jueves, 18 de agosto de 2011

Pasado imperfecto


Lo más hermoso de estos tres años de Cuba Press ha sido siempre para mí el acto mismo de escribir. El contacto, ahora primitivo, con la hoja de papel, el olor de la máquina y su cinta empañada y luego las palabras que llegan como un lienzo para conformar el paisaje espléndido, casi comestible, de los párrafos y sus tachaduras y contraseñas.

El momento mismo en que he ejercido la libertad de redactar noticias, comentarios, crónicas, notas de libros, sin que nadie me imponga las líneas maestras, sin trillos para caminar, sin voces de mando que obedecer, solo con mi conciencia, mis miedos, las limitaciones de mi formación y la certeza de que no defiendo ninguna ideología: trato de hallar la verdad y, en esta circunstancia, sí tienen materia redimida las buenas intenciones.

Ese momento es lo que gratifica y paga sobradamente los encierros y la trivialidad. En esos mil días sucedieron muchas cosas feas y, estoy seguro, que en los próximos mil sucederán también.

Esa sustancia la dejo a los historiadores de la escatología, la maledicencia y el ataque a traición porque ellos también tienen derecho a paladear la escritura fresca, que tiene remisiones frutales.

Esa música fúnebre he decidido que la ejecute, en una orquesta cada día más probable, las "matonesas" y los policías.

Cuba Press me ha permitido acercarme y tocar la libertad y también me ha dado, en otra dimensión de la vida, la alegría de conocer a Ana Luisa López Baeza, Tania Quintero, Marvin Hernández, Odalys Curbelo y Ernestina Rosell, cinco mujeres que he visto renacer y reconstruirse.

Ella y otras personas como Juan Antonio Sánchez, Ricardo González, Germán Castro, Ariel Tapia, Iván García, Orlando Bordón, Juan Carlos Recio, Jesús Labrador, Esteban Díaz y Plácido Hernández, entre otros, me dieron día a día una lección humana y profesional que contribuyó y contribuye al esfuerzo que hay que hacer aquí, a cada minuto, para quitarse el fantasma de la intolerancia y de todas las sagas del totalitarismo.

Ellos hicieron esa abstracción que es Cuba Press, una agencia de noticias a la que solemos añadir el prefijo "indi", y convertirla entonces en una "indi(a)gencia", para señalar el estado de nuestras arcas y del departamento técnico.

Un recuerdo especial para los que han tenido que salir al exilio, Pepe Rivero y Reinaldo Soto, quien instaló una corresponsalía infernal en la cárcel avileña de Canaleta.

Para los que dentro y fuera de Cuba nos calumnian, atacan y difaman, la compresión y esta revelación que a lo mejor le sirve de remedio: nosotros trabajamos todos los días.

Tres años de esta aventura, en la búsqueda de espacios de libertad para la prensa de Cuba, continúa. Gracias a los amigos que nos respaldan.

Una nota final: Sé que hay ya personas interesadas en escribir y teorizar sobre la historia del periodismo alternativo en Cuba. Desde que lo supe no puedo olvidar una frase que leí de un funcionario ex-soviético ante el reciclaje de algunos autores comunistas. Dijo el hombre: "Nuestro futuro es incierto, pero nuestro pasado es impredecible".

Raúl Rivero
Publicado el 29 de octubre de 1998 en Cubafreepress.
Foto: Raúl Rivero en su casa de La Habana, en 1998.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Réplica necesaria



¿Habrá empezado de nuevo la guerra verbal, las injurias, difamaciones y manipulaciones del régimen contra la disidencia y la prensa independiente? Puede que así sea.

El diario oficial Granma lanzó el 14 de noviembre la primera piedra. Bajo el título "Los independientes", el periodista Nicanor León Cotayo firmó con su pluma un artículo cargado de imprecisiones y falsedades.

Dos meses antes de la llegada a Cuba de su Santidad Juan Pablo II, en enero de 1998, el gobierno cubano había disminuído en intensidad sus andanadas ofensivas contra los opositores y reporteros fuera del control estatal.

En el transcurso de este año se había experimentado una relativa calma. Las detenciones y amenazas crecieron, después de septiembre, considerablemente. Pero el artículo del señor Cotayo rompe la tregua y lanza un reto.

Con un lenguaje retrógrado, en el mejor estilo estalinista, Cotayo hace notar que en la ley del presupuesto para 1999 se destinará un fondo de dos millones de dólares para financiar a "grupitos que Washington denomina como periodistas independientes".

Tomando como prueba un trabajo del 14 de octubre en El Nuevo Herald, escrito por Alejandro Armengol, y titulado "Periodistas independientes: receta para publicar en Miami", Nicanor León Cotayo destaca que los freelancer cubanos son "mercenarios de la palabra" y los descalifica, poniendo en tela de juicio su profesionalidad.

El señor León Cotayo termina con las añejas acusaciones de "anexionistas", reiteradas veces usadas por el gobierno contra los periodistas alternativos. Vayamos por parte.

Puede que sea cierto que el gobierno de Estados Unidos haya autorizado dos millones de dólares para financiar a la prensa independiente en Cuba y que el régimen de Castro lo vea como una injerencia. Dos millones resulta una cifra ridícula en comparación con los casi mil millones de dólares que se espera ingresen en las arcas gubernamentales por concepto de remesas familiares.

Esos dólares que envían los cubanos residentes en Estados Unidos son imprescindibles para el sustento de las familias en la isla, en un país repleto de necesidades, donde los dólares sólo alcanzan para paliar las carencias de comida, ropa, artículos de aseo y otros útiles de primera necesidad.

Los periodistas que toman la decisión de apartarse de la línea oficial son expulsados de sus empleos y no se les respeta que hayan laborado por más de 20 años para la prensa gubernamental. Raúl Rivero y Tania Quintero, los dos de Cuba Press, eran sólidos profesionales al servicio de la revolución. Al librarse de las ataduras y ejercer como independientes fueron separados de su labor.

En el caso de Tania, luego de más de 30 años de trabajo, no le han pagado un centavo por concepto de jubilación. Cuando fue expulsada de la televisión cubana, el 4 abril de 1996 le faltaban 19 meses para arribar a los 55 años, la edad estipulada por la ley laboral cubana para el retiro de las mujeres trabajadoras.

Con ese espíritu antidemocrático, y de revancha, el gobierno, en el caso de opositores y periodistas independientes, viola sus propias leyes. Salvo excepciones a la inmensa mayoría de los que disienten no se les permite trabajar en puestos estatales y, en ocasiones, ni por cuenta propia.

Entonces, ¿de qué van a vivir la veintena de grupos de prensa libre existente en el país?

Encima, tampoco pueden publicar en su patria. En la práctica son obligados a enviar sus despachos hacia el exterior. En primer lugar a Miami, porque allí viven casi 2 millones de cubanos interesados en saber sobre la otra Cuba, la verdadera, la del descontento, la del aumento de la criminalidad, drogadicción y prostitución, males que el gobierno quisiera ocultar.

Otra vía de difusión es internet, que desde 1995 vienen utilizando los periodistas independientes, gracias a personas radicadas en Estados Unidos y otros países.

La supuesta concesión de dos millones de dólares del gobierno de Estados Unidos sería un paliativo para sobrevivir porque constituiría una ayuda humanitaria. Pero ella no alcanza, siquiera, para comprar medios de trabajo ni para gastar en fax o llamadas al exterior con tarjetas pre pagadas.

Mueve a risa pensar que 25, 50 o 100 dólares, cantidades que recibirían algunos de esos corresponsales, pudieran servir para la "subversión", como recientemente señalara el presidente del Parlamento cubano, señor Ricardo Alarcón, en el congreso de escritores y artistas.

El carácter pacífico de estos grupos es de sobra conocido por el propio régimen y por la opinión pública mundial, que después de la visita del Papa sigue más de cerca la situación cubana. Ese dinero que Estados Unidos remitiría sería destinado a lo mismo que lo destinan el resto de los cubanos: comprar comida, aceite, jabones y un largo etcétera.

O sea, que esos dos millones también irían a parar a las arcas gubernamentales. Es conocido que si la ayuda fuera material (papel, cintas de máquinas de escribir, bolígrafos, computadoras personales), la Seguridad del Estado la ocuparía, con el argumento que son "artículos para subvertir" el orden interno.

La prensa independiente está contra la espada y la pared. Acusados de "quintacolumnistas, traidores y anexionistas" en su patria y muchas veces incomprendidos por ciertos sectores radicales, de Miami que han llegado a alinearlos al lado de los pro castristas. Es el precio por escribir de un modo veraz sobre la realidad cubana.

Esa suma de dinero no es más que un pretexto para darle una nueva batida a la prensa independiente. El gobierno de Cuba, una vez más, se niega a abrirse a sus propios ciudadanos, premisa imprescindible antes de abrirse al mundo.

Respeto por las opiniones contrarias y libertad de expresión son malas palabras para la dirigencia local. Para ellos, democracia es sinónimo de salud pública y educación gratuita. Y todo aquel que ose criticar las deficiencias de la revolución se convierte en un enemigo. Se va a los extremos. No hay matices. La ideología se polariza.

No me opongo a que Nicanor León Cotayo descalifique la calidad profesional de la prensa libre. Es su opinión. Yo también me indigno ante la irritante pasividad de la prensa oficial, que más que informar desinforma y manipula la verdad.

Pienso que entre los independientes hay periodistas de talento, como Raúl Rivero, Germán Castro, Mercedes Moreno, Ariel Tapia y Tania Quintero, entre otros. También algunos de los cuales se vieron obligados a marchar al exilio: Rafael Solano, José Rivero, Olance Nogueras o Ana Luisa López Baeza.

Que la calidad periodística no es la que todos quisiéramos, es cierto. Muchos colaboradores de agencias dentro de la isla más parecen voceros de partidos de la disidencia que periodistas. Y en ocasiones malgastan su tiempo en informaciones intrascendentes o mal redactadas.

Pero, por encima de todo, está el valor de reportar cualquier atropello que sucede en el país. Otras agencias, como Cuba Press, hacen reportajes y comentan la vida cotidiana. Su profesionalidad la demuestran los más de 20 mil visitantes semanales que tiene su página en internet y la actitud respetuosa de la prensa extranjera acreditada en La Habana hacia ellos.

En cuanto a la anexión a que hace referencia León Cotayo lo primero que habría que decir es que no se ajusta ni un milímetro a la realidad. No conozco entre los opositores ni periodistas libres a una sola persona que no apueste por la soberanía nacional.

