domingo, 20 de noviembre de 2011

Del modo que aprendieron


En una encuesta realizada hace varios meses a 110 asistentes a un debate de la revista Temas sobre el Período Especial, 80% de las respuestas consideraron que además de su desastroso impacto en la economía, constituyó “una crisis de valores éticos”. La mayoría de los que opinaron así eran mayores de 35 años. El 50% de los menores de esa edad no tuvo en cuenta la repercusión ética del Período Especial en la población cubana.

Es lógico que no hayan reparado demasiado en ello. Los que hoy son jóvenes, nacieron o pasaron su niñez entre las colas para conseguir comida, los apagones, las guaguas que no pasaban, las jineteras que buscaban un “yuma” que las sacara del país, la gente que se lanzaba al mar en cualquier artefacto que flotara .

Vieron a sus padres dejar sus trabajos porque lo que les pagaban no alcanzaba ni para mal comer y buscar otro empleo donde hubiera “búsqueda” -ese piadoso eufemismo para el robo al estado.

Mientras buscaban la forma de mantener a su familia a como diera lugar, evadían al jefe de sector y los chivatos del CDR, jugaban números en la bolita que por obligación nunca salían, maldecían su suerte y buscaban refugio en los santos que no escuchaban y el alcohol que poco a poco los mataba.

Algunos muchachos tuvieron que virar la cara cuando vieron prostituirse a sus madres y sus hermanas. Comprendieron lo adecuado de no preguntar jamás de donde salía lo que había en la mesa o la ropa de marca que le regalaban en su cumpleaños. Es duro saber que mamá puso a putear a su hija -que es tu hermana- o aceptó sin cuestionamientos su dinero para reparar la casa.

Pero entonces, piadosamente, putear dejó de ser eso para convertirse en “luchar”, que también podía ser sinónimo de carterear, estafar en el juego de las chapitas o vender marihuana. Y así muchos, convertidos en sinvergüenzas todo terreno, se ahorraron los complejos de todo tipo y los remordimientos.

Esas historias deprimentes se repetían entre los menos afortunados, que eran la mayoría. Los hijos de papá sufrían menos experiencias desagradables. A ellos llegaban, si acaso, sólo las anécdotas de sus compañeritos de la escuela, que andaban con los zapatos rotos y sólo tenían para merendar, a la hora del receso, pan con aceite (si había aceite) y agua con azúcar.

Como vivían rodeados de varias morales, los muchachos decidieron finalmente hacer lo mismo que sus papás: vivir sin ninguna. Así, aprendieron temprano a simular y perder los escrúpulos. No tuvieron otra opción que sumarse al sálvese el que pueda. Para ellos, fue natural hacer lo que observaron desde la cuna. Pero lo hicieron sin las limitaciones que frenaban a sus padres, que tanto teque tuvieron que escuchar y apariencias que guardar.

A los jóvenes de ahora mismo, cínicos y descreídos como son, no se les puede venir con teques. No hace falta. Si no son buenos simuladores, basta con que obedezcan. Y si se atreven a chistar, que no sea demasiado alto.

En Cuba la nueva generación es cada vez más diversa y compleja. Una parte de ella es instruida y calificada. La otra vive al borde de la marginalidad o está de cabeza metida en ella. Pero todos tienen mayores expectativas que sus mayores y reclaman nuevos derechos -libertades públicas, trabajos mejor remunerados, más calidad de vida, más comunicación con el mundo- que el régimen es incapaz de concederles porque iría contra su propia supervivencia.

Ellos se las arreglan para lograr esos derechos: con una balsa o una visa norteamericana del bombo, un amante extranjero, un empleo en una empresa de capital mixto o en el turismo, una carta de invitación, un trabajo por cuenta propia, una paladar, un pariente en el exterior que les envíe dólares, un libro o un disco bien editado, una obra de arte bien vendida… De cualquier forma que no implique un choque frontal con el régimen, porque le temen más a la llamada de los segurosos en la puerta que a los tiburones del Estrecho de la Florida.

Estos hijos y nietos de la revolución protagonizarán la transformación post-totalitaria de la sociedad cubana. Sólo que lo harán -de hecho, ya lo hacen- de la forma que aprendieron. Y eso no es exactamente una buena noticia. Digo, al menos para los que soñamos con un país decente.

Luis Cino
Blog Círculo Cínico.

sábado, 19 de noviembre de 2011

"Inventando" para vivir


La economía sumergida constituye la fuente principal de ingresos de la gran mayoría del pueblo cubano. Las otras fuentes caen en ese islote de capitalismo que son las corporaciones y firmas extranjeras, y de la que forman parte una nueva clase de inusitada fuerza, básicamente conformada por ex militares, familiares de dirigentes, y personas de absoluta fidelidad al régimen. Al menos de palabra, pero todos marcados por un mismo denominador: son militantes del partido o la juventud comunista.

Esta nueva "clase empresarial", que no en todo los casos ha estudiado marketing, tiene en los carnés rojos documentos sagrados que suelen ayudarles a obtener ciertas ventajas materiales en comparación con el resto de sus compatriotas. Otro modo "privilegiado" de subsistir es gracias a las remesas familiares que según estimados rondan los mil millones de dólares anuales.

Como se puede apreciar, en Cuba se vive gracias a la generosidad de "gusanos" (exiliados), y jineteras (prostitutas), que desde el exterior religiosamente envían divisas a familiares y amigos.

Según fuentes oficiales, los poseedores de moneda dura constituyen la tercera parte de la población cubana. ¿De qué vive el resto? Al menos en la capital, en una encuesta realizada a 71 ciudadanos que no reciben dolares, 62 dependen de la economía sumergida. Los nueve restantes viven de su salario, y confesaron estar pasando las de Caín para vivir. O más exactamente, para sobrevivir.

A ciencia cierta no se sabe el monto del dinero que mueve esta peculiar economía, pero en opinión de Jorge Pérez, financista retirado, es una cifra superior a los 5 mil millones de pesos. La economía sumergida tiene varias vertientes, algunas legales como el trabajo por cuenta propia y los mercados campesinos y otras marginales, ilegales. Casi un 90 por ciento de la materia prima utilizada por albañiles, artesanos, decoradores, electricistas, etc, provienen de robos y desvíos de almacenes estatales. Si hoy por la ciudad ruedan carros americanos de los años 40 y 50, no es tanto por las argucias de mecánicos populares, como a la sustracción de piezas de repuesto de autos rusos, "obtenidas" en almacenes estatales. Igual ocurre con la gasolina.

Otro renglón que sobrevive gracias al pillaje en empresas estatales, es el de las cafeterías y restaurantes particulares. Aunque aparentemente existe una desleal competencia entre la gastronomía oficial y la particular, la fuente de suministros de la segunda, en muchos casos, proviene de las despensas de restaurantes, quioscos y panaderías del gobierno.

Jesús Ortiz, 56, es dueño de un viejo camión General Motors fabricado en 1945. Si su vehículo no es un objeto museable es debido a la paciencia de Jesús que durante 17 años, con una tenacidad de hormiga, ha armado un potente motor con piezas de viejos camiones rusos marca Zil, Maz-500 y Kamaz. Todo esto por supuesto, no cayó del cielo, y sus buenos miles de pesos le ha costado. Ortiz arrienda su simbiosis camionera a una terminal de ómnibus que cobra 60 centavos por pasajeros, y aunque tiene que pagar impuestos, puede vivir y comer "decentemente" (léase arroz, frijoles, vianda, y de vez en cuando un pedazo de puerco). Negro y creyente, Jesús confiesa que todas las mañanas reza a sus orishas "para que no se rompa el artefacto y mis negritos puedan seguir comiendo".

La historia de Dulce Miranda, 52, secretaria, es distinta. Hace tres años fue "racionalizada" -término usado por el gobierno cuando se ve obligado a recortar las plantillas laborales. Con el dinero ahorrado en el banco por ella, su esposo y sus dos hijos, abrió una "paladar". Al principio trató de no comprar nada en la bolsa negra y vivir acorde a lo establecido. Pero fue imposible. "Los impuestos crecían como la espuma, al igual que las trabas legales. Un día se te aparecían con un reglamento que no podías vender carne si no la comprabas en la "shopping". Otro día, que tampoco pescados y mariscos. Así fueron agregando el queso, las bebidas alcóholicas, el azúcar, y me dejaron sin opción. Porque si subía los precios, perdía clientes y quebraría".

Por tanto, Dulce decidió arriesgarse y vivir como la mayoría: al margen de la ley. Actualmente tiene buenos proveedores, personas que trabajan para el turismo y le ofertan una larga lista de artículos a precio módico y de la misma calidad ofrecida en un hotel cinco estrellas. "La otra solución, la que propuse a mi familia, vivir acorde a lo establecido, fue rechazada, porque es incosteable".

Con ella coincide ese porcentaje de la población que no recibe los beneficios del dólar y tiene que subsistir a base del "invento", ese producto paralelo de la economía sumergida cubana.

Iván García
Cubafreepress, 18 de mayo de 1998
Foto: Realizada por la periodista brasileña Carol Jardim durante su visita a La Habana en septiembre de 2011.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Embargo: es el momento de tomar decisiones


La política de Estados Unidos hacia Cuba vuelve al debate. La disidencia cubana se divide fundamentalmente en los que están a favor y en contra del embargo. Cada cual aporta sus razones, pero pocos toman en consideración la ventaja que representaría la eliminación de esta medida en la preservación de su libertad personal.

Es difícil que un disidente ignore la vigencia de la Ley Mordaza, la No. 88, que protege “la Independencia Nacional y la Economía de Cuba”. La norma que sanciona los “hechos dirigidos a apoyar, facilitar o colaborar con los objetivos de la Ley Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica”.

Significa esto entonces que la eliminación de la ley Helms-Burton dejaría sin fundamento la norma que considera toda declaración o actividad que cuestione las políticas comunistas dentro de la Isla, como subversiva y perturbadora al orden público, promovida y estimulada por el gobierno de Estados Unidos.

Acciones tan sencillas como hablar por teléfono con la emisora radio Martí, reportar un hecho acontecido dentro de la isla, opinar sobre políticas gubernamentales, publicar en un diario extranjero o participar en una manifestación pacífica, son causas suficientes para sufrir entre 2 y 15 años de prisión o multas entre 50 mil y 250 mil pesos.

La sanción puede aumentar hasta 20 años, entre otros motivos, si se utilizan o aceptan recursos financieros procedentes del país norteño, o las autoridades cubanas consideran que el hecho puedo causar perjuicios a la economía nacional; o si el gobierno estadounidense adopta represalias contra entidades, cubanas o extranjeras, o contra alguno de sus dirigentes o familiares.

