Existen dos diferencias importantes entre las fábricas y almacenes que se insertaron en el tejido urbano preexistente y las que no. La primera y más elemental está en el tamaño, condicionado por la superficie disponible. Las construidas en terreno urbanizado eran por lo general más pequeñas y se distribuyeron sobre lotes estrechos y profundos, por lo que en ocasiones debieron ocupar más de uno.

Las fábricas integradas a la trama tradicional establecieron una especial armonía con el entorno construido, compartiendo elementos compositivos, decorativos, materiales y sistemas constructivos comunes a la vivienda, por lo que no fue extraño que algunas se habilitaran a partir de la refuncionalización de antiguas residencias, como fue la fábrica de ron Bocoy (1934), en la Calzada del Cerro 1417. En cambio, las fábricas construidas en zonas no urbanizadas, emplearon amplias superficies y un diseño claramente industrial, sin dejar de transitar por los estilos arquitectónicos de moda, con primacía del eclecticismo, ejemplo de lo cual fue la antigua cervecera Tívoli (1905), en Palatino.

Recientemente, el arquitecto Ricardo Machado inventarió en el Cerro 162 inmuebles fabriles (23 de bebidas, dos de hielo, cuatro de envases, 11 de alimentos, 18 de tabaco, uno de gomas, 16 de jabonería y perfumería, nueve laboratorios, 19 de calzado, siete de textiles, tres de muñecas, uno de instrumentos musicales, uno de velas, cuatro de fósforos, uno de clavos, cuatro de diamantes, 11 de papel e imprenta, cinco de materiales de construcción, tres metalúrgicas, tres carpinterías, etc.).

De esos inmuebles fabriles, solo 15 han sido reconocidos de valor por la Comisión Provincial de Patrimonio, aunque no poseen declaratoria y se encuentran legalmente desprotegidos (estos son la fábrica de cervezas y maltas Tívoli; la Compañía Cervecera Internacional S.A.; la fábrica de ron Bocoy; la compañía embotelladora Coca-Cola S.A. y la Canada Dry de Cuba S.A.; la Vinatera Occidental; la fábrica de confituras La Estrella; los laboratorios SQUIBB, OM, y Park Davis de Cuba; la fábrica de cigarros H.Upmann; las imprentas Omega y Cultural S.A.; y las perfumerías Crusellas S.A. y Sabatés Industrial S.A.).

Esto permite constatar el desconocimiento que sobre ellos existe, aún en una de las zonas donde su presencia es evidente y ha tenido un impacto urbano, económico y social significativo durante más de un siglo. Lamentablemente, por esta y otras razones de índole económica y administrativa, muy diferentes destinos han tenido las 162 fábricas de El Cerro, de las que solo 59 se encuentran en activo, cuatro están cerradas, 21 han sido demolidas y 78 refuncionalizadas como almacenes, viviendas o aparcamientos.

A pesar de esta notable disminución, la producción industrial de El Cerro actualmente representa el 70% de la economía del municipio, y su producción de perfumería el 50% de la que realiza la capital.

Yaneli Leal
Diario de Cuba, 19 de febrero de 2023.
Foto: Etiqueta de agua de colonia de Crusellas. Tomada de Todo Cuba.


lunes, 17 de abril de 2023

Negocios y nostalgias

Con los primeros golpes de mandarria al Muro de Berlín en 1989, comenzó a derrumbarse la estructura del totalitarismo en Europa y a disolverse, en un proceso vertiginoso, la retórica del bloque socialista y sus satélites. Ese lenguaje infernal traducido de los manuales soviéticos no tiene espacio ya ni en los países que juran y perjuran que quieren construir el comunismo.

Aquella palabrería que se usaba para pronunciar todos los discursos y escribir los panfletos de los medios oficiales está relegada a los cursos de adoctrinamiento y al fervor de las generaciones de militantes viejos y retirados que, por ejemplo en Cuba, produjo casos como el de un boxeador de peso ligero que se llama Stalin Pérez o el de un señor bautizado como Lenin de la Caridad del Cobre, por si acaso.

Los países que continúan, al menos en el plano teórico, con la filosofía de alcanzar un paraíso obrero, se han apropiado de los mecanismos del capitalismo y del vocabulario, también empalagoso, de ese sistema.

El presidente venezolano Nicolás Maduro viajó a China para que los camaradas le hicieran un préstamo de 5.000 millones de dólares. Firmaron 27 acuerdos en diferentes áreas de desarrollo y sellaron lo que el dirigente llamó una alianza estratégica de desarrollo porque «China es una superpotencia y no se plantea ser un imperio». La oposición venezolana denunció que Maduro y su comitiva viajaron a Pekín en un avión del Gobierno de Cuba por el que tenían que pagar 250.000 dólares diarios.

Los compañeros caribeños también fueron a China. Enviaron a Isidoro Malmierca, ministro de Comercio Exterior, a invitar a los empresarios a invertir en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, un proyecto apoyado por un préstamo de 900 millones de dólares de Brasil mediante una gestión conjunta de Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Está ubicada muy cerca de La Habana y Malmierca aseguró que las compañías chinas tienen mucho potencial para establecerse allí en un «favorable ambiente de negocios en Cuba, con un marco legal seguro y transparente, una buena infraestructura portuaria, vial, ferroviaria y de comunicaciones».
Dinero puro. Negocios, inversiones, deudas, desarrollo, elementos de una prosa en la que no se puede deslizar, ni por cortesía con los nostálgicos, un párrafo sobre las virtudes del internacionalismo proletario.

Raúl Rivero (1945-2021)
El Mundo, 27 de septiembre de 2013.
Foto: Caída del Muro de Berlín, noviembre de 1989. Tomada del blog El ucabista.

lunes, 10 de abril de 2023

La manigua y los manigüeros

En contraste con las desavenencias, desencuentros y broncas que por momentos hacen que la oposición anticastrista parezca una olla de grillos, hasta hace muy poco el universo del oficialismo castrista, unánime y disciplinado ante las ordenanzas del partido único, sin el más mínimo desacuerdo, lucía tan monolítico como la roca que guarda los restos de Fidel Castro en el cementerio Santa Ifigenia.

Pero ya no es así. Está en curso en las redes sociales un rifirrafe de acusaciones mutuas entre personajes vinculados al oficialismo, que, a fuerza de tantos insultos, zancadillas, trapos sucios y pobreza intelectual, parece más bien una tiradera entre reguetoneros reparteros de baja estofa.

Se originó a partir de la virulenta ofensiva emprendida en las redes por los miembros de la plataforma La Manigua, revolución pa’ rato contra otras personas que, como ellos, también dicen defender a “la revolución y el socialismo” y con los que hasta hace unos meses compartían espacio y confraternizaban en La Comuna.

La Manigua, que es liderada por Rodrigo Huaimachi, un chileno comunista residente en Cuba, al principio de crearse, en 2021, se dedicaba a atacar, mediante insultos, descalificaciones y todo tipo de acusaciones, a disidentes (Movimiento San Isidro, 27 N, Archipiélago), artistas contestatarios y a los integrantes del colectivo de La Joven Cuba, a los que, a pesar de ser de izquierda y socialistas, no vacilaban en acusarlos de “contrarrevolucionarios”. Pero pronto los manigüeros enfilaron también sus cañones y su veneno contra correligionarios del pensamiento oficial que, a su entender, no mostraran suficiente “intransigencia, combatividad y celo revolucionario”.

La Manigua la emprendió primero contra Francisco Rodríguez Cruz (Paquito de Cuba, como firma en su blog), periodista de Trabajadores, por sus críticas al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Luego han atacado a los colectivos de la revista Alma Mater y los sitios La Tiza, de la Asociación Hermanos Saíz, y El Necio.

La Manigua hizo un mitin de repudio virtual al profesor universitario Fabio Fernández luego de sus inusuales (para un oficialista) razonamientos sobre el patriotismo en el programa Mesa Redonda, que sacaron de quicio y descolocaron al moderador, el habitualmente sereno periodista Oliver Zamora, quien no sabía qué hacer para atajar al profe y arreglar el potaje.

Y hasta han tenido encontronazos los manigüeros con los talibanes del programa Con filo. De ahí ahora uno entiende el por qué de las apelaciones a “la unidad de los revolucionarios” hechas por el inefable Michel Torres Corona en una reciente emisión del programa.

El pasado año, los mandamases, asustados por las masivas protestas del 11J, encargaron al Departamento Ideológico del Partido Comunista elaborar el guión para la creación de La Comuna con el objetivo de “forjar nuevas alianzas entre todos los revolucionarios, sin importar las diferencias”.

En La Comuna intentaron meter en un mismo saco a ilusos que todavía creen en la infalibilidad del marxismo y en el socialismo democrático, maniáticos guevaristas, anticapitalistas convencidos (siempre que no cuestionen a GAESA), activistas de la cultura comunitaria y la reparación de baches en los barrios vulnerables, evangélicos que concilian su religiosidad con el materialismo científico, teóricos y académicos que se debaten angustiados, luego que Lenin pasó de moda, entre Trotski, Bakunin, Proudhon y Gramsci, amén de ecologistas, feministas y miembros de la comunidad LGBTIQ debidamente aleccionados por el CENESEX.

Pero esas nuevas alianzas no resultaron y pronto estallaron broncas que auguran un safari de extremistas contra los que pretenden ser oficialistas por cuenta propia y el puñado de ingenuos que todavía creen en la posibilidad del socialismo democrático y participativo.

En esta tiradera entre zurdos, si no se trata del preludio para una cacería de brujas o de un ardid para la eventual creación de un tramposo bipartidismo de mentiritas, el régimen parece estar de parte de los extremistas sectarios de La Manigua. Es más, los alienta y amamanta. Lo demuestra el espacio que le conceden en Cubadebate, y, más aún, quedó evidenciado cuando Díaz-Canel visitó y saludó a los musulungos manigüeros con pañoletas rojas que participaron en aquella ridícula sentada en el Paseo del Prado (que quisieron presentar como espontánea) en noviembre de 2021, cuando los mandamases temblaban ante la posibilidad de que se materializara la Marcha Cívica por el Cambio convocada por Yunior García Aguilera y el grupo Archipiélago.

Conociendo los recursos habituales del castrismo, que se han hecho peores en la decadente continuidad, de poco valdrán las invocaciones a la ética y la unidad y las promesas de fidelidad al fidelismo sin Fidel de las víctimas de los manigüeros. Seguirán los insultos en los perfiles falsos y anónimos, los linchamientos mediáticos y demás bajezas y métodos sucios de La Manigua, que se ha convertido en una especie de brigada de respuesta rápida en el ciberespacio.

Será muy difícil para el régimen bajar el voltaje al dogmatismo sectario de La Manigua para aplacar esta bronca.

No yerra el Observatorio sobre el Extremismo Político cuando, en un trabajo publicado el 2 de marzo en La Joven Cuba bajo el título La Manigua, cuando el extremismo cruza la línea reflexiona: “Cabría preguntarse quién y cómo se define al amigo y al enemigo, si es viable y sostenible alimentar una corriente extremista y pretender que esta actúe eternamente de forma disciplinada, sin definir adversarios propios —más allá de los orientados — ni utilizar para su combate los mecanismos amorales a los que está habituada”.

Luis Cino
Cubanet, 4 de marzo de 2023
Foto: Manigüeros de La Manigua. Tomada de La Joven Cuba.

Leer también: Izquierdas apócrifas o la falacia del falso dilema de Alina Bárbara López Hernández.

lunes, 3 de abril de 2023

Se buscan líderes opositores en Cuba

El sábado 24 febrero de 1996, mi apartamento en la barriada habanera de La Víbora, amaneció vigilado por agentes de la Seguridad del Estado, que estaban acompañados por miembros de la represiva Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), fundada el 7 de diciembre de 1993. Días antes, un vecino que había luchado en la guerra civil de Angola y pertenecía a la ACRC, me alertó del operativo.

