viernes, 17 de enero de 2014

El mercado agrícola de la calle 114



Justo a las 4 de la mañana, Alcides, dueño de una cafetería particular en el municipio Diez de Octubre, luego de ahuyentar la modorra con una taza de café fuerte, en su Moskovich se dirige a un sitio a tiro de piedra de la universidad técnica José Antonio Echevarría, en Marianao.

Alcides pretende comprar al por mayor frutas, hortalizas y viandas para su cafetería. Es el ‘mercado de la calle 114’, como es conocido. Una plaza al aire libre, polvorienta y espontánea, donde largas filas de camiones desbordados de productos agrícolas ofertan su mercancía.

Surgida a finales de 2010, tras la ampliación del trabajo por cuenta propia dictada por el General Raúl Castro y la flexibilización de ciertas normas que rigen el sector agrícola privado, este mercado mayorista ha ido creciendo en popularidad, gracias a las hortalizas, viandas y frutas frescas que se venden según la oferta y demanda.

Aquí el comprador puede regatear los precios directamente con el vendedor. Ahora mismo, Alcides se pone las manos en la cabeza, mientras trata de negociar con un camionero que intenta venderle tomates, piñas y jugo de naranja concentrado, cuyos precios considera muy caros.

“Mira -le dice al camionero- yo cada tres días te puedo comprar cien libras de frutas y viandas. Hagamos un trato. Te garantizo que junto con otros dueños de paladares y cafeterías que conozco, podemos comprarte los dos camiones de productos agrícolas que tu traes”.

El camionero, con cara de sueño (estuvo casi 9 horas de viaje desde Ciego de Ávila) llega a un acuerdo y reajustan los precios. Con un grito despierta a dos ayudantes que duermen en el techo del camión, para que le ayuden a descargar.

En el trato no hizo falta notario ni firmar un contrato de varias hojas. En este lugar, todavía la palabra de un hombre es suficiente para negociar.

La mercancía procede de provincias a cientos de kilómetros de La Habana y es transportada por los propios campesinos o cooperativistas, y hay intermediarios que compran miles de kilogramos, para revenderlos al por mayor en la capital.

Los dueños de pequeños negocios gastronómicos van personalmente, como el caso de Alcides, o envían a un comprador que les garantice la adquisición de vegetales y frutas de estación.

También carretilleros por los barrios habaneros adquieren productos agrícolas en el mercado de la calle 114. Tomás es uno de ellos. Mientras escoge malangas y boniatos dice: “Vengo desde hace dos años. Compro mercancía de calidad, que luego revendo en una carretilla que tengo en el Vedado. Casi de todo se puede adquirir”.

Lo dice porque no todo lo ofertado sale de la tierra. Hay cosas que se negocian por debajo de la mesa. Es el caso de manzanas, peras y jugos concentrados. A un chofer que parsimoniosamente fuma un tabaco torcido, le pregunto cuál es su procedencia. “De donde sale todo lo que se vende en el mercado negro. Del puerto, de los almacenes, de las fábricas, en fin, de lo que se cae del camión”, me responde.

Vecinos de barriadas aledañas se llegan al amplio mercado improvisado y a mejor precio adquieren viandas y vegetales que consumirán en la cena. Otros vienen de zonas distantes como Guanabo. “Es que aquí se compra mucho más barato que en los mercados de la ciudad. Llego temprano, regateo y además de comprar para mi casa, me voy con varios kilos extras que luego revendo. Lo mío es que la comida de mi familia me salga gratis”, confiesa el señor con una sonrisa.

Hora y media después, Alcides se marcha con el auto repleto de viandas, hortalizas y frutas. El viejo Moskovich se resiste arrancar. Las gomas pegadas al piso son una señal del exceso de carga. Un grupo de personas lo ayudan a empujar el carro. “Oye, esto pesa más que un tanque de guerra”, le dicen. Cuando el auto se pone en marcha, Alcides les da las gracias.

“Maté dos pájaros de un tiro. Trabé un buen negocio con un camionero que me puede garantizar de manera estable el suministro a mi cafetería. Ahora corro la voz entre mis socios dueños de paladares. Les estoy poniendo el ‘punto’ y un precio razonable. Una mano lava la otra”, argumenta Alcides mientras conduce por la Avenida Boyeros.

Mientras el Estado intenta fiscalizar los negocios particulares con exceso de controles y normas, el mercado de la calle 114 funciona a todo gas y sin un solo burócrata.

La gente lo sabe. Allí se compra más barato y fresco, el surtido es mayor y también la calidad. Eso sí, usted debe madrugar.

Iván García
Foto: Tomada de Diario de Cuba, donde este trabajo fue publicado el 26 de noviembre de 2013.

miércoles, 15 de enero de 2014

Regla: del lado de la bahía y la miseria


Muchas personas recuerdan al ultramarino poblado de Regla como un lugar donde se respiraba prosperidad antes de 1959. Para María, una reglana de 70 años: “Hay una cultura particular para el reglano. Regla fue un lugar en el cual teníamos casas como la panadería dulcería Las Tres Cruces, la fábrica de calzado Ayda, la de mosaicos Nuestra Señora del Cobre y la de tejidos Villamar Industrias. En la carnicería Hermanos Valdés o en la bodega de Benigno había oportunidades para todos los bolsillos”.

Hoy, el municipio de Regla no cuenta con la Flota del Golfo y desde la Colina Lenin no se ve un solo barco en la bahía. Dentro de sus propios escenarios se encuentran barrios como La Verdolaga, Patilarga, Modelo o 10 de Octubre, Reparto Unión o asentamientos como La Loma. Este último no está en el catálogo de la Habana oficial, es un minúsculo espejo de la mala vida habanera que se esconde detrás de las fachadas de Regla. Para llegar hasta allí hay que hacerlo de la mano de alguien conocido en el lugar.

Los nombres de muchos de los sitios y figuras de Regla son iconos de La Habana: el santuario de la Virgen de Regla -Yemayá para los creyentes de la Regla de Ocha-, el Parque de la Mandarria, los Guaracheros de Regla, Roberto Faz, el célebre dúo musical de Clara y Mario, los juegos de las potencias Abakuá o el antiguo Liceo de Regla, donde tantas señoritas de sociedad lograron ser coronadas como reinas del Baile de las Flores.

Regla es también cuna de personajes populares como Caridad Bengala, Marlen Pestillo o el Babio, un blanco famoso en el mundo de la guapería. Allí los mulatos tienen su propio linaje, pues los filtros del erotismo pasan por las hijas de Cecilia Valdés. Mientras los blancos viven en su ambiente, seducidos por la guapería y las mujeres negras.

En La Loma reina el tambor Enchemiya, el cuarto Famba Sese Ecoy Beromo, donde solo tendrán acceso los iniciados al universo de la cultura Abakuá. Es un laberinto, y como granero humano, está montado sobre frágiles puertas de latones viejos y oxidados, cartones, pedazos de tablas, materiales recogidos en vertederos sanitarios, tendederas eléctricas, techos remendados con hojas de plástico, con latas y ondulados de fibrocemento.

Según Amaury: “Para vivir hemos tenido que crear nuestras propias condiciones. Aquí ha venido gente del gobierno, pero no resuelven nada. El delegado del Poder Popular no tiene poder para resolver ningún problema. En La Loma hay muchos niños y personas muy mayores que aun trabajan, y es un peligro la escalera por la cual se entra a este lugar. No hay iluminación. De noche esto es la boca del lobo. Cuando llueve, las casas se inundan de heces fecales. Lo único que hacen las autoridades es ponerle multas a los vecinos y vigilar si estamos criando puercos, o si tenemos el patio sucio”.

Odalys Esperanza Valdés Roca es la presidenta del Comité de Defensa de la Revolución No. 3, Jesús Menéndez, circunscripción 17, La Loma. Ella testimonia: “Aquí llevo viviendo 52 años, la edad que tengo, y con una niña de 15 años. Hace unos días, con estas lluvias, vino un tornado que a muchos nos dejó peor de lo que estábamos. En esto que llaman vivienda todo se moja. Me quedé sin taza de baño, pues se me rajó, las tejas las amarré con un cable eléctrico. En la Dirección Municipal de Vivienda no resuelven nada, dicen que porque esto es un barrio insalubre. Pero sólo lo consideran así para algunas cosas, porque, por ejemplo, si no pagas la luz, te la cortan. No entiendo nada”.

Texto y foto: Juan Antonio Madrazo Luna
Cubanet, 8 de octubre de 2013.

lunes, 13 de enero de 2014

El Barrio Malo de la Luz Brillante


Le llaman El Barrio Malo de La Luz Brillante, caserío situado al oeste de Santa Fe, en la provincia de la Habana. Dicen sus pobladores, casi todos negros o mestizos (emigrantes de las zonas orientales), que en un principio, hace más de veinte años, las casas, a orillas del mar, se componían de chozas, levantadas a base de palos viejos y materiales encontrados en la basura, y que muy pocos de los que allí residen están registrados en las oficinas del carné de identidad, tampoco sus casas, que, hoy mejor arregladas, no han sido legalizadas por la Dirección de Vivienda.

A este barrio regresó hace unos días Claribel, una cubana que había escapado en una balsa hacia Estados Unidos, cinco años atrás. Tanta fue mi curiosidad que pedí a una vecina, amiga de su familia, me llevara a conocerla.

Tomamos un bicitaxi y atravesamos con mucho temor sus intrincadas, peligrosas y fangosas callejuelas, hasta llegar a la casita donde vive la familia de Claribel, a muy pocos metros del mar. El espectáculo fue deprimente. Es una chica veinteañera, de cabellos alborotados, con cara de muñeca negra Lily y sonrisa contagiosa. Pero en la casita, aún con paredes hechas de tablas rotas y ya con techo de fibrocemento, viven sus padres, hermano y abuelos en plena pobreza, o como ellos mismos me dijeron: sobreviven a duras penas.

“No estoy asombrada. Todo lo sabía. No pueden tomarse ni siquiera un vaso de leche al día. El salario mensual de mi hermano no alcanza ni para medio mes, todavía no han arreglado las calles, no tienen agua potable por tubería, ni baños con servicio sanitario, ni ómnibus para llegar hasta aquí, y lo que es peor, el dinero que les mando tampoco alcanza para que tengan una alimentación propia de personas mayores, porque los productos de las shoppings son muy caros. En una palabra: mi familia vive tan mal como cuando llegaron al Barrio Malo de La Luz Brillante, hace unos diez años. Así se llamó desde un principio este barrio porque todos carecían de gas manufacturado para cocinar. Hoy muchos de ellos emplean todavía ese peligroso producto en antiguas hornillas”, me dijo Claribel.

