sábado, 26 de noviembre de 2016

"Oye, se murió quien tú sabes"



Diez minutos pasada las doce de la noche, la sucia Calzada de Diez de Octubre se transforma en una pasarela de marginales. Chicas que venden sus cuerpos al equivalente de veinticinco dólares merodean por los portales de la calzada. Y borrachos o vagabundos arman en cualquier rincón sus 'camas' con cartones viejos.

Ya es sábado 26 de noviembre y la gente de bolsillos amplios bebe cervezas Cristal o Bucanero en el bar privado Perla Negra, a una cuadra de Santa Catalina, pinchando croquetas de picadillo de pavo y mirando en una tele de pantalla plana un recital del recién fallecido cantante mexicano Juan Gabriel.

Ninguno de los usuarios se enteró que Fidel Castro había muerto. Cuando cerca de las once y media el General Raúl Castro con rostro pálido ofreció la noticia, los habaneros dormían, fiesteaban o veían en la tele culebrones de Univisión descargados del compendio audiovisual conocido como el Paquete.

Julio, un habanero a quien en su tiempo libre le gusta escribir, sí estaba despierto. "La televisión estaba trasmitiendo un documental y de pronto lo interrumpen y sale Raúl, uniformado, en su despacho. Enseguida pensé: 'Oh, se fue el tipo'. Y así fue. Como un loco empiezo a llamar a los amigos. En eso termina la alocución y se ve a Raúl tirado sobre el asiento, desmadejado de dolor, una imagen que se le fue a la tijera de la censura. Sigue el documental, cuando termina ponen el último noticiero de la noche, hablan de cualquier cosa menos de la muerte de Fidel y me pregunto si no fue que me quedé dormido viendo el documental y tuve una alucinación. Al finalizar el noticiero repitieron la alocución de Raúl, pero no la parte donde se desmadeja".

Pero en ese trozo de la geografía capitalina que es La Víbora, uno de los barrios del municipio Diez de Octubre, uno de los más poblados de la Isla, la noticia no interesó a muchos.

La gente estaba en lo suyo. Unos esperaban bostezando el ómnibus de la confronta que los llevara a casa mientras un grupo de jóvenes escandalosos escuchaban reguetón a todo volumen en sus celulares.

Una señora discreta, que vende café en los bajos de un edificio cerca de la Avenida de Acosta, había escuchado en la radio sobre el deceso de Castro I y casi en un susurro le regalaba la primicia a los noctámbulos habituales que esperaban la próxima colada.

“Oye, se murió quien tú sabes”, comentaba. Y algunos clientes añadían una nota de color, refunfuñaba una palabrota o escuetamente decían: “Bueno, el tipo no nació pa’ semilla” o “Ya era hora”.

Lo más interesante es que los cubanos de a pie todavía se refieren a Fidel Castro sin mencionar su nombre. Utilizan un amplio registro de motes, alias y sobrenombres como quién tú sabes, cara de coco y el caballo o simplemente con el dedo gordo y el índice de una mano dibujan una barba imaginaria debajo del mentón.

Otros, como Carmelo, maquinista de tren, se enteró cuando su hermano lo llamó desde Hialeah para decirle que “Dios se había llevado al diablo”.

“Eran las dos y media de la madrugada. Levanté a la familia para contárselos y mi esposa y mis dos hijos me miraron como si fuera un bicho raro y me dijeron que eso no era nada interesante, pues algún día Fidel tenía que morirse”, cuenta Carmelo.

En La Habana no hubo fiestas regadas con cerveza y ron de sus adversarios, tampoco muestras públicas de dolor. Y es que para muchos cubanos hace rato que Fidel Castro no contaba.

Para Dianelis, estudiante de 16 años, Fidel nunca fue un protagonista importante. “Desde que tuve uso de razón, hace diez años el que gobernaba era Raúl. Los de mi generación escapamos de toda esa locura de trabajos voluntarios y movilizaciones constantes para condenar al imperialismo yanqui. Fidel no tuvo el mismo impacto en los más jóvenes como en la generación de mis padres”.

En la mañana del sábado se comentaba la noticia y los políticos de café sin leche hacían sus predicciones para el futuro. “Ahora aguántate. Nueve días de luto, con toda esa candanga en la radio y la televisión, sin poder ver pelota ni partidos de la liga española de fútbol”, acota Diosbel, que espera para comprar huevos en la carnicería.

Un vecino le riposta: “Yo no quisiera estar en el pellejo de Raúl Castro. Venezuela se va a pique y nos quedamos sin petróleo. La economía, jodida como siempre, el sistema no funciona y ahora con Trump en la presidencia se acabaron los paquetes de medidas. El gobierno extrañará a Obama y se lamentará por no haber aprovechado la mano tendida”.

Arnaldo, carpintero, escucha el comentario y pronostica que se avecinan tiempos peores. “Por eso hay que pirarse de Cuba. Cuanto antes mejor. Trump va a derogar la Ley de Ajuste y entonces en ningún rincón del mundo querrán recibir a emigrados cubanos”.

Entre los ciudadanos la sensación que se percibe es de indiferencia. La mayoría piensa que no llegarán grandes reformas económicas y que las cosas seguirán igual con Raúl Castro, o el que venga después de 2018.

“La desaparición de Fidel Castro no va a terminar con el castrismo. Los que gobiernan le sacarán lasca y lo convertirán en un negocio, como han hecho con el Che. Son dueños de casi todo el país y van a intentar mantener esos privilegios. Tenemos castrismo pa’ rato”, dice Dayán en el parque Córdoba mientras se conecta a internet, aunque no se aventura a vaticinar si la dinastía castrista cumpliría cien años en el poder en 2059.

“Brother, por el bien de los cubanos, espero que no lleguen a gobernar tanto tiempo. La gente quiere tener comida, ropa, dinero, hacer negocios y poder viajar. No lo van a permitir, porque todo es para ellos”, acota Dayán.

Con la muerte del padre de la revolución cubana, quizás el último líder guerrillero tercermundista, algunos habaneros suponen que en temas económicos podrían llegar cambios. Eso sí, gobernando siempre el partido comunista. Al menos por ahora.

Iván García
Diario Las Américas, 27 de noviembre de 2016.

Foto: Dos cubanos en un bar estatal miran por televisión la noticia de la muerte de Fidel Castro. Foto de Reuters tomada de El País de Uruguay.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El último hombre del Che en el Congo



La última vez que Godefroid Tchalmesso Diur recuerda haber llorado fue una madrugada de 1967, cuando escuchando una radio Zenith Panasonic -la preferida por los guerrilleros- frente al malecón de La Habana supo que el hombre que “había sido su inspiración” y al que había seguido hasta Cuba desde su Congo natal, había muerto. Horas antes, Ernesto Guevara de la Serna, el revolucionario argentino-cubano que pasaría a la historia como “Che” Guevara, era ejecutado en Bolivia.

Para Tchalmesso acababa una época. Para muchos revolucionarios, moría una utopía: la de los pueblos del mundo liberados del imperialismo. Godefroid Tchalmesso, alias Tremendo Punto, es uno de los últimos compañeros del Che. También es probablemente el último dirigente congoleño vivo al que se menciona en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, el diario en el que Guevara vertió su amargura por una aventura revolucionaria fallida: la que le llevó en 1965 a la República Democrática del Congo.

La época de las grandes esperanzas en lo que entonces se llamaba Tercer Mundo se desvanecía ya tras el entusiasmo inicial de pueblos como el del ex Congo belga que habían accedido a la independencia en 1960. En el país africano aún resonaba, sin embargo, el mensaje del líder que había sacudido al país del yugo colonial, Patrice Lumumba, asesinado en 1961 con la complicidad de la CIA y de Bélgica.

Muy lejos, en Cuba, este magnicidio y la dolorosa historia colonial del Congo habían impresionado al Che, un internacionalista que soñaba con acudir a "otros lugares del mundo que reclamaban sus modestos esfuerzos”, según dijo en la carta de despedida que escribió a Fidel Castro antes de partir para África. Meses antes, en un discurso pronunciado el 11 de diciembre de 1964 en la ONU, Guevara se había indignado por la ejecución de Lumumba y definido el Congo como “el único caso en la historia mundial que demuestra cómo se pueden atropellar los derechos del pueblo con la impunidad más absoluta y el cinismo más insolente”.

Tras la muerte de Lumumba, varias insurrecciones integradas por maoístas y lumumbistas se habían alzado en armas tanto en el oeste como en el este del Congo para derrocar a la nueva administración prooccidental, instalada por la CIA y por Bélgica. En la región oriental, los revolucionarios 'simba' (león, en swahili) tenían frente a ellos al ejército regular congoleño, a tropas americanas y belgas y también a un ejército de mercenarios sudafricanos. La revuelta había estallado en 1964 y ocupado casi un tercio del enorme Congo pero cuando el Che llega al país apenas si controlaba ya algunas áreas aisladas. Aunque la confrontación era desigual, los simba no estaban solos. La implicación de Estados Unidos había llevado a la Unión Soviética, China y Cuba a apoyar con armas y asesores al Movimiento de Liberación Nacional congoleño. El país africano se había convertido así en un teatro de la Guerra Fría.

En 1965, Godefroid Tchalmesso tenía 24 años. Hoy, a sus 75 años, sentado en la terraza de un hotel de Kinshasa, recuerda la época en la que ocupaba el cargo de delegado en Tanzania del Ejército Popular de Liberación congoleño. Cuando un primer grupo de combatientes cubanos negros llega a su capital, Dar es-Salam, para apoyar a los 'simba', Tchalmesso no podía ni soñar que entre ellos se encontraba el Che, a quien había conocido meses antes. El guerrillero estaba irreconocible pues Cuba había ideado una tapadera que incluía un elaborado disfraz: sin su característica barba y con una dentadura postiza, nadie podía adivinar que el médico cubano "Ramón Benítez" era en realidad el Che. Para los congoleños, aquel hombre era el comandante Tatú (tres en swahili), un médico blanco bajo la autoridad de un cubano negro.

A Guevara la liberación del Congo le parecía una de esas “causas justas por las que luchar” de las que hablaba en sus escritos. La importancia geoestratégica del país, sus 2,34 millones de kilómetros cuadrados y su vecindad con nueve Estados -algunos aún colonizados, como Angola- lo hacían en su opinión idóneo para convertirse en la mecha que prendiera la revolución en el continente africano.

A su llegada a Dar es-Salam, el Che negocia con Tchalmesso su entrada en el Congo. Con él fija también las condiciones de su apoyo. “El Che era humilde y aceptó ponerse bajo la autoridad de los dirigentes de nuestra rebelión”, rememora el exguerrillero. El líder de los 'simba' en el este del Congo era entonces Laurent-Désiré Kabila, el hombre que 32 años después arrebató el poder a Mobutu Sese-Seko y cuyo hijo Joseph Kabila es hoy presidente del Congo.

Tchalmesso se encargó luego de “buscar los barcos” y organizar la entrada clandestina del Che al Congo. En una “embarcación azarosa, precaria”, el revolucionario y una docena de cubanos de su confianza -los primeros de un total de 140- en la madrugada del 24 de abril de 1965, atravesaron el Lago Tanganika desde Tanzania hasta la orilla congoleña.

