lunes, 30 de septiembre de 2019

Cuba: Tribus urbanas 2.0


Con una camiseta de Kevin Durant, dos tallas más grande y que baila en su enclenque complexión física, el último modelo de Nike y un peinado estrafalario, digámosle Michel, en un banco de mármol del Paseo del Prado, en el corazón de La Habana, espera sentado al resto de su team llamado One Chalk.

Menos de cinco minutos después, comienzan a llegar adolescentes que visten a la moda y portan teléfonos inteligentes. Se saludan, beben un trago de una botella de whisky barato y desde sus celulares comienzan a textear frenéticamente por WhatsApp.

Al ver a más de un centenar de jóvenes reunidos, vecinos y transeúntes se preguntan qué pasa. “No es ninguna manifestación contra el gobierno. Son fiñes, hijos de Papá, que ahora les ha dado por crear teams y los fines de semana por la mañana se reúnen en el Prado, en las afueras del Capitolio y otros lugares emblemáticos de la ciudad”, dice Didier, quien por los alrededores del lujoso Hotel Packard, Habana Vieja, se dedica a venderle a los turistas cajas de tabaco elaboradas clandestinamente

Lidia, trabajadora social, cuenta que en la escuela de su hija se han formado “diversos teams con nombres ininteligibles. Son buenos muchachos. No tienen nada de raro, ni abusan del alcohol o las drogas. Se citan en sitios públicos, por lo regular de día, para hablar de moda y temas juveniles. No suelen hablar de política, algo que no les interesa”.

Más detalles sobre los teams ofrece Liuba, 16 años, alumna de preuniversitario. “Existen más de doscientos teams en Cuba, en distintas provincias, aunque la mayoría son de La Habana. Las edades de sus miembros van desde los 13 o 14 años hasta los 20 años. Cada team tiene un jefe a quien le dicen Boss, que por lo general es su fundador y por lo tanto el líder. Cada integrante del team se modifica su nombre o se cuelga un mote. Se utilizan siglas y signos de puntación que parecen nórdicos, como por ejemplo Yäimí BlackClóvër o Liudmila Töa Unicorniö. Los nombres se inventan. Estan los Tö Cörrecto, Intoccabile, Cali-Fornicatión, Illuminatti, Level Up u Ozi Towers”.

Según Liuba, en etapas de clases se citan por WhatsApp, Facebook o Instagram a una fiesta en casa de alguien del grupo, un bar particular o en una piscina privada. "El Boss, por ejemplo, recoge dinero (10 cuc diez por persona) para alquilar una guagua hasta una piscina y allí nos reunimos 70 o más muchachos de diversos teams. Un team puede tener de 15 a 200 integrantes. Nos vestimos a la moda. Y aunque en Cuba hace calor, nos gusta ponernos overoles y enguatadas. A veces nos encontramos en centros nocturnos como Tercera y 18 o el Salón Rosado de La Tropical, en la Avenida 41, donde compartimos la música y bebemos cerveza o ron. Hay muchachos que no toman bebidas alcohólicas y algunos, los menos, ingieren sicotrópicos, fuman marihuana o halan polvo. Pero no es lo común, pues salvo excepciones somos jóvenes sanos. Nuestro denominador común es el interés por la moda, las últimas tendencias tecnológicas, los avances de la informática y la telefonía celular. A muchos teams les gusta el fútbol de clubes europeos y el baloncesto de la NBA. Nuestro hobby preferido es chatear, ver quien recibe más Like y participar en competencias que entre nosotros armamos en las redes, utilizando casi siempre WhatsApp”, detalla Liuba.

Mijaíl, 19 años, estudiante universitario, explica que hasta hace unos meses estuvo en un team. "Pero la rigurosidad de las asignaturas en la Universidad y la madurez que uno va adquiriendo me apartaron de esas tribus urbanas. Es gente joven, bastante sana, con un nivel de vida por encima del promedio en Cuba. Sus padres tienen negocios privados o en el exterior tienen familiares que les giran remesas. Conectados a WhatsApp en un mes pueden gastar hasta 60 cuc. Muchos padres prefieren tener a sus hijos en ese micromundo, alejados de nuestra realidad y de los problemas de la sociedad cubana, en una absoluta indiferencia política. Lo de estos teams es conectarse, compartir entre ellos, vestir a la moda, subir fotos a las redes sociales y verse los fines de semana en bares como Soda 52”.

Carlos, sociólogo, considera que “los teams conformados por millennials y que chatean y se organizan a través de las redes sociales es un fenómeno reciente. Fue con la apertura de la comercialización de internet en los teléfonos móviles cuando comenzaron a propagarse. Si damos créditos a algunas investigaciones sociológicas, no llevan más de dos años creados. Si los comparamos con las tribus urbanas del Parque G, así llamadas porque surgieron en la Avenida G del Vedado en la primera década del siglo XXI, estos grupos son más despolitizados, menos dados al alcohol y las drogas, tienen menos problemas en su entorno familiar y sufren menos rechazo por parte de un sector de la sociedad. Los frikis, emos y otras tendencias que cohabitaban en la Avenida G venían de familias disfuncionales, eran más agresivos, dados a las broncas callejeras y rechazaban abiertamente al régimen. Escuchaban música de grupos disidentes como Porno Para Ricardo y Los Aldeanos. A estas nuevas tribus les interesa la moda, la tecnología, el fútbol, vestir al Swag Style o seguir la saga de Candy Krush. Lo más 'disidente' es que algunos les gusta el reguetón de Chocolate MC, que está censurado en los medios oficiales”.

En opinión del sociólogo, si en algo se parecen los miembros de un team es que ninguno sufre grandes carencias materiales. "Tienen parientes a amigos que les envía dinero o les recargan las cuentas para navegar por internet, aunque entre ellos hay solidaridad y se comparten el dinero para chatear. Son hijos de altos funcionarios del gobierno o proceden de familias que reciben altas sumas por concepto de remesas o forman parte de la incipiente clase media conformada por cuentapropistas de éxito" .

Sin embargo, a pesar de su aparente inocencia, un ex oficial de inteligencia dice tener información que la Seguridad del Estado está estudiando el fenómeno de los teams. "Sobre todo les llama la atención la capacidad de aglutinar que tienen los líderes autodenominados Boss. Por su tremenda capacidad movilizativa, quieren investigar si no reciben ayuda financiera externa, pues en cuestión de minutos cientos de ellos se convocan a un sitio público. Utilizan aplicaciones como WhatsApp que están encriptadas. Ahora se reúnen para hablar boberías, pero cualquier día, piensan los servicios especiales, pueden convocar una marcha contra el gobierno y tomar desprevenida a la contrainteligencia”.

Arturo, integrante de un team, reconoce que una mañana en su escuela un oficial de la Seguridad del Estado se reunió con varios Boss, para recabar información de nosotros. "Quería saber de dónde había surgido esa idea, cuáles en realidad son nuestros intereses y temas de conversación. Habló en buena onda. El tipo tomó nota y nos dijo que próximamente la UJC iba a programarle actividades a los teams”.

En una sociedad de corta y clava como la cubana, un team de adolescente por muy ingenuo que parezca, no escapa al control de los servicios especiales. Por eso el régimen de los hermanos Castro lleva sesenta años en el poder.

Iván García
Foto: Tomada de Facebook.

lunes, 23 de septiembre de 2019

El ardid de fingirse opositor para entrar a Estados Unidos



“Soy un perseguido político” es la fórmula que le abrió y aún le abre las puertas de los Estados Unidos a muchísimos cubanos que hoy viven del “lado de allá” o esperan en algún centro de detención en la frontera por el otorgamiento de un estatus de “refugiado” pero que, en realidad, mientras vivieron del “lado de acá” jamás nadie les vio protestar ni siquiera entre dientes contra el gobierno.

No estoy seguro sobre cuál es la cifra real de tales “perseguidos” que han logrado engañar a las autoridades migratorias del país norteño, pero estoy convencido de que debe ser una cantidad considerable, teniendo en cuenta que es uno de los argumentos más escuchados en los reportajes periodísticos y notas de prensa que abordan el tema de la migración cubana en los últimos meses, después que fuera eliminada por Barack Obama la política de “pies secos, pies mojados”.

Lo cierto es que veo los rostros y leo los nombres de algunos “indignados” con las nuevas medidas migratorias que les fastidian el juego y, por más que busco en la prensa alguna vieja noticia donde aparezcan como encarcelados o acosados por la policía política, no logro dar con ninguna donde estén ni siquiera aludidos en las notas puntuales que suelen publicar las organizaciones opositoras o aquellas que documentan y dan seguimiento a cada uno de los casos.

Con la excepción de los verdaderos activistas y periodistas que todos conocemos, en peligro real, el resto son un gran invento, y la culpa, en buena parte, es de aquella anterior legislación que no exigía profundizar en la indagatoria sobre quién es quién y para la cual ser cubano era igual a ser perseguido político o víctima del sistema, un error que permitió durante años pasar “gato por liebre” y el resultado ha sido lamentable.

Perseguidores arrepentidos de su pasado, pero solo cuando les estampan el visado o les aseguran una manutención de por vida en las “entrañas del monstruo”. Entre ellos se encuentran ex dirigentes del partido comunista, ex militares, ex oficiales de la policía y la seguridad del estado. Directivos que lanzaron huevos a la “gusanera” en la Embajada del Perú, o quitando estímulos salariales si un trabajador no iba a la Marcha del Pueblo Combatiente o expulsando de su plaza a un obrero o estudiante porque el aval del Comité de Defensa de la Revolución denunciaba que no hacía la “guardia cederista” o no asistía al “trabajo voluntario”. “Cuentapropistas” que hicieron su fortuna portándose bien con el jefe del sector de la policía o que le negaban entrevistas a los medios independientes, o que incluso los injuriaban por usar una foto de su negocio en algún reportaje, porque eso lo podía perjudicar en su aventura de ganar y ganar dólares para comprar su boleto a Miami.

También fugaces periodistas independientes de una ingenuidad apabullante, que de pronto descubren que el ejercicio diario de su profesión no es un lecho de rosas y a la menor amenaza corren a buscar refugio despavoridos. Y hasta opositores y activistas que a la primera detención entran en pánico como si no se hubiesen esperado tal reacción represiva o de censura.