No quise despedirme sin antes preguntarles por qué se habían ido de las provincias orientales, y me respondió el abuelo:

“Allá, en Santa Cruz del Sur, en Camagüey, retrocedió nuestra vida social, porque todo se fue deteriorando poco a poco. Las esperanzas que nos dio la Revolución se evaporaron como fuegos fatuos. El central azucarero Haití dejó de producir. Los jóvenes se dedicaron a beber alcohol. Nada funcionaba: ni la panadería, ni el correo, ni el pequeño restaurante. El batey se convirtió en un fantasma, mientras Fidel seguía con sus mismos discursos, comentando las crisis de otros países, sin decir que Cuba estaba más que muerta. Yo, que me sentía orgulloso de mi terruño, cuando nos fuimos, lo dejé todo destruido, como están tantos pueblos cubanos olvidados”.

Antes de irnos, preguntamos por alguna calle asfaltada, para salir de allí, y así evitar los saltos del bicitaxi. No había ninguna. De nuevo en Santa Fe, a pesar de sus calles rotas y sus aceras comidas por la hierba, pensamos que habíamos llegado al Paraíso.

Texto y foto: Tania Díaz Castro
Cubanet, 9 de octubre de 2013.

viernes, 10 de enero de 2014

Las dos caras de La Habana




Muy cerca de La Palma, localidad al sur de La Habana donde confluyen cuatro céntricas calzadas, en un ranchón típico campesino con techo de guano, columnas de troncos de madera y sin paredes laterales, se ha montado una exitosa cervecera particular.

En la carta, variados menús, cervezas, tapas, vinos y el mejor surtido de whisky de la ciudad. En el techo cuelgan camisas de peloteros de Industriales mezcladas con la azulgrana de Leo Messi. El ambiente es agradable.

Aunque es un sitio caro para el habanero promedio -un 'tubo' con diez vasos de cerveza y una ración de nuggets de pollo cuesta 16 cuc, el salario mensual de un obrero-, casi todas las noches se llena.

A menos de un kilómetro del lugar, en la barriada marginal de Párraga, Lucía ya olvidó la última vez que el Estado asfaltó las calles. Auténticos cráteres que se desbordan de agua los días lluviosos o debido a roturas en las cañerías. Esa agua estancada es el embrión del mosquito trasmisor del dengue que asola la capital.

Lucía ha oído hablar de la 'cervecera' de La Palma. Pero su bolsillo no puede sufragar tales gastos. Sus dos hijos están presos por robo con fuerza en una bodega y el escaso dinero que reúne vendiendo tamales, apenas alcanza para darle a comer a sus tres nietos y cada 45 días llevarle a sus hijos a la cárcel, una jaba con azúcar prieta, pan tostado y mayonesa casera.

“Soy yo sola. Mi marido es un alcohólico a tiempo completo. Desde que se levanta está pegado a la botella de 'chispa' (ron infame). Las madres de mis nietos son 'matadoras de jugadas' (jineteras del montón). Lo de ellas es hacer el amor, fumar marihuana y beber cerveza, cuando reúnen unos pocos pesos convertibles. Apenas les importan sus niños. Mi vida es llevar a los tres nietos al colegio, preparar y vender tamales y en las noches ver en la tele la novela de turno”, cuenta Lucía, sentada en un viejo taburete.

Mientras las nuevas aperturas económicas crean un sector gastronómico y de pequeños negocios privados con aire acondicionado, luces de neón, diseños elegantes y precios de Manhattan, la otra parte de La Habana parece una zona de guerra.

Camine usted por barrios de Centro Habana, Marianao o Cerro. Pregúntele a la gente de sus prioridades. El 90% le hará un extenso recuento de lo difícil y caro que les resulta llevar cada día a la mesa dos platos calientes de comida.

Muchas familias de las áreas más pobres comen poco y mal. Lo que aparezca. Una pizza o un pan con croqueta, que ni el gastronómico que las vende sabe decirle con qué se elaboran.

La mayoría de los barrios pide a gritos una remodelación de envergadura. El 60% del fondo habitacional de la ciudad está en regular o mal estado técnico. A bolina hace rato se fue aquel Estado del Bienestar instaurado por Fidel Castro con la intención de crear una sociedad igualitaria.

Su hermano Raúl ha sido el enterrador de ese Estado. Era incosteable e ineficiente. Trajo consigo la pobreza socializada, corrupción rampante y un ejército de pillos y compadres que visten guayaberas blancas y hablan en nombre de los desposeídos, pero hacen opíparas cenas, andan en autos con gasolina estatal y residen en espléndidas mansiones en antiguos repartos de la burguesía criolla.

En esta Habana otoñal, si alguien vive como Dios manda, es la casta de empresarios verde olivo, amanuenses disciplinados y coristas creativos.

Entre los que también han logrado dar un salto hacia delante en sus vidas, remodelar sus casas, tener un iPhone y televisor de plasma, se encuentran artistas, músicos y deportistas. O pequeños empresarios que han montado cafeterías y restaurantes exitosos; los que se dedican a la prostitución o quienes en Miami tienen parientes que les hagan préstamos.

El resto de la población se las arregla como puede. Eulogio, dueño de una casa de juego ilegal, pasadas las 10 de la noche suele ir a beber dos 'tubos' de cerveza y picar camarones al ajillo en la cervecera de La Palma.

A esa misma hora, Lucía está tostando pan viejo en una destartalada cocina de queroseno. Al día siguiente tiene visita en el Combinado del Este. El viaje de ida y vuelta demora 6 horas. En sus hombros carga una jaba de 10 kilos, con lo que ha podido prepararle a sus dos hijos presos.

La Habana con aire acondicionado, diseños elegantes y luces de neón no existe para ella.

Iván García

Foto: Tomada de Diario de las Américas, donde este trabajo fue publicado el 22 de noviembre de 2013.

miércoles, 8 de enero de 2014

El libro más desgarrador de Cabrera Infante



En los primeros años de su exilio en Londres, y en los días más fríos, Guillermo Cabrera Infante se iba despojando de su ropa, de su saco, de los pantalones, de la ropa interior, de los calcetines, hasta que se quedaba completamente desnudo ante su máquina de escribir, una Smith Corona que le acompañó siempre. Así, desnudo, cerca de un mapa de La Habana, escribió La Habana para un infante difunto. Y, aun más, escribió un libro que hasta ahora ha permanecido secreto, Mapa dibujado por un espía, que su mujer Miriam Gómez y su editor Antoni Munné (Galaxia Gutenberg) han decidido dar a la imprenta.

Dar a la imprenta este libro secreto fue una decisión dolorosa. “Pero tenía que salir”, confirma Miriam Gómez. “La materia de la escritura de Guillermo era él mismo. Y este libro es él mismo, en su dimensión humana más descarnada”. Lo que cuenta en Mapa dibujado por un espía le cambió la vida. Ocurrió en 1965, cuando ya había ganado el premio Biblioteca Breve por Tres tristes tigres y era agregado cultural del embajador cubano en Bruselas; fue entonces cuando recibió la noticia de la muerte de su madre, Zoila Infante, y viajó a La Habana para velarla.

Lo que ocurrió a partir de entonces fue un conjunto de vejaciones que él relata con la naturalidad asustada de un perseguido. No deja un detalle fuera; es tan minucioso, y tan triste, como el relato de un condenado en un campo de concentración. No oculta la vida doméstica y sus miserias, ni los amores y sus intrigas, y es en todo momento descarnado hasta hacerse sangre, y hasta hacer sangre.

En seguida supo Cabrera Infante que en aquella atmósfera no podía quedarse y decidió que debería regresar a Europa por cualquier medio. Hasta que lo logró. La sensación que tienen Miriam Gómez y Munné es que él escribió ese relato minucioso y terrible al poco de salir de la isla; probablemente era lo que escribía cuando se desnudaba ante la Smith Corona en aquellos amargos, y gélidos, días de Londres después de que lo sometieran los médicos a los electroshocks con los que quisieron aliviarle su crisis nerviosa.

Miriam Gómez conserva en la mesa de su comedor, en el loft en el que convirtieron los dos su casa de siempre en Londres, un mapa de La Habana. Siguiéndolo paso a paso él recuperó su memoria de la ciudad. Y este Mapa dibujado por un espía es también, como dice Antoni Munné, “la cartografía de una despedida”. Nunca volvió a La Habana, pero se la sabía de memoria. Aquí, en este mapa, esa memoria está intensamente herida.

“La Habana era para él un recuerdo”, dice Miriam Gómez, “pero allí se le convirtió en un infierno”. Reconstruyó, en La Habana para un infante difunto, por ejemplo, todo lo que ya se había derruido. Y no tenía nostalgia. Uno no tiene nostalgia del infierno”.

Ese manuscrito permanecía entre los papeles secretos que dejó Cabrera Infante cuando murió, en febrero de 2005. “No los toques”, le había dicho a Miriam. Nunca lo abrió. Ella sabía muchas de las historias que contenía el sobre, incluso las más duras para ella, pues ahí su marido contó avatares sentimentales muy íntimos, que a ella la podían dañar. Y dejó a Munné que decidiera sobre lo que había en ese sobre cerrado.

Dice el editor: “Lo leí en un par de noches en Londres. Fue una sensación tremenda. Es un testimonio enormemente humano y melancólico de alguien que sufre una enorme decepción. Una decepción que no le viene de nuevo, porque él ya albergaba muchísimas dudas acerca del curso de la Revolución, pero que se le confirma y se le aumenta. Y cuando digo que es enormemente humano me refiero a la peripecia vital: un hombre joven de 36 años que asiste a una pesadilla kafkiana que le hace comprender que va a perder amigos, familiares, país, y que ve cómo se derrumba todo aquello que había vivido; todo eso son síntomas de que eso no tiene vuelta atrás”.

El resultado, para este primer lector, fue “de una profunda tristeza, y esa misma tristeza se ha reproducido en todas las lecturas posteriores”. “Te va a doler”, le dijo a Miriam Gómez. Pero ella aceptó. “Yo le tenía pánico al libro, conocía el romance que cuenta. Pero me daba miedo leerlo. Lo leí, cuando Munné lo había acabado. Fue un golpe terrible para mí. No podía creer lo que estaba leyendo”.

¿Y qué pasó? “Se agrandó mi admiración por él. Él es la materia de su escritura, y aquí está grande, inmenso. Un padre bueno. Un hombre entero, sufriendo, sabiendo que si no se alejaba de aquella monstruosidad, la Cuba de Castro, iba hacia la destrucción. Cuando él vio la realidad se dio cuenta de que no podía ser cómplice de lo que estaba pasando ahí”. La historia de mujeres que hay en el libro es dura, pero no inesperada. “Guillermo era un loco por las mujeres, creía que eran superiores, para él su madre misma era un ser superior. Cada vez que tenía un problema, él se agarraba a las mujeres…”.