Al parecer, el tiempo que sufrieron prisión 75 disidentes, víctimas de la aplicación de esta Ley, no ha sido suficiente, para entender que es el momento de tomar decisiones sobre el embargo, pensando en el pueblo cubano y no en el gobierno. Se agradece la presión y solidaridad internacional a favor de los presos, pero eso no evitará que en el futuro más disidentes sufran cárcel por el mismo motivo.

También hay sanciones para aquéllos que distribuyan medios financieros, materiales o de otra índole, procedentes de Estados Unidos, incluyendo los europeos que se solidarizan con la oposición y que, según el gobierno cubano, también contribuyen con la política norteamericana.

El caso de Alan Gross demostró que, incluso activistas de los derechos humanos, corren riesgos cuando entran en la isla para ayudarnos. No comprendo las posiciones encontradas. ¿Será que hacen falta más presos?

Puedo entender que los que están fuera deseen con ansias la llegada de la democracia a Cuba, e incluso que resulta fácil pedir un reforzamiento de las medidas del embargo, si no es uno el que arriesga el pellejo.

A quienes no comprendo son a los que están adentro y piden lo mismo. ¿Será que quieren convertirse en héroes?

En lo personal, prefiero la libertad en todo el sentido de la palabra y la posibilidad de estar presente cada vez que mi hijo me necesite.
Laritza Diversent

jueves, 17 de noviembre de 2011

Radio Martí


Nacida el 20 de mayo de 1985, Radio Martí ha sido en estos 26 años una verdadera manzana de la discordia.

Vilipendiada por el gobierno cubano con artillería mediática de grueso calibre e interferida por técnicas electrónicas, sobre todo en La Habana. Cuestionados sus gastos y eficacia por el Senado y el Congreso de Estados Unidos, líos de corrupción interna y una programación que años atrás mermó notablemente, no ha sido óbice para que la emisora sea un canal informativo diferente para muchos cubanos y una tribuna única de la disidencia, periodistas independientes y blogueros.

En estos 26 años ha habido excelentes espacios, conducidos por profesionales de calibre. Entre otros, recuerdo a Clara Domínguez, Angélica Mora, José Luis Ramos, Amado Gil, Edemio Navas, Rolando Cartaya y Álvaro de Insúa.

Por las ondas hertzianas, pese al ruido insoportable de la interferencia, se ha podido escuchar puntos de vistas y criterios sobrios de Carlos Alberto Montaner, Michel Suárez, Rafael del Pino, Alcibíades Hidalgo, Raúl Rivero o Elías Amor.

Después que en septiembre de 2010 el abogado cubanoamericano Carlos García-Pérez asumió la dirección, la programación y página web, Radio Martí han dado un salto de gigante.

Lo más escuchado sigue siendo el clásico beisbolero de Estados Unidos, en el mes octubre. Los play-offs finales son seguidos por una enorme audiencia. La causa es simple. En el país no se transmite béisbol de las Grandes Ligas.

En sus inicios, innumerables personas de la Cuba profunda se engancharon a Radio Martí gracias al culebrón El derecho de nacer, de Félix B. Caignet, y a dos programas conducidos por Carlos Quintela, Por tus montes y caminos y A mi manera.

La emisora debiese recuperar la transmisión de radionovelas. En pleno siglo 21, en la isla siguen siendo muy populares, sobre todo por amas de casas y jubilados. Encuestas locales arrojan que el lugar cimero en la radio nacional lo ocupan los folletines radiofónicos.

En las noticias, Radio Martí ha tenido un avance notable. Se enfoca lo que es realmente noticioso. Se es cuidadoso con las declaraciones de algunos periodistas de barricada, quienes tienden a exagerar y hasta mentir al dar sus informes.

Lo hacen por ingenuidad, mala fe o siguiendo un guión predeterminado por los servicios especiales, al estilo del topo Serpa Maceira. A no dudar, la emisora radicada en la Florida ha sido un objetivo primario de la inteligencia cubana.

Dentro de su empleomanía han infiltrado a sus espías. El gobierno de verde olivo sabe lo que se juega. Y el papel que desarrolló la radio en Europa del Este. No obstante el paso aplastante de la televisión e internet, la radio es un medio de comunicación esencial en países autocráticos.

Por muchas razones. El bajo costo de un aparato que si además es pequeño y de baterías, se puede llevar en un bolsillo. Ahora mismo, las excelentes crónicas de Juan Juan Almeida sobre hijos y mandarines del régimen están pegando fuerte en Cuba.

Siempre fue un misterio la vida de los familiares y los excesos sociales de “la vanguardia de la revolución”. Esas crónicas sirven para reforzar la opinión callejera del discurso de doble rasero del gobierno: 'haz lo que yo digo, no lo que yo hago'.

El mérito indudable de Radio Martí, amén de ser una puerta abierta a informaciones negadas en la isla, es su nombre. El régimen ha atacado el uso del nombre del prócer y humanista. Resulta que José Martí es el paladín de ambos bandos.

Los leales a Castro lo utilizan de bandera. La oposición y el exilio también. Sin embargo, en 26 años, el tiempo que el comandante único llevaba en el poder cuando surgió la emisora, ninguna estación en Cuba había utilizado el nombre del apóstol.

Cosa rara. Fidel Castro se vanagloria de ser un ferviente martiano. Pero estaciones radiales o televisivas en la isla fueron denominadas Radio Rebelde y Tele Rebelde, que destacaban su gesta guerrillera en la Sierra Maestra.

No se le ocurrió al régimen poner a una cadena de radio o televisión el nombre del insigne cubano. Quien quiera que haya sido el de la idea se lleva las palmas. Aunque la música identificativa de la emisora, Clave a Martí, versión de una canción compuesta en 1880 por Tereso Valdés, tampoco está exenta de

La actual programación de Radio Martí es más profesional. De mantener ese patrón de calidad, volverán a recuperar oyentes. Pero, como les contaba, nunca dejará de ser una emisora incómoda al gobierno. Ya saben sus razones.

Iván García

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Entre la lujuria y el espionaje


Ahora que el General Raúl Castro se convirtió en Rey de la selva, José Ramón es la atracción más visitada en el polémico y controversial zoológico nacional.

Rebeca, una mujer delicada, católica, de simpatía singular y elegantes modales, tuvo que padecer el síndrome “déficit de atención” para hacer semejante elección. Contraer nupcias con José Ramón Machado Ventura, a quien la fábula “El águila y La serpiente” describe al dedillo.

El doctor de marras, vicepresidente primero de la República de Cuba, devenido en reptil, tiene un único hijo heredero de malolientes cualidades que, además de arrastrado y ladino, es zigzagueante.

Para Ernestico Machado, un hombre de baja estatura con manía de grandeza, y tan confundido de la vida como lo está de sí mismo, la amistad no es equipaje. Un pequeño asuntillo de identidad sin resolver, lo sobre agobia y convierte en un personaje sumamente complicado. Homofóbico extrovertido, y a la vez gay reprimido, aprendió a odiar sonriendo.

Creció observando el ejemplo de su padre, vilipendiado constantemente por Raúl, resistiendo humillaciones y agachando la cabeza en señal de aceptación. Fue penoso, traumatizante, y finalmente reconfortante. El tiempo lo gratificó, ahora que el General Raúl Castro se convirtió en Rey de la selva, José Ramón es la atracción más visitada en el polémico y controversial zoológico nacional.

Con la inteligencia de Shrek, y la agilidad de Bugs Bunny, Ernestico es la prueba fehaciente de que la Revolución es una secta en la que el ingenio no es requisito importante para ser parte de ella. Su juventud europeizada le inculcó que los cubanos hablan alto, gesticulan demasiado, y poseen una culinaria de bajísima calidad y excesiva vulgaridad. Quizás por eso este ejemplar se autodefine “vanguardia de símbolo patrio” y es además un ferviente practicante de la negrofobia, como elegante ideología de modernidad exclusionista.

Discriminación y pertenencia, otra mezcla que asimiló bien; ya no en su plantel escolar sino en su hogar de origen. Rodeado de una servidumbre negra y uniformada, que como marca de dotación, les bordaban a modo de identificación las iniciales del más honorable mástil de la ortodoxia comunista: MV, Machado Ventura.

Con su andar de húsar prusiano y vocabulario florido; tímido, emotivo, intenso e impopular, Ernesto Machado siente obsesiva predilección por los mocasines Salvatore Ferragamo sin medias. Maestro de la lisonja y las respuestas fatuas, el poder es su vedette; se retuerce cuando habla, y nadie ha podido explicar cómo pueden compartir la cama él y su nada humilde ego, que siempre oculta algún pecado. Cuentan las lenguas paganas que cuando Príapo le hace un llamado, lo sacia con prostitutos marginales a quienes luego de brindar lo que lleva en sus bolsillos, les acusa de ladrones.

Su ilustre vida de empresario estuvo marcada por comentarios de estafa, engaño, extorsión… La voz popular se escuchó con excesiva indiscreción al punto de cruzar fronteras, los informes secretos llovieron en la oficina del entonces Ministro de las FAR, y se ordenó hacer cirugía con la opinión de un policía del MININT que distraído confundió la diferencia entre honradez, osadía, inexperiencia y necedad. La versión cubana de Eliot Ness no sólo iba contra los excesos del joven Machado, también se opuso a la carrera programada de Alejandro Castro Espín como aspirante a Coronel.

Como era de esperar hubo efectos especiales, sexo y lenguaje de adultos; ni cámara lenta ni música relajante. Al policía lo movieron, y sólo porque es hijo de un papi añejo y empolvado, pero con relativo poder, temporalmente formó parte de inmigración y extranjería, con el tiempo fue reinsertado, no sé si decir sobornado, a su antiguo puesto de jefe del departamento de espionaje a diplomáticos europeos. Así terminó la lección: Machadito agradecido, o más bien comprometido; y el intrépido oficial aprendió que ojo morado y mandíbula dislocada no sólo son las consecuencias de injerencia en el poder.

Podría escribir mucho más, incluso citar amenazas. Pero esto no es personal, no es venganza, no es vanidad.
Juan Juan Almeida
Martí Noticias, 11 de septiembre de 2011

martes, 15 de noviembre de 2011

Raúl, el lento


El presidente Raúl Castro se lo piensa a la hora de poner en práctica sus reformas económicas. Demasiado quizás. Desde que su hermano Fidel le entregó el batón el 31 de julio del 2006, cuando un cáncer intestinal lo apartó del poder, Castro II ha implementado a cuenta gotas las necesarias transformaciones que a gritos pide la sociedad cubana.

Raúl oficializó su mandato el 24 de febrero de 2008, y desde esa fecha, autorizó a los cubanos de la isla a tener telefonía móvil, alojarse en hoteles destinados a turistas extranjeros, arrendar tierras cultivables y, a partir del 1 de octubre, se podrán vender y comprar coches fabricados después de 1959, sin el permiso o control de Papá Estado.

Quizás a fines de año se libere la compra-venta de viviendas. Poca cosa en 5 años. La gente de la Cuba profunda espera más. El país requiere cambios drásticos que echen abajo la colosal burocracia, un verdadero lastre que traba el buen funcionamiento de la nación.

