miércoles, 9 de octubre de 2013

Varadero: el poblado más rico de Cuba (II)


En Varadero, excepto el aire, todo es caro. Puede que dentro de poco hasta el aire sea un negocio. Al menos es lo que proyecta un tipo creativo oriundo del poblado con mayor índice de desarrollo humano y alto nivel de vida en Cuba.

Andy (los nombres han sido cambiados), de mediana estatura y piel tostada, como casi todos los habitantes de la pintoresca localidad turística, prevé montar un negocio de venta de aire comprimido en vasijas de cerámica y agua de mar envasado en botellones de madera decorado con paisajes del famoso balneario.

“Fui marinero mercante. En Tokio y otras ciudades se vende hasta el aire. Estoy diseñando una página web para promover esos productos. El agua de mar de Varadero es altamente saludable para aquellas personas que presentan problemas dermatológicos. Sobre todo en los pies. Elimina los hongos y otras enfermedades. El precio lo estoy estudiando”, explica el futuro pequeño empresario de souvenirs.

Y es que en Varadero cualquier cosa es negocio. La ciudad es dos veces más cara que otra urbe cubana, incluída La Habana, donde los precios son de infarto. El mercado negro es el más surtido de Cuba. Usted puede comprar o negociar casi todo. Menos un submarino o una bomba atómica. Pablo, un ex militar retirado, reside en el cercano poblado de Santa Marta, a tiro de piedra de Varadero.

Se dedica a vender mariscos. “Camarones, langostas, calamares. Limpios y en paquetes de 3 a 5 libras. La libra de camarón cuesta 3 cuc, al igual que la langosta. Dos la de calamar, aunque escucho propuestas”, anuncia en voz baja sentado en un café del parque de diversiones de Varadero. Con una gorra de los Tigres de Detroit se protege del sol.

Otros ofertan tabacos, ron, whisky y vodka ruso a precio inferior que en las tiendas estatales por moneda dura. Casimiro, un mulato rechoncho, vende comida. "¿Pero qué tipo de comida?", pregunta un turista cubano con una manilla azul de ‘todo incluido’ en su brazo izquierdo. “Es a la carta. Lo que usted desee”, responde.

Casimiro saca del bolsillo de un ancho bermuda un papel estrujado y lee con voz de barítono. “Queso Gouda holandés a 7 cuc el kilo. Chorizo Vela a 4. Carne de res a 2.20 la libra. Filete de Castero a dos la libra y jamón serrano a 12 cuc el kilogramo. Pero si desea algo diferente, por favor déme el número de su móvil, que yo se lo consigo”, indica el vendedor clandestino.

Es fácil saber de dónde salen los productos que a cada paso se ofertan en el mercado subterráneo de Varadero. 52 hoteles, varias marinas y villas de turismo constituyen la tubería que aprovisiona un mercado negro no muy diferente al que comenzó a funcionar en toda la isla poco después de que Fidel Castro se hiciera con el poder en enero de 1959.

Y es que el barbudo, quien con frecuencia gusta recordarnos que su revolución nos hizo dignos y soberanos, económicamente hablando ha sido un desastre. Cuba no fabrica ni palillos de dientes. La pobreza material y la perenne escasez son la génesis de un mercado ilegal que funciona a todo gas.

Y Varadero, con sus grandes almacenes de insumos, es una meca sagrada de negocios por debajo de la mesa. Cualquier persona y en cualquier sitio. Se roba de todo.

Desde el cocinero de un hotel cinco estrellas al custodio. “Robar en tu puesto de trabajo es una parte importante en nuestra escala de valores. Una cultura nacional. Lo hacemos por pendejos, porque no tenemos valor para salir a la calle a reclamar nuestros derechos. Somos carneros. Agachamos la cabeza ante cualquier arbitrariedad del Estado. Te pongo un ejemplo: cuantas veces han subido los precios de artículos como el jabón, detergente, aceite o gasolina y la gente solo se queja en la sala de su casa. Luego nos resarcimos robando. Es un modo de vivir. No se puede ser honesto cuando un gobierno empobrece tu calidad de vida. Francamente, la mayoría de las cosas que tengo las he obtenido robando”, revela un cocinero.

En Varadero viven personas que de manera legal rentan habitaciones o son dueños de un paladar. También hay un ejército de vendedores ambulantes de caracoles, estrellas de mar y artesanías que a diario caminan por la orilla de la playa ofertando su mercadería.

Ana es una de ellas. “Todos los días camino casi 30 kilometros, vendiendo ropas típicas cubanas que confecciono junto a mi hermana. Tengo días buenos y otros peores. Pero casi siempre llegó a casa con 50 o 60 cuc de ganancia. Soy de Santiago de Cuba. Pero salí huyendo de allá tras el paso del huracán el año pasado. Santiago es como una ciudad después de una guerra. Aquello está que arde. Aquí mi hermana y yo pagamos un alquiler en 250 cuc mensuales. Siempre estamos al filo de la navaja, por la policía, los inspectores estatales, no es fácil. Pero es tanta la corrupción que cuando les deja caer dinero, viran la cara hacia el otro lado”, cuenta Ana, mientras propone a un matrimonio canadiense unos vestidos de lienzo.

Los taxistas particulares pululan por toda la ciudad. Proceden de La Habana, Pinar del Río o Camagüey. En dura competencia con los taxistas estatales, recorren las calles a la caza de clientes.

El precio de los taxis estatales en Varadero es de escándalo. Un peso convertible por kilómetro. Los privados son más baratos. Varadero, con categoría de territorio especial, tiene 8 mil habitantes. Pero se calcula en 20 mil la población flotante, constituida por obreros de la construcción, empleados de centros turísticos y los residentes ilegales.

A ello se añade que más de la mitad de los 13 mil habitantes de pueblos aledaños como Santa Marta o Boca de Camarioca, trabajan en el balneario o se buscan la vida de manera legal o ilegal vendiendo pacotilla, comida, artesanías.

Varadero es un bazar. Aquí puede encontrar lo que usted busca. Un móvil inteligente de última generación. Una tableta Apple. Drogas. O una caja de whisky Black Label a mitad de precio.

El dinero corre. El dólar vale, el euro también. Willy Chirino se escucha en los ómnibus que trasladan a turistas y en los cafés al aire libre.

Los pobladores de Varadero se precian de tener varias opciones informativas. La señal de Radio Martí, emisora del gobierno de Estados Unidos, se escucha sin interferencias del régimen.

Las cuentas piratas de internet permite a la gente de la zona leer Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, Diario de Cuba o El País, entre otras publicaciones online. Los canales televisivos del sur de Miami entran como un cañón.

Y es que Varadero, por su calidad de vida y su geografía, está más cerca de la Florida que de La Habana. 90 millas al norte. Más o menos.

Iván García

lunes, 7 de octubre de 2013

Varadero: un poco de historia (I)


Fue Sebastián de Ocampo, en su bojeo de la Isla, el primer europeo que visitó, en 1508, lo que andando el tiempo sería Varadero, célebre primero por sus salinas y luego por sus canteras, antes de convertirse en uno de los polos fundamentales del turismo cubano.

El movimiento de temporadistas comienza en Varadero alrededor de 1840. Lo impulsa la familia que en la época era la propietaria de la mayor parte de las haciendas que se asentaban en la zona. Para los vacacionistas se construyó un pequeño caserío.

La extracción de sal continuaba siendo el rubro económico fundamental, pero en 1883 surge una incipiente industria turística cuando Mamerto Villar establece un servicio de fonda y posada; negocio que el ayuntamiento de Cárdenas consideró de tan escasa monta que terminó exonerándolo del pago de contribuciones. En el mismo año Antonio Torres Armengol emplazó el quiosco Torres para el expendio de refrescos y pescado frito. Prosperó este establecimiento y se le considera el embrión de los grandes hoteles que abrieron sus puertas en Varadero durante la República. Es en esa fecha cuando se construye el primer teatro en el territorio. Desde tres años antes los bailes en la glorieta garantizaban el entretenimiento y la alegría en las largas y calientes noches del verano.

Ya para entonces Casimiro García Salva, en atención a las riquezas naturales de la playa, había promovido la creación de un balneario. Es un propósito que comienza a abrirse paso hacia 1880 y que cobra cuerpo legal tres años después, cuando un grupo de nueve personas lideradas por Joaquín de Rojas Cachurro adquiere, por $1 350.00 oro español, dos caballerías en la hacienda Varadero, y constituyen una sociedad comunal. En la escritura pública suscrita el 1ro. de junio de 1883 quedó constancia de los fines que perseguía la recién creada entidad: el engrandecimiento del poblado y la construcción y aumento del número de sus edificaciones. Los asociados decidieron vender a García Salva la décima parte de la propiedad y la sociedad comunal quedó conformada por diez miembros que los temporadistas empezaron a denominar los 'decenviros'.

Solicitaron los 'decenviros' al ayuntamiento de Cárdenas que no se incluyeran sus propiedades en el patrón de riquezas urbanas, ya que solo las utilizarían durante el verano. Las autoridades municipales, al acceder a la solicitud, consideraron que la exención sería un estímulo para nuevas construcciones. Se hicieron, en efecto, pero sin respetar las regulaciones relativas a la formación y conservación de las calles, y sin que se hiciera necesaria la presentación de planos ni direcciones facultativas.

Eso trajo como consecuencia las irregularidades urbanísticas que se registran en la conformación de Varadero, pero, a juicio de especialistas, esas nuevas edificaciones, con estructuras de madera y cubiertas de tejas criollas, marcaron una importante evolución en la arquitectura de la península.

El turismo progresaba, pero la actividad económica más importante seguía siendo la extracción de sal. En 1888 Antonio Torres, que desde el año anterior operaba la línea marítima de correo y pasaje Cárdenas-Varadero, añadía a su quiosco varias habitaciones y dos casas de tabla y tejas destinadas al alquiler durante la temporada de verano, en tanto que Mamerto Villar, en 1895, convertía su posada en motel. Piedras y cantos de la zona se utilizaban en las nuevas edificaciones y mejoraba el servicio de transporte con la incorporación de lanchas y goletas. Establecido el caserío de los decenviros, crecía el poblamiento de la zona. Fue aprobada la solicitud para fomentar un nuevo poblado. Lo conformarían 40 manzanas; se destinarían dos terrenos para las plazas de recreo y de mercado y habría espacio para la construcción de una iglesia y una escuela pública. La nueva urbanización se subordinó a lo ya existente, lo que redundó en un trazado bastante irregular.