Mapa dibujado por un espía parece escrito de un tirón”, dice Munné, como “un exorcismo necesario, para no olvidar nada”. Pero logra mantener el interés en todas las páginas, como un cronista notarial que no quiere que se le escape ni el menor atisbo de las metáforas, duras o simples, que hay en la vida cotidiana. Es el libro más desgarrador de Cabrera Infante. Su descubrimiento, dice el editor, contribuye a conocerlo mejor. “Constituye un testimonio de uno de los más grandes escritores en lengua española. A la altura de lo que fue el viaje a la URSS de Gide o de la obra de grandes disidentes como Orwell y Koestler”.

Munné revindica su publicación “como algo que el lector tenía derecho a conocer”. Su viuda, Miriam Gómez, piensa lo mismo. “Su escritura era él, él era la materia de sus libros. Cuando lo veía desnudarse ante la máquina de escribir me decía a mi misma: ‘Qué estará escribiendo este hombre’. Se estaba desnudando por fuera y por dentro. Por eso es tan desgarrador leer ahora este tremendo testimonio doloroso”.

Juan Cruz
El País, 4 de noviembre de 2013.

lunes, 6 de enero de 2014

Los Reyes Magos también pasan por La Habana

Havana Toy Stores por PunkOutlaw.

Se acerca el Día de Reyes. La juguetería del Centro Comercial de Carlos III, en Centro Habana, está abarrotada de padres e hijos, abuelos y nietos, tíos y sobrinos. Un niño entre sus manitas aprieta con fuerza un camión rojo.

El padre, apenado, en un susurro le dice que no tiene el dinero suficiente para comprárselo. Vale 32 cuc. “La plata solo me alcanza para una pelota y una pistola”, comenta con la madre.

La tradición de los Reyes Magos ha vuelto a ocupar su espacio en Cuba. Después de la revolución de Fidel Castro, en los meses de julio y agosto y hasta finales de la década del 80, por la libreta de productos industriales se ofertaban tres juguetes por niño. El burocratismo estatal los clasificaba en básico, no básico y adicional.

El básico era un juguete grande y caro para la época. El no básico podían ser soldaditos plásticos, una muñeca pequeña o un jueguito de cocina. Y el adicional, bolas, yaquis o una pelotica.

En las vidrieras de los establecimientos de toda la isla se pegaban extensas listas con los nombres de los núcleos familiares con menores de 12 años. En ellas, por orden numérico, aparecía la fecha, hora y la tienda donde los padres, en un plazo de seis días, podían comprar los juguetes.

Los afortunados, con números más bajos, compraban el primer día y podían adquirir los mejores juguetes. Los últimos en las listas o a quienes les tocaba comprar el sexto día, se llevaban a casa sólo bates o pelotas, que siempre estuvieron al alcance de los más pobres. Muchas estrellas cubanas de béisbol comenzaron a practicar porque en su infancia, sus padres solo les podían regalar bates, guantes y pelotas el Día de Reyes.

Después que en 1989 desapareciera la URSS y con ella la tubería de rublos y petróleo del Cáucaso, llegó la indigencia y esa guerra sin tronar de cañones conocida con el eufemístico nombre de “período especial en tiempos de paz”.

Ya el período especial cumplió 23 años y fue el causante de que hubieran desaparecido la cartilla de productos industriales y los juguetes en pesos cubanos para los hogares con niños menores.

En enero de 1959, aún sin haberse sacudido el polvo de la guerrilla que llevó a Fidel Castro al poder, éste y un grupo de oficiales del Ejército Rebelde se montaron en una avioneta cargada de juguetes y los dejaron caer en las montañas orientales, donde niños azorados por primera vez en su vida veían un juguete.

Castro intentó desmontar la historia de los Tres Reyes que al filo de la medianoche, cuando los pequeños dormían, se apeaban de sus camellos y dejaban los juguetes al lado de los zapatos o junto al árbol navideño, que hasta ese día permanecía puesto en la sala del hogar.

Cincuenta y cinco años después de la llegada de los barbudos, muchos cubanos que crecieron sin la fantasía de los Reyes Magos, han retomado la tradición. Como Joel, 41 años, obrero, que se hizo hombre sin conocer la leyenda de Melchor, Gaspar y Baltazar. Pero ahora con su esposa, meticulosamente revisa cada estante de una juguetería en la calle Obispo, en la Habana Vieja.

“Creo que los niños no deben perder las ilusiones. La tradición de los Reyes es fascinante, he recuperado esa costumbre con mis dos hijos, nos privamos de cosas, pero siempre le compramos juguetes”, dice Joel, mientras con su mujer analiza la posibilidad de comprarle a la niña una Barbie de 30 cuc.

Comprar juguetes en Cuba es un lujo. Y caro. Solamente los venden en divisas y en la isla no pagan con esa moneda. Y en los casos que pagan con “chavitos” -como le dicen al peso convertible- la cantidad nada más alcanza para aceite, jabones y detergente. Pero algunos como Joel se las agencian para ir guardando dinero y en diciembre poder comprarle juguetes a sus hijos.

A diferencia de España o México, en Cuba usted no verá festejos ni carruajes con los personajes del Oriente, vestidos con trajes antiguos, recogiendo cartas infantiles y repartiendo ilusiones.

Les cuento. En enero de 2001, Fidel Castro acusó de "provocación, ofensa y ultraje" a diplomáticos españoles que junto al entonces Centro Cultural de España, organizaron una Cabalgata de Reyes por el Paseo del Prado.

Para Castro, lo bueno y lo correcto era que los menores, una vez cumplidos los 12 años, estudiaran y trabajaran la tierra, internados en escuelas alejadas de sus hogares y sus padres. Que crecieran sin esa 'tontería' de reyes y de magos en sus cabezas.

Ya las escuelas en el campo dijeron adiós. Y aunque el gobierno no reconoce ni le interesa que sobreviva la tradición, cada año aumentan los padres que, a golpe de sacrificio, en la madrugada del 6 de enero, mientras sus hijos duermen, colocan juguetes en distintos sitios de la casa.

Hay muchas cosas hermosas en la vida. Una de ellas es ver la felicidad de un niño y el brillo especial de sus ojos, cuando descubre un juguete escondido debajo de su cama. Eso vale más que el oro. Gústele o no a los hermanos Castro.

Iván García

viernes, 3 de enero de 2014

Avatares de un periodista independiente


American Car 48 Buick por ahisgett.

Joder. Qué me hago ahora. Tenía planificada una entrevista con una señora en el barrio de Marianao que hace labor comunitaria con niños pobres. Por causas ajenas a mi voluntad tuve que postergarla.

Son las 8 de la mañana de un inusual y frío mes de enero. Miro la cartera, me quedan 28 cuc. Tengo que improvisar, por la entrevista fallida. Ya dentro de un "almendrón" (viejo auto americano), decido compartir con ustedes avatares y sueños de un periodista independiente cubano.

Cuando en octubre de 2009 del diario español El Mundo, en su versión digital, me pidieron escribir a dos manos junto a Max Lesnik un blog de debate titulado 90 millas, la idea me pareció genial.

También algunas historias, me dijo el míster de la redacción con su tono de madrileño. Ok. Manos a la obra. Pero -siempre hay un pero- escribir en Cuba es digno de una hazaña de Tarzán.

He visto siete veces el filme de Robert Redford sobre el caso Watergate. Encarna al famoso reportero del Washington Post, Bob Woodward y su célebre fuente, Garganta Profunda. Una clase magistral de periodismo. Con avidez leo las historias que publican en las revistas Time o Newsweek. También los reportajes de El Mundo o El País dominical.

Ser periodista en el primer mundo debe ser gratificante. Ningún funcionario te puede negar información pública. Ni pende sobre tu cabeza una ley terrorífica que te puede condenar a 20 años de cárcel. Tampoco en el barrio donde vives nadie te arma un “acto de repudio” o linchamiento verbal, estilo fascismo alemán, donde lo menos que te gritan es la madre que te parió.

En ese primer mundo donde se desayunan varios platos y con frecuencia puedes comer carne, nunca te visita un cándido agente de la inteligencia para amenazarte, que si sigues escribiendo podrías ser procesado.

Debe ser gratificante ser periodista en el primer mundo. En el civilizado, porque en Colombia o México, un sicario pagado por un cartel de la droga te puede acribillar a balazos.

Tengo la costumbre de leer los comentarios que me dejan. Acepto las críticas. Sobre todo cuando contienen criterios de peso. Si algo adoro del periodismo del siglo 21 es la retroalimentación.

Escribo lo que pienso, sea en una crónica o un artículo de opinión. Trato de ser objetivo. Pero ni Fidel Castro ni Elián González se tomarán la molestia de darme una entrevista si se las pido. El gobierno me considera un mercenario. Un traidor a mi pueblo y a la revolución socialista.

No me amilano. Me tomo el trabajo en serio. Creánme. Soy un iluso, que piensa que en el fondo, la gente es buena.

Ya llegué al hotel Parque Central. Una tarjeta de internet de una hora me cuesta 8 cuc, un dineral. Guardo bien en la billtera los 20 cuc restantes. Para la próxima vez.

Daría lo que no tengo por intentar hacer extensos reportajes, polémicos y balanceados y fotos de calidad. Y por lograr entrevistas con personalidades de la política, la cultura y el deporte, de Cuba y del mundo. Es bueno soñar.

Pero ahora tengo que poner los pies en la tierra. Y además de esta crónica, ver qué más escribo para El Mundo y mi blog Desde La Habana. Después puedo seguir soñando.

Iván García
Publicado en enero de 2010 en El Mundo/América.
Foto: ahisgett, Flickr.

lunes, 30 de diciembre de 2013

FELIZ AÑO NUEVO


A los lectores del blog les deseamos que 2014 sea un año mejor, para ustedes y sus familias.

Iván García, Tania Quintero y Marco A. Pérez

lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad y "diversionismo ideológico"




La primera vez que Juan Carlos, 43 años, vio un árbol de navidad fue en casa de un alto oficial de la contrainteligencia, donde laboraba como albañil.

“Eso fue hace 19 años. Se vivían los años duros del período especial. La gente no tenía que comer. El aguacate era un lujo y una libra de arroz costaba 60 pesos. Hombres y mujeres se enfermaban por falta de vitaminas y perdían hasta los dientes. Entonces yo era trabajador civil del Ministerio del Interior y nos mandaron a pintar y remodelar la residencia de un gerifalte de la Seguridad. El tipo vivía a todo trapo. Su cocina era más grande que el cuarto del solar donde vivo. Allí fue donde por primera vez vi un árbol de navidad”, cuenta Juan Carlos.