Los más radicales piden demoler el edificio. Hasta los cimientos. Para una mayoría, es palpable que la economía cubana anda a la deriva hace 22 años. Vive una crisis estacionaria.

El sistema socialista isleño, con una pizca de marxismo y mucho de autoritarismo personal, no ha funcionado. Los números en rojo de las finanzas, sus fábricas derruidas que trabajan a media máquina y la estanterías huérfanas de mercaderías en pesos, son una señal clara que el gobierno de Fidel Castro ha resultado un desastre en materia económica.

El eterno guerrillero que siempre ha sido el barbudo, ahora muy ocupado haciendo investigaciones en el sector alimenticio, según cuenta, administró el país como si fuese un tabernero pasado de tragos.

De campaña en campaña. De planes absurdos en planes absurdos. Saltándose los presupuestos del Estado. Y tirando los recursos por la ventana en proyectos como la Central Electronuclear de Juraguá, en Cienfuegos, o en guerras civiles por el continente africano.

Así y todo, sus furibundos admiradores hacen lobby para que le concedan el Premio Nobel de la Paz. Aquéllos que ponen los ojos en blanco y tiemblan de emoción cuando escuchan el nombre de Fidel, a quien consideran el mejor 'estadista del siglo XX', no calcularon que su hermano menor es el que ha ido volcando camiones de tierra sobre el patatal dejado por el líder histórico de la revolución.

Raúl tiene puntos a favor que la población de la isla agradece, ya cansada de los extensos discursos, pachangas antimperialistas y marchas cíclicas frente a la embajada yanqui en La Habana.

Las escasas convocatorias para gritar ¡Viva Fidel! ¡Abajo Obama! y los discursos breves, han sido bien recibidos. Tampoco el General es dado a irrumpir en los estudios de televisión y dar largas peroratas, impidiendo a los fanáticos ver un partido de béisbol y a las mujeres el culebrón de turno.

Pero la poca presencia de Castro II en la vida diaria no quita que mucha gente de a pie continúe sin colmar sus expectativas. Luego que el General cambiara los muebles y mandara a casa a los hombres de confianza de su hermano, a ritmo de danzón empezó a desmontar varios de los supuestos logros del comandante único.

Cerró las becas en el campo, albergues de promiscuidad y embarazos indeseados. Clausuró dos ministerios. El extravagante y pomposo ministerio Batallas de Ideas, concebido por Fidel, y que se había convertido en un nido de trapicheros y corruptos. Y el pasado 24 de septiembre desmanteló el Ministerio del Azúcar, ineficaz e hinchado de burócratas hasta el cogote.

En un intento por salvar la obra de su hermano, Raúl Castro ha tenido que hacer de bombero. Está enfrascado en un combate de vida o muerte contra la letal burocracia y los poderosos clanes corruptos, casi mafiosos, que como el marabú habitan en todos los estamentos de la vida nacional.

Pero sus reformas económicas se me antojan parsimoniosas. Demasiado. Quizás esté ganando tiempo. Busca oxígeno político. Me pregunto si tiene sentido. El tiempo es algo que no le sobra al General.

Con 80 años recién cumplidos, sus calculados pasos para reformar Cuba pudieran ser un arma de doble filo. La isla necesita una cura de caballo. No parches de mercurocromo.

Un lustro ha sido tiempo suficiente para descabezar de un golpe a la poderosa burocracia, los enemigos más serios, y que cohabitan en su propio patio. También ha demorado en la derogación de los absurdos trámites migratorios como el permiso de entrada y salida de los cubanos a su patria.

En lo político ni hablar. Castro II se conformó con liberar a casi todos los presos políticos. A su vez, ante los brotes de indignación y protestas callejeras de la disidencia, los sofoca con detenciones preventivas, patadas de karate y golpes de bastones policiales.

Cuando pasen diez años habrá dos formas de describir a Raúl Castro: el hombre que sacó a flote la revolución de su hermano Fidel. O el tipo cauto y timorato que quiso, pero no pudo salvarla. No creo que el General tenga muchas opciones. Quedan pocas cartas en juego. Y tiempo.

Iván García

Foto: AP. Raúl Castro entre dos 'baianas', durante su visita al Pelourinho, en Salvador de Bahía, Brasil, en julio de 2009. A la derecha, Jaques Wagner, gobernador de ese estado brasileño.

lunes, 14 de noviembre de 2011

RIBIAN o el secreto de Raúl Castro


El Presidente de los consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejercito Raúl Castro Ruz, se regocija construyendo y estructurando todo un calvario diferente para cada una de sus víctimas. Luego, como regla establecida, la obsesión del General por mantener el sufrimiento prolongado de sus víctimas se convierte en el frenesí de su primogénito Alejandro. El tiempo hoy está a su favor.

A la familia Castro Espín le encanta la naturaleza, y sus desafíos. La suspicacia los define y carecen de creatividad. Si tomamos la primera letra del nombre Raúl, la segunda de Vilma, la tercera de Deborah, la cuarta de Mariela, la quinta de Nilsa y la sexta de Alejandro; formamos la palabra RIBIAN. Nada sugerente, al menos a simple vista.

Mascotas, proyectos, claves, contraseñas…, todo lo de esa familia es bautizado con el mismo nombre, una forma de acrónimo. Así se llamó un gato de angora que quizás para demostrar que su especie animal no tiene más que una vida, en un ligero descuido cayó del séptimo piso del edificio ubicado en calle La Torre entre 35 y San Antonio, Nuevo Vedado, antiguo búnker familiar.

También cargó el original nombre un pichón de cocodrilo que le arrancaron los dientes para restarle agresividad y convirtieron en una suerte de ave de corral. RIBIAN fue un mono araña llevado a Cuba desde el Amazonía peruano, que mantenía como parte de un gran show, relaciones sexuales con un perro labrador. Igual se nombraron un par de delfines del tipo Delphinus Delphi que en la bahía de Naranjo, provincia de Holguín, son usados como atracción, y guardianes de la zona.

Según rumores fidedignos, RIBIAN era el nombre designado a un viejo proyecto militar clasificado sobre el comercio de cadáveres para bancos de tejidos. Y hace más de cinco años, cuando el galán de folletín Luis Alberto Rodríguez López-Callejas (esposo de Deborah Castro), optimista insatisfecho con tendencia a la poligamia y a la codicia sin filantropía, fue sorprendido intentando pescar sin carnada, pasó sin premeditar, de sospechoso a culpable en un expediente que guarda celosamente el Ministro del Interior; el caso se llamó RIBIAN.

Para controlar el caos la mayoría de los policías utilizan el poder de sus placas, otros optan por intimidar, persuadir o regatear en un bazar el costo de la vida humana; pero Raúl en este caso prefiere fingir la aparente conformidad de un cliente que se siente traicionado por una prostituta astuta. Quizás por eso, sobre Luis Alberto pende la firme amenaza de un castigo que caerá cual guillotina si deja de amar a su esposa, abandona su fidelidad, o continúa malversando los fondos bajo su custodia.

La propuesta más sencilla es siempre la más razonable, ahora es cuestión de los hackers averiguar si RIBIAN es también una clave que da acceso a los sistemas de seguridad en una isla donde no hay mucha diferencia entre Insular, Nacional, y Familiar.

Juan Juan Almeida

Martí Noticias, 10 de octubre de 2011
Foto: AFP. Raúl Castro contempla una obra de la antigua cultura egipcia. Sentado, a su izquierda, el famoso arqueólogo Zahi Hawass, quien le sirviera de guía durante su visita a las Pirámides de Giza, en julio de 2009.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un invento fidelista llamado CDR


El 28 de septiembre de 1960, entre bombas caseras y petardos que detonaban sus opositores políticos, un enojado Fidel Castro creó los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). En el balcón del ala norte del Palacio Presidencial, el comandante guerrillero, recién llegado de una gira por Nueva York, argumentó la necesidad de vigilar en todas las cuadras del país a “los gusanos y desafectos” al proceso revolucionario.

Fue un paso más dentro del rumbo autocrático por el que ya navegaba la naciente revolución. Otra estocada a fondo hacia la creación de un Estado totalitario.

Desde el mismo 1959, Castro había encajado un golpe mortal a la libertad de prensa cuando, metódicamente, entre pachangas y amenazas, fue cerrando los principales diarios de Cuba. Eliminó el derecho de huelga y el habeas corpus. Las garantías jurídicas para quienes se oponían a su régimen eran casi nulas. Concentró el poder. Y tomaba decisiones políticas, económicas o sociales por su cuenta, sin previa consulta ministerial.

El proceso de erigirse como el sumo pontífice de verde olivo culminó en 1961, con la radicalización de la revolución y el estrangulamiento de los bolsones de ciudadanos discrepantes contra su gobierno.

Los CDR son, y han sido, una de las armas más efectivas para colectivizar la sociedad y recabar apoyo incondicional a las peregrinas teorías castristas. Y una manera de administrar la nación. También fueron abanderados a la hora de gritar improperios, tirar piedras y dar trompadas a los cubanos que pensaban diferente o decidían marcharse de su patria.

Los CDR son una versión de las camisas pardas de Mussolini. O de uno de esos engendros colectivos creados por Adolfo Hitler. Más o menos. Más de 5 millones de personas integran las filas de los CDR en toda la isla.

Su ingreso no es obligatorio. Pero forma parte de los reflejos condicionados instaurados dentro de una sociedad diseñada para genuflexiones, aplausos y loas a los 'líderes'.

Al igual que mucha gente va sin deseos a actos y marchas revolucionarias, o como si fueran a un safari asisten a los actos de repudio contra las Damas de Blanco y disidentes contestatarios, de forma mecánica al cumplir 14 años, la mayoría de niños cubanos ingresan en los CDR.

Forma parte del mecanismo engrasado y funcional de los mandarines criollos. Una sociedad colectiva, donde lo bueno y malo debe proporcionarlo el régimen.

Hace dos décadas, con un bono estatal podías comprar un auto ruso, una nevera, un televisor en blanco y negro y hasta un reloj despertador, si sobrecumplías en los cortes de caña, demostrabas lealtad a la causa fidelista o eras 'cuadro' del partido o la juventud comunista.

Los otros, aquéllos que reprendían el caudillismo de Fidel Castro, además de asediados y amenazados por sus servicios especiales, no tenían derecho ni siquiera al trabajo.

Los CDR cumplieron un triste papel en los años duros de los 80. Fueron protagonistas en los vergonzosos linchamientos verbales y físicos contra los que decidían marcharse de Cuba.

No se puede olvidar. El gentío azuzado por la propaganda del régimen, estudiantes de primaria y secundaria, empleados y cederistas, lanzando huevos y tomates contra las casas de “la escoria”, al compás de “pin pon fuera, abajo la gusanera” o “yanqui, te vendes por un pitusa”.