El más claro ejemplo son aquellos cientos, quizás miles, de los cuales leímos sus nombres en la prensa independiente y que, luego de pisar suelo estadounidense y obtener algún estatus como residente o ciudadano, jamás volvimos a saber sino por sus publicaciones en Facebook o Instagram, celebrando las mejores navidades de sus vidas, vacacionando en Disneyland o con suma discreción en Varadero o Cayo Coco. O disfrutando de una inútil y prolongada beca en tal o más cual universidad o reclamando más coraje y sacrificio a los que se quedaron atrás en el infierno insular, por no ser capaces de luchar y rebelarse contra el demonio. El que empuja no se da golpes.

Más allá de que esos “perseguidos”, incluso con lágrimas en los ojos, puedan alegar la pérdida de algún negocio en la isla y el desamparo legal que les impide reclamar su devolución, las malas condiciones de vida o la falta de oportunidades como simples ciudadanos sin privilegios políticos o el mero hartazgo ideológico, ingredientes de cualquier régimen totalitario de izquierda, en realidad son personas que, por no haber estado vinculadas a ninguna actividad opositora, sus vidas ni las de sus familiares corren ni corrieron ningún tipo de peligro.

El ardid de fingirse opositor, incluso aliarse solo por una cuantas semanas a algún grupo disidente cubano o hacer un poco de periodismo independiente con el único objetivo de crearse un pequeño “historial” que les facilite emigrar, ha sido una constante en el flujo de cubanos hacia los Estados Unidos, lo cual no solo ha llegado a dañar y molestar a la comunidad cubana en el exilio que en las décadas de 1960 a 1980 tuvo un componente ciertamente político sino que, además, ha repercutido negativamente en la imagen de aquellos grupos que en el interior de la isla y desde diversas tendencias políticas, han tenido una aptitud opuesta a tales engaños y oportunismos.

Si es doloroso ver cómo cubanas y cubanos lo han perdido todo, incluso hasta la vida, en su tránsito por Centroamérica o en altamar, intentando empezar de cero en una tierra de oportunidades, también lo es ver cómo muchos de los que logran pasar a los Estados Unidos mediante la representación teatral de un papel de víctima o perseguido político, más tarde retornan a Cuba para tomarse un mojito en el hotel Manzana Kempinski, porque está de moda, o simplemente se quedan en la Yuma y a conciencia se toman a conciencia la Coca-Cola del olvido. A todos ellos deberían retornarlos.

Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 24 de julio de 2019.
Foto: Cubanos en la frontera entre México y Estados Unidos. Tomada de Cubanet.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Crónica en balsa



Hay una categoría de cubanos que se ha ganado una definición especial dentro del rango estricto de la esfera que abarca la complejidad y la riqueza de su ciudadanía. Se la han ganado por la manera riesgosa y grave que asumieron para alcanzar la libertad y dejar en el mapa de la Isla todas las podredumbres de la dictadura, desde el hambre y la escasez, hasta la cárcel o la muerte.

Hablo de los llamados balseros, unos cuantos miles de criollos que viven ahora fundamentalmente en el sur de la Florida y otras partes del mundo y que tuvieron que salir de su patria, en cualquier tipo de embarcación y con el peligro latente y real del mar abierto y misterioso, que los separaba de las costas libres de Norteamérica.

Recientemente, ocupó espacios noticiosos el hecho de que cinco habitantes del aquella nación fueran devueltos por las autoridades de Estados Unidos al puerto de Cabañas, en la provincia de Artemisa, porque fueron sorprendidos tratando de llegar a territorio estadounidense en un bote rústico.

Ha sido noticia porque se trata de un episodio anormal y extraño, que los cubanos intenten de llegar por mar a tierra libre después que en enero de 2017, el presidente Barak Obama cerró la política de “pies secos/pies mojados” mediante la cual los ciudadanos de Cuba, apoyados por la Ley de Ajuste Cubano, podían residir de manera permanente en el país vecino.

A partir de ahora, volverá a ser mencionada cualquier propuesta de travesía de los casos aislados y puntuales de individuos que se lancen a probar su suerte. Pero la verdad es que nadie, de la Cuba de adentro ni de los que habitan en la geografía americana, pueden olvidar el fenómeno que se produjo, entre el 15 de abril y el 31 de diciembre de 1980, cuando se produjo un verdadero movimiento de masas con su origen en el puerto habanero del Mariel.

Los datos recuerdan que cerca 125 mil cubanos salieron de la Isla en aquella oportunidad, es decir, el 1,3 por ciento de la población, según un censo de la Oficina Nacional de Estadísticas. Unos años antes, se había producido otra escapada masiva de cubanos, por la zona matancera de Camarioca. En esa ocasión se fueron para Estados Unidos unas 30 mil personas, también en diversos tipos de barcos, balsas y chalanas.

No habrá más generaciones de balseros y el apelativo se perderá con el tiempo y con la riqueza del idioma, aunque haya memoria de los acontecimientos globales y haya memoria para la cifra, difícil y desconocida, de los cubanos que salieron y nunca llegaron.

Raúl Rivero
Blog de la FNCA, 22 de julio de 2019.
Foto: Una de las muchas embarcaciones que en 1980 salieron repletas de cubanos desde el puerto del Mariel. Tomada de Mariel, 30 años después.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Bofill, Fidel, Escalante y la microfracción



El activista cubano de derechos humanos y el último sobreviviente de una de las primeras crisis políticas de la revolución cubana, Ricardo Bofill Pagés, murió en la madrugada del viernes 12 de julio en Miami, tras una larga dolencia cardíaca y de sufrir complicaciones de una operación en la espalda, confirmaron varios amigos suyos. Tenía 76 años.

Bofill fue uno de los pioneros del controversial movimiento de defensa de los derechos humanos en Cuba. La creación, por parte suya en 1976 del Comité Cubano de Derechos Humanos, constituyó una especie de parteaguas de la tercera década del proceso revolucionario cubano. Una de las tareas en las que se concentró fue en la confección de informes detallados sobre violaciones de derechos humanos que lograron llamar la atención de organizaciones como Amnistía Internacional o el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Dos años antes, en 1974, Bofill había salido de la cárcel. Su excarcelación condujo también al nacimiento de la disidencia cubana en términos parecidos a la que surgió en la difunta Unión Soviética en esa época. No deja de ser curioso porque el primer encarcelamiento de Bofill se produjo en 1968, cuando fue acusado de ser más prosoviético que castrista en el marco del episodio de la llamada microfracción.

La microfracción constituye un episodio controvertido de la revolución cubana y fue una de sus primeras crisis políticas. Ocurrió en torno a un grupo de militantes del Partido Socialista Popular (PSP), conocidos como 'los viejos comunistas de antes de la revolución' , enfrentados a los nuevos, formados por ella. Fidel Castro, los acusó de conspirar junto a Moscú.

El caso comienza a mediados de 1966 cuando Fidel Castro conoce que Aníbal Escalante Dellundé, un viejo militante comunista que nunca ocultó su devoción por los soviéticos, que llegó a ser el líder principal del PSP antes de 1959 y a tener una destacada influencia en el poder durante los primeros años de la Revolución, estaba sosteniendo reuniones clandestinas con viejos militantes del PSP, entre ellos Bofill.

El objetivo, según las autoridades de la isla, sería establecer un movimiento de opinión dentro de los círculos políticos cubanos, partiendo de la base de que pese a mantener buenas relaciones con los dirigentes políticos soviéticos de entonces, Fidel Castro en realidad no era lo suficientemente prosoviético y, por lo tanto, no era de confianza.

Hubo dos argumentos fuertes en esa época: que los principales dirigentes de la revolución tenían ascendencia pequeño-burguesa y no querían tener en cuenta el supuesto liderazgo revolucionario de Moscú a nivel global.

Durante casi un año se les fue dando cordel hasta que los investigadores le colocaron a Fidel Castro un informe sobre la mesa: Escalante y otros viejos militantes del PSP habían estado organizando reuniones conspiradoras y estableciendo contactos con diplomáticos y periodistas de la Unión Soviética.

En concreto, el grupo quería que Moscú se enterara de que la dirigencia de la Cuba revolucionaria tenía todas las condiciones para darle la espalda a Moscú. Uno de esos indicios era la molestia que Fidel Castro manifestó cuando Moscú negoció en secreto con Washington la retirada de los cohetes nucleares de la isla en octubre del año 1962, crisis que llevó al mundo al borde del conflicto atómico.

Para colocar en contexto el surgimiento de un grupo fraccionista dentro del Partido Comunista de Cuba (el PCC fue fundado el 3 de octubre de 1965), el 24 de enero de 1968 el actual primer secretario del partido, general Raúl Castro, presentó un Informe al Comité Central donde dejó constancia de las interioridades de la conspiración.

"A mediados del año 1966 llegaron a nuestro poder distintas informaciones sobre opiniones, críticas a la dirección de la revolución y específicamente al compañero comandante Fidel Castro, así como comentarios contra la línea ideológica del Partido, provenientes de algunos viejos militantes del PSP. Hasta este momento las informaciones habían surgido espontáneamente, refiriéndose muchas de ellas a planteamientos que se vertían a finales del año 1965 en la finca ‘Dos Hermanos’, que administraba Aníbal Escalante Dellund, donde se celebraban comidas festivas a las que acudían viejos miembros del PSP, amigos de este último", relató Raúl Castro, a la sazón ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y segundo secretario del PCC.

La microfracción nunca fue muy amplia. Sus integrantes, identificados por las autoridades, no llegaban a cuarenta y no todos terminaron sancionados. Pero entre ellos "se hacían planteamientos políticos tales como que Aníbal Escalante representaba la verdadera corriente ideológica de la clase obrera. Que su sola presencia en Cuba, aunque no participase en las actividades políticas, constituía un freno para los elementos pequeño-burgueses enquistados en la dirección del país, que existe una política para eliminar a los viejos comunistas, que esta política se inició con los acontecimientos de marzo de 1962", afirmó el ex ministro de las FAR en su Informe.

Raúl Castro se refería al encontronazo de Fidel Castro con Escalante, que según el escritor Norberto Fuentes acabó con la presencia del ex líder del PSP en la esfera del poder, quien tenía casi todo el control de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), que antecedieron la formación del PCC.

Cuando a principios de 1962 Moscú consulta con La Habana la instalación de misiles nucleares en la isla, explica Fuentes, "Fidel se ve en la necesidad de reforzar su control de las ORI y para ello saca a Aníbal del partido. En esa época la gente del PSP (que ya no existía legalmente) estaba totalmente en el poder".

El asunto es que puso como condición que las negociaciones se hicieran directamente con él sin pasar por Escalante. “Tu no podías instalar los cohetes con Aníbal en el poder”, agrega el escritor, residente en Miami. Durante los siguientes cuatro años el viejo militante del PSP, en un semi exilio, se dedica a trabajar en la redacción de la revista semanal moscovita Tiempos Nuevos.