La misión no empezó con buen pie. Los cubanos se quedaron horrorizados cuando vieron que los congoleños se ponían a cantar para alertar de su llegada a sus compañeros, lo que podía haber hecho que los descubrieran. El Che, por su parte, se sentía culpable por haber ocultado su identidad incluso a los dirigentes de la rebelión congoleña, todo con el fin de no ser detectado por la CIA, que desde hacía años lo buscaba para matarlo.

El secreto no duró mucho. Al día siguiente, el revolucionario se confía con Tchalmesso: “Soy el Che”. “Su reacción fue de aniquilamiento”, explica Guevara en su diario. Tchalmesso recuerda bien su asombro y luego repite las dos palabras que salieron de su boca entonces: Escándalo internacional. “Después, el Che me pidió que volviera a Tanzania para informar a Kabila de su presencia”, precisa el antiguo guerrillero.

A su llegada al Congo, el Che intenta organizar a unos combatientes que, según muy pronto comprende, no sólo están divididos y carecen de formación militar -“el principal defecto de los congoleños es que no saben disparar”, escribe- sino que adolecen de “espíritu de lucha” y sufren la “nefasta influencia de Kigoma”, una localidad de la orilla tanzana donde corría el alcohol y abundaban los burdeles. Los cubanos se ven forzados a una inactividad forzosa mientras esperan, debilitados por la malaria y la disentería, la orden de la dirección congoleña de entrar en combate.

En las raras ocasiones en las que esta orden llega, los congoleños y ruandeses casi siempre tiran el fusil y salen corriendo, “disparan con los ojos cerrados” o se niegan a combatir. Un día el Che insta a Tchalmesso: “Tú, que sabes disparar, enseña a tus compañeros”. Los congoleños se niegan a cargar peso alguno y a cavar trincheras porque los agujeros en la tierra “son para los muertos”.

El choque de culturas y el desconocimiento del idioma swahili pesan. El Che observa cómo los congoleños creen en la 'dawa', un ritual que consiste en rociar al combatiente con un bálsamo que, según ellos, les vuelve invulnerables a las balas. “Supersticiosos” y “haraganes” son adjetivos que dedica en su diario a los revolucionarios congoleños, sin dejar por ello de criticarse a sí mismo por haber llegado sin información al país y también a los cubanos que, poco a poco, empiezan a reclamar el regreso a Cuba, para escándalo mayúsculo del Che. En medio de la desbandada casi general, las escasas posiciones en manos de los revolucionarios van cayendo una tras otra en poder del enemigo.

“El Ejército Popular de Liberación es un ejército parásito, que no se entrena, no trabaja y exige de la población abastecimiento y trabajo”, escribe el Che. La ausencia de la dirección congoleña en el campo de batalla le resulta incomprensible, sobre todo la de Kabila, cuya llegada se demora dos meses y medio. Cuando por fin llega, se queda sólo cuatro días y, aunque promete volver enseguida, no lo hace. El revolucionario argentino -a quien Kabila había causado inicialmente muy buena impresión- critica su constante ausencia del frente, “su afición al trago y las mujeres” y termina por sentenciar en una carta enviada a Fidel Castro que “nada indica que Kabila sea el hombre que precisa la situación”.

“Estas afirmaciones han sido sacadas de contexto”, puntualiza Tchalmesso, un contexto que define como de “de gran exacerbación”. También explica la actitud de la tropa congoleña con el argumento de que ésta carecía de “conciencia política”. Pero, sobre todo, defiende sin fisuras a su antiguo dirigente: “Kabila sí tenía madera de líder y si permanecía en Tanzania, era porque su presencia era necesaria para organizar el trasiego de armas y las relaciones con el gobierno tanzano. Además, él no era bebedor”.

En el Congo, el Che recibe un duro golpe durante una visita del ministro cubano Osmany Cienfuegos, que le anuncia que su madre está muy enferma. El Che adivina que, en realidad, ha fallecido: “Al conocer la noticia, se levantó y se alejó en silencio, entrechocando el talón de las botas mientras caminaba. Siempre lo hacía cuando algo le preocupaba. Era una catadura de hombre de los que nacen cada dos siglos. Emanaba fortaleza moral y psicológica y, por encima de todo, era muy humano, justo y ponderado en el juicio. En combate era el primero en poner el pellejo y se imponía a la tropa con su ejemplo. Mostraba un amor a los pueblos inconmensurable: murió en Bolivia, pero podía haber muerto en el Congo”, alaba Tchalmesso.

En los últimos tres meses de la estancia del Che, el guerrillero congoleño deja Tanzania para luchar junto a los revolucionarios cubanos. Entonces no hablaba español, “sólo algunas malas palabras que me habían enseñado los cubanos, no el Che, que nunca las decía”, explica. En esos tres meses, su trato se hace más estrecho. Tchalmesso duerme en la misma choza que el Che y otros dos cubanos y, en sus diarios, Guevara lo menciona a menudo. Le llama Chamaleso o Tremendo Punto, el apodo que le habían dado después de que el congoleño volcara una barca en el lago con varios cubanos a bordo que no sabían nadar para escapar de un avión enemigo, y que hace alusión a una canción cuya letra dice “Tremendo punto, tremenda moral”.

El retrato que el Che hace de él es el de un joven “inseguro”, pero al que no le falta el valor, por lo que llega a proponerle que asuma la dirección militar de la guerrilla. Tchalmesso declina la oferta, asegura, “por lealtad a Kabila”. “Su trato conmigo no cambió, siguió siendo cercano, pues era una persona que siempre trataba de comprender a todo el mundo, pero sé que le decepcioné”, confiesa.

Al finalizar el mes de junio de 1965, cinco cubanos habían muerto ya en combate y la CIA sabía que el Che estaba en el Congo. La desmoralización de la tropa alcanza su punto más alto y la situación se torna tan peligrosa que Fidel Castro pide al revolucionario que abandone el país, algo a lo que él se resiste. En noviembre, la dirección congoleña pide la salida de los cubanos. El 21 de noviembre, el Che sube a regañadientes a bordo de una barca que le lleva con sus compañeros -incluido Tchalmesso- a Tanzania. En los meses que siguen escribirá su diario, que empieza con una frase lapidaria: “Ésta es la historia de un fracaso”.

Su antiguo compañero africano no lo ve así: “La epopeya congoleña del Che sentó doctrina para las guerras de liberación en África”. A él también lo marcó. Poco después de terminar aquella aventura, Tchalmesso pidió al gobierno cubano viajar a la isla “para formarse mejor en la lucha revolucionaria”, pero lo que iban a ser unos meses se convirtieron en más de tres décadas. Después, el compañero africano del Che ha tenido varias vidas: primero como periodista y corresponsal de la agencia Prensa Latina en Haití y Estados Unidos y, al volver al Congo, 32 años después, ya con Kabila en el poder, como ministro de Defensa y embajador de su país en Angola.

Tchalmesso vive con un pie en Cuba y otro en el Congo. Tres de sus cuatro matrimonios han sido con cubanas y con ellas tuvo siete hijos.

Texto y foto: Trinidad Deiros
El Confidencial, 8 de julio de 2016.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Una cubana trata de romper estereotipos en el béisbol


En el mundo machista del béisbol en Cuba, Yanet Moreno siempre ha jugado con los hombres.

Cuando era niña, era la única muchacha que con frecuencia jugaba al béisbol en la calle de su barrio. Los niños peleaban para que estuviera en su equipo y su papá temía que se convirtiera en una "marimacho".

Hoy, a los 41 años, Yanet Moreno es la única mujer en el mundo trabajando como árbitro de primer nivel en el béisbol profesional. Ha estado 11 temporadas en la Serie Nacional, la liga más importante de la isla, y dice estar lista para pasar a la escena internacional.

"Siempre uno sueña con más, ¿no?. Quiero un poquitico más", dijo Moreno al mencionar los Juegos Centroamericanos, Panamericanos y el Clásico Mundial de Béisbol como posibles torneos en los que quiere trabajar. "No puede ser inalcanzable", dijo en alusión al Clásico Mundial, donde cada cuatro años compiten los mejores equipos de béisbol del mundo.

"Poniendo un poquito más a mi trabajo creo que tal vez pudiera", expresó desde su casa, en la provincia de Villa Clara, a unos 270 kilómetros al este de La Habana.

Yanet no se considera una rareza en la pelota cubana y la reacción adversa de los aficionados ha disminuido. Ella proyecta calma en el campo de juego y sus miradas las cubre con unas gafas oscuras para protegerse del sol.

Hay pocas mujeres árbitros que actualmente trabajen en el béisbol masculino en todo el mundo. Maite Bullones, una venezolana de las ligas menores de su país, estaba a punto de convertirse en la primera mujer en arbitrar un torneo internacional para menores de 21 años en la Copa del Mundo en Taiwán, pero todavía no ha actuado en la Liga de Béisbol Profesional de Venezuela.

En Estados Unidos, ninguna mujer ha entrado a las Grandes Ligas y ninguna ha arbitrado en las ligas menores desde 2008. Cuba aún debe proponer a Moreno para uno de los eventos internacionales de béisbol masculino.

En 2016, podría ser designada en un torneo para menores de 15 años y darle la oportunidad de llegar hasta los niveles más altos de competencia, dijo Luis Daniel Del Risco, jefe de reglas y arbitraje de la Federación Cubana de Béisbol.

Sin embargo, el directivo aclaró que Moreno debe aún ganar un evento internacional de élite, y agregó que Cuba está asignando a uno o dos árbitros para los torneos internacionales, y ella ocupa el lugar 15 ó 16 en el ranking de los 42 árbitros de la Serie Nacional.

Del Risco también se refirió a la tradición: "No se estila que mujeres trabajen en campeonatos masculinos y no se ha hecho la propuesta".

Su comentario irritó a la periodista cubana Julia Osendi, quien rompió barreras al convertirse en la primera mujer que comentaba para la televisión la Serie Nacional de béisbol. "Lo que no se estila es el machismo cabrón que hay en este país. Para mí, Yanet es lo suficientemente buena para arbitrar en cualquier béisbol".

Moreno dijo que solo una vez escuchó un comentario sexista de un hombre en un terreno de juego, y lo expulsó rápidamente del partido, después de que hiciera alusión al tamaño de sus nalgas, mientras lanzaba una afirmación racial y una vulgaridad.

Los colegas de Yanet Moreno sostienen que está calificada y apoyan que pueda arbitrar fuera de Cuba.

"Preparada. Disciplinada. Está lista para cualquier nivel del béisbol. Yo votaría por ella", dijo Antonio Reyes, jefe del grupo de cuatro árbitros que con ella recorren la isla durante la Serie Nacional de Béisbol.

Texto y foto: Enrique de la Osa
Reuters, 8 de noviembre de 2014.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La pasión por el fútbol en Cuba


En un banco de cemento del parque Mónaco, en la barriada habanera de La Víbora, en una estrujada libreta escolar, Arnaldo apuntaba las apuestas para el partido de fútbol entre el Real Madrid y Barcelona.

