domingo, 10 de julio de 2011

La 'guerrilla' y la ciber-corporación


Enrique Ubieta, el estratega de los blogs oficialistas, ha vuelto a partir el bate con otro de sus despropósitos. En entrevista con el periodista Guillermo Nova, de La República, el director de “La calle del medio” definió a la prensa del gobierno cubano y a sus blogueros encargados de tupir la blogosfera como “una ciber-guerrilla” enfrentada a las transnacionales de la información.

Luego de mezclar a partes casi iguales la euforia y el desaliento, el optimismo de mentiritas y la autocompasión, Ubieta afirma: “Estamos en un combate desigual, nosotros somos la ciber-guerrilla y ellos son la ciber-corporación”.

Qué dirían Giap, el del Vietminh, y Che Guevara si escucharan a Ubieta calificar de guerrilla a un ejército con todos los recursos y facilidades para aplastar a sus adversarios ideológicos (ellos prefieren llamarlos enemigos y actuar en consecuencia). Sólo que sus razones no pesan tanto como los tanques de guerra de la Gran División Blindada del Ejército Occidental.

Acerca de los blogueros oficialistas, el periodista Fernando Ravsberg, de BBC Mundo, apuntó en su blog : “En realidad se asemejan más a una fuerza militar regular, centralizada y dirigida con pésimas estrategias”.

En todo caso, por movilidad, autonomía y mentalidad ofensiva, a pesar de la desventaja logística y numérica, los guerrilleros seríamos los blogueros y periodistas independientes. Aunque les cedemos el título. No nos place la posibilidad de que ni por asomo nos puedan considerar colegas de los narco-terroristas del difunto Marulanda. Allá Ubieta y sus ciber-pupilos, obnubilados por la boina del Che y su diario de campaña, que aun hallan resonancias románticas en la palabra guerrillero.

Resulta ridículo llamar “ciber-corporación” a blogueros y periodistas independientes que a veces no tienen ni una laptop propia, disponen de un par de horas a la semana de acceso a Internet gracias a la generosidad de alguna embajada, y tienen que soportar el hostigamiento de la Seguridad del Estado, que los mantiene en ese perenne estado de gracia que significa tener un pie en la calle y otro en la cárcel. Adicionalmente, enfrentan el ninguneo y las críticas muy mal intencionadas de los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana.

Si la ciber-guerrilla por encargo que comandan Ubieta y el “seguroso” Yoandry permanece parapetada en lo hondo de la trinchera, con el pesadísimo armamento que tan mal prendieron a utilizar, a la espera de las orientaciones de los jefes hasta para decir que sus bocas no son suyas, sino de Fidel y la revolución (ay de los ventrílocuos), ese es su maletín con rueditas.

Con tanta manipulación, dedos que pretenden tapar el sol y consultas a la jefatura acerca de cada párrafo que escriben, raras son las oportunidades que se les presentan a los parlanchines del oficialismo de anotarse un tanto que resulte medianamente creíble. Pero si esas raras oportunidades las dejan pasar de largo, por exceso de disciplina, incapacidad o sencillamente porque ni ellos mismos creen en las sandeces que repiten, que no culpen luego a Yoani Sánchez, la CIA, el Grupo Prisa o la CNN en Español

Últimamente Raúl Castro exhorta a los periodistas y blogueros oficiales a romper la rutina y dejar la estridencia triunfalista. Eso me recuerda la anécdota que le atribuyen de sus tiempos como ministro de las FAR, cuando afirmó que el recluta que no se fugara, nunca sería un buen soldado. Lo cual no impedía que enviaran a los fugados a prisión por dos o tres años.

Si los comunicadores del oficialismo adoptan la rebeldía autorizada, capaz que logren hacer algo que valga la pena –y el gasto- en su contraofensiva bloguera. Eso, si antes no los truenan por atrevidos y desobedientes, que si de hacer un blog revolucionario se trata, no hay que exagerar con las orientaciones de Castro.

Luis Cino
Cubanet, 22 de junio de 2011

sábado, 9 de julio de 2011

'Matadoras de jugadas', último escalón de las prostitutas habaneras


Es el último escalón. El peor pagado. Talía, 19 años, ‘mata jugada’ (se prostituye) en las calles oscuras de la Calzada de Bejucal, Arroyo Naranjo, el municipio más pobre y con mayor cantidad de hombres tras las rejas en La Habana.

Por 100 pesos (5 dólares) puedes hacer sexo en las márgenes de un riachuelo pestilente o en el piso de un antiguo frontón de pelota vasca, en el interior de un derruido complejo deportivo.

Si la anoche avanza y Talía, desesperada por no haber pescado ningún cliente, entonces por 50 pesos (dos dólares) vende su sexo. La joven prostituta tiene buena pinta. Abandonó la escuela en 7mo grado y tres años después salió embarazada. Desconoce quién es el padre de la criatura. Su madre no quiso saber de ella y la echó de casa.

Desde entonces ha convivido con diferentes hombres, algunos podrían ser sus abuelos. Entre golpizas, borracheras y pésima alimentación, termina por huir. Y por las noches ‘lucha’ por cualquier avenida o sitio concurrido del municipio donde reside.

Talía no se anda por las ramas. Está obligada a reunir un mínimo de 1,200 pesos (50 dólares) mensuales, para poder pagar el alquiler de la habitación mínima, pero cómoda, donde vive junto a su hijo de 4 años.

Cuando sale a ‘matar jugada’ debe pagar 4 dólares a la señora que le cuida al niño. “El dinero del primer cliente es para pagarle a la señora. Lo ideal es 'pasarle la cuenta' a cinco o seis tipos y hacer entre 25 y 30 pesos convertibles (30 o 35 dólares) y poder comprar comida. Además, debo ir ahorrando para pagar a fin de mes el alquiler. Siempre estoy estresada por la falta dinero. Y de pensar que si no puedo mantenerme, tendría que irme a vivir en la calle o con un hombre que me maltrate o sodomice”, cuenta Talía en una noche lluviosa que aleja a los acechadores de putas en la zona.

Por regla general, Talía arriba a casa con 30 dólares o más. Si tiene suerte, con dos piezas de pollo frito y unas pizzas para el almuerzo. Suele llegar a su cuarto dando tumbos, tras beberse media docena de cervezas baratas y tragos amplios de ron, pagados por clientes que se empina de un golpe.

Las ‘matadoras de jugadas’ han ido creciendo en los barrios marginales y pobres de La Habana. Y no les faltan clientes. Aquí los que pagan sus servicios no son refocilados extranjeros de paso por la ciudad que se mueven en coches rentados. No. Los ‘puntos’ (clientes) suelen ser jugadores de ‘burles’ (casinos ilegales) ex presidarios, maridos insatisfechos, jóvenes de juerga o desequilibrados mentales.

Estela, 21 años, una mulata regordeta y pechugona, sabe que su suerte podría ser otra si jineteara con clientes acaudalados o en sitios donde concurren turistas. Pero ya estuvo presa por prostitución y quiere pasar inadvertida. “Ahora la competencia es muy amplia. Hay demasiadas chicas que son autenticas 'bombas', lindas y de cuerpos espectaculares con las cuales no puedo competir. Tengo espejo. Sé que en estos barrios pobres está mi lugar. Siempre será mejor que trabajar 8 horas por un salario ridículo”, dice Estela sin complejos.

Ya algunos gallos cantan y los trabajadores comienzan a llenar las paradas de ómnibus, rumbo a sus centros laborales. Pero aún Talía no ha completado el dinero suficiente. Y aunque el sol asoma, sigue de faena. Calle arriba, calle abajo, a la caza de clientes. Para ‘matar la jugada’.

Iván García
Foto: Jinetera cubana, de Francisco Matas Rosa, fotógrafo mexicano.

viernes, 8 de julio de 2011

El problema y la solución


Me parece muy loable organizar; si así se le puede llamar, a tomar ciertas medidas para enmendar la hecatombe de la que hemos sido culpables, cómplices y/o testigos; pero esto no quiere decir que el intento sea favorable.

El general Raúl Castro es ese tipo de persona que juzga sin mirarse a sí mismo, no es mucho más que un brillante delincuente travestido en dictador. De ojos achinados, mejillas caídas y cuello estrujado, es un alcohólico incestuoso, narcisista, depresivo, hipocondríaco, ambivalente sexual y agresivo que, con tal de dominar, castiga con la ley del hielo y/o aplica la fuerza excesiva. De todo esto, y más, escribo en mi próximo libro.

Pero está claro que como orinar en la calle es delito y escupir en público no, con dulzura y brutalidad el ex ministro de las FAR pretende construirse una nueva reputación mostrándose como un reformista adornado por su tierna guayabera blanca y llevando sobre el pecho la estrella que dignifica ese hedónico heroísmo que roza con el altruismo.

Así se lo ha impuesto también a los más selectos miembros del estado de las patadas y el gobierno de los puñetazos. Prójimos que desde ese paraíso, semillero de ladrones y borrachos, muestran su nuevo disfraz como ejemplo de lealtad.

Vayamos al grano, sin andar con rodeos. Resulta curioso observar que la moda es castigar la corrupción como fenómeno incipiente, ajeno, o desconocido. El espectáculo más reciente abrió sus puertas para sancionar a un grupo de funcionarios de la empresa aeronáutica Cubana de Aviación, y su turoperador, la empresa mixta Sol y Son. Dejó mucho que desear la pobre actuación de un fiscal algo vulgar y chiflado que compareció sin toga en la sala del tribunal provincial de La Habana, y con gestos de quienes defienden la honestidad como un estilo de vida, después de una perorata acerca del origen del mundo, pidió condenas que fueron desde tres hasta diez años.

