jueves, 29 de septiembre de 2011

Travestis y jineteros gays inundan barriadas habaneras


Josimar, un trigueño de piel tostada y figura estilizada, viste como un varón hasta la 7 de la tarde. Cuando cae la noche, deja tirado el vaquero y la camiseta en el cesto de la ropa sucia. Se baña y tras dos horas de maquillaje, cambia su 'look'.

De la casa de sus padres sale vestido de mujer. Es un travesti duro y puro. Por realizar el sexo con otros homosexuales se busca hasta 30 dólares diarios. “Si por mí fuera, siempre andaría con tacones y peluca. Quiero ser mujer todo el tiempo. Pero mis padres se escandalizan cuando me ven vestido de puta”, señala Josimar mientras realiza sus rondas nocturnas por la Calzada 10 de Octubre, a la caza de clientes.

En La Habana, ya casi todos los gays, travestidos o no, suelen cobrar por sus servicios. A las tres de la madrugada, Orestes, un mulato de 21 años, con un short cortísimo, saca su mano a los vehículos que transitan por la avenida. Cuando un chofer se detiene, le lee la tarifa. “Una mamada por 40 pesos (menos de dos dólares), masturbación 25 pesos (un dólar) y penetración anal 3 pesos convertibles (4 dólares)”.

No siempre tiene suerte. A veces, conductores pasados de tragos y deseosos de hembras, confundidos, pensando que es una chica, aceptan. Después de los primeros escarceos, al ver que es un travesti, ofendidos, le propinan una soberana paliza. “Yo siempre les aclaro que soy una maricona, para evitar malos entendidos”, cuenta Reinier, un travesti a quien le gusta que le llamen 'Beyoncé'.

Los heterosexuales de las barriadas habaneras de Lawton, Santos Suárez y La Víbora, homofóbicos en extremo, están que revientan, por la manada de jineteros gays en la zona.

“Antes, tu andabas de noche por el barrio para darte unos tragos con los socios y luego buscar jineteras, te topabas con maricones, pero ellos andaban en lo suyo. Esta legión de travestis y gays, además, es agresiva. Descaradamente te piropean y te hacen proposiciones. Me dan ganas de golpearlos hasta dejarlos inconscientes”, confiesa un vecino.

La avalancha de 'prostitutos' ha desplazado a las putas baratas hacia otros sitios. Norberto, un gay negro de casi dos metros, aduce que si hay tantos travestis por La Víbora es porque hay clientes. Es cierto, clientela no les falta. La forma de pactar un trato entre un gay y un aparente heterosexual es para filmarlo con cámara oculta. Cuba es un país donde todavía los 'pájaros' (homosexuales) no son bien vistos por la población.

Tipos con fama de bravucones y un extenso historial dentro de las prisiones, luego de otear el panorama, discretamente, sin dejar de caminar, le dicen al travesti que los siga a distancia.

Cuando llegan a un pasillo oscuro o lugares lóbregos como el Parque Córdoba o la Plaza Roja, hacen el sexo con arrebato. “Entre los marginales violentos y homofóbicos feroces es común este tipo de conducta. Todo es apariencia. Son nuestros mejores clientes”, apunta Roberto, un peluquero gay que lleva catorce años ligando parejas en altas horas de la noche.

A diferencia de los nuevos jineteros y travestis tarifados, Roberto lo hace por placer. “Pertenezco a la vieja escuela. Si me gusta un macho y el tipo acepta, yo soy el que paga. No veo bien que un varón tenga que pagarle a un maricón”.

Según el peluquero, la oleada de travestis que ha inundado el municipio 10 de Octubre es peligrosa. “Algunos se dedican a asaltar y robarle el dinero a tipos muy ebrios. De forma anónima los he denunciado a la policía. Están usurpando mi territorio”, dice enfadado Roberto.

Cuando el sol empieza a calentar, los travestis, jineteros gays y homosexuales que hacen el amor por placer, como Roberto, van a la cama. De las fogosas batallas sexuales queda un reguero de preservativos en pasillos angostos, parques oscuros y escaleras sin iluminar. Hasta la próxima madrugada.

Iván García

1 comentario:

  1. Parece que las cosas están cambiando en La Habana, con sus cosas positivas y negativas.

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