El anexionismo es una vieja teoría del siglo XIX, cuando la guerra contra España y a menudo es tomada por el gobierno cubano para tratar de desacreditar a sus rivales. En estos tiempos no tiene no tiene pies ni cabeza esgrimirla.

A las puertas del siglo XXI, hay que ser un lunático para pensar que Cuba debiera ser un estado más de los Estados Unidos de América. Los gobernantes y sus servidores repiten esa mentira para acusar de falsos patriotas a sus opositores.

Pero ya nadie, dentro o fuera de la isla, cree en epítetos desgastados. La única anexión válida en el mundo contemporáneo es la globalización que se nos viene encima y es indetenible.Y quiéralo o no el gobierno cubano, eso va a ocurrir.

Iván García
Publicado el 20 de noviembre de 1998 en Cubafreepress. 

martes, 16 de agosto de 2011

Secretos para burlar la censura china en Internet


Los microblogs están transformando la forma de generar y consumir información. Pero quizás en ningún lugar del mundo sea más patente el potencial de estos servicios de mensajes cortos en Internet popularizados por Twitter que en China, debido al tamaño de su población y el estricto control que ejerce el Gobierno sobre los medios de comunicación. El país asiático tenía 457 millones de internautas a finales de 2010, un 19% más que un año antes; entre ellos, 230 millones de blogueros. Más de 300 millones navegan con el teléfono móvil.
Gran parte de los internautas chinos desconfían de la televisión y los periódicos. De ahí que se informen -y desinformen, debido a los rumores- en la red, especialmente en los microblogs (weibo, en chino). El servicio de la compañía Sina -el más popular e influyente del país- fue lanzado en agosto de 2009, y en mayo pasado alcanzó 140 millones de usuarios. Otros como los de Sohu, Netease y Tescent le siguen la pista.

Aunque la mayoría de los internautas los utilizan para hablar de sus intereses personales, seguir a las estrellas de la música y el cine o para el trabajo, los microblogs se han convertido también en una potente herramienta para los críticos con el Gobierno y activistas, que los emplean para difundir sus opiniones, intercambiar noticias y denunciar abusos, que de otra forma nunca llegarían a la opinión pública.

Para ello, se ven obligados a jugar continuamente al ratón y el gato con los gestores de las páginas, que bloquean usuarios y borran mensajes. En los foros, miles de colaboradores pagados por las autoridades colocan comentarios favorables hacia las políticas oficiales, con objeto de modelar la opinión pública.

Cuando estallaron las revueltas árabes a principios de año, Pekín vetó las búsquedas de las palabras Egipto y Mubarak (el entonces presidente) en los microblogs, temeroso de que se produjera en China un efecto contagio. Los internautas reaccionaron utilizando la abreviatura Muba o sustituyendo algunos de los caracteres de su nombre por otros que suenan parecido. Y cuando el 3 de abril el artista y disidente Ai Weiwei fue detenido por la policía, sus seguidores circularon miles de mensajes pidiendo su liberación a pesar de que su nombre estaba bloqueado. Emplearon como alternativa ai weilai, que significa amar el futuro y que posteriormente también fue prohibido.

Los censores han vetado los nombres de decenas de disidentes como el premio Nobel de la Paz encarcelado Liu Xiaobo, Hu Jia o el propio Ai Weiwei, y trabajan duro para borrar los mensajes que les hacen referencia. Cuando son tecleados en el servicio de Sina, aparece el mensaje "De acuerdo con las leyes, regulaciones y políticas relevantes, los resultados de la búsqueda no pueden ser mostrados".

Los internautas utilizan ahora para mencionar a Ai términos cariñosos como Ai Pangzi (Ai Gordito) o Lao Ai (Viejo Ai). "¿Será posible votar un día a Ai Pangzi de presidente? Probablemente no", dice un mensaje que ha escapado a la censura. Ai Weiwei, que está acusado de evadir impuestos, fue liberado bajo fianza el 22 de junio. Su familia asegura que fue detenido por su activismo.

Para confundir a los censores, los blogueros emplean también fotos de texto -más difíciles de detectar-, escriben en vertical o colocan imágenes que recuerdan al artista en la foto de usuario.

El control de la información es una prioridad absoluta para el Partido Comunista Chino. Pero la velocidad a la que llegan a las webs los mensajes o los vídeos en caso de protestas como las ocurridas en la provincia sureña de Guangdong en junio pasado, hacen difícil impedir totalmente su difusión. Cuando los censores reaccionan, ya han sido reenviados y vistos por miles de usuarios.

Lo que los activistas no logran publicar en los microblogschinos encuentra su vía en servicios extranjeros como Twitter, a pesar de su bloqueo. Para saltar el llamado Gran Cortafuegos y acceder a ésta y otras páginas prohibidas, como la de vídeos de You Tube, los internautas emplean programas informáticos como Tor o Ultrasurf y servidores proxy.

Zeng Jinyan, esposa de Hu Jia -que salió de prisión el 25 de junio tras cumplir una condena de tres años y medio por "subversión de poder el Estado"-, es una activa usuaria de Twitter. Ahí ha relatado el acoso policial que sufre su familia desde hace años, la salida de la cárcel de su marido y cómo siguen vigilados. "He visto un coche y varias personas bajo un árbol frente a la ventana del cuarto de baño. Se me ha puesto la carne de gallina", dice en un mensaje escrito el jueves.

Una condición impuesta para liberar a Ai Weiwei ha sido la prohibición de utilizar Twitter, medida irónica en un país en el que el pájaro azul está bloqueado. El artista envió su último comentario a principios de abril. Su cuenta marca 90,475 seguidores.

José Reinoso
El País, 3 de julio de 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

Derechos a cuentagotas


Para unos, los derechos humanos en Cuba son vulnerados descaradamente. Para otros, en materia de libertades individuales se ha avanzado, aunque de forma timorata, en los últimos 40 años.

Unos y otros tienen razón. No se puede olvidar que en la década de los 60, escuchar a los Beatles era casi un delito. Escribir cartas a familiares o amigos que residían en el extranjero, un síntoma de debilidad ideológica.

Gustarte un Levi’s te marcaba como pequeñoburgués. Ir a misa en la iglesia, una herejía. Criticar abiertamente a Fidel Castro, amén de una cárcel segura o un acto de repudio sonado con decenas de huevos aplastados en tu cara, una osadía que rayaba con la locura.

Por esa época, todos vestíamos iguales. Camisas al estilo de la China de Mao; botas rusas de una factoría de Minsk o zapatos plásticos de fabricación nacional.

El Estado bienhechor otorgaba premios o dádivas de acuerdo a méritos laborales o la conducta revolucionaria. Como un padre. Si cortabas 500 arrobas de caña, podías ganarte una moto de dos velocidades o un televisor Krim-218 en blanco y negro fabricado en la URSS.

Si las hazañas eran repetidas y grandiosas, entonces el gobierno te posibilitaba un viaje turístico por la isla. O te vendía, a plazos, un coche Lada o un Moskvich. El Estado también te ofrecía un ticket para cenar en un restaurante o ver en un cine con aire acondicionado las cinco partes del filme soviético Liberación.

Castro era como Dios. Daba o quitaba, según su estado de ánimo. Si trabajabas mucho y bien, la única organización sindical permitida en Cuba, la CTC, te concedía una casa en la playa por una semana. O un palco en los carnavales, un ventilador, una nevera o un reloj despertador.

El premio gordo era un apartamento en Alamar o un viaje por dos semanas a un país socialista de la Europa del este. De una forma u otra, todos nos debíamos al Estado.

Al amplio aparato de vigilancia oficial no se le escapaba nada. Ni siquiera los ‘tarros’ (infidelidades). Si usted era uno de los gloriosos soldados que “cumplía misión internacionalista en Angola” y su mujer aburrida y sola se acostaba con un vecino, un 'compañero' del partido comunista, muy serio, se lo hacía saber al marido.

En caso de perdonarle los cuernos a su mujer, el hombre podía perder el carnet rojo del partido y ser tildado de 'flojo' o de maricón. Sucesos como ésos eran cotidianos en la Cuba de finales de los 70. Aunque cueste creerlo.

Si lo comparamos con los primeros cinco años de revolución, era un 'paso de avance'. Entonces, por ser opositor te podían fusilar. Y por ser gay te podían mandar a la UMAP, siglas de un campo de trabajo forzado.

A fines de los 80 algunas cosas cambiaron. La gente en las bodegas despotricaba contra el régimen y los soplones lo pasaban por alto. Ya en esa época, los antiguos ‘gusanos’ (emigrados) eran un factor valioso. Aparte de ingresar dólares frescos a una economía derrochadora e ineficiente, permitía a la ciudadanía el contacto con los cubanos de la otra orilla.

Los talibanes ideológicos nunca vieron con buenos ojos a los 'gusanos'. Con la llegada del período especial, en 1990, el gobierno tiró al cesto el libro verde del fundamentalismo castrista y se aprestó a sacar agua del barco que se hundía.

Llegaron los negocios con los denostados pícaros capitalistas y aperturas en el trabajo privado. Se legalizó el dólar, la moneda del 'enemigo imperialista', y el Estado perdió una cuota importante en el control e intimidación sobre las personas.

Así y todo, habían y aún existen, un puñado de libertades inalienables en cualquier ser humano que la gerontocracia dirigente quiere soslayar. Desde 2008, el general Raúl Castro dio el visto bueno para que los cubanos puedan tener móviles y alquilar coches y habitaciones en hoteles vedados a los cubanos.

De ser personas de tercera categoría, pasamos a ser ciudadanos de segunda. Es muy poco todavía. Las personas quieren más. Internet para todos. Entrar y salir de la isla sin permiso estatal. No perder tu casa si decides emigrar. Y tener la posibilidad de adquirir legalmente un auto o una vivienda. Puede que los apremios de una mayoría se cumplan.

Pero siempre quedarán libertades civiles y políticas ignoradas. En materia de derechos, éstos nunca sobran. Aunque el gobierno de Castro los recete a cuentagotas.

Iván García

Nota.- El 15 de agosto de 1965, hace hoy 46 años, los Beatles actuaron en el Shea Stadium de Nueva York. El mismo día y aproximadamente a la misma hora en que los cuatro de Liverpool cantaban en el apoteósico concierto, en La Habana yo daba a luz a Iván, mi segundo y último hijo. Un año y quince días antes, el 1 de agosto de 1964, había nacido su hermana Tamila (Tania Quintero).

domingo, 14 de agosto de 2011

Cinco dictadores excéntricos

Decía el famoso historiador inglés Lord Acton que el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. No hay más que mirar la historia reciente de algunos países que han tenido la desgracia de ser gobernados por personajes tan tiranos como extravagantes. Destacamos cinco de ellos.

