lunes, 25 de agosto de 2025

Los huevos de mi padre

 

Hoy que escucho sobre la escasez y los exorbitantes precios de los huevos en la isla cautiva, me acordé de mi padre. No es que necesite de huevos para recordarlo, sino que él siempre ha sido un tipo de muchos huevos. Literalmente hablando.

Mi padre, sobre todo, siempre ha sido un excelente padre y un perfecto hijo. Decente de los buenos, derecho, trabajador, ingenioso. Que tenga un atractivo invencible sobre las mujeres no es su culpa. Hablas dos palabras con él y ya lo quieres. Parece mentira, pero es verdad.

En 1959, cuando el Orador Orate llegó a liberar a los cubanos de la opresora libertad en la que vivían, mi padre trabajaba en una cafetería propiedad de una buena persona de apellido Granda. Como muchos, esta familia, que había trabajado toda su vida para lograr un patrimonio, tuvo que dejarlo todo y trasplantarse en la Florida. Mi padre, hombre de los de antes, se arriesgó y les compró el negocio, aun a sabiendas de que era muy seguro que se lo confiscaran más adelante.

Sin saberlo, le dio el primer empleo a un flaco orejón que después se hizo famoso cantándole al régimen del Orate. Canciones lastimeras, tristonas; no siempre lo nuevo es bueno, y esa trova artificial increíblemente marcó una época. El tal Silvio no duró mucho en el empleo, lo suyo no era el trabajo. Donde sí tuvo éxito fue en sus canciones. Hay veces que una sopa de letras y tres acordes de guitarra es todo lo que hace falta para ganarse el pan. Eso y ponerse al servicio de una tiranía.

Llegó 1968 y se acabó el negocio. Entonces mi padre, un tipo astuto, pasó a trabajar en una cosa llamada INIT: Instituto Nacional de Turismo. Turismo nacional, porque el internacional solo era alimentado por técnicos y militares soviéticos y de los países del bloque socialista. El hombre, trabajador como nadie, fue ascendiendo hasta llegar a ocupar un buen puesto en otro engendro llamado Centro de Asistencia Técnica. Oficinas nuevas en el lujoso Miramar, luego en el penthouse del hotel Sierra Maestra. Un bello edificio confiscado al senador Olmedo, de la vieja Cuba.

Estando en el envidiado trabajo, un viejo comunista, llamado Carlos Rafael y con el mismo apellido que Silvio el orejón, tan importante como voluble, lo metió en algún tema que no gustó al Orador Orate. Mi padre, que no tiene alma de soplón, calló, y cayó. Lo despidieron y vino a dar a otro instituto estatal, esta vez no relacionado con extranjeros, sino con pollos. Sí, pollos… y huevos.

Usted no está para saberlo, pero resulta que a mi padre, desde pequeño, le han fascinado las gallinas, los gallos, los pollos, los pollitos y los huevos. Nadie como él para encontrar un nido en medio de un matorral. Dios actúa, hasta en el comunismo.

Como jefe de abastecimientos del Combinado Avícola Nacional (CAN), se dedicó a fomentar la cría de pollos, de gallinas ponedoras y de huevos. Hasta diseñó una caja de cartón para transportar a sus queridos pollitos. Incluso su amigo Sansón, un dibujante fabuloso, creador de un popular personaje animado en la televisión, diseñó un hermoso logotipo: un pollito estilo Disney recostado sobre las socialistas siglas de CAN. Por supuesto, lo prohibieron ipso facto, diversionismo ideológico.

Total, que en pocos años su anónima labor llenó a Cuba de carne de pollo y huevos. "Arroz, chícharos y huevos", se quejaban los cubanos. A esa combinabación le decian 'los tres mosqueteros'. Los dos primeros ingredientes no sé de dónde provenían, pero los huevos eran los de mi padre.

Tantos había, que hasta el Orador Orate ordenó a los cubanos que se los arrojaran a sus propios paisanos que querían dejar el manicomio en 1980. Recuerdo las paredes llenas de huevos reventados contra las casas de los "traidores".

Hoy en día, muchos de aquellos aventadores de huevos o están muertos, o fuera de Cuba, o siguen en la isla cautiva, pero ya sin huevos. Mi padre sí tiene, gracias a Dios.

Omar Sixto
Blog Cuba olvidada: Recordar el pasado es recuperar el futuro, 14 de julio de 2025.
Ver video La mierda que le dan de comer a los cubanos.

lunes, 18 de agosto de 2025

Vivir en Cuba es un caos

 

Dos horas antes de acudir al hospital donde trabaja como cirujano, llamémosle Frank, tiene que cargar ocho cubos de agua desde la cisterna del edificio donde reside porque el motor está averiado. Luego de desayunar una taza de té -el alto precio del café lo ha convertido en un lujo- le prepara un vaso de jugo de frutas a su hijo y un pan con salchichas.

Después su esposa le ayuda a colocar unas planchas de madera para poder bajar su moto eléctrica por la escalera desde un segundo piso. “Es un trabajo pesado, pero con la ola de robos que hay en el país tenemos que cuidar la motorina como si fuera un tesoro”, dice Frank. Cuando la moto ya está en la calle se colocan sus cascos y los tres se apretujan en el pequeño asiento. Frank deja a su hijo en la escuela y a su esposa en la empresa donde trabaja.

Sobre las nueve de la mañana es que llega al hospital. “Es complicado atender a pacientes sin apenas desayunar y con veinte mil preocupaciones en la cabeza. Suma a todos los problemas de la vida cotidiana en Cuba, apagones, falta el agua, el gas licuado, si vas a un cajero del banco no tienen efectivo. Por si no bastara, en el hospital el equipo de esterilizar está roto, faltan guantes y jeringuillas desechables y ni siquiera hay jabón para lavarse las manos. Tenemos que traerlo de la casa, igual que los bolígrafos para llenar las recetas”.

“En el hospital escasean los especialistas. La mayor parte de las consultas la hacen estudiantes de medicina. La calidad de los servicios médicos deja mucho que desear. Eso repercute en el aumento de la mortalidad en enfermedades que son curables. A veces por falta de un antibiótico se complica un paciente y puede llegar a perder la vida. He visto casos de personas que entran al cuerpo de guardia con una gripe y debido a las bacterias que proliferan en el hospital por la falta de higiene, terminan ingresados en terapia intermedia. A mis pacientes les aconsejo que si no es un asunto de vida o muerte, la última opción es acudir al médico”.

“Como los salarios son tan bajos, un especialista de nivel gana un salario entre diez y once mil pesos al mes (26 a 29 dólares) entonces los médicos para ganar un dinero extra tienen su lista de pacientes privilegiados que atienden por WhatsApp o van a su casa. Son esos pacientes con sus regalos, en especie o dinero, los que te permiten poder mantener a tu familia. La otra opción es ganar unos dólares en una misión en el extranjero. Pero en ocasiones tienes que vivir en condiciones extremas y estar dos o tres años alejado de tu familia, sin contar que te tumban el 80 por ciento del salario, porque siempre esta gente (el régimen) se saca un as debajo de la manga y te paga menos. Por eso prefiero tener mis pacientes en La Habana. Con ellos resuelvo. Hasta una moto eléctrica me pude comprar”, concluye el cirujano.

Mientras Frank, su esposa y su hijo salen por la mañana en su motorina, Andrés, 65 años, después de trabajar toda la madrugada, regresa a domicilio. Desde hace treinta años es recogedor de basura. “Sobre las nueve y pico de la noche salgo. Camino casi tres kilómetros y cuando llego, no siempre puedo sacar el camión colector de desechos por falta de combustible o por una rotura. Como nos han recortado el combustible en un 75 por ciento, no se puede recoger la basura en la mayor parte de La Habana".

"¿Cuál fue el plan de los ‘iluminados’ que dirigen el país? Recoger los desechos solo en las arterias principales. Por eso tu ves todos los barrios y zonas interiores con montañas de basura. Esa inmundicia ha provocado brotes de cólera y enfermedades de la piel. Lo que pasa en Cuba no sucede en ningún otro lugar del mundo. En cualquier país, la basura es un negocio rentable. En Italia la mafia se ha involucrado en los desechos y en Japón le propuso al gobierno encargarse de la recogida de basura en la capital, hasta donaron cien camiones colectores, pero estos tipos son iguales al perro del hortelano, ni comen ni dejan comer. Prefieren que la basura inunde la ciudad”, afirma Andrés.

Magda, profesora jubilada, considera que la recogida de desechos es uno de los muchos problemas cotidianos que sufren los cubanos. Pero no el más grave. “Es verdad que parte el alma ver a La Habana llena de mierda. Lo sufro en primera persona, pues vivo en una casa en bajos, mi puerta da a la calle, cerca de una esquina donde la basura que tira la gente ha formado una montaña. Tengo que tener las ventanas cerradas por la peste, las moscas, cucarachas y ratones”.

En su opinión, la recogida de basura, como el resto de los servicios de públicos, no funcionan en Cuba. "Es increíble como Díaz-Canel y sus ministros se reúnen durante horas, hacen planes y proyecciones y los problemas en vez de mejorar se agudizan. Cada vez estamos peor. Con apagones de varias horas, sin agua potable, con déficit de medicamentos y sin gas para cocinar. Pero lo más grave de esta crisis es la alimentación: sin comer no se puede vivir”, señala Magda e intenta explicar lo que a su entender es una paradoja.

“Ningún salario en este país alcanza para comer. Y no hablo de alimentación sana. Para almorzar y comer en un mes arroz, frijoles, espaguetis, un picadillo rancio, aguacate, comprar pan y algunas frutas o viandas necesitas tres veces el salario medio que según escuché en el noticiero de televisión era de 6506 pesos. Imagínate entonces qué puede comer un jubilado con una pensión promedio de 2,200 pesos. Es una vergüenza ver a personas que trabajaron toda su vida registrando los latones de basura. Si no tienes familiares en el extranjero o eres dueño de un negocio pasas hambre. Es una realidad”, asegura Magda.

Diario Las Américas le preguntó a 15 personas aspectos positivos de la Cuba actual. Trece respondieron que ninguno. Una de las dos personas que mencionó algo positivo se encuentra un ingeniero: “Podría decir la naturaleza y la belleza de sus playas, pero cuando ves la arena sucia, repleta de latas vacías y los campos desbordados de marabú, tengo mis dudas”.

El otro, un emprendedor, dijo que en Cuba se puede vivir con cierto confort, “si eres pariente de un dirigente o un general; si no tienes 'padrinos', solo puedes resolver si abres un negocio que te dé ganancias y puedas comprar muebles modernos, aire acondicionado y un sistema de paneles solares, pues son más las horas sin luz que con luz. Y si eres inteligente, ahorras dinero y emigras, porque el gobierno cambia de palo pa’ rumba cuando le da la gana y por cualquier cosa te pueden meter. Si buscas estabilidad financiera tienes que irte”. Para muchos vivir en Cuba es un caos.

Iván García

lunes, 11 de agosto de 2025

Hace 200 años no hacían falta vietnamitas en Cuba

 

Cada día tengo menos contacto con personas dentro de la isla cautiva. Ya casi todos mis conocidos y familiares viven fuera de ella. Duele, pero a eso nos han llevado los Barrigones de la Junta que la oprime y nos exprime.