Dentro de las manchas negras de la revolución personal de Fidel Castro, los actos de repudio ocupan el primer lugar. Además de vigilar y agredir verbalmente a los opositores, los CDR realizan tareas de contenido social.

Recogen materia prima. Ayudan a repartir vacunas antipolio. Y, de vez en cuando, cada vez menos, hacen círculos de estudio donde analizan y levantando las manos aprueban un texto político o una intervención de los hermanos Castro.

Ese manojo de siglas generadas por el sui géneris sistema socialista cubano, CTC, FMC, MTT, UJC y FEU, entre otras, son las 'veneradas organizaciones no gubernamentales'. Según el discurso oficial, las que a capa y espada apoyan al régimen.

En este siglo 21, los CDR, como la revolución misma, ha perdido fuelle. Ya sus aniversarios y fiestas son escasas. Las guardias nocturnas son un avis rara. Pero todavía cederistas de corta clava se mantienen operativos.

Son los ojos y oídos de los servicios de inteligencia. Soplones puros y duros. En un CDR a tiro de piedra de la Plaza Roja de la Víbora (que no es plaza ni está pintada de rojo), quedan algunos de esa especie.

Ya uno murió. Un viejo solitario y sin hijos, obrero de una fábrica, que se destacaba por sus informes cotidianos sobre “las actividades de los contrarrevolucionarios en la cuadra”.

Activos quedan dos. Se han granjeado la antipatía del vecindario por su intransigencia. Todos los que disienten públicamente en Cuba, saben que siempre hay un par de ojos que vigilan tus pasos y luego informan por teléfono a la Seguridad del Estado.

Con el tiempo, uno se acostumbra a sus torpes maniobras de chequeos e injerencias en tu vida privada. Llegan a revisarte la basura, para ver qué comes o si te bañas con jabones comprados en la 'shopping'. A ratos dan risa. Casi siempre dan lástima.

Iván García
Video: Realizado por Martín Varsavsky, durante una estancia en La Habana en marzo de 2008. En You Tube el autor escribió: "En este video muestro el Museo de los CDR. Los CDR (Consejos de Defensa de la Revolución) fueron creados en 1960 para defender y preservar los ideales de la Revolución. Debo haber caminado unos 20 kilómetros por las calles de la Habana y veía CDRs por todos lados. Hablé con bastantes cederistas, que son voluntarios de la revolución. Es interesante que no había ningún visitante en el museo cederista y cuando entré al museo trataron de engañarme. Me dijeron que para entrar al museo tenía que pagar 2 CUC, pero para filmar tenía que pagar 5 CUC más. Entonces yo les dije que no entendía como había que pagar más para filmar, que si no se podía filmar en el museo yo obedecía las reglas y no filmaba, pero que si se podía filmar que me enseñaran algo escrito que decía que había que pagar más. Como no tenían nada escrito y se dieron cuenta que se podían meter en líos por insistir en cobrar ese dinero desistieron de cobrarme los 5 CUC y me dejaron filmar. Las primeras cederistas parecían bastante confundidas, pero luego me tocó una con ideas bastante claras, y muy guapa por cierto. Pero me pareció increíble que para filmar los logros de la revolución me pidieran un soborno. Tampoco entiendo bien si los CDR son realmente maravillosas organizaciones de voluntariado o una especie de Stasi para encontrar disidentes".

sábado, 12 de noviembre de 2011

La derrota se llama Afganistán


Martes, una de la tarde. Polvo y ráfagas de calor asfixiante barren Kabul. El teniente de la Guardia Nacional Michael O'Rourke se reúne con un destacamento de sus hombres para salir a pie, con un intérprete, a Udkhel, una aldea aledaña a la base regional de Camp Phoenix. Es una misión militar, pero su objetivo y sus medios son muy distintos a lo que cualquier soldado pudiera esperar en un país que ya lleva 10 años en guerra.

La finalidad de la misión de Orourke es que sus hombres le protejan mientras se sienta a dialogar con un líder tribal. "Normalmente llegamos a la aldea un pequeño grupo y el intérprete", explica el teniente. "Nos sentamos con el líder tribal. Dialogamos con él. Tratamos de darle un empujón para que mantenga sus infraestructuras, sin prometerle demasiado. Es un pequeño tira y afloja".

Esa es la nueva estrategia bélica de Estados Unidos en Afganistán, sobre todo en zonas relativamente seguras como Kabul. Por necesidad, ante la inminente retirada, la artillería pesada ha dejado paso al intento de construir una nación desde cero. El trabajo es difícil. Para muchos, de hecho, es imposible.

Una década y 33.000 muertos después, el frente afgano es un lugar arrasado, hostil e ingobernable. Más allá de las barricadas de la zona verde de Kabul, donde viven los diplomáticos, solo hay vida decente en bases como ésta. Aquí hay aire acondicionado en los barracones, y hasta tiendas y cafeterías. Afuera solo hay miseria. En los márgenes de la carretera, lo único que se ve son niños entre las escombreras y caminos a ningún lado. Es aquí donde salen regularmente estos soldados a pie, a encontrarse con los líderes tribales.

Reiteran estas tropas que Kabul es una zona segura. "No hay una insurgencia en Kabul. Hay delincuencia, como en todos los lados. Y de eso ahora se encarga la Policía Nacional Afgana, que está mejorando", explica el sargento Travis Senseny, que coordina los puntos de acceso de automóviles a la base y que ha prestado servicio en nueve provincias del país. "Eso no es el este o el sur, más hostil. Esta zona puede ser amistosa".

A pesar de ello, esto es la guerra. Todo soldado que sale de la base lo hace armado hasta los dientes: rifle, munición, chaleco antibalas y casco. Más de 30 kilos de peso en un día como este, a 35 grados. En estas misiones, el principal obstáculo son los niños, que, a centenares, piden cualquier cosa que les caiga a las manos. De la aldea, a veces, cae alguna pedrada. Otras, el mayor impedimento es atravesar un arroyo de agua putrefacta.

Afuera de las 11 bases que los aliados tienen en la provincia de Kabul no hay desagües. Esto no es Irak, donde había sociedad civil antes de la invasión. Afganistán lleva siendo arrasado, una y otra vez, desde 1978. En todo el país solo hay una vía ferroviaria: mide 200 metros y sirve para que paren los trenes que vienen de Uzbekistán. Un 78% de las carreteras no están asfaltadas, a pesar de una inversión occidental de mil millones de euros para ello.

La carretera que conduce desde el aeropuerto hasta aquí -de las más usadas de la zona y el inicio del camino al bastión talibán de Jalalabad- es un tramo plagado de baches. Junto a Udkhel hay cementerios improvisados, y junto a ellos, grandes bloques de hormigón. Son fragmentos inacabados de infraestructuras abandonadas. Hay muchas. Dinero occidental tirado en la cuneta. Aquí, la lealtad es algo muy volátil. La determinación de construir y mantener instalaciones tan elementales como un depósito de agua, también.

Los mandos militares, miembros del ejército más poderoso del mundo, se han dado cuenta de que es imprescindible hacer algo más que disparar. Son estos soldados los que ahora han recibido el encargo de erigir desde cero las instituciones e infraestructuras más básicas. "La parte humanitaria es de las más importantes que hacemos en esta base. Nos sentamos a negociar con ellos. Vemos cómo llevan los proyectos pagados con dinero extranjero", explica una portavoz oficial de la brigada Yankee número 26 de la Guardia Nacional, que gestiona la base hasta el año que viene. "Nuestro lema es prometer demasiado pero luego entregar más de la cuenta".

Este es un ejército en retirada. Sus mandos dicen haber aprendido de los errores. "La esencia misma de la contrainsurgencia aquí es ganarse la confianza de la población, lo que te otorga información valiosa y una vía a la victoria final", explica el teniente George Gay. "Si no lo haces, te alejas de la población, y esta acaba apoyando a la otra parte. Durante todo el tiempo que hemos estado aquí, no siempre hemos comprendido cómo son las cosas aquí, y eso ha hecho que muchos civiles acabaran apoyando a los talibanes".

No todos tienen la paciencia que demuestra el teniente Gay. Muchos de los 11.000 soldados que hay en las 11 bases en Kabul no han disparado un solo tiro desde que llegaron aquí. Las tropas jóvenes salen en misiones como estas con resignación, aunque sus jefes les repiten que son cruciales. Pero el ansia de la guerra no se aparta esquivando una pedrada. Algunos quieren sentir la adrenalina de estar en la línea de fuego, en una guerra en la que, últimamente, los insurgentes se limitan a perseguir a civiles y se suicidan en esos intentos.

"Me gusta la lucha", explica el soldado José Sánchez, que ya prestó servicio en la Guardia Nacional en Irak en 2009 y que ha venido a Afganistán este año. En EE UU, en su vida civil, se dedica a la pelea en jaulas. Ahora mismo registra camiones que entran a la base. Quiere ir al sur, donde aún hay una línea de combate clara. "Para eso me apunté en el ejército. Lo veo difícil porque la guerra se está acabando. Y los enemigos se esconden. No atacan como deben atacar. La situación en la que está esta guerra es buena para esos soldados que se quieren ir", añade. En teoría, les quedan aún tres años aquí. Este verano se han retirado ya 1.600 soldados de la Guardia Nacional y del Cuerpo de Infantería de Marines. No los ha reemplazado nadie. Hay 101.000 tropas de EE UU en esta guerra y se espera que 33.000 estén de regreso en un año. El plazo final para marcharse, marcado por el presidente Barack Obama, vence en 2014. Esa decisión no es muy popular entre las tropas. Estos hombres no lo dicen abiertamente, pero consideran que el trabajo que queda por hacer aquí puede durar muchos años más.

Es un hecho patente que este país no está preparado para tomar las riendas de su propia seguridad. Las defecciones -25.000 entre enero y junio- son moneda corriente entre los 300.000 soldados afganos, que se quejan de turnos de trabajo imposibles y pagas miserables. En ocasiones, se alían mortalmente con el que se supone que es el enemigo. En abril, un soldado afgano abrió fuego contra las tropas norteamericanas en la parte militar del aeropuerto de Kabul. Ocho soldados de alto rango murieron.

El gran problema, sin embargo, son los civiles. "El éxito de los americanos aquí defendiendo sus posiciones es tal que ha llevado al enemigo a atacar objetivos civiles. Cuando lo hacen, es una gran pérdida para nosotros, porque se entiende como un fracaso en la defensa de la población. Y para ellos, sea como sea, siempre es un éxito, porque demuestra que tienen una gran presencia en zonas urbanas", explica el teniente Gay. "Nosotros debemos ganar el 100% de las veces. A ellos solo les basta con ganar una sola".

