miércoles, 22 de mayo de 2013

Miami: mordaza allende los mares



Con la idea de conocer cómo es la vida de los cubanos residentes en los Estados Unidos que han emprendido pequeños negocios, al estilo del cuentapropismo, realicé varias entrevistas durante mi reciente visita a ese país. El tema reveló que muchos de ellos están aún llenos de temores adquiridos en Cuba, bajo la represión del régimen.

En la totalidad de los casos me presenté como periodista independiente residente en Cuba. Más de la mitad de los entrevistados me comentaron que no deseaban realizar declaraciones políticas. Cuando aclaraba que mi única intención era describir la vida de los cubanos, para acercar las realidades de las dos orillas, no lograba mucho más.

La mayor parte de los entrevistados mostró recelos en sus respuestas; dejaron claro que deseaban continuar sus viajes a la Isla, algunos con la añoranza de emprender negocios. Otros solicitaban información del website donde se publicaría la nota. Cubanet les pareció conflictiva. En su mayoría, me preguntaron (todavía con esa forma de hablar susurrante que aprendemos en la isla) si Fidel Castro estaba muerto.

Me pareció estar en La Habana, donde entrevistar en la calle a un testigo de algún acontecimiento público requiere técnicas muy persuasivas de interrogatorio, y donde tomar una foto de un derrumbe o incendio puede ocasionar un arresto y la confiscación de la cámara fotográfica o celular. Lo que más lamenté fue el susurro y en algunos casos el rodeo con que hablaban.

En Cuba había recibido señales del rumbo que tomaba el alcance represivo del gobierno. Conozco cubanos que viven en el extranjero y no intercambian emails con miembros de la oposición para no tener problemas al entrar en la isla.

El tema cobra su máxima desvergüenza entre los cubanos que están regresando a la Isla, hipnotizados por el proceso de “perfeccionamiento del modelo económico del socialismo”. Para obtener la repatriación, hasta los perdonados desertores solicitan su reingreso en los CDR, símbolo exquisito de la doble moral en Cuba.

No pretendo que los cubanos de la diáspora digan todo lo que no pudieron decir mientras vivían en su tierra. Basta con que honren la libertad de expresión existente en el lugar donde residen.

Son lamentables las huellas que la represión ha dejado en la conciencia de los cubanos. La hipocresía como una de las consecuencias se ha extendido hasta quienes han logrado escapar del sometimiento.

Texto y foto: Augusto César San Martín
Cubanet, 26 de marzo de 2013.

lunes, 20 de mayo de 2013

El lechón de la despedida



El 14 de enero de 2013 se dio el pistoletazo de arrancada para que huyan los que puedan. Solo se precisa pasaporte, visa del país de destino, dinero y suerte. Pero tener un pasaporte en Cuba no es una garantía de que te irás a otros países a conquistar progreso. Los cubanos estamos mal adaptados, por el padrinaje estatal de más de cinco décadas.

En el mundo real se nos cataloga generalmente como vagos o posibles emigrantes. Así que adquirir un pasaporte no necesariamente significa que vas a irte a vivir o a visitar los Estados Unidos. La cosa está dura para que te aprueben la entrada.

Con el alza del banderín, la carrera de algunos ha sido febril. Se sabe de familias enteras que han vendido todos sus bienes y posesiones materiales para intentar buscar un país de destino y recomenzar una vida diferente. También sé de gente que se ha dedicado a visitar todos los consulados de las embajadas radicadas en Cuba, buscando conexiones para brincar hacia cualquier país del planeta.

En muchos casos, la respuesta que se han encontrado es que, por ser cubanos, se consideran potenciales inmigrantes, y por lo tanto, no serían bien recibidos en la mayoría de los países. En medio de tanto desenfreno, hay algunos que navegan con suerte, porque antes han adquirido el bendito pasaporte español por la vía familiar.

Un buen amigo, casado con una mujer descendiente de españoles, consiguió el milagro. Fueron beneficiarios de la denominada Ley de los Nietos, que promulgó el gobierno español hace unos años. Este amigo vivía de la fotografía, además jugaba a la bolita o emprendía cualquier negocio ocasional para poder sostener a su familia. Sin embargo, el dinero de los “inventos” no le daba para vivir.

Por una cuestión de estrategia familiar, decidieron que él se iría a las Islas Canarias por nueve meses a buscar nuevos horizontes económicos. De más está decir que el dinero para los trámites burocráticos en la embajada española rebasó sus posibilidades y hasta su imaginación. Así que contrajo deudas con otros amigos, tanto del exterior como cubanos.

Sin embargo, cuando llegaron los días previos al viaje, la despedida fue de lo más extravagante. En la casa de este amigo se comió lechón asado, yuca y arroz moro durante dos días. Centenares de cervezas bailaron fluidamente al ritmo de Descemer Bueno y Adele. En tanto, pasó un desfile de amigos de todas las edades, épocas y clases. Todo el mundo en ese momento crítico se convierte en “familia”.

Entonces, el día de la partida, las cosas se enredaron de un modo casi kafkiano. La pesadilla se concretó en el mismo aeropuerto. Al amigo le decomisaban los carretes fotográficos de su obra artística, mientras el avión lo estaba esperando y lo llamaban por los altavoces del aeropuerto.

Los oficiales lo retuvieron en la frontera y el avión partió sin él. Esa noche lo mandaron a dormir en el hotel El Bosque, debido a que la aduana le reasignó, para el día siguiente, un nuevo vuelo rumbo a España. Logró irse extremadamente exhausto, furioso y a punto del colapso nervioso, en el último avión de la noche que volaba a Madrid.

Días más tarde, repuesto de tan aterradora salida de Cuba, nos comentó por email el trabajo que pasó para brincar de esta “isla, hoyo del no tiempo y del no espacio”. A pesar del susto y el mal rato, piensa que la suerte lo ha acompañado. Logró materializar lo que millones de cubanos anhelan: un pasaporte con visado y toda la responsabilidad sobre los hombros para labrarse un futuro mejor.

Texto y foto: Polina Martínez Shvietsova
Cubanet, 28 de marzo de 2013.

viernes, 17 de mayo de 2013

Jorge Olivera en la boca del lobo


Lo mejor que puede hacer un habanero es caminar por sus calles en plena primavera. En estos días de marzo, Jorge Olivera Castillo, 52 años, poeta y periodista, se deleita con el verdor de los árboles, el olor del salitre y el sol tenue.

En una mañana cualquiera, traza su itinerario particular. Y sin rumbo deambula por un dédalo de callejuelas sucias con fachadas de solares apuntalados: en esos sitios residen los protagonistas de sus historias y poemas. Le gusta caminar por las calles de Centro Habana, y por los lugares que no aparecen en las postales turísticas.

Fue precisamente en otra primavera, la de 2003, cuando el Estado quiso doblegar a un puñado de hombres y mujeres pacíficos, haciendo uso arbitrario de su poder absoluto. Y a largas sanciones penales condenó a cubanos que, como Jorge Olivera, disentían y disienten de un régimen que confunde patria con una finca y democracia con lealtad a un comandante.

Olivera fue uno de los 75 reos de la Primavera Negra. Diez años después, recuerda sin drama aquellos días. “Sobre las dos de la tarde del 18 de marzo de 2003 fui arrestado. Había regresado del hospital, de atenderme un problema gastrointestinal, cuando violentamente irrumpió una tropa de alrededor de veinte militares. En ese momento era director de Habana Press, agencia de prensa independiente. Realizaron un registro minucioso de cuanto papel tenía. Incautaron libros de literatura universal y mis crónicas y artículos. Una vieja máquina de escribir Remington. Fotos de familia, cartas de amigos, recibos de la luz y hasta la cuenta del teléfono. Barrieron. Todo fue confiscado por decreto estatal”.

Cuando un gobierno dice que un hombre que escribe debe ser procesado, algo no anda bien en esa sociedad. Las armas de periodistas libres como Jorge Olivera, Ricardo González, Raúl Rivero y otros 24 reporteros condenados a muchos años de prisión, eran las palabras, máquinas de escribir y teléfonos fijos a través de los cuales una vez por semana leían sus noticias y textos sobre la otra Cuba que el régimen pretende ignorar.

En abril de 2003, un Tribunal Sumario lo condenó a 18 años de privación de libertad. “El juicio fue un circo. Sin garantías jurídicas. Los abogados defensores tenían más miedo que nosotros. Las pruebas definitivas que demostraban que yo era una amenaza pública eran escritos míos desperdigados por internet y grabaciones de mi participación en programas de Radio Martí”, cuenta Jorge.

Estuvo 36 noches durmiendo en Villa Marista, cuartel general de la policía secreta, un antiguo colegio religioso transformado en prisión preventiva para los opositores. Situado en el Reparto Sevillano, municipio 10 de Octubre, Villa Marista es un residuo de la Guerra Fría. Una imitación caribeña de la Lubianka moscovita del período comunista. En marzo de 1991 estuve allí trece días detenido, acusado de 'propaganda enemiga'. Cuando entras al edificio de dos pisos, con paredes pintadas de verde claro, te recibe un oficial de guardia sentado tras un cristal.

Usan técnicas de intimidación y torturas sicológicas. Ya no eres un ser humano. Te convierten en un objeto. Una propiedad de los servicios especiales. Antes de vestirte con un uniforme gris, te desnudan y humillan delante de varios oficiales. Te obligan a hacer cuclillas y abrirte el ano. Como en Abub Ghraib o la prisión en la Base Naval de Guantánamo. Pero en Cuba se viene aplicando desde mucho antes.

“Fueron días terribles. Las celdas mínimas de cuatro personas estaban tapiadas. Las camas eran una plancha de zinc fijadas a la pared con una cadena. Los medicamentos te los sitúan en una bandeja metálica fuera de la celda. Te llaman por un número. Ya no era Jorge, sino el recluso 666. Duermes con dos lámparas de luz fría que nunca se apagan. A cualquier hora del día o la noche te llaman para largos interrogatorios. Te conducen por largos y sombríos pasillos repletos de celdas donde no ves a ningún otro detenido. Es como la boca de un lobo”, recuerda Olivera.

Ciertos dictadores suelen tener humor macabro. Después de extensas torturas, Stalin utilizaba los juicios y las autoinculpaciones como un espectáculo. A veces no era un show. Te ponían de espalda a una pared y te encajaban un tiro en la sien. Si deseaban alargar la agonía y romperte como ser humano, te enviaban a un Gulag.

En Cuba, los agentes de la Seguridad del Estado han calcado esos métodos. Excepto el tiro en la sien. Una de esas pinceladas de burlas que gusta gastarse el aparato represor de los Castro, Olivera la mantiene fresca en su memoria. Los condenados de la Primavera Negra fueron repartidos por las prisiones de la isla en confortables ómnibus climatizados, iguales a los usados para los turistas.

“El colmo del cinismo. Viajábamos viendo películas y ese día nos dieron buena comida. Nos trataron a cuerpo de rey mientras nos depositaban en cárceles a cientos de kilómetros de nuestros hogares. A mí me recluyeron en el Combinado Provincial de Guantánamo, a mil kilómetros de donde residían mi esposa y mis hijos”, recuerda.