Y no es que los cubanos fuésemos ateos o musulmanes. No. Antes de la autocracia de Fidel Castro, los ricos y pobres que habían en la sociedad celebraban las navidades según su bolsillo.

También el día de reyes y la semana santa. Pero el comandante radical inició una cruzada contra todo aquello que consideraba 'rezagos de la burguesía'. Abrió fuego a la iglesia, al libre pensamiento y la pintura abstracta. Abajo los tres reyes magos. Ahora el rey mago iba vestido de verde olivo.

En 1959, Fidel Castro se subió a bordo de una avioneta y tiró juguetes a niños pobres de la Sierra Maestra que jamás habían tenido uno. De un plumazo, a finales de los 60, eliminó los pequeños negocios y las navidades.

Gustavo, 72 años, jubilado, recuerda: "Solo quedaron en pie las fiestas de fin año, que en lo adelante serían dedicadas a celebrar un nuevo aniversario de la revolución. El pretexto para eliminar las navidades y los carnavales en el mes de febrero, fue que esas celebraciones paralizaban la zafra azucarera. En su delirio, Castro desvió todos los recursos de la nación para intentar producir 10 millones toneladas de azúcar. No fue posible. Y la economía del país pagó tamaña locura".

Al igual que el Estado condenaba abiertamente la religión afrocubana o católica -la única religión autorizada era el castrismo- hasta nuevo aviso se suspendieron las festividades navideñas. Por supuesto, la fe no se puede voltear con decretos.

“Había vecinos que discretamente colocaban arbolitos de navidad en la sala de sus casas. Cerraban las ventanas, para que las lucecitas no las vieran los chivatos de los CDR. Cuando asaban una pierna de cerdo, cuidaban de que el olor no los delatara y con el audio muy bajo, en un tocadiscos escuchaban villancicos", rememora Aida, 69 años, ama de casa.

Fue una larga marcha por el desierto. Hasta las fiestas debían ser autorizadas por el Estado. El gobierno intentaba administrar cada detalle de tu vida.

Para no señalarte de 'contrarrevolucionario', tenías que participar en mítines y marchas gubernamentales. Si deseabas aspirar a una vivienda, un televisor ruso o un reloj despertador, debías enumerar tus méritos laborales y hazañas revolucionarias.

Lograbas puntos a favor si habías tomado parte en las guerras civiles de Angola o Etiopía, eras miliciano o acumulabas una buena cantidad de horas extras en trabajo voluntario. Y eras capaz de repetir trechos de los discursos del máximo líder.

Si tenías una Biblia, asistías a la iglesia, recibías cartas de tu familia en Miami, escuchabas a los Beatles o Led Zeppelin y te gustaban los vaqueros Levi's, no clasificabas para comprarte un refrigerador Inpud o una moto Karpaty de dos velocidades.

Si un vecino envidioso o extremista informaba a los servicios especiales que celebrabas las navidades y dabas juguetes a tus hijos el 6 de enero, día de los reyes magos, te tachaban de 'no confiable'.

Pero para mantenerse en el poder, Fidel Castro tuvo que hacer unas cuantas piruetas ideológicas. En Europa, el muro de Berlín se vino abajo y desapareció la URSS, la meca del manicomio comunista. Entonces había que asirse a cualquier rama.

El régimen pactó con una mansa iglesia católica y la gente pudo poner detrás de la puerta sus resguardos de la santería. En diciembre de 1997, por la visita del Papa Juan Pablo II, volvieron las navidades.

Aunque la nomenclatura oficial nunca dejó de celebrarlas. Con lechón asado, turrones y vinos.

Ellos siempre se han considerado diferentes.

Iván García
Foto: Portada del número extraordinario que con una criolla imagen de Navidad publicó la revista Carteles en diciembre de 1959.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Artesanía del adiós



Irse es un desastre. Una catástrofe íntima. Un derrumbe total en el que se ve cómo desaparecen casas, calles, parques, personas, borrados por una fuerza en progreso que, finalmente, saca del paisaje el entramado de una vida.

Yo vi a la periodista Ana Luisa López Baeza en el artesanaje de su despedida.

La vi haciendo descender sus cuadros de la pared y la vi repartir, entre familiares y amigos, sus sillones desvencijados, sus electrodomésticos rusos, con ruido y todo, sus ropas usadas, las cacerolas con abolladuras y el arroz de la libreta de racionamiento que el viaje no le dio tiempo a consumir.

Fui testigo de esos gestos casi ridículos por el valor de las prendas y los chorombolos pero perfectamente humanos y normales en este país donde en muchos vecindarios se vive con una hermandad de mendigos.

Estuve presente cuando algunos vecinos fueron a despedirse, con miedo y cariño, una combinación angustiosa y abundante.

Asistí a esos abrazos silenciosos, la puerta entrejunta que este es un barrio de funcionarios y cuadros del Partido. "A Rafaelito que venga ahora, porque a lo mejor después se perjudica. A la vieja, que se ponga bien y que Dios la acompañe".

Desde mi puesto de observador vi cómo merodeaban los funcionarios de la Reforma Urbana, como buitres en su ronda sobre el mínimo apartamento de Ana Luisa y supe de llamadas amenazadoras: "No saque más muebles de su casa o pondrá en peligro su salida".

Una mañana entró una mujer con un metro, midió las paredes, miró detenidamente un escaparate y la luna de un espejo, la mesita de hierro donde la corresponsal pasó casi cuatro años escribiendo noticias y reportajes, los descabezados ventiladores chinos y antes de irse lanzó una mirada extraña hacia el sofá cama con problemas ideológicos: rotas y sin arreglo las dos patas izquierdas.

Supe de un viaje de Ana Luisa a Camagüey para ver a su madre y sus hermanos y visitar la tumba de su padre y la vi volver a distribuir los libros. ("¡Dios mío! ¿Podré llevarme a Espronceda y a José Martí, me dejarán pasar a Darío y la Avellaneda?"). La vi volver a empaquetar las fotos, los recuerdos, la ternura familiar, como si esas sustancias tuvieran dimensión, peso y textura.

La dispersión y muerte de la biblioteca de Ana Luisa me hizo recordar una imagen fatal de hace unos años.

Veo, ahora mismo, al escritor Bernardo Marqués Ravelo, meses antes de salir al exilio, allá en 1994, con todos sus libros en el portal de Infanta y San Miguel y a muchos de sus colegas del periodismo y la literatura, con algo también de buitres -o de auras tiñosas, para entendernos mejor-, regatear por T. S. Eliot, William Faulkner, Guillermo Cabrera Infante o Antonio Machado frente al hambre y el asombro del autor de "Balada del barrio".

Esta, desafortunadamente, no es una experiencia única, porque la maestría en despedidas y fragmentaciones es ya otro de los dones de los cubanos que llevamos tantos años siempre despidiéndonos de algo o de alguien.

La reflexión sobre Ana Luisa López Baeza, al pie de la escalerilla, tiene que ver con mi incapacidad para acercarme, por ejemplo, a las circunstancias de las salidas de mi hija Cristina y de Miguelito Sánchez, el hijo de mi esposa Blanca.

Es la distancia un prisma ideal para presenciar la tragedia individual de una persona que no quiere irse de su país pero que el trabajo científico de un grupo de especialistas del horror -con la experiencia de casi un siglo de totalitarismo- la expulsa de su medio natural, como una pieza rota.

Ana Luisa sólo comenzó un día a decir lo que pasaba en su país. A decirlo bien, profesionalmente, y revestida de una moral que perturbó a los zares de la información, la verdad y la vida en Cuba.

Cometió muchos delitos desde el petrificado Código Penal Cubano, pero a mí siempre me gusta recordar un verso de Gastón Baquero para definir la labor de los periodistas independientes en los últimos años: "Se había lanzado a una hermosa imprudencia."

Doy entonces testimonio de ese desastre individual que es irse. Y prefiero creer que son los relumbrones finales de una luz opalescente que agoniza.

Ahora sabemos, por todo lo que está pasando en Cuba, que en el espacio que existe entre irse y volver hay que fundar la permanencia. Porque permanecer siempre será un antídoto contra el desencanto. Y un veneno para el olvido.

Raúl Rivero
Publicado en noviembre de 1998 en Cubafreepress.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mis inicios como reportero



En una tarde calurosa de noviembre de 1996, luego de dos horas de viaje, primero en una ruta 201, apearme en el entronque de la CUJAE y abordar entre empujones el ‘camello’ M-2, llegué a casa del lanzador Orlando 'Duque' Hernández, en el barrio Calixto Sánchez, a espaldas del aeropuerto internacional José Martí y muy cerca de la avenida Boyeros.

Por esa fecha, el régimen de Fidel Castro había prohibido de por vida al ‘Duque’, acusado de tener tratos con 'scouts' de las Grandes Ligas, a competir en los torneos beisboleros del patio. No había concertado previamente la entrevista.

El periodismo independiente en Cuba no se podía dar tales lujos. Había que saltarse las reglas y el manual. Llamar con antelación y pedir una cita con alguna persona traía más problemas que beneficios.

Nuestros teléfonos solían estar 'pinchados'. Y para evitar que el miedo provocado por una amenaza sutil de los servicios especiales llegara antes que nosotros, teníamos por costumbre ir sin previo aviso.

Eran tiempos duros. Hacía un año, en diciembre de 1995, me había iniciado dentro del periodismo libre, estimulado por mi madre Tania Quintero, quien había abandonado el periodismo oficial y escribía para Cuba Press, la más profesional agencia independiente, fundada y dirigida por el poeta Raúl Rivero.

La agencia, al decir de Rivero, era una abstracción. La 'sede' radicaba en su apartamento de dos habitaciones, en el tercer piso de un edificio en Centro Habana. El equipamiento, lo que se tuviese a mano.

Lo más preciado era un bolígrafo Bic. Y el mejor regalo que te podía hacer un amigo extranjero era un block de notas. Escribíamos al dorso de añejos papeles oficiales. Un paquete de hojas blancas costaba 5 dólares. Demasiado para nuestros exiguos bolsillos.

En Cuba Press había un puñado de reporteros provenientes de la prensa oficial. Además de Raúl y mi madre, estaban José Rivero, sin parentesco con el poeta, Ana Luisa López Baeza, Iria González Rodiles y Plácido Hernández, guionista de la serie televisiva El hombre que vino con la lluvia.

Ricardo González Alfonso y Marvin Hernández llegaron después. El grupo era una piña. En ese tiempo ni soñar con tener un móvil. Internet era cosa de ciencia ficción.

