miércoles, 31 de agosto de 2011

En San Leopoldo estuvo Doña Sofía


Ese trozo de geografía habanera es un cuadrilátero con fronteras hacia las calles Zanja, Belascoaín, Galiano y San Lázaro. Y, como todas las calles del municipio Centro Habana, desembocan en el malecón.

San Leopoldo es un barrio mayoritariamente negro y mestizo. Sucio y pobre. Muchas de sus casas se mantienen en pie por un milagro de la física. Cuna de jineteras de lujo y chulos famosos, que han hecho plata vendiendo historias en la prensa rosa de España.

Pero también es barriada de gente simple, que se levanta a las 4 de la madrugada para ir a trabajar en la construcción, asfaltando vías o como panadero. O que nunca han trabajado.
Para qué trabajar, piensan los muchachos que suelen 'hacer media' (pasar el tiempo) en las esquinas del suburbio.

Cualquier mañana para ellos es buena para hurtar una cámara fotográfica o una cartera abultada a un despistado turista. Figura entre los barrios con más altos índices de delincuencia y desocupación de la capital.

Las esquinas de San Leopoldo sirven a la vez de pasarela. Una mulata despampanante ligó a un canadiense millonario. Y un joven negro sin futuro, que solía enfundarse una bermuda apretada que le marcara 'el paquete' (pene), ahora vive en Europa a todo trapo. Ésos son los héroes del barrio.

Los tipos de éxito. Los que tienen leyendas. Los que todas las noches entre tragos de ron, los más jóvenes quieren imitar. Porque han podido irse lejos, viven bien y envían grandes mesadas a los suyos.

En esos barrios pobres de La Habana los ídolos no son Fidel Castro ni el Che Guevara. No. Son los vecinos de tu propia cuartería que han triunfado en cualquier rincón del mundo. O algún connotado delincuente que hizo “un buen pan” (dinero) de miles de euros y se hizo el Ifá o "santo" (costosa ceremonia de la santería cubana).

También con buenos ojos se ven a las personas “luchadoras”, a la gente que se busca los pesos sin permiso estatal. En San Leopoldo se lucra con todo. Negras obesas como la protagonista del filme Precious, limpian pisos en casas particulares o planchan y lavan ropa para el vecindario.

Tipos que hace años viven ilegales en La Habana. Nacieron en un paraje perdido de la Sierra Maestra y la mala vida los hizo recalar en la capital para ganarse unos cuantos pesos. Para lograrlo hacen de todo. Son albañiles, plomeros (fontaneros) o aguadores, dedicados a cargar cubos de agua. Sí, cargar agua es un negocio lucrativo en zonas de la parte antigua de la ciudad, donde escasea el preciado líquido. Cobran 60 pesos (unos 2.50 dólares) por llenar un tanque de 55 galones.

Cuando usted camina por estas calles, te ofertan de todo. Desde drogas, cajitas de comida y leche en polvo, hasta una pistola Makarov o una docena de huevos frescos. Por donde quiera encuentras santeros, babalaos y paleros (practicantes de creencias afrocubanas).

Y cómo no. Espiritistas, cartománticas, curanderos y médicos milagrosos como Lino Tomasén, negro gigante que siempre está fumando un tabaco, famoso por haber curado con la yema de los dedos a personas que ya daban por muertas.

El barrio de San Leopoldo es la meca del mercado negro. Y de excelentes 'paladares' (restaurantes privados), que han tenido que cerrar por los abusivos impuestos estatales. Pero en la oscuridad de la noche siguen funcionando, al igual que las casas de citas y de juegos o los cabarets privados, todos jugándole cabeza a la policía y los inspectores.

En este barrio negro y pobre, donde los héroes son jineteras, chulos y delincuentes, aún se recuerda con gratitud la noche del domingo 14 de noviembre de 1999, cuando Doña Sofía, la reina de España, cenó en la 'paladar' La Guarida. Una visita que no fue reportada por la prensa oficial, pero sí por una periodista independiente: La Reina de España en una paladar de San Leopoldo.

El maleconazo en 1994 es otra de las estampas favoritas en la memoria de los viejos de San Leopoldo, quienes en sus taburetes cuentan historias de aquel día. Cómo olvidar ese 5 de agosto, cuando cientos de personas del barrio dijeron hasta aquí, y rompieron vidrieras de tiendas por divisas que vendían lo que ellos no podían comprar.

Luego se apareció Fidel Castro y a los mismos vecinos que tiraban piedras y volcaban autos policiales, les vino el miedo al cuerpo y comenzaron a gritar lo que siempre de forma mecánica habían aprendido en toda su existencia: “Viva Fidel”.

En el barrio de San Leopoldo, donde cualquier asunto es cosa de negocio, la gente se agolpa en las esquinas esperando que la suerte les cambie sus vidas. Mientras los niños practican béisbol en las calles con tapas escachadas de botellas o pelotas de goma.

En ese cuadrilátero que conforman las calles Zanja, Belascoaín, Galiano y San Lázaro, habita la gente de la ciudad que piensa más rápido que cualquier otro habanero.

Iván García
Foto: AFP. Turistas llegan a la 'paladar' La Guarida, en Concordia 418 entre Gervasio y Escobar, Centro Habana. Este trabajo fue publicado en El Mundo/América el 25 de febrero de 2010 con el título El barrio donde estuvo la Reina de España.

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