La peor experiencia que ha vivido Jorge Olivera fue la cárcel. “La comida era un bodrio. Las golpizas de los celadores a los presos comunes son habituales. Los reclusos se automutilan. O se suicidan. La poesía me salvó de la locura”. Fue en la cárcel donde Olivera comenzó a escribir poemas. En 2004, debido a un rosario de enfermedades, le concedieron una licencia extrapenal.

Técnicamente aún no es un hombre libre. Si el gobierno así lo estima, los presos de la Primavera Negra que quedan en la isla pueden volver tras las rejas. De los 27 periodistas independientes encarcelados en marzo de 2003, Jorge Olivera el único que queda en Cuba. En el exterior le han publicado cuatro libros de poesía y dos de cuentos.

Ahora mismo, da forma al último de sus poemarios. Sístoles y Diástoles es el título provisional. Escribe para Cubanet y Primavera Digital, un semanario que desde hace seis años realizan los mejores periodistas independientes cubanos.

Junto al también periodista Víctor Manuel Domínguez, dirige un club de escritores. Es miembro de honor del Pen Club de la República Checa y de Estados Unidos. Si las personas pudieran recibir una calificación por su condición humana, no me temblaría la mano para otorgarle un diez a Jorge Olivera. Sus prioridades informativas siguen siendo describir la realidad de sus vecinos de Centro Habana, la crisis de valores, la prostitución y la corrupción oficial.

Al autor de Sobrevivir en la boca del lobo, rechaza la 'amnesia' de algunos disidentes de nuevo cuño. “No se puede olvidar la historia. La generación contestataria que domina las nuevas tecnologías es bienvenida. Pero debieran ser honestos y reconocer que antes de ellos, nosotros estábamos ahí. Buscando noticias en sitios calientes y bajo un constante acoso policial. No teníamos Twitter ni Facebook, escribíamos con bolígrafos al dorso de papeles reciclados. Pero nunca dejamos de informar sobre la vida precaria y la falta de futuro de la gente en Cuba. Eso no se puede relegar ni olvidar. La historia de la disidencia es muy larga. Y antes que nosotros, estuvieron los que fueron sentenciados a pena de muerte en La Cabaña. Si olvidamos esas etapas, mutilamos o sesgamos una parte importante de la lucha pacífica contra el régimen castrista”, expresa Jorge Olivera.

Su sueño es hacer radio, tener salud y vivir en democracia. Espera que no esté demasiado lejano el día cuando pueda reencontrarse con Tania Quintero y Raúl Rivero, dos de sus colegas exiliados. No en Suiza o España, si no caminando en primavera por las calles de La Habana.

Iván García
Foto: Víctor Manuel Domínguez

miércoles, 15 de mayo de 2013

Retrato con punto guajiro



Uno de los grandes poetas campesinos cubanos escribió unas décimas en las que compara su país con una vieja carreta de caña atascada en el camino de la romana en plena zafra azucarera. El carretero desesperado, la vara del aguijón en alto. Y los bueyes de la yunta guía con el fango de las lluvias de primavera en las patas, el narigón y el yugo. Es una metáfora amarga que suele cerrar las canturías a la hora en que quedan sólo amigos y familia.

El poder y la popularidad de esa espinela tienen que ver con la realidad de una sociedad obligada a renunciar al progreso y al porvenir porque comenzó, en los años 60, a destruir las estructuras del pasado capitalista. Ahora se empeña en aniquilar el pasado de un socialismo sostenido a larga distancia por lo que allí llaman, sin ninguna concesión a la creatividad o al decoro, manos amigas.

Se acabó el capitalismo y sobre sus escombros se levantó un aparato importado, pegado con saliva, con más eficacia verbal, represiva y de ensoñación que arraigo verdadero. Todo en el mismo tiempo detenido, que es este tiempo mismo todavía en el que el régimen ha tenido que ordenar que se busque entre los ripios de capitalismo unos emplastos para ayudar a sepultar el proyecto que llevó la isla al pantano que describe el repentista.

Esos residuos del capital se utilizan para devolverle unos pedazos de tierra a los campesinos porque la agricultura estatal es el edén del marabú que nada más sirve para hacer carbón. En aquellas ruinas han descubierto que no es grave que alguien venda refrescos o que era un error no admitir que un hombre se ganara la vida como paseador de perros o de fontanero por cuenta propia.

Ahora, la campaña de arrase socialista se centra en eliminar el puntal de la igualdad proclamada por el castrismo en sus orígenes: la cartilla de racionamiento, vigente desde 1962. Otro parche grotesco del momento es la decisión de pagarle generosamente a los médicos sus guardias nocturnas. A dos pesos cubanos la hora. El salario promedio de esos profesionales es de 500 pesos al mes, unos 21 dólares.

El afán de acabar con los dos pasados sin mirar al futuro es la carreta estancada que ve el poeta. Le deja a la imaginación del lector el policía que está detrás del flamboyán.

Raúl Rivero
El Mundo, 22 de marzo de 2013

Foto: Cuba 1923. Postal de carreta con bueyes, pintada por Chapman.
Leer también: Frutas maduradas a la cañona.

lunes, 13 de mayo de 2013

La "enfermedad del empingue"



Los indicadores mostrados por Cuba en los resúmenes anuales del Ministerio de Salud Pública, entre los que destacan la más baja tasa de mortalidad infantil de América Latina, un promedio de vida similar al de países desarrollados, un cuadro de vacunación integral y rigurosos controles epidemiológicos, sitúan a la isla, según la Organización Mundial de la Salud, entre los países con mejor organización y vigilancia en el combate contra enfermedades.

Sin embargo, un estudio que realiza Joaquín Bustamente, investigador y promotor independiente de sanidad (así se auto denomina) arroja un crecimiento desproporcionado de dos enfermedades crónicas que afectan seriamente a la población cubana y el Estado no toma medidas para combatirlas.

Bustamante analiza los comportamientos sociales en pueblos del campo y centra su tesis en la repercusión de la economía en la salud del individuo. Recorre la isla de punta a cabo observando, compilando datos, cotejando el efecto pernicioso en el organismo producido por la crisis económica, política y social que azota a Cuba.

En su estudio morfológico y conductual del ciudadano en diferentes pueblos visitados, define al infarto y la hipertensión como primeras causas de muerte. Pero hace poco descubrió otro padecimiento, muy relacionado con los anteriores porque actúa como su detonante.

Este padecimiento se propaga en sentido proporcional al crecimiento de la crisis y debido al empeoramiento progresivo que ha tenido la economía cubana. El experto considera que pudiera llegar a convertirse en una especie de virus.

La bautizó como la 'enfermedad del empingue'. Dice que se muestra cuando la persona encuentra sin salida los caminos, las múltiples fuerzas externas actuando sobre él, aplastándolo. Y por si no bastara, el discurso oficial, radial y televisivo, erosionando como una burla sobre su equilibrio emocional, psíquico y sus normas de conducta. Los principales síntomas son irritación, malestar, desespero, angustia, carácter huraño, envejecimiento prematuro y una extrema violencia verbal y física.

Su más reciente periplo fue de tres días por provincias del centro del país. Además del alto número de infartados e hipertensos que encontró, también contabilizó numerosos divorcios, lesionados en trifulcas, encarcelados, asesinatos y suicidios.

Tras el panorama desolador que encontró en esos pueblos del campo, donde se vive bajo una desprotección total y una miseria rampante, vio a hombres y mujeres discutir y pelearse no solo en las fiestas populares: también en la bodega, en la cola del pan y hasta en los pozos colectivos, discutiendo por un cubo de agua.

Frank Correa
Cubanet, 28 de marzo de 2013.
Foto: Tomada de Cubanet.

viernes, 10 de mayo de 2013

Esperando por internet



Cuenta en su blog Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en La Habana, que “pasan las semanas, los meses y los años sin que Cuba alcance la prometida informatización de la sociedad”.

Según Ravsberg, ha intentado que algún directivo del Ministerio de Comunicaciones le responda sobre la situación de internet. Al final, la respuesta es la misma: no voy a hacer declaraciones, este no es el lugar, o en otra ocasión.

Se queja el corresponsal de la lentitud extrema de la conexión, que en su mejor momento alcanza no más de 56 Kilobytes, lo cual le impide bajar videos, abrir fotos puede demorar ente 15 y 20 minutos y para revisar unas 20 páginas informativas se necesitan alrededor de tres horas.

Ravsberg asegura que siempre están los que achaquen la lentitud al ‘bloqueo’ estadounidense, mientras los opositores le expresan que es un complot del gobierno de Castro para monopolizar la información.

Un tercer grupo alega dificultades técnicas. Hay un poco de razón en cada uno. En los años 90, el embargo impedía conectarse a los cables submarinos que circulan por mares adyacentes a Cuba.

La isla debía conectarse por vía satelital, más costosa y lenta. El ancho de banda asignado era mínimo. Pero desde que Barack Obama asumió la presidencia, en 2010 a una empresa radicada en Miami se autorizó a establecer negocios con la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, ETECSA.

El proyecto era rehabilitar un viejo cable submarino y dotarlo tecnológicamente, para que cubriera la demanda creciente en el acceso a internet desde Cuba. El costo no superaba los 18 millones de dólares. Pero al régimen no le gustó esa opción. Sus directivos plantearon que si se quería mantener la soberanía digital, debía planificarse una conexión submarina con Venezuela.

Era un negocio a tres bandas. Cuba y Venezuela, como parte de su alianza económica conocida por ALBA y Jamaica. El costo rondaba los 70 millones de dólares. El cable partía desde La Guaira venezolana y se enlazaba en Siboney, Santiago de Cuba. En febrero de 2011 el cable llegó a las costas cubanas.

En agosto de ese año, según una nota del Ministerio de Comunicación, se hizo operativo. Sin embargo, desde esa fecha, la velocidad de conexión en hoteles, empresas o particulares autorizados por el gobierno no ha mejorado.

Todo lo contrario. Cada día las conexiones son peores. Alrededor del cable hay toda una trama de corrupción. Se especula que el desfalco sobrepasó los 20 millones de dólares. La calidad del trabajo y los materiales utilizados dejaban mucho que desear. Casi un centenar de directivos y técnicos fueron investigados. Uno de ellos desertó en Panamá.

Otros fueron destituidos de sus cargos y esperan juicio. En ese momento, Ramiro Valdés, un comandante de toda confianza de Fidel Castro y creador de los servicios especiales en Cuba, era ministro de comunicaciones. Se rumora que asesores cercanos al ministro estarían involucrados en ese caso de corrupción. Ramiro Valdés fue sutilmente apartado de su cargo.

Y promovido hacia arriba. Ahora ocupa la cartera de un super ministro y su rango de acción se extiende a diferentes esferas. Desde el trazado de un nuevo acueducto en el oriente cubano, hasta la asesoría eléctrica a Venezuela.

Una nota informativa de ETECSA, publicada en febrero en el diario Granma, expresaba que a pesar de tener en funcionamiento el cable, para lograr una mayor conectividad se necesitaban inversiones importantes en la infraestructura interna de telecomunicaciones.

El cuento de la buena pipa. Un técnico que prefirió el anonimato dijo que el cable podría elevar la velocidad de trasmisión de datos en tres mil veces. Pero en su opinión, debido a la falta de mantenimiento en las redes y en el cable de fibra óptica que cubre todo el territorio nacional, se han sucedido fallas técnicas.