Nicolae Ceausescu.-
Al que fuera secretario general del Partido Comunista Rumano desde 1965 hasta su ejecución, en 1989, no le faltaba modestia; se autodenominaba «Genio de los Cárpatos» e incluso en contra de su visión antimonárquica, usaba un cetro. Cuando en 1974 decidió que no le bastaba el cargo de secretario del Partido y quería el de presidente, se explicó diciendo: «Un hombre como yo nace cada quinientos años».

Tampoco quería el mal para su familia. Exigió que su esposa (medio analfabeta) formara parte de la Academia de las Ciencias de New York y el Instituto Real de Química y que su nombre apareciera en todas las investigaciones científicas de Rumanía. Su hijo, también «publicó» diversos volúmenes sobre física nuclear. La guinda a su excentrícidad la puso con el descomunal palacio, tan grande que el actual parlamento sólo ocupa un 30% de su espacio.

Rafael Leónidas Trujillo.-
Dictador de la República Dominicana de 1930 a 1938 y de 1942 a 1952. Cuentan las biografías que su personalidad estaba marcada por una gran represión y resentimiento social, debido a las carencias de afecto a las que fue sometido durante su niñez .

Aún así, tenía un gran instinto de poder acompañado de un intenso deseo por el dinero. Trujillo era metódico, puntual, reservado y sigiloso. Su amor por la ropa ostentosa se notaba en sofisticados uniformes y trajes de los cuales llegó a coleccionar más de dos mil, combinados siempre con sus más de diez mil corbatas y su intenso olor a perfume.

Como muchos otros dictadores de su calaña, pensaba que era Dios y llegó a ordenar que todas las iglesias de su país colocaran un cartel que decía «Dios en el Cielo, Trujillo en la Tierra» . Organizó un evento de 30 millones de dólares denominado la «Feria de la Paz y la Fraternidad del Mundo Libre», donde nombró a su hija como reina y coronel a su hijo de 3 años.

Idi Amin.-
Entre los singulares títulos que poseía el dictador de Uganda desde 1971 hasta 1979, destacan los de «Conquistador del Imperio Británico», «Presidente Vitalicio» o «Rey de Escocia» . Cuentan que escribía cartas de amor a la reina Isabel de Inglaterra.

Presuntamente también practicaba el canibalismo con algunos de los disidentes a su régimen, o directamente los arrojaba como bocado a sus cocodrilos. También prohibió la entrada a asiáticos al país, después de que una mujer oriental se negara a casarse con él.

Muamar el Gadafi.-
Dirige Libia desde que en la revolución de 1969 tomara el poder bajo el título de «Hermano Líder y Guía de la Revolución». Afirma que Libia es una democracia directa. Cuenta con guardaespaldas femeninas que deben ser vírgenes. Su particular visión de la moda le lleva a combinar vestidos tradicionales islámicos con gafas de sol.

Ha llegado a culpar a Osama bin Laden de la rebelión que sufre su país, y una vez afirmó que conquistó los Estados Unidos o que Israel fue responsable del asesinato de John F. Kennedy.

En venganza por la colonización de Libia durante la Segunda Guerra Mundial, Gadafi prohibió a los italianos entrar en su país. Tampoco se queda corto con los suizos, con los cuales tuvo un serio rifirrafe diplomático, político y comercial en 2008-2010 y llegó a pedir a la ONU que la Confederación Helvética fuese disuelta.

Saparmurat Niyazov.-
Fue presidente «vitalicio» entre 1990 y 2006 de Turkmenistán, un país desértico en el que ordenó construir un castillo de hielo enorme. También será recordado por prohibir el maquillaje, los dientes de oro o los playbacks en los conciertos.

Exigió que el libro que él había escrito tuviera el mismo estatus que el Corán en las mezquitas. De hecho, todos los empleados debían memorizarlo para mantener sus puestos de trabajo, y no se podía obtener un permiso de conducir a menos que conocieras todos sus textos al pie de la letra.

Por supuesto, durante su terrible mandato no existía ningún otro partido que el suyo. Como él mismo dijo, «No hay partidos de la oposición, así que ¿cómo se les puede conceder la libertad?».

ABC, 7 de julio de 2011

sábado, 13 de agosto de 2011

26-6-76 no son mis números de la suerte


26-6-76 no es una fecha. Tampoco son mis números de la suerte. Eran los dígitos con los cuales un oficial tosco, con una complexión adquirida gracias a muchas horas en el gimnasio, me llamaba con voz de trueno a la puerta tapiada de una celda de Villa Marista, sede del Departamento de Seguridad del Estado.

Cómo olvidar esos 13 días tras las rejas, del 8 al 21 de marzo de 1991, acusado de "propaganda enemiga".

Los fatídicos guarismos me vinieron a la mente cuando en la lotería ilegal de la isla, conocida como 'la bolita', salieron premiados los tres números, en ese mismo orden: 26, 6 y 76.

Le pregunté al viejo Arsenio, 'bolitero' del barrio, si alguien ganó con el 26, el número fijo, o con el 6 y 76, los dos corridos. " Nananina, no hubo na’ pa’ nadie", respondió Arsenio con su criolla manera de expresarse.

No juego a 'la bolita', pero le conté el significado que tenían esos números para mí. Muy serio, Arsenio me dijo: “A partir de ahora, le pondré dinero por lo menos seis meses, los números suelen repetirse”.

Reí y le respondí que no era culpable si perdía su dinero, y los números no salían. “Yo te voy a hacer un cuento, cuando te diga, coge Iván, estos mil pesos de regalo”, contestó risueño.

Un eslogan cubano aseveraba que la lotería era la esperanza de los pobres. Eso fue antes de que los Castro, entre tantas cosas, de un machetazo también eliminaran esa esperanza.

A pocas cuadras del domicilio de mi hija, hay una calle de casas idénticas. Fueron construídas hace más de 50 años por el dueño de la fábrica de jabones Candado, quien al parecer tenía acciones en la lotería nacional, legal antes de 1959. Las personas que se sacaban el premio gordo, ganaban una vivienda.

Ahora, si te sacas el premio mayor en la bolita, el dinero no alcanza para comprarte una casa. Ni repararla si se encuentra en mal estado. Pero la plata te permite tomar cerveza de calidad en divisas y, quizás, conseguir unas libras de carne de res.

De cualquier manera, no voy a seguir el consejo de Arsenio, de apuntar por un tiempo al 26-6-76. Aunque ganara, no me traería gratos recuerdos. Si salen los escalofriantes dígitos, prefiero que el viejo 'bolitero' obtenga el dinero.

Iván García
Foto: Villa Marista, en la calle San Miguel, Reparto Sevillano, municipio 10 de Octubre, La Habana.

viernes, 12 de agosto de 2011

La novela de espías da señales de vida


El primer auge de la novela de espías coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial, aunque ésta existiese desde mucho antes (El espía, de James Fennimore Cooper, de 1821, figura como el disparo inaugural del género).

Aunque fue después de la Segunda Mundial cuando el 'thriller' de infiltrados se convirtió en algo realmente serio (más que un subgénero, un género cada vez más poliédrico). Ian Fleming creó a James Bond en 1952, la época dorada del espía literario, que no tardaría en dar el salto a la gran pantalla y hacer pedazos el maniqueísmo, porque el espía es bueno para unos y muy malo para otros.

Pero volviendo a épocas pretérritas, quizá el primer clásico del género sea Kim, de Rudyard Kipling. Publicada en 1901 (seis años antes de que le dieran el Premio Nobel), fue considerada una novela de aventuras y sin duda alguna la que mejor retrataba a la sociedad hindú bajo el yugo colonial británico. El protagonista, Kim, huérfano de un soldado irlandés, acompaña a un lama tibetano en la búsqueda de un río sagrado, pero el viaje esconde una misión secreta, en realidad, el primer paso de la carrera de Kim en los servicios secretos.

La novela inspiró otros clásicos, como el 'Siddhartha', de Herman Hesse. Dos años más tarde (en 1903) llegaría Enigma de las arenas, de Robert Erskine Childers, la novela que definió el género y anticipó lo que vendría tras la Primera Guerra Mundial. De hecho, Childers analizó los primeros años del siglo XX, años de creciente tensión política, que acabarían desembocando en la Primera Guerra Mundial, prestando especial atención la postura cada vez más agresiva de Alemania.

Porque la novela de espionaje, como la novela negra, está muy ligada a la sociedad, y especialmente, a los conflictos subyacentes del orden mundial. A más tensión política, más novelas. De ahí que James Bond fuese creado siete años después de que acabara la Segunda Guerra Mundial y en el momento en que la Guerra Fría vivía su primer estallido interno (año 1952).

Su persistencia, en librerías y salas de cine, y el interés de grandes escritores, como Kingsley Amis, en el personaje (Amis llegó a escribir una de las entregas bajo el seudónimo de Ian Fleming), coincidió con la de la Guerra Fría, y su desaparición, así como el paso del género a una tercera división dentro de la novela policiaca, coincidió también con la caída del muro de Berlín (1989) y el fin de las amenazas mundiales.

Pero no sólo James Bond estuvo presente durante esa época. Graham Greene se inspiró de hecho en sus propias experiencias como agentes secreto de la inteligencia británica para crear El americano impasible, también en 1952, y otro puñado de historias, entre las que destaca Nuestro hombre en La Habana (de 1959), las delirantes peripecias de un espía británico en la Cuba precastrista.

En esa época nació John Le Carré como escritor, y el mítico George Smiley, un espía con problemas matrimoniales. Frederick Forsyth y el primer Ken Follett se aproximaron de forma periodística al tema y ampliaron los horizontes de un género que definitivamente estaba viviendo su época dorada. Época que alcanzó los 80. Tom Clancy publicó La caza del octubre rojo en 1984. Y Norman Mailer puso el punto y aparte a una época narrando la disolución de la Unión Soviética en Harlot's Ghost, con espías como protagonistas, en 1991.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 devolvieron al lector las ganas de echar un vistazo a las oficinas (y las casas) de los agentes secretos del siglo XXI. ¿Y qué pasó? Que Frederyck Forsyth regresó. El afgano, de 2006, narra la infiltración de un agente británico en Al-Qaeda; y Cobra, editada el año pasado, se sumerge en el mundo de las drogas.