A finales de 1995 había comenzado a escribir para la agencia Cuba Press, dirigida por el poeta y periodista Raúl Rivero (Camagüey 1945-Miami 2021). En febrero de 1996 yo era un perfecto desconocido. El foco de atención de la policía política era mi madre, Tania Quintero, quien durante más de dos décadas había trabajado como periodista estatal, primero en la revista Bohemia y después en el ICRT y se había reconvertido en reportera independiente de Cuba Press. Querían impedir -y lo consiguieron- que ella no cubriera una reunión de Concilio Cubano, iniciativa liderada por Leonel Morejón Almagro y en la cual participaban 130 organizaciones opositoras.

Decenas de disidentes y activistas fueron detenidos y a un puñado de periodistas sin mordaza se nos impedió salir de nuestros domicilios. Los teléfonos, todos fijos, fueron cortados. En aquellos años, a la Seguridad del Estado le era muy fácil aislar a la oposición pacífica. Entonces, en Cuba no había internet y los celulares y las redes sociales no habían hecho su aparición a nivel global.

Para recabar información y escribir un trabajo sobre Concilio Cubano, decidí hablar con el abogado criminalista Jorge Bacallao, ya fallecido. Pero el despliegue policial no me permitió llegar a la vieja casona donde Bacallao vivía, en San Mariano y Heredia, y donde conocí a Leonel Morejón Almagro y a Pedro Pablo Álvarez; escuché disertaciones del jurista René Gómez Manzano y me adentré en las interioridades de la disidencia en la isla. No había dudas o preguntas que Bacallao no te esclareciera. Erudito y lector empedernido, era una especie de manager político de muchos activistas, disidentes y jóvenes. Un formador y líder espiritual de decenas de cubanos que apostábamos por la democracia.

Han pasado 27 años desde que me inicié en el periodismo libre. Entrevisté y conocí a protagonistas de aquella audaz oposición: Martha Beatriz Roque Cabello, Félix Bonne Carcassés, Vladimiro Roca Antúnez, Arnaldo Ramos Lauzurique y el doctor Oscar Elías Biscet.

Reporté la huelga de hambre de Biscet en la calle Tamarindo 34. Junto con otros colegas de Cuba Press, como Ariel de Castro Tapia, cubrimos sucesos, detenciones y propuestas de la disidencia, entre ellas el lanzamiento del documento La Patria es de Todos y la creación de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. La represión era implacable y un sector importante de la población respaldaba, o simulaba respaldar, a Fidel Castro. El miedo imperaba en la sociedad cubana.

Con sus luces y sombras, la disidencia fue la primera en alzar la voz y pedir al castrismo que dejara de tratar a los cubanos como ciudadanos de tercera categoría. Antes que los hermanos Castro diseñaran tímidas reformas económicas, la oposición reclamó aperturas de pequeños negocios y la derogación del absurdo apartheid que sufrían los cubanos en el ámbito legal, tecnológico y turístico.

Fue la disidencia la que reivindicó al régimen para que los cubanos pudieran acceder a internet, telefonía celular, comprar o vender un auto o una propiedad y el derecho a viajar al exterior y regresar al país. Nadie dentro del gobierno reclamó esos derechos. Tampoco la amaestrada prensa oficial se atrevió a escribir un artículo pidiendo transformaciones urgentes de corte económico y social.

Las timoratas reformas que se han sucedido en la Isla son un éxito silencioso de la disidencia interna. Pero han pasado casi tres décadas y la oposición cubana necesita renovarse.

Ya con 80 años, Vladimiro Roca Antúnez, espera la muerte en condiciones lamentables. Tuvo que vender su casa en Nuevo Vedado, con el dinero se compró un desvencijado apartamento y el resto lo ha gastado en alimentos y medicinas. Ex piloto de la fuerza aérea, Roca trabajó en instituciones del Estado y jamás recibió la pensión que le corresponde por las leyes laborales del país.

El próximo 16 de mayo, la economista Martha Beatriz Roque Cabello cumplirá 78 años. Una de las firmantes de La Patria de es Todos, junto a Vladimiro, Gómez Manzano, Bonne Carcassé y Arnaldo Ramos, en dos ocasiones ha estado encarcelada. Con achaques de salud, sobrevive como puede. La mayoría de los disidentes han envejecido. O están presos, como José Daniel Ferrer y Félix Navarro. O han emigrado.

Y a pesar de que ha aumentado considerablemente el descontento popular, ese descontento no se canaliza en un incremento de las filas opositoras. Al contrario, éstas se han ido diezmando debido a la represión y el éxodo.

La buena noticia es que amplios segmentos de la ciudadanía ahora abiertamente critica al gobierno y quiere cambios democráticos. Pero cuando usted le pregunta por qué no se alistan en la disidencia, dicen que no lo ven viable.

Quieren una Cuba donde exista libertad de expresión. Que los cargos públicos se elijan por el voto popular. Que se desaten las fuerzas productivas y los cubanos de la diáspora puedan invertir en su patria y participar de la vida política. Que se respeten los derechos inalienables.

Pero nadie, o muy pocos, están por la labor de liderar futuros proyectos disidentes. Recuerdo que durante las protestas del 11 de julio de 2021, una avalancha de personas caminaban por la angosta Calzada de Diez de Octubre gritando libertad. Iban sin un rumbo determinado. Alguien quiso saber hacia dónde se dirigían. Un hombre a su lado se encogió de hombro y respondió: “No sé, pa'llá, pal malecón”. Se notó la ausencia de líderes.

Luis Manuel Otero Alcántara, Félix Navarro y José Daniel Ferrer, quienes en sus respectivas ciudades intentaron sumarse a las manifestaciones el 11J, fueron detenidos y encarcelados. A pesar del enorme descontento de la población contra el régimen, la disdencia se ha debilitado. Urge que la oposición dé un golpe sobre la mesa. Se necesitan nuevos Biscet, Martha Beatriz, Vladimiro.

Hace poco, mi hija, estudiante universitaria, me preguntó si había valido la pena oponerme al régimen durante 27 años sin conseguir la anhelada democracia. “Los jóvenes no quieren ser opositores. Quieren labrarse un futuro fuera de su país”, me dijo.

Puede que tenga razón. Pero creo que vale la pena seguir intentando una Cuba mejor desde adentro.

Iván García

Foto: De izquierda a derecha, René Gómez Manzano, Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez y Félix Bonne Carcassés (Santiago de Cuba 1939-La Habana 2017). Tomada de Recordando La Patria es de Todos.

lunes, 27 de marzo de 2023

La amenaza rusa se concreta sobre Cuba

 

El castrismo siempre ha sido proactivo, ha sabido adelantarse a los acontecimientos para controlarlos, por eso, a diferencia de otras dictaduras que inmovilizan al oponente mediante terror engendrado con violencia, el castrismo se especializa en prevenir cualquier oposición mediante el control de los símbolos, las relaciones laborales, los mitos, la educación, la comunicación, la semántica, la cultura, y todo lo que impida coordinación y acción grupal, dejando a los cubanos, aun en sociedad, aislados entre hipocresía y desconfianza.

Ese monopolio y manipulación de la información que permite un control social tan efectivo es la base del totalitarismo, un Gobierno omnipresente que media toda relación humana y, como Ojo de Saurón, envía sus orcos —policías, chivatones, militares, jueces, burócratas— para abortar cualquier conato de oposición apenas surja, sin esperar que madure.

Digitalizar el comercio no es más que llevar ese control social a un nivel superior, con lo que los rusos no estarían proponiendo nada que el castrismo no esté intentando hacer hace años. Solo que, por falta de recursos, no ha podido conseguirlo.

Desde febrero de 2017 el Consejo de Ministros aprobó la "Política Integral para el Perfeccionamiento de la Informatización de la Sociedad en Cuba", y como afirma Cubadebate, vocero digital oficial del régimen, "uno de los sectores fundamentales para su implementación es el comercio electrónico". Lo que confirmaba el propio Miguel Díaz-Canel en 2021: "El comercio electrónico llegó para quedarse. La vida nos ha demostrado que tenemos que ir al comercio electrónico de inmediato”

Pero en un sistema totalitario "comercio electrónico" no es Amazon, PayPal o eBay, sino plataformas estatales, únicas autorizadas, que usan solo medios de pagos estatales. Sin temor a parecer impositivo, el medio ruso que publica la noticia afirma: "Los participantes en la discusión enfatizaron que, en el marco del concepto, las criptomonedas en Cuba no deben circular".

Según Andrey Vanin, ex vicepresidente senior de Sberbank: "En Rusia se han creado terminales de pago inteligentes que aceptan cualquier método de pago. También son cajas con fiscalización en línea para las autoridades fiscales. Los negocios se han vuelto sin papel".

Y si no hay dinero en efectivo desaparecerá el mercado negro (al menos como lo entendemos hoy), lo que acabará con todo anonimato y posibilidad de resistir las políticas económicas predatorias del castrismo. Además, este sabrá con mucho detalle cómo vive cada cual, de dónde le llegan los recursos y cómo los gasta, dónde estuvo o a quién vio. Así habrá desaparecido cualquier vestigio de libertad en la Isla, y el Estado, final y definitivamente, será dueño de cada cubano.

Puede parecer lejano el momento en que la empobrecida Cuba llegue a ese nivel, pero lejano no es imposible, y es sintomático que sea por ahí, una medida económica con tanta connotación política, por donde comienza el "asesoramiento" ruso. No debe minusvalorarse la resolución y ansia de poder de los herederos de Fidel. No comprender a tiempo cómo Castro demolió la sociedad civil nos ha costado 64 años de dictadura, muertes, separaciones, dolor… No cometamos el mismo error.

Para afianzar la estabilidad interna de su portaaviones caribeño y mantenerlo gobernado por este grupo dispuesto, una vez más, a ponerse bajo su tutela, Rusia podría financiar la bancarización y digitalización monetaria que tanto anhela el castrismo. ¿Sería demasiado caro?

Caro es, pero parece que los rusos ya hicieron sus cálculos y les da la cuenta, pues van muy en serio. "El papel de los bancos en el sistema descrito es muy importante, son ellos quienes crean la plataforma en la que se basa el sistema", especificó Boris Titov, mafioso jefe de la delegación. Quien agregó: "por eso, proponemos crear en Cuba un centro especial de liquidación con licencia bancaria". Algo así no se propone u ordena sin haberse estudiado y analizado profundamente y desde hace tiempo, más cuando, probablemente, sean ellos, los rusos, quienes tengan que pagar para equipar a Cuba con esta tecnología.

Y es que saben que bancarizar y digitalizar la sociedad es extraordinariamente rentable, pues no solo disminuye costos de emisión, transporte y resguardo de dinero físico, sino que reduce costos de transacción, agiliza los intercambios, provee fiabilidad y minimiza conflictos. Además, permite controlar los mercados y potenciar la recaudación fiscal. Económicamente, la bancarización se paga sola, y si a eso le adicionamos el control social que le permite a un Gobierno totalitario, se comprende por qué los rusos, educados en el KGB, quieren comenzar por ahí… para regocijo del castrismo.

Lamentablemente, todo esto se hará con los aplausos de los reformistas (algunos se hacen llamar independientes) que quieren una Cuba más próspera aunque no tenga libertad; es decir, más pollo y aceite bajo el castrismo. Los mismos que se alegran con leyes de MIPYMES, ovacionarán esta modernización financiera y harán loas de las posibilidades que abre para la economía nacional.

Pero como a Martin Luther King, no deberían preocuparnos tanto los gritos de los violentos, de los corruptos o de los deshonestos. Lo más temible es el silencio de los buenos, y hay demasiados cubanos buenos callando hace demasiado tiempo. Ojalá ante esta nueva amenaza, este nuevo abrazo del oso de la Siberia, se alce su voz.