En una de esas escasas comunicaciones, me comenta mi amigo que ahora sí la situación de escasez de arroz, producto básico en nuestra dieta tradicional, deberá mejorar, puesto que ahora son vietnamitas quienes están a cargo de su cosecha.

-¿Vietnamitas? ¿Trajeron vietnamitas para que trabajen cultivando arroz?
-No, no. Vinieron a enseñarnos a sembrarlo y cosecharlo.
-¿A enseñarnos? Si mi abuelo, con mis tíos, lo sembraba en su vega de tabaco y tenían arroz para todo el año. Ni que fuera asunto de ciencias exactas.

Ahí quedó el tema, puesto que mi amigo pasó a hablar del apagón, la recarga, los inspectores y la visa a no sé qué país.

Pero los que conocen sabrán que el tema quedó dando vueltas en mi cabeza, y recordé que en una parte del nuevo libro que escribo se habla del arroz. Solo que del arroz que se cultivaba en Cuba hace ya dos siglos. Un señor Fernández de Cossío —que debe ser tatarabuelo del viceministro de Exteriores de los Barrigones— propugnaba la necesidad de construir un ferrocarril para aumentar la producción al sur de La Habana. Esto en 1830, cuando apenas iniciaba este por entonces novedoso... Iba a decir "revolucionario", pero la palabra me incomoda un poco. O mucho.

"El arroz, este solo artículo, pudiera justificar esta verdad. Pasan de cien mil las arrobas que anualmente cosecha esta jurisdicción, y solo se conduce a la Capital las quince mil que manifiesta el presente estado. Si hubiera un cómodo transporte, las ochocientas o novecientas mil arrobas que anualmente consume la Habana del extranjero las recibiría de este partido; porque muchos hacendados se dedicarían a esta siembra y establecerían molinos para su beneficio como ya lo había hecho el Excmo. Sr. Francisco Arango (y Parreño)".

Las 900 mil arrobas de arroz que Fernández de Cossío estaba seguro de que se podrían producir equivalen a 15 227 toneladas métricas. Ciento ochenta y seis años después, en 2016, la provincia de Mayabeque, que tiene como capital a Güines, esperaba producir 7,900 toneladas, aunque en noviembre solo llevaban cosechadas 6,000 de arroz "húmedo", sin secar aún.

En 2024 y en el año que transcurre, no se han publicado estadísticas de la producción de la región. Sabemos que el país solo produce el 11 por ciento del arroz que consume. Sabemos también que no se consume todo el arroz que los cubanos comerían de vivir en una sociedad sin racionamiento extremo.

En 1830, aquel Fernández de Cossío quizás ni sabía dónde quedaba Vietnam. En 2025, la Junta que da empleo a su tataranieto —o lo que sea— tiene que llevar a unos vietnamitas para que les enseñen a cultivar arroz. En 1959, mi abuelo sabía cosecharlo. Y, como él, miles de campesinos cubanos. Pero les quitaron las tierras en aras de la "justicia social".

Como no hay arroz, hoy los cubanos tendrán que comer justicia social con frijoles. El problema es que tampoco hay frijoles, y mucho menos justicia social. Mendigos, sin embargo, hay muchos.

Y se me olvidaba, los vietnamitas invaden la isla cautiva para producir arroz y así cobrar lo que los Panzones les deben. Venderán arroz, cobrarán con los dólares que los emigrados les manden.

Omar Sixto
Blog Cuba olvidada: Recordar el pasado es recuperar el futuro, 17 de julio de 2025.
Foto: Tomada de la Revista Vietnam en español.

lunes, 4 de agosto de 2025

Cuba, el país de las apariencias

 


La lluvia rebota en el techo de zinc de un cobertizo sucio con piso de tierra, utilizado para guardar sacos de abono comprado en el mercado informal, aperos de labranza y algunos trastos que siempre molestan en una casa. Al costado del camino vecinal, un viejo tractor de la era soviética y una yunta de bueyes que beben agua en un rústico vertedero de chapas cubierta con tierra rojiza.

Osvaldo, 68 años, dueño de la finca ubicada al suroeste de La Habana, fuma sosegado un mocho de tabaco, se rasca la cabeza con unos dedos gruesos que parecen garfios torcidos y luego de echar a andar la turbina con una planta eléctrica comprada en una agencia de paquetería en Miami, trota bajo la lluvia hasta el portal de su casa.

Antes de responder la pregunta de por qué la agricultura cubana no es capaz de suministrar suficientes alimentos al pueblo, Osvaldo se toma un buche de café, se sienta en un sillón y cruza sus pies encima de una mesita de hierro.

“No hay que darle más vueltas al tema. El único culpable que la agricultura no funcione es el gobierno. Ya yo perdí la cuenta de las medidas y estrategias trazadas por los que dirigen el país. Y el problema es que detrás de un buró no se puede hacer una cosecha. Cada siembra es diferente. La cantidad de malanga, plátano o carne de res no se puede planificar desde una oficina con aire acondicionado en La Habana”, afirma Osvaldo.

El campesino pone varios ejemplos. “Llegan los funcionarios, la mayoría cebados como puercos, con las agendas debajo del sobaco y con sus muelas políticas pretendiendo que a golpe de consignas se van a multiplicar las cosechas”, dice y añade:

“Y en la agricultura no existen los milagros. Funciona con inversiones y recursos. Si desde hace cuatro años a los dueños de finca nos entregan solo el 20 por ciento del combustible que necesitamos, sin abonos, fertilizantes ni piezas para el tractor y el regadío, simplemente no puedes esperar que las producciones agrícolas crezcan”.

Las estadísticas de las cosechas agrícolas, ganaderas, porcinas, pesqueras o azucareras asustan. Ni siquiera en un país en guerra como Ucrania el descenso ha sido tan alarmante. En el último lustro las cosechas han caído entre un 60 y 80 por ciento.

La producción de carne de cerdo en 2024 fue solo del 23 por ciento en comparación con 2018. Cada año mueren por hambre y sed más de veinte mil vacas. De seis millones de reses a principios del siglo XXI, actualmente hay dos millones y medio. Las que no mueren por enfermedad son sacrificadas por los matarifes clandestinos que luego venden la carne en el mercado informal.

“Es un desastre absoluto. El Estado no te da nada y te quiere exigir producciones elevadas. En vez de priorizar la agricultura y subsidiarla, como hacen los países del Primer Mundo, esta gente (la dictadura) te quiere vender los insumos y el combustible en dólares. Yo tuve que comprar dos plantas eléctricas en Miami para echar a andar la turbina y la minifábrica donde elaboro puré de tomate”, explica Osvaldo.

“Esos gastos repercuten en el precio final del consumidor. El gobierno vive en Babia. Acopio te quiere comprar las cosechas a precio de cerdo enfermo, te pagan precios muy por debajo del mercado de oferta y demanda. Entonces la cuenta no da. Tengo que pagar entre 800 y mil pesos diarios a cada jornalero. Antes de sembrar ya tengo la cosecha comprada por intermediarios. Aunque el gobierno no nos da nada, los finqueros privados somos los que estamos alimentando al país”, subraya Osvaldo.

Los datos corroboran sus palabras. A pesar que el Estado es el dueño del 75 por ciento de las tierras, incluyendo las más fértiles, apenas produce el 28 por ciento de las cosechas agrícolas, ganadera y porcina.

A setenta kilómetros de la finca de Osvaldo, en el Palacio de Convenciones, ubicado en el reparto Siboney, antaño barriada aristocrática donde sus propiedades fueron confiscadas por la nueva burguesía verde olivo, el miércoles 16 de julio comenzó el quinto periodo de sesiones de la monocorde Asamblea Nacional del Poder Popular.

Año tras año, la plana mayor de la dictadura, que suele vestirse con uniformes militares y guayaberas blancas importadas de Miami o Panamá, con gesto ceñudo y una narrativa repleta de frases huecas y consignas, discuten diversos temas e intentan ofrecer soluciones a las múltiples crisis que padece la Isla.

A los participantes les brindan, gratis, dos meriendas y un almuerzo a la carta en el restaurante El Bucán del Palacio de Convenciones. Las sesiones, climatizadas, se transmiten por Radio Rebelde y el canal televisivo Cubavisión. Asuntos medulares como los maratónicos apagones que sufren los cubanos desde hace tres años, el desabastecimiento general, el déficit de agua potable, gas licuado, medicamentos y combustible, entre otras muchas carencias, se debaten de forma superficial por los 602 diputados que en teoría debieran representar al pueblo.

Pero en la práctica es una puesta en escena. El parlamento es una herramienta de la dictadura para aparentar democracia. Los diputados son elegidos por una comisión del partido comunista. Todo muy calculado, como le gusta al castrismo.

Un porcentaje de mujeres, negros, deportistas, intelectuales, militares, profesionales y campesinos que conocen al dedillo el manual del correcto diputado. Dos son las reglas básicas: aplaudir y aprobar por unanimidad todas las propuestas del ejecutivo. Y siempre es de buen gusto mencionar y de memoria recordar, frases del dictador Fidel Castro, fallecido el 25 de noviembre de 2016.

Culpar de la crisis multisistémica al “imperialismo yanqui y su brutal bloqueo”, a pesar que las estadísticas indican que Estados Unidos es el sexto socio comercial del régimen de La Habana y que el envío de remesas es la segunda industria nacional después de la importación de médicos a los que el régimen les decomisa el 80 por ciento de sus salarios.

Cubanos de a pie, como Reinier, residente en el barrio pobre y duro del Romerillo, cerca del Palacio de las Convenciones, reconoce que nada se va a solucionar. “Es más de lo mismo, asere. Ya está demostrado que con el actual sistema nunca saldremos del hueco. Lo único que generan es hambre y miseria. La mayoría de los cubanos no siguen esos debates. A no ser para darle chucho y burlarse de la mierda que hablan”.

Ana, ingeniera, comenta que “la ministra del trabajo, ahora tronada por Díaz-Canel, Marta Elena Feitó, se ganó al Oscar a la mentira más grande al decir que en Cuba no había mendigos, que se disfrazaban de limosneros. Es una burla a los miles de personas que duermen en las calles y de la basura comen sobras de alimentos”.

Osvaldo, reconoce que la “asamblea nacional nunca ha tenido un voto en contra en sus cincuenta años de existencia. Esos tipos son unos mentirosos patológicos. Lo único que les importa es conservar sus privilegios. Esas reuniones son para cumplir una formalidad. Sentados detrás un buró no van a solucionar los problemas en la agricultura ni mejorar la economía”.

Dixan, estudiante universitario, considera que “Cuba es el país de la apariencia. La gente hace como que trabaja y el gobierno aparenta que le paga. El parlamento, el comité central y el resto de organismos burocráticos de este gobierno, es surrealismo puro. Son un todos unos oportunistas y unos corruptos disfrazados de ministros”.

Iván García

lunes, 28 de julio de 2025

Cuba, más dictadura que nunca

 

Hubo un momento mágico el pasado jueves 1 de junio, recuerda un estudiante universitario, cuando un grupo de jóvenes decidió redactar una carta en protesta por los precios abusivos anunciados por Etecsa, monopolio de las telecomunicaciones en la Isla.