En su Informe, Raúl Castro adiciona que en el grupo "hablaban de que había una fuerte corriente antisoviética" y enfatizaban que "la URSS es el país que debe llevar la hegemonía" global. Tambien "planteaban que la pequeña burguesía era la corriente predominante en la política de la revolución y que había hecho intentos por lograr que todo el poder pasase a sus manos".

En este sentido -apuntó Raúl Castro-, sostenían que «"la pequeña burguesía y los elementos de derecha fueron preparando las condiciones para los acontecimientos del 26 de marzo de 1962 (cuando Escalante fue apartado de la esfera del poder) y la Crisis de Octubre, posibilitaron que se reconsiderara la política comercial, proyectándose nuevamente hacia los países capitalistas, los propósitos de la pequeña burguesía no eran solamente desplazar el comercio hacia las áreas capitalistas sino retroceder a Cuba al sistema que se había barrido en enero de 1959".

O sea, el grupo de Escalante consideraba a la dirección revolucionaria, a los dirigentes del Movimiento 26 de Julio, como elementos burgueses con planes de salir de la órbita moscovita y regresar a los brazos de Washington. De ahí el interés en contactar a la dirección soviética, a través de sus diplomáticos y periodistas en Cuba, a fin de convencerla de presionar a La Habana en el plano económico para que corrigiera sus posturas "aventureras".

Pero hay más. Eran también eran muy críticos en sus apreciaciones sobre la vía armada para tomar el poder, tesis política rechazada por los soviéticos y abrazada por la dirección revolucionaria que bajó de la Sierra Maestra. Ejemplo de ello es la creación en 1966 de la Conferencia Tricontinental.

La reunión del Comité Central del 24 de enero de 1968 duró casi 24 horas, en parte porque Fidel Castro estuvo hablando doce, un discurso que nunca fue publicado. También intervino Carlos Rafael Rodríguez, quien fuera un miembro muy importante de la dirección del PSP, el único dirigente de la organización que se unió a Fidel Castro en la Sierra Maestra y en ese momento el número tres del gobierno. Además, Fidel Castro leyó una carta de autocrítica de Escalante, a la cual no le dio gran valor, y se escucharon las explicaciones de los dos únicos miembros del antiguo PSP que integraban el Comité Central del PCC, José Matar y Ramón Calcines, tras lo cual fueron expulsados de la organización política.

Los demás implicados, que estaban ya detenidos, 35 en total, fueron juzgados en los meses siguientes y recibieron penas de cárcel entre 15 (Escalante, la mayor) y 2 años. El viejo líder del PSP no estuvo mucho tiempo tras las rejas. Fue liberado en 1971, poco antes del viaje de Fidel Castro a Chile, tras un pedido de los comunistas chilenos. Escalante murió en 1977 mientras dirigía una granja agrícola.

Un par de meses después de la reunión del Comité Central, Fidel Castro lanzó en la escalinata de la Universidad de La Habana la llamada Ofensiva Revolucionaria, que acabó con los negocios privados. En ese discurso, antes de entrar en materia, se refirió a la microfracción y anunció que no serían divulgados más detalles que los publicados en la prensa, admitiendo que de hacerlo pudiera tener implicaciones diplomáticas, obviamente con Moscú.

"Infortunadamente todos los problemas no pueden ser tratados públicamente. Somos un Estado constituido, y como Estado constituido lógicamente tenemos que atenernos a ciertas normas, y en el mundo complejo y difícil que vivimos no siempre todos y cada uno de los problemas se pueden discutir a la luz pública. Sencillamente porque hay cuestiones de orden diplomático, cuestiones que tienen que ver con las relaciones entre Estados, y cosas por el estilo, o cuestiones que por ser de conocimiento del enemigo podrían ser perjudiciales», explicó Fidel Castro.

Pero abrió una pequeña ventana e hizo una minima valoración del impacto de la crisis pasada: "Es cierto que algunas de las manifestaciones de tipo político de los elementos microfraccionales y el fenómeno microfraccional pudieron haber sido tratados más ampliamente -y nosotros ese aspecto lo tratamos ampliamente en la reunión del Comité Central-, hay que decir ciertamente que la microfracción como fuerza política -como fuerza política- carecía de significación; como intención política, sus actos eran de carácter grave; y como corriente dentro del movimiento revolucionario, una corriente francamente reformista, reaccionaria y conservadora, aunque comprendemos perfectamente bien que en la atmósfera de estos tiempos circulan muchas corrientes de esa índole".

Y cerró el asunto con un "al fin y al cabo, la microfracción nosotros la consideramos un problema ya resuelto". Desde entonces y hasta hoy, no se ha desclasificado el proceso de Aníbal Escalante y sus 34 compañeros. Han pasado 51 años. Los protagonistas han muerto. La Unión Soviética ya no existe.

Ricardo Bofill terminó condenado a doce años de cárcel por microfraccionario. Cuando lo detuvieron, la policía encontró apenas un estudio sobre la situación político-económica cubana entonces y que supuestamente iba a ser enviado a Moscú. Cumplió ocho años. Al salir de prisión tuvo dificultad para encontrar trabajo. Apenas pudo ejercer pequeños oficios como bibliotecario, pese a que antes de la microfracción llegó a ser profesor de Filosofía Marxista en la Universidad de La Habana.

Desilusionado con la política gubernamental cubana, comenzó a dedicarse a la defensa de los derechos humanos. En 1976, tras salir de la cárcel, creó el Comité Cubano de Derechos Humanos, iniciativa que de cierto modo lo hizo volver a sus raíces prosoviéticas. Diseñó el grupo y su trabajo de denuncias a la imagen y semejanza de lo que hacían los disidente rusos en esa época: conferencias de prensa, comunicados a la prensa internacional y confección de informes dirigidos a organizaciones internacionales. Más no podía. Durante la década de 1980 llegó a pedir asilo político en la Embajada de Francia en La Habana, y volvió a la cárcel brevemente, acusado de "propaganda enemiga". Salió de Cuba en 1988.

"Bofill fue fundamental, esencial, en la creación de la disidencia. Es el padre de todo eso. Contó con la ayuda de Elizardo Sánchez Santacruz y de Adolfo Rivero Caro, quien después en Miami lo ayudaría a descarrilar el movimiento disidente, porque lo convirtió en un movimiento de la extrema derecha de Miami", afirma el escritor Norberto Fuentes.

Cuando Fidel Castro falleció el 25 de noviembre de 2016, Ricardo Bofill, ya enfermo, dijo a la televisión en Miami que no se "alegraba" de su muerte. Era el último sobreviviente del grupo de la microfracción.

Rui Ferreira
On Cuba, 14 de julio de 2019.
Foto: Ricardo Bofill. Tomada de On Cuba.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Ricardo Bofill, un prócer de nuestro tiempo



Ricardo Bofill Pagés (Madruga 1943-Miami 2019), pasará a la historia como uno de los grandes próceres en la lucha por una república verdaderamente democrática y de cumplimiento pleno de todos los derechos.

En realidad, el primer grupo de derechos humanos de Cuba, y, por ende, el movimiento disidente pacífico, se inició en la cárcel en octubre de 1983. Se ha dicho que esto ocurrió en 1976 porque por entonces un grupo de notables personalidades, solían reunirse en casa de Arnaldo Escalona, quien, como Bofill, había estado preso en la llamada causa de la Microfracción. Y en verdad, se hicieron algunas denuncias, aunque a título personal, y estuvieron en vías de fundarlo, pero antes de que se concretara, Seguridad del Estado arrestó a casi todos los contertulios.

Creo, incluso, que aquellas personas ni siquiera tenían plena conciencia de lo que estaban creando, pero que Seguridad sí lo comprendió mucho antes que ellos, y actuó rápido para impedir ese parto, por lo que casi todos fueron a parar a las cárceles.Siete años después, en octubre del 83, en la prisión Combinado del Este, coincidimos varios de los que teníamos aspiraciones afines. Paradójicamente, la cárcel lo que hizo fue unirnos a muchos de los que marchábamos por caminos similares, y el comité terminó por surgir allí donde generalmente terminan muchas de las conspiraciones políticas.

En verdad, éramos sólo siete: Bofill, Gustavo Arcos Bergnes (por entonces incomunicado en la planta baja y con quien sólo podíamos hablar cuando nos sacaban al patio), Elizardo Sánchez Santa Cruz (quien se encontraba ya en la prisión de Boniato, pero mantenía contacto con nosotros a través de familiares), el exdirector del Pabellón Cuba, Teodoro del Valle, el poeta René Díaz Almeyda, el diplomático Edmigio López Castillo y quien esto escribe.

No podría fijar una fecha exacta, porque muchas veces sucede que los hechos más importantes ocurren sin que los mismos protagonistas se den cuenta, y sólo después de cierto tiempo es cuando nos percatamos de lo que ese momento significó. Yo no sabía quién era Bofill cuando lo conocí a mediados de 1983, cuando llegó al cuarto piso del Edificio 3 donde se ubicaba lo que se conocía como el Nuevo Presidio Político tras el diálogo y excarcelaciones ocurridas en 1979.

Aunque ya Bofill había estado preso por lo de la Microfracción, no había sido, por entonces, una figura descollante. Me lo presentó López Castillo, también procesado en aquella famosa causa. Yo tampoco llevaba allí mucho tiempo, desde que había sido sacado de la llamada Area Especial 47, los corredores de la muerte donde los condenados a la máxima pena esperaban ser llevados a los fosos de La Cabaña para ser fusilados. Allí había estado incomunicado durante un año y veinte días en una celda tapiada. En una de esas celdas aún se encontraba también, en condiciones infrahumanas, el preso político Jacinto Fernández, acusado por espionaje, con quien había trabado una buena amistad.

Desde ese momento, Bofill y yo comenzamos un largo ciclo de conversaciones sobre el tema político. Algo que lo distinguía era que no temía hablar en voz alta lo que pensaba sobre el régimen y sus dirigentes, y cuando le hablé de Jacinto, me ofreció los contactos que tenía para hacer llegar una denuncia sobre su caso a las principales agencias de prensa con oficinas en La Habana. Se ofreció, incluso, para redactar juntos la denuncia. Pero eso sí, había que firmarla con nuestros propios nombres para que tuviera credibilidad. Lo pensé un par de días, porque aquello me parecía suicida, ya que hasta entonces los presos casi siempre firmaban sus documentos con seudónimos temiendo ser reprimidos.