Hubo alrededor de treinta y cinco apuestas. “La gente se jugó desde 5 cuc a 150 cuc. Antes de comenzar, un grupo de amigos nos sentamos en el portal de una cafetería a tomar cerveza y vimos el partido en un televisor. Como en el parque ahora hay wifi, en la previa muchos se conectaron con sus teléfonos o tabletas, para conocer la alineación o enterarnos de cualquier detalle de última hora”, cuenta Arnaldo.

Aunque en Cuba las apuestas son usuales, ya sea en la charada local conocida como la bolita, en juegos de béisbol y peleas de gallos, el fervor por el fútbol ha comenzado a cimentar un entramado empírico y eficiente de apuestas.

Apostar dinero es ilegal y si te pilla la policía puedes pagar una multa entre 60 y 1,500 pesos o un par de años en la cárcel. Pero desde hace dos décadas, la policía mira hacia otro lado.

La pasión por el fútbol en Cuba sigue en la cresta de la ola. A los menores de 30 años les gusta más el fútbol que el béisbol, el deporte nacional.

En su afán de minimizar el impacto de la MLB y el éxito de jugadores cubanos que juegan en la gran carpa, desde inicios de los años 90, el gobierno verde olivo empezó a difundir las ligas más prestigiosas de Europa.

Comenzaron a trasmitir un partido semanal diferido. Pero ahora se emiten hasta diez juegos a la semana. Y casi todos los juegos del Real Madrid, Barcelona o Bayern Münich se pasan en vivo.

Pero, ojo. Los fanáticos de la isla siguen el fútbol europeo, campeonatos mundiales y Eurocopas, pero desconocen lo que acontece en los insípidos torneos locales que a gradas vacías suelen jugarse sábados y domingos.

Leodanis, un señor delgado y canoso que viste una camiseta pirata de Neymar, se aficionó al fútbol en 1988. “En un radio Selena (de la era soviética) los sábados y domingos escuchaba Tablero Deportivo de Radio Exterior de España y aquellas trasmisiones épicas de Germán García, Juan Manuel Gozalo y Chema Abad”.

Media hora antes de comenzar el último Clásico, Leodanis y unos cuantos fans siguen llegando a un bar oscuro y climatizado aledaño al restaurante El Conejito, en 17 casi esquina M, Vedado, frente al edificio Focsa. El termómetro marca 32 grados y la humedad relativa supera el 80 por ciento, pero jóvenes como Yaibel, alrededor del cuello lleva una gruesa bufanda del Barcelona.

“Tenemos una peña del Real Madrid y otra del Barcelona. Todos los fines de semanas, un grupo de amigos vemos los juegos. La gente se apasiona y grita hasta enronquecer. También apostamos dinero y el que pierde paga la cuenta de la cerveza que tomamos”, dice Yaibel.

Una dependiente y un cantinero no dan abasto con los pedidos. En algunas mesas entonan el himno del Barça, mientras al fondo, un mulato fornido y un tipo con un peinado estrafalario reviven la polémica mundial: si Messi es mejor que Cristiano Ronaldo (CR7).

“Olvídate que Cristiano sea un pesado o engreído. Asere, el tipo es un animal. Mete goles con las dos piernas, de cabeza y es mejor que Messi cobrando penaltis. Mira los números, brother, no te ciegues”, acota el mulato.

Al hombre le cae un coro en pandilla. “Mi hermano, de qué planeta llegaste tú. La pulga es number One. Cinco balones de oro, visión de juego, toque y gol. Mira, no vamos a discutir más, me juego cuarenta chavitos (40 cuc) que el Barça arrolla al Madrid y que el tridente anota gol”, replica un muchacho con una camiseta de Luis Suárez.

“Acepto”, contesta el mulato. Todos visten camisetas de estrellas del fútbol. Entre los asistentes, varios extranjeros observan asombrados cómo se vive el fútbol en la otrora isla beisbolera de Fidel Castro.

Arranca el encuentro y en los primeros treinta minutos, el Barcelona impone su juego mágico de toques y posesión del balón. En el costado izquierdo, Neymar, con su cintura de culebra, sus controles orientados, fantasía y velocidad exige al máximo a Carvajal, el lateral del Madrid y a los centrales Pepe y Sergio Ramos.

Messi comienza a carburar con su slalom marca de la casa. Arranca pegado a la cal de la banda derecha haciendo su diabólica diagonal y sus pases milimétricos. Pero el Madrid aguanta el chaparrón. En el minuto cuarenta y tres, Suárez se comió un gol casi cantado. Fue una jugada a cuatro toques entre Iniesta, Neymar y Messi.

Del Madrid no se tenían noticias. Benzema apagado. Cristiano Ronaldo lo intentaba por fuerza, por ganas. Pero poco más. La presión alta del Barcelona impedía despegar al cohete Bale. Casemiro, con el mono de trabajo puesto, cortaba el juego del Barça y permitía a Toni Kroos adelantar su posición unos metros .

Es verdad que el Clásico no llegó en buen momento para el equipo de Zidane. A diez puntos del Barcelona, en tercer lugar, sin chance en la Copa del Rey y poniendo toda la carne en el asador de la Champions.

Pero en estos encuentros siempre se juega a cara de perro. En la segunda mitad llegó el gol. Piqué, de cabeza, abrió la olla. Pero el Madrid no se arrugó. Benzema empató y luego, con un hombre de menos, quien si no, CR7, anotó su gol veintinueve en la liga.

Tras la victoria del Madrid, que cortó la racha de treinta y nueve partidos sin perder del Barcelona, los fans merengues se mofaban del seguidor culé que apostó cuarenta chavitos.

El bar se despejó en pocos minutos y el cantinero, aburrido, se puso a leer el periódico.

Iván García
Foto: Tomada de El blog del fútbol cubano.

lunes, 14 de noviembre de 2016

José Antonio Huelga: muchas cosas en poco tiempo


Muy rápido pasó José Antonio Huelga Ordaz por la vida. Tan solo había vivido 26 años cuando el 4 de julio de 1974 un accidente de tránsito ocurrido en la carretera de Mariel puso fin a su corta, pero intensa existencia.

Huelga, el primero de las grandes astros del béisbol surgidos al calor de las series nacionales que desapareció físicamente, había nacido el 14 de marzo de 1948 en el central Melanio Hernández, antiguo Tuinicú, actual provincia de Sancti Spíritus.

A pesar de su trayectoria fugaz por este mundo, pocos serpentineros, en siete años, hicieron tantas cosas en tan escaso tiempo como este astro del montículo.

Conocida es su gran hazaña en el play off decisivo de la Serie Mundial Amateur, celebrada en 1970 en Cartagena de Indias, Colombia. En 48 horas, primero como abridor contra el fenomenal Burt Hooton y luego en funciones de relevista, Huelga derrotó dos veces a Estados Unidos y les dio el título a los criollos. Fidel lo llamó el Héroe de Cartagena. En 1970 fue elegido el mejor atleta del año en Cuba y uno de los diez más sobresalientes en Latinoamérica.

Una tercera victoria a costa de los estadounidenses (4-3) se apuntó Huelga en los Juegos Panamericanos de Cali-71. Ese mismo año dejó en dos hits a la Selección de Estrellas que enfrentó a Cuba en la clausura del certamen mundial, efectuado en nuestro país. En campeonatos locales ganó los partidos que les dieron a los Azucareros, representantes de la otrora provincia de Las Villas, la corona en las campañas nacionales de 1968-1969 y 1972. Además, salvó el encuentro decisivo de la Serie de los Diez Millones en 1970.

También le propinó a Granjeros el sexto juego de cero hit-cero carrera en nuestros clásicos beisboleros y trabajó durante 20 entradas frente a Occidentales en la primera Serie de Estrellas (1968). En ese desafío se dio el gustazo de ponchar en el último capítulo a Urbano González, considerado el bateador de mejor vista en los campeonatos nacionales.

En siete contiendas del patio, acumuló 73 triunfos y 32 descalabros y solo permitió nueve jonrones en 871 innings y un tercio. Todavía ostenta el mejor promedio de carreras limpias (1,50) entre todos los tiradores que han desfilado por el montículo durante las 55 series efectuadas a partir de 1962.

Abundan las anécdotas que ilustran la extraordinaria modestia y sencillez que caracterizó a José Antonio Huelga. Me place recordar ahora la que hace algún tiempo leí en un trabajo del colega Arnaldo Prado. Taguasco y Caibarién se enfrentaban, en 1966, en un partido de exhibición, en el cual actuaba como árbitro Leopoldo Campos. El juego arribó a la novena entrada con empate a cero carreras. Los caibarienenses, que eran visitadores, le llenaron las bases a Huelga con dos outs y el bateador en turno en cuenta completa de tres y dos.

El siguiente lanzamiento fue un strike perfecto. Sin embargo, Campos cantó bola y provocó una carrera forzada que a la postre resultó decisiva. Años más tarde, al rememorar aquel momento, el árbitro declararía:

-Yo me demoré en levantar el brazo y cuando vine a reaccionar ya era tarde. Había convertido en bola aquel envío. El público me gritó cuanto pudo y algunos jugadores criticaron mi decisión, Huelga metió su guante debajo del brazo izquierdo y se marchó al dogaut sin pronunciar una palabra.

-Por la noche me dirigí a él y le dije: "José Antonio, ¿qué te pareció el último lanzamiento del juego?". Él me miró, puso una mano sobre mi hombro y respondió: "Leopoldo, yo la vi por el centro, pero era muy bajita, usted cantó bien". Sus palabras me llegaron al alma, pues yo sabía que había cometido una injusticia.

Osvaldo Rojas Garay
Vanguardia, 4 de julio de 2016.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Fidel Castro por todos lados


La noche del 31 de julio de 2006, poco después de las 8:30, Cuba quedó en suspenso. “Como nuestro país se encuentra amenazado por el Gobierno de Estados Unidos, delego con carácter provisional mis funciones como primer secretario del Comité Central del Partido Comunista en el segundo secretario, compañero Raúl Castro Ruz”.

La histórica proclama de Fidel Castro, tras una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte, fue leída al país por Carlos Valenciaga, en aquel momento secretario del autócrata verde olivo y posteriormente purgado por el sucesor.

Desde entonces las apariciones de Castro I en los medios oficiales son milimétricamente calculadas. En su aparente retiro, escribió algunas notas vaticinando una hecatombe nuclear del ‘imperialismo yanqui’ con Irán o el Estado gamberro de Corea del Norte.

En determinados momentos, durante la excarcelación de los 75 disidentes de la Primavera Negra (2010), el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos (2014) o la visita del presidente Barack Obama (2016), el monopolio mediático del partido comunista lo rescató al estilo de un padre de los dioses, con la intención de poner punto final al debate intelectual o señalar el camino a seguir.

Fidel Castro es un futuro caso de estudio para siquiatras y politólogos. En igual proporción, despierta odio desmesurado en sus adversarios o una idolatraría ridícula entre sus seguidores.