El martes, a la una y media, después de que el teniente Orourke repase la ruta y la composición del escuadrón y establezca las pautas de seguridad para encontrarse con el líder tribal en Udkhel, las alarmas suenan en Camp Phoenix: "Atención Camp Phoenix. Atención Camp Phoenix. Ha habido un ataque. Repórtense a la cadena de mando". En este preciso instante queda patente lo problemática que será la retirada norteamericana y lo dificultosa que será la asunción de responsabilidades por parte de las tropas afganas.

Seis insurgentes han atravesado, disfrazados con burkas, todos los filtros de seguridad en la zona verde de Kabul. Se han atrincherado en un edificio a 300 metros de la embajada norteamericana y están atacándola con granadas y rifles de asalto. Otro comando ha activado chalecos explosivos contra diversos puestos de la Policía Nacional Afgana. Kabul -o mejor dicho, la zona diplomática de Kabul, fortificada y segura- entra en un caos que ya es habitual aquí. Civiles occidentales refugiados en búnkeres. Ciudadanos afganos masacrados. Alarmas que paralizan toda la actividad de una ciudad de la que se decía que era segura.

El teniente O'Rourke manda romper filas. Los hombres se reportan a la cadena de mando. Algunos de ellos se desplazan en convoyes de la Fuerza de Reacción Rápida hasta la zona verde. Allí, de nuevo, son espectadores. Contemplan, listos para pasar a la acción, cómo las fuerzas afganas despejan el edificio, sembrado de explosivos. Tardan 20 horas en cumplir su misión. "Si hubiéramos sido nosotros, eso se hubiera resuelto en cinco minutos", asegura posteriormente, de vuelta a la base, un soldado de la Guardia Nacional, que prefiere no revelar su nombre. "Si todo lo hacen a ese ritmo, no sé cómo nos vamos a marchar".

Afganistán, la guerra más larga de EE UU, no es Irak, de donde las tropas se marcharon el año pasado. Aquí no hay un Estado, más allá de las pocas manzanas de la zona verde. "Aquí no hay personas que hayan recibido educación secundaria y universitaria, como en Irak. Esa gente puede tomar decisiones que no son las más adecuadas", explica el sargento John Fernández, que vino a Afganistán por primera vez en 2007, a entrenar a la policía fronteriza.

"Es el efecto de décadas de guerra. Los rusos, los señores de la guerra, los talibanes... todo eso ha tenido un impacto. Se ve en el estado en el que se encuentra este país. Debemos solucionar eso en el largo plazo. Y será una tarea larga y compleja. Y el que diga que no, se está engañando. Podemos irnos de aquí, pero si lo hacemos, debe ser porque dejamos un país mejor al que nos encontramos. Si no es así, podríamos tener que regresar en el largo plazo".

No hace falta más que llegar desde esta base hasta la zona verde para darse cuenta de la miseria que hay más allá de la burbuja diplomática. Estas calles, sin asfaltar; son un coladero de insurgentes. Estos son capaces de sortear todos los obstáculos y puestos de control para llegar adonde más le duele a EE UU: la imagen de que la capital es segura. Porque si en tantos años este ejército ni siquiera ha podido asegurar Kabul, una ciudad que siempre fue hostil a los talibanes, poco habrá logrado en realidad.

El del martes fue uno más en una serie de ataques recientes. En junio, el objetivo fue el hotel Intercontinental, un señorial refugio extranjero aquí. Las víctimas fueron 11. En agosto le correspondió a la oficina cultural de la embajada británica. Otros ocho muertos. Estos insurgentes, que se jactan de haber debilitado así al invasor extranjero, solo han logrado matar a ciudadanos afganos, entre ellos niños.

Muchos terroristas llegan de Pakistán, al este, a través de una frontera casi abandonada. Otros entran por el oeste, desde Irán, para comprar y vender armas y opio, con el que financian su campaña de terror.

Allí entrenó a soldados el sargento Fernández, que en su vida civil sirve también en la policía de frontera norteamericana. "Lo más importante es que el soldado no se sienta abandonado, que sus condiciones sean dignas", explica. "Asegurar la frontera, en definitiva, es crucial, porque por ahí llegan insurgentes y dinero".

La porosidad de la frontera oriental es un grave problema para este país. Ha permitido que el centro de la insurgencia, desde el que se planifican estos ataques, se haya trasladado a Pakistán. Mientras estos soldados pasan sus días tratando con civiles, es la CIA la que, desde puestos secretos, lanza misiles no tripulados contra Al Qaeda en el país vecino. Así murió Osama Bin Laden en mayo, y así cayó el nuevo número dos de la red terrorista, Atiyah Abd al Rahman, en agosto.

Ese es el problema de esta guerra: que se está librando en otro sitio. Y que a un ejército experto en grandes luchas se le ha encargado ahora crear desde cero una sociedad civil que, simplemente, no existe. Unos soldados jóvenes vienen, armados hasta los dientes, a contemplar con extrañeza una sociedad a la que no comprenden, y a la que otros no la han dejado levantarse sola desde que aquí se tiene memoria.

David Alandete, enviado especial a Kabul
El País, 18 de septiembre de 2011
Foto: D. Goldman, AP. Un soldado afgano descansa sobre un vehículo blindado durante una misión con fuerzas de la 25 división de infantería de Estados Unidos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Recordando el 11-S


Hay fechas que marcan para siempre. El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York es una de ellas. Probablemente todos recordemos que estábamos haciendo a esa hora. ¿Cómo nos enteramos? ¿Cuáles fueron nuestras vivencias?

El 11 de septiembre de 2001 vislumbraba ser un martes como otro cualquiera en La Habana. Había amanecido sin nubes y con un sol pletórico. A las 8:45, hora que se estrelló la primera aeronave sobre el Word Trade Center, aún estaba durmiendo.

Sobre las 9:20 comenzó mi rutina. Revisar unas notas para enviar a Encuentro en la Red. Rastrear informaciones en la radio cubana. Pasado el mediodía, escuchar el noticiario de la BBC, Radio Exterior de España, Radio Francia Internacional o la VOA. Luego, salir a conversar con gente en la calle.

Recuerdo que Radio Reloj daba una longaniza de noticias insulsas sobre el estado de la economía. Alrededor de las diez recibí la prensa, Granma y Juventud Rebelde. Con más de lo mismo. Someramente se recordaba que ese 11 de septiembre se cumplían 28 años del golpe de estado pinochetista en Chile.

Estaba solo en la casa. Mi hermana Tamila se encontraba trabajando. Mi sobrina Yania en la escuela. Mi madre Tania Quintero, periodista independiente, desde temprano había salido a 'forrajear' comida, por varios agromercados.

Sobre las once, una vecina en el pasillo lateral de mi edificio en voz alta comenta: “Parece que en Estados Unidos ha habido un accidente tremendo, lo están pasando por el Canal 6”. Conecté la tele. La televisión nacional, algo inédito, se había encadenado con la CNN y, de fondo, dos locutores comentaban la noticia.

Las imágenes eran de espanto. Una y otra vez repetían la aeronave impactando sobre la mole de hormigón, acero y cristal, cual cuchillo se introduce en una barra de mantequilla.

El teléfono empezó a sonar con insistencia. Eran amigos y parientes atónitos. No dábamos crédito a lo que estábamos viendo. Quienes tenían familiares en Miami, desesperadamente intentaban llamar en busca de más informaciones. Las líneas telefónicas con la Florida estaban saturadas.

Todavía tengo en mi retina las impactantes imágenes de personas desesperadas que se tiraban a morir desde lo alto de las Torres. Cuando los edificios se desplomaron, dejando una nube gigantesca de polvo y hollín y un estruendo escalofriante que nunca olvidarán los habitantes de Nueva York, los que seguíamos la noticia sabíamos que el mundo había cambiado.

En el transcurso de la tarde se supo que un avión había impactado sobre el Pentágono. Un cuarto avión colisionó en un bosque de Pensilvania, gracias al coraje de sus pasajeros, que por una llamada conocieron los sucesos en la Gran Manzana.

Esa noche, Fidel Castro habló en el coliseo de la Ciudad Deportiva ante numerosos estudiantes de medicina. El gobierno cubano autorizó a naves estadounidense a sobrevolar y utilizar los aeropuertos y pasillos aéreos de la isla.También el comandante único ofreció ayuda médica.

Estados Unidos estaba bajo un ataque terrorista. Todos intuimos lo que vendría después. La guerra. En aquellos días, una gran parte del mundo se solidarizó con la nación norteña. No se supo capitalizar ese respaldo.

Quizás la mejor opción no era que aviones y misiles inteligentes sepultaran en escombros, cuevas y escondrijos de los talibanes en Afganistán. Soy de los que piensa que un operativo de los servicios especiales, en estrecha colaboración internacional, hubiese dado mejores resultados.

Pero Estados Unidos quería venganza. Unas 6 mil personas resultaron heridas y cerca de 3 mil personas perdieron la vida. Muchos familiares no pudieron recuperar sus restos.

La guerra nunca será una buena opción. A diez años del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, las víctimas suman más de un millón, entre muertos y heridos. El mundo no ha sido un sitio más seguro. Hay menos dictadores y gobernantes gamberros, pero la democracia a punta de bayoneta no ha traído orden en Afganistán ni en Irak. Todo lo contrario.

Miles de soldados estadounidenses están empantanados en esas naciones. Casi una década después del ataque a Nueva York, fue que un operativo de tropas especiales pudo cazar y matar a Osama Bin Laden.

Al Qaeda sigue viva. Los autócratas y tiranos continúan pisoteando las libertades esenciales de sus pueblos. Es bueno que Estados Unidos y otras naciones exijan democracia y respeto a los derechos humanos en los países donde se violan.

Pero no desde la carlinga de un F-16. Sin dudas, con sangre, desolación y fuego es una manera un tanto rara de aprender lecciones sobre democracia.

Iván García

jueves, 10 de noviembre de 2011

Pese a todo, el periodismo independiente sigue en pie


El viernes 23 de septiembre se cumplieron 16 años de la fundación de Cuba Press, en el apartamento de Raúl Rivero en Centro Habana. No hubo fotos ni cake. Hasta mi salida de Cuba, el 25 de noviembre de 2003, los periodistas de Cuba Press ni un solo día dejamos de escribir y reportar noticias, hubiera más o menos represión. Lo hacíamos sin internet, sin celulares, sin tuiter, la mayor parte de las veces sin un centavo en nuestros bolsillos. A pie o en guagua, con un pan o sin nada en el estómago.

El 5 de marzo de 1999, Cubafreepress publicó una crónica mía titulada El día que la represión se vistió de negro. Para esa fecha, ya la noticia del juicio a los cuatro redactores de La Patriaes de Todos había recorrido el mundo. Por un teléfono público o de un vecino, la reportaron quienes ese día no fueron detenidos: cuando la maquinaria represiva se ponía en marcha, lo primero que hacían era cortarnos los teléfonos. Estuve detenida 24 horas, en un calabozo frente al de Raúl Rivero. El 3 de marzo redacté esa crónica, en una Olivetti portátil. Al día siguiente la dicté por teléfono. Y doce años después todavía se puede leer.