El toque más interesante de lo que ya no es singular, fue la sanción en ausencia a 15 años de prisión para el empresario chileno Marcel Marambio, hermano del también sancionado a distancia, empresario chileno, el generoso caballero Max Marambio.

Aún no calienta el colchón de su penal el señor Alejandro Roca, que pasó sentado en el trono del Ministerio de Alimentación por más de un tercio de sus casi 70 años, y mostrando un desaliño extravagante que provocaba más lástima que respeto. Roca es un hombre ingenioso, cortés, cordial, cleptómano y poco honrado, que si bien definió muy temprano todo aquello que quería, no aprendió ciertas lecciones y muy caro lo ha pagado.

Sin temor a equivocarme me arriesgaría a presagiar que lloverán nuevos arrestos, juicios y sancionados. Ninguno de los castigados cumplirá su imposición a menos que se rehúse a cumplir un nuevo código moral, porque el Presidente en jefe necesita, más que soldados, un ejército de agradecidos que como armas de su credo, el poder tras el poder, hagan todo lo visible, y se encarguen de lo invisible.

La bondad es convincente y, por supuesto, conveniente. Cuando miro hacia La Habana no deja de impresionarme. Perdón, quise decir de asustarme .

Juan Juan Almeida
El Nuevo Herald, 17 de junio de 2011
Foto: Harold Escalona, EPA

jueves, 7 de julio de 2011

Del bajo mundo en los barrios pobres de La Habana


La venganza es un plato que se sirve frío. A veces. Yunieski, 21 años, uno de los tantos marginales de arrabal que pululan por La Habana, demoró tres años para tomar desquite y zanjar con sangre un altercado entre rufianes.

Una noche fresca de 2008, tomaba cerveza en un bar de la Calzada 10 de Octubre cuando fue agredido sorpresivamente. Recibió numerosos cortes de arma blanca en su cuerpo. Yunieski tiene a la prisión como segunda casa y se ha granjeado enemigos por sus aptitudes de líder entre delincuentes juveniles en el bajo mundo capitalino.

Todo fue por un asunto de faldas. Yunieski se acostaba con la ‘jevita’ (novia) de un duro del barrio y la respuesta llegó a punta de navaja. Tres años más tarde preparó su venganza. Quizás, de no haber ido a la cárcel acusado de robo, el desquite hubiese ocurrido en un plazo menor. Pero Yunieski tenía deudas pendientes con la justicia.

Al día siguiente de salir de prisión mediante libertad condicional, luego de festejar con sus socios en una discoteca, beber cerveza, halar 'melca' (cocaína) y culminar la noche en una juerga con putas, Yunieski gestionó una pistola rusa Makarov y fue por el desquite. Se lió a tiros con su adversario. Pero al encasquillarse la pistola, optó por su inseparable navaja de barbero. Resumen de la ‘batalla’: le cortó la cara y el culo a su rival, tajazos de moda en La Habana.

Y se vengó. Después de tres años de chanchullos entre los delincuentes del barrio, quienes a su espalda le reprochaban su cobardía por no haber respondido merecidamente a la agresión sufrida.

Así es el bajo mundo habanero. Entre adolescentes y jóvenes los problemas se resuelven con sangre y violencia. También entre adultos marginales. Como si se tratase de una competencia: demostrar quién lleva bien puestos los pantalones. Y el que tiene más cojones.

Los acomodados debido a negocios ilegales -dueños de ‘burles’ (casino de juego), vender drogas o controlar una red de prostitutas- cuando se sienten agredidos o amenazados, pagan suculentas cifras a sicarios, para que 'a lo cubano' propinen una brutal paliza y tajos de arma blanca en el rostro o el culo.

Desde una esquina, o dentro de un auto, el que paga mira la orgía de sangre. También ante un peligro inminente, a veces soplan a la policía para quitarse de encima a su enemigo.

En el argot del bajo mundo, a los nuevos modus operandi le llaman ‘tecnología moderna’. Triunfa y manda el que más sabe, no siempre el más fuerte y agresivo. Otra costumbre entre los truhanes habaneros es hacer voto en un plante abakuá.

Esto disgusta a los viejos ñáñigos. Que miran como la secta secreta abakuá, una religión traída a la isla en el siglo 19 por esclavos africanos desde Calabar, Nigeria, ha sido mancillada por una ola de jóvenes impetuosos y mal educados, que sienten que ser ñáñigo les da un aval extra de hombría.

En el submundo de alcantarilla, donde se habla una jerga sólo comprendida por los marginales y los galones se ganan de acuerdo a la cantidad de bofetones propinados y hechos sangrientos cometidos, los más peligrosos son los muchachos deseosos de ganarse una reputación.

En los barrios pobres de la ciudad usted los verá. Puro alarde tropical. Con jeans mostrando los calzoncillos, zapatillas deportivas, cinturones de hebillas enormes y extravagantes cortes de pelo. La policía y la cárcel les tienen sin cuidado.

Iván García

miércoles, 6 de julio de 2011

Un diván del tamaño de Europa


La diplomacia de la Unión Europea funciona -exclusivamente con relación a Cuba- bajo los síntomas de una patología que alguna vez estudiarán los sabios y los expertos como un fenómeno regional de politiquería, indolencia y ofuscación. Se trata de una reacción senil y melancólica que hace que los funcionarios necesiten interlocutores y viajeros que los engatusen y les digan mentiras sobre la realidad de la vida en la isla.

Y es que el grupo que dirige la señora Catherine Ashton, Alta Representante de Política Exterior de la UE, siente la necesidad de regularizar las relaciones con el régimen de La Habana, y para avanzar en ese camino recibe en Bruselas a mensajeros complacientes y a embusteros profesionales. Todo esto, a pesar del desastre de un programa que comenzó en el otoño del 2010 y culminó con el fracaso de un viaje especial del canciller Bruno Rodríguez en febrero pasado.

Ahora, recorre el continente otro enviado del Caribe. Trae una copia al carbón de lo que vino a decir Rodríguez, pero ha dejado en algunos despachos –después de una conversación con la señora Ashton-- este nuevo recado melodioso de la categoría de los quieren escuchar los diplomáticos: “Cuba es un país tan libre en todos los sentidos que nunca ha tenido presos políticos".

España sigue de garante del gobierno de la isla en ese empeño. Este fin de semana en Madrid se ha recibido al mensajero que niega la existencia de prisioneros de conciencia. Los periodistas que siguen aquí esta especie de guantanamera internacional se preguntan dónde hallará sus puntos de acuerdo con los representantes de un país que ha recibido en los últimos meses a un centenar de presos y está en pleno desarrollo la gestión de entrega de su documentación de exiliados políticos.

El equipo de negociadores de UE tiene prisa, quiere conseguir a toda costa unos acuerdos antes del mes que viene para poner el tema cubano a consideración de sus socios. Lo que no han aclarado es qué argumentos van a llevar a las cancillerías del Reino Unido, Suecia y la República Checa, los tres países que han tenido una posición de firmeza y claridad ante la persistencia de la Ashton y sus hombres de escuchar patrañas y de mantener “contactos constructivos” con los heraldos caribeños.

Esos diplomáticos, como se dice por acá, van a su aire. No hay interés real en acercarse con objetividad y decencia al día a día de los ciudadanos de Cuba. Prefieren oír historias editadas.

La Unión Europea busca unidad y consenso para correr a suscribir acuerdos y, con ellos, respaldar el llamado proceso de cambios cubanos. Un movimiento que no ha ido más allá de pasarle la miseria estatal a ciertas zonas de la gestión privada, al tiempo que se intensifica la represión, se acosa con fuerza la labor de los opositores pacíficos y ni se menciona la alternativa de abrir la sociedad a la libertad y al respeto de los derechos humanos.

Raúl Rivero, Madrid
El Nuevo Herald, 19 de junio de 2011

martes, 5 de julio de 2011

Lino, el habanero que cura con los dedos


Nada puede detener las creencias perennes del hombre en los milagros. Ni siquiera las ciencias más avanzadas que buscan respuesta a lo desconocido. La gente siempre va a creer en algo. O en alguien.

Ya sea Dios, Mahoma, Sai Baba o el recién beatificado Juan Pablo II. Y también en los curanderos. La curación que las ciencias médicas no siempre pueden dar, hace que enfermos del Sida o de tumores malginos, no conformes con esperar la muerte en cama, salgan a buscar remedios a como dé lugar.

Y corren en pos de un milagro. En Cuba hay varios curanderos asombrosos. Pero el mejor y más famoso se llama Lino Tomasén . Cerca de la paladar La Guarida, en la calle Concordia 410 entre Gervasio y Escobar, Centro Habana, tiene su consulta el doctor Tomasén.

Allí, en el barrio negro y marginal de San Leopoldo, en una sala con unas 40 butacas, Lino recibe a sus pacientes. Es una mezcla de ciencia, espectáculo y misticismo.

Diariamente, más de 100 personas son atendidas por Tomasén. La consulta es barata: 20 pesos (menos de un dólar). Desde horas tempranas de la madrugada, gente venida de todos los rincones del país, hacen cola para ser de los primeros.

Los enfermos graves, con cáncer avanzado, Sida o un tumor cerebral, tienen preferencia. En la espera, las personas no ahorran elogios para el hombre que cura con los dedos.

Ana, una señora con tres hijos que padecen asma crónica, si pudiese le erigiera un obelisco. “Gracias a Lino ya mis hijos no son asmáticos. Luego de cuatro consultas, el asma desapareció como por arte de magia. Ahora vengo para darle las gracias y regalarle una caja de tabacos Cohíba”, dice la mujer, sentada en el angosto pasillo que antecede al consultorio de Tomasén.