A los cubanos de a pie, le ha quedado la duda si el anciano ex guerrillero, desde su residencia en Punto Cero, no continúa diseñando las líneas maestras de la política nacional e internacional del país.

Los nacidos después del año 2000 están inmunizados del virus ‘fidelista’. Ellos crecieron bajo el gobierno de Raúl Castro, un tipo casi invisible que ofrece un par de discursos al año y no ha sido tan invasivo en sus vidas privadas como su hermano Fidel.

La desideologización de la sociedad cubana es proverbial. Casi ningún joven ha leido obras marxistas, no cree en el Hombre Nuevo ni tampoco en la construcción de un paraíso comunista.

Para un segmento de ciudadanos, Fidel Castro ya es un tipo lejano. Una voz en fade. Un abuelo con demencia senil que cuando abre la boca se le escucha por obediencia, pero luego olvidan sus monsergas.

Fidel Castro es el pasado incrustado en el presente e hipotecando el futuro.

Aparte de los idiotas de siempre, oportunistas, extremistas y amanuenses comprometidos, cualquier persona sensata, al leer alguno de sus más de dos mil extensos discursos, puede llegar a una conclusión demoledora: más que un trastornado absolutista, fue un maestro del engaño y la manipulación.

Los invito a ver el documental Fiel Castro, realizado por Ricardo Vega y producido por Zoé Valdés. La comparación con el nazismo alemán o la peor etapa del franquismo español es inevitable.

Esas imágenes en blanco y negro, de un Fidel Castro desde una tribuna con su gestualidad intimidante, asegurando que la Isla exportaría carne de res y detallando un plan para mejorar el ganado vacuno, lleva a meditar a cualquier persona mayor de 40 años cuánto tiempo Castro nos mintió y cuáles fueron las causas para que aplaudiéramos a un tramposo.

Releer la obra discursiva de Fidel Castro es comprobar que el tipo fue un mitómano. Probablemente padece del Síndrome de Münchhausen. Esta enfermedad epónima toma su nombre del excéntrico Karl Friedrich Hieronymus, “Barón de Münchhausen” (1720-1797), quien se hizo famoso por contar historias de aventuras fantásticas que nunca le habían sucedido, como haber bailado en el estómago de una ballena o haber viajado a la luna.

Desde luego que Fidel Castro tuvo talento político y astucia suficiente para derrotar al ejército del dictador Fulgencio Batista, seducir al pueblo cubano, desmontar sin demasiada oposición las estructuras institucionales, jurídicas y la prensa libre.

La mayoría del pueblo aplaudió el entierro simbólico de los medios privados y gritaban paredón exigiendo castigo a sus oponentes. No es que fuéramos una sociedad diferente. Es que los autócratas tienen la virtud de robotizar a las masas.

Alemania, Italia, la antigua URSS -donde un pionero delató a sus padres por traición- Corea del Norte o la China de Mao, son ejemplos de sociedades controladas por un 'iluminado padre de la patria'.

En 2016, con motivo de su noventa onomástico, Fidel Castro apareció por todos lados. Hasta en la sopa. Ese culto a la personalidad forma parte de la narrativa de sociedades autoritarias y absurdas. Al líder hay que adorarlo. El Estado cubano, con el dinero del erario público, organizó veladas culturales, debates y fiestas para agasajar al otrora máximo líder en sus 90 años. Pero ese guateque tuvo un leve tufillo de despedida.

Iván García
Foto: Durante un desfile de homosexuales en La Habana, junto con sus gafas y collares, un travesti muestra orgulloso una foto de Fidel Castro. Tomada de internet.



lunes, 7 de noviembre de 2016

La metáfora de la rueda de casino


La conversación con una 'extraña' en el aeropuerto José Martí, el 17 de diciembre de 2014 y un baile popular provocaron que el cineasta estadounidense Ken Schneider regresara una y otra vez a Cuba, donde se ha dejado seducir por las historias. Según confiesa, en cada relato intenta hallar metáforas de las relaciones entre Washington y La Habana y trata de mostrar una realidad de la que “se tienen ideas superficiales” en su país.

La Rueda de la Vida (Wheel of Life, 2015) es el documental más reciente de Schneider, cuyo estreno se produjo en abril de 2016 en el Festival de Cine de La Habana en Nueva York. Es la segunda obra donde exhiben alguna arista de la vida en la Isla y en ambas comparte la autoría con Marcia Jarmel, su esposa y realizadora.

La rueda de casino es el principal protagonista del audiovisual de 16 minutos de duración que surgió por azar. Diciembre de 2014. Aeropuerto José Martí de La Habana. Ken, propietario y cofundador de Patchworks Films (California, 1994), esperaba sus maletas para asistir a la premier de La Curva Habana (Havana Curveball) en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

El director Ken Schneider ha editado más de 35 documentales para PBS, HBO, Al-Jazeera, con énfasis en temas de derechos humanos, arte y justicia social. Las obras en que ha participado han sido nominadas y/o premiadas en los Oscar, Emmy, Peabody y el Festival de Cine de Sundance.

Anara, una bailadora estadounidense con raíces cubanas, le 'vendió' una idea. “La gente piensa que la salsa es una innovación de los puertorriqueños en Nueva York”.

Además de ese encuentro, el 17 de diciembre fue recibido por Schneider y Marcia como una invitación a estar más cerca de Cuba. “Cuando embarqué en el avión hacia La Habana, pensé que sería mi despedida definitiva. Pero la realidad intervino. La Curva Habana tuvo dos presentaciones, el 15 y el 17 de diciembre, la última con muchas particularidades: es el día de San Lázaro en Cuba y en esa fecha los presidentes Raúl Castro y Barack Obama iniciaron el camino de normalizar relaciones entre nuestros países. Desde ese momento supe que tenía más trabajo por hacer en Cuba”, asegura el cineasta.

Luego de varias entrevistas con músicos, “me di cuenta de que la historia de la rueda de casino era una metáfora de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos o, por lo menos, de lo que podría ser ese vínculo. Es una danza que surgió de una confluencia de dos culturas: el rock and roll de los años 50 y 60, el son y algunos elementos afrocaribeños.

“Pero a su vez, el pueblo norteamericano piensa que este baile fue inventado por los puertorriqueños en Nueva York. Ahí está la otra metáfora, porque es una mezcla de las dos naciones, pero hay malentendido acerca de los orígenes”, afirma.

Schneider y Jarmel tenían suficiente información para filmar un documental histórico. Los antecedentes del casino: sus raíces, quiénes lo llevaron a los salones y otros datos que podían servir de soporte a la obra. Pero faltaban los conflictos humanos, el relato personal detrás de cada ritmo y movimiento. Joaquín Roche, conocido como el Oso, se convirtió en la historia y la rueda de casino en una alegoría.

Medio minuto grabado con un iPhone (un par de esos planos están en el corto final) en un parque del Vedado bastó para que Ken y Marcia descubrieran el puente perfecto entre el baile y el contexto. “Solo queríamos conocer al Oso y cuando lo conocimos, enseguida supimos que sería nuestro personaje”.

Schneider considera que la vida del Oso, además “reflejaba en cierto modo parte de la historia de Cuba. Antes de la revolución, no podía bailar en salones por ser negro. Pero después de 1959 comenzó a mostrar su talento en el antiguo Miramar Yacht Club, reconvertido en Círculo Social Patricio Lumumba”.

La Rueda de la Vida se filmó en apenas 48 horas en abril de 2015. “Marcia y yo regresamos a Cuba para realizar una gira con La Curva Habana, el proyecto Tod@s Contracorriente de la cantante Rochy Ameneiro y el historiador Julio César González Pagés, en la que visitamos escuelas y dimos charlas sobre prevención de la violencia doméstica. Antes y después de la gira, tuvimos unos días, y nos encontramos con el Oso. Concretamos detalles y filmamos en dos días”.

El padre de Ken Schneider vino a Cuba en los años de la Segunda Guerra Mundial. Llegó en 1940 procedente de Viena, Austria, desplazado por la persecución nazi a los judíos. Vivió en la calle Prado hasta 1943, cuando partió hacia Estados Unidos con su familia.

Siete décadas después, Mica, hijo de Ken y Marcia, volvió a La Habana. Los sucesos fueron llevados al cortometraje La Curva Habana donde se mezclan la pasión del chico por el béisbol y la curiosidad por conocer la tierra que acogió a su abuelo durante el Holocausto. “Ése fue el inicio de nuestros viajes cubanos. Nuestra indagación ha evolucionado y ahora estamos haciendo una serie de cortometrajes sobre artistas contemporáneos”, dice Ken.

Aunque tras el deshielo del 17 de diciembre ha aumentado el interés de cineastas estadounidenses por Cuba, su vínculo con la Isla viene de una etapa anterior y de un compromiso sincero por abrir espacios de diálogo. “Queremos enseñar a nuestro pueblo parte de la realidad cubana, porque los medios en Estados Unidos exponen ideas muy superficiales.

“Creo profundamente en el poder de documental para lograr un impacto en la audiencia. Nuestra obra, y la de otros realizadores, artistas plásticos, músicos, bailadores cubanos y norteamericanos son parte del esfuerzo por normalizar relaciones entre dos pueblos y, por fin, levantar el bloqueo”, expresa convencido Schneider.

El arte en la tierra que recibió a su abuelo lo ha seducido y lo manifiesta así: “En Cuba ser artista es algo importante y no una carrera marginal. El arte tiene un valor central en la sociedad. Acabamos de filmar con el fotógrafo Iván Soca, cuyo trabajo nos ofrece un retrato de la Cuba de hoy y mañana. Es apenas el primero de una serie que nos motiva mucho”.

El equipo de realización incluye también al destacado director de fotografía Roberto Chile, el pianista Harold López-Nussa, el sonidista Javier Figueroa y la productora Claudia Bueno.

Pero ahora exhibir La Rueda de la Vida centra la atención de Ken, que nos traslada de nuevo hacia el popular baile. “Los fundadores de la rueda de casino conquistaron nuestros corazones. Esta experiencia fue como bailar con ellos. Nos divertimos y sin duda fue un gran honor”.

Jesús E.Muñoz Machín
Progreso Semanal, 10 de mayo de 2016.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Por qué el régimen castrista va a extrañar a Obama


Era una noche tibia y otoñal de 2015. El casino de juego regentado por los Mikasuki en un pantano de Everglades, a treinta minutos del centro de Miami, estaba atestado de personas ansiosas que frenéticamente pulsaban botones frente a la pantalla de una máquina tragaperras.

El piso acolchado amortiguaba los pasos de afables dependientes que maniobraban como el capitán de una góndola a la deriva con sus bandejas cargadas de tragos.

Unos amigos me habían llevado al sitio para que conociera las interioridades de un casino. Regresaba de un viaje de tres días en Costa Rica, con la intención de escribir varias historias sobre los cubanos empantanados en Centroamérica.

En Miami charlé con algunos compatriotas para conocer su opinión sobre la cuarta ola migratoria en desarrollo que en un año y medio ha provocado el éxodo de casi 50 mil cubanos.