Los alrededores del quiosco de Torres se convirtieron en un foco cultural. En la zona se ubicaban las glorietas y el teatro. La sociedad Varadero Sport Club, de recreo y deporte, utilizaba el lugar para reuniones, bailes, cenas y veladas artísticas. Es por entonces que las serenatas cobran vida en Varadero y comienzan a hacerse célebres la bebida refrescante conocida como ciruelón y el ponche que lleva el nombre de la playa. Mamerto Villar estimularía la siembra de cocoteros a lo largo de todo el poblado, lo que convirtió a esa planta en típica del lugar.

Concluye la Guerra de Independencia. Sigue la intervención militar norteamericana. Adviene la República. El quiosco de Torres comienza a prestar servicios de restaurante durante todo el año. El 14 de diciembre de 1910 abre sus puertas el primer hotel de la playa. Lleva el nombre de Varadero. La producción salinera sigue siendo alta, pero la extracción de arena para la construcción amenaza con desplazarla de su sitial. Finaliza la Primera Guerra Mundial; caen en el mercado internacional los precios del azúcar, y llegan las vacas flacas para la economía cubana. Un restaurante se instala en un ranchón en la zona de Kawama.

En Varadero se evidencia una modalidad turística: la del vacacionista de fines de semana, que toma sus baños de mar y se marcha. Un flujo que se incrementa a partir de 1911 con la apertura de la carretera desde Cárdenas. La población fija está llena de contrastes, pues la conforman en lo esencial burgueses y pescadores. De todas formas no es numerosa. Algo más de mil son los habitantes de la playa en 1899; cifra que desciende a 250 en 1907 y a 193 en 1919. No puede ser de otra manera en una comunidad donde la higiene deja mucho que desear. No hay agua potable. Se dificulta en extremo el transporte y es insuficiente el desarrollo económico.

Se construyen chalets de madera, generalmente de dos plantas y con cantos en el basamento. Este tipo de edificación se generaliza hasta que en 1906 se acometen casas más modernas que reproducen el estilo predominante en el sur de Estados Unidos. En 1900 se celebra la Fiesta de la Paz, que contempla, por primera vez en la playa, regatas de velas y remos. No volverán a convocarse esas competencias hasta 1907 y se sistematizarán a partir de 1910, cuando se comenzó a entregar a los ganadores la copa Varadero. Un año más tarde, el entonces creado Club Náutico asume la organización del certamen, al que da carácter nacional. En 1913 se establece una mesa telefónica que se vale de una red de mensajeros que cubre todo el territorio. De 1915 data el alumbrado público. Utiliza faroles de carburo que se encienden hasta las nueve de la noche. El mismo sistema se emplea en la iluminación doméstica. La electricidad llega en 1917.

A consecuencia de la crisis económica, Varadero acusa un crecimiento negativo en los años 20 del siglo pasado. Aun así, Torres convierte su establecimiento en un hotel digno de tomarse en cuenta, y el bar Kukito, con su salón de baile, es el embrión, en 1930, de futuros centros nocturnos. El millonario norteamericano Irene Dupont de Nemours adquiere tierras en la península, construye su mansión Xanadú en la mejor zona de la playa y funda una entidad para la venta de terrenos. El acueducto existía desde 1928. La artesanía de conchas y caracoles, que goza de aceptación entre los que visitan el balneario, comienza a comercializarse en La Habana, gracias a la tienda La Sortija, y llega a Estados Unidos. En 1931 empieza a prestar servicios el hotel Kawama. A partir de ahí se evidencia un crecimiento vertiginoso de los centros recreativos y nocturnos, y desde 1933 son cinco los hoteles que acogen a los visitantes, a los que se suman numerosas casas de huéspedes. En otros órdenes, continúa la extracción de arena y se inicia, en la península y cayos adyacentes, la tala de árboles y la comercialización del mangle, en tanto que la producción de sal queda relegada a un tercer lugar.

En 1933 el ferrocarril inaugura el tramo Habana-Cárdenas. El pequeño aeródromo de la zona inaugura el 21 de julio de 1935 los vuelos Habana-Varadero. En ese mismo año se edita en inglés la primera guía turística del balneario. En 1938 funciona la panadería Varadero. Por la misma época se establece el primer servicentro, y el cine llega a la zona. Dos años después abre sus puertas una tienda de productos industriales y se inaugura una lavandería. Con el establecimiento de estos últimos servicios Varadero estaba ya en condiciones de comenzar a recibir turismo en gran escala, afirma Ana M. García Izquierdo, de quien tomo muchos de estos datos.

En los años 40 del siglo pasado, el turismo desplaza en Varadero a cualquier otro rubro económico. En ese período se pavimentan calles y se tienden aceras. Una nueva carretera reduce a diez kilómetros el trayecto desde y hacia Cárdenas. La Vía Blanca acorta las distancias y hace más cómodo el traslado Habana-Varadero, en tanto que en 1948 los ómnibus de la Compañía Playa Azul enlazan el balneario con Santa Clara. En 1949 quedan inaugurados los vuelos Miami-Varadero-Miami. La red de servicios se hace amplia y variada en esta etapa con la apertura de una fábrica de hielo, una radioemisora y nuevos establecimientos comerciales. En 1952, la población fija sobrepasaba los 7 mil habitantes.

Al iniciarse la década de los 50, el territorio contaba con 17 hoteles. A estos se agregan, entre 1956 y 1958, otros establecimientos hoteleros como Oasis. En esa etapa existían 18 casas de huéspedes, 30 centros nocturnos reconocidos y 17 unidas gastronómicas, lo que no incluía bares ni cafeterías.

El Decreto-Ley 2082 de 27 de enero de 1955 creó la Autoridad del Centro Turístico de Varadero, con el objetivo de impulsar el plan regulador del balneario y conseguir su desarrollo urbano y turístico. Crecieron las llamadas inversiones parásitas. Se asfaltó, en 1954, el último tramo de la Vía Blanca y se inauguró un nuevo acueducto. Continuó la pavimentación de calles y concluyó la construcción del puente de báscula. Muchos de los habitantes más humildes de la localidad buscaron trabajo en la esfera de la construcción, mientras que Cárdenas proveía el personal para la gastronomía, la atención de hoteles y casas de huéspedes y el servicio doméstico. La artesanía seguía siendo una fuente de ingresos. El sector más precario era el de la pesca. Había barrios insalubres en la deslumbrante Playa Azul.

La Revolución engrandeció a Varadero. Cuenta hoy con 56 hoteles y más de 18 mil capacidades. Una puerta al paraíso y la aventura.

Bianchi Ross, con información de Milanys Pérez Paz y documentación de García Izquierdo, Santamaría Sánchez e Iglesias Oduardo. Juventud Rebelde, 4 de junio de 2011.
Foto: Museo Municipal de Varadero. Inaugurado en 1981, radica al lado del mar, en Avenida de la Playa y Calle 57. Fue la residencia de veraneo del ingeniero cubano Leopoldo Abreu. La casona de madera de dos plantas, se terminó de construir en 1921. De estilo bungalow, está inspirada en las construcciones típicas del sur de Estados Unidos.

viernes, 4 de octubre de 2013

Vuelven las bicicletas chinas



Tras la debacle del transporte público, con una insuficiente flotilla de ómnibus y el 30% de los que funcionan parados por faltas de piezas, la solución dictada desde las refrigeradas oficinas de los funcionarios del Estado cubano, es el regreso de las bicicletas.

A todas las nuevas medidas del gobierno, les antecede un calculado bombardeo promocional sobre los beneficios de aquéllo que nos quieren vender. En eso son expertos publicitarios.

El día que Fidel Castro anunció la venta por la libreta de 'chocolatín' (chocolate con leche en polvo), los medios oficiales hicieron artículos y mesas redondas, alabando las cualidades del cacao. Sucedió igual con el 'cerelac', una especie de gofio intragable y que según la propaganda estatal, mantendría saludables a los ancianos.

Un sucedáneo como el café ligado con chícharos o el picadillo ‘extendido’ (de soya), dos bodrios vendidos a la población, debido a la raquítica cosecha de café y la deprimida ganadería vacuna, son casi un lujo, si damos crédito a la optimista prensa oficial. Pero ninguno de esos engendros los consumen ministros, generales y miembros del buró político del partido comunista.

La historia de la bicicleta es similar. Nadie duda que es saludable pedalear, hacer ejercicios, nadar y caminar. Pero una cosa es promover las bondades de la práctica del ciclismo, y otra, imponer un estilo de vida.

En Holanda, Noruega o en ciudades de Estados Unidos mucha gente prefiere andar en bicicleta, aunque tengan auto. En Cuba es diferente. Es la solución que ofrece el ineficiente gobierno, para que las personas no tengan que estar dos horas en una parada, esperando un ómnibus.

El regreso de la bici es una cortina de humo, que pretende esconder la inoperancia estatal en la administración del transporte urbano. En 54 años de revolución, el servicio de ómnibus es un auténtico desastre.

Cuando existía una Unión Soviética que con su bolsillo ancho instaló una tubería trasatlántica de rublos, fertilizantes y petróleo, por La Habana circulaban 2,500 buses, ensamblados con motores húngaros en una fábrica de Guanajay.

Antes, se habían comprado autobuses Leyland a Gran Bretaña, Hino a Japón, Pegaso a España y Skoda a Checoslovaquia. Entonces habían 100 rutas de ómnibus y una flota de 4 mil taxis Chevy, adquiridos a la dictadura argentina.

Así y todo, el transporte urbano era deficiente. Las guaguas circulaban repletas, con la gente colgada como racimos de plátanos en las puertas. Abordarlos se convertía en un safari.

Con la llegada en 1990 de esa guerra silenciosa llamada 'período especial', se acentuó el mal funcionamiento del transporte urbano. Fue entonces cuando a Fidel Castro se le ocurrió la venta masiva de bicicletas chinas. Pesados trastos comprados a precios de subasta, en alguna factoría china. Se adquirieron casi dos millones de bicicletas.

Hace 14 años, en un trabajo titulado La muerte en bicicleta, escribí: "En el primer semestre de 1999, en Cuba fallecieron 143 ciclistas por accidentes de tránsito y más de mil 200 sufrieron lesiones". Fueron años tremendos. Los cubanos pasaban hambre y adelgazaban kilos, como a diario fueran a un sauna. Había largas colas para comprar pizzas con puré de papa en vez de queso. Las frituras de harina eran el plato fuerte y un cocimiento de cáscaras de toronja era el desayuno de los depauperados ancianos.