“Varios estudiantes coincidimos en el parque aledaño a la facultad de Derecho de la Universidad de La Habana y empezamos a debatir sobre el tarifazo de Etecsa. El berrinche era muy grande. Alguien planteó publicar una carta de protesta. Todos estuvimos de acuerdo. Las buenas ideas brotaban como flores. Estábamos imbuidos por un espíritu de justicia social ante esa medida que considerábamos draconiana, inconstitucional y que menoscaba la dignidad de los cubanos ya que obliga a la gente a jinetear dólares para la recarga entre sus amigos y parientes”, dice el joven.

“No somos tontos. No queríamos lanzar un documento que el gobierno considerara contrarrevolucionario (CR). Guardamos las formas y cumplimos los protocolos establecidos por las leyes del país. En ningún momento nadie pensó que estábamos delinquiendo. La intención era entablar un diálogo franco y constructivo. Y ofrecer soluciones. Lo que vino después, aunque algunos ya lo sospechaban, el acoso, las citaciones de la Seguridad del Estado y la intimidación, me decepcionó”.

“Hace tiempo que la mayoría de los cubanos han dejado atrás su ingenuidad. Se escudaban en la simulación y el miedo para no buscarse problemas. Hay un pacto no escrito entre los ciudadanos y el gobierno. Si no te metes en política las autoridades son más permisivas. Todos sabemos las consecuencias de disentir y marcarte de conflictivo. Pierdes el trabajo y te tachan de no persona. La gente, incluso los guapos del barrio, le huyen a la palabra CR”, explica el estudiante y aclara que los pasos a seguir eran los determinados por la ley.

“La irresponsabilidad y el divorcio del gobierno con el pueblo no es achacable a los influencers de Miami ni a una supuesta guerra asimétrica de Estados Unidos contra Cuba. Son sus disparates y la mala administración de los recursos del pueblo los que han generado un amplio descontento ciudadano. Cuando la gente se queja por los extensos apagones, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, el déficit de agua o gas licuado, a donde primero envían cartas es al Comité Central del PCC o acuden a la sede del partido comunista municipal. La gente sabe que el delegado de barrio del Poder Popular no resuelve nada. La opción de tirarse a la calle es después que ven que las autoridades no les responden o les mienten descaradamente. No existen canales legales para imputar a las autoridades. Es la inacción del gobierno la que provoca el malestar entre los cubanos”, concluye el joven universitario.

Una estudiante de medicina que participó en un encuentro con funcionarios de Etecsa y del gobierno detectó la falta de cultura política de “personas acostumbradas a no ser confrontadas, ni que le pongan en duda sus estadísticas y el relato que pretenden vender. La primera reacción a las críticas suelen ser amenazas verbales: mira a ver lo que dices, cuidado con lo que hablas, ¿adónde quieres llegar?.

“Desde su forma de vestir a su gestualidad corporal se nota que habitan en mundos paralelos. Mientras más alto es el cargo que ocupan, más obesos son. Se ponen esas horribles camisas de cuadros o la acostumbrada guayabera. Nunca sonríen. Ni hablan con naturalidad. Conversan con tono impostado cargado de jergas, consignas manidas y frases huecas. Son súper aburridos. Es difícil debatir con franqueza con ese tipo de gente que saca una agenda y con cara de reproche apunta cualquier sugerencia o cosa que uno le diga. Su presencia no asusta. Al contrario. Es tan evidente su mediocridad que puedes barrer el piso y pisotearlos intelectualmente con mucha facilidad. A mí me decepcionó el bajo nivel político y cultural de la mayoría de esos funcionarios”, describe la muchacha.

La profesora, historiadora y politóloga disidente Alina Bárbara Hernández, destacó que con el tarifazo de Etecsa el gobierno “solo ha logrado trasladar el disenso del espacio virtual al espacio real”. En su muro de Facebook resaltó el civismo de los estudiantes y su apoyo a movilizaciones pacíficas, pero reconoce que la estrategia de los jóvenes podría no triunfar en términos no formales, debido a las presiones de la Seguridad del Estado, la complicidad institucional de algunos funcionarios y profesores, la cooptación de estudiantes, el miedo de las familias y las dificultades organizativas propias del cierre del curso escolar.

“Lo que los estudiantes dijeron lo vimos”, afirma Alina Bárbara, porque la fractura del control dentro de las universidades es ya inocultable. La presencia exagerada de agentes de la Seguridad del Estado ha sido denunciada por alumnos de la Universidad Central de Las Villas y en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echevarría (CUJAE), ubicada al oeste de la capital.

“Están a la cara por los pasillos y en las áreas públicas de la CUJAE. Ya la Gestapo (Seguridad del Estado) ha citado a estudiantes que ellos suponen lideraron las protestas”, revela a Diario Las Américas un estudiante. “Los han detenido con el pretexto de conversar y los han sometido a extensos interrogatorios. Los amenazan que si siguen en esa actitud, que llaman provocadora, pueden tener graves consecuencias. Ya sabes, desde la expulsión de la escuela a un proceso penal. Le advierten que el país está en estado de guerra y que esas protestas le sirven de pretexto a la ‘mafia de Miami’ para una futura intervención militar. El discurso se repite, no es creíble. El único argumento que tienen es la intimidación”.

En una carta anónima que recibió Alina Bárbara Hernández el martes 10 de junio desde la Universidad Central de Las Villas (UCLV), dirigida “a la comunidad universitaria, los medios de comunicación nacionales e internacionales, la sociedad civil cubana y las autoridades académicas y estatales”, los firmantes denunciaron además de censura institucional, complicidad con la represión de los cargos de la oficialista Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y criminalización de la protesta.

Las denuncia de los universitario precisa que, “bajo la dirección de la doctora Aleida Suárez Ramírez, los medios universitarios (Radio UCLV y Criollito) han silenciado análisis críticos sobre la actuación del profesorado durante las recientes protestas estudiantiles suprimiendo el debate plural”. También señalan al presidente de la FEU en la UCLV, Alejandro Báez Crespo, quien “avaló inconsultamente el incremento tarifario de Etecsa mediante argumentos reduccionistas, omitiendo su deber de defender los intereses del estudiantado”.

Una estudiante de la Universidad de La Habana considera que “más que la traición esperada de la mayoría de profesores y rectores o líderes de la FEU, que se han plegado a los designios del gobierno, el lógico temor de algunos muchachos que firmaron el documento y después, por la presión familiar y de la Seguridad del Estado se voltearon, lo que más me ha decepcionado es la falta de apoyo de otros estamentos de la sociedad”.

“Echo de menos que otros sectores, ya sean trabajadores, emprendedores privados o jubilados nos apoyaran de forma efectiva, pues el tarifazo afecta a todos los cubanos. Ha prevalecido esa actitud contemplativa de mirar en la distancia lo que sucede. Es un fenómeno que nos pasa a muchos cubanos. Vemos un atropello en la calle o una golpiza a un opositor y miramos a otro lado por miedo. Si se hubieran sumado otros sectores al parón, como no ir a trabajar, huelga de brazos caídos o publicar una condena, la historia hubiera sido diferente. Si queremos reformas profundas y efectivas debemos ser más proactivos”.

Una joven que estudia en la facultad de Arte opina que “el gobierno va a seguir decretando paquetazos que no benefician al pueblo”. Y coincide que “si no nos unimos, estaremos indefensos frente al Estado. Debemos dar un paso adelante: el enemigo es el gobierno”. Y lee un poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller: 'Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, ya que no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, ya que no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar'. Ese poema tiene tanta vigencia en nuestro país que asusta”.

Por ahora el mensaje del régimen es un golpe de autoridad sobre la mesa: Cuba es más dictadura que nunca.

Iván García
Foto: Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 21 de julio de 2025

El Quinquenio Gris duró mucho más de un decenio

 

El ya fallecido ensayista Ambrosio Fornet fue quien acuñó el término “Quinquenio Gris” para referirse a la represión contra los artistas e intelectuales en la década de 1970, un periodo nefasto para la cultura nacional.

Fornet utilizó por primera vez dicha expresión en enero de 2007, durante su intervención en un evento convocado por el también ensayista Desiderio Navarro con el beneplácito del Ministerio de Cultura, y con el que se pretendió zanjar la llamada “tormenta de los e-mails”.

Aquella tormenta, también llamada “guerrita de los e-mails”, fue provocada por la encomiástica presentación en la TV, en los programas Impronta y La diferencia (que conducía el cantante Alfredo Rodríguez), de Luis Pavón y Jorge Papito Serguera, los ejecutores de las políticas culturales de ese periodo, el primero como presidente del Consejo Nacional de Cultura (CNC) y el segundo como director del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Fornet, en su intervención en aquel coloquio, y en su intento por hacer un tardío control de daños, minimizándolos en lo posible y, sobre todo, eludiendo señalar de quién fue la principal responsabilidad, se quedó corto con lo de “quinquenio”.

Aquel oscuro período inquisitorial duró mucho más de cinco años. No concluyó, como pretenden algunos, en 1976, cuando el Consejo Nacional de Cultura fue reemplazado por el Ministerio de Cultura, con Armando Hart al frente: pasarían varios años más antes de que empezara a disiparse la oscuridad, a principios de la década de los 80.

Tampoco se inició en 1971, con el Congreso de Educación y Cultura y el Caso Padilla. Ya bastante antes, oscuros nubarrones se cernían sobre los escritores y artistas. Antes de que los comisarios, irritados por el tono homoerótico del capítulo VIII de Paradiso ordenaran recoger de las librerías y convertir en pulpa la monumental novela de Lezama Lima; antes de que en 1968 se iniciara la ordalía contra Heberto Padilla y Antón Arrufat por sus libros Fuera del juego y Los siete contra Tebas, respectivamente; antes de que empezara a disparar de manera inmisericorde contra los escritores, desde las páginas de Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, aquel ectoplasma estalinista que firmaba Leopoldo Ávila y que todavía no se sabe a ciencia cierta si era en realidad el teniente Pavón, José Antonio Portuondo o ambos a dúo.

Varios años antes de que en 1971 el teniente Armando Quesada ordenara quemar los muñecos del Guiñol Nacional relacionados con las tradiciones afrocubanas por considerar que eran “atraso, subdesarrollo, cosas de negros santeros”, ya otros personajes de la cultura oficial, imbuidos de “fervor revolucionario”, se erigían en inquisidores.

En octubre de 1963, una de las más estalinistas comisarias culturales del régimen, la escolásticamente marxista Mirta Aguirre, dictaminaba: “En manos del materialismo dialéctico, el arte puede y debe ser exorcismo, forma de conocimiento que contribuya a barrer de la mente de los hombres las sombras caliginosas de la ignorancia, instrumento precioso para la sustitución de la concepción religiosa del mundo por su concepción científica y apresurador recurso marxista de la derrota del idealismo filosófico”.

En 1965, una extremista recalcitrante y obtusa como Magaly Muguercia se creyó capacitada para decidir que el teatro cubano tenía que ser “obligatoriamente una expresión socialista”.