Rafaela Cruz
Diario de Cuba, 1 de febrero de 2023.
Foto: Ojo de Saurón. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 20 de marzo de 2023

El bandazo putinesco de los mandamases castristas

Los mandamases que pretenden ser la continuidad del régimen de Fidel Castro, han conseguido serlo en la tozuda insistencia en los disparates y las políticas fallidas. Y también en cuanto a los bandazos económicos.

En el que están a punto de empeñarse ahora, supera a los más abruptos de los que dio el Comandante: un programa de reformas para transformar la economía cubana basándose en el desarrollo de la empresa privada y tomando como modelo a la Rusia de Vladimir Putin.

Lo anunció a la agencia Interfax, luego de la reunión que sostuviera con el presidente y primer secretario del Partido Comunista cubano Miguel Díaz-Canel, el economista ruso Boris Titov, un empresario millonario que se define como “liberal de derecha”, y que es uno de los principales asesores del presidente Putin.

El programa de reformas será asesorado por el Instituto de la Economía de Crecimiento Stolypin, un think tank creado en 2016 que lleva el nombre de Piotr Stolypin, quien fuera premier y ministro del Interior del zar Alejandro II hasta su muerte, ocurrida en un atentado cometido por revolucionarios, en 1911.

No se sabe cómo rayos digerir esto. ¿Desarrollo de la empresa privada cuando más hablan los mandamases castristas de fortalecer y privatizar la empresa estatal socialista? ¿Reformas proto-capitalistas asesoradas por un think tank conservador que lleva el nombre de un premier zarista que, aunque emprendió reformas en la agricultura rusa, se opuso ferozmente a toda liberalización política y fue un represor tan sanguinario como ministro del Interior, que se decía que a los que ahorcaban les ponían “la corbata de Stolypin”?

¿No sería el socialismo de mercado chino o el vietnamita más afín con el discurso socialista al que se mantienen aferrados los mandamases del neocastrismo? Con este golpe de timón a la derecha, ¿qué será de la irreversibilidad e intangibilidad del sistema socialista que dice la constitución cubana?

No deberían estar consternados con este giro a la derecha los ilusos que todavía esperaban por un socialismo participativo y democrático. Esta jugada putinesca se veía venir. Ahora, los oligarcas en ciernes de GAESA y los burócratas mafiosos cómplices suyos no tendrán que disimular la piñata, ni desgastarse hablando de justicia social y otras zarandajas en las que nunca creyeron.

¿Cómo se sentirán, si los privan del discurso marxista-leninista, los ancianitos retranqueros y demás fósiles de la ortodoxia comunista que quedan en el Comité Central y el Buró Político? Porque ellos no están engañados como el puñado de zoquetes que todavía creen que la Rusia que agrede a Ucrania y aspira a reconquistar su imperio sigue siendo la Unión Soviética.

Ellos saben que Rusia es capitalista, que lo único en común que tiene Putin con los comunistas es el desprecio a la democracia y el odio a los Estados Unidos. Es más, no tienen dudas de que Putin está mucho más cerca del fascismo que del comunismo, y de que es un gran hijo de puta, solo que es su hijo de puta, el que les conviene tener de aliado, problemas ideológicos aparte, a ver si los ayuda a salir del atolladero en que están metidos.

Si la Rusia de Putin va a ser el modelo de las reformas que se proponen emprender los mandamases de la continuidad, ya sabemos lo que viene.

Les cuento cómo será el remake cubano de la película rusa: vendrán las privatizaciones y los militarotes de las FAR y el MININT se meterán a empresarios. Los principales jefazos comunistas se convertirán en millonarios oligarcas que salpicarán a sus allegados y seguirán exprimiendo al pueblo.

El problema es que, a diferencia de Rusia, donde había mucho para robar, en Cuba, luego de 64 años de desastres, apenas habrá qué repartirse en la piñata. Si acaso, poco más que las remesas de los emigrados, el dinero del turismo y de los médicos alquilados. Así que ya veremos.

Luis Cino
Cubanet, 24 de enero de 2023.
Foto: Cartel en La Habana saluda la visita de Vladimir Putin a Cuba en diciembre del 2000. Catorce años después, en julio de 2014, viajaba de nuevo a la isla. Imagen tomada de CubaNet.

lunes, 13 de marzo de 2023

Modelo ruso en Cuba... ¿será posible?

 

Rusia no es sólo un "capitalismo de compadres" donde empresarios enchufados al Gobierno controlan como monopolios o cárteles empresas y mercados antes estatales. Si es mejor ser ruso hoy que soviético ayer, es porque amplios sectores económicos liberalizados y competitivos han desarrollado las potencialidades locales y, por supuesto, atraído franquicias y sucursales de cientos de multinacionales occidentales que han llevado prosperidad e inversión al país eslavo.

El nepotismo que da fama al modelo ruso, en realidad está relativamente limitado a sectores "estratégicos" para el Gobierno —no para el pueblo—, fundamentalmente banca, comunicaciones, industria pesada (incluyendo armamento) y, por supuesto, hidrocarburos.

Esa yuxtaposición de una economía relativamente liberada como base amplia y una economía estatal —aunque teóricamente privada—, concentrada en sectores específicos pero con un peso enorme en el ingreso fiscal, es lo que equilibra el modelo ruso: el Estado es, gracias a los ingresos de los hidrocarburos, financieramente independiente del resto de la economía, contando con recursos suficientes para costear un modelo dictatorial que solo rinde cuentas formalmente al pueblo, pero sin meterse demasiado en la economía de las familias.

Sin esas reservas casi infinitas de hidrocarburos explotadas por empresas "privadas" directamente dependientes del Kremlin, el Gobierno ruso no habría podido desentenderse del resto de la economía, pues los poderes allí surgidos le habrían disputado el control político, como hicieron los oligarcas durante la transición de Yeltsin a Putin, hasta que, gracias a los ingresos del petróleo más su sicopatía, este último pudo concentrar nuevamente un poder que se estaba disgregando.

Para injertar ese modelo en Cuba se necesitaría también un sector lo suficientemente productivo como para que el castrismo pudiera, monopolizándolo, independizar sus ingresos del pueblo, lo que le permitiría entonces concentrarse en aquellos sectores clave para mantener el poder —banca, comunicaciones, industria pesada—, y a la vez dejar bastante más libertad para vender pan con timba, remendar zapatos o regentar un hostal, así como privatizar muchas de las empresas estatales o mantenerlas funcionando como tapadera para subsidir MIPYMES enchufadas.

Sin esa gallina de los huevos de oro propia, el Gobierno no tendría recursos para mantener su aparato propagandístico; sus órganos represivos que incluyen policías, militares, diputados y poder judicial; no podría mantener su inevitablemente inmensa burocracia, ni tendría un nivel suficiente de prebendas para garantizar la paz en una cúpula gobernante cada vez más aficionada a los lujos del capitalismo.

Sin esa gallina de los huevos de oro propia, el Gobierno no puede permitir que una dinámica económica liberal fomente la sociedad civil y surjan agentes independientes demasiado influyentes, porque incluso los que comiencen a enriquecerse como fieles al Gobierno, pueden eventualmente, una vez enriquecidos, confrontarlo.

En definitiva, sin un sector que permita ingresos fiscales centralizados e independiente al resto de la economía no hay "modelo ruso", el castrismo estará condenado a convivir con el pueblo y, por lo tanto, a mantenerlo en un rango de miseria no tan bajo para evitar el estallido social, pero suficiente para impedir que nazca una sociedad civil próspera, independiente e internacionalmente conectada, que pueda tener veleidades políticas.

El azúcar podría haber sido esa fuente de recursos. A un precio promedio de 20 centavos la libra, una producción de siete millones de toneladas —algo perfectamente sostenible para las condiciones de Cuba— representaría más de 3.000 millones de ingresos anuales, lo que sería más que suficiente para que el castrismo costeara su poder absoluto en Cuba y, sin temor, diera "vida" al resto de la sociedad.

Pero la estatización y Fidel Castro destruyeron una tradición de 200 años, y ahora, incluso aunque el Gobierno privatizara el sector azucarero, éste está demasiado descapitalizado tanto en lo físico como en lo humano, además de que ha perdido cuotas de mercado y economías de escala, con lo que es impensable recobrar producciones importantes.

Perdida el azúcar, quizás ahora se entienda por qué el castrismo ha estado, sin justificación económica racional, invirtiendo de manera desmedida en turismo, a costa de descapitalizar el resto de sectores productivos, erigiendo modernos hoteles entre las ruinas de una Habana decrépita.

Muy posiblemente, los gobernantes cubanos hayan apostado a convertir el turismo en ese sector, centralmente controlado mediante oligarcas tropicales aliados a empresas extranjeras, que propicie la independencia financiera del régimen con respecto al pueblo, y permita dejar los huesos de la economía nacional relativamente liberada, mientras lo gordo queda en manos del Gobierno y sus acólitos, aparentemente privatizado.

Sin embargo, aunque gracias a esa exagerada inversión el turismo es ya decisivo para los ingresos del país, no es ni de lejos ese sector potente que podría servirle a la mafia de La Habana como los hidrocarburos a la mafia de Moscú, y no lo será mientras los norteamericanos no puedan visitar libremente Cuba.

Si el castrismo se anima a dar pasos acelerados hacia un "capitalismo de compinches" —de momento los está dando de forma muy tímida mediante las MIPYMES— sin tener condiciones para ello, no será un modelo ruso lo que obtendrá, sino un modelo centroamericano, en el que instituciones débiles y profundamente corruptas mantienen al Estado secuestrado por oligarquías extractivas. En su intento de imitar a Rusia, el castrismo podría fracasar de modo tan estrepitoso como en su intento de imitar a la Unión Soviética.

Rafaela Cruz
Diario de Cuba, 28 de enero de 2023.
Ilustración de Alen Lauzán titulada Plaza de la Transformación. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 6 de marzo de 2023

El castrismo apuesta por el modelo ruso

 

El motor del desvencijado Lada 2107 de la era soviética no quiere arrancar. Un mecánico con su overol azul manchado de grasa abre el capó y examina los fusibles. Luego de revisar el carburador, le grita al chofer que lo vuelva a intentar. Esta vez el auto enciende. El operario se limpia las manos con una estopa ennegrecida y Augusto, militar retirado, le entrega un fajo de billetes de 200 pesos por la reparación.

“Estuve en las FAR hasta 1998. Me licencié con el grado de capitán. Fui especialista en defensa antiaérea y pasé un curso de un año en la antigua URSS. Eso fue a finales de 1988. Era la etapa de la perestroika y la glasnost. En aquellos años, en la Unión Soviética imperaba la corrupción, el amiguismo y una burocracia monumental. Sin contactos ni ‘regalos’ no conseguías nada”, dice Augusto, mientras conduce por la Calzada Diez de Octubre, al sur de La Habana.

“Entonces en Moscú no habían aparecido los oligarcas multimillonarios de ahora, pero cuando tú visitabas las casas y dachas de descanso de altos oficiales del Ejército y de la nomenclatura del partido comunista, que vivían rodeados de lujos y comodidades de la vida occidental, te dabas cuenta que detrás de las reformas supuestamente liberales de Gorbachov estaba agazapada una casta de funcionarios, militares y oportunistas de ocasión que habían ganado un montón de dinero saqueando el erario público del país”, recuerda Augusto.

En su opinión, “el actual panorama político, social y económico de Cuba se asemeja muchísimo a los últimos años antes de la caída del comunismo soviético, cuando hubo una lucha de poder para apartar a los viejos dinosauros del PCUS que eran fósiles de la Guerra Fría. Los que llegaron al Kremlin relegaron la anquilosada narrativa del realismo socialista, le dieron un ligero barniz democrático a las instituciones y denunciaron los crímenes de Stalin. Pero muchos de ellos, ex agentes de la KGB, como Putin, no era ni son demócratas. Son nacionalistas retorcidos con ansias imperiales. Lo más cercano al fascismo”.