Lo que se habla de Lino raya con la fábula. Carlos, señor canoso y robusto, muestra una foto de un tipo arrugado y con la muerte reflejada en el rostro. “Ése era yo, seis meses atrás, cuando los médicos diagnosticaron mi caso sin solución. Tenía cáncer avanzado en los huesos. Con sus tratamientos, Lino me lo curó. En la última tomografía que me hice, el doctor se quedó sin habla y me preguntó: Carlos,
¿qué medicamentos ha tomado usted?. Le conté de mis sesiones con Lino. Tomó nota y anotó la dirección. Y me dijo que a partir de ahora, los pacientes que la ciencia no pudiera salvar se los iba a remitir a Lino Tomasén”.

Así por el estilo. Cuando usted aguarda el inicio de la consulta, escucha un sinfín de historias de enfermos al borde de la muerte o no podían caminar y hoy son personas saludables.

Cerca de las 8 de la mañana llega Lino Tomasén. Tiene maneras de profeta. Y no las oculta. En las sesiones de terapia constantemente se reafirma: “Yo soy el mejor, el primero en el mundo. Puedo curarlo todo, hasta el Sida. Soy la cumbre de la sanación”, repite Lino como un estribillo.

Tomasén es un negro alto, pasado de peso, lleno de collares y un tabaco que no se despega de su boca. Nació el 4 de diciembre de 1961, día de Santa Bárbara, que en la religión afrocubana es Changó, uno de los más poderosos orishas. Es médico de profesión. Según algunos galenos, ha sido proscrito por sus métodos no tradicionales de curación.

En rápidas sesiones que no sobrepasan los 5 minutos, Tomasén atiende a cada uno sus pacientes. De mirarlo, sin un historial clínico a mano, le dice su padecimiento. Ahora mismo, con una fuerza inaudita, carga a un señor de 120 kilos y con las yemas de sus dedos le palpa varias zonas del cuerpo.

Recomienda que vuelva. “Su caso es complicado, pero yo se lo curaré”, y le receta medicina verde. Del centenar o más de personas en la sala, casi todos son enfermos esperando su turno. Pero también hay curiosos, incrédulos y hasta extranjeros con problemas de salud de paso por La Habana, que por internet han conocido las curas milagrosas de Lino y deciden acudir a su consulta.

Osvaldo, viejo amigo del médico-curandero, cuenta que Tomasén vino al mundo marcado por una buena estrella. “Varios espiritistas le vaticinaron a la madre que iba tener un hijo prodigioso. Los augurios se fueron confirmando. Desde niño, Lino tenía el don de predecir cosas. Practicaba deportes y nunca se agotaba físicamente, era un portento. Ya en la universidad, sólo con pasarle la mano a sus amigos les curaba ciertas dolencias. Tomasén es un caso inexplicable, por ahora, de las capacidades extraordinarias que tienen determinados seres humanos”, apunta Osvaldo, graduado en biología y con doctorados en diferentes carreras científicas.

Mientras, Lino sigue en lo suyo. Atendiendo en cadena a sus pacientes, a quienes suele aplicarle una técnica denominada quiropraxis, basada en masajes por diferentes partes del cuerpo que combina con la digitopuntura, reflexología y un método asiático conocido como Chi Kung.

Por supuesto, Lino Tomasén tiene numerosos detractores. Muchos lo ven como un bicho raro. Algo que linda con la entelequia. Pero no son pocos los cubanos que cuando la ciencia los etiqueta para morir, a la carrera, buscan respuesta en el consultorio de la calle Concordia 410.

Iván García

lunes, 4 de julio de 2011

La saña inmisericorde de la tiranía


No sin cierto regocijo leí en Granma, órgano oficial del Partido Comunista cubano, un artículo titulado "Las ridículas declaraciones de Yáñez-Barnuevo", a propósito de unas declaraciones del funcionario español que ocupa el cargo de Secretario de Estado para Asuntos Exteriores e Iberoamericanos del gobierno del señor Zapatero.

El artículo aparece firmado por Oscar Sánchez Serra, aunque es de sobra conocido que lo que se publica en Granma cuenta con la anuencia y aprobación del máximo nivel del Partido. Es decir, lo que expone dicho artículo es la posición de la tiranía al respecto.

El artículo ataca al funcionario español porque éste osó decir que la situación de falta de respeto de los derechos humanos en Cuba sigue siendo "preocupante". Aunque el artículo no lo dice claramente, como siempre pasa con el Granma -a caballo entre la desinformación, la tergiversación y las verdades a medias-, parece que algún representante del Partido Popular, siempre opuesto a la dictadura cubana, interpeló al señor Yáñez-Barnuevo reclamándole sobre la política de paños tibios del gobierno del PSOE hacia los castristas.

Ante un país que viola sistemáticamente los derechos humanos contenidos en la Declaración Universal de Naciones Unidas, de la cual el estado cubano es firmante, al señor Yánez-Barnuevo no le queda otra salida que reconocer que la situación es preocupante. Aunque Granma no lo dice (y de eso me enteré por otras vías), este funcionario español, en otro momento, había afirmado que se habían producido progresos en la materia.

Granma se calla esta otra parte para poder enfilar sus cañones contra el funcionario español y poner en una posición incómoda tanto al individuo como al gobierno que representa. Entonces, como es habitual, califica las declaraciones como 'injerencia en los asuntos internos de Cuba', enumerando los muchos problemas internos que aquejan a la sociedad española y sobre los cuales Granma da prolija cuenta cada día.

Es la vieja táctica de "bueno, no estamos tan mal" que el gobierno cubano ha utilizado para llevar a sus lectores un sentimiento de conformidad con el actual estado de cosas en Cuba. Y que la gente saque esta conclusión: "Si ellos, que son del primer mundo, tienen esos problemas, nosotros que somos del tercero, estamos bastante bien". Pero todo esto es conocido. El régimen siempre ha manipulado la información de acuerdo a sus intereses.

Lo que me causó regocijo y lo confieso, fue leer cómo el gobierno del PSOE , una vez más, es puesto en ridículo por la tiranía. Al tratar de comulgar con el diablo, el PSOE se ve atrapado entre los que le exigen una posición más vertical ante los desmanes de la dictadura y su equivocada pretensión de aflojar para que las cosas cambien en Cuba. No se quieren dar cuenta de que este régimen de fuerza no perdona a los que no actúan estrictamente de acuerdo al guión que ellos entienden deben seguir.

El Granma, es decir, el partido y el gobierno cubanos, ya se olvidaron de las gestiones del excanciller Moratinos para que la UE levantara la Posición Común adoptada tras los trágicos sucesos de la Primavera Negra de 2003, una entre muchas gestiones que han hecho para hacer bajar la guardia a los críticos de los Castro. Y el ejecutivo español ya olvidó cómo Moratinos fue ridiculizado ante la prensa internacional por su par, el defenestrado Pérez Roque, quien airadamente calificó de 'mercenarios al servicio del imperialismo' a aquellos a quienes Moratinos unos segundos antes había llamado presos políticos.

Y si sabemos que en Cuba los ciudadanos sólo se enteran de lo que el gobierno quiere que sepan, es evidente que no había ninguna necesidad de publicar ese artículo. Las declaraciones del funcionario español hubieran pasado inadvertidas para el cubano de a pie que no tiene acceso a otros medios de información, salvo los oficiales. Entonces uno se pregunta qué objetivo persigue la publicación de ese artículo. ¿Mantener una confrontación con un gobierno que sólo ha tratado de allanarle el camino? ¿Con qué objetivo?

Pienso que es parte de la esencia soberbia y brutal de un régimen, que se revuelve como alimaña ante el más mínimo atisbo de cuestionamiento, venga de donde venga. También forma parte de la sensación de plaza sitiada que quiere meterle en la cabeza a los cubanos. Esa paranoia y esos zarpazos como respuesta a la más leve insinuación que cuestione lo que los gobernantes cubanos consideran 'la única verdad', es lo que provoca actitudes tan soeces como las manifestadas en el artículo del periódico Granma.

No creo que el PSOE aprenda la lección, si hasta ahora no lo han hecho. Siguen viendo un gatito donde hay un tigre dispuesto a desgarrar y morder a la menor provocación. Allá ellos.
Manuel Suárez, desde La Habana
Cuadro: Le Sette Opere di Misericordia, de Caravaggio (1571-1610).

domingo, 3 de julio de 2011

Twitteros y blogueros oficiales y alternativos se miran las caras


Como dos boxeadores que se miran cara a cara, antes de lanzar su ataque, transcurrió #TwittHab, el primer encuentro entre ‘twitteros’ y blogueros oficiales y alternativos. Si el propósito era confraternizar y tender puentes, este primer round exploratorio entre gladiadores virtuales, que han hecho de blogs, Facebook y Twitter una herramienta para disparar sus ideas, quedó por debajo de las expectativas.

La causa: la no asistencia al debate de pesos pesados. La 'estrella' de los blogs independientes, Yoani Sánchez, hizo mutis. Tampoco asistieron Claudia Cadelo, Reinaldo Escobar, Dimas Castellanos y Miriam Celaya, blogueros de indudable nivel.

Por el bando de quienes apuestan por el socialismo de Fidel Castro no participaron las excelentes blogueras Sandra Álvarez, Elaine Díaz o el fantasmal Yohandry Fontana. Pero no estuvo mal. Siempre es bienvenido tender puentes.

Y, por supuesto, el diálogo, las presentaciones y el intercambio de emails entre cibernautas que a ratos cruzan ácidas descalificaciones en la red, es preferible a la violencia física practicada a destajo por ciertos grupos leales al régimen.

Pasada las 4 de la tarde del viernes 1 de julio, en un aséptico cubículo del Pabellón Cuba, en La Rampa, en el corazón de La Habana, dio comienzo la charla entre ‘twitteros’ aceptados por el gobierno y los otros, los que deseamos cambios profundos en materia de libertades políticas y económicas.