¿Y quién más regresó? John Le Carré. En 2001 se publicó El jardinero fiel, una de sus más aclamadas novelas, y el año pasado, la que dicen es su vuelta a los orígenes, Un traidor como los nuestros. Así las cosas, no es de extrañar que haya vuelto el mismísimo James Bond.

El encargado de firmar su nueva aventura es Jeffrey Deaver, el responsable de El coleccionista de huesos (y otras 26 novelas de misterio más), que fue elegido por los herederos de Ian Fleming para devolver a la vida a tan encantador agente.

El libro se titula Carta blanca (Editora Umbriel) y en él Bond ha sido reclutado por un nuevo servicio de inteligencia. Un servicio que no depende del MI5, del MI6 ni del Ministerio de Defensa. Es más: las altas esferas niegan su existencia. Su objetivo es proteger el Reino Unido. La primera misión pilla a Bond cenando con su última conquista.

Se ha interceptado un mensaje cifrado electrónico que habla de un ataque que tendrá lugar en unos pocos días: se estiman miles de muertos y un perjuicio considerable para los intereses británicos. Las autoridades dan al agente 007 carta blanca, lo único que quieren es que evite el atentado, cueste lo que cueste.

A juzgar por el éxito de su regreso (número uno en descargas en Amazon la primera semana), la vuelta de la saga está asegurada. Y si James Bond ha vuelto es porque corren buenos tiempos para el espía literario.

Laura Fernández
El Mundo, 5 de julio de 2011

jueves, 11 de agosto de 2011

El edificio Rosara


Si se quiere conocer el alma de los cubanos, necesariamente se debe vivir en un solar o edificio múltiple. Es ahí donde se encuentra la diversidad. Historias de jineteras, chulos, gays, buscavidas, rateros y disidentes.

Les invito a conocer el edificio situado en el número 12 de la calle Carmen, entre 10 de Octubre y San Lázaro, en la barriada habanera de Lawton. Consta de una planta baja y otra superior y un total de 8 apartamentos, unos más amplios que otros. Cuatro interiores y cuatro exteriores, con terrazas a la calle.

Fue mandado a construir en 1957 por Rosara, una boticaria oriunda de Galicia. Luego de guardar durante años moneditas y billetes arrugados debajo de su colchón, la gallega decidió dar un salto en su vida y convertirse en propietaria.

La idea era buena, pero los tiempos eran malos. Fue inagurado en 1958. Un año después, Fidel Castro y sus barbudos tomaron el poder y nacionalizaron fábricas, centrales azucareros, refinerías e inmuebles. Rosara nunca pudo recuperar el dinero invertido.

Han pasado 53 años. La fachada del edificio no se ha vuelto a pintar completa. Comparado con las cuarterías inmundas del siglo 19 en la parte vieja de La Habana, que se derrumban al paso de un chubasco o vientos de mediana intensidad, Rosara es un hotel cinco estrellas.

Les presento a sus inquilinos. Por un estrecho pasillo lateral residen cuatro familias. Una madre con tres hijos, sin empleo y desajustes mentales, que come lo que aparezca y vive como una gitana.

En el otro apartamento, un vecino dedicado a la santería. Arriba, un matrimonio de antiguos leales a Castro. En su ocaso, sobreviven con la chequera de jubilación y remesas ocasionales giradas desde Miami.
Al lado, una familia mantenida por su hija. Desde Italia, ella les envía euros, para que puedan hacer dos comidas diarias y dormir con aire acondicionado.

En uno de los apartamentos de la planta baja, con terraza, habita un matrimonio de rectos modales con un hijo estudiante universitario. Contiguo, el clásico tipo generoso, a quien constantemente los vecinos del barrio molestan por dominar diversos oficios. En el piso superior, un especialista en estadísticas deportivas, serio y callado.

Es un edificio donde la gente acostumbra dar los buenos días, cosa rara en la isla. Y no piden dinero, azúcar o arroz prestado, costumbre en la mayoría de las cuarterías e inmuebles de la capital.

Tampoco suelen haber reyertas familiares violentas por asuntos nimios como zamparse el pan del hermano otorgado por la cartilla de racionamiento o vender la cuota de huevos de los padres, que ha ocasionado más de un hecho sangriento en el país.

El edificio Rosara es un trozo de la Cuba de hoy. Vecinos que se han marchado al exilio, personas que disienten públicamente y buenos trabajadores que acuden a las citas convocadas por el gobierno.

Dejo para el final al inquilino que habita en el apartamento 3. Es periodista independiente y tiene dos blogs. Desde hace dos años, intenta reparar su destartalado piso. Un día, aspira a vivir en él con su hija y su esposa.

Iván García

miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuba: el síndrome de Benjamín Button


A los hermanos Castro y a la nomenclatura cubana les gustaría ser como el protagonista del relato de Francis Scott Fitzgerald, El curioso caso de Benjamin Button, que David Fincher llevó al cine en 2008, con Brad Pitt como protagonista. Es la historia de un hombre que nace con el cuerpo de un anciano y va rejuveneciendo con el paso del tiempo hasta que muere a los 85 años con el aspecto de un bebé.

La gerontocracia cubana desearía que su reloj biológico fuera como el de Benjamin Button para poder caminar hacia atrás en el tiempo. La cuadrilla de ancianos que gobierna Cuba desde hace más de medio siglo se resiste a aceptar lo inevitable. Su vida y su obra están a punto de fenecer. Pero ellos actúan como si fueran a vivir eternamente, como si su obra fuera a persistir. Viven encerrados en una caverna como la ideada por Platón, cegados por un vano solipsismo que les impide ver la realidad.

Es difícil creer que la revolución cubana va a continuar después de la desaparición física de sus hacedores. Produce estupor ver a Raúl Castro pegar parches con saliva en las velas desplegadas a todo trapo de un barco encallado. Sorprende ver al otrora Líder Máximo bendecir sin rechistar las "reformas" de su hermano que, entre otras cosas, legitiman a los merolicos, los trabajadores por cuenta propia a los que demonizó con acusaciones de "contrarrevolucionarios, bandidos, especuladores y lacra social explotadora".

Al sanedrín de ancianos que gobierna Cuba ya no les queda ni siquiera la vergüenza de enrocarse en sus "convicciones". Han dejado de ser lo que dicen que fueron. En 1959, Fidel Castro dijo: "Queremos liberar de dogmas al hombre (...) el problema es que nos dieron a escoger entre un capitalismo que mata de hambre a la gente, y el comunismo, que resuelve el problema económico pero que suprime las libertades tan caras al hombre".

Cincuenta y dos años después no se sabe muy bien en qué quedó aquella elección porque en Cuba no hay libertades y tampoco se ha resuelto el problema económico. Por eso Raúl Castro, en un más difícil todavía, parece inclinarse ahora por una mixtura entre comunismo y capitalismo, es decir que Cuba sea capitalista sin dejar de ser comunista. Como en el juego de Rayuela (se llama Pon, en Cuba), Raúl Castro salta a la pata coja de una casilla a otra para salir del purgatorio y alcanzar el paraíso con cuidado de no caer en el infierno.

En su libro Rayuela, Julio Cortázar propone al lector una búsqueda a través del caos. Y eso es lo que parece estar haciendo Raúl Castro. Después de destruir Cuba junto con su hermano, se postula ahora como arquitecto para reconstruir el país. El emperador cubano sueña con la Domus Aúrea, la Casa de Oro que Nerón edificó sobre las cenizas de la Roma que ordenó incendiar. Las "reformas" que ha puesto en marcha son un lavado de cara, un espejismo en medio del desierto para hacer creer que el sistema puede reformarse desde dentro.

Si damos la vuelta al famoso anatema de Fidel Castro: "Dentro de la revolución todo; contra la revolución, nada", podría decirse: "Contra la revolución, todo; dentro de la revolución, nada". A partir de esta premisa ¿se puede encarar el futuro de Cuba? Hay muchas variables en juego. No se puede trazar una línea divisoria entre los que miran al pasado y los que lo hacen al futuro. Dentro del régimen hay fuerzas contrapuestas entre los duros y los pragmáticos; fuera de él, la sopa de letras que forman el insilio y el exilio, hacen muy difícil un frente común contra la dictadura. Sin embargo, todos esperan el hecho biológico, la desaparición física de los hermanos Castro.

La monarquía cubana no tiene un heredero como en Corea del Norte o Siria. La revolución devoró a sus propios hijos y no queda nadie con el carisma suficiente como para aglutinar a las distintas "familias" que controlan el país. La lucha por el poder puede ser despiadada como lo fue en la URSS tras la caída del comunismo. No será por ideología sino por dinero. Como dicen los gánsteres de la película El Padrino, de Francis Ford Coppola, "no es nada personal, solo son negocios".

En el caso de que la nomenclatura resuelva la disputa a la rusa, quizá también como en Rusia alumbren a un aprendiz de brujo que quiera "blanquear" la revolución con un partido similar a Rusia Unida, de Vladímir Putin. Si a Enrique IV de Francia, París bien le valió una misa, el Putin cubano y su camarilla no tendrían inconveniente en someterse al veredicto de las urnas teniendo como tienen todos los resortes del poder en sus manos. Hay muchos intereses en juego y harán lo imposible por mantener el control sobre los recursos económicos del país.

Los partidos democráticos y sus líderes, desconocidos por el pueblo cubano, tendrán que decidir si quieren participar en un juego desigual con rivales experimentados y con las cartas marcadas o, por el contrario, se inclinarán por un borrón y cuenta nueva. Hay grupos radicales que rechazan todo contacto con la dictadura, pero otros preconizan un diálogo con los "reformistas" para negociar una transición pacífica a la democracia. El modelo español es una referencia para ellos. También, la Concertación de Partidos por la Democracia chilena, que aglutinó a los principales sectores de la oposición a Augusto Pinochet y derrotó al candidato de la dictadura en las elecciones presidenciales de 1989.

Es muy difícil especular sobre lo que va a pasar en Cuba. La tarea que se ha propuesto Raúl Castro para "actualizar" el modelo y garantizar la "irreversibilidad" del socialismo, es una quimera tan fantástica como el monstruo imaginario de la mitología griega que tenía tres cabezas, una de león, otra de cabra y otra de dragón que salía de su cola. Raúl Castro no echa fuego por la boca, pero sus palabras son cenizas. Lo que arde en Cuba son los rescoldos de una hoguera apagada imposible de avivar.