El otrora capitán de las FAR reconvertido en taxista privado, considera que “lo sucedido en la antigua URSS deja lecciones que no debiéramos olvidar. Cuando se emprenden reformas hay que demoler las estructuras del viejo régimen. Si los actuales mandatarios de la isla apuestan por el modelo ruso de Putin, es porque ya se repartieron la piñata: o sea las parcelas del poder y los más lucrativos negocios. Entonces, olvídate de democracia, porque todo el pescado ya está vendido”.

El anuncio del multimillonario derechista ruso Boris Titov, de que el régimen presidido por Miguel Díaz-Canel dará inicio a una reforma económica tomando como modelo a la Rusia de Putin, pasó inadvertido para amplios sectores de la sociedad cubana. La creación de un programa de reformas para la economía cubana bajo la asesoría del Instituto de la Economía de Crecimiento Stolypin, un 'think tank' ruso que “preparará transformaciones económicas en la Isla basadas en el desarrollo de la empresa privada”, más que preocupante, es una noticia escandalosa.

Preguntado al respecto, Yoel, dueño de una cafetería, dijo que si un cambio de modelo económico elimina las privaciones materiales y la falta de futuro de los ciudadanos en Cuba, “la aprobarían con las dos manos levantadas. Son demasiados años de carencias, falsas promesas y mentiras. La gente no aguanta más. La mayoría de la población no entiende las interioridades políticas ni sabe cómo funciona una democracia. Lo que quiere es ganar salarios decentes, que comer no sea un lujo y poder abrir un negocio sin que el Estado te etiquete de presunto delincuente. Le da igual que se implemente el modelo, ruso, chino o vietnamita. Lo que quiere es ver las vidrieras repletas, tener una vida digna y esperanzas de prosperar”.

Sin consultar con el pueblo, la dictadura se abroga el derecho a elegir un modelo económico foráneo. El régimen tiene prisa. El agua le llega al cuello. La incapacidad para producir alimentos y bienes y la desastrosa gestión de los servicios públicos básicos, ha provocado una caída libre al precipicio. El modelo cubano es calcado del soviético. Desde los grados militares hasta la Constitución de 1976 (una reproducción de la carta magna aprobada por el dictador Stalin en 1936) ha sido un copia y pega de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Fidel Castro aprobó inversiones capitalistas y bolsones de economía de mercado porque necesitaba sobrevivir, no porque las deseara. Conocía la importancia de mantener una narrativa antiyanqui y contra el 'bloqueo' (embargo estadounidense) para justificar el déficit productivo y las penurias que padecen los cubanos por la ineficiente y pésima gestión gubernamental.

La revolución fidelista fue una puesta en escena que priorizó el odio político a lo interno y a lo externo. Esa confrontación buscaba fragmentar la sociedad en revolucionarios y contrarrevolucionarios. Partidarios y enemigos. La economía y la calidad de vida de sus ciudadanos pasaron a un segundo plano. La tertulia ideológica y la adulteración de la historia nacional siempre fue más importante.

Las doctrinas soviéticas se adecuaban a los intereses de Fidel Castro y su comparsa de ramplones funcionarios del partido. Las reformas económicas siempre fueron muy limitadas. Y los negocios privados vigilados y controlados por la cuchilla fiscal. En la biblia política del castrismo se prohíbe la acumulación de capital y propiedades por parte de los emprendedores locales.

A las firmas extranjeras se les permite negociar sólo con empresas estatales. Pero como el modelo productivo de la autocracia verde olivo es incapaz de poner comida sobre la mesa de los cubanos y confeccionar productos de calidad, no les queda otra que optar por inversiones foráneas. Siempre con cautela. Abren un resquicio de la puerta, pero le ponen el pie detrás para trabarla. Temen que las reformas los superen.

Ya el modelo castrista está agotado. Debe pasar la página. Lo ideal sería elegir un modelo democrático, pero existe un ‘pequeño problema’. En naciones como Barbados, Finlandia o Suiza, el pueblo elige a sus gobernantes, existen libertades económicas y políticas, un sistema jurídico independiente, las instituciones tienen que rendir cuenta y los funcionarios públicos se deben a sus electores, no a la inversa.

Implementar reformas siguiendo el modelo ruso, además de un gesto lacayuno, deja entredicho la reputada soberanía nacional de la que tanto gusta alardear al régimen cubano. Los analistas de la prensa estatal , dependiente del departamento ideológico del partido comunista, especializados en desinformar sobre la guerra de Rusia contra Ucrania y difundir informaciones como la escasez de huevos en Estados Unidos, de momento guardan silencio.

El futuro de Cuba se está dirimiendo en los salones del Palacio de la Revolución mientras la gente se desgasta haciendo largas colas para comprar un pomo de aceite o paquete de salchichas. En el aire muchas interrogantes.

A propósito de la visita de Boris Titov a La Habana, un comunicado de Cuba Siglo 21, un laboratorio de ideas radicado en Madrid, sobre la creación de un Centro de Transformación Económica ruso-cubano para preparar los cambios en la economía de la isla, afirmaba que se confirman los pronósticos de que el régimen que preside Díaz-Canel quiere "modernizar su Estado mafioso bajo supervisión y en estrecha alianza con el enemigo inmediato de Occidente en este momento, la Rusia de Putin".

Por su parte, en Diario de Cuba aparecían las declaraciones de la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, quien en una conversación online con Atlantic Council dijo que "Rusia, el adversario número dos de Washington en América Latina, tiene relaciones con Cuba, Venezuela y Nicaragua" por lo cual su mando mantiene bajo estrecha atención. Sobre la influencia rusa en el hemisferio, Richardson hizo énfasis en la desinformación que prevale en el área. Para ilustrarlo, mencionó que en Latinoamérica hay 30 millones de seguidores de Sputnik Mundo y Russia Today en español, medios oficiales del Kremlin.

¿Díaz-Canel está entregando la economía nacional para reformarla o es en pago a la deuda millonaria que tiene con Rusia? ¿Qué no sabemos? Quienes escogieron esa opción, conocen de primera mano el precario estado de las finanzas y la descapitalización del sector productivo, pero deben estar conscientes que están hipotecando el futuro de los cubanos, concediéndole prerrogativas a un gobierno expansionista.

Rusia no es precisamente el alumno aventajado de la clase capaz de asesorar en temas económicos. Su economía es esencialmente extractiva. Y probablemente los bienes de valor agregado que más le importan son los que producen armas.

Aplicar en Cuba el modelo de Putin es apostar por el caballo perdedor. Tal vez sea un mensaje de ida y vuelta para presionar a la Casa Blanca y sentarse a negociar. ¿A qué está jugando el régimen? Pero es evidente que están desesperados.

Iván García
Foto: Plaza Roja de Moscú. A la derecha, la torre Spasskaya del Kremlin, en el centro, el monumento en bronce a Dimitri Pozharsky y Kuzman Minin, y a la izquierda, la Catedral de San Basilio. Tomada de Euroactiv.

lunes, 27 de febrero de 2023

"En La Habana todo el mundo quería estar"


"Pude tener en mis manos un poco de lo que fue La Habana de antes de 1959, una capital en donde todo el mundo quería estar. No había ciudad en el mundo que tuviera la vida nocturna agitada de La Habana. Ahí vi los mejores cabarets, con los mejores shows, había mucho glamour, todo siempre estaba lleno. La Habana era un hervidero. Cuando llegué me quedé fascinado, yo he viajado mucho, y eso sólo me pasó con La Habana", cuenta el músico Meme Solís.

José Manuel Solís Fernández es el nombre completo del fundador del cuarteto Los Meme, icónico en los años 60. Solís, "un flaco que tocaba bien el piano", llegó a la cima de su carrera en Cuba, donde trabajó con artistas como Farah María, Rosita Fornés, Las D’Aida y Elena Burke, con cuya hija, Malena, todavía trabaja.

Solís empezó a tocar piano con seis años en Santa Clara, una ciudad en la que un tiempo después empezó a sonar su nombre, por su talento. Aún siendo muy joven, acompañó a Olga Guillot en el piano, en la inauguración de un teatro en Santa Clara. "Ese fue el impulso para que me decidiera a ser artista. Nunca pensé en dedicarme al arte profesionalmente, tocaba bien el piano, pero no creía que fuera para tanto", confiesa Solís, radicado en Nueva York.

Em 1958, un año antes de la llegada al poder de Fidel Castro, Solís llegó a La Habana, y su habilidad con el piano le fue abriendo las puertas del mundo más exquisito de la cultura cubana de la época. En 1960 crea el cuarteto Los Meme, por la insistencia de Moraima Secada, quien se había quedado fuera del popular grupo Las D’Aida.

"La popularidad de Los Meme tocó cima en 1964, cuando compuse la canción 'Otro amanecer' y ya entra Farah María. Con ella, junto a Miguel Ángel Piña y Héctor Téllez, triunfamos de una manera exponencial. Creo que la clave fue el amor que le teníamos al cuarteto. Estuvimos en el show de Josephine Baker, que abría Bola de Nieve, ellos eran muy amigos desde París. La gente quería ver a Josephine y nosotros íbamos delante de ella, pero aun así no nos dejaban marchar, querían oírnos más", recuerda Meme.

Los éxitos se acumulaban para Solís, quien asegura no haberse dado cuenta de la popularidad que tenían. En 1962, el pianista fundó en Radio Progreso, junto a Elena Burke y el compositor y cantante Luis García, el programa A solas contigo. Durante los ocho años en que Meme Solís actuó en ese espacio, se estrenaron obras de Pablo Milanés, Marta Valdés, Ela O’Farrill, Piloto y Vera, y otros compositores cubanos de varias generaciones.

El final de la carrera de Meme Solís en la Isla, aun cuando era adorado por el público de la época, se vio precipitado por su falta de interés en formar parte del nuevo sistema político. "No podían permitir que uno de los artistas más reconocidos de la época no estuviera integrado al sistema. Me sacaron del mundo de la cultura y no me dejaron salir de Cuba por 17 años. No estuve preso como muchos dicen, pero sí fueron años dolorosos, de los que salieron muchas composiciones. Las canciones que han tenido más éxito son las de dolor", confiesa Solís.

El compositor logró salir hacia Madrid por la presión que ejerció su familia en España, que llegó incluso a oídos del entonces presidente Felipe González. En una visita a Cuba, González llevó una lista de ex presos políticos, cuyas salidas de la cárcel y el país quería solicitar, y en ella incluyó a Meme. Así fue como se acabaron esos años de aislamiento para el compositor.

Sobre si le gustaría volver a presentarse en Cuba, Solís dice que sería un sueño volver a actuar en Tropicana, en la Ciudad Deportiva, pero sólo si no sigue el Gobierno que actualmente está en el poder.

Wendy Lazcano
Diario de Cuba, 3 de enero de 2023.

lunes, 20 de febrero de 2023

Cruzar La Habana bajo el agua



La Habana es la única ciudad de Cuba que tiene túneles subacuáticos. Este es un dato interesante que apunta al desarrollo automovilístico que alcanzó la capital en la década de los 50. Para entonces se evidenciaba un notable volumen de automóviles de distintas marcas, sobre todo norteamericanas, que circulaban por la ciudad conducidos por hombres y mujeres. A esto se sumaban los autobuses, que como principal medio de transporte público colectivo habían sustituido en la década anterior al tranvía eléctrico.

Hacia 1955, La Habana tenía cerca de un millón y medio de habitantes, y estaba inmersa en una fiebre constructiva que ampliaba el perímetro de la capital y rellenaba su espacio metropolitano. La gran velocidad con que se fomentaba su completamiento constructivo, agudizaba varios conflictos anunciados con anterioridad por los arquitectos cubanos, que no habían sido resueltos por la falta de un plan que ordenara a escala de ciudad aspectos medulares como la incorporación de grandes áreas verdes y de una red de avenidas modernas.