En la ciudad del sol las opiniones eran divididas. Personas como Tomás, un jubilado de una empresa eléctrica en la Florida y nacido en Caibarién, provincia de Villa Clara, votaba con sus dos manos alzadas para que Obama derogara la Ley de Ajuste Cubano.

“Está viniendo lo peor de Cuba. Gente que habla gritando y vagos por naturaleza. Son emigrados de estómago. A los tres meses haciendo fullerías y con el dinero del Seguro Social desembarcan en la Isla para especular con cadenas de oro alquiladas. Solo cuando no haya Ley de Ajuste a los Castro se le pone la caña a tres trozos”, indicaba mientras tomaba un trago de wisky con hielo.

A su lado, un amigo, pescador en sus tiempos libres y también pensionado, contaba las horas para que Obama finalizara su mandato, “y se largara para Kenia o Nigeria, no sé, pero que se vaya”, decía.

Con los estadounidenses de origen anglosajón que departí, tenían muy mala opinión de Obama. Lo tildaban de débil, que había destruido a la clase media, le acusaban de permitirle a los chinos robarles puestos de trabajo y que el crecimiento económico era una cortina de humo, pues los nuevos empleos eran de baja calidad y mal remunerados.

Como muchos norteamericanos de la América profunda, suspiraban por un tipo como Donald Trump. Sin embargo, cuando se tocaba el tema de Obama y su doctrina hacia Cuba, aunque las opiniones variaban a favor o en contra, la mayoría llegaba a la conclusión que el gran beneficiado era el gobierno de La Habana.

Suerte es aprovechar las oportunidades. Y un año y cinco meses después del histórico 17 de diciembre, cuando dos enemigos de la Guerra Fría acordaron izar bandera blanca, el rédito para el pueblo cubano es bastante pobre.

Cuando usted charla con los cubanos de a pie, muchos sienten que se ha perdido una ocasión de oro para reconstruir desde los cimientos una economía al pairo y crear un entorno favorable a las microempresas y pequeñas empresas familiares.

Después del 17-D se ha pasado de las expectativas exageradas al peor de los pesimismos. En La Habana, un tema recurrente de muchos jóvenes y adultos, son los planes de emigrar.

Esa ocasión desperdiciada por el gobierno verde olivo, es lo que provoca en Saúl, dueño de un negocio gastronómico, recaude la mayor cantidad de dinero posible para luego marcharse con su familia hacia Estados Unidos.

“Ya no aguanto una mentira más. El congreso del partido comunista fue la tapa al pomo. Con el restablecimiento de relaciones con los americanos, el gobierno solo ha ganado tiempo para preparar su plan de sucesión. En Cuba no van a ocurrir cambios”, afirma el emprendedor.

Dos meses después de la visita de Obama a La Habana, todavía la gente recuerda la parafernalia del Servicio Secreto, el Air Force One y La Bestia, como es conocido el Cadillac One. No son pocos los que conservan o descargan en internet el discurso completo del presidente estadounidense en el Gran Teatro Alicia Alonso.

La sensación que se percibe es de estafa. La alocución de Obama y las simpatías que generó en Cuba, acaso fue la génesis que provocó un abrupto retroceso en el régimen castrista.

Aunque los talibanes dentro del gobierno siguen pensando en cavar trincheras y planifican combates imaginarios contra molinos de viento, su miopía los ha divorciado del anhelo popular.

La gente quiere vivir lo mejor posible. Tener salarios dignos, desayunar algo más que café sin leche y residir en una vivienda confortable. Cuba es una rémora. Sin contar con la opinión de sus ciudadanos, el gobierno apostó por el numantismo y la apología delirante.

Quizás para 2017 los autócratas extrañen a Obama. En 114 años de República, ningún presidente de Estados Unidos le había tendido la mano con inusitada franqueza al pueblo cubano.

El régimen, en mi opinión, ha cometido un error de cálculo. Para ellos ha pesado más la ideología y la letanía propagandística que la buena voluntad de edificar una nación moderna y democrática.

Cuando en noviembre de 2016 se celebran las elecciones en Estados Unidos y el glamour de Chanel o el concierto de los Rolling Stones en La Habana sean anécdotas, entonces funcionarios honestos del gobierno apreciarán el gesto de Obama.

Pero me temo que para esa fecha ya será tarde. Como siempre, los hermanos Castro han decidido el rumbo de la nación por todos nosotros.

Iván García
Foto tomada de Proceso.

lunes, 31 de octubre de 2016

Cuba: burocracia en estado puro


Nueve de la mañana en La Habana. Llueve a intervalos, los charcos y el barro se acumulan en la calle y el calor provoca que las personas siempre tengan el ceño fruncido.

Registro Civil del municipio Cerro. Afuera, una decena de hombres y mujeres mosqueadas, tensas y con mal talante que ni siquiera atinan a responder un cortés saludo de Buenos días.

Una mujer gorda, a quien al parecer la prisa no permitió arreglarse, abre las puertas de un local descorchado, empercudido y con un lamparón húmedo en paredes y techo que delata filtraciones de agua.

Los notarios y trabajadores acomodados en viejas butacas giratorias de madera revisan con calma en anacrónicos archivos metálicos. Una empleada corpulenta, con un tono cuartelario, anuncia al público: “Hoy solo trabajamos hasta las doce de día, pues mañana, 8 de junio, es el día del jurista”.

“Pero si el día del jurista es mañana, por qué hoy solo trabajan media jornada”, pregunta un señor canoso en la cola. “Son las disposiciones”, responde, y fulmina al ciudadano con una mirada que mete miedo.

Aunque se supone que estamos en el siglo XXI, esta institución estatal aun parece anclada en los años 50 del siglo XX. Aquí usted no ve un ordenador y si tienen conexión a internet no está a la vista del público.

Obtener un certificado de nacimiento puede demorar de quince días hábiles a un mes. Y si no aparece, debes peregrinar por todos los Registros Civiles de La Habana en su búsqueda.

Olga Lidia, funcionaria, alega que la informatización en los archivos de los Registros Civiles marchan a paso de tortuga. “Los nacidos después de 1980, parcialmente, tienen sus datos computarizados. Los que nacieron entre 1940 y 1970 es difícil, de manera manual, encontrar sus certificados de nacimiento si no se tiene el tomo y folio”.

Las causas son variadas, ningunas imputables al usuario. El culpable de ese colosal disparate burocrático es el régimen de Fidel y Raúl Castro.

En el Registro Civil de Puentes Grandes, al oeste de La Habana, un incendio provocó el cierre del local. En el del Cerro, muy cerca del hospital Covadonga, las condiciones de trabajo son pésimas.

Las filtraciones han deteriorado miles de papeles y documentos. Los salarios son bajos, el personal no tiene almuerzo y los destartalados ventiladores chinos no amortiguan el espantoso calor.

“Pero en vez de quejarse a su organismo superior, el disgusto de estos burócratas lo paga el público, al que atienden mal, como si uno fuera el culpable. Y todos saben quién es el culpable del desastre nacional, pero nadie quiere señalarlo en voz alta”, comenta una señora que dice llevar año y medio haciendo gestiones para legalizar su vivienda.

En un país donde el exceso de control ciudadano no es un déficit, llama poderosamente la atención la pérdida de tiempo de los cubanos para efectuar un trámite legal, por simple que sea.

“Los ciudadanos no debieran demorar varios meses para realizar un trámite, porque el Ministerio del Interior todo lo tiene controlado. Bajo su responsabilidad tienen, entre otros, el Carnet de Identidad, los Pasaportes y la Dirección Nacional de Identificación. Además, fiscalizan el Registro de Direcciones, a cargo de los CDR en todas las cuadras de los 168 municipios existentes en Cuba. Lo ideal sería que cada cubano, en su carnet de identidad, tuviera los datos necesarios para cualquier gestión legal”, explica un notario.

Entidades comerciales como ETECSA, el monopolio de las telecomunicaciones en la Isla, a sus clientes exige una serie de documentos legales para mantener el servicio de telefonía fija.

“Existe un grupo de instituciones, como el Instituto de la Vivienda o la OFICODA, la oficina donde se registran los consumidores de las libretas de racionamiento, que no tienen sentido en Cuba. Esos papeles que pide una empresa que presta servicio comercial como ETECSA está fuera de sus funciones. El Estado debe garantizar otros mecanismos más efectivos. Ese exceso de control y documentación legal para cualquier trámite ocasiona corrupción y molestia ciudadana”, acota Diana, abogada de un bufete al sur de la capital.

Poner el teléfono o una casa a nombre de un nuevo propietario, obtener una licencia para hacer arreglos en tu vivienda o legalizar un terreno, en el mejor de los casos, genera varios meses de gestiones y decenas de horas innecesariamente perdidas haciendo cola.

"Ni pagando con moneda dura por debajo de la mesa consigues que se agilice el papeleo", confiesa una enfermera que acaba de regresar de una misión médica en el exterior.

En 1966, el cineasta Tomás Gutiérrez Alea dirigió el filme La muerte de un burócrata, una sátira sobre la absurda gestión que se ve obligada a hacer una viuda para cobrar la pensión de su esposo fallecido.

Cincuenta años después, un extranjero se reirá por lo surrealista del argumento. Un cubano constatará que a pesar del tiempo transcurrido, la realidad ha logrado superar a la ficción cinematográfica.

Iván García

jueves, 27 de octubre de 2016

El mercado negro del pan normado


Inés sale todas las mañanas a comprar el trozo de pan que le corresponde por la libreta. Ella vive sola, está jubilada y su pensión, de apenas ocho dólares al mes, no le alcanza para comprar otro tipo de pan que no sea esa pieza de 80 gramos que le asegura el gobierno por solo cinco centavos en moneda nacional.

Un precio más que justo, pero una ración insuficiente, impuesta como “medida coyuntural” durante la crisis de los años 90, que se ha vuelto un verdadero sinsentido cuando se habla de una recuperación de los niveles de producción de harina de trigo.

En la panadería donde compra Inés los mostradores están divididos. Igual sucede en la mayoría de las 1,700 que regenta el Estado, distribuidas por todo el país. En una parte se exhiben panes, galletas y dulces relativamente bien elaborados, pero que son vendidos a precios que la mayoría de los clientes no puede pagar; de la otra, se amontona en cestas ese alimento de aspecto nada apetitoso al que todos llaman “el pan de la libreta” y que algunos prefieren dejar de comprar porque resulta incomestible.

Quienes lo elaboran, sugieren que se consuma en el momento. “Cuando pasan unas horas se pone mohoso, ácido, y es que no traen levadura de calidad ni existen condiciones para preparar el pan como debe ser. Por eso huele a petróleo. Los equipos son viejos y la harina que traen para el pan normado no es buena. La harina para los panes en venta libre está un poco mejor”, asegura Pedro Luis, panadero de la barriada de Mantilla, en Arroyo Naranjo.