Sí, los sms y tuiters son útiles, pero son efímeros. Cualquiera que tenga un celular puede dar una noticia, tirar fotos o grabar videos. Y enviarlos a donde prefiera o colgarlo en Facebook u otra red social. Lo que verdaderamente queda es cuando los sucesos son plasmados en un artículo, crónica o reportaje, en la red o en papel. Claro, si se sabe redactar. No todo el que escribe es periodista, aunque posea un título universitario. Es el caso de la directora de la Agencia de Prensa Libre Oriental, de Santiago de Cuba, que acaba de publicar un texto interesante, que merece ser analizado y debatido, pero es muy denso.

Las llamadas y mensajes telefónicos son volátiles. Ahora se busca el protagonismo, competir por ver quién tuitea primero y tira más fotos. Y sanseacabó. Y cuando vuelve a ocurrir otro hecho, vuelven a hacer lo mismo. No describen ni dan antecedentes, pasan de puntillas, sin profundizar ni darle continuidad a los acontecimientos. Pienso que la existencia de las nuevas tecnologías no debe ni puede ser sinónimo de superficialidad. Y menos tratar de hacerse 'famosos' porque se tiene el último modelo de celular y suficiente plata para tuitear, algo que en Cuba hay que pagar en pesos cubanos convertibles.

Los periodistas independientes de los 90 y principios del 2000, trabajábamos sin recursos, hacíamos las cosas sin aspavientos ni alardes. Sin estar pensando en ser reconocidos ni recompensados por nadie, dentro o fuera del país. Hicimos lo que considerábamos debíamos hacer en ese momento.

Como siguen haciendo hoy en la isla los periodistas independientes, con internet y celulares, pero con carencias similares a las nuestras de hace 16 años.

El periodismo independiente del cual me enorgullezco de haber pertenecido y que pese a todo sigue en pie, no era perfecto, había toda clase de personas y situaciones, pero no había esas diferencias apabullantes que ahora se ven, sobre todo a partir de la aparición de los 'blogueros alternativos'. Surgieron en 2007, 12 años después del nacimiento de Cuba Press, la más profesional de las agencias de prensa independiente que han habido en la isla.

Estos blogueros se destacan por su edad -promedian unos 40 años- y los apoyos externos. No sólo tienen la posibilidad de estar contínuamente en emisoras y sitios online foráneos, si no lo hacen creyéndose que tienen a Dios cogido por las barbas. La culpa tal vez no sea toda de ellos -pese a sus egos- si no de quienes desde el exterior los han inflado y los mantienen en el candelero, a toda hora, por cualquier motivo.

La mayoría de los periodistas independientes que no tienen 'padrinos que los bautice', no son ambiciosos y no se sienten mal por no ser 'famosos'. Se caracterizan por su sencillez, muchos han estado detenidos o presos y todos han pasado la escuela del 'período especial en tiempos de paz'. Suelen vivir en condiciones precarias y mientras más lejos de la capital residen, más agradecidos son cuando alguien les divulga una información, los llama para una entrevista o les recarga el celular.

Si en el siglo 21 es injusto discriminar a las personas por su sexo, raza y creencias, injusto también es privilegiar a los más jóvenes en detrimento de los más viejos. O en el caso de Cuba, que el mayor protagonismo se lo llevan los habaneros, cuando la nación está compuesta por 15 provincias y un municipio especial.

Cambiando de tema. Una noticia muy comentada fue un descubrimiento en Ginebra. Por TVE salió un científico diciendo que lo manejan con cautela: está en juego la Teoría de la Relatividad de Einstein. Creía que ese hombre estaba al frente del descubrimiento, pero no, es el que ven en esa foto, Dario Autiero, investigador del Institut de Physique Nucléare de Lyon, Francia. Quise saber más de él y, oh sorpresa, no aparece en Wikipedia!

Otros sí se localizan en Wikipedia, pero su curriculum no está a la altura de su fama. Es el caso de
Riccardo Muti , director de orquesta italiano, de 70 años, galardonado con el Príncipe de Asturias de las Artes 2011.

Y hablando de músicos, vean este video de Igor Stravinsky, uno de los grandes que estuvo en La Habana de mi infancia. Es de 1967 y fue grabado por la CBC de Canadá. El compositor tenía entonces 85 años y aparece dirigiendo un ensayo de la suite de Pulcinella con The Toronto Symphony.

La música de Pulcinella es de Stravinsky. El ballet fue estrenado el 15 de mayo de 1920 en la Ópera de París, y la orquesta estuvo dirigida por el suizo Ernest Ansermet. Del libreto y coreografía se encargó el bailarín ruso Leonide Massine mientras que el diseño del vestuario y la escenografía fue hecho por el mismísmo Pablo Picasso. Todo supervisado por Sergei Diaghilev, fundador de los Ballets Rusos. Ô là là!



Tania Quintero
Foto: Hecha después de finalizada una rueda de prensa convocada el 24 de febrero de 2003 por la opositora Martha Beatriz Roque Cabello, en su casa, en la barriada habanera de Santos Suárez. No recuerdo quién era ese hombre que me estaba entrevistando, pero me gustaría aclarar que con los dedos no estaba haciendo el signo de la victoria, si no el número dos. Ese día, estaba lejos de imaginar que apenas un mes después el régimen desataría en toda la isla una brutal oleada represiva, arrestando a un centenar de disidentes, entre ellos a Martha Beatriz. Y que nueve meses yo partiría hacia el exilio en Suiza junto con mi hija y mi nieta mayor. Ésa fue mi última foto en La Habana.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Remesas familiares, primera industria cubana


La revolución de Fidel Castro es una laguna de contradicciones. Pretendió ser un paraíso para obreros y gente humilde. 52 años después, precisamente son los dos sectores que peor viven.

Castro intentó diversificar la industria, multiplicar la agricultura y ser una potencia ganadera. Ni lo uno ni lo otro. Los gobernantes diseñaron un sistema donde la propiedad estuviera en manos del pueblo trabajador. Y es ese pueblo trabajador el que hoy roba a manos a llenas en sus puestos laborales, para compensar sus bajos ingresos y tratar de vivir mejor.

La revolución cubana ha terminado enclaustrada en un laberinto. Incluso sus logros sociales en salud, educación y deportes están en horas bajas.

Buscando oxígeno, pero sobre todo para no perder la silla presidencial, los hermanos Castro se han travestido. El discurso luminoso del marxismo y esa ficción filosófica que resulta el comunismo científico está en bancarrota.

Lo que queda de la Cuba socialista es una parodia. Al toque de corneta, se va reconvirtiendo en un capitalismo de Estado. Las corporaciones militares han copado las principales ramas económicas. Sobre todo las que dan dinero.

Los ‘sacrificados líderes’ duermen en colchones dúplex. Viven en residencias climatizadas, con internet, antenas satelitales y autos a los que nunca les falta combustible. Y cuando llega el verano se van con sus familias a Varadero, sin gastar un duro.

Los casi 2 mil millones de dólares enviados en 2010 por cubanos en la diáspora han servido para pagar sus lujos y clínicas privadas.

En Cuba hay cuatro industrias que dan plata: aeronáutica, turismo, telecomunicaciones y remesas familiares. Esta última es la número uno. No hay que invertir un centavo. Todo es ganancia.

Otra de las incongruencias en la isla de los Castro. A quien trabaja, se le paga con una moneda inservible. Y tienen que comprar aceite, artículos de aseo, ropa, calzado y electrodomésticos en divisas.

A pesar de esas arbitrariedades, los cubanos no se tiran a la calle. El descontento en Cuba se manifiesta de otra forma. Inercia, dejadez, chapucería, robar en el trabajo o emigrar.

El ciudadano común resuelve las carencias llamando por teléfono a sus parientes al otro lado del charco. “Mándame dinero que la cosa está mala”. Y el pariente va a una agencia de la Florida y le gira un billete de cien dólares.

En 24 horas lo reciben en casa. Pueden comprar comida y leche en polvo al hjo de 7 años, que el gobierno decidió que a partir de esa edad un niño ya no necesita tomar leche.

Resolvió, en parte, un gran problema. Hasta el próximo mes. Y los mandarines, sonrientes, miran los dígitos de las cajas registradores. Las remesas son un salvavidas para unos y otros. El gobierno ordeña a los exiliados como si fuesen una vaca. Y para amasar más dólares, elevan los gravámenes a los productos vendidos por divisas.

A ese billete de cien que recibe una empobrecida familia insular le colocan un impuesto del 13%. Además de tener que pagar con un tributo del 240% los artículos adquiridos en las 'shoppings' o tiendas recaudadoras de divisas.

Cien dólares a día de hoy eran 65 hace diez años. Todos los artículos de primera necesidad cuestan un 15 o 20 % más que en 2001. Los gobernantes se justifican con la teoría de Robín Hood. Según ellos, gracias a esos impuestos, el Estado puede subsidiar al resto de la población, un 35%, que no recibe dólares. Pero en la práctica no resulta así.

Los ancianos, que dieron lo mejor de sí aplaudiendo al tramposo barbudo, e incluso arriesgaron sus vidas en las guerras africanas, en 2011 viven peor que nunca.

Escuelas y hospitales se encuentran deteriorados. Los terrenos deportivos por el estilo. Grandes extensiones de tierras fértiles están repletas de marabú. El 63% de las casas están en mal estado constructivo, muchas a punto de desplomarse.

Saquemos la calculadora. Desde julio de 1993, cuando se despenalizó el dólar, a mil millones por año en concepto de remesas, el gobierno ingresó 18 mil millones de dólares. Súmele otros miles de millones provenientes de las empresas mixtas, turismo, aeronáutica y telecomunicaciones.

¿Qué han hecho los hermanos Castro con toda esa plata? ¿En qué la han gastado? Silencio oficial.

Gran parte de esas remesas le sirve a ciertas corporaciones de verde olivo para crear sociedades anónimas e invertir en proyectos que no benefician a una mayoría.

Pero si los parientes no giraran dinero, entonces ese 65% de los que reciben dólares habría tenido dos caminos: tirarse al mar en cualquier cosa que flote o gritar libertad en una plaza pública y recibir andanadas de palos por las turbas paramilitares.

No se le puede pedir a la gente posturas heroicas. Nunca hemos tenido vocación de mártires. En un sondeo a 30 familias que reciben dólares, 28 están hastiados de Fidel y Raúl Castro y de toda su parentela.

Las remesas familiares han significado una vida mejor para infinidad de cubanos en toda la isla. Comen y visten mejor y han podido reparar sus casas. Y aunque algunos siguen viviendo con una máscara, participan en las bachatas revolucionarias y van a votar en las elecciones, también están a favor de cambios políticos y económicos.