Cuba era un país en estado de sitio. Fidel Castro llegó a planificar una Opción Cero. De continuar el hambre y enfermedades exóticas, camiones militares repartirían ranchos de alimentos cocinados por los barrios. Nunca quedó claro si almuerzo y cena. O solo una ración diaria.

Por suerte, la Opción Cero fue engavetada. Pero lo de las bicicletas sí fue en serio. Un cuadro surrealista. Personas hambrientas pedaleando decenas de kilómetros para ir y venir de su trabajo. En un intento por levantar la moral y el ánimo, la propaganda oficial nos mostraba en la TV a Carlos Lage -después defenestrado- acudiendo a su oficina en el Palacio de la Revolución en una bicicleta china.

En aquella época, a los trabajadores se las vendían en 130 pesos, pero por la inflación galopante, los precios de venta se dispararon en el mercado negro. Llegaron a costar 2 mil pesos. Aumentaron los robos con fuerza en viviendas y en la vía pública. Quienes tenía una bicicleta, fortificaban sus casas. Una locura.

Se trazaron ciclovías en las ruinosas calzadas y dos autobuses se dedicaban a trasladar a los ciclistas al otro lado de la bahía. Si ibas al campo, podías cambiar una bici por un cerdo de 100 libras. Regateando, además te daban un saco de ñame y un racimo de plátano macho.

Ahora, Marino Murillo, zar de las reformas económicas, nos la trae de vuelta. Está por ver si para ahorrar combutisble, los autos de funcionarios y ministros serán susituidos por bicicletas chinas. Empezando por Murillo, muchos la necesitan, por razones de salud. Andan sobrados de kilos. Y la mejor manera de vender algo es predicando con el ejemplo.

Iván García
Foto: Tomada de Infolatam.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Azúcar amarga


En 23 años, Cuba ha pasado de ser una de las naciones azucareras del mundo a importar la dulce gramínea para el consumo del sector turístico. Si en 1990, en los albores de esa guerra silenciosa que fue el 'período especial', se producían 8,2 millones de toneladas de azúcar, en 2013 se produjo poco más de un millón.

Este año la zafra azucarera quedó un 11% por debajo de lo previsto en la planificación estatal. Solo esa capacidad fabulosa que tienen los medios oficiales de amortiguar los fracasos, adornaron el desastre con tintes de optimismo.

Un peripatético locutor de la televisión dijo que, a pesar de un déficit en la producción de 133 mil toneladas, “la zafra 2012-2013 fue la mejor en los últimos nueve años”. Según la versión oficial, en los pobres resultados incidieron “dificultades en la eficiencia, debido a la obsolescencia tecnológica en la industria y la maquinaria agrícola, pobre organización e indisciplinas”.

El fiasco azucarero es un duro varapalo económico. La tonelada de azúcar se cotiza en el mercado mundial a 400 dólares. Por tanto, las raquíticas finanzas estatales dejaron de ingresar 53 millones 200 mil dólares.

El presidente Raúl Castro ha intentado revitalizar la otrora primera industria nacional haciendo recortes de carnicero. En 2012 cerró el enorme aparato burocrático del Ministerio del Azúcar y, con un tercio de los empleados, creó una empresa estatal llamada Azcuba.

La entidad anunció que aspiraba a un aumento del 20% en la producción azucarera con respecto a la cosecha anterior de 1 millón 400 mil toneladas. Se estudió la posibilidad de administrar con la firma Odebrecht de Brasil, un central en la provincia de Cienfuegos.

De manera minuciosa se planificó la preparación de la cosecha, petróleo a consumir por los medios de transporte, insumos a cortadores de caña, piezas de recambio a las maquinarias de los centrales y rendimiento por caballería de tierra sembrada de caña que se debía obtener.

La previsión fue un sonado fracaso. A un experto azucarero le pregunté por qué desde hace tiempo la producción azucarera no supera la barrera de los 2 millones de toneladas. Actualmente está jubilado, pero durante varios años laboró en el Ministerio del Azúcar, antaño una poderosa institución, con un presupuesto millonario y una estructura solo superada por las Fuerzas armadas y el Ministerio del interior.

En aquella época, el funcionario viajó por medio mundo, comprando equipos y maquinarias. “Si se quiere saber qué ha dejado de funcionar en las actuales campañas azucareras hay que hacer un poco de historia. A partir de 1911, en la Cuba republicana, la producción azucarera fluctuaba entre 5 y 7 millones de toneladas. Eran zafras que rara vez duraban 3 meses. La productividad por hectárea estaba entre las mejores del planeta. A nivel de Hawai o cualquier potencia azucarera de entonces. La industria cubana era una joya, con una eficiencia a nivel mundial. Con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, comenzó el lento declive de nuestra primera industria".

El especialista continúa su relato. "Los disparates y el voluntarismo se sucedían a granel. La falta de piezas de repuesto para las maquinarias de los ingenios y la insuficiente capacitación del personal técnico en los centrales, que ocupaban puestos importantes gracias su lealtad política, fueron minando la industria azucarera. Castro se involucró en el sector a base de autoritarismo. Sus planes y fantasías hicieron mucho daño. Por puro capricho, sustituyó la variedad de caña que se sembraba en los campos, muy resistente a plagas y con alto volumen de sacarosa. La zafra de los Diez Millones, en 1969-1970, fue el tiro de gracia. Esas secuelas aún le están pasando factura a la producción de azúcar”.

Según el experto, Castro fue como un huracán devastador, una plaga dañina. “No solo se planificaba de forma errónea la campaña de frío, también se desperdiciaban los subproductos que genera la caña. Potencias azucareras como Brasil aprovechan todo. La caña no es solo es azúcar o alcohol. Sirve para producir muebles, medicinas y proteína animal, entre otras cualidades”.

En los años de la Guerra Fría, cuando Cuba se alió al grupo de países comunistas de Europa del Este, la isla vendía a precio preferencial su cosecha azucarera. No faltaban insumos, fertilizantes ni maquinarias. En la provincia de Holguín, a 800 kilómetros al este de La Habana, con tecnología rusa, se construyó una fábrica que producía cortadoras de caña.

Ya a finales del siglo XX, todo el andamiaje azucarero se había ido desmontando. En 2002, el gobierno puso en marcha un plan de reconversión de centrales. De los 156 existentes, 71 producirían azúcar; 14, azúcar y melado para alimentar el ganado, y de los 71 restantes, 5 serían reconvertidos en museos, 5 se mantendrían de reserva y los otros 61 serían desmantelados. Pero en 2005 fuentes gubernamentales reportaban que entre 40 y 50 de los centrales todavía activos serían cerrados.

En octubre de 2002, Fidel Castro diseñó un reordenamiento de la industria azucarera y lo nombró Tarea Álvaro Reinoso (sabio del siglo XIX, considerado padre de la agricultura científica en la isla). En un discurso pronunciado entonces dijo que en las próximas semanas se abrirían escuelas para no menos de 90 mil trabajadores del sector. De manera camuflada, miles de obreros azucareros fueron enviados al paro.

Hoy, decenas de ingenios, son almacenes de chatarra. Y los bateyes que les rodean, caseríos derruidos, con gente que subiste comiendo poco y mal y bebiendo alcohol en cantidades alarmantes.

Por la libreta de racionamiento se distribuyen 5 libras de azúcar per cápita. Y en venta liberada los precios son prohibitivos en un país donde el salario promedio mensual es de unos 20 dólares. La libra de azúcar blanca o refinada cuesta 8 pesos (0,40 centavos de dólar) y 6 pesos (0,30 centavos) la prieta o cruda. Y debido a su pésima calidad, en no pocas ocasiones el sector de hotelería y turismo ha tenido que importar azúcar de Brasil y República Dominicana.

Cuando se haga la historia de los fracasos monumentales de la revolución de Fidel Castro, la industria azucarera ocupa un lugar cimero. De gran exportadora en el pasado, a importadora en el presente. Es la amarga realidad.

Iván García
Foto: Antiguo Central Orozco, en Pinar del Río. Tomada de Centrales Azucareros Cubanos, en la web de Juan F. Pérez.

lunes, 30 de septiembre de 2013

El alcohol siempre será mal consejero


Lo que muchas veces comienza como una acción escapista, placentera o de disfrute familiar o social, con el tiempo puede convertirse en un lastre de lamentables consecuencias para el individuo, la familia y la sociedad.

El alcoholismo constituye una enfermedad en la que el organismo crea dependencia a la ingestión de bebidas alcohólicas, y sufre de síntomas de abstinencia cuando se le priva de esa sustancia.

Son variados los factores que empujan a las personas al consumo de alcohol. Con frecuencia la justificación se asocia con el alivio de la ansiedad o el estrés, evadir la depresión y la baja autoestima, distanciarse de los conflictos interpersonales, el arraigado patrón que vincula fiestas o celebraciones con la ingesta de bebidas alcohólicas, la condición de no ser rechazados o estar a tono con el comportamiento de los demás, entre otras razones.

Los problemas se acrecientan debido a que con el tiempo el nivel de tolerancia aumenta y se require de más alcohol para conseguir los efectos deseados. Esa situación se convierte en un círculo vicioso que arrastra al enfermo a la dependencia, la degradación de sus valores y los daños físicos y psicológicos en su organismo.

El agravante de ese comportamiento es que, por regal general, los alcohólicos terminan provocando disfuncionalidad en sus familias. Su adicción les provoca problemas de asistencia o rendimiento en el desempeño de sus quehaceres profesionales o estudiantiles. Constituyen un factor de riesgo de accidentes de todo tipo. Y muestran una elevada incidencia en la comisión de delitos.

Algunas consecuencias para la salud devenidas por el alcoholismo incluyen los daños hepáticos, donde la cirrosis es de los más temibles. Destacan los trastornos cardiovasculares, aumentando la incidencia de hipertensión arterial e insuficiencia cardiaca. Se relaciona directamente con la aparición de procesos tumorales, muchas veces por potenciar el efecto cancerígeno de otras sustancias. Conduce a la malnutrición y a la inmunosupresión, lo que incrementa el riesgo de infecciones. Ejerce efectos dañinos sobre el cerebro y el sistema neurológico en general, pudiendo desencadenar psicosis u otros trastornos mentales, además de los cuadros de polineuropatías.

En los hombres puede ocasionar impotencia sexual y en ocasiones se asocia con graves secuelas en el embarazo. También se responsabiliza de la aparición de ulceras gastrointestinales y de sangramientos, además de muchos otros perjuicios.