Sin embargo, un cliente de la misma panadería interrumpe a Pedro Luis con una réplica: “Eso no está bueno ni para hoy ni para nunca. Yo ni siquiera se lo doy a los puercos, capaz que se mueran. El pan lo hacen para botarlo. Es un crimen cómo se bota harina en este país y solo para decir que te dan un pan diario. Eso no hay quien se lo coma. Es mejor que lo quiten ya”.

La mala calidad del pan es un tema que se reitera, sin solución, en la prensa nacional, tanto en la oficialista como en la alternativa. Las respuestas institucionales al problema son demasiado vagas y casi siempre consisten en desplazar culpas de un lugar a otro.

Véanse al respecto reportajes periodísticos como el publicado el 10 de junio de este año en el periódico Escambray, de Sancti Spíritus, donde la cadena de justificaciones de directivos y “cuadros del gobierno” se dilata en una maniobra para eludir el problema esencial, mientras salen a flote las contradicciones, divulgadas en otros medios de prensa oficiales.

El día anterior, el programa televisivo Mesa Redonda había dedicado el tema a la producción de alimentos. Entre otras cosas, se elogiaba la calidad del trabajo en los molinos de la provincia de Cienfuegos, algo que contrasta con el artículo de la periodista espirituana, donde se ponen al descubierto las deficiencias de ese centro de producción y el mal funcionamiento de los organismos estatales encargados del aseguramiento de la materia prima para la elaboración del pan normado.

En el mismo programa televisivo del 9 de junio, del cual se publicó un resumen en el sitio Cubadebate, Betsy Díaz Velásquez, viceministra del Ministerio de la Industria Alimentaria, hablaba, en un mismo segmento, de las producciones de pan y de cerveza.

Sobre el pan apenas dedicó un centenar de palabras, y todas para reiterar lo que es vox populi (robo de materias primas, tecnologías obsoletas, indisciplinas laborales), sin exponer estrategias efectivas que solucionen los problemas ni hablar de un posible incremento de la cuota de pan establecida durante el llamado Período Especial.

Sin embargo, al referirse a la cerveza, se extendió en detalles sobre los propósitos de incrementar la producción para satisfacer la demanda interna y la posible exportación, así como los ambiciosos planes de inversión extranjera, como si la bebida formara parte de los llamados “artículos de primera necesidad”.

“Convertir los debates más peligrosos en una disquisición infinita es una estrategia que no le ha fallado al sistema”, afirma Miguel Ángel Noda, economista y exfuncionario del Poder Popular: “Se identifican los problemas pero, si no hay solución o no se desea dar una, entonces vienen esos discursos donde sólo se apela a la buena voluntad de la gente. El problema del pan no es sólo el problema de la harina y la grasa: es el gran problema del mercado negro donde nadie quiere meter la mano, ni la misma policía; porque si lo desarticulas, todo se viene abajo. Elimina el mercado negro y verás que el gobierno se cae al instante. Miles de funcionarios y directivos pedirán la baja y se marcharán del país y otros millones de trabajadores se irán a sus casas porque ya no tienen nada que robar”.

En todas las esquinas de La Habana abundan los puestos de ventas particulares, algunos de ellos ambulantes, donde se ofrecen variadas elaboraciones de panadería. Panes, galletas, dulces finos, son vendidos incluso a las puertas de los comercios estatales donde se distribuye el pan normado. También los negocios privados de pizzerías y dulcerías se han incrementado a más de dos mil tan solo en La Habana, en los últimos años; aun cuando las licencias obligan a los dueños a comprar sus materias primas en las tiendas recaudadoras de divisas donde el kilogramo de harina de trigo cuesta poco más de un dólar, un precio excesivo que hace pensar en el modo ilegal en que funcionan la mayoría de estos establecimientos de los emprendedores cubanos, incluidos los llamados “paladares”.

Julio Hernández, exadministrador de una panadería estatal, explica algunos de los mecanismos que alimentan el mercado negro de la harina de trigo y las grasas destinadas a la elaboración del pan normado: “No es totalmente cierto que es en las panaderías donde se roba toda la harina y la grasa. Ya desde el molino comienza la parte grande del problema. En las panaderías la harina y las grasas están controladas y a un panadero le es más rentable sacarle dinero haciendo sus producciones particulares que vendiendo el saco (de harina de trigo) en 600 u 800 pesos (entre unos 25 y 35 dólares). ¿Cuánto dinero le toca de ahí si tiene que pagarle a un montón de gente?”

“Los que tienen grandes negocios de pizzas y dulcerías buscan la harina en los molinos de Regla, en los almacenes o les pagan a los camioneros. En primer lugar tienen mejor harina que la que nos llega a la panadería, que es muy mala, y en segundo lugar, los chismosos tienen los ojos puestos en la panadería porque piensan que ahí está la mata del robo y están equivocados. Los periodistas la emprenden contra el panadero, pero olvidan que existe toda una cadena infinita de gente entre los molinos y ellos”, añade Hernández.

No obstante, hay quienes afirman que una buena parte de la harina de trigo empleada en los negocios particulares sí proviene de las panaderías donde se elabora el pan normado. Regulación que, como todas, ha abierto las puertas y sostiene todo el mercado negro asociado. El dueño de un pequeño centro de elaboración de panes y dulces en Arroyo Naranjo afirma que toda la materia prima que utiliza la obtiene de allí.

“Los camioneros descargan más sacos de los que corresponden. Son los almaceneros de las panaderías quienes venden y después se arreglan con los camioneros, y éstos, a su vez, le pagan a los del molino, al CVP (custodio) que se hace el de la vista gorda y a todo el que está en la cadena. Yo compro directo en la panadería, incluso me lo traen hasta aquí. El precio varía, hay veces que baja a 500 (pesos cubanos, 20 dólares), otras está en 800. Pero ya en más de 1,000 pesos no vale la pena comprarlo. Por eso cuando baja a 400, la gente que tiene negocios compra bastante, y entonces vuelve a faltar la harina en la panadería y el pan sale malo, algo que nos conviene a todos, porque si no, la gente no viene a comprarnos el pan a nosotros. Al mismo panadero le conviene hacer malo el pan, porque eso es negocio para él. Hay que vivir en Cuba para entender las ‘cosas buenas’ del socialismo”.

Para la confección del pan normado de un año, tan solo en La Habana se necesitan alrededor de unas 100 mil toneladas de harina de trigo, un volumen considerable si se tiene en cuenta el total de la producción actual de la industria molinera cubana, de unas 500 mil toneladas al año, según datos publicados por el Ministerio de la Industria Alimentaria. Aun así, la venta de panes y dulces en el mercado paralelo se incrementa, mientras la producción de pan normado continúa regulada y disminuyendo los estándares de calidad.

Teniendo en cuenta el número creciente de panaderías, pizzerías y dulcerías particulares -con licencia o sin ella- que operan actualmente en Cuba, más la producción estatal liberada, se puede deducir que el consumo de harina de trigo para panificación alcanza una cifra que rebasa la cantidad destinada para esos fines, lo que hace pensar en otras fuentes que abastecen ese mercado subterráneo que para algunos es, más que el “enemigo”, el verdadero sostén de la empresa estatal socialista.

Texto y foto: Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 16 de junio de 2016.

lunes, 24 de octubre de 2016

El declive del café en Cuba


El café, arbusto de las regiones tropicales, del género Coffea, al igual que el ganado, arribó a Cuba procedente de La Española. Lo trajo Don José Antonio Gelabert en 1748, quien fundó el primer cafetal en el Wajay, poblado en las afueras de La Habana.

En 1760 la oligarquía habanera se proyectaba hacia un nuevo objetivo: hacer de Cuba la primera productora mundial de azúcar y café. A ese propósito coadyuvaron las características del suelo cubano, apropiados para el cultivo del grano, suficiente tierra donde producirlo y la revolución de Haití en 1791, que hizo huir a miles de colonos franceses poseedores de conocimientos, que arribaron a Cuba y se establecieron en la región oriental del país, especialmente en zonas montañosas de Santiago de Cuba, Guantánamo y Baracoa, donde fomentaron grandes cafetales y hoy se produce más del 85 por ciento del café nacional.

Gracias a ese impulso, las plantaciones cafetaleras se extendieron, tal y como evidencian los siguientes datos: en 1803 había en la Isla unas 108.000 matas de café, y en 1807 pasaban de 1.110.000; las exportaciones aumentaron diez veces entre 1790 y 1805; y Cuba llegó a imponer los precios del café en muchas capitales europeas.

En 1827 el agro cubano contaba con 2.067 cafetales, y en 1830 ya Cuba era la primera exportadora mundial de café, lugar ocupado por Haití hasta el estallido revolucionario.

La alta producción cafetalera generó la costumbre de beber café varias veces al día, lo que devino signo de identidad en la vida cotidiana de los cubanos. Esa costumbre, devenida cultura, se manifestó en el aumento de la demanda a un ritmo tal que obligó a dedicar la producción nacional al consumo y recurrir a la importación para suplir el déficit del grano.

A partir de 1925, los gobiernos dictaron varias medidas proteccionistas que contribuyeron a modificar la relación entre producción e importación. En 1930 Cuba logró cubrir nuevamente la demanda interior y comenzar la exportación. Según fuentes del Ministerio de la Agricultura, en la década de 1940, Cuba era otra vez la principal exportadora de café del mundo.

Las medidas gubernamentales y los esfuerzos de los cafetaleros cubanos se manifestaron en el aumento de la producción. En 1946 la cifra fue de 573.713 quintales (26.390,7 toneladas); en 1951 llegó hasta 714.000 quintales (32.844 toneladas); y tuvo su apogeo en la cosecha cafetalera 1960-1961, cuando el país alcanzó las 60.000 toneladas. Cincuenta años después de ese resultado, la zafra de 2010-2011 descendió hasta 6.000 toneladas (diez veces menos).

El efecto de tan alta reducción fue tratado por el presidente del Consejo de Estado, general Raúl Castro, en la Asamblea Nacional del Poder Popular el 18 de diciembre de 2010: "En el próximo año no podemos darnos el lujo de gastar casi 50 millones de dólares en importaciones de café para mantener la cuota que hasta el presente se distribuye a los consumidores, incluyendo a los niños recién nacidos. Se prevé, por ser una necesidad ineludible, como hacíamos hasta el año 2005, mezclarlo con chícharo, mucho más barato que el café, que nos cuesta casi tres mil dólares la tonelada, mientras que aquel (el chícharo) tiene un precio de 390 dólares."

En la siguiente zafra, la de 2011-2012, sin tomar en cuenta todos los factores que intervinieron en el declive, las autoridades gubernamentales dictaron algunas medidas que lograron un crecimiento productivo.

Se produjeron 7.100 toneladas (1.100 toneladas por encima de la zafra precedente). Sin embargo, una de esas medidas consistió en extender el tiempo de la cosecha por encima de lo habitual, con el consiguiente perjuicio para la zafra siguiente. A pesar del costo pagado para lograr ese crecimiento, a ese ritmo, de forma sostenida, se requerirían 48 años para igualar las 60.000 toneladas de 1960-61.

Los hechos se encargaron de demostrar la insuficiencia de las medidas dictadas para un crecimiento sostenido. Por ejemplo, en el municipio Niceto Pérez, de Guantánamo, uno de los mayores productores del grano, la producción descendió en más de dos terceras partes.

