lunes, 31 de julio de 2023

La política exterior de Cuba en la Nueva Guerra Fría (II y final)

Debemos empezar por preguntarnos si en esta nueva Guerra Fría será igual de fácil echar mano del no alineamiento. No hay razones para confiar en que lo sea. Porque la realidad es más bien que lo ocurrido entre 1945 y 1989 ha sido bastante inusual en el contexto de relaciones internacionales, a través de la Historia.

Por ejemplo, antes de 1918 Europa se rigió por los mismos principios que ahora propone el Kremlin: por la idea de que la soberanía era un derecho solo de los fuertes, en razón de la naturaleza de las cosas, pero también en el del interés general en la estabilidad internacional, y que por tanto solo los grandes poderes tenían derecho a ser soberanos, mientras cualquier pequeña o poco poderosa unidad política, o incluso nacional, debía ser ocupada y luego absorbida —las pequeñas o poco poderosas unidades políticas o nacionales eran vistas solo como factores de inestabilidad.

En base a esa visión de las relaciones internacionales, entre las postrimerías del siglo XVIII y 1900 la mayoría de los pequeños estados europeos, y no pocas de sus naciones más atrasadas o menos poderosas, terminaron por ser absorbidos por un grupo de siete grandes potencias. El derecho a la independencia de los pequeños estados, o de las naciones poco poderosas o atrasadas, sólo fue respetado en el de aquellas trepadas en las montañas o hundidas en los pantanos, como Suiza o los Países Bajos, o en el de aquellas en que al varias potencias disputarse ese territorio, como Bélgica y Dinamarca, se prefirió dejarlas por su cuenta.

Por tanto, no, en el nuevo contexto de las relaciones internacionales que propone abiertamente Moscú, pero también Pekín, aunque con mucho más disimulo, el cual contexto por demás se apoya materialmente en la tendencia actual de la economía global a dividirse en grandes bloques independientes, no será igual de fácil definirse por el no alineamiento. Es improbable que los superpoderes actuales, núcleos de los bloques económicos en formación, pasen en lo inmediato más allá, hasta la eliminación de la independencia, o un masivo corrimiento de las fronteras, en primer lugar por el peso de las tradiciones de respeto a la soberanía nacional heredadas del siglo XX, pero sobre todo porque tanto Rusia, como China, son unidades étnicamente muy homogéneas, con un gran interés en mantenerse así –lo cual no podrían conservar de comenzar a absorber territorialmente a otras naciones y etnias.

Sin embargo, dentro de sus áreas de influencia, o de lo que consideren como tal, las cuales áreas ahora incluirán a todo el planeta, ni esos superpoderes, ni los Estados Unidos, serán tan permisivos como lo fueron las superpotencias de la Guerra Fría anterior. Estados como Brasil, o la India, sin duda conseguirán mantener un alto grado de independencia, política y económica, pero ese no será el caso de los pequeños, como Cuba, Bielorrusia, o Birmania, justo junto a los actuales superpoderes.

Hay que acabar de entender que la anterior Guerra Fría se desarrolló en un contexto muy ideológico, en que los dos grandes centros de poder admitían los principios de convivencia internacional de Woodrow Wilson: la inviolabilidad de las fronteras, y al menos en teoría la soberanía e independencia de los estados dentro de ellas. En un final eran, más que dos estados en lucha por el poder global, dos concepciones de la sociedad y la economía que se disputaban entre sí el corazón y la voluntad de todos los humanos, a quienes por lo tanto se les debía permitir cierta capacidad de decisión a nivel nacional.

Si bien esto último no era tan así, y los golpes de estado preparados por la CIA o el KGB abundaron entre 1945 y 1989, e incluso las intervenciones militares abiertas —aunque siempre para apoyar a un sector de la población local, real, creado o supuesto, que compartía visión ideológica con el interventor—, en comparación las diferencias con el nuevo contexto de la segunda Guerra Fría sí son importantes. Ahora hablamos de la vuelta al realismo político en las relaciones internacionales, y del abandono del idealismo en ellas.

Del retorno de la vieja política anterior al principio de soberanía de las naciones, aquella en que simplemente se interviene de manera directa en base a un interés nacional que no se disfraza tras declaraciones idealistas. Del retorno al derecho de la fuerza, sin necesidad de fingimientos. Porque repito, lo que proponen los actuales retadores de la hegemonía de los Estados Unidos, o incluso un sector muy importante dentro de la propia política americana, es no otra cosa que un acuerdo de división del mundo entre los fuertes, en el cual la opinión de los menos fuertes no importa. Y en ese contexto pensar que se puede echar mano del no alineamiento, al menos por aquellos estados que de manera evidente quedamos muy adentro del área estratégica de cada uno de los grandes súperpoderes, o en los puntos clave del planeta, no es más que un sueño.

En todo caso que Cuba consiga o no adoptar una política de no alineamiento dependerá de la buena voluntad de los Estados Unidos, y de su determinación a mantenerse comprometidos con los principios internacionales de Woodrow Wilson. Si los Estados Unidos aceptaran finalmente la idea de las zonas de influencia, dentro de las cuales el interés de estabilidad global dicta la necesidad de que los pequeños estados y naciones al interior de las mismas se subordinen a la superpotencia respectiva, la independencia de Cuba para mantener una política de no alineamiento no será en todo caso más que una fantasía.

Pero incluso si los Estados Unidos no cedieran por completo, se resistieran ante las tendencias de la época y optaran por mantener su actual posición ideológica de campeones globales de la Democracia, la cercanía a ellos de Cuba, geográfica pero también demográfica, porque un crecido por porcentaje de la sociedad cubana transnacional vive allí, la actitud y la filosofía de sus contendientes globales… todo, en fin, los obliga a no permitirse una República de Cuba que no se declare su aliada en la defensa de esos mismos principios y valores de la política exterior —los principios y valores en base a los cuales podría soñar con no alinearse. Con lo que no, ni tan siquiera ese caso a Cuba le cabría optar por el No Alineamiento.

La realidad es que a Cuba solo le cabe alinearse a los Estados Unidos, e incluso no quedarse en un simple alineamiento diplomático, sino en buscar acercarse a ellos económica o políticamente todo lo que la propia política americana lo permita. Insistir en empujar a Cuba en dirección contraria es condenar a la población cubana a sacrificar los niveles de vida que podría alcanzar, para que una minúscula élite, que no compartirá el sacrificio, consiga satisfacer sus ansias de poder, y de estatus internacional –los guías de una proeza numantina.

Como hemos visto, incluso en caso de que los Estados Unidos se dejaran arrastrar por la concepción política internacional de quienes los desafían, a Cuba no le queda otra solución que alinearse a ellos. Porque en caso de que los tres grandes coincidieran en la misma visión imperialista, de áreas de influencia, esas otras opciones presentadas por Roberto M. Yepe en On Cuba News en inglés, existen menos que nunca: ni alinearse a Rusia y China, ni mantenerse a distancia de cualquiera de los grandes súper poderes globales —hasta aquí hemos hablado de tres, pero no hay que descartar que ese número llegue a los cuatro, si la India termina por acercarse a los Estados Unidos.

A menos que alguno de los nuevos polos de poder global abandonara el nacionalismo para pasarse a una ideología universalista, a la manera de la desaparecida Unión Soviética, Cuba no podrá escapar de la realidad, más que a costa de las vidas de su gente de a pie. De esos, que a pesar de poner todos los sacrificios, nunca saldrán en la foto con que se ilustra el heroísmo numantino del pueblo cubano ante el Imperio más poderoso de la Historia.

Que la tendencia de Cuba es alinearse a los Estados Unidos, el mismo Yepe lo comprende, como hemos mencionado más arriba. Lo admite al reconocer que esa tendencia es tan fuerte como para que exista la posibilidad de que el mismo régimen, tras la desaparición de los últimos remanentes de la generación histórica, se deje arrastrar por ella. De hecho, que Yepe escoja situar de primera en su lista la opción de alinearse a los Estados Unidos puede entenderse como una manera de presentar a las otras como las posibilidades que podrían salvarnos de esa, tan poco querida.

El asunto es que aun cuando se admita esa tendencia real, desde la posición de Yepe no se puede avanzar más allá. Para ello habría que admitir la necesidad de eliminar al actual régimen cubano, o de cambios al mismo que en definitiva implicarían su destrucción, y eso, desde dentro de él, es pedir demasiado. Porque es ese régimen, o por lo menos lo que aún queda de su dirección histórica, lo único que evita que la tendencia a acercarnos a los Estados Unidos se cumpla. Lo cual, si miramos a nuestro alrededor, en lo profundo de la Isla, el régimen nacional-castrista solo lo logra al costo de empobrecer y despoblar cada vez más a la sociedad cubana.

José Gabriel Barrenechea
Cubaencuentro, 6 de junio de 2023.
Foto: Mansión que también forma parte del Ministerio de Relaciones Exteriores, en la barriada habanera del Vedado. Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 24 de julio de 2023

La política exterior de Cuba en la Nueva Guerra Fría (I)

El 7 de mayo de 2023, en su edición en inglés, On Cuba News publicó el ensayo Cuba in new cold war: three scenarios, de Roberto M. Yepe. En dicho trabajo el autor identifica tres posibles políticas exteriores cubanas en el actual contexto internacional, al menos de aquí a 2030:

1. Alineamiento con los Estados Unidos.

2. Alineamiento con Rusia y China.

3. No Alineamiento.

Según Yepe, de ocurrir la caída violenta del régimen actual quienes lo sustituyan en el gobierno de la Isla elegirán la primera de dichas políticas. Para él, por tanto, la única manera en que la política exterior cubana alcanzara a proponerse algo más allá del alineamiento con los Estados Unidos es el mantenimiento del actual régimen político. No obstante, no deja de reconocer que incluso aunque no se diera el escenario de una discontinuidad política, el actual régimen podría evolucionar en la dirección de ese alineamiento con los americanos; en especial a la muerte de todos los miembros de la llamada Generación Histórica. Con lo cual de manera implícita reconoce que es precisamente en esa dirección que la realidad tiende a empujar a Cuba.

Yepe es un nacionalista, cubano, y como tal tiene profundos traumas y complejos sentimientos hacia nuestros vecinos. Mas debemos reconocer no es un nacionalista radical, de esos cuyo credo es más bien un antiamericanismo acérrimo e irredento, fundamentado en la idea de que mientras los Estados Unidos estén ahí, en pie, a Cuba solo le cabe la misión moral de enfrentarlos, y por lo tanto de aliarse a cualesquiera sean sus enemigos. Yepe es un reformista, o sea, alguien que está por intentar hacer una vida lo más normalmente posible junto a nuestros vecinos, aunque manteniendo la distancia; no es un talibán, uno de esos otros quienes les dan a sus vidas, y a la de la Nación, un objetivo y un destino de cruzada milenarista: enfrentar a los Estados Unidos: ¡Hasta la Victoria, Siempre!

Es desde esa filiación “reformista” que en este ensayo intenta convencer a los miembros de la élite dirigente cubana, a quienes va dirigido, de no dejarse arrastrar por una política exterior de alineamiento con China y Rusia, y en cambio adoptar una de No Alineamiento. Al tiempo que los convoca, además, a “…developing a coherent and comprehensive strategy to positively influence U.S. society and political system…” con el objetivo de incentivar que los Estados Unidos regresen a la política Obama.