El equipamiento tecnológico es obsoleto. A partir del mes de abril, por falta de equipos, los teléfonos fijos defectuosos no se podrán cambiar. Cuando ETECSA era una empresa con capital mixto, el socio italiano renovaba el parque tecnológico y de transporte.

¿Por qué un misterioso grupo llamado RAFI de capital nacional que controla casi todas las acciones de ETECSA desde 2010, a pesar de obtener amplios beneficios, no es capaz de renovar el equipamiento obsoleto?

Esa pregunta se la hice vía telefónica a un directivo de ETECSA. Recibí la callada por respuesta. Por pura desidia política, el gobierno del General Raúl Castro no dedica tiempo en intentar buscar soluciones a problemas técnicos que impiden comercializar internet a precios asequibles a los ciudadanos.

No hay una reunión ministerial o una sesión de la Asamblea Nacional donde no se discuta del tema. Una especialista me contó que hace dos años se elaboró un proyecto que permitiría comercializar internet. “Por razones políticas no se nos dio una respuesta. El plan duerme en la gaveta de algún jerarca”.

No es difícil delimitar responsabilidades. Si ya el poco y lento enlace a la red no es asunto de conexión, por tener operativo un cable submarino, entonces solo quedan dos opciones abiertas.

Si hay voluntad política, los problemas técnicos se pueden resolver a corto plazo. La duda por despejar seguirá siendo si un régimen que lleva 54 años controlando con mano firme el flujo informativo, tenga interés en cambiar el estado de cosas.

No lo creo. El régimen verde olivo ve detrás de internet a un enemigo peligroso.

Iván García
Foto: Tomada de Banca & Negocios.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Feminización de la pobreza en Cuba



La pobreza se viste de mujer y desde hace mucho tiempo se comporta como uno de los espejos más violentos de la sociedad. En la Cuba de ahora mismo hay una acentuada feminización de la pobreza, que marca el límite entre mujeres blancas y negras, pero estas últimas continúan ancladas en el sótano de la pirámide social.

Según la doctora Norma Vasallo, especialista en Psicología de la Universidad de la Habana, no basta con que la mujer cubana haya logrado avances en su desarrollo profesional. La educación superior esta feminizada, están matriculadas generalmente en las ciencias médicas, la pedagogía y las ciencias económicas. Han avanzado su presencia en carreras tradicionalmente masculinas, pero muchas de ellas son conscientes de que la situación económica actual atenta contra su calidad de vida. Hoy las asimetrías soportan más desigualdad.

Aún se desconoce la cifra de mujeres que se suicidaron durante el crudo 'período especial'. Es una estadística que se protege como secreto de Estado. Las mujeres negras en particular han tenido que desarrollar estrategias para enfrentar la crisis. Estas estrategias van desde la producción artesanal de alimentos hasta la venta y el intercambio de productos en el mercado negro.

También incluyen el mercado matrimonial con extranjeros, su inserción en el trabajo por cuenta propia, como “figuras coloniales” en las zonas turísticas, vendedoras de útiles de limpieza, recogedoras de materia prima y en el trabajo doméstico, de sirvientas en zonas privilegiadas de la capital. He conocido a mujeres auxiliares de limpieza que están calificadas como licenciadas en lengua inglesa o con un master en ciencias económicas.

La migración también las marca. Muchas de ellas vienen de regiones del oriente cubano en las que la población está muy cerca de la línea extrema de la pobreza, como Guantánamo y Granma. Tienen que enfrentar la deserción escolar de sus hijos por problemas económicos o embarazos adolescentes. En medio de la pobreza, ellas asumen la multiplicación de los escasos recursos, distribuyen los alimentos y buscan medicinas, descuidándose a sí mismas.

Profesoras, deportistas, militares, inspectoras estatales, custodios, gastronómicas en cafeterías estatales que operan en moneda nacional, artistas, preferentemente bailarinas… son las opciones en las que el medio les tolera la movilidad social, en un contexto en el cual la mujer representa un 70 por ciento de la fuerza laboral calificada, y es mayoría en los sectores de la educación y la salud.

Apenas comenzó el segundo parto del trabajo por cuenta propia, tuve la esperanza que fuera la oportunidad de empoderamiento de muchas mujeres particularmente negras y mestizas. Pero la realidad demuestra lo contrario. Todos los días camino la ciudad y me es difícil encontrar a una mujer negra como artesana, rentando habitaciones o apartamentos, o dueña de un paladar o cafetería, no las veo.

Sí las veo en los portales de los Almacenes Ultra, La Época o Fin de Siglo, vendiendo artículos de aseo o de vestir. También las veo en los alrededores de los mercados agropecuarios, vendiendo 'jabita' o cartones de huevos, todo por la izquierda, con el riesgo de ser detenidas y multadas por la policía. Las veo ancladas en los asentamientos miserables que se levantan alrededor de la ciudad, tratando de sobrevivir.

Pero lo más común es verlas ejerciendo el oficio de la prostitución. El cuerpo de las mujeres negras y mestizas continúa siendo un objeto de oferta y demanda, un territorio de conquista, pues aún en la publicidad comercial y turística es la tentadora sexual desenfrenada. Ellas experimentan el mundo desde su cuerpo, espacio en el cual confluyen sus alegrías y tristezas, temores y esperanzas. Consideran que a partir de sus cuerpos se inician nuevos espacios donde surge la protección.

Sienten con más fuerza la presión económica, la presión por los estereotipos sociales, con o sin empleo formal, la realidad de convivir con varias generaciones bajo un mismo techo les impone una vida más estresante. También el racismo es una camisa de fuerza en sus vidas y emociones, más que en los propios hombres.

La pobreza extrema marca y altera el ritmo de sus vidas ya que el poder no les ofrece otras alternativas. Mientras tanto, ellas, al igual que otras, resisten e inventan estrategias para resistir el patriarcado, el racismo y el autoritarismo.

Texto y foto: Juan A.Madrazo
Cubanet, 27 de marzo de 2013.
Foto: Vendedora de útiles de limpieza por las calles del Vedado, La Habana.

lunes, 6 de mayo de 2013

La Habana en tiempo real



Con una infraestructura del tercer mundo y precios del primero, La Habana, es una ciudad que te atrapa. Con sus calles sin reparar, casas que se derrumban por falta de mantenimiento, agua que se derrocha debido a la negligencia estatal, pícaros y estafadores, que si te ven cara de ingenuo te venden un iPhone pirata. O por 7 mil dólares te prometen que pueden gestionar un viaje ilegal en una lancha rápida a Estados Unidos.

En La Habana con casi todo se puede lucrar. Excepto la muerte. Aunque hay tipos que ofertan panteones familiares y ataúdes de cedro que duran una eternidad bajo tierra. Es verdad que no se pude comprar un fusil de asalto, una bazuca o un Colt 44.

Y si entras al sitio cubano Revolico.com, notarás que los precios son similares a los Nueva York. Pero en La Habana las cosas no son tan fáciles. Una tarde cualquiera, los partidarios del gobierno, apean una rastra de baldosas en el patio de su casa; se acuestan con una jinetera barata por 5 cuc; compran carne de res a 2.50 cuc la libra; camarones de Caibarién a igual precio y filetes de castero, ilegalmente pescado, a 120 pesos el kilogramo.

Los militares y represores de los servicios especiales conocen al dedillo los entresijos de La Habana clandestina. Por perseguir a quienes piensan diferentes reciben prebendas. Andan en motos Suzuki, tienen cuentas abiertas en sus celulares y en verano pasan las vacaciones en villas a precios módicos en moneda nacional.

Altos oficiales al frente de batallones de respuesta rápida -que lo mismo golpean a un disidente que a una Dama de Blanco- compran en tiendas con rebajas. Relojes Rolex. Jeans Levi´s. Camisas Guess. Calzado Adidas. Vestidos con marcas capitalistas, intentan convencer al prójimo de las bondades de la 'dictadura del proletariado'.

Muchos son simuladores. Escalan por la complicada escalera de caracol que conduce a las superestructuras del poder, pisoteando valores éticos y enarbolando el carnet rojo del partido comunista. Los hay fanáticos, casi talibanes ideológicos. Rasurados al cepillo, facciones duras y pistola Makarov visible en la cintura. Las diferencias de criterios las resuelven volteándote de espaldas, colocándote las esposas y abriéndote una causa por ‘peligrosidad social’.

Pero estos fieles guardianes de los Castro no están en todas las esquinas. Lo habitual es tropezar con un anciano desamparado vendiendo cucuruchos de maní a peso, cigarrillos Populares o jabas de nailon. O mendigos durmiendo en los portales, tapados con un periódico donde en uno de los cintillos se anuncia el alto número de homeless en Estados Unidos.

Algunos habaneros son capaces de lo peor y lo mejor. Te pueden abofetear o provocar un baño de sangre con una navaja, por una discusión sin importancia. Hay pandillas juveniles dedicadas a asaltar personas para despojarlos de una prenda.

Igual puede ser una camiseta de Messi, un Samsung Galaxy o unas gafas de onda retro. También puedes encontrar personas bondadosas que tras una charla en un viejo taxi, te invitan a tomar cerveza o almorzar a su casa. Muchas amistades nacen dentro de una guagua atestada o durante el trayecto en un ‘almendrón’.

Eso sí, la gente siempre va apurada. Caminan a paso doble, buscando algo. El pan de la libreta. El pollo de la dieta. Plátanos en el agromercado. O ir al estadio Latinoamericano, a ver un partido nocturno de béisbol.

Con sus avenidas salpicadas de baches y salideros de aguas, al estilo de Zimbabwe, solares y barrios insalubres similares a los de Puerto Príncipe, no es raro ver a los capitalinos con teléfonos inteligentes (aunque no tengan conexión a internet), con ropa de buenas marcas y oliendo a cualquiera de esas fragancias francesas que cuestan una pasta en aeropuertos libres de impuestos.

La Habana da para todo. El diario Granma no ve las manchas de la ciudad. Los periodistas independientes solo vemos los dramas.

Iván García
Foto: Grace. Tomada de Nómadas, red social de fotografía de ABC.
Leer también: Lo que no produce la reforma de Raúl Castro.

domingo, 5 de mayo de 2013

Zoé Valdés, escritora cubana y exiliada "políticamente incorrecta" (II y final)



Zoé, ¿qué motivó tu exilio? ¿Venías fraguando el plan hacía tiempo o de pronto se te presentó la ocasión?