En Cuba, donde el nivel de alcoholismo se ha extendido de modo significativo y prácticamente no se han implementado políticas gubernamentales para combatirlo, hace pocas semanas se volvió a lamentar un incidente dramático a consecuencia de la ingestión de alcohol metílico o alcohol de madera por un grupo de personas residentes en el municipio de La Lisa, en La Habana.

Este producto es utilizado como reactivo en laboratorios y centros de investigación y resulta sumamente tóxico para el organismo humano, por lo que su consumo puede provocar graves secuelas, como la ceguera e incluso la muerte. Las autoridades médicas reportaron 58 casos de personas intoxicadas, y entre ellas 11 fallecidos.

En función de disfrutar de una vida plena y saludable, es imprescindible alejarse del alcohol, además en el caso de haber perdido el control y padecer dicha enfermedad, se debe asistir a las consultas especializadas en este tipo de patologías, donde interactúan grupos multidiciplinarios de profesionales.

El tratamiento pasa por consejos y entrevistas individualizadas y por las técnicas de terapia de grupo encaminadas a conseguir una abstinencia no forzada de alcohol. La abstinencia es el objetivo deseado, y con esfuerzo y voluntad es posible lograrlo.

Darsi Ferrer
Martí Noticias, 16 de agosto de 2013.
Foto: Tomada de El alcoholismo en Cuba.
Ver también: Habana Glue, documental sobre el alcoholismo en la isla.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Desamparadas



Dormir sobre una colchoneta de espuma, acomodada en el piso, ya era costumbre de Ross Mary De Persin. Recientemente, en plena madrugada, le cayó un pedazo de concreto del techo en la cabeza. En el hospital Militar de Marianao le cosieron la herida. Pero no recibió certificado de lesiones: todo quedó como un simple accidente.

El apartamento tiene un solo dormitorio, y bajo el mismo techo, o lo que queda de él, con Ross Mary, de 21 años, convive su hijito Samir Caleb, de 3 años, que perdió un testículo debido a criptorquidia (fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas y se espera una tercera).

También con Ross Mary viven su madre, Juana Clara Rodríguez, paciente de VIH, con un micro adenoma en la hipófisis, tiroides, y único sostén económico del hogar; su tía, Diana Rodríguez, quien sufre de trastornos de nervios y asma crónica; y la hija de ésta, Thalía Flores, de 16 años.

El techo se encuentra en tan mal estado que directivos del gobierno y de la Oficina de la Vivienda en el municipio Playa, para esquivar responsabilidades, dispusieron apuntalarlo. Pero los días de lluvia, afuera caen gotas y adentro chorros.

La situación se le complica a la desdichada familia por la no existencia del documento de propiedad en los archivos de la Oficina de la Vivienda, a pesar de que casi todos los inquilinos nacieron allí, por ser herencia de sus padres. Mientras tanto, el expediente de Caso Social permanece engavetado desde 1999.

El apartamento tiene puerta de salida a la calle, posibilidades de ampliación hacia arriba, y está ubicado en una buena zona de la capital (Calle 29 B, No 7006, entre 70 y 72, Marianao). Eso lo hace codiciable por otros ciudadanos que poseen dinero suficiente para reconstruirlo.

Conociendo esa mala letra de los funcionarios de la Vivienda, es fácil suponer que están interesados en meter a la familia en un local cualquiera de la periferia de la capital, y, posteriormente, negociar el apartamento vacío.

Un detalle revelador se produjo hace poco, cuando montaron a la familia en un camión para llevarlos a ver un local, que supuestamente contaba con dos dormitorios, y en realidad era de uno. Pero había otra mujer habitándolo, lo cual provocó un altercado entre la mujer y los funcionarios.

Días después, llevaron a la familia a otro local, sin cocina, y muy similar al anterior. Los dos tenían en común que estaban ubicados lejos, uno en el poblado de El Chico y el otro en El Cano.

Paralela suerte corren Caridad Reyes Roca, de 66 años, cardiópata, soltera, así como su hija, Misley Lázaro, de 30 años, con síndrome de down y alérgica crónica, entre otras enfermedades que padece debido a su discapacidad funcional. El único sustento es la pensión de Caridad, equivalente a unos 10 dólares mensuales.

El 8 de diciembre de 2008, ellas permutaron para un apartamento en altos, en la Calle Martí No. 413, Barrio Azul, Arroyo Naranjo. Veintiocho días después, hicieron una reclamación por estafa ante la Oficina de la Vivienda: el techo de hormigón estaba abofado, las paredes encubrían un sistema eléctrico defectuoso y los pisos ocultaban tupiciones y salideros en tuberías sanitarias e hidráulicas. Del techo se desprenden chorritos de arena y trozos de concreto, sinónimo de un derrumbe en breve.

Hace un mes, una mujer me visitó. Había acabado de cumplir una condena en prisión. La madre que la crió desde muy pequeña murió mientras ella se encontraba presa, y su hermano de crianza había vendido la casa. Me dijo que en la cárcel ella poseía cama, comida y techo seguro, y que ahora, en libertad, se siente desamparada y llevando a cuestas el estigma de ser una ex-convicta.

Experiencias afines se escuchan por montones. ¿Qué se entiende en Cuba por desamparo y cuál institución estatal empadrona las estadísticas de los ciudadanos desamparados?

Texto y foto: Juan Carlos Linares Balmaseda
Cubanet, 7 de agosto de 2013.
Foto: Caridad Reyes y su hija Misley.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

O navegas por internet o comes mejor


Una tarjeta para navegar por internet, en una de las 118 salas inauguradas el 4 de junio, cuesta 4.50 pesos convertibles (cuc) la hora. Y dos libras (un kilo) de carne de res en el mercado negro, 4.40 cuc. Si encuentra un cubano que prefiera internet a la carne de res, avíseme.

Raúl, ingeniero de 56 años, cada mes gasta 100 cuc en alimentar bien a su familia. "Me interesa internet, pero si mi esposa, mis dos hijos y yo nos conectáramos a internet una vez a la semana, gastaríamos 72 cuc al mes. Y comeríamos menos. Por ahora tendremos que esperar".

ETECSA, la empresa de telecomunicaciones de Cuba, pensó que la comercialización de internet, sería una golosina. Como ya ocurrió con la telefonía móvil: una línea inicialmente costaba 120 cuc y ahora cuesta 30 cuc, la cuarta parte.

Calcularon que los jóvenes se sentirían atraídos por abrir cuentas en Facebook y Twitter o en mantenerse al día en el mundo del deporte, la música y la moda, y estarían dispuestos a desembolsar los altos precios en moneda dura.

No ha ocurrido así. Al menos hasta la fecha. Jorge Legrá, director de Programas Estratégicos de ETECSA, informó que en los primeros quince días, solo 11 mil usuarios habían contratado los nuevos servicios en las 118 salas de navegación habilitadas en toda la isla.

Una empleada de la sala ubicada en el Casino Deportivo, un reparto habanero, afirma que casi siempre está vacía. "Los pocos que vienen han preferido abrirse una cuenta de correo internacional, que cuesta 1.50 cuc. La red local Intranet es lo más barato, 0.60 centavos, pero la aceptación ha sido menor. La conexión a internet, la más cara, a 4.50 cuc la hora, no ha tenido la repercusión que se esperaba".

Un ingeniero de ETECSA opina que la apertura de las 118 salas “ha tenido más eco mediático dentro y fuera de Cuba, que otra cosa. La realidad es dura y simple: el alto costo de la vida ha crispado los bolsillos de los probables consumidores. Internet interesa, pero es añadir una nueva carga al presupuesto familiar. Habrá que hacer ajustes, rebajar los precios y permitir que se pueda pagar en moneda nacional”.

En junio de 2010 el ALBA 1, como se le conoce al cable submarino de fibra óptica que enlaza a Venezuela y Cuba, se hizo operativo. Pero el tráfico de datos no comenzó a gestionarse en la isla hasta tres años después. Fuentes de todo crédito aseguran que antes de hacerse efectiva la conexión en las 118 salas cubanas, el ALBA 1 trasmitió datos concernientes a las elecciones de Venezuela en octubre de 2012, las regionales de diciembre de ese año y las presidenciales de abril 2013, donde en un dudoso plebiscito, Maduro superó reñidamente a Capriles.

Luego de tres años de silencio en Cuba, se hizo la luz. El acceso en las nuevas salas de navegación es de 2 megabit/s. Veinte veces superior a la de hoteles 5 estrellas como el Saratoga, donde el pasado mes abril se hospedó la cantante Beyoncé y su esposo Jay Z.

Ningún empleado del hotel Saratoga me ha podido explicar por qué, si la hora de internet cuesta 10 cuc, se mantiene la conexión a 100 Kilobit. Según un funcionario, "se negocia el monto de dinero que las empresas de turismo deben pagar. Pero los hoteles también se beneficiarán de la mejor conectividad del cable ALBA 1".

En declaraciones recientes, el director de Programas Estratégicos de ETECSA, entre otras medidas, anunció que para fines de 2014 está previsto ofertar conexiones a internet desde los hogares. Sería con tecnología ADSL y no a través de la red telefónica.

A pesar de que Cuba parece estar dispuesta a insertarse de lleno en el siglo 21, con la llegada masiva de internet y la televisión digital, los altos precios en divisas serán un freno para la inmensa mayoría de la población.

Si ETECSA y el gobierno, que a fin de cuentas es el que lo subsidia todo, no bajan las tarifas en pesos convertibles -o mejor aún, las cobran en pesos cubanos, la moneda nacional-, el cubano de a pie seguirá viendo internet como una quimera.

Y no estará dispuesto a gastarse 4.50 cuc por una hora en la red, mientras que por ese precio puede conseguir dos libras de carne de res.

Iván García
Foto: Antes de 1959, era común almozar o cenar bistec con cebollas y tostones o papas fritas. En los puestos de fritas, por 15 o 20 centavos, podías comerte un pan con bistec. Hoy es un lujo en Cuba, igual que un filete de pargo asado, un enchilado de langosta o un arroz con camarones. Como también lo es poder desayunar todos los días una taza de café con leche y pan con mantequilla. O tomar a menudo una champola de guanábana o un vaso de jugo de naranja.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La sangre de exportación


Nací en el seno del poder, un mundo de mentiras a tutiplén. Me crié y me formé entre corruptos que con la misma frecuencia que fingían ser sencillos y guardianes del honor, en ciertos círculos privados olvidaban callar sus terribles verdades, y con tremendo desenfado explayaban historias tremebundas.