Yepe, en consecuencia, lo que hace en este ensayo no es otra cosa que defender una propuesta reformista de política exterior para el régimen cubano, en el nuevo contexto internacional y para el porvenir inmediato. La cual también incluye sus guiños hacia la actual administración Biden. Como cuando dedica un párrafo a explicar que el régimen cubano demostraría carecer de inteligencia y juicio propio si se distanciara de China y Rusia, mientras los Estados Unidos mantienen su actual política hacia el régimen cubano. Los Estados Unidos, o de modo más exacto su grado de hostilidad hacia La Habana, escribe, son la variable independiente que decide qué dirección tomará la política exterior cubana. Por lo cual, concluye, si ese país desea evitar que Cuba derive hacia un mayor alineamiento con China, y con Rusia, debe decantarse por una política menos hostil.

En resumen, con este corto ensayo el autor le presenta a la élite dirigente del régimen una propuesta reformista, y a su vez intenta hacerle entender al establishment político americano, ya no solo a la administración demócrata, que el que esa propuesta logre imponerse o no, como la política exterior cubana, depende en esencia de sus propias decisiones políticas.

Los suspicaces habituales de siempre podrán decirme que no, que aquí el autor, al presentar las posibilidades otras de política exterior que Cuba tiene, sobre todo la de su alineamiento con China y Rusia, lo que intenta es condicionar a los Estados Unidos, para a través de esa amenaza conseguir un regreso de Washington a la política Obama. Lo cual es exactamente lo mismo que antes, porque en esta variante lo central sigue siendo la visión reformista de que el régimen puede, y necesita, vivir sin partir de la idea de una misión de Cuba como el contendor moral de los Estados Unidos. Algo que no puede dejar de ser visto más que como un paso adelante, hacia dejarse llevar por una tendencia que no puede sino arrastrarlos más que en una dirección: aquella contra la que han batallado desde por lo menos el remoto verano de 1960, y en cuyo esfuerzo han sustentado su legitimidad política.

En lo que sigue analizaré las posibilidades concretas de las dos alternativas de política exterior preferidas por Yepe, y expondré las razones de por qué creo sólo aquella de la cual quiere escapar, a toda costa, es la única realista.

Hay una diferencia clave entre los actuales poderes globales enfrentados a los Estados Unidos, y la Unión Soviética: sin duda el pragmatismo en la defensa del interés nacional tuvo su importancia en la política exterior soviética, pero no fue lo determinante. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tenía una concepción política universalista, según la cual todos los humanos, y todos los países, por las leyes históricas del desarrollo socio-económico, avanzaban hacia un único destino común. Al pensarse a sí mismos como los más adelantados en ese camino, se sentían éticamente obligados con cualquiera que les pidiera ayuda para avanzar por él; no importa si el solicitante se encontraba dentro de su área de influencia, o no.

En contraste, la China de hoy no antepone su muy diluida visión ideológica universalista, a sus intereses nacionales mondos y lirondos y a estrictos criterios de rentabilidad económico-financiera. En cuanto a Rusia, su ideología es abiertamente el imperialismo. Las élites dirigentes de ambas superpotencias no le proponen ningún proyecto o destino común al resto de los seres humanos, solo buscan posicionar a su propia gente, y claro, a sí mismas, entre los mejor situados en una jerarquía imperialista de poderes globales. En consecuencia, en lo inmediato lo que persiguen, tanto una como la otra, es un área de influencia que les sea respetada por los demás superpoderes; a cambio, claro, de respetar las ajenas. A la espera, por lo menos en el caso chino, de que en un futuro algo más distante se pueda soñar con la hegemonía planetaria para sí mismos.

En este contexto, esperar desde Cuba que Rusia, y China, mantengan hacia ella la misma relación que en su momento la Unión Soviética, es dejarse llevar por la nostalgia para no entender la profunda diferencia entre esta multipolaridad, y la que la precedió. No solo no se puede esperar lo mismo en cuanto a ayuda material, de know how, o financiera, sino incluso en cuanto a apoyo político y militar —prácticamente incondicional entonces, al menos mientras Cuba mantuviera su voluntad y determinación de construir el modelo del cual la Unión Soviética era su principal proponente a nivel planetario.

Con mucha imaginación, Cuba solo podría esperar un apoyo semejante, de cualquiera de los dos superpoderes globales que desafían el poder hegemónico americano, durante el tiempo en que los Estados Unidos continúen negándose a aceptar la división del mundo en esferas de influencia. Una vez los americanos acepten esa división que aquellos le proponen, una vez alcanzado ese acuerdo entre los tres grandes superpoderes, Rusia y China, mientras no se sientan lo suficientemente fuertes para intentar hacerse con la hegemonía global, respetarán con religiosidad las áreas de influencia ajenas… y sin duda la situación de Cuba es muy adentro de la americana, casi en su propio centro.

Rusia, por ejemplo, hoy apoya a La Habana. Pero habría que preguntarse qué ocurrirá en caso de que Donald Trump lograse recuperar la presidencia de los Estados Unidos para enero de 2025, y Vladimir Putin hubiera conseguido mantenerse en el Kremlin hasta ese entonces. En tal caso, de Trump continuar con su política previa de admitir un área de influencia rusa, para convertir a Moscú en un aliado frente a China, la actual decisión rusa de apoyar a La Habana dependerá de las relaciones del presidente americano con el Exilio cubano, y de la capacidad de este último para mantener su influencia en la política americana hacia Cuba. De la administración Trump apostar por la hostilidad hacia La Habana, de más está decir que el Kremlin no va a poner en peligro todo aquello por lo que ha venido trabajando desde hace más de una década, al interior de la política americana, para mantenerse firme junto al ineficiente, contradictorio, menesteroso régimen de un señor tan impresentable y aburrido como Miguel Díaz-Canel.

En cualquier caso, el apoyo, la ayuda que Rusia hoy le proporciona a La Habana, o incluso con la que se podría soñar en el futuro de aquí a 2030, no da para mucho, si es que para algo. Dado que ese país ha pasado de ser la potencia industrial que fue en los tiempos soviéticos (en 1989 el primer productor mundial de acero), a en lo esencial un exportador de materias primas. Rusia mantiene su estatus de superpoder solo en razón de conservar el primer arsenal nuclear del planeta, y a su inmensa extensión territorial, porque ni por lo demográfico, o por lo industrial, puede ya considerarse como tal.

En cuanto a China, quien aún a lo interno ha antepuesto los criterios de eficacia económica a los ideológicos, es evidente su nula disposición a echarse encima a un sistema económico, y a una clase política o empresarial, tan ineficiente como la cubana. La élite china demuestra haber comprendido muy bien que lo único que el régimen cubano puede venderles es apoyo político antiamericano, al costo demasiado alto de financiarles el modelo socialista del despilfarro, que los cubanos tomamos más que de Marx, de su yerno, el santiaguero Pablo Lafargue. Porque incluso si todavía no hubiera acabado de entender al régimen cubano, lo cual no parece ser el caso, el mandarinato chino se da plena cuenta de que una isla con tan escasos recursos solo vale algo por su cercanía a los Estados Unidos: como punto comercial, o como molesto vecino, y ya que mientras se mantenga el embargo lo primero es inviable…

Pero la realidad es que eso de ponerle un molesto vecino a los Estados Unidos, en sus narices, no es algo que a los mandarines les interese gran cosa: la República Popular China —esa modernización del Celeste Imperio—, que aprendió a desarrollarse al mantener la distancia de los antagonismos de la Guerra Fría, prefiere seguir una política exterior más sutil, y por demás lo de evitarse un aliado tan ineficiente es un incentivo añadido de mucho peso para no gastar su dinero en pagarle molestas vecindades a Washington.

En su lugar la República Popular China se ha cuidado de enviarle señales a los Estados Unidos de que para ellos Cuba es cosa de los americanos, probablemente con la intención de que a su vez estos admitan que los mares de China Oriental, y Meridional, pero sobre todo Taiwán, son asuntos suyos. Aquí, claro, siempre le quedará al régimen cubano la esperanza de que dado que Taiwán es para Washington de una importancia estratégica infinitamente superior, por su posición geográfica o por su producción de chips, los americanos nunca aceptarán semejante arreglo. Por lo que a medida que la situación alrededor de Taiwán empeore, cabría esperar que Pekín pierda la paciencia y abandone la sutileza en su política exterior, o hasta los criterios de eficiencia económica, para decidirse a pagar por el molesto vecino.

El problema, aparte de la proverbial paciencia de los orientales, más que demostrada en la manera en que la República Popular ha llegado a convertirse en la segunda superpotencia económica global, es que de ocurrir de esa manera los cubanos nos veremos obligados a vivir en una zozobra semejante a la de los taiwaneses hoy en día, a cambio de ganarnos a un mecenas tan cicatero como siempre lo será China. Porque si bien hasta ahora los americanos han considerado que no ameritaba intervenir en Cuba, de solo sospechar que ese archipiélago a 90 millas podría escalar hasta convertírseles en un Taiwán propio, su visión del asunto cubano cambiará de manera radical.

En resumen, entrar como aliados —en realidad como satélites— de Rusia o China, no le garantiza nada ni siquiera a las élites postcastristas. Tarde o temprano lo que aquellas potencias harían con Cuba es negociarla con Washington, para avanzar en su sueño de un mundo dividido en tres áreas de influencia. En ese diseño de las relaciones internacionales, a Cuba solo le cabe ser patio trasero de los Estados Unidos.

José Gabriel Barrenechea
Cubaencuentro, 5 de junio de 2023.
Foto: Edificio sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, en la barriada habanera del Vedado.Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 17 de julio de 2023

El hijo de un zar estuvo en Cuba en 1872

Cuando La Habana despertó el martes 27 de febrero de 1872, ya sus calles habían sido engalanadas para recibir al Gran Duque Alekséi (Alejo, 1850-1908) Aleksándrovich Romanov, hijo del zar Alejandro II de Rusia.

La escuadra imperial arribó a la bahía proveniente de Estados Unidos, comandada por el Almirante Konstantín Nikoláievich Possiet y estaba integrada por las fragatas Bogalye, Svetlana, Vsádnik y Almirante General, la corbeta Ignátiev y la cañonera Abrek. Navegaban en la escuadra 200 oficiales y más de 3 mil marineros.

Una multitud curiosa, en el muelle de Caballería, disfrutó el espectáculo. Otros integrantes de la nobleza que acompañaban a Alejo eran los príncipes Jacob Schakolski y Sergy Uktomsky, los condes Shouwalff, Oloenlieff, M. Vesselag, consejero de Estado y el general M. Metchin.

A la fragata Svetlana fue a expresarle la bienvenida el general Francisco de Ceballos y Vargas, segunda figura en la jerarquía política y militar del Gobierno colonial en la isla. Parece que el Duque llegó muy cansado, pues decidió pernoctar en su nave. El desembarco se efectuó al día siguiente, en horas de la tarde.

La Banda de los Guías interpretó la Marcha Real Rusa para darle la bienvenida a la ilustre comitiva. Por la noche, Blas de Villate y de la Hera, Conde de Valmaseda, Capitán General de la Isla, le ofreció un banquete, al que asistieron varios generales, los condes de Cañongo, O’Reilly y los marqueses de Aguas Claras y San Carlos, además de representantes del cuerpo diplomático.