Los babalaos, los sacerdotes de la santería cubana utilizan un complejo sistema de adivinación para que el orisha o dios Orula les revele el futuro. En ninguna de sus predicciones aparece Benjamin Button, un hombre que nació con el cuerpo de un anciano y va rejuveneciendo con el paso del tiempo hasta que muere a los 85 años con el aspecto de un bebé. Pero los hermanos Castro sueñan con parecerse a Benjamin Button. No quieren darse cuenta de que su reloj no puede ir hacia atrás. Su reloj se detuvo hace mucho tiempo.

Vicente Botin*
El País, 9 de julio de 2011.


*Excorresponsal de TVE en Cuba. Autor de los libros Los funerales de Castro y Raúl Castro: La pulga que cabalgó al tigre.

martes, 9 de agosto de 2011

Mi abuela y los cines de barrio


Les cuento cómo conocí a Charles Chaplin. Toda la semana me la pasé espiando a mi abuela Carmen, para ver dónde ocultaba el monedero. Una noche, mientras escuchaba un partido de béisbol en un antiguo radio RCA Víctor, la vi levantar el agujereado colchón de su cama de hierro y esconder el bolso negro de vinyl.

Al día siguiente, cuando estaba fumando en el balcón, levanté el colchón y del bolso cogí un peso en billete de papel. Tenía 12 años y en 1977 era una fortuna para un adolescente. El domingo, junto a Juan Carlos y Julio César, dos amigos de la escuela, nos sentimos importantes.

Íbamos al cine por primera vez solos. Eran tiempos del socialismo institucionalizado a la soviética. En las salas cinematográficas no se vendían palomitas de maíz, chocolatinas o chicles.

El antiguo cine Roosevelt, rebautizado Guisa por la revolución, era una sala de barrio de las de toda la vida. Costaba cuarenta centavos. Nueve hileras de gastadas butacas de paño que una vez fueron de rojo intenso. Baños con un penetrante olor a orine.

Entre los espectadores habituales, pedófilos y masturbadores que cazaban a sus víctimas a la entrada del cine. Aparentaban ver la cartelera y de soslayo ojeaban las nalgas de alguna chica o notaban el miedo en el rostro de un niño bitongo.

Antes de comenzar la función, compramos una docena de panes con croquetas -las más ricas que he comido en mi vida- a 15 centavos, en un café de mala muerte en la esquina de Monte y Fernandina.

Nos acomodamos en la primera fila para ver a nuestro ídolo lo más cerca posible. En su nube de haz brillante, el proyector trasladaba al genial Chaplin parodiando a Hitler en El Gran Dictador.

Desde entonces, mis amigos y yo nos enganchamos al séptimo arte. El problema era cómo conseguir que nuestras abuelas nos dieran un peso a cada uno, para asistir a las matinés dominicales del cine Guisa.

En mi infancia, todos los fines de semana mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí a ver los estrenos de películas infantiles. En el cine Cuatro Caminos, después de hacer una cola de tres horas bajo un sol africano de mediados de agosto, vimos La vida sigue igual, con Julio Iglesias. Fue su regalo por mi cumpleaños.

Eran tiempos que ir al cine era una salida distinguida. Mejor que ir a misa y tan bueno como almorzar pizzas en el restaurant Doña Rosina. Pero nunca me sentí tan gusto como en el cine de mi barrio.

Cierto que las grandes salas como el Yara, Payret o Trianón por esa época tenían aire acondicionado y unas butacas suaves que te envolvían. Una de dos. O veía las películas con regodeo. O tiraba una siesta placentera mientras los chicharos hacían su digestión.

Los cines de barrio eran otra cosa. En la entrada, a la derecha, estaba la señora que nunca envejecía con su pulcra blusa blanca de algodón y su sonrisa artificial, mientras recogía el boleto y una mitad lo introducía en un cajón carmelita, rústico y alargado.

Otros dos personajes eran la acomodadora que con su linterna china te llevaba por un laberinto oscuro hasta la butaca, y el proyectista. En esa época, eran frecuentes los cortes de películas a la hora de cambiar los rollos. Cuando eso sucedía, como energúmenos gritábamos ‘¡cojo suelta la botella!’.

Luego nos mudamos de la barriada pobre de El Pilar, en el Cerro, donde nací, para La Víbora, en el municipio Diez de Octubre. También habían cines de barrio. Pero ya era un adolescente y las películas rusas, soporíferas y extensas, no eran de mi agrado.

Cuando en 1990 llegó el “período especial”, los cines de barrio que quedaban, empezaron a desaparecer. Hoy algunos son almacenes de productos ociosos. El Gran Cinema, en la Calzada de 10 de Octubre esquina O’Farrill, perdió el techo y lo han convertido en una escuela de acróbatas de circo.

Y el Guisa, el cine de mi niñez, donde vi por vez primera a Chaplin, John Wayne y Vivien Leigh, hace tiempo que no existe.

Lo siento por mi hija Melany de 7 años, pues tenemos que desplazarnos a 15 kilómetros para poder llevarla a una multisala en la calle Infanta, sin el glamour que tenían aquellos viejos cines. Como otras niñas de su edad, su ídolo es Hannah Montana.

Hace 37 años yo no dejaba de ver una película de Charles Chaplin, aunque tuviera que cogerle un peso a escondidas a mi abuela, para quien 40 centavos era mucho dinero. Es que a ella las tandas que le gustaban eran las ofrecidas los miércoles en el cine Valentino. Ese día proyectaban cintas mexicanas y la entrada costaba 10 centavos.

Iván García

Foto: cuban1991, Panoramio. Cine Alameda, en Santa Catalina y Párraga, municipio 10 de Octubre.

lunes, 8 de agosto de 2011

El verdadero Tío Tom


Estados Unidos vive estos días una campaña para limpiar la reputación del protagonista de La cabaña del Tío Tom (1852), la novela que cambió la faz del país.

Concebido en su día como héroe y recibido por la mayoría de la población negra como una figura inspiradora, con el paso de las generaciones 'Uncle Tom' había acabado con tintes de villano. El activismo radical negro, como el de Malcolm X, lo llegó a identificar con el colaboracionismo y la dócil asimilación.

En los años del movimiento por los derechos civiles de la décadas de 1950 y 1960, llamar 'Tío Tom' a alguien era el peor insulto que un negro podía dirigir a otro. La literatura comprometida de entonces contraponía dos arquetipos históricos: el 'esclavo del campo', luchador y difícil de doblegar, y el 'esclavo de la casa', empleado como sirviente del blanco en su ámbito doméstico, mejor tratado y traidor de su raza.

Cuando se cumplen doscientos años del nacimiento de Harriet Beecher Stow, la autora de 'The Uncle's Tom Cabin', un libro (Mightier Than the Sword', de David S. Reynolds) y diversos artículos tratan de restituir el carácter ejemplar del Tío Tom, personaje de ficción, aunque concorde con la experiencia del esclavismo cotidiano del que Stow era testigo.

En la novela, este esclavo de Kentucky se ve obligado a dejar su 'cabaña' de madera, donde vive con su familia en actitud de devoción hacia el buen hombre blanco que acaba vendiéndole, y es transportado Misisipi abajo para terminar sus días en una plantación de Luisiana, en medio de atroces castigos y sin levantar la mano contra quien le extermina. A pesar de lo que puede parecer, en realidad el personaje era un modelo de fuerza física, coraje moral y solidaridad con su raza, todo lo contrario al significado que luego acabaría atribuyéndose a su nombre.

La novela, de calidad discutible especialmente bajo los estándares de hoy, es un manifiesto contra la esclavitud y su éxito inmediato contribuyó enormemente a que la opinión pública abrazara el abolicionismo. En el primer año, en Estados Unidos se vendieron 300 mil ejemplares, cifra inusitada entonces. Fue el primer gran impacto de una novela estadounidense en el mundo.

Pronto hubo versiones para el teatro, que hicieron la obra extremadamente popular. Frederick Douglass, antiguo esclavo y primer líder negro, aseguró que nadie había hecho tanto para el progreso de los afroamericanos como Stowe. De hecho, actitudes trascendentales como las de Rosa Parks, la mujer que en 1955 se negó a dejar el asiento a un blanco prendiendo con ello el movimiento pro derechos civiles, o del reverendo Martin Luther King entroncaron con el pacifismo del Tío Tom.

Emili J. Blasco
ABC, 29 de junio de 2011

domingo, 7 de agosto de 2011

Repaso al cine cubano


Según los historiadores, el 24 de marzo de 1897, se inició el cine en Cuba con la primera función oficial. Algunos marcan el inicio con las matinés populares de vistas fijas que ya en 1895 se exhibían en diversos locales del Paseo del Prado.

Se considera que la primera muestra al público fue unos días antes, el 7 de febrero de 1897. Estuvo a cargo del francés Gabriel Veyre, en una sala ubicada en Prado 126, justo al lado del antiguo teatro Tacón, hoy Gran Teatro de La Habana.

Desde esa fecha y hasta el 24 de marzo de 1959, cuando el gobierno revolucionario de Fidel Castro promulgara la ley que creaba el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), el cine en la isla ha tejido una historia para enmarcar con letras góticas.

Si damos crédito a los investigadores del ICAIC Héctor García, María Eulalia Douglas y Raúl González, en su texto El cine mudo en Cuba, 1897-1933, cerca del 83% de los filmes realizados en ese período se dan por perdidos.

La película más antigua que se conserva es el corto de un minuto El Parque de Palatino realizado en 1906 por Enrique Díaz Quesada, uno de los precursores del cine cubano.

Fueron precisamente Díaz Quesada y Ramón Peón los grandes artífices de la cinematografía local en la primera mitad del siglo XX. Cierto que la mayoría de los filmes cubanos en esa etapa se regían por un marcado criterio comercial, lo que lastraba en grado sumo la calidad como obra de arte de dichas cintas.

La ola avasalladora de la industria cinematográfica en Argentina y México dejó sin aire al cine del patio hasta mediados de los años 40. Luego llegó Hollywood y su sistema de estrellas. En la década de 1950, Cuba contaba con gran número de salas de cine, equipadas con la última tecnología. El 90% de los filmes exhibidos venían de Estados Unidos.

De esa tiranía del mercado que sin pistola imponía la industria de Hollywood, lograron escapar jóvenes talentosos y amantes del cine como Julio García Espinosa, Jorge Haydú, Tomás Gutiérrez Alea (Titón), Alfredo Guevara y José Massip. En enero de 1958 ellos estrenaron en el anfiteatro Varona, de la Universidad de La Habana, el documental El Mégano, acaso el precursor de los cánones artísticos de lo que un año después sería el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos).