Cuba no tuvo conexión oficial a la red hasta 1996. Pero desde que el 23 de septiembre de 1995 surgió Cuba Press, nuestros textos se publicaron en la red, en sitios que jamás habíamos visto.

Cuando algún amigo residente en la Florida visitaba la isla, traía los artículos impresos. Después de leerlos entre todos, Blanca Reyes, la esposa de Raúl, los archivaba en files color cartucho y los metía en una caja conseguida en la bodega.

En esa época teníamos una sola grabadora. Una Sony mediana que llevaba dos baterías AA. Había cola para usarla. Estuve dos semanas esperando para que Raúl me la prestara. Cariacontecido, me dijo: “Lo que no tengo es pilas”. Resolví un par de pilas, y con la Sony me fui a casa del ‘Duque’. No tenía cámara digital. Juan Antonio Sánchez, Ñico, consiguió una y me sirvió de fotógrafo.

El ‘Duque’ no estaba. Su esposa en ese momento me miró de arriba abajo y supo de golpe que no me iba a ir sin obtener la entrevista. Nos invitó a pasar a la sala.

Al rato llegó el destacado lanzador que años más tarde brillaría con los Yankees de Nueva York. Ya Orlando Hernández era una gloria del béisbol cubano. Lanzaba para la novena azul de Industriales y, era y aún es, el mejor pitcher después de 1959 en promedio de ganados y perdidos.

A simple vista se notaba que el ‘Duque’ se sentía extraño fuera del terreno. Me dijo unas palabras que resultarían proféticas: “Las únicas puertas que me han dejado abiertas son las del destierro”. Así fue.

Tarde en la noche salimos del hogar del ‘Duque’. El viaje de regreso fue una odisea. Esa madrugada redacté la entrevista en una libreta escolar a rayas. Temprano en la mañana, Tania me la pasó en limpio en una Olivetti Lettera-25.

Después de mecanografiada, abordé otro ‘camello’, el M-6, rumbo a casa de Rivero. Los trabajos entonces se dictaban por teléfono. Al otro lado de la línea, en Miami, ese brillante reportero que es Bernardo Márquez Ravelo los grababa.

Ése era nuestro modus operandi. Con el tiempo llegaron los fax, hoy obsoletos. Tener un fax provocaba el acoso de los tipos duros de la policía secreta. Y si sospechaban que tenías una laptop, hacían una redada de película.

El 2 de junio de 1997, un comando de la Seguridad del Estado registró nuestro apartamento en La Víbora, en busca de esa 'arma peligrosa' que para ellos resultaba una computadora. La primera vez que usé una, prestada, no me gustó. Para justificar mi ignorancia en el uso de Windows le dije al periodista independiente Ariel Tapia, vecino del barrio, "úsala tú, yo prefiero seguir escribiendo en una libreta".

De dinero siempre andábamos mal. Y para desgracia mayor, los servicios especiales, como burdos corsarios, se dedicaban a detener y quitarle el dinero a las personas que nos lo traían. Las cosas mejoraron cuando empecé a escribir para la Sociedad Interamericana de Prensa y Encuentro en la Red. En el año 2000, una tarde fría que amenazaba lluvia, fue cuando vi el primer billete de 100 dólares en mi vida.

A pesar de no tener celulares y que las redes sociales estaban por venir, los periodistas independientes cubanos hacíamos una labor loable. Fueron buenos tiempos, profundos y fructíferos, a pesar de la fortísima represión.

Dos horas de conversación con Raúl Rivero equivalía a un semestre en una cátedra de periodismo. Había, y hay, dentro de los reporteros, plumas de calibre al estilo de Jorge Olivera y Luis Cino, en mi opinión el mejor, después de Rivero, claro.

Obligados por las circunstancias políticas, casi todos los de Cuba Press tuvieron que marcharse de su patria. Dieciséis años después, más viejos, pero con el mismo deseo de reflejar esa Cuba que los medios gubernamentales pretenden ignorar, intentamos adecuarnos a los nuevos tiempos.

Tengo cuentas en Twitter y Facebook. Dos blogs y un teléfono móvil. Ahora redacto en una laptop con el teclado en inglés. Pero en el closet guardo la vieja Olivetti Lettera-25 que mi madre me dejó al marcharse al exilio en Suiza. Nunca se sabe si algún día tendré que utilizarla.

Iván García
Foto: En mi dormitorio, todavía conservo el teléfono-fax. El fax ya no lo uso, pero sí todavía el teléfono. También aún funcionan el televisorcito japonés, en blanco y negro, y el ventilador, comprados los dos en la Navidad de 1995, con un dinero enviado por dos amigos, un español y una brasileña.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Sin pan y sin palabras



En una celda del hospital militar Carlos J. Finlay de La Habana, en ayuno, enferma y negada a hablar, está pasando este verano Martha Beatriz Roque Cabello.

Con su silencio, que ya dura tres semanas, como su abstinencia de alimentos sólidos, ella reclama los beneficios que le pertenecen y establece el Código penal cubano.

Quiere que se le haga la liquidación de los dos años que lleva en prisión porque su condena a tres años y medio está pendiente, y de hacerse firme ya podría otorgársele la libertad provisional.

Martha solo se comunica mediante pequeñas notas que escribe en letra rápida, nerviosa porque se ha declarado en "silencio por la ironía".

Está enferma de úlcera estomacal, se deteriora por día, baja de peso y se ve depauperada, dicen los familiares que la visitan bajo la estricta vigilancia de un instructor.

Sin embargo, está de buen ánimo y escribe en papeles diminutos: "Voy a continuar hasta el final".

¿Cuál es el delito de esta mujer que vive -en un escenario cerrado, oscuro y agónico- los tormentos del hambre y el dolor y la soledad, con el silencio ahora añadido?

¿Será una terrorista empedernida, experta en mecanismos minuciosos que prepara trampas para un ser humano, como si se tratara de un cordero pascual?

¿O la taimada falsificadora que preparó la estafa en una empresa de la clase obrera? ¿Será la autora de un crimen pasional, con deslizamientos y alevosía, escalamiento y nocturnidad?

Preguntarlo hiere, como hieren los olvidos preparados. Es una mujer, una economista que -junto a otros tres cubanos- examinó, estudió y reflexionó sobre la sociedad en que vive y luego escribió y publicó el resultado de ese análisis en un documento que titularon La patria es de todos.

Ahí está Martha, sola con el murmullo de su bolígrafo barato sobre el papel, contenida pero en disposición de usar los instrumentos que toma de las circunstancia, del entorno en que la tienen.

El texto que ayudó redactar sí está libre y anda por Cuba y por el mundo, y se mueve en y hacia los cuatro puntos cardinales porque las ideas no necesitan leyes, no creen en puntos fronterizos ni en cadenas. Y entran y salen y se posesionan (o no) de palacios y calabozos.

Martha Beatriz Roque Cabello cerró la región del sonido provisionalmente. Sólo deja que las palabras escritas le lleven al mundo exterior el mensaje de una mujer lúcida y paciente que este verano está enferma y silenciosa en la celda de un hospital militar.

Raúl Rivero
Publicado en agosto de 1999 en Cubafreepress.

Nota.- Esta crónica da título y es una de las que aparece en el libro Sin pan y sin palabras, publicado en 2003 por la editorial Península. El prólogo es de Eliseo Alberto, escritor cubano fallecido en México el 31 de julio de 2011.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Democracia made by Yoani Sánchez



La democracia es como un cuento con final feliz. De escuchar tanto los términos libertad de expresión, asociación y poderes tripartitos, las personas racionales apostamos por esa vía como un camino viable en la Cuba futura.

La bloguera Yoani Sánchez también cree en la democracia. En su gira de 80 días por varios países, constantemente repite un discurso pro democrático. Lo apoyo.

De abril de 2007 a la fecha, Sánchez se ha convertido en una de las caras más visibles de la disidencia local. Ha colocado a la isla en cintillos de la prensa internacional. Loable.

Dice -y repite- que los cubanos debemos aprender a aceptar criterios diferentes. La aplaudo. Pero a la vez pregunto, ¿acepta Yoani Sánchez a quienes no comparten todos sus criterios?

Creo que no. A mediados o fines de 2010, no puedo precisar la fecha exacta porque no fui avisado, mi blog Desde La Habana fue expulsado de la plataforma Voces Cubanas, de la cual había sido fundador en enero de 2009.

Al parecer, el motivo habría sido porque mi madre, la periodista Tania Quintero, escribía textos que a Yoani -o a su esposo, Reinaldo Escobar- no les gustaban.

Exiliada en Suiza desde noviembre de 2003, Tania está en su derecho a difundir en mi blog sus argumentos. Aunque sus opiniones no siempre las comparto.

Pero así es como entiendo la tolerancia y la libertad de expresión. Directamente Yoani no me echó. Su esposo fue quien me dijo dónde estaba la puerta de salida. Los argumentos me parecieron endebles.

A partir de diciembre de 2004 y hasta ese incidente, había mantenido buenas relaciones con el matrimonio Sánchez-Escobar. En su círculo de amistades se decía que la plataforma no era un movimiento político. Y, por eso, cada cual podía escribir a su aire.

Mi salida de Voces Cubanas fue una decisión antidemocrática. No se consultó al resto de blogueros. Ni siquiera Yoani se molestó en darme una explicación.

En temas políticos, la bloguera y yo coincidimos en un 85%. Nuestras discrepancias son personales. Y no provocadas por mí. No la considero un enemigo. Supongo que ella a mí, tampoco. Al margen de las divergencias, mantenemos una distancia en el trato. Cada cual en lo suyo. Hace rato pasé página.

Si ahora escribo estas líneas es por una conducta de Yoani Sánchez que me parece alejada de ese espíritu democrático que intenta vender fuera de la isla. Algunos disidentes cubanos hablan como demócratas, pero no actúan como demócratas.

Mientras tus artículos se enfoquen en la prostitución, penurias cotidianas de la gente y el mal manejo económico de los hermanos Castro en cinco décadas, se te considera un auténtico periodista independiente.

Pero si juzgas el desempeño de la disidencia, incluida Yoani Sánchez, comienzan acusaciones virulentas e infundadas y te cuelgan el cartel de 'agente de los servicios especiales'. Argumentan una sarta de pretextos: le estás haciendo 'el juego al enemigo'; con esas opiniones creas desunión; estás desprestigiando a la oposición, etc, etc.