Después, a las nueve, paseó por las calles de la Muralla y Mercaderes, adornadas para la ocasión, mientras iba al Teatro Tacón, donde la orquesta tocó la Marcha Real y disfrutó del primer acto de la ópera buffa Cisprino e la Comare.

En la mañana del día siguiente, el Duque Alekséi, quien fue nombrado jefe de la Guardia Naval Imperial en 1873, se trasladó en tren desde la Estación de Villanueva hacia el Canal de Vento. Allí almorzó, junto con autoridades del Ayuntamiento y los súbditos rusos.

El sábado, a bordo de la fragata Svetlana, celebró el advenimiento al trono de su padre, aniversario que se festejaba ese día. Desde La Cabaña, los buques anclados en la bahía dispararon balas de salva. A bordo efectuaron un acto solemne.

Una cena espléndida le aguardaba al Duque en la Quinta de Santovenia, donde se alojó durante su estancia. Interesado en conocer las costumbres de los cubanos, aceptó la invitación para asistir a una pelea de gallos finos en Marianao, el domingo por la tarde, así contada por un cronista del Diario de la Marina:

"A la una y media de la tarde salía del paradero de Concha una máquina exploradora, vistosamente engalanada con banderas y gallardetes de todos colores entre los que figuraban el pabellón Nacional y el del Imperio ruso. Poco después seguía otra máquina que parecía en el brillo de los metales acabada de salir del taller de fabricación ostentando los pabellones español y ruso y una hermosa águila dorada al frente en posición de contemplar ambas banderas. Seguíala un coche conduciendo una banda de música de uno de los batallones de voluntarios, otro coche de primera con personas del séquito de su S. A. y por último el coche imperial donde iba su alteza con el señor Gobernador político y otras muchas personas distinguidas de la que empañaban al príncipe y de las de La Habana. Todos los coches muy limpios y pintados, el coche imperial estaba ricamente en tapizado y fileteado con molduras de oro".

Al evento acudieron muchos habaneros, pues era una lidia con acceso libre al público. Las banderas de Rusia y España sobresalían en el teatro, convertido en valla de gallos. Con el hijo del Zar estaba el Conde de Valmaseda, oficiales de la Marina de su país, Estados Unidos, Inglaterra y de otras naciones. Julián de Zulueta y Amondo, famoso traficante de esclavos y político español, marqués de Álava, uno de los hombres más acaudalados de Cuba, lo recibió en su palacete ubicado en la villa de Marianao y en la cual merendaron el viajero y sus acompañantes, unas setenta personas.

Al caer la noche, disfrutó de un bailable que se extendió hasta las dos de la madrugada, en los salones del Palacio de los Capitanes Generales. Pormenores del baile narrados por el cronista del Diario de la Marina:

"A las diez y media llegó S.A.I.-El Excelentísimo SR. Capitán General y una comisión del Excem. Ayuntamiento recibieron al príncipe Alejo al pie de la escalera de Palacio. Una compañía del primer batallón de Ligeros, que estaba de servicio, con bandera y música, hizo los honores al ilustre huésped, y la música de Bomberos, colocada en el patio, tocó la marcha imperial de Rusia, mientras S. A, subía los salones, cuyas orquestas lo recibieron a los sones del himno real español. El primer rigodón (danza de origen francés) oficial o de honor lo formaron las siguientes parejas: el Príncipe Alejo, con la elegante Condesa de Jibacoa (…) Conde de Valmaseda con la gentil Rita Duquesne. Bailaban además en el cuadro, el Conde de Cañongo con la distinguida señora de Zulueta; el general Ceballos con la bella Lola Morales de Sandoval; el ayo de S.A.I. con la esbelta y amable Dolores Pedroso de O’Reilly y el capitán Clainer, de la armada rusa, con la hermosa Condesa de Romero".

Apenas León Crespo de Laserna, alcalde del Ayuntamiento de Matanzas, conoció la visita del Duque, viajó a La Habana con otras personalidades para invitarlo a recorrer la Ciudad de los Puentes, el valle de Yumurí y las Cuevas de Bellamar. El 4 de marzo se materializó la visita. En la fragata Svetlana primero viajó a Regla. Allí el Gobernador de Guanabacoa y los alcaldes de esa villa y de Regla le tributaron un breve homenaje antes de que partiera en el tren imperial. Luego hizo escala en Jaruco donde también lo recibió la máxima autoridad.

En Matanzas, cuando arribó al paradero de García, en el Castillo San Severino una salva de veintiún cañonazos dio la bienvenida y avisó a la población que, previamente, había decorado las fachadas de sus viviendas. Distinguidas personalidades, la Banda de música y numerosa escolta de policías, lo esperaban en el andén, asi como Batallones del Cuerpo de Voluntarios, tal como informaba el Diario de la Marina:

"De esta plaza recibirán con los honores de ordenanza cubriendo la carrera desde el paradero de García por la calzada de Tirry, plaza de La Vigía, calles Del medio, Ayuntamiento y Plaza de Armas, para tomar las de Contreras, Dos de Mayo, Daoiz e Isabel II, hasta el alojamiento que se le tiene preparado en la pintoresca quinta situada en las Alturas de Simpson, de la propiedad del señor don Félix González Torres".

En todos los edificios del Estado se izó la bandera de España mientras duró la visita del Duque. Con el fin de apreciar el Valle del Yumurí, la tarde de su llegada, se dirigió a la Cumbre, a la quinta de Manuel Mahy y León. El panorama le causó profunda admiración. Según testigos quedó embelesado y se le escuchó decir: “Para ser el valle el paraíso terrenal, solo faltan Adán y Eva”.

A las 7 de la noche, asistió en la Casa Consistorial a un banquete organizado por el Ayuntamiento, amenizado por una serenata de las bandas de música del Ejército. Los dueños de los restaurantes Louvre y La Diana estuvieron a cargo del menú. También disfrutó, brevemente, de un baile de máscaras en el Casino Español.

Al día siguiente estuvo en las famosas Cuevas de Bellamar. La caravana de quitrines partió temprano, después de observar aquel escenario extraordinario de la naturaleza, el propietario de las cavernas le regaló, como recuerdo, una caja con estalactitas y estalagmitas y el Duque dio 100 pesos a los jóvenes que llevaron los hachones, para iluminarle el camino, durante el recorrido.

Otro obsequio que recibió, antes de regresar a La Habana, fue un cuadro bordado por niñas del Asilo de San Vicente de Paul. En el fondo aparecían las armas de Rusia. Agradecido, el Duque hizo un donativo a la casa de beneficencia.

En las memorias de aquel intenso viaje se cuenta que, casi al partir de la isla, llegó de Matanzas el fotógrafo Sicre con una de sus creaciones “hermosa vista de la pintoresca ciudad de los ríos” para que la llevara como recuerdo. No tuvo tiempo ni para la siesta. Llegó de Matanzas y fue a una corrida de toros y de noche al teatro.

Los biógrafos de Alekséi (Alejo) Aleksándrovich Románov coinciden en que sentía predilección hacia las bellas artes y fue militar para complacer a su padre. Se le recuerda a principios del siglo XX, rodeado de escritores, pintores y actores, en su mansión parisina. Por ello, no podía irse de La Habana sin disfrutar la cartelera del Teatro Tacón. Estuvo en la función de beneficencia dedicada al actor italiano Enrico Tamberlick.

Hay un dato curioso y es que la presencia del integrante de la dinastía Romanov inspiró al autor J. Ángeles a componer un himno. En Cuba solo se había realizado un baile oficial en los buques de guerra y ocurrió en 1838 para celebrar el nacimiento del Príncipe de Asturias. El segundo evento de esta naturaleza ocurrió en la fragata Gerona, convertida en un palacio flotante, con motivo del homenaje al Duque ruso. Barcos iluminados. La orquesta sinfónica de Lottin amenizó el baile al que asistieron miembros de la nobleza criolla y española, las máximas autoridades del Gobierno y oficiales de mayor rango, de varias nacionalidades.

De acuerdo con la prensa, 3 mil personas se sumaron a los festejos navales. Hasta las 4 de la mañana del 7 de marzo de 1872 estuvo de parranda el miembro de la familia Romanov. El 7 de marzo se trasladó, en un tren especial, desde la estación de Villanueva hasta Güines. Iba rumbo al ingenio Las Cañas, del señor Juan Poey y lo acompañaban treinta distinguidas personalidades. Los paraderos fueron engalanados y en las poblaciones salían a saludar a la comitiva integrada por el Gobernador de la isla, autoridades militares, civiles y judiciales, los cónsules de Rusia, Estados Unidos, Inglaterra, entre otros.

En Güines los recibió el Ayuntamiento en pleno con exquisitos vinos, dulces y helados. En treinta carruajes se trasladaron a la fábrica de azúcar, donde explicaron al Duque cómo era el sistema industrial. Un banquete cerró la excursión, antes de marcharse el aristócrata ruso regaló un diamante a Poey.

Llegaron casi a medianoche a La Habana porque la locomotora que iba delante para evitar cualquier imprevisto, se descarriló en San Felipe e impedía el paso. Al día siguiente, celebraron una regata internacional en la Bahía, en la que el hijo del zar presidió el jurado del certamen. El primer premio de las lanchas a vapor correspondió a los alemanes con gazelle, en las canoas con remos los ingleses se llevaron la victoria y los estadounidenses en las lanchas. La competencia terminó con bailes y comidas.

El Duque aceptó conocer otro de los pilares de la economía cubana: la producción de tabaco. Recorrió en la mañana del sábado los talleres de la fábrica Cabañas y Carbajal, de Anselmo González del Valle. Mientras el dueño disertaba, un operario elaboraba un puro imperial para regalar al ruso, quien agradecido le dio una onza de oro.

Después de declarado Huésped de Honor por el Ayuntamiento, aquel duque, fiestero y culto de la bella Habana se marchó feliz rumbo a Río de Janeiro y de ahí al Lejano Oriente.

José Antonio Quintana García
On Cuba News, 26 de febrero de 2023.
Foto: Alekséi Aleksándrovich Romanov (1850-1908), hijo del zar Alejandro II de Rusia. Tomada de On Cuba News.

lunes, 10 de julio de 2023

Cuba-Rusia: mucho ruido y pocas nueces

En inglés suele utilizarse la frase “not to see the big picture” (no ver el panorama general) para referirse al error frecuente de perderse en los detalles sin observar la cuestión en su totalidad y alcance. En Cuba sucede al revés: la gente se marea con el enunciado sin ponderar lo que hay detrás, la letra pequeña, la trampa.

Así ha ocurrido con el anuncio de que Cuba y Rusia retomarán un nivel de relaciones parecido al que existía cuando la gran ubre de la URSS estaba a disposición de la hija boba caribeña, entonces regida por Fidel Castro. A medida que los medios, tanto oficiales como independientes, se explayan sobre esta nueva fase de dependencia, la gente ha comenzado a incluir el asunto en sus debates cotidianos.

Sobre qué piensan los cubanos de ser nuevamente mantenidos por Rusia, CubaNet sacó un video (verlo al inicio de este post) que, salvo un par de excepciones, evidencia la falta de expectativas que ha generado el concubinato del PCC con el Kremlin. A estas alturas, los cubanos pensantes nada esperan para beneficio del pueblo. Ni Rusia es la URSS, ni Díaz-Canel es Fidel Castro, ni estamos en la era del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica).