Los progubernamentales jugaron con ventaja de 5 a 1. De los más de treinta asistentes, solo había seis blogueros y ‘twitteros’ alternativos. Leunam Rodríguez, un joven veinteañero que hace siete meses abrió una cuenta en Twitter, hizo de moderador. El intercambio comenzó frío, con miradas adustas y la lógica desconfianza entre personas que residen en una nación donde el debate de criterios opuestos es un ave rara.

Eso sí, primó el respeto. Aunque hubo sus amagos de conatos. Uno de ellos ocurrió cuando el bloguero Henry Constantín, luego de agradecer el clima diplomático y educado, dijo: “Hace unos días, cuando fui expulsado del Instituto Superior de Arte (ISA) por motivos políticos fui golpeado y recibí amenazas de la Seguridad del Estado, ahora en esta sala veo que puedo decir mis opiniones sin que reciba una andanada de golpes”.

La respuesta de blogueros y twitteros oficiales fue que en este encuentro no iban a haber puñetazos. Leunam defendió el derecho de cada cual a expresar libremente sus criterios, tanto en la red como en cualquier otra tribuna. Se declaró partidario del proyecto revolucionario y parafraseando al trovador Silvio Rodríguez acotó que 'revolución es evolución'.

Así y todo, cuando un bloguero alternativo que se identificó como Agustín López hizo un discurso con evidentes tintes políticos, el periodista, bloguero y director del periódico La Calle del Medio, Enrique Ubieta, saltó como un resorte.

“Por favor aquí estamos para confraternizar no para hacer alegatos políticos”, señaló Ubieta. Resulta difícil que en una reunión entre individuos con distintas formas de pensar, la política no salga a flote.

Precisamente son los argumentos políticos los que hacen diferentes a los ciudadanos. Si charlaran de deportes, filatelia, moda o cine, quizás todos terminaran bebiéndose unas cervezas en la barra de un bar.

Pero si se apartan las diferencias políticas, los blogueros cubanos de uno y otro grupo, tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan. Todos sufrimos el caótico transporte público, el mal estado de las calles y viviendas y lo caro que resultar llevar comida a la mesa familiar, entre otras dificultades materiales.

Siempre es sana la plática. Razonar y respetar discrepancias ajenas. Limar los celos costará bastante. Algo es más que nada. Y al menos en este primer encuentro, ‘twitteros’ de ambos bandos se pudieron mirar frente a frente y hasta intercambiar saludos.

Hubiese sido mejor si hubieran estado algunos actores principales en esta 'batalla de ideas' virtuales. Se extrañó a Elaine y Sandra, a Yoani y Claudia. Y los presentes se quedaron sin saber quién en realidad es Yohandry Fontana. Sigue siendo un tipo etéreo. Un signo de interrogación.

Quizás estos debates a cara descubierta sean un balón de ensayo por parte del gobierno de Raúl Castro. Puede que no. Démosle el beneficio de la duda.

Iván García
Foto: The Washington Post. Iván es el mulato que se ve al fondo, con una camiseta amarilla y morada de los Lakers.

La Habana, entre basurales y malos olores


Los malos olores inundan La Habana. La mugre ya es un invitado de honor en sus calles. En este concierto de inmundicia salen beneficiadas enormes ratas y una legión de cucarachas que infectan determinadas áreas urbanas.

Ciertas zonas de la capital se distinguen por sus bien asfaltadas calles como en Miramar o por los árboles y verdor del Vedado. Pero no es igual en toda la ciudad.

Camine usted por los barrios marginales de San Isidro, San Leopoldo o Belén. Ande por las calles empinadas de Lawton o La Víbora. Recorra los villorrios pobres de la periferia, levantados en una noche con paredes de tablas viejas y techos de hojalatas. En esos sitios, los basurales se desbordan y el olor a mierda y aguas albañales impregna el olfato.

La otrora bella y presumida Habana, de arquitectura relevante, aunque derruida, por su falta de higiene hoy se asemeja más a localidades pobres y atrasadas de África y Asia.

Muchos prefieren orinar en las calles que en los precarios baños públicos, con retretes renegridos y desbordados de excrementos flotando como veleros en una dársena.

La suciedad asola la ciudad. En cualquier recodo o esquina, tipos inconscientes montan un basural. En las sociedades modernas que se respeten, la calidad de vida en sus capitales se mide por siete elementos básicos: alimentación, vivienda, agua potable, trasporte, comunicación, salud pública e higiene.

El gobierno cubano reprueba en seis. Y en el caso de la salud, vive su peor etapa en 52 años de mandato verde olivo. Si a la falta de limpieza, agregamos el deterioro del 60% de las viviendas, el mal estado de un 65% de las vías, sobre todo las calles interiores, y que por negligencia se pierde cerca del 60% del agua distribuida a la población, entonces llegamos a la conclusión que la capital de todos los cubanos está en quiebra.

Para paliar los basurales improvisados por doquier, las autoridades hacen lo que pueden. De noche, viejos tractores rusos tiran de carretas y recogen desechos sólidos. En las zonas más pobladas, donde en un abrir y cerrar de ojos se forman vertederos de escombros, palas mecánicas los recogen y montan en descomunales camiones Kp3 de la desaparecida URSS.

La administración de Raúl Castro sabe lo que puede acarrear la falta de higiene. Cuba ha padecido varios brotes de dengue hemorrágico que han costado la vida a decenas de personas.

Pero a las pocas semanas de la limpieza estatal, vuelven a repletarse los espontáneos basurales. Y las ratas y cucarachas hacen su fiesta. También los 'buzos', hombres y mujeres dedicados a escarbar en la inmundicia, en busca de latas reciclables de aluminio o algún objeto de valor.

Entre el calor, la basura y los malos olores, una parte de La Habana se asemeja a Haití. Y podemos tirar voladores porque epidemias fatales no han hecho su aparición. Pero de seguir así, no faltaría mucho.

Iván García

sábado, 2 de julio de 2011

Lawton, entre pendientes y puntales altos


Todos los barrios de La Habana tienen su sello propio. Sus casas y trazados diferentes. Hasta sus olores. Por un tiempo, para René, vecino de la calle Font, a tiro de piedra del viejo matadero, el olor nauseabundo de las reses era un distintivo de su Lawton natal.

Si le preguntas a Gabriel, desde hace 15 años viviendo en Boston, Estados Unidos, el olor del alcohol emanado de la destilería de la Calle B, el convento de Santa Clara de Asís y los 'pitenes' (juegos) en las cuatro esquinas con una pelota verde de esponja, son cosas que nunca podría olvidar.

Cada cual tiene su Lawton particular. Con una población de cerca de 25 mil habitantes, Lawton es uno de los barrios fundacionales de La Habana moderna. Pertenece al municipio 10 de Octubre, el más poblado de la capital, con 250 mil habitantes. Les cuento su breve historia.

Se dice que a unos 6 kilómetros del centro de la ciudad, se encontraba la finca de Don Fernando Batista. Hacia mediados del siglo 18, su secretario personal, de apellido Lawton, lo convenció para que vendiera sus terrenos a la compañía de ferrocarril. Con la comisión que ganó adquirió una finca en los terrenos que colindan con la actual Calle B.

De 1849 a 1864 fue autorizada la urbanización de diez repartos, por ese entonces conocidos como Barrio de Concha. Entre ellos estaba Lawton, que en 1859 se inscribió como Reparto Ferrer. Para los años iníciales del siglo XX, aquellos terrenos que había comprado el pícaro Lawton, secretario de Don Fernando, adquirieron un valor inusitado debido al trazado diseñado por la compañía de tranvías.

En los años 20, en el actual paradero de ómnibus de Lawton, se funda la empresa de tranvías de La Habana. Luego, en la década de 1940 la zona prosperó con la construcción de la Avenida Dolores, que parte en dos el populoso y amplio barrio.

Sus casas, por lo general, eran de pisos bajos y estilo ecléctico. En sus buenos tiempos, Lawton era un mosaico abigarrado de viviendas donde convivían obreros, bodegueros, pequeños empresarios y un sector de clase media en las alturas del reparto Vista Alegre o el Quinto Distrito.

Camilo Cienfuegos, uno de los comandantes de la guerrilla de Fidel Castro, fallecido en un accidente de aviación en octubre de 1959, era de Lawton. Su hogar hoy es un museo. Entre los 'lawtoneros' ilustres se encuentran el trovador Santiago Feliú, el periodista e historiador Ciro Bianchi y el disidente Oscar Elías Biscet.

Al igual que el resto de distritos habaneros, tras la llegada del ciclón verde olivo, Lawton ha pagado factura por la desidia y el descuido estatal en el mantenimiento de sus edificaciones. Sus aceras y calles están repletas de huecos y baches. Y debido a grandes salideros en las cañerías, el agua se pierde sin llegar al grifo. Las carencias habitacionales, que afectan todo el país, han provocado un auténtico caos urbanístico.

Ya muchas fachadas perdieron su diseño original. Los amplios ventanales de madera o hierro forjado han sido sustituidos por impresentables ventanas de aluminio chino o toscamente confeccionadas por herreros privados, a veces sin cristales, lo que convierte a muchos domicilios de Lawton en Frankesteins arquitectónicos.

Vecinos como Demetrio llevan veinte años intentando reparar su casa. Habita en una vivienda a medio hacer, rodeado de hormigón. Gente que se las apaña como puede para mejorar su calidad de vida destruyendo sin piedad los valores urbanísticos. Pero no queda otra. El Estado no vende materiales de construcción a precios razonables y a estas alturas nadie espera que lo haga. Para impedir que los techos se desplomen, las personas buscan soluciones por su cuenta.