Así, con detalles, escuché el estado físico en que los sancionados a muerte llegaban al paredón. Describían hombres somnolientos, sudorosos, débiles, con trastornos para respirar y color mortecino.

Para entonces no sabía, y hasta dudaba del terror, el trauma, los efectos y secuelas que deja en una persona o grupo de ellas, el paso perverso de esa oscura máquinaria que llaman “Revolución”.

Era lógico pensar que los nervios de enfrentar la muerte, puede llegar a causar una sintomatología común. Pero mi obtusa inconformidad me arrastraba a averiguar y, preguntando, encontré una explicación donde se fundían lo simple y lo aterrador: a los condenados a muerte, antes de ser fusilados, como sino les bastara, les extraían sangre.

Ya sé que creerlo es díficil. Por ello me gustaría agregar que existen datos registrados e importantes testimonios en la web de Archivo Cuba, una organización que sin fines de lucro, hace una seria investigación sobre el tema, e intenta documentar las muertes y las desapariciones de hombres que, culpables o no, todavía son biografías inconclusas, vidas rotas que tuvieron dueños y aún hoy se encuentran a la espera de un juicio que las reivindique.

El motivo de este escrito no es hacer una denuncia, aunque de hecho lo es. Es un poquito más, es llamar la atención de lectores, estudiosos, juristas e investigadores sobre un tema envuelto en una nebulosa, poco tratado y rodeado de hermetismo.

Y no me estoy refiriendo a una torpe debilidad sino a indicios de un delito. Si no existe un documento que exponga el consentimiento del sancionado para ser sometido a tales prácticas, se trata de un crimen de lesa humanidad recogido por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, y confesado publicamente por Fidel Castro cuando en un extenuante discurso el 6 de febrero de 1961 dijo:

"No crean los contrarrevolucionarios que por el hecho de morir infamemente frente al paredón, no serán útiles a la Revolución cubana. La sangre de estos traidores se está extrayendo antes de la ejecución para salvar las vidas de muchos milicianos dispuestos a morir por la Patria".

Pero espere, porque hay más. Todos los cubanos sabemos que como requisito indispensable para ingresar a cualquier hospital de la isla, ya sea por un simple chequeo o para una operación. Antes de sobornar a un doctor o miembro de la administración, es necesario mostrar la constancia de que se ha donado sangre, sólo así el enfermo puede hacer uso de las bondades de la gratuidad hospitalaria en Cuba.

Sangre que en la mayoría de los casos, es convertida en mercancía, y vendida al exterior sin el conocimiento ni anuencia de sus donantes.

Tan real, como esconder misiles dentro de un contenedor de azúcar. Precisamente hace unos días, antes de concluir la visita oficial que el presidente José Mujica realizara a la mayor de las Antillas, el diario El País de Uruguay publicó que durante el año 2012, el primer rubro exportado desde Cuba hacia la honorable República Oriental del Uruguay, lo ocupó la sangre humana, de apellido cubana.

Juan Juan Almeida
Martí Noticias, 5 de agosto de 2013.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cuba se inserta en el béisbol profesional


Ha llovido mucho desde que en 1960 un iracundo Fidel Castro desautorizara a una novena cubana a participar en la Serie del Caribe. Luego, progresivamente, se desmanteló todo el entramado de la liga de invierno local.

En 1960 el capitán del Ejército Rebelde Felipe Matos organizaba el primer torneo amateur, conformado por seis novenas. Ya para 1962, mediante la resolución 83-A del instituto cubano del deporte (INDER), se abolió la práctica del béisbol profesional en Cuba.

Vestido con su casaca verde olivo y unos toscos espejuelos con armadura negra, el barbudo inauguró la primera Serie Nacional amateurs con 4 equipos. Fumando un tabaco torcido de Vueltabajo declaró a los medios: “Hoy es un gran día, es el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”.

Fue una larga travesía por el desierto. En estos 54 años se borró de la historiografía beisbolera, o se disminuyó, la gloria de la pelota profesional en Cuba.

Los nacidos después de 1959 apenas teníamos bibliografía que nos contara que antes del cobrero Manuel Alarcón o el recio toletero Agustín Marquetti, existieron jugadores soberbios al guante como Willy Miranda o Héctor Rodríguez.

Bateadores especiales al estilo de Pedro Fomental u Orestes Miñoso. Y lanzadores de talla extra como Adolfo Luque, Camilo Pascual o José de la Caridad Méndez.

En los años 80, aquéllos que como yo estábamos sentados 6 horas en las gradas del Latinoamericano para ver un doble juego de Industriales, que considerábamos el mejor club del mundo (todavía lo sigo pensando), mientras chorreaba el queso de una pizza napolitana, y discutíamos de béisbol gritando como posesos, desconocíamos la historia fabulosa de nuestro béisbol republicano.

Los medios oficiales nos ocultaban que equipos cubanos 7 veces habían triunfado en la Serie del Caribe. Y que un tal Don Martín Dihigo -él solo fue un equipo-, ha sido el mejor pelotero de Cuba.

Toda esa generación nacida después del manicomio castrista, no dudábamos en señalar a Omar Linares como una de las grandes estrellas mundiales del béisbol. Y creíamos que la selección nacional era una novena invencible.

Por ese entonces se topaba con equipos universitarios. O trabajadores de empresas. Aficionados de verdad. De manera clandestina, leyendo crónicas de viejos periódicos y libros prohibidos por la censura oficial, conocimos que había existido un pasado en el béisbol cubano.

El culpable de esa ignorancia beisbolera tiene un nombre: Fidel Castro. Una época donde no había internet y leer prensa extranjera era un delito. Pride of Havana, de Roberto González Echevarría, se pasaba de mano en mano, forrado con una carátula con una foto del comandante. Un amigo, conociendo el valor del libro, jamás me lo devolvió.

El régimen nos estafó el conocimiento. Invisibilizó el pasado.

Les cuento una anécdota. Hace unos días participaba en un programa radial y el ex lanzador de Grandes Ligas, Orlando ‘El Guajiro’ Peña, se puso a discutir conmigo de pelota, para demostrar que mis conocimientos eran limitadísimos, me lanzó una pregunta: “Sabes cuál era el número de Conrado Marrero, Willy Miranda y Luis Tiant”?

No supe contestarle. La emoción de viejos fanáticos -cada vez quedan menos con vida-, cuando te hablan del Almendares, Cienfuegos o Marianao en la etapa republicana, o recuerdan el slogan del Habana, ‘la leña roja tarda pero llega’, me aportan conocimientos esenciales sobre lo que considero el mejor deporte del mundo. Cada partido dura de tres a cuatro horas. Y te permite hablar de estadísticas y boberías, olvidando las penurias cotidianas que vivimos.

Cuba vuelve al béisbol rentado. Tres peloteros cubanos, Michel Enríquez, Alfredo Despaigne y Yordanis Samón recibieron permiso del régimen para jugar en la liga de verano de México. Está por ver si el gobierno no los explota, cobrando la mayor parte de sus salarios.

Es cierto que ese torneo mexicano no es de mucha calidad. Anda de capa caída. Con estadios vacíos y peloteros que ya son descarte. Pero tiene categoría Triple A. Según una fuente dentro de la Federación Cubana de Béisbol constituye un escalón.

“Cuando el embargo sea historia antigua, las autoridades piensan negociar directamente con los dueños de equipos en Grandes Ligas”, me dijo. También adelanto a Diario de Cuba que es solo el comienzo.

Entre 15 y 20 peloteros podrían ser autorizados a jugar en Japón y Corea del Sur el próximo año. Según el directivo, algunos jugarían en México después de tomar parte en la Serie Nacional.

Otros, más experimentados, jugarían en ligas invernales en el Caribe. Se espera con ansiedad el regreso de un equipo cubano a la Serie del Caribe. Un torneo que vive horas bajas, pero con una maravillosa historia y donde Cuba ha sido parte fundamental.

Definitivamente, la isla parece insertarse en el béisbol profesional. Faltan cosas. Elecciones libres, multipartidismo, libertad de expresión y democracia real. Pero ésa es otra historia.

Iván García

miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Cómo ven su futuro los cubanos?


El 30 de julio de 2013, la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios llevó a cabo un sondeo, en tres municipios habaneros (San Miguel del Padrón, Centro Habana y 10 de Octubre) y en Güira de Melena, perteneciente a la provincia de Artemisa.

La muestra fue de 105 personas, aleatoriamente entrevistadas en la calle. Quienes llevaron a cabo la encuesta fueron preparados con antelación. El margen de error se calculó del 5 por ciento.

Para la pesquisa se dividió a los encuestados en 4 grupos de edades, entre 18 y 30 años, 31 y 45, 46 a 60 y más de 60 años. También se determinó el sexo.

La única pregunta a responder: ¿Cómo ve su futuro?

Las personas contactadas fueron 51 mujeres y 54 hombres: 48 (18 y 20 años); 30 (31 y 45 años); 21 (46 y 60 años) y más de 60, 6. A continuación, algunas de las respuestas, por sexo y grupos de edades.

Hombres entre 18 y 30 años

- A 90 millas, para ejercer mi profesión de ingeniero.

- En el norte, junto a mi familia de Miami.

- No pienso en el futuro, vivo al día.

- Si siguen apretando, en prisión.

- Depende de las amistades y lo que pueda conseguir.

- Con la guataca en el campo, para poder sobrevivir.

- Cuando me gradúe pienso que mejorará algo.

- Eso depende de mí.

- No lo sé.

Mujeres entre 18 y 30 años

- No tengo futuro, soy hija de pobres.

- Los únicos que tienen futuro son los hijos de Fidel y Raúl.

- Ser cantante e irme para la Yuma.

- Luchar en la Yuma para fiestar.

- Lo que me depare la vida.

- Mi futuro es empatarme con un Yuma.

- Si las cosas salen bien, prospero.

Hombres entre 31 y 45 años

- En este país no hay porvenir ni futuro.

- Aquí no existe futuro.

- Es incierto.

- Mi futuro en este sistema es negro, negrísimo.

- Mi futuro aquí es malo.

- Mi único futuro es estar en los Estados Unidos.

Mujeres entre 31 y 45 años

- En Cuba no hay futuro.

- En Cuba no veo mi futuro.

- Rezo todos los días para que dé un vuelco mi vida y todo lo que me rodea, todo.