En Bayamo, una Mipyme gestiona el restaurante Plaza Roja, donde las dependientes van y vienen ataviadas con prendas típicas de Rusia. El gobierno cubano acaba de prorrogar la licencia a catorce compañías rusas que elaboran o procesan alimentos para exportarlos a la Isla, y no pasa un día sin que se hable de proyectos en común, de que se hará esto o aquello, mientras las tiendas en MLC siguen desiertas, con las mismas laticas de guisantes de hace un año, y mucha cerveza de calidad mediocre.

Lleva razón la cubana que en el video opina que nada positivo traerá el acercamiento, y también los que dicen que el gobierno cubano está “inflando” para que la gente crea que hay esperanza, sobre todo aquellos que se vuelven hacia los años 80 como referente de “prosperidad gracias a los rusos”. Esos, perdidos en el enunciado, ignoran que en mayo de 2022 se dijo que Rusia exportaría alimentos a la Isla, entre ellos mariscos, conservas de distintas carnes y productos lácteos.

Ha transcurrido poco más de un año y esos productos brillan por su ausencia, mientras el hambre en Cuba arrasa y los niños mayores de siete años desayunan con refresquitos Zuco, chatarra dañina para su salud.

El régimen infla para que los cubanos crean que las cosas van a mejorar, porque siempre hay entusiastas que creen que la solución debe venir de fuera, como el sujeto del video que dice admirar a Putin y estimarlo, cual si fuera su socio de toda la vida, el coleguita de chispa y contén. A la dictadura cubana le interesa reproducir ese arquetipo de ciudadano que habla estupideces, que no piensa ni opone resistencia.

Por eso hay ron a granel en todos los antros estatales, y el hambre se multiplica hasta apagar los sentidos, reduciendo al cubano a un manojo de nervios confundido, pasivo y medio loco. Tal es la realidad de una Cuba donde todos los proyectos con capital extranjero son solo eso: proyectos que se siguen posponiendo porque algo no cuaja, el burocratismo sigue ahí, alentado por la crisis del combustible que no se resuelve a pesar de tanto arrumaco con el régimen de Putin.

Lo que sí ha ocurrido es la inesperada desfachatez de Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, afirmando que Cuba podría ser la Mallorca del Caribe, una insensatez que solo podría salir de la boca de alguien presionado por el capital europeo, que de seguro ve con preocupación el avance de Rusia en la Isla y las concesiones hechas por el gobierno cubano a otros países.

Mientras los rusos reciben tierras para explotar por tres décadas, libres de impuestos, y entregan Cayo Largo del Sur a Canadá para que lo administre a placer, España solo cuenta con los hoteles de las cadenas Meliá e Iberostar, en su mayoría cochambrosos, semidestruidos y carentes de ofertas atractivas.

Con tanto bombo y platillo a favor de Rusia, Cuba presiona a la vieja Europa para que se ponga las pilas o se queda fuera del pastel. Así que Borrell vino a rastras, a celebrar las Mipymes y dejar claro, cristalino, que no le impondrá directrices al régimen con respecto al acuerdo de diálogo político, que el tema de los presos políticos es secundario (terciario incluso) para la UE, y que la prioridad es hablar de negocios.

Así las cosas, el régimen se regodea en su impunidad y aprueba una Ley de Expropiación (Lanzan anteproyecto para legalizar expropiaciones forzosas en Cuba (cubanet.org)) por motivos de interés público, que permitirá quitarle casa y negocio a cualquier ciudadano. A la par, el Ministro de Economía ha declarado que los dueños de las Mipymes se están enriqueciendo y que tal cosa no puede ser tolerada, de modo que se avecina una redada contra el “mal” que ellos mismos autorizaron, y que no ha contribuido a mejorar la insostenible situación de los hogares cubanos.

Los planes con Rusia son el punto de fuga de la opinión pública, porque en Cuba hay que cambiar demasiadas cosas cuya ejecución no depende solo del dinero. Echarse encima la catastrófica infraestructura de esta Isla es demasiado para el gigante euroasiático, que puede impresionar a los hijos de un país extremadamente pobre como Cuba, pero, en comparación con otras potencias, tiene una economía relativamente pequeña y comprometida en una guerra, la de Ucrania, que se ha prolongado mucho más de lo previsto.

Javier Prada
Cubanet, 8 de junio de 2023.

lunes, 3 de julio de 2023

Cuba, la historia con Rusia se repite

En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx comienza el texto con un famoso enunciado “La historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, un cumplido a la frase original pronunciada por el filósofo alemán Friedrich Hegel.

En julio de 1953, 101 años después de publicado el libro de Marx, un joven llamado Fidel Castro, recién graduado de Derecho y pandillero político en la Universidad de La Habana, asaltaba sin éxito un cuartel militar en Santiago de Cuba, con el objetivo de intentar derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista.

La acción fue un fracaso. Un baño de sangre. En esa fecha nadie se tomó muy en serio al atolondrado guajiro de Birán, hijo de un acaudalado terrateniente gallego que todas las noches corría el perímetro de la cerca para agrandar su latifundio.

El Partido Socialista Popular (comunista) dirigido por Blas Roca y tutelado por el Kremlin, tildó el asalto como un golpe putschista organizado por un pequeñoburgués. Castro y el resto de los asaltantes fueron amnistiados tras dos años en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.

En su celda, el futuro dictador de Cuba, comía espaguetis con camarones, fumaba tabacos H.Upmann y a su ayudante Melba Hernández, enviaba una carta en la que describía la estrategia a seguir en el futuro: “No es el contexto de entrar en polémica con otras corrientes políticas, cuando llegue ese momento los aplastaremos como cucarachas”.

El resto de esa historia que ha sido una tragedia para el pueblo cubano es conocida. Junto a otros 81 guerrilleros, en diciembre de 1956 desembarcaba por la costa suroriental de la isla en un yate comprado con el dinero del ex presidente Carlos Prío; tres años después llegaba a La Habana encaramado en un tanque Sherman e iniciaba su dinastía política.

El castrismo no es una corriente filosófica, ideológica, política, económica ni social. Es un confuso batiburrillo de teorías copiadas de las ideas de Hitler, Mussolini, Primo de Rivera y los consejos de Maquiavelo a un príncipe florentino, que se convertiría en una eficiente red propagandística y represiva con una increíble capacidad de sobrevivencia.

El actual régimen, como pollo sin cabeza, es un ferviente cultor del gobernante que despilfarró miles de millones de rublos que llegaban desde Moscú (dos veces el presupuesto que el Plan Marshall destinó a Europa después de la II Guerra Mundial), del tipo que en octubre de 1962 sugirió a Kruschov que iniciara un ataque nuclear a Estados Unidos, y del dirigente que sepultó la economía nacional.

Ahora mismo, Cuba es un país que naufraga. Los continuadores del castrismo sienten una irremediable nostalgia por la era soviética. Cuando el nonagenario Raúl Castro recuerda el pasado, se ve al frente de una maniobra de guerra con más de mil tanques T-62, decenas de lanchas torpederas Konsomol y varios aviones de caza Mig-23. Probablemente rememora con sus súbditos aquellos años felices en que gobernaban la isla con mano de hierro, con un 90 por ciento de apoyo (cubanos que simulaban apoyar la 'revolución’) y no existía el Caballo de Troya de internet.

Lo que decía el periódico Granma iba a misa. Lo demás era mentira. Castro II tal vez le cuente a su delfín Miguel Díaz-Canel, que siempre ha sido un furibundo seguidor del carnicero Stalin y de los métodos de enfrentar a la oposición de Dzerzhinski o Beria.

No pocos altos oficiales de las FAR y el MININT y mandamases del PCC que llevan seis décadas gobernando, rememoran con placer el chorro de combustible que nunca escaseaba y las vacaciones en Odesa o Sochi, tomando vodka como cosacos.

La etapa de colonización soviética en la Isla, que comenzó a aplicarse con mayor rigor después del sonado fracaso de la Zafra de los Diez Millones en 1970, le permitió a Cuba inscribirse en el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y exportar cítricos, níquel a azúcar a Europa de Este a precios subsidiados, a cambio de alinearse con el Kremlin.

Los cubanos de a pie no añoran a los 'bolos', como le llamaban a los soviéticos. Es cierto que la libreta de racionamiento era más generosa, cada dos semanas por decreto estatal podías comer bistec de res y los pomos de jugos búlgaros de albaricoque o melocoón se vendían por la libre. Pero cuando en diciembre de 1991 desapareció la URSS, nadie extrañó su comida ni su complicada lengua.

Por el contrario, muchos cubanos agradecieron que de la televisión local desaparecieran los soporíferos dibujos animados del Tío Stiopa y de los cines aquellas interminables películas de guerra. Pero la actual casta verde olivo sigue añorando el cheque en blanco de la 'madre patria rusa'. Todavía hay militares y funcionarios del partido que conservan su colecciones de libros sobre el realismo socialista y los tratados de Lenin.

Mientras, la gente en la calle quiere saber cómo los nuevos castristas van a justificar la última pirueta ideológica. Y se preguntan:

¿Cuándo anclen los mega yates de multimillonarios rusos en el puerto de La Habana, los cubanos los podrán visitar como antes visitaron los buques escuelas y acorazados de guerra de la era soviética?

¿Cómo la prensa llamará a los oligarcas: camaradas, compañeros de viaje o líderes de la dictadura del proletariado?

¿Romperán relaciones diplomáticas con Ucrania para complacer a Putin?

¿Autorizará el régimen la apertura de nuevas bases militares en la Isla?

¿Qué significa el adiestramiento de militares cubanos en Bielorrusia?

A propósito de una excelente investigación de la colega Darcy Borrero, donde se revelan los hilos de la relación ruso-cubana en materia de telecomunicaciones y ciberseguridad, ¿prevé el régimen de Cuba, como el de Rusia y China, bloquear las redes sociales e implementar redes paralelas que les permita controlar y censurar aun más a la población?

¿El FSB (antigua KGB) comenzará a asesorar al Departamento de Seguridad del Estado en técnicas cómo envenenar y asesinar sin dejar pistas a los opositores?

¿Qué precio pagará Cuba por la servil concesión de tierras, industrias y hoteles exclusivos para los rusos?

¿Y qué pasará con el nuevo Código de las Familias, cuando empresarios rusos no permitan a personas LGBTIQ trabajar en sus negocios?

¿Es la dictadura cubana anti-imperialista o solamente anti-estadounidense?

¿Cómo pueden los medios estatales de la Isla condenar las guerras de Washington y callar las invasiones rusas y las trampas financieras chinas que han endeudado y empobrecido a naciones del Tercer Mundo? ¿Y dónde está la justicia social y la propiedad del pueblo que tanto pregonan?

¿Qué pasará con el regreso de una Rusia capitalista a una Cuba que se proclama socialista?

Ésas y otras preguntas se hacen hoy infinidad de cubanos de a pie. De momento, poco se se sabe. La opacidad informativa del neocastrismo oculta sus verdaderas intenciones. Un funcionario estatal dijo a Diario Las Américas que próximamente se abrirá un mercado ruso. La forma de pago sería con una tarjeta de crédito llamada MIR que los cubanos podrán obtener en los bancos.