No es ésta una barriada de hoteles, restaurantes, discotecas o centros nocturnos de calibre. Los jóvenes de Lawton tienen que desplazarse a otros municipios si quieren bailar y divertirse. De lo contrario, arriesgar el pellejo y asistir a los bailables del Parque de la Policía, conocido así por estar en las inmediaciones de una unidad policial, donde a ratos la fiesta termina entre trompadas y navajazos.

Lawton también tuvo -y todavía tiene- sus locos célebres. Como Pedrito, que imitaba a los salseros de moda y murió de beber en exceso 'chispa de tren', un alcohol apto para piratas. O El ruso, viejo ex presidario extraditado hace unos años desde Estados Unidos que va de puerta en puerta pidiendo comida o dinero a cambio de enseñarte a hablar inglés. Hubo varios dementes antigubernamentales. Uno de ellos, Germán, antiguo policía de Batista, andaba con una carreta cargadas de piedras y a toda voz gritaba insultos contra los hermanos Castro.

Para los jóvenes, los "héroes" son los dueños de los ‘burles’ (casinos ilegales de juegos), los proxenetas peinados con exceso de gel, y las jineteras que regresan de Roma o Madrid cargadas de euros y pacotillas.

En Lawton, como en otros lugares de La Habana, por las noches se habla de béisbol y política mientras se juega dominó en short, camiseta y chancletas hasta altas horas de la madrugada. Cuando se puede, se hace ‘una vaca’ (colecta) para comprar una botella de ron decente.
No faltan quienes prefieren planificar salidas ilegales o tramar fechorías. Ni los moradores dedicados a chismorrear y contar fábulas.

Iván García
Foto: ojitoaqua, Panoramio. Pocito y 10 de Octubre, Lawton.

viernes, 1 de julio de 2011

Joana quiere ser Joan


Joana, 28 años, quiere ser hombre. Su organismo lo pide a gritos. Por un problema genético, su cuerpo metaboliza un por ciento de testosteronas tres veces superior al de una mujer. Sus brazos y espaldas son comparables a un estibador del puerto. Mide 1'81. Juega baloncesto como si fuera un chico del Bronx. Sus canastas no tienen la vistosidad de Kobe Bryant, pero no están nada mal.

Joana está en la lista de las mujeres que desean cambiar de sexo en la isla. Siente que la espera es demasiado larga. “Amigas lesbianas extranjeras pueden gestionarme una carta de invitación a una nación europea. Pero una operación transexual en otro país cuesta mucho dinero. En Cuba me sale gratis, aunque la intervención quirúrgica puede demorar de 10 a 15 años, según me han dicho. Para esa fecha ya seré un trasto”, dice camino a un gimnasio de fisiculturismo.

Tiene más novias que un galán de cine. “La cantidad de muchachas bisexuales que hay en Cuba es tremenda. Ni Río de Janeiro le hace competencia. Ligo más rápido que cualquier hombre. He tenido apuestas con tipos lindos y con el ‘bloque alterado’ (mucho dinero) en los bolsillos y siempre gano. Por lo general, chicas que son auténticos mangos (bellezas) son las que me ligan a mi”, cuenta Joana con orgullo.

Se considera un gatillo alegre. “Vivo la vida. De discoteca en discoteca. Bailando reguetón, halando más melca (cocaína) que una aspiradora y ‘templando’ (follando) como si fuese una maquina de sexo”, apunta este mastodonte con cara de modelo y cuerpo de basquetbolista universitaria.

Buenas broncas se ha buscado cuando los reyes de la noche en La Habana -entiéndase tipos con plata, como los cantantes de reguetón, vendedores de drogas, hijos de ministros y generales o extranjeros que visitan la isla para hacer el amor con mulatas y mulatos, tomar ron y viagra a destajo- la han querido forzar, pagándole o intimidándola, a que tenga sexo con hombres.

“Yo soy la tortillera (lesbiana) clásica. No me gustan los machos”, confiesa Joana, quien desde la adolescencia siempre ha querido llamarse Joan. Sus padres la dejaron tirada con 15 años. “No he sabido más de ellos. Ni falta que me hace”, dice esta habanera que no ve llegar el día para convertirse en varón. Por ahora, su sexo no acompaña sus deseos.

Iván García
Foto: Enrique de la Osa, Reuters. Día Internacional contra la Homofobia, La Habana, mayo de 2009.

jueves, 30 de junio de 2011

"La revolución acaba confiscándote los genitales"


En su último libro, el escritor y exiliado cubano Carlos Alberto Montaner denuncia el machismo-leninismo del castrismo. A continuación, una entrevista del periodista Antonio Astorga.

La mujer del coronel ya tiene quien le escriba...

-Y quien cuente sobre su atormentada intimidad. La revolución comienza por pedirte la conciencia y acaba confiscándote los genitales.

Comunismo... ese amarillento ojo que todo lo ve.

-El Gobierno suele notificarle a sus partidarios importantes, en un «sobre amarillo», los detalles de la infidelidad de sus mujeres. Ya sabe: la mujer, en casa y con la entrepierna quebrada.

¿Qué busca el castrismo debajo de las sábanas?

-Se trata del machismo-leninismo, una variante dialéctica de la testosterona. Busca el sometimiento de la santa esposa. No recurre a la ablación del clítoris de milagro.

¿Por qué el comunismo preconiza que las mujeres de los jefes deben estar sometidas como «abnegadas madres de familia, monógamas y entregadas a la exclusividad sexual»?

-Porque es una falocracia. Estos tipos ignoran la naturaleza humana. Esa es una sociedad patriarcal organizada en torno a un caudillo.

El macho revolucionario puede ser promiscuo y esa conducta, siempre que sea heterosexual, ¿nunca es censurable?

-Por el contrario, la aplauden. Pero cuando la viuda del Che, que era joven y bonita, decidió volver a casarse, a Fidel no le gustó nada. Las mujeres de los mitos deben morir castas y vestidas de negro, como las heroínas de Lorca.

¿Los dictadores cubanos están tarados por el matonismo?

-El matonismo es la manera fidelista de ejercer la autoridad. La cúpula no lo quería: le temía.

Fidel Castro sería, pues, la (re)encarnación del «machismo-leninismo» fundamentalista.

-Fidel era el Mono Alfa hasta que se le rebelaron los intestinos incitados por la CIA. Dirigía la manada a gruñidos.

Tiene Castro numerosos hijos ilegítimos, dos de ellos viven en Estados Unidos y otros en la isla. ¿Qué dicen los vástagos en el nombre del padre?

-Padre y patrón. Es, o era, porque ya está casi liquidado, un dictador hogareño. Fue un pésimo presidente y, por lo visto, un pésimo cabeza de familia.

Nuria Garcés, psicóloga, es «La mujer del coronel» Arturo Gómez, que está guerreando en Angola. En su novela, ella se entrega a otro hombre en Roma, Martinelli, un erotómano cultivado. La alargada sombra de la dictadura cubana se arrastra como una víbora hasta la ciudad eterna para espiar a Nuria y preservar el honor. ¿Qué honor?

-La desgracia de Nuria es que nunca pudo imaginar que el honor de la revolución radicara en sus trompas de Falopio. Para toda mujer es muy incómodo vivir con un policía escondido en las bragas.

¿El Estado cubano está teñido de un monstruoso machismo?

-Por supuesto. Es una proyección del machismo de Fidel, que durante décadas escondió a su esposa.

¿Por qué los esbirros del matón que quiere imponer su voluntad por el terror se dedican a vigilar la entrepierna de los líderes de la revolución?

-Además de marxista, Fidel es calderoniano. Aquello es un drama de honor.

¿Ha convertido el abyecto sátrapa y dictador Castro la ínsula cubana en un «paraíso sexual»?

-Especialmente para los turistas.

La literatura, ¿tiene sexo?

-A veces. Hay literatura clitórica y hay literatura fálica, pero no siempre están asociadas al sexo de sus autores.

¿Y cuál es el sexo de los ángeles?

-Depende de cuántos dancen en la cabeza de un alfiler. Cuando son muchos, y Cupido comienza con sus flechazos, suelen ponerse cachondos.

¿Equipararía a Castro, Fidel, con Sade, Marqués de?

-Puestos a buscarle un linaje aristocrático, creo que está más cerca del conde Drácula.

ABC 16 de junio de 2011

Foto: Miguel Berrocal

miércoles, 29 de junio de 2011

Sin sitios para hacer el amor


Por no disponer de una vivienda común, Ernesto y Saúl, pareja homosexual con 15 años de relación, siempre debían improvisar para estar juntos.

“Aquellos tiempos, cuando lo hacíamos en parques o terrenos deportivos abandonados han quedado atrás. Ya somos adultos, profesionales y maduros. Gracias a parientes en el extranjero que nos giran dólares, podemos darnos el lujo de alquilar una habitación en alguna casa de citas de las muchas que abundan en La Habana”, cuenta Saúl.

Desde 1994, en la capital han surgido domicilios donde parejas gays y heterosexuales, pueden intimar decentemente. Aunque no todos poseen suficientes divisas para pagar tres horas de sexo.

Pero es una buena opción. Antes que el “período especial” trastocara el estilo de vida del cubano, y las carencias se agudizaran aún más, existía una amplia red de posadas administradas por el Estado, que por una módica tarifa permitía mantener relaciones sexuales.

Las posadas presentaban un estado constructivo lamentable, con paredes repletas de grafitis groseros y pequeños huecos donde los rascabuchadores (mirones) del barrio se masturbaban, además de sábanas sucias e higiene precaria, pero eran de los escasos sitios con techo y cama donde las personas podían hacer el amor. Claro, no se aceptaban a homosexuales.

Había posadas decentes con aire acondicionado y neveras. Lejos de la ciudad y muy caras al bolsillo promedio. Las otras opciones ya se conocen. Escaleras de edificios, solares yermos, parques públicos, donde con antelación los muchachos se dedicaban a romper las bombillas.