Finalmente estuve de acuerdo, firmamos la denuncia con nuestros nombres. Pero debajo, Bofill agregó las palabras Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Junto a su nombre puso el título de Presidente, y junto al mío, el de Vicepresidente. Aunque aquello me pareció una ocurrencia fantasiosa, puesto que tal comité no existía, no me daba cuenta que yo, al no poner reparos, la estaba haciendo realidad, y que la gracia podía derivar en desgracia ante el posible alargamiento de condenas en una nueva causa por “asociación ilícita”.

Me dije, en mi interior, que aquel hombre estaba loco, pero que yo no me quedaba atrás por aceptarlo. El asunto es que cuando la denuncia salió a la luz, la noticia no fue la terrible situación de mi amigo Jacinto, sino que por primera vez había surgido en Cuba un grupo de derechos humanos. Años después, en el exilio, Bofill me diría: “Había propuesto este proyecto a muchos, pero nadie me había hecho caso, y sólo tú me seguiste”.

La Seguridad reaccionó cuando ya se habían incorporado Arcos Bergnes, Elizardo, Teodoro del Valle, René Díaz y López Castillo, pero actuaron sólo contra Bofill incomunicándolo, quizás pensando que al separarlo de nosotros, el Comité recién creado se desvanecería. Luego lo ubicaron en una habitación vigilada del hospital de la prisión, y finalmente, fue excarcelado, probablemente por las presiones de la opinión pública internacional.

Pronto se formó una nueva sección del Comité en las calles, al unírsele nuevos miembros, como la poetisa Tania Díaz Castro, el psiquiatra Samuel Martínez Lara y el profesor Adolfo Rivero Caro. Gracias a los informes del Comité, el gobierno cubano por primera vez sería sentado en el banquillo de los acusados en Naciones Unidas.

Aunque nunca aceptó que el Comité se politizara, no pudo evitar que de su propio seno varios de sus miembros crearan grupos para la lucha política, como la Liga Cívica Martiana, fundada en la prisión, y el Partido por los Derechos Humanos creado por Tania y Martínez Lara. Lo cierto fue que el Comité se convirtió en la célula matriz de todo el amplio diapasón del movimiento disidente. Muchas organizaciones nacieron como ramificaciones de esos primeros grupos o influidos por ellos, o aprovechando el espacio creado por el Comité.

Se trata del único movimiento que la dictadura no ha podido exterminar. Y quien tuvo el coraje y la inteligencia para iniciarlo, fue Ricardo Bofill Pagés. Un hombre que no fue un santo celestial, sino un luchador terrenal con virtudes y defectos que defendió a capa y espada su derecho a expresar lo que pensaba, y despertó, con su palabra, a los que aún estábamos, si no dormidos, al menos aletargados, y nos instó a correr a los que estábamos, sino paralizados, al menos dando los primeros pasos.

Muy pocos han sido víctimas de tanto barraje de calumnias desde ambos extremos del panorama ideológico. Pero ya nada ni nadie, Ricardo, podrá arrebatarte el alto puesto que en la historia te mereces.

Ariel Hidalgo
Cubaencuentro, 22 de julio de 2019.
Foto de Ricardo Bofill realizada por Delio Regueral. Tomada de Cubaencuentro.


En los seis posts de la serie titulada Cuba: enfrentando la autocracia verde olivo, publicada en 2013 en El blog de Tania Quintero, entre los fundadores del movimiento cubano de derechos humanos mencionados se encuentran Martha Frayde y Ricardo Bofill: 1ra, 2da, 3ra., 4ta., 5ta y 6ta. y final.

lunes, 26 de agosto de 2019

Nostalgia por la Unión Soviética



La Ciudad Nuclear de Juraguá no es Pripyat. La diferencia es que vive gente. Y no hay radiación. Pero los bloques de edificios homogéneos y chapuceros de corte soviético y los cuatro reactores atómicos que nunca se terminaron de construir por falta de presupuesto, le dan un aire de urbe paralizada.

Por la calzada de asfalto destrozada que circunda la Ciudad Nuclear ruedan anacrónicos automóviles Lada o Moskvich de la era soviética. También viejos tractores facturados en Bielorrusia y camiones KamAZ producidos en una fábrica ubicada en la ciudad rusa de Náberezhnye Chelny. En Juraguá residen ex ingenieros y especialistas en centrales nucleares que jamás ejercieron su profesión. Se graduaron en universidades de la desaparecida URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y a partir de 1990, cuando comenzaron a regresar a Cuba, un abatido Fidel Castro informaba la paralización de las obras constructivas por falta de dinero.

Ya casi todos están jubilados o cambiaron de profesión. Es el caso de Ruslán, quien se adiestró en Kaliningrado como especialista en reactores atómicos y ahora es dueño de un taller de chapistería en un barrio al sur de La Habana.

Una tarde cualquiera, Ruslán hizo sus maletas y se fue de Juraguá. “Estudié todo lo concerniente sobre los reactores VVER-440/V-318, que eran los que se instalarían en la central nuclear de Cienfuegos. Había diferencias con respecto a los reactores de Chernobyl. En esa central termonuclear se utilizaban los RBMK que después del accidente demostraron que eran inseguros. Los VVER, entre otras características, contaban con un muro de contención. De cualquier manera uno se pregunta qué hubiera pasado si hubiese ocurrido un accidente en Cuba, pues en la construcción de la central en Cienfuegos se violaron varias normas técnicas”.

La exitosa serie Chernobyl, producida por HBO, ha tenido una enorme repercusión en la Isla, aunque la televisión estatal no la ha retrasmitido. El semiclandestino negocio audiovisual conocido por El Paquete, distribuyó los cinco capítulos por toda la geografía nacional. La prensa oficial ha arremetido contra la serie Chernobyl. En el sitio digital Cubadebate se han publicado varios artículos, para demonizar el serial por 'su excesiva politización' o por su amnesia: no contó que gracias a Fidel Castro, entre 1990 y 2016, más de 26 mil personas recibieron tratamiento médico en Cuba. La inmensa mayoría eran niños ucranianos que fueron alojados en Tarará, al este de La Habana.

Ruslán considera que esa reacción se debe a un instinto defensivo. “Nunca trabajé en centrales atómicas occidentales, pero sí hice prácticas en algunas de la URSS. Y te digo que las normas de seguridad eran bastante flexibles. Han habido accidentes en diferentes centrales nucleares del mundo, pero en la de Chernobyl, con más de cuatro mil muertos, es donde más personas han fallecido debido a la radiación. Además, la serie de HBO deja en evidencia el modo de dirigir en los países comunistas, a base de consignas, medias verdades y mentiras para camuflar la realidad”.

En Cuba sucede un fenómeno curioso. Entre los cubanos que solo desayunan café, se han arraigado ciertas costumbres españolas, africanas y preferencias por las marcas estadounidenses. Carlos, sociólogo, ahonda sobre el tema.

“Es normal ese apego a tradiciones de los españoles, fueron los que nos colonizaron y hablamos el mismo idioma. Por tanto se entiende el gusto por sus comidas y costumbres. De África legamos la religión yoruba, alimentos, bailes y tradiciones. De Estados Unidos, nación que desde su revolución en 1776 la mayoría de nuestros próceres independentistas apostaban por la anexión, nos quedó su modernismo, la música, el cine, la tecnología y sus líneas maestras en la gerencia empresarial y contable, algo que luego no aprovechó la revolución de Fidel Castro".

Según el sociólogo, eso se asimiló de manera natural, sobre todo a raíz del intercambio comercial entre Cuba y Estados Unidos en el siglo XX. "Pero de la URSS quedó muy poco. Era otra cultura, otra religión, otros hábitos alimentarios. Aunque estuvieron treinta años involucrados en la vida nacional y en Cuba tuvimos acampados a miles de soldados y asesores civiles soviéticos, en mi opinión, el principal legado que ha quedado es el de cientos de matrimonios y los nombres de origen ruso de unos cuantos cubanos. Ni sus modas ni sus costumbres tuvieron demasiado arraigo entre la gente. Donde se consolidó el modelo soviético de vida y gobierno fue en la clase política y eso se ve en las estructuras del Estado y en la Constitución de 1976, calcada de la carta magna soviética de 1936 emitida por Stalin”.

Leonardo, profesor jubilado de marxismo, considera que la etapa soviética en Cuba fue donde hubo mejor calidad de vida.“Hasta Fidel tenía sus reticencias en adoptar el modelo soviético, pero después del fracaso de la zafra del 70, las instituciones cubanas copiaron el modelo soviético y la economía creció aceleradamente. En los mercados liberados sobraba la comida. Teníamos industrias con su tecnología, casi todo el transporte nacional era soviético, sin contar armas de calidad contrastada. La URSS se viene abajo por el triste papel de Gorbachov, probablemente un agente de los servicios especiales de Occidente, que desmontó toda la estructura gubernamental y abrió las puertas al peor capitalismo. Ahora en Rusia existe un sistema autoritario al frente del cual se encuentra Putin, que lleva casi veinte años gobernando. Lo llamativo es que los comunistas rusos no son apoyados por el gobierno y están en la oposición”.

Durante tres décadas, entre 100 mil y 300 mil cubanos recibieron becas universitarias y pasaron cursos de post-grado en la Unión Soviética. En internet, sea en periódicos online, webs, blogs o redes sociales, se localizan numerosos testimonios de cubanos que estudiaron en diversas repúblicas de la antigua URSS. Unos la rememoran desde los países donde actualmente viven, otros desde Cuba, como el escritor Emerio Medina Peña (Holguín, 1966). Medina se graduó de ingeniero mecánico en Uzbekistán y en una extensa crónica publicada en La Habana Elegante recordaba:

"Si uno se detiene un poco a examinar lo que nos quedó de la presencia rusa en Cuba, descubriría que estamos rodeados por elementos imprescindibles y variados: medios de transporte, tecnología, vocabulario, nombres propios, cultura cinematográfica, cietos íconos culturales, abundante literatura impresa (basta revisar los estantes de una biblioteca pública o las colecciones privadas de muchísimos lectores). Para la mayoría de cubanos de más de 30 años, hoy es imposible recordar su juventud sin evocar un radio Rodina o Selena, un televisor Krim o Elektron, una bicicleta Chaika o Ukrania, una cámara fotográfica Zenit, un tocadiscos Ilga, una grabadora VEF, las revistas Unión Soviética, Sputnik y Mujer Soviética, un automóvil Lada, Moskvich o Volga, un camión KamAZ, ZIL, GAZ o KpZ, una motocicleta Verjovina, Karpati, Vosjod, Ural, Dniéper o Júpiter, un reloj-pulsera Slava, Raketa o Poljot, un despertor Zariá, una guagua LAZ o PAZ, una lavadora Aurika..."