-Mi exilio lo motivó la falta de libertad en general. La coacción y presión constantes. Los horrores de los que fui testigo personal y en colectivo durante años, la copa se colmó con las gotas del Remolcador Trece de Marzo y con la Crisis de los Balseros, en 1994. Sí, yo había pensado mil veces en irme, pero al mismo tiempo no quería dejarles el país, no quería dejar a mi madre sola, muy común. Ya mi padre se había ido, con mis hermanos. Creía que desde el arte, desde la cultura, desde ese mundo algo distinto del cine, se podía empezar a cambiar las cosas. En aquella época, ser ingenuos todavía podía ser creíble, porque el Muro de Berlín acababa de ser derrumbado, los soviéticos empezaban a quitarnos el pie. Pensamos que podíamos iniciar nuestra propia perestroika, y más temprano que tarde aquello acabó con la "pereztranca", que fue como se llamó popularmente. No pensábamos ni en sueños que acabaría con el exilio de toda la generación artística de los ochenta. Mis broncas y enfrentamientos con Alfredo Guevara no fueron tantos como tuvieron otros, pero las que tuve fueron esenciales, y muy violentas. Y bueno, ahí entendí que tenía que asumir mi vida de otra manera. Mi relación con Ricardo Vega influyó mucho en mis decisiones. Él era un disidente del grupo ARDE (Arte y Derecho), había firmado la Carta de los Diez. En fin, las broncas políticas con los vecinos, el Comité, y lo demás... pero por encima de todo nuestra hija, que queríamos evitar que le formatearan el cerebro como a nosotros. Ricardo siempre lo decía, había que impedirlo.

-Cuando llegué a París en esa segunda ocasión, con mi familia, me dije que observaría desde lejos, y que vería tras la publicación de La nada cotidiana, que ya se estaba fraguando a escondidas, o medio oculta, qué pasaría. Y pasó que recibí amenazas, que me dijeron que no podría regresar nunca más a Cuba si seguía haciendo las declaraciones que hacía en los periódicos del mundo entero tras el éxito de la novela. No me lo mandaron a decir con nadie, no, vinieron a la casa donde yo estaba alquilada y me lo dijeron de frente. Y entonces después sobrevino el gran plan para silenciarme, el de acabar conmigo, el de llamarme pornógrafa, y de todo, insultarme, calumniarme, además de seguir mis pistas y enviar siempre tras de mis triunfos a alguien para que recogiera lo que yo sembraba, poniéndome la mala además con las personas que trabajaron conmigo, por suerte, no todas son tontas ni castristas, ni siquiera sensibles a serlo. Sí, ellos son muy astutos y tienen un brazo muy largo, pero a mí se me dan bien las fintas, también jugué baloncesto, porque antes que Filología debí estudiar Educación Física.

-Cuando la Universidad de Valenciennes me propuso para el doctorado, ingenuos los profesores, intentaron comunicarse conmigo a través de la Embajada en París. Lo que hicieron los funcionarios castristas entonces fue tratar de que desistieran en darme el doctorado y que se lo dieran a Leonardo Padura. Esto me lo contó el decanato de la Facultad, en pleno, la misma versión sin una variante, porque le escribieron a uno por uno para que me quitaran el doctorado a mí y se lo dieran a Padura. Cosas como ésas me han hecho muchas. He sido más perseguida fuera de Cuba por anticastrista que dentro de Cuba, y no solamente por los cubanos, sino por los franceses, algunos, no todos, por españoles, italianos... Y los escritores de adentro se han prestado para ello.

¿Recuerdas el día de tu debut como escritora?

-Sí, fue cuando me publicaron un poema en Cuba, lo publicó Bernardo Marqués Ravelo en El Caimán Barbudo, en la sección Cartas a los lectores. Luego, cuando mi libro Todo para una sombra salió en España, en Taifa, y lo vi, en la vidriera de una librería, junto a un ejemplar maravilloso de la Correspondencia entre Salvador Dalí y Gala, no sabía si llorar de alegría, dar saltos, o quedarme tiesa. Nada, me quedé tiesa, pero muy emocionada interiormente, callada. Compré el libro de la Correspondencia y ese día no comí: o me compraba el libro o comía.

Tu primer gran éxito editorial fue La nada cotidiana, en 1995, época dura en Cuba. Una vez, un librero de la Habana Vieja me contó que una señora no tenía dinero para alquilar un ejemplar escondido de tu novela, y a cambio le ofreció el único par de zapatos de vestir que tenía. ¿Qué se siente al saber que eres una escritora clandestina dentro de tu patria?

-Esa anécdota me da mucha tristeza, mucha tristeza. Pero al mismo tiempo dice mucho de la generosidad de esa señora, y también de una parte de ese país. Yo también cambié cosas de valor por libros, por lecturas. Copiaba a mano los libros cuando no podía quedarme con el ejemplar, porque no era mío, me lo habían prestado. Es una pena que no se lean mis libros ni de los cubanos exiliados en Cuba, sin embargo, los libros entran de mil maneras, según he sabido por cartas que recibo. De todos modos, tengo ahora otros públicos que me dan grandes alegrías, y con los cuales me identifico, a través de ellos he aprendido mucho del mundo. Un día llegará en que mis libros, y los de tantos escritores todavía prohibidos en la isla, se puedan leer de manera natural, y ser adquiridos por su precio natural por una persona que trabaje de manera natural y no sea tratada como el peor de los esclavos. Porque eso es lo verdaderamente triste, la esclavitud en la que viven sumidos los cubanos, como si esto fuera lo verdaderamente natural, cuando es lo antinatural, lo inhumano.

Ahora mismo, ¿qué estás escribiendo?

-Acabo de terminar mi primer libro en francés, y estoy siempre en esa novela de Batista, que espero finalizar este año, sólo sea por cumplir con El Hombre en el ochenta aniversario del 4 de septiembre. El 2 de mayo saldrá en Francia una novela titulada La noche al revés, en la editorial Arthaud de Flammarion.

El régimen dice que eres 'batistiana'. ¿Ideológicamente cómo te catalogas? ¿Estás a favor o en contra del embargo?

-Para haber sido batistiana, como lo fue, por cierto, una gran parte de la población cubana de a pie, tenía que haber vivido antes del año 1959, lo que no pudo ser posible porque nací en ese fatídico año. Mi curiosidad por Fulgencio Batista y Zaldívar viene desde lejos, al igual que a unos cuantos jóvenes, que tampoco son tantos, me picó la curiosidad debido a la mala propaganda que siempre le dieron los castristas al ex presidente, pero mi curiosidad resultó sobre todo porque ansiaba conocer la verdad, y en esa verdad hay de todo como en botica, porque el eslabón Batista, el cubano prefirió, para su comodidad, lanzarlo al olvido; creo que hasta que no nos reconciliemos con ese fragmento importante de nuestra historia no podremos reconciliarnos con todo lo demás. El gobierno de Batista, hoy está comprobado, fue muchísimo mejor que la tiranía castrista, y sin embargo algunos siguen empecinados en probar lo contrario y en negar lo que ya es tan evidente, que los Castro han asesinado a más cubanos que Batista, y que sus crímenes comenzaron cuando decidieron ser terroristas en la misma época de Batista y cuando a posteriori se convirtieron rápidamente en dictadores, en cuanto se aferraron al poder. No idealizo tampoco la época del batistato, porque ni siquiera ellos mismos la idealizan, así me lo confirmó el mismo Santiaguito Rey Pernas cuando lo entrevisté durante seis horas, y Rubén Batista, al que también entrevisté durante días en Miami, pero sin duda alguna esa época fue mejor, y había al menos esperanzas. Los que no estaban de acuerdo se pudieron rebelar.

-El error, claro, fue el golpe de estado del año 1952, que rompió con una Constitución perfecta, o casi, pero al mismo tiempo, el pueblo cubano estuvo de acuerdo con ese golpe en su gran mayoría, ¿por qué? Pues porque los pueblos son así, ingenuos o cabrones, mira lo que acaba de suceder ahora en Venezuela, y nadie dice que eso era un golpetazo a la cara, y preparado por los hermanos Castro que son unos injerencistas. Nadie ha robado más en Cuba que los Castro, nadie ha destrozado más a ese país que los Castro, nadie ha asesinado más cubanos que los Castro y con la complicidad de esa variante argentina de la crueldad, el bofe del Che Guevara, nadie ha mandado a más cubanos al exilio que el castrismo.

-Y todavía hay una recua de descarados y desalmados que afirman sin que les tiemble una pestaña que la época de Batista fue peor. El racismo imperante bajo el castrismo es horrendo, horrendo. Bueno, era lo que debieron esperar de un tipo que oía cantos de sirenas cuando la burguesía le tarareaba aquello de: "Fidel, Fidel, acaba de sacar al negro del poder". Es una historia maldita la nuestra, por eso el cubano no llega o se pasa, como dijo Máximo Gómez, él que por cierto se pasó con Martí, quien, el pobre, no llegó porque escogió el caballo del mismo color que escogía la página en blanco para escribir.

Soñemos. Mañana anuncian en la radio que Cuba ha iniciado un proceso genuino de reformas políticas y económicas. ¿Zoé compra un billete en el primer vuelo rumbo a La Habana? ¿O desde París prefiere esperar a ver de qué va la cosa? En el hipotético caso de que decidieras regresar definitivamente, ¿qué planes llevarías bajo el brazo? ¿Te dedicarías a las letras o tendrías aspiraciones políticas?

-¿Comprar un billete yo para regresar a Cuba? ¿A quiénes? ¿A las agencias que les venden billetes a los pedófilos, a los que juegan y se burlan de la miseria de los cubanos, a los que le entregan el dinero al castrismo? Ni de juego. Regresaré a Cuba el día en que desde el primero de los Castro hasta los últimos estén fuera del poder, que sean ajusticiados, condenados, y paguen por las muertes de Boitel, Zapata Tamayo, Villar Mendoza, Laura Pollán, Payá, Cepero, entre otros. Cuando en la Plaza Cívica no quepan los monumentos a nuestros muertos a la misma altura que el de Martí, entonces allí estaré. Aunque encuentro espantoso cualquier tipo de monumento, es un decir.

-Tengo una vida hecha en el exilio, mi madre está enterrada aquí, y mi tumba está ahí, pero antes de pensar en morirme, mi vida, mi casa, y todo lo demás, están aquí. El apartamentico de basura que mi madre pagó, y que yo terminé de pagarle, se lo quitaron, a mí me quitaron lo mío, que ni siquiera era mío, que debieron dárselo a los hijos de mi segundo marido, de quien quedé viuda, ahí está viviendo ahora un militar, al que por sólo reprimir le han entregado ese bajareque. No sé si regresaré definitivamente. Esa isla es cada vez más decepcionante, y el mundo por el contrario, pese a que los terroristas y los políticos se empeñen en destruirlo, es hermoso. Por otra parte, tengo muchos proyectos que hago con niños y gente buena, humilde, de otros países. Los frutos de esos proyectos los veo in situ, rápidamente, y claro, pienso cuando lo hago que cuánto podría ayudar yo lo mismo en Cuba. Pero francamente no me interesa ayudar a gente berraca, desagradecida, inútil, y con una sonsera que ya es endémica.

-Muy poca gente hay en Cuba como tú, o como Luis Cino, o como unos cuantos más que conozco. Muy poca gente como Sonia Garro Alfonso, como Ramón Alejandro Muñoz, quienes dedicaban tiempo y vida a los niños, a que aprendieran de su verdadera historia. Pocos son los que tienen el coraje de Sara Martha Fonseca Quevedo, como su marido e hijos. En fin, para qué enredarnos en la misma madeja de la bruja de Blancanieves. Mi único proyecto es el de escribir, y de hacer periodismo. En una época dije que haría un periódico cuando regresara, su título sería Libertad y Vida. El tiempo ha pasado y no creo que sea posible, ya esos periódicos existen en la disidencia y seguramente habrá otros. No tengo aspiraciones políticas de ningún tipo, pero me gustaría apoyar a los demócratas cubanos en los que creo como posibles figuras políticas que trabajarán y trabajan en aras de conseguir la libertad, la justicia, la igualdad y no el igualitarismo, por supuesto, la democracia, con vergüenza, y por qué no con venganza, como ha ocurrido en otros tantos lugares.