Luego, con la llegada del “período especial”, las jóvenes parejas e incluso muchos matrimonios se las vieron moradas. Los motivos son varios. Uno de ellos, en la isla son contados los jóvenes que pueden tener su propio hogar. Por lo general, bajo el mismo techo conviven tres generaciones diferentes.
En una misma habitación, un estudiante y su novia, en caso de que los padres lo permitan, duermen junto a un hermano menor.

Quienes sufren esas adversidades, la mayoría, no le queda otro remedio que 'templarse' (follarse) a su pareja en cualquier rincón. Incluso en los arrecifes del malecón o en el asiento trasero de un ómnibus por la madrugada. “Por las mañanas, camino al trabajo, estoy siempre atento a sitios abandonados y discretos, para por la noche ir con mi novia”, dice Gerardo, ingeniero de 26 años.

Si difícil es para la gente joven encontrar un sitio tranquilo y agradable para hacer el amor, imagínese usted a un matrimonio con hijos, que por lo general comparten con ellos la misma habitación.
Es el caso de Rosendo, 39 años, padre de 3 hijos.

“Me paso meses sin tener sexo. Ya me he adaptado. Antes subíamos a la azotea del edificio. Pero desde que nos enteramos que los vecinos de inmuebles aledaños nos espiaban, las ocasiones para ‘templar’ son mínimas. Imagínate, dos de mis hijos duermen en una cama al lado. En nuestra casa, además de mis padres, viven mi abuela y mi bisabuela. Nunca tenemos chance”, confiesa Rosendo.

La situación es diferente para los cubanos que reciben remesas del extranjero, tienen negocios por debajo de la mesa o son dueños de una paladar. Suelen ir a casas que alquilan habitaciones por hora.
El confort está garantizado. Cuartos climatizados. Agua fría y caliente. Neveras cargadas de cervezas y también 'saladitos' (tapas) de chorizo y queso gouda. En una gaveta sitúan condones. Y en el techo y las paredes, espejos para despertar el erotismo.

El problema son los precios. Tres horas de sexo cuesta 10 dólares. Sin tomar cerveza ni comer nada. “Por norma, una pareja gasta de 20 a 30 dólares. Los clientes habituales son gays maduros, jineteras con sus 'yumas' (extranjeros) y una élite de gerentes con sus queridas jóvenes”, señala Regino, dueño de una casa de citas en el populoso municipio 10 de Octubre.

Aunque existen parejas de homosexuales acomodados, como Saúl y Ernesto, que pueden gastarse 20 dólares cada vez que desean tener sexo, la mayoría de los gays copulan en parques y pasillos oscuros.
“En los cines y en todas partes existen rascabuchadores. Cuando los descubren, la emprenden a golpes o les tiran cubos de agua fría”, dice Rolando, 42, peluquero.

En tiempos de crisis sufren todos. Las parejas por no tener sitio para hacer el amor. Y los mirones, porque les falta el dinero para pagar una puta barata y saciar su apetito sexual.

Iván García

martes, 28 de junio de 2011

Escribanos de la cárcel


En las atestadas galeras del Combinado del Este, prisión de máxima seguridad en las afueras de La Habana, los reos se las ingenian para crear una peculiar manera de trueques y subsistencias.

Si la cosa está que arde en la calle, imagínense el drama y las penurias dentro de una prisión. Allí, aparte de la falta de libertad, las privaciones fundamentales son la comida, los cigarrillos y la ausencia de sexo.

Es fluido el tráfico de revistas pornográficas y alimentos. Según Reinaldo, quien cumple una sanción de 12 años por matar y descuartizar vacas y caballos, y luego venderlas en el lucrativo mercado negro, el pago de favores dentro de un penal suele hacerse con azúcar prieta (no refinada) y cigarrillos.

“El dinero también vale. Sobre todo la divisa. Pero no es lo usual. En la cárcel cada cosa tiene su precio. Hay personas que se dedican a lavarte la ropa por 4 cajetillas de cigarros. Los fines de semana, tu le das un sobre de refresco instantáneo y una merienda a rateros con vocación de actores y con efectos especiales y todo, te narran una película. Si deseas amenizar una boda entre homosexuales, contratas a un cantante por dos raciones de comida, de la que te trae tu familia, 10 cajetillas de cigarros y tres vasos plásticos de azúcar prieta. Y de carretilla, un preso te suelta un recital completo de Julio Iglesia. Las cárceles tienen vida y economía propia”, cuenta Reinaldo mientras disfruta un pase de 4 días por buena conducta.

Entre los oficios sui géneris para aliviar las duras condiciones y carencias dentro de una galera, está la del escritor de cartas y poemas. Sucede que un gran número de convictos tienen escasa cultura general, y en muchos casos, apenas tres grados primarios vencidos.

Dentro la cárcel, se ha convertido en una moda enviar a novias y esposas, misivas bien redactadas y cargadas de frases románticas. Es ahí donde hacen acto de presencia tipos como Delfín, joven psicótico y violento, quien mató a trompadas a su padrastro. Amante de la prosa de Vargas Llosa y la poesía de García Lorca, Delfín es considerado el mejor escribano del Combinado del Este.

“Me gusta escribir cartas y poemas, y es una buena manera de obtener beneficios y comida. Incluso los guardias se me han acercado para que les redacte epístolas a sus enamoradas, a cambio de 6 horas en un pabellón (habitación habilitada en las prisiones para que los reos tengan sexo) con una puta gestionada por alguno de mis clientes”, dice Delfín.

Ser amanuense dentro de una prisión cubana es un oficio bien remunerado. Por redactar diez o doce lagrimosas cartas, repletas de frases amorosas y textos entresacados de clásicos literarios, Delfín se puede dar el lujo de comer carne de cerdo, pollo o pescado a diario.

Tampoco tiene que racionar su cuota de cigarrillos y bebe jugos y refrescos a granel. No asiste a rudas faenas, cortando marabú o cargando bloques en la construcción. Lo suyo es escribir pliegos e intentar que las mujeres de los presos no terminen su relación afectuosa.

“También suelo hacer cartas conmovedoras a mujeres que desean tener nuevos amigos, y a quienes los presos les escriben para intentar conquistarlas. He propiciado varias uniones a distancia. Gracias a mí, extranjeras se han liado con reos que en algun momento estuvieron en mi galera. Lo único que lamento es no haber sido yo el que haya conseguido una novia mexicana o española con mis cartas. Son gajes del oficio”.

Iván García

lunes, 27 de junio de 2011

El Pilar y Atarés, 'ninjas', comparsas y chachachá


Por mucho tiempo, Roldán vivió de 'lo que se caía del camión'. Término usado por los marginales de corta y clava de Atarés y El Pilar para encubrir la palabra robo. Cada noche, Roldán y su pandilla, vestidos de negro, estaban a la caza de camiones cargados de jabones y detergentes que salían de la fábrica Sabatés, una de las más grandes de la isla, situada en la barriada habanera del Pilar.

“En 4 minutos, el tiempo que el vehículo demoraba en llegar a la calle Manglar, hurtábamos entre 10 y 15 sacos de detergente y varias cajas de jabones”, años después cuenta Roldán. Además de desvalijar en marcha los camiones que salían de Sabatés, los ‘ninjas’ saqueaban almacenes de la zona. “Entrabamos por el techo. Por varias tejas previamente zafadas, con una soga bajábamos. Luego subíamos sacos de arroz, frijoles o cajas de pescado en conserva, cualquier cosa que después pudiéramos vender. Era como una película. Qué tiempos aquellos”, recuerda Víctor, ex 'ninja' famoso.

A día de hoy, Atarés y El Pilar, siguen estando entre los barrios más marginales de La Habana. Los que trabajan duro suelen ser quienes peor viven. En sus calles angostas, repletas de huecos, pululan antisociales que viven del ‘invento’, el juego de apuestas y el ‘bisne’.

La gente por estos lares no se suele andar con chiquitas. Las discrepancias se zanjan a puñetazos, machetazos o a tiros. Rodney, un negro flaco y alto, solía portar una pistola casera, fabricada con un percutor de revólver que se disparaba con un inyector acoplado.
“Aquí es más fácil tener una pistola que una computadora. Una vez, en un registro policial en el solar donde vivo prácticamente se ocupó un arsenal, hasta escopeta de dos cañones había”.

Los relatos pueden asustar, pero ni Atarés ni El Pilar son 'zonas de guerra'. Claro, tampoco es aconsejable deambular de noche si usted no es del lugar y tiene pinta de tener la billetera repleta. Antiguamente eran dos barrios limítrofes, a partir de 1976 los unieron en uno solo, Pilar-Atarés, ahora denominado 'consejo popular'. Sigue siendo un distrito mayoritariamente negro y pobre, con poco más de 20 mil habitantes. Pertenece al Cerro, uno de los 15 municipios de La Habana.

Sus límites parten de la famosa Esquina de Tejas, donde confluyen cuatro arterias esenciales de la ciudad: Calzada del Cerro, Monte, Infanta y 10 de Octubre. Un cartabón de varias cuadras que llega hasta la calle Matadero por un lado y Cristina por el otro. Este territorio toma su nombre de los barrios extramuros de la antigua capitanía El Horcón.

Fueron creados en 1851. El nombre Pilar tiene su origen en una parroquia situada en la zona cuya patrona era Nuestra Señora del Pilar. Atarés proviene del Castillo ubicado en su demarcación, construido en tiempos del Capitán General Conde de Ricla, descendiente de Pedro de Atarés, originario de Aragón, España.

Se cuenta que al fundarse la parroquia en 1816 y hasta 1835 todos los vecinos y viajeros, sin distinción de clases y sectores sociales, se reunían a bailar, cantar y beber entre juegos de azar y ventas de mercancías. Esas fiestas se realizaban en honor a la Virgen del Pilar, los 12 de octubre.

