lunes, 7 de noviembre de 2011

Antenas ilegales: negocio mixto entre La Habana y Miami


A falta de internet, la antena por cable. A día de hoy, es una de las pocas fuentes de información del cubano de a pie.

Si se quieren saber otras versiones de lo que ocurre en Libia, los indignados en Europa o el Medio Oriente y tienes a mano un radio de onda corta puedes escuchar Radio Exterior de España, BBC, Radio Martí o la Voz de Estados Unidos. Pero la imagen tiene más fuerza que la palabra.

En estos tiempos digitales, donde existe una saturación de informaciones, Cuba es de las pocas naciones, junto a Corea del Norte, donde las noticias que se difunden y sus respectivas interpretaciones son suministradas exclusivamente por el aparato propagandístico del Estado.

Buscar otros puntos de vista, análisis agudos o conocer detalles e historias que suceden en el mundo, solo es posible en la isla si tienes internet o una antena ilegal por cable.

La red de redes es un verdadero lujo. Solo un 3% de los ciudadanos tiene conexión en su hogar -y después haber pasado por el filtro oficial que demuestre que usted es un incondicional a la revolución. Otra manera de tener una cuenta de internet es de manera clandestina. Que existe.

Pero es más fácil tener una antena. Una tarde cualquiera viene un tipo a casa, previo acuerdo verbal, y en un santiamén te enchufa a la tele un cable de fibra óptica. Luego de varias comprobaciones, y el pago de 10 pesos cubanos convertibles (12 dólares) mensuales, la familia puede ver el noticiero nocturno de Univisión, entre otros espacios.

El negocio de la antena no es nuevo en Cuba. Por supuesto que La Habana es su plaza fuerte. En los años 90, la gente con conocimientos elementales de electrónica construía un armatoste, conocido como 'la lata', un auténtico engendro de placas, fusibles y componentes de trasmisores rusos, y la colgaban en una antena de televisión ordinaria.

Aquellas antenas primitivas se orientaban hacia el hotel Habana Libre, entonces sede de la emisión central de un canal diseñado exclusivamente para turistas, el Canal del Sol.

La policía y los CDR (comités de defensa de la revolución), por esa época hicieron una batida gigantesca contra las ‘latas’. Julio tenía una. “Solíamos ver el básquet de la NBA y el béisbol de Grandes Ligas, a veces CNN en español. Pero un buen día se apareció el DTI (policía técnica) y además de decomísame la antena, me llevaron detenido. Estuve una semana en un calabozo. Me pusieron una multa de dos mil pesos”.

Con la llegada del siglo XXI y el auge vertiginoso de las nuevas tecnologías, a la isla comenzaron a llegar sofisticadas antenas por cable, camufladas en bolsos de cubanoamericanos de visita en su patria. Lázaro, un ingeniero electrónico que vive de la venta de parabólicas, nos cuenta el entramado.

“Este es un negocio a dos manos. Un pariente en la Florida adquiere los componentes de un equipo receptor de la señal satelital, casi siempre RCA Victor de quinta generación, los más modernos y poderosos, aunque en Cuba existe una variedad amplia de artefactos. Luego los introduce clandestinamente en la isla. Cuando tienes a punto el receptor, por 60 dólares compras un 'plato' (parábola), que por su tamaño no se puede entrar por el aeropuerto. En La Habana hay varios fabricantes de ‘platos’, pero modestia aparte, los míos son los mejores”.

Gerardo se dedica a armar receptores para captar señales de satélite. “Gano hasta 800 dólares al mes. Depende de las ventas. Es arriesgado, pero deja mucho dinero. Es muy difícil, en un país donde el salario no supera los 20 dólares, que uno renuncie a un ‘bisne’ (negocio) como éste”.

Otro eslabón de la cadena son los 'recargadores'. Es lo que hace Danilo. Por 35 dólares, se encarga de recargar tarjetas para TV por cable. “Un familiar en Miami compra varias tarjetas y clona los números. Así mantenemos activas las tarjetas”.