La polémica tuya con la bloguera Yoani Sánchez ha provocado disímiles opiniones dentro de la isla y en la diáspora. Para unos, un derecho natural de una mujer libre que vive en una nación democrática. Para otros, un pleito donde las bajas pasiones pesan más que los argumentos. Sánchez despierta sentimientos encontrados dentro de la disidencia cubana. Por prudencia o autocensura, algunos prefieren callar. En tu caso, me gustaría saber la génesis de tu discrepancia pública con Yoani.

-Nunca he tenido polémica con Yoani Sánchez, hubiera sido saludable tenerla. YS nunca contestó a ninguna de mis observaciones, ni a mis emailes. Está en su derecho de no hacerlo. La rareza es que públicamente en sus twitters ella dice que me admira, que me lee, que me ama, etc. Pero eso se lo dice a los que intercambian twitters con ella, porque a mí me tiene bloqueada en sus twitters precisamente, en Voces Cubanas y en su Facebook. O sea que no entiendo su amor, su admiración, ni todo lo demás, y su bloqueo después, será que ella piensa que soy masoquista como al parecer lo es ella. No lo soy. Tampoco he pleiteado con ella. Mi enemiga no es ella. Son los Castro. Pero desde luego, mientras más se ponga ella de parte del raulismo light, mientras más siga pidiendo las boberías de internet, y los cambios cosméticos que pide, más esa pedigüeñería constante que sólo enfoca mundialmente la atención hacia ella, y armándose de ese doble lenguaje que usa, como sucedió en Brasil y luego dijo otra cosa medio camuflada en Miami, no puedo estar de acuerdo con ella. Vivir en democracia no es fácil, hay que esforzarse y aprenderla, aprehenderla, hay que saber que uno tiene derechos y deberes.

-Ella tuvo esos derechos cuando vivió en Suiza, su hijo los tuvo, y ella al parecer salió huyendo de los deberes, porque según su versión cuando se compraba unos zapatos se culpabilizaba porque con ese dinero habría podido comer su familia. Eso lo puedo entender, pero ya se ha convertido como en un leit motiv demagógico en sus entrevistas. Conozco a personas que limpiando piso en este país viven holgadamente, le han dado educación a sus hijos, y haciendo un esfuerzo enorme o trabajando el doble y hasta el triple, han sacado a sus familiares de Cuba. Esa es la historia de la familia cubana: la del esfuerzo en el exilio, y eso es lo que a mí me vale, el esfuerzo. No pretendo que todo el mundo sea igual, es imposible. Porque como dicen los gallegos c'a uno es c'a uno. De cualquier modo, ni YS ni yo somos el centro de la solución en Cuba.

-En Cuba, lo he dicho mil veces desde hace años, lo vengo repitiendo e inclusive ahora veo que me roban las frases y se las apuntan con tremendo descaro como una cosa novedosa, que los verdaderos líderes y protagonistas de la historia de Cuba están en las calles, son en estos momentos anónimos, e incluso a lo mejor ni ellos mismos conocen su destino. Soy una persona libre, y voy a opinar y a escribir enteramente en libertad. Mi esfuerzo me ha costado, y he pagado por ello física y moralmente.

-La génesis de mi discrepancia con ella fueron aquellas preguntas a Obama y las otras a Raúl Castro, situándolos a ambos en el mismo nivel. Con anterioridad ella había intentado un careo público con Mariela Castro, traté de aconsejarla, que no le diera tribuna a esa tipeja, que se preservara, que conservara sus fuerzas para el periodismo, pero al parecer ella no sólo quiere ser bloguera, periodista, hacker, escritora, empresaria, una multioficio en fin, también quiere devenir alguien importante en la Cuba del futuro y con la anuencia de los Castro, tal vez pactando con ellos, y qué sé yo, ni me importa, pero Cuba sí me importa. También ella está en su derecho de decir lo que quiere ser, y yo en el mío de discrepar. Además sucedieron cosas que no me gustaron, en su entorno, como el suceso de aquel periodista extranjero que al salir de su casa para ir a ver a otro disidente, creo que a Antúnez, fue llevado preso, interrogado en Villa Marista y expulsado de Cuba, y ahí me dije que lo que muchos sospechábamos podía ser cierto, que en esa Academia Blogger o en su entorno había chivatos, y hasta ahora puede que los haya. Ahora, como llevo muchos años en esto, y no soy ninguna advenediza en estos menesteres, y lo he probado, y mi único interés es la libertad entera de Cuba, la justicia, la democracia, y nadie me paga por ello, estoy en mi derecho de decir lo que pienso y de actuar en consecuencia.

¿Cómo crees que será el futuro de Cuba?

-El futuro inmediato será duro, la gente será cada vez más pobre y más sumisa, pero un día veremos la luz. ¿Sabes por qué? Porque nunca que ha llovido no ha escampado. Y porque no se puede estar más bajo, más espantosamente denigrado de lo que lo está el cubano hoy en día. Porque en cualquier parte del mundo la gente tiene el derecho a rebelarse en contra del horror; salvo en Cuba. Y porque los blancos solos no pueden seguir haciendo la historia privilegiada de Cuba. Basta ya. Somos un país mestizo, blanco, negro, mulato, chino, y más, y todos tienen derecho a expresarse y a existir con sus voces individuales y con proyectos diversos, comunes o no. No estuve de acuerdo con Oswaldo Payá, se lo hice saber, lo escribí, pero él siguió en su lucha, consiguió cosas, y yo seguí en lo mío. Eso no hizo de nosotros irreconciliables enemigos, de ningún modo. Era un hombre con el que sin dudas había que contar para el futuro de Cuba, y así lo escribí en La Ficción Fidel, en el mismo capítulo donde lo critico duramente. A Payá sin embargo no solo el gobierno le hizo una guerra sorda hasta asesinarlo, también se la hicieron los blogueros, eso lo sabe hasta el gato, mediante uno de esos corresponsales extranjeros que viven en la isla como carmelina, y mediante otros blogs del exilio, o de supuestos exiliados. Y no fueron solamente críticas como las que yo le hice, fueron ataques donde incluso se dijo que tanto él como otros disidentes ya eran viejos y obsoletos.

-La gran sorpresa, en medio de la tragedia, ha sido la cantera que dejó Payá, en sus hijos, y en los miembros del MCL, en su hija, Rosa María Payá. Y entonces, Oswaldo Payá siguió, pese a la lucha de desgaste que le impusieron, hasta el final. La pandilla que sigue a YS ha tenido la bajeza de acusarme a mí de haber estropeado la dignidad de Payá con mis críticas, claro, eso lo ven en función de las críticas que hago a YS, pero no se veían ellos cuando atacaban y hasta se burlaban de Payá. Y no se ven cuando me atacan a mí con una virulencia y una chusmería que dice mucho de su líder y de su entorno. Tú, Iván, también fuiste crítico con Payá, pero no lo denigraste, y tú seguiste en lo tuyo y él en lo suyo, y santas pascuas. Tuve y tengo críticas para Oscar Elías Biscet, por nombrar a otro opositor importante, pero de sólo hablar una vez con su esposa, con Elsa Morejón, y de ella escribirme una sola frase, me bastó para darme cuenta de que la errada era yo, y que ellos están trabajando duro en sus proyectos, igual que otros disidentes. Aquí la verdad no es propiedad de una sola persona, aquí todos hemos vivido el castrismo, y los que vivimos fuera conocemos mejor la democracia y la libertad que los que no la han tenido nunca, o que los que no quisieron continuar luchando por ella y renunciaron a ella voluntariamente, o que los no quieren ni siquiera enterarse que viven dentro de ella, como ocurre con algunos de sus virulentos seguidores.

-Yo no tengo ningún proyecto político personal, lo reitero y subrayo -y esto lo he dejado para el final-, sí tengo uno crucial, el de mi aporte como cubana y que no me puede negar nadie. Al margen de los que me interesan como La Rosa Blanca, La Patria es de Todos y El Camino del Pueblo, escribí un proyecto político colectivo susceptible de ser modificado: Propuesta para una Cuba verdadera, vital y libre. Y está ahí en mi blogroll, es lo que pienso que debiéramos hacer para empezar, puedo estar equivocada, no pretendo tener la última palabra. El florecimiento de proyectos diversos sería lo ideal, y que éstos vayan en el sentido de acabar con la dictadura y no en darle más respiración artificial; en definitiva es lo que me interesa y convoca. No pierdo mi tiempo con dialoguitos, dialogueros, ni con nada de lo que sirva para eternizar a esta gentuza en el poder. Es como han actuado siempre los verdaderos demócratas del mundo. Lo demás es el cuento de la buena pipa de los farsantes, lo de siempre con Cuba, que das una patada en el suelo y surgen nidos de supuestos salvadores, a cual más aprovechados. Los cubanos de la isla debieran oír más, y claro, sopesar en relación a lo que viven ellos dentro, formarse un juicio real.

-Hoy volví del aeropuerto con un taxista iraní, hace treinta años que vive en el exilio, estuvo preso y torturado en Irán. De lo que me confesó, de su experiencia, aprendí bastante, porque un taxista conoce mejor el estado vital de una ciudad, de un país, que probablemente un escritor. Al final, lo curioso, es que me enteré que en su país había sido periodista, pero lo mencionó de pasada, normalmente, y ahí nos despedimos. Es probable que lo siga siendo, al menos en su mente.

Iván García
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sábado, 4 de mayo de 2013

Zoé Valdés, escritora cubana y exiliada "políticamente incorrecta" (I)



Hablar de Zoé Valdés en Cuba es cruzar un campo minado. El régimen ya hizo lo suyo. La eliminó de su catálogo literario y poético. No existe para los estudiantes de literatura en la isla, y sin embargo aparece en casi todos los programas de estudio europeos. Aunque escapó de la censura en una antología del cine cubano, que la reconoce como guionista del filme Vidas paralelas, premio al mejor guión cinematográfico inédito en el XII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en 1990. Poco más. Una mañana cualquiera, un talibán ideológico o un amanuense de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, carga su pluma e intenta descalificarla. Pero no solo la autocracia verde olivo es vitriólica con la escritora cubana residente en París. En un sector de la nueva generación de disidentes, Zoé Valdés es una versión menor de Lucifer. Por su postura polémica recibe metralla de los dos bandos. Que van desde el insulto a la amenaza.

Nació en La Habana, el 2 de mayo de 1959. En pleno apogeo de la primavera, aguaceros tropicales, guerrilleros y barbudos. Se crió en la parte antigua de la ciudad, entre solares, callejuelas estrechas y penurias materiales. Años después, esos suburbios pobres y duros serían cuna de jineteros, estafadores y buscavidas. Los barrios de San Isidro, Jesús María y Belén -a espaldas de la restauración arquitectónica que ha convertido a la zona colonial en postal turística y caja recaudadora de divisas del régimen- se convirtieron en la ruta diaria de Zoé Valdés.