“Estos rusos no son los 'bolos' soviéticos que en el pasado conocimos. Los rusos de ahora son capitalistas y como tales, negocian al duro y sin guante. Ellos aben que Cuba está arruinada y no quieren depender de las tarjetas MLC u otras del sistema financiero del gobierno cubano. Y cobrar en dólares en efectivo, que era una opción, se le dificultaría mucho para poder remitirlo a Rusia”, aclaró el funcionario.

Los cubanos, desesperados por el ajetreo diario para conseguir comida, medicamentos y combustible, intuyen que el gobierno está canjeando bienes rusos por una cuota importante de nuestra soberanía. Una subasta silenciosa del país. La historia con Rusia se repite. Esta vez como farsa.

Iván García
Ilustración de Lauzán tomada de Diario de Cuba.

lunes, 26 de junio de 2023

En defensa de Raúl Rivero

El poeta Raúl Rivero es inocente de todo lo que le imputan y culpable de todo lo que silencian sus fiscales. El viernes 4 de abril de 2003, en juicio sumario, se dio a conocer el "Encausamiento" que argumentó en su contra una cadena de veinte años de privación de libertad, por el delito de "Actos contra la independencia o la Integridad Territorial del Estado". Dos semanas antes, el jueves 20 de marzo, Raúl fue detenido en su departamento de la calle de Peñalver. Las imágenes del fuerte dispositivo policial fueron transmitidas por la televisión cubana. Durante setenta y dos horas, en veintinueve juicios relámpagos, se condenaron a setenta y cuatro cubanos y una cubana.

La mayoría de los detenidos pudo nombrar, por derecho, a sus abogados defensores, no lo niego, pero no me nieguen que los representantes tuvieron una limosna de tiempo para articular los alegatos, entre la espada del riguroso calendario y la pared del juzgado. El almanaque no miente. La suma total de los castigos cubriría noche a noche un milenio, cuatro siglos y 54 años de soledad, los amaneceres que van entre el lejanísimo 549 de nuestra era y este 2003 que nos acoge entre cañonazos, invasiones, maleficios y fusilamientos injustificables.

Visto el caso y comprobado el hecho (ya se dictó sentencia), mi queridísimo amigo Raúl, el gordo Raúl, periodista de estirpe, autor de poemas cubanísimos que en su momento se aprendieron de memoria meseras de Coppelia, profesores universitarios, escribanos envidiosos y vecinos vagabundos o policías, este camagüeyano más camagüeyano que un tinajón de Puerto Príncipe saldrá de la cárcel a los 77 años de edad, en el imposible aniversario 64º de una revolución a la que él entonces le habrá entregado la vida entera y la casi totalidad de su poesía.

No. No me equivoco. Si la desilusión fuera un crimen, media isla debería ser declarada penitenciaría. Medio mundo. Media constelación de Andrómeda Yo pido, exijo, que me citen una sola línea de esos artículos, un solo verso de Raúl, una sola metáfora, un lamento, una crítica, que no evidencie un profundo, casi enfermizo, amor por su país

El testimonio de un revolucionario intachable vale el triple que el de un poeta inconsolable, pregúntenle si no a los cuatro vecinos de la calle de Peñalver que aceptaron declarar en contra de Rivero

A Raúl no lo tomaron por sorpresa. Hace unos pocos años compuso su propia Suite de la muerte: "Acaban de avisarme que he muerto. / Lo anunció entre líneas la prensa oficial. / (...) Soy testigo del entierro que me están haciendo. / Estuve alerta en el velorio / y anoté cada gesto, cada comentario. / Lo he visto todo claro desde mi muerte. / Los estoy esperando".

Los estuvo esperando cada mediodía, cada noche, cada amanecer, hasta que por fin una tarde de marzo llegaron a ponerle la casa patas arriba, quizá con la esperanza o la convicción de que en aquella austera cueva de La Habana encontrarían un arsenal de armas o el clásico instrumental de los espías o planes cifrados de sabotajes o una banderita con cincuenta y no sé cuántas barras y estrellas, mas únicamente se llevaron el botín de un escritor: papeles y minucias. La esperanza se esfumó, no las convicciones. No sembraron pruebas, ni falta que hizo: las inventaron a puras palabras.

El testimonio de un revolucionario intachable vale el triple que el de un poeta inconsolable, pregúntenle si no a Ada, Jacinto, Arnulfo y Acacia, los cuatro vecinos de la calle de Peñalver, entre Francos y Oquendo, que aceptaron declarar en contra de Rivero: según ellos, entre otros pecados, el poeta se dedicaba a "tergiversar la realidad". ¿Se habrán sentido aludidos al leer su Apuntes de la calle, un poema que pone el dedo en una llaga que es casi estigma? Apelo a tu estocada, Gordo: Los cubanos somos hiperbólicos: / a los hombres que no tienen moral / los acusamos de tenerla doble. Al que le sirva el sayo, que se lo ponga.

Así las cosas, la fiscalía construyó el discurso del "encausamiento" sobre un vocablo de difícil comprobación, el astuto adjetivo subversivo (citado 17 veces en menos de ocho cuartillas, más tres como verbo y una en función sustantiva): "Actividades subversivas", "propósitos subversivos", "revista subversiva que titularon De Cuba", "elementos subversivos nacionales y extranjeros, de contenido contrarrevolucionario y para subvertir el orden social", "grupúsculos contrarrevolucionarios, donde se abordan temas subversivos, otros funcionarios norteamericanos que allí imparten sus órdenes e instrucciones subversivas", "corresponsal a sueldo de la Agencia de Prensa francesa, de corte subversiva Reporteros sin Fronteras", "un libro con ideas y estrategias desestabilizadoras y subversivas, varios casetes de audio y de vídeo conteniendo información destinada a subvertir el sistema, tres files conteniendo documentos de la llamada prensa independiente, entre otros materiales de carácter subversivo", "recibe la visita en su domicilio con fines subversivos de personas y autos de la Sección de Intereses de los Estados Unidos", "y otros materiales de contenido subversivo a distintos vecinos del lugar, confirmará la visita de personas en autos pertenecientes a sedes diplomáticas".

La pobreza argumental sólo es superada por el raquitismo del vocabulario. Les ahorré algunos ejemplos por fatiga. Para que no se me acuse de apasionado, siéndolo, concedo a la fiscalía cierto valor de uso sobre el término de "ilegalidad" cuando lo aplica para devaluar las dos instituciones que Raúl Rivero fundara junto a un puñado de colaboradores voluntarios, entre ellos a su amigo y coacusado Ricardo González: la agencia de noticias Cuba Press (desde 1995) y la Sociedad de Periodistas Independientes Manuel Márquez Sterling (desde 2000).

La legislación cubana en esta materia no deja mucho margen de maniobra. Aun así me sorprende, por los mismos motivos, que las hayan tolerado tantos años si hubiera sido mucho más fácil desmantelarlas o multarlas o prohibirlas desde su nacimiento, sin verse en la necesidad de un juicio sumarísimo en el momento que las autoridades de la isla habían aprendido (suponíamos) que "los independientes" eran sin duda molestos, pero no un obstáculo insalvable para una revolución popular, legendaria y poderosa. Los datos oficiales dicen que la aprueba el 98% de la población con derecho a voto.

De nada vale desconfiar de esas estadísticas. El Gobierno debiera estar tranquilo, digo. El problema, el error, lo oportunista, es afirmar que ambas instituciones (ilegales, reitero, pero no secretas ni con ideales conspirativos, pues eran conocidas, públicas y, además, infiltradas hasta el tuétano por agentes de la seguridad del Estado) se crearon con el propósito de "difundir falsas noticias para satisfacer los intereses de sus patrocinadores del Gobierno norteamericano" o suministrar "informaciones que requería el Gobierno norteamericano", dos variantes poco creativas de una misma imputación. Y afirmarlo apenas unas pocas horas antes de entreabrir las puertas del tribunal.

La fiscalía, por otra parte, se vio tan implacable como imprecisa cuando dijo: "El acusado Rivero Castañeda, a partir del año 2000 comienza a suministrar informaciones semanales para la página web Encuentro en la Red, cobrando por cada artículo, recibiendo también ingresos por otras publicaciones, persiguiendo todos sus escritos un manifiesto propósito desestabilizador del Estado cubano (...). También, con similares fines, realiza publicaciones subversivas para la revista Encuentro y para el sitio web Encuentro en la Red, que le pagan por cada colaboración suya, informando siempre sobre temas que requiere Estados Unidos para mantener su política hostil dirigida a derrocar la revolución cubana".

Yo pido, exijo, que me citen una sola línea de esos artículos, un solo verso de Raúl, una sola oración, una sola metáfora, un lamento, una queja, un reclamo, una crítica que no evidencie un profundo, casi enfermizo, amor por su país. Encontrarán, por supuesto, frases tristes, octosílabos desgarradores, párrafos angustiados, incluso pesimistas, sobre el presente y futuro de Cuba, pero la tristeza, el desgarramiento, la angustia e incluso el pesimismo no son delitos. ¿O me equivoco? No dudo que me equivoque, pues mis amigos dicen que soy terriblemente melancólico.

No. No me equivoco. Si la desilusión fuera un crimen, media isla debería ser declarada penitenciaría. Medio mundo. Media constelación de Andrómeda. Lo del pago por las colaboraciones o los derechos de autor es una práctica habitual, profesional, obligatoria y justa de que cual viven, por demás, escritores, músicos, pintores, ensayistas y hasta políticos de la isla. Si se las hubieran publicado en su tierra, las habría cobrado en el Banco Popular de Ahorro de Centro Habana. Sin embargo, la afirmación de que los temas eran requeridos desde Estados Unidos resulta más filosa, aunque no me cabe duda de que, al menos en la obra periodística y literaria de Raúl Rivero, es sencilla y llanamente una calumnia.

¿Acaso la Agencia Central de Inteligencia le "requirió" que escribiera sobre El Chino de la Charada (con sus grabados y sus números, tiene siempre un signo de emoción y esperanza) o las Jineteras de la Quinta Avenida de Miramar (pura fantasía con sus lentes de Armani) o aquella crónica sobre su entrañable amistad con Nicolás Guillén, a quien quiso como a un padre y quien lo malcrió como a un hijo (bajó a Ignacio Agramonte de su caballo y a José Martí de sus pedestales con unos artículos lúcidos y hondos), por no mencionar su retrato de Heberto Padilla, "un caso" sobre el cual hasta la propia dirección de la cultura cubana reconoce que se cometieron errores.

¡Ah!, Gordo, qué ingenuos somos cuando soñamos en voz alta; en ese texto tratas de tranquilizarnos al asegurar que no habrá posibilidades de repetirlo (el caso Padilla) ni siquiera como comedia. Las posiciones gubernamentales pueden ser inmutables, pero el mundo no. La vida tampoco. Heberto estuvo detenido tres o cuatro semanas en Villa Marista, tú pasarás 7.305 noches en el infierno si hoy no somos capaces de impedirlo por bien de todos, e incluyo a los revolucionarios que en la isla y en silencio se duelen de tu suerte. Sigo.