Y si la polémica es personal puede arder Troya. Es lo que en días recientes le sucedió al colega Luis Cino Álvarez. Para quien no lo conozca, se los presento. Desde 1998 escribe como periodista independiente. Es de los mejores. Si no el mejor. En la Primavera Negra de 2003, en plena razzia contra los opositores, Cino y Juan González Febles siguieron denunciando las arbitrariedades y detenciones que acontecían.

Escribían en una libreta y luego, desde un teléfono fijo, leían los reportes a Cubanet. Oficiales del Departamento de Seguridad del Estado -la KGB cubana- amenazaron a Cino con levantarle un acta de advertencia si no comenzaba a trabajar para el Estado.

Ya se sabe lo que eso significa. Una especie de instrumento procesal que permite al régimen encarcelarte por ‘peligrosidad predelictiva’. Luis empezó a laborar en una vaquería como custodio. A la luz de un candil chino continuó escribiendo.

Nunca dejó de escribir. En 2007, junto a Febles, fundó el semanario Primavera Digital, con una veintena de reporteros independientes y cerca de 60 colaboradores. Han emitido 266 números. Ininterrumpidamente. Una vez por semana, Cino tiene acceso a internet donde se informa de lo que pasa en el mundo.

Al leer unas declaraciones de Yoani Sánchez, le molestó su omisión de Primavera Digital. Durante todo su periplo, ella ha estado diciendo que cuando regrese a La Habana, tiene pensado abrir un periódico, ignorando -o menospreciando- que en Cuba hace tiempo se editan una docena o más de publicaciones digitales independientes.

Entonces Cino decidió exponer su punto de vista en un comentario titulado Para evitar confusiones. Lo subió a Círculo Cínico, su blog personal. Unos días después, la bloguera, en ese momento en Holanda, llamó a Luis Cino a su móvil. Lo requirió en duros términos.

Era una fiera. Ni siquiera lo dejó hablar. “Es la segunda vez que tú y yo chocamos. Espero sea la última”. Sus palabras sonaban a amenazas.

Yoani tiene poderosas herramientas para replicar públicamente. Es su derecho. Pero lo que no debió fue zanjar la polémica con una llamada iracunda desde el extranjero.

Si en la democracia futura, negada tras 61 años sin elecciones libres, los supuestos protagonistas pretenden establecer una agenda de lo que se puede y no se puede escribir, no la acepto. No soy un animal de laboratorio. Soy un hombre libre.

En nombre de la democracia se han cometido atropellos en el mundo. La democracia de la que reiteradamente habla Yoani Sánchez no puede ser diferente a la existente en Estados Unidos, Canadá, Austria, Bélgica, Francia, Suiza...

Parte fundamental de una sociedad democrática es la libertad de expresión. Y dentro de ella, la libertad para opinar y discrepar de las figuras públicas. Llámense Fidel Castro, Barack Obama o Yoani Sánchez. De lo contrario, no es democracia.

Iván García
Publicado en este blog el 8 de abril de 2013.
Foto: Yoani Sánchez en la asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa, celebrada en octubre de 2013 en Denver, Colorado, Estados Unidos. Tomada del Diario las Américas.
Nota.- La expulsión del blog Desde La Habana de la plataforma Voces Cubanas fue denunciada por Iván el 28 de enero de 2011 en Firmado en La Habana.
Leer también: De la censura, las amenazas, el amordazamiento y la intimidación y "En el entorno de Yoani Sánchez hay gente que me tiene un odio africano".

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Para evitar confusiones



Los maquiavélicos mandamases que analizaron los pros y los contras de dejar salir a determinados disidentes al exterior, deben estar en pleno goce. Dando brinquitos de felicidad. Los resultados obtenidos hasta ahora deben superar sus expectativas.

Si lo que pretendían cuando corrieron el riesgo de dejarlos salir al exterior, es que defraudaran al mundo e hicieran lucir mal a la oposición cubana, lo están consiguiendo con creces.

Hasta ahora, las excepciones son Berta Soler, tan valiente y digna en Madrid como en la Quinta Avenida de Miramar, y Rosa María Payá, enfrentada en Ginebra a los cómplices internacionales de la dictadura.

Es como si existiese un guión, donde todo hubiese estado minuciosamente previsto para que los disidentes viajeros se desacreditaran ellos mismos y a los que se supone debían representar.

Es el deslumbramiento por la pacotilla, las vidrieras y las luces de neón; el descubrimiento del agua corriente, la carne de res, la conexión rápida a Internet y la música de Bethoven; los deslices, las meteduras de pata y los papelazos; el dejarse trajinar por los gamberros pagados y organizados por las embajadas cubanas en el exterior; las declaraciones desafortunadas, el autobombo y la promoción de agendas propias en detrimento de las demás.

En esto último, Yoani Sánchez se ha llevado las palmas. ¡Cuánto daño le ha hecho tanto premio y tanta promoción! Habla sin parar -siempre de ella- más rápido de lo que piensa. Sin medir las consecuencias de lo que dice.

Así, lo mismo le falla la ironía y hace campaña por la libertad de los cinco espías ante el Congreso brasileño que suelta un discurso en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa, de la que es vicepresidenta regional, y en vez de representar al periodismo independiente cubano lo ignora olímpicamente -o lo da por liquidado con la ola represiva de la primavera de 2003- y le pasa por encima como una aplanadora al proclamar su intención de crear en Cuba "el primer periódico independiente".

¡Y nosotros en Primavera Digital que desde hace casi seis años no dejamos de sacar semanalmente nuestro periódico (ya vamos por el número 264) y por eso pensábamos que éramos los primeros! No en balde dice un colega no estar seguro si los que hacemos PD somos seres vivientes y no ectoplasmas en un incierto limbo donde tejen una publicación onírica, como salida de Comala, que muy pocos -por los motivos que sea- quieren reconocer.

Si de publicaciones en general se trata, también Yoani estaría pasándole por arriba a la revista De Cuba, que fue fundada por Ricardo González Alfonso, Raúl Rivero, Claudia Márquez y un servidor en noviembre de 2002; y a las revistas digitales Bifronte, Cacharros, Convivencia, y a varias otras más, incluso a la mismísima Voces, que dirige el escritor Luis Orlando Pardo, y en la que Yoani y su esposo, Reinaldo Escobar, están tan involucrados que hacen los lanzamientos de cada número en su propio apartamento.

Yoani dice estar consciente de que un periódico independiente en Cuba es algo imposible, que la van a fusilar mediáticamente. Al menos, tendrá esa suerte. A Primavera Digital no la pueden fusilar mediáticamente porque la dictadura no le ha extendido la partida de nacimiento. Solamente una vez -como en el bolero- hubo una mención en el periódico Granma como "un periódico contrarrevolucionario hecho en Suecia". No aclaraba si lo hacía la rubia del cuarteto Abba.

Yoani Sánchez sí tuvo certificación de nacimiento expedida por el mismísimo Fidel Castro, que primero, en una de sus reflexiones, la confundió con un muchacho dislocado por el consumismo capitalista, y luego la acusó, sin venir al caso, en el prólogo de un libro sobre Bolivia, de neocolonialista y agente de la CIA.

Yoani Sánchez, cuando inició su blog Generación Y, exhibió su carné de identidad como muestra de que ella sí escribía desde Cuba sin ocultar su nombre y apellidos.

¿Y acaso empleábamos seudónimos los periodistas independientes que ya estábamos en estas lides desde la segunda mitad de los años 90? Solo recuerdo dos o tres que empleaban seudónimos por aquel tiempo, pero era más por un problema de sonoridad que de miedo, porque todos sabían perfectamente cómo se llamaban.

¡Cuánta inmodestia la de esta muchachona! ¡Cuánta falta de respeto y de agradecimiento muestra hacia quienes levantaron el techo de las prohibiciones e hicieron posible su existencia con su bregar, a pesar de no disponer de internet ni twitter, a veces ni siquiera de una máquina de escribir que valiese la pena, y mucho menos de la promoción internacional de que dispone ella!

De veras que me cuesta creer que Yoani nos tuvo presentes a los de Primavera Digital y que lo de crear el primer periódico haya sido un desliz, otro más en su gira mundial.

Ella que conoce a casi todos los de nuestro equipo, que ha sido amable con nosotros, que nos ha llamado muchachones, que en determinados momentos ha ayudado a varios de nosotros, y que se haya olvidado de que ya existe un primer periódico independiente; ella y Reinaldo Escobar, que estuvieron a punto de contribuir a que se creara el segundo, con su apoyo a un grupo de colegas que quisieron separarse de nosotros y finalmente lo consiguieron para beneplácito de los que ansían vernos divididos, subdivididos, o mejor, multiplicados por cero.

Resulta doloroso hablar de estas cosas, que se puedan interpretar como ataques contra Yoani Sánchez. No lo son, es solo la necesidad de poner las cosas en su sitio. Por el bien del periodismo independiente y de la causa de la libertad de expresión en Cuba. Sé que no faltarán los que digan que le tenemos envidia, que hacemos el trabajo a la Seguridad del Estado, o que somos más come-candelas del anticastrismo que Vigilia Mambisa.

Últimamente todo lo que contradiga a Yoani Sánchez es considerado así. O silenciado en todos los medios. Y no me refiero precisamente al Granma o a Cubadebate. Hay intereses demasiado poderosos empeñados en promover a Yoani Sánchez a costa de liquidar el periodismo independiente.

En Primavera Digital no aceptamos temas tabú: hablamos siempre claro. Preferimos que Yoani y sus blogueros coexistan con la prensa independiente y que se complementen mutuamente. Por suerte, tenemos un periódico independiente para escribirlo y no tendremos que esperar por el que Yoani va a fundar.

Luis Cino
Primavera Digital, 21 de marzo de 2013.
Foto: Luis Cino Álvarez, tomada de Primavera Digital.
Nota.- Comentario en la web de la Agencia de Prensa Libre Oriental: "Los seres humanos por naturaleza son una fábrica de caudillos, pero para los cubanos es una especialidad. En cada momento le dan unos minutos de gloria e endiosamiento a diferentes personalidades. Ahora le tocó el turno a Yoani Sánchez: visita a las más prestigiosas instituciones de diferentes países y hasta financiamientos se dice le han otorgado agencias norteamericanas. Yoani no tiene un proyecto diferente a los que muchas personas ya vienen realizando desde hace casi 20 años en Cuba y lo peor, que no es lo suficiente realista en llevar el mensaje de la situación cubana y de su propio accionar diario. La verdad sobre Cuba es suficiente para no tener que falsearla o tergiversarla. El caso Yoani es una inversión de dinero en la fomentación de caudillos, que se pudiera canalizar para la causa de los luchadores de a pie en Cuba, que bien merecen un monumento al Opositor Desconocido".

lunes, 9 de diciembre de 2013

Periodismo a contracorriente

La eficiencia de una autocracia se mide, entre otras cosas, por su capacidad inalterable de controlar la información. Todo pasa por un tamiz ideológico. Unos tipos, sentados en una oficina climatizada, revisan con lupa lo que la gente debe ver, escuchar o leer.