Existían regulaciones urbanas que normaban la construcción de los repartos, es decir, la urbanización de los terrenos privados o estatales. Estas ordenanzas con alguna enmienda eran las mismas aprobadas en 1861. Esto hacía impostergable el diseño de un plan director que conectara, de manera expedita y acorde al creciente tráfico automovilístico, puntos distantes de la capital. Para ello se contrató, entre 1955 y 1958, al reconocido arquitecto y urbanista español Josep Lluis Sert. Sin embargo, su Plan Piloto para La Habana nunca llegó a realizarse ya que el Gobierno Revolucionario llegó con otros intereses.

En espera de un plan general que mejorara la movilidad en la capital, en la década de 1940 se habían remozado y transformado para ganar amplitud, antiguos caminos coloniales y calles por las que antes circulara el tranvía. Estas aún son avenidas fundamentales de la ciudad, como las calles Línea y 23, en el Vedado; las avenidas 31, 41 y 51, en Playa y Marianao; y las calzadas de Diez de Octubre y Luyanó.

En la segunda mitad de esa década, se construyeron los ejes viales de Agua Dulce y Vía Blanca, esenciales para el desplazamiento en el interior de La Habana y como prolongación hacia la provincia de Matanzas y las playas de Varadero, favoreciendo entonces la explotación turística de la zona y atravesando atractivos terrenos de expansión inmobiliaria. En 1951 también se amplió y modernizó la avenida Rancho Boyeros.

Para mantener una fluida comunicación vehicular, en su avance urbanístico La Habana debía salvar la insuficiente infraestructura vial, además de dos accidentes geográficos fundamentales: el río Almendares y la bahía. El primero contaba con varios puentes que enlazaban con el oeste de la capital: el Puente del Tranvía (1903); el de Asbert (1908-1911), también llamado Almendares; y el de Pote (1921). Excepto el de Asbert, que tiene una amplia arcada de hormigón, los otros dos suponían un obstáculo a la navegación, por lo que su servicio debía detenerse siempre que lo requería el paso de algún barco. Por esa razón y porque no eran suficientes para soportar el continuo y creciente flujo automovilístico, en vez de construir más puentes para cruzar el río, se hicieron túneles.

El nuevo sistema facilitaba una mayor capacidad de circulación diaria e ininterrumpida, a la vez que concedía una marca de modernidad nada desdeñable para una ciudad tan vanidosa como La Habana. El primero fue el túnel que une la calle Línea con la avenida 31. Se diseñó para una capacidad de 2.500 vehículos por senda por hora, y fue obra del ingeniero cubano José Menéndez Menéndez. Este túnel sustituyó al Puente del Tranvía, cuya estructura fue recolocada y ampliada años más tarde, entre las calles 11 del Vedado y 7ma de Playa, mientras se construía el segundo túnel bajo el Almendares. Popularmente conocido como Puente de Hierro, allí permanece al servicio de coches y peatones.

El túnel que vincula la calle Calzada del Vedado con la avenida 31 de Marianao, fue construido entre 1958 y 1959, y sustituyó al Puente de Pote. Tiene la misma capacidad que el de Línea y un calado libre de 3,60 metros, permitiendo el paso a embarcaciones menores. Es el único que posibilita la circulación a peatones. Fue realizado por la Société des Grands Travaux de Marseille, contratista francesa especializada en este tipo de obras, y por la parte cubana dirigido por el ingeniero Pedro López Moreno.

Anteriormente esta misma compañía, junto a Menéndez Menéndez, tuvo a su cargo el túnel que salvó la barrera de agua que suponía la bahía en la expansión de La Habana hacia el este. Hasta su construcción, entre 1955 y 1958, era la Vía Blanca el principal enlace terrestre hacia esa zona, lo que implicaba bordear la bahía. El nuevo túnel permitió el acceso directo y en pocos minutos, con una capacidad de 60.000 vehículos al día. Tiene además un calado libre de 13 metros, que posibilita el trasiego del puerto. Solo los cargueros más modernos no pueden entrar pues requieren mayor profundidad. No obstante, el túnel de la bahía ha sido compatible con la evolución de varios tipos de embarcaciones durante los 50 años de más intensa renovación tecnológica en el mundo.

En su época tuvo una amplia cobertura en la prensa nacional e internacional, donde se hablaba del túnel que unía el pasado y el futuro. Simbólicamente así fue representado en el diseño de sus dos accesos. Del lado este, la boca del túnel respondió a la limpieza formal del racionalismo, siendo su elemento más destacable los tres arcos laminares que cubren la entrada. En la Habana Vieja, el acceso al túnel llevó un trazado más complejo en torno a una gran glorieta-parque de diseño academicista que presidió el monumento al General Máximo Gómez.

A pesar de conectar las dos riberas de la bahía en uno de sus puntos más estrechos, resultó una obra de gran complejidad estructural que debió mantener accesible el tránsito marítimo. Resulta tan impresionante en su estructura como en su proceso constructivo, durante el cual solo se interrumpió la circulación de embarcaciones en cinco ocasiones, y por menos de 12 horas. Ha sido por ello reconocido como una de las joyas de la ingeniería civil en Cuba.

Junto a los túneles que atraviesan el río Almendares, deben entenderse como tres obras contemporáneas que responden a un proceso constructivo y objetivos afines, que dotaron a La Habana de tres estructuras sui géneris para el contexto cubano.

Yaneli Leal
Diario de Cuba, 30 de octubre de 2022.
Foto: Entrada al túnel de la Bahía de La Habana. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 13 de febrero de 2023

Pensando en La Habana



Pensar la ciudad a gran escala es una tarea compleja y muy necesaria. Requiere un gran conocimiento técnico y también del territorio sobre el que se actúa, y mucha creatividad, pues con este ejercicio se crean estructuras y elementos muchas veces inéditos en el contexto donde se trabaja.

La Habana que hoy tenemos es el resultado de la inventiva de urbanistas, arquitectos e ingenieros de todos los tiempos que, siguiendo las regulaciones vigentes y las ideas más avanzadas de su momento fueron conformando su tejido, salvando accidentes geográficos y ordenando las funciones presentes en el territorio.

Es resultado también, claro está, del interés que han puesto en ello los diferentes gobiernos, ya que la implementación de los macroproyectos ha dependido forzosamente de la aprobación y financiación gubernamental.

Normalmente, los principales retos han estado asociados al diseño de la red vial, y a la disposición de los espacios libres, de los centros productivos y de aquellos que implican gran actividad pública como los comercios, centros hospitalarios, educativos, etc. De los tiempos coloniales, en La Habana tenemos obras monumentales como el cementerio de Colón (1871), que por su tamaño y ordenación puede considerarse un barrio o reparto como cualquier otro. Luego estuvo la construcción del Malecón cuyo completamiento desde el Castillo de La Punta hasta la desembocadura del Almendares, incluyendo la Avenida del Puerto, tomó toda la primera mitad del siglo XX y significó el rediseño y modernización del litoral norte del antiguo municipio La Habana.

Inicialmente llamado Avenida del Golfo, el Malecón permite el desplazamiento expedito entre los barrios del El Vedado, Centro Habana y La Habana Vieja, cualifica visualmente el borde costero de esta parte de la capital y ofrece una extensa franja de intercambio social, popularmente reconocida como el sitio por excelencia para la reunión entre amigos, familiares, enamorados…

En las décadas de 1970 y 1980, la zona sur de La Habana incorporó grandes parques con funciones lúdicas, educativas y comerciales que revalorizaron el área y le dotaron de una particular connotación. Allí confluyen el Parque Lenin (1972), el Palacio Central de Pioneros (1979), el Zoológico y el Jardín Botánico nacionales (1984), y Expocuba (1989).

Muchos otros ejemplos pueden surgir al revisar visualmente La Habana actual, sin embargo, también puede resultar interesante indagar en aquellos proyectos que por distintas razones no llegaron a acometerse, pero que atestiguan los grandes planes que en su momento pretendieron transformar la capital.

Todavía en el siglo XVIII, el principal medio de transporte y comunicación eran las embarcaciones, por lo que surgieron ideas tan sui generis como un canal navegable de 91,7 kilómetros de largo para unir La Habana con Batabanó. Conocido como Canal de los Güines, se planteó a mediados del siglo XVIII con el objetivo de transportar la madera de los bosques de esta zona hacia el Arsenal de La Habana.

Como proyecto fue retomado por el conde de Jaruco en 1796, y todavía en 1827, Alejandro de Humboldt lo alababa. El canal permitiría transportar en barcos de vapor y con mayor agilidad hacia los mercados de la capital y el principal puerto de Cuba los productos agrícolas e industriales de una de las regiones más productivas del país. Asimismo, constituía un atajo que evitaba bordear la zona occidental de la Isla, tanto por necesidades defensivas como para el trasiego de las mercancías provenientes de Suramérica. Su construcción habría significado la revalorización del surgidero de Batabanó, que entonces se habría convertido en un importante puerto al sur, conectado directamente con el habanero, y partiendo la Isla en dos partes.

Resulta curioso imaginar La Habana con canales navegables, que por puro azar no tiene, pues fue una idea recurrente. A inicios del siglo XIX se pensaba construir un foso ancho desde el actual mercado de Cuatro Caminos hasta San Lázaro. El primer punto, donde entonces estaba el puente de Chávez, se uniría a la bahía por un canal navegable que allí existía. En aquella época el castillo de Atarés quedaba incluso en una especie de islote, ya que un canal natural le rodeaba.

Todos ellos fueron cegados a inicios del siglo XX. La idea era que La Habana del XIX se convirtiera en una isla, y así tendría por tierra una triple fila de fortificaciones: primero los castillos de Atarés y el Príncipe, luego el foso y por último la muralla. Protegida del lado este por La Cabaña y el Morro sería inexpugnable.

Otro canal que facilitaría la navegación fue imaginado en 1955, en este caso para agilizar el tráfico portuario de la bahía habanera. La idea era conectar el río Cojímar con la bahía, y así el canal natural de la misma serviría fundamentalmente como entrada, y el río, una vez canalizado y dragado, serviría como la ruta de salida hacia el golfo. De esta forma se pretendía descongestionar el estrecho y único acceso de la bahía y ganar tiempo de navegación para los buques mercantes y turísticos, ya que entonces estaba prohibido que dos barcos circularan al mismo tiempo por el canal del puerto. Se decía que esto también ayudaría a limpiar las aguas de la bahía al facilitar su circulación.

Finalmente La Habana no se rodeó de agua, pero en 1968 sí se quiso rodear de café y gandul, por voluntad del Gobierno Revolucionario. El café, aunque era de una variedad robusta llamada caturra, tenía en este proyecto el reto de crecer en distintos tipos de suelos, ya que se pretendía crear una franja productiva de 30.000 hectáreas (19.000 de café) alrededor de La Habana.

A los 50 millones de cafetos intercalados con árboles frutales en el Cordón de La Habana, se sumaron 14 millones de posturas de gandul (alimento del ganado), que requirieron la construcción de 500 kilómetros de cortinas rompevientos para la protección del cultivo. También se debían sembrar 17.000 hectáreas de pasto, 4.000 de cítricos y dos bosques. La incompatibilidad del cultivo del café y el gandul provocó la ruina de un proyecto más voluntarioso que factible.

De aquel plan quedó la lección y el llamado a la responsabilidad a la hora de pensar en grande.

Yaneli Leal
Diario de Cuba, 1 de enero de 2023.
Foto: La Habana cuando se estaba construyendo el malecón en 1928. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 6 de febrero de 2023

Un día cualquiera en La Habana



La pertinaz lluvia que precede a un frente frío comenzó pasada las dos de la madrugada. Cinco travestis, fumando y chismeando, esperan a que escampe sentados en un portal de la desierta Calzada de Diez de Octubre, al sur de La Habana, en el populoso barrio de La Víbora.