Sigo. A ver, díganme qué interés puede tener la Casa Blanca o el Pentágono en divulgar la bellísima despedida que escribió Rivero a sus amigos que se van de Cuba (Irse es un desastre. Una catástrofe íntima), publicada nada más y nada menos que en el Nuevo Herald de Miami (ahora sabemos, por todo lo que está pasando Cuba, que en el espacio que existe entre irse y volver hay que fundamentar la permanencia, porque permanecer siempre será un antídoto contra el desencanto. Y un veneno para el olvido), o en su reseña literaria sobre Mariel, la estupenda novela de José Prat Sariol (uno de los pocos escritores de la isla que se atrevía a visitarlo en su casa, ¿el único?).

Qué le importa al Imperio que Raúl publique en la Revista Hispano Cubana su nostálgico artículo sobre el Caballito blanco de Changó o su gracioso Monólogo del policía o su vallejiano elogio de la maquinita de escribir (yo recuerdo la Underwood de mi tío, aquel periodista provinciano que murió en el exilio, y renuevo mi amor cada mañana por esta Olivetti esbelta y beige, que me hace experimentar el goce de tocar lo que pienso y me hace padecer, que es siempre una fórmula de la altura y la fineza), o su demolición de los mandamases que en el mundo han sido, sin nombre ni apellidos (el totalitarismo es más fuerte que la belleza. Un soneto es una brizna frágil de sentimiento frente al ardor de las proclamas políticas. Sólo que la belleza y el soneto son eternos y es su perdurabilidad lo que doblega el señorío oscuro y provisional de un gobernante (...). Se sabe que los Gobiernos miran la cultura como un buey mira un piano).

Por amor de Dios, díganme qué oficial de inteligencia o contrainteligencia, qué investigador, qué ideólogo, qué perito en informática, qué mentiroso, ¡quién de ellos me demuestra que James Cason, actual jefe de la Oficina de Intereses de EE UU en Cuba, un funcionario prepotente, en verdad dañino, petulante, altanero y detestable, una bazofia humana que quiere menos a Cuba que yo a la gallina que acabo de almorzarme, cuál de todos me convence de que míster Cason o un idiota semejante haya sido el "superior" que le ordenó a Raúl Rivero aquel texto sobre el poeta Eliseo Diego que no cito en este párrafo para no echarme a llorar en la terraza! Y hablando de mi padre, quiero recordar una oración del prólogo que escribiera para un libro de Raúl, pues viene al caso: "Lo característico (en la poesía de Rivero) es la violencia impaciente".

Más adelante, la fiscalía esgrime una acusación digna de tomarse en cuenta, por el sereno y al mismo tiempo cínico uso de la exageración: al centro mismo del "Encausamiento", el licenciado Moreno Carpio asegura (y lo creo porque lo leo) que en el registro efectuado en el apartamento de la calle de Peñalver al poeta se le ocuparon, "entre otros materiales de carácter subversivo", una radio marca Sony, una grabadora, un cargador digital de baterías, una máquina de escribir (¿su Olivetti esbelta y beige?), una laptop marca Samsung, un adaptador de cámara vídeo ocho (no la cámara), varios casetes "conteniendo información destinada a subvertir el sistema económico, político y social cubano" (sin dar títulos), cinco ejemplares de su libro Ojo Pinta y dieciocho sobres conteniendo artículos varios y recortes de sus trabajos periodísticos, tres files con documentos de "la llamada prensa independiente", y supongo (aunque no se registre con la misma precisión) que también deben de haberle "descubierto" en la cocina o en el baño una azucarera, un jarrito de aluminio, un salero, un pomo de colonia Fiesta, tal vez dos rollos de papel higiénico, una caja de palitos de dientes, siete u ocho cuchillos de mesa, platos de muy distintas vajillas, una maquinita de afeitar desechable y, quién quita, uno de esos artefactos mortales, tan peligrosos para la humanidad que desde el derribo de las Torres Gemelas las autoridades aeroportuarias las expropian a los viajeros de clase turística para así combatir al terrorismo: un cortaúñas metálico.

Tampoco se consignan, por ejemplo, las obras completas de Nicolás Guillén dedicadas de puño y letra por nuestro poeta nacional ni los discos de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés y Carlos Puebla que Raúl me puso el día que me invitó a almorzar arroz con frijoles en su casa -después de todo, hicieron bien en no consignarlas, pues hubieran confundido a la opinión internacional con detalles cursis y frágiles: se acabó la diversión, llegó el Comandante y... Y mucho menos enlistan sus subversivas apologías de la justicia social, sus subversivas décimas, sus subversivos bolígrafos y, claro, un montón de versos subversivos impresos en la contracara de hojas mimeografiadas, páginas desechables que, quizá, no lo dudo, alguna vez contaron la subversiva Historia del PCUS, ¿único tesoro que le dejó en herencia su padre, el proletario Esineo Tiburcio, orgulloso rescatista de la Defensa Civil? Un tipazo.

Lo recuerdo levemente. Cuando entraba un ciclón en La Habana, Esineo se envolvía en una capota de hule y salía a patrullar la zona, a contra ráfagas, en busca de los callejeros perros de nadie. Padre mío que estás en las sombras / de esa gran noche sideral / tú que no fuiste todopoderoso / que en vez de multiplicar los panes y los peces / te los quitaste para dárnoslos / si estuvieras despierto y terrenal / me prestarías tu brújula y tu vieja memoria de caminos y fronteras. Raúl siguió el ejemplo de Esineo. ¡Cómo le llueve encima!

Cualquier juez en sano juicio exculparía a Raúl de tales delitos. Y, sin embargo, el poeta es culpable -y no por lo que afirman de él, repito, sino por lo que callan-. Sí, eres culpable, Gordo. Lo siento. Sabes que te quiero. Entiéndelo. Culpable de tu imprudencia, de tu audacia, hermano, culpable de no haber sentido miedo al decir o redactar o defender lo que piensas sobre lo que sucede cada día en los callejones sin salida de la abulia y la indiferencia, total, si entre nosotros el silencio es una epidemia y la ilusión un polvorín (marzo entró este año a Cuba, como siempre, para marcar el final del leve invierno (...). Fui una de esas personas que desde Cuba hablé y me ilusioné con la alternativa de democratizar gradual, civilizadamente, ese sitio del mundo que más de once millones de seres humanos en La Habana y Madrid, en Venezuela y EE UU, en Estocolmo y Caracusey, en Santo Domingo y Chivirico llaman, de un modo especial, la patria, leo en tu artículo Los antediluvianos días de marzo).

Culpable de tus amores tercos, de tu tozudo corazón, de haber supuesto que tu sitio estaba en ese apartamento sin ventanas de la calle de Peñalver entre Franco y Oquendo y no en cualquier rincón de este planeta azul, ancho y ajeno, en mi casa de México, por ejemplo, o en la remota Cochinchina -donde se dice edificaron la famosa Casa del Carajo-. Culpable de enamorarte como un loco, de creer en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud y los dones de la sinceridad. Culpable, en fin, de querer tanto a un país, el nuestro, que no siempre agradece el sacrificio, un pueblo que se niega a escuchar a sus abrumadoras minorías, pues aunque me joda reconocerlo los cubanos somos desmemoriados y epidérmicos. Zorros. "Se lo buscó", he oído decir en este arranque de abril a varios Judas y Poncio Pilatos y Barrabases: "Se lo dije. No te emberrinches, compadre, quédate tranquilo en casa mientras pasa el apagón. Pero te pusiste a paluchear. Yo lo veía venir. Te lo advertí". Sí, se lo buscó, y eso lo distingue y engrandece, contesto. Pero eres culpable,

Raúl, compréndelo, culpable de haber escrito el 21 de febrero de 1999 tu Monólogo del culpable, a escasos días de haberse aprobado la ley que ahora formaliza el derecho a que te abofeteen la cara: la letra de la ley, dijiste iracundo, permite a las autoridades de mi país condenarme por el único acto soberano que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato. Y más adelante te anticipaste a los acontecimientos, una costumbre irresponsable por muy escritor que seas y te coloques allá en el filo del horizonte para anunciarnos las tormentas que se tuercen sobre nosotros -el centinela horizonte, ¿recuerdas?, ese sitio donde el camarada Lenin aconsejaba que deportaran a los poetas y a los soñadores-.

"Me cuesta mucho trabajo sentirme culpable. Es casi como si se me acusara de respirar o se me anunciara una eventual prisión por amar a mis hijas, a mi madre, a mi mujer, a mi hermano y a mis amigos (..). De modo que una disposición redactada con la tinta perecedera de las trampas políticas, envuelta en una maniobra chapucera para hacer aparecer a un pequeño grupo de periodistas que trabajamos en Cuba como aliados de narcotraficantes y proxenetas y mercenarios a sueldo de EE UU, me produce sólo un variado cóctel de repugnancia. Los años de cárcel que la ley promete con generosidad, por encima al temor del encierro y al castigo, hay que verlos con consternación (...). Nadie me hace sentir como un criminal, un agente enemigo ni como un apátrida ni como ninguna de esas necedades que el Gobierno usa para degradar y humillar. Soy sólo un hombre que escribe. Y escribe en el país donde nació y donde nacieron sus bisabuelos".

Culpable, Raúl, tan culpable como yo. Como tantos. Lo dijo tu paisano Nicolás Guillén, lo dijo Beny Moré, tenemos lo que teníamos que tener: dolor y pena. Hasta tú mismo lo escribiste, caray, ¿o lo olvidaste?: Soy un desastre como mi pasado / un mal sueño como mi porvenir / y una catástrofe como mi presente. / (...). Perdonadme entonces que sueñe con cercos policiales y amigos encarcelados. Ya te extraño.

Ya pierdo aliento, hermano grande. Me trabo. Me desplomo. Desde el suelo, derrotado, humillado, avergonzado de mi país y mis espantos, repito entre dientes lo que alguna vez dije en defensa de los presos políticos de la isla: "Dios no los guarde, Dios los libre". Como entonces, hoy nadie escuchará mi ruego -ni Él, ocupado como debe de estar allá por Babilonia, donde (te cuento por la claraboya de tu celda) le acaban de hacer trizas lo poquito que quedaba del Edén.

Eliseo Alberto (La Habana 1951-Ciudad de México 2011).
El País, 20 de abril de 2003.
Foto: Raúl Rivero (Morón 1945-Miami 2021) y el periodista independiente Luis Cino, en la presentación de la revista De Cuba, La Habana, enero de 2003. AP/El País.
Nota.- La reproducción de esta crónica de Lichi, como sus amigos le llamábamos a Eliseo Alberto, ha sido posible gracias a Javier, un amigo madrileño que tuvo la amabilidad de copiarla de El País y enviármela. Tania Quintero.

lunes, 19 de junio de 2023

Hielo, cerveza y progreso

Dada la situación actual, resulta de ciencia ficción recordar que Cuba históricamente fue un país dedicado a la producción. La industria por ende marcó su desarrollo, su posición ante el mundo, las relaciones sociales establecidas y la conformación de su población, dejando una fuerte huella cultural en la nación.

Si hacemos una breve revisión histórica veremos que, una vez determinado su carácter estratégico como punto intermedio entre la península española y las colonias americanas de tierra firme, Cuba tuvo que incorporar rápidamente la agricultura y la ganadería. Con esto daba servicio a la flota española durante su permanencia en La Habana, pero también la proveía en su viaje de vuelta a Europa.