La cara visible del negocio de las antenas satelitales son los dueños de equipos. Es raro el barrio de La Habana que en alguna de sus manzanas no tenga una antena que trasmite al menos para diez casas.

Desde hace nueve años, Leonel se dedica al alquiler de antenas. Cobra 12 dólares al mes. “Preparo una programación variada, que abarca Univisión, los canales 41, 51, CNN, HBO, FOX, TV Martí, Discovery Channel, ESPN y Antena 5 de España. Por lo general, mis tarjetas son de DirecTV. También desde hace tres años alquilo canales deportivos para los fanáticos al fútbol internacional y el béisbol de Grandes Ligas. Las mujeres son clientas de culebrones mexicanos, brasileños y colombianos. No faltan los interesados en las noticias sobre Cuba y otros países, emitidas por Univisión o la CNN en español. Es una manera de contrastar y conocer de primera mano informaciones que el gobierno manipula y oculta”.

El tema de la información es precisamente el punto más sensible para las autoridades cubanas. Gracias a la antena, cientos de miles de personas en Cuba conocieron la muerte por una huelga de hambre del disidente Orlando Zapata, el fallecimiento después de un altercado policial del opositor Wilfredo Soto o la reciente llegada a Miami de Reina Luisa Tamayo, madre de Zapata.

Para que la gente no tenga acceso a otras vías de información, el gobierno de Raúl Castro, ha diseñado leyes, impone elevadas multas y sanciones penales a quienes se dedican al negocio de la antena. Alega el régimen que esa forma de difusión radioelectrónica viola la soberanía de Cuba. Amén de difundir noticias tergiversadas sobre la realidad cubana. Y la persiguen.

Fuerzas combinadas de la policía, Seguridad del Estado y la empresa estatal de telecomunicaciones (ETECSA) tienen montado a tiempo completo un operativo para detectar señales de transmisión de antenas ilegales.

Raudel, ingeniero, ha formado parte de esos equipos. “Por cada antena que detectamos hay 40 que no localizamos. Es tremendo. Las personas dedicadas a esto son muy talentosas. Fíjate que hemos descubierto cables de fibra óptica que reproducían la señal de forma soterrada a 600 metros del equipo trasmisor”.

Las sanciones penales a los reincidentes pueden llegar hasta 3 años de privación de libertad. Pero lo común es aplicar severas multas de hasta 30 mil pesos (1,400 dólares).

Así y todo el negocio sigue boyante. Y proliferan tipos como Carlos, artista plástico, que prefiere tener un antena ilegal de uso exclusivo familiar. “Hay menos posibilidades de que te la detecten. Escondo la parábola dentro de un tanque de agua en la azotea, y cuando algún vecino indiscreto nos visita, la desconectamos. Lo bueno de tener una antena para ti, es que puedes ver los canales que desees”.

Lo prohibido despierta la atención de la gente. Es el caso de las antenas por cable en Cuba. Y la información controlada siempre generará la necesidad de buscar versiones diferentes en muchos ciudadanos. Y en otros, de montar un buen negocio. Incluso, a riesgo de ir a la cárcel.

Iván García

Foto: Uno de los modelos de "antenas de televisión" construidas en Cuba en la década de los 90.

1 comentario:

  1. Aca en los EUA commpanias como Comcast puede detectar conecciones ilegales mediante antenas de liqueo de RF signal. Pienso que el gobierno de Cuba igual pudiera detectar liqueo de senal porque al incrementarle los db a la senal para seguirla diviediendo entre usuarios,esto al no tener una propia isolacion expulsa en baja frequencia o para ser mas exacto contamina la frequencia q usan los medios de emergencia,(policia,aviones ,etc)
    lo mas seguro es la parabolica por casa asi se limita a un perimetro bien corto el liqueo si no hacen bien los conectores y la isolacion apropiada,
    pero la clave esta en la isolacion = a no deteccion

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