- Mi futuro es impredecible.

Hombres entre 46 y 60 años

- Donde me encuentre, aquí no tengo ninguno.

- Nuestro futuro está en manos yanquis.

- En Cuba no hay futuro para mí.

Mujeres entre 46 y 60

- Pasar mi vejez con tranquilidad.

- Donde no hay libertad no hay futuro.

- En constantes cambios.

- Mi futuro está en Miami.

Mujeres más de 60 años

- Es incierto, no existe.

- Se quedó en el pasado.

Texto y foto: Martha Beatriz Roque Cabello
Cubanet, 7 de agosto de 2013.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Negocios privados de todo tipo


En el exterior de las principales tiendas habaneras, siempre encuentras un enjambre de personas vendiendo materiales de construcción, muebles y electrodomésticos, a precios más bajos que en los comercios estatales.

Hay pillos y estafadores. Pero son los menos. Mientras los mercados por moneda dura andan desabastecidos, una legión de comerciantes privados ofrece productos deficitarios.

En 5ta y 188, Miramar, cerca del Centro Comercial Palco, existe un puesto particular de ventas de herrajes de plomería. Tienen un stock de mercaderías que no ves en las shoppings. Desde un jacuzzi italiano, sanitarios Roca, a una amplia gama de duchas y calentadores de agua. El precio es inferior al estatal. Y tienes la opción de regatearle al vendedor.

Cuando se cierra el trato, te llevan la mercancía a la casa. Sin coste adicional. Ahora mismo, en las tiendas por divisas, escasea una gama de artículos como la pasta dentífrica, cemento cola y blanco y el queso de producción nacional.

“Estaba buscando 25 bolsas de cemento cola para arreglar mi casa. Recorrí casi todas las tiendas de La Habana y no lo encontré. Sin embargo, en los alrededores de los centros comerciales, viven personas que tienen almacenes clandestinos con todo tipo de materiales de construcción”, comenta Ana María, trabajadora por cuenta propia.

En un suburbio pobre y atestado de casuchas miserables, usted puede encontrar desde baldosas españolas a un televisor de pantalla plana made in USA. “Los precios los rigen la oferta y la demanda. Si en la tienda una bolsa de cemento gris cuesta 6.50 cuc, nosotros la vendemos más barato. Si el producto escasea, entonces los precios suben. Tenemos artículos de mayor calidad que en los mercados del Estado. Y nunca nos faltan”, acota un ex deportista reconvertido en vendedor al detalle.

A la pregunta de dónde proceden los artículos de su almacén clandestino, prefiere no comentar. Aunque es evidente que salen por la 'puerta de atrás' de los establecimientos estatales.

“En Cuba no se producen manzanas, ni se fabrican videojuegos o computadoras. En el caso de las manzanas creo son de California, cuando en la tiendas escasean, puestos particulares las venden por toda La Habana. Con los videojuegos sucede otro tanto. Un Xbox 360 o la última versión de Wii no se venden en la tiendas, pero si rastrea en Revolico.com, verá que hay muchísimas personas ofertándolos”, señala Carlos, dependiente de una tienda.

Algunos artículos llegan en los bolsos de los cooperantes cubanos que prestan servicios médicos o deportivos en Venezuela, Ecuador o Bolivia. No todos, claro, pero parte del personal que labora en esos países, ha montado una industria formidable de ropa, bisuterías, móviles inteligentes y televisores de plasma, entre otros.

Uno además de esos cooperantes, además de ofrecer consultas médicas en una zona pobre de Caracas, en su tiempo libre se dedica a comprar artículos piratas de marcas exclusivas.

“Antes de salir de La Habana compro de diez a doce mil dólares en el mercado negro. Luego lo canjeo por la izquierda en Caracas. Con los bolívares compro productos por encargo, como laptops, televisores, móviles inteligentes y ropa. Tengo una red de amigos venezolanos con buenos contactos. Debido al desabastecimiento en Venezuela, el mercado negro funciona como un reloj suizo. Y al igual que en Cuba, las 'cosas se caen del camión' o se extravían de almacenes cuando usted paga al cash”, apunta.

Según un economista consultado, el tráfico de artículos mediante cooperantes cubanos en el extranjero y ‘mulas’ de Miami, supera los 5 mil millones de dólares anuales.

Para frenar las caídas de ventas en las tiendas estatales, el régimen ha promulgado normas y leyes aduaneras en un intento por desalentar el comercio ilegal de pacotillas. Pero los comerciantes clandestinos buscan las grietas y siguen entrando bisuterías y electrodomésticos.

“Mientras exista tanta pobreza material en Cuba, será difícil detener el trasiego de mercaderías. Cada dos meses, a mi familia en la isla le llevo ropa y celulares que compro a precio de saldo en la Florida, para que lo revendan y obtengan beneficios. Un billete de 100 dólares hace milagros en un aduanero cubano. Vira la cara hacia otro lado y te deja pasar hasta un elefante”, cuenta una ‘mula’.

A diez personas pregunté dónde adquirieron sus televisores de pantalla plana y ocho respondieron que en el mercado negro. “Yo se lo compré a un a un piloto que se dedica a traer mercancías por encargo. Me costó 450 cuc. Ese mismo modelo cuesta entre 860 y mil pesos convertibles en una tienda por divisas”, dice Josefa, ama de casa.

Los negocios clandestinos van más allá de equipos electrónicos, manzanas y materiales de construcción. Los mejores restaurantes privados de La Habana, a través de 'mulas' encargan carne de cerdo y res de algún Mall floridano.

Un bar particular del barrio Víbora Park compra en Miami cerveza Miller, whisky Jack Daniel´s y vinos franceses. Y un mulato rechoncho y locuaz, vende frascos de perfumes Dior y Carolina Herrera traídos en los maletines de pasajeros procedentes del otro lado del charco.

A pesar de no existir comercio electrónico en Cuba, si usted tiene dinero suficiente, puede encargar una Macintosh de Apple o la última versión del Samsung Galaxy. Ni siquiera tiene que molestarse en rastrear bajo un sol de plomo por las tiendas en divisas. Se lo entregan a domicilio.

Incluso, hay vendedores particulares que permiten pagar a plazos. Facilidad que no otorgan las tiendas del Estado.

Iván García
Foto: Vendedora de ropa en una calle de La Habana. Tomada de El Heraldo de Honduras.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Nostalgia por los muñequitos rusos


Darwin Fornés es un joven cubano nacido en los años 80. Tuvo la dicha de vivir una infancia de relativa bonanza económica, puesto que Cuba era mantenida por la URSS. Se crió mirando muñequitos -como llaman los cubanos a los dibujos animados- rusos, o de otros países socialistas. Éstos marcaron una pauta en su forma de ser ante la vida.

De adulto, fue capaz de crear el proyecto Chamakovich, pues sabe que, por increíble que parezca, toda una generación de cubanos siente una cierta nostalgia por la era soviética.

Chamakovich se presentó en el Salón de Mayo, espacio habanero que conduce Marianela Dufflar, como parte de la feria Arte en La Rampa. El proyecto consiste en la impresión de pullovers y bolsas de lienzo con las imágenes de los muñequitos rusos que se veían en la TV cubana, en las décadas 70 y 80.

Darwin, diseñador gráfico, y Yinela Miranda, comercial, son los artífices de este proyecto. Expresaron a la prensa y al público que el objetivo es rememorar aquellos animados procedentes de la ex Unión Soviética y del resto de los países de Europa del Este, los cuales, por años, fueron el plato fuerte de los pequeños de la casa.

La actividad concluyó con la proyección de una selección de animados, entre ellos Deja que te coja, Cheburashka, Orejitas a cuadros y Bolek y Lolek.

El proyecto Chamakovich es una producción del taller de serigrafía René Portocarrero, junto a Génesis Galería. Sus producciones están ya a la venta en los predios de Arte en La Rampa. Darwin y su equipo lograron imprimar 100 pulovers de cada diseño.

El set incluía una variedad de tallas, para niños y jóvenes de distintos tamaños. Los pullovers y jabas de lienzo eran en color blanco, gris y ocre. Los que más rápido se agotaron, en la misma tarde de la presentación, fueron los de Bolek y Lolek.

Cuenta Darwin que tuvo que adaptar los diseños en 3D de los muñequitos al soporte textil. El personaje más gratificante fue el de Cheburashka, ya que viene del denominado 'stop motion' y era muy difícil discernir la mejor pose de ese animado. Otros personajes cuyo diseño les resultó trabajoso fueron Bolek y Lolek, que no son rusos sino polacos.

Antes de hacer el proyecto, Darwin estuvo indagando sobre la popularidad de los personajes de los referidos muñequitos. Luego, llegó a la conclusión de que los más gustados eran: Bolek y Lolek, Cocodrilo Guenna, Deja que te coja, Leche Cortada y Cheburashka. Ahora el diseñador sueña que alguna compañía radicada en Japón haga un videojuego con estos personajes.

El proyecto no fue respaldado, ni apoyado, por la Embajada Rusa en Cuba, ni por el Comité Coordinador Nacional de la Diáspora Rusa en Cuba.

Darwin no espera nada de ellos. Se siente feliz y realizado. Logró crear un proyecto atípico y exponerlo en un espacio de mucha competencia. También logró un rotundo éxito en las ventas, aun cuando Chamakovich no sea sino un remanente nostálgico de la terrible era soviética.

Texto y foto: Polina Martínez Shietvsova
Cubanet, 8 de agosto de 2013
Leer también: Herencia rusa en Cuba, primera, segunda y tercera parte.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Regresan los 'bolos' armados con misiles



Un grupo de batalla naval artillado, compuesto por buques de diferentes flotas rusas, arribó el sábado 3 de agosto a la principal rada cubana. Se trata del destructor antisubmarino Vicealmirante Kulakov, el crucero lanzamisiles Moskvá y el tanquero Ivan Bubnov.

Fuentes no oficiales indicaron que, debido al bajo calado de la entrada de la bahía, escasos 11 metros dada la presencia del viaducto que discurre por debajo, en los alrededores del litoral quedaron otro navío de gran porte y un submarino escolta.

De hecho, poco faltó para que el destructor antisubmarino encallara al intentar atracar en el muelle oficial de la Marina de Guerra, ubicado en la parte vieja de la ciudad, debido a que el calado real, 9 metros, no coincide con las cartas de navegación. Los prácticos y el capitán finalmente decidieron arrimarlo por la escotilla de popa, para no empañar la visita.