Todavía algunos recuerdan a aquella hermosa china amulatada, siempre con una sonrisa y un libro bajo el brazo. Como el resto del vecindario, cargaba cubos de agua, hacía largas colas para comprar alimentos y cuando llegaban los apagones, aprovechaba para criticar la ineficiencia de la revolución castrista. En estas barriadas no se puede ser manso. Los habaneros saben a qué me refiero. Debes dominar el amplio registro de las peores malas palabras recogidas por el castellano y de vez en cuando, si es preciso, dar una buena bofetada. Demostrar que no eres un pendejo.

De sitios tan atractivos como volátiles es oriunda una de las mejores novelistas cubanas del siglo XX. Ha parido 26 libros. En sus alforjas tiene un racimo de premios literarios. El último, el Azorín de Novela 2013, por La mujer que llora, sobre Dora Maar, una de las amantes de Pablo Picasso. Junto a su esposo Ricardo Vega, administra una galería de arte en una calle parisina. Cuatro veces al año, en colaboración con su hermano Gustavo, edita la revista Ars Atelier City. En 1998, Francia la hizo Chévalier de las Artes y las Letras y fue miembro del Gran Jurado del Festival de Cannes. Es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Valenciennes. En mayo de 2012, la Alcaldía de París le otorgó su máxima distinción, la Grande Médail de Vermeil. Ha publicado en diversos periódicos y revistas de Francia, España, Alemania, Suiza... Además de un blog personal que a ratos se convierte en un campo de batalla, tiene tres más, en El Economista, Libertad Digital y El Universal de Caracas. Cuando hace periodismo o redacta un post, sustituye el teclado por un látigo. Prosa directa. Diplomacia escasa. Los Castro son una constante en sus escritos. Tampoco se calla y critica el desempeño de algunos disidentes de nuevo cuño. Es su carácter y un derecho que tiene.

Cuéntame los mejores y peores recuerdos de tu infancia y juventud. ¿Perteneciste a alguna organización política o de masas?

-Los únicos recuerdos hermosos de mi infancia transcurren fuera de mi casa, como 'pandillera' del Parque Habana (a diferencia de la pandilla tal como la conocemos, sólo nos dedicábamos a brincar azoteas y recoger 'tesoros' abandonados en los derrumbes, a criar palomas), o sentada en el borde del estanque de la iglesia de La Merced, o en un bembé de las esquinas de Paula y Merced, en la Casa Natal de José Martí, en el Museo Bellas Artes, a donde iba con mi abuela, o en los parques. Soy muy parquera. En el Parque Zayas (que ya no existe, lo demolieron para hacer el horrendo monumento al barco ése desgraciado que trajo a esos ochenta delincuentes o terroristas desde México, y que acabaron con el país), en el Parque de los Enamorados. Mi abuela y yo amábamos la estatua tan impoluta de José de la Luz y Caballero, a veces la cagaba un gorrión, lo que era normal, y mi abuela se encaramaba o me obligaba a que yo me subiera, para limpiarla con su pañuelito de encaje.

-Nos gustaba mucho Cojimar, a donde fui con frecuencia y donde viví un período de mi infancia y otro de mi adolescencia, y Regla y Casablanca. Allí íbamos a menudo a la iglesia de Regla, o a sentarnos a la sombra del Cristo, en Casablanca. Me encantaba jugar a pisotear los boliches que caían de los árboles o usar como sonajeros las vainas secas que luego le dedicábamos a Elegguá. Mi abuela era santera, una irlandesa santera, se había casado con un chino, y yo soy buena parte de esa mezcla. Me encantaba recoger los almendros maduros y mordisquearlos, y escupirlos. Patinaba mucho, mi tío me hizo una chivichana de palo, yo era muy mataperra y marimacha. Siempre andaba subida a los árboles, sobre todo a los ciruelos de la casa de mi tía en Cojimar, sonsacando a los varones. Me iba a nadar sola, hasta tarde, y la paliza no me la quitaba nadie luego. Siempre recuerdo el salitre entre las nalgas y los verdugones del cinto de mi abuela, ella lo llevaba en la cartera, Farolito, el amansaguapo, así lo llamaba, y un alfiler de criandera para pinchar a los rescabuchadores en las guaguas y en los cines.

-Los peores recuerdos, mezclados con buenos también, son los del solar, la estrechez del cuarto, la falta de agua, la cocina de luz brillante o queroseno, que me hacía mucho daño porque soy asmática; el baño colectivo de paredes mohosas, o el baño en una palangana cuando se coló un rescabuchador en el solar. La cochambre, y la lucha por limpiar cada día, pero era imposible sin productos para hacerlo, sin agua en abundancia; teníamos que usar capas de aquellos nailons de polietileno negro con el cual envolvían las posturas de café caturra, para bajar las escaleras porque las tuberías se pudrieron y la mierda y el orine se filtraba por el techo de la escalera, y aquello era una tremenda asquerosidad. Recuerdo la peste, todavía la tengo pegada a mi nariz. Ya escaseaban los alimentos, siempre faltó comida. Mi mamá quejándose de la falta de dinero. Yo no podía ver a mi padre. Y eso creo que me hizo más fuerte. Tenía que volverme el hombre de esas tres mujeres enloquecidas, mi primo era más pequeño. Cargábamos cubos de agua del parqueo del Parque Habana.

-Cuando se derrumbó el solar, mi abuela y yo estábamos dentro, teníamos muchos animales entre el cuarto y la azotea: once jaulas de canarios, un palomar con palomas, un perro, un gato, un gallo, una cotorra, jicotea... los animales que los santeros tienen o tenían normalmente. Lo perdimos todo. Nos dio tiempo a recoger los santos, y correr hacia la calle. Detrás de nosotros se derrumbó todo. Durante años, solo quedó una pared donde yo había sembrado semillas y había crecido un gajo y mis dibujos, y las figuras que hacía, descascarando la pared con las uñas. Mi mamá me dejaba pintar y escribir en la pared. Estuvimos dos años en el albergue de Montserrate, aquello fue terrible para todos, perdimos nuestras pertenencias. Pero lo que más sentía era haber perdido los animales, mis libros, mis libretas del colegio, tampoco tenía grandes libros, ¿en qué espacio? En el albergue de Montserrate sólo nos daban almuerzo, jurel y un arroz insípido, y agua. Dormíamos en literas apestosas a yute húmedo. Los niños y las mujeres en un piso, los hombres en otros, las fajazones a machetazo limpio eran muy frecuentes, por celos, por la comida, por una ropa que se perdía, robos diarios, o por una colchoneta que alguien quemaba con una colilla. No había baños para bañarse, entonces cada cual tenía que conseguir dónde hacerlo.

-Mi abuela habló con la taquillera del cine Actualidades para pedirle que nos permitiera usar el baño del cine. Allí nos aseamos unos doce o trece niños durante dos años, después hacíamos las tareas en los parques, o en las lunetas del cine antes que empezara la tanda de las seis. Ese cine siempre abrió a las seis. Nos íbamos a comer a la pizzería de Obispo, el 'palacio de las moscas', mi madre trabajaba allí y nos echaba más queso en el plato, aquel queso boronilloso y rancio. Luego volvíamos al cine, la taquillera nos dejaba ver películas gratis para adultos. A veces dormíamos en el cine, mi abuela tiraba las colchonetas en el piso. A la una de la madrugada el trasiego de colchonetas del albergue hacia el cine era tremendo. Lo malo era que después había que levantarse muy temprano, oscuro, de madrugada, porque las colchonetas no podían quedarse ahí durante el día. Mi madre empezó a salir con un tipo que detesté siempre, y él a mí. Sufrí mucho cuando ese hombre se metió entre nosotras. Para colmo, mi abuela murió y me quedé sola, más sola que nunca.

-Mami trabajaba y yo me pasaba la vida sola, leyendo, en las bibliotecas, o en los parques, o cogía la guagua hacia Cojimar. Me encantaba el libro de Dora Alonso, Las aventuras de Guille, y Moby Dick, entre otros, claro. Como iba sola en la guagua, y muchos militares iban hacia La Cabaña, tenía que andar gata, porque una niña sola en una guagua de noche, con esos tipos, no era fácil. Bueno, no me puedo quejar, estoy viva, estoy aquí. Ocultar que era católica, ocultar que mi abuela era santera, espiritista, ocultar que mi padre había estado preso, ocultar esto o aquello se convirtió en una pesadilla, luego lo asumí; para mí como para muchos la vida no podía ser de otra manera. Mi madre llegaba con las botellas de aceite escondidas debajo de la falda negra de camarera, y sin embargo como cualquier madre me decía a mí que no debía robar en las tiendas, pero ella robaba comida en su trabajo. Nunca robé, otros sí lo hacían.

-Para nosotros los libros eran muy caros, mi madre ganaba 138 pesos, y en aquella época yo leía libros de medicina sin entender ni pitoche. Me gustaba uno particularmente sobre las enfermedades glandulares donde habían fotos de mujeres con más de dos pechos. O los libros sobre los museos de pintura en la antigua URSS, Leningrado... Eran libros que tenían un papel brilloso y olían distinto. Como te dije, era muy marimacha. Mi tío me apuntó en el ring de boxeo que quedaba frente a la iglesia de La Merced, y jugaba al taco con los varones de mi aula, y a las cuatro esquinas, y a las bolas. Me fajaba a los piñazos cuando maltrataban físicamente a mi primo, y siempre llegaba a la casa con la blusa gris del uniforme descosida por la costura del medio, el corpiño roto, y la pañoleta rajada en dos mitades. Todavía era aquella pañoleta azul y blanca.

-En cuanto a mi paso por las organizaciones de masas no fui más que pionera, como cualquiera, y hasta eso me costó trabajo, porque como era católica y asistía al catecismo... Nunca fui joven comunista ni del partido comunista. No reunía los requisitos, y mi madre muy temprano me advirtió que tratara de no destacarme y de mantenerme en silencio, que toda esa "destacadera" de los demás lo único que hacía era perjudicarlo a uno. Tuve muchos problemas en las escuelas al campo, broncas a galletazos por otros, escapadas a los albergues de los varones por la noche. Padecí el acoso de algunos profesores, pero no fui la única, ni a la que más se lo hicieron, yo no estaba tan desarrollada, y más bien siempre fui feúcha. Me encantaba, sin embargo, bañarme en las turbinas, desnuda, montar a caballo, hacer carrera a ver quién subía más rápido con un cuje en la espalda repleto de hojas de tabaco hacia el techo de una casona de tabaco en Pinar del Río, escaparme a los bohíos de los guajiros, pero comparado con los ratos de abulia, apatía y rechazo generalizados, esos ratos duraban poco. De esa experiencia salió mi novela Querido primer novio.

Alfredo Guevara, viejo amigo de Fidel Castro, acaba de fallecer. Lo conociste muy de cerca. ¿Qué obituario le dedicarías?