Algo quedó de esas costumbres. Años después, en Atarés nació una de las comparsas más célebres de Cuba: Los Marqueses de Atarés. Mientras, en El Pilar en 1943 se construía la Escuela Normal de Maestros de La Habana. En la otrora prestigiosa escuela pedagógica actualmente funciona un instituto tecnológico de comercio.

Otro sitio importante fue la Sociedad del Pilar, edificada en 1848. Cuando Pedro Sánchez, un octogenario nacido en el barrio, pasa por las ruinas que han quedado de la popular Sociedad, desvía la mirada. “Sin exagerar, allí se daban los mejores bailes de La Habana y ensayaban músicos de la talla de Benny Moré y Enrique Jorrín”.

Hasta su muerte, en 1987, el violinista, compositor y director de orquesta Enrique Jorrín, mundialmente conocido por haber sido el creador en la década de 1950 de La engañadora, el primer chachachá, fue uno de sus vecinos más ilustres.

Jorrín no fue el único músico famoso del barrio. También en El Pilar vivió Félix Chapotín (1907-1983), el "Amstrong del son cubano". Su hijo Elpidio, quien durante muchos años vivió con su padre y su familia frente al Parque La Normal, es uno de los más importantes trompetistas cubanos.

Estos barrios habaneros no suelen ser visitados por turistas. Como antes de 1959, su gente mantiene la pasión por jugar la ‘bolita’ (lotería). Y cuando arranca la temporada de béisbol, acuden al antiguo Stadium del Cerro, hoy Latinoamericano, a tiro de piedra de sus hogares. La mayoría es fan de Industriales, el equipo-insignia de la capital.

Por las noches, los adultos sacan pequeños bancos de madera y sentados en las puertas de sus casas, comparten historias de épocas pasadas. Mientras, los 'ninjas' van a lo suyo. Ver qué pueden hurtar del próximo camión.

Iván García

domingo, 26 de junio de 2011

Los niños viejos


Debíamos presentarnos en la puerta de la cárcel de Béthune a las 9 y media de la mañana. Elodie nos acompañó a Eva Almassy, la escritora de origen húngaro, y a mí.

Algunas familias esperaban afuera de la cárcel: una mujer joven con un cochecito donde dormía un bebé, una modesta pareja que aparentaba la cincuentena, una delgada y nerviosa mujer, el pelo rapado encima de la nuca, mechas rojizas tapaban sus ojos extraviados, una gruesa señora y su marido, árabes, musulmanes, a juzgar por la indumentaria de ella.

El policía abrió el portón de hierro pintado de gris y comenzó a llamarlos por sus nombres anotados en una lista. Una vez que todos han entrado, Elodie informó al guardia que nosotros estábamos allí para la lectura programada. Debiamos esperar, indicó el hombre. El portón se volvió a cerrar, sólo por breve tiempo.

Al punto nos vinieron a buscar, atravesamos el primer control. Luego debimos entregar nuestros pasaportes o piezas de identidad, y dejar en unas casillas bajo llave los teléfonos portables y cámaras fotográficas. Pasamos los bolsos por los controles de seguridad de objetos, luego nos tocó pasar el arco de seguridad humana.

Enfrentamos las rejas. Debimos atravesar tres rejas, cuando estuvimos frente a la cuarta empezamos a oír vozarrones, gritos, risas, burlas. Los guardias desplazaban a un grupo de presos hacia el patio central. Algunos nos hacieron señas, nos enseñaron la lengua, y volvieron las exclamaciones, a veces convertidas en clamores, hasta que desaparecieron por una puerta verde.

Nos recibió un policía robusto, saludándonos con un apretón de manos, callosas. Atravesamos la cuarta reja y entonces nos hallamos en el pasillo central de la prisión.

A la izquierda se encontraba la biblioteca, encima han claveteado una madera con un nombre repujado: Bibliothéque F. Personne (Nadie).

Eva Almassy empezó a sofocarse, es claustrofóbica y no soportaba encontrarse entre rejas. En la biblioteca nos dió la bienvenida el bibliotecario, o sea, el primer detenido: ojos azules, nariz aplastada, rota, en la cabeza varias cicatrices, en el brazo numerosos tatuajes emborronados. Es simpático, aunque tímido.

El hombre que nos acompañaba llevaba una bandeja de gaceñiga cortada en tajadas y una jarra de café que colocó encima de la mesa. Nos sirvió café en vasos plásticos.

Mientras esperábamos a que llegaran los otros detenidos revisé los libros de la biblioteca, literatura francesa y revistas, no me dio tiempo a más.

Eva se sentía cada vez peor, palideció cuando le dijeron que debíamos quedarnos con los detenidos a solas en la biblioteca, y que las dos puertas estarían cerradas, aunque bien cuidadas, por supuesto, desde el exterior, por los guardias.

Los guardias fueron a buscar uno a uno a los presos a sus celdas. El primero que llegó es un joven de piel cetrina, pelo por los hombros, color azabache, recogido en una cola de caballo o rabo de mula -como decimos en Cuba. Este se notaba más suelto, nos contó que muy pronto saldrá libre, el 30 de julio, y que su mujer parirá en breve su segundo hijo. Es joven, risueño, y aparentaba mucha seguridad en sí mismo.

El tercero en llegar era extremadamente delgado, rubio, ojos verdosos, piel mate, medio amarillenta. El cuarto era un joven de pelo trigueño, ojos azules, tembloroso, al principio era el que menos se atrevía a hablar, lo que feu cambiando paulatinamente hacia el final del encuentro.

Así van llegando… Hasta que, después de una larga demora, aparecen por otra puerta los dos últimos: un grandulón de piel rojiza, pelo castaño, ojos pequeños y boca desdentada. Sus brazos y todas las partes visibles de su cuerpo lucen tatuajes desteñidos; seguido de un asiático, bajo de estatura, luciendo un chivito en la barbilla que se acariciaba con frecuencia; ambos habían sido traídos desde celdas de aislamiento.

Elodie hizo las presentaciones. Estrechamos las manos de los hombres. Eva, cada vez peor, dudaba si quedarse o irse. Finalmente decidió quedarse, y en la medida en que íbamos hablando (hicimos una descripción de nuestros trabajos y explicamos por qué estábamos allí, por qué escribíamos) fuimos olvidando las ventanas herméticamente selladas, enrejadas, sin un solo resquicio que no estuviera protegido por los barrotes.

Conversamos ampliamente sobre ellos, oímos sus historias. A mitad del encuentro les pregunté sus nombres, los que no puedo divulgar. Leí poemas y un fragmento de novela, y retornamos a la conversación. Eva también leyó un fragmento y empezó a sonreír menos aprehensiva y con mayor confianza.

El asiático, el más avispado, no cesaba de devorar trozos de gaceñiga, pese a su diabetes, los otros se burlaban de él y no paraban de reírse, menos el joven de ojos azules, bastante inestable en su asiento, el que al rato empezó a hablar bastante menos reprimido.

Les conté de Ernesto Sábato, de El Túnel, y de otros autores, cuyas vidas habían atravesado sus obras sin que ellos se lo propusieran. El asiático me contó de cuando había estado en Cuba, durante los años 80, desde entonces había hecho fijación con les belles bagnoles, les belles americaines (los automóviles americanos de los años 50), insistió.

El encuentro duró casi dos horas. Al terminar nos despedimos estrechándonos las manos. Primero se llevaron al fornido y al asiático, por la puerta de atrás. Los demás salieron junto a nosotros hacia el centro de la prisión. Uno a uno volví a darles la mano y los miré a los ojos. Ojos tristes aunque pretendieran lo contrario.

Yo sé que están allí porque la justicia francesa los ha juzgado, porque han cometido diversos delitos, lo que no impide que siempre resulte duro dejar a esos hombres encerrados tras las rejas. Nos dijeron adiós repetidas veces. Yo también me volví dos o tres veces hacia ellos. “Bonne continuation!” exclamaron.

Algunos de ellos habían adelantado que saldrían liberados muy pronto, les deseé suerte. Allí quedaron como unos niños envejecidos, demasiado prematuramente.

Zoé Valdés

Tomado de su blog, 22 de junio de 2011

Cuadro: De la serie Niños que lloran, de Bruno Amadio, más conocido por Bragolin (1911-1981) .

sábado, 25 de junio de 2011

Cuba tiene que comenzar de cero en el voleibol masculino


No sólo desertan peloteros y boxeadores. Qué va. También brincan la cerca corredores, saltadores de longitud, futbolistas, balonmanistas y por supuesto, voleibolistas de clase.

Si ahora mismo Cuba no es la primera potencia del mundo en voly masculino de sala -con perdón de Brasil- es por dos causas. La primera, porque con su ofuscada política, el gobierno no autoriza que los voleibolistas firmen contratos en ligas foráneas, sobre todo la brasileña o italiana, las mejores del mundo.

Y la otra causa es debido a la ola de deserciones que desde el 2001 ha sufrido el deporte de la malla alta. Cuando la sexteta cubana se coronó de manera invicta en la Copa del Mundo del 2001 en Tokio, los especialistas locales pensaron que iban a tener un plantel de lujo para rato.

Cuba era candidata a una medalla segura en los juegos olímpicos de Atenas 2004. Había que contar con la isla en la discusión del título en cualquier competencia de nivel.

Pero el equipo se desarmó. Seis voleibolistas abandonaron la selección en una gira por Europa. Y no eran de segunda. Casi todos eran regulares en la formación y algunos, entonces, entre los mejores del orbe en sus posiciones.