Libros, discos, noticias, novelas, filmes y seriales deben ser autorizados por el censor ideológico del Partido Comunista de Cuba. Todo aquello que el régimen no haya autorizado puede ser considerado delito.

Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores y el resto de los órganos provinciales del Partido deben tocar la misma melodía. Todo se planifica. Pocas cosas quedan a la espontaneidad.

A una orden de arriba, los dóciles reporteros deben escribir, por ejemplo, sobre la crisis económica en Europa, la indisciplina social en la isla o culpar a los intermediarios privados por el alto precio de los productos agrícolas.

Fidel Castro siempre lo dijo: la prensa en Cuba es un arma de la revolución. Y con ella disparan. En los medios usted puede encontrar reportajes de calibre o crónicas sociales agudas, pero nunca una encendida polémica política.

Los periodistas oficiales más talentosos juegan en tercera división. No son bien vistos. La obediencia prima. La prensa local, sinónimo de mediocridad, está diseñada para desinformar. Su manual de estilo es verde olivo.

Antaño, Fidel Castro recorría a grandes zancadas por un pasadizo secreto desde su oficina en el Palacio de la Revolución, los pocos metros que le separaban del director del diario Granma, para revisar noticias de cabecera o enmendar la plana.

Se cuenta que personalmente escribió los más inflamados editoriales. A un periodista oficial, salvo si ha sido autorizado por el Partido, un ministro puede no responder la llamada y hasta tirarle el teléfono. Funcionarios e instituciones, si así lo consideran, le ocultan informaciones o estadísticas. Raúl Castro pretende darle un vuelco a la prensa.

De un tiempo acá, algunos medios provinciales, emisoras radiales y espacios televisivos han estrenado una discreta y muy comedida glasnost tropical. Ya se leen algunas crónicas rojas, los comentaristas deportivos discrepan de ciertas políticas del INDER y un reportero atrevido acusa de torpe el trabajo de un organismo estatal.

Es bueno que la prensa nacional refleje las opiniones del cubano de a pie. Pero llegan tarde. Desde mediados de los 90, un puñado de mujeres y hombres, por nuestra cuenta, comenzamos a escribir sobre esa otra Cuba que el régimen ha pretendido ocultar.

Casi todos éramos periodistas empíricos, formados en la cotidianeidad. Una veintena, entre ellos yo, tuvimos la suerte de adiestrarnos en talleres impartidos por el poeta y periodista Raúl Rivero. Teníamos un razonable nivel cultural. Y enormes deseos de aprender y superarnos.

El periodismo para nosotros era salir a buscar noticias, en los barrios y en las filas de la disidencia. Redactar a diario en viejas máquinas de escribir, en papeles amarillentos y, a falta de computadoras, trasmitir los textos por teléfono.

Como todo en la vida, hay periodistas independientes buenos, regulares y malos. Y gente que piensa bien, pero rima mal. Mejores o peores, siguen reportando franjas de la vida nacional que los medios oficiales callan.

La credibilidad de los periodistas independientes ha crecido de 1995 a la fecha. Sus puntos de vista y denuncias sociales han creado estados de opinión fuera de la isla. El régimen lo sabe. Por eso se han abocado a una competencia sin mencionar al contrincante.

Ha sido el periodismo alternativo el que ha obligado al periodismo oficial a refundarse y hacer que sus reporteros salgan a la calle.

No es una batalla por la información. Los periodistas libres nadan a contracorriente y sus notas jamás serán publicadas en periódicos estatales. Tampoco los colegas autorizados por el régimen son vigilados, golpeados o acusados de la comisión de un supuesto delito.

Sí, porque existe una ley mordaza que puede condenar a un reportero que escribe fuera del control del Estado a más de 20 años de cárcel. La prensa oficial juega con la cancha inclinada. Así y todo, va perdiendo el partido.

Iván García
Foto: Portada del primer número de una revista que ha quedado como símbolo del periodismo a contracorriente que a mediados de los 90 comenzaron a hacer en Cuba los periodistas independientes. El régimen solo permitió la tirada de dos números: culpó a Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso de su publicación, los enjuició y mandó a la cárcel.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Luis Cino: Todo sobre mí



Dicen que casi todo el mundo recuerda qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001, cuando supo la noticia del ataque terrorista al World Trade Center. Por mi parte, vi por la TV las primeras imágenes del hecho mientras ayudaba a un albañil, que me pagaba 20 pesos diarios, a remendar el techo de una vieja casa en Santos Suárez.

Hasta una semana antes, trabajaba en una UBPC cerca de mi casa. Me pagaban 350 pesos mensuales por hacer de celador de la vaquería en noches alternas y de vaquero todos los días, a partir de que amanecía y hasta que me relevaban después del mediodía. El trabajo tenía sus compensaciones. Al menor de mis hijos, que tenía entonces siete años, y acababan de quitarle la leche de la libreta de abastecimiento, no le faltaba la leche de vaca acabada de ordeñar. En nuestra mesa, no faltaba el ají, el quimbombó y las frutas que ¿resolvía, robaba? en la granja.

Además, siempre me ha gustado la vida al aire libre. Recuerdo que aquel trabajo me abría el apetito. Me encantaba nadar en la presa, vestido solo con un jean cortado por las rodillas, mientras las vacas pastaban en la orilla. Luego me tendía a leer mientras me secaba al sol y vigilaba a las vacas. Malagradecido que es mi cuerpo, no estaba tan flaco como ahora, sino musculoso y con la piel tan tostada como un indio.

Me botaron de aquel trabajo porque un día cuando recogí las reses, yo que soy cegato y distraído, y que por tan poco dormir, no sabía ya cuando soñaba o estaba despierto, no descubrí que una vaca preñada se escondió y se quedó regada en el campo hasta la mañana siguiente. La encontré parida, con su ternerito, oculta entre los matorrales. Por suerte ningún matarife dio con ella esa madrugada, porque todavía estaría preso.

Habría sido una jugada perfecta para Seguridad del Estado, porque como ya era periodista independiente desde hacía más de tres años, me hubieran podido enviar a prisión, no por motivos políticos, sino acusado de “hurto y sacrificio de ganado mayor”. De hecho, el jefe de la granja amenazó con acusarme de impulsivo, y mal hablado que soy a veces, lo mandé para la pinga y le pedí la baja. Después de reparar el techo donde me sorprendió el 11-S, me fui a cortar marabú y a chapear las orillas de la carretera de Managua. Estuve en eso hasta hace menos de siete años.

Desde que me echaron de la universidad para los revolucionarios, casi ningún trabajo me asusta. Como he pasado casi toda mi vida adulta en trabajos rudos –a los 19 años ya trabajaba en la construcción, allá por 1987 trabajaba demoliendo casas a mandarriazos en la Habana Vieja y diez años después, luego de un intermedio como cartero, en el bacheo de las calles del municipio Diez de Octubre- deben suponer que físicamente soy cualquier cosa menos escuálido, que es el término que empleó mi amigo y colega Iván García para describirme en una crónica que me dedicó.

Soy introvertido y tímido, de acuerdo. Bajito y flaco siempre he sido, pero bastante fuerte y saludable. Mejor que escuálido sería enjuto, fibroso, nervudo... Pero a veces uno no halla las palabras precisas para describir a los demás.

Trabajé en la vaquería desde marzo hasta los primeros días de septiembre de 2001: menos de seis meses. No obstante, que haya trabajado como vaquero llama todavía la atención de muchas personas. Algunos amigos que me conocen bastante bien, en Cuba y en el exilio, siguen enclochados en que trabajé como celador de una vaquería.

También pudieran decir que alguna vez fui profesor de inglés y que puedo leer, casi tan bien como a García Márquez y a Vargas Llosa en español, a Faulkner y a Hemingway en su lengua original. Pero supongo sea más romántica la imagen del escritor-cowboy con pinta de junkie o de freakie (¿de hippie sería más exacto?).

A propósito de los detalles románticos, lamento contradecir a mi amigo Iván, pero en mis noches en la vaquería, no escribía cuentos y crónicas junto a una vela, sino a la luz más prosaica de un bombillo ahorrador de 60 watts, con el machete al lado, siempre atento a que no me sorprendieran los matarifes y me descojonaran todo para robarse las vacas.

Con la escualidez, la vela y la pinta de junkie y todo, agradezco el inmerecido honor que me hace Iván García al elogiar mis mañas al escribir. Lo atribuyo a nuestra vieja amistad, que se remonta a los tiempos en que teníamos como mentor al poeta Raúl Rivero, al que nunca tendremos cómo agradecerle sus consejos y enseñanzas.

Pero si se trata de los mejores en el periodismo independiente que se hace ahora mismo en Cuba, también se puede hablar de Tania Díaz Castro, Juan González Febles o el mismo Iván -al que le viene de casta, por algo es hijo de Tania Quintero-, que es uno de los más agudos, ágiles y originales de los observadores de la realidad nacional.

Con González Febles, que desde noviembre de 2007 dirige Primavera Digital y es un excelente narrador, tengo mucho en común, aparte de una amistad -en las buenas y en las malas- de más de veinte años. Nos iniciamos juntos en el periodismo independiente en 1998, en Nueva Prensa, una pequeña agencia independiente que había creado y dirigía la ex comentarista deportiva de la TV Mercedes Moreno, a quien debemos lo muy en serio que tomamos el periodismo desde el principio.

Creo que fue Mercedes quien nos trajo una tarde un libro, Los periodistas literarios, donde aparecían crónicas de Wolfe, Didion, McPhee y otros. Ella pensó que nos interesaría. Acertó. Aquel libro cambió definitivamente nuestro modo de escribir. En aquella época, insaciables lectores como éramos, ya conocíamos a Tom Wolfe, Truman Capote y Gay Talese. Desde entonces, con esos referentes y otros más que hemos ido hallando, eso es lo que tratamos de hacer con más o menos suerte, cuando podemos y viene al caso: periodismo literario.

Es algo que llama la atención de muchos, porque aunque lo literario siempre estuvo presente en el periodismo cubano -desde José Martí y Julián del Casal, pasando por Bohemia y toda la prensa de la República, hasta Lunes de Revolución y la Revista Cuba-, los experimentos formales de los periodistas cubanos de los años 60 fueron barridos por la chatura y la mediocridad del decenio gris, y hasta hoy, salvo contadas excepciones -Leonardo Padura, Luis Sexto, Ciro Bianchi- no ha logrado levantar cabeza en la prensa oficialista.