El escritor y folklorista Samuel Feijóo, el 15 de abril de 1965, para ponerse a tono con aquel comunicado de la Unión de Jóvenes Comunistas que chillaba “¡Fuera los homosexuales y los contrarrevolucionarios de nuestros planteles”, y anticipándose unos meses a las UMAP y seis años a la “Parametración” llevada a cabo por la Comisión de Evaluación del CNC a inicios de los 70, publicó en el periódico El Mundo un comentario titulado “Revolución y vicios”, en el cual sentenció:

“Este país virilísimo, con su ejército de hombres, no debe ni puede ser expresado por escritores y artistas homosexuales. Porque ningún homosexual representa la Revolución, que es un asunto de varones, de puño y no de plumas, de coraje y no de temblequeras, de entereza y no de intrigas, de valor creador y no de sorpresas merengosas. Porque la literatura de los homosexuales refleja sus naturalezas epicénicas, al decir de Raúl Roa. Y la literatura revolucionaria verdadera no es ni será jamás escrita por sodomitas… Destruir sus posiciones, sus procedimientos, su influencia. Higiene social revolucionaria se llama eso. Habrá de erradicárseles de sus puntos clave en el frente del arte y de la literatura revolucionaria. Si perdemos por ello un conjunto de danza, nos quedamos sin el conjunto de danza enfermo. Si perdemos un exquisito de la literatura, más limpio queda el aire. Así nos sentiremos más sanos mientras creamos nuevos cuadros viriles surgidos de un pueblo valiente”.

La cacería de brujas contra artistas e intelectuales alcanzaría su clímax a partir del discurso de Fidel Castro, en abril de 1971, en la clausura del Congreso de Educación y Cultura. Pero los escribas de la cultura oficial y algunos represaliados de ayer con el síndrome de Estocolmo, cuando hablan del Decenio Gris prefieren reducirlo a un quinquenio y no decir que la responsabilidad por aquella oscura y triste etapa fue de Fidel Castro, a partir de “Palabras a los intelectuales” en junio de 1961 y su remate, 10 años después, con el discurso de cierre con broche de plomo del Congreso de Educación y Cultura.

Luis Pavón, Papito Serguera, Armando Quesada y otros esbirros anticulturales, por muy extremistas que hayan sido, solo fueron los segundones con potestad limitada que, en cumplimiento de “las orientaciones de arriba”, se encargaron de la ejecución de aquellas aberradas políticas para meter en cintura y encarrilar “dentro de la Revolución” a artistas e intelectuales.

Luis Cino
Texto y foto: Cubanet, 7 de junio de 2025.

lunes, 14 de julio de 2025

Reportando en La Habana de 1996

 

Escribir hoy en Cuba como periodista independiente es como parir, con la diferencia de que una embarazada dispone de nueve meses para prepararse y nosotros estamos siempre contrarreloj.

Aquellos que nos elogian por nuestro empeño en dar a conocer la realidad de una nación en decadencia, no pueden ni imaginar las vicisitudes con que cada semana escribimos. Vivimos y latimos al mismo ritmo de la población: comemos lo mismo, caminamos por las mismas calles, hacemos las mismas colas y montamos las mismas guaguas. Sólo que nuestra visión tiene otra graduación y percibimos como si fuéramos parapsicólogos. Y de este relacionamiento diario con la gente nacen estas crónicas cotidianas, objetivas y amenas.

No importa que por luz tengamos un mechón, que por asiento el quicio de una acera y por papel el reverso de viejos modelos oficiales tirados a la basura. No nos alcanzan los bolígrafos; las cintas de las obsoletas máquinas donde mecanografiamos están supergastadas y la tranquilidad para escribir apenas existe. No obstante, cada semana aquí estamos, reportando desde La Habana. Ninguno de nosotros es un superhombre o una supermujer, estamos tan lejos de la heroicidad como del Amazonas, pero padecemos de una enfermedad: la de escribir verdades.

"Voy a La Habana", decían los habaneros antes de 1959 y ya se sabía que iban de compras, porque las principales tiendas radicaban en las calles Galiano, San Rafael, Neptuno, Reina, Belascoaín, Monte, Muralla, Obispo, pertenecientes a los que ahora se conoce como los municipios de Centro Habana y Habana Vieja. Había edificios completos dedicados al comercio minorista y también pequeñas tiendecitas, propiedad de judíos, polacos, alemanes y otros europeos que en los años de la Segunda Guerra Mundial hicieron de Cuba su segunda patria.

Después del 59, en las tiendas, a nivel nacional, las mercancías comenzaron a desaparecer de las vitrinas, pero por mucho tiempo todavía en la capital decir ir a La Habana era sinónimo de compras, a pesar de las limitaciones del racionamiento impuesto a partir de 1962 y que no sólo abarca los alimentos, sino los denominados productos industriales. Desde un carretel de hilo hasta un par de zapatos: todo comenzó a ser normado. Uno por persona o por núcleo familiar una vez al año.

Cuando en 1990 se decretó el período especial, ya hacía tiempo que la expresión ir a La Habana había caído en desuso, pues cada vez era menos lo que el buenagente del Estado nos podía ofrecer por la libreta. Aunque hubo una época en que floreció la actividad comercial con la creación del Mercado Paralelo, donde a precios más altos se podía comprar por la libre, sin necesidad de la libreta de racionamiento. Ese período coincidió con una política económica inspirada y subvencionada por los países del desaparecido CAME, fundamentalmente de la ex-Unión Soviética.

Hoy la etapa del Mercado Paralelo es recordada con nostalgia, pues fueron tiempos de poder comprar un cake de chocolate por diez pesos y por menos de dos pesos toda clase de jugos, conservas, sardinas, etcétera, etc., provenientes de Bulgaria, Albania y la URSS, entre otros países del campo socialista, que en paz descanse junto con todos los burócratas cubanos muchos de ellos hoy gerentes de firmas extranjeras que durante décadas les dieron cuerda al revés al reloj y, consciente o inconscientemente nos trataron de inculcar una filosofía cuya premisa básica era hacer difícil lo que es fácil; el ejemplo más palpable eran los pomos de compota rusa de manzana o de ciruela, de excelente calidad y sabor, pero que para abrirlos había que pasar un mínimo-técnico.

A partir de 1993, con la despenalización del dólar, ir de compras se convirtió en un deporte nacional casi tan popular como la pelota. El afán consumista en una nación que condena la podrida y decadente sociedad de consumo norteamericana sólo puede creerse si se vive actualmente en Cuba: no hay cubano que no sueñe diariamente con los benditos "fulas" (dólares) para resolver desde el jabón para bañarse hasta los zapatos para su hijo poder ir a la escuela. Por cierto, a las tiendas ya no se les llama así: ahora son shoppings. Por obra y milagro del dólar, la moneda del enemigo imperialista, ya los habaneros no dicen "voy a La Habana", sino "voy pa'la shopping".

Antaño, la más modesta tienda de cualquier capital de provincia no tenía nada que envidiarle a la más exclusiva shopping de ahora, porque los tenderos eran personas serviciales que si creían o no en el eslogan El cliente siempre tiene la razón, no lo aparentaban y le atendían a uno con eficiencia y sin perder la sonrisa. A diferencia de aquellos comercios con tenderos amables, los compañeros que trabajan en las shoppings, a pesar de tener la inmensa mayoría con qué desayunar y hasta transporte para que los lleven y los traigan, parece que fueron seleccionados no sólo por su militancia y su incondicionalidad, sino también por su mal funcionamiento hepático. Salvo excepciones, la consigna revolucionaria Mi trabajo es usted a ellos les resbala por los vistosos uniformes que usan.

La gente qué va a hacer, si no le queda otro remedio que ir a carenar allí para hacer más llevadero el calvario del periodo especial en tiempos de paz. Las shoppings deben tener las plantillas infladas, porque a pesar de su mal trato y demora, tienen montones de empleados vigilando, para junto con las alarmas y las cámaras ocultas de televisión tratar de impedir los robos. Algunos ocurren entre la propia empleomanía y otros parecen copiados de una película del sábado, como el sucedido hace un tiempo en La Sirena, una shopping ubicada en la Avenida 51, en la problemática barriada de Marianao. Fue cometido por mujeres que llegaron metiendo guapería a la cola: el portero las dejó pasar y ya adentro se adueñaron de dólares de una de las cajas, ante la sorpresa de empleados y público. La operación les falló y fueron detenidas. En otro barrio, en La Víbora, en un momento de descuido en uno de los departamentos de Brimart se llevaron cerca de tres decenas de aretes. Pero lo que más abundan son los ladrones solitarios, que se apropian lo mismo de un paquete de café Cubita que de una lata de jamón Tulip.

Este acápite de los robos ya fue previsto por las distintas cadenas de shoppings (Cubalse, Tiendas Panamericanas, TRD Caribe, Caracol). Están catalogados como "faltante planificados" y es consecuencia de una práctica corrupta surgida al calor del comercio socialista racionado, vigente desde 1962. Si en lo que es atención al consumidor las shoppings dejan mucho que desear, en materia de precios es el caos andante. Todas, al fin y al cabo, son propiedad del Estado, pero en unas un mismo producto tiene un precio y en otras, otro. El mismo desorden reina en la organización interna, con las mercancías no siempre visibles ni debidamente acotejadas.

Pero lo más terrible, me decía una amiga brasileña, es que ustedes pagan como si en vez de artículos de primera necesidad estuvieran comprando oro. "En Brasil, por ejemplo, con los cinco dólares que ustedes gastan en un paquete de medio kilo de carne molida de segunda, uno se puede comprar un buen pedazo de carne de res de primera". Según esta brasileña, con lo que aquí se gasta en comprar alimentos para una semana, en su país alcanza para la factura de todo un mes. Ella ni muchos visitantes lo entienden. Nosotros tampoco, pero lo importante es que con bloqueo o sin bloqueo, nosotros seguimos yendo "pa'la shopping", donde no faltan productos made in USA, como el pomo de salsa para espaguetis que una vecina compró, fabricado por The Red Wing Company of New York.

No hacía ni una hora que había llegado a la parada final de la ruta 15, en Cuba y Desamparados, en La Habana Vieja, cuando avisan que las guaguas están desviadas. En la zona del antiguo muelle de caballería han cerrado la calle por la filmación de una película. Son las ocho y media de la noche. No queda más remedio que caminar. El espectáculo comienza a partir del muelle por donde salen las lanchas para Regla y Casablanca, con dúos y tríos de jineteras yendo y viniendo por la Avenida del Puerto. En la bahía no hay muchos barcos anclados, pero ellas se han vestido y perfumado como si fueran a conquistar a Imanol Arias, el actor español protagonista de la película que están rodando esta noche. En el bar Two Brothers, recientemente remozado, una decena de muchachas aguarda. Sólo una, al parecer, ha tenido suerte: está en una mesa bebiendo con un cliente mientras tres se contonean al ritmo del Toca Toca, la canción con la cual Adalberto y su Son hacen bailar a la juventud en este insípido fin de año.

Sigo caminando y comienzo a recordar. Por aquí a veces anda Milena, la mulata achinada, madre de una niña de ocho años. Ella prefiere El Vedado o Miramar, porque por esos barrios los "fulas" se consiguen más rápido. Milena, como Yadira, salen a la calle a "buscar el pan" solamente cuando lo necesitan sus hijos o su familia. "Hay demasiadas enfermedades y maldades y la alimentación es bastante mala para estar en estos todos los días en esto", alegan.

A un lado y otro de la Avenida del Puerto hay suficientes servicios gastronómicos por dólares. Casi todos están semivacíos. Quizá porque es muy temprano o porque es miércoles o porque los marineros han preferido quedarse en sus camarotes. Lo cierto es que como me dijo un dependiente de uno de esos snack-bar abiertos las veinticuatro horas: Si no fuera por los jineteros tendríamos que cerrar. Ellos, como los gusanos (exiliados), están contribuyendo a la reanimación económica del país. ¡Quién lo iba a imaginar!