Del desarrollo ganadero derivó la exportación de velas, jabones y cuero, este último como materia prima para la confección de ropa, accesorios, muebles, piezas de maquinarias, etc. Capítulo aparte constituye la explotación minera, que puede considerarse la primera industria del país. Esta se remonta a 1530, con la apertura en Santiago de Cuba de la primera mina de cobre de Latinoamérica.

A partir del siglo XVIII, el azúcar comenzó a ganar importancia aprovechando las excepcionales condiciones naturales que la Isla ofrecía para su cultivo. De este modo, la explotación consciente y especializada de los recursos locales impuso el monocultivo natural de la caña de azúcar, que dominó el panorama industrial cubano hasta muy avanzado el siglo XX.

No obstante, Cuba produjo mucho más que azúcar. Su mayor diversificación industrial la alcanzó con el establecimiento de la República, aunque desde finales del siglo XIX puede observarse la incorporación de nuevos rubros dedicados a la satisfacción del mercado doméstico, a partir de entonces mejor abastecido.

Algunas de estas nuevas industrias llegaron a crear verdaderos emporios, gracias a la adecuada planificación de sus recursos financieros y estrategias comerciales, así como por las leyes que entonces apoyaron su desarrollo y de las asociaciones mercantiles creadas para la movilización de los planes y medidas que pudieran favorecerles, y para afianzar las conexiones de la industria y el comercio local.

Un ejemplo de manual fue la Nueva Fábrica de Hielo S.A. (1888). Sus fundadores habían transitado un largo camino de ascenso desde que llegaron, en el siglo XIX, como inmigrantes procedentes de Cantabria. En La Habana trabajaron como dependientes en comercios y almacenes del puerto, hasta convertirse en propietarios de compañías de vapores. La última de ellas fue la Compañía de Vapores Sobrinos de Herrera (1886), dedicada al cabotaje y al comercio con España, Estados Unidos y el Caribe. El inmueble donde radicaban sus oficinas, situadas estratégicamente junto al puerto, es el actual hotel Armadores de Santander.

La Nueva Fábrica de Hielo S.A., fue la segunda industria de su tipo en la capital, pues entonces solo existía La Habanera de Hielo (1878). Con su fundación, incorporó una nueva dinámica competitiva para este producto, y no pasó mucho tiempo para que se convirtiera en la primera y mayor productora y comercializadora de hielo y bebidas del país. Esto lo consiguió gracias a la diversificación de sus productos, lo que le llevó a dominar todos los componentes necesarios de su línea de producción.

De esta forma, en 1896 compró la fábrica cervecera La Tropical, situada en Puentes Grandes, instalación que amplió y modernizó, implantando el primer sistema mecanizado de la industria cervecera cubana, que empleaba la energía hidráulica del río Almendares. En 1909, absorbió una de las más importantes fábricas de cerveza norteamericana radicadas en Cuba, la Havana Brewery, propietaria de la Fábrica de Cerveza y Hielo Tívoli (1905), de Palatino. A partir de entonces la marca Tívoli comenzó a comercializarse como la segunda más importante de la Nueva Fábrica de Hielo, S.A.

En 1916, construyó en Palatino una fábrica de botellas, envases de vidrio, tapas y coronas, con una capacidad de producción de 90.000 botellas al día. Esta nueva industria le permitió autoabastecerse de todo lo que necesitaba, por lo que dominaba la producción de la cerveza, de su envase y del hielo para enfriarla. Dicha estrategia disparó a gran escala su capital, alcanzando a mediados del siglo XX el séptimo lugar entre las industrias cubanas no azucareras.

En 1911 explotaba más de siete marcas de cerveza entre claras y oscuras: Tropical, Tívoli, Águila, Excelsior, Maltina, Familia, Bola Roja, etc. El 3 de junio de 1928, sacó a la venta la cerveza clara Cristal Palatino; y el 1 de mayo de 1938, la cerveza negra de alta graduación, tipo inglés, La Tropical 50, en conmemoración al cincuentenario de la fábrica. También produjo la Maltina Tívoli vitaminada.

La calidad de la cerveza producida por la Nueva Fábrica de Hielo S.A. fue muy conocida y celebrada, y obtuvo varios primeros premios en exposiciones universales en Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia y Bélgica. Para esta industria se contrataron consagrados técnicos y maestros cerveceros alemanes, que consideraban que con la tecnología estadounidense instalada en La Tropical se podía obtener una de las mejores cervezas del mundo. Las materias primas también eran de la mejor calidad. El lúpulo y la cebada, se importaban directamente de Alemania, y el agua, esencial en la fabricación de la cerveza, se extrajo siempre del pozo de San Gerónimo, en Puentes Grandes.

El 13 de octubre de 1960, se le notificó al presidente de la compañía, Julio Blanco Herrera Clavería, la nacionalización de esta industria y de todas sus dependencias. Un duro golpe para quienes durante más de medio siglo habían creado este excelente complejo industrial. Los bienes pasaron entonces al Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria.

No se han encontrado datos concisos sobre cuánto tiempo más estuvieron produciendo las fábricas bajo la nueva administración. Hoy permanecen cerradas e inaccesibles, y las de Palatino derruidas. Algunos cuentan que tras su abandono, los depósitos de La Tropical permanecieron por años llenos de cerveza. Las oficinas generales, en la Avenida 41 y Calle 48, en el actual municipio habanero de Playa, fueron ocupadas por el Ministerio de la Industria Alimentaria, que allí mantiene su sede.

Sin embargo, el buen observador aún reconocerá el uso original del inmueble en el muro perimetral, donde permanecen las molduras con forma de chapas de botellas que reproducen el logo de la Nueva Fábrica de Hielo. Distinta suerte tuvieron el busto de Narciso Gelats, cuarto presidente de la fábrica, en el Salón de Juntas de estas oficinas; y la escultura de Cosme Blanco Herrera, tercer presidente de la fábrica, en las oficinas de Palatino, destruidas como tantas imágenes que en la ciudad recordaban personalidades que marcaron el progreso industrial y económico del país.

En su eslogan, la cerveza Cristal dice seguir siendo la preferida de Cuba, aunque se produzca en Holguín y ya nada tenga que ver con la que era. En marzo de 2023, en Miami, descendientes de los propietarios de la fábrica han comenzado a producir la suya, sin agua del pozo de San Gerónimo, con la "y" en su nombre (Crystal) para evitar litigios, pero con el apego a la gloria arrebatada y la añoranza de lo que pudo ser.

Yaneli Leal
Texto e ilustración: Diario de Cuba, 30 de abril de 2023.
Leer también: La industria cervecera que parió jardines y stadiums.

lunes, 12 de junio de 2023

La cátedra de odio la tiene el castrismo

La novela Paso a dos, del escritor y periodista español Ramón Pernas, es una de las muchas inspiradas por los dramas que generó la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura de más de 35 años del general Francisco Franco.

Recientemente leí el libro, que en 2001 fue publicado en Cuba por la Editorial Arte y Literatura con el financiamiento del Fondo de Desarrollo de la Educación y la Cultura de España. Quedé muy impresionado, particularmente por la caracterización que hace del personaje negativo de la trama, Ricardo Orol. A modo de contrapunto, los dos protagonistas, Alfonso y Ricardo, que fueron amigos en su infancia y adolescencia, cuentan la tragedia de sus vidas.

Pocos días después de la sublevación militar que inició la guerra civil en julio de 1936, el padre de Alfonso, el capitán de navío Pablo Constanti, muere a manos de Ricardo, que forma parte de una especie de falangista escuadrón de la muerte.

El capitán Constanti no es comunista, es solo un liberal y masón que como militar juró defender la República, pero Ricardo lo odia, lo ve como su enemigo, a pesar de que Don Pablo y su esposa siempre lo acogieron en su casa, lo ayudaron y le dieron buenos consejos.

Ricardo, muy pobre, huérfano de madre, con un padre alcohólico que se gana malamente la vida cantando tangos, envidia tanto la distinción y el bienestar de la familia Constanti, que, ante la imposibilidad de poder llevar una vida así, llega a detestar a todos sus integrantes, especialmente a don Pablo.

La prédica falangista de “ni más pobres ni más ricos, todos iguales por el trabajo”, acabó de envenenar la mente del muchacho, que se convirtió en un matón fascista rechazado hasta por los de su bandería y que termina suicidándose, amargado por el advenimiento de la democracia y el regreso del exilio de Alfonso y su hermana a Vilaponte para participar en un homenaje para reivindicar la memoria del capitán Constanti.

Uno lee Paso a dos y se pregunta cuántos hombres y mujeres similares en el odio a Ricardo Orol fueron engendrados por el castrismo.

La revolución de Fidel Castro, desde sus mismos inicios, con su demagógica prédica de falso igualitarismo, pintándose “por los humildes y para los humildes” para nutrir sus filas, inflamó la envidia y el rencor de los desclasados, los humillados, los preteridos, los frustrados, los acomplejados. Los hicieron sentirse protagonistas de una causa grandiosa por la que estaban dispuestos a todo, a matar y morir si era preciso, bastaba que se los exigiese el Máximo Líder.

Así, odiaron primero a los burgueses y luego a todo el que pensara distinto. Renunciaron a sus creencias religiosas, sus usos y costumbres, rompieron con familiares y vecinos, a quienes, en muchos casos, se prestaron para vigilar y chivatear a la policía.

El tiempo, demasiado tiempo ha pasado, y ya la mayoría de los que decían estar dispuestos a todo por Fidel y la Revolución, ante los muchos desengaños y la precariedad de su existencia, no siente ni remotamente ese fervor. Solo les queda el miedo y la inercia de los viejos rituales. Muchos están desilusionados y arrepentidos, aunque se niegan a reconocerlo por no dar su brazo a torcer y admitir que se equivocaron al consagrar su vida a algo que no merecía ni la tercera parte de sus esfuerzos y sacrificios.

Pero las heridas siguen abiertas en nuestra sociedad. Sangrantes y purulentas. El daño que los come-candela de ayer y antier causaron a los demás y el que se hicieron ellos mismos y a sus descendientes no se repara de un día para otro, máxime si apenas ha sido retocado el maquillaje de las circunstancias y los responsables de esta situación.

Por eso, porque no hemos olvidado, es indignante escuchar a los voceros del régimen que intentan el monopolio del patriotismo y la cubanidad y que califican como "odiadores" a todo el que discrepa del pensamiento oficial y se opone a los abusos y las ordenanzas de los mandamases.

Los castristas, que llevan más de 64 años impartiendo la cátedra del odio y la intolerancia más extrema, ahora hablando de amor y reconciliación. ¡Que no jodan!

Luis Cino
Texto y foto: CubaNet, 31 de marzo de 2023.

lunes, 5 de junio de 2023

Cuidados a tener con la Constitución de 1940



La necesidad de crear un marco legal adecuado, para los primeros meses de una Cuba post castrista, ha sido reconocida por muchos exiliados cubanos desde hace ya mucho tiempo.

La referencia que siempre ha existido para ese marco legal es la famosa Constitución de 1940, una carta magna que, como su nombre indica, ya cuenta con las no despreciables cifras de 83 años de edad y ninguna enmienda.

Ese largo período de tiempo transcurrido desde su aprobación, y la enorme cantidad de cambios profundos que Cuba ha sufrido durante el mismo, indican que esa Constitución requiere de muchas enmiendas antes de poder ser usada como una referencia legal válida o funcional.