No todos los que actualmente gobiernan en Cuba estudiaron en la URSS, pero algunos de los más viejos, que se caracterizan por su intransigencia castrista, aun conservan una pasión desbordada por la extinta Unión Soviética. La autocracia verde olivo aprobó la anexión de Crimen y muestra su apoyo a Rusia en foros internacionales.

En la enseñanza secundaria y preuniversitaria todavía se ofrece una versión edulcorada de la Unión Soviética. No se mencionan los crímenes de Stalin, entre ellos el Holodomor en Ucrania, donde unos cinco millones de ucranianos murieron de hambre en 1932-1933. Tampoco los Gulags, campos de trabajo forzados, vigentes desde 1930 hasta 1960. Diseminados por el vasto territorio nacional, por los Gulags pasaron 14 millones de personas, hombres y mujeres de todas las edades y nacionalidades de la antigua URSS, también ciudadanos extranjeros. Se calcula que más de un millón no logró sobrevivir. Otro episodio del cual en Cuba prefieren callar es la masacre en el bosque de Katyn, ocurrida en 1940, cuando el ejército rojo y la policía secreta soviética asesinó a cerca de 22 mil polacos.

La añeja clase política cubana, que desde 1959 gobierna la nación, siente añoranza por aquellos tiempos, donde cualquier atisbo de disidencia era sofocado con largas condenas de cárcel y la información se controlaba con puño de hierro. Se extraña el cheque en blanco del Kremlin, dos veces superior al del Plan Marshall en Europa, las guerras en África y el día que Fidel Castro emplazó cohetes atómicos en la Isla.

Pero de aquel legado soviético, algo ha quedado. Los dirigentes siguen gobernando. Sin elecciones. Sin democracia.

Iván García

Video: Los bolos en Cuba, del cineasta cubano Enrique Colina fue realizado en 2011. Leer también: La obstinación utópica convierte los sueños en pesadilla.

lunes, 19 de agosto de 2019

Esperando por la 'cultura del detalle' de Díaz-Canel



Incluso hasta la muerte puede ser un problema en Cuba. Al filo de las once de la noche llegó el cadáver a la funeraria de Santa Catalina, en el barrio de La Víbora, al sur de La Habana.

En la sala donde se velaría al difunto faltaban sillones y las bombillas estaban fundidas. “Es el único cubículo que disponemos”, dijo con cara de sueño la funcionaria.

Lo tomas o lo dejas. La familia del fallecido no tenía muchas opciones. Desandar por otras funerarias habaneras en busca de un sitio con las condiciones adecuadas no parecía una buena idea.

Estaba lloviendo, hacía un calor de infarto y nadie aseguraba que en otras funerarias el servicio fuera de calidad. “Es que hasta para morirnos somos diferentes. El padre de un amigo mío fue un pincho gordo del gobierno y lo velaron en el quinto piso de la funeraria Rivero con aire acondicionado, merienda y termos de café para los dolientes. La gente del pueblo se las tiene que apañar como pueda”, comenta con sorna un pariente del difunto.

Al final optaron por quedarse. “Total, todas las funerarias en Cuba son un asco. Lo único que pido es velar dos o tres horas a mi esposo y que luego descanse en paz”, señala la mujer del occiso.

Algunos familiares buscaron bombillos en sus casas, prepararon merienda y dos termos de café. Le pagaron diez pesos convertibles a un tipo con apodado el Artista, para que limpiara y maquillara el cadáver lo mejor posible.

Las coronas de flores, ya mustias, llegaron cuando el féretro partía rumbo a la Necrópolis de Colón. A falta de cintas, unos papeles con tinta borrosa apenas permitían leer el nombre de las personas que encargaron las coronas.

En el cementerio, antes de las palabras de despedida, se entablaron ‘nuevas negociaciones’ con los sepultureros, quienes podían escoger un buen sitio donde enterrar a su ser querido.

“Que tú te pensabas, mulato. En Cuba hasta después de muerto te persiguen las dificultades. Si no les das un billete por debajo de la mesa a los sepultureros, te despojan los cadáveres y si previamente no la has encargado y pagado, no te colocan una jardinera con flores en la tumba. Se lucra con todo, sea la compra y venta de panteones o contratar una persona que te mantenga cuidado el lugar. De lo contrario, tu última morada se transforma en un marabuzal. Por eso es que ahora los cubanos prefieren que los incineren”, cuenta un empleado del camposanto.

La 'cultura del detalle', que tanto implora el presidente Miguel Díaz-Canel, hace tiempo está ausente en la Isla. El socialismo marxista implantado por Fidel Castro barrió de golpe con el buen servicio, la calidad del trabajo y los valores cívicos. Muchos roban en sus puestos laborales y compensar así los bajos salarios. La burocracia obstaculiza el buen funcionamiento de las instituciones. La cortesía y educación formal desaparecieron en combate.

Es el sálvese quien pueda. La picaresca, la simulación y la mendacidad sustituyen a la honestidad. Si se le ocurre comer en un restaurante estatal, le aconsejo que tenga paciencia. En la Calle 23, al lado del cine Rivera y a media cuadra de la Avenida de los Presidentes, se encuentra enclavado la otrora cafetería-restaurante El Carmelo, rebautizada con el nombre de Charles Chaplin. Forma parte de la cadena de centros gastronómicos ubicados en El Vedado, que antaño destacaban por su calidad en los servicios.

Díaz-Canel, el pitcher de relevo nombrado por Raúl Castro, en una de sus tantas reuniones con ministros y funcionarios del partido comunista pidió a las instituciones del Estado competir en calidad con los negocios particulares.

“Tenemos que desterrar la idea de que los centros e instituciones estatales son feos, descuidados y con un trato deficiente. La premisa es brindar un servicio de calidad comparable al de los trabajadores por cuenta propia. Tenemos que resaltar la cultura del detalle, del buen gusto”, reclamaba Díaz-Canel, apodado la Nueva Trova, pues repite lo mismo de otros funcionarios, pero con diferente lenguaje.

Regresemos al antiguo Carmelo. El salón principal está desierto. Un turista italiano, medio ebrio, bebe un mojito tras otro junto a una trigueña que puede ser su nieta con pinta de jinetera. Están sentados tras la barra, mirando por la tele la final de la Champion League entre el Liverpool y el Tottenham.

En otra mesa, un cliente se cansa de alzar su mano, solicitando que lo atiendan. Los impertérritos meseros lo miran como un bicho raro. Pareciera que el usuario es invisible. El cliente pierde los estribos. Si fuera un pistolero del Oeste la respuesta hubiera sido acribillar a tiros al que se le pusiera al paso.

El sentimiento que genera el desencuentro con la absurda burocracia estatal es similar al reloj biológico de un asesino en serie. Te provoca violencia y morder con fuerza el cuchillo entre los dientes.

Lo peor del ineficiente sistema cubano no son el desabastecimiento, las penurias cotidianas y los discursos políticos que lindan con la ciencia ficción. No. Lo aborrecible es la incapacidad para generar belleza, cortesía y buen trato.

Las tiendas, sin ventilación y con los aires acondicionados apagados para ahorrar combustible, parecen cárceles donde el maltrato está a flor de piel. Recorra cualquier asilo de ancianos, círculo infantil o edificio de viviendas ejecutados por obreros estatales. Observará chapucerías por doquier. Paredes mal repelladas, techos con goteras y ventanas mal encuadradas ejecutadas con materiales de la construcción de la peor calidad posible.

En Cuba, incluso pagando en divisas, el mal servicio siempre está presente. Sesenta años de régimen totalitario ha demostrado que el Estado es un pésimo administrador. Ni siquiera la muerte es capaz de gestionar con eficacia.

Iván García
Foto: Familiares cargando un ataúd. Tomada de Las penurias para despedir a los muertos en Cuba.

lunes, 12 de agosto de 2019

Cuentapropistas cubanos, perjudicados por Trump



A partir del 17 de diciembre de 2014, cuando Barack Obama y Raúl Castro acordaron reestablecer relaciones diplomáticas, la estrategia de Washington siempre estuvo encaminada a favorecer al pueblo cubano, a su incipiente sociedad civil y el pujante sector privado.

Richard, dueño de una cafetería de comida criolla, batidos de frutas y entrepanes, al sur de La Habana, recuerda que la administración Obama diseñó varios paquetes de medidas que beneficiarían a los negocios particulares.

“Obama autorizó importar y exportar a Estados Unidos, otorgar microcréditos, abrir una línea de ferry que permitiría ampliar el trasiego de mercancías, porque si en un avión comercial usted puede traer cien libras, en un barco puedes traer 300 o 400 libras. Eso favorecía a la población y a los negocios privados, igual que los microcréditos y la importación de productos y alimentos desde Estados Unidos. Pero el gobierno no lo permitió. En vez de ampliar los contactos entre los cubanos de las dos orillas, prefirió apostar por los cruceros. Ahora el gobierno de Díaz-Canel pretende manipular a los cuentapropistas afectados por las restricciones de Trump, con una campaña mediática donde afirma que los grandes perdedores por la estrategia trumpista son los emprendedores particulares. En parte es cierto, pero intentan soslayar que el gran culpable de que los negocios privados se encuentren estancados es el gobierno, que no ha implementado un marco legal ni ha permitido una mayor autonomía a los particulares”, indica Richard.

Cuando usted habla con cualquier dueño de un pequeño negocio en Cuba, la lista de quejas es amplia. Camila, dueña de una peluquería en el municipio Cerro, confiesa que se siente atrapada en un callejón sin salida.

“En 2010, después que Raúl Castro autorizó ampliar el trabajo por cuenta propia, se pensaba que tendríamos un espacio jurídico con reglas de juego bien definidas. Creíamos que el gobierno contaba con el sector privado para desarrollar el país y no sólo para vender pan con mayonesa. Pero no fue así. El cuentapropismo fue simplemente una pista de aterrizaje que permitió acomodar al medio millón de trabajadores estatales que quedaron desempleados. Nunca han creado un verdadero mercado mayorista ni permiten importar mercancías legalmente. Nos siguen viendo con malos ojos, como sospechosos, porque somos capaces de, a golpe de creatividad, aumentar el nivel de vida nuestro y de la gente, crecer en calidad y ganar dinero de manera independiente. Y eso en Cuba es peligroso”, opina Camila.