La fundación del ICAIC el 24 de marzo de 1959 fue de las primeras leyes promulgadas por Fidel Castro. La naciente revolución apoyó desde su inicio al cine hecho en la isla. Ya se sabe lo costoso de la industria cinematográfica. Pero Castro abrió la billetera para que Alfredo Guevara, su amigo de los años universitarios, gestionara la nueva empresa.

El arte es arte. Y si bien entre los creadores -a cualquier nivel- existen celos, protagonismos y egos inflados, es innegable que los criterios artísticos tienden a imperar sobre los políticos.

Ha sucedido en obras cinematográfica paridas por el ICAIC. Los choques y desavenencias han venido del poder. El primero y, que marcó el inicio de la lenta estrangulación a la diversidad de criterios por parte de los talibanes ideológicos, fue el documental PM, realizado en 1961 por Orlando Leal y Sabá Cabrera, hermano del escritor Guillermo Cabrera Infante, rodado al margen del cine estatal.

A 50 años de distancia, el documental, abiertamente influenciado por el free cinema inglés, y que muestra aspectos sórdidos y reales de la vida nocturna en bares del puerto habanero, hoy uno se pregunta qué doble intención vio Castro en ese rodaje para bajar el hacha de la intolerancia.

Quizás PM fue el conejillo de indias para el nuevo experimento social que ya el comandante único tenía en mente. Lo cierto es que el documental provocó que un Fidel Castro, notablemente enfadado, colocara su pistola rusa encima de una mesa en la Biblioteca Nacional y con voz afónica proclamara su sentencia “Con la Revolución todo, fuera de ella nada”.

Ocurrió en junio de 1961. Y su efecto y coacción a la libre expresión dura hasta la fecha. Esas palabras nos han traído una prensa gris que apenas informa. Unos noticieros que no tienen nada que envidiar a los de Corea del Norte y una doble moral entre muchos cubanos, quienes por la noche desbarran de la gerontocracia gobernante, pero al llamado del sindicato, participan en un acto de repudio contra las Damas de Blanco.

A pesar de todo, el ICAIC ha intentado salvar los muebles. Es el organismo oficial que con más libertad ha expuesto su discurso artístico, y en ocasiones ha sido crítico con los errores y excesos emanados del torbellino revolucionario.

Películas como Alicia en el Pueblo de Maravillas, de Daniel Torres, o Vidas Paralelas, de Pastor Vega y guión de Zoé Valdés, escritora cubana exiliada en París, dos de las cintas más hipercríticos al régimen, fueron rodadas por el ICAIC, aunque después su difusión estuvo limitada.

La época dorada del ICAIC, indudablemente, fue en 1959-99, en sus primeros 40 años. Producían medio centenar de documentales y hasta doce filmes anuales. Gran parte de las vacas sagradas de cine cubano son de ese período.

La lista es larga. Pero no se puede olvidar a imprescindibles como Santiago Álvarez, Nicolás Guillén Landrián, Oscar Valdés, Jesús Díaz y Sara Gómez, en la realización de documentales. Mientras que Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa, Pastor Vega, Humberto Solás y Fernando Pérez son gigantes dentro del largometraje.

El "período especial", esa larga crisis económica en la isla, ha menguado considerablemente la producción nacional. En 2010 se realizaron solo 4 filmes. Más de un director se ha visto obligado a pasar el cepillo por Europa, en busca de una productora que le firme un cheque y poder llevar a cabo su proyecto.

Pero hay talento de sobra entre los creadores más jóvenes. Lester Hamlet, Pavel Giroud, Eduardo del Llano, Juan Carlos Cremata y Esteban Insausti aún no han dado lo mejor de sí.

De los ya establecidos, como Fernando Pérez y Juan Carlos Tabío, se pueden esperar obras maestras. Igual a cualquier industria del celuloide del planeta, el cine cubano tiene de todo.

Hay películas mediocres y aburridas. Por suerte, abundan las notables. Es el caso de La muerte de un burócrata, rodada por Gutiérrez Alea en 1966. Una sátira sobre la burocracia cubana que mantiene plena actualidad.


Iván García
Foto: Escena de La muerte de un burócrata.

sábado, 6 de agosto de 2011

Ni un chino sin ver a Mao


El cine rojo inunda las pantallas chinas. La máquina de la propaganda cinematográfica ha producido una nueva película para ensalzar los logros del Partido Comunista Chino (PCCh) y la figura de Mao Zedong, con ocasión del 90 aniversario de la fundación del partido, que Pekín celebra el 1 de julio.

La fundación de un partido -llamada El inicio del gran renacer para su distribución internacional-, se proyecta en la mayoría de las 6 mil pantallas del país, en un intento de glorificar la trayectoria del PCCh e insuflar ardor patriótico a una juventud nacida cuando el fundador de la República Popular ya había dejado este mundo (1976), y más interesada en Lady Gaga y en los videojuegos que en la política.

Codirigida por Han Sanping, presidente del todopoderoso estudio de propiedad estatal China Film Group, y Huang Jianxin, narra los acontecimientos registrados entre la caída de la última dinastía imperial -Qing- en 1911 y la celebración del primer congreso del PCCh en julio de 1921. Huang asegura que está dedicada a los mártires de la revolución y dice que espera que ayude a recordar sus sacrificios a las generaciones más jóvenes.

Las autoridades han vuelto a utilizar la fórmula de éxito empleada en 2009 con La fundación de una república, otra película épica de los mismos directores que fusiona doctrina política y estrategia comercial, realizada para conmemorar el 60º aniversario de la creación de la República Popular.

La película, igualmente producida por China Film Group, fue un éxito de público -13 millones de espectadores- y taquilla -420 millones de yuanes (45 millones de euros). Con La fundación de un partido prevé ingresar más de 1.000 millones de yuanes (107 millones de euros) y alcanzar una audiencia de 30 millones de personas.

La receta es simple en un país donde la industria cultural está bajo el control absoluto del Gobierno: un extenso reparto de estrellas, bloquear a los posibles competidores y dramatizar un poco la historia. Sus responsables aseguran que un total de 178 conocidos actores participan en esta superproducción, que ha contado con un presupuesto de más de 70 millones de yuanes (7,5 millones de euros). Entre ellos, figuran grandes nombres como los hongkoneses Chow Yun Fat y Andy Lau, los chinos Liu Ye y Fan Bingbing, y el cantante estadounidense-taiwanés Wang Leehom.

La asistencia de espectadores está asegurada. Pekín ha impuesto su proyección en miles de cines, y los exhibidores han recibido la prohibición de mostrar filmes estadounidenses que podrían arrebatarle público como Transformers 3 y Cars 2, que no podrán estrenarse de momento. Kung Fu Panda 2, que ha funcionado muy bien, sufrirá, probablemente, por la prioridad dada a La fundación de un partido.

Los exhibidores cinematográficos han recibido órdenes estrictas de colocarla en todas las salas disponibles. Oficinas gubernamentales y colegios han comprado entradas y han enviado a sus empleados y estudiantes a los cines. China Film Group, que participa en la mayoría de las superproducciones chinas, controla la importación de películas extranjeras.

Para hacer más atractiva la epopeya propagandística, los directores han reforzado la tensión dramática y han utilizado modernas técnicas de producción y un estilo en ocasiones similar al de las series surcoreanas, que tienen numerosos seguidores en China. Ha sido distribuida incluso en formato IMAX.

Los censores también han aportado su grano de arena para garantizar el éxito. Han sido prohibidas las críticas negativas en los periódicos y al menos dos importantes webs de ocio -Douban.com y Mtime.com- han bloqueado la posibilidad de valorar la película y han retirado el sistema de calificación con estrellas, que, sin embargo, sigue activo para otros filmes.

El actor Liu Ye, de 33 años, que encarna a Mao en su juventud, aseguraba en una reciente entrevista en la prensa local que quiere que su personaje capture lo que las audiencias jóvenes de hoy comparten con el joven Mao, como la búsqueda de sueños, la ambición profesional y el ansia por el amor. En la película, Mao es, según el diario China Daily, un joven entusiasta y encantador, que explora con entusiasmo las vías para sacar el país del caos que siguió a la caída del régimen imperial y, a diferencia de películas patrióticas y series de televisión anteriores, es delgado y no fuma. Un síntoma de los tiempos que corren.

El filme no ha estado exento de polémica. En una secuencia, Mao acepta de su novia un reloj de bolsillo Omega de oro. La cámara acerca la imagen, hasta que la marca suiza se hace claramente visible, en lo que parece una maniobra de publicidad encubierta. Han Sanping y el propio Liu Ye han negado que lo sea.

En Estados Unidos, la participación del fabricante automovilístico Shanghai GM -empresa con capital de General Motors- como patrocinador oficial de la película ha provocado sarpullidos. Algunos comentaristas se han preguntado si es adecuada la participación de una compañía en parte propiedad del Gobierno estadounidense en una obra de propaganda comunista. La semana pasada fue estrenada en Los Ángeles.

Pero la ola de cine rojo no se detiene aquí: hasta 28 películas han sido promovidas por la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión China para conmemorar el 90 aniversario del PCCh.

José Reinoso

El País, 1 de julio de 2011

viernes, 5 de agosto de 2011

El regreso de los "bolos"


Eran gordos y toscos, olían mal y para envolver, utilizaban hojas de periódicos. Y como los cubanos son dados a las burlas y a poner nombretes, a los rusos les pusieron bolos. Todavía así les dicen.

Pero aquellos rusos nada tienen que ver con éstos de ahora, altos como palmas. Caminan con paso lento y miran con detenimiento las edificaciones de la parte vieja de La Habana. Visten a la moda y casi todos son rubios, con ojos azules o verdes. Si uno no supiese que existe un embargo y es limitado el flujo de viajeros de Estados Unidos hacia la isla, podría confundirlos con gringos despistados y aburridos.

Cerca de la Plaza de Armas, en la Habana Vieja, un grupo de turistas rusos en un inglés macarrónico le preguntan a un mulato, de calvicie incipiente y con una guitarra, en qué lugar pueden comer algo ligero.

“Fast food “, aclara la chica. “Ah no, aquí no hay McDonald, lo más parecido es un DiTu (cafetería), que vende pollo frito, a dos cuadras”, responde el mulato en ruso. Asombrados, indagan dónde lo aprendió.

“Estudié en la famosa escuela de Oleg Popov en Moscú, en los años 70”, les dice. "¿Usted es payaso?", pregunta un ruso con una camiseta del Chelsea. “Sí, un payaso que ahora canta para vivir”. Y con su guitarra entona “Noches de Moscú”. Y consigue 10 pesos cubanos convertibles de propina.