Un gentío se arremolina alrededor de la filmación, que no es otra que Ilona llega con la lluvia, una coproducción cubano-colombiano-española. La policía está ocupada controlando el escaso tráfico y los bicicleteros, como abeja tras el panal, se mueven constantemente de un lado para otro. Suena el cañonazo de encuentro las nueve de la noche. Minutos después zarpa El Galeón con su carga de turistas torpes intentando bailar la salsa cubana. En la acera opuesta reina la oscuridad. Es una zona de árboles que se extiende más allá del Anfiteatro. Cerca está el Arzobispado de La Habana, el Palacio de la Artesanía y el bar-restaurant Cabañas. En los bancos diviso parejas de cubanos con extranjeros y hasta unos gays cuya nacionalidad no puedo ni adivinar.

Nada de eso me sorprende, lo que me molesta es que se trate de tapar el sol con un dedo en este asunto de la prostitución. Porque de que la hay, la hay. Y va en aumento. No sólo de mujeres: de hombres también. Hay homosexuales y hasta niños que practican el sexo oral por un dólar. Hay estudiantes como Vicky y Roxana, que celebraron sus quince años en un hotel capitalino de la mano de sus cincuentones novios italianos, con el visto bueno familiar. Hay jóvenes menos afortunadas, como Fanny, que sólo pudo resolver tres dólares la primera vez. Ese dinero al día siguiente lo vendió en el mercado negro y con los 75 pesos que le dieron se fue a comprarle comidita a su hija de dos años.

Más triste es el caso de una joven que dejó con su hermana a su bebito de tres meses y cuando se disponía a desvestirse notó como de los pechos brotaba incontenible la leche. Se echó a llorar, pero él era de los turistas buenos. La abrazó y le dio 50 dólares. A un abogado madrileño le fue menos dura la escena: la mujer, de unos 30 años, comenzó a contarle el martirio de nuestra vida diaria. Y de la piscina del hotel no pasaron. Después de invitarla a cenar le regaló cien dólares.

Un poco más allá de donde termina la Avenida del Puerto, por el Paseo del Prado, suele moverse Sandra, una escultural negra con un título universitario en la gaveta de su cómoda. Ella hace lo indecible por no parecer jinetera y muchos menos prostituta. A sus turistas les habla de arte y de historia; domina dos idiomas y hace dieta para no engordar. Su dilema es otro: disponer cada día de no menos de 20 dólares para pagar a porteros y carpeteros el derecho a esperar en el lobby del hotel. Ahí no terminan sus problemas: tres veces han intentado asaltarla al entrar en su casa. La solución es regresar en turistaxi y y pedirle al chofer que aguarde a que ella entre y pase el cerrojo. Eso le cuesta de uno a tres dólares de propina para el chofer.

Sin darme cuenta llego a la salida del Túnel. Me siento en un quicio a esperar. Hace más de una hora no pasa una 15. Un grupo de turistas llama la atención de los que estamos en la misma desesperada situación. Alguien dice: Coño, pero si son bolos. Miro. Efectivamente, parecen rusos, por la forma de vestir y caminar. Van callados y en fila como si fueran a una reunión del partido. Alguien hace un chiste. La gente se ríe. Yo no tengo deseos de reír. No por la demora de la guagua, sino porque pienso que despatarramos a la burguesía nacional para ahora abrirle las piernas al capital extranjero. Y eso, más el turismo, deja sus secuelas. La prostitución es una de ellas. Es la punta visible del iceberg. Las otras lentamente saldrán a flote.

Tania Quintero
Revista Encuentro de la Cultura Cubana No. 3/96

Foto: 'Camello' en el Parque de la Fraternidad, Centro Habana. Tomada de Gallery Cuba Havana 1996.

lunes, 7 de julio de 2025

Voces de cambio en el estudiantado cubano

 

Digámosle Kirenia, 21 años, estudiante de medicina que reside en un barrio marginal al sur de La Habana. La joven quiere que publiquen sus opiniones con el nombre real. Le explico las probables consecuencias. No le importa. “La Seguridad del Estado no puede hacerme nada. Solo estoy diciendo la verdad de lo que pasa en Cuba. El gobierno debiera aprovechar la frustración que ha causado las tarifas de Etecsa para acceder a internet y sostener un diálogo serio con el pueblo. Si tuvieran un ápice de vergüenza debieran renunciar”.

La muchacha, como una mayoría de cubanos, desconoce la capacidad de intimidar, acosar y reprimir de la policía política. Está orgullosa consigo misma. Hasta el 29 de mayo de 2025 era una estudiante aplicada que soñaba con ser pediatra y una voraz consumidora de seriales, filmes y novelas. Se sabe de memoria el nombre de decenas de culebrones brasileños o turcos. “Me gustan las películas de temas históricos. La de Nelson Mandela, que interpreta Morgan Freeman es una de mis preferidas. Mi papá me paga 1,500 pesos mensuales para tener Neflix en el móvil”, señala sentada en el asiento trasero de un viejo taxi colectivo.

Navegar por internet es el único momento de libertad que conoce. “Entro en diversos sitios y doy mis opiniones. Antes publicaba con un seudónimo. Después que Etecsa subiera los precios irracionalmente pongo mi nombre. El 30 de mayo, cuando se implementó la medida, marcó un antes y un después en mi vida”. Hablar de política nunca fue una prioridad para Kirenia. “Pero la realidad de Cuba te obliga a conversar de política. En cualquier casa es el tema principal de conversación familiar. Mis padres en determinado momento apoyaron a Fidel. Ahora se sienten estafados”.

“Todo es muy triste. Nunca había pensado marcharme de Cuba. Pero el drama que vivimos te obliga a emigrar. La decisión del gobierno de subir los precios de internet provocó un cambio inesperado en mí y en muchos colegas de estudios. Nunca hablé en voz alta en las reuniones. El gobierno jamás me pidió una opinión. El rol era ser un zombi, un robot programado. Aplaudir cualquier disparate, marchar en la Plaza cuando nos convoca el gobierno o ir temprano a votar en las elecciones que se montan. Los cubanos hemos sido actores secundarios. Ciudadanos de tercera clase. Pero siempre hay un límite. Y el tarifazo de Etecsa traspasó esa frontera de permisividad y simulación en muchos de nosotros. Sobre todo los jóvenes, que somos los que más consumimos internet para escapar de esta locura”.

Kirenia se dirige hasta el Centro de Negocios ubicado en 3ra. y 76, Miramar. “Quiero tirar fotos con el móvil de la flota de carros nuevos de Etecsa, muchos comprados, a pesar del bloqueo, en Estados Unidos e indagar cuánto cuesta rentar esas oficinas, que cobran en dólares. La próxima semana, nos dijeron en la facultad, tendremos otra reunión con funcionarios del gobierno. Quiero preguntarles cómo en medio de la crisis económica y el déficit de dólares que dice la presidenta de Etecsa, la empresa puede permitirse gastar cientos de miles de dólares, quizás millones, en cosas que no son prioritarias”.

En audios que circulan por internet se escucha a varios estudiantes universitarios preguntarles a los funcionarios del monopolio de telecomunicaciones ¿dónde está el dinero?. Un estudiante de matemáticas de la Universidad de La Habana sacó cuentas del dinero reportado por Etecsa, y demostró que duplicaba los 150 millones de dólares que según Tania Velázquez, presidenta de la empresa, necesitaban anualmente para mantener los servicios.

La dictadura verde olivo no esperaba que el tarifazo generara tanta impopularidad. Sobre todo en el sector estudiantil, hasta ahora apartado de las polémicas y las protestas callejeras causadas por los apagones, el déficit de alimentos, de agua, de transporte y medicamentos, entre otros.

“A mí también me sorprendió la reacción de los muchachos universitarios. Tengo temor, pues mi hijo estudia en la universidad y se ha sumado al parón. Ya no me pide dinero para salir el fin de semana o me habla de emigrar del país. Ha cambiado de chip. Ellos ahora no solo quieren que bajen los precios de internet, pretenden entablar un diálogo con el gobierno para encontrar soluciones a la crisis económica. Ya no quieren ser testigos mudos. Quieren ser parte de la solución. Probablemente sea lo único bueno que trajo el tarifazo: despertar la conciencia en los estudiantes universitarios, que por sus aptitudes están llamados a ser los que lideren las reformas en Cuba”, acota la madre de un estudiante de medicina.

Son 31 las facultades universitarias en el país que se han sumado a la ola de protestas en el ámbito universitario después que el monopolio de Etecsa impusiera nuevas tarifas para el servicio de internet móvil. Ante la demanda de los estudiantes, la respuesta del gobierno fue ofrecer como paliativo otro paquete limitado de tres gigabytes por igual precio: 360 pesos. La comunidad universitaria rechazó la alternativa porque excluye a otros sectores sociales y restringe el derecho a navegar por internet.

“Mucha gente en la calle se pregunta: cómo es posible con tantos problemas que hay en Cuba, desde el hambre a la escasez de bienes, el foco se ponga en la subida del precio de internet”, afirma Joel, estudiante de la Universidad de La Habana. La respuesta es sencilla, esa medida es la gota que derramó el vaso. Todas y cada una de las medidas decretadas por el gobierno de Díaz-Canel han empobrecido a los cubanos. ¿Por qué no se organizó el pueblo e intentó entablar un diálogo con las autoridades? Simplemente porque no existe forma y nunca le dieron esa oportunidad. La liberación llegó el 11 de julio de 2021 o en cualquiera de las muchas protestas que hay provocadas por la falta de comida y los apagones de 20 horas diarias”.

“Tal vez el gobierno creyó que subir los precios de internet no iba a generar tanto descontento. Ya habían subido el precio de la electricidad, la gasolina y dolarizado parcialmente la economía. La frustración se palpaba en las redes sociales, pero no se revertía en un estallido social. Racionar internet, una decisión más política que económica, ha provocado el disgusto incluso hasta de sus partidarios. El papel de las universidades es muy importante. En cualquier sociedad los estudiantes universitarios son los más contestatarios y los más preparados. Cualquier reforma que haya en Cuba tienen que contar con nosotros”, concluye Joel.

Las propuestas estudiantiles van más allá de la restitución de precios de internet. Una alumna de la Facultad de Lenguas Extranjeras informó la creación de un grupo multidisciplinario integrado por estudiantes para abordar posibles soluciones de conjunto con directivos de Etecsa.

Otros estudiantes quieren conversar directamente "con el gobierno, que fue quien planificó las medidas”. Un alumno de la Universidad de La Habana señala que “los estudiantes universitarios debemos aprovechar los espacios que tenemos en este amago de diálogo con funcionarios del gobierno, que más bien parece una catarsis, porque la parte oficial no da síntomas de cambiar el tarifazo ni ofrece soluciones. Tampoco trazar una hoja de ruta para enfrentar las múltiples crisis que atraviesa el país. Otros sectores de la población no tienen esa posibilidad".

"Tenemos que asumir un rol decisivo en el futuro. O emigrar después de graduarnos y dejar que el país se convierta en un asilo de ancianos”. Asegura que nunca hubo “tanta coincidencia de criterios entre los alumnos de diversas facultades y provincias como en estos momentos. Al terminar nuestra exposición la sala estallaba en aplausos. Hay que dejar el miedo a un lado. Tenemos que coger el toro por los cuernos”.