Una vez más, en lugar de atacar las causas esenciales se acudió al inútil recurso del llamamiento ideológico. El 20 de septiembre de 2012, Orlando Lugo Fontes, entonces presidente de la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores (ANAP), llamó a realizar una zafra cafetalera organizada. Pero el desinterés de los productores, el envejecimiento de las plantas y la prolongación del tiempo de cosecha se encargaron de hacer inútil la arenga del dirigente campesino. El resultado fue una nueva caída de la producción cafetalera.

Durante la cosecha 2013-2014 la producción descendió a 6.105 toneladas, una cantidad inferior a la del año anterior y diez veces menos que la de 1960-61. Fue una cifra insuficiente para cubrir la demanda nacional, lo que obligó, como había ocurrido en los primeros años del siglo XX, a comprar café en el mercado exterior para completar el consumo nacional; y como también había sucedido en 2010 y 2011, años en que hubo que importar 18.000 toneladas, con un costo de decenas de millones de dólares.

Para la cosecha 2014-15, dos de las provincias orientales del país pronosticaron que el resultado variaría muy poco respecto a la zafra precedente. Sin la voluntad necesaria para destrabar las relaciones económicas, el Estado ha tomado un conjunto de medidas para elevar la producción en la presente zafra 2015-16 hasta 15.000 toneladas, cifra que, de alcanzarse, todavía seguiría muy lejos de las 24.000 que necesita el país para consumir y exportar.

El control monopólico del Estado, los precios de acopio, las innumerables restricciones a que son sometidos los productores, las restricciones para comercializar una parte de la cosecha fuera del compromiso que le impone el Estado, las relaciones de propiedad de la tierra, la inexistencia de un modelo económico capaz de producir con eficiencia y el miedo del Estado a la formación de una clase media, están entre las principales causas del declive cafetalero en Cuba.

La más clara manifestación de ausencia de voluntad política para revertir el declive ha sido la respuesta negativa de la ANAP (sin consultar a los productores) al anuncio realizado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, de permitir la importación de café cubano a ese país directamente por los productores.

Con esa voluntad característica del totalitarismo y eludiendo las verdaderas causas, el Gobierno cubano insiste, infructuosamente, en producir para el año 2020 unas 24.000 toneladas de café.

Dimas Castellanos
Diario de Cuba, 14 de junio de 2016.
Foto: Tomada de My Picadillo.

jueves, 20 de octubre de 2016

Productos lácteos: privilegio para pocos


Hubo que esperar cinco meses para que la Oficina Nacional de Estadística e Información, diera a conocer la producción de leche del pasado año.

Según el informe titulado Sector agropecuario, indicadores seleccionados (enero-diciembre de 2015) en su apartado Producción de leche fresca de vaca, ésta fue de 479 500 000 litros. Esa cantidad representó un déficit de 91 500 000 litros con relación a lo producido en 2014, que fue 571 000 000 litros.

No hay información de cuál fue el destino de esa producción de leche, pero se conoce que la mayor cantidad se utilizó como materia prima para para producir yogurt, queso, helados y, en menor cantidad, mantequilla y leche condensada.

Desde hace bastante tiempo, los medios oficiales no informan acerca de la leche fresca que se destina para su distribución en las bodegas a niños menores de siete años. Se sabe que los menores en Cuba, luego de esa edad, dejan de recibir la ración regular de leche.

Por su parte, del suministro de leche a las Tiendas Recaudadora de Divisas (TRD), se encarga la empresa La Estancia, perteneciente al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En las TRD, el precio de un litro de leche es 2.40 pesos convertibles (cuc), el kilogramo de queso amarillo fluctúa entre 3 y 4.50 cuc, el yogurt, cuando aparece, hay que pagarlo entre 1.90 y 2.00 cuc el litro. Las bolsas de plástico selladas con capacidad para un litro cuestan 0.70 centavos de peso cuc.

Asimismo, la mantequilla y la leche condensada de producción nacional, en los meses transcurridos del presente año, han brillado por su ausencia en las TRD. Y la poca cantidad que se vende es de importación. La lata de leche condensada cuesta 1.20 cuc, y los paquetes de mantequilla, 0.90 centavos de cuc.

El pasado mes de mayo, el diario Granma publicó un reportaje titulado Industria láctea: con el peso de los años y otras carencias a cuestas, en el que se analizaba el estado ruinoso en que se encuentra esta industria. El trabajo fue acompañado por un gráfico comparativo de las producciones de la industria láctea entre los años 2014 y 2015, donde aparece la producción en toneladas de leche fluida, yogurt, yogurt de soya, leche condensada, queso, mantequilla y helado, este último en galones.

La mayor producción reportada en 2015 fue de leche fluida: 130,401 toneladas. De yogurt de soya se produjeron 148,800 toneladas; de yogurt de leche de vaca, 22,036 toneladas; de queso, 17,293 toneladas; helados, 15,289 galones; leche condensada, 696 toneladas y mantequilla 738 toneladas.

El yogurt de soya se vende de manera normada en las bodegas a los niños menores de siete años y cuesta un peso el litro. El helado se destina a la red de heladerías y su precio oscila entre cinco y doce pesos, de acuerdo a la cantidad de bolas de helado. Los restantes productos que elabora la industria láctea hay que pagarlos en pesos convertibles, pero no siempre los hay en las TRD.

Como contrapartida de la limitada producción de la industria láctea, que es incapaz de satisfacer la demanda, últimamente han proliferado pequeñas fábricas clandestinas que, sin los requerimientos sanitarios adecuados, producen yogurt y queso blanco. La leche se la suministran los campesinos, porque el litro se lo pagan a mayor precio que el Estado.

Estos fabricantes ilegales de yogurt lo envasan en botellas plásticas de litro y medio y lo venden a un cuc. El queso blanco es vendido a dos cuc el kilogramo y es comprado principalmente por los dueños de pizzerías y cafeterías.

El consumo de productos lácteos en Cuba, por sus elevados precios, se ha convertido en un lujo para unos pocos. La mayoría de los cubanos, que ganan como promedio algo más de 20 dólares mensuales, no pueden consumirlos.

Texto y foto: Osmar Laffita
Cubanet, 6 de junio de 2016.

lunes, 17 de octubre de 2016

El declive del ganado vacuno en Cuba



El ganado bovino arribó a Cuba junto al primer gobernador general de la Gran Antilla, don Diego Velázquez, procedente de La Española a principios del siglo XVI. En la segunda mitad de ese siglo, al disminuir la producción minera, la ganadería se convirtió en la principal actividad económica de la Isla y asumió su mayor crecimiento en la segunda mitad del XVII, cuando fue desplazada por la producción de tabaco.

Su punto de partida estuvo en la distribución de la tierra realenga, es decir del Rey, que comenzó a distribuirse entre los primeros colonizadores, quienes fueron confirmados como dueños a partir del año 1520. Así, durante la colonia casi todas las villas cubanas se dedicaron a la cría extensiva del ganado y a su comercialización, incluyendo el comercio de contrabando con otras islas del Caribe, como ocurrió en San Salvador de Bayamo y la villa de la Santísima Trinidad.

Durante el siglo XIX el crecimiento del ganado recibió un impacto negativo con las tres décadas de guerras independentistas entre 1868 y 1898. Durante la República, fundada en 1902, la producción de carne y de leche bovina creció paulatinamente en provincias como Camagüey, a la vez que se instalaron fábricas cubanas y extranjeras en varios puntos del país, como las de la compañía suiza Nestlé en Bayamo y Sancti Spíritus. Según el censo realizado en 1946, en Cuba había 4.116 millones de cabezas de ganado vacuno y una población que no superaba los 5,5 millones de personas.

La ganadería y sus derivados constituyeron hasta la década de 1950, una de las principales fuentes de ingreso de la economía nacional. Sin embargo, a partir de 1959, con la estatización de la mayor parte de las tierras y la salida del país de los ganaderos más experimentados, se produjo un deterioro progresivo que se mantiene hasta la actualidad.

En 1958, cuando la producción de carne vacuna y de leche era la segunda actividad económica agrícola después de la caña de azúcar, la cantidad de ganado vacuno y de habitantes observaban cifras similares (unos seis millones en ambos casos). Es decir, la proporción de cabezas de ganado por habitante, en los 12 años que separan a 1946 de 1958, se elevó de 0,74 a 1,0. Un ritmo de crecimiento que, de haberse sostenido, hoy la cifra estaría alrededor de 11 millones de cabezas de ganado. Ocho años después, en 1967, el Control Nacional de Registro Pecuario reportó más de siete millones de cabezas de ganado, cuando la población era de 8,2 millones, lo que arroja un descenso de 1,0 a 0,87 cabezas por habitante.

En ese momento, Fidel Castro, imbuido de un voluntarismo extremo, empeñado en convertir a Cuba en la Suiza de América (olvidando que antes de él, en los años 40, un político cubano había expuesto un proyecto con similares objetivos y Orestes Ferrara* le preguntó que con cuántos suizos contaba para sacar adelante su proyecto), decidió someter el ganado bovino a un desacertado cruce genético.

La raza Holstein, de alta productividad lechera, se cruzó con la raza Cebú, gran productora de carne. El objetivo del cruce era crear una nueva raza capaz de producir al mismo tiempo abundante carne y leche. Con ese fin se importaron miles de novillas Holstein, sementales y semen congelado de Canadá, se creó una organización nacional que formó un ejército de técnicos en inseminación, se creó un sistema de vaquerías dotadas con ordeño mecánico y aire acondicionado. Sin embargo, el mayor acceso de la población a la leche dependió, durante diez años, del Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, que suministró leche gratuitamente.

El resultado de los cruces fue un animal físicamente débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne y leche, lo que unido al desinterés que generó la estatización de la propiedad agrícola, la incapacidad administrativa, los salarios insuficientes, las prolongadas sequías, las miles de hectáreas de tierra invadidas por plantas indeseables como el marabú, generaron el declive de la producción ganadera, agudizada por la pérdida de las subvenciones del desaparecido campo socialista.

Para recuperar la producción, en noviembre de 1997 se promulgó el Decreto Ley 225, el cual, al margen de las causas esenciales del declive, se concentró en las medidas represivas. Entre ellas: multas de hasta 500 pesos al dueño de ganado que se le perdiera un animal; prohibición para sacrificarlo y disponer de su carne; multas y penas de hasta de tres años de privación de libertad si el propietario no declaraba los terneros nacidos en los 30 días posteriores al parto, por tenencia ilegal de ganado; la obligatoriedad de vender los animales solo al Estado, a precios determinados por éste; y si era hembra solo podía matársele si el animal sufría un accidente. Esto último explica que algunos dueños provoquen accidentes de sus reses como pretexto para sacrificarla.