Como es tradicional, a la entrada, se intercambiaron disparos de salva entre la armada rusa y sus anfitriones, el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Estos últimos anunciaron una apretada agenda de visitas a instituciones gubernamentales, academias militares, al monumento a José Martí y al mausoleo de los soldados soviéticos fallecidos en la Isla.

A pesar de que la visita fue anunciada como Misión de Paz y Fraternidad para con el Pueblo Cubano, los buques permanecen bajo insólito hermetismo. Ni una sola escotilla abierta y con las claraboyas tapadas, que para nada coinciden con expediciones amistosas anteriores.

A los cubanos de a pie, ya de por sí castigados por el ardiente sol del verano, únicamente les han permitido visitar la cubierta de los dos buques bajo la estricta vigilancia de poco amistosos marinos rusos, armados hasta los dientes y con camuflajes adaptados a las condiciones de Cuba.

A los casi mil tripulantes les permitieron bajar a tierra, aunque en grupos dirigidos por oficiales y sin compartir demasiado con nacionales. La alta oficialidad de los buques fue alojada en hoteles destinados al turismo extranjero, en La Habana Vieja. No pocos dependientes les huyen despavoridos por el mal olor, que creían eliminado luego de las transformaciones en Rusia.

Los buques demoraron casi tres meses en llegar a Cuba. Son barcos que tienen más de dos décadas de explotación, pero remodelados sobre la marcha y evidentemente pintados a la carrera dado al fresco olor a pintura. Algunas zonas de la armazón estaban tan deterioradas, entre ellas la mismísima escalera. Los visitantes subían en pequeños grupos.

Están pertrechados con varios radares y sistemas de encubrimiento; helicópteros tácticos; misiles antiaéreos S-300F, OSA-M y artillería AK-630 de 30mm; misiles anti buques P-500; bombas de profundidad RBU 6000, torpedos de 533mm y otros torpedos montados sobre misiles, además de cuantiosos obuses y, por supuesto, cierta incógnita bajo bodegas.

La llegada de este grupo de batalla se produce a pocos días de que un buque norcoreano fuera interceptado con armamento ruso en el canal de Panamá, procedente de la isla, armamento que el gobierno cubano calificó como obsoleto, que iban a ser reparados en la nación asiática.

La visita anterior del buque escuela ruso Kruzenshtern, en abril de 2010, fue todo un acontecimiento. No por el destartalado velero de la era zarista, sino por las piezas de reses que los marineros dejaron colgadas a la vista de los cubanos.

Texto y foto: Leonel Alberto P. Belette
Cubanet, 5 de agosto de 2013.
Ver también: Los bolos en Cuba, documental del ICAIC, realizado por Enrique Colina y Una cubana en Rusia.

lunes, 9 de septiembre de 2013

"Haciendo sopa" sobreviven músicos en La Habana


Alberto, 83 años, murió una tarde lluviosa y gris de 2012 en la barriada de La Víbora, esperando que un productor musical lo rescatara del olvido.

En la década del 50 fue cantante del Conjunto Casino dirigido por Roberto Espí que amenizaba en cabarets y centros nocturnos de una Habana que no dormía. En sus últimos años, cargado de achaques, sobrevivía cantando boleros en bares de mala muerte, sin que nadie le prestase atención.

Vendió los muebles y su colección de discos para poder comer. Mientras aguardaba a que Dios pasara por él, se buscaba unos pesos cuidando autos fuera de un agro estatal. Comía poco y mal. Y tomaba demasiado alcohol sin refinar.

Otros viejos músicos habaneros no están mucho mejor. Intentan ganar un puñado de pesos convertibles haciendo ‘sopa’, cantando mientras los turistas cenan. Eulogio, 79 años, es uno de ellos.

“Hacer sopa es una tradición vieja en Cuba. Siempre existió amenizar con música o boleros la comida de una pareja, una familia o un grupo de amigos. Si nos aceptan, el cliente solicita las canciones. Si es un extranjero o un cubanoamericano suelen pedir viejos boleros. O el Chan chan de Compay Segundo. No tenemos tarifa fija. El cliente paga según su bolsillo”, cuenta Eulogio, músico ambulante en la parte antigua de La Habana.

Los músicos independientes trabajan por la izquierda. No están afiliados a ninguna empresa del gobierno. “A veces, de palabra, el gerente de un restaurante, bar o café nos deja cantar y de acuerdo al dinero que ganamos le damos un porciento. No mucho, porque tampoco recibimos demasiado. Yo, por ejemplo, canto con un trío. Si después de doce hora ‘haciendo sopa’ conseguimos 45 cuc, le damos 15 al gerente y repartimos el resto a partes iguales. Pero cada día es más difícil cantar en centros estatales, pues los administradores deben contratar a músicos de agencias oficiales. Entonces probamos suerte en paladares de éxito o cantando en la calle”, señala Joel, sentado con su guitarra en el muro del malecón.

En un café al aire libre, llamado Bahía, en las inmediaciones del puerto, músicos ambulantes con guitarras y maracas por algunas monedas le cantan a cantan a cualquier turista de paso. Según Eulogio, las ganancias rondan los 10 o 15 cuc diarios. “Hay días de gloria. Recuerdo que una vez un conocedor de la música cubana, después de ofrecerle un recital de boleros, el hombre, con lágrimas en los ojos me regaló 150 pesos convertibles. Esa noche cené con mi esposa y una de mis nietas en un restaurant de primera. Pero eso sucede esporádicamente”.

De cualquier manera, los viejos músicos ambulantes aseguran que un día de faena es superior a la pensión recibida del gobierno. Santiago es voz segunda de un cuarteto que camina desde la calle Obispo hasta la Plaza de la Catedral ofreciendo su música.

“A mis 77 años siento que la vida es un círculo vicioso. Antes de la revolución también fui ‘sopero’. Cuando Fidel Castro tomó el poder me hice miliciano. Participé en la lucha contra bandidos en el Escambray y en misiones internacionalistas en Angola. He trabajado en muchos sitios que no tienen nada ver con la música. En los años duros del ‘período especial’ me fui a la calle a cantar. Conocí a Ibrahim Ferrer y a Pío Leyva. Buenos socios. Cuando ellos fueron rescatados por Ry Cooder y Wim Wenders, una noche se aparecieron en el lugar donde solemos cantar los ‘soperos’ y nos fuimos de tragos”, rememora Santiago con nostalgia.

Eulogio hoy ha tenido un día de perros. Las constantes lluvias primaverales han disminuido la afluencia de extranjeros en la calle. Después de cantarle un par de rancheras a unos ruidosos turistas mexicanos que le dejaron 4 cuc de propina, caminó por todo el trayecto de la Avenida del Puerto a la caza de clientes.

En el bar por moneda divisas Dos Hermanos el gerente lo echó. Llegó a su casa pasadas las ocho de la noche, con los pies destruidos y un cansancio de siglos. Se dio un baño con agua calentada en un reverbero y luego se sentó a comer: arroz blanco, huevo frito y ensalada de pepinos.

Todos estos músicos habaneros sueñan que quizás algún día un productor musical de renombre los descubra, como aconteció con Ibrahím Ferrer y Compay Segundo.

Alberto, el otrora cantante de la Orquesta Casino, no tuvo esa suerte. Murió olvidado una tarde gris de 2012. A su velorio solo asistieron su hija y dos vecinos del barrio.

Iván García
Foto: Tomada del blog El turista incidental. En el pie, el autor escribió: La Habana. Músicos callejeros. Beben ron a diario, fuman habanos y llegan a los 90 años. No tienen estrés porque el concepto trabajo es bien distinto al nuestro.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El Jorge Luis Piloto que yo conocí



Lo ví por la tele, el miércoles 14 de octubre de 2009. Está casi igual. Quizás, le sobran algunos kilos, como a mí. Al ver al prestigioso músico y compositor cubanoamericano Jorge Luis Piloto Alsar en un especial que trasmitía el Canal 23 de Miami, dedicado a los 50 años del duro exilio de dos millones de compatriotas desperdigados por medio mundo, de un golpe, volví a mi infancia.

Mientras Piloto hablaba de sus éxitos, me trasladé 35 años atrás, a la abigarrada y pobre calle Romay, número 67, entre Monte y Zequiera. Al barrio del Pilar, en la frontera con Atarés, en el municipio del Cerro.

Y a mi memoria vino el viejo edificio donde fui a vivir tres días después de mi nacimiento, en el Hospital Nacional, con mi madre Tania, mis abuelos Carmen y Quintero, y mi hermana Tamila, un año y quince días más vieja que yo.

Nuestra casa quedaba en el segundo piso. En el primero, Delia la portuguesa, la dueña, había hecho varias divisiones. En el primer cuarto vivían Yolanda y Manolo, matrimonio procedente de una provincia oriental; en el segundo, Delia (el mejor cuarto, con el baño al lado, en el pasado utilizado para citas extramatrimoniales); en el tercero, la familia Piloto-Alsar: Amada, la madre de Jorge Luis, más conocida por Beba, y sus dos hijos, Jorge Luis, el menor, y Juan Carlos, el mayor, que estaba pasando el servicio militar y venía cuando le daban pase. Y en la última habitación, Esther y Leandro, con las dos hijas de ella, Margarita y María Esther.

Eso fue en 1975. Yo tenía 9 años. Jorge, como todos los vecinos le decíamos, era un tipo flaco y muy alto, de cara huesuda, que amaba la música y la guitarra. Lo recuerdo, cómo no, cantando canciones en su humilde cuarto, con una barbacoa (piso de madera) y una escalerita. Las primeras canciones de Silvio Rodríguez las escuché en su voz.

Beba y sus dos hijos venían de Cárdenas, en la provincia de Matanzas, a 140 kilómetros de la capital. A pesar de la diferencia de edades, a Jorge y a mí nos unía una pasión desmedida por el béisbol. Nosotros no teníamos televisor y los primeros juegos que vi por la tele, los vi sentado en un sofá forrado con piel de cordero en el cuarto de Beba y sus hijos.

Me parece estar viendo aquel viejo aparato, quizás de la marca RCA Víctor, color mamoncillo. Siguiendo los partidos en blanco y negro, me hice fan del equipo Industriales, el mismo que adoraba Jorge.

Ya él era un joven veinteañero, pero le gustaba hablar con mi hermana Tamila, un año mayor que yo, y conmigo. Era un gran lector y nos narraba hechos históricos como si fueran cuentos, y los dos lo escuchábamos embobados.