Desde que el 19 de enero de 2008, Eliecer Ávila, alumno de cuarto año de ingeniería informática a la Universidad de Ciencias Informáticas, sostuvo un encuentro con el entonces presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular Ricardo Alarcón, en un debate con estudiantes reunidos en el teatro de la institución, y con sus preguntas dejó en evidencia al representante de la dictadura, las universidades en la Isla estuvieron bajo el control del régimen. Kirenia considera que llegó el momento de pasar a la acción: “Es ahora o nunca”.

Iván García

Foto: En medio del descontento de los estudiantes universitarios cubanos, dos jóvenes rinden homenaje a Julio Antonio Mella, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (La Habana, 20 de diciembre de 1922). Tomada de Diario de Cuba.

lunes, 30 de junio de 2025

Riqueza nutricional en la tradición culinaria cubana

 

En tiempos en los que etiquetas como "orgánico", "funcional" o "superalimento" marcan tendencia en redes sociales y negocios "gourmet", es fácil olvidar que muchos pueblos han consumido desde siempre alimentos altamente nutritivos que son parte de su acervo cultural y sus tradiciones culinarias.

La cocina cubana, por ejemplo, ofrece un abanico de ingredientes que, por sus propiedades, bien pueden ubicarse en la lista de comidas saludables. El término "superalimento" no tiene una definición científica oficial. Se utiliza para describir alimentos ricos en nutrientes, especialmente aquellos con concentraciones altas de antioxidantes, vitaminas, minerales o grasas saludables.

Aunque la expresión ha sido criticada en diferentes ámbitos por su ambigüedad y por alimentar ciertas modas, también ha servido para destacar el valor de productos naturales frente a los ultraprocesados. Así, el debate entre nutricionistas y científicos permanece abierto. ¿Realmente existen los superalimentos o son solo una estrategia de marketing?

Algunos expertos advierten que ningún alimento por sí solo garantiza una buena salud, y que la clave está en la variedad y el equilibrio. Aun así, reconocer los beneficios de ciertos ingredientes, especialmente en contextos de alimentación popular, puede ser un paso hacia una nutrición más consciente e inteligente.

Aunque el acceso a alimentos en Cuba está fuertemente condicionado por factores económicos, la dieta tradicional incorpora una serie de productos que destacan por su valor nutricional. A continuación, algunos de los más relevantes.

Aguacate. Con su textura cremosa y su alto contenido de grasas saludables (omega-9), fibra y antioxidantes, el aguacate es más que un acompañante en la mesa cubana. Su versatilidad lo hace ideal para ensaladas, meriendas o como sustituto de grasas menos saludables.

Plátano. Ya sea en tostones, maduros fritos o hervido como vianda, el plátano es fuente de energía y nutrientes como potasio, fibra y vitamina C. Además, aporta carbohidratos complejos, esenciales en la dieta cotidiana.

Frijoles negros. Pilar de la alimentación cubana, los frijoles negros no solo aportan sabor, son una excelente fuente de proteína vegetal, hierro, antioxidantes y fibra, con un índice glucémico bajo, ideal para el control del azúcar en sangre.

Mango. Abundante en los meses de verano, el mango cubano es un manjar natural que ofrece vitamina A, C y enzimas digestivas. Se consume fresco, en jugos, mermeladas o dulces caseros.

Pescado. Cuando está disponible, el pescado es una opción saludable. Las variedades de pescado azul como el jurel o el bonito aportan ácidos grasos omega-3, proteínas magras y vitaminas como la D y B12. Pero definitivamente el pargo es de los preferidos de los cubanos, muy popular frito entero, al horno con mojo criollo o a la plancha, es rico en proteínas magras, ideal para el desarrollo y mantenimiento muscular; también fuente de omega-3, que beneficia la salud cardiovascular y cerebral; bajo en grasa, perfecto para dietas hipocalóricas o saludables; contiene selenio, un antioxidante que protege las células, y B12 que ayuda en la formación de glóbulos rojos y al buen funcionamiento del sistema nervioso, y además es fácil de digerir, por lo que es recomendado para personas con digestión sensible.

Malanga. Este tubérculo, fácil de digerir y rico en fibra y antioxidantes, es fundamental en la dieta cubana, especialmente en purés para niños o personas con problemas digestivos.

Boniato. Es rico en antioxidantes, betacarotenos precursores de la vitamina A esenciales para la salud visual, inmunológica y celular; fuente de fibra que ayuda a la digestión, mejora el tránsito intestinal y contribuye a mantener estables los niveles de azúcar en sangre gracias a su índice glucémico moderado, lo que lo hace una buena opción para personas con diabetes si se consume con moderación. Además, contiene vitamina B6, potasio, magnesio y hierro, nutrientes fundamentales para la energía, el sistema nervioso y la salud muscular. Para completar, resulta un alimento con gran versatilidad culinaria.

Yuca. Conocida en otros países como mandioca o cassava, la yuca no suele figurar entre los superalimentos más populares, pero sí tiene varias propiedades que justifican su inclusión en esta categoría. Es fuente rica en carbohidratos complejos que la convierte en una excelente fuente de energía de liberación lenta, ideal para personas con alta demanda calórica o como base energética en dietas balanceadas. Libre de gluten, es segura para personas con enfermedad celíaca o sensibilidad a esta proteína, y sus almidones resistentes (si se cocina y enfría) benefician la microbiota intestinal, mejoran la digestión y ayudan a controlar la glucosa. Con muy buena digestibilidad al ser cocida correctamente, la yuca se usa con frecuencia en dietas terapéuticas o para personas con problemas digestivos. Contiene minerales importantes como potasio, magnesio, calcio, y algo de vitamina C, que apoyan la salud muscular, ósea e inmunológica.

Coco. Presente en dulces tradicionales y platos salados, el coco y sus derivados (leche, aceite, pulpa) contienen grasas buenas y propiedades antimicrobianas. Un sabor tropical con beneficios reales.

Miel. Utilizada tanto en postres como en remedios caseros, la miel cubana es valorada por sus propiedades antibacterianas, antioxidantes y energéticas. Es un edulcorante natural que trasciende lo culinario.

Más allá de las tendencias globales, los llamados superalimentos empleados en la cocina cubana son prueba de que una alimentación nutritiva no siempre depende de productos importados o costosos. La clave está en valorar lo que se tiene a mano y producirlo, en rescatar saberes tradicionales y en fomentar el conocimiento sobre el poder de los ingredientes locales.

Magela Tosar Riambau
Texto y dibujo: Diario de Cuba, 2 de mayo de 2025.

lunes, 23 de junio de 2025

El desastre en la agricultura cubana

 

El ayudante del camionero, con sus dos manos utilizándolas como altavoz avisa: “Vamos que te quedas, dos pasajeros hasta San Antonio de los Baños a 300 pesos”. La deteriorada terminal del Lido, ubicada en 41 y 84, Marianao, desde donde salían ómnibus para distintos municipios de la antigua provincia Habana Campo, está cerrada por filtraciones en el techo. Mientras esperan, los viajeros se protegen del sol en los portales de negocios privados. Varias personas cargan sacos con provisiones. Van a visitar a sus familiares en la prisión de Valle Grande, en la cárcel de mujeres Manto Negro, o en el reclusorio de menores de Torrens, cercano a la Universidad de las Ciencia Informáticas en las afueras de la capital.

Cuando usted viaja a cualquier poblado de la Cuba profunda, lo primero que observa son las grandes extensiones de tierra sin cultivar y la ausencia de ganado pastando. “Ya no se ven, como antes, ni caballos en los pueblos. Ahora tener un equino es poner tu vida en riesgo. Cualquiera te mata para robártelo y vender su carne”, dice Santiago, residente en San Antonio de los Baños. Años atrás, el municipio era conocido como la Villa del Humor.

“En San Antonio siempre había buena vibra. La gente era atenta con el visitante y cualquier cosa originaba un chiste. El 11 de julio de 2021 fue la tapa al pomo. Ya la gente no está para bromas”, cuenta Migdalia. Son las once y media de la mañana. Desde la siete de la noche del día anterior, hay un apagón masivo en el pueblo. “Llevamos casi un año con apagones de 15 y 23 horas diarias. Ponen la luz dos horas. Es un abuso lo que estos desalmados (los gobernantes) tienen con los cubanos. Y no es solo la electricidad. Tenemos déficit de agua, desde diciembre no tenemos gas licuado, trasladarse de un lugar a otro te cuesta un ojo de la cara, pues no existe transporte público y conectarte a internet con el teléfono móvil es más complicado que encontrar agua en el desierto”, se queja Migdalia.

Los vecinos se sientan en el parque o en el portal de su casa y se abanica con un trozo de cartón. Los más solventes han comprado plantas eléctricas. Pero ni así resuelven, afirma el dueño de una cafetería de entrepanes y jugos de frutas. “A los mayorales de la finca (el régimen), para controlar más al pueblo, se les ocurrió la ‘ideota’ (idea tonta) que la gente declare los equipos de generación eléctrica, con el pretexto de venderte 20 litros de gasolina al mes. Como siempre sucede, es un cuento de camino, porque o nunca hay gasolina y la poca que te entregan la consumes en un par de días. Además la mayoría de las plantas que la gente trae de Estados Unidos consume gasolina especial que se vende en dólares”.

“Uno mantiene el negocio a pulmón, siempre es mejor buscarte el dinero por tu cuenta que depender del Estado. Pero hay que estar jugándoles cabeza a los inspectores y pagarles coimas para que los negocios se mantengan abiertos. El bisne es rentable, a pesar que no todos pueden pagarlo, por el hambre que existe. Muchas personas se alimentan de la pizza o el pan que se comen en la calle. Pero lo que más se vende no es comida. Es alcohol. Es alucinante como los cubanos beben. Es una forma de escapar de esta locura y una cerveza es más barata que un plato de espaguetis. Es que para aguantar veinte horas sin luz hay que estar borracho”, asegura el dueño del café.

Pobladores de San Antonio de los Baños reconocen que ahora la “situación está más dura que durante la pandemia y el 11J. Antes los apagones eran de ocho o doce horas”, expresa Nivaldo, jubilado que rememora cómo empezaron las protestas aquel domingo once de julio de 2021. “Los ánimos estaban caldeados. La gente iba a la sede del partido en San Antonio y esos cabrones te caían a cuentos y mentiras. En el reparto de los militares, colindante con el aeropuerto, días antes se habían armado numerosas protestas por la falta de agua. Cansado el pueblo de no tener respuesta, ese domingo, sobre las diez y media de la mañana, se tiró pa’la calle. Yoan, un muchacho de la zona, fue el primero que subió a internet las imágenes que desencadenaron las protestas por todo el país. Ahora la cosa está aun más cruda”.

Rumbo al municipio de Alquízar, a 16 kilómetros de San Antonio de los Baños, el chofer del viejo taxi colectivo no para de quejarse por el deterioro de la carretera. “No sé que hacen estos ladrones con el dinero. ¿En qué lo gastan? Hace más de veinte años no asfaltan las calles, no pintan las fachadas de los edificios ni reparan los hospitales. Los inspectores se la pasan acosando a los taxistas para que cobremos c100 pesos por un viaje que en La Habana no baja de 250 o 300 pesos. Tienen la cara de tabla. No te dan facilidades para comprar piezas de repuesto y el combustible tengo que adquirirlo por la izquierda y se la pasan dando órdenes”.