Si hemos logrado traerlo como algo novedoso a la prensa independiente, particularmente en Primavera Digital ése sería nuestro principal mérito.

Luis Cino
Círculo Cínico, 27 de junio de 2012.
Foto: Luis Cino, a la derecha, con pulóver rojo, Laritza Diversent e Iván García. Fue hecha y enviada desde Nueva York por una periodista estadounidense que en abril de 2009 conversó con ellos en el Hotel Colina, en el Vedado.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Pasado imperfecto



Lo más hermoso de estos tres años de Cuba Press -fundada el 23 de septiembre de 1995- ha sido siempre para mí el acto mismo de escribir.

El contacto, ahora primitivo, con la hoja de papel, el olor de la máquina y su cinta empañada y luego las palabras que llegan como un lienzo para conformar el paisaje espléndido, casi comestible, de los párrafos y sus tachaduras y contraseñas.

El momento mismo en que he ejercido la libertad de redactar noticias, comentarios, crónicas, notas de libros, sin que nadie me imponga las líneas maestras, sin trillos para caminar, sin voces de mando que obedecer, solo con mi conciencia, mis miedos, las limitaciones de mi formación y la certeza de que no defiendo ninguna ideología: trato de hallar la verdad y, en esta circunstancia, sí tienen materia redimida las buenas intenciones.

Ese momento es lo que gratifica y paga sobradamente los encierros y la trivialidad. En esos mil días sucedieron muchas cosas feas y, estoy seguro, que en los próximos mil sucederán también.

Esa sustancia la dejo a los historiadores de la escatología, la maledicencia y el ataque a traición porque ellos también tienen derecho a paladear la escritura fresca, que tiene remisiones frutales.

Esa música fúnebre he decidido que la ejecute, en una orquesta cada día más probable, las "matonesas" y los policías.

Cuba Press me ha permitido acercarme y tocar la libertad y también me ha dado, en otra dimensión de la vida, la alegría de conocer a Ana Luisa López Baeza, Tania Quintero, Marvin Hernández, Odalys Curbelo y Ernestina Rosell, cinco mujeres que he visto renacer y reconstruirse.

Ella y otras personas como Juan Antonio Sánchez, Ricardo González, Germán Castro, Ariel Tapia, Iván García, Orlando Bordón, Juan Carlos Recio, Jesús Labrador, Esteban Díaz y Plácido Hernández, entre otros, me dieron día a día una lección humana y profesional que contribuyó y contribuye al esfuerzo que hay que hacer aquí, a cada minuto, para quitarse el fantasma de la intolerancia y de todas las sagas del totalitarismo.

Ellos hicieron esa abstracción que es Cuba Press, una agencia de noticias a la que solemos añadir el prefijo "indi", y convertirla entonces en una "indi(a)gencia", para señalar el estado de nuestras arcas y del departamento técnico.

Un recuerdo especial para los que han tenido que salir al exilio, Pepe Rivero y Reinaldo Soto, quien instaló una corresponsalía infernal en la cárcel avileña de Canaleta.

Para los que dentro y fuera de Cuba nos calumnian, atacan y difaman, la compresión y esta revelación que a lo mejor le sirve de remedio: nosotros trabajamos todos los días.

Tres años de esta aventura, en la búsqueda de espacios de libertad para la prensa de Cuba, continúa. Gracias a los amigos que nos respaldan.

Una nota final: Sé que hay ya personas interesadas en escribir y teorizar sobre la historia del periodismo alternativo en Cuba. Desde que lo supe no puedo olvidar una frase que leí de un funcionario ex-soviético ante el reciclaje de algunos autores comunistas. Dijo el hombre: "Nuestro futuro es incierto, pero nuestro pasado es impredecible".

Raúl Rivero
Publicado en octubre de 1998 en Cubafreepress.
Foto: Dieciséis años después de redactada esta crónica, el 14 de abril de 2004, Raúl Rivero recibía en Madrid el Premio Internacional de Periodistas Columnistas de El Mundo, que en 2003 le concediera el diario español cuando se encontraba preso. Dos semanas después de su arribo a España como exiliado político, se lo entregaba Pedro J. Ramírez, director de El Mundo. En el acto también hablaba el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Entre los invitados, Mariano Rajoy, en ese momento líder la oposición. La foto es de Begoña Rivas y José Aymá.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cuba Press: un monumento al periodismo independiente


Una agencia de noticias no suele ser noticia. Pero si se cumplen diez años de su fundación, y varios de los que fueran sus periodistas están tras las rejas -condenados a 20 años de cárcel-, además de haber sido dirigida por un excelente reportero y mejor poeta, llamado Raúl Rivero, y estar proscrita por el gobierno de Fidel Castro, entonces Cuba Press tiene todas las papeletas para hoy ser noticia.

El 23 de septiembre de 1995, en su apartamento del barrio habanero de la Victoria, Rivero fundó la agencia de noticias Cuba Press. Fue una de las muchas buenas ideas que gestó.

He conocido todo tipo de hombres, los hay muy inteligentes pero no creativos, y los hay muy creativos pero para nada sociables y comunicativos. Rivero, además de inteligente, creativo, sociable y comunicativo, tiene el don de ser un buen diplomático, al conciliar caracteres diferentes y opiniones encontradas.

Cuba Press era una abstracción, no tenía oficinas ni ordenadores, celulares o autos para cubrir las noticias. Aunque sí cinco o seis máquinas de escribir dignas de figurar en colecciones de museo, y muchos deseos de trabajar de los más de veinte periodistas que un día pertenecimos a su equipo.

¡Cómo olvidar las tertulias en casa de Blanca Reyes y Raúl Rivero, donde se hablaba de muchos temas y las horas se sucedían como si fuesen segundos! Subir los 57 escalones hasta el piso de Rivero para entregar un par de crónicas, era para mí una fiesta.

En la oratoria, Raúl es un maestro, puede hablar siglos y uno no perder el interés de su conversación. El poeta tomaba café como un demente y fumaba cigarrillos como Humphrey Bogart en Casablanca. Entre humo y café daba talleres de prensa exprés que no he olvidado.

Incluso, después de cursar estudios de periodismo, cualquiera podría aprender con la hora y media que dedicaba Raúl Rivero -con voz de gitano y sencillez mundana- a sugerir sin imponer su concepto del nuevo periodismo.

Tengo presentes sus lecciones: usar el punto y seguido en abundancia para que la palabra no te ahogue, párrafos cortos y títulos sugerentes. Ser sobrio y ameno. Y contar muchas historias. Todo esto y más, pero sin faltar a la verdad. Un periodista debe ser como un sacerdote, decía. Y en Cuba Press lo intentábamos.

Raúl Rivero era el peso pesado, pero existían otras estrellas. Había una mujer, camagüeyana de nacimiento, que responde al nombre de Ana Luisa López Baeza y de la cual siempre he creído tenía un imán para las noticias. Todas iban a parar a ella.

Ana Luisa tenía el don de la ubicuidad. Donde quiera que había un suceso, ya fuera la detención de un opositor, el asesinato de un suizo en La Habana o un suicida en Pinar del Río, ahí estaba López Baeza.

Tania Quintero era como una máquina tragaperras: usted echaba una moneda y salía un trabajo periodístico. Además, es mi madre, y ahora en la soledad de mi casa, en la barriada de La Víbora, me pregunto cómo era posible que escribiera 20 ó 30 artículos en un mes y más de dos mil en los 8 años que estuvo en Cuba Press. Además de escribir en exceso, tenía que cocinar y lavar como una esclava y atender a dos hijos y una nieta. No he conocido a otra persona en sus cabales que soporte tanto trabajo sin parar en un manicomio.

En Cuba Press se forjó también Ricardo González Alfonso, un tipo que trabajaba como un obrero y tenía una risa altisonante. Ahora está preso, condenado a 20 años por tener la genial idea, junto al poeta Rivero, de crear una revista llamada De Cuba, donde escribían periodistas libres. Es evidente que la buena idea no agradó a Fidel Castro y lo envió a prisión.

Ricardo es hombre ordenado y puntual, administrador eficiente y buen periodista. Podría ser presidente del país. Yo votaría por él, a pesar de que me requería como nadie cuando incumplía en el mes mi cuota de crónicas o noticias.

Cuba Press es el reflejo de la sociedad cubana actual. Ahora mismo, Ana Luisa López Baeza y Ariel Castro están en Estados Unidos, Raúl Rivero en España, Tania Quintero e Iria González en Suiza, Ricardo González en la cárcel, y yo escribo esta nota mientras corren por mi rostro unas lágrimas en La Habana de todos ellos.

Dividida, perseguida y silenciada, Cuba Press es un monumento al periodismo independiente y a la nueva sociedad con plenas libertades a que aspiramos todos los cubanos. Dejemos que la historia futura le dé un lugar, pero ahora, en el otoño habanero de 2005, festejo el décimo aniversario de la fundación de la que una vez fue mi agencia.

Extraño cada minuto a mi madre, a mi hermana y mi sobrina; a la otra madre sustituta, Blanca Reyes, quien sabe bien por qué lo digo. Si Raúl Rivero está hoy en Madrid, mucho le debe a esa gigante que tiene por esposa.

Cuba Press es de mucha gente. Me quedo con las seis horas de asedio, como si fuera un paparazzi, para entrevistar en 1996 al pelotero Orlando El Duque Hernández, cuando fuera expulsado del béisbol por decreto gubernamental.

Después de hablar con ese monstruo del box, que hoy tiene tres anillos con los Yankees de Nueva York y ahora pitchea con los Medias Blancas de Chicago, me costó otro par de horas convencerle para que me diera la entrevista.

Todavía recuerdo al Duque, con su cabeza rapada, decirme en voz baja que ya no tenía nada que perder y que las únicas puertas que le habían dejado abiertas eran las del destierro. Fue profético.

Tampoco olvido a Raúl Rivero sacando cuentas como un bodeguero, para repartir entre todos el escaso dinero. Cuba Press fue una hazaña y la agencia que mejor funcionó dentro del periodismo independiente cubano.

Iván García
Publicado el 19 de septiembre de 2005 en Cubaencuentro.
Foto: Uno de los talleres de periodismo que Raúl Rivero impartía en casa de Ricardo González Alfonso, en la barriada habanera de Miramar, para los de Cuba Press y otras agencias de prensa. El primero a la izquierda, tomando nota, es Adolfo Fernández Saínz. Frente a él, Ricardo, con camisa de cuadros azules. Con pulóver blanco, Jorge Olivera, de Habana Press. La rubia a la derecha es Álida Viso Bello. Al fondo, con la mano en la cabeza, Iván García.