Rogelio, un peluquero que ronda los 60 años y vive de la prostitución homosexual, mira al cielo encapotado. El mal tiempo no es una buena noticia para su negocio. Desde hace más de dos décadas un tramo de La Víbora se ha transformado en una pasarela gay a la caza de clientes.

En otras zonas de la ciudad, como en el Parque de la Fraternidad, se prostituyen chicos y chicas. Y algunos vecinos de las inmediaciones rentan habitaciones para parejas por 300 pesos la media hora. En La Víbora es diferente.

Rogelio, más conocida por Marieta, con cierta nostalgia, recuerda que en los años duros del Período Especial, “los maricones que ‘luchábamos’, éramos homosexuales explícitos. Andábamos en grupos de dos o tres siempre con navaja, porque habían cañoneros (violadores) que disfrutaban intimidando a los 'pájaros' (homosexuales). Pero no se cobraba dinero”.

“Era sexo por placer. La zona del antiguo paradero era muy céntrica. Por la madrugada coincidían muchachos que salían de la discoteca El Túnel, con fogosos policías orientales que no tenían mujeres y bugarrones de prisión, que son los peores, pues son abusadores y les gustaba golpearnos. Existía más demanda que oferta. Hubo noches que estuve con tres y cuatro hombres”.

“El sexo, antes y ahora, era en los patios de las escuelas y algunos edificios deshabitados. Después del 2000 fue que se transformó en un negocio. Comenzó a llegar una moralla de gays de barriadas marginales como Párraga, El Moro. Fue cuando se pusieron de moda los travestis. Se cobraba entre 40 y 60 pesos según la modalidad sexual. A los policías no se les cobraba para que nos dejaran tranquilos”.

“Siempre fui un gay abierto. No me gustaba vestirme de mujer, pero a la clientela de la zona les encantan los travestis. Y no podía ser menos. A mi edad, todavía me maquillo y me visto como si fuera Beyoncé. Siempre con un arma blanca encima, los asaltadores abundan”. Rogelio confiesa que se prostituye por necesidad, porque “el incapaz de Díaz-Canel, la crisis económica y la inflación ha puesto todo patas arribas. La peluquería no me da para comer y mantener a una sobrina y su hijo. A veces le digo a mis clientes que no me paguen en efectivo y me compren algo de comer. Una pizza o un pan con cualquier cosa. Estoy pensando vender el apartamento que me dejó mi madre y largarme de este infierno”.

A un kilómetro y medio de La Víbora, en un cruce de avenidas conocido como La Palma, en el colindante municipio Arroyo Naranjo, Misleydis, jinetera, espera afuera de un bar privado por un tipo que la invite a tomar cerveza. Viste una saya imitación de cuero ceñida al cuerpo y tacones de aguja. Fuma un cigarrillo electrónico, “no por snob, es para ahorrar dinero, una cajetilla de cigarros cuesta más de cien pesos”.

Comenzó a prostituirse hace quince años. “Era bonita y tenía buena figura. Cuando empecé a jinetear solo me acostaba con extranjeros. Pero la necesidad me empujó a cuadrar con cubanos que tuvieran un 'baro largo' (bastante dinero). Iba a 'luchar' a discotecas del Vedado y Miramar. No andaba por zonas alejadas del centro de la capital, donde suele recalar la cafotana (lo peor), matadoras de jugada, como les dicen a las mujeres que por muy poco dinero se acuestan con viejos”.

“Mi sueño era el mismo de muchas jineteras. Ligar a un yuma que me sacara del país. Más que dinero quería una visa Europa o Estados Unidos. Pero derroché mucha plata y me enamoré de un hombre que no sirve. Tuve dos hijos, y ahora con 32 años, ya se me pasó el arroz. Los tipos buscan carne fresca. A veces me conformo con un par de tragos y conversar un rato. La realidad de Cuba me supera. Mi plan es emigrar con mis dos hijos. He pensado matarme. Saco fuerzas para poder seguir sobreviviendo en este manicomio”, concluye Misleydis.

A los 17 años, cuando Dian estudiaba segundo año de bachillerato, perdió a su madre a causa del Covid. Se quedó viviendo con sus abuelos en un apartamento interior de cuarenta metros cuadrados. Nunca desayuna, come poco y mal. “Tuve que dejar la escuela para mantener a mis abuelos. He hecho de todo. Desde pinguear (prostituirse con hombres), vender marihuana, ron casero y ropa traída de afuera hasta dealer en un burle (casa ilegal de juego de apuestas). Es la necesidad por un lado y la policía pisándote los talones por el otro”.

“Las dos pensiones de mis abuelos no llegan a cuatro mil pesos y se van en medicinas. Salgo a zapatear el dinero en la calle. Mis abuelos entregaron su vida a la ‘causa revolucionaria’ y ahora se están muriendo de hambre. Todos los días tengo que hacer colas para comprar el pan, esperar si llega el pollo o medicamentos a la farmacia. Es desgastante. Tengo 19 años y no puedo comprarme un par de zapatos ni invitar a salir a una muchacha. Cuando mis abuelos mueran, me voy por Nicaragua, en una balsa o cruzando la selva de Darién. Es mejor arriesgarse a morir por vivir una vida mejor en Estados Unidos u otro país que agonizar en el infierno del día a día cubano”.

Luis Alberto, 47 años, conduce un destartalado Ford de 1948 para ganar un dinero extra. “Soy arquitecto, tengo esposa y dos hijos. Trabajo en una empresa estatal. Cuando termino mi jornada laboral, me pongo a 'botear' en un carro que me alquila un vecino por cuatro mil pesos diarios. A veces termino a las cuatro de la mañana y sin dormir me ducho, me tomo una taza de café y salgo para el trabajo. Mi esposa cuida ancianos, limpia, lava y plancha en casas particulares. Nuestra meta es marcharnos de Cuba el próximo año”.

“Estamos ahorrando dinero con ese objetivo. Es una locura vivir aquí. Ayer estuve en una cola con broncas y fajazones para intentar comprar cinco libras de carne de puerco que vendían por persona. Aquello parecía el circo romano. Los profesionales vivimos como pordioseros. Sobrevivimos en la boca del lobo. Este país no tiene arreglo, es una pesadilla”.

Rogelio, el peluquero homosexual, es fan del cine y siempre quiso tener un romance con final feliz. “Pero esas historias bonitas solo suceden en las películas”. La cruda realidad de Cuba es muy diferente.

Iván García
Foto: Tomada de Radio Televisión Martí.

lunes, 30 de enero de 2023

La canción al servicio del poder

Hace 50 años, el 2 de diciembre de 1972, se fundó en Manzanillo, en la actual provincia Granma, el Movimiento de la Nueva Trova, que significó la institucionalización y definitiva puesta al servicio del régimen castrista del grupo de intérpretes que se dedicaban a la canción de autor.

La plena adhesión al castrismo de los cantautores quedó demostrada en la fecha escogida para crear el Movimiento: la del aniversario del desembarco del yate Granma, en el que en 1956, Fidel Castro, al frente de un grupo armado de 82 hombres, regresó a Cuba para iniciar la insurrección contra el régimen de Batista.

Para reforzar aún más el simbolismo, antes de la reunión en que quedó constituido el Movimiento, luego de la lectura de una pomposa declaración que proclamaba que “la canción es un arma de la revolución”, sus integrantes habían realizado una kilométrica caminata desde Playa Las Coloradas, en Niquero, sitio del desembarco, hasta Manzanillo.

Debido a los prejuicios y aprensiones de los comisarios con la ambigüedad de los textos de algunas canciones, las melenas, la vestimenta y las inclinaciones por la música extranjera de muchos de los cantautores, con la Nueva Trova ocurrió como solía pasar antaño en el campo con muchos niños, principalmente los bastardos: fue reconocida tarde e inscrita oficialmente con años de retraso.

Los que integraron el Movimiento de la Nueva Trova, quedando uncidos a la coyunda oficial, llevaban más de cinco años cantando y componiendo lo que entonces era conocido como “canción protesta” (Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola habían tenido su primera presentación el 18 de febrero de 1968, en la Casa de las Américas).

El surgimiento de estos cantautores en Cuba respondía a un fenómeno mundial. Mucho antes de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, ya existía la canción política y social abordada de modo poético y filosófico en muchos otros países. En Estados Unidos, luego de Woody Guthrie y Pete Seeger, en los primeros años de la década de 1960, surgió el folk con intérpretes como Bob Dylan, Joan Baez, The Kingston Trio y Peter, Paul and Mary.

También existían este tipo de cantautores en España (Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat y la Nova Cançó catalana), Argentina (Atahualpa Yupanqui y la Nueva Canción de Armando Tejada Gómez y Tito Francia), Chile (Violeta Parra), Uruguay (Alfredo Zitarrosa y Daniel Viglietti) y hasta en la Unión Soviética (Vladimir Vysotsky).

Lo extraordinario de la Nueva Trova es que, a diferencia de los cantores de otras partes del mundo, que eran críticos y rebeldes frente a los gobiernos de sus países, los de Cuba servían de voceros y propagandistas del régimen.

Los cantautores de la Nueva Trova, pese a las intenciones que declaraban, no estaban tan estrechamente vinculados al folklore como sus colegas de otros países. Solo Pablo Milanés evidenciaba sus influencias del son, la trova tradicional, el bolero, la guajira y el feeling. Silvio Rodríguez estaba más influido por los Beatles y Bob Dylan que por Sindo Garay, Violeta Parra o Atahualpa Yupanqui, como alegaría posteriormente.

Las inquietantes y muchas veces crípticas primeras canciones de Silvio Rodríguez encarnaron el sentir de una generación de jóvenes cubanos para los que la vida cambiaba vertiginosamente sin que las consignas que repetían bastaran para explicar aquellas transformaciones traumáticas, el sacrificio de su individualidad y la conversión del país en un campamento de trabajo forzado.

Vapuleados por la censura y la intolerancia oficial, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés llegarían a estar tan censurados como el rock. Pablo fue enviado a las UMAP, y Silvio, luego del cierre del programa televisivo Mientras tanto y de su intempestiva interpretación de Resumen de noticias en el Festival de Varadero 70, fue a parar al barco pesquero Playa Girón, para que expiara sus pecados ideológicos.

Ambos cantautores emergieron rehabilitados del castigo, como revolucionarios incomprendidos que reclamaban su turno en la construcción de la sociedad socialista, con sentimiento de culpa y una patética autocompasión a cuestas por “no estar a la altura del momento histórico”.

En 1969, asignar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola al Grupo de Experimentación Sonora, para que hicieran música para películas y documentales, fue el modo que hallaron Haydée Santamaría y Alfredo Guevara, directores de la Casa de las Américas y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), respectivamente, de usar sus poderes e influencias para protegerlos de los vientos inquisitoriales que corrían en vísperas del inicio del Decenio Gris.

El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC fungiría como reformatorio, academia musical, taller experimental y escuela de instrucción política. Cuando se desintegró, ya los cantautores habían probado su incondicionalidad al régimen. Convertidos en los cantores de la Revolución de Fidel Castro, como antes fue Carlos Puebla, en las décadas de 1970 y 1980 fueron ensalzados por la cultura oficial. Así, el espacio dedicado a Silvio Rodríguez en el Diccionario de la Música Cubana fue mayor que el concedido a Ernesto Lecuona.

Durante el Período Especial, los multitudinarios conciertos de la Nueva Trova en la Plaza de la Revolución o la escalinata de la Universidad de La Habana tenían el objetivo de potabilizar para los jóvenes un discurso que ya mostraba señales irreversibles de desgaste. Aquellos conciertos constituyeron el canto de cisne del Movimiento.