Que no se manifiesten es fácil de entender. En sociedades cerradas, con un control absoluto por parte de los servicios secretos, el temor suele vencer los deseos de libertad.

Pero los dólares que envían nuestros parientes refuerzan el poder de los Castro. Es una verdad como un templo.

Iván García

martes, 8 de noviembre de 2011

La Cuba vieja y la nueva en una tienda por internet


Como dice el refrán, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Así le pasa a menudo a los miles de cubanos que se han establecido fuera de Miami. Ahora que el verano llega a su fin, los estudiantes criados en Miami van a conocer esa experiencia mientras se marchan a universidades lejanas del sabroso pan cubano, los pastelitos y los frijoles negros.

Con los muchachos yéndose a la universidad y los días festivos a la vuelta de la esquina, es la temporada alta para Cuban Food Market, un suministrador en internet de todo lo cubano que se vende en Miami. Durante más de una década, sus propietarios María y Miguel Vásquez han estado enviando gustadas golosinas cubanas a todo Estados Unidos y el mundo, incluyendo España e Inglaterra, que están entre los mercados más grandes.

En septiembre, la tienda comenzó a enviar Cuban Care Packages a los soldados estadounidenses, principalmente en Afganistán e Irak. Los dueños dijeron que ellos cubrirán los costos de envío.

“La satisfacción vale más que meterse mil dólares en el bolsillo”, declaró María. “Esto es hacer algo por la gente y el país de uno”.

Dos almacenes en el Doral y La Pequeña Habana tienen siempre en existencia miles de artículos, tales como especias Badia, café Bustelo y Pilón, galletas cubanas, frijoles enlatados, conservas de frutas, etc. Ellos incluso ofrecen pan cubano y pastelitos de guayaba listos para comer, así como artículos para fiestas a pedido. Como promedio, envían entre 50 y 60 paquetes al día.

Plácido H. Serafín vive en un remoto pueblecito en Kentucky, pero todavía le gusta beber uno de los refrescos favoritos de su niñez: Ironbeer, originario de La Habana. Serafín, nativo de la provincia de Las Villas, recibe su provisión de Ironbeer a través de Cuban Food Market. También le gusta pedir casquitos de guayaba en lata, pan cubano, frijoles y turrones españoles para las Navidades. “¡Gracias a Dios que existen UPS y el Cuban Food Market!”, afirmó.

La otra mitad del negocio de la familia Vásquez es Sentir Cubano, tienda de souvenirs en La Pequeña Habana con más de 5 mil artículos, incluyendo guayaberas blancas y de colores, banderas cubanas, tazas de café, sombreros y mesas de dominó.

La Cuba vieja y la nueva están reflejadas en toda la tienda. Camisetas con mensajes tales como Married to a Cuban y Made in the U.S. with Cuban Parts atraen a las generaciones más jóvenes, mientras que la mayor parte del contenido de los souvenirs honra la Cuba prerrevolucionaria, con monedas revestidas de vidrio, fotos en blanco y negro y anuarios amarillentos que despiertan recuerdos semiborrados en los mayores.

De cierta manera, la tienda es un museo viviente. La gente de la localidad viene a menudo a donar reliquias de familia y a contar sus historias personales.

“Todo el que entra por esa puerta, haya venido hace 50 años o el otro día, se siente cubano. Ellos quieren celebrar su herencia”, comentó María.

La tienda cuenta con una amplia variedad de artículos únicos, desde muñecas Mariquita Pérez (fabricadas en España, en un tiempo vendidas en la isla), gallos de juguete que cantan cuando se dan palmadas, el popular papel higiénico con la cara de Fidel Castro impresa y obras de artistas cubanos recién llegados.

“Nadie tiene la variedad que nosotros tenemos. Somos una tienda nostalgica, pero también vendemos pastelitos y croquetas”, indicó María.

La familia Vásquez fundó la tienda de internet en 1999, impulsados por su deseo de sentirse conectados con su herencia. Sentir Cubano abrió sus puertas dos años más tarde. En la actualidad, el negocio tiene a unos 65 mil clientes registrados en su base de datos y recibe a cientos de visitantes en su local todas las semanas.

Caridad Delgado, quien vive a pocas cuadras de la tienda, ha sido clienta del sitio de internet desde el principio, aunque nunca ha puesto un pie en la tienda. De 77 años, no conduce y depende de otros para moverse. Hace un pedido casi todos los meses.

“Cualquier cosa que sea cubana me llama la atención”. He comprado guayaberas, CDs de Enrique Chia, camisetas, lo que sea. A mí me gusta ponerme una camiseta que dice Cubanita”, confiesa.

Muchas de las mercancías ofertadas han viajado por todo el mundo, e incluso a la isla. "Yo le mando cosas a mi hermana en la isla. Y regalos para el piloto español que a mi familia y a mí nos ayudó a escapar de Cuba hace 46 años”, asevera la señora Delgado.

Sue Arrowsmith
The Miami Herald, 15 de septiembre de 2011
Foto: Ironbeer y Jupiña, dos refrescos muy consumidos en Cuba antes de 1959, en botellas de cristal, y que ahora envasados en latas se pueden encargar a Cuban Food Market.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Antenas ilegales: negocio mixto entre La Habana y Miami


A falta de internet, la antena por cable. A día de hoy, es una de las pocas fuentes de información del cubano de a pie.

Si se quieren saber otras versiones de lo que ocurre en Libia, los indignados en Europa o el Medio Oriente y tienes a mano un radio de onda corta puedes escuchar Radio Exterior de España, BBC, Radio Martí o la Voz de Estados Unidos. Pero la imagen tiene más fuerza que la palabra.

En estos tiempos digitales, donde existe una saturación de informaciones, Cuba es de las pocas naciones, junto a Corea del Norte, donde las noticias que se difunden y sus respectivas interpretaciones son suministradas exclusivamente por el aparato propagandístico del Estado.

Buscar otros puntos de vista, análisis agudos o conocer detalles e historias que suceden en el mundo, solo es posible en la isla si tienes internet o una antena ilegal por cable.

La red de redes es un verdadero lujo. Solo un 3% de los ciudadanos tiene conexión en su hogar -y después haber pasado por el filtro oficial que demuestre que usted es un incondicional a la revolución. Otra manera de tener una cuenta de internet es de manera clandestina. Que existe.

Pero es más fácil tener una antena. Una tarde cualquiera viene un tipo a casa, previo acuerdo verbal, y en un santiamén te enchufa a la tele un cable de fibra óptica. Luego de varias comprobaciones, y el pago de 10 pesos cubanos convertibles (12 dólares) mensuales, la familia puede ver el noticiero nocturno de Univisión, entre otros espacios.

El negocio de la antena no es nuevo en Cuba. Por supuesto que La Habana es su plaza fuerte. En los años 90, la gente con conocimientos elementales de electrónica construía un armatoste, conocido como 'la lata', un auténtico engendro de placas, fusibles y componentes de trasmisores rusos, y la colgaban en una antena de televisión ordinaria.

Aquellas antenas primitivas se orientaban hacia el hotel Habana Libre, entonces sede de la emisión central de un canal diseñado exclusivamente para turistas, el Canal del Sol.

La policía y los CDR (comités de defensa de la revolución), por esa época hicieron una batida gigantesca contra las ‘latas’. Julio tenía una. “Solíamos ver el básquet de la NBA y el béisbol de Grandes Ligas, a veces CNN en español. Pero un buen día se apareció el DTI (policía técnica) y además de decomísame la antena, me llevaron detenido. Estuve una semana en un calabozo. Me pusieron una multa de dos mil pesos”.

Con la llegada del siglo XXI y el auge vertiginoso de las nuevas tecnologías, a la isla comenzaron a llegar sofisticadas antenas por cable, camufladas en bolsos de cubanoamericanos de visita en su patria. Lázaro, un ingeniero electrónico que vive de la venta de parabólicas, nos cuenta el entramado.

“Este es un negocio a dos manos. Un pariente en la Florida adquiere los componentes de un equipo receptor de la señal satelital, casi siempre RCA Victor de quinta generación, los más modernos y poderosos, aunque en Cuba existe una variedad amplia de artefactos. Luego los introduce clandestinamente en la isla. Cuando tienes a punto el receptor, por 60 dólares compras un 'plato' (parábola), que por su tamaño no se puede entrar por el aeropuerto. En La Habana hay varios fabricantes de ‘platos’, pero modestia aparte, los míos son los mejores”.

Gerardo se dedica a armar receptores para captar señales de satélite. “Gano hasta 800 dólares al mes. Depende de las ventas. Es arriesgado, pero deja mucho dinero. Es muy difícil, en un país donde el salario no supera los 20 dólares, que uno renuncie a un ‘bisne’ (negocio) como éste”.

Otro eslabón de la cadena son los 'recargadores'. Es lo que hace Danilo. Por 35 dólares, se encarga de recargar tarjetas para TV por cable. “Un familiar en Miami compra varias tarjetas y clona los números. Así mantenemos activas las tarjetas”.

La cara visible del negocio de las antenas satelitales son los dueños de equipos. Es raro el barrio de La Habana que en alguna de sus manzanas no tenga una antena que trasmite al menos para diez casas.

Desde hace nueve años, Leonel se dedica al alquiler de antenas. Cobra 12 dólares al mes. “Preparo una programación variada, que abarca Univisión, los canales 41, 51, CNN, HBO, FOX, TV Martí, Discovery Channel, ESPN y Antena 5 de España. Por lo general, mis tarjetas son de DirecTV. También desde hace tres años alquilo canales deportivos para los fanáticos al fútbol internacional y el béisbol de Grandes Ligas. Las mujeres son clientas de culebrones mexicanos, brasileños y colombianos. No faltan los interesados en las noticias sobre Cuba y otros países, emitidas por Univisión o la CNN en español. Es una manera de contrastar y conocer de primera mano informaciones que el gobierno manipula y oculta”.

El tema de la información es precisamente el punto más sensible para las autoridades cubanas. Gracias a la antena, cientos de miles de personas en Cuba conocieron la muerte por una huelga de hambre del disidente Orlando Zapata, el fallecimiento después de un altercado policial del opositor Wilfredo Soto o la reciente llegada a Miami de Reina Luisa Tamayo, madre de Zapata.

Para que la gente no tenga acceso a otras vías de información, el gobierno de Raúl Castro, ha diseñado leyes, impone elevadas multas y sanciones penales a quienes se dedican al negocio de la antena. Alega el régimen que esa forma de difusión radioelectrónica viola la soberanía de Cuba. Amén de difundir noticias tergiversadas sobre la realidad cubana. Y la persiguen.

Fuerzas combinadas de la policía, Seguridad del Estado y la empresa estatal de telecomunicaciones (ETECSA) tienen montado a tiempo completo un operativo para detectar señales de transmisión de antenas ilegales.