-Conocí muy de cerca a AG, o al menos conocí lo que él quiso que conociera de él. Otros lo han conocido más profundamente que yo, y desde otros ángulos. Durante dos años en París fui la persona que le llevó sus papeles personales en su casa, no en la oficina, la que le rehizo y ordenó su biblioteca, así como la biblioteca de Alejo Carpentier que heredó AG en París. Al principio fue muy rudo conmigo, me trataba de forma antipática, yo era la mujer de su mejor amigo. De modo que de cierta manera tuvimos un acercamiento intelectual tardío, pasajero y difuso de su parte. El obituario está en mi blog. No sé hacer obituarios, ni me interesan cuando se trata de gente así. Un día escribiré una novela porque cualquier tipo como AG es un personaje novelesco y novelero, ya escribí una especie de noveleta titulada El hombre profundo. Pero si escribo esa novela seré más precisa.

-Era un ser detestable, racista, misógino, pero a veces podía convertirse en un seductor. Y nos quiso creer, como digo en mi blog, que la única opción liberadora pasaba por él, estaba en su poder. No contó con que algunos, o al menos yo, aprendimos a fondo el sentido de la palabra libertad en esa primera estancia en París, pese a que nos mantenían muy controlados por la seguridad del estado de la embajada y de la UNESCO. Guillermo Cabrera Infante lo inmortalizó como el comisario político en su libro Delito por bailar el cha cha chá. Y en Retrato de familia con Fidel, Carlos Franqui escribió que "era el cerebro gris del castrismo". Llegué a quererlo, también lo digo en mi blog, debido a esa visión de hereje que nos vendió.

¿Cómo valoras tu paso por el ICAIC? Háblame de esa experiencia como empleada en la sede cubana de la UNESCO en París, en 1984-88.

-Alteraré el orden, si me permites. Mi paso por París fue importantísimo para mí, aprendí mucho, sobre todo aprendí a acariciar una cierta idea de la libertad. Nadie podía impedirme que entrara en una librería, aunque los libros eran prohibitivos para mis ahorros, y Alfredo sólo le regalaba libros a sus elegidos, no a mí. De esos regalos me beneficiaba, claro, porque podía leerlos, pero no pasaba de ahí. Yo me vestía en las Pulgas, en el pulguero, mis abrigos olían a viejo, entonces los perfumaba con colonias baratas de Tati y les colocaba un adornito aquí y otro allá, para modernizarlos. Me compraba la ropa de los muertos en los Guerrisolds, comía de el Ed L'Épicier cuando Alfredo no nos invitaba a su casa a comer, fue dejándolo de hacer cada vez más. Pero me hice amiga de unos venezolanos, una de ellos es todavía una gran amiga, y ella me invitaba a los museos, los pagaba en muchas ocasiones, y con ellos aprendí que París podía ser menos tortuoso y torturante, con tantas cosas maravillosas y sin poder disfrutarlas. Aunque de solo sentarme al borde del o de la Sena (es ría hembra y no río) durante la primavera ya mi espíritu se engrandecía. Iba a leer y a dormir a los viejos sofás de la librería Shakespeare and Company, allí descubrí a Alba de Céspedes, Djuna Barnes, James Joyce (allí Sylvia Beach publicó Finnegans Wake, y allí iban Hemingway y John Dos Passos), descubrí también a Anaïs Nin. París me dio alas. Y no iba a dejar que nadie me las cortara. Sin embargo, regresé a Cuba, quería cambiar las cosas desde dentro, no quería irme de Cuba, aunque lo pensé y hasta inclusive medio que lo preparé en silencio, pero no pudo ser. Dentro de la Misión de Cuba en la UNESCO que supiéramos, cuatro personas eran policías con cargos diplomáticos para embarajar; en la embajada, existían muchos más.

-En el ICAIC empecé acompañando a artistas franceses, hacía de intérprete durante los festivales de cine, no me pagaban. Pero podía comer en los hoteles de los festivales, ver películas e ir a las fiestas. Trabajé con Michel Legrand, Eric Bertok, Dominique Sanda, Tcheky Karyo, Agnès Vardá, aunque con ella menos. Luego, durante un breve tiempo, trabajé de dialoguista en los guiones de algunos directores, tampoco me pagaban, pero podía ir haciendo curriculum para entrar allí bajo contrata. Así fue que entré, bajo contrata, sustituyendo al periodista Antonio Conte como jefa de redacción de la revista Cine Cubano, cuando él se fue para Colombia. Luego no había medios para contratar a un subdirector, y asumí los dos cargos, por un salario de contratada de 320 pesos mensuales. Entre una cosa y otra trabajé cuatro años en la revista y cinco en la UNESCO, siempre por contrata. En la revista hasta enero de 1995. Dejé un número preparado, y me fui definitivamente el 22 de enero del 95. No imprimieron ese número nunca. Además, mi libro Todo para una sombra, de poesía, que estaba casi listo, y había sido publicado en España porque había ganado el accésit Carlos Ortiz, fue destruido, lo hicieron pulpa.

-Nunca he cobrado derechos de autor de la SGAE pese a que el guión de Vidas paralelas realizado por Pastor Vega ganó el Primer Premio de Guión con mi guión, según me dicen sólo aparece como autor el ICAIC y no yo. Pero mi nombre está en los créditos como guionista. También ellos, los que me censuran y dicen todo lo que se les ocurre, venden mi primer libro de poesía y mi primera novela Sangre Azul en las ferias de libros internacionales, nunca me han pagado derechos de autor. Son unos ladrones, ya es sabido. En el ICAIC pude respirar más o menos tranquila, dentro de toda la basura de aquel país, el ICAIC era una especie de oasis. Los jóvenes que allí estábamos no habíamos conocido nada mejor antes, y al menos podíamos participar una vez al año de mundos diferentes, cuando llegaban los extranjeros al festival de cine anual o cuando se organizaban semanas de cine francés o alemán, o de cualquier otro país.

Iván García
Foto: Arturo Álvarez-Buylla Ballesteros, tomada de El lector digital.

viernes, 3 de mayo de 2013

Bebo Valdés, una leyenda de la música cubana


Cuando un grande dice adiós debemos quitarnos el sombrero. Y se ha ido un grande. Ha muerto en Suecia, a los 94 años, Bebo Valdés, el último de los grandes mitos del jazz afrocubano.

Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro nació el 9 de octubre de 1918 en Quivicán, un pueblo agrícola en las afueras de La Habana. Además de pianista, su faceta más conocida, fue arreglista, compositor y director musical.

Es padre de Chucho Valdés, otro fabuloso pianista de jazz. En La Habana de los años 40, donde brillaba en cartelera Rita Montaner o el Trío Matamoros, una urbe de rutilante vida nocturna, con el Slopy’s Joe, los clubes de la Playa de Marianao y las vitrolas donde se escuchaban boleros de Olga Guillot o el chileno Lucho Gatica (después sería su director musical), Bebo comenzó tocando en las orquestas de Ulacia, García Curbelo, Julio Cueva y la del cabaret Tropicana.

Todavía el genio del Benny Moré andaba escondido en una botella. El guajiro de Santa Isabel de las Lajas cantaba por unas pesetas en bares de poca monta, y Celia Cruz, recién graduada de maestra, daba sus primeros pasos en la música.

La competencia musical era de grandes ligas. Y el Caballón, como era conocido el Bebo por su estatura, lo sabía mejor que nadie. Había que pulirla para triunfar.

Pero este hombre estaba diseñado de una pasta especial. Compuso un mambo, La rareza del siglo, un aporte al género recién introducido por el soberbio Cachao y que cambiaría el curso de la música cubana.

En 1952, el productor gringo Norman Granz, entusiasmado por el éxito del revolucionario jazz afrocubano en Nueva York, que tenía como estandarte a Mario Bauzá y el imprescindible número ‘Manteca’, de Chano Pozo, encarga a Bebo una grabación de jazz cubano con Benny Moré como vocalista.

Tras sonados éxitos en México, Estados Unidos y España, en 1960 se exilia en Suecia. A su manera, decidió escapar de Fidel Castro y su incipiente autocracia. Después de tres décadas de relativo anonimato, el 25 de noviembre de 1994, Bebo Valdés recibió una llamada de Paquito D’ Rivera, saxofonista de oro.

Rivera, quien en los años 70 y 80 había sido integrante de Irakere, agrupación dirigida por Chucho Valdés que trajo consigo nuevos conceptos en la música nacional, invita a Bebo a grabar un disco en Alemania.

Tenía ya 76 años cuando su carrera artística vuelve a renacer, con el disco Bebo Rides Again. Participa en los documentales Calle 54 y El milagro de Candeal, del cineasta español Fernando Trueba. En 2001, con Cachao López y Patato Valdés graba El Arte del sabor, que recibió un Grammy al mejor álbum de música tropical tradicional.

En 2002 Trueba produce el disco Lágrimas Negras, título de la antológica canción de Miguel Matamoros. Con Bebo tocando y el gitano Diego el Cigala cantando. Fue una bomba musical. En 2003 sería reconocido por tres premios Grammy y dos discos de platino en España, entre un racimo de galardones.

The New York Times lo alabó como el mejor disco del año de música latina. Cigala y Bebo efectuaron a una extensa gira por París, Nueva York, México D.F, Barcelona, Madrid, Tokio, Buenos Aires, Londres y... La Habana

A finales de 2004, Lágrimas negras había vendido más de 700 mil copias. Yo estuve en un repleto teatro Karl Marx, en la barriada habanera de Miramar, para ver el insólito acople de la música flamenca con la cubana.

Pero hubo una ausencia notable. La del Bebo, quien afirmó que mientras en Cuba hubiera una dictadura, no viajaba a su patria.

Aquella memorable noche, Bebo fue sustituido por su hijo Chucho. Un pianista de talla extra que se codea entre los monstruos del jazz latino. El Cigala puso el corazón. Y Chucho la técnica. Pero se notó que faltaba el ángel de su padre.

Las sociedades de militares y caudillos que administran las naciones como si fuesen su botín personal, desechan el talento si éste no le rinde pleitesía a su obra totalitaria. Celia Cruz, Olga Guillot y Bebo Valdés pagaron por ello.

Iván García

Video: Romance en La Habana, del costarricense Ray Tico. Tema incluido en el disco El Arte del Sabor, grabado en 2000, en el que Bebo Valdés contó con la coloboración de otros grandes de la música cubana: Israel López “Cachao”, Carlos “Patato” Valdés y Paquito D'Rivera.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Apuntes sobre Eudocio Ravines, autor de La Gran Estafa



En Eudocio Ravines: Mártir de la Libertad, publicado en Cambiemos Ecuador, el 4 de noviembre de 2009, el economista Rómulo López escribió: "Fue a través de los editoriales de Ravines que mi padre se involucró con el movimiento liberal de América Latina. Mi padre, fascinado con lo que Ravines escribia contra los comunistas y a favor de la libre empresa, decidió invitarlo a dar una charla en Guayaquil en una cena en la Cámara de Industrias, al final de los 70. Al llegar Ravines al aeropuerto, mi padre se asustó al verlo en persona pues estaba muy viejo y tembloroso en incluso tartamudeaba. Sin embargo, ni bien Ravines se paró en el podio, todos aquellos achaques y aparentes impedimentos que lo acompañan a uno en la vejez desaparecieron y dio una conferencia muy elocuente y muy ovacionada por los presentes en dicha cena. A su regreso a México, una semana después, Ravines muere cobardemente asesinado.