Varios emprendedores consultados por Diario Las Américas consideran que las medidas implementadas por el presidente Trump les ha afectado en sus negocios.

Daniel, vestido con una guayabera azul prusia y un sombrero Panamá, sentado al timón de su Plymouth descapotable de 1955, señala que “cuando venían los cruceros y nos visitada una mayor cantidad de turistas americanos, en un día ganaba hasta 200 cuc. El turismo europeo y latinoamericano es de bajos recursos y no pagan 30 o 40 cuc por un recorrido de dos horas por La Habana. Es cierto que Trump con sus medidas ha afectado a buena parte de los negocios particulares en Cuba, pero el principal culpable es el gobierno, que siempre nos ha visto como Caballo de Troya. Ahora, como les conviene, nos están utilizando en su propaganda política. Es un descaro, pues Raúl Castro, Díaz-Canel ni otro alto funcionario, nunca nos han tenido en cuenta, jamás se han reunido con nosotros”.

Díaz-Canel, presidente designado, ha recorrido la isla de oriente a occidente y visitado empresas propiedad del Estado. Intenta rescatar la errática economía nacional, manteniendo la planificación central y el discurso optimista. El plan no ha funcionado. En el año 2020, el régimen pretende que los trabajadores estatales planifiquen sus producciones.

Eduardo, economista, afirma que“se han hecho mil inventos y proyectos y todos, de una manera u otra, han fracasado. La solución parece fácil: poner esas empresas en manos de los trabajadores, es decir cooperativizarlas. Y privatizar servicios que el Estado se ha mostrado incapaz de gestionar. Además de improductivas, las empresas cubanas están descapitalizadas, necesitan tecnología y nuevas inversiones. Cuando se instaure un marco legal adecuado y tengan autonomía real, no ficticia y ganar dinero no sea mal visto, es probable que la economía despegue. Si Díaz-Canel no quiere pasar a la historia como pelele que nadie va recordar, tiene que cambiar los métodos. Y eso pasa por reconocer y brindarle un mayor espacio y dialogar con los emprendedores privados”.

Lidia, dueña de un hostal en El Vedado, considera que el “gobierno debe jugar en serio, porque se desconocen las proporciones reales de la crisis económica que se nos viene encima. Para enfrentar esa crisis, Díaz-Canel debe contar con todos los cubanos, y en especial con los cuentapropistas, quienes en los tiempos duros han demostrado que son capaces de crecer y reinventarse. Los integrantes del Consejo de Estado debieran reunirse con los emprendedores privados y hablar a camisa quitá. La solución a nuestros problemas no la tienen Trump, la tenemos nosotros”.

Tras casi una década frenando al sector privado con la tijera arancelaria e impidiendo que acumulen dinero, el régimen debiera cambiar de estrategia. De momento, Trump, con sus políticas restrictivas hacia Cuba, ha terminado perjudicando a los particulares. Se ha convertido en un aliado de la autocracia verde olivo. Ni que se hubieran puesto de acuerdo.

Iván García

Foto: San Cristóbal, uno de los restaurantes privados (paladares) más famosos de La Habana, donde entre han cenado Barack Obama y su familia, Beyoncé y su esposo y las Kardashian, se encuentra entre los negocios particulares afectados por la política restrictiva de Donald Trump hacia Cuba.

lunes, 5 de agosto de 2019

"Gusanos" pueden invertir en Cuba



Una ‘invasión’ como la de Bahía de Cochinos. Pero con dólares. Se podría negociar con los hermanos Fanjul para administrar un par de centrales azucareros en Cuba o hacer un pacto con la empresa Bacardí.

Esa gente pueden construir mejores carreteras, edificios y gestionar negocios. Podrían volver los descendientes de Julio Lobo o los Gómez-Mena, pero aceptando las reglas de juegos del partido comunista.

Ya se saben cuáles son. El Estado cobra el 80 por ciento de los salarios en moneda dura y el empleado un 20 por ciento en el devaluado peso cubano convertible. Sin derecho a huelga ni reclamos sindicales. Como en los tiempos de Lenin: los burgueses son tan tontos que aceptarían la soga que después los ahorcaría.

Ahora son bienvenidos los otrora gusanos y la escoria infame que abandonó su patria. Sin mediar una disculpa pública, ni negociar el pago a sus propiedades confiscadas y con tribunales administrados por la autocracia.

Pregúntele a Jorge Luis Piloto, músico y compositor nacido en Cárdenas, a 140 kilómetros al este de La Habana, si podrá olvidar los actos de repudio, con la gente tirando huevos y coreando ‘gusano, lechuza, te vendes por un pitusa’.

En el otoño de 2014, mientras conducía su Mercedes Benz por el apacible barrio de Kendall en el condado de Miami-Dade, Piloto me contaba que cuando en 1980 decidió marcharse de Cuba tuvo que firmar una planilla que decía que era homosexual para que un severo oficial del MININT pudiera autorizarlo a abandonar la Isla.

Pregúntele a Orlando ‘Duque’ Hernández, espectacular lanzador derecho del equipo Industriales de La Habana y en la MLB cuatro veces campeón mundial con los Yankees de Nueva York y los Medias Blancas de Chicago, si invertiría tiempo y dinero en el país que en 1996 publicó un feroz editorial expulsándolo de por vida del béisbol nacional.

En octubre del 96, una de las primeras entrevistas que hice como periodista independiente de Cuba Press, fue al 'Duque' Hernández. Conversé con él en su casa del reparto Calixto Sánchez, en el municipio Boyeros, a tiro de piedra del aeropuerto internacional José Martí. El 'Duque' fue profético: “La única puerta que el gobierno me dejó abierta es la del destierro”. Ya se sabe de su fuga en una lancha precaria y de sus éxitos al otro lado del charco.

Pregúntele a los miles de cubanos a quienes les fueron incautados sus negocios y propiedades en la década de 1960, si regresarían a invertir dólares con el mismo régimen que los conminó a marcharse de su patria.

Según un funcionario municipal del partido comunista, van en serio las intenciones del gobierno de permitir que cubanos radicados en el extranjero inviertan en la Isla. “Con la que está cayendo, en momentos que arrecia el bloqueo y con la aplicación de la Ley Helms-Burton, restricciones que frenarán el flujo de turistas y la imperiosa necesidad de captar divisas para desarrollar el país, la nueva estrategia de permitir que los cubanos que viven afuera inviertan en Cuba, pudiera ser un imán que atraiga capitales significativos”, afirma el funcionario y añade:

“Se sabe que entre el 60 y 70 por ciento de los pequeños negocios privados cuentan con dinero procedente del exterior. Lo que se quiere es capitalizar inversiones en pequeñas y medianas empresas. Es cierto que los cubanos que más dinero tienen son acérrimos enemigos del sistema. Pero se está apostando al dinero de un segmento de cubanos más apolíticos, ingenieros, médicos, peloteros y músicos, entre otros profesionales que se han marchado en las últimos veinte o treinta años y han triunfado en Estados Unidos. Puede que un futuro cambien algunas normas y empresarios cubanos radicados en el extranjero tengan mayor autonomía y el Estado les permita contratar y pagarle libremente a sus empleados. Habrá cambios importantes. Pero el poder político se mantendrá incólume”.

Eduardo, economista, considera que “si se crea un marco legislativo adecuado y mayor autonomía empresarial, el capital de los cubanos residentes en el exterior pudiera superar los 2,500 millones de dólares anuales en inversiones extranjeras, que es la meta del gobierno. Si se ampliara ese concepto y se autorizara invertir también a cubanos radicados en el país, el monto se acercaría a los 4 mil millones de dólares”.

El economista hace un cálculo simple: “Las mulas que importan pacotillas están invirtiendo entre mil y mil 500 millones de dólares anuales comprando cosas en Panamá, México, Rusia. Es el doble o el triple de las inversiones extranjeras. Al gobierno no le resultaría complejo crear un espacio para recaudar ese capital. Estoy convencido que si se quieren construir cimientos poderosos en la economía cubana, se tendrá que involucrar a todos los cubanos, vivan donde vivan, como han hecho Vietnam y China”.

El directivo de una empresa de gastronomía en La Habana, asegura que “hay planes de volver a activar la cooperativización dentro del sector gastronómico a nivel nacional. También se arrendarían y privatizarían espacios, pues está demostrado que la gastronomía estatal no funciona. Solo quedaría un segmento de establecimientos que vendería a bajos precios a las capas más vulnerables de la población”.

Si en 2012 un arrogante canciller Bruno Rodríguez, minimizaba las inversiones de la pequeña y mediana empresa privada y apostaba por los grandes capitales, ahora las cosas han cambiado. Aunque la mira siempre estará enfocada en inversiones multimillonarias que pudieran desembolsar magnates como los Fanjul o la familia Bacardí.

“Pero primero habrá que crear un precedente de inversiones menores que funcionen de manera correcta y amparadas por un marco jurídico neutral y transparente”, aclara el funcionario municipal del partido.

Eso sí, no se aceptarán exigencias políticas. El régimen optaría por un segmento de ‘gusanos’ a los cuales sólo les importaría sus negocios. La democracia y los derechos humanos pasarían a un segundo plano.

Iván García

Foto: Alberto Lazo, emprendedor de origen cubano radicado en la Florida. Tomada de Emprendedor de origen cubano hace del bienestar un negocio en Miami.

lunes, 29 de julio de 2019

Los helados de los chinos cubanos en Puerto Rico



Después de descubrir este reportaje en el San Francisco Chronicle, sobre los chinos cubanos que después de la revolución fidelista emigraron a Puerto Rico -sobre todo a partir de 1968, el año del acabóse-, a mi memoria vinieron los helados que hacían los chinos del puesto que quedaba a media cuadra de mi casa, en la esquina Romay y Zequeira, Cerro, La Habana. Además de frutas frescas, vendían chicharrones de viento y tripitas, mariquitas, boniato fritos, manjúas y frituras de bacalao. El cartuchito más barato costaba 3 centavos y 10 centavos el más caro.

Los chinos no le echan leche a sus helados, pero gracias a su técnica de batido, consiguen que sean muy cremosos. En mi infancia (1942-1952) los chinos de mi barrio los elaboraban de coco, mamey, guanábana, anón, chocolate y orejones (melocotón, albaricoque y otras frutas secas). Además de los chinos del puesto que hacían helado, en mi cuadra (Romay entre Monte y Zequeira) había un 'tren de lavado', como le decían a sus lavanderías y tintorerías. Tanto los chinos del puesto como los del 'tren de lavado' no esperaron que la revolución arribara a su décimo aniversario para irse de Cuba. Igual hicieron muchos bodegueros, carniceros, dueños de cafetines, puestos de fritas, guaraperas y otros timbiriches que había por toda La Habana y por toda la Isla.