La observación anterior resulta evidente e inobjetable para cualquier cubano interesado en el bienestar de Cuba y no en la imposición de sus propias opiniones. Hace unos meses, por ejemplo, y durante mi última visita a La Florida, fui invitado a expresar mi apoyo a una hoja de ruta que pide, entre otras cosas, el uso de la Constitución de 1940 como una referencia legal durante los primeros meses del post castrismo.

Recuerdo que ese documento fue bien discutido, o conversado, entre algunos de los firmantes. Una de las ideas que se discutió fue que muchos artículos de la Constitución de 1940 requerirían ser cambiados, o enmendados con antelación, para poder adaptarlos a la actual situación cubana. El artículo que más se discutió fue el 99 y, sobre todo, su inciso “a”, que es el que niega el derecho a votar en las elecciones a los asilados cubanos.

Uno de los argumentos esgrimidos fue que, en el momento en el que se escribió esa Constitución, Cuba tenía una balanza migratoria positiva, y el escaso desarrollo de las comunicaciones no permitía establecer el voto a distancia. Hoy en día, sin embargo, una buena parte de la población cubana vive fuera del territorio nacional, considera que debe tener derecho al voto en una Cuba post castrista y sabe, además, que eso no es muy difícil de implementar en la práctica. Con todo eso en consideración, es mucho más sabio y justo reconocer, dijeron algunos de los firmantes, que ese artículo debe ser enmendado antes de usar la Constitución de 1940 como un marco legal para la Cuba del post castrismo.

De más está decir que las personas que crearon esa hoja de ruta para la transición cubana entendieron perfectamente la necesidad de esa enmienda, y en ningún momento intentaron imponer criterio alguno. Todo lo contrario, reconocieron que es verdad que hay artículos que hay que enmendar y, en consecuencia, hicieron las modificaciones correspondientes al documento que muchos terminamos apoyando con nuestras firmas. Después, en conversaciones con líderes del exilio histórico en los Estados Unidos, recibí opiniones similares.

Recientemente, sin embargo, he observado en las redes sociales el surgimiento de una algarabía (por no decir histeria) que demanda la imposición, sin enmiendas previas, de la Constitución de 1940 como un requisito indispensable para el derrocamiento del castrismo, y como una referencia cuasi sagrada para la Cuba post castrista.

Varias cosas me han llamado la atención de esa algarabía; una es la enorme cantidad de cuentas anónimas que la promueven, otra son la virulencia de sus ataques ad hominem contra las personas que se atrevan a expresar cualquier duda sobre ella y, la más llamativa, es esa relación absurda que ha decidido establecer entre las ideas de izquierda y el rechazo al uso indiscriminado de una Constitución, la de 1940, que está plagada de ideas de izquierdas.

Hay mucha ignorancia —demasiada, diría yo— en semejante contrasentido. Tanta ignorancia, que se impone escribir un grupo de aclaraciones. Sobre todo, para esas personas que viven dentro Cuba y que, por su escaso acceso a la información, pueden ser engañadas y manipuladas por politiqueros inescrupulosos en el exilio.

La Constitución de 1940 surgió en un momento de máxima cooperación entre las democracias liberales y el Socialismo internacional (o estalinismo de la época). En contra de lo que muchos creen hoy, esa carta magna de Cuba fue el producto de un pacto entre Stalin y Roosevelt. Una alianza que en el contexto cubano se tradujo en un matrimonio de conveniencia entre Fulgencio Batista y los socialistas cubanos.

Al mismo tiempo, esa Constitución fue concebida en un momento en el que los Estados Unidos estaban siendo asolados por las políticas filo-socialistas de la administración Roosevelt. Una época en la que una buena parte de este mundo ignoraba, o insistía en ignorar, el carácter esencialmente criminal de las ideas socialistas, y la enorme capacidad empobrecedora de las intervenciones estatales en la vida económica de las naciones.

Fue por eso que la Asamblea Constituyente de 1939, que fue la encargada de discutir y redactar la Constitución de 1940, estuvo plagada de socialistas cubanos que intentaron, tanto como les fue posible, crear un documento que les sirviera para adelantar su ideología y, sobre todo, para darle un poder exagerado al Estado sobre la vida de sus ciudadanos y así reducir los derechos y las libertades individuales.

Blas Roca Calderío, Salvador García Agüero, Juan Marinello, Romárico Cordero, César Vilar y Esperanza Sánchez Mastrapa, fueron algo más que seis socialistas asistiendo a un foro de políticos liberales. Fueron seis voces que no dejaron de formar su algarabía (por no decir histeria) para imponer una buena parte de las ideas que les convenía imponer.

Esa es la razón por la que, ya desde su primer artículo, la Constitución de 1940 declara como parte esencial de la nación cubana “la justicia social”, “el bienestar colectivo” y “la solidaridad”. Conceptos ambiguos que vistos en sus significados inmediatos son muy positivos y loables; pero que, vistos desde la retórica ideológica de los socialistas, se prestan para crear ese estado de quejas interminables, por objetivos indefinibles e inalcanzables, que los socialistas siempre usan para sembrar la discordia y destruir a las democracias.

Es importante, entonces, evitar que una Constitución como la de 1940, que nació permeada por un grupo no despreciable de ideas de izquierda, pueda ser usada como un vehículo de protección del castrismo en la Cuba post castrista. Para entender y aceptar eso hay que, necesariamente, hacer algunas aclaraciones.

En estos momentos, el castrismo puede tener varios planes que ha ido desarrollando en paralelo, o sin interferencias de unos con otros. Ahora mismo, mientras el castrismo desarrolla un plan de represión brutal contra las próximas protestas en Cuba (estilo Siria), también puede estar desarrollando, en paralelo, un plan de cambio-fraude que en nada interfiere con el desarrollo de otro plan, también en paralelo, encaminado a evitar las represalias contra los castristas en una Cuba post castrista e, incluso, a usar la democracia que llegará a Cuba eventualmente para lograr el regreso al poder de los castristas.

Hay que recordar, por ejemplo, que los Sandinistas perdieron el poder y, sin embargo, años después se las arreglaron para usar los mecanismos democráticos, y las elecciones, para regresar a un poder que terminó destruyendo, de una vez y por todas, y con el beneplácito de la izquierda estadounidense, cualquier vestigio de democracia en Nicaragua.

En el contexto de una Cuba post castrista es importante, entonces, evitar que el uso de la Constitución de 1940, sin enmiendas previas, pueda servir como vehículo legal para la inmunidad de los castristas y, sobre todo, para su regreso al poder de una forma similar a la que usaron los sandinistas en Nicaragua.

Eso requiere, de manera inevitable, actuar proactivamente para enmendarle a la Constitución de 1940, con antelación, todos esos artículos que puedan interferir con el desarrollo económico de Cuba y con el bienestar de los cubanos. La razón de esas enmiendas proactivas es que para los socialistas “bienestar” es una mala palabra, y pobreza es el caldo de cultivo en el que ellos crecen descontroladamente. También hay que enmendar de antemano, claro está, todos los artículos de esa Constitución que puedan servir de refugio y protección legal a los criminales castristas.

No soy abogado o jurista, carezco de esa formación y creo que deben ser las personas especializadas en esa área del saber las que se encarguen de analizar y enmendar la Constitución de 1940, ya sea a partir de las consideraciones anteriores o de otras que puedan surgir. Hay, sin embargo, artículos de ese documento que no hace falta ser abogado para entender que deben ser enmendados. Uno de ellos es el artículo 99 en su inciso “a”, que es el que prohíbe el voto a los asilados cubanos.

La razón de esa enmienda tan necesaria es que la Cuba del post castrismo será una nación con una buena parte de su población fuera del territorio nacional, con la mayor parte de su capital humano no envejecido viviendo en otros países, con una fracción importante de su capital financiero allende los mares, con casi todos sus técnicos actualizados desperdigados por el mundo, y con el cien por ciento de su ciudadanía con experiencia democrática y empresarial bajo la categoría de emigrante.

La Cuba del post castrismo no puede darse el lujo de excluir a esa parte de su población del proceso de reconstrucción de la nación cubana. No darle derecho al voto a esos cubanos, en los primeros tiempos de la transición, porque así lo dice un documento del año 1940, es excluir de la transición a esos que más y mejor pueden hacer por esa población mermada, envejecida, desinformada, y empobrecida, que inevitablemente el castrismo dejará como herencia.

El artículo 9 en su inciso A también debe ser enmendado si justifica la existencia del infame Servicio Militar Obligatorio. Una institución absurda cuya implementación no está justificada, y que solo sirve para restarle a la economía cubana una parte de su fuerza de trabajo joven. Esa mano de obra será esencial en el contexto de una reconstrucción post castrista y debe ser liberada de las garras del ejército.

Igual, el Artículo 13, en su inciso b, no reconoce la doble ciudadanía, algo que hoy en día es muy común en la inmensa mayoría de los países democráticos. No enmendar de antemano ese artículo sería alienar de la transición a muchos cubanos que, después de décadas disfrutando de libertades democráticas, en países que aceptan sin problema alguno la doble ciudadanía, verían como injusto el mantenimiento de esa imposición. Al mismo tiempo, la aceptación de la doble ciudadanía daría a los exiliados que decidan regresar a Cuba, para ayudar durante la transición, la protección legal de sus países de acogida, algo para nada despreciable en el contexto casi siempre caótico de las transiciones.

Por último, es importante recordar que si algo ha caracterizado a Cuba durante los más de sesenta años del despotismo castrista es, precisamente, la ausencia de un sistema judicial no ya independiente del poder ejecutivo, sino incluso medianamente funcional. La inmensa mayoría de los abogados, jueces y fiscales de la Cuba de hoy necesitarían un largo período de reeducación, y de reevaluación, antes de poder ser aceptados como tales en una sociedad democrática.

El resultado de eso es una serie de preguntas para las que hoy por hoy no tenemos respuestas viables. ¿Quiénes serán los encargados de aplicar esa sagrada Constitución de 1940? ¿Los antiguos represores castristas disfrazados de abogados, jueces y fiscales? De ser así, ¿qué garantía existe de que esos antiguos represores no favorezcan en sus decisiones legales a sus antiguos amos? ¿Durante la crisis transitoria del sistema judicial cubano, que inexorablemente ocurrirá, seguiremos aplicando sin enmiendas una Constitución que dice en su artículo 27 que, “todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial competente dentro de las veinticuatro horas siguientes al acto de su detención”? ¿No favorecerá eso a los antiguos represores y asesinos castristas? ¿No sería mejor enmendar la Constitución de 1940 para adaptarla cuanto más se pueda a las condiciones extraordinarias de la Cuba del post castrismo?

Todas esas preguntas, y muchas otras más que empezarán a surgir cuando los verdaderos conocedores de este tema empiecen a tratarlo, merecen y requieren ser discutidas en un diálogo civilizado, sin golpes de pecho, sin algarabías innecesarias (por no decir histerias) de politiqueros inescrupulosos y, sobre todo, sin acusar de ser de izquierdas a esos que se nieguen a aceptar, sin enmiendas, una Constitución que nació profundamente penetrada por las ideas de izquierda.

César Reynel Aguilera
Texto y foto: Blog Aguilera, 4 de mayo de 2023.