Según datos ofrecidos por el fallecido economista Oscar Espinosa Chepe, al cierre de 2010 el ganado vacuno tenía 3.992.500 cabezas, un 2,5 % superior al año anterior, pero por debajo de los 4,1 millones existentes en 1990, y mucho menos que los 7,2 millones en 1967. Mientras la cifra aproximada de cuatro millones de cabeza de ganado, con una población de unos 11,2 millones, arroja 0,35 cabezas de ganado por habitante, la peor en los últimos cien años.

Para empeorar la situación, a principios de 2016 la prensa oficial informó de la muerte de miles de cabezas de ganado por falta de comida y agua. A catástrofe, se unen los miles de animales que son sacrificados ilegalmente (solo por esa causa, en 1988 se reportó la pérdida de 48.910 reses). Lo que se contradice con el año 1958, cuando el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales y el consumo no estaba racionado, no se exhibía el sacrificio ilegal de forma generalizada. Como ocurre ahora. Ese deplorable cuadro de la ganadería nacional obliga a erogar cada año sumas millonarias para comprar en el exterior lo que se puede producir en Cuba. Entre 2006 y 2009 esas compras alcanzaron 737, 4 millones de dólares, sin contar las erogaciones para adquirir mantequilla y otros productos lácteos.

El resultado es que Cuba, con condiciones climáticas excepcionales para la crianza de ganado, con la estatización de la agricultura no solo no garantiza la carne de res para la alimentación de la población, sino que ha devenido importador de leche y de sus derivados.

Dimas Castellanos
Diario de Cuba, 6 de junio de 2016.

*Orestes Ferrara Marino (1876–1972). Militar, político, diplomático, profesor universitario y escritor de origen italiano. Coronel del Ejército Libertador cubano que ocupó una notable posición en la vida pública cubana durante la primera mitad del siglo XX. Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940.

Foto: Tomada de "Nadie quiere mi vaca".

jueves, 13 de octubre de 2016

Cuba prioriza la industria del tabaco a pesar de su nocividad


A espaldas del remozado Capitolio Nacional, en una vía estrecha donde conviven perros callejeros y cuarterías apuntaladas, se erige la vetusta Real Fábrica de Tabacos Partagás que elabora algunos de los más famosos puros cubanos.

La tabaquería es paso obligado de cualquier turista que visita La Habana. En una pequeña tienda en la primera planta, se venden puros en cajas de madera, lujosos humidores y marcas exclusivas para coleccionistas.

En un bar adosado a un mezzanini con butacones color ocre se pueden tomar mojitos o cervezas. Aquí el humo enrarece el ambiente a pesar de las advertencias colgadas en la pared prohibiendo fumar.

Desde 2014, año en que de acuerdo a cifras oficiales 36 personas fallecían diariamente en Cuba por causas relacionadas con el hábito de fumar, las autoridades verde olivo trabajan para implementar una legislación antitabaco que respalde acciones más restrictivas contra los fumadores y refuerce limitaciones comerciales a productos derivados del cigarro.

Pero la ley no tiene quórum suficiente en un país donde el tabaco es la quinta industria exportadora con un volumen que roza los 500 millones de dólares anuales.

El fin de la particular guerra fría entre Cuba y Estados Unidos en diciembre de 2014 dibujó un nuevo panorama en la industria tabacalera nacional. Algunos expertos se frotan las manos cuando sacan cuentas en la calculadora de sus teléfonos inteligentes. “Estamos hablando de un mercado, como el norteamericano, donde las previsiones a corto plazo, de levantarse el bloqueo (embargo económico), fluctúan entre 500 y 700 millones de dólares en ventas de tabaco”, expresa un funcionario que labora en H. Uppman.

Cuando se trata de dinero, en un país con finanzas en números rojos, cualquier cosa que rinda beneficios, aunque perjudique a la salud humana, siempre será un buen negocio.

“No se puede andar con remilgos. Nuestras exportaciones fundamentales, como antaño el azúcar, tabaco o ron, son nocivas a la salud, pero ofrecen un margen nada despreciable de ganancias. Cada año las ventas locales de bebidas alcohólicas baten récords de ventas. Los cigarros y tabacos también, a pesar del elevado precio y gravámenes de circulación”, indica Joel, trabajador de Brascuba, empresa mixta con capital brasileño que domina el mercado interno de cigarrillos.

En una zona cercana al puerto del Mariel, Brascuba construye una nueva fábrica que duplicará la producción de cigarrillos rubio y negro. El reciente aumento de un 10% del precio en las diferentes marcas de cigarros ofertadas en divisas, no ha provocado una disminución en las ventas.

“Después de la cerveza y el ron, las mayores ventas son de cigarros. A pesar de los bajos salarios y altos precios de los alimentos, la gente se las arreglas para fumar como si fueran chimeneas”, confiesa Lourdes, dependiente de una cafetería en la Calzada Diez de Octubre.

Incluso a los dueños de pequeños negocios familiares les resulta rentable la reventa de cigarrillos. “Tengo noches de vender hasta cien cajas de cigarros”, dice el dueño de un bar privado. Las ganancias por cada cajetilla son del 40%.

En Cuba existen normas que prohíben la venta de cigarros y alcohol a menores de 18 años. “Pero se violan constantemente. Muchos padres mandan a sus hijos menores de edad a que compren cigarros o botellas de ron. Y los dependientes, presionados por cumplir el plan de venta, o porque parte de sus ganancias se deriva de las ventas de esos productos, incumplen la normativa”, acota Marlén, inspectora estatal.

Los medios oficiales difunden spots publicitarios recordando los daños del cigarro y sus efectos entre fumadores pasivos, pero las estadísticas manifiestan el pobre resultados de esas campañas.

Fuentes del régimen aseguran que el 69% de los niños son fumadores pasivos. Más de 13 mil personas mueren cada año por enfermedades asociadas al tabaquismo en Cuba, donde los pequeños resultan los más expuestos al humo del cigarro o tabaco, según reconocen autoridades del Ministerio de Salud Pública citadas por la prensa estatal.

La doctora Patricia Varona, especialista del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología, informó que entre 1985 y 2010 en la Isla se experimentó un decrecimiento en la presencia de fumadores, pero en los últimos seis años la situación cambió. A partir de 2010 se observó un incremento de los fumadores, fundamentalmente en edades tempranas.

La doctora Varona precisó que el 15 % de la mortalidad en el país se produce por el tabaquismo, en tanto casi 1.500 personas mueren cada año por exposición al humo de tabaco.

Actualmente Cuba ocupa el quinto lugar en América Latina y el Caribe en cuanto a la prevalencia del tabaquismo, y de las 10 primeras causas de muerte, ocho de ellas están vinculados con esta adicción.

Desde luego, es un problema mundial. La Organización Mundial de la Salud apunta que la adicción al tabaco mata a más de seis millones de personas anualmente y alrededor de 600 mil pierden la vida por respirar humo ajeno.

En escuelas secundarias y preuniversitarias de La Habana es frecuente observar a adolescentes fumando. “En noveno grado llegan a fumar hasta el 60 por ciento de los alumnos y a veces fuman en el aula”, comenta una maestra.

En lugares públicos, tanto en espacios abiertos como cerrados, existen avisos prohibiendo fumar, pero los fumadores no suelen respetar esas normas.

“Tú estás en la guagua, un taxi o una cafetería y al lado tuyo siempre hay un tipo fumando un cigarro tras otro. Y no le digas nada, pues entonces te quiere comer viva. Aquí la gente ni caso le hace a los carteles. En Cuba las normas de convivencias son un relajo”, subraya Ana Luisa, ama de casa.

El perjuicio del tabaquismo llega hasta la propia casa. En cualquier familia cubana, un fumador prende el cigarro sin importarle el daño a la salud, ni la suya ni tampoco la de sus propios hijos.

“Es que después de tomar café o por la tensión de un partido de fútbol no puedo controlar los deseos de fumar”, confiesa Joan ante el regaño de la esposa por el humo del cigarrillo que afecta a su hijo de tres años, asmático crónico.

Mientras la publicidad oficial insiste en lo nocivo del tabaquismo, el gobierno amplia las capacidades para aumentar la producción de cigarros. Y en un futuro, en el hipotético caso que se derogue el embargo, exportar millones de dólares de puros cubanos a Estados Unidos

Es simple: negocios versus salud. Y me temo que casi siempre triunfa el dinero.

Iván García

lunes, 10 de octubre de 2016

33 revoluciones, libro póstumo de mi amigo Canek



Con el título Bajo la sombra del Che, Jan Martínez Ahrens, desde la capital mexicana escribió para El País una excelente crítica sobre 33 revoluciones, la edición en español del libro póstumo de Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974-México 2015).

El libro salió primero en Francia, el 1 de septiembre de 2016, publicado por la editorial Métailié. La portada de la edición francesa es muy distinta a la de la edición española. Porque le conocí bastante, creo que el diseño de la portada del libro en español le hubiera gustado más a Canek: es un disco y refleja el título, y por la bandera cubana en '33 revoluciones'.

Volviendo a la crítica en El País. No sé si Jan conoció a Canek y si lo conoció no debe haber sido muy profundamente: a su escrito no le hubiera puesto ese título. Canek odiaba, no soportaba, que siempre le estuvieran recordando que era el nieto mayor del Che Guevara.

Durante tres años (2004-2007) tuve una sincera amistad con Canek, vía correo electrónico. Muchos de los emails intercambiados en ese tiempo pueden leerse en mi blog, en una serie de siete posts titulada Un "sobrino" llamado Canek. El primero fue publicado el 2 de marzo de 2015 y el último el 16 de marzo.

También publiqué textos inéditos suyos, como el proyecto El Cubo. O el cuento La espiral de Guacarnaco. Igualmente, podrán leer el manuscrito de una carta, donde se aprecia la letra pequeña e íntima de Canek. La carta venía dentro de un paquete que desde Burdeos él y su mujer me enviaran en diciembre de 2005, y en el cual, entre otros presentes, venía una lata amarilla vacía para guardar café, que todavía sigo usando y se puede ver en ese mismo post, junto a cuatros fotos hechas por Canek.

En El blog de Iván García y sus amigos se reprodujeron dos artículos de Canek: Un infante para una difunta HabanaTransición a la cubana, y "Adoro el anonimato", la entrevista que en 2005 me concediera vía email.

Canek demoró un poco en responderme el cuestionario. Estaba viviendo sus últimos días en Oaxaca y se encontraba en los preparativos para viajar a Francia y estar presente en el nacimiento de su primer retoño, fruto de su relación con Noèmie, pintora francesa. Creo que Emil fue su único hijo, ya cumplió 10 años y espero que pueda crecer en el anonimato, sin el cartelito de 'bisnieto del Che'.

Educado en la austeridad y enemigo de la ostentación y el lujo, a Canek le gustaba conocer personas sencillas y sinceras, caminar entre la gente, fuera en La Habana, México, Barcelona, Francia, Italia... Disfrutar de la lectura, la naturaleza, la música, el cine y el arte. Fotografiar una rosa helada con la misma ternura con que retrató a su pequeño Emil. Por eso hoy se hubiera sentido como niño con zapato nuevo al ver publicado su primer y probablemente último libro.

Tania Quintero

Foto: Portada del libro tomada de Amazon.es.