El expayaso se llama Manuel, tiene 60 años y lleva quince haciendo “sopa”, como le llaman en Cuba a quienes cantan mientras los turistas almuerzan o cenan. “He tenido suerte. Suelen ser tacaños y no les gustan las viejas canciones rusas, ni que les digan 'tovarich' (compañero)".

Con la oleada de turistas rusos, el amplio y surtido mercado informal compuesto por jineteras, guías particulares, músicos, vendedores de tabaco y ron, choferes y casas de alquiler, ha comenzado a desempolvar viejos manuales de idioma ruso, para poder establecer diálogos básicos.

Joel, 32 años, con pinta de intelectual, se gana la vida como cicerone (guía privado) de extranjeros. Nos hace un perfil de los actuales turistas rusos.

“Les sigue gustando el ron y el tabaco cubano, al igual que los antiguos soviéticos. Prefieren las mulatas y las jóvenes que sean bisexuales. Al revés del europeo occidental medio, no les gusta la música cubana tradicional, más bien grupos de rap como Orishas y la salsa de Isaac Delgado o Van Van. No son espléndidos como los cubanoamericanos o los canadienses, pero a ratos dejan buenas propinas”, termina de describir Joel, mientras fuma un cigarrillo mentolado y mira para ambos lados, a la caza de un turista de cualquier nacionalidad.

Según José, funcionario del ministerio cubano de Turismo, en 2009 Cuba recibió 37,400 turistas rusos, y en 2010 se esperaba que unos 45 mil viajaran a la isla, en busca de sol y playa. Pero la nueva invasión rusa va más allá del turismo.

Por las calles habaneras circulan ómnibus de la marca rusa Maz en las líneas PC, P9, P6, P-8 y P10, de la empresa Metrobus, encargada de trazar un diseño de rutas por las vías principales de la ciudad, con ómnibus articulados de gran capacidad de pasajeros y que han logrado aliviar un poco la crítica situación del transporte en la capital.

Además de ómnibus, el gobierno cubano estudia la posibilidad de establecer empresas mixtas con Rusia en los sectores de la petroquímica, biotecnología y telecomunicaciones. Donde hay un gran mutismo es en el campo militar. Se sabe que las fuerzas armadas están equipadas con tecnología rusa desfasada. Se mantienen por puro milagro y por las numerosas innovaciones de empresas militares cubanas.

Hasta en la religión Cuba y Rusia han movido ficha. En 2004, en la Habana Vieja, se comenzó a construir una catedral ortodoxa, religión con escasos seguidores en el país. Fue inaugurada en octubre de 2008 por el Patriarca de Moscú.

La política exterior de Raúl Castro busca rescatar de aliado a Rusia, para junto con Venezuela y China, reflotar la precaria economía nacional. La respuesta rusa ha sido ambigua.

Cuba tiene una deuda financiera con la extinta URSS de 20 mil 800 millones de rublos. Ni Vladimir Putin, el actual primer ministro, ni Medvedev son tontos. Saben que la capacidad de pago de la isla a sus productos es nula. De acuerdo a cifras oficiales, Rusia era el décimo socio comercial de Cuba, con un intercambio de 363 millones de dólares en 2007.

Al parecer, al gobierno de Raúl Castro, le interesa más ser una pieza de ajedrez de la política exterior rusa, que entablar un posible diálogo con el presidente Barack Obama. Ya una vez, en octubre de 1962 el matrimonio con Rusia pudo provocar el fin del mundo con la crisis de los cohetes.

En los años 70 y 80, el petróleo y el trigo que llegaban por tuberías permitió, a cambio, la instalación en suelo cubano de bases militares rusas, como la finca Lourdes, dedicada al espionaje electrónico.

Aparte de eso, Rusia ha dejado pocas huellas en la sociedad cubana. Miles de matrimonios y de ciudadanos nombrados Mijaíl, Igor, Serguéi, Raisa, Liudmila o Tatiana. Nada más.


Iván García
Foto: Catedral ortodoxa rusa, inaugurada en 2008 en La Habana.

jueves, 4 de agosto de 2011

Si Hugo se muere



Justo cuando estaban empezando a acostumbrarse a la desalentadora perspectiva de la vida sin Fidel Castro, los cubanos ahora se ven obligados a considerar otra, aún más desalentadora posibilidad: la vida sin Hugo Chávez.

El presidente de Venezuela bien puede tener una recuperación completa del cáncer para el cual fue operado en La Habana el mes pasado, pero ha recordado que es mortal.

Y no puede permanecer en el poder más allá de las elecciones presidenciales del próximo año. Aparte de Venezuela, en ningún otro lugar su salida de la oficina presidencial se sentirá con más fuerza que en Cuba.

Chávez subsidia a Cuba por una suma de alrededor de 3 mil 500 millones de dólares al año, mediante el envío de un estimado de 115.000 barriles de petróleo al día (alrededor de dos tercios de su consumo). Cuba paga en especies, en forma de 40.000 médicos, gente de inteligencia y expertos en seguridad y otros trabajadores destacados en Venezuela.

Además, Chávez está dando dinero para proyectos de infraestructura en la isla, tales como la expansión de una refinería de petróleo en Cienfuegos. Venezuela es también el principal socio comercial de Cuba.

La ayuda venezolana ha sido el factor más importante para ayudar a la isla comunista a salir de las crisis catastróficas que siguieron a la desaparición de su patrocinador anterior, la Unión Soviética, en 1991. Los cubanos adultos recuerdan la década de 1990 como un momento traumático de la escasez de alimentos y combustible. ¿Podrían regresar tantas penurias?

Si los opositores de Chávez tomaran el poder en Venezuela, es casi seguro que cortarán la ayuda a Cuba, sobre todo porque se enfrentan a necesidades urgentes en su propio país. Los cubanos podían esperar una escasez generalizada. Pero las cosas no serían tan malas como en 1991. En ese entonces, Cuba se había convertido en dependiente de la venta de azúcar a la Unión Soviética a un precio excesivo. Ahora la economía está más diversificada: la isla está produciendo más petróleo y el turismo, el níquel y las remesas de los cubano-americanos se han convertido en importantes fuentes de divisas.

Raúl Castro, quien sucedió a su hermano como presidente de Cuba en 2008, ha dado señales de querer ser menos dependiente de Venezuela.

Mientras que Fidel y Chávez son amigos cercanos -los dos fueron fotografiados hablando, ambos vestidos con monos, después de la cirugía de Chávez- Raúl, un hombre tranquilo y ordenado, parece incómodo con la bulliciosa República Bolivariana.

En 2009, Raúl despidió a Carlos Lage, el primer ministro de Fidel, que estaba particularmente cerca de Chávez (en 2005, Lage declaró que “Cuba tiene dos presidentes, Fidel y Chávez”).

Cuba ha buscado recientemente la inversión de delegaciones visitantes de China (que ha ofrecido una línea de crédito de miles de millones de dólares), Brasil e India. Raúl está tratando de reducir las importaciones de alimentos mediante el arrendamiento de tierras a los campesinos privados. Sus otras reformas, en virtud de los cuales al menos 221 mil licencias para las pequeñas empresas se han publicado desde octubre, pueden hacer que la isla sea más atractiva para los cubano-americanos visitarla o para jubilarse.

Sin embargo, la principal esperanza de Cuba de la independencia económica es el Scarabeo 9, un equipo de perforación de 750 millones de dólares construido especialmente en China, sin partes integrantes de Estados Unidos (para no violar el embargo económico contra la isla por parte de los Estados Unidos). Esta perforadora debe estar en aguas cubanas a finales del año, contratada por Repsol de España para perforar un pozo exploratorio.

El United States Geological Survey, un organismo científico gubernamental, estima que los mares alrededor de Cuba tienen 4,600 millones de barriles de petróleo. Pero se encuentran en aguas muy profundas. Allí, en 2004, Repsol encontró petróleo, pero decidió que la extracción no sería rentable. Cualquier nuevo descubrimiento podría llevar años para explotar.

Si las reformas de Raúl logran aglutinar suficiente fuerza, entonces Cuba podría ser un lugar muy diferente.

The Economist, 7 de julio de 2011.

miércoles, 3 de agosto de 2011

¡Bienvenidas las rejas!


Parece una ciudad sitiada. Desde hace más de dos décadas, en La Habana proliferan viviendas repletas de rejas y altas cercas para protegerse de probables malhechores. Es una moda nefasta. Una plaga.

Yaquelín, 46 años, hubiese deseado que su residencia de dos plantas en la barriada del Sevillano no estuviera enrejada. Pero en cinco años, dos veces ha sido desvalijada por habilidosos ladrones.

“El problema, no es que te roben un televisor de plasma, un ordenador personal o un DVD. Es que, a veces, cuando los cacos se sienten descubiertos, pueden matar. No quiero tentar a la suerte. Y me fortifiqué, como casi todos en el barrio”.

Enrejar las casas no es una manía ni paranoia insólita. En los últimos diez años, los robos a viviendas habitadas han aumentado. Un oficial de policía lo confirma.

“Es uno de los delitos que ha tenido un crecimiento espectacular. Los ladrones suelen romper una puerta para robar cualquier cosa: desde ropa tendida en el patio hasta una bicicleta. Siempre van armados. Su intención es robar y no hacer daño, pero si se sienten acorralados, se defienden hiriendo o matando a los inquilinos”, explica el oficial.

Ese temor real es la causa de la “bunkerización” de La Habana. Y créanme, no es nada barato poner rejas de hierro en un domicilio. Elier, 39 años, tuvo que pagar 500 dólares para asegurar su hogar con gruesas barras de hierro fundido.

Hay una clara diferencia entre las personas solventes y los que tienen que enrejarse por pura necesidad. Se nota a golpe de vista. Quienes tienen dinero, buscan un herrero decente que les diseñe rejas, cercas y puertas de calidad, acordes que con la arquitectura de su morada. Cuando escasea la plata, no queda otra alternativa que acudir a personas que cobran más barato y no siempre dominan el oficio.

En cualquier cuadra, de la capital o el resto de la isla, es común ver numerosas casas fortificadas. Algunas rejas parecen obras de arte. La mayoría son chapuceras cabillas o trozos de hierro sin pintar y mal colocados. Lo que importa es blindar el hogar.

La prioridad número uno son los autos. A falta de parqueos seguros, la gente ha inventado truculentas versiones de garajes en los portales de su casa. Enrejarse no siempre es sinónimo de seguridad, según el oficial de policía.