"Yo descubrí a Ravines cuando a los 11 o 12 años comencé a devorar los libros que mi padre tenía en la biblioteca, dado que estaba interesado en esto que se llamaba capitalismo. Me impresionó el libro que lanzó a la fama a Ravines, La gran estafa y luego lei una biografia sobre él, El deportado, escrita por Federico Pietro Celi, que la leí como novela y me ayudó a entender porque esto del comunismo y la Unión Soviética era una locura. ¿Qué díria Eudocio Ravines al ver estos gobiernos neo-comunistas que nos gobiernan? Abajo, incluyo la biografía publicada en Diario de América (periódico bilingüe fundado en 2004) por el académico argentino Alberto Benegas Lynch".

Es de gran interés relatar resumidamente la historia de una persona compenetrada con el marxismo y vinculada a la élite del aparato soviético, responsable de haber organizado los movimientos comunistas en España, Chile, Argentina y Perú por lo que obtuvo los Premios Stalin y Mao. Nos referimos a Eudocio Ravines.

Nació en un pueblito peruano en 1897. Sus padres querían que fuera fraile de la orden franciscana. Estaba muy impresionado con la extrema pobreza que su familia padecía y con la que lo rodeaba. En su primer trabajo fuera de su casa, en Lima, en el comercio de Albert Kobrick, se hizo de algunas de las obras de Lenin, Marx, Trotsky y Engel, las cuales leyó con avidez en poco tiempo.

Comenzó a escribir asiduamente en el periódico La Razón e influye en su pensamiento el fogoso orador y lector empedernido Juan Carlos Mariátegui. En 1919, el mencionado periódico deja de imprimirse y funda Rincón Rojo y escribe en la revista Claridad hasta que el gobierno lo deporta a Chile donde, a su vez, es deportado a la Argentina. En este país toma contacto con José Ingenieros, Juan B. Justo, Rodolfo Ghioldi, Nicolás Repetto, Carlos Sánchez Viamonte y Vittorio Codovila, todos admiradores de la revolución rusa y con los que participa en la Liga Anti-Imperialista y ayuda a consolidar el Partido Comunista.

Con lo que pudo ahorrar en su precario trabajo,. viaja a París donde colabora en la formación y en la plataforma de la Alianza Popular Revolucionaria (APRA) en estrecho contacto con Víctor R. Haya de la Torre que por entonces se encontraba exiliado en Londres, documentos que enfatizaban la “nacionalización de la tierra y las industrias”. En Francia conoce a Henry Barbusse que dirige Monde donde Ravines comienza a colaborar periódicamente.

En 1927 es designado delegado argentino del Partido Comunista al Congreso en Bruselas y en 1929 es designado delegado del grupo socialista-comunista de Perú al Congreso de Frankfurt. Ese mismo año es invitado a Moscú donde se encuentra con la primera sorpresa en el tren ruso: las porciones para el desayuno eran mínimas y a precios varias veces superiores a las raciones suculentas de los desayunos parisinos. La segunda sorpresa es el estado miserable de la gente, la mugre y el hacinamiento a medida que el tren iba recorriendo diferentes lugares, a lo cual los comisarios encargados de vigilarlo le explicaron que era “la herencia recibida” (aún después de doce años de iniciada la revolución). La tercera sorpresa, fue comprobar en Moscú la opulencia con que vivían y las comidas y las bebidas que se servían en las mansiones de los jerarcas del partido, pero aceptó que se trataba de los dolores del parto provocados por la transición al nuevo régimen.

Luego forma el Partido Comunista en Lima y, en 1930, primero es puesto preso en un calabozo y luego deportado nuevamente por el gobierno, también a Santiago de Chile y luego a Buenos Aires, desde donde es llamado a Montevideo, para encargarle la urgente misión de sacar todos los archivos del Partido Comunista de Argentina y llevarlos a Perú, dado el inminente golpe militar contra Yrigoyen.

Fue financiado por la Unión Soviética para aparecer como hombre rico y no despertar sospechas (le hicieron comprarse varios trajes, muchas corbatas, zapatos y camisas y alojarse en el Plaza Hotel). A pesar de las múltiples dificultades por las que tuvo que atravesar, cumplió con el cometido y voló a Lima vía Montevideo y Bolivia, donde participó activamente en la radicalizada Conferencia General de Trabajadores en 1932, a raíz de lo cual fue otra vez detenido y condenado a 25 años de prisión, donde enfermó gravemente de paludismo.

A los pocos años se fugó de la prisión con ayuda de los soviéticos, quienes se encargaron de llevarlo a Rusia con la idea de aprovechar sus consejos y curarlo. En esa ocasión se llevó otras tres sorpresas. La primera, que nunca vio un obrero ni un campesino en las deliberaciones del partido a pesar de que teóricamente todo sería realizado por los proletarios. La segunda fue como consecuencia de su enfermedad, cuando preguntó la razón por la que faltaban medicamentos: le respondieron que era indispensable gastar en armamentos debido a los “ataques permanentes de Occidente”. Y la tercera fue el comienzo de las terribles purgas de Stalin liquidando a sus propios camaradas (comenzando por su segundo, el otrora poderoso S. Kirov).

De todos modos, Ravines prosiguió con sus actividades y mantuvo entrevistas con Satín y con Mao (en ese momento en Moscú) donde escuchaba sorprendido largas peroratas sobre “las maravillas del Segundo Plan Quinquenal”. En esas reuniones planteó la necesidad de organizar Frentes Populares en España y en Chile como método de penetración y asistió a sesiones con el cuerpo de asesores de Dimitrov, en las cuales se explicaba la importancia decisiva de ocupar cátedras universitarias e infiltrar diversas manifestaciones religiosas, en especial a la Iglesia Católica.

Le incomodaba, pero pasaba por alto el hecho de que no pudiera recibir visitas sin que se reportaran a la portería del hotel donde se hospedaba; las preguntas periódicas que le formulaban agentes de la policía y los seguimientos de que era objeto. Finalmente viaja a Santiago con documentación falsa y bajo el nombre de Jorge Montero y organiza el Frente Popular a través de la Liga de los Derechos del Hombre y de Casa América. En 1937 comienza a dictar clases (se enamora de una de sus alumnas -Delia de la Fuente- y se casa y tiene dos hijas). Es llamado nuevamente a Moscú: esta vez le encargan trabajar en un Frente Popular en España, donde funda el periódico Frente Rojo.

Un noche, en un hotel de Madrid, un camarada y amigo, de origen italiano, de apellido Marcucci -después de escuchar en la radio las noticias de que el Comité Central del Partido había ordenado matanzas a quienes operaban en el mercado negro en Rusia y sus satélites- le habla largamente, muy desilusionado y angustiado sobre como había entregado su vida al sistema comunista al que se refiere como “la gran estafa” (nombre que mucho después Ravines utilizó para escribir sus memorias, fuente principal de la información disponible que resume Federico Prieto Celi en su biografía).

Esa noche, Eudocio Ravines escucha un disparo proveniente de la habitación contigua y encuentra que su amigo se había suicidado, lo que hace que el protagonista de esta historia termine de indignarse por las conductas de los dirigentes del partido. Pese a todo, vuelve a Moscú en 1938 con la preocupación de sentirse rehén del 'aparato', al tiempo que por todos los medios intentaba que su familia fuera trasladada a Francia desde España, por el hambre que en este país se estaban pasando.

En esos momentos tiene lugar la tercera purga y Hitler firma el tratado con Stalin (Molotov-von Ribbentrop). Ravines es trasladado a Chile una vez más y allí decide romper con el círculo soviético, pero mantiene su fe marxista. Consideraba que el problema radicaba en la irresponsabilidad de los administradores del régimen. De todos modos, varios emisarios le advierten que “dentro del Partido no se toleran las abjuraciones”. Sufre reiteradas amenazas y ataques físicos y morales a su persona.

Vuelve a Perú y es expulsado del Partido Comunista. En 1945 funda el periódico Vanguardia a través del cual continúa defendiendo ideas marxistas. Al poco tiempo asesinan a Gaña, director de La Prensa. En el entierro hablan muchos periodistas entre ellos José Miró Quesada de El Comercio y Pedro Beltrán de La Prensa. Este último, fue el responsable de influir en Ravines para que comprendiera las ventajas del libre mercado y el liberalismo en general. Abandona el socialismo-marxismo y percibe que no es una cuestión de hombres sino de sistema y que las sociedades abiertas es lo que mejor saca a los pueblos de la pobreza.

Comienza una intensa campaña periodística de crítica a los gobiernos intervencionistas. En 1947 es encarcelado, y al año siguiente deportado, en esta ocasión por los motivos opuestos y sin tener en cuenta sus sufrimientos, debido a avanzadas úlceras gástricas. Luego de un nuevo interregno en Lima, vuelve a ser deportado en 1950 a México. En 1952 escribe sus memorias que titula La gran estafa, un éxito editorial que se tradujo a varios idiomas. Esta historia de retornos y deportaciones no para allí: en 1956 vuelve a Lima hasta que en 1970, el decreto ley 18309 del general Velasco Alvarado lo expulsa y le quita el pasaporte y la ciudadanía. Vivió en Guatemala, Buenos Aires y México con pasaporte boliviano y nunca más pudo regresar a su país.

En el prólogo a la décima edición de sus memorias, Eudocio Ravines escribió: “La economía de mercado condenaba íntegramente, sin redención posible, al marxismo y al socialismo, a la economía dirigida, al estatismo y a todas las formas de New Deal que pululan arrojando pérdidas, frustraciones y miseria sobre la Tierra (...) La realidad me convenció de que si el comunismo se arrepintiese de sus crímenes con la más sincera de las contriciones, si renunciase a sus métodos de opresión y se postrase humildemente ante la libertad, sería obligatorio seguir combatiéndolo por inepto (...) Se me anclaron, con ésta, dos firmes conclusiones: el socialismo y la miseria dolorosa y depravada de las masas, son inseparables. La opresión y la miseria siguen al socialismo como la sombra al cuerpo”.

Personalmente tuve una muy estrecha relación con Eudocio Ravines y lo presenté en distintas tribunas en Buenos Aires, en Guatemala y en México. En muchas ocasiones, el orador debió sortear incidentes de diverso calibre. Por ejemplo, cuando en mi calidad de asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio lo presenté ante una audiencia colmada de gente en la sede de la institución, siendo presidente Armando Braun, ni bien Ravines comenzó con las primeras palabras de su disertación un individuo ubicado entre el público, rodeado de varios compinches, le comenzó a gritar groserías imposibles de reproducir y secundado por sus adláteres.

Cada vez que mencionaba su conversión del sistema totalitario al de la libertad se emocionaba vivamente y decía que era como el camino a Damasco de San Pablo y que escribiendo todos los días en diferentes periódicos de América Latina y Miami, y pronunciando conferencias en todas partes donde lo invitaran intentaba reparar el inmenso daño que había causado. A partir de su abandono de las filas comunistas estaba perfectamente al tanto de los riesgos que corría, pero los asumió y se entregó como mártir de la libertad. Fue asesinado en México el 23 de noviembre de 1978, a los tres meses de haber recibido su última advertencia en una feroz golpiza que le propinaron seis sujetos encapuchados.

Tania Quintero, con informaciones de internet