Raudel, ingeniero, ha formado parte de esos equipos. “Por cada antena que detectamos hay 40 que no localizamos. Es tremendo. Las personas dedicadas a esto son muy talentosas. Fíjate que hemos descubierto cables de fibra óptica que reproducían la señal de forma soterrada a 600 metros del equipo trasmisor”.

Las sanciones penales a los reincidentes pueden llegar hasta 3 años de privación de libertad. Pero lo común es aplicar severas multas de hasta 30 mil pesos (1,400 dólares).

Así y todo el negocio sigue boyante. Y proliferan tipos como Carlos, artista plástico, que prefiere tener un antena ilegal de uso exclusivo familiar. “Hay menos posibilidades de que te la detecten. Escondo la parábola dentro de un tanque de agua en la azotea, y cuando algún vecino indiscreto nos visita, la desconectamos. Lo bueno de tener una antena para ti, es que puedes ver los canales que desees”.

Lo prohibido despierta la atención de la gente. Es el caso de las antenas por cable en Cuba. Y la información controlada siempre generará la necesidad de buscar versiones diferentes en muchos ciudadanos. Y en otros, de montar un buen negocio. Incluso, a riesgo de ir a la cárcel.

Iván García

Foto: Uno de los modelos de "antenas de televisión" construidas en Cuba en la década de los 90.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Desde un lienzo de Lam hasta un sello de Mao


Son como piratas modernos. Su misión es comprar lo más barato posible. Y vender a precios por las nubes. Hagamos una radiografía de un anticuario habanero de obras de arte.

A Dania, 32 años, le salen ampollas en los pies de caminar en exceso. “Un día cualquiera recorro 20 kilómetros bajo un sol de fuego. A veces tiene sus recompensa. He comprado a precios de ganga lienzos, dibujos o grabados de pintores cubanos de los años 40, como Wilfredo Lam, René Portocarrero o Carlos Enríquez. Vajillas de plata, fotos con gran valor artístico y, la última moda, colecciones de sellos de Mao Tse-tung”, cuenta esta comerciante clandestina de obras de arte y objetos exóticos.

Los ingredientes para ser un brillante experto de arte subterráneo los define Augusto, 43 años. “Es una mezcla de agresividad, paciencia, talento y, sobre todo, alto nivel cultural. Y mucha empatía para ganarte el corazón de las personas. Sensibilizarse con sus problemas y saber que venden cosas valiosas porque suelen estar mal de dinero o desean juntar una cantidad para marcharse al extranjero. Yo siempre trato que los clientes sientan que se les está pagando un precio adecuado por sus artículos. La mayoría procede de la otrora clase media cubana, venidos a menos después de la revolución. Viejitos sin familiares en la isla o tipos que supieron invertir su dinero en obras de arte y ahora creen que es el momento de vender para obtener grandes beneficios”, explica Augusto, un especialista de calibre en el mundo de las antigüedades y obras de arte.

En cualquier barrio habanero usted podrá ver a los marchantes de arte haciendo propuestas e intentando hacer negocios con personas que poseen objetos de valor.

Dora es de las que toca puerta por puerta, anunciando que compra tenedores y cuchillos de plata; porcelana europea o China; viejos libros de ediciones únicas y otras rarezas que las personas tienen guardadas hace años en alguna oscura despensa.

Es amable y ríe de forma franca. Tiene un don especial para que gente desconfiada le abran la puerta. “A veces yo misma he estado días registrando en closets y viejos armarios de mis clientes en busca de objetos, pequeños grabados, recortes de periódicos y colecciones numismáticas o filatélicas que la gente piensa no tienen valor”, dice Dora, mientras revisa un bolso de nailon repleto de cubiertos de plata.

Ella suele comprar cada tenedor o cuchara de plata a 20 pesos, menos de un dólar, y luego al por mayor vende el kilo a 50 dólares. Todos estos mercaderes de antigüedades y obras de arte tienen contactos con compradores extranjeros que de antemano le hacen sus pedidos.

Hay temporadas que a los forasteros que les interesa la pintura cubana de un determinado período. “Aunque los pesos pesados como Lam, Mariano, Portocarrero, Ponce, Amelia Peláez, Víctor Manuel o Tomás Sánchez siempre interesan. A veces la suerte nos acompaña y damos un buen palo al adquirir un lienzo de un pintor español o francés de calibre. En Cuba se ven cosas increíble, conozco caso de personas que tienen obras de Picasso o Velázquez. Incluso Degas o Monet. Pero es difícil topar con un cuadro de ese nivel, lo mas fácil es adquirir pinturas del patio, esculturas y vajillas finas”, aclara Norberto, perito de arte en el mercado negro con 35 años de experiencia.

En ese mundo no faltan los estafadores y pícaros. Es casi una industria. Miguel, dibujante con talento, por un tiempo se dedicó a copiar cuadros de pintores cotizados. Tenía una red de personas a las que pagaba bien cuando vendían sus estafas. “Muchos cayeron en el jamo. Hice estafa de hasta 14 mil dólares. Hay unos cuantos cuadros falsos de Tomás Sánchez y Wifredo Lam dibujados por mi regados por La Habana”, señala.

Pero en el negocio del arte hay gente seria como Dania, incapaz de timar a nadie. Aunque a la hora de la puja por comprar lo más barato posible puede codearse con un accionista de Wall Street.

Ahora su prioridad número uno es adquirir colecciones de sellos con la imagen de Mao de los años 60. También libros de ediciones exóticas con poemas y doctrinas del líder chino. “Tengo dos compradores chinos que están interesados en la etapa de la 'revolución cultural' y obras de Mao y sellos que deseen vender coleccionistas cubanos. Y pagan muy bien”, cuenta Dania, sin dejar caer la comisión que gana.

Todos estos mercaderes, anticuarios o coleccionistas, tienen un denominador común: trabajan duro y mucho, tienen buena labia y amplia cultura, compran barato y venden caro. Además, abordan a sus clientes como auténticos piratas modernos. Siempre, eso sí, con cara de ángeles y exquisitos modales.

Iván García

Foto: La Jungla (1943), una de las obras más conocidos del pintor cubano Wifredo Lam (1902-1982). Pertenece al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Fue tomada de Yoel Magazine. En 1979, el cuadro fue exhibido en París.

sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Cuál era el verdadero apellido del autor de El Manisero?


En Flickr, en la galería de Albert Diner se encuentran archivadas más de un centenar de imágenes relacionadas con la presencia de hebreos en Cuba. En ella, puede verse una foto con el siguiente titular: "Moises Simmons, famous cuban musical composer El Manisero, arrested by Nazis in Paris".
Debajo, en español, en una breve reseña sobre el compositor de la famosa canción no se mencionan las circunstancias del arresto, supuestamente por haber sido considerado judío.

En el obituario o kabiosile escrito por el humorista y periodista cubano Ramón Fernández-Larrea y publicado en Radio Gladys Palmera, no hay ninguna referencia a que hubiera sido detenido en algunas de las razias antisemitas que antes de la Segunda Guerra Mundial ocurrieran en la capital francesa.

Donde el incidente es mencionado es en el blog Generación Asere, el 30 de noviembre de 2007: "El verdadero nombre del músico era Moisés Simón Rodríguez, pero a solicitud de un empresario sin escrúpulos, se cambió el apellido por el de Simons, lo cual le costó que los nazis ordenaran su detención e 1938 encontrándose en Francia. Los fascistas en el poder por aquel entonces, consideraban que el apellido adquirido del compositor era de procedencia judía y hubieron de retenerlo por algún tiempo por ese simple hecho. Hace muy poco hube de enterarme del suceso y me causó gran asombro, pues es un episodio de nuestra historia que desconocía por completo".

Al autor de El Manisero y Chivo que rompe tambó, entre otros números famosos del repertorio cubano, nacido en La Habana el 24 de agosto de 1888 y fallecido en Madrid el 28 de junio de 1945, Wikipedia le debe un espacio mayor. Además del kabiosile de Fernández Larrea, en la red no se encuentran muchos escritos que aporten información nueva. Uno de ellos es El Manisero de Moisés Simmons: Primer boom de la música latinoamericana a nivel mundial, de Nereyda Barceló. Otro,
Moisés Simons. Manisero Cubano, de Joaquín G. Santana.

Más completo es el artículo Moisés Simmons, el de El Manisero, de Ramón Fajardo. En este texto se aclara que "en realidad el primer apellido era Simón, pero le agregó una "s" al conformar su nombre artístico", coincidiendo con la tesis de Generación Asere. Y hace un aporte, al referirse al padre, quien fue profesor de piano. Su nombre completo era Leandro Simón Guergué. No fue sólo profesor de su hijo, sino también de Eliseo Grenet, uno de los grandes pianistas y compositores cubanos.

En el libro Españoles en la cultura cubana, de Miguel Iturria Savón, se hace una reparación histórica: "Hasta el presente, yacen en el olvido dos músicos peninsulares eclipsados, tal vez por las glorias de sus sucesores: el vizcaíno Leandro Simons, padre y maestro de Moisés Simons (...) y don Benjamín Orbón (Asturias 1874-La Habana 1944), pianista y profesor llegado a La Habana en 1909, progenitor y guía espiritual del gran compositor hispanocubano Julián Orbón".

¿De qué parte de Bizkaia o Vizcaya era el padre del afamado compositor habanero? No lo he podido averiguar. Tampoco he descubierto la fecha exacta y los motivos que tuvo para emigrar a Cuba, probablemente hacia mediados o fines del siglo 19. En la isla no hubo una comunidad vasca tan numerosa como la gallega, canaria o asturiana, pero todo indica que fue un grupo muy laborioso, emprendedor y organizado (con 2 millones y medio de habitantes, el País Vasco o Euskadi es hoy una de las comunidades autónomas más desarrolladas de España).

Simón es nombre biblíco de origen hebreo y como apellido en España se localiza principalmente en Mallorca, donde suele escribirse Simó, pero puede encontrarse en otras regiones ibéricas, Portugal incluida. Simmons parece tener raíces hebreas. Pero Guergué o Guergue sí es vasco. Hasta la fecha, no he leído nada sobre la madre, que pudo haber sido cubana, pero también española: la geneaología sitúa al apellido Rodríguez en Castilla, donde abundaban los patronímicos terminados en ez (Pérez, López, González, Hernández...).

Tanto en el antiguo Reino de Navarra como en el actual País Vasco, la historia recoge la llegada, asentamiento y éxodos de diversas oleadas de judíos en diferentes épocas. Por lo que no se pueden descartar orígenes judíos en esta familia vasco-cubana que en Jesús María, una de las más populares barriadas habaneras, formara una familia y fuera hogar del autor de El Manisero, que en su versión en inglés, The Peanut Vendor, ha sido interpretada por Louis Amstrong, Duke Ellington, Dean Martin, Stan Kenton y Xavier Cugat, entre otros.

Tania Quintero
Foto: Video: Versión que la cantante cubana Lucrecia hizo de El Manisero en su disco Album de Cuba.