Por aquellos días, cantautores como Carlos Varela empezaban a mostrarse agudamente críticos del sistema. En sus abarrotados conciertos, los jóvenes coreaban las canciones y gritaban y aplaudían a la menor alusión a la situación nacional. La ambigüedad en los textos de las canciones de la llamada Generación de los Topos o los Novísimos era ya lo único en común con sus antecesores. Pero eran más irónicos, nihilistas y cínicos. Se había producido una ruptura con la Nueva Trova y sus implicaciones estéticas y políticas.

Las ataduras a la maquinaria estatal, que limitó el talento de muchos artistas y los convirtió en comisarios-burócratas, terminaron por asfixiar a la Nueva Trova y provocar su derrumbe.

De los fundadores de la Nueva Trova solo sobrevive Silvio Rodríguez, que, aunque sigue apoyando al régimen, en su blog Segunda Cita suele evidenciar que ha empezado a distanciarse. No tanto como Pablo Milanés, quien murió el pasado 22 de noviembre en España, y hacía más de 25 años que se mostraba contrario al castrismo.

De la Nueva Trova quedaron muchas buenas canciones. Y también muchas otras cansonas y panfletarias, como las de Sara González y Vicente Feliú, que hoy sólo se escuchan en las ceremonias oficiales, como parte de la liturgia castrista. Es la música obligada en las fechas luctuosas. La melancólica banda sonora para “un viejo gobierno de difuntos y flores”.

Luis Cino
Cubanet, 2 de diciembre de 2022.

lunes, 23 de enero de 2023

Pablo Milanés y la memoria selectiva

Los que todavía hoy, aun después de su partida, reprochan a Pablo Milanés lo que dijo o dejó de hacer en épocas anteriores, tienen una memoria muy selectiva.

La mayor parte de quienes vivieron en Cuba durante las dos primeras décadas de la revolución perteneció a los CDR y asistió a las concentraciones en la Plaza. También son los que, más cercanos en el tiempo, apoyaron de una manera u otra los actos de repudio contra los asilados en la Embajada del Perú o a los que se iban por el Mariel. Ahora son muchos de ellos los que reprochan a Pablo su pasado, pero por nada del mundo aceptan reconocer el suyo propio.

Se podrían comprender las críticas de quienes se fueron de Cuba antes de 1968, cuando, tras la llamada "ofensiva revolucionaria", todo quedó controlado por la élite del Partido-Estado, cuando ya no era posible trabajar por cuenta propia y era imprescindible, para conseguir un empleo, estar integrado en alguna de las llamadas "organizaciones de masa".

Esos no vivieron realmente una verdadera dictadura totalitaria. Pero a quienes la vivieron, hay que decirles: "No pidas a otros lo que tú no fuiste capaz de hacer, ni critiques lo que tú de una manera u otra también hiciste".

Si se dice que Milanés rectificó muy tarde para ponerse del lado correcto de la historia, ¿cuál es, entonces, el momento justo que separa lo "temprano" de lo "tardío"? ¿Acaso el día en que "rectificaron" ellos? Y si nuestro poeta melódico rectificó muy tarde, ¿entonces qué decir de aquéllos que aún no lo han hecho, pero que podrían dar ese paso un día?

Y este es el mensaje que se les está enviando: "Señores represores, continúen reprimiendo al pueblo. Señores policías y soldados, continúen apoyando a la tiranía. Señores intelectuales apologistas, continúen defendiendo el oprobio. Continúen todos ustedes sosteniendo a los grandes responsables de la miseria y la opresión de todo el pueblo, porque, al fin y al cabo, de todas maneras caerá sobre todos ustedes la condena eterna de la historia".

No sé la historia, pero con este mensaje la ignominia se mantendrá mucho más allá de lo que estos mensajeros van a vivir, y los grandes culpables estarán muy contentos con este tremendo servicio que se les está brindando.

Si a los defensores de un fortín sitiado se les anuncia que, una vez tomado, todos serán ejecutados, nadie se rendirá, y la batalla se prolongará, porque todos lucharán hasta la muerte con el costo de muchas más vidas de ambos bandos contendientes, si es que queda algún sobreviviente.

Por otra parte, hay que decir que si estamos luchando por una Cuba donde se respeten todos los derechos y libertades de los ciudadanos, hay que respetar el derecho de aquellos que aún creen en la mal llamada revolución y la defienden sin violar los derechos de los que piensan diferente. Pero a esos otros que en la fila contraria violan esos derechos, hay que enviarles un mensaje diferente, como ese que el glorioso Oswaldo Payá Sardiñas lanzara sobre sus perseguidores: "Hermano, yo no te odio, pero no te tengo miedo".

Siento lástima de los que todavía piden "ahorcar con alambre de púas en matas de guásimas a los culpables de la tragedia cubana", un deseo que generalmente abunda más entre los que menos han sufrido, esos que ignoran las lecciones de la historia y piden repetir los mismos errores que nos llevaron a esta calamitosa situación, los de aquellos que pedían a gritos en las plazas paredón para los supuestos culpables de otros desatinos del pasado y después tuvieron que exiliarse o fueron a parar a las cárceles.

O, peor, como aquel comandante de la Revolución, el doctor Humberto Sorí Marín, firmante del decreto de los fusilamientos que luego fue fusilado por la ley que él mismo redactó. A no pocos inocentes se les arrancó la vida en los paredones en juicios sin garantías procesales.

La historia viene de más lejos. Cuando se decía que no podía haber nada peor que el machadato y, tras su fin, las turbas se lanzaron a las calles a linchar a cualquiera que fuera señalado como "porrista", aunque no fuera cierto, y fueron arrastrados por las calles en un caos generalizado que el propio Machado profetizó al pie del avión que le llevó al exilio, un caos que ha llegado hasta nuestros días. Luego vino algo peor: el batistato. Y muchos dijeron: No puede haber régimen peor que este. Y corrió la sangre, y siguió corriendo después que se impuso otro peor. Y ahora se dice lo mismo.

Basta. Hay que poner fin a esa cadena fecunda de tiranías, odios y represalias, cada vez más oprobiosas, antes de que nos hundamos todos en un mar de sangre. Sobre los puntales de los patíbulos no puede edificarse una república de paz, o como dijera un visionario llamado José Martí sobre los revolucionarios rusos de su época: "El acero de acicate no sirve para martillo fundador".

Ariel Hidalgo
14ymedio, 3 de diciembre de 2022.

lunes, 16 de enero de 2023

Pablo Milanés: vocación de fundar

Hace ya veintinueve años, a mediados de 1993 en pleno Período Especial, Pablo Milanés consiguió crear y liderar la primera organización cultural independiente, autofinanciada y sin fines ideológicos de Cuba.

La Fundación Pablo Milanés era también la primera —y hasta ahora única— entidad privada creada por un artista cubano a partir de sus propios recursos económicos para promover y fomentar la actividad cultural. Resultó ser también la primera iniciativa privada de intelectuales afrodescendientes que ha existido legalmente en Cuba después de 1959.

La fundación como forma jurídica de asociación tenía en la Cuba revolucionaria sólo tres antecedentes en el ámbito cultural; todos con participaciones privadas, pero financiados por el Estado y por tanto bajo su total control: la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, la Fundación Nicolás Guillén y la Fundación Alejo Carpentier. La de Pablo Milanés sería diferente, pues prescindiría del financiamiento estatal, aunque no podía hacerlo de cierto grado de tutelaje.

Desde inicios de la década, Pablo, con un grupo de amigos cercanos, venía dando forma al sueño de crear una institución con capacidad para tener y sustentar un capital propio —algo inédito y polémico en el país hasta el momento— destinada a apoyar y promocionar a los jóvenes artistas emergentes y sus proyectos no solo en la música, sino además en el arte en su sentido más amplio.

De hecho, antes de que la Fundación quedara oficialmente constituída, ya Pablo se había desdoblado en mecenas y promotor, impulsando una posible orquesta sinfónica juvenil dirigida por Leo Brouwer, un movimiento de jóvenes escultores, una casa de la poesía representada por la vanguardia, un proyecto teatral, una orquesta de cámara compuesta por muchachas graduadas de la Escuela Nacional de Arte, al periodista español Mauricio Vicent.

La iniciativa de Pablo se concretaba en momentos en que la crisis económica al interior del país, tras el derrumbe del campo socialista, limitaba la capacidad y los recursos del Ministerio de Cultura y a un nivel superior, compelía al Gobierno cubano a flexibilizar las estructuras productivas y ciertos espacios en las relaciones de propiedad.

Cuando el miércoles 23 de junio de 1993 Pablo Milanés y Armando Hart —entonces Ministro de Cultura— firmaban el acta constitutiva de la entidad, planeaba sobre las cabezas de todos una interrogante: hasta dónde la idea luminosa y trascendental del cantautor lograría permanecer y avanzar en un espacio político y de gestión en el que el Estado ejercía el control más estricto. La distensión parecía no estar dictada por la convicción de su necesidad en el espacio plural que debe ser la sociedad cubana, sino por las circunstancias de la economía.

El capital inicial para crear la Fundación Pablo Milanés se fijó en 160.000 dólares, donados en su totalidad por el cantautor, a los que se sumarían los ingresos que a partir de ese momento generara Pablo en tres vías y que antes iban a las cuentas del Ministerio de Cultura: las giras de conciertos con su grupo, las ediciones discográficas y los derechos de autor.

Según explicó un anónimo colaborador entrevistado en 1993 por el diario español El País, “por sus giras, discos y derechos de autor, Pablo daba anualmente al Ministerio de Cultura cifras de más de seis ceros«, valor que calculaba cercano al 92 % de sus ingresos. Debió batallar duro el cantautor para convencer a las autoridades y que estas cantidades tuvieran otro manejo y destino a partir de ese momento: los fondos de la Fundación.

En cuanto a los proyectos que apoyaría, Pablo fue enfático el día en que se hacía oficial la existencia del sueño acariciado: «La fundación no tiene ningún fin ideológico. Lo que nos importa es la calidad y no la militancia política». De inmediato, la Fundación PM concitó el apoyo de intelectuales y músicos de altísimo renombre tanto en Cuba como fuera. Demostraba así que el ámbito de influencia del cantautor, era ya inmenso.

Además de los fondos financieros aportados, la Fundación PM podía contar con otro capital: el prestigio internacional de Pablo, su poder de convocatoria y su magia para contagiar entusiasmo y atraer eficientes apoyos. A la altura de la década de los 90, la autoridad que Pablo se había ganado más allá de las fronteras cubanas estaba cimentada sobre su enorme y revolucionadora contribución a la música, el compromiso con su país y su nación.

Era ya muy notable el modo en que su impronta se expandió rápidamente desde los años 60, no solo por el continente latinoamericano en pleno auge de un proceso emancipador, sino también en la península ibérica, donde inspira a los jóvenes que despiertan de una prolongada dictadura y se enfrentan a sus efectos en el período de post-guerra.

Pablo había sido capaz de ser continuidad y renovación de la rica tradición de la canción cubana, de su música toda, desde la vieja trova y el son, al feeling, para tejer con hilos perdurables el entramado de su aporte esencial y originario a la llamada Nueva Trova.

Baste dar un vistazo sobre algunos de los nombres que, en apoyo a la Fundación, integraron su Junta de Honor en calidad asesora y consultiva, para aquilatar la altura intelectual y el reconocimiento internacional de quienes la integraron, dispuestos, con el solo pedido de Pablo, a contribuir material y espiritualmente los proyectos que el cantautor auspiciara: Nelson Mandela, Gabriel García Márquez, Leo Brouwer, Alicia Alonso, Mario Benedetti, Manuel Vázquez Montalbán, Chucho Valdés, Alfredo Guevara, Oswaldo Guayasamín, Tomás Gutiérrez Alea, Eliseo Diego, Joaquín Sabina, Eduardo Galeano, Rafael Alberti, Pedro Almodóvar, Teddy Bautista, Luis Eduardo Aute, Antonio Gades, Charo López, Paco Rabal, Joan Manuel Serrat, Miriam Makeba, Harry Belafonte, Chico Buarque, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez, Rigoberta Menchú, Juan Echanove… Sin dudas, el acto fundacional gestado por Pablo Milanés llenaba a todos de esperanza y entusiasmo.