Antes de 1959, quienes viviamos en el tramo de Monte, desde la Esquina de Tejas hasta el Parque de la Fraternidad, solíamos ir a pie a las numerosas tiendas situadas en Monte, Reina y Galiano. A veces se regresaba en guagua, pero si uno iba acompañado y aprovechaba para merendar en el Ten Cent de Monte o Galiano, regresaba a su casa caminando. En la década de 1960, el transporte público en la capital todavía era bueno, pero hasta que en 1979 me mudé a la barriada de La Víbora, en 10 de Octubre, seguí con la costumbre de rara vez coger una guagua para desplazarme a los actuales municipios de El Cerro y Centro Habana.

Como ya conté en Harry Potter y la revolución escatimada, durante 19 meses trabajé como mecanógrafa en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González y casi siempre iba y venía a pie, aunque en ocasiones me daban 'botella' los choferes de Blas Roca (Fiallo), de Joaquín Ordoqui (Pancho) y de Lázaro Peña (Adalberto). Con Lázaro, su mujer Zoila (Tania Castellanos) y su hijo Lazarito (Lachi), muchas veces regresé en su auto, pues ellos vivían en el edificio situado en Infanta y Manglar, a pocas cuadras de mi domicilio. En ese mismo edificio residía Bola de Nieve.

Recuerdo que en 1963, desde Belascoaín y Desagüe me dirigía a pie a mi casa y al bajar por Desagüe y acortar por El Pontón, veo un puesto de viandas con un chino. Entro y descubro un cartel hecho a mano que decía Helado de Limón. Cada bola costaba un medio (5 centavos) y tenías que llevar donde echarlo, porque no tenía papel, vaso ni barquillo. En la cartera llevaba una libreta, la saqué y con las hojas del medio el chino me hizo un cucurucho donde cupieron cuatro bolas de helado de limón. Fueron los últimos helados chinos que tomé en La Habana.

Volviendo a Puerto Rico. En la heladería King's Cream, la primera que chinos de origen cubano abrieron en Ponce, además de helados de coco, guanábana, limón, tamarindo y chocolate, también ofrecen de piña, fresa, fruta de la pasión (parcha), naranja (china), almendra, maní y maíz, como pueden ver en Tripadvisor.

En Cuba, los chinos no solo hacían sabrosos y baratos helados, también comida criolla. Cuando en mi casa queríamos comer carne con papas, mis padres me mandaban con una cantina a una fonda china en Castillo casi esquina a Monte. Siempre compraba lo mismo: arroz blanco, frijoles colorados, carne de res con papas y plátanos maduros fritos. No recuerdo cuánto costaba, pero con un peso alcanzaba para comer tres personas.

Los cubanos de mi generación estamos en deuda con los chinos, japoneses y coreanos que emigraron a Cuba en siglos XIX y XX. Algunos lograron hacer fortuna, pero la mayoría trabajó durísimo para poder salir adelante y mandarle dinero a los suyos en sus países de origen.

Muy pocos aprendieron bien el idioma, pero se aclimataron e integraron y unos cuantos se casaron con cubanas, que cuando eran negras dejaron un novedoso mestizaje: el de los mulatos-chinos. Como Lucrecia López Vega, descendiente de chinos y africanos. Hace dos años, cuando Lucrecia cumplió 95 años, en mi blog le dedicamos un post.

Tania Quintero

Foto: María Lao, hija de inmigrantes chinos cubanos que en Ponce, abrieron King's Cream. Su hermano Mario Lao abrió una segunda heladería en San Germán, también en Puerto Rico. Tomada de San Francisco Chronicle.

lunes, 22 de julio de 2019

El castrismo tiene cuerda para rato


Después de la presentación del locutor, Fidel Castro desplazaba sus seis pies y dos pulgadas y más de 225 libras hasta la tribuna, entre aplausos, consignas y una muchedumbre que rítmicamente coreaba Fi-del, Fi-del, Fi-del.

Vestido con su sempiterna casaca militar y botas negras de cuero, el dictador se alisaba la barba, achicaba sus ojos y miraba a la multitud en la distancia. Luego, con su gorra verde olivo sudada en la visera, ladeaba la cabeza y a menudo apoyaba los dedos índice y anular en su mentón.

Tras el baño inicial de masas, hacía un gesto leve con su mano para que la gente hiciera silencio. Entonces arrancaba a hablar. La mayoría de sus más de 2,500 discursos eran improvisados.

Sus alocuciones, extensas, sobrepasaban la hora y media, aunque el 26 de septiembre de 1960 en las Naciones Unidas habló durante 4 horas y 29 minutos. Solía recurrir al uso de estadísticas comparativas, las cuales le permitían remarcar las bondades y diferencias del ‘exitoso’ socialismo de corte soviético que, sin previo aviso, había instaurado en la Isla una tarde de abril de 1961.

Manejaba las utopías y augurios como un auténtico maestro. Sus promesas incumplidas se recopilan por decenas, igual que sus groseras mentiras. Prometió que la ganadería estatal produciría tanta carne de res, leche y queso que Cuba se convertiría en una potencia exportadora de alimentos.

Sin sonrojarse, en su primer año de gobierno declaraba que no era comunista y que organizaría elecciones democráticas. Sabía cómo manipular al populacho.

El castrismo no es una teoría con base científica o una determinada metodología. Tampoco una doctrina filosófica o ideológica. Es una sarta de palabras sueltas que se pueden leer en las miles de intervenciones de Fidel Castro, atornilladas por la propaganda del partido comunista como un mantra político a seguir.

Castro siempre tuvo segundas intenciones ocultas. Le gustaba parecer desparpajado, irreverente y nacionalista. Su mesianismo lo llevó a despilfarrar el erario público y exportar la subversión a rincones de América Latina.

Estaba convencido que era más inteligente y listo que el resto de los cubanos. Usurpaba funciones de expertos ganaderos, agrícolas e industriales a la vez que llevaba a cabo sus delirantes proyectos sociales y económicos.

Cualquiera de sus teorías se convertían en un cúmulo de improvisaciones que a golpe de talonario público se establecían como preceptos dentro de la economía de comando que él mismo creó.

Dejó una lista de directrices políticas que no se debieran repetir, como administrar por decreto mediante un gobierno paralelo sin respetar al parlamento ni tener en cuenta las opiniones contrarias.

Fidel fue pura improvisación. Por tanto, el castrismo original tiene un cimiento endeble. Si es que lo tiene. Se basa en una abrumadora maquinaria burocrática que aparenta seguir al pie de la letra las ordenanzas oficiales. Pero al ser un sistema demencial, provoca descontroles que son aprovechados para robar y lucrar.

Los que pretendan desmontar al castrismo, tendrán primero que barrer hasta el último resquicio del pernicioso burocratismo. Un burocratismo que según cálculos extraoficiales, podría estar conformado por más de dos millones de personas que como sanguijüelas chupan al Estado.

Los burócratas cubanos no tienen una ideología definida. Son papagayos, repetidores de las consignas de moda. Se alimentan de transgresiones y actos delincuenciales que han aprendido a camuflar de legalidad.

Con el tiempo, los burócratas se han convertido en un quiste mafioso. Cuando el régimen ha ordenado una batida contra la ineficiencia y el burocratismo, se atrincheran y se resisten a cambiar, a pesar de cantar La Internacional.

La democracia los dejaría en el paro. Un gobierno transparente y una economía de mercado sería un veneno eficaz una para una burocracia que vive del robo, el lucro y la malversación.

A la potente burocracia criolla se suma el entorno que rodea a los caciques del partido y ministros de turno. Personajes a quienes el sistema castrista les garantiza cierta calidad de vida a cambio de lealtad.

El poder es tentador, sobre todo en países autoritarios como Cuba, donde casi nadie rinde cuentas, las huelgas y manifestaciones están prohibidas y no se celebran elecciones libres y democráticas al estilo occidental.

Dentro de una autocracia, el poder es un juego de ganar-ganar. La prensa no le critica ni les canta las cuarenta. La gente echa pestes del gobierno, pero en voz baja. Y encima, cuentan con el acompañamiento de los servicios especiales, que más que proteger la Seguridad Nacional se han transformado en la guardia pretoriana del propio poder.

Desarmar un tinglado dictatorial de sesenta años lleva tiempo. Serían necesarios grupos opositores reconocidos por la ciudadanía, capaces de convocar movilizaciones callejeras. Pero la disidencia cubana no cuenta con lo uno ni lo otro.

Para eliminar al castrismo no basta con la muerte de su fundador ni de su hermano sustituto. Tal vez, en algún momento, a los poderosos empresarios militares les molesten las absurdas reglas de juego y decidan comenzar a socavar el status quo. O en la Isla surja una agrupación opositora, amplia y cohesionada, que mire hacia adentro, hacia la gente de a pie y empiece a tender puentes con sectores populares y artistas e intelectuales jóvenes.

A corto o mediano plazo, en el panorama nacional se vislumbran dos posibilidades, una mala y otra buena.

La mala, es que en las actuales circunstancias, a pesar de una economía que hace agua y una crisis sistémica, al castrismo le queda combustible para maniobrar y mantenerse a flote.

La buena, es que las sociedades de corta y clava no funcionan y terminan capitulando.

Pero, ¿cuándo sucederá? Es la pregunta que cada día al levantarse se hacen los cubanos.

Iván García
Foto: Tomada de Diario Las Américas.
Leer también: Castro el matón y Castro el cobardón.

lunes, 15 de julio de 2019

Lichi



Eliseo Alberto de Diego (La Habana 1951-Ciudad de México 2011) es el escritor cubano más joven que ha muerto en el exilio. Su obra, reconocida muy temprano en más de medio mundo, le dio renombre como poeta, como novelista y como un cronista excepcional de la realidad de su país de origen y de la vida de la nación que lo acogió como un hijo, donde vivió dos décadas y de la que se hizo ciudadano en el año 2000.

El luto no tiene geografía, es una punzada leve y permanente que provoca, por ejemplo, la ausencia de alguien querido y necesario. Entre los lectores de buenos versos, entre los seguidores de las alternativas y los caminos del exilio y la historia de Cuba, Lichi Diego tiene una legión de gente que guarda esa categoría de duelo progresivo.