En sus ratos libres, jugaba conmigo a tirar una bola gris de plastilina en un redondel rojo, pintado por Jorge en una desconchada pared de la parte trasera del piso, ocupado por inquilinos humildes. El juego consistía en ver quién acertaba pegar la bola en el centro del redondel.

Un buen día, Jorge, Beba y Juan Carlos se mudaron. En 1979 supe que Jorge había sido premiado en el concurso nacional de música Adolfo Guzmán. Bobby Carcassés fue el encargado de interpretar la canción de Jorge Luis Piloto.

Y llegó el 80. Y con él, los sucesos de la Embajada del Perú y la estampida migratoria por el puerto del Mariel. No sé exactamente cuándo ni cómo Jorge se fue en una embarcación por el Mariel -su madre y su hermano se irían años después.

Prefiero pensar que sigue soñando en azul -el color del equipo Industriales- y aún recuerda los jonrones de Agustín Marquetti y el guante fabuloso de Rodolfo Puente. Y que como cualquier cubano de la diáspora, extraña su infancia en Cárdenas, el mar intenso y único de Varadero; a sus familiares y amigos, a sus primeras novias y las descargas en las estrelladas y calurosas madrugadas habaneras.

Treinta y cinco años después, una tarde brillante y de sol endemoniado, sentado junto a mi hija, desde un televisor Panda chino, veo de nuevo a Jorge, hablando pausado de sus proyectos.

Con 44 años en mis espaldas y pesando 200 libras, la piel se me puso de gallina. Mi hija Melany, entonces con 6 años, al verme los ojos húmedos, con su carita gorda y redonda, me preguntó si me pasaba algo. Le dije: "A ese señor que estás viendo en la tele, lo conocí cuando tenía tu edad".

Su respuesta espabilada me asombró: "Papá, yo también lloraría, las únicas amistades que no se olvidan son las de la infancia". Lleva razón.

Iván García

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Rumbón por Celia Cruz en el Cementerio del Bronx



El martes 16 de julio, los fanáticos de Celia Cruz rindieron tributo a su reina, en el décimo aniversario de su muerte, con flores, música y baile en el Cementerio Woodlawn, en el condado del Bronx, Nueva York, donde descansan sus restos junto a los de su inseparable esposo, Pedro Knight.

La potente voz de la Reina de la Salsa se escuchó en el mausoleo, hasta donde llegaron sus admiradores para bailar al ritmo de su música y aplaudirle como tantas veces lo hicieron a lo largo de su carrera, cuando les endulzó su vida con su "¡Azúcar!".

Químbara, Cúcala y La vida es un carnaval fueron algunos de los temas elegidos por Cristiana Peña, historiadora del Woodlawn, y que se escucharon a través de los altavoces colocados en la necrópolis, en coordinación con la Fundación Celia Cruz.

"Soy el primero que llega cada año y le traigo sus flores. Esta corona es de la Virgen de la Caridad del Cobre", patrona de Cuba, de la que Celia era devota, dijo el puertorriqueño Rafael Rodríguez, quien estuvo puntual a las 10 de la mañana cuando el cementerio abrió sus puertas. Vestía una camiseta con la imagen de Celia Cruz y Ray Barretto.

"No puedo creer que ya hayan transcurrido diez años", argumentó Rodríguez, uno de los que hoy bailó en el mausoleo como tributo a la Guarachera de Cuba. Entre los presentes también se encontraba la dominicana Josefina Balbuena, que viajó desde el vecino Nueva Jersey.

Balbuena llegó acompañada por una amiga y, mientras compartía anécdotas con otros admiradores. "Dicen que me parezco a ella", confesó con orgullo.

"Es alguien a quien voy a recordar con mucho amor y azúcar, como una persona que fue familia de todos, aunque no tenía tu sangre", agregó. Visiblemente emocionada, al acariciar por primera vez su tumba, la dominicana exclamó: "¡Mi negra bella!". Y aseguró que no había venido antes al cementerio "porque no tenía el valor" para enfrentarlo.

Rafael Rodríguez, Josefina Balbuena y otros admiradores de la guarachera bailaron mientras se oía la voz de Celia en Yo viviré, la versión en español de I Will Survive, un tema que hoy más que nunca tiene vigencia entre sus seguidores.

"Oye mi son, mi viejo son tiene la clave de cualquier generación, en el alma de mi gente, en el cuero del tambor, en las manos del conguero, en los pies del bailador, yo viviré, allí estaré, mientras pase una comparsa con mi rumba cantaré, seré siempre lo que fui, con mi azúcar para ti, yo viviré, yo viviré", retumbaba la canción en el silencio del cementerio.

Poco a poco, admiradores de todas edades habían ido llegando al cementerio, entre ellos Carlos Ayala, de origen ecuatoriano, quien se tatuó el año pasado en la espalda una imagen de cuando en 2003 Celia Cruz recibió su segundo Grammy.

Según el joven, es la foto más preciosa, porque "se veía como era, una reina". Decidió hacerlo cuando leyó unas palabras de la cantante que no olvida: "Esta enfermedad puede quitarme la vida pero nunca las ganas de luchar".

Sobre las dos tumbas, Aya colocó fotos de Celia y de Pedro Knight, su "cabecita de algodón", como ella le llamaba porque tenía la cabeza blanca en canas. En un portátil tiene más de 300 imágenes de su ídolo, una mujer que enfrentó su enfermedad "con valentía y dignidad".

Entre los seguidores había un joven que observaba con satisfacción todo lo que ocurría. A pesar de que sólo tenía diez años cuando la cantante falleció batallando contra el cáncer, Jazzy García es otro un devoto. "Cuando tenía 14 años estaba triste y escuché La vida es un carnaval. Entonces busqué información sobre ella.

Jazzy viajó desde Masachussetts y dice que Celia Cruz es "inolvidable, famosa, fue humilde, las palabras se quedan cortas para describirla".


Ruth E. Hernández Beltrán/Agencia EFE
Texto y fotos tomadas de El Diario de Nueva York, 16 de julio de 2013.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Paola, una pequeña gran estrella cubanoamericana



Los habaneros no se despegaron de sus televisores para ver el éxito de Paola en el concurso La Voz Kids que, desde Miami, transmitió la cadena Telemundo. Muestra de que con el cable pirata, las antenas parabólicas escondidas en los tejados, y los CD de mano en mano, gran parte de los habaneros, refrescan el verano con la televisión de Miami.

La olimpíada del humor cubano que se escenificó en La Habana con representación de 13 provincias, quedó opacada por La Voz Kids. Paola, con sus maravillosas interpretaciones, evitó que los habaneros no tuvieran que sufrir la crisis del transporte, el asalto de la delincuencia y los borrachos que pululan en las calles, listos para la trifulca.

Paola Guanche Nuviola, 12 años, es el grito del verano 2013 en Cuba. Nació en Cancún, México, pero se crió en Miami. Es hija del pianista y compositor Orlando Guanche y de Lourdes Nuviola, quien junto a su hermana Aymée integró el dúo Las Hermanas Nuviola.

Según Isaac, dueño de una antena parabólica que capta la TV de Miami y quema discos en DVD que vende a los vecinos, “ésta ha sido la mejor programación veraniega en 20 años. La gente también trae su memoria flash, les copio La Voz Kids y la familia completa disfruta del vozarrón de Paola, cantando Quimbara, que nos recuerda a Celia Cruz”.

Guillermo, técnico de una red de computadoras, que abarca desde Jaimanitas hasta Víbora Park, unos 17 kilómetros en total, expresa: “La Voz Kids la trasmitían los domingos y, cada martes, nuestra red de enlace se alimentaba de Telemundo. Y, a su vez, ya había una cola de vecinos para grabar en memorias y discos".

En estas redes de computadoras, cada cual graba los programas que le gustan y los pone al servicio de los demás y, a su vez, se retroalimenta de otros que posean programas que él no posee. Estas redes son muy comunes en los barrios habaneros. La de Guillermo, con unas 2 mil computadoras enlazadas, quizá sea la mayor de la capital.

En Las Margaritas, solar de la barriada de Santos Suárez donde Celia Cruz creció, los vecinos estaban seducidos por la interpretación que hizo Paola de Quimbara: les recordaba a La Guarachera de Cuba. Los padres con hijos pequeños ven en Paola a su talismán y le mandan un mensaje: “Que no deje morir la música cubana, que siga el camino de Celia Cruz”.


A Neylla, una joven mamá sus dos hijos le exigían a gritos ver la final de La Voz Kids, en vez del último capítulo de Mi amor verdadero, novela de Univisión. El rollo era que las finales de los programas coincidieron el domingo 28 de julio.

Neylla es vecina de San Leopoldo, barriada de distrito de Centro Habana donde vive el abuelo materno de Paola Guanche, Osvaldo Corriera Valdés, compositor y profesor de idioma, hoy muy solicitado por el éxito de su famosa nieta. Osvaldo ha perdido su nombre, ahora le llaman 'el abuelo de Paola'.

Osvaldo nos dice: “Me paran en la calle, me gritan ¡abuelo de Paola, vamos a ganar! Imagínate, que hace unos días, vino un camagüeyano a retratarse conmigo, para que su familia en Miami sepa que él conoce al abuelo de Paola”.

Sigue contando: “En una cola infernal, un señor me reconoció y vociferó, ‘el abuelo de Paola, que se cuele’, qué carajo, lo mejor que nos puede pasar que una cubana arrase en La Voz Kids. Mira, hasta me han traído un llavero con la foto de mi nieta.”

¿Como autor de música popular cubana, qué opinión le merece La Voz Kids?, le pregunto.

“Conozco que de 6 mil niños, quedaron 18 semifinalistas, que los jurados eran artistas talentosos y que la orquesta era excelente, nunca había visto un concurso infantil con tanta calidad. Espero que mi nieta Paola siga por el camino de su madre y su tía, y ponga en alto la música cubana. Espero que pronto Paola cante en Cuba”.


Carlos Ríos Otero
Cubanet, 2 de agosto de 2013.
Videos: El primero, de la final de La Voz Kids. El segundo, a los 7 años, en el programa de Carlos Otero. El tercero y último, de 2012, en el programa de Alexis Valdés, interpretando junto a su padre That's What Friends Are For, compuesta en 1982 por Burt Bacharach y Carole Boyer Sager. La canción se hizo famosa cuando en 1985 fue grabada la grabaron Dionne Warwick, Gladys Knight, Elton John y Stevie Wonder, para recaudar fondos para el Sida.