En Alquízar tampoco hay electricidad. “Estamos viviendo en penumbras, como en la etapa primitiva. Falta poco para que la gente salga al monte a cazar animales”, comenta la vendedora de un bodegón privado. Yamil, nombre ficticio, dueño de una finca se puso en contacto con Diario Las Américas para denunciar lo que considera “una irresponsabilidad criminal del gobierno. No conozco las leyes, no soy abogado, pero si me dijeras cómo juzgar lo que está pasando en los campos de Cuba, te lo definiría de comportamiento delictivo. Mira toda la tierra que hay sin cultivar. Esta zona, en la cual crearon dos provincias, Artemisa y Mayabeque, posee las tierras más fértiles del país. La mayor parte no se cultiva. Y el culpable del desastre es el gobierno, pues ellos son los dueños de la mayor parte de las tierras”.

Según el anuario estadístico oficial, del 80 por ciento de la tierra, el 70 por ciento la gestionan cooperativas estatales y campesinos, que las autoridades les arrienda un terreno por un tiempo determinado. En 2024, el Estado invirtió en la agricultura catorce veces menos que en la construcción de hoteles para el turismo. Sin embargo, la mayor parte de la producción de viandas, hortalizas, arroz, granos y frutas se origina en el sector privado.

Los dueños de pequeñas fincas y parcelas producen el 79% de las viandas, el 77% de las hortalizas, el 80% del arroz, el 86% del maíz, 85% de los frijoles y el 89% de los frutales. También son responsables del 86% de la leche que se produce, 95% del tabaco, 66% del café, 55% del cacao, 65% de la miel de abeja y 71% de la carne porcina. El sector privado posee además el 53% del ganado vacuno existente, 81% el del ovino, 89% del caprino y el 80% de los equinos del país. Produce además el 89% de la carne de ovino caprina y 60% de la carne de ave. Y eso a pesar de que no solo poseen menos porción de tierra, sino también de las prohibiciones, acosos e incluso sanciones penales que han ocurrido en los últimos 45 años por vender libremente a precio de oferta y demanda sus productos.

Yamil denuncia que su padre estuvo preso en la década de 1980 por vender viandas y carne de cerdo en un agromercado de La Habana. "El gobierno consideró que vendían a precios elevados y que se estaban enriqueciendo. Cerraron los mercados y tacharon a los campesinos como bandidos de Río Frío”. Dos propietarios de fincas que acompañan a Yamil coinciden que si las autoridades les permitieran trabajar libremente, en el país no faltarían las frutas, vegetales, hortalizas, granos ni la carne de res, cerdo y carnero. Tampoco leche, mantequilla, queso y yogurt.

“Un gobierno que alardea que lucha a favor de la justicia social, no priorizaría la importación de alimentos que después revende en dólares y gana tres veces más que su precio de compra. El Estado apenas invierte divisas en la agricultura. Las grandes potencias agrícolas, como Estados Unidos, España y Países Bajos, entre otros, subsidian las pérdidas a sus agricultores en caso de ciclones, plagas y otras adversidades. Y ponen aranceles a los productos agrícolas de otros países para incentivar las ventas de los terratenientes nacionales. Además otorgan créditos blandos a largo plazo”, aclara y y añade:

“En Cuba es todo lo contrario. El Estado vende en dólares a los finqueros desde los rollos de cerca, aperos de labranza hasta los tractores. Y sin créditos. A eso se suma el acoso y la corrupción en las instituciones estatales. El ministerio de agricultura es un monumento al disparate. Su sede, en un edificio en La Habana, está repletos de burócratas que nunca han cogido una guataca y se mueven en automóviles traídos de Estados Unidos. A veces pienso que quieren controlar al pueblo mediante la escasez y el hambre. No se entiende que en Cuba los mercados no estén desbordados de frutas, carne de cerdo y otros productos agrícolas. Hasta 2019, yo entregaba cientos de toneladas de carne de puerco al Estado. Fue entonces que el gobierno comenzó su cacería con el argumentos que nos estábamos enriqueciendo. Me sancionaron a tres años de cárcel por un delito inventado, actividad económica ilícita. En esa fecha, la carne de cerdo costaba 20 pesos la libra en cualquier agromercado. Ahora, si la encuentras, ronda los mil pesos la libra. Al régimen le resulta más rentable importarla de Estados Unidos y venderla en tiendas por dólares o en las MIPYMES de sus testaferros”.

Un amigo de Yamil que elabora queso, yogurt y mantequilla, alega que “el cinismo del gobierno es tremendo. Te alientan a que crees una mini industria para procesar los alimentos y darle valor añadido a las producciones. Luego que inviertes no te garantizan nada y te acosan como si fueras un delincuente. A una persona conocida como El Rey del Queso lo metieron preso. Su único delito era producir diversos tipos de queso. Los apagones de veinte horas impiden la conservación de la leche y elaboración del queso. Inviertes en comprar plantas y luego el Estado no te vende el combustible que necesitas. Y además quiere que le entregues una parte de la producción al gobierno, supuestamente destinada a la atención social, pero al final esos quesos y yogures van a parar a sus casas. Cada vez que esos dirigentes barrigones visitan una finca o cooperativa se van cargados de productos”.

Yamil muestra sus cosechas de plátano macho, maíz, malanga, mango y ajo. “Si tuviera fertilizante y combustible produjera cinco veces más, porque el agua no falta en la zona, aunque la mano de trabajo es complicada conseguirla. Algunos de los trabajadores que contrato provienen de las provincias orientales con muchísimas necesidades. En Cuba hay zonas que no tienen nada que envidiarle a un caserío pobre de África”, señala Yamil.

Uno de los obreros agrícolas se llama Gustavo. Dice que tiene 50 años, pero aparenta 60. Vive en un conuco de tablas con piso de tierra, trozos de tejas y tela de saco. Cocina en un fogón rústico de carbón. Las dos camas, una que comparte con su esposa y la de su hijo, son dos bloques que sostienen una placa de zinc con una colchoneta hedionda. Lleva cuatro meses en Alquízar. Su única diversión es beber ron casero. La comida diaria es "plátano, malanga, harina de maíz y si aparece un trocito de pollo, la carne de puerco está muy cara”.

Gustavo trabaja descalzo. “Tenía dos pares de botas, una pa ‘trabajar y hacer mandados, pero se me rompieron Las otras las cuido como si fuera un tesoro. Un par de botas de goma cuestan más de 3 mil pesos. Soy de Boniato, en Santiago de Cuba. Trabajé diez años en una finca de Guillermo García -compadre de los hermanos Castro- y siempre he sido muy pobre, pero honrado. Nunca he tenido dos mudas de ropa de salir, unos popis (tenis de marca) ni un reloj. Cuando trabajaba pa’l Estado ganaba 4 mil o 5 mil pesos mensuales. Los finqueros privados me pagan 1,500 pesos por jornada, 36 mil pesos al mes. Estoy reuniendo a ver si puedo comprarle ropa a mi hijo y a mi esposa y un televisor. Si me sobra, me compro un par de popis”.

Texto y foto: Iván García

Foto: Gustavo, obrero agrícola que dejá atrás Santiago de Cuba, su ciudad natal, en busca de una mejor vida para él, su hijo y su mujer en Alquízar, uno de los once municipios de la provincia Artemisa.

lunes, 16 de junio de 2025

Cómo sobrevivimos en el mar de las prohibiciones castristas

 

No fue hasta inicios de la pasada década, cuando ya Fidel Castro llevaba más de cinco años retirado por enfermedad y había dejado sustituyéndolo al frente del régimen a su hermano Raúl Castro, que los cubanos pudieron vender sus carros y sus casas, poseer teléfonos celulares, ir teniendo gradualmente acceso a internet y viajar al exterior (si no estaban “regulados”) sin necesidad de mostrar la llamada “tarjeta blanca”, el permiso de salida expedido por el Ministerio del Interior.

A pesar de que muchas otras prohibiciones siguen aún vigentes ―la dictadura no ha dejado de ser dictadura un minuto; solo cambió el mascarón de proa―, las imposiciones oficiales impuestas a los cubanos fueron peores, mucho peores, a niveles delirantemente absurdos, en los 47 años en que gobernó Fidel Castro, una época que hoy algunos olvidadizos idealizan y añoran, quejosos por el desastre provocado por la extrema ineptitud y desfachatez de sus sucesores.

Luego del triunfo de la Revolución en 1959, en menos de dos años, Cuba se convirtió en una mezcla de campamento militar, reformatorio y manicomio, donde fueron conculcadas las libertades y el Estado dirigía hasta el mínimo detalle de la vida de las personas: lo que no estaba expresamente prohibido, era rigurosamente obligatorio.

La vida cambió a la velocidad de los caprichos, apuntados a un futuro que nunca llegó, de un mesiánico barbudo que vestía de verde olivo y no se cansaba, en sus larguísimos discursos, de regañarnos y aleccionarnos acerca de cómo debíamos ser y actuar.

En su pretensión de borrar todo rastro del pasado y lo que consideraban “los valores burgueses”, fueron mal vistos los buenos modales, vestir con elegancia y no utilizar el “compañero” o “compañera” (que debían sustituir a “señor”, “señora” y “señorita”).

El ateísmo de Estado preconizaba que “la religión es el opio de los pueblos”. Cientos de sacerdotes católicos fueron expulsados del país en 1961. Profesar creencias religiosas, junto a relacionarse con desafectos y cartearse con personas que se hubieran ido del país, en aquellas planillas conocidas como “cuéntame-tu-vida”, era de los peores impedimentos para conseguir un empleo de confiabilidad o estudiar en la universidad, que era ―sigue siendo― “solo para revolucionarios”.

Para eliminar la influencia estadounidense, sustituyeron los cómics de Disney por el Tío Stiopa, Mashenka, Gustavo, Lolek y Bolek entre otros animados de las ya desaparecidas Unión Soviética y naciones socialistas de Europa del Este. Y durante años proscribieron, por ser considerada un instrumento de penetración ideológica, “la música del enemigo”, o sea, toda la que fuera cantada en inglés, sin importar que fuera, en vez de estadounidense, británica, canadiense o australiana.

En 1971, tras el Congreso de Educación y Cultura, llegaron a prohibir toda la música pop extranjera (incluidos cantantes tan inocuos como Roberto Carlos, José Feliciano y Julio Iglesias), y la intentaron sustituir por la Nueva Trova y la música latinoamericana. Por supuesto que tampoco se podía escuchar a cantantes exiliados como Celia Cruz, Olga Guillot, Blanca Rosa Gil o Willy Chirino.

Hasta bien entrada la década de 1980, los jóvenes que usaban melena y pantalones estrechos o acampanados corrían el riesgo de que los cargara la Policía en algunas de las frecuentes redadas callejeras que el régimen hacía contra los que calificaba de “lacras sociales”. En primerísimo lugar entre estas “lacras sociales” estaban los homosexuales.

La homosexualidad era considerada oficialmente como una “práctica anormal y degradante” y una “conducta neurótica, escandalosa y antisocial”. Entre 1965 y 1968, millares de personas homosexuales, además de melenudos y Testigos de Jehová, fueron enviados a los campamentos de trabajo forzado de las UMAP,

En la década de 1970 (el llamado “Decenio Gris”), con la llamada Parametración, hubo otra depuración de homosexuales, religiosos, melenudos y otros “desviados ideológicos”. Muchos artistas e intelectuales eran citados a una oficina en Miramar, donde tenían que hacerse “una autocrítica” ante la Comisión de Evaluación del Consejo Nacional de Cultura, presidida por el teniente Armando Quesada.