Para 1993, Pablo era luz en mi vida. A través de sus canciones y las de Silvio había descubierto no solo la épica gloriosa y la poesía estremecida de mis tiempos, sino también un lado desconocido de las raíces de mi identidad. Pablo me condujo una y otra vez por las rutas inequívocas de la trova tradicional y del son más raigal.

Por Pablo conocí la voz hermosa de María Teresa Vera, la inspiración adolorida a veces, exultante otras, de Sindo Garay y Manuel Corona; las cuerdas virtuosas de El Albino y Cotán, la crónica montuna y la cadencia sin igual de Compay Segundo.

En tiempos de The Mamas and The Papas, Fifth Dimension, Beatles, Irakere y Van Van, Pablo me hizo hurgar en mi raíz y descubrir lo sublime del pasado del que yo también estaba hecha. Al mismo tiempo que, con una sonoridad y una poesía de encanto desconocido, me hablaba de amor y desamor, de cubanía y patria, del compromiso social ante una guerra genocida en Vietnam, de la lucha de los afroamericanos por sus derechos, del diario vivir en una isla que amamos.

Era Pablo para mí, entonces, cercano e inalcanzable a la vez, desde esa distancia imprecisa donde la admiración ubica a nuestras divinidades, las de nuestro imaginario personal. Los hermanos Omar y Orlando Hechavarría, muy cercanos al cantautor, idean mi acercamiento a él y al grupo esencial de la Fundación PM. Es algo que siempre agradeceré, porque fue mucho más de lo que pude haber soñado entonces. Trabajar cerca de Pablo Milanés fue determinante en mi camino profesional y mi experiencia de vida. Un privilegio intransferible.

Entrar cada día a la añeja y elegante casona de la calle 11, empezó a ser un viaje al centro de la pasión creadora y al ser cubano, al que de manera consciente todos nos dejábamos arrastrar. Aquello era un oasis en medio de todo lo demás.

Cada día llegaban allí los amigos de Pablo. Estaban entre lo mejor de la intelectualidad cubana en esos momentos, ahora comprometidos con soñar y hacer: recuerdo al cantante y compositor Eduardo Ramos, el escritor Eliseo Altunaga, la poetisa Nancy Morejón, el periodista y escritor Víctor Águila, el periodista y editor Amado Córdova; amigos de los tiempos primeros de la Nueva Trova como los promotores Ciro Benemelis, Gil Lino Suárez, Sareska Escalona, Mariana Rivas, y otros —me incluyo— como Noel Álvarez, Daysi Díaz, Hilda Barrio, Rebeca González, Odette Pantoja, que vibrábamos con la obra y las ideas de Pablo, encarnadas en la Fundación, y dimos lo mejor por ellas.

Era imposible que no fuera así: el carisma de Pablo, la magia que desprendía, la forma en que fundamentaba la concreción y terrenalidad de sus sueños y proyectos, transpiraba la poética de sus canciones. Durante los veinticuatro meses de su existencia, la casona que albergó la Fundación Pablo Milanés fue lo más parecido a un lugar de peregrinaje a donde llegaban artistas de todo el país, proyectos en mano, para someterlos a la consideración de Pablo y conquistar su respaldo y apoyo material.

Mucho fue lo que se hizo en ese tiempo y muchos los proyectos que se concretaron con el respaldo económico y práctico de Pablo Milanés y su Fundación. Aquí solo algunos que la memoria me recuerda:

De los grupos más importantes que asume la Fundación bajo su tutela material destacan la Camerata Romeu, concebida y dirigida por Zenaida Romeu; los coros Exaudi y Schola Cantorum Coralina, liderados por María Felicia Pérez y Alina Orraca, respectivamente, y el grupo Yoruba Andabo, que como grupo profesional se había establecido en 1981 dirigido por Pancho Quinto.

PM Records, el brazo discográfico de la Fundación dirigido por Eduardo Ramos, al tiempo que pretende trabajar con artistas consagrados como el propio Pablo, Elena Burke, Omara Portuondo, lo hace también prioritariamente con jóvenes cantautores emergentes como Polito Ibáñez, Frank Delgado o Raúl Torres, cuyo éxito es deudor no solo del notable talento personal que por aquellos tiempos parecía inagotable en el cantautor, sino en gran medida, del mecenazgo y apoyo personal de Pablo Milanés, quien propicia su carrera a escala nacional e internacional.

La renacida Orquesta Anacaona pudo así grabar su primer disco. Alberto Pedro pudo concebir y estrenar su ya legendaria pieza teatral Delirio habanero, que en su primera puesta en escena tuvo a los grandes actores Zoa Fernández, Jorge Cao y Michaelis Cue en los roles protagónicos.

José María Vitier vio producido y publicado su disco Si yo volviera a nacer, con canciones infantiles de su autoría cantadas por el propio Pablo y María Felicia Pérez, que es, coincidentemente, su primer disco en formato CD. Natalia Bolívar vio publicado su libro Los orishas en Cuba. PM Ediciones, liderada por Nancy Morejón, se había trazado un ambicioso plan editorial, pero solo alcanzó a publicar este título.

Sara González, Mario Daly, Raúl Torres, el coro Exaudi, Polito Ibáñez, José María Vitier, el dúo Cachivache, Gema y Pavel, y otros músicos y formaciones son apoyados por la Fundación en giras y conciertos fuera de Cuba. En el caso de Raúl Torres, fue Pablo Milanés quien gestó y concretó la posibilidad de su permanencia durante tres años en Brasil, como el escalón siguiente en su carrera musical.

Del mismo modo, gracias a la amistosa relación de Pablo con ellos y la gestión de la Fundación, el público cubano pudo disfrutar las presentaciones de los españoles Joaquín Sabina, Los Ronaldos, la brasileña Simone, y otros. Artistas de la plástica se benefician del apoyo a su obra: Eduardo Roca “Choco”, Manuel Mendive, Nelson Domínguez, Zaida del Río, Pedro Pablo Oliva, Roberto Favelo, Flora Fong, Pedro Pablo Oliva y un entonces emergente Ernesto Rancaño.

La revista Proposiciones, dirigida por Víctor Águila, se convierte en un importante referente como publicación de arte y cultura. Solo logró sacar a la luz tres números y producir otro que quedó inédito; pero tuvo contenido planificado para los siguientes cinco años. La pasión de Amado Córdova al frente de PM Radio hizo posible la producción de programas dedicados a El Ambia, Moraima Secada, el trío Matamoros y otros; también la grabación y difusión del concierto Pablo canta boleros en Tropicana, un clásico en la discografía del cantautor.

La Fundación Pablo Milanés auspició eventos trascendentes como la constitución de la Cátedra de Estudios Culturales Iberoamericanos, el Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima, considerado el primer evento teórico origenista. Promovió el diseño cubano más vanguardista a través de diferentes plataformas y manifestaciones y desarrolló ideas en el ámbito de la informática orientadas a la creación de una red digital para unir a las bibliotecas provinciales del país, uno de los proyectos más audaces de la Fundación, si se tiene en cuenta el estado en que se encontraba Cuba en los años 90 en el desarrollo de la informática.

En 1994, arropado por una amplia representación de la Junta de Honor, Pablo presenta la Fundación en España en acciones para visibilizarla y recaudar fondos para la creciente cartera de proyectos presentados por artistas cubanos.

El 9 de junio de 1995 amanecimos con la noticia de que la Fundación Pablo Milanés había sido disuelta, por decisión de su junta directiva. Otras versiones, como la transmitida por el Noticiero Nacional de Televisión, afirmaban que la decisión había sido del Ministerio de Cultura.

Culminaba así una etapa que comenzó casi con su propia actividad, signada por incomprensiones, desencuentros, obstáculos y bloqueos, intentos de validar imposiciones de carácter institucional más allá del tutelaje que marcaba la ley y el acuerdo de constitución entre el Ministerio de Cultura y Pablo Milanés.

También hubo, a mi juicio, errores internos en la gestión y administración dentro de un colectivo ilusionado, esencialmente conformado por artistas, intelectuales y jóvenes con escasa experiencia en la gestión burocrática.

Quedaron inconclusos, sostenidos en el aire de los buenos deseos, importantes proyectos como el auspicio a la academia de danza del bailarín y coreógrafo Narciso Medina, la recopilación oral y grabación del legendario akpwón Lázaro Ross, la creación de focos culturales en el barrio de Los Sitios, y otros.

La posibilidad de un modelo de gestión cultural promovido por prestigiosos artistas y fuera de los marcos estatales, recibía un golpe demoledor, congelando cualquier posibilidad de iniciativa individual en este sentido.

No asistí a ese momento final, pues hacía cerca de un año que no trabajaba allí, pero daba igual: entre alegrías y desencuentros, entre esperanzas y frustraciones, entre reconocimientos e incomprensiones sentía que aún pertenecía a aquel lugar y viví con profundo dolor este desenlace.

A mi juicio, había que haber trabajado para preservar el proyecto a toda costa, era demasiado importante lo que estaba ocurriendo ahí, no solo desde el punto de vista cultural, sino también sociopolítico.

Más allá de los errores internos, de la mala praxis, la imposición de decisiones erróneas, las muestras ocasionales de escasa confianza en un colectivo que amábamos lo que hacíamos porque creíamos en Pablo y en el ideario de la Fundación como brazo importante para el desarrollo de nuestra cultura, los dos años de su funcionamiento demostraron su pertinencia y ejemplaridad como una forma diferente de gestionar y fomentar la cultura, más allá de los límites de la estatalidad.

En solo dos años, la Fundación PM mostró con nitidez la fuerza aglutinadora de Pablo Milanés y la magnitud del respeto y apoyo conquistado en todo el mundo como músico, intelectual y figura pública.

La existencia de su proyecto fundacional demostró el escaso margen de tolerancia estatal a una iniciativa privada de tales características y singularidad. La rumorología insistía entonces, entre otros, en argumentos racistas que transmitían preocupación por la preeminencia de negros, cuya jerarquía intelectual estaba fuera de toda duda, en la estructura de dirección de la Fundación.

Aun así, nunca hubo límites que no fueran el talento y el compromiso, mucho menos raciales, a la incorporación de personas a sus proyectos y a su gestión. Lo que importaba era el talento y la laboriosidad, el compromiso con la cultura y la sintonía con las concepciones de Pablo en torno a esto.

La Fundación Pablo Milanés fue un reflejo de este pensamiento, fue una institución singular, única y trascendente, marcada por el respeto al talento verdadero, la exaltación de los valores de la cultura popular cubana, el estímulo de la creatividad, la desideologización de las oportunidades, y la supremacía del buen gusto.

La experiencia de la Fundación Pablo Milanés como un paradigma de gestión cultural en un entorno complejo y hasta adverso, sigue despertando interés en generaciones sucesivas que deciden estudiar el caso desde su propia singularidad. En 2019 la Lic. Carla Mesa Rojas dedicó a este tema su tesis de maestría en Gestión Cultural por el Colegio Universitario San Gerónimo, de La Habana.

Esa es la impronta de Pablo Milanés y de su vocación de fundar y crear. Con el solo llamado de su voz y su guitarra, con la fuerza invencible de su prestigio fue capaz de convocar a lo mejor de la intelectualidad y el arte cubanos y sacar lo mejor de ellos en momentos en que era preciso demostrar que otra manera de apoyar y fomentar la cultura, era posible. Hoy Pablo sigue convocando, porque queda aún demasiado por hacer.

Rosa Marquetti Torres
On Cuba News, 22 de noviembre de 2022.