Para llegar a entender el corazón de aquel cubano simpático, conversador, afectuoso y cálido hay que leer estos tres libros de poesía: Importará el fuego, Las cosas que yo amo y Un instante en cada cosa. Y habrá que entrarle a las páginas de novelas La fogata roja, La eternidad por fin comienza un lunes, Caracol Beach, La fábula de José, Esther en alguna parte y El retablo del conde Eros. No pueden faltar estos dos libros de periodismo: Informe contra mí mismo y Dos cubas libres.

Otros títulos trascendentales de no ficción y un trío de piezas de literatura para niños son En el jardín del mundo, Del otro lado de los sueños, Breve historia del mundo y un libro publicado después de su muerte en México que se llama La novela de mi padre. Reflexionando sobre el exilio y la forma especial de acercarse a la lejanía y al cariño que llegó a sentir por su patria, Lichi decía:

“El regreso es imposible, siempre se va. Uno va y va y va. El regreso es una metáfora, un recurso literario. Yo he sido muy crítico con Fidel y con el gobierno de mi país, Yo, además he recibido numerosas críticas de parte del gobierno cubano, críticas hasta insultantes, pero yo no escribiré nunca nada que le haga daño a Cuba. Antes de eso, mejor me corto la lengua y los brazos. A mí me gusta decir, y estoy dispuesto a demostrarlo que nadie ama más a Cuba que yo. La pueden amar como yo muchos, millones, no digo que no, pero más no, porque eso es humanamente imposible.”

Raúl Rivero

lunes, 8 de julio de 2019

"La patria es un plato de comida", le gustaba decir a Eliseo Alberto



A Raúl Castro, a Miguel Díaz-Canel y su Consejo de Estado y Ministros, a los dirigentes del Partido Comunista, a los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular y a todos los que actualmente desde provincias y municipios, están al frente de los destinos de Cuba, no solo hay que exigirles democracia, libertad de prensa, viviendas, transporte público, aumentos de salarios y pensiones y derecho a huelgas y manifestaciones callejeras pacíficas, también que acaben de resolver el gran problema que el país siempre ha tenido y tiene: la escasez crónica de alimentos.

En sesenta años de revolución, los dirigentes castristas no han sido capaces de mantener llenas las bodegas, tiendas, farmacias y ferreterías, como estaban cuando llegaron al poder en enero de 1959. En más de un discurso, Fidel Castro aseguró que Cuba iba a tener abundancia de carne, leche, queso, malanga y frutas, entre otros alimentos.

Varias décadas después, ha ocurrido lo contrario. Cada vez hay menos viandas, hortalizas, legumbres y frutas. La cuota de carne de res, unas onzas per cápita, definitivamente desapareció en 1992. Hace poco, en el blog de la Fundación Nacional Cubano Americana, Raúl Rivero escribía:"La carne de res vive en el olvido y la de puerco tiene ahora el precio del faisán de la India". Aquel jamón viking que en los 80 vendían por la libre y mi madre le decía "jamón de agua", comparado con el picadillo de soya, la pasta de oca, el fricandel, la masa cárnica, el perro sin tripa y el cerelac, entre otros inventos culinarios creados en los 90 por los 'gurús del castrismo', era manjar de reyes. La leche de vaca fresca, mantequilla, queso crema y yogurt ofertados a la población en lecherías cercanas a sus domicilios igualmente se esfumaron. Con sus altas y bajas, el pollo y el huevo más o menos sobrevivieron.

Hay niños que nunca han comido camarones, langostas, pargo, cherna, rabirrubia... Jóvenes que nunca han probado frutas como el anón, chirimoya, guanábana, tamarindo, mamoncillo, ciruela, plátano manzano, níspero, marañón, canistel... Hasta las naranjas y mandarinas se han esfumado y un limón puede costar cinco pesos.

Tengo 76 años y en mi infancia, el picadillo -carne de res de segunda que en tu presencia molía el carnicero- era comida de pobres. Hoy, después del paso del picadillo de soya, bodrio que los burócratas del Ministerio de Comercio Interior oficialmente le llamaban "picadillo extendido o texturizado" y era una mezcla de harina de soya, sangre y vísceras de váyase a saber cuáles animales, ya solo los cubanos de la tercera edad recuerdan al verdadero picadillo, al cual además de ají, tomate, ajo, cebolla y sal, se le echaban pasas, aceitunas y alcaparras (en la bodega de la esquina de mi casa, en Monte y Romay, un cucurucho de papel con pasas, aceitunas y alcaparras costaba 5 centavos).

Comida de pobres eran también las latas de sardinas en aceite o tomate de España, Portugal o Marruecos. O el bacalao de Noruega, cuyas pencas veías colgadas en todas las bodegas. O los camaroncitos secos, que por unos centavos podías comprar o pedir fiado al bodeguero, que lo anotaba en un cuaderno hasta que lo pudieras pagar. En las casas más humildes no faltaba el maíz, para preparar tamales en hojas o en cazuela, en guiso con carne de cerdo o seco, en harina, que algunos comían con un poco de leche y azúcar o con enchilado de masas de cangrejo. O como postre, en pudín o majarete. Hoy aquellas comidas de pobre son un lujo, al alcance de unos pocos.

La implantación de la libreta de racionamiento, en marzo de 1962 marcó el inicio de la "distribución equitativa" de los escasos productos perecedores y no perecederos existentes en los almacenes estatales. Pero también marcó el inicio de la desaparición de los alimentos tradicionalmente consumidos por los cubanos. Alimentos comprados con pesos, la moneda nacional, que entonces tenía el mismo valor que el dólar. Alimentos que adquirías en la bodega, el puesto, la carnicería o el Mercado Único o de Cuatro Caminos, el más abastecido que había en La Habana.

La solución no es el avestruz, la jutía o el cocodrilo, animales que dudo formen parte de la dieta de una élite verde olivo a la cual jamás le ha importado lo que comen o dejan de comer los cubanos de a pie. Una élite que no necesita la libreta de racionamiento, que no sabe lo que es hacer cola para comprar un pan incomible, ni tener que estar rompiéndose la cabeza a ver qué le cocinas a tus hijos o pasándole un email a un pariente en Estados Unidos para que te mande unos dólares que te permitan sobrevivir un mes a ti y los suyos. Una élite cuyos descendientes viven a todo trapo, como se ha visto en fotos y videos subidos a las redes sociales. Es lo que trajo el barco fidelista.

La solución es una agricultura, una ganadería y una pesca rentable y, sobre todo, sostenible, donde los principales protagonistas no sean los burócratas de los ministerios y empresas, si no los agricultores, ganaderos y pescadores individuales o agrupados en cooperativas por ellos mismos organizadas. Y que sus producciones se distribuyan como siempre se distribuyeron, directamente a puestos y mercados, con sus propios camiones, sin intermediarios, para que lleguen pronto y en buenas condiciones a los consumidores.

Una isla con un clima y una tierra fértil que a lo largo de sesenta largos y angustiosos años, ha sido dirigida por un ejército de barbudos con méritos históricos, guerrilleros y revolucionarios que nadie les niega, pero incapaces de administrar una nación que cuando a partir de 1959 la tuvieron bajo su mando, era desarrollada y en numerosos renglones alimentarios, poseía mejores resultados que otras naciones del continente.

Barbudos que crearon una dinastía y conviritieron al archipiélago cubano en una finca particular. Barbudos que han envejecido en el poder y les importa más el mausoleo donde van a ser enterrados que el porvenir de una población a la que desde el principio supieron adoctrinar, controlar, vigilar, atemorizar, reprimir, encarcelar...

Y en vez de obreros convocando a huelgas exigiendo sus derechos laborales y de ciudadanos manifestándose libre y pacíficamente por calles y plazas, por legado han dejado a miles de cubanos que han preferido huir de la tierra donde nacieron. Que han preferido tirarse al mar en una balsa, morir ahogados o devorados por tiburones. O escapar y morir congelados en el tren de aterrizaje de un avión. O cruzar selvas, ríos y fronteras peligrosas, en busca del futuro que los barbudos le han negado -y le siguen negando- a cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que prefieren emigrar y morir en cualquier parte del mundo antes que protestar en su país.

Cuando un pueblo pierde sus tradiciones culinarias por falta de alimentos, pierde su alma, su aché. "La patria es un plato de comida", le gustaba decir al periodista y escritor Eliseo Alberto (La Habana 1951-Ciudad de México 2011), a quien tuve la suerte de conocer y tratar a mediados de la década de 1970 en la ciudad donde los dos nacimos.

Tania Quintero
Foto: Menú típico cubano: arroz blanco, potaje de frijoles negros, bistec de palomilla (carne de res) con ruedas de cebolla fritas o crudas por encima y plátanos maduros fritos. Ese menú actualmente es un lujo en Cuba, pero antes de 1959, era comida de pobres. Muchos cubanos lo comían a diario, a veces sustituyendo el arrroz blanco y los frijoles negros, por moros y cristianos o congrí; el potaje de frijoles negros por frijoles colorados; los plátanos maduros por tostones, mariquitas o papas fritas; el bistec de palomilla por uno hígado de res. Antes de 1959, al menos en La Habana, la carne de cerdo se comía en masas frita solo con sal, asada con adobo criollo, guisada con papas, maíz o quimbombó o con arroz amarillo, pero no tanto en forma de bistec como ahora. En los puestos de fritas un pan con bistec de res costaba 15 o 20 centavos. Cualquier plato solía acompañarse de ensalada de tomate, pepino, col o lechuga, aguacate, yuca con mojo o boniato hervido. La foto fue tomada de El Nuevo Herald.

Sobre el tema gastronómico sugiero leer:

¿Salimos a comer algo?; La Habana difunta para un Infante premiado; Ocurrió en Calimete; Leopoldo, el fritangueroEl puesto de fritas de mi barrio; Mis vivencias con la comida china; Comiendo para sobrevivir; El dilema de comer pez gato; De cuando nos comimos los gatos; Lo que el viento se llevó; Lo que se fue perdiendo en Cuba; La papa, estrella ausente; Ajo, cebolla y ají; Ajiaco criollo, de aliado a enemigo; Congrí oriental y Moros a la habanera; Cinco frutas desaparecidas en Cuba; El marañón, una fruta perdida; Érase una vez un naranjal; La fresa, fruta prohibida para los cubanos; Las manzanas de Alquízar; Las frutas exóticas del delirio; Discurso pronunciado en 1966 por Fidel Castro, donde anunció el cultivo de uvas, fresas y espárragos en Cuba; La cosa está mala; Cuando los cerdos pastan en las nubes; Ironías del destino; Lo peor siempre fue la escasez y Hay que tener familia en el extranjero.