Dicha comisión, en vista de los “errores confesados” y su “falta de idoneidad”, les aplicaría la Resolución 3, y “para darles una oportunidad de reivindicarse” y de que no les aplicaran la Ley de la Vagancia, los enviaban a trabajar a la construcción, la agricultura, a una fundición, como sepultureros o a empaquetar libros y revistas en una biblioteca municipal.

Entre otras muchas prohibiciones estaban la de oír radioemisoras foráneas (particularmente La Voz de América y Radio Martí); ver la televisión de Estados Unidos; leer a escritores como Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Milan Kundera y Aleksandr Solzhenitsyn; la tenencia de dólares (hasta su despenalización el 27 de julio de 1993); relacionarse con extranjeros; estar en zonas costeras de madrugada (so pena de tropezar con las bayonetas y los perros de los guardafronteras); venir de otras provincias a vivir en La Habana sin permiso; matar reses de tu propiedad; traer café y queso del interior del país a la capital; pescar alejado de la costa, tener barba los peloteros, etc.

Hoy pueden parecer increíbles esas prohibiciones absurdas. Los que las sufrimos y aún seguimos padeciendo otras, si pudimos resistir en esa atmósfera kafkiana fue buscando modos de eludirlas. Eso, a pesar de que, desde adolescentes tuvimos que soportar el escrutinio y asedio de profesores, policías y responsables de vigilancia y demás chivatones del CDR que velaban por nuestra pureza ideológica, mientras nos debatíamos entre las consignas con la muerte como disyuntiva, los muñequitos rusos, los manuales de marxismo, las películas de samuráis, los Beatles, Silvio Rodríguez y las canciones de la WQAM y la FM de Miami que no por prohibidas dejábamos de sintonizar.

En definitiva, aquellas prohibiciones no consiguieron sus objetivos, sino lo contrario. Hoy los cubanos, que suman millones en Estados Unidos ―no emigran más porque no pueden― son el pueblo más proestadounidense de Latinoamérica.

En cuanto permitieron las creencias religiosas, las iglesias de todas las denominaciones cristianas se llenaron (aunque fuera mayoritariamente de “creyentes a su manera”) y hubo más practicantes que nunca de las religiones afrocubanas.

La iniciativa privada, pese a todos los tira y afloja, no pudieron ahogarla, y pese a todas las trabas y zancadillas en favor de la empresa estatal, cada vez es más pujante.

En muchos de nosotros, el adoctrinamiento y las imposiciones solo consiguieron hacernos más reacios a la uniformidad y la mentalidad de rebaño. Cuando no lograron domarnos, si no nos fuimos del país o morimos de rabia o de tristeza, la tiranía nos hizo más incompatibles y rebeldes.

Luis Cino
Texto e ilustración: Cubanet, 7 de mayo de 2017.

lunes, 9 de junio de 2025

Cuba, la necesaria prensa independiente

 

Para llegar a la casa del periodista independiente Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956), ubicada en el Reparto Eléctrico, municipio Arroyo Naranjo, al sur de La Habana, puedes optar por esperar durante horas las rutas de ómnibus P-6 y P-8 o viajar en un desvencijado taxi colectivo. Si te encuentras en El Vedado, al costado del antiguo hotel Habana Hilton, un almendrón, como le dicen en Cuba a los viejos autos americanos reconvertidos en taxis privados, te llevará a la barriada de La Víbora. Allí debes tomar otro taxi hasta La Palma, intersección en la cual confluyen cuatro importantes calzadas de la ciudad con aires de mercadillos gitanos. Finalmente, un viejo Jeep Willys te dejará a la entrada del reparto donde vive Cino.

Un trayecto de poco más de una hora que te costará 500 pesos, un tercio de la chequera de un jubilado. Cuando te bajas del jeep, verás una urbanización de la era soviética con edificios de espantosa arquitectura. Después debes caminar medio kilometro por un callejón sin aceras hasta la vivienda de Luis Cino, probablemente el más brillante periodista independiente de Cuba en la actualidad. Ha publicado tres libros y es un cronista soberbio. Habla inglés con soltura y tiene una amplia colección de discos, desde los clásicos del rock, country o jazz a lo mejor de la música cubana, que por supuesto no incluye el reguetón ni el reparto.

El domingo 13 de abril de 2025 estuve varias horas charlando con Cino mientras de fondo escuchábamos la voz excepcional de la brasileña María Bethania. Luis y su esposa, como casi todos en la Isla, se estrujaban la cabeza para ver qué comerían esa noche. “Hace meses que no recibimos gas licuado. Y como los apagones se han recrudecido, a veces tenemos que cocinar con leña en el patio. Cuando tenga un chance debería comprarme una hornilla de inducción”. El tema principal, además de la represión, es lo dura que está la vida. Comer se ha convertido en un lujo para la mayoría de los cubanos. Ya no recuerda la última vez que fue a pasear con su familia.

Cuando cae la noche, alista una colchoneta, un viejo ventilador y un libro de Mario Vargas Llosa y hace guardia nocturna en un kiosco de planchas metálicas pintadas de blanco situado al borde la carretera. “El dueño de un negocio privado me contrató como custodio. Me pagan 600 pesos por cada turno. Hago dos o tres guardias a la semana”, comenta. Periodista abiertamente anticastrista, Cino no dice que se ha visto obligado a trabajar debido al recorte de fondos implementados por la administración Trump a instituciones como la USAID y la NED que entregaban fondos al periodismo sin mordaza en Cuba.

Junto a Reinaldo Escobar y Victor Manuel Domínguez, Luis Cino es de los más veteranos reporteros libres que se han quedado en la Isla. Comenzó en 1997 junto a su amigo Juan González Febles, quien actualmente padece de demencia senil y sobrevive gracias a sus amigos. No hay ninguna organización en el gremio que brinde ayude a opositores y periodistas independientes con problemas de salud o muy ancianos. Para la dictadura castrista un disidente no es una persona. Por tanto no reciben pensiones ni tienen acceso a empleos de calidad o a la asistencia social.

Hace unos años atrás existía en el exilio una organización que presidía Bernardo Fuentes Camblor, que de forma discreta y efectiva entregaba alimentos y medicinas a los disidentes más necesitados. Pero por falta de fondos cerró. Raydel Fernández, empresario cubano radicado en República Dominicana, ha iniciado un proyecto, sufragándolo con su bolsillo, junto al opositor y analista disidente Julio Aleaga para ayudar a periodistas independientes.

El proyecto se llama Fondo de Apoyo a Periodistas y es una organización altruista, sin fines de lucro y voluntaria. Su misión es apoyar a los periodistas contestatarios que luego de años de trabajo, por su condición de defensores de la verdad, no encuentran el apoyo social necesario. La creación del Fondo, se basa en los aportes de donaciones y ayudas, de personas naturales o jurídicas. Con esos aportes se planifica un año natural (del 1 de enero al 31 de diciembre) y las prioridades y oportunidades.

El Fondo establecerá las normas y protocolos para definir quienes serán los beneficiarios de ayuda y en qué consistirá en cada caso, monetaria, alimentos y otras. Los beneficiarios del Fondo serán solo periodistas independientes que luego de más de veinte años en los medios independientes y con 65 años de edad se encuentren en condiciones de salud que les impida ejercerlo.

"Para el año 2025 se propone como beneficiarios a Juan González Febles, 76 años, ex director de Primavera de Cuba, primer periódico independiente realizado desde la Isla y colaborador de otros medios; Ana Torricela, 65 años, diseñadora gráfica; Moisés Leonardo Rodríguez, 76 años, presidente de la Corriente Martiana y Julio Cedeño, 71 años, activista opositor y colaborador de diferentes medios que ya recibió la primera ayuda", cuenta Raydel.

Para sortear la pobreza extrema, Cedeño vende caramelos en Monte y Factoría, en el portal del antiguo Ten Cent, frente al Parque de la Fraternidad. El pasado 4 de febrero, fue golpeado y detenido por la policía política lo que provocó la repulsa popular. Dos días después fue liberado.

La sistemática represión de la Seguridad del Estado, que ha provocado la emigración de cientos de disidentes, activistas y periodistas independientes, no ha podido acallar a las voces del cambio dentro de Cuba. Rolando Rodríguez Lobaina, director de Palenque Visión, ayuda con sus propios recursos y el apoyo de amigos en el exilio a varios reporteros, como Yeris Curbelo, de Caimanera, preso por su labor periodística.

El opositor y expreso político José Daniel Ferrer ha organizado un proyecto de ayuda humanitaria en Altamira, Santiago de Cuba, que ha tenido un notable impacto en la comunidad. “Yo viajo todos los días un montón de kilómetros hasta la casa de Ferrer. Para no tener que ir dos veces me dan el almuerzo y la comida. Próximamente también van a preparar desayunos. Ese hombre está haciendo un trabajo que beneficia al pueblo. No como el gobierno, que alardea de asistencia social y la gente está pasando tremenda hambre", dijo a Diario Las Américas un entrenador deportivo santiaguero ya jubilado.

En su opinión, "detener a los que van a comer a casa de Ferrer es un delito de Estado. Si no puedes garantizar la alimentación del pueblo, no impidas que otros lo hagan. ¿Qué puede molestar que una persona u organización reparta comida a los más pobres? Es pura soberbia del gobierno. El hambre es mala consejera. Si siguen azocando a los que vamos a casa de Ferrer, se puede armar una revuelta. Hay familias que esa comida es lo único que se pueden llevar a la boca”.

Según Prisoners Defenders, una organización radicada en Madrid que preside Javier Larrondo, ha habido 350 detenciones en menos de un mes: “Es un bochorno detener o acosar a personas que están pasando muchísimas necesidades por culpa de la ineficiencia del gobierno”.

El descrédito de la dictadura roza con el comportamiento criminal. Josefina Reyes, activista de la UNPACU, denunció que agentes de la Seguridad del Estado la intimidaron para que aceptara intoxicar los alimentos que cientos de personas necesitadas consumen en el domicilio del opositor. “Querían que le echara un producto que me iban a entregar. Yo me negué. De esa comida que preparamos comen también mis hijos”, señaló en America TeVe.

José Daniel Ferrer ha mostrado videos de patrullas policiales deteniendo a personas vulnerables. Pero la represión no ha impedido que cientos de ancianos sigan acudiendo a comer. Tampoco que en medio de las penurias cotidianas Luis Cino publique en CubaNet sus formidables crónicas.

Iván García
Foto: Luis Cino (izquierda) y Ricardo González Alfonso, dos de los periodistas independientes que junto a Raúl Rivero, director de la agencia de prensa Cuba Press, en diciembre de 2002 lanzaron el primer número de la revista De Cuba. En febrero de 2003 lanzarían el segundo número. En medio de la oleada represiva de marzo y abril de 2003, mientras Rivero y González se encontraban encarcelados, Claudia Márquez, con la colaboración de Vladimiro Roca, Iván García y Tania Quintero lanzaría un tercer número. Tomada de Un monumento al periodismo independiente, crónica recordando los diez años de la fundación de Cuba Press que Iván García publicó en Cubaencuentro el 19 de septiembre de 2005.