“Hay una serie de pillos que con un gato hidraúlico se las ingenian y rompen las rejas de alguna ventana para penetrar en la casa. A los ladrones y rateros les suele llamar la atención las viviendas demasiado protegidas. Deducen que esas familias tienen artículos de mucho valor”, subraya el agente.

La tradición de las rejas en Cuba data de siglos atrás. Aquellas casonas con grandes y hermosos ventanales de rejas, que todavía se conservan en las zonas coloniales de La Habana, Trinidad y Sancti Spiritus, entre otras provincias, nada tienen que ver con el concierto desordenado de hierros rudimentarios que rompen con el entorno y la arquitectura de las ciudades.

“Sí, es cierto que muchos enrejados son antiestéticos. Pero si tu no cuidas tus bienes, nadie lo hará por ti. Es mejor precaver que tener que lamentar. Sobre todo cuando te roban cosas valiosas, adquiridas con gran sacrificio y a lo mejor no puedes volver a comprar”, dice Yaquelín con vehemencia.

Una verdad como la recta demoledora de un peso completo. Entonces, ¡bienvenidas las rejas!

Iván García

Foto: Caroline Fraser, Flickr

martes, 2 de agosto de 2011

En Cuba no se observan más que penurias


La visita oficial a Cuba del vicepresidente de China Xi Jinping , con una significativa comitiva, continúa despertando interrogantes, pues nada ha trascendido en los medios nacionales. En un comunicado previo, el dirigente chino expresó que tenía como propósito “ampliar coincidencias”.

Por lo que surge la pregunta de sí además de la “coincidencia” de los ojos oblicuos de ambos jefes, se pretende ampliarlas en el orden económico. Hace unos meses, Raúl Castro pronunció la críptica expresión: “No pensamos volver a copiar de nadie”, que se podía entender en el sentido de no aplicar en la isla el socialismo de mercado chino. En marzo, en un artículo publicado en el diario Granma, donde se alababan los avances económicos de China, se expresaba que “la experiencia china es única y aplicable sólo a ese pueblo”.

Podría sorprender un cambio de rumbo en tan poco tiempo, incluso cuando el actual segundo al mando, el octogenario José Ramón Machado Ventura, sigue estando de gira por todas las provincias del país, repitiendo los mismos argumentos inoperantes y pasados de moda de siempre.

Sin embargo, no es menos cierto que los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba han muerto al nacer. La población se refiere a ellos en tono jocoso o despectivo. Basta con darse una vuelta por los estanquillos donde se vende la prensa, para comprobar que los folletos del VI Congreso permanecen sin venderse en grandes cantidades.

El plan aprobado en diciembre de 2010 continúa siendo ajustado, siguiendo el rumbo de la vida, que ya lo hizo en la práctica. El cronograma del llamado “reordenamiento laboral” (despidos) en el sector estatal se pospuso no se sabe hasta cuándo. El trabajo por cuenta propia ya ha dado todo lo que podía y no es de esperar que siga incrementándose, más bien tenderá a decrecer, en especial por falta de clientes. Se frenó la eliminación de comedores obreros y se ha detenido la eliminación de productos de la libreta de racionamiento.

En el entorno cubano no se observan más que penurias, corrupción y delincuencia, así como elevación de los precios en moneda nacional y en divisas; desabastecimiento de los mercados, incluyendo los de divisas; reducción de las producciones agropecuarias; agudización de los problemas del transporte; trabas en las ventas de materiales de construcción; estancamiento perpetuo de la industria azucarera; y un deterioro general de los servicios, en especial los de salud.

Todo lo anterior sin posibilidades de resolverse íntegramente porque el problema principal, el del sector externo (entiéndase exportaciones, créditos externos, inversiones extranjeras; y por consiguiente, posibilidades de importación), no han encontrado solución. Es posible que si el régimen decidiera rendirse, prefiriera hacerlo ante los chinos, que ante el pueblo de Cuba y ante las naciones democráticas de Occidente.

Curiosamente, la comitiva china incluía al vicepresidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, Zhu Zhixin y al subdirector de la Oficina de Estudio de Políticas del Comité Central del Partido Comunista de China, Shi Zhihong. El vicepresidente Xi Jinping había declarado que uno los propósitos de la visita era “profundizar en la cooperación conjunta” y para ello trajo al presidente del Banco Nacional de Desarrollo, Chen Yuan y al viceministro de Comercio, Zhong Shan. Por la parte cubana la delegación estuvo presidida por Marino Murillo Jorge, el encargado de darle forma al supuesto modelo económico cubano.

Los regímenes chino y cubano son aliados políticos. A la jerarquía china le conviene esa alianza y parece estar dispuesta a cooperar con la satrapía isleña, pero sin echar en saco roto esa ayuda, como le pasó a la Unión Soviética y le está pasando a Chávez. Con la renuencia de Cuba a aplicar el socialismo de mercado, solamente ha logrado una ayuda discreta de China y un comercio más o menos equilibrado.

Si Raúl Castro se decidiera a bailar la rumba con corneta china, estaría pasando por encima de los acuerdos del VI Congreso y enterrando definitivamente los inservibles lineamientos.

El rumbo chino significaría que la jerarquía criolla perdería una parte considerable de su poder económico y de su poder sobre la población. Lo sabe, y no ha querido hacerlo hasta ahora. Por el momento, todo parece haber quedado en las intenciones chinas: el gobierno cubano continúa sin dar señales de una apertura seria. Habría que esperar acciones concretas porque para aplicar el modelo chino serían muchos los nudos a desatar.

Si como es de esperar, el régimen continúa en su inmovilidad, dado el terror que le provocan las consecuencias sociales y políticas de cualquier apertura, aunque ésta fuera modesta, se asistirá posiblemente a un deterioro de las relaciones con China, al menos las económicas y comerciales.

En la poco probable variante de que ello suceda, la oposición se enfrentaría a una modificación del escenario económico y social, aunque seguramente la dictadura tratará de apretar los tornillos represivos y políticos. No hay que dormirse sobre los laureles, ni dejarse sorprender. Todo lo que hagan los Castro será para perpetuarse en el poder. Cualquier mejoría sería bienvenida, pero no hay que perder el rumbo, que es ante todo la libertad y la democracia.

Arnaldo Ramos, desde La Habana

Foto: Juan A. Madrazo
Nota.- La visita de la delegación china a Cuba, encabezada por el vicepresidente Xi Jinping -considerado el favorito para suceder al actual presidente Ju Hintao- tuvo lugar del 4 al 7 de junio. Según la web Spanish.China, fueron firmados 10 convenios en diversas áreas económicas y también en las ramas de la informática y las comunicaciones.

lunes, 1 de agosto de 2011

La cara fea de mi ciudad


Es la de las calles repletas de baches y sus casas, de fachadas sucias y sin pintura, agrietadas y descuidadas.

Bienvenido al mundo clandestino de La Habana. Aquí no valen las tarjetas de crédito. No. Se paga con efectivo. Al cash. Preferentemente en pesos convertibles, euros o dólares.

Se vende de todo. Si usted busca materiales de construcción, un tipo con facha de tunante, en la antesala de una cuartería inmunda le señala el lugar donde se vende cemento a granel, cabillas, piedra y arena, robada la noche anterior de una obra estatal.

En los barrios pobres y mayoritariamente negros de San Leopoldo, Los Sitios, Carraguao, Jesús María, Belén, Párraga, Palo Cagao, Los Pocitos, Zamora o Luyanó, radican algunos de los mercados negros subterrános de los cuales se abastece la mayoría de los habaneros.

Una señora de espejuelos toscos, ofrece arroz “de la yuma” (Estados Unidos) a 7 pesos (0.40 centavos de dólar) la libra. En la habitación aledaña, separada por una pared de madera, roída y húmeda, un negro enclenque vende leche en polvo a 30 pesos la libra (1 dólar 20 centavos).

Esta es la Habana de carne y hueso. Donde no hay sitios turísticos, ni lugares de interés para que los forasteros tiren fotos en sus cámaras digitales. Aquí la gente apenas trabaja. Y roba mucho.

Se vive de la compraventa, el lucro, casas de juegos ilegales y señores repletos de cadenas de oro 18 quilates, dedicados a empeñar objetos de valor.

Se come una vez al día. No hay horario de cena. Las personas se alimentan de lo que encuentran. Y se toma ron a granel por cantidades industriales.

De estos barrios bajos es donde salen las espectaculares jineteras que a la vuelta de unos años terminan del brazo de un extranjero. De una de estas barriadas pobres salió Dinio, el cubano que vivía de su pene y de noticias del corazón en España.

También músicos de nivel como Lucrecia o Yotuel cantante del grupo Orishas. En un solar en el corazón de Cayo Hueso, un barrio obrero y donde la ilegalidad es el pan de cada día, nació Omara Portuondo, la diva de Buena Vista Social Club.

En el callejón de Hammel, en el propio barrio, una noche oscura y estrellada a mediados de los años 50, surgieron los cultores del “feeling”, encabezados por los gigantes José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz.

Aquí, en estos barrios claves del mercado negro de la ciudad, nacieron varios de los beisbolistas que brillan y ganan salarios de seis ceros en las Grandes Ligas de Estados Unidos.

Es en esas cuarterías devastadas, donde se expende la mejor marihuana y cocaína de La Habana. Donde se alquilan putas por diez dólares la noche. Y si quiere solucionar un problema a tiros, puede comprar una pistola rusa Makarov.

Usted logra conseguir comida en cajitas de cartón a 30 pesos. Carne de cerdo fresca y jamón elaborado clandestinamente en el patio trasero de una vivienda. O puede cargar con varios kilos de sal, arroz o aceite vegetal.

También se consiguen piezas para autos. Guitarras de cajón y tambores. Incluso artículos eróticos como consoladores y vibradores. Se venden ropas de marca, pelucas y bisoñés de calidad. Se alquilan trajes a las chicas que cumplen 15 años. Y se ofrecen plomeros y albañiles para reparar sus casas.

No es aconsejable que los turistas caminen solos por estos lares. De noche son peligrosos. Ya seas cubano o forastero.

Pero si a su paso por la capital cubana no visitó sus barrios humildes y feos, jamás conoció La Habana profunda. Se llevó cientos de fotos del Capitolio, El Morro y el Malecón, pero no estuvo en La Habana real.
La que respira sudor y alcohol. La de las fiestas de santo y los plantes de abakuá. Donde se habla un lenguaje en clave que sólo conocen los habaneros auténticos.

De cualquier manera, aún está a tiempo de conocerla.

Iván García

Foto: Robin Thom, Flickr