Fue un mazazo tremendo para el voly criollo. Después que estrellas como Ihosvany Hernández, Ramón Gato, Ángel Dennis o Leonel Marshall decidieron ser atletas libres, competir por clubes profesionales y ganar dinero, a la hemorragia de deserciones en el voleibol cubano no se le ha podido colocar un torniquete.

Todos los años desertan jóvenes talentosos. Y lo peor es que la cantera del voleibol no se da silvestre como en el boxeo o el béisbol. En Cuba el voly es un deporte de laboratorio.

Sus torneos nacionales son cortos, de poca calidad, sin el seguimiento de la prensa deportiva ni fanáticos. A pesar de eso, logran formar un grupo de atletas con enormes potencialidades físicas y técnicas, gracias a la calificación de sus preparadores, entre los cuales se encuentran los mejores del mundo, como Eugenio George, escogido el mejor D.T del siglo XX por la federación internacional de voleibol (FIV), Antonio Perdomo, Gilberto Herrera y Orlando Samuels.

Entre 2006 y 2009 la sexteta masculina llegó a tener la mayor estatura promedio del voly mundial, con una talla de 2.01 cm. Jugadores como Maikel Sánchez, Oriol Camejo, Raydel Poey, Osmany Juantorena o Yohandry Cala superaban los dos metros. Cuando estaban a punto de cuajar, la mayoría abandonó el país.

Y los técnicos tuvieron que comenzar de nuevo. Pasó a paso. Derrota a derrota. Y con duras jornadas de entrenamientos. Tuvo sus frutos. El año pasado, Cuba fue sub-campeón del planeta detrás del poderoso Brasil. Se pintaba sola la sexteta nacional para discutir el trono en Londres 2012.

Pero volvieron las deserciones o, según los medios oficiales, las ‘indisciplinas’. En la actual liga que se juega desde finales de mayo, la selección cubana ha visto mermado su desempeño por la falta de jugadores de calibre como el central Roberlandy Simón, número uno en su posición, su pasador estrella Raydel Hierrezuelo y el atacador auxiliar Yasser Portuondo.

La ausencia de estos tres pilares ha provocado que la sexteta tenga un pobre desempeño. Anda de capa caída. En el grupo D, donde juega, ocupa el tercer lugar con 3 victorias e igual número de derrotas.

En las estadísticas de ataque, servicio, bloqueo, pase y defensa de campo no aparece ningún cubano entre los diez primeros. Incluso, el talentoso Wilfredo León, no había tenido un quehacer brillante en los primeros encuentros. Después, frente al conjunto de Francia levantó su juego.

De continuar las políticas erradas por parte de las autoridades políticas y deportivas de la isla, los voleibolistas locales seguirán abandonando el país o buscarán buenos pretextos, como contraer matrimonio con extranjeras, para poder jugar en ligas profesionales.
La respuesta está en manos del gobierno. Y no se me antoja complicada.

Iván García

Foto: Alexandre Arruda. De cuando Cuba ganó la Copa América de Voleibol 2008, celebrada en Cuiabá, Mato Grosso, Brasil.

viernes, 24 de junio de 2011

Un museo al aire libre de viejos coches americanos


Con billetes en la mano hay para todos los gustos. Chevy de los años 40 o un Ford bien cuidado del 54. Cadillac "cola de pato", o un camión General Motors del 56 que parece salido de la fábrica. Cuba es el único país del mundo donde por sus calles corren miles de autos, jeeps y camiones fabricados en Estados Unidos a mediados del siglo XX.

Bienvenido al museo al aire libre más grande que existe del automóvil de esa época. La gente que tiene dinero y ante el mal funcionamiento del transporte público, decide comprarse un coche antiguo salido de los talleres de Detroit.

También haciendo trampas legales se puede adquirir un rústico Lada ruso o un Hyundai de tercera mano. Pero muchos prefieren las duras carrocerías de los coches americanos. Y si tiene un motor diesel adaptado, mejor.

Santiago, 42 años, calculadora en mano, saca cuentas y cree que en dos años recuperará la inversión. Pretende invertir 20 mil pesos cubanos convertibles (25 mil dólares) y dedicarse al negocio de taxis de alquiler. Probablemente el único medio de transporte estable en la isla, a pesar de que el gobierno no vende ni un tornillo para reparar los autos.

En Cuba, la compra y venta de coches sólo es permitida a los dueños de autos que tengan traspaso, o sea, los comprados al Estado. En las sesiones del VI Congreso del partido comunista se aprobó la venta de autos vendidos por el gobierno y se estudia la posibilidad de comercializar coches en moneda dura.

Pero aún esas regulaciones no están vigentes. Aunque los dueños de los ‘almendrones’ -así se le conoce en la isla a los viejos autos americanos-, sí los pueden vender, pues sus propietarios los compraron antes de la llegada de Castro.

Según Roberto, 34 años, es común que un Chevrolet o Ford haya tenido una docena de dueños. Los precios andan por las nubes. “En los años 80 usted podía comprar un Chevrolet del 57 por 3 mil pesos (3 mil dólares, la divisa era ilegal y el gobierno canjeaba el dólar uno por uno). Ahora, en 2011 bien le puede costar hasta 25 mil pesos convertibles (30 mil dólares) si está como una joya”, señala Roberto, quien maneja un Impala de 1966 muy bien conservado.

No es que los conductores en Cuba sean amantes a las antiguallas automovilísticas. Es que no tienen otra opción. Luis, 52 años, preferiría manejar un Audi o un Cherokee “climatizado y con ordenador, pero soy realista y aquí eso es imposible”.

Agencias de turismo estatales, anualmente ofrecen desfiles de autos antiguos, donde se ven desde un Ford de 1918 hasta raras versiones de coches de producción limitada.

Y en las calles interiores que bordean la empinada escalinata del Capitolio Nacional, decenas de autos viejos pertenecientes a la corporación Gran Caribe, se alquilan en moneda dura a los turistas que deseen dar un paseo por una ciudad detenida en el tiempo.

Pero el medio más barato y rápido es tomar uno de los 'almendrones' que circulan por vías céntricas de la capital. Cobran 10 pesos o 20 si el viaje es más extenso. Y funcionan cuatro veces mejor que la flotilla de taxis estatales.

El ingenio para mantener en funcionamiento estos coches es digno de admirar. En la General Motors se asombrarían con las soluciones criollas. Sin piezas de recambio, y a golpe de fantasía, los mecánicos cubanos han logrado que estos coches sigan rodando.

A veces son verdaderos engendros. Con motores de un auto ruso, transmisión de un Seat español y caja de velocidad de un Alfa Romeo italiano. La dura carrocería, de acero sobrante del material bélico de la II Guerra Mundial, ha sido maquillada varias veces. Los hay preciosistas, como Javier, 65 años, quien tiene un Chevrolet de 1958 intacto, sin ninguna modificación. “Me han ofrecido 28 mil pesos convertibles (30 mil dólares), pero yo ni caso hago”.

Cuando usted toma un viejo taxi en las calles habaneras, notará que los choferes piden “por favor, no me tiren la puerta”. A pesar de algunos llevar rodando casi 70 años, ante el incierto futuro, los conductores saben que deben cuidar con mimo sus autos, pues por mucho tiempo tendrán que seguir “boteando” (alquilando).

Y si se siente muy desesperado, no sería la primera vez, que un Chevrolet se convierte en una lancha con motores fuera de borda. Rumbo a Miami.

Iván García

Mi patria chica


La jerga burocrática y partidista lo denomina Consejo Popular Víbora. Es mi barrio. Un trozo de geografía, que por un lado abarca desde la Avenida de Acosta, hasta Santa Catalina, y por el otro, desde Mayía Rodríguez hasta la Calzada de 10 de Octubre, otrora Jesús del Monte, inmortalizada por el poeta Eliseo Diego.

Un cuadrilátero de 7 cuadras de largo por 10 cuadras de ancho. Existen numerosas escuelas como el Instituto de la Víbora, hoy politécnico de comercio, la primaria Tomas Alva Edison y la secundaria José Enrique Varona, antaño prestigiosos colegios.

Otras escuelas, como Pedro María es ahora un sucio almacén. Y la que una vez fuera lugar de descanso y meditación de los Hermanos Maristas, desde hace medio siglo, es el cuartel general de la tenebrosa policía política .

Cuando cae la noche, la Calzada de 10 de Octubre se convierte en una pasarela. Gays reprimidos a la caza de una pareja. Lesbianas con un corte de cabello a lo militar y pasadas de tragos, se besan con desespero a la puerta del Pain de Paris, cafetería en moneda convertible. El parque Córdoba es quizás la posada nocturna al aire libre más grande de La Habana. Sexo barato, en divisas o moneda nacional, da igual.

Avanza la madrugada y ancianos de rostros tristes y ropas gastadas, forman cola en el Banco Metropolitano -frente a la antigua residencia de los Condes de Párraga, hoy casa de cultura- para cobrar sus exiguas pensiones. También al amparo de la oscuridad, ladrones, asaltantes y rascabuchadores hacen sus fechorías.

Cuando el sol calienta la fauna marginal va a la cama. Y la calzada se tiñe de rojo, amarillo y carmelita, los colores de los uniformes de primaria, secundaria y politécnicos. Gente apresurada se aglomera en las paradas para abordar los ómnibus de las líneas P-6, P-8, P-9, y P-10 e intentar llegar a tiempo a sus trabajos.

Los viejos que hacían cola por la madrugada, ahora son los primeros en comprar el solitario panecillo de 80 gramos otorgado por la libreta de racionamiento.

Esas cuadras conforman la barriada de La Víbora. Mi patria chica.

Iván García

Nota.- Primer post de Iván. Publicado el 28 de enero de 2009 en el blog Desde La Habana con el título Mi barrio. La foto es de la Calzada de 10 de Octubre, a